Mayo del 68: ¡es posible cambiar el mundo!

La historia del marxismo es lo suficientemente amplia para que ni siquiera toda una vida de estudio pueda agotar su riqueza. El Mayo francés de 1968 es uno de los momentos más particulares de esta historia, junto a la Revolución bolchevique y la Revolución cubana, por ejemplo, traza una línea que impone nuevos retos y que altera una única melodía, al aparecer como una pieza disonante en el mundo de la Guerra Fría y del Socialismo Real. Los meses de mayo y junio de 1968 son testigos de una de las posibilidades revolucionarias más importantes del siglo XX. En medio del ocaso de las sociedades del bienestar europeas construidas después de la Segunda Guerra Mundial, algo que palpitaba en el centro de Europa mostró su rostro al mundo entero. Lo que en principio se dio sólo como una seguidilla de protestas estudiantiles se vio fortalecido por la adhesión de los trabajadores y la intelectualidad francesa.

 

De oídas quizás todos sepamos que en aquellas jornadas de Mayo del 68 en París, estudiantes y fuerzas armadas del Estado se enfrentaron convirtiendo las calles en un campo de batalla. Las mismas calles que prestaron sus adoquines para la construcción de improvisadas barricadas en el Barrio Latino –uno de los más famosos y representativos de París– y que soportaron durante varios días las marchas y consignas de la juventud francesa que veía en su espontánea afrenta al capitalismo la posibilidad de convertir su sociedad en algo diferente de lo ya establecido. Así, lo que comenzó como una protesta contra la normatividad de la institución universitaria fue tomando cada vez más fuerza, hasta desembocar en un movimiento general de protesta que puso al gobierno francés contra las cuerdas. A 50 años de aquel momento histórico, tomamos unos minutos de nuestro tiempo para esta breve reseña. En ella no se tratará de relatar en detalle lo sucedido, más bien pretende tomarlo como excusa para mostrar que sí es posible cambiar el mundo, y que un diálogo provechoso con aquel momento pasa más por entender su espíritu que por retratar infructuosamente los hechos y los datos que ha dejado.

 

Según el historiador inglés Eric Hobsbawm, hubo dos momentos fundamentales en la movilización de protestas revolucionarias en el Mayo francés. Entre el 3 y el 11 de aquel mes se movilizaron los estudiantes, activistas que no tuvieron gran oposición y que rápidamente aglutinaron a la totalidad de la población estudiantil de París. La opinión pública ofreció un importante reconocimiento a estas movilizaciones y el gobierno de Charles De Gaulle decidió no prestar demasiada atención a los estudiantes y al así obrar no se dio cuenta que, lejos de dejarlo pasar de largo en el transcurso de los días, contribuía con ello a la intensificación del movimiento que encontró su decisiva fortaleza en el apoyo de clase trabajadora francesa. En un segundo momento, entre el 14 y 27 del mismo mes, se propagó una huelga general espontánea que terminó con el rechazo, por parte de los trabajadores en huelga, de los acuerdos que los grupos sindicales y el gobierno adelantaron en pleno movimiento de protesta. Además de esto, Hobsbawm señala que en realidad sólo el segundo momento, el de la huelga general, tuvo posibilidades reales de hacer una revolución, pues los estudiantes en soledad sólo conformaban una gran tensión, pero ningún peligro político.

 

La hostilidad que manifestaban los estudiantes hacia el gaullismo era de la misma intensidad que la que manifestaban hacia el partido comunista. Las consignas que marcaron los muros de la universidad de La Sorbona apelaban a los ciudadanos que encontraban más seductora una revolución cultural que una revolución política. La famosa consigna de “Imaginación al poder”, ponía en entredicho las formas tradicionales de elaborar la política, una nueva formación social basada en la experiencia juvenil del pueblo francés era la promesa revolucionaria de los estudiantes, aquellos que propagaron rápidamente su revuelta hasta otros círculos sociales y que con la misma rapidez vieron apagar la llama revolucionaria con el llamado por parte del presidente De Gaulle a las elecciones legislativas a finales de junio de 1968. Después de estas elecciones, que fueron la respuesta a la inestabilidad de Francia ocasionada por el movimiento estudiantil y los trabajadores, la estrategia política esta vez vería fortalecido al partido gaullista Unión de Demócratas por la República que para el año siguiente emprendería una serie de reformas que, paulatinamente harían desaparecer los residuos del malestar social que ardió algunos días bajo el cielo francés.

 

El espontaneísmo revolucionario del movimiento estudiantil en Francia mostró en un par de meses todo el poderío de sus nuevas formas de entender la sociedad, de sus nuevas concepciones sobre la política y del surgimiento de lo que se dio en llamar La Nueva Izquierda. Ésta, claramente en resistencia y rechazo de los tradicionales partidos políticos tanto de derecha como de izquierda, supuso una gran renovación del marxismo y terminó por desatar a Marx del dominio soviético que lo había convertido a él y su obra en un evangelio. Las nuevas comprensiones del marxismo después del Mayo francés pusieron en tela de juicio la configuración del mundo del marxismo a partir de la normatividad soviética, y encontraron nuevas formas que hoy hacen factible continuar pensando en las posibilidades de hacerle frente al capitalismo sin el dogma autoritario que privilegiaba las condiciones materiales de los individuos a cambio de la pérdida paulatina de sus capacidades espirituales, de la imposibilidad de pensar diferente, de crear el mundo y de movilizar todas sus energías en función del despliegue vital, artístico e intelectual de la humanidad.

 

Mayo de 1968 fue un evento histórico del pensamiento revolucionario en la medida en que puso en jaque al poder, en la medida en que también hizo emerger la ocasión para una reelaboración del marxismo, de los movimientos de protesta, de la unión social y de las formas de articular reclamaciones de diversos niveles con miras a la transformación social de un pueblo entero. El suspenso de este momento revolucionario hace que hoy posemos nuevamente nuestros ojos en las irrenunciables posibilidades de transformación del mundo.

 

Transcurridos cincuenta años de aquellas jornadas emancipatorias, las recientes fotografías de los diarios que muestran el apretón de manos entre los actuales presidentes de Francia y de los Estados Unidos, pueden ver debilitado el espíritu revolucionario de aquel Mayo que parece desaparecer lentamente entre todos los que hoy resistimos a las formas degradantes de un mundo en función de la acumulación de capital y la destrucción del mundo humano y natural sobre la Tierra. Sin embargo, hoy más que nunca debe insistirse en la idea de una segunda nueva izquierda, creativa, activista y revolucionaria que cuestione con todas sus armas la configuración de un mundo en medio de las bombas, de la exclusión política y de las deshilachadas democracias que maquillan los espacios políticos a los cuales hoy nos toca asistir.

Publicado enEdición Nº246
Una protesta contra la visita de Judith Butler en São Paulo, el 7 de noviembre.

 

Un informe de la ONG Front Line Defenders registra al menos 212 víctimas en la región

 

Al menos 212 defensores de derechos humanos fueron asesinados el año pasado en América Latina, según un informe de la ONG Front Line Defenders, con sede en Dublín (Irlanda). El documento, difundido a principios de mes y presentado la semana pasada en castellano, señala que la mayoría de crímenes en la región corresponde a Colombia y Brasil, que juntos registran 156 víctimas (73,5%). La suma de este tipo de asesinatos en el continente representa más de dos tercios del total mundial registrado por la organización internacional (312).

La particularidad del caso colombiano está en que mientras la guerrilla de las FARC entregó las armas el año anterior como parte de los acuerdos de paz con el Gobierno de Juan Manuel Santos, las bandas criminales y paramilitares se han desplegado para perseguir y asesinar a líderes sociales, principalmente en las regiones en las que operaba el grupo. Naciones Unidas registra hasta el pasado 20 de diciembre 105 asesinatos de defensores de los derechos humanos en el país sudamericano; el 59% de estos perpetrados por sicarios.

“La violencia contra los defensores de derechos humanos se intensificó a la par de las crisis políticas y económicas en Venezuela, Brasil, Guatemala, Paraguay, Honduras y Argentina”, remarca el informe de Front Line Defenders, que cuenta con la ayuda de una red de organizaciones sobre el terreno para recolectar los datos de cada país.

Venezuela es el caso más emblemático entre los enumerados por la organización. El país sudamericano vivió una ola de protestas entre abril y julio contra los ataques del régimen al Parlamento, de mayoría opositora, en la que hubo más de 120 muertos, según la Fiscalía. La ofensiva antidemocrática del régimen de Nicolás Maduro desembocó en el establecimiento, en agosto, de una Asamblea Constituyente conformada únicamente por el chavismo que usurpó las funciones del Parlamento opositor.

“En Brasil se produjo un aumento de la violencia y de la participación [en esta] de las fuerzas de seguridad del Estado”, afirma el documento sobre el segundo país con el mayor número de asesinatos en la región junto a Colombia. “En mayo, 10 defensores pacíficos del derecho a la tierra fueron abatidos a tiros por la policía en Pau-d’Arco [Estado de Pará, en la región amazónica]. Seis semanas después, un testigo de la masacre que se había escondido también fue asesinado”, agrega el texto, que apunta a los activistas en favor de los pueblos indígenas y la defensa de la tierra como las principales víctimas del país.

 
Ola ultraconservadora

 

El informe alerta, sin embargo: “La violencia [...] se ha extendido a otros sectores e incluye ataques en áreas urbanas, por ejemplo, contra defensores de derechos humanos que trabajan en las favelas de Río de Janeiro o grupos LGBTI en Curitiba”.

Con respecto a este último punto, el diagnóstico de la ONG coincide con el ascenso de una ola ultraconservadora en el gigante sudamericano que incluye intentos de agresión contra la filósofa feminista estadounidense Judith Butler o el boicot de una exposición artística sobre género y diversidad sexual en un museo de Porto Alegre.

Front Line Defenders también llama la atención sobre el caso de México, que a pocos días del fin de 2017 amenazaba con cerrar su año más violento en dos décadas. “El 2017 también fue testigo del mayor número de asesinatos de activistas ambientales y periodistas registrados en [el país] en los últimos años”, subraya el informe. Y agrega: “La aprobación en diciembre de una nueva Ley de Seguridad Interior que permite la intervención de las fuerzas armadas en asuntos de seguridad pública es particularmente preocupante por la ambigüedad de la redacción, su probable implementación arbitraria y sus posibles efectos negativos en la protesta social”.

 
     
     
  
LA REGIÓN MÁS PELIGROSA DEL MUNDO


Asesinatos. 212 defensores de derechos humanos fueron asesinados en 2017 en Latinoamérica, el 67,9% del total global (312), según la ONG Front Line Defenders.

Colombia. Este es el país con el mayor número de víctimas; registraba hasta el pasado 20 de diciembre 105 asesinatos de activistas, según el recuento de las Naciones Unidas.

Disminución. La cifra de 2017 es levemente menor a la de 2016, cuando la organización registró 217 crímenes de este tipo en la región (77,2% de la cifra mundial, 281 asesinatos).

Distribución. En 2016, el número de asesinatos de activistas se repartió así: Colombia (85), Brasil (58), Honduras (33), México (26), Guatemala (12), El Salvador (1), Peru (1) y Venezuela (1).

 

  
     
     

 

 
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El Padre Houtart y el deber de todo revolucionario...

El día que nos encontramos con el padre François Houtart no sabíamos que restaba poco tiempo para seguir aprendiendo de su vida. Esa vez realizábamos en el Instituto de Filosofía de La Habana un homenaje a Camilo Torres, ese hombre imprescindible del pensamiento y la lucha revolucionaria en Colombia y América Latina. Allí, varios jóvenes fuimos a conocer sus impresiones en la hora actual de América, tan llena de desafíos, enormes como siempre.


