Yanis Varoufakis: "El capitalismo no es compatible con la supervivencia humana"

La conferencia del exministro de Finanzas griego en la Internacional Progresista

El fundador del Movimiento Democracia en Europa 2025 llamó a denunciar a "las empresas multinacionales que abusan de los trabajadores". Convocó a un "nuevo acuerdo ecológico internacional" necesario para los tiempos venideros.

 

"El horizonte del postcapitalismo se está aclarando, pero resta saber si la economía postcapitalista será autoritaria y oligárquica o democrática y social", aseguró el exministro de Finanzas de Grecia, Yanis Varoufakis, quien fuera el encargado de abrir la primera cumbre virtual de la Internacional Progresista el viernes pasado. "¿Qué viene después del capitalismo?", fue la pregunta que operó como disparador de su potente alegato. Varoufakis llamó a los progresistas del mundo a identificar a "las empresas multinacionales que abusan de los trabajadores" para denunciarlas a través de estrategias creativas de resistencia. También desarrolló los lineamientos principales de un "nuevo acuerdo ecológico internacional" de carácter urgente y abogó por una profunda reforma del mercado de valores global.

Uno de los grandes impulsores de la Internacional Progresista fue el Movimiento Democracia en Europa 2025 (DiEM25), cuyo referente es el propio Varoufakis. Pero su carrera política en Grecia comenzó unos años atrás. En 2015 fue elegido diputado por la coalición de izquierda Syriza, y luego se desempeñó como ministro de Finanzas. Fue miembro del primer gabinete del gobierno de Alexis Tsipras, en momentos en que Grecia afrontó la renegociación de deuda más compleja de la región: su endeudamiento pasó del 91 por ciento del PBI en 2003 al 250 por ciento en 2015. Varoufakis lideró las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Central Europeo y la Comisión Europea, hasta su renuncia el seis de julio de 2015, por diferencias irreconciliables con el gobierno griego, que se preparaba para un feroz ajuste.

Boicot a Amazon

La Internacional Progresista, aseguró Varoufakis, debe convocar a la solidaridad de los pueblos para enfrentar los excesos del capital privado. Como ejemplo de esa situación, el dirigente griego se refirió al caso de un ex empleado de Amazon, Chris Smalls, que en el mes de mayo organizó una huelga en las instalaciones de la compañía en Nueva York, en protesta por las desfavorables condiciones laborales en las que los trabajadores debían realizar sus tareas durante la peor etapa de la pandemia de coronavirus. "Smalls saltó momentáneamente a la fama cuando se reveló que, habiéndolo despedido, los ultra ricos y super poderosos directores de Amazon usaron una larga videoconferencia para difamarlo", planteó Varoufakis.

Aunque distintas figuras de relevancia se pronunciaron en defensa de Smalls, la exposición pública del gigante tecnológico no surtió ningún efecto. "Amazon emergió del confinamiento de 2020 más rico, más fuerte y más influyente que nunca. En cuanto a Chris, una vez que sus cinco minutos de fama se desvanecieron, fue despedido y denigrado", aseguró el economista de izquierda. Valiéndose de ese caso, planteó una estrategia: "Supongamos que pudiéramos convocar a personas de todas partes del mundo para que participen en jornadas de acción de los sindicatos a nivel mundial. Podríamos combinarlas con jornadas de inacción mundial, un día en el que no visitemos el sitio web de Amazon". Para Varoufakis ese podría ser un buen comienzo para "identificar y denunciar a las empresas multinacionales que abusan de los trabajadores".

Un nuevo acuerdo verde

En otro tramo de su presentación, Varoufakis se preguntó por el plan que debería aglutinar a un movimiento progresista global. En ese sentido, llamó a planificar un "nuevo acuerdo ecológico internacional común". La lista de elementos que componen a ese nuevo acuerdo es extensa y a la vez urgente: pasar masivamente de los combustibles fósiles a las energías renovables; desarrollar transporte terrestre electrificado; disminuir sustancialmente la producción de carne; poner mayor énfasis en los cultivos de plantas orgánicas. "Todo esto va a costar al menos ocho billones de dólares al año", aseguró el docente de la Universidad de Texas.

Para destinar esos ocho billones a inversiones ecológicas, Varoufakis propuso la creación de una nueva Organización para la Cooperación Ambiental de Emergencia (OEEC por sus siglas en inglés), homónima de la original que, 75 años atrás, administraba las obras financiadas por el Plan Marshall en Europa. "Una de las principales diferencias con respecto a la década del 50 es que la tarea de hoy no es simplemente reconstruir, sino desarrollar nuevas tecnologías verdes, no volver a caer en industrias contaminantes. Ningún país por sí solo puede financiar la investigación y el desarrollo necesarios", planteó el exministro de Finanzas griego. 

La utopía postcapitalista

"La gran pregunta para todos los involucrados en esta magnífica iniciativa de la Internacional Progresista es cómo podemos organizarnos sin caer presos de los escollos habituales de la burocracia dentro de las organizaciones", expresó Varoufakis. Sobre este punto, aseguró que a veces no tener una respuesta es algo bueno, porque obliga a una solución colectiva e innovadora. "Los banqueros y los fascistas han encontrado respuestas. Está bien, es más difícil para nosotros progresistas porque tenemos una aversión natural a las jerarquías, a las invasiones del patriarcado y al paternalismo. Coincido con quienes dicen que el capitalismo no es civilizado, domesticado ni compatible con la supervivencia de la humanidad", manifestó.

Al respecto, Varoufakis trajo a colación lo que ocurrió hace aproximadamente un mes, el 12 de agosto, el día en que se supo que la economía británica había sufrido su mayor recesión en la historia, con más del 20 por ciento de caída del PBI durante el segundo trimestre de 2020. Minutos más tarde, la Bolsa de Londres subió un dos por ciento. "A los mercados financieros de todo el mundo les va bastante bien en un momento en que los trabajadores y el capital industrial están sufriendo masivamente. El mundo del dinero y las finanzas están desvinculadas del mundo de la producción", argumentó. El capitalismo se dinamitó hasta tal punto que tal vez ya entramos en lo que Varoufakis llama postcapitalismo, aunque no se trate del soñado por progresistas y socialistas del mundo.

Para Varoufakis hay un mercado del que el postcapitalismo debe prescindir para alcanzar un desarrollo verdaderamente progresista: el laboral. Pero, ¿puede funcionar una economía avanzada sin él? El economista griego entiende que sí, proponiendo convertir a cada empleado en un socio igualitario con la misma acción en la empresa o fábrica para la que trabaja: "El principio de un empleado, una acción, un voto. Enmendar la ley corporativa para convertir a cada empleado en un socio igualitario". El autor de Economía sin corbata entiende que esa idea es hoy en día "tan inimaginablemente radical como lo era el sufragio universal en el siglo XIX".

"Además de la democratización de las empresas, esto traería consigo la desaparición de los mercados de valores y acabaría con la necesidad de una deuda gigantesca destinada a financiar las fusiones y adquisiciones privadas", argumentó. Ese camino evitaría la caída en un postcapitalismo autoritario y de derecha: "Una vez que emprendamos un modelo socialista de mercado liberado del poder corporativo y de la tiranía del choque entre ganancias y salarios, las personas y las comunidades podrán comenzar a imaginar nuevas formas de desplegar sus talentos y su creatividad".

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Una comunidad forestal terminó en cenizas en el área de Meadow Lakes, California, tras uno de los incendios de este mes que se avivaron por las olas de calor récord. Foto Afp

Hay una solución apresurada sólo si los políticos y la sociedad actúan: Lizbeth Sagols, doctora en filosofía

 

Con el cambio climático se puede dar una catástrofe peor que la del Covid-19. Vivimos en una incertidumbre, pero un colapso climático puede ocurrir por el exceso en el uso de los recursos naturales y es el principal problema que enfrenta la humanidad, advierte Lizbeth Sagols Sales. "Olvidémonos de la crisis actual, puede venir un punto de inflexión y esa puede ser la verdadera crisis", señala.

El clima es un sistema complejo en el que surgen novedades que no se pueden controlar y que marcan un cambio total, como puede ocurrir con el deshielo de los glaciares, indica. "Es fundamental entender que nuestra salud depende directamente de la salud de la Tierra, si ésta se enferma y si no la aliviamos, obviamente volveremos a enfermar y de manera peor. El exceso puede llevar a un colapso climático", que sería más grave que la quiebra del sistema económico, político y social ocasionada por la actual pandemia.

"Vivimos en una incertidumbre total, no podemos confiarnos". Es el llamado de la doctora en Filosofía, integrante del Sistema Nacional de Investigadores y académica de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, estudiosa de la ética ambiental y el ecofeminismo, representante de México ante la Unesco en el Comité Internacional de Bioética.

Ante la pandemia actual, para varios estudiosos del cambio climático lo que se avecina es peor y, ante ello, La Jornada buscó a expertos en el tema.

–¿A qué nos enfrentamos con el cambio climático?

–Hemos ido aumentando la temperatura. El clima es un sistema complejo donde influyen gran cantidad de factores. Donde surgen novedades que no se pueden controlar. Hay puntos de inflexión. Hay eventos que marcan un cambio total. Se nos va a venir encima una catástrofe. Suena muy feo, no quisiéramos hablar de eso, pero de pronto se nos puede desbordar. Está la posibilidad.

“Lo que constituye la gran preocupación es el deshielo del Ártico, porque al disminuir el hielo se va a liberar el metano que está enterrado por cuestiones naturales, y lo que vamos a tener es una subida extrema del calor que no va a permitir la vida de plantas, animales, ni humanos. La vida es viable dentro de cierto marco de calor y clima. Subiría tanto que la vida no sería sostenible. Ese es el gran temor. No sabemos cuándo se va a acabar ese deshielo, se preveía para el 2050, pero se ha acelerado últimamente.

"Lo que hemos hecho al descuidar el clima es desproteger la naturaleza. Olvidémonos de la crisis actual (con el Covid-19), pues puede venir un punto de inflexión y será la verdadera crisis. Sería el problema máximo. No habrá víveres, producción, nada. Todo se estancaría".

