Viernes, 24 Julio 2020 08:04

Ciencia y capacidades humanas. En camino hacia un nuevo gobierno y Estado

Escrito por Carlos Eduardo Maldonado
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La formación en ciencia permite el desarrollo de siempre mejores capacidades humanas; notablemente, sentido crítico, trabajo con datos y evitar la especulación cuando no sea necesaria, argumentación, mente abierta a posibilidades de error, deseo de corrección, mejoramiento y desarrollo, capacidades de trabajo en cooperación, multilingüismo, trabajo con técnicas y herramientas de punta, y mucha capacidad de lectura y de reflexión. Formar en ciencia sienta condiciones para un nuevo gobierno y nuevas formas de vida. Estudiamos aquí estos aspectos.

Breve panorama del estado de la ciencia, hoy

Podemos distinguir tres revoluciones científicas en la historia: primero, la ciencia moderna, cuya característica central consiste en determinar, en reducir y fundamentar las cosas, en fin en explicar todo en términos de generalidades, estadística y grandes tendencias. La segunda revolución científica trabaja con fenómenos altamente contraintuitivos, se ocupa de eventos y realidades que no descansan en la percepción natural y aprende nuevos lenguajes, métodos y aproximaciones. Hacen parte de ella las ciencias cuánticas (física cuántica, química cuántica, biología cuántica, tecnologías con base en comportamientos y principios cuánticos y las ciencias sociales cuánticas). La tercera revolución científica se condensa en el aprendizaje de lenguajes de programación, modelamiento, simulación y grandes bases de datos. Se trata, notablemente, de la teoría de la información1. De manera notable, para decirlo en términos amplios, la primera revolución científica es disciplinaria. Las otras dos, por el contrario, son ampliamente inter, trans o multidiciplinarias.

De este modo la información en buena ciencia es, cada vez más, formación de cara a la segunda y la tercera revolución científicas. Es exactamente en este contexto que cabe hablar legítimamente de ciencias de la complejidad como ciencias de la vida. La vida, puede decirse sin dificultad, es el denominador común de estas dos recientes revoluciones científicas en las que nos encontramos; es decir, el cuidado de la vida, su exaltación, su gratificación, su posibilitamiento. La vida en toda la gama de la palabra.

Esto exige una advertencia importante.


La ciencia clásica es distintivamente antropocéntrica. La segunda y tercera revoluciones científicas son, por el contrario, biocéntricas o ecocéntricas. Ello exige disponer sobre la mesa a plena luz del día tres errores de los que debemos liberarnos:

i) El error de Aristóteles. El filósofo griego estableció las distinciones de géneros literarios, y con ella, la introducción de que hay formas menores de conocimiento. De manera puntual, llevó a creer que pensar era hacerlo en términos analíticos. Analizar consiste en dividir, fragmentar, segmentar, compartimentar. La vida no es posible, en absoluto de esta forma.
ii) El error de Descartes. Él introdujo la distinción, y entonces la jerarquización, entre ciencia y filosofía, como si fueran dos cosas distintas. Este error condujo al desprecio de la reflexión y al camino directo al positivismo y todo lo que él comporta. Nadie que piensa bien lo hace sin la mixtura de ambas: ciencia y filosofía.
iii) El error de Compte. El padre del positivismo afirma la separación entre ciencias naturales y ciencias sociales y humanas y con ello, entre ambos grupos de ciencias y las humanidades. Este error reafirma la disciplinariedad, el estatuto analítico del conocimiento, y conduce a la separación de esferas que es imposible separar cuando se piensa en la naturaleza, el planeta, la vida, los seres humanos e incluso el universo en sus cruces y entrelazamientos.

Los tres errores se implican y se refuerzan recíprocamente. Una buena formación en ciencia consiste, dicho de forma negativa, en el alejamiento de estas equivocaciones.

El problema más apasionante, importante y urgente al mismo tiempo es el estudio, el cuidado y el posibilitamiento de la vida, y con ella, de la naturaleza en todas sus formas, lo que demanda superar cualquier comprensión antropológica, antropomórfica y antropocéntrica del mundo y de la realidad. Ya un historiador importante de la ciencia –Thomas Kuhn– lo señala: toda revolución científica es al mismo tiempo una revolución política. Nos encontramos actualmente, seamos conscientes de ello o no, en medio de una fantástica revolución científica. Asistimos a una crisis civilizatoria, y con ello, al mismo tiempo a la emergencia de nuevos horizontes de posibilidades; por definición, mejores y diferentes.