Un compañero de luchas pasadas y actuales que le conocía me sugirió que le pidiera una entrevista. Bastó decirle que era miembro del equipo editorial de La Tizza, de la Red de jóvenes anticapitalistas en Cuba y del Proyecto Nuestra América. Respondió rápidamente: “si usted tiene tiempo nos vemos lo antes posible en el Hotel PALCO”. Por más de una hora conversó de diversos temas con una lucidez tremenda. Aceptó nuestra invitación a que asistiera al Coloquio que celebraríamos por el cincuentenario de la revista Pensamiento Crítico, y aunque pudo estar solo unos minutos, les bastaron para abrazarse a Fernando Martínez Heredia y dialogar mínimamente con compañeras y compañeros de la lucha permanente.


Después, la vorágine de los acontecimientos que sucedieron, los trabajos posteriores al coloquio, su agenda apretada por un libro en que estaba empeñado, impidieron que revisara a tiempo la primera parte de esta entrevista que le enviamos.


Ofrecemos íntegramente aquí la conversación de aquella mañana en la que el lector encontrará, más allá de la coyuntura de la que es reflejo, herramientas para desandar viejos y nuevos bosques que nos detienen o apuran el paso.


¿Qué recuerdo de aquella mañana?
Su andar era pausado, su voz prometía incendios en medio de una calma ansiosa y difícil de descifrar. Nos habló de refundar la izquierda, del agotamiento de la izquierda institucional, del carácter destructor del capitalismo –que no cesa– y de la necesidad de creer en las utopías, pese a todo. Su vida entera fue de lucha y se puso al servicio de la clase trabajadora nuestroamericana frente a la hegemonía del gran capital y frente a las derechas que usan ropajes de izquierda.


Terminó recordando ¨como siempre¨ a Camilo (Torres) y alertando premonitoriamente que una paz con dejación de armas y sin las garantías para construir la necesaria justicia social que requiere el pueblo de Colombia se traduciría en un retroceso de consecuencias muy negativas no solo para las FARC y Colombia, sino para toda América Latina y el Caribe. Él entendía más necesario que nunca el legado camilista de la conformación de un Frente Unido para iniciar profundas transformaciones sociales de transiciones anticapitalistas y acabar con las desuniones que no tardan en obrar a favor de las élites dominantes. Tenemos la certeza de que su obra empieza a andar nuevamente en la sobrevida de los verdaderos revolucionarios. Dejémosle hablar en esta entrevista y escuchémosle detenidamente.


Supe de su muerte en la Escuela Florestán Fernández del Movimiento Sin Tierra de Brasil (MST); allí, la organización le dedicó un homenaje a quien también se sentía parte de aquella experiencia formativa y compartía los sueños de lucha en la patria de Marighella.


Me queda la certeza de que en los muros donde a veces escriben las Revoluciones para siempre, llega una y otra vez Houtart a decirnos con Camilo, cual revolucionarios anti-café:


¡El deber de todo cristiano, es hacer la Revolución!


JV- Asistimos en estos momentos en América Latina al regreso de la derecha al poder político en varios países, donde la izquierda o el llamado “progresismo” gobernaba. ¿Cuáles factores a su juicio pueden explicar este retroceso?
FH: Pienso que realmente hay varios factores, nunca un hecho histórico tiene una sola fuente de acontecimientos, podemos decir en verdad que un primer factor es evidentemente la fuerza de la derecha en el ámbito internacional y en el ámbito nacional de cada país. La derecha nunca renunció a regresar al poder. Por eso está aprovechándolo todo para poder regresar y hemos visto que ha tenido éxito en Argentina, también en Brasil, parcialmente en Venezuela con la victoria en el parlamento y así, es un factor que no podemos olvidar: la fuerza de la derecha apoyada evidentemente por el imperialismo del norte para regresar al poder. Generalmente es una derecha muy dura, totalmente capitalista y a veces todavía la vieja oligarquía; pero también nuevas fuerzas de derecha más vinculadas con el capital financiero internacional.


Eso es un hecho, pero no es el único hecho, porque en verdad representan los intereses de una minoría y como en Brasil o en Argentina se necesitaba pasar por algunos procesos democráticos entre comillas del sistema político, han tenido un cierto éxito en la conquista de una parte de la opinión pública. Por eso se apoyaron en todo lo posible de los defectos o de los errores de los gobiernos progresistas, en particular la corrupción, que ha jugado un papel fuerte para deslegitimar una parte de los gobiernos progresistas en los ojos de la opinión pública.


Esto es un primer factor pero no es el único, otro factor es el hecho de que los gobiernos progresistas fueron posneoliberales en el sentido que han reconstruido una parte de las funciones del estado. Especialmente funciones de redistribución de la riqueza y también de mejor acceso de las clases inferiores a la educación, a la salud, y también políticas de inversión pública.


Pero no fueron poscapitalistas en el sentido de que -y eso ero casi inevitable- una gran parte de la economía local y también evidentemente de las inversiones internacionales quedaron en manos de los poderes capitalistas. Por otra parte tenían un proyecto que usaba un vocabulario de tipo socialista pero que era de hecho una adaptación del capitalismo más que una transformación que podía llegar a más socialismo. Una cierta excepción en Venezuela donde con Chávez hubo medidas más cercanas a la construcción de un socialismo, con las comunas y con la idea, en los últimos años de su vida, del ecosocialismo.


En general, el proyecto fue más un proyecto de modernización de la sociedad que de transformación de paradigma y en particular del paradigma capitalista. Eso es un segundo factor del retroceso de los proyectos.
Han tenido logros absolutamente importantes en este proceso de modernización con un sentido social, logros en la lucha contra la pobreza. En Brasil por ejemplo, 30 millones de personas que salen de la pobreza no se puede decir que sea nada. Lo mismo ocurrió en Bolivia, en Ecuador, Venezuela... en Nicaragua, pero en general con políticas de tipo asistencialistas como los bonos y las bolsas familiares, más que con transformaciones sociales fundamentales.


Esto significó que se crearon más clientes políticos que actores sociales y eso fue posible gracias al alto precio de las commodities, de las materias primas; en particular el petróleo, pero también productos de las minas y de los monocultivos de la agricultura. Durante 10 a 15 años los precios de estos productos fueron altos, y han permitido a estos países ingresos importantes. Renegociaron los contratos con las multinacionales en posición de fuerza y finalmente esto dio a los gobiernos posibilidades concretas de tener este tipo de política de lucha contra la pobreza y de mejor acceso a bienes públicos como la educación, la salud y la cultura.


Con la crisis este modelo se vino abajo porque no había más el mismo nivel de financiamiento público. Venezuela es el ejemplo más importante porque el 80 o 90 por ciento de los ingresos del estado venían del petróleo. La disminución del precio del petróleo en un año de más de 100 o 100 dólares el barril hasta 20 o 25, fue una catástrofe. En Venezuela, es el ejemplo extremo porque toda la sociedad dependía de la renta petrolera que había sido destruida antes de Chávez. Para una sociedad que culturalmente dependía de la renta petrolera la baja del precio del petróleo fue realmente una catástrofe nacional. Antes de Chávez Venezuela había orientado toda su economía sobre el petróleo y prácticamente abandonado otros sectores de actividad económica, en particular la agricultura. Tenía y tiene que importar el 70 por ciento de su alimentación y de un año a otro Venezuela que importaba por 80 mil millones de dólares en bienes del exterior ha podido importar solo 15 mil millones. Eso provocó el desastre, especialmente una disminución enorme de la posibilidad de consumo de la clase media urbana y evidentemente un descontento generalizado.


Bolivia fue una excepción porque Bolivia había tenido una política de reservas y ha tenido una mejor posición para enfrentar la crisis que los otros países pero es solo una cuestión de tiempo porque esta crisis es de largo plazo. Si tomo a Ecuador, que conozco un poco mejor, allá no se habían hecho reservas. Se puede entender que la política era invertir inmediatamente en infraestructura, en educación y en salud. Pero la crisis lo afectó de manera inmediata, no tanto como en Venezuela; porque solamente el 20 por ciento de las entradas del país eran vinculadas al petróleo, pero de manera significativa.


Estos países frente a la crisis reaccionaron de manera muy clásica. Regresaron al mercado, regresaron a la lógica del mercado para tratar de resolver una parte de la crisis. Esto significó para una parte del Ecuador regresar al Fondo Monetario Internacional (FMI), al Banco Mundial (BM); pedir crédito porque el país necesitaba dinero a todo costo. Pedir crédito no solo a estos organismos sino también a Goldman Sachs banco norteamericano, Arabia Saudita, a Katar y a Turquía. Todos países muy democráticos como todos sabemos.


Se han hecho cada vez más concesiones al capital internacional, para la explotación de las minas, para el petróleo, incrementar la producción de monocultivos para la exportación: de azúcar, de bananas, de palmas africanas. También firmar un tratado de libre comercio con Europa, dar en concesión los puertos principales para su renovación a Turquía, a Dubay y a Chile.


Una serie de medidas que hacen que más y más se impone el modelo capitalista en el país y muy claramente el presidente Rafael Correa dijo: lo que estamos haciendo es construir un capitalismo moderno. Este es un capitalismo que acepta la lucha contra la pobreza porque eso amplía la base del mercado, si hay menos pobres hay más gente que pueden consumir. Y podemos decir que los países no progresistas de América Latina han hecho esfuerzos que han disminuido la pobreza también; pienso en Colombia, Costa Rica, México y Chile...a veces casi o si no mejor que los países progresistas pero dentro de la teoría del banco mundial, es decir para ampliar la base del mercado.


Si hay menos pobres hay más personas para consumir. El capitalismo moderno acepta que un trabajo formal es mejor que un trabajo informal, acepta que se organice el seguro social, acepta también pagar impuestos a condición de que el gobierno asegure una estabilidad del país que permite el proceso de acumulación. Ahí está el nacimiento de un nuevo capitalismo moderno que en parte apoya los gobiernos progresistas y en parte no. Los que no apoyan son los que piensan que estos gobiernos progresistas no dan bastante espacio a la reproducción del capital. Los que apoyan son los que dicen: bueno en general las condiciones son tales que eso nos permite continuar un proceso de acumulación.


Especialmente varios sectores como el sector financiero, los bancos, nunca han ganado tanto dinero como con estos gobiernos, tanto en Brasil, en Ecuador, en Bolivia el sector de telecomunicación, el sector de del gran comercio, el sector de exportación de algunos de los bienes primarios fundamentalmente agrícolas; y también el sector de lo que Samir Amín llama la burguesía compradora. Esta burguesía es la que hace el intermediario entre intereses del exterior y la economía del país especialmente ahora en sectores nuevos con los chinos.


Los chinos invierten mucho en América Latina, particularmente en las minas y hay todo un grupo intermediario que está ganando mucho dinero, lo que significa que en la mayoría de los países progresistas hemos conocido un aumento de la influencia de la derecha. Pero de la derecha dentro de los gobiernos, no solamente de la derecha fuera. Mi hipótesis es que la renovación conservadora o la corriente conservadora empieza en los gobiernos progresistas mismos.


Fue muy claro con Dilma, que declaró en 2015 en Naciones Unidas: nuestro modelo ha fracasado y declaró a su regreso al Brasil: debemos dar más espacio al mercado. Es muy claro en la política general del Ecuador también, en Bolivia, y finalmente también en Venezuela con el famoso arco minero del Orinoco donde ya se han hecho concesiones con condiciones absolutamente impuestas por el mercado internacional para la explotación de las minas. Así, asistimos a un doble fenómeno: por una parte una agresividad más grande por parte de las derechas tradicionales que tratan de recuperar el poder político y por otra una derechización de los países progresistas para responder a la crisis.


JV: Ha abordado un poco la situación de Ecuador, nos encontramos a pocas horas de que se realicen las elecciones, y las encuestas dan un triunfo muy cerrado a Lenin Moreno y se pronostican pérdidas importantes de votantes a favor de los candidatos de Alianza País. ¿Cuáles pudieran ser las razones que están detrás de ese escenario?