–¿Cuál sería el punto de inflexión?

–Que al darse el deshielo va a venir algo incontrolable, es un punto de no retorno. El cambio climático es por el descuido de las condiciones de la Tierra, por el abuso que hemos hecho. Y estamos alterando el clima. La primera crisis que se manifiesta es que los virus quese quedaban en la naturaleza en especies mayores, ahora pasan a especies menores, como son el murciélago y el pangolín. Los humanos perseguimos a estos animales para comerlos, cazarlos y traficarlos para dar de comer a la gente pobre, en los mercados de China, por ejemplo.

–¿El Covid es un llamado de alerta? ¿Aún podría hacerse algo?

–Podría hacerse algo, pero con una prisa extrema. Tendríamos que cambiar la economía, no seguir este capitalismo rapaz que busca la ganancia, la explotación y la productividad a toda costa, sino que le bajemos el ritmo, cambiar nuestros hábitos de consumo, reforestar a la velocidad del rayo, proteger a los animales y mejorar las condiciones de los sistemas de salud. Además, que no nos apoyemos tanto en el consumo de petróleo, porque éste lo que trae es una contaminación terrible que aumenta el calor.

"La vía es que los gobiernos implementen políticas públicas acordes con este estado de alarma. Las negociaciones internacionales deben ser más definitivas en su tono. Deben asumir ya lo que está pasando y obligar, hasta donde se pueda, a los políticos a implementar las medidas de sustituir las energías sucias por las limpias y bajarle a la producción. Los ciudadanos deben cambiar el estilo de vida. Es un límite al que nos estamos enfrentando".

–El enfoque ante la pandemia está orientado, por ahora, en la salud humana, ¿observa iniciativas para proteger la naturaleza?

–No las veo. No veo la llamada de atención. Se justifica concentrarse en la salud humana, pero hay que ver el panorama mayor. La vacuna es una gran ayuda si es efectiva, pero mientras sigamos con el mismo sistema económico, político, social e ideológico, nos va a durar muy poco la solución, porque puede surgir una pandemia peor. De hecho, ya hay muchas enfermedades con el calentamiento global. Puede emerger una que ni siquiera alcanzamos a prever por las alteraciones que cause. Una idea fundamental es que nuestra salud depende directamente de la salud de la Tierra. Si ésta se enferma, si no la aliviamos, obviamente volveremos a enfermar, y de manera peor.

"La falta de visión de los líderes es sumamente peligrosa. Esto nos llevaría a ese colapso. Seguir con el capitalismo, la explotación, la sobreproducción, la sobrepoblación. Vivimos en excesos. A esto se suma la falta de colaboración de los ciudadanos".

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Lunes, 21 Septiembre 2020 06:08

Milton Friedman a 50 años

Milton Friedman a 50 años

Por distintas circunstancias éste es un momento oportuno para repensar la idea propuesta por Milton Friedman hace exactamente 50 años en un artículo publicado en la revista del New York Times. Se trata de "La responsabilidad social de la empresa es incrementar sus ganancias".

El de Friedman (1912-2006) es un caso de interés y relevante en cuanto al contexto histórico y el ambiente político-social en que se generan las ideas y logran progresar hasta convertirse en predominantes. Su influencia se gestó en un proceso largo de formulación de principios de una teoría económica con un alto impacto en el diseño e implementación de las políticas públicas que, en buena medida, se asentó en la mayor parte del mundo.

En 1964, durante la campaña por la presidencia de Estados Unidos del senador republicano Barry Goldwater, uno de los economistas en su equipo de asesores era Friedman. En un artículo publicado en marzo de ese año se cita que era considerado un hombre "brillante" y "enormemente articulado", pero también "completamente irresponsable" y que "no ofrece ningún consejo que alguien seguiría". Las cosas fueron muy distintas.

Desde entonces Friedman se oponía a la existencia de los sindicatos; la regulación gubernamental de los negocios; las funciones de la Reserva Federal, al sistema de salud "Medicare", que consideraba un desvarío socialista y al "Nuevo Trato" de Roosevelt del que decía que fue un error. En resumidas cuentas: menos gobierno y menos impuestos eran la fórmula más adecuada de encauzar la economía.

La historia de Friedman y la "escuela de Economía de Chicago", de la que se convirtió en representante indiscutible, expresa el desenvolvimiento de la confrontación que surgió entre lo aquí podría, por conveniencia, denominarse como el pensamiento libertario planteado por Friedman en su libro Capitalismo y Libertad de 1962 y el liberalismo de raíz keynesiana. Desde lo años 1980, la primera tendencia ha sido ideológicamente predominante.

En medio de las controversias que desató la formulación de Friedman sobre el funcionamiento de las empresas, enfocadas en acrecentar sus ganancias (https://cutt.ly/ufKrIQB), ésta consiguió establecerse progresivamente como la verdad acerca de que no sólo las ganancias son esenciales para la supervivencia de un negocio, sino incluso es lo único que importa.

En todo caso, las ideas de Friedman y la escuela de Chicago se posicionaron de modo cada vez más firme en el debate económico y político. Incidieron decisivamente en la definición del sistema de producción, financiamiento y distribución. De modo práctico esa misma visión se aplicó de modo brutal en Chile desde 1973 y se estableció de manera decisiva, paralela y gravosa con los gobiernos de Thatcher en Gran Bretaña (1979-1990) y Reagan en Estados Unidos (1981-1989).

La ideología concentrada en la obra de Friedman, desde aquella querella en torno al objetivo esencial de la ganancia en las empresas y la separación de lo que concierne al orden económico versus el orden político, encajó con precisión en la formación del orden neoliberal.

En su esencia, el neoliberalismo concibe las relaciones sociales en términos de la competencia y a los ciudadanos como consumidores que ejercen sus preferencias en el mercado, donde se sanciona la ineficiencia. Las ventajas que así se obtienen se confrontan con la ineficacia de la planificación estatal.

El término se acuñó en 1938 en París y se definió la ideología que lo sustentó. Ahí asentó la influencia de sus dos pensadores seminales Frederick Hayek y Ludwig von Mises que concebían las políticas intervencionistas de Roosevelt y las del estado de bienestar británico como formas de colectivismo, asimilables al comunismo e incluso al nazismo. En el fondo ése es el meollo de la controversia neoliberal: el papel del individuo a la manera de El manantial de Ayn Rand o de la misma Thatcher que afirmaba que la sociedad no existe, sólo los individuos.

En 1947, a instancias de Hayek, se creó la Sociedad Mont Pèlerin (una aldea Suiza) para debatir sobre el destino del liberalismo clásico y la resistencia que debía armarse en contra del "intervencionismo" estatal y la planeación, ya fuera de índole marxista o keynesiana.

Entre sus fundadores estaba Friedman. Con esto pretendo apuntar a la manera en que las ideas de tanto raigambre se van configurando, insisto, hasta convertirse en modelo de un cierto orden social con un papel que pretende ser muy definido para lo privado (como es el de las ganancias de las empresas) y el Estado, que no debe intervenir, aunque lo hace todo el tiempo, aunque sea por omisión, como es el caso de la desregulación lo más amplia posible. Caso en cuestión, por ejemplo, el del sector financiero.

La lectura del ensayo cincuentenario de Friedman exhibe la fuerza y la resistencia de esas ideas, cuando menos hasta la crisis de 2008, por el severo impacto redistributivo que ha tenido y la fuerte intervención gubernamental que ha propiciado en la asignación de los recursos financieros. Al cuestionamiento de las políticas neoliberales se ha sumado ahora el efecto de la pandemia. Alternativas sustentables están aún en proceso en el mejor de los casos.

No olvidemos la advertencia de Keynes: "Las ideas de economistas y filósofos políticos, tanto cuando aciertan o yerran, son más poderosas de lo que comúnmente se piensa. En efecto, el mundo está regido por poco más que eso. La gente práctica, que piensa que está exenta de toda influencia intelectual, es usualmente esclava de algún difunto economista". Seguramente lo aplicaría a sí mismo.

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Mark Alizart: "La crisis ecológica es otra ocasión para el capitalismo"

Entrevista al autor de "Golpe de Estado climático"

 

El filósofo está lejos de suscribir la mirada que señala el estado actual de las cosas como una crisis para el poder económico. Reconoce la desorganización de la izquierda y advierte que "muchos líderes mundiales le hacen la guerra a la ecología."

 

“La catástrofe constituye el elemento vital y el modo normal de existencia del capitalismo en su fase final”. Esta definición de Rosa Luxemburgo aparece como epígrafe de Golpe de Estado climático, un libro fundamental del filósofo francés Mark Alizart en el que plantea que “la crisis ecológica es el golpe de suerte que el ‘capitalismo del desastre’ necesitaba para extender su control sobre la tierra entera. “Lo primero que el movimiento ecologista tiene que hacer para constituir un frente único es romper con la idea de que la crisis ecológica afecta a todo el mundo sin distinción. Esta idea tiene el efecto contrario, permitir que aquellos que objetivamente están menos concernidos por la crisis se laven las manos. No hacer nada por impedir la crisis ecológica equivale a una exterminación de masa (…) y hay que hacer que los que se adaptan a ella carguen con el oprobio”, advierte Alizart, filósofo posnietzscheano a quien se lo puede inscribir también en la tradición del marxismo y el trotskismo.

 “Tenemos que volver a tomarnos el mundo como los sans-culottes se tomaron la Bastilla, como los insurgentes de 1917 se tomaron el Palacio de Invierno, puesto que este mundo es nuestro, nos pertenece y es porque nos lo han robado que no se hace justicia”, escribe Alizart (Londres, 1975) al final de Golpe de Estado climático, libro traducido por Manuela Valdivia y publicado por La Cebra, editorial independiente de Adrogué dirigida por Cristóbal Thayer y Ana Asprea, que también ha editado del mismo autor Criptocomunismo y Perros.

-¿Por qué afirmás en Golpe de Estado climático que la causa ecologista retrocede?

