Viernes, 21 Junio 2019 06:36

Honduras en llamas

Honduras en llamas

Tomas de calles y carreteras y algunos conatos de quemas de negocios, es el escenario que se vive esta noche en Honduras, en una nueva jornada de protestas por parte de la ciudadanía que ha salido masivamente a las calles a exigir la salida del poder del gobernante, Juan Hernández.

El clima de insurrección resurgió en los hondureños la tarde de este miércoles. El pueblo se ha autoconvocado nuevamente a las calles para exigir la salida del gobernante Juan Hernández, quien ha ordenado al Ejército atrincherar Casa Presidencial.

Hasta ayer, la lucha social estaba enfocada por la defensa de la Salud y Educación pública; sin embargo, luego que las Fuerzas Especiales de la Policía declararan “brazos caídos” denunciando violaciones a sus derechos y abusos por parte de sus autoridades, el pueblo hondureño decidio salir a tomar las calles.

«Le reiteramos al Gobierno que nuestra postura es firme, y que no vamos a reprimir más al pueblo hondureño. Que busquen una solución mediante el diálogo», comunicaron desde la facción en paro de la DNFE, pidiendo a los demás colegas sumarse al paro y a los manifestantes abstenerse de realizar actos violentos y vandálicos.

Los policías manifestaron, mediante un comunicado, que no reprimirán a la población que se manifieste en las calles porque las protestas son justificadas.

Según cita Reuters, Orlin Cerrato, Comisionado de la Policía hondureña, declaró que estos agentes de brazos caídos corresponden a un 10 % de las fuerzas policiales de la DNFE, que suma cerca de 3.000 miembros alrededor del territorio nacional.

En las últimas seis semanas, la lucha social era comandada por la Plataforma para la Defensa de la Salud y Educación, coalición que se formó contra la privatización de ambos derechos sociales; sin embargo, luego de conocer la postura de las Fuerzas Especiales de la Policía Nacional, más la crisis de desabastecimiento de combustibles por el paro de transporte de carga, ha motivado al pueblo a exigir la renuncia del jefe de Estado, los hondureños han vuelto a las calles de forma masiva.

En Tegucigalpa, ya se reporta tomas de avenidas en el bulevar Centroamérica, barrio El Guancaste, Hato de Enmedio, Prados Universitarios y la Colonia Kennedy. No obstante, las acciones se reportan en todo el país. A raíz de los incidentes entre los uniformados, la población reaccionó de manera espontánea y comenzó a tomarse puentes, calles y carreteras en los cuatro puntos cardinales. Momentáneamente la población está siendo reprimida por los elementos de la Policía Nacional Preventiva y de la Policía Militar del Orden Público.

Cabe destacar que más temprano este miércoles, en una radio hondureña, el expresidente de la República, derrocado en el golpe de Estado de 2009, Manuel Zelaya, informó que las bases de Libertad y Refundación (Libre), estaban obligadas a luchar con la Plataforma sin condiciones.

Además, dijo que Honduras está atravesando “brotes de insurrección popular en todo el país”. Zelaya también mencionó que hoy la salida de las elecciones “no representa nada para nosotros. La única opción que tenemos es la rebelión, amparada en la Constitución”.

El expresidente, advirtió a la población que durante las próximas horas debe estar “en vanguardia y alerta popular sin distintivos políticos”. Lo anterior porque desde anoche se vive un ambiente que según estimaciones de dirigentes políticos, podría significar el fin del régimen de Hernández.

En tanto, el candidato presidencial de la Alianza de Oposición Contra la Dictadura, Salvador Nasralla, se dijo listo para tomar lo que considera que por derecho ganó en las elecciones de 2017.

Luego de la entrevista de Zelaya, por redes sociales giró un afiche que convocaba al pueblo a las calles inmediatamente, ante esta alerta, poco a poco las estaciones de servicio empezaron a tener mucha más afluencia de vehículos que en la mañana, atendiendo hasta quedarse sin reservas de combustibles.

De igual manera, varios supermercados en toda la capital, poco a poco van llenándose de ciudadanos preocupados por un posible golpe al poder político del país. Esto luego del paro de transporte pesado que ha imposibilitado el abastecimiento de insumos.

Corrupción

Juan Hernández ha sido salpicado por la corrupción. En junio de 2015, cuando se descubrió el descomunal saqueo en el Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS), confesó que su campaña política de 2013 recibió al mensos 150 mil dólares de empresas que participaron en el desfalco.

Según publicaciones de medios locales, Hernández y su entorno familiar habrían drenado al menos 4.500 millones de lempiras de instituciones del Estado mediante la utilización de organizaciones no gubernamentales.

Honduras viene enfrentando una crisis de ingobernabilidad que se acentuó con las elecciones de noviembre de 2017, por un fraude electoral y por la violación de la Constitución de la República, que prohíbe la reelección presidencial.

Hernández, sigue a merced de una crisis de legitimidad y en medio de dos diálogos: uno gestado por él mismo con sectores afines y otro liderado por la Plataforma por la Defensa de la Salud y la Educación, integrado por los docentes, médicos y personal de la salud, con el respaldo de la mayoría de los hondureños, que exige un sistema sanitario y educativo gratuito y de calidad. La exigencia comenzó para hacerle frente a un proceso privatizador de la salud y la educación, iniciado en los últimos nueve años.

En medio de la lucha por la salud y educación, que inicio desde abril, los ciudadanos han seguido exigiendo, mediante protestas, la salida de Hernández.

La crisis social en Honduras se ha comenzado a sentir en las últimas horas con el desabastecimiento de combustibles en las principales ciudades del país, debido a un paro de labores por parte del sector de carga pesada que lleva tres días consecutivos en tomas de carreteras.

Esta noche se reportaban cierres en las carreteras que dan acceso a las fronteras con El Salvador, Guatemala y Nicaragua. Mientras las empresas de transporte interurbano anunciaban el cierre de operaciones para mañana.

Esta noche los hondureños se siguen auto convocado a las calles y han programado un cacerolazo a partir de las 8:00 de la noche.

Mientras la crisis se acentúa con el paso de las horas, el gobierno de Hernández no ha reaccionado al respecto. Lo único que se ha observado es el gran despliegue de militares en la Casa Presidencial.

El pueblo está a nueve días de conmemorar el décimo aniversario del golpe de Estado, que para analistas de la vida social y política, ha significado el génesis de todos los males que sufren los hondureños: violencia, miseria, caravanas migrantes y violaciones a los derechos humanos.

Fuentes: Criterio, RT, El Libertador

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La imagen de Bolsonaro se desploma en Brasil

Perdió más de un cuarto de su apoyo en menos de cien días, dice la última encuesta

En febrero, el 38,7 por ciento de los ciudadanos valoraba la gestión de Bolsonaro como “buena” o “excelente”. Esa cifra cayó a 30,5 por ciento.

A una semana de cumplir sus primeros cien días de gobierno, la aprobación del Gobierno de Jair Bolsonaro en Brasil se encuentra en caída libre, según una encuesta que publicó ayer el diario El País de España. En febrero, el 38,7 por ciento de los ciudadanos del país sudamericano valoraba la gestión de Bolsonaro como “buena” o “excelente”, frente al 29,6 que la consideraba “regular” y el 22,5 al que le parecía “mala” o “pésima”. La tendencia ha cambiado. Según las cifras del sondeo de Atlas Político citadas por el diario español, basada en 2.000 personas encuestadas 1 y 2 de abril, la proporción de brasileños que califican la gestión del ultraderechista como “buena” o “excelente” cayó a un 30,5 por ciento, mientras que el 32,4 la calificaron de “regular y el 31,2 “mala” o “pésima”. O sea, los que aprueban de manera más enfática al presidente ya están numéricamente por detrás de los que la desaprueban su gestión o les parece regular.


Las cifras de esta encuesta son incluso peores que los de la última encuesta del Ibope, que situaba la aprobación de Bolsonaro –personas que ven su gestión “excelente” o “buena”– en el 34 por ciento.


La encuesta de Atlas Político, elaborada con entrevistados seleccionados por Internet y con un margen de error de dos puntos porcentuales, según El País, indica que no todos los ministros de Bolsonaro se han visto afectados por el flojo arranque del mandato. La popularidad del ministro de Justicia Sergio Moro, quien alcanzara la fama como juez del caso Petrobras, se mantiene en niveles alto y supera por mucho a la del presidente. El 61,5 por ciento de los encuestados tienen una imagen positiva del ministro que siendo juez condenó al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva a prisión. en cambio para menos de la mitad de los consultados, el 49,5 por ciento, la imagen de Bolsonaro es positiva. “Creo que la postura de Moro está siendo más formal y adecuada a su cargo, mientras que el presidente tiene una postura menos adecuada y no cumple las expectativas de cambio inmediato que prometió durante la campaña”, sostiene el politólogo Andrei Roman, director de Atlas Político, citado por el matutiño madrileño.