Pienso que primero si hablamos de personalidades, la personalidad de Lenin es relativamente popular porque ha sido un vicepresidente eficaz especialmente para las políticas a favor de los discapacitados y eso es un factor digamos positivo en la coyuntura. Lenin Moreno no es un hombre de izquierda pero es un hombre de diálogo. El problema es que ha tenido que elegir de vicepresidente futuro a Jorge Glas que es el Vicepresidente actual, y que es la derecha.


Es un hombre de negocio que trabajó mucho en el servicio público pero que tiene un discurso para mí totalmente similar al discurso de George Soros cuando se trata de la lógica económica. Sí, se dice socialista, pero de hecho se ve que en todas las políticas que está apoyando son las políticas de un capitalismo moderno, y la presencia de Glas como compañero de Lenin no fue bien visto de una parte de Alianza País, y Glas no es un hombre muy popular. Eso es un primer límite...


JV: Que salvando las distancias es un poco parecido a la fórmula de Scioli con Cristina Fernández, empiezan a ocurrir cosas parecidas en las elecciones de la fórmula presidencial.
FH: Sí, exacto. Claro con las diferencias, pero es un poco la misma lógica. Esto es la primera cuestión. Una segunda es que con el proyecto de modernización en el país Rafael Correa en particular y Alianza País han decepcionado bastante a los principales movimientos sociales. El movimiento indígena, el movimiento campesino, el movimiento obrero, estudiantes, mujeres y ecologistas etc. Todos habían apoyado la candidatura de Rafael hace 10 años y poco a poco con el desarrollo de las políticas reales tomaron sus distancias. Ahora se encuentran en real confrontación con muchos elementos que explican tales conflictos.


Hay elementos objetivos como políticas de extractivismo. Yo hago la distinción entre la extracción y el extractivismo, la extracción es algo que existe desde siempre; también los indígenas han hecho extracción de minerales pero extractivismo es cuando predomina el valor de cambio sobre el valor de uso. Es cuando entra dentro de la perspectiva del capitalismo y se favorece al extractivismo para dar al estado capacidades de financiar sus políticas sociales. Eso ha provocado muchos conflictos y ahora estamos en uno muy grave con los Shuar, en el que hubo varios muertos. Y que luchan contra la utilización de sus territorios para las minas chinas. Pero provocó el mismo tipo de reacción frente a la marginalización de la agricultura campesina totalmente ignorada y considerada por el mismo jefe de estado como desastre productivo. Frente a esto se desarrolla una agricultura de monocultivos extremadamente dañina de la naturaleza con extensión de la frontera agrícola sobre los bosques y la Amazonia en particular y con condiciones sociales desastrosas no solamente de salarios, sino también de contaminación, productos químicos, y la introducción de los transgénicos y condiciones de trabajo inadmisibles.


Estas condiciones de trabajo son ignoradas porque eso contribuye a la nueva matriz productiva que se quiere imponer es decir; a la exportación que permite al estado retener ingresos. Los que pagan el precio real de estas políticas son los trabajadores, sobretodo los del campo que en gran medida no tienen aún el derecho de organizarse en sindicatos.


Por ejemplo, los trabajadores de la banana no pueden organizarse por ramas, deben organizarse por empresas. Pero la organización por empresa es extremamente difícil porque en las grandes empresas generalmente tienen miedo y se reúnen de manera clandestina no solamente frente a los empresarios, sino también frente al gobierno.


Por otra parte, hay también una destrucción ecológica fuerte. Se mejoró en este sentido pero todavía 40000 hectáreas de bosques son destruidas cada año. Poco a poco las soberanía alimentaria se pierde, así, hay reacciones de algunos movimientos campesinos y ecologistas. Frente a esta situación el gobierno ha tenido como política crear movimientos sociales alternativos es decir pro-gobierno. Creó un movimiento indígena, un sindicato, un movimiento campesino, un movimiento de mujeres, de estudiantes y de maestros etc. Lo que dividió la base y algunos de estos movimientos son muy poco reales.


Cuando se organizan grandes manifestaciones el gobierno financia transporte o comida de los que vienen en las manifestaciones a favor del gobierno, contra los movimientos más tradicionales que organizan manifestaciones de protesta. Todo eso crea un clima evidentemente que un día se traduce políticamente.


Se debe añadir una cosa crítica que es acerca del concepto de estado. El concepto de estado ha sido muy jacobino, es un estado centralizado donde es tradicional en América latina, pero también con un predominio fuerte de la función ejecutiva. Especialmente en manos de un líder carismático que ha tenido tendencia a reproducirse a continuar y a cambiar las constituciones para poder ser reelegidos como en Nicaragua, en Bolivia y parcialmente en Ecuador que se cambió la constitución para permitir la reelección.


Pero al último momento Correa, que de manera muy sabia renunció a presentarse para un tercer mandato ha decidido que esta posibilidad de reelección quedaría para las próximas elecciones y no para estas. Lo que permite a Correa regresar en 4 años y presentarse, tiene 53 años y puede regresar a la política si él quiere. Pero el concepto del estado ha sido bastante burocrático, bastante centralizado y finalmente muy en contradicción con las constituciones. Las constituciones de Venezuela, de Bolivia, de Ecuador, son muy buenas y muy de avanzadas. Se reconoce en Ecuador por ejemplo como en ninguna constitución del mundo los derechos de la naturaleza. Se reconocen además, en Ecuador y en Bolivia el carácter pluricultural y plurinacional del estado; pero como dice un amigo de Bolivia todas las leyes son anticonstitucionales. La constitución queda como un magnífico papel que no tiene aplicación o tiene poca. Y así hubo otra contradicción también con los que fueron actores en la constitución, pienso en Alberto Acosta que fue Ministro de Rafael, Ministro de Minas; economista que fue presidente de la Asamblea Constitucional, pero se separó de Rafael.


Claro que como hay toda una historia personal detrás, en un país pequeño donde todo el mundo se conoce muy bien; él tiene posiciones muy radicales y tal vez demasiado radicales frente a lo que ha pasado.


Finalmente, debemos preguntarnos si era posible hacer de otra manera frente a la fuerza del capital internacional, monopolizado y frente a la concepción del desarrollo que tienen los líderes que aparecieron estos años en estos países. Pienso en Lula, en parte a Chávez, pero Chávez tenía una visión más amplia, pero especialmente también García Linera en Bolivia que tiene una influencia mayor en el modelo de desarrollo o en Rafael Correa. El tipo de modelo de desarrollo que ellos tienen es la modernización de la sociedad pero una modernización acrítica, sin criticar el hecho de que la modernización ha sido absorbida por la lógica del capital. Como lo dice Bolívar Echeverría un autor ecuatoriano que trabajó en la UNAM en México y que publicó un libro que se llama: La modernidad capitalista, que fue reeditado por Álvaro García Linera en Bolivia. Así, este concepto de desarrollo que ellos tienen es muy cercano del neodesarrolismo de la CEPAL de los años 60 e influyó en todo el proyecto concreto.


Uno puede preguntarse si fue posible tener otra política. Especialmente porque hubo un apoyo popular fuerte, en todos los países. Yo pienso que la respuesta es sí, era posible hacer de otra manera pero no es fácil. Para ello la primera condición es tener la certeza de que ya el capitalismo es un modelo insostenible que no va a poder reproducirse de manera indefinida, que ya ha terminado su ciclo histórico por su carácter destructor, más grande que su carácter constructor. Destructor de la naturaleza, de los seres humanos, con una economía de tipo sacrificial, sacrifican millones de personas para la modernización de la sociedad como hoy en China; donde según la organización Mundial de la Salud (OMS) un millón 200000 personas mueren por la contaminación del aire. Hay un crecimiento espectacular pero al mismo tiempo ocurre todo esto.


JV: Es casi una naturalización del genocidio...
FH: Es así, claro el genocidio económico, y lo vemos en todas partes eso es la lógica fundamental del capitalismo. Es por eso que evidentemente sería una ilusión total pensar que se puede organizar el Socialismo de un día al otro, aún con una revolución porque las fuerzas opuestas de intervención estarían inmediatamente listas, también las de intervención militar. Así, una persona como Alvaro García Linera que considero como uno de los grandes intelectuales de América Latina de hoy, pero desde que está en el poder ha perdido mucho de su pensamiento crítico. El dice: ¿ustedes quieren establecer el Socialismo mañana? El dice: el capitalismo tiene por 100 años más, una vida, así que sean un poco más realistas. De verdad, el tiene razón en este sentido, pero la razón no puede ser aceptar continuar el capitalismo. No se trata de aceptar reproducir la lógica del capitalismo sino de buscar transiciones. Yo he dicho varias veces, a veces un poco fuerte: no pienso que la izquierda tiene como misión ser el viagra del capitalismo senil. Capitalismo senil es una expresión que usa Samir Amin. Porque han permitido finalmente la reproducción del capitalismo, debemos pensar entonces cómo construir transiciones que sean realmente pasos hacia otro tipo de paradigma...


JV- Frente a los modelos de transición socialista en un primer nivel ¿cuáles son a su juicio las lecciones para la izquierda en América latina con respecto a la posibilidad de realización de proyectos de transición socialista? Y en un segundo plano, cuando habla de Socialismo del siglo XXI uno puede encontrar distintas posiciones también dentro del discurso político hegemónico de la izquierda en estos años. ¿Cuál es su visión personal sobre los rasgos que debería tener ese socialismo del siglo XXI?
FH: Yo pienso primeramente que la izquierda latinoamericana se enfrenta a nuevos desafíos El primer desafío es definir qué significa el socialismo, porque hay una cierta confusión en la opinión pública. ¿Es Stalin, es Mao, es Pol Pot, es Tony Blair, es Francoise Hollande, todos se dicen socialistas, así el momento ha venido de un repensamiento no desde cero porque ya hubo toda una reflexión enorme desde Marx y aún antes de Marx por los socialistas utópicos, por los anarquistas, hay contribuciones importantes desde un punto de vista teórico- pero pienso que hemos venido a un momento de nueva reflexión. Hemos visto el fracaso de los países socialistas- europeos en particular- y ahora el pasaje de China y de Viet Nanh a una economía de mercado de tipo capitalista que he podido estudiar de cerca porque he estado muchas veces en estos años en estos países y estudiado en particular una comuna vietnamita al norte del Rio Rojo sobre la doble transición, al socialismo y ahora al mercado.


Debemos sí, frente a las dificultades que encuentran los países progresistas de América latina, frente al hecho de que todos los movimientos progresistas aún marxistas que llegaron al poder en África y en parte de Asia, todos se han transformado en neoliberales: pienso en Angola, Mozambique, África del Sur etc. Frente a eso, se necesita una reflexión fundamental para saber por qué estos ensayos de construir un mundo postcapitalista y socialista no han tenido éxito. No digo que son fracasos totales porque hay muchos logros tanto de los países socialistas como de la socialdemocracia pero no hubo un pasaje a otro modelo que a un capitalismo adaptado que se llama capitalismo verde, capitalismo social, capitalismo moderno pero que no cambió lo fundamental. Lo que significa que la izquierda -no solamente latinoamericana- pero en particular sí, debe ser refundada. He tenido una larga conversación últimamente con Lula sobre la situación en general sobre el hecho de que quiere volver al poder en el 2018 y estaba muy animado, lo he visto antes de la muerte de su esposa desgraciadamente, pero él estaba muy animado con esta meta. Muy crítico de varias cosas en América Latina, de la forma política de Nicaragua por ejemplo, también la dificultad para Maduro de encontrar una respuesta adecuada a la situación actual, también la lucha entre movimientos populares y sociales en Ecuador, más crítico todavía en Europa sobre el papel de la socialdemocracia en particular de Francoise Hollande al cual consideraba como el servidor de Merkel. Muy bien, hemos discutido mucho sobre estos aspectos, pero cuando empecé a abordar el Brasil, la situación del Brasil, en particular la necesidad de repensar el modelo eso no era parte de la agenda. Lo que significa en esta perspectiva, regresar al poder en el 2018 pero para hacer lo mismo. Tal vez mejorar un poco, suprimir la corrupción pero sin cambio de modelo y eso no me parece que es el futuro. También encontré esta reacción en el Foro de Sao Paulo que reúne los partidos políticos de izquierda de América latina, y participé en la reunión de San Salvador y me fui muy decepcionado porque era una repetición del discurso habitual y casi ninguna autocrítica. Solamente afirmando solidaridad con Lula, con Dilma, con Evo, con Maduro etc.