-¡Basta con mirar quién conduce las naciones más grandes del mundo! Trump, Putin, Xi Jinping, Modi, Scott, Johnson, sin hablar de Orban o Duterte… No solo no hay un ecologista en el cargo, sino que hay personas que, conscientemente, hacen la guerra a la ecología. Y eso a pesar de cuarenta años de difusión de la palabra ecologista. O más bien a causa de eso: saben ahora que son o ellos o los ecologistas. Ellos o la democracia. Por lo tanto, hacen lo que sea para que sean ellos. De ahora en adelante se juegan el todo por el todo.

-Los gobernantes están informados del calentamiento climático hace 40 años a través del Informe Charney. ¿En qué estadio de la “negación” del calentamiento climático estamos hoy? ¿Cómo entender la pasividad y la falta de acciones?

-Estamos en la última fase: la destrucción activa de los ecosistemas. Los locos que nos gobiernan terminaron con el climatoescepticismo. Les fue útil, pero ya pasó su tiempo. Ya no se puede ocultar a las poblaciones que el clima está en crisis. Por lo tanto, ha llegado el momento de convencerlas de que está bien que el clima esté en crisis. Es lo que Tony Abbot, el ex Primer Ministro australiano contratado por Boris Johnson para llevar adelante las negociaciones del Brexit, dijo textualmente en 2018: “el cambio climático probablemente sea bueno”.

-Es interesante cuando señalás la relación que hay entre quienes rechazan la ecología, porque la crisis ecológica amenaza esencialmente, por ahora, a las poblaciones indígenas y a los pobres de Asia, África y Medio Oriente, con el hecho de que cuando se hizo evidente que por la Covid-19 se morían los ancianos, los más pobres y los trabajadores menos calificados, varios dirigentes políticos en distintos países del mundo argumentaron que no había que sacrificar la economía por “esa gente”. ¿El lucro ilimitado empuja al capitalismo a coquetear con su propia destrucción?

-El capitalismo no coquetea nunca con su destrucción. Realmente es preciso llegar a entender eso, sino no se entiende nada. El capitalismo pasa por fases de destrucción, pero ellas son siempre creadoras, como lo ha señalado (Joseph) Schumpeter. Dicho de otro modo, la crisis ecológica es para el capitalismo sólo una ocasión para obtener más beneficios, o para obtenerlos en otra parte, cargándolos a espaldas de otras personas. La crisis ecológica no es el fin del capitalismo, es el capitalismo con menos personas, aquellos que morirán a causa de ella, los losers de la crisis ecológica, como diría Trump. Del mismo modo, la Covid no fue el fin del capitalismo: sólo condujo a una transferencia de riqueza de los pequeños comerciantes hacia Amazon.

-“¿Podrías ampliar tu afirmación “Los mega incendios de la Amazonía son nuestros incendios del Reichstag” en función del rescate que hacés de Trotsky-Luxemburgo-Marx?

-El incendio del Reichstag fue orquestado para que Hitler no perdiera las elecciones legislativas. En este incendio perpetrado por los nazis subyacía la idea de endosarle la responsabilidad del mismo a un comunista para demostrar que si su partido no era reelegido masivamente los socialistas destruirían Alemania. En este momento, una lógica similar está detrás de la exaltación de las revueltas en Estados Unidos. Trump quiere convencer a su base de que es él o el caos. Pero esta es también la lógica que se aplica a los mega incendios forestales y, de modo general, al calentamiento climático: son intentos de Golpe de Estado. Se trata de agravar la crisis climática para debilitar la democracia. Todo lleva a creer, en efecto, que con la multiplicación de los dramas ecológicos el mundo será desestabilizado por oleadas migratorias y revueltas del hambre. Pero un mundo desestabilizado es un mundo que se arma y se protege, que declara la ley marcial, que impone el toque de queda y que, últimamente, suspende sus elecciones democráticas. Trump, otra vez él, por otra parte, no ha ocultado su deseo de posponer las elecciones a causa de la Covid. Pero lo más extraordinario de todo esto es que los climatofascistas pueden apropiarse de las acusaciones de los ecologistas y decir que los responsables de la crisis climática son “el capitalismo”, la “modernidad” o “el progreso”, ¡no ellos! Entonces, de este modo, hacen un doble golpe: desestabilizan la democracia liberal y, además, ¡pueden encarcelar a los liberales y a los demócratas!

-¿Qué pueden aprender los ecologistas, en términos de activismo político, de la asociación “Act Up”?

-En la época en que apareció el Sida muchos militantes dedicaron su tiempo, en primer lugar, a acompañar a los enfermos esperando que los gobernantes y los laboratorios encontraran un remedio. Act Up nace al tomar conciencia de que este remedio no llegaría nunca porque la muerte de los homosexuales, las prostitutas, los drogradictos, los haitianos, no interesaban a los gobernantes, e incluso esas muertes les venían bien a algunos políticos. Desde entonces, Act Up decidió tomar cartas en el asunto, e ir por los laboratorios y ministerios para forzar a los científicos y a los políticos a trabajar. De la misma manera, el giro Act Up de la ecología que apoyo consiste en que los ecologistas dejen de creer que los gobernantes y los industriales van a reducir voluntariamente las emisiones de dióxido de carbono o la producción de plástico. Eso no va a suceder porque, como he dicho, hoy nos encontramos en una fase terminal en la que las naciones se sirven del clima para hacerse la guerra entre ellas y para hacer la guerra a una parte de su población. Es preciso, por lo tanto, que los ecologistas de ahora en más vayan por las empresas, los ministerios y también los laboratorios de investigación, que obliguen a las personas a hacer su trabajo.

-¿Por qué no se cuentan las muertes de la crisis ecológica? ¿Por qué no se muestra la “curva” de emisiones de carbono que tendremos que aplanar como la curva de contagios del Covid-19?

-Porque son como los muertos del Sida: invisibles. Son viejos, inmunodeprimidos, lejanos, de color… La única razón por la cual se ha mostrado tanto la curva de la Covid es porque se tenía miedo de enfermar. En Estados Unidos, ahora que se sabe que afecta más a las personas invisibles, trabajadores sociales, personas de color, Trump no la muestra más, e incluso ha dado consignas para que no se cuenten más los muertos.

-¿Qué impacto podría tener que las elecciones presidenciales en Estados Unidos las gane Joe Biden, un candidato sensible al ecologismo?

-Biden es literalmente la última chance para el planeta. Sé que puede parecer un poco dramático decirlo en estos términos, pero si el país más contaminador del planeta sigue contaminando otros cuatro años como hasta ahora, y sobre todo si no asume el liderazgo mundial en torno al clima, y no impide a los otros contaminar, será el fin.

-Greta Thunberg prometió que pronto seguirá con sus consignas e iniciativas, en pausa por la pandemia, respetando los protocolos sanitarios que sean necesarios. Las derechas en el mundo, que no suelen ser respetuosas de ningún tipo de protocolo, han salido a manifestar en las calles, sin cumplir el distanciamiento necesario, sin usar mascarillas, con un discurso conspiranoico de la pandemia. ¿Por qué las derechas están en las calles y las izquierdas en casa?

-¡Buena pregunta! Hay muchas cosas. En primer lugar, la derecha es más rica que la izquierda. El capital está de su lado, y el capital se organizó para ganar la lucha de clases y la batalla de las ideas creando todas estas redes de información que transmiten su propaganda día y noche. Ahora bien, entre esas ideas difundidas está aquella según la cual el Occidente cristiano blanco lucha en adelante por sobrevivir. Se ha dicho hasta el cansancio a los blancos norteamericanos que pronto serían una minoría; a los cristianos en todo el mundo que iban a ser superados por otras religiones, el Islam a la cabeza; a los Occidentales de manera general que sus antiguas colonias, África, India, China, iban a adelantarlos, que luchan con la fuerza loca de los condenados a muerte. Por izquierda, la organización es más débil. Las divisiones ideológicas más fuertes. Y el sentimiento de que su vida está en juego menos fuerte. Seguramente, existe el calentamiento climático pero lo esencial de la intelligentsia de izquierda es suficientemente próspera, vieja e instalada en las democracias moderadas, para no tener que sufrir sus consecuencias directas. Viéndolo bien, vacila, igual que la izquierda alemana en 1933 frente al nazismo. Hay una izquierda que se dice que, a pesar de todo, las cosas no son tan graves. Otra que se dice que frente a la violencia siempre se puede oponer el diálogo. Otra en fin que sigue estando apegada a cuestiones sociales y societales. Todo ello compone un punto de vulnerabilidad que no tiene idea de lo que le va a caer encima.

-En el último capítulo del libro, recordás un libro de Bataille, La parte maldita, en que trataba de pensar una economía humana que imitara la naturaleza, una especie de comunismo cósmico capaz de triunfar sobre el doble callejón sin salida del capitalismo y el sovietismo. ¿En qué aspectos ese proyecto político sigue siendo actual?

-Es actual en todo. Bataille estaba apasionado por la termodinámica que es la ciencia más general de los sistemas caóticos, y de la cual algunos aspectos pueden ayudar a comprender y establecer un modelo de los ecosistemas. La meteorología por ejemplo es una aplicación de las leyes de la termodinámica, de modo que el estudio del clima y de la ecología dependen también de ella. En este sentido, su comunismo cósmico era una especie de “ecología del capital”. En los años setenta, los teóricos de la bioeconomía recuperaron esta idea y profundizaron en ella. Después de algunos años, se descubre que Marx mismo pensaba que el socialismo tenía que tomar la forma de una gestión termodinámica de la economía. “El ecosocialismo” es hoy el nombre de esta corriente de pensamiento que es el único escudo contra el carbofascismo.

-¿Cómo estás viviendo esta “gran pausa” que implica la pandemia? ¿Pudiste escribir y leer o es tal la magnitud de la incertidumbre que hasta tus propios hábitos se vieron alterados?

 -No, no he podido trabajar mucho. Fue una conmoción muy grande. Pero yo he visto en la pandemia, por desgracia, la confirmación de la idea central de Golpe de Estado climático. La pandemia ha sido administrada según los principios del darwinismo social. Y ahora, con posterioridad, se liberan todas las pulsiones autoritarias del Estado. La Covid no es, por desgracia, más que el tráiler del desastre climático hacia el que nos dirigimos.