La encuesta de Atlas Político también pregunta las principales propuestas del Gobierno brasileño. Los resultados muestran que ninguna de ellas enamora a la opinión pública brasileña. A saber, el 50,7 por ciento está en contra de la ampliación de la tenencia de armas, frente al 41,6 que se muestra favorable. Sin embargo, la mayoría de los entrevistados, casi el setenta por ciento, considera que la delincuencia está en aumento, a pesar del discurso de línea dura del presidente.


Tampoco es popular la reforma del sistema de pensiones, principal proyecto económico del Gobierno, que se debate en el Congreso brasileño. El 45,7 por ciento está en contra de las propuestas del ministro de Economía, Paulo Guedes, frente al 43,9 que está a favor.


Pese al discurso anticorrupción que ayudó a Bolsonaro a convertirse en presidente, dice El País, el 44,2 por ciento todavía cree que la corrupción está aumentando, contra un 27,7 que dice que está disminuyendo. Lo que sí queda claro es que la decisión de la justicia de detener por corrupción al ex presidente de facto Michel Temer concitó un apoyo masivo (Temer recuperó su libertad condicional a la espera de su juicio luego de permanecer cuatro días encarcelado). El 87,1 por ciento de los entrevistados estuvo a favor de su encarcelamiento. En cambio la opinión pública se encuentra dividida con respecto a la detención del ex presidente Lula, condenado por la “intima convicción” del ahora ministro Moro. Casi el 58 por ciento dice estar a favor de la prisión del expresidente del Partido de los Trabajadores (PT), fogoneada por los grandes medios del país. Sin embargo, la encuesta publicada por El País señala que el PT es el partido el predilecto de la mayoría de los electores, a pesar de haber perdido las últimas elecciones presidenciales contra Bolsonaro con Lula impedido de competir por estar proscripto. El 60 por ciento dice no sentirse cercano a ningún partido, pero el un 15,8 dice apoyar al PT. Muy lejos, con el 5,5, aparece el Partido Social Liberal de Bolsonaro.

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Las hazañas de los informantes Snowden, Assange de Wikileaks y Manning (en la imagen) expusieron los engaños del complejo industrial secreto de espionaje de EU

Los “teóricos de la conspiración” se han quedado cortos y han sido superados en EU por la inimaginable realidad indigesta para los leguleyos.

Las hazañas de los informantes samaritanos Snowden, Assange de Wikileaks y Manning expusieron los engaños del “complejo industrial secreto de espionaje” de EU y su quinta esencia totalitaria que opera un “gobierno en la sombra” sin elegir que busca derrocar mediante un golpe de Estado a Trump, según las perturbadoras develaciones de Kevin Shipp, ex agente de primer nivel de la CIA (https://bit.ly/2nBXkLd).
Según el denunciante Kevin Shipp, el célebre Deep State y el gobierno en la sombra representan dos entidades separadas entre sí: “el gobierno en la sombra controla al Deep State y manipula tras bambalinas a nuestro gobierno elegido” para perpetrar su terribles crímenes contra los desvalidos ciudadanos (https://bit.ly/2MLqK4B).


Shipp, ex funcionario de contraespionaje del antiterrorismo, ya había expuesto la maligna operatividad de la CIA en su libro Desde las sombras de la compañía (https://amzn.to/2OBbqYV). Hasta el NYT había revelado hace siete años la extraña persecución que Shipp había sufrido con su familia en la casa que le asignaron perversamente en Camp Stanley: un depósito clandestino de armas experimentales en San Antonio donde el agua potable está contaminada por la toxicidad de los acuíferos (https://archive.fo/zkttH). What is going on en Camp Stanley?

Arguye que el Deep State está conformado por el complejo militar industrial, los contratistas (sic) del espionaje y el Pentágono, Wall Street, la Reserva Federal, FMI, Banco Mundial, Secretaría del Tesoro –lo cual concurre con la definición del ex legislador texano Ron Paul (https://bit.ly/2w6nXf6)–, mientras “la cúpula del gobierno en la sombra son la NSA (National Security Agency) y la CIA”, al unísono de la Agencia Nacional de Espionaje-Geoespacial (NGA) y la Oficina Nacional de Reconocimeinto (NRO).


Kevin shipp aduce que la CIA fue entronizada, sin aprobación del Congreso, por el muy influyente Consejo de Relaciones Exteriores (CFR, por sus siglas en inglés) con fuertes vínculos con los multimedia.

La CIA es el “nodo central” del gobierno en la sombra y controla a las otras 16 agencias de espionaje, pese a que teóricamente la DNI (http://www.dia.mil) las controla a todas.

La CIA –creada por una orden ejecutiva de Truman, The National Security Act (https://bit.ly/UrWsYI), quien ordenó el lanzamiento de dos bombas nucleares hace 73 años en Hiroshima y Nagasaki–puede manipular al presidente y sus decisiones políticas, controla a los contratistas del Pentágono y el espionaje, puede detonar las guerras, torturar (nota: hoy su directora Gene Cheri (sic) Haspel es el summum de la tortura), perpetrar ataques de falsa bandera, catalizar golpes de Estado, etcétera.


A su vez, el presidente maneja su “ejército secreto”, la agencia JSOC (Joint Special Ops Command), que puede usar para asesinatos secretos y derrocamiento de los gobiernos.
En torno del “complejo industrial secreto de espionaje” orbitan cinco megaconglomerados de contratistas que operan “sin reportar” bajo el manto de top secret: Leidos Holdings, CSRA, CACI, SAIC y Booz Allen Hamilton.


Después del 11/9 fueron creados “más de 10 mil sitios secretos en EU” (https://bit.ly/2nKsrVb). ¿Cuántos existirán esparcidos en el mundo, incluyendo México?


El Congreso está totalmente controlado por el “complejo militar industrial” mediante el Comité de Servicios del Ejército de 48 miembros que reciben lubricaciones pecuniarias a cambio de su voto en favor de la enmienda de gastos para los militares y el presupuesto de espionaje.


Según Snowden, sólo el presupuesto de la CIA rebasa 50 mil millones de dólares al año sin auditoría alguna.Tambien recuerdo el extravío de varios billones (sic) de dólares por el Pentágono gracias a la contable magia kosher de su “contralor” el rabino (literal) Dov Zakheim (https://bit.ly/2B8Dukw).


En EU, ser inimputable contratista del gobierno en la sombra es más importante que un vulgar congresista controlado por la CIA.


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Miércoles, 01 Agosto 2018 07:51

Santos, preso de sus propias paradojas

Santos, preso de sus propias paradojas

Mientras el mundo aplaude el pacto de paz que terminó con una rebelión armada de más de medio siglo, en Colombia acumula un saldo rojo en las encuestas en parte por la negociación que lideró con la ya disuelta guerrilla FARC.

Juan Manuel Santos se acomoda la corbata lo mejor que puede. “Nada es perfecto”, se excusa. Y pocas frases englobarían tan bien el mandato del presidente que ganó la paz para perder la popularidad en Colombia.


En una de sus últimas entrevistas antes de dejar el poder el 7 de agosto en manos del opositor de derecha Iván Duque, Santos parece atrapado en las paradojas después de ocho años de mandato.


Mientras el mundo aplaude el pacto de paz que terminó con una rebelión armada de más de medio siglo, en Colombia acumula un saldo rojo en las encuestas en parte por la negociación que lideró con la ya disuelta guerrilla FARC. Además, Duque llegó al poder con la promesa de modificar el pacto que arrancó lágrimas de felicidad al mandatario saliente. Y que de paso le otorgó el Nobel de Paz en 2016.


Y aunque el expresidente Alvaro Uribe –su jefe en el gobierno cuando fue ministro de Defensa y mentor político de Duque– lo llama traidor, Santos cree que al final lo que hizo fue ejecutar con éxito sus políticas.
Santos, de 66 años, se defiende: deja un país sin la que fue la guerrilla más poderosa de América, con reducciones históricas de secuestros y homicidios, y avances en infraestructura y en la lucha contra la pobreza y la inequidad.


Incluso hoy espera que el régimen de Nicolás Maduro caiga lo más pronto en Venezuela, pese a que recibió y agradeció su ayuda en los exitosos diálogos con las FARC y las negociaciones en curso con el también grupo insurgente del ELN. Santos se va con la satisfacción de haber “hecho todo lo que se pudo”, y se permite darle un consejo a Duque, su antiguo aliado: “Haga lo correcto así sea impopular”.