¿Qué significa formarse en ciencia de punta, hoy?

La forma excelsa de trabajo en ciencia es el realizado con experimentos mentales. No sin buenos laboratorios, excelentes bibliotecas, muy buenas bases de datos, multilingüismo, viajes académicos de distinta índole y excelentes profesores, el trabajo en ciencia –por tanto también en filosofía y demás– es distintivamente el trabajo con ejercicios de imaginación. En el lenguaje técnico esto se denomina igualmente como pompas de intuición. Imaginar posibilidades, concebir que las cosas son y pueden ser distintas, anticipar escenarios, figurarse comportamientos, estructuras y sistemas diferentes. Todo ello se denomina: experimentos mentales. Nadie es un buen científico si no sabe trabajar de esta manera. De esta suerte, el rasgo más distintivo hoy es que antes que trabajar con lo real mismo –en cualquier acepción de la palabra–, se trabaja con posibilidades; incluso con cosas que son consideradas imposibles (tema técnico que debe quedar para otra ocasión). El trabajo con modelamiento, simulación y grandes bases de datos (big-data science) no es otra cosa que la instrumentalización del trabajo con experimentos mentales. Es decir, trabajar de cara a nuevos mundos, mundos distintos; dicho políticamente, el trabajo con un nuevo gobierno y un nuevo Estado, con nuevas formas de vida que las conocidas y que vivimos actualmente.

Sin pesimismos, quizás el más álgido de todos los problemas actualmente, en el país y en el mundo, es el evitar la crisis climática o superarla, evitar la catástrofe climática. Los límites planetarios son un problema evidente e inaplazable. El capitalismo está matando al mundo con sus regímenes de producción y crecimiento, desarrollo y consumo, explotación de la naturaleza y agotamientos de los recursos naturales, corrupción, injusticia e inequidad y mucha violencia de todas las formas (física, militar y de policía, simbólica y otras). Los diagnósticos al respecto son amplios, sólidos y profusos. Otra democracia es posible. Otra forma de vida es posible. La ciencia puede contribuir activamente en esta dirección. Sin grandilocuencias, otros estilos de vida son posibles, y sí: otro ser humano puede ser posible.

Formas de trabajo en buena ciencia de punta, hoy

La formación hoy día consiste en la potenciación de capacidades (Nussbaum, 2012). No, en contra de lo que hoy predomina, en el desarrollo de competencias, destrezas y habilidades. Manifiestamente se trata de potenciar capacidades humanas, no de trabajar para el mercado, el crecimiento y el desarrollo económico. En esta idea está el ABC de un humanismo de cara a nuevos y mejores mundos y gobiernos.

La finalidad de una buena vida (suma qamaña, sumak kawsay) no consiste en el crecimiento y el desarrollo económico. Por consiguiente, mucho menos en la “sostenibilidad”. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible no son más, dicho de forma breve y directa, que trabajar por la sostenibilidad del capitalismo: ese que mata la vida y no sabe de convivio con la naturaleza. Ese sistema que practica el fracking, permite la minería de cielo abierto, que es negacionista de la crisis del covid-19, en fin, el que es indolente con los enfermos, los pobres, los trabajadores, los indígenas, los campesinos y todos los marginados. Podemos decir, el que usa el poder para su propio beneficio (por ejemplo, aprovechando la excepcionalidad del confinamiento y la crisis de la pandemia). En una palabra, se trata del desarrollo humano, y en absoluto de ideas como competitividad, innovación para el mercado y crecimiento económico.

Ninguna discusión que deje intacta la función de producción es seria ni radical. No puede hablarse de políticas ambientales en toda la línea de la palabra sin plantear el cambio (total) de la función de producción. La buena ciencia de punta hoy sabe de esto, y por ello es revolucionaria (por decir lo menos, en el sentido de Th. Kuhn).

En pocas palabras, la forma de trabajo es en términos de síntesis, conexiones, procesos. De este modo, es imposible abordar y resolver un problema en un plano sin considerar otros problemas existentes en un plano distinto. Este es el rasgo más sobresaliente de la formación en ciencia hoy. En términos gruesos, los temas relativos al cuidado del medioambiente y la naturaleza son perfectamente inseparables de la crítica al modelo económico vigente. Esta es la radicalidad de lo que significa interdisciplinariedad.

La superación de los tres errores es necesaria y es posible. Cada vez avanzamos más en esta dirección.