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El Ingreso Mínimo Vital y la renta básica: nada que ver

Es bueno saber con precisión de qué estamos tratando aunque solamente sea para entendernos mejor. Y con el Ingreso Mínimo Vital (IMV) y la renta básica (RB), una asignación monetaria pública incondicional y universal, ha habido tanta confusión que algunos medios han llegado a decir que son iguales. Ni mucho menos. El IMV es un subsidio muy focalizado dirigido a los muy pobres, a una fracción en realidad de los muy pobres; la RB a toda la ciudadanía. El IMV es un subsidio con muchas condiciones, la RB es incondicional. La RB la reciben todas la población, pero no todos ganan. Con una financiación mediante reforma fiscal, el 20% más rico de la población la recibe, pero pierde. El otro 80% gana.

Mas la diferencia fundamental entre la concepción de la RB y la del IMV se expresa en términos de libertad. La lógica del IMV no es otra que la ayuda ex-post a quienes han fracasado, a quienes han caído, a quienes son extremadamente pobres y además cumplen muchos requisitos. Se trata de ayudar a los que han fracasado. En claro contraste, la incondicionalidad de la RB es el lenguaje de los derechos humanos y de ciudadanía.

Una vida libre no debe ser suplicada. Quien suplica pide algo con docilidad. La súplica, pues, supone sumisión. Es inmensa la presencia de ingentes legiones de personas que suplican: que suplican un empleo; que suplican que el empleo obtenido, si es que se obtiene, vaya acompañado de unas condiciones mínimamente dignas; que suplican que, en caso de que se interrumpa la relación laboral, las instituciones públicas tengan a bien designarlas como destinatarias de las políticas diseñadas para asistir a quienes cayeron en el abismo de la pobreza y de la exclusión; y, finalmente, que suplican que estas prestaciones condicionadas lleguen sin demasiados rigores y mecanismos coercitivos. El IMV es para suplicantes.

El IMV también tiene problemas de diseño, por supuesto. Los diseñadores del IMV han intentando ahorrar el máximo del coste y decidieron definir “pobre” en función del (escaso) dinero que querían gastarse en los pobres (los pobres no merecen la urgencia de la banca) y diseñaron un sistema rebuscado de solicitudes que, combinado con la escasez de medios, es hasta ahora un absoluto fracaso. Todo lo que se les ocurre ante ello es pedir tiempo. Y asegurar que se cobrará retroactivamente. Alguien ha dicho de forma cruda que el hambre no es retroactivo.

Además de tener todos los defectos de los subsidios condicionados, el IMV está diseñado más pensando en penalizar a los “aprovechados” (aquí el éxito seguro será del 100%) que de llegar a toda la población pobre.

¿El IMV es un primer paso hacia la RB? Por lo que he hablado, escuchado y leído de miembros del gobierno y asesores ellos mismos dan la respuesta: no, para nada. Y en este punto, expreso mi acuerdo con su conclusión. El IMV va por un lado, la RB por otro. Como un monárquico y un republicano.

Por Daniel Raventós 

Es profesor de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona, editor de SinPermiso y presidente de la Red Renta Básica. Es miembro del comité científico de ATTAC. Sus últimos libros son, en colaboración con Jordi Arcarons y Lluís Torrens, "Renta Básica Incondicional. Una propuesta de financiación racional y justa" (Serbal, 2017) y, en colaboración con Julie Wark, "Against Charity" (Counterpunch, 2018), traducido al catalán por Arcàdia y al castellano por Icaria.

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Lunes, 21 Septiembre 2020 05:37

El desaparecido arte de no hacer nada

El desaparecido arte de no hacer nada

En 1982, tras una semana a bordo de la estación espacial Salyut 7, el cosmonauta ruso Valentin Lebedev, estaba volviéndose loco de aburrimiento. “Ha empezado la monótona rutina”, escribió en su diario. Corte a 2012. El video de gravedad cero del cosmonauta canadiense Chris Hadfield cantando Space Oddity, de David Bowie, en la Estación Espacial Internacional, fue visto más de 200 millones de veces. De tuitear imágenes de unas marismas desde el espacio exterior a tener una conversación con William Shatner, estrella de Star Trek, desde su cápsula Soyuz, no hubo un momento aburrido en la odisea del espacio de Hadfield. “Sólo la gente aburrida se aburre”, declaró, como es bien sabido.

Así que ¿por qué dos personas que experimentan lo mismo reaccionan de modo radicalmente distinto? ¿Por qué algunas personas pueden disfrutar de su propia compañía durante horas, mientras que otras se vuelven impacientes a los pocos minutos? Quizás para encontrar una respuesta a esas preguntas los investigadores de la Universidad de Bellas Artes de Hamburgo, Alemania, están llevando a cabo un ingenioso experimento: han ofrecido tres becas de 1.600 euros cada una para hacer humanamente lo menos posible. Cualquiera que esté en Alemania puede solicitarla antes del 15 de septiembre detallando su plan de “activa inactividad”.

El profesor Friedrich von Borries, que diseñó el proyecto, cree que la indolencia podría tener su lugar en la “transformación eco-social”. “Se trata de la espiral de éxito constante, de salirse de la rueda de hamster de la vida,” declaró. “Si queremos vivir en una sociedad que consuma menos energía y dispendie menos recursos, este no es el sistema correcto de valores. ¿No sería más agradable lograr prestigio social diciendo, ‘Tengo tiempo para soñar… ver a los amigos, tirarme a la bartola… Tengo tiempo para no hacer nada’?”

Pero, ¿qué significa exactamente ‘no hacer nada’? Porque siempre estás haciendo algo, aunque no estés haciendo nada. Doreen Dodgen-Magee, que escribió un libro titulado Deviced! Balancing Life and Technology in a Digital World, define no hacer nada como “un coche cuyo motor está encendido, pero que no va a ninguna parte”. Podría ser cualquier cosa, de soñar despierto, pasar simplemente el rato, echarse en cama despierto a dar largos paseos, mirar por la ventana, o silbar sólo para ti mismo, actividades típicamente asociadas con la pereza y el aburrimiento.

El doctor Varghese Punnoose, un psiquiatra de Kerala, cita investigaciones relativamente nuevas que explican el efecto de la ociosidad en el cerebro. Cuando se descubrió el electroencefalograma (EEG) en los años 20, un psiquiatra alemán llamado Hans Berger advirtió un tipo particular de onda cerebral llamada ritmo alfa en la parte occipital del cerebro cuando se dejaba vagar la mente. No se le concedió entonces demasiada importancia.

Posteriormente, cuando los investigadores de la Universidad de Washington llevaron a cabo un experimento recurriendo a fMRI para comprender qué parte del cerebro se estimulaba cuando se presta atención, descubrieron bastante accidentalmente, que el cerebro se mostraba sorprendemente ocupado cuando se encontraba en estado de descanso, o en lo que se conoce como Red Neuronal por Defecto [Default Mode Network – DMN]. De hecho, estaba entonces más metabólicamente activo. Tres cuartos de la energía total que utilizaba se usaban cuando estaba aparentemente ocioso o en DMN.

Este descubrimiento tiene un enorme significado, de acuerdo con Punnoose. “Al codificar, consolidar y procesar información, el cerebro se encuentra desperadamente necesitado de tiempo ocioso sin estímulación”, afirma. En su opinión, el tiempo ocioso ayuda a aclarar los pensamientos, aguzar las percepciones y calmar las emociones. Produce asimismo “pensamientos episódicos al azar” que son enormemente creativos.

La gente creativa de la India coincide en que algunas de sus mejores ideas han surgido cuando no estaban trabajando especialmente o buscando inspiración de modo activo. “Me puede haber pasado mientras daba un paseo por el parque o viendo una película”, afirma el exitoso autor Ravinder Singh. “Algún personaje de la película, en mi cabeza, podría haber reaccionado de modo diferente al descrito y eso me hará pensar. ¿Qué habría pasado si el político hubiera sido, en cambio, una estrella de Bollywood?”

El artista Riyas Komu cree que el experimento de los investigadores alemanes “lleva el espíritu justo del comportamiento y la libertad humanas”. “Creo que resulta notable que finalmente haya llegado el momento en el que la gente ha comprendido la mente humana”, declara. Cree que las rígidas rutinas y una estructura restrictiva de poder entorpecen la libertad de crear en una persona, que es un proceso intuitivo.

El experimento alemán se produce después de que el país pusiera a prueba las prestaciones de una Renta Básica Universal (RBU) concediendo a 120 personas 1.400 euros mensuales durante tres años “para monitorizar de qué modo cambian sus patrones de trabajo y su tiempo de ocio”. Varios países están jugando con el concepto de la RBU para ayudar a la gente a salir del apuro de la crisis económica desencadenada por la pandemia. La pregunta es: si se atienden tus problemas financieros y tienes más tiempo de ocio para hacer lo que quieres, ¿qué harás tú? Hoy, sin embargo, lo contrario de la ociosidad —el estar excesivamente ocupado —se ha convertido en símbolo de estatus, de acuerdo con los investigadores de las universidades de Columbia y Harvard. “Creemos que el cambio del ocio-como-estatus al hiperactivo-como-estatus puede estar vinculado al desarrollo de las economías intensivas en conocimiento”, han escrito los investigadores en la Harvard Business Review. De manera que a la gente que posee “características de capital humano”, como la competencia y la ambición, se las ve más demandadas. Así pues, si les dices a los demás que estás ocupado y trabajas todo el tiempo, podrían considerarte como alguien que está más solicitado.

Hay quienes creen, sin embargo, que el experimento alemán no funcionaría en la India. “Podría beneficiar a los alemanes, porque aquí está todo — el trabajo y el placer— simplificado”, dice Cyrus Broacha, una celebridad televisiva. “Ellos no están acostumbrados a sentarse y meditar sin hacer nada. No poseen el gen de la ociosidad. Nosotros los indios, sin embargo, nos sentimos condicionados, tradicionalmente, a no hacer nada. Como antiguo videopinchadiscos [VJ], sin fechas de entrega u objetivos, llevo practicando la ociosidad desde hace años”. El confinamiento, bromea, le ha facilitado el juego. “Ahora mi cuarto de baño es mi oficina. Tengo muchísimo tiempo para acicalarme y centrarme en la salud y la belleza”.

