Sábado, 20 Diciembre 2014 07:19

La otra revolución de Hong Kong

La otra revolución de Hong Kong

Un estrecho camino de hormigón separa los que parecen dos mundos paralelos. De un lado, una amplia carretera de dos vías, grandes edificios idénticos de color blanco sucio y rosa antiguo y el tráfico perenne. Del otro, bananos frondosos, árboles de guayaba, tierras abandonadas y tierras cultivadas hasta donde alcance la vista, casitas bajas decoradas con murales, colinas y los mil sonidos de la naturaleza. Si en el primero coches y camiones son lo único que se divisa en esta calurosa y húmeda tarde dominguera, el segundo es un hervidero de gente. Una joven suena Oh! Susana con una armónica mientras otras escogen cuidadosamente verduras tropicales de cestas multicolores y un señor lee un libro a un niño, que reposa en sus brazos. A su lado, unas familias escuchan atentamente las explicaciones de una joven, quien les enseña a trabajar la masa para hacer pizza.

La escena tiene lugar en la granja comunitaria de Mapopo en la aldea de Ma Shi Po (tocando al pueblo de Fanling), noreste de los Nuevos Territorios de Hong Kong. A sólo unos kilómetros de distancia se pueden avistar los grandes rascacielos de la ciudad china de Shenzhen. Si los planes del Gobierno local se cumplen, de aquí a unos años no quedará ni rastro de la aldea, donde hoy habitan unas cien familias, unas 15 de las cuales viven de la agricultura. En su lugar, se construirán más de 60.000 apartamentos, además de oficinas, espacios de ocio y nuevas carreteras que confluirán en el plan de urbanización NENT NDAs (sigla en inglés de Áreas de Nuevo Desarrollo del Noreste de los Nuevos Territorios). El proyecto en su conjunto llevaría al desplazamiento de más de seis mil personas y al cierre de más de un 10% de las granjas agrícolas que quedan en Hong Kong, muchas de las cuales llevan allí desde hace más de un siglo. El objetivo formal del Gobierno es proporcionar viviendas públicas; sin embargo, según los números provisionales del plan, estas no llegarían ni al 6% del total.

 

La granja comunitaria de Mapopo nació en 2010 como respuesta a este proyecto gubernamental. Becky Au, de 29 años, ha pasado toda su infancia jugando a capturar peces y a ayudar a limpiar las raíces de las plantas mientras su madre, su padre –y antes sus abuelos– cultivaban verduras en una parte de la parcela de tierra que hoy ocupa Mapopo.

 

"El primer proyecto de urbanización en la aldea empezó cuando tenía cinco años", recuerda Becky. Por ese entonces en Ma Shi Po vivían unas 700 familias. "Los promotores inmobiliarios comenzaron a comprar las tierras a los propietarios y mucha de la gente de la aldea, que estaba de alquiler, fue obligada a irse: sus casas fueron demolidas y las tierras agrícolas abandonadas. Mi familia, que posee unos 450 metros cuadrados, no cedió porque amamos nuestra casa y dependemos de este trozo de tierra", explica con la voz pausada y la mirada sonriente que la caracterizan.

 

Becky creció, fue a la universidad, donde estudió negocios, y empezó a trabajar en una agencia. "No era la vida que quería para mi", dice. En 2009, durante las alegaciones públicas del plan NENT NDAs, Becky conoció a Tv Yuen Yiktin, considerado uno de los pioneros de la agricultura orgánica en la región. "Empezamos a pensar qué podíamos hacer respecto al plan y para esta aldea y decidimos montar una granja comunitaria". Hoy Mapopo, que trabaja en colaboración con cuatro familias campesinas de la aldea, vende sus frutas y verduras in situ y a escuelas de la zona; además es un centro de formación en permacultura, sede de mercados bisemanales de agricultura local, de talleres para jóvenes y de visitas guiadas por la zona. Diez personas, en su mayoría sin experiencia previa, trabajan de manera estable en el proyecto. "Nuestro objetivo es atraer gente desde la ciudad y contarles la historia de este sitio y los detalles del plan del Gobierno, que tiene efectos negativos no solo para nuestras casas, sino para el futuro de Hong Kong", explica Becky. "La agricultura va de la mano con la expansión de la ciudad", apunta Tv Yuen. "Un crecimiento excesivo no solo destruye las zonas rurales, sino que también pone en peligro las ciudades, que padecen crisis alimentarias y pérdida de herencia cultural; al final acabamos teniendo un único sistema de valor: el dinero".