–¿Falló en su búsqueda de una paz completa para Colombia?


–Lo que estamos entregando, y lo dicen todos los organismos internacionales, es una paz muy completa, muy profunda, el acuerdo con las FARC no tiene precedente en ningún otro país. Ahora con el ELN seguimos negociando, hemos avanzando mucho, vamos a ver si antes del 7 de agosto podemos firmar un cese al fuego, así sea temporal y un acuerdo marco, pero estamos en plenas negociaciones”.


–¿Tiene algo que reprocharle a la ex guerrilla a casi dos años de la firma de la paz?


–Se quejan mucho de que el Estado no ha cumplido. El Estado sí ha cumplido; sí hay retrasos, hay aspectos que en el Congreso se han modificado, pero en términos generales, lo dicen todos los organismos internacionales, los verificadores, este acuerdo se ha cumplido en una forma muy rápida, la implementación va bien, lo que pasa es que ellos también están haciendo política, eso es comprensible y bienvenido.


–¿Es posible la rendición de Otoniel, el mayor capo y líder del Clan del Golfo, antes del 7 de agosto?


–Ellos habían dicho que estaban listos a someterse y en los dos o tres últimos días, los abogados dicen que están en trámites, vamos a ver qué deciden. La ley de sometimiento ya se aprobó, está todo listo, la fiscalía está lista y ellos vienen insistiendo en eso hace algún tiempo. Vamos a ver si antes de una semana hacen algo o si prefieren esperar al próximo gobierno.


–Usted defendió un cambio de enfoque en la lucha antidrogas. ¿En qué alternativas piensa?


–Hay que tener unos enfoques más pragmáticos en materia de salud pública, de darles alternativas a los campesinos (cultivadores de coca) y ser más efectivos contra las mafias y contra el lavado de activos y contra los activos que se generan en un negocio como el narcotráfico.


–¿La legalización es la única alternativa?


–No es la única. Ya se está legalizando en muchos países. Hay países como Portugal que han tenido un enfoque pragmático y muy efectivo, pero este es un tema que tiene que resolverse a nivel multilateral. Un país solo no puede ganar la guerra contra las drogas.


–Y si se forma un bloque de países, ¿podría ser una opción?


–Pues si los países lo aceptan, por supuesto.


–Uribe lo considera su adversario. ¿No teme una cacería judicial después de dejar el poder?


–Espero que no, porque eso sería algo que no aceptaría el país. Creo que el país ya está demasiado polarizado, el propio presidente electo Duque me dijo aquí, en este palacio: ‘mire, yo voy a continuar las políticas que creo que están funcionando, voy a corregir las que no están funcionado y voy a tener algunos proyectos e iniciativas mías, y no voy a gobernar con espejo retrovisor’. Todo eso me pareció lógico, conveniente, y espero la pueda cumplir, porque esa es la actitud que debe tener todo gobernante.


–¿Va a defender su legado?


–El legado se defiende solo, ahí están los resultados. La paz está ahí, las FARC son partido político, ahí está. Y la paz la va a seguir defendiendo el pueblo colombiano, porque es que la paz no es mía, ni es de mi gobierno, es de todos los colombianos. Es el bien más preciado que puede tener cualquier sociedad y los colombianos tienen que defender la paz y la van a defender.


–¿A qué se va a dedicar?


–No voy a dedicar a defenderme en las redes sociales. En la parte académica sí, tengo muchísimas ofertas, me gusta. Voy a dedicarme a escribir. He sido periodista más que político durante mi vida. Voy a dedicarle más tiempo a mi familia, que es tal vez la más sacrificada en esta vida pública.

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En 2018-2022… uribismo recargado y nuevo contenido del compromiso popular*

Culminó sin sorpresas la coyuntura electoral que compuso la elección de Presidente para los cuatro años próximos. El resultado a favor de Iván Duque Márquez cierra con un broche que no es de oro para el uribismo.

Con el nuevo gobierno, nos adentramos en la arena de una ofensiva neoliberal de nuevo nivel, donde los sectores dominantes, aliados del capital internacional, se aprestan a exprimir hasta el máximo posible los pocos ahorros y posibilidades de quienes no tienen más que su fuerza de trabajo para sobrevivir, a la par que adecuan el aparato estatal para las exigentes demandas del capital global, ahondando con ello sus formas de dominio y control social.

El país vivió una extensa campaña que empezó el 2 de octubre de 2016, cuando el No se impuso en el referendo por los acuerdos de paz firmados entre el Gobierno y las Farc, campaña que continúo el 11 de marzo de este año con las elecciones al Congreso, en las cuales los sectores que por siglos han dominado el poder en Colombia refrendaron su dominio, incluido por supuesto el Centro Democrático (CD). La puja electoral prosiguió el 27 de mayo con la primera vuelta, en la que una vez más el uribismo reafirmó con creces su mayoría, sin la cifra suficiente para evitar una segunda votación, que el país vio y vivió este 17 de junio con números definitivos: CD 10.351.552 votos (54%), Gustavo Petro 8.023.000 (41%), una cantidad que resultó inferior al deseo, las declaraciones y el algodonoso auto-‘convencimiento’ de su activismo.

El triunfo de la Coalición Conservadora pone de presente, ante propios y extraños, que en Colombia la iniciativa política y su margen frente a la opinión tiene ventaja del status quo –con marginalidad del conjunto tradicional de izquierda–, sobre una amplia franja poblacional. Circunstancia tal, en un trasfondo de contradicción con descuido en su análisis y superación, que es cada vez más larvada entre las zonas semiurbanas y rurales y las cabeceras de varias de las principales ciudades del país. Trasfondo que disuelve, sin respuestas certeras, el abismo de desigualdad e injusticia entre la minoritaria capa de quienes más tienen y el amplio segmento de la marginación que padecen quienes viven en la miseria, la pobreza, y la exclusión social.

Particularidad, trasfondo extendido y que toca en la reciente coyuntura al proyecto, vía y contenido de un Acuerdo para alcanzar la paz necesaria. Objetivo y paz inscritos en el futuro y el camino por seguir para lograr la felicidad del conjunto social. Contradicción que el resultado electoral del pasado domingo ni resuelve ni disminuye, y tampoco le da vehículo. Intensificación del marco de la situación política que vendrá y ya se avizora, con quienes pretenden un Estado confesional y de retrocesos constitucionales.

Con anticipación, y ante una segunda vuelta y su polarización, el CD manejó una estrategia que puso a Gustavo Petro al sitial de principal contendor. Con base en profundos elementos relacionados con las acciones insurgentes del conflicto armado y de la repercusión de la situación en Venezuela, que tienen lugar en el imaginario de la ciudadanía de a pie, difundió y posicionó una variedad de miedos que cerraban y afectaban al ‘aliado’ de las Farc, al ‘símil’ de Chávez, a la ‘irresponsabilidad’ en el manejo de la cosa pública, al ascenso de los “exterroristas” en el manejo del país. Y tras esta argumentación, sensibilizaban y difundían acerca del camino hacia la pobreza generalizada de quienes habitan Colombia. Desde la contraparte también se buscaba una polarización. Fue puesto en el discurso el miedo por el regreso del uribismo al control del gobierno, y, por obvia extensión, de todas las injusticias que conlleva.

El triunfo del CD denota que el espacio y el peso de las ideas conservadoras son más potentes. Una realidad que desprende retos para todos los sectores que quieren un cambio en el país. Un desafío que exige explicarnos por qué amplios sectores de la población le temen al cambio, por qué repudian a la izquierda, en particular a la guerrilla, a las expresiones ‘progresistas’ del continente, y a todo lo que estos asuntos implican.

De este modo, alcanzar a posicionar un contrario como Petro resultó para el CD la mejor y más directa vía para extender el miedo en la campaña electoral. Así, la gente votaba no sólo en favor de Duque sino en contra de Petro, de la izquierda y del imaginario construido por ésta, en años de gobierno y poder en distintas coordenadas globales. Pero sobre todo, del imaginario construido sobre la izquierda y la revolución, en un proyecto articulado y con conexiones sociales para arrebatarle la bandera de la igualdad social, la libertad y la justicia. Democracia plena, que está pendiente para el conjunto histórico y global. Un discurso del CD que, como paradoja, no logró de manera plena su cometido en centros urbanos como Bogotá.