Por Anjuly Mathai 

corresponsal de salud y sociedad del semanario indio "The Week", donde escribe también una columna quincenal con el rótulo Love Actually.

Fuente:

The Week, 27 de septiembre de 2020

Traducción:

Lucas Antón

Publicado enSociedad
Noam Chomsky: "Hay riesgos inminentes de una guerra civil en Estados Unidos"

La conferencia del lingüista en la Internacional Progresista

En el marco del encuentro virtual de la Internacional Progresista, dijo que este es un momento "difícil", ya que combina la amenaza de una guerra nuclear, la catástrofe ecológica, la pandemia y la destrucción de la democracia. Pero a su vez está "lleno de esperanza para un mejor futuro".

 

El actual es un momento "notable, único, importante", describió Noam Chomsky. "Difícil" pero a la vez "lleno de esperanza para un mejor futuro". Es un momento de "confluencia de distintas crisis muy fuertes" y sin fronteras: "catástrofes ambientales, amenaza de una guerra nuclear, la pandemia, destrucción de la democracia". El lingüista advirtió, además, sobre un "riesgo inminente" de guerra civil en Estados Unidos

Chomsky brindó la conferencia magistral "Internacionalismo o extinción" en el marco de la primera cumbre (virtual) de la Internacional Progresista, que emergió en mayo para unir, organizar y movilizar a las fuerzas progresistas en un frente común y así frenar el avance de la derecha en el mundo.

"La Internacional Progresista (IP) tiene un papel crucial para determinar qué curso va a seguir la historia. La vida humana está en peligro directo y los grandes poderes imperialistas del momento están enfrentándose. El poder británico se está saliendo de Europa, volviéndose más un satélite de Estados Unidos de lo que ya era. Para la significación del futuro es importante ver qué pasa en la hegemonía global, disminuida por los delirios de Trump, pero con el poder y las ventajas militares de Estados Unidos", reflexionó el pensador de 91 años.

Cerca de la medianoche

"Una posible reelección de Trump sería una crisis final, terminal, que puede tener consecuencias muy serias. Hay otras crisis también: son las que hacen que le falten cinco a la medianoche. A la extinción. Hace 75 años vivimos debajo de este reloj que hace tic-tac", deslizó Chomsky. Al momento del lanzamiento de la bomba atómica se creía que la inteligencia humana había llegado al punto de "tener la capacidad de destrucción total de su especie". Todavía no se sabía que, más tarde, "iba a destruir el medio ambiente de esta manera, que ahora nos acerca a un punto final". A su vez, cada año de Trump en el poder también significa estar más cerca de la medianoche.

En tiempos de Covid-19 confluyen "las mismas crisis de siempre", a las que la pandemia se suma: la amenaza de una guerra nuclear, la catástrofe ecológica, la destrucción de la democracia. "Podría parecer fuera de lugar el tema de la democracia. No lo es. Es ese desmoronamiento el que permite las otras dos amenazas de exterminación. Los ciudadanos informados, comprometidos en un proceso democrático real, no dejarían que pasen estas otras dos amenazas", explicó. 

"Estas tres amenazas han ido en aumento gracias a las políticas de Trump. Ha ido desmoronando las políticas de control de las armas y desarrollado armas más peligrosas; ha disminuido las protecciones contra las amenazas de una guerra nuclear. Se ha dedicado a destruir el medio ambiente y cualquier sustento de la vida. Ha abierto los últimos lugares protegidos contra la explotación petrolera, por ejemplo." En síntesis, el presidente de Estados Unidos lleva adelante "políticas sistemáticas de desmantelamiento de las políticas de regulación para proteger al medio ambiente y a las poblaciones de las contaminaciones tóxicas ante la explotación petrolera de la energía fósil".

En la charla, Chomsky definió desde un principio el rol de la Internacional Progresista en este complejo panorama mundial: "No entremos en pánico ahora y actuemos en función de esto. Las crisis que estamos enfrentando en este momento único son internacionales. Las catástrofes ambientales, la guerra nuclear, la pandemia... no tienen frontera ninguno de estos peligros. Puede haber diferencias entre países, pero hay troncos comunes".

Riesgos de una guerra civil en Estados Unidos

En otro pasaje, cuestionó el hecho de que Trump otorgue cargos en el gobierno sin aprobación del Senado, a los que "va cambiando para que estén dispuestos" a seguir su voluntad. "No hay voces independientes. El Congreso había establecido hace mucho tiempo que un inspector general monitoree el trabajo de la rama ejecutiva, pero viendo la corrupción que ha dejado Trump en Washington podemos ver claramente que no está funcionando", criticó. "Trump empezó a decir que si no le gusta el resultado de las elecciones no va a dejar su puesto. Es una amenaza directa", alertó.

Si bien "la jefatura militar publicó una carta en la que recordó su deber constitucional de sacar del poder a un presidente que no quisiera dejarlo", hay que tener en cuenta a las unidades paramilitares que "se han ido repartiendo en el país para asustar a la población". "En ausencia de una victoria de Trump muy clara hay riesgos inminentes de guerra civil. Son palabras fuertes, que no habíamos escuchado nunca en voces públicas. No lo digo yo; lo dicen otras personas. Mucha gente tiene ese miedo. Nada de este estilo había pasado en la compleja historia de la democracia parlamentaria. La megalomanía que domina el mundo, la de Trump, para él ya no es suficiente. Podría no respetar la Constitución y hacer lo que él llama 'negociar' para un tercer mandato."

El filósofo señaló que "la agenda de Trump para los ricos va más allá del neoliberalismo". Los expertos en políticas fiscales han detectado que por primera vez en los últimos siglos los billonarios pagan menos impuestos que los trabajadores, lo cual les implica "una gran victoria dentro de la guerra de clase". "Eso se llama tener la hegemonía", sentenció.

Las dos internacionales

El neoliberalismo trajo concentración de la riqueza, estancamiento para la mayoría de la población y riesgos para la democracia, aparte de otras consecuencias mundiales "no sorpresivas", como "elresentimiento y el descontento" hacia las instituciones políticas y económicas. "Todo esto ha abierto un espacio para los demagogos, que pretenden ser los salvadores, mientras le echan la culpa a chivos expiatorios como China. Es el mundo en que estamos viviendo. Por eso estamos en estas crisis", analizó, luego de un repaso histórico en torno a los orígenes de la ideología neoliberal y su parentesco con el fascismo.

En este contexto, la Internacional Progresista apareció para oponerse a la "otra internacional", la reaccionaria, encabezada por Trump, y de la que también forman parte Jair Bolsonaro, en Brasil; "los dictadores del Golfo"; Abdel Fatah al Sisie en Egipto y Benjamin Netanyahu en Israel en Medio Oriente; Narendra Modi en India y Viktor Orban en Europa. 

Dos internacionales dividen al mundo. Una es de los Estados. La otra, de los movimientos populares. "Cada una es una representación de la fuerzas sociales en juego. Son una imagen de los mundos que podrían emerger despues de la pandemia. Una quiere construir una versión aún más dura del neoliberalismo, aumentar la vigilancia y el control; la otra está buscando cómo construir un mundo en paz y justo, con un buen manejo de los recursos dedicados a servir a los intereses de los seres humanos, en vez de a los de una minoría. A nivel global podemos ver estas interacciones: no es una exageración decir que el futuro de la experiencia humana depende del resultado de esta batalla que se está dando en este momento."

El optimismo de la voluntad

La conferencia continuó con una mesa redonda con participación de la escritora y activista keniana Nanjala Nyabola, el activista y filósofo afroestadounidense Cornel West y el diputado laborista John McDonnell.

La de West --también actor de films como Matrix recargado-- fue una intervención bella, poética. Sumó un factor más a la confluencia de crisis. Una crisis "de la imaginación". Hay que dar, entonces, una lucha "intelectual e ideológica". "Puede haber una crisis nuclear mañana, o una catástrofe económica y ecológica, pero hay también una catástrofe cívica: la gente no puede ni imaginar lo que se parecería a una vida pública vibrante y viva", expresó el filósofo, e instó a recuperar valores perdidos: integridad intelectual, decencia, honestidad. "Lo mejor de la especie humana es el amor, la felicidad, el juego, la comunidad. Hay que alimentar una rebeldía colectiva para abrir mundos posibles."

Haciéndose eco de lo planteado por los integrantes de la mesa, Chomsky se refirió a las "cualidades humanas" que emergieron en la pandemia, como la "ayuda mutua". Se hace más fuerte allí donde las personas están más oprimidas y son más pobres. "Se juntan para ayudarse y conseguir comida, mucho más que la gente estancada en sus departamentos. Por ejemplo en Brasil, en las favelas. No tienen acceso a nada. El gobierno no ha hecho nada. Pero se están organizando y tienen sistemas de apoyo mutuo. ¿Quién lo empezó? Las bandas criminales de estos barrios. Transformaron su misión para organizar la ayuda mutua", destacó.

Gramsci apareció varias veces en la conversación: "Estamos viviendo en la edad de los monstruos cuando el nuevo mundo todavía no ha emergido", propuso el pensador, quien instó a mantener el pesimismo intelectual pero, también, el optimismo de la voluntad. "El movimiento de Black Lives Matter no salió de la nada. Ha sido un proceso de conciencia creciente durante muchos años. A la fecha es el movimiento social más grande de la historia de Estados Unidos, más que el de Luther King. Además es internacional. Los blancos y los negros juntos, luchando con ideas muy importantes. No sólo contra el asesinato de la Policía a los afroamericanos sino con ideas de cómo luchar contra el racismo y la opresión de clase.La IP se enfoca en estos temas para sacarnos de la edad de los monstruos y dejarnos entrar en un mundo de justicia", dijo.