 

A los ojos de la mayoría Hong Kong representa finanzas y negocios y, sin embargo, hasta los años setenta, en la región de administración especial china, por entonces colonia británica, la agricultura no era una rareza en absoluto. Las tierras agrícolas cubrían más del 10% del total y la región producía más del 80% de las verduras que consumía. Sin embargo, en las últimas décadas, y contrariamente a lo que ha pasado en las otras grandes ciudades chinas –muchas de las cuales tienen un índice de autosuficiencia del 30%– en Hong Kong no ha habido ninguna política para promover la producción local de comida. Hoy las tierras cultivadas no llegan al 1% del total (cerca de 700 hectáreas) y Hong Kong depende en más de un 98% de importaciones, mayoritariamente desde la China continental, para abastecerse de vegetales. Las tierras en teoría designadas como agrícolas corresponderían en realidad al 4% del total, pero gran parte de ellas están abandonadas, en muchos casos en manos de promotores inmobiliarios que las precintan y dejan sin uso a la espera de proyectos de urbanización: ese tiempo intermedio puede durar hasta veinte años. En la aldea de Ma Shi Po un único promotor inmobiliario es el dueño del 80% de la tierra.

 

"En Hong Kong la agricultura sigue el libre mercado como cualquier otro negocio, y como en todo negocio la política del gobierno es no interferir", aclara Chris Fung, funcionario del Departamento de Agricultura del ejecutivo local.

 

"El Gobierno es el dueño último de todas las tierras: aunque conceda el derecho de uso a propietarios que sí pueden gestionarlo como mejor consideren, legalmente tendría el poder de readueñarse de ellas ante un interés público y yo creo que el abastecimiento y la seguridad alimentaria –fundamentales para la resiliencia de una región– constituyen un fundamento más que suficiente para hacerlo. Es totalmente inaceptable dejar abandonada tanta tierra durante décadas, aún más considerando que en Hong Kong es un bien escaso", apunta Edward Yiu, profesor asociado de la facultad de Geografía y Gestión de los Recursos de la Universidad China de Hong Kong. El secretario del departamento de Alimentación y Salud, Ko Wing-man, en una comparencia ante el Consejo Legislativo del año pasado afirmaba: "El desarrollo de la industria agrícola a una escala suficiente para aumentar la cuota de productos locales en el suministro de alimentos no parece una propuesta viable".

 

Mapa de los distritos de Hong Kong.


Sin embargo, no siempre ha sido así: "Hasta la II Guerra Mundial el Gobierno británico tenía una política agrícola muy poderosa porque quería asegurarse la lealtad de los agricultores de los Nuevos Territorios", apunta Tv Yuen. "En los años setenta, a sabiendas de que les faltaba poco para devolver la región a China (lo cual ocurrirá en 1997), empezaron a vender la tierra para sacarle el mayor provecho económico antes de irse. La prosperidad de Hong Kong tiene su origen en la venta de terrenos a los promotores inmobiliarios".

 

Y esta no es la única razón del deterioro de la agricultura: "Sobre todo en los años sesenta Hong Kong tuvo un rápido incremento de población proveniente de China; el Gobierno empezó a comprar suelo en los Nuevos Territorios y a construir urbanizaciones e industria cambiando el uso de las tierras, que así adquirían mucho más valor", explica Chu Yiu Kwong, profesor de historia en escuelas secundarias y agricultor por pasión. "Además en los ochenta, con la política de puertas abiertas de China, las verduras locales empezaron a ser muy poco competitivas: la mayoría de las y los agricultores se mudaron a la madre patria, donde tierra y salario eran mucho más baratos, y empezaron a vender desde allí a Hong Kong".