Muy bien, pero eso no es un proyecto, debemos trabajar sobre el proyecto, no digo que debemos reinventar todo pero frente a la situación real actual debemos redefinir el proyecto, en función no solo de un pensamiento intelectual, sino de las experiencias de los movimientos sociales de base y ayudar a reconstruir los movimientos sociales a la base. Porque se debilitaron mucho, también por su implicación política que forzó a muchos movimientos a políticas de corto plazo o electorales y cuando los gobiernos en el poder progresistas no crean bastante entusiasmo en los movimientos sociales para absorberlos o ponerlos en función de instrumentos electorales entonces constituyan otros movimientos. Y así, se debilitaron los movimientos sociales en todo el mundo y en América latina en particular.


Pero aún existen experiencias en la base, por ejemplo de agricultura campesina, de agricultura indígena, economía popular solidaria y de cooperativas urbana. Hay un montón de iniciativas, tanto en los pueblos indígenas, como en los otros sectores sociales, que son señales de la posibilidad de otra lógica. Pero por el momento son dispersas, locales y no ayudadas por las circunstancias, pero que existen. Al mismo tiempo que se debe redefinir el objetivo, la meta — que es un trabajo constante- no podemos decir que hay un momento, una verdad, que una vanguardia iluminada debe dar al pueblo. No, es un trabajo permanente porque las circunstancias cambian. Por ejemplo la clase obrera de hoy no es la del tiempo de Carlos Marx, con las nuevas tecnologías, el trabajo físico de masa como en el tiempo de Carlos Marx ya ha desaparecido, eso cambia totalmente la definición de los que es la clase obrera, y la clase obrera ya no es más la única que está dependiente por su reproducción social de la ley del mercado. Ahora hay 3000 millones de personas que viven de la agricultura campesina ya han entrado en la lógica del capital, y el capital financiero encontró en la agricultura la nueva frontera para su acumulación. Son hechos nuevos, también el cambio climático, es una cosa totalmente nueva, que todavía en el pensamiento marxista clásico ha sido poco internalizado. Por ejemplo, cuando estuve hace poco tiempo en Brasil, con el MST, en una reunión de 100 intelectuales brasileños sobre la situación en Brasil y hubo exposiciones muy interesantes de varios economistas sobre la situación de la economía de Brasil, ni una palabra sobre el ambiente, sobre la destrucción del ambiente, de la destrucción de la Amazonia, que está en vía de destrucción por el modelo. El modelo de izquierda no ha internalizado esta dimensión de la destrucción climática, que es fundamental. Debemos tratar -y Marx ya había dado la base teórica de esta integración- cuando Marx habló diciendo que un efecto del capitalismo es destruir el equilibrio del metabolismo entre la naturaleza y los seres humanos en el intercambio de materia. Dice Marx que el tiempo de la reproducción de la naturaleza es diferente del tiempo de la reproducción del capital y es el capital el que impone su tiempo. Eso va a tener consecuencias graves en el futuro. El no podía prever los problemas climáticos que tenemos hoy pero ya establecía la base teórica del ecosocialismo y eso fue olvidado por la teoría marxista, fue totalmente ignorado por los países socialistas que tal vez han destruido más la naturaleza que el capitalismo y esa fue una de las causas del fracaso porque justamente tenían el mismo concepto de modernización sin crítica, modernizar y destruir un mar entero el Mar de Aral, por ejemplo.


La tarea de refundación de la izquierda me parece en dos direcciones: redefinir la meta con los nuevos elementos de hoy, y definir transiciones, pero no transiciones para adaptar el capitalismo a nuevas circunstancias o nuevas demandas ecológicas y sociales o culturales sino cómo pasos hacia un nuevo paradigma. He trabajado un poco sobre un nuevo paradigma que he llamado el bien común de la humanidad pero se puede llamar de cualquier otro nombre no importa, lo importante es el contenido. Es decir, cómo crear un paradigma de vida frente al paradigma de muerte que representa el capitalismo. Por eso la lucha anticapitalista es el fondo de todo, porque es mucho más que un sistema económico. Es una política, militar, una cultura, la colonización de las mentes como se dice, es un conjunto. Por eso una visión holística de la realidad, una visión de conjunto de la realidad es el fondo para redefinir la meta. ¿Cuál tipo? ¿Qué queremos construir? Y para aterrizar en este sentido he pensado que podríamos utilizar cuatro ejes indispensables para cada sociedad, desde la más primitiva a la más compleja. Primero, la relación con la naturaleza, no hay sociedad que pueda vivir sin relación con la naturaleza. El capitalismo tiene como orientación fundamental la explotación de la naturaleza como una riqueza natural. El otro paradigma es el respeto de la naturaleza como fuente de toda vida, física, cultural, espiritual. Si se acepta esta parte del paradigma hay aplicaciones prácticas inmediatas. No se puede aceptar la propiedad privada de las riquezas naturales. No se puede aceptar la mercantilización de los bienes esenciales a la vida como el agua, las semillas etc.es práctico.


Segundo eje: es cómo producir la base material de toda vida, no hay vida sin base material. Y por eso privilegiar el valor de uso sobre el valor de cambio. Para el capitalismo hay un valor solamente, el valor de cambio porque si una cosa no es un servicio, cualquier cosa, cualquier actividad humana no se transforma en mercancía no puede contribuir a la acumulación. Así, se debe transformar todo también la cultura en mercancía, privatizar, liberalizar el comercio. Al contrario el valor de uso es la producciones de bienes y servicios en función de la utilidad, en el sentido amplio de los seres humanos y de la madre tierra.


De nuevo, si se acepta este principio, hay muchas aplicaciones concretas: no se puede aceptar la hegemonía del capital financiero sobre la economía mundial , no se pueden aceptar paraísos fiscales, secretos bancarios etc.


Tercero: la organización colectiva, no hay sociedad de cualquier tipo sin organización colectiva. La idea es que el capitalismo concentra el poder: el poder económico pero también el poder políticoy el poder militar. La idea de transformar el modelo es la democratización, introducir procesos democráticos en todas las relaciones sociales, también hombre y mujer; y también en todas las instituciones sociales. No solamente políticas, sino también económicas, sociales, culturales, religiosas etc. El principio de organización democrática, y de nuevo, hay muchas aplicaciones: la defensa de las minorías, la reforma de las naciones unidas etc.


El último factor es el factor cultural, porque la característica del género humano es de poder representar su sociedad, de construir como un segundo nivel de la realidad. En este sentido la posibilidad de anticipar y actuar sobre su sociedad. Eso significa la necesidad de interculturalidad. Lo que pasa ahora es el dominio exclusivo de la cultura occidental para el desarrollo humano y se ve en todas partes y en todas las sociedades, en China por ejemplo y en el Viet Namh gran parte de la juventud quiere acceder a la cultura occidental porque es sinónimo del progreso y de la modernidad definida como progreso lineal sobre un planeta inagotable. Vemos que eso no es verdad porque el planeta no es inagotable, estamos en el fin de muchos recursos naturales de muchas riquezas naturales, y que el capitalismo llama recursos. El progreso no es lineal, es dialéctico y esta idea del predominio de la cultura occidental impide la contribución de otras culturas a la redefinición de la meta. Y también a la construcción de la ética necesaria para llegar a esta meta y redefinición.


Es decir, esta posibilidad de que estén todos los saberes, las culturas, las ideologías, las espiritualidades, la posibilidad de construir un nuevo paradigma poscapitalista o socialista si se quiere. Eso es extremamente importante porque la realidad humana no es solamente una realidad material sino también cultural. Un ejemplo es el concepto en los Andes del Sumak Kawsay, de Buen vivir concepto inspirado por la filosofía indígena, concepto de visión holística de la realidad, con triple armonía: armonía con la naturaleza, armonía social y armonía personal. Eso es típico de una contribución muy importante a un pensamiento moderno, de renovación de la modernidad, que no significa que se debe adoptar la cosmovisión de los pueblos indígenas para imponerla a la población de Shanghái o a los habitantes de las grandes ciudades europeas. No, cada cultura debe tener su propia forma de expresión, pero el redescubrimiento del carácter holístico de la realidad es fundamental frente a la división y la segmentación de la realidad que la modernidad ha llevado. Que ha permitido al capitalismo imponer su ley al conjunto de la sociedad. Es un poco en esta dirección que veo la posibilidad de pensar el futuro y de definir políticas muy concretas.


JV: Sobre las nuevas formas de expresión de la dominación, observamos un primer presidente negro en los Estados Unidos, un golpe parlamentario en Brasil, Macri en Argentina de presidente, y ahora un supuesto outsider como Donald Trump en los Estados Unidos, y empiezan a aparecer en la escena política de los dominantes figuras que engañosamente pareciera que no “padecen” una ideología. ¿Hay nuevas formas de reconfiguración de la dominación o viejas formas tras ropajes nuevos?
FH: Es un poco difícil decirlo porque el fenómeno Trump es un fenómeno que es de reacción frente al stablishment de Washington pero evidentemente apoyado en otras fuerzas económicas. Pero ahí una crítica, al viejo stablishment por malas razones, porque al final reprocha que no hayan servido a la reconstrucción de la sociedad americana para que sea la primera del mundo. Si no, es el fin del imperialismo, pero es una crítica en parte interesante, también su visión muy aislacionista de la política norteamericana puede tener resultados inéditos positivos por ejemplo que no se metan más en los problemas del Medio Oriente y que se termine la guerra en Siria. Por malas razones pero una posibilidad. Algunos de mis amigos rusos están apoyando a Trump casi sin crítica porque ven la posibilidad de terminar estos conflictos. Vamos a ver porque todo depende de lo que pasa en la realidad. En un cierto sentido hay un paralelo con el nacimiento del fascismo, son cosas diferentes, pero un poco el mismo discurso: anticapitalista entre comillas, racista, nacionalista, triunfalista para la sociedad, ahora americana, antes alemana.


Son similaridades pero a largo plazo solo me parecen incidentes dentro de un sistema que continúa y se reproduce, son variaciones dentro de la lógica fundamental del sistema capitalista. Pero que pueden ayudar a debilitar el sistema, pueden ser también índices de su descenso, índices de la crisis fundamental del capitalismo que no es una crisis dentro del sistema como las crisis de superproducción y de subconsumo pero es una crisis del sistema.


JV: En Cuba se ha vivido en los últimos meses un período de intensa reflexión a partir de la muerte de Fidel. Esas reflexiones son en torno a los desafíos que se abren alrededor de muchas cuestiones. Pero indudablemente la muerte de Fidel se inscribe dentro de una etapa, quizás cierra también un ciclo revolucionario, en particular para Cuba, que cambió la vida de millones de seres humanos para siempre en el camino de la justicia social. Al mismo tiempo hay una reflexión acerca del proyecto de la revolución cubana en un momento en que está aconteciendo la llamada “actualización del modelo económico cubano”. ¿Cuáles desafíos se plantean a su juicio para Cuba hoy?
FH: No he podido estudiar en detalle la situación cubana. Conozco mejor lo ocurrido en la Unión Soviética, en China y en Viet Namh. Yo veo que la preocupación aquí es evitar el tipo de caos que se provocó en la Unión Soviética después de la caída del Muro de Berlín y la orientación de derecha que se eligió para resolver el problema del impasse que tenía el sistema. También, evitar lo que está pasando en China y en Viet Namh, donde la teoría es: mecanismos del mercado controlados por el estado comunista, pero en la realidad es en gran parte el mercado el que controla el estado. Lo que ha provocado en China, por ejemplo, el hecho de que ahora tienen más millonarios en dólares que los Estados Unidos ¿Cómo evitar estas dos situaciones? En pocas palabras ¿cómo agilizar la economía- lo que era necesario- después de una colectivización demasiado fuerte, sin provocar un nuevo fenómeno de acumulación. Eso evidentemente es difícil, algunos piensan que es imposible. Necesariamente si se abre la economía a algunos mecanismos del mercado se va a provocar fenómenos de acumulación. Eso lo debemos estudiar de manera empírica, si pasa o no: si dentro de los que son privados, de los sectores privados, como las paladares y otros pequeños negocios; o si los que ganan dinero por la colaboración con el capital extranjero, si acumulan o no, si pueden o no. Y si no es una condición esencial para la liberalización de una economía socialista dar condiciones para la acumulación de riquezas.