Por el contrario, sí permitió visibilizar la existencia de amplios sectores sociales que desean el cambio del modelo social, económico y político que ha imperado siempre en el país, sectores que, es de suponer, están dispuestos con energía y dedicación a movilizarse por tan anhelado giro. Preocupa, en todo caso, que estos nuevos sectores –que ahora se acercan tal vez por primera vez a una agenda pública que debe ser colectiva, abierta y deliberante– queden subsumidos en el imaginario de la política, las formas de lucha, el gobierno, y el poder difundidos desde la campaña liderada por Gustavo Petro y multiplicada de manera desenfrenada por diversas vías.

Se trata de un ideario político con aspectos insuficientes de rectificación a las repeticiones tradicionales de la izquierda, que de manera inexplicable centra toda la acción social y política en una campaña y en el yo de una persona. Sin la raíz y la construcción necesarias, un alto rango de unilateralidad que descuenta todos los factores de poder, con su tensión y su interrelación, que se concentran en el Estado y el gobierno, creando por esa vía la falsa expectativa de que es posible lograr un efectivo cambio social por el simple hecho de ganar unas elecciones. Si el lector desprevenido lee los whatsapps y otros mensajes que por varios días llegaron sobre el posible gobierno Petro, con la certeza de una ventaja, quedará convencido de la falsa idea de que, una vez fuera ungido como Presidente, todo cambiaría. ¿Es correcto difundir tal tipo de mensajes? ¿Es realizable tal propósito?

Entonces, ante esta realidad sin configurar un sujeto cotidiano y activo, en que el más crudo reformismo sienta base y deforma los procesos políticos, y ante el futuro inmediato por afrontar, estamos frente a una realidad inocultable que motiva y obliga a formular varias preguntas, fundamentales dentro del qué hacer, para elevarlas ante los sectores sociales inclinados por el cambio: ¿Cómo no perder la disposición y la energía de los millones que votaron por el cambio? ¿Cómo hacer para discutir y definir con tal conjunto humano el proyecto político por constituir, como base orgánica, colectiva, para proseguir en la disputa por el cambio? ¿Cómo darle paso a un proyecto nacional, incluyente, colectivo, plural, de proyección verdadera de las “ciudadanías libres”, que supere lo individual de un liderazgo y logre asiento en la diversidad regional, que, sin centrarse en forma alguna de lucha en particular asuma el reto de ser gobierno y poder desde ahora y en los territorios? ¡No es un debate de menor monto ni de pronta resolución!

Una postura de captación de la realidad y su correlación política, de rectificación y de autocrítica, de definición de los métodos de profundización en barrios y municipios, de la resonancia de los referentes sociales y políticos de convocatoria, de los instrumentos necesarios para la disputa continua y diaria de la opinión, que debe permitir la circulación de la palabra y de proyectos político-sociales de variado color, en que la relación con el Estado sea un referente pero no el condicionante institucional, y en que las experiencias de vida y comunidad levantadas a lo largo y ancho del país sean puntos de mira y de partida para el diseño definitivo del proyecto político por construir, en su contenido, sus formas y sus propósitos de Otra Democracia que es posible.

Son éstos un llamado y una discusión que se deben hacer desde este preciso momento. A la par de concitar la concentración de fuerzas desde el 7 de agosto mismo contra el nuevo gobierno y sus propósitos, pues, como dijo el propio Duque, el gobierno que él presida impulsará un paquete que incluye las reformas “[…] fiscal, a la educación, la salud, el agro, la justicia y las pensiones, como elementos iniciales”. Es decir, vendrán más reformas con intención de servir y potenciar al capital global y nacional. No será fácil ni de pocos meses el reto por afrontar. No es la espera hasta la próxima elección en 2022.

La configuración territorial de las reivindicaciones y sus resistencias es el camino que les queda a las mayorías del país, entre ellas quienes apoyaron la opción de Petro, de quienes votaron en blanco y quienes lo hicieron en contra de este gobierno, y sectores engañados que lo apoyaron con el sufragio, considerando que así le cerraban el camino al ‘comunismo’. Error mayúsculo que ahora podrán ayudar a subsanar con su vinculación a la resistencia social.

Será una confrontación que en el campo también abrirá espacio para la defensa de la tierra y de los Acuerdos de La Habana en ese aspecto, recuperando la consigna por una reforma agraria efectiva y que beneficie a todo el campesinado sin tierra o con poca tierra, además de confrontar las fumigaciones aéreas y la obligada sustitución de cultivos ilícitos que tratarán de llevar a cabo, como demostración de complacencia ante los Estados Unidos que descarga en Colombia la culpa por el consumo de sustancias como la cocaína entre amplias capas de su población.

Lucha social que también se ampliará al campo de la defensa de la Vida y de los Derechos Humanos, toda vez que el nuevo gobierno promete regresar y retomar, seguro bajo otro nombre pero con iguales pretensiones, las banderas y las prácticas de la mal llamada “seguridad democrática”, incluyendo el pago por “positivos”. Todo un terror con vínculos oficiales a la vista.

Los retos abiertos por el nuevo gobierno son inmensos, pero también las posibilidades para el cambio. El año 2019 será una nueva escala para tal disputa, antecedida de la resistencia ya enunciada. ¿Se podrán encarar tales retos desde un proyecto de cambio profundo, sin subsumirlo en las apetencias tradicionales del camino electoral?

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Lunes, 18 Junio 2018 07:01

Colombia: un país distinto

Colombia: un país distinto

Si Duque no hubiera sido el candidato menos agresivo para los votantes indecisos, no habría ganado esta batalla de miedos

Una propuesta de izquierdas ajena a los partidos tradicionales ha logrado ocho millones de votos en Colombia. En la primera vuelta, una plataforma de centro progresista alcanzó los cuatro millones y medio, sumando más de nueve junto a la primera. La victoria, la presidencia, ha recaído sobre el candidato más moderado y más limpio de todo el menú que tenía a su disposición un expresidente que tuvo que quedarse sentado, en segundo plano, durante la celebración de la noche electoral. El más asociado con el establishment ni siquiera alcanzó el 8%: ni las maquinarias ni la opinión (si es que marcar una división entre ambas tiene sentido) le dieron su confianza.


Por todo ello, Colombia ya es un país distinto.


Un país que recogerá Iván Duque, que logró ampliar la coalición del “no”, o del uribismo (que tuvo 6.5 millones en 2016, y 6.9 millones en 2014). Hay tres maneras de leer esto: una, la simple (casi simplista), vendría a decir que el uribismo gana adeptos. Otra, probablemente más ajustada a la realidad e igualmente popular, atribuiría la victoria de Duque al miedo a Petro: el "argumento Venezuela" ha funcionado, y le ha dado esos votos extra. Sin embargo, la tercera explicación es necesaria para que la segunda también sea cierta: si Duque no hubiera sido el candidato más centrado, menos agresivo para los votantes indecisos, no habría ganado esta particular batalla de miedos en que se ha convertido la segunda vuelta.


En definitiva, el núcleo duro del uribismo tiene que aceptar que sus dudas sobre la idoneidad de Duque como candidato eran infundadas. Sin embargo, ahora vendrán las cuestiones sobre el Duque presidente. Y sobre él, como candidato que ha logrado aunar a la derecha y al centro-derecha, penderá una duda que es al mismo tiempo una amenaza que tiene dos ejecutores. La duda es si, o cuánto, se va a distanciar Duque de Uribe. Quizás se da un volteo tan radical como el de Santos en el ciclo 2010-2014, que reconfiguró toda la política colombiana al traicionar a su padrino, el expresidente. Pero es posible también que todos, incluso el propio Uribe, haya descontado cierto giro. Pero, ¿hasta dónde? Y aquí entra la amenaza: si no se mueve tanto como esperan sus votantes moderados, quizás su plataforma sufra un castigo en 2022. Pero si se mueve demasiado, tal vez otros se sientan traicionados. Duque es, en no poca medida, una caja de esperanzas para una coalición más heterogénea de lo que parece a simple vista.


Colombia es también un país en el que un candidato de izquierda puede alcanzar más de un 40% de los sufragios. Aunque pase a la segunda vuelta por sólo 300.000, esto significa que una parte importante (si bien no mayoritaria) de los votantes progresistas están dispuestos a ponerse detrás de una propuesta en el extremo del espectro político. Es cierto que, probablemente, muchos de ellos llegarán ahí sin entusiasmo y con dudas. El apoyo de dos miembros clave del centro regeneracionista como Claudia López y Antanas Mockus habrá sido importante para disipar parte de las mismas. Así que ahora, en la oposición, se abre una dinámica que durante cuatro años combinará cooperación y conflicto.