 

Chu estudió agricultura en Mapopo y el año pasado creó en el pueblo de Sheung Shui (noroeste de los Nuevos Territorios) la granja y centro de enseñanza en educación rural SoIL (Society for Indigenous Learning). "Veía que mis estudiantes eran totalmente ajenos al sitio en el que vivían y pensé que si podía enseñarles la historia de la comunidad y ponerles en contacto con su gente, aprenderían que el campo no es solo para ser vendido sino que representa cultivos".

 

Hasta los años 70, las tierras agrícolas cubrían más del 10% del total de las tierras y la región producía más del 80% de las verduras que consumía
La recuperación de la autonomía alimentaria ha estado presente también en la llamada Revolución de los Paraguas. Becky, Tv Yuen, Chu y otros agricultores participaron en las protestas, donde no perdieron ocasión de hablar de agricultura local y de los planes del Gobierno. Algunos, entre otros ex estudiantes de Mapopo, montaron incluso una mini granja en el centro de la ciudad. Todas las campesinas y campesinos entrevistados para este reportaje lo tienen claro: "Sin autonomía local será muy difícil conseguir una democracia real". Ying Hand, agricultor en SoIL, aclara: "Si Hong Kong depende fuertemente de China para sus necesidades básicas, no tendrá poder de negociación para pedir otros derechos, como el de voto".

 

El valle de Kam Tin, en el noroeste de los Nuevos Territorios, es probablemente la mayor extensión de llanura de la región, que por lo demás es en su mayoría montañosa. Sus tierras fértiles en el pasado abastecían a la región de arroz y verduras. Hoy, en el centro del pueblo homónimo, lo que hasta hace un par de años eran mercados y bodegas son agencias de la propiedad. El precio de la vivienda y el nivel de densidad estelar tanto de la zona financiera de la isla de Hong Kong como de la más comercial de Kowloon (en la tierra firme) atraen a mucha gente hacia las zonas más remotas. En las afueras, en equilibrio encima de un árbol de longan, la señora Lam recoge pacientemente dragon eye (frutos parecidos al lichi y así llamados por su similitud, una vez pelados, con los globos oculares).

 

Lam, campesina desde hace 40 años, hasta hace cuatro siempre había alquilado una parcela de tierra junto con su marido en Choi Yuen Tsuen, su aldea natal. En 2009 el Gobierno anunció la construcción de un tren de alta velocidad que enlazaría Hong Kong con Cantón. Esta infraestructura (con un coste de siete mil millones de euros es la más cara por kilómetro nunca construida) tiene retrasos y no se prevé que pueda entrar en función antes de 2017. Sin embargo, en 2011 las cerca de 500 familias de Choi Yuen, entre ellas, los Lam, tuvieron que abandonar sus hogares y tierras: aunque recibieron compensación monetaria, se les dio poco tiempo para dejar sus casas y no se les ofreció ayuda para construir una nueva aldea. Muchas familias campesinas pidieron más tiempo para encontrar un terreno y construir viviendas antes de ser desalojadas. El Gobierno se negó. El proyecto pronto se convirtió en pararrayos de un descontento más amplio de varios sectores de la población hacia la falta de democracia y de rendición de cuentas por parte del Ejecutivo local (el mismo que hoy en día confluye en la Revolución de los Paraguas).

 

Desde el 2011 la señora Lam y su marido alquilan una parcela en Kam Tin. "Mantuvimos el mismo alquiler durante 20 años; ahora disponemos de la mitad de la tierra y pagamos el doble", explica sin dejar ni por un momento su trabajo.

 

A unos pocos metros de distancia, Fung Yu Chuk y otras 10 personas originarias de Choi Yuen Tsuen cultivan colectivamente una parcela de media hectárea. Hasta hace cuatro años, Chuk trabajaba de conserje en una escuela en un pueblo de la zona. "Cuando supe que el Gobierno iba a destruir la tierra en la que habíamos vivido durante décadas, sentí que tenía la responsabilidad de hacer algo". No solo Chuk dejó su trabajo, sino que en 2012 se presentó como concejala del distrito "para intentar ayudar desde dentro".