¿Cómo medir esta acumulación? Y eventualmente ¿Cómo evitarla? Porque no me parece que hay milagros en este sentido el mercado significa esencialmente lógicas de acumulación y así esto significa limitar e impedir eso sin paralizar de nuevo la economía. Se debe estudiar, no solo los discursos, sino las prácticas; porque en Viet Namh se dice: la mejor manera de ser un capitalista es el de tener un alto grado en el partido comunista, y es verdad. Es decir ¿cómo podemos evitar eso?


Es por ello, importante, desarrollar fuerzas de control de los mecanismos. Eso puede significar una confrontación con el poder político, pero tal vez a nivel local se puede. Eso me parece lo fundamental en la experiencia cubana, cómo ser más realista en la organización de la economía, por ejemplo, en la colectivización de la economía agrícola. Eso fue quizás un error porque llega a la no productividad, pero el cambio puede llevar a un proceso de acumulación capitalista. Lo mismo la colaboración con el capital extranjero que puede crear una nueva burguesía compradora o todo el proceso puede crear una nueva burguesía que Samir Amin llama soviética, que no ha tenido ninguna dificultad para ser la nueva burguesía neoliberal de la Rusia actual.


Fuente: http://medium.com/la-tiza/el-padre-houtart-y-el-deber-de-todo-revolucionario-15a0f36dbaa3

 

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El relator especial de las Naciones Unidas, John Knox

 

Asesinatos de activistas no se investigan de forma rápida ni eficiente, asegura.

 

América Latina es un sitio específicamente peligroso para ser ambientalista, sostuvo John Knox, relator especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre Medio Ambiente y Derechos Humanos. Entre las causas señala la demanda creciente de recursos naturales, la expansión de la minería y la tala de bosques; la presión es mayor en los países que poseen esos recursos, apuntó.

Detalló que, además, ocurre que quienes viven en las áreas afectadas ya están marginados en su país, tal vez porque son indígenas, aunque también hay comunidades en esa situación como los afrodescendientes. Por último, señaló el fracaso de la ley: Muchas veces los asesinos piensan que no se les va a castigar. Para mí es el factor más importante.

 

Muro fronterizo, letal

 

Sobre la construcción del muro fronterizo propuesto por Donald Trump, confió en que no se erigirá y que hacerlo será un desastre por diversas razones, una de las cuales es ambiental, pues a la biodiversidad y los ecosistemas no les importan las fronteras políticas; el muro puede interferir para que las especies puedan seguir existiendo. Podríamos tener problemas ambientales importantes, en derechos humanos de otras maneras.

Durante el foro Biodiversidad y derechos humanos, retos y desafíos para los estados, organizado por el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda) y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, entre otros convocantes, el relator de las Naciones Unidas, quien se encuentra de visita en México, aunque no oficial, por lo que no presentó un panorama de la situación nacional en la materia, se refirió a que los asesinatos de activistas se dan en países donde no se investiga, ni se persigue de manera rápida y eficiente, aunque esto no sólo sucede en temas ambientales.

Ante representantes de movimientos de afectados por megaproyectos, como la presa Las Cruces de la Comisión Federal de Electridiad en Nayarit, dijo que dos defensores ambientales son asesinados cada semana en el mundo, y uno de cada tres pertenece a un grupo indígena. La situación es peor en América Latina y Asia, indicó.

Explicó que tan sólo en 2016 hubo 200 asesinatos, entre ellos el caso de la hondureña Berta Cáceres, y en México, el de Isidro Baldenegro, en enero pasado en la Sierra Tarahumara. También mencionó el caso de Nguyrn Ngoc, en Vietnam, quien fue arrestada y ejecutada por su trabajo informativo en un blog.

Consideró que los países deben hacer lo que puedan para tener las mejores normas. Una ley nunca se debe debilitar; una vez que se ha decidido; por ejemplo para el sector privado no debe retroceder. Indicó que el libro la ley ambiental es muy bueno en muchos países, pero hay una enorme laguna en cuanto a su implementación; los estados no tienen suficientes inspectores, fiscales.

En tanto, Gustavo Alanis, director del Cemda, preguntó cómo se puede garantizar que quienes defienden los derechos humanos no pongan en riesgo su integridad, y señaló que existen riesgos y desafíos.

 

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Manifestación reclamando justicia para la activista Berta Cáceres.

 

Amnistía Internacional lanza una campaña para denunciar el acoso que sufren y para reclamar a Gobiernos y multinacionales “que se les permita trabajar en un entorno más seguro”

 

Defender la tierra sale caro en muchas partes del mundo. Reivindicar la libertad, también. Tanto como para que en los dos últimos años Amnistía Internacional haya contabilizado la muerte violenta de 437 activistas proDerechos Humanos, buena parte de ellos ambientalistas, en 22 países.

“Miles de defensores de los Derechos Humanos soportan campañas de hostigamiento, agresiones, detenciones irregulares e incluso homicidios”, explica Miguel Ángel Basés, portavoz de Amnistía Internacional (AI) en Aragón, que este martes ha presentado en las Cortes autonómicas la campaña Valiente, con la que la oenegé pretende denunciar el acoso y las amenazas que sufren esos activistas y reclamar que desde los gobiernos “se les permita trabajar en un entorno más seguro”.

El informe distribuido a los parlamentarios, que recuerda cómo “hoy se incumplen abiertamente tanto el espíritu como la letra de la declaración” de la ONU que en 1998 señaló a los defensores de los derechos humanos como “agentes del cambio”, pese a que los Estados miembros se comprometieron a apoyar su labor “y a permitirles trabajar sin obstáculos y sin temor a represalias”, considera “esencial, por tanto, que se les conceda protección efectiva contra la violencia, incluida la violencia sexual, y la discriminación”.

 

Agresiones en nombre de otras empresas

 

Sin embargo, la batería de 28 medidas que promueve en la campaña no van únicamente dirigidas a las instituciones públicas. Hay un apartado específico para las empresas, a las que llama a “implementar procesos adecuados de diligencia debida” para “garantizar que se respetan los Derechos Humanos de las personas y comunidades” afectados por sus actividades o las de “sus filiales, subcontratistas o proveedores”.

La propuesta no es para nada infundada. De hecho, el último dictamen del relator de la ONU sobre la situación de los activistas documenta los vínculos de grandes compañías con “violaciones de los derechos humanos, que van desde la restricción de las actividades legítimas de las personas defensoras para limitar el ejercicio de sus derechos hasta agresiones perpetradas por empresas de seguridad privadas en nombre de otras empresas”.

 

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El activista, Gustavo Castro (primero por la derecha), compareció en las Cortes de Aragón con los representantes de Amnistía Internacional Miguel Ángel Bases y Luis Ángel Muñoz para presentar la campaña ‘Valientes’.

 

El mexicano Gustavo Castro, superviviente del ataque en el que murió asesinada la indigenista y ambientalista hondureña Berta Cáceres y que también participó en la comparecencia, es una de las víctimas de esa violencia de las oligarquías. Hoy, tras haber pasado un mes detenido mientras intentaban colgarle el crimen, vive acogido por AI. “El Gobierno me tuvo secuestrado un mes para tratar de imputarme”, apunta.

“No se ha querido investigar e ir más allá, hacia los autores intelectuales”, explica, en referencia al ‘cortafuegos’ judicial que rodea a los ocho detenidos por el asesinato, entre ellos el gerente de la empresa hidroeléctrica Desa, promotora de la presa a la que se oponía la comunidad Ienca, cuyo territorio iba a ser inundado, con Cáceres a la cabeza, además de varios militares y presuntos sicarios.

 

El 95% de los crímenes quedan impunes


El 95% de los crímenes contra ambientalistas y activistas proDerechos Humanos en el mundo quedan impunes, según las estimaciones de AI, que también admite que la cifra oficial de 427 víctimas queda restringida a las documentadas. La cifra real de asesinatos es mucho mayor.

“La historia no nos da muchas expectativas, con tanta impunidad, pero tenemos que seguir exigiendo justicia”, anota Castro, que recuerda cómo varias organizaciones han llevado al Gobierno de Honduras ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos “para que esto no quede impune”.

“Es paradójico que la misma policía vaya persiguiendo y asesinando a los defensores”, anota, con sarcasmo, al evocar los 120 ambientalistas asesinados en los últimos siete años en ese país; “cinco de ellos con medidas de la comisión interamericana”, recalca.

“Cada vez más gobiernos atacan a los defensores de los Derechos Humanos y dificultan su labor con fuerza excesiva”, refuerza Luis Ángel Muñoz, responsable de la campaña Valientes, que describe a esos activistas como “personas que tratan de defender los derechos de otros y que se oponen a los intereses de grupos políticos, grupos armados y empresas”.

 

“La persecución contra las mujeres es terrible”


El grueso de esos conflictos en América Latina, donde el año pasado se produjeron el 75% de los asesinatos documentados de activistas, están relacionados con actividades extractivas, ya sea de hidrocarburos o de minerales. Estas últimas afectan a 90 millones de hectáreas en México y al 40% del territorio en Guatemala, mientras países como El Salvador y Costa Rica han declarado una moratoria para frenarlas.

“Este modelo de extractivismo tan voraz implica necesariamente desplazar población”, explica Castro, para quien “a final de cuentas el problema no es solo de allá, sino que tiene un impacto global, va en detrimento de la alimentación y de la salud, de la calidad de vida de nuestro planeta”.

Castro llama la atención sobre el hecho de que “los feminicidios están aumentando de una manera impresionante” en la represión de los movimientos sociales en Latinoamérica. “La persecución contra las mujeres es terrible, porque eso minimiza e incide en la concienciación social”, apunta. “Ya no hay ninguna inhibición por parte de las fuerzas represivas –añade-. Saben que con eso también impiden mucho la movilización social, y las mujeres están cada vez más al frente de la lucha por la defensa de sus hijos, de la tierra, del agua”

 

 

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“La impunidad tapa el 90% de las violaciones de derechos humanos en Colombia”

La activista proderechos humanos Milena López Tuta describe una Colombia alejada de la paz y con heridas abiertas como la presión a las comunidades locales por parte del Estado y de los paramilitares

 

“La realidad es diferente de la que se representa en los medios. Incluso algunos colombianos se han creído que estamos en una situación de paz cuando la situación de los derechos humanos está empeorando”, explica Milena López Tuta, miembro de la Fundación de Derechos Humanos Joel Sierra en el Departamento de Arauca, que describe una Colombia distante de la imagen de “postconflicto” que parece haberse instalado en la opinión pública occidental desde el inicio de las conversaciones entre el Estado y la guerrilla.


López, que estos días realiza una gira por varias ciudades españolas para hablar de la situación de su país –en Zaragoza y Huesca participa en los actos de la Semana de la Tierra que organiza Ecologistas en Acción-, sostiene que Colombia, donde los conflictos armados han generado seis millones de desplazados en apenas 30 años, sigue lejos de la paz pese a las conversaciones entre Gobierno y guerrillas: “Hay intereses económicos sobre los territorios, el Estado es servil con esos intereses, y mientras sigan seguirá generándose violencia”.


