Domingo, 08 Marzo 2009 10:34

Puerto Colombia. El doble sepelio del muelle

Escrito por Sylviane Bourgeteau
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Hace 20 años, llegue a Colombia. Y, hace 2 meses llegue a Barranquilla con la intención de radicarme. Bastante ignorante de esta parte de la costa caribeña colombiana (lo confieso) busque en Internet los atractivos en esta zona del país. En la página de la gobernación del Atlántico encontré varios, entre los cuales estaba: el muelle de Puerto Colombia, el más largo del mundo.
 
Habiendo vivido en la ciudad portuaria de Buenos-Aires, hace mucho ya, me emocione con la idea de conocer este muelle porque me encantan estos lugares cargadísimos de historia. Esta historia hecha por miles y miles de hombres, mujeres y niños, que bajaron de un barco llenos de sueños, de ilusiones, de esperanzas, de temeridad –porque había que serlo para cruzar océanos hacia nuevo continente y  desconocida tierra- y de temores –porque en tierra nueva nada es regalado. Nueva tierra, nueva lengua, nueva cultura, nuevos hábitos: otra lucha por la vida que recién se iniciaba. ¡Porque muy escasos fueron los que desembarcaron con los bolsillos llenos!
 
Entonces, investigue más sobre este muelle.
 
Averigüé que su construcción fue “la prolongación del ferrocarril Barranquilla-Salga” y el “resultado de la búsqueda de la comunicación de Barranquilla con el mar, lo que lo convirtió en el principal puerto del caribe colombiano (…) y del norte de América del Sur”. Halle que el muelle tenia una longitud de 1500 metros y fue inaugurado con cuatros disparos de cañón, un día de junio de 1893. ¡Hizo 114 años el mes pasado!
 
Leí que el espectáculo del muelle en este entonces era doble porque daba “la ilusión de un tren que entrara al mar”. ¡Que imagen tan maravillosa! ¡Que visión tan surrealista!
 
Y por este muelle, entre el siglo XIX al XX, desembarcaron miles de alemanes, italianos, judíos, españoles, palestinos, sirios y libaneses que han contribuido a dinamizar ciertos sectores económicos y financieros de diversas regiones de Colombia. Leí que “En este período los judíos y los árabes fueron animadores de las actividades mercantiles (…) aún a mediados de los años de 1950 era común observar, en los pueblos de los Andes, a los -turcos- manejando el comercio local de telas, fantasías y bienes industriales propios de la época”.
También leí que los hijos y los nietos de esos inmigrantes que alguna vez fueron discriminados, empezaron a gozar de una destacada posición en la sociedad colombiana desde mediados del siglo XX. Su aporte a la sociedad colombiana se dio no sólo en los campos del comercio y la política, sino también en actividades como la industria, la medicina, la literatura, la culinaria y los medios de comunicación.
 
Bueno, llena de expectativas, era tiempo de ir a visitar este monumento histórico.
 
Una pareja de amigos, de descendencia francesa y suiza, cuyos antepasados desembarcaron en el muelle, me llevaron a Puerto Colombia.
 
Desde Barranquilla recorrimos la orilla del mar: Sabanilla, Puerto Salgar, Puerto Colombia y finalmente… el muelle.
 
El muelle…
 
Que de-cep-ción… ¡Una rui-na !
 
Me imagine, sobre esta estructura podrida, abandonada,  desdeñada, estos miles de emigrantes que algún día llegaron llenos de sueños y esperanzas y con los bolsillos vacíos la gran mayorìa de ellos. Estos emigrantes quienes superaron con muchas agallas el choque cultural de su nueva vida, quienes a fuerza de pulso, de días y noches de trabajo, de sudor y lagrimas refrenadas, lograron llevar su familia pa’lente, lograron montar su negocio, lograron crecer hasta crear “dinastías”.
 
Hoy, están muertos, sepultados en algún cementerio. Ya varias generaciones les sucedieron. Son un lejano recuerdo.
 
Sin embargo, lo que nunca alterara el corazón de quienes valoran la Memoria , son las huellas que dejaron los pies de esos emigrantes cuando dieron sus primeros pasos en tierra colombiana. Hoy, estas huellas se están hundiendo a pedazos en el mar de Puerto Colombia.
 
Que destino pos-mortem les esperaba…
 
Se que en Barranquilla, muchísimo antes que llegara a esta ciudad, mucha gente sintió lo que siento hoy. Bregaron, lucharon, propusieron, realizaron proyectos sumamente elaborados, serios, etc. Proyectos que parecen sufrir el mismo deterioro del tiempo y de la indeferencia que carcome al mismo muelle.
 
Entonces me pregunto: ¿dónde están el deber de la memoria de los descendientes; la conciencia de su identidad, de sus orígenes? ¿Donde esta el cumplimiento del Estado para preservar el patrimonio cultural e histórico de su República?
 
En el año 1943, el gobierno dio su primera muerte al muelle prohibiendo el atraque. Muerte de su actividad comercial.
 
¿Será que pronto, Colombianos y turistas, escucharemos desde las playas de Puerto Colombia, viniendo de la profundidad del mar, los 4 cañonazos de su secundo y ultimo sepelio?
 
Sylviane Bourgeteau
Periodista francesa
 
Visto 3074 vecesModificado por última vez en Martes, 17 Marzo 2009 19:20

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