Viernes, 11 Septiembre 2020 10:14

Colombia, lava ardiente

Escrito por Equipo desdeabajo
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Foto: Juan BARRETO / AFPFoto: Juan BARRETO / AFP

Septiembre 10. día dos. La explosión volcánica del 9 de septiembre, que le recordó al país la existencia de un intenso conflicto social, estructural, pendiente de resolución, mantiene su ebullición. Las evidencias de la lava, con cenizas, piedras, casquillos de bala, esparcidas por varios sectores de Bogotá, ciudad donde impactó con mayor fuerza, pueden apreciarse sin dificultad por varios de sus barrios.

Aunque desde el alto gobierno, apoyado por los medios oficiosos tratan de calmar al volcán en ebullición, regando agua fría por todos sus contornos, minimizando la violencia cotidiana que ejerce sobre grandes capas sociales, justificando los procederes de la injusticia gubernamental, lo cierto es que el volcán, aunque de día recobra tranquilidad, al llegar el crepúsculo expulsa de nuevo la rabia contenida. En Bogotá, cerca a decenas de CAIs, se congregan numerosas personas que a lo largo del día arengan contra la policía, recordándoles que son “asesinos”. El ambiente es tenso, y con el paso de las horas, la lava salta de nuevo por el aire, estallido de rabia acumulada por tanta violencia y humillaciones sufridas a diario por cientos de excluidos a manos de la policía; violencia también propiciada por las negaciones de que son objeto por parte de la banca, el gran comercio, los gobiernos de todo tipo.

 

 

Pero ahora la lava impacta más allá de Bogotá. Como fuego ardiente que es, cargada de energía, baja por el país para dejar evidencia de su calor vital, incluso, en ciudades como Cali, Medellín, Manizales, Ibagué, alrededor de gran parte de la Sabana de Bogotá (Fusagasugá, Madrid, Chía, El Rosal, Soacha), y otras ciudades menores del interior del país.

Expulsada por el volcán Colombia, montaña con grandes rocas en todos sus alrededores, ahora removidas por el intenso calor, así como sus aguas y tierras internas que como magma quema o deteriora todo lo que toca, en ello buses de Transmilenio, sedes bancarias, supermercados adscritos a grandes cadenas, CAIs motos y patrullas de la policía. Claramente es energía desbordada, impactando contra todo aquello que identifican como parte del poder, de los ricos, de la injusticia. Su fluir, hacia la sima, no busca la puerta del gobierno.

En su afán para contenerla, con métodos que el poder colombiano siempre ha utilizado aunque sin reconocerlo, algunos agentes del Esmad, más civiles camuflados a su alrededor, accionan no solo sus armas antidisturbios, sino también las no permitidas por las convenciones internacionales para contener este tipo de energías, acción registrada por las redes sociales que transmiten los momentos en los cuales los civiles (que también las usan) entregan armas cortas a los uniformados las que una vez accionadas van dejando un río de heridos (209 en todo el país, algunos graves) y hasta 11 muertos reconocidos por la institucionalidad. Las edades de quienes fueron batidos por los homicidas, así como los sitios y la manera como fueron impactados, testimonian la espontaneidad de los sucesos. Realidad reforzada por el afán de saquear, de lograr algo para la casa, ¿o tal vez son provocadores? Solo el tiempo despejará la nube de polvo que por ahora cubre la montaña Colombia.

Protestas en Villa Luz, 10 de septiembre de 2020, Inaldo Pérez-RCN Radio

 

En este bullir de energía volcánica, y de quienes pretenden contenerla, quienes disparan, como lo registran las redes sociales, seguramente piensan como el Coronel aquel que un 5 de noviembre de 1985, en medio del combate por el control del Palacio de Justicia, cuando le preguntaron por su misión, no dudó en responder: “defender la democracia, maestro”. Una defensa en la cual, no importa que hagan todo lo contrario, reventando por sus varios costados la montaña que dicen proteger.

Actúan como lo hace el poder por doquier, que en su afán por prolongar los beneficios de quienes lo usufructúan, desatan todo su potencial para atemorizar, para desmovilizar, para producir caos, para generar miedo. La muerte, las heridas sobre decenas de cuerpos, las golpizas sobre otros muchos, las detenciones de cientos, no son más que su marca, el sello del autoritarismo, de la violación de los derechos humanos, del irrespeto a la vida, del odio contra la diferente, del convencimiento que los embarga que la injusticia es natural.

Son fuerzas accionadas para lo que realmente fueron constituidas: para defender el poder, en todas sus expresiones y manifestaciones. Dicen que se someten en cada ciudad a la autoridad de turno, pero es la simple formalidad, esas fuerzas, policiales, civiles o uniformadas, junto con todo el aparataje militar, son parte sustancial del mismo poder que protegen y no se someten sino a su mando inmediato, la autoridad civil es para mofarse de ella, pese a lo cual esa autoridad es incapaz de denunciar tal evidencia, para educar a la ciudadanía, para insistir en la necesidad que la sociedad misma se haga poder y controle todo aquel aparataje que se coloca por fuera de su control.

El volcán mantendrá su ebullición, tal vez con menor potencia, para irse apagando. Algún día dejará salir de nuevo toda su energía, y tal vez en esa ocasión el poder, a pesar de toda su brutalidad, no logre contenerla.

 

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