Finalmente, llamó a la sociedad a deshacerse de la industria de la energía fósil: "No la necesitamos". Para él debería quedar en manos de la clase trabajadora y funcionar en base a "programas sostenibles". "El banco mundial debería ser un banco público. Estamos cerca de esto a medida que la conciencia va cambiando. Hace diez años, después de la crisis de 2008 de las viviendas, Obama básicamente ha nacionalizado la industria automotriz. Si les devolvemos esa industria a los poderes van a seguir haciendo lo que siempre han hecho. Podríamos entregarla a las comunidades y a la fuerza trabajadora", sugirió. Y concluyó: "Hace menos de 100 años la gente tenía en claro que las relaciones laborales de las fábricas eran intolerables. El Nuevo Acuerdo Verde tiene que tener eso en su centro".

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Naomi Klein: lecciones de la pandemia y la urgencia de un plan de reparación

"Cada vez que la normalidad vuelve gana el virus, eso es lo que estamos viendo"

 

 Para Naomi Klein la normalidad no es otra cosa que una "crisis permanente", por ende nada más errado que volver ciega y rápidamente a ella. La escritora, periodista y activista canadiense cree que este es un momento para detenerse y aprender las "lecciones" que deja la pandemia. Todo está "roto": el planeta, la relación con la naturaleza, las relaciones colectivas, los lugares de cuidado. Pero con "alegría", las comunidades están llamadas a encarar un trabajo "cívico e intergeneracional", que a la vez es un derecho: el de la reparación.

Klein brindó la conferencia magistral "Los años de reparación" en el marco de la primera Cumbre Mundial de la Internacional Progresista. Su disertación continuó con una mesa redonda de la que participaron Tasneem Essop (Sudáfrica), Carola Rackete (Alemania) y Aruna Roy (India), en la que se planteó la necesidad de la redacción de una "carta magna internacionalista global" que coloque a la pobreza y la inequidad en el centro de la escena.

Las lecciones del coronavirus

"Cada vez que la normalidad vuelve gana el virus, eso es lo que estamos viendo. Si volvemos a cierta idea de crecimiento vamos a ver a la gente muriéndose del virus. Hay una relación íntima", definió la autora de No logo. "Los líderes se han presentado como si estuvieran en guerra. ¿Qué tal si tenemos otra metáfora de este virus que no sea pensar que es un enemigo mortal y diabólico?", dijo, para invitar a pensar en las "lecciones" que deja la pandemia, a modo de "llamado de atención", de "cita con la historia".

En principio, la Covid-19 "ha dejado claro que a los dirigentes de este mundo, y no sólo a Trump, no les importa nada la vida", cuestionó. También ha enseñado que nadie debería vivir en el hacinamiento, en ninguna parte del mundo, porque "donde el virus ha sido más fatal" es en los países con poblaciones hacinadas. En tercer lugar, muchos trabajos otrora despreciados son los que actualmente se reconocen como esenciales. "Nos damos cuenta de cuál es el trabajo importante en el mundo: no es el que pensábamos."

Otra cosa que el coronavirus enseña es que son las "comunidades" las que "salvan el mundo". "Es un desastre la situación de la gente que vive sola en su departamento y tiene toda su vida por Zoom. Nuestra mejor tecnología es la comunidad. Vivir juntos, estar juntos, apoyarnos mutuamente", remarcó la autora de La doctrina del shock. "Hay más y más pandemias que saltan del mundo animal. Estamos atacando a la naturaleza, por eso nos responde. Para estar en buena salud tenemos que aprender. La Covid nos contamina más en espacios cerrados y estamos mucho mejor al aire libre. No son lecciones nuevas, pero a veces necesitamos una crisis para que la gente entienda este tipo de cosas", expresó.

"El coronavirus nos enseña sobre los valores de la naturaleza, lo fundamental de la economía del cuidado. Nos está diciendo que hay que parar. Ir más lento para frenar esta situación", aconsejó. De lo contrario, volveremos a una normalidad que no es otra cosa que "una crisis permanente". "Vamos a enfrentarnos a un muro, otra vez", alertó.

Klein prefiere hablar de solidaridad en lugar de empatía. Cuando la sociedad se vuelve adicta al "crecimiento perpetuo" y a la "perspectiva del progreso", cuando se mueve en la aceleración constante, no deja espacio para aquél sentimiento. Los seres humanos se vuelven islas. "Cuando vamos a este ritmo no tenemos tiempo para hacernos preguntas sobre las miserias que extendemos en el mundo. El capitalismo moderno se ha basado en este sistema racista y de explotación. Nuestro modo de vida aumenta los riesgos de este modo de vida. La pandemia podría permitir imaginar otro tipo de mundo. Tal vez ésa sea la lección fundamental."

Plan de reparación

"¿Qué vamos a hacer con un 2020 con todo derrumbándose alrededor?", se preguntó la escritora. La respuesta que surge es "reparación", algo que podría lograrse con "un plan urgente y colectivo". Porque resulta que habitamos un mundo "roto" en muchos sentidos. Un planeta roto, con relaciones colectivas rotas, lugares del cuidado --hospitales y escuelas-- rotos, como resultado de una "negligencia organizada hace muchos años". Rota está la clase política. Mientras, a la par, los más ricos del mundo y las empresas se alimentan de los "Estados fracasados". Son felices ante esta "ruptura total".

Rota la naturaleza. Rota nuestra relación con la ecología. "Hace una semana que donde estoy no vemos el cielo, por el humo de los bosques que se están quemando. Las aves migratorias caen del cielo, decenas de miles, no pueden huir del humo. No es una sorpresa: sabemos que está roto el planeta. Es un momento para abrir nuestros corazones y dar la bienvenida a una misión colectiva urgente. A nuevas historias y narrativas." 

"La reparación es un marco en el cual podemos trabajar las esferas económicas, ecológicas y políticas que están rotas", definió. Es un derecho y a la vez un trabajo, cívico e intergeneracional. "Es la práctica de rehacer, reparar, re-emparejar las cosas. Entre el corazón y la mente, los individuos y sus colectividades, los humanos y el mundo natural. Hay que arreglar las escuelas y el sistema de transporte. Pero lo más importante es rearreglar este mundo basado en la supremacía de los hombres blancos cristianos", destacó. 

Una reparación incluye: desfinanciar a la Policía, poner fin a la colonización y a la muerte "legalizada", devolver a los pueblos originarios lo que se les ha quitado. "Cuando vemos cuál es el problema hay posibilidad de liberarnos. Cuando ya no nos escondemos de la verdad damos un paso muy importante. No podemos seguir siendo ciegos. Dejarnos engañar por un imperalismo barato y un patriarcado de mala calidad."

"No podemos volver al business como siempre. Seguir ignorando a los fascistas que están caminando. A los bosques que se están quemando. Hay una necesidad de un plan urgente y colectivo. No se trata de poner la vida en pausa hasta que llegue la vacuna, sino de hacernos las preguntas reales para empezar un proceso de reparación y apoyar un Nuevo Acuerdo Verde. Tenemos que reclamar a nuestros gobiernos que la reparación esté en el centro", instó la autora.

Claro que no hay solución de un día para otro para siglos de opresión. El proceso "va a demorar", porque "demasiado daño ha sido hecho". Sucede además que el capitalismo "tiene la ilusión de que cada día es un nuevo comienzo". La reparación podría tomar herramientas de los movimientos feministas y anticoloniales. "Esta es una oportunidad. Hay un colapso de la economía, las empresas, las aerolíneas. Si no estamos haciendo este trabajo juntos en este momento, ¿qué estamos haciendo? Nos vamos a encontrar con muchas otras pérdidas, choques y extinciones. Si entendemos que nuestra misión fundamental es la reparación, tenemos que encontrar alegría en este proceso. Porque haciéndolo nos vamos a reparar a nosotros mismos."

Progreso y Nuevo Acuerdo Verde

La Internacional Progresista debe anunciar a qué tipo de progreso apunta y de cuál quiere alejarse. El progreso hasta aquí operó como "ideología mortal y fatal", imponiendo su lógica sobre mujeres y campesinos, desarrollando una "cadena jerárquica" de las relaciones sociales. "Ha llevado a la idea de que no vale nada en el mundo sino es porque destruye todo lo que hay y lo transforma. Y nos ha llevado a las crisis a las cuales nos estamos enfrentando."

Al comienzo, Klein rápidamente instaló el tema del cambio climático, uno de los ejes de discusión de "las organizaciones del sur global hace muchos años". "Hemos hablado de transformación del sistema, transición; Evo Morales le dio otro nombre. Hemos hablado de los derechos de la madre tierra, en Cochabamba. En Canadá hablamos del Leap Manifiesto. Ha tenido muchos nombres. Hay una generación que tiene su imaginación puesta en esta lucha por el tema climático. Y hay muchos límites de cómo lograr desarrollar una perspectiva de izquierda común: cómo vamos a proteger el planeta y defender a las comunidades empobrecidas", sostuvo.

"Todas estas problemáticas tienen un punto en común: cómo podemos alejarnos de la energía fósil mientras vamos construyendo un mundo más justo, para poder ofrecer una reparación a la gente que ha sido despojada de sus tierras. Siempre ha habido una tensión, aunque lo llamemos Nuevo Acuerdo Verde o de otra manera. Todos los cambios de ese nivel de transformación obviamente tendrán un impacto sobre el PBI, y nuestras sociedades están profundamente ligadas a la devastación ambiental y la necesidad de consumir más energía. Si no estamos dispuestos a pasar estos riesgos no vamos a lograr transformar la matriz de producción. Si no vamos a la raíz del problema, la sobreconcentración de los más ricos de este planeta, no vamos a lograr la transformación."

Una carta magna global

En la mesa redonda coordinada por David Adler y compartida con Tasneem Essop (Sudáfrica), Carola Rackete (Alemania) y Aruna Roy (India) quedó planteada la necesidad del diseño de una carta magna global que coloque en el centro de la escena a la pobreza y la inequidad.