- Nos han contado que en Colombia la paz estaba hecha, pero ¿cómo están las cosas en realidad?


La gente cree que estamos en postconflicto y que el último día de guerra fue en octubre, pero para las comunidades [locales] eso no es así, porque el conflicto no ha cesado, sino que continúa intensamente. Los gobiernos no están teniendo ningún interés en lograr un compromiso para que haya paz.


- Pero sí está habiendo conversaciones...


El Gobierno llama paz a la desmovilización de las guerrillas y de los fusiles, pero para nosotros la paz tiene que ver con la garantía de derechos, con la permanencia digna en los territorios, con la soberanía. Sin embargo, en los últimos años se están dando una serie de reformas legales que van en detrimento de esos derechos fundamentales.


- ¿De qué tipo de medidas se trata?


Por ejemplo, aumentar el salario mínimo un 7% y luego elevar los impuestos como el IVA un 19%. Eso desmejora las condiciones de vida de la gente. Hay reformas como las zonas Sidre, para la reindustrialización, que en realidad buscan legalizar el despojo que los paramilitares, los propietarios y los industriales han hecho a sangre y fuego. Y la Ley de Seguridad Ciudadana penaliza acciones como salir a una vía a protestar, hacer plantones o entrar en una institución. Eso ahora se ha judicializado.


- ¿Qué penas puede acarrear una acción de ese tipo?


Está el derecho a la protesta, pero si sales y paralizas una vía eso es obstrucción y las penas son de más de cuatro años, y pueden llegar a veinte y más...por protestar. Y ahora se está reformando el Código de Policía, que permite entrar en las casas sin orden judicial y que permiten detenerte si consideran que estás en estado de alteración o que puedes suponer un riesgo.


- ¿Ese proceso de endurecimiento de las leyes no se está dando en toda Latinoamérica?


Es una medida de los distintos regímenes para evitar que el pueblo se organice y se movilice y para garantizar los macroproyectos extractivos. No va a haber una paz real mientras el Estado continúe con su política mineroenergética. Por un lado se habla de paz, pero por otra continúa la explotación de los territorios. El Estado busca la pacificación de los territorios para evitar un obstáculo a las empresas transnacionales.


- Pero las movilizaciones de las comunidades para conseguir esa permanencia siguen.


El 21 de marzo fueron detenidos en el sur de Bolívar cuatro dirigentes sociales que participan en una mesa de interlocución con el Estado y que habían hecho denuncias concretas sobre megaproyectos como el de la Ruta del Sol, o sobre el impacto ambiental de la navegabilidad del río Magdalena y las macroextracciones mineras o la presencia paramilitar en la zona. Les pasaron la cuenta por oponerse a proyectos que contrarían los derechos fundamentales de la gente y ponen en peligro la permanencia de las comunidades.


- ¿Cuál es su situación?


Para la Fiscalía, deben estar presos porque constituyen un peligro para la sociedad, aunque a Milena Quiroz, portavoz de la comunidad ante la Cumbre Nacional Agraria Campesina y Popular, le sustituyeron la cárcel por arresto domiciliario por ser madre. Pero no puede cumplirlo allí sino en Medellín, donde no tiene gente. Eso es una forma de destierro. La mesa en la que participan es producto de las movilizaciones y tiene como objetivo buscar soluciones por la vía pacífica y del diálogo, pero este es el resultado de la paz que realmente estamos viviendo en la región.


- ¿Qué nivel de violencia vive el país?


El año pasado fueron asesinados 120 dirigentes sociales en Colombia y este año ya llevamos treinta, dentro de un total de 156 ataques y sin contar la gente que diariamente está siendo asesinada en los territorios. Hay una agresividad especial contra las mujeres dirigentes de movimientos sociales, con asesinatos, amenazas y judicializaciones. El Gobierno ha sido claro en plantear que las organizaciones guerrilleras están en procesos de diálogo tendente a parar el conflicto armado, pero que continúa el conflicto social y político. La arremetida va a venir contra nosotros.


- ¿Cuántos de los autores de esos asesinatos han sido detenidos o identificados?


La situación de impunidad en los casos de violación de los derechos humanos llega al 90%. Solo algunos casos han tenido un impulso de la investigación por la presión social y el acompañamiento internacional. Hemos tenido que acudir a la Corte Interamericana para que se investigue. La impunidad es una herramienta más para reprimir.


- ¿Mientras se producen esos diálogos con las guerrillas, con los movimientos sociales al margen, qué ocurre con los paramilitares?


Los grupos paramilitares siguen. Una de las exigencias de los movimientos sociales al Gobierno es que, si estamos avanzando hacia la paz, la desmovilización de las guerrillas es solo una parte. Pedimos como garantía el desmonte real de las estructuras paramilitares que siguen actuando en los territorios tanto militar como políticamente. Vemos de buena manera que el ELN plantee claramente la necesidad de que la sociedad civil participe en las propuestas de paz. Las nuestras son esos planes de vida que hemos venido defendiendo a través del tiempo, de la movilización y de la construcción social.


- Pero sí existe una Mesa Social de la Paz ¿Qué ámbito tiene?


Es una iniciativa del movimiento social de ámbito estatal con mesas regionales que elaboran propuestas. Es una mesa complementaria de las del ELN y las FARC pero independiente, porque consideramos que la mesa sobre el conflicto político, social, cultural y económico debe seguir andando al margen de la revisión del armado. Estamos aportando a ese proceso. Si no se solucionan estos otros conflictos se van a generar otros tipos de violencia, y la paz quedaría en ‘veremos’.


- ¿Cómo va el Gobierno a esta mesa?


Tenemos la experiencia de la Cumbre Nacional Agraria, que tiene una mesa de interlocución cuyos acuerdos han sido sistemáticamente dejados de lado por el Estado. Por eso el movimiento social hemos hecho uso de la movilización, para pedir el cumplimiento de esos acuerdos y pedir la participación real de la sociedad civil en la construcción de la paz.


- ¿Qué papel juega el narco en todos estos procesos?


El tema de la droga está muy ligado a las estructuras del Estado. Por eso no hay un interés real en la lucha contra el narcotráfico, que ha sido una excusa del Gobierno para arremeter contra el campesinado. En Arauca, por ejemplo, la coca la erradicó el campesinado con organizaciones como la Asociación Departamental de Usuarios Campesinos. Pero el Estado no tuvo ningún interés en apoyar al campesinado para implementar otros proyectos agropecuarios. Hoy, en el marco de los Acuerdos de La Habana, están erradicando los cultivos que habían quedado

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Esconden la realidad y nos roban el futuro

Hace más de diez años el expresidente colombiano Alvaro Uribe negó la existencia del conflicto armado interno, y ahora el Ministro de Defensa Luis Carlos Villegas, niega la existencia de ataques sistemáticos contra las personas defensoras de los Derechos Humanos y la existencia del paramilitarismo.


Alto número de víctimas.


El año pasado hubo al menos 85 personas defensoras de los Derechos Humanos asesinadas. La mitad eran campesinos-as, indígenas, negros-as que reclaman la devolución de las tierras que les robaron mediante el terror paramilitar; el resto eran líderes sindicales, comunitarios y ambientalistas opuestos a planes inversión de empresas multinacionales mineras y energéticas, impulsores-as de los diálogos de paz, militantes de los movimientos Marcha patriótica y Congreso de los Pueblos, personas que exigen justicia por los crímenes del paramilitarismo o de la fuerza pública, gentes que han denunciado actos de corrupción. Y pasa de 1.000 la cifra de defensores-as asesinadas durante los gobiernos de Uribe y de Juan Manuel Santos.


¿Qué pretenden con éstos crímenes? Algo muy grave: detener la democratización de Colombia, proteger intereses de terratenientes, empresarios y multinacionales beneficiarias del terror, romper el movimiento social que exige reforma agraria, cumplimiento de los Acuerdos con las FARC, diálogo con el ELN y el EPL, mantener la impunidad y la exclusión históricas.


La Oficina de la ONU en Colombia lo dijo con claridad hace un año “La labor de los defensores de Derechos Humanos es piedra angular para la democracia y la promoción de una paz equitativa y sostenible. Sin embargo, la violencia en su contra continúa y el Estado no logra garantizar plenamente el respeto y protección de sus derechos y labor...”. El Estado no quiere proteger a quienes defienden Derechos Humanos. Cada día hay más efectivos para la seguridad (¡medio millón de policías, soldados, escoltas, agentes secretos¡) que generan un gasto gigantesco, pero cada año hay más muertos y menos garantías para la defensa de los Derechos Humanos. Las Ongs señalaron hace un año que el 66% de estas agresiones son autoría de los grupos paramilitares. Pero para el Ministro encargado de la seguridad estos matones ¡no existen¡. Entonces, preguntan desde Justicia y Paz “¿Y si no son paramilitares, qué son?”


¿No hay sistematicidad?


Negar la sistematicidad de los ataques contra defensores-as de los Derechos Humanos es una estulticia mayor. No son como repiten desde hace décadas los jerarcas civiles o militares meros “hechos aislados”, ni “errores militares”, ni mucho menos simples coincidencias producto de la improvisación o del azar. Son el resultado de planes criminales que involucran en connivencia a agentes de la fuerza pública y a grupos paramilitares, junto con políticas que generan impunidad estructural y operaciones de ocultamiento mediático de estas realidades.


La gravedad de lo que ocurre no radica sólo en el alto número de víctimas, también y sobre todo en que constituyen delitos de lesa humanidad porque son parte de una persecución sistemática que implica una privación intencional de los derechos fundamentales, actos que caen en el ámbito de la Corte Penal Internacional pues no se ve diligencia en combatir a los paras ni de hacer justicia. La Fiscalía parece que sólo es hábil para encarcelar dirigentes sociales y para desviar investigaciones, como lo intentó en el caso del asesinato del sindicalista de Nestlé LUCIANO ROMERO, o en convertir en eterna la etapa de investigación previa, como en el caso de la desaparición y asesinato de CARLOS PEDRAZA SALCEDO hace dos años.


Las élites criollas quieren ocultar lo obvio: que son ataques sistemáticos y que no son nuevos. “ La violencia contra la UP ha sido caracterizada como sistemática, tanto por organismos nacionales como internacionales, dada la intención de atacar y eliminar a sus representantes, miembros e incluso simpatizantes. La Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos se refirió a las ejecuciones de militantes de la UP como “sistemáticas”; el Defensor del Pueblo calificó a la violencia contra los dirigentes y militantes de ese partido como “exterminio sistematizado”; la Corte Constitucional de Colombia como “elimina ción progresiva”; la Comisión Interamericana como “asesinato masivo y sistemático”; la Procuraduría General de la Nación se refiere a “exterminio sistemático”, y la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación como “exterminio”.


Los ataques de los paramilitares también son crímenes de lesa humanidad por sus dimensiones, sistematicidad y por la cantidad y calidad de las víctimas

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La prensa tapa

Sin apoyo de los medios masivos de comunicación no hubiera podido Alvaro Uribe involucrar a civiles como objetivo militar y lograr que sus asesinatos fueran visto con normalidad bajo el simplismo de instalar en la cabeza de la ciudadanía el “por algo sería.” Monopolios mediáticos como PRISA, Planeta, RCN, Caracol, han difundido por décadas la propaganda política y militar de exterminio que convirtió –hasta el sol de hoy- en objetivo militar a sindicalistas y defensores de Derechos Humanos previamente señalados de ser “sapos”, “terroristas”, “bandidos”, enemigos de la democracia, “guerrilleros de civil”, epítetos que se prodigaron incluso contra personas de Amnistía Internacional, de Cruz Roja internacional o de Human Rigths Watch.

La realidad paramilitar


La propaganda que afirma que “Colombia está en posconflicto” o que ya vive una etapa de paz, tampoco encaja con la realidad de la persecución actual y con la re-paramilitarización del país.