Gustavo Petro cuenta con la impresionante cifra de la primera vuelta y con el recientemente aceptado puesto en el Senado que le dará una plataforma mediática sin par. Mientras, el centro (sea Fajardo quien lo siga representando, sea otro) tendrá en su mano los votos que ganó en primera vuelta. Ambos comparten el interés en derrocar a la derecha, pero discrepan en cómo hacerlo, y sobre todo en qué hacer una vez lo logren. Estas diferencias son demasiado grandes y demasiado evidentes como para que desaparezcan en tres semanas, o en cuatro años. Pero la verdad es que Petro ganó dos veces en ese periodo de tiempo: una, cuando realmente sobrepasó al centro. Otra, cuando alcanzó el umbral psicológico del 40%. De ahí la esperada combinación de cooperación y conflicto: un resultado más pobre de Petro le habría dado alas a sus rivales, pero habría hecho falta una diferencia mayor el 27 de mayo para darle a la izquierda el reinado indiscutible de la oposición. Esta lucha solapada tendrá como primera meta volante las elecciones locales y regionales de octubre de 2019.


En definitiva, Colombia es un país donde las luchas ideológicas dentro de cada bloque (el conservador, que ahora está en el gobierno, y el progresista, que ocupará la oposición) van a definir los próximos cuatro años. Lo cual reproduce en cierta medida las dinámicas de la larguísima campaña que llevó al país a la primera vuelta, a la que probablemente ha sido la elección más plural de la historia de la República. También la más pacífica en medio siglo. Y ambos factores están íntimamente relacionados. Porque el país continúa embarcado en un ciclo que ha abierto la política. Lo ha hecho, por un lado, a segmentos e ideas tradicionalmente excluidos (como la izquierda). Pero, por otro, ha profundizado en una fragmentación de las élites establecidas que también favorece la multiplicación de perspectivas. En otras palabras: si todo sigue como hasta ahora, Colombia será, cada vez más, un país plural.

Por JORGE GALINDO
18 JUN 2018 - 08:58 CEST

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La segunda vuelta confronta dos modelos para Colombia

Gustavo Petro obtuvo un 25 por ciento de los votos pero Iván Duque fue el gran ganador, con el 39 por ciento de los sufragios. “Eso demuestra la derechización de un país al que no le duelen las víctimas”, advierte el analista DeCurrea.


Los pronósticos se cumplieron. Iván Duque y Gustavo Petro se enfrentarán en ballottage el próximo 17 de junio. El experimentado líder de la izquierda obtuvo el 25% de los votos y Duque fue el gran ganador con 7.5 millones de votos que representan un amplio 39% del electorado. Lo de Petro, histórico por tratarse del primer candidato progresista que alcanza más de 4 millones de votos superando así al ya fallecido Carlos Gaviria Díaz, con quien militó en el opositor Polo Democrático Alternativo.


Rodeado por indígenas del Cauca que hicieron una cadena con sus bastones de mando ancestrales, el líder de Colombia Humana y su compañera de fórmula, Angela Robledo, llegaron al centro de eventos del Down Town Majestic, en Bogotá, donde el tercero más votado, Sergio Fajardo, obtuvo la mayor votación dejando una de las sorpresas de la jornada al superar a Petro en la ciudad que gobernó hasta 2015. Desde allí señaló que la ventaja de Duque disminuyó en un 10% respecto a las votaciones de congreso hace tres meses cuando se celebraron también las consultas interpartidistas. “Vamos a vencer. Se puede cambiar la historia de Colombia”, expuso el ahora fortalecido candidato de la izquierda que propone superar la desigualdad histórica y gobernar a favor de los más desfavorecidos: campesinos, víctimas, trabajadores, profesores. Y expuso que, lejos de polarizar, los resultados de ayer mostraron que el votó se distribuyó. Tal fue el caso de Fajardo, de la Alianza Verde-Polo Democrático, que apenas obtuvo 200 mil votos menos que Petro, consiguiendo un 23% de los votos. El ex alcalde de Medellín habló también a sus seguidores invitando a no sentirse derrotados sino terminar el día con una gran sonrisa, pero sin dejar claro si respaldará a uno y otro de los ganadores de ayer en una segunda vuelta electoral.


Cuando ese pase, el segundo domingo de junio, se aspira a vivir la históricamente tranquila situación de seguridad de las presidenciales de ayer que pasarán a la memoria porque, por primera vez, los ciudadanos pudieron votar por su primer mandatario sin ninguna alteración del orden público gracias a la dejación de armas de FARC y el cumplimiento del cese al fuego de la guerrilla del ELN. El líder de FARC, Rodrigo Londoño “Timochenko” estaba depositando un voto en una escuela de Bogotá en vez de coordinando acciones armadas. Por el desarme de la guerrilla y la palabra cumplida de los “elenos” la disminución de violencia fue de un 100% como lo confirmó el presidente Juan Manuel Santos alistándose para dejar el palacio presidencial. Las autoridades informaron que las 223 mesas que fueron trasladadas ayer lo hicieron por problemas climáticos, a diferencia de años pasados donde no se podía votar por la fuerza de la violencia.


Lo de Duque, tratándose de un joven político de derecha recién dado a conocer también sorprendió aunque se proyectaba por tratarse del apadrinado del expresidente Alvaro Uribe, que demostró una vez más seguir dominando las fuerzas de la derecha y las mayorías del país con gran reconocimiento y carisma a pesar de las múltiples investigaciones judiciales y cuestionamientos en su contra por presuntos vínculos con paramilitares y narcotraficantes. Desde 2002, cuando llegó por primera vez a Casa de Nariño, Uribe arrastra entre 5 y 7 millones de votos en cada comicio electoral. Sin embargo, el nombre de Iván Duque todavía fresco en la memoria de Colombia no ha estado relacionado con asuntos ilegales y, por el contrario, genera confianza en las élites como en la población popular.
“Conozco personalmente a Iván Duque, en mi opinión ha demostrado que tiene el conocimiento y el carácter para enfrentar los enormes retos que enfrenta Colombia actualmente. Me gusta su enfoque en nuevas economías, tecnología y emprendimientos”, le dijo a PáginaI12 la abogada Diana Escobar, habitante de Medellín. Mientras tanto en Bogotá, Anthony Gómez, empleado de un restaurante, explicó a este diario que votará por Petro nuevamente en el ballottage porque “es la persona que nos defiende, que nos va a poner más cerca del poder para que seamos nosotros quienes tengamos más beneficios, que cumplamos nuestros sueños, no solo para los ricos”.


Aunque en un margen estrecho, ayer aumentó el número de colombianos que votaron, llegando al 53% del electorado, mientras en las votaciones presidenciales han votado menos de la mitad de los habilitados para sufragar. Para el analista Víctor DeCurrea Lugo “no conseguimos lograr una mayor participación significativa a pesar de que había muchas propuestas sobre la mesa –buenas, regulares o malas– pues aún no logramos convocar al país”. El médico y estudioso de los Derechos Humanos, se manifestó preocupado por “la forma en que se mantiene el uribismo. Duque era un perfecto desconocido y hoy se perfila como el presidente y no por méritos propios”, asegura. Eso, según explicó DeCurrea a PáginaI12, demuestra la derechización de Colombia, “un país al que no le duelen las víctimas, que no tiene memoria, que desagradece la paz lograda hasta ahora”.


Víctor destaca además de la alta votación de la izquierda en cabeza de Gustavo Petro, “el fenómeno Fajardo que logró acercarse a Petro de una manera muy grande y ninguno hace parte de los partidos tradicionales ni de las élites”. Además señala que “la derrota de (Germán) Vargas Lleras fue estrepitosa (logró apenas el 6%). Y es un mensaje para el país sobre la quiebra de la corruptela en las urnas”.


El análisis de DeCurrea también detalla en la guerra mediática en la que los sectores de centro, izquierda y alternativos resultaron heridos como nunca antes en una contienda presidencial, en parte por la dinámica de las redes sociales como Twitter y Facebook. “La permanente discusión sobre la naturaleza del otro, que si un candidato usaba zapatos de tal marca, se aplicó para todos los candidatos. Mientras Vargas Lleras y Duque intentaron no darse tan duro entre ellos, la pelea entre algunos sectores sociales a favor de Petro y Fajardo fue un gravísimo error. Eso no solamente afectó las elecciones por cuanto quita votos, sino que las bases sociales quedaron muy lastimadas por una dinámica muy agresiva en redes lo que dificulta una unidad necesaria”.