"Las crisis de las migraciones, los refugiados climáticos, la pobreza, la injusticia social y el cambio climático están conectadas. Hay una conciencia creciente de esto; nos lleva a entender el sistema, que es la causa. No tenemos que pensar en grande. Estamos hablando de derechos básicos para la resiliencia. Implica sistemas de salud gratis, acceso al agua, soberanía alimentaria y vivienda. El centro son la inequidad y la pobreza. Tal vez no están en las agendas políticas grandes pero es el centro de las agendas de los movimientos y estamos en una sola lucha: ése es el derrumbe de muros y es la idea de una carta magna global", se explayó Essop, experta en clima, energía y justicia social. "Tenemos que tener una carta global de derechos a la salud, la educación, la comida, nuestros ríos y bosques. Necesitamos gobiernos más transparentes que rindan cuentas a sus pueblos. Un nuevo tipo de democracia", coincidó Roy, activista.

Klein se unió a estas ideas. "La urgencia es el hambre", sentenció. "Hay muchas emergencias que no estamos tratando como tales y otras que no lo son y las tratamos como tales", añadió, y se refirió a las aperturas aceleradas en las escuelas. También dijo que "no hay contradicción entre el sentido de emergencia y la paciencia" a la que la situación invita. Que se puede volver a las calles como ocurrió en las marchas del Black Lives Matter, con todas las precauciones. "El riesgo es adentro: volver a almacenarnos en los espacios previstos por el capitalismo para almacenar humanos."

Las calles piden reemplazar la arquitectura de la infraestructura del castigo por la del cuidado, y es momento de escuchar a los más "empobrecidos". En Estados Unidos puntualmente hacen falta más "gobernantes negros", dijo quien se presentó como "veterana de la campaña de Bernie Sanders". "La narrativa apocalíptica es profunda y enraizada. Es una perspectiva de redención, de que pocos vamos a sobrevivir. Necesitamos alimentar otra imaginación. La gente está cultivando otro futuro, tenemos que visibilizarlo. Está dispuesta. Nos alista para otra fase, otro momento. Para ir más allá de 'ya fue, vamos de compras'. Hay que evitar esa narrativa y abrir otras posibles. Es importante construir esta infraestructura, es el mandato de la Internacional Progresista, para que la solidaridad sea más que una consigna", concluyó Klein.

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Cuba: entre administrar la crisis y renovar el socialismo

En 1992 apareció, en Cuadernos de Nuestra América, un ensayo titulado “La economía cubana: los desafíos de un ajuste sin desocialización”, donde Aurelio Alonso saldaba cuentas con los esquemas del socialismo histórico, y analizaba los desafíos del reajuste frente a una crisis coyuntural y estructural.[1]

Rescato par de ideas de aquel texto. Según el autor, una alternativa socioeconómica propia e independiente va más allá de una exitosa “administración de la crisis coyuntural”. Las llamadas “medidas de emergencia” suponían ya cambios de envergadura en el conjunto del sistema. A la profunda reforma en busca de un espacio alternativo para Cuba (o sea, de mecanismos eficaces de reproducción socialista), le urgía también, en el plano teórico, una “reconstrucción de la economía política del socialismo”.

Este doble desafío era definido del siguiente modo:

“Existe un problema no elucidado entre las modalidades de la socialización de la propiedad y la naturaleza de la gestión, que se relaciona, a todas luces, con la eficacia global del sistema. La propiedad estatal se vincula a un esquema centralizador en el plano de la gestión, que ha desembocado en una ineficiencia empresarial generalizada. El “socialismo real” o histórico, al convertir al Estado en propietario y administrador, hipertrofia el alcance de los ministerios y otros órganos estatales y produce un relevo del empresariado por el funcionariado. [Y luego] La búsqueda de formas descentralizadoras de dirección se ha confundido frecuentemente con la privatización de la propiedad, perdiéndose de vista las potencialidades de la descentralización dentro de la propiedad socializada…”[2]

Más que abundar en viejas oposiciones (propiedad “socializada” vs. privada), se trataba de modificar la matriz de dirección y producción de la sociedad. Citaba el autor las medidas de descentralización aprobadas por el IV Congreso del Partido Comunista (1991): la inversión extranjera en el sector del turismo, la autonomía financiera del sector productivo capaz de procurarse divisas, la ampliación de facultades a los órganos municipales de Poder Popular para hacerse cargo de las necesidades de la comunidad.[3]

2

Dos décadas más tarde, el proceso de reformas oficialmente conocido como “Actualización del modelo económico-social” (2011) fue presentado como una intervención sobre la organización de la economía, sustraída a cambios directos en el modelo político. Procuraba una puesta al día, no de la “política socialista”, sino de una “práctica” capaz de encarar los problemas propios y del sistema de relaciones en que el país ha debido insertarse. El núcleo de esos problemas “prácticos” ha sido ubicado en la “economía”.

En las condiciones actuales de Cuba, despolitizar el problema de las reformas, presentarlas como una cuestión “económico-técnico-social” solo significa una cosa:  eludir la cuestión de su sostenibilidad política, en una perspectiva que continúe siendo anticapitalista. Por el contrario, asumir la centralidad política de las reformas, como condición, medio y resultado, supone aceptar como horizonte la “dependencia entre la libertad política y la capacidad de controlar los medios materiales necesarios para la existencia personal y social”.[4]

En consonancia con los documentos rectores de las reformas (Lineamientos, Conceptualización), la nueva Constitución de 2019 conserva el postulado de “socialista” para definir el sistema que rige en Cuba. Tal declaración es referida a un conjunto de valores ético-políticos, sustentada en la (reafirmada) función rectora del PCC y en el sistema económico vigente. Este último, un modelo mixto (que subordina otras formas de propiedad y de gestión) aparece regido por los principios de la “planificación socialista” y la “propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción”, según una relación en la que el Estado es representante/administrador y el pueblo beneficiario/propietario.

Las connotaciones de un socialismo así fundamentado (a la soviética) han sido largamente debatidas dentro y fuera de Cuba (la estructura de la propiedad, las relaciones entre plan y mercado, los vínculos entre gestión y propiedad y un largo etcétera). Lo que suele darse por sentado, para defensores y detractores, es que ese modelo es equiparable al socialismo; es decir, que el núcleo del socialismo consiste en la sujeción del sistema a una planificación centralizada + predominio de la propiedad estatal (= propiedad social o socialista).

Pese a atavismos e incongruencias en su expresión programática, y aplazamientos y distorsiones en su implementación, lo cierto es que el proceso de reformas iniciado hace casi tres décadas ha implicado a la totalidad de la sociedad cubana. Tal constatación resulta ya, como se verá más adelante, del debate cubano sobre sociedad civil de los años noventa. En su conjunto, las reformas han conllevado a un redimensionamiento del Estado, de su estructura y funciones, de las formas de actividad social que le definen, de sus relaciones con la ciudadanía (término este reciente en nuestro vocabulario político).

Omitido o ignorado este proceso de transformaciones políticas, lo cierto es que el reto más inmediato y definitorio del socialismo cubano continúa localizado en la dimensión económica: en la urgencia de un rediseño desde una noción distinta de desarrollo, que despliegue el potencial creado, garantice la subsistencia de la población y restaure un régimen laboral y de participación efectiva que incentive el trabajo.

Por tanto, el problema que Alonso identificara como esencial para la “eficacia global del sistema” continúa, en lo fundamental, irresuelto. ¿Cómo vincular la propiedad socializada con la gestión descentralizadora? Más allá del sesgo jurídico que ha prevalecido sobre la cuestión, ¿acaso la propiedad efectivamente socializada no supone esta clase de gestión? ¿La propiedad estatal ha sido, en Cuba o en otra parte, garante de tal socialización?

Como advirtiera aquel texto de 1992, para constituir una alternativa real entre los dogmas socialista y liberal, el proceso cubano de reformas debe quedar enmarcado en una economía socializada, o sea, en un gobierno de la sociedad sobre la economía. Dicha economía socializada supone, entonces, un poder socializado.

Estas líneas solo pretenden ilustrar la pertinencia de tales interrogantes. Si algún consenso existe al respecto, es sobre la necesidad de conformarlo, en vista de los efectos desintegradores de la crisis y las reformas. El punto de partida, por tanto, no puede ser la unidad.

3

Los problemas en torno a la socialización han motivado grandes debates en la variopinta tradición adscrita al marxismo, y respecto al modo en que se la ha concebido y practicado en el socialismo histórico.[5]

La tradición praxeológica marxista ha pretendido sustraer la socialización de una teleología naturalista (subordinada al desarrollo de las fuerzas productivas), y situarla en el campo dialéctico de una historia abierta (marcada por la incertidumbre y especificidad de la lucha de clases). Vinculada a la actividad consciente de instituir una sociedad socialista, su énfasis va dirigido a las relaciones sociales de producción y al proceso de conformar una sociedad socializada. En consonancia, se han promovido múltiples vías y mecanismos de control democrático de los medios de producción por los trabajadores, para que decidan colectivamente sobre su uso social. Entendida como el proceso por el cual los individuos son cada vez más capaces de controlar colectivamente sus condiciones de existencia, la socialización ha atendido a la reabsorción por la sociedad de sus poderes alienados, tanto por el Estado como por el mercado.

Sobre estas bases, la teoría sobre la política socialista ha insistido en restituir al cuerpo social los poderes usurpados, procurar las condiciones progresivas para la emancipación económica del trabajo. Ello supone su propia finitud (para la política, entendida como intervención del Estado), toda vez que la meta de la transformación socialista, más allá de la distribución, ha atendido a la superación de las condiciones materiales de la producción misma.

Sin embargo, la expresión canónica de “socialización de los medios de producción” supuso tirar hacia abajo el rasero de tales implicaciones para restringirse al prisma jurídico de las relaciones de propiedad y las políticas de distribución estatales.

