Sábado, 27 Febrero 2021 08:09

Informalidad en tiempos de covid-19

Escrito por Rupturas21 & Colectivo ArtoArte*
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Informalidad en tiempos de covid-19

Los hechos hablan por sí solos. Hasta finales de enero de 2021 habían fallecido en Colombia casi 54 mil personas infectadas por el covid-19. Para octubre de 2020 el 89,4 por ciento de los fallecidos pertenecían a los estratos socioeconómicos 1, 2 y 3, como revelan las cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), en su informe del pasado 14 de enero.

Esta es una realidad que confirma que las medidas gubernamentales adoptadas para contener la pandemia quedaron cortas frente a la realidad que nos caracteriza como sociedad, en cada uno de sus tópicos, por ejemplo en cuanto al trabajo y allí la informalidad imperante.

Como es conocido, muchos trabajadores informales –en labor fuera de casa, en muchas ocasiones a la intemperie y en lugares concurridos–, ante la ausencia de protección social y apoyos suficientes durante la emergencia, terminaron sufriendo las consecuencias más adversas del covid-19. El 7.36 por ciento de quienes así laboran lo hacen en un sitio al descubierto y, como puede verse en el gráfico, el 76.64 por ciento de ellos subsisten con menos de USD $ 10 (35.000 pesos) por día, el umbral reconocido hoy por organizaciones internacionales como el mínimo adecuado para sobrellevar una vida digna.

Esta es una realidad desalentadora si tenemos en cuenta que, como las cifras recientes del Dane lo muestran, la informalidad creció en 1,5 puntos porcentuales durante el último semestre y es muy probable que siga en ascenso.

Las cifras dan cuenta, además, de una realidad: la mayoría de los trabajos de quienes pertenecen a estos estratos no pueden virtualizarse. De ahí que la ausencia de una política social gubernamental inclusiva que garantice ingresos de manera estable y suficientes para todos los hogares, congelando el pago de los servicios públicos, y con asistencia médica oportuna, haya empujado a cientos de miles de personas a elegir entre trabajar corriendo el riesgo de contagiarse o no trabajar corriendo el riesgo de no tener recursos para subsistir.

 

 

Realidad que nos coloca de frente al mundo del trabajo en Colombia, donde el contrato a término indefinido es para la minoría, donde el salario estable tampoco es para la mayoría, realidad que nos coloca ante el ejercicio de recaracterizar el mundo del trabajo en nuestro país y otros muchos en condiciones similares, buscando que la Carta Universal de Derechos Humanos no sea simple letra muerta.

No es para menos. Son miles de miles que trabajan por cuenta propia, en “famiempresas”, muchos/as en el rebusque callejero, sin ingresos fijos, estabilidad alguna ni seguridad social, en aquello que se conoce como la “economía informal”. Un sector económico que genera valor y soporta la reproducción social, pero que es estigmatizado o se deja usualmente de lado gracias a que no genera estímulos directos a las instituciones.


Economía “informal” que al ser caracterizada como tal y desde otras metodologías, no es insignificante. Según cálculos del equipo de investigación Rupturas21: Hacia nuevas economías, sociedades y legalidades*, 61.2 por ciento de los trabajadores en Colombia son informales –una cifra no distante de la realidad internacional–. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el 60 por ciento de los trabajadores a nivel global, alrededor de 2 billones de personas, trabajan en el sector informal.


Pero si en tiempos “normales” la ausencia de inclusión afectaba a quienes estaban ligados a este tipo de economía, en tiempos “anormales”, como los abiertos por la pandemia, sí que es cierto. Es así como pudo comprobarse que durante esta crisis los trabajadores informales afrontan graves dificultades debido a la ausencia de mecanismos efectivos de seguridad y protección social que los cobijen, así como mecanismos legales que les aseguren estabilidad o ingresos fijos. Es así como la precariedad ha dado paso a una “ultra-precariedad”, como la denominan en el equipo de Rupturas21.