 

Perdió las elecciones y el pueblo fue desmantelado, pero la participación en las protestas la llevó a decidir cambiar el rumbo de su vida convirtiéndose ella misma en agricultora. "Pedimos al dueño que nos alquilara al menos durante cinco años para poder tener cultivos de larga duración (como los árboles frutales) e invertir en infraestructura", cuenta. "Nos dijo que no, porque espera que haya algún proyecto de urbanización del cual sacar más dinero; en ese caso, seríamos un obstáculo".

 

En estos momentos el Gobierno ofrece cerca de 3.000 millones de euros para adquirir unas 100 hectáreas de tierra agrícola que necesita para llevar a cabo el plan NENT NDAs: si aceptan, los promotores inmobiliarios recibirán por metro cuadrado 10 veces el precio que pagaron cuando adquirieron las tierras hace una década. "Si hubiese voluntad política y se recuperaran las más de 3.000 hectáreas de tierra agrícola hoy en estado de abandono, podríamos alcanzar inmediatamente el 30% de autosuficiencia en lo que concierne a las verduras", concluye el profesor universitario Yiu. Aunque el Gobierno no vaya hacia esa dirección, si algo han demostrado las protestas en la calle de estos meses es que nunca como hoy hay mucha gente en Hong Kong que quiere poder decidir por si sola cuál será su futuro.

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Lunes, 25 Agosto 2014 05:00

¿Planear el uso del agua?

En el debate realizado el pasado 6 de agosto en el Senado sobre la sequía que azota al país, la hoy exministra de medio ambiente y desarrollo sostenible, Luz Helena Sarmiento1, afirmó: "los colombianos no somos pobres en agua pero si debemos planear su uso".

 

¿Quiénes deben planear el uso del agua? En primer lugar el Estado y desde luego los usuarios, comenzando por quienes la utilizan para actividades productivas, con ánimo de lucro2.

 

Resulta paradójico, o más bien cínico, que la encargada de dirigir y orientar dicha planeación, resulte ahora diluyendo su responsabilidad, y la del gobierno Santos, en un plural y difuso conjunto de actores.

 

Y es particularmente irresponsable la afirmación de la Ministra pues tan solo catorce días antes de su comparecencia ante el Senado, la Contraloría General de la República –CGR– le había enviado una Función de Advertencia sobre, "debilidades técnicas, administrativas e institucionales de la gestión del recurso hídrico que impiden garantizar el agua como un bien público y derecho humano, individual y colectivo"3.

 

Ministra advertida...

 

En el mencionado documento, establecen una serie de hechos, aquí simplemente resaltados pues hablan por si solos4:

 

En cuanto a acceso y calidad del agua: "...el 39,49% de la población presumiblemente se abastece de agua con alguna deficiencia en su calidad, dentro de los niveles de riesgo medio hacia arriba (medio, alto e inviable sanitariamente)".


En cuanto al tratamiento de aguas residuales y citando a la Superintendencia de Servicios Públicos, anota la Contraloría: "Actualmente en Colombia se presentan significativos inconvenientes en lo referente al tratamiento de las aguas residuales municipales, que no permiten el propósito de enfocar esfuerzos en la realización de actividades que deriven en el mejoramiento de la calidad del agua vertida a cuerpos hídricos receptores y por ende el cumplimiento de lo expuesto en el Plan de Desarrollo 2010–2014, "Prosperidad para todos" y la normatividad existente".

 

En cuanto al ordenamiento ambiental del territorio en cuencas hidrográficas, señala la Contraloría que: "... no presenta la coherencia requerida la actual ordenación del territorio en cuencas hidrográficas dado que aún no se cuenta con los Planes Estratégicos por macrocuencas, los cuales se establecieron como base fundamental para la ordenación de cuencas en el documento de la Política de Gestión Integral del Recurso Hídrico". Por tal razón, según la Contraloría, tanto el Convenio 008 de 2012, por $315.000 millones de pesos, suscrito entre Minambiente y el Fondo de Adaptación al Cambio Climático, como el contrato 085 de 2013, por 7.500 millones de pesos celebrado con ASOCARS, encaminados ambos a mejorar la gestión del riesgo, y apoyar en el segundo caso la "formulación y/o actualización de 130 planes de ordenación o manejo de cuencas hidrográficas afectadas por el fenómeno de la niña 2010–2011, no están fundamentados en los Planes Estratégicos de las macrocuencas" (las negrillas son mías).