Colombia vive una fuerte re-paramilitarización y la insistencia de las autoridades en negarlo no tiene consistencia y dificulta su combate.


Los paramilitares mantienen una fuerte coordinación con la fuerza pública, como siempre. En sus amenazas tanto individuales como colectivas y en sus proclamas expresan su respaldo al gobierno y a las multinacionales, muestran una ideología contrainsurgente nítida; se declaran enemigos de todo movimiento social alternativo y de toda forma de protesta social, actúan cerca de las bases y de los controles militares en los que son protegidos, encubiertos.


Es t udios de hace un año del Centro de Memoria Histórica indicaban que en 339 municipios del país había paramilitares. En 119 de esos municipios estaba el Clan Úsuga, en 76 los Rastrojos y en 39 las Águilas Negras. Eso ha empeorado. Hay paras en el Chocó matando y desplazando comunidades esta semana. Y en Buenaventura donde hacen la misma faena troceando personas. Y en el Cauca, Bajo Atrato, Córdoba, Sucre, Bolívar, bajo Cauca, Magdalena Medio...


El gobierno dice estar comprometido en combatir el paramilitarismo, pero hay demasiadas pruebas de su accionar conjunto con el ejército, además hay muy pocos resultados que impliquen el desmonte de las estructuras políticas y económicas que los sostienen. En las comunidades campesinas donde las FARC fueron la autoridad hay mucho temor porque el poder sustituto son los paramilitares que avisan que llegaron para quedarse, como dijeron esta semana en Urabá y en Nariño.
Hay paramilitares en las narices del Ministro de Defensa, en Bogotá, en Soacha y en Zipaquirá desde finales del año pasado y este fin de semana las “Autodefensas Gaitanistas” regaron amenazas en diez barrios informando de que imponen toque de queda desde las diez de la noche, además fijan el plazo de un mes para que los dirigentes sociales se vayan de la ciudad.


Grandes regiones del país ocupadas por los paramilitares, allí ejercen el control social, económico, político y militar, amenazan, violan, asesinan, desplazan y desaparecen forzadamente a las personas que denuncian la corrupción y a opositores del modelo económico neoliberal y de los grandes proyectos de inversión.


La 12 Visita Asturiana encontró evidencias de su presencia y accionar hace un año: en zonas rurales de Tumaco en sitios como Chilví, Candelilla y Llorente paramilitares establecen retenes junto a los tanques del Ejército entre los kilómetros 93 y 105 de la vía a Tumaco-Pasto. En el Consejo Comunitario Rescate las Varas de Tumaco. En el departamento del Tolima en la Jabonera entre Ataco y Coyaima; en Mesa de Polen-Planadas; en la Vereda Maracaibo y en los municipios de Chaparral, Natagaima, Purificación, El Guamo, Saldaña, Prado. V estidos de policías los paras patrullan armados con fusil AK en camionetas de color blanco y negro por Mesa de Polen, Planadas, Ataco, Santiago Pérez, que son sitios en los que hay fuerza pública que los dejan pasar. En el Casanare en Matarratón y la finca El Porvenir hay paramilitares del grupo del extinto VÍCTOR CARRANZA que amenazan y hostigan al campesinado para despojarlo de sus tierras. En San José del Bubuy-Aguazul por la vía a Maní-Casanare “No hay garantías para el liderazgo comunitario, ni para los activistas de los Derechos Humanos, no hay libertad de expresión en nuestros territorios.”


Y no son sólo regiones alejadas. Hay ciudades bajo el control paramilitar como Cúcuta donde un defensor denunció “ Estamos manejados por paramilitares, la ciudad está en sus manos y muchos barrios donde ellos amenazas y matan. En Cúcuta con la Ley Zanahoria hay un toque de queda de hecho para los menores de edad ordenado por el alcalde y lo aplican los paramilitares y la policía. Los organismos de investigación y de la justicia son dirigidos por fichas del poder paramilitar, algunos organismos públicos de protección y control también. No hay armas para enfrentar el abuso de autoridad porque es muy peligroso denunciarlos, eso sólo empeora las cosas. Hay paramilitares en Villa del Rosario, puerto Santander, El Zulia. En septiembre los paramilitares lanzaron un panfleto amenazando a quienes defienden Derechos Humanos, a las mesas de víctimas, luego hubo otro panfleto amenazando con “limpieza social”; sicarios en moto hacen el control territorial y de la población. Los medios de comunicación encubren esta situación de ilegalidad, abusos y terror permanente. En la Universidad Francisco de Paula Santander la empresa VIPRICAR es un aparato para el control de los estudiantes a los que espían graban e intimidan, esa empresa es la mano derecha del paramilitarismo en la universidad pública en la que ya han asesinado y desaparecido estudiantes.”. “Los paramilitares están asesinando personas en barrios de Cúcuta: Belén, Antonia Santos, Motilones, Santo Domingo y otros barrios de la ciudad donde controlan a la población mediante el terror. En Puerto Santander masacran, igual en Aguaclara donde han matado personas delante de los niños en la cancha deportiva. La fuerza pública los deja hacer.” También en Arauca: “Los paramilitares de Arauca están en rearme evidente, se llevaron 19 jóvenes para entrenarlos. Hoy se llaman Urabeños y Águilas Negras, patrullan encapuchados y armados al lado de los puestos del ejército. Están en el corregimiento El Caracol, en la Vereda Feliciano, andan por Tame, y en el Casanare en Tauramena y Aguazul, en el Meta en Barranca de Upía.” “Aquí no hay paramilitares, hay tropas del ejército que actúan como paramilitares con los mismos nexos que el país ya conoce. En las zonas que controla el ejército se incrementa el paramilitarismo, eso no es coincidencia sino estrategia. Los paramilitares salen armados de los cuarteles y a ellos regresan de sus fechorías; el ejército niega que haya paramilitares, porque son ellos mismos. Frente a Caño Limón nadie puede demorarse en pasar porque el ejército le controla el tiempo a cada uno, pero aparecen pintadas a nombre de los paramilitares, las hace el mismo ejército.”


La realidad del paramilitarismo es una seria amenaza para los procesos de terminación del conflicto armado, para la reconciliación y para el desarrollo por vías democráticas del conflicto social en auge. Ocultar la realidad del paramilitarismo y el exterminio sistemático de quienes defienden los Derechos Humanos y negar la persecución a muerte contra las comunidades organizadas nos roba el futuro, pues sin defensores-as y sin organizaciones sociales de base no es posible alcanzar la paz con justicia social.

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¿Será posible la construcción de la paz democrática?

El tránsito a la paz avanza, sin embargo debe enfrentar diversos problemas para evitar que fracase.

Uno de los desafíos más importantes es la agilidad política que debe mostrar el nuevo movimiento que surja con la dejación de las armas, para atraer el apoyo ciudadano y popular. Para construir una nueva hegemonía política, ética y cultural.

Remitir todo al procedimiento organizativo vertical y sectario seria fatal, además de hacerle un gran favor a los enemigos de la reconciliación y la construcción de la democracia ampliada.

Una nueva hegemonía no es solo política y de lógicas de poder de pequeños grupillos sectarios y plagados de codicia; es también intelectual, discursiva y moral. Es la de la batalla de las ideas y el ejemplo de rectitud y limpieza.

 

Avanza la transición hacia un nuevo ciclo político de la sociedad nacional y el Estado. El tránsito desde la etapa encuadrada en la vigencia de la constitución de 1991, el imperio brutal del neoliberalismo y la violencia paramilitar, hacia la terminación del conflicto social y armado y la construcción de la paz está en curso y debe afrontar diversos obstáculos.

Con la reciente firma del Acuerdo definitivo de paz en el Teatro Colon de Bogotá se superan las incertidumbres y los vacios surgidos con el resultado adverso del plebiscito del 2 de octubre, que inválido el anterior texto oficializado en Cartagena.

Durante casi 50 días, las delegaciones correspondientes, hicieron los ajustes pertinentes para darle forma a un nuevo texto que retiene los aspectos esenciales de los consensos construidos a lo largo de 6 años en la ciudad de La Habana. Los asuntos de justicia y participación política de la guerrilla mantienen su vigencia para propiciar el funcionamiento de una justicia especial de paz con vigencia de 10 años prorrogables, e igual sucederá con la construcción del nuevo partido política por parte de los combatientes desmovilizados para intervenir en los espacios institucionales conocidos.

El proceso de refrendación debe darse mediante la intervención del poder legislativo que lo considerara en sus próximas sesiones ordinarias. Aunque debe preverse un escenario de legitimación progresiva, mediante los Cabildos abiertos y la Constituyente popular, en tanto crezca la obstrucción de los sectores de la ultraderecha que jalona el señor Uribe Vélez para destruir lo pactado.

¿Cuáles son los obstáculos que deberá sortear la construcción de la paz de manera inmediata?, es la pregunta que bien puede plantearse a propósito de la transición en curso.

Varios, a mi juicio.

El más complicado es el de la violencia oscura que ya ha cobrado la vida de más de 20 líderes comunitarios comprometidos con la paz. En ese sentido, la implementación de lo pactado en materia de protección de dirigentes agrarios, comunitarios y ex guerrilleros en plan de agitación y organización política de las bases subalternas, es prioritaria. No da espera, pues la ultraderecha quiere pescar en ese rio revuelto para bloquear la materialización de las coincidencias de la reconciliación. Uribe y su facción saben que la guerra es su mejor opción y presionaran para que la dejación de las armas y la movilización política de la guerrilla fracasen.

Otro escollo será el del chantaje permanente del bloque ultraderechista, mediante la mal denominada resistencia civil de los núcleos más duros de las elites oligárquicas. La amenaza y extorsión uribista se hará en las regiones, en los municipios, en el Congreso, para limitar la implementación transparente de lo pactado y en los medios de comunicación para propagar la mentira y desinformación respecto de los significados de la paz.

Hay que considerar, obviamente, la inconsistencia gubernamental sobre la amnistía y el indulto para los integrantes de la guerrilla, que se pretende eludir olímpicamente, mientras se fijan unilateralmente las medidas de dejación de las armas y desmovilización.

Hay, por supuesto, desafíos de orden político que tienen que ver con la sostenibilidad de la paz. Aquí resulta obligado considerar los impactos de la campaña presidencial en curso y la constitución de nuevos partidos y coaliciones políticas que tengan la capacidad de convocar y entusiasmar a la ciudadanía con propuestas para resolver los mas graves problemas sociales y éticos, como el desempleo, la pobreza y la descomunal corrupción protagonizada por los clanes políticos articulados al actual gobierno.

Desde luego, la implementación de lo acordado, es un ámbito muy complejo que requiere eficacia y celeridad. 12 millones de campesinos están a la expectativa de las estrategias correspondientes para dotarlos de tierras y planes concretos de desarrollo social, económico, ambiental y democrático.

Ojala los mecanismos de implementación y verificación funcionen ágilmente para que los resultados sean tangibles y la paz gane en credibilidad entre millones de seres humanos.

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Colombia: “La realidad en los territorios no tiene nada que ver con un escenario de paz”: Gladys Rojas

Gladys Rojas es parte del equipo de trabajo de la Corporación Sembrar, una agrupación de Derechos Humanos con un cuarto de siglo de trayectoria y que se desempeña prioritariamente en el sur del departamento de Bolívar, desde los tiempos más duros de la incursión paramilitar en esa región. Gladys es una luchadora social que inició su compromiso popular hace 30 años, trabajando en la alfabetización campesina. Hasta hoy acompaña a las comunidades agro-mineras en la zona y colabora con las víctimas de violaciones de los DDHH en materia psicosocial.


La Corporación Sembrar se articula nacionalmente con el Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado, con la Red de Hermandad y Solidaridad con Colombia y con el Congreso de los Pueblos.


-Hoy Colombia está en el centro de la mirada latinoamericana e internacional debido al denominado Proceso de Paz. ¿Cuáles son para ti y para las organizaciones a las que perteneces, las condiciones de una paz genuina para los pueblos de Colombia?