Este es el caso de Luz Mary Pardo**, una lideresa social, defensora de derechos humanos y vendedora ambulante de la localidad Santafé en Bogotá. Luz Mary vendía esferos a los alrededores de las universidades, las cuales en marzo de 2020 decidieron virtualizar todos sus procesos educativos. Sin universidades ni estudiantes, los ingresos de Luz Mary quedaron diezmados en su totalidad. Ella, así como varias de las comunidades a las que apoya, recibieron poca o ninguna ayuda estatal, al mismo tiempo que fueron obligadas a confinarse. Muchas de las y los trabajadores sexuales a quienes Luz Mary acompaña han sido además desalojados de sus hogares por falta de ingresos para el pago de la cuota diaria de arriendo en los conocidos “paga diarios”.

Esta, como otras miles de vivencias que llenan las calles de nuestro país, no son siempre recogidas ni procesadas en los estudios del Dane, institución para la cual los trabajadores informales son aquellos que laboran en empresas con menos de cinco trabajadores. Un criterio que sin embargo no es útil para entender la informalidad como un fenómeno económico y social, pues no tiene en cuenta un elemento fundamental: la seguridad social.

Según el equipo de Rupturas21, lo que realmente diferencia a trabajadores como Luz Mary de los trabajadores formales es la ausencia de una red de protección que les permita sortear situaciones difíciles, es decir, un sistema de protección social: cobertura en servicios de salud, ahorros para la vejez a través de un sistema pensional, cobertura de los riesgos asociados al trabajo y ahorros en caso de desempleo (auxilio de cesantía), entre otros. Rupturas21 decidió por ello utilizar como criterio para medir la informalidad la falta de contribución a los sistemas de salud y pensiones.

Con ese criterio, quienes llevan a cabo esta investigación encontraron, por ejemplo, que la cifra de 61.2 por ciento de trabajadores informales en Colombia se reduce a 54.5 en zonas urbanas, pero alcanza 85.7 por ciento en las áreas rurales. Ahora bien, si se entienden también como trabajadores informales aquellos que sólo contribuyen a uno de los sistemas –el de salud o el de pensiones– y que no tienen contrato escrito de trabajo, y/o que no ganan más del 95 por ciento del salario mínimo por hora, el volumen de trabajadores informales en Colombia aumenta al 68.2. En contraste, la última medición del Dane, publicada el 14 de enero de 2021, encontró que la proporción de ocupados informales en las 13 ciudades y áreas metropolitanas principales del país es solo del 47.7 por ciento.

Los hallazgos de Rupturas21 muestran claramente que la economía informal es el sector más amplio de la economía colombiana. Este sector agrupa la mayor parte de la población activa laboralmente del país: cerca de 13’805.597 de trabajadores de un total de 22’548.899 de ocupados. Alrededor de 21 millones de personas (el 44.2% de los hogares), viven del trabajo informal en Colombia.

Un punto crucial a tener en cuenta es que las mujeres estadísticamente tienen menor representación en las cifras de trabajo informal. Esto se debe, sin embargo, a que sus labores domésticas y de cuidado, como mucho del trabajo que realizan entre una tarea y otra, no se cuenta como “ocupación”. El trabajo informal entendido de una manera amplía implica, por lo tanto, que las mujeres en su gran mayoría laboran en este sector. Las cifras de informalidad también deben ser leídas en términos de etnicidad. En Colombia el 48.2 por ciento de los trabajadores pertenecientes a minorías étnicas tienen trabajos inestables y con ingresos menores a 2 salarios mínimos. Solo el 5.72 por ciento tienen trabajos calificados y estables.

En suma, como lo resalta Rupturas21, “la informalidad es la regla y la formalidad la excepción”. Esta afirmación no debe ser entendida, como lo afirman sus investigadores, como un llamado a un nuevo episodio de la ya larga e infructuosa lucha en contra de la informalidad. En su lugar, esta realidad debe servir como un llamado a una reflexión profunda sobre el importante papel de la economía informal y sus trabajadores en la economía nacional.

