Viernes, 02 Abril 2021 09:00

Perdida en la ansiedad de perderme

Escrito por Alejandra A. Estrada
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Perdida en la ansiedad de perderme

La primera vez que me sentí perdida fue hace dieciocho años, corría montaña abajo mientras me acomodaba la ropa y secaba mis lágrimas tratando de comprender lo sucedido, pues había conocido de cerca la violencia paramilitar.

La segunda vez cantaba al oído de la persona que más he amado: “Vuela esta canción para ti, Lucía. La más bella historia de amor que tuve y tendré”, mientras peinaba su cabello, me despedía y aceptaba que nunca la volvería a ver, porque la muerte es implacable y no da tiempo de nada.

La tercera vez empieza a dibujarse lentamente en este texto.

Siempre asumí el hecho de estar perdida como algo positivo; me perdía, lloraba, cavilaba, gritaba, me encontraba… siempre me encontraba, y cuando lo hacía me repetía invariablemente: “no importa, empiezas desde cero cuantas veces sea necesario”. Ahora, pasados los treinta años, me siento perdida, y después de llorar, cavilar y gritar, no he podido encontrarme. Cuando pienso en esto me pregunto si así se sentían las-los situacionistas, cuando a sabiendas de perderse caminaban en las ciudades buscando respuestas, haciendo preguntas, pero resulta que esa experiencia no me atraviesa, más bien soy una feminista confundida, ansiosa y desempleada.

Quisiera decir que mis días de desempleo pasan impávidos mientras en una escena propia de la diva dramática que soy, me veo a mi misma recostada en mi cama, vestida con una bata roja y fumando, mientras leo a las feministas punk que me recuerdan que todo siempre puede ser peor; sin embargo, aunque lo anterior sucede, con menos glamour y más precariedad claro está, también sucede que mis días transcurren entre la militancia feminista –que implica acompañar a otras mujeres que necesitan unos oídos y unos brazos para apañarlas–; hojas de vida arregladas una y otra vez para ver si la próxima será la de la suerte; las tareas de señora adulta convertidas en un interminable bucle; un lloriqueo privado pero extenuante, y la plañidera pública que cansa a otras y otros pero que aliviana el alma. Me disculpo por ello.

Aunque la esperanza se ahoga en las noticias de un país sumido en la desgracia, hay días más soleados que otros; hoy no es uno de ellos, pero tengo la certeza de que esos días también existen. Llegan con una conversación en la cena, un maullido de ojos azules, una batida de cola dorada, las amigas y la militancia feminista.

Hay días tan fríos que solo en las palabras de rabia emanadas de los encuentros con otras mujeres logro reconocerme por algunos momentos, recoger mis pedazos de mujer rota y ansiosa, para juntar las fuerzas que me permitan levantarme de la cama y cambiar la bata roja por un atuendo más esperanzador.

El desempleo y la ansiedad nos juegan malas pasadas por estos días, no solo a mí, pues veo cada vez a más mujeres preguntándose si no hicieron lo suficiente, si pudieron decir menos o hacer más, si la carrera que estudiaron debió ser otra, si cambiar los libros de historia por manuales con más números sería lo correcto, o suplantar la mochila roída por un bolso elegante, pero nada de esto importa porque, amigas, ya lo hicimos, ya elegimos, y aunque podemos cambiarlo, al parecer ninguna desea hacerlo, no queda más que seguir enviando hojas de vida mientras tomamos brebajes de manzanilla con anís para calmar los nervios y no morir de ansiedad.

Y aunque fuéramos afortunadas y encontráramos un empleo en medio de esta pandemia, la realidad es que en Colombia existe una desigualdad estructural que afecta diferenciadamente a las mujeres y a los hombres; por cada hombre que perdió el empleo, tres mujeres perdieron el suyo, y las que lo conservan reciben por lo menos veinte pesos menos que los varones, haciendo el mismo o mejor trabajo.

Lo anterior, no lo digo en mi eterna actitud de diva dramática, a esta información hemos podido acceder gracias a los diversos informes que alertan y demandan una solución que no deje atrás a las mujeres; las amigas, las hermanas, las trabajadoras domésticas, la veci de la esquina, las putas, las border, las empobrecidas, las que no cumplen con el ideal de mujer, todas nosotras, cuerpos de mujeres sobre los cuales se erige este sistema de explotación y muerte, pero ojo queridas, una cosa son los informes y otra cosa es sentirlo en el cuerpo, ponerle nombres y rostros, hacer el verbo carne.

De cualquier manera, y aunque la ansiedad es una compañera deletérea y firme por estos días, no nos queda más que seguir apoyándonos con las que tienen un cachito más de fuerza, para que en un golpe de suerte podamos ser nosotras las que levantemos a otras cuando lo necesiten, y si algún día falta alguna de ellas o falto yo tengamos la fuerza para salir a romperlo todo, quemarlo todo.

Por mi parte, sigo sin encontrarme, tal vez nunca lo haga y mi destino como la diva del sur que soy, sea continuar siendo una feminista ansiosa, con empleo (espero) pero ansiosa, porque una cosa es ser feminista y ansiosa, que ya es bastante malo, y otra es no ser productiva a este sistema, eso sí que no nos lo permiten, no nos lo permitimos o no podemos permitirlo; sin embargo, con ansiedad y sin empleo, sigo buscando maneras de hacerme fuerte, de resistir, porque la lucha es larga y el cuerpo debe preparase para ella.

 

* Decirle a una mujer que es una perdida es decirle que ha incumplido con todo lo que se esperaba de ella, así que nosotras queremos reivindicar ese perderse de las mujeres, porque han fracturado el molde patriarcal que las acecha. En Relatos de Mujeres Perdidas presentaremos tres narraciones acerca de la sensación de sin-sentido y pérdida de toda esperanza, que nos hace revolcarnos mujer adentro para encontrarnos, en nuestros propios cantos y con nuestras garras.
Estas narrativas están hiladas como un tritono disonante y subversivo. Esa figura musical se ha considerado siniestra desde el Medioevo, y las mujeres que aquí tejen sus historias, se han hecho cada vez más feministas y más siniestras. En sus historias perdidas encontraron algo de conexión con su identidad y potencia, así que aquí está la tercera entrega de nuestro cuarto tritono.

 

 

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Información adicional

  • Autor:Alejandra A. Estrada
  • País:Colombia
  • Región:Suramérica
  • Fuente:Periódico desdeabajo N°277, marzo 20 - abril 20 de 2021
Visto 98 vecesModificado por última vez en Jueves, 01 Abril 2021 16:50

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