El apoyo a la ciencia es una sola cosa con el apoyo a políticas sociales

La ciencia comporta varias dimensiones, así: educación, innovación, tecnología, información y divulgación. Todas se encuentran perfectamente entrelazadas.


La educación debe poder conducir a los estudiantes en todos los niveles a una formación pluralista, laica y secular. La separación entre la Iglesia y el Estado es un acervo irrenunciable de la modernidad. Pues bien, este acervo debe ser cuidado y fortalecido en todos los niveles, desde primaria hasta la universidad.

La innovación significa que lo mejor del conocimiento en el mundo y en el país debe estar puesto sobre la mesa o el tablero de manera que los estudiantes, pero también la sociedad civil y una parte del sector privado la conozcan y la apropien. Sin embargo, es absolutamente imperativo apoyar la innovación nacional y desplazar el énfasis en transferencia del conocimiento y de tecnologías, que es el modelo dominante. Existen tecnologías y formas vernáculas de conocimiento e innovación. La interface entre ciencias sociales y naturales resulta aquí manifiesta.

El acceso y disfrute de internet forma parte de la cuarta generación de derechos humanos. Es un derecho humano, sin más. Un Estado social y democrático de derecho debe poder garantizar, como responsabilidad pública el libre acceso –gratuito, por tanto–, a internet. Es imperativo establecer programas de wimax en todas las ciudades. La información es hoy por hoy una forma de cuidado y garantías de la vida.

Muy importante, la divulgación de la ciencia y la socialización del conocimiento son imperativas en un sistema político y económico que afirmen la vida y la garanticen en todas sus formas y expresiones. En este sentido, deben implementarse políticas que favorezcan las editoriales nacionales, la importación y venta de libros, programas de radio, televisión de varias otras formas que garanticen la apropiación del conocimiento. Este tema es perfectamente inseparable del desarrollo y respeto de un periodismo investigativo y de un periodismo científico.

El reto de la ciencia de punta, hoy

El más importante, sensible, urgente, apremiante de todos los problemas en nuestra época es el estudio, el conocimiento y el significado de lo que es la vida. La vida tal-y-como-la-conocemos, tanto como la vida tal-y-como-podría-ser-posible. Esto comporta un abanico amplio y sugestivo que no comprende únicamente a la biología en todas sus formas, sino también a las ciencias sociales y humanas, las tecnologías y una forma de vida armónica con la naturaleza. En contraste con el pasado que estuvo centrado absolutamente en el ser humano, de cara al futuro el tema de base es el cuidado de la vida en todas sus expresiones.

En las ciencias sociales y humanas eso significa el respeto de la diversidad cultural en todas sus facetas. En el plano de las ciencias naturales se trata del cuidado del suelo y subsuelo, de las aguas y los mares para beneficio en primer lugar de la población colombiana, y no de las corporaciones, trasnacionales y gobiernos extranjeros. Y en el plano genético, se trata del conocimiento y cuidado de la muy amplia biodiversidad del país.

En una palabra, la buena ciencia permite un abordaje integral de los problemas, sin esas deficiencias del derecho administrativo que implican las divisiones de responsabilidades en términos de la nación, los departamentos y los municipios. Por ello mismo, el gobierno y el Estado deben cambiar sus estructuras y funcionamiento.

La ciencia comporta, como se aprecia, otras estructuras mentales, modos de comprensión y formas de relacionamiento. Un reto magnífico de cara al presente y al futuro previsible.

 

* Para una ampliación de estos temas, cfr. Maldonado, C. E., Teoría de la información y complejidad. La tercera revolución científica, Bogotá: Ediciones Desde Abajo, 2020; (2019c) “Quantum Theory and the Social Sciences”, en: Momento. Revista de Física, 59E, Octubre, págs. 34-47; https://doi.org/10.15446/mo.n59E.81645; disponible en: https://revistas.unal.edu.co/index.php/momento/article/view/81645; Maldonado, C. E., (2017) “¿Ciencias sociales cuánticas?”, en: Le Monde diplomatique, Abril, No. 165, pp. 34-35.

Referencias
Nussbaum, M., (2012). Crear capacidades. Propuesta para el desarrollo humano. Barcelona: Gedisa

 

 

 

 

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Información adicional

  • Autor:Carlos Eduardo Maldonado
  • País:Colombia
  • Fuente:Periódico desdeabajo Nº270, julio 20 - agosto 20 de 2020
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