Las noticias falsas o fake news y versiones de terror sobre el inventado “castrochavismo” y el miedo de parecerse a Venezuela fueron protagónicos en los resultados de ayer, cuando pudo verse la amplia ventaja que tiene Duque en la mayor parte del mapa del país. En todos los departamentos del Oriente y la zona Andina ganó el candidato de la derecha, mientras Petro fue ganador en capitales como Cartagena y Santa Marta. En Medellín, Duque habría ganado en primera vuelta pues obtuvo el 53% de los votos, mientras en Bogotá el más votado fue Sergio Fajardo.


La insólita normalidad de la jornada electoral de ayer en Colombia, por primera vez eligiendo presidente en paz, se contrastó con la tensión en el Norte de Antioquia donde unas 26 mil personas vieron afectado su derecho al voto. Por cuenta de las afectaciones del proyecto HidroItuango que tiene en amenaza de inundación varias poblaciones ribereñas del río Cauca, no pudieron desplazarse a sus puestos de votación. En poblados de Antioquia, Meta, Nariño y otras zonas del país se reportaron posibles delitos electorales como el observado por este diario en Medellín, frente al puesto de votación en Plaza Mayor, donde un vehículo publicitario de la campaña de Iván Duque apareció hacia las dos de la tarde aún a pesar de que está prohibido.


La complejidad del clima en distintos rincones de Colombia se mostró también en la noche en la capital, cuando en medio de la lluvia los ganadores ofrecieron sus discursos a miles de seguidores que se congregaron para celebrar o llorar. En la sede de Iván Duque, los eufóricos simpatizantes ovacionaron al delfín de Uribe que, triunfante, aseguró que será el próximo presidente de Colombia.

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Petro (desmovilizado en 1991) repone una memoria y una entusiasmo

…toda realización podría ser exitosa con base en el pronóstico y se quedaría a mitad del camino si no hubiera pronóstico. Confucio

 

Es la 1:00 p.m. de este domingo 27 de mayo. Las elecciones (2018-2022) pasarán a los análisis, marcadas por el «fenómeno Petro». Una denominación del estado de ánimo y la mirada de los activismos políticos, sociales y de la solidaridad. Elecciones con el “desenlace del conflicto armado” presente en la polémica y en el mapa nacional de la opinión, por efecto electoral y de acumulados de memoria, en la situación política del país sube la temperatura. Las cifras totales vistas en la reciente elección del 11 de marzo, inclinan la balanza a la derecha. Sin poner la emoción al mando, es amarga la probabilidad de un resultado con mayoría más uno en primera vuelta, a favor de la Coalición Conservadora que encabeza Iván Duque. Así las cosas, la vecindad popular de los votantes por Petro y Fajardo, pondrá en pregunta: ¿Su acercamiento, cuánto pudiera haber cambiado el resultado?

La realidad política y la realidad imaginada por la izquierda tiene hoy una cita a duelo. Aún sin un seguro de victoria a través de Petro, las luchas de las recientes décadas están vivas, en espera, sin olvido. Esas luchas de todo orden que guardan memoria, con bautizo y esencia de campo popular, luchas con testigos que en buena proporción desde sus lugares salieron a la plaza, durante la campaña por la primera vuelta presidencial que juega este 27 de mayo. Un acumulado del anhelo, la retentiva y gente que aparece seccionado –¿hasta cuándo?– bajo los impulsos mayor y menor de dos campañas: Petro y Fajardo, y, en forma lateral también, por la presencia de una abstención que no es activa.

Aun con el sangriento paso de los últimos veintiséis años, el poder y el terror oficial –junto al entrechoco entre los proyectos revolucionarios y la izquierda– no pudieron enterrar los ecos y el perfil distinto, moral y ético que ofreció la desmovilización (1889-1991-…). Un contorno no total que hoy levanta Petro. Y no, porque el poder institucional admite los tirones electorales, pero impide la acumulación continua, constante, que con raíz en la reivindicación histórica del pueblo; florezca en la identidad y tamaño de un sujeto popular que cubra los distintos territorios.

En el marco y tránsito a una mayor contradicción política y social, gane quien gane en la cita electoral, mañana mismo, la movilización social queda a la orden del día: Para contrarrestar la prepotencia de un triunfo oligárquica o para dar margen y salvaguardar una conquista de gobierno. Sin el descuido y la puesta en segundo lugar de la mejora en la capacidad de movilizar por las reivindicaciones, es el seguro.

Para ser gobierno …no basta con ganar una elección. Ir a votar un día. Una creencia extendida, unilateral, que predomina como paradigma de la vía para el cambio de una sociedad. Suposición desligada de una diaria y continua construcción de un tejido de identidad en las comunidades, con raíz y capacidad de decisión, de poder popular y alterno en territorios. Para seguir el rumbo, en triunfo o pérdida, los solos números no bastan.

Mirando la situación y la perspectiva

La “paz” no está ya en un segundo plano de la preocupación y la agenda política del momento y de la pugna electoral. Por el contrario, sigue como telón de fondo acerca del «desenlace» del conflicto armado y la polarización que genera con respecto al cumplimiento honrado de los Acuerdos de La Habana por cada una de las partes. Acuerdo que una vez firmado con participación social limitada, proyectó en papel determinante a la opinión pública y al conjunto social, con sorpresas como la victoria del NO en el referendo. Asimismo, la de un semáforo que prendió a la vez, en las elecciones al Congreso: el verde a un voto-castigo y el rojo-alarma de 52.539 votos por la Fuerza Alternativa del Común, frente a más de 6 millones obtenidos en la consulta que emprendió la coalición conservadora.

A este respecto, dentro de su ventaja en la iniciativa ante la opinión pública, el poder tradicional de la oligarquía y su clase dirigente, con desgaste, no pasan indemnes. En efecto, en los largos años de esperanza, lucha social y popular, de resistencias, de oposiciones con distinto vértice y, de un intento insurgente colmado de excesos, errores, equivocaciones; en todo caso, ha habido siembra. Todavía sin cosecha de victoria sólida.

En este marco, el resultado numérico de la elección del 11 de marzo, con reducción del tradicional guarismo de la abstención, avanza unos grados en el giro de la situación política general. Por supuesto, con vacíos, sin la ayuda en la trepada, de todos los instrumentos necesarios para superar la circunstancia de una “larga defensiva”, como son entre otros: i) el liderazgo colectivo con articulación política y profundidad en los territorios, ii) la autonomía y ascenso de un movimiento y un visible sujeto protagónico, iii) la disputa diaria y constante de la opinión, iv) la elaboración con participación incluyente y no sólo de escucha y aplausos de un programa de la reivindicación popular fundamental, en tránsito y legitimación de un programa revolucionario fruto del acercamiento, la suma y coordinación de los compromisos con decisión de lucha en multiplicación territorial, frente a la exclusión capitalista.

2018 -espejo de la correlación de fuerza con gobierno o sin gobierno y 2019- desenlace

Con sorpresa y habilidad, la candidatura presidencial de Gustavo Petro penetró rápidamente un espacio de afirmación y lenguaje antioligárquico que la coalición con caras de Fajardo-Robledo-Claudia López y la adhesión de Clara López a Humberto de la Calle dejaron vacío. Petro sin la profundidad electoral que tuvo Rojas Pinilla en su momento, caló dentro de una capa amplia de la conciencia con eje en las memorias de activismo y solidaridades, un poquito más allá de la influencia de izquierda.

Entonces, más que de la sensación o imaginación del activismo político-social-de solidaridad, el resultado de hoy depende de tres factores marcados en la percepción de los ciudadanos de a pie. Con excepción de las pocas zonas donde la resistencia tiene memoria y los lugares metropolitanos y municipales donde tiene lugar el Voto de Opinión, prima en las intenciones de voto que rodean a los candidatos Duque y Vargas Lleras:


– El distanciamiento con grados de deslegitimación y deuda de un perfil ético y moral, por los abusos y
comisión de delitos por parte del actor guerrillero que resultó con una escasa cifra electoral.
– El efecto de la situación que cruza al país hermano Venezuela.
– La imagen con respecto a la paz que rechaza aspectos del Acuerdo con las FARC, que obtuvo una
cifra perdedora en el referendo del 2 de septiembre 201, con ratificación reciente en el número de
votantes que tuvo la consulta en marzo que definió la candidatura de la derecha.