No hay duda de ello. Los trabajadores informales contribuyen de manera aún no reconocida a las cadenas de valor y productivas que suelen ser entendidas solo en términos de la economía formal. Los aportes de tal economía a la producción de riqueza no son usualmente considerados o cuantificados. Esto significa que el trabajo informal no solamente se ignora y condena, sino que se remunera sistemáticamente por debajo de su valor real. El resultado de esto es que el trabajo informal termina subsidiando de manera silenciosa la formalidad. Algunos cálculos usados por Rupturas21 sugieren que los trabajadores informales generan alrededor del 25.25 por ciento del PIB –una cifra que habla de manera contundente de la vitalidad, muchas veces no reconocida, del sector informal.

En esta dinámica, la forma en la que el Dane mide la informalidad y la concepción que acompaña muchas políticas públicas y aproximaciones internacionales a la informalidad, invisibiliza cómo las precariedades asociadas a ella existen a través de todo el mercado laboral: aún un 16 por ciento de los trabajadores con empleos cualificados y estables laboran en condiciones de informalidad, la que alcanza, por supuesto, 93.5 por ciento de los trabajadores que laboran en condiciones de inestabilidad y que reciben bajos recursos por su esfuerzo.

Teniendo en cuenta que la formalidad es la regla pero no lo dominante, y que más informalidad va a hacer parte de la “nueva normalidad”, Rupturas21 hace un llamado urgente para adoptar nuevas políticas sociales, económicas y de salud pública. En concreto, este grupo de investigadores propone en sus informes, entre otras medidas, (i) que se cuantifique la contribución que los trabajadores informales hacen a las economías de los países no sólo a través de sus contribuciones tributarias sino también mediante su participación en cadenas de valor, (ii) que la afiliación a la seguridad social no dependa del vínculo laboral o de la categorización de una familia en “extrema pobreza”, (iii) que se modifique la concepción estatal restringida de formalidad, y (iv) que se diseñen políticas de protección social para hacer frente a los efectos de la crisis de salud pública y que cobijen a los trabajadores informales (por ejemplo, renta básica universal).

* El proyecto Informalidad en tiempos de covid-19, llevado a cabo por Rupturas21, con el apoyo financiero de las Universidades de Kent, de Essex y de Warwick en el Reino Unido. En su realización ha entretejido alianzas con: la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad del Rosario, el Observatorio para la Equidad de la Mujer de la Universidad Icesi y el Observatorio Laboral, el Grupo de Investigación en Salud Pública y la Alianza EFI de la Universidad del Rosario. Con el fin de entender tanto las dinámicas internas como las contribuciones del trabajo informal a la economía y el bienestar en Colombia y países similares, Rupturas21 ha desplegado desde el mes de abril de 2020 un grupo de académicos socio-jurídicos, economistas, expertos en salud pública, antropólogos, productores audiovisuales, diseñadores gráficos, traductores y expertos en políticas públicas. Con una apuesta visual novedosa, todos los productos del proyecto están escritos en un lenguaje sencillo y están disponibles de forma gratuita en línea. Para asegurar que las lecciones aprendidas en Colombia sean discutidas e informen cambios en otros países, todos los productos están disponibles en inglés. Los lectores pueden seguir el trabajo de Rupturas21 a través de su cuenta de Twitter: @Ruptures_21.
** El trabajo estadístico de Rupturas21 ha sido combinado con metodologías cualitativas con el fin de dar cuenta de las experiencias individuales de los trabajadores informales, muchas veces dejadas de lado por las cifras agregadas. Para ello se han reconstruido las historias de vida de Luz Mary y otros trabajadores informales: una familia de recicladores, un rappitendero migrante irregular, una familia de transportadores y una partera tradicional perteneciente a la comunidad indígena Embera y actualmente desplazada en Bogotá. Todas las historias muestran que la informalidad en el trabajo va acompañada de múltiples y difíciles estrategias de supervivencia –el famoso rebusque.

Información adicional

  • Autor:Rupturas21 & Colectivo ArtoArte*
  • País:Colombia
  • Región:Suramérica
  • Fuente:Periódico desdeabajo Nº276, febrero 20 - marzo 20 de 2021
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