“Puede sonar muy pesimista, pero cuando las y los líderes sociales estamos en terreno, viviendo el día a día junto a las comunidades campesinas, afro, indígenas, esa paz genuina no la percibimos. La realidad en los territorios no tiene nada que ver con un escenario de paz. En las regiones, las causas estructurales que originaron el conflicto social y armado en el país permanecen intactas. No existe ningún interés por parte del Estado colombiano de enfrentar esas causas sistémicas. Por el contrario, el Estado sólo tiene el interés de ‘adornar’ el país para venderlo a los intereses transnacionales. Y ante ese objetivo, el movimiento social e insurgente representa un estorbo. Por eso necesita neutralizarlo a como dé lugar.”


-¿Cuáles son esas causas estructurales?


“Consideramos que existen tres elementos estructurales que nos llevaron al conflicto social y armado. El despojo, la desigualdad económica y la exclusión política. Para nosotros una paz estable y duradera debe superar y resolver estos tres componentes.”


“Todas las reivindicaciones que hemos conquistado han sido mediante la movilización y la lucha. Y eso continuará siendo así.”


-Para reproducirse, el capitalismo requiere de la destrucción incesante de capital. Si, precisamente, el Estado capitalista colombiano subordinado a los intereses pentagonistas, tal como en muchas partes del planeta, busca superar su feroz depresión y crisis mediante el extractivismo destructivo de humanidad y naturaleza, la deuda y la súper explotación del trabajo asalariado, ¿qué confianza tienen de que el gobierno de Santos acabe con las causas sistémicas que iniciaron y mantienen el conflicto en el país?


“Confianza, ninguna. Nosotros reconocemos que los acuerdos de La Habana son un paso importante en la construcción de la paz. Sabemos que significará salvar muchas vidas en Colombia. Sin embargo, la realidad nos indica que al movimiento social nada se nos regala. Históricamente, todas las reivindicaciones que hemos conquistado han sido mediante la movilización y la lucha. Y eso continuará siendo así, si es que deseamos una paz al servicio de los intereses del pueblo colombiano.”


“Falta la participación de las comunidades y de la población”


-En Chile, a inicio de los 90 del siglo pasado, el primer presidente civil post-dictadura, el demócrata cristiano Patricio Aylwin, a propósito de la lucha por la verdad y la justicia por los crímenes de la tiranía cívico y militar, acuñó la infeliz expresión de “justicia...en la medida de lo posible”. La frase de Aylwin, uno de los golpistas más destacados durante el gobierno de Salvador Allende, sigue vigente en Chile a causa de los pactos entre las facciones del poder para tornar intocables a Augusto Pinochet y a los principales artífices y hechores de la más sangrienta dictadura que registra la historia de mi país. ¿Qué ocurre sobre la paz en Colombia en este sentido?


“El Estado colombiano está por la paz, más que ‘en la medida de lo posible’, derechamente ‘a su medida’. Y en el área de los DDHH, según el proceso de los acuerdos de La Habana en lo que compete a la demanda de verdad y justicia, hay un enorme escepticismo y decepción entre las víctimas, debido a que el acuerdo pondrá en total impunidad a muchos responsables de los crímenes cometidos por la fuerza pública. De hecho, este proceso los colocará a salvo. En tal sentido, sentimos que los años de trabajo, lucha y sacrificio en vidas humanas por la búsqueda de la verdad y la justicia, han sido en vano. Muchos militares que logramos llevar a la cárcel a un altísimo precio en vidas, quedarán libres.”


–Entonces, ¿qué clase de paz es la de los acuerdos de La Habana?


“Una paz incompleta. Faltan otros grupos insurgentes que deben ser tenidos en cuenta. Pero, ante todo, falta la participación de las comunidades y de la población colombiana que han vivido los impactos de la guerra y que no han sido consideradas hasta ahora. Si a ello le agregas la no solución de las causas estructurales del conflicto, entonces el camino está por hacerse todavía. Vale señalar que nosotros en relación al próximo plebiscito, estamos por el ‘Sí Y Vamos Por Más’, entendiendo siempre los aspectos antes señalados.”


Se agudiza la represión


-Desde el denominado cese de las hostilidades acordado entre el gobierno y las FARC, entre el 26 de agosto y el 14 de septiembre de 2016, ya han sido asesinados más de una docena de líderes sociales y defensores de los DDHH, y amenazados de muerte muchos más. ¿Qué significan estos hechos cuando se habla de paz?


“Significa que cuando todos están distraídos con el discurso de la paz, las y los líderes sociales y luchadores de los DDHH que continúan su labor en los territorios son presa del paramilitarismo y la fuerza pública sin control que siguen operando en las regiones. En Colombia cada vez que se habla de paz, siempre hay guerra.Pensamos que esperarían los resultados del plebiscito antes de continuar aplicando la represión. Sin embargo, ya prevemos que la represión se agudizará a través de los grupos paramilitares y de la fuerza pública con la excusa de perseguir al Ejército de Liberación Nacional (ELN), que ahorita será un objetivo importante desde lo militar. En ese marco, el movimiento social y las y los líderes de las comunidades llevamos la peor parte.”


El amor eficaz


-¿Qué madera insobornable forjó al movimiento social en Colombia?


“La construcción cotidiana con las comunidades. Vivir sus alegrías y sus dolores, sus triunfos y derrotas. Nuestra convicción de que otro mundo es posible; un amor infinito por la libertad y la justicia, un amor eficaz.


Ahora bien, naturalmente el mérito no ha sido sólo nuestro. Hemos recibido el ejemplo de los movimientos populares chileno, ecuatoriano, argentino, cubano, venezolano, etc. Aquí existe una retroalimentación permanente que ha fortalecido todo el sentimiento de resistencia en América Latina.”


-Si la solidaridad es la ternura de los pueblos, ¿qué precisan de las y los luchadores sociales del Continente y del mundo en esta hora incierta?


“Que nos sigan acompañando en la creación de esa paz verdadera y necesaria para Colombia, y que perseveremos en el trabajo conjunto de construir una América Latina tal como la soñamos”.

 

Por Andrés Figueroa Cornejo de Resumen Latinoamericano

17 septiembre 2016

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Viernes, 18 Junio 2010 06:45

Saberes en movimiento

Entre finales de mayo y comienzos de junio un nutrido grupo de militantes sociales y pensadores comprometidos con los movimientos antisistémicos participaron en Lima en una semana de debates, unos abiertos y otros cerrados, bajo el lema Entre las crisis y los otros mundos posibles. Convocados por un conjunto de investigadores-militantes agrupados en el Programa Democracia y Transformación Global, vinculado a la Universidad de San Marcos, se juntaron feministas, campesinos, artistas, comunicadores, obreros y estudiantes de casi todos los países de la región para poner en común algunos temas de los desafíos que tiene por delante el combate por un mundo nuevo.

Junto a veteranos luchadores como Hugo Blanco destacó la presencia de la generación de activistas que ganó las calles de Perú bajo la dictadura de Alberto Fujimori, hacia finales de la década de 1990. Y aun la más joven generación de Bagua, la que se conmovió con la masacre del año pasado en la selva, cuando los pueblos amazónicas resistieron el atropello de las multinacionales que, con apoyo irrestricto del presidente Alan García, pretenden apropiarse de la biodiversidad y los bienes comunes. Como suele suceder en estos casos, lo más enriquecedor fueron los debates durante cuatro días a puertas cerradas en un espacio lejos de los medios de comunicación y de las prisas urbanas, allí donde la convivencia suele desvanecer algunas diferencias que, en otros espacios, se traducen en jerarquías de los que hablan hacia los que escuchan.

Aparecieron tanto los puntos en común, que son muchos, como las diferencias, que suelen quedar sepultadas por la impronta unitaria y las urgencias que imponen las campañas para desactivar operaciones estatales o de las multinacionales. Quedó demostrado que con tiempo y buena voluntad es posible clarificar esas diferencias, de modo que aunque no se resuelvan de un plumazo, cosa imposible, el solo hecho de ponerlas sobre la mesa crea un ambiente nuevo, fresco y despejado, capaz de abrir los necesarios tiempos para el intercambio. Algo así sucedió entre feministas y mujeres campesinas y de los sectores populares urbanos, que al principio tuvieron dificultades en reconocerse.

Una largo debate, sin varones, permitió a unas y otras hacer lo que las urgencias del día a día tornan imposible: comenzar a esculpir un lenguaje común con el que abrir los cerrojos de los tiempos largos, esos que hacen posible modelar proyectos colectivos. El lenguaje común es, en este punto, un lugar de encuentros, que sólo puede construirse con voluntad y afectos. Huelga decirlo, cimentados en la confianza que surge de la experiencia colectiva.

Las mujeres campesinas, como la quechua Lourdes Huanca, explicaron a los críticos las razones que las llevaron a abandonar las organizaciones mixtas para crear la Federación Nacional de Mujeres Campesinas, Artesanas, Indígenas, Nativas y Asalariadas del Perú (Femucarinap), nacida en 2006. Lourdes fue expulsada de su tierra, Moquegua, en el sur andino, por una trasnacional minera. Aprendió a estudiar siendo testigo de Jehová y cuando abandonó la religión se integró al club de madres de su barrio y luego a la Confederación Campesina del Perú, siendo la única mujer entre decenas de varones. Cuando conoció la Vía Campesina le contagió el impulso para crear Femucarinap. Recuerda que durante varios años los varones militantes nos decían que éramos traidoras y que estábamos dividiendo al movimiento.

Lourdes y sus compañeras volcaron en el encuentro la religiosidad andina y el poderoso vínculo con la tierra, con la vida, que cargan en cada acción y actividad que realizan. Los rituales andinos y afros fueron momentos muy especiales, tiempos lentos para la convivencia sin palabras, el intercambio místico que abona los compromisos y fidelidades que no pueden garantizar, solamente, programas y estrategias diseñados en la relación medios-fines, sujeto-objeto. Quiero decir que la presencia de las mujeres indígenas es mucho más que el complemento indispensable para prepararnos para la lucha. Portadoras de la cosmovisión y los secretos de la cultura, son como la gigantesca ceiba que me enseñaron a comprender un lejano día en La Realidad, en la selva Lacandona: argamasa de la comunidad, contenedora de los mundos otros.

Quizá el momento más significativo y creativo fue cuando nos dividimos en grupos, frente a grandes mapas de América Latina y de Perú, para dibujar en ellos las resistencias y las opresiones que sufren nuestros pueblos. Un largo y minucioso trabajo en el que cada quien aportó sus recuerdos, experiencias y saberes, arrancando del olvido colectivo multitud de resistencias, pero también las represiones y violencias sin límites de los de arriba. El mérito de la propuesta correspondió al artista argentino Pablo Ares, miembro del grupo Iconoclasistas, que consiguió que campesinas y artistas y un sinfín de diferentes, se sumergieran durante horas labrando los mapas de las dominaciones y las resistencias, que cada grupo luego explicaba a los otros. Y, de ese modo, mostró que los saberes se pueden construir entre todos, de modo horizontal y sin dependencias externas a los movimientos.

México y el zapatismo estuvieron presentes de varios modos, pero sobre todo a través de expresiones y convicciones de los movimientos indígenas del continente que enarbolan postulados muy similares. Los jóvenes indígenas, que dominan Internet, suelen completar sus estudios secundarios y en ocasiones asisten a la universidad, mostraron altos grados de conocimiento de las realidades de la región. No sólo están informados sino que, junto a las mujeres jóvenes de los sectores populares, encarnan nuevos modos de hacer que podrían sintetizarse en la capacidad de combinar el trabajo colectivo con una alta creatividad individual. La conocida frase entre todos lo sabemos todo toma forma de modo casi natural en sus prácticas, dejando atrás a quienes se formaron en otro ciclo de luchas. Una nueva generación de activistas que parece preparada para entrar en acción.

Por Raúl Zibechi
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