Con estos antecedentes, y dado el aumento en el número de votantes, con efecto en el guarismo que alcanzó Petro –con sólo 4 senadores, una representación menor que el Polo y que los Verdes– el resultado del pasado 11 de marzo, no sobra repetir, deja campante hasta hoy la cifra del NO en el referendo. Tal repetición en cifra, no anula la posibilidad, el riesgo y accidente de un vencedor suficiente en la primera vuelta. Un resultado en cabeza de la coalición con iniciativa en la opinión, del Centro Democrático (CD), Partido Conservador (PC) y Ordóñez, más las adhesiones abiertas y secretas que este espacio allega. No sobra decir, que esta variante contaría con el voto oculto de Vargas Lleristas ante las encuestas, en tanto, este candidato con apoyo del Presidente Santos, no obtiene posición como garante de la paz.

De este modo, queda configurado un escenario en el siguiente orden de atracción: 1. Coalición conservadora. 2. Vargas Lleras, Cambio Radical (CR) que casi dobló sus efectivos en el Congreso, Presidente Santos, un sector del partido de la U (U), congresistas conservadores, Partido liberal. 3. Sorpresa de la campaña de Petro en un paso a la segunda vuelta. 4. Si las campañas de Petro y Fajardo “arañan” un tercer lugar, tiene significado un avance no tradicional con atracción más ancha, en la imagen y en la correlación política de opinión.

Este resultado electoral tiene un enorme desafío para el conjunto y para cada una de las formaciones dc izquierda. El compromiso en una autocrítica profunda con proposición de una alternativa, Rectificación que debe alzar a primer lugar en el entorno del «campo popular» y su activismo, la preparación de una respuesta desde el 8 de agosto, por parte de la totalidad de los tejidos sociales: De Resistencia, Movilización y Pliegos regionales de reivindicación.

No estamos donde queremos llegar/Y no estamos donde vamos a llegar/Pero ya estamos lejos de donde estuvimos./ son versos con dedicación a Martín Luther King. Ningún grupo grande con trayectoria y mucho menos pequeño, está en condiciones a corto o largo plazo de ganar comunicación con el país. …pretendo poner los cimientos cuando todavía no he quitado los escombros …el rostro peligroso y colectivo no está en la calle.

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Maduro fue reelecto, Falcón no lo reconoció

El mandatario venezolano ganó con un 67,7 por ciento de votos frente al 21,1 por ciento de su principal rival, Henri Falcón. La participación fue del 46 por ciento, en una jornada marcada por el llamado opositor a la abstención.

Nicolás Maduro renovó su presidencia de la República Bolivariana de Venezuela tras triunfar en los comicios que se realizaron ayer. Según el parte oficial del Consejo Nacional Electoral (CNE) que leyó su titular, Tibisay Lucena, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) obtuvo 5.823.728 millones de votos (67,7 %) en tanto que su principal contrincante, Henri Falcón, consiguió 1.820.728 (21,2 %). El porcentaje de participación del padrón ascendió, al cierre de esta edición, al 46.01 por ciento y según las proyecciones llegaría al 48 por ciento. En ese marco, Falcón desconoció los resultados y aseguró que Maduro carece de legitimidad sumándose así al discurso que tuvo el resto de los partidos opositores que se negaron a competir y llamaron a la abstensión. Ello no evitó la fiesta del chavismo: una verdadera multitud esperó el resultado en el Palacio de Miraflores, sede del gobierno venezolano. Maduro, acompañado de su esposa Cilia Flores, aseguró a la militancia que “volvimos a ganar, a triunfar. Somos la fuerza de la historia que enfrenta todos los retos y desafíos que los hemos convertido en victoria popular y permanente”.


Así, Maduro será el presidente de Venezuela hasta 2025 (el mandato empieza en enero de 2019). “Tomen nota, esta es la victoria 22 en 19 años conquistada en base a la conciencia, el movimiento de pueblo luchador. Cuánto subestimaron al pueblo, cuántos me subestimaron a mi pero aquí estamos, victoriosos otra vez”, indicó el presidente reelecto. Incluso recordó que esta es la cuarta victoria seguida desde aquella derrota cuando la oposición se hizo del control de la Asamblea Nacional (legislatura). Maduro señaló que obtuvo el 68 por ciento de los votos y advirtió que Falcón desconoció el resultado cuando todavía no se conocían. “Eso falta de honor”, señaló para repetir que su candidatura ganó con 68 por ciento y superó a Falcón por 47 por ciento. Todos datos para contrarrestar el discurso opositor que apostó al abstensionismo y así señalar una supuesta falta de legitimidad. A pesar de ello, anoche Maduro durante su discurso de victoria igual convocó a un proceso de diálogo nacional y también se comprometió a “activar los motores de la economía para generar la inclusión social”.


El opositor Falcón no esperó el parte oficial para presentarse ante los medios de comunicación para afirmar que “este proceso electoral carece de legitimidad y desconozco el resultado” del escrutinio que al momento en que habló todavía no se conocía aunque debía contar con el informe de sus propios fiscales. Aseguró que realizó una infinita cantidad de denuncias ante el CNE por irregularidades en el comicio pero que no obtuvieron respuestas. Señaló como responsable de estos hechos al gobierno y al PSUV y por eso afirmó que “para nosotros no hubo elecciones y se deben hacer otras nuevas”. Una declaración que lo terminó por sumar a la estrategia del resto de los partidos opositores que habían desistido de participar para deslegitimar la elección presidencial.


El día después


La continuidad del gobierno de Maduro a partir del triunfo no implica necesariamente la descompresión inmediata del conflicto político económico. En todo caso abre caminos para explorar lo que el propio presidente vino anticipando en su discurso en la campaña e incluso ayer que gira alrededor de una convocatoria al diálogo, al perdón y a un proceso de reconciliación nacional con todos los sectores políticos, económicos y sociales de Venezuela. Sin duda, entre ese universo al que hace referencia están los partidos de la oposición, los que de alguna manera moderaron su postura como el Frente Amplio Venezuela Libre donde conviven Acción Democrática y Primero Justicia. Pero también están lo más radicalizados como Soy Venezuela que apuestan a la destrucción total del chavismo y entre sus opciones incluyen la intervención militar extranjera.


La propuesta lanzada por Maduro implica la tarea de resolver la peor de las crisis económicas que recuerda Venezuela donde la inflación y la destructiva corrida cambiaria destruyeron y lo hacen aún el poder adquisitivo de los venezolanos en general pero fundamentalmente a las clases sociales más bajas. Por ahora el abastecimiento está más o menos controlado a través de la implementación de los Comité Local de Abastecimiento y Producción (CLAP), surgido a partir de un acuerdo con el gobierno de Turquía, le quitó un peso a la tensión que vive la sociedad de este país pero el gobierno sabe que eso no alcanza y tal vez por eso Maduro adelantó algunos items que incluirá la propuesta lanzada al mundo político en particular pero que también incluye a sindicatos, las iglesias y sobre todo los empresarios.


El presidente buscó ayer ganar el escenario mediático al votar a las seis de la mañana en punto cuando se abrieron las mesas electorales. Luego de emitir su voto, Maduro planteó ante los medios de comunicación su decisión de “cambiar muchas cosas” dentro de su gobierno y entre ellas deslizó que pretende modificar los “métodos” pero no dio más pistas. Luego sostuvo que con todos los sectores convocados a este proceso de reconciliación buscará “perfeccionar ese cambio”. Bien podría considerarse que Maduro hace referencia a una revolución dentro de la revolución pero no dio cuenta de los límites ni de los puntos que incluirá pero todo deberá hacerse, según sus palabras, en el marco de un diálogo franco y en pos de la paz del país latinoamericano.


La situación económica será uno de los ejes y problemas a resolver en el proceso que impulsa el chavismo. Maduro lo dijo: “Queremos una nueva economía porque la actual fue infectada de neoliberalismo” y agregó que “debemos instalar un nuevo sistema de precios para que no nos roben”. No avanzó más pero la ausencia de la palabra “socialismo” en el discurso de Maduro pero también de todos sus ministros, dirigentes del Partidos Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) e incluso simples militantes, abre interrogantes sobre el perfil del nuevo mandato presidencial. Es probable que sea parte de la táctica para estos tiempos aciagos y en el marco de la propuesta lanzada. Una de las incógnitas que se develarán con el correr del tiempo.


Lo cierto es que a partir de hoy poco habrá cambiado para el venezolano pero no es para despreciar contar con una perspectiva o una alternativa a explorar para salir de la crisis. En la madrugada del domingo, cuando todavía no se habían abierto los centros electorales una mujer de unos cincuenta largos sintetizó para PáginaI12 lo que podía ocurrir en las elecciones y después de ellas: “Si perdemos será un peo (problema) y si ganamos... también”, dijo y agregó “pero los chavistas estamos para esa vaina, para enfrentar y seguir pa’lante”, señaló con una amplia sonrisa.