 

En cuanto a la oferta hídrica anota la Contraloría: "...existen vacíos y debilidades en la información climatológica histórica almacenada en las bases del IDEAM...ya que aunque existe una extensa red de 870 estaciones hidrológicas en el país a cargo del IDEAM, las mismas son obsoletas, y además la articulación de las Corporaciones, sobre el establecimiento de los puntos de monitoreo presenta deficiencias para consolidar la información".

 

En cuanto a la demanda hídrica, luego de instar a las CAR´s a identificar todos los tipos de consumo de la manera más detallada posible, lo cual vienen haciendo algunas Corporaciones a través de las "Estrategias Regionales del Agua", se subraya: "La CGR evidencia carencia de herramientas a nivel regional que involucren de forma integral los factores, técnicos, sociales, económicos, institucionales, políticos, ambientales y culturales, para la determinación de la demanda hídrica".

 

En cuanto al riesgo, "La CGR pudo determinar que el IDEAM no cuenta con los equipos e instrumentos tecnológicos y otros mecanismos para desarrollar de manera efectiva y eficiente la atención de los riesgos de calamidades, teniendo en cuenta que la intensidad y periodicidad de los eventos extremos de los últimos años traen consigo nuevos escenarios de riesgo..."

 

En cuanto a la institucionalidad, y esta es una de las principales conclusiones de la Contraloría: "En Colombia, las organizaciones estatales encargadas de la gestión del recurso, no tienen establecida una política efectiva, ni un marco legal apropiado para regular y gestionar el agua, que permita atender las necesidades ambientales, económicas, sociales y políticas del Estado, con la participación de todos los agentes sociales".

 

Eludiendo responsabilidades

 

Como puede verse, la planeación del uso del agua por la que aboga la Ministra no existe a nivel del Estado, ni el Ministerio a su cargo ha hecho mayor cosa por realizarla.

 

Las consecuencias están a la vista: una sequía, que es apenas el preludio del fenómeno del Niño anunciado por el Ideam, ha puesto ya en jaque al país.

 

Desde luego, las causas profundas del problema, la extrema vulnerabilidad que han generado las formas de ocupación del territorio, asociadas a sistemas productivos particularmente depredadores y vinculados a los requerimientos del mercado internacional, no forman parte del discurso oficial.

 

El deterioro de los ecosistemas, el agronegocio, la urbanización y la minería

 

Unos días antes de los debates, el 28 de julio, tuvo lugar la audiencia de pacto de cumplimiento en el proceso de acción popular interpuesto por varias organizaciones ambientalistas, y el hoy Senador Iván Cepeda, para exigir el cierre de la ventanilla para la recepción de solicitudes de títulos mineros pues no se han cumplido las condiciones que el mismo Gobierno adujo para cerrarla hace tres años.

 

Frente a la documentada exposición de los actores populares que demostraron la incoherencia de los dos gobiernos de Uribe y su sucesor Santos, al otorgar cerca de 12.000 títulos mineros de los cuales un poco más de 800 cumplen con la normatividad vigente, el Estado representado por los apoderados de los Ministerios de Minas y Medio Ambiente, de la Agencia Nacional Minera y de la Agencia Nacional de Licencias Ambientales, se limitaron a expresar que no estaban dispuestos a suscribir, ni siquiera a discutir, ningún pacto con los demandantes. Es decir, el Gobierno no se compromete a cumplir lo dispuesto en el Plan Nacional de Desarrollo en materia de protección de páramos, por ejemplo.

 

La posición oficial, además de cínica, es reiterada pues ya la inefable Ministra Sarmiento había declarado a Vanguardia Liberal5, que la delimitación de los páramos a escala 1:25.000 era "poco viable". Esta delimitación que se encargó al Instituto Von Humbolt es una medida mínima de protección para excluir los páramos de la minería.

