Domingo, 22 Noviembre 2020 07:45

Garantía para dudar

Escrito por David Villalobos
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Garantía para dudar

Le dicto clase a jóvenes y me es imposible hablarles de economía, del desempleo, del emprendimiento; sé que es necesario hablarles de política, pero donde realmente disfruto y no me ahogo es hablándoles de arte. Por supuesto, es hablar de cultura, pero sin nombrarla, a la cultura es mejor no nombrarla.

Los pelados y las peladas de Medellín que conozco, están un poco paralizados, les han cerrado aún más los espacios, hay menos posibilidades para atravesar la ciudad. Sólo la universidad suele politizarlos, pero en términos generales pueden enseñar mucho sobre amistad, tienen un instinto solidario potente y tienen fuerza, la fuerza de aprender a reír dentro de la tragedia. No todo es fácil, se pueden distraer mucho en la supervivencia y en las peleas más internas, pero normalmente no son creyentes: para parchar y enamorarse o juramentar la más potente amistad no necesitan nada de nosotros (ni de nuestros curas, profesores, pastores y políticos). Ser descreídos, de mucho de lo distante y de casi todo lo del futuro, hace que no se estén riendo de los chistes que redacta el poder.

Me gusta la definición de que totalitarismo no es el sistema que te impide reír, sino el que te dice de qué chiste reírte. Quizá por eso en Colombia no termina de calar el totalitarismo: suficientes pelados y peladas en las márgenes.

Entonces, nos engañamos creyendo que desean ser incluidos, más bien reclaman desvincularse de un sistema que los agrede; viven creando recursos para descansar de nuestro sistema o inclusión.

El lenguaje electorero nos ha robado mucho: trafica con la esperanza, y vuelve la promesa, incluso la posibilidad, como el eje de toda estafa. Pero hay otro lenguaje, que crea otro tejido de la ilusión, se trata de ilusiones presentes que trae el territorio cotidiano y donde se dan las relaciones horizontales. Me refiero a la pequeña citación que llega con el parcero y la parcera, certidumbre lúdica donde no están las costuras del futuro.

Podemos comparar la esquina con el parche de los nadaistas, de la patafísica, de los beat o de los zef. Chicos y chicas que escuchan trap o guaracha se empiezan a sentir bastante punk sin necesidad de cambiarles el gusto, no hay que andar evangelizando.

Atrás de ocho en una escalera, abajo de cinco en un sofá roto en una curva de la parte de la cañada que no huele mal y encima de los cuatro en ese PAI** hay un mundo que puede ser infinito, que está hecho con ficciones que son sagradas, pero no para luchar por ellas, sino para seducir. Ese infinito y retaguardia tiene mundo interior, pero es muy compartido, compartido con una telepatía de babas y bellitos.

La genialidad, en especial artística, es mantener el niño y la niña viva; la curación del arte nos permite volver a ser niños y niñas, simplificar la mirada hasta ese punto para deshacer un nudo –aún con los horrores con los que fue amarrado–. Los pelados y peladas borderas de Medellín, tienen que generar burbujas de niñez justándose en la adolescencia, sin la guía de ningún adulto. Aprenden del cuidado fino de la ternura más en la amistad que en el hogar, por eso esa esquina es tan cálida y también es un espacio transitoriamente liberado.

 

Victoria Valencia https://www.youtube.com/watch?v=0sVaPhUKwHc&feature=youtu.be

 

Pero no es suficiente con la tranquilidad y el relajamiento, todo es apremiante y muchas cosas pasan en simultáneo. Entonces, no por dejar de hablar de los horrores y dolores estos desaparecen. Por ser placenteros no podemos ser cómplices de la desmemoria. Entonces, los acompañamos a mirar de frente la brutalidad de una ciudad como Medellín y a mirar con toda paciencia las grietas de una vida dura, que no se puede naturalizar, banalizar, ni mucho menos exotizar.

Ana Isabel Díez https://www.anaisabeldiez.com/

 

 

Están listas y listos para una obra, como la de Victoria Valencia, que nos saca las tripas mostrándonos el mismo hilo demencial que une al “estratega” de masacres y el feminicida “espontáneo”; listos y listas para las vírgenes “golpeadas” de Evelin Velásquez y todas esas luces con las que se recogen y reconocen fuerzas ocultas; listas y listos para la composición sin reposo plasmada en 1987 de Natalia Valencia y sus pausas que nos interpelan; listos y listas para el Paisaje Interior, de Ana Isabel Díez, con el que nos pinta úteros de mujeres maltratadas; listas y listos para un poema de un medio día en Medellín que hiere el regionalismo.

 

Evelin Velásquez http://evelineses.blogspot.com/

 

El arte no se deja explicar, pero se puede provocar en una escuelita con amistad. Basta con decir que después de los eternos momentos sin reposo en la música y pausas que desencajan, hay burbujas para subir y sonreír; que a pesar de que hay pinturas que nos generan desgarros, luego, en medio del lienzo, todo se aquieta y hay una luz posible; que aún el poema más crítico sobre Medellín sirve como vehículo para quedarse o insistir; que los colores en una fotografía que alumbra temas que hemos omitido, cura; y que la fuerza de las mujeres en la post-dramaturgia –una y tantas veces víctimas– tiende a acompañarnos para siempre.

 

 

Natalia Valencia https://soundcloud.com/nataliavalencia

 

Estos chicos y chicas tienen su propia voz, muchas cosas para contar, a veces sus manos o sus pies y hasta las cuerdas de su garganta se mueven como las de nadie. Con un cinismo que es inofensivo, como el de los niños y niñas, nos han seguido la corriente con algunas cosas que les pedimos que hagan, como dar un paseo a la inclusión siendo entretenidos y optimistas, sabiendo que no durará.

Pero no nos tienen que complacer porque ya son “alguien” y en la conversación con una obra descubren lo que tienen por decir o la conversación que estaba a su espera. Entonces, no vale la pena dejar de ser para “ganarse la vida”, porque aquí y ahora está la vida.

Se reconoce la dureza de lo que está afuera, eso que si el arte no denuncia es porque no es arte. Pero la resistencia gramática, simbólica, corporal y sonora, es cuidar la burbuja donde ya se es alguien, donde todo está ocurriendo y la vida está ganada porque siempre ha sido desautorizada y así ocurre milagrosamente.

El arte en la vitalidad de las y los jóvenes recoge la crisis para no paralizarnos por la preocupación, para no dejarnos aplazar. La acción es presente.

** Estructura para montar en patineta.
* Profe en Editores de Ciudad, Investigador en Casa de las Estrategias y parte de Morada.

 

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Información adicional

  • Autor:David Villalobos
  • País:Colombia
  • Región:Suramérica
  • Fuente:Periódico desdeabajo Nº274, noviembre 20 - diciembre 20 de 2020
Visto 84 vecesModificado por última vez en Sábado, 21 Noviembre 2020 16:53

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