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La política peruana implosiona en un ambiente de “que se vayan todos”

El vicepresidente asumirá casi sin apoyos mientras la izquierda pide “cambiar un sistema podrido”


Hasta el miércoles, Martín Vizcarra vivía en Ottawa como embajador de Perú en Canadá, aislado de todos, casi exiliado y alejado del poder. Allí lo envió Pedro Pablo Kuczynski para apartarlo de la tormenta que arrasa la política peruana. Pero siguió siendo vicepresidente, y por eso desde hoy deberá asumir casi sin apoyos el poder. La política peruana ha implosionado por el caso Odebrecht,que ha forzado la dimisión del presidente, para el que la fiscalía ha solicitado la prohibición de la salida de Perú ante el temor de una fuga. El país se ha instalado en una profunda crisis de credibilidad en la que crece el mensaje antipolítico de “que se vayan todos”.


Mientras la ciudadanía muestra su indignación en Perú, la izquierda de Verónika Mendoza pide “cambiar un sistema podrido” y convocar elecciones, una exigencia a la que se suman otros grupos pequeños. Pero nadie quiere ir a las urnas en este ambiente explosivo y el escenario más probable parece el de un Gobierno muy débil de Vizcarra durante los tres años de legislatura que quedan. Con un Parlamento dominado por los fujimoristas, el Perú parece condenado a la inestabilidad permanente. Vizcarra de momento solo ha enviado un tuit desde Canadá: “Estoy indignado por la situación actual, como la mayoría de los peruanos. Pero tengo la convicción que juntos demostraremos una vez más que podemos salir adelante. Por ello, regreso al Perú para ponerme a disposición del país”. Su llegada parece tener el apoyo del mundo empresarial y tanto la bolsa como el dólar se calmaron con la caída de PPK.


Perú no se está hundiendo. La economía marca un crecimiento algo más suave que en los últimos años, 2,5% anual, pero las cifras son positivas de forma ininterrumpida desde hace 19 años, hasta el punto de que se hablaba del milagro peruano. Y sin embargo, la política peruana es una de las peores valoradas de la región, en las calles de Lima la gente reclama que dimitan todos y el título principal de La República, de centro izquierda, evidencia el ambiente irrespirable que se vive en el poder: “Medio país pide que se vayan todos”. La encuesta que lo sostiene señala que el 49% de los peruanos respalda que ambos vicepresidentes renuncien y que se convoquen elecciones.


Entre carteles de que “que se vayan todos los corruptos”, Mendoza, líder de la izquierda cuyos votos fueron claves en 2016 para que ganara Kuczynski, mostró la gravedad del momento. “Nuestra clase política tradicional ha hecho de nuestro estado un botín. PPK no es una víctima, se va por corrupto e inmoral. Necesitamos una transición democrática, la de 2000 [tras la caída de Fujimori] fue incompleta. Llamamos a todos a recuperar nuestra patria”. La calle no ha estallado, el ambiente parece tranquilo en Lima a la espera de que Vizcarra, quien llega mañana desde Ottawa luego de dos días, se hiciera cargo de la situación. La única manifestación importante congregó a unas 4.000 personas en Lima.


“Perú no se ha recuperado de la destrucción del sistema de partidos que hizo Fujimori en los 90. Antes de que llegara había tres grupos, izquierda, centro y derecha. Ahora solo hay organizaciones personalistas, pragmáticas, sin ideología, muy débiles. Hay mucho aventurerismo. Y por eso cuando alguien pierde el poder puede acabar en la cárcel, como Ollanta Humala, porque no tiene un partido para defenderlo. Ahora vamos a tener un presidente como Vizcarra completamente solo, va a tener que hacer milagros”, explica el analista y profesor Martín Tanaka.


Todos asumen que hay que cambiar el sistema, aunque nadie sabe bien cómo hacerlo con un Parlamento desacreditado y dominado por un fujimorismo dividido y con ganas de venganza por su derrota en 2016 por solo 40.000 votos. “Pensando en el 2021 en adelante, queremos presentar una propuesta como bancada: una asamblea constituyente en paralelo, sin desactivar el congreso actual. Hemos tenido una discusión para reformas políticas y un proyecto de ley multipartidario, con miembros del propio fujimorismo, y el fujimorismo las bloqueó”, sentencia Gilbert Violeta, congresista de Peruanos por el Kambio, el partido que seguirá de momento en el poder aunque nadie sabe por cuánto tiempo, porque Perú devora a toda velocidad a sus políticos y ahora le toca sufrir ese trágico destino al nuevo e inesperado presidente.


En este ambiente depresivo, incluso los analistas admiten que al menos la clasificación de Perú para el mundial por primera vez en 40 años calmará las aguas y hará olvidar por completo la política en pocas semanas.


Protestas contra la corrupción


Mientras el Congreso debatía la aceptación de la carta de renuncia del presidente Pedro Pablo Kuczynski, unos 4.000 ciudadanos marchaban este jueves por la noche por las principales avenidas del centro de Lima para expresar su indignación por la corrupción de los líderes políticos y su esperanza de cambios.


César Gutiérrez, de 35 años, vendedor de cintas de tela con el lema Que se vayan todos los corruptos comentaba al inicio de la caminata en la Plaza San Martín: "Yo me dedico nomás a trabajar, no hay confianza en ninguno (los políticos). Hace varios años se acabó el trabajo en una fábrica y empecé a trabajar en la calle. Ningún político me ha dado trabajo".


La artista plástica Cristina Planas encabezaba un grupo de trabajadores de las artes en la protesta. Como en otras movilizaciones llevaba tres piezas de arte suyas. Se trata de unas cabezas de gallinazos (ave rapaz) gigantes que creó como símbolo anticorrupción, dado que estas aves se alimentan de desechos. "Nos hemos quedado sin presidente y solo se ha desvelado la punta del iceberg. Se ha visto cuáles son las maneras de corrupción en el Ejecutivo y en el Congreso, y lo que para ellos significa hacer política. Esto ha desencadenado en indignación e ira. La corrupción solo se combate con educación y cultura. La gente tiene que salir a la calle".


El grito "¡Qué se vayan todos!", que se escuchaba en la protesta y se extendía en las redes sociales, fue respondida en la sesión del pleno del Parlamento por el congresista Alberto de Belaunde. "¿Que se vayan todos? No. Que vengan todos. Todos los virtuosos, todos los honestos, todos los capaces. Solo así evitaremos otra crisis", afirmó el político, quien renunció en diciembre al partido de Gobierno, después de que Kuczynski indultara a Alberto Fujimori.


TODOS LOS PRESIDENTES ENCARCELADOS O DESTITUIDOS


Visto dos meses después, y con la decisión de la fiscalía de impedir la salida de Pedro Pablo Kuczynski del país, parecía una profecía: "¿Qué le pasa a Perú que cada vez que sale un presidente lo meten preso? Y presos con rabia ¿no? El sistema llama la atención", se preguntó el Papa en enero, cuando visitó Lima. Ningún presidente desde 1990 ha salido del poder tranquilo y mucho menos aplaudido.


“Después de los 90 se mejoró mucho el sistema judicial en la parte de juzgamiento, se desarrolló mucho el sistema anticorrupción en la persecución del delito, y además ahora la gente no acepta que se robe, es más exigente, pero lo que no se resolvió fue el sistema institucional, de partidos, y por eso no logramos evitar que los presidentes caigan todos en los mismos problemas de corrupción”, señala Luis Vargas Valdivia, exprocurador que se encargó de perseguir la corrupción de Fujimori.


El profesor Maxwell Cameron señala que el problema de fondo es que “el Perú no tiene un contrato social con el cual los ciudadanos forman parte de un proyecto común. En realidad, el Perú tiene una oligarquía electoral cuya función es administrar una economía rentista y extractivista. En ese contexto, la política termina siendo la compra y venta de intereses en medio de una gran corrupción. Aun cuando los presidentes peruanos no cometen grandes errores, sus efectos pueden ser desastrosos”.


“El país no ha madurado. Tenemos casi 200 años como república, pero nuestro presidencialismo encara los mismos problemas en su relación con la oposición parlamentaria que teníamos hace 100, 50, o 25 años”, señala Jorge Valladares, experto de IDEA Internacional. “Todas nuestras crisis terminaron con presidentes desterrados y los tanques en palacio. Nuestro aprendizaje institucional es decepcionante: apenas nos hemos dejado a los militares de lado, pero la verdad es que la fragilidad de nuestras instituciones políticas es igual de decepcionante, y está agravada por la falta de integridad de nuestros políticos. La relación entre el dinero privado y las políticas públicas ya no es solo de influencia, es de captura”, remata.

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