 

Por cierto, la Contraloría al referirse a los conflictos por el uso del agua señala que: "La falta de cumplimiento de los objetivos y metas propuestas en las agendas ambientales del Sector Minero Energético se han traducido en retrasos en los objetivos y estrategias del Plan de Gestión Integral del Recurso Hídrico que tiene como fin último alcanzar el uso sustentable del recurso hídrico entendido este como la disponibilidad futura del recurso para las generaciones venideras".

 

El derecho humano al agua: cada vez lejos

 

En conclusión, la sequía que apenas inicia pone de presente los recurrentes obstáculos para hacer realidad el derecho humano al agua y reactualizan los puntos planteados por quienes promovimos el referendo cuya convocatoria fue olímpicamente negada por las mismas o similares mayorías a las que hoy dominan el legislativo. Lo novedoso es el cinismo de los funcionarios, como la Ministra de Ambiente, que niega toda negligencia del Gobierno en la prevención, no solo coyuntural sino estructural, de los desastres que estamos viviendo y viviremos con más rigor en el futuro.

 

* Ex vocero del Referendo por el Derecho Humano al Agua; integrante de Unión Libre Ambiental.


1 En Colombia el consumo doméstico solo de agua representa el 7% del total, frente el 54% del uso agrícola, el 19% para la generación eléctrica, el 6% para uso pecuario y el 5% del uso industrial. Datos del Ideam citados en la Función de Advertencia de la CGR, relacionada en este artículo.
2 Véase oficio 2014EE0123916, en www.contraloria.gov.co
3 Los entrecomillados que siguen a continuación son extraídos del oficio 2014EE0123916, visible en www.contraloria.gov.co
4 La ministra fue reemplazada el 12 de agosto por el empresario y experto en "servicio al cliente", Gabriel Vallejo, cuyo nombramiento recibió toda suerte de críticas por los ambientalistas dada su inexperiencia y falta de conocimiento del tema ambiental.
5 Véase, "En un mes entregaremos coordenadas de Santurbán", entrevista a Minambiente, en www.vanguardia.com , 15 de Julio de 2014.

Publicado enEdición Nº 205
Viernes, 21 Febrero 2014 09:08

Agronegocio o integración regional

Agronegocio o integración regional

Es una victoria del agronegocio de Brasil, dijo la presidenta Dilma Rousseff con una sonrisa, rodeada de políticos y ejecutivos de empresas agroindustriales en Lucas do Rio Verde (Mato Grosso), al inaugurar la cosecha de granos. La felicidad de la presidenta se debe a que Brasil alcanzó una cosecha de 193 millones de toneladas y además se convirtió en el primer exportador mundial de soya, superando a Estados Unidos, que ocupaba ese sitial. Dilma inauguró la recolección conduciendo una cosechadora y aventando granos de soya transgénica.

 

Apenas 48 horas después Rousseff recibió en la sede de gobierno en Brasilia a una delegación de 30 militantes del Movimiento Sin Tierra (MST) que celebraban su sexto congreso. Le reclamaron que la reforma agraria está estancada y que su gobierno asentó la menor cantidad de familias desde la dictadura militar (1964-1985), apenas 13 mil por año; que apoya sin restricciones al agronegocio y a las multinacionales que lo sustentan, pero no hace lo mismo con la agricultura campesina, que es la que abastece de alimentos a la población.


Durante la inauguración de la cosecha soyera, decenas de trabajadores del correo en huelga abuchearon a Rousseff porque se decidió tercerizar los servicios de salud. Los gritos de los trabajadores fueron acallados por aplausos y otros gritos que provenían de los políticos de derecha aliados al PT y de agroempresarios que no ocultaron su apoyo entusiasta a la presidenta.


Parecen escenas sacadas de una guión truculento pero son la realidad, contradictoria y compleja, que vivimos en nuestra región. Los gobiernos hacen o subsidian obras millonarias para favorecer los negocios de las multinacionales. En 2013 el BNDES de Brasil otorgó préstamos por 190 mil millones de reales (unos 80 mil millones de dólares). El 30 por ciento de ese monto fue destinado a obras de infraestructura para lubricar las exportaciones de commodities, como la pavimentación de la carretera longitudinal BR 163 (desde Rio Grande del Sur hasta Belén do Pará), que forma parte de la nueva ruta de exportación de soya.


Hasta ahora la soya y el maíz de la región central –un tercio de la cosecha– salían por los puertos del sur luego de recorrer en camiones más de 2 mil kilómetros. Con la carretera asfaltada entre el centro de Mato Grosso (donde destaca el municipio Lucas do Rio Verde) y el puerto de Miritituba en la ribera del Tapajós, afluente del Amazonas, los granos saldrán por barcazas hacia los puertos de Belén, Santarem y Santana, en las puertas del Atlántico, con lo que ganarán un par de días y ahorrarán millones en fletes.


La nueva ruta amazónica de la soya se convertirá en el mayor corredor para las exportaciones de granos de Brasil, por el que pueden exportarse hasta 40 millones de toneladas anuales (Bloomberg, 10 de enero de 2014). Las multinacionales estadunidenses Cargill y Bunge y las brasileñas Hidrovias do Brasil y Cianport están invirtiendo hasta 2 mil millones de dólares en la construcción de terminales, estaciones de transbordo, muelles, almacenes y flotas de barcazas para acelerar el transporte de granos.


Por su parte, el gobierno –además de invertir en carreteras– anunció que ha liberado para los próximos cinco años una línea de créditos por unos 10 mil 400 millones de dólares para la construcción de silos que permitan almacenar las cosechas sin contratiempos.


En su conjunto el Mercosur cosechará más de 150 millones de toneladas de soya: 90 millones Brasil, 55 millones Argentina, casi 10 millones Paraguay y 4 millones Uruguay. Todos compitiendo entre sí en los mismos mercados. Todos buscando abaratar fletes a costa del erario. Si a esto le sumamos las exportaciones mineras e hidrocarburíferas, completamos un panorama complejo: grandes multinacionales controlan el comercio de los países latinoamericanos, haciendo imposible la integración regional.


Si observamos el comercio intrarregional en América Latina y lo comparamos con el de la Unión Europea (UE), el panorama se oscurece aún más. Hacia fines de la década de 2000, el 66 por ciento del comercio europeo era intrazona. En la misma fecha, en América Latina era de apenas 18 por ciento: tres veces y media menos. En relación con el PIB el comportamiento es similar. El comercio intrazona en la UE es de casi 20 por ciento del PIB, en tanto en América Latina es de apenas 3 por ciento del PIB.


Dos datos más. En el caso de Brasil, sólo 8.6 por ciento de sus intercambios se producen con el Mercosur. Mientras el BNDES realiza préstamos anuales de 80 mil millones de dólares, más que el PIB de cinco países sudamericanos, ¿quién recuerda en qué anda el Banco del Sur? Para realizar grandes obras muchos gobiernos prefieren acudir al financiamiento del BNDES, aunque incluya como condición que se emplearán constructores brasileños.


Descarto mala voluntad de los gobiernos. Los organismos de la integración regional no pueden limitarse a condenar a las derechas desestabilizadoras, aunque es muy necesario que lo hagan. No es ninguna casualidad que los municipios, provincias y estados donde predomina el agronegocio soyero tengan casi siempre gobiernos de derecha.


El agronegocio es mucho más que el cultivo de semillas transgénicas para fabricar raciones: es un entramado político, económico, cultural y social que crea una relación de fuerzas antidemocrática, además de ambientalmente insustentable. Es en esos vínculos y en esos territorios donde se genera el caldo de cultivo de las derechas políticas y mediáticas que fraguan golpes de mercado y, quizá, de Estado. Lógicas similares tienen las rentas petroleras y mineras.


Entiendo que no es fácil salir de este modelo, entre otras cosas porque ha generado una opinión favorable de la población hacia un modo de vida consumista y despolitizador que no toma en cuenta la soberanía alimentaria. Por eso es necesario debatirlo, enfrentarlo, como hace el MST, aun corriendo el riesgo de cierto aislamiento. Festejarlo, como hizo Dilma y como hacen buena parte de los gobiernos, favorece a las derechas.

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