Identificada con la expropiación de los propietarios privados de la tierra y el capital por la sociedad, esta ortodoxia marxista ha considerado la socialización de los medios de producción esencial en tanto: a) remueve las fuentes de desigualdad colectivas (basada en la distribución desigual de la propiedad) e individuales, de ingresos personales no vinculados al trabajo; b) elimina la institución del trabajo asalariado y la explotación privados; c) priva a los ex capitalistas de los fundamentos de su poder; y d) es condición para una economía centralmente planificada (de otro modo sometida a los propietarios privados).[6]

Al identificar lo estatal a lo social, y oponerlo a lo privado, la gestión y control efectivos de los medios socializados ha sido una de las ambigüedades conceptuales del término, con efectos prácticos evidentes.

En las experiencias del socialismo histórico del siglo XX, se transitó de la expropiación de las tierras y empresas por parte del Estado, hacia intentos por suprimir parcialmente el mercado e incluso el dinero como medio de intercambio entre productores y empresas. Se trató de medidas impuestas desde el Estado, que aparece no solo como el gran propietario sino como medio de intercambio y de circulación de los productos. El esfuerzo por sustituir la ley del valor y el tiempo de trabajo abstracto (valor de cambio) como medida y medio del acceso a otros productos del trabajo útiles para otras personas (valor de uso), no constituyó, sin embargo, una superación económica del valor de cambio, sino una coacción extraeconómica para intentar anularlo.

La preponderancia del valor de uso sobre el valor de cambio funcionó como una norma general, aplicada según cálculo y criterio discrecional de funcionarios estatales, es decir, según una decisión política centralizada (y a la postre, subjetiva). Se trató entonces de una forma de privatización de la gestión del modo de intercambio de riquezas, a cargo de la administración estatal. Tales procesos no dieron lugar a una nueva relación económica que sustituyera la ley del valor y el mercado, sino a una coacción política que la impedía. En lo fundamental, dejaron inalterada la estructura jerárquica de la dominación sobre el trabajo, heredada del capitalismo.

De modo general, enfrentaron varios inconvenientes, en lo que al tema tratado se refiere:

  1. La administración del Estado, premisa y garante del bienestar de la sociedad, condujo, en la práctica, a una reconversión del poder económico de las clases propietarias en poder político de los funcionarios del Estado. La lógica del capitalismo fue tendencialmente reinstalada, como administración monopólica de los medios de producción y poder político concentrado.
  2. Al tratarse de una relación política que sustituyó a la relación económica, fue circunscrita al interior del régimen, mientras que sus relaciones internacionales de intercambio actuarían como presión económica extra nacional, cada vez más intensa por la mundialización de la producción, el conocimiento y la tecnología.
  3. A la postre, se impuso una coexistencia social entre la lógica del valor de uso en los espacios públicos y legales, regulados y controlados por el Estado, y la lógica del valor de cambio en actividades informales y cotidianas, de intercambios internos y externos.[7]

El fracaso de tales experiencias demostró que, a contrapelo de lo que la izquierda creyó durante todo el siglo XX, la estatización de los grandes medios de producción no instaura un nuevo modo de producción ni instituye una nueva lógica económica. Estatizar no significa socializar la producción, toda vez que no procura las condiciones para una autogestión significativa a escala social, capaz de instituir un proceso socialista del trabajo. La función del “Estado revolucionario” no es entonces crear el socialismo. Ello escapa al objeto fundante de su existencia como Estado, en tanto monopolio o “proceso de regulación jerarquizada de los bienes comunes”.[8]

En las condiciones actuales, la transición socialista requiere tipos de relaciones económicas en la producción y de relaciones sociales en el intercambio, que la sola intervención estatal no procura y menos garantiza: política de alianzas entre las clases populares para la gestión nacional de los asuntos sociales comunes; nuevas formas asociativas voluntarias de los trabajadores en los centros de producción y creciente articulación con otros centros de producción, así como con las comunidades; democratización permanente de las estructuras estatales que apoye esos procesos locales y comunitarios; estabilidad económica que garantice las condiciones básicas de vida, y que procure tiempo para tales aprendizajes colectivos.[9]

A este respecto, Cuba ha debido hacer su propio aprendizaje, a partir de la crisis, el reajuste, y el consiguiente disenso de los años noventa.

4

¿Por qué se discutió acerca de la sociedad civil en los años noventa en Cuba? ¿Qué se discutía al emplear este término? ¿En qué consistía y cómo fue definida la sociedad civil cubana? Los problemas que este debate formulara, ¿pueden arrojar alguna luz sobre los ejes y procesos centrales de las reformas en curso?

Tema problemático si lo hay, su tratamiento ha supuesto para Cuba, generalmente, dos grandes dificultades, una teórica, otra política. El de sociedad civil ha sido uno de los conceptos contemporáneos más ambiguos e imprecisos, por su historia larga y tortuosa, su utilitarismo y la remisión usual a parámetros normativos, más que analíticos. Y claro, el término ha sido empleado en discursos políticos divergentes sobre la realidad cubana.[10]

Anatemizado por el marxismo soviético preponderante, la polémica en torno al mismo tuvo como referente la redefinición de las relaciones entre el Estado y las distintas esferas de acción social de los individuos, del espacio de lo público, asociado a cambios ocurridos a nivel internacional como nacional.

Tras el colapso del sistema soviético, se produjo en Cuba una crisis que erosionó la eficiencia del “monopolio práctico” del Estado como productor de ideología, es decir, la compatibilidad entre esa ideología y los beneficios que había sido capaz de proporcionar (ej. crecimiento económico, movilidad y justicia social). Restringida su capacidad para organizar los proyectos de vida personales en torno al proyecto social, para muchos las estructuras políticas no se adecuaban a la conmoción sufrida por las relaciones sociales, manifiestas en la vida cotidiana de la población, lo que alentó la aparición de nuevas formas asociativas.

La crisis económica, una integración social erosionada a partir de la aparición de nuevos entes económicos, la pérdida de capacidades del Estado para socorrer las necesidades de la población, la ampliación de relaciones de mercado y la creación de espacios no regulados estatalmente, todo alentaba una rearticulación de la sociedad cubana, proceso en el que el propio Estado redefinió su papel, mediante el conjunto de reformas adoptadas. La escasez de recursos obligó a buscar mecanismos de descentralización para su uso más eficiente y a introducir transformaciones en la estructura político-administrativa, a partir de la reforma constitucional de 1992.

Cuba requirió entonces rearticular el consenso en torno a un nuevo modelo de socialismo (respecto a las dimensiones, objetivos y eje de las transformaciones), en las condiciones de una sociedad cada vez más diferenciada, con un nuevo mosaico de actores sociales.

Por tanto, si el tema de la sociedad civil ocupó la atención de los intelectuales cubanos (incluyendo a los políticos) en los años noventa, no se debió solo a su papel en la confrontación ideológica y en los códigos generados en el seno del debate contemporáneo. O a su empleo como instrumento desestabilizador del régimen por el discurso político-ideológico del gobierno norteamericano, ensayado en el Este de Europa. Su uso resultó, ante todo, de la propia activación de la sociedad civil cubana y del espacio de lo público, provocado tanto por los efectos económicos, políticos e ideológicos de la desaparición del campo socialista, como por la propia maduración que las clases y grupos sociales habían alcanzado en tres décadas de ordenamiento socialista. Esta catálisis de la sociedad civil cubana se manifestó en su apropiación (parcial o completa) de espacios y procesos antes sujetados al aparato estatal, y por la importancia que adquirieron los canales y esferas de realización del debate ideológico.

Jorge Luis Acanda distinguió varias posiciones en el empleo del concepto de sociedad civil durante la década en Cuba; esto es, tres tendencias fundamentales en torno a las relaciones de poder y la naturaleza democrática del modelo político, de cara a un proyecto futuro de sociedad.[11]

Una, negaba cualquier logro democrático de la sociedad cubana y se atenía a una intención, implícita o explícita, de cambio de régimen. Impugnaba la continuidad del orden socialista, como incapaz de un estatuto mínimamente democrático, y aspiraba a la sustitución del gobierno y del modelo político cubano vigentes. Entendía la sociedad civil, sobre todo, como espacio asociativo voluntario, contrapuesto al Estado y a la sociedad política y reservorio de los valores de progreso, libertad, democracia, derechos humanos.

La ortodoxia isleña, tras rechazar el término como maniobra ideológica, le acogió luego como “sociedad civil socialista”, vía para organizar la participación de masas. Sobreentendía que la sociedad cubana había logrado unos niveles elevados de democracia económica y política, toda vez que las políticas de acceso a servicios y derechos universales garantizaban per se un alto desempeño democrático. Por tanto, el PCC y las organizaciones políticas y de masas figuran como legítimos representantes de la sociedad. Desde esta visión, la idea era fortalecer o perfeccionar los mecanismos creados, con el papel protagónico del gobierno.

Otras visiones, finalmente, proponían un rediseño de la democracia en Cuba, basado en el cuestionamiento de elementos de su modelo político. Al asumir la sociedad civil como central para una recomposición socialista de la hegemonía, proponían fortalecer las instancias del Poder Popular (con énfasis en los poderes locales), mejorar mecanismos democráticos como la rendición de cuentas y apelar a dispositivos culturales no estatales, delimitar las funciones políticas partidistas y las administrativas del gobierno en los distintos niveles, etc. Dentro de esta posición, hubo quienes, a partir del concepto de sociedad civil, argumentaron la imposibilidad de que el Estado pudiera hacerse cargo de las necesidades, los objetivos y los derechos de una creciente diversidad social. Si, más que una identificación, existe una continua tensión entre las estructuras políticas y la sociedad civil, es dicha tensión el fundamento de la democratización del sistema.[12]

Tales desencuentros sobre la sociedad civil, al anudar un conjunto de problemas del pensamiento social cubano, reveló carencias de las ciencias sociales para dar cuenta del proceso revolucionario y de su ordenamiento socialista. Su impacto rebasó lo académico. El debate cubano amplió y redimensionó la comprensión del proceso de la política, al incorporar el análisis sobre sus “condicionamientos socioeconómicos” y culturales. Enfrentó, de hecho, la hipertrofia política en el análisis de la sociedad. La necesidad de reconstruir la sociedad civil cubana propició una amplia reflexión sobre su cultura política: sobre el peso de las representaciones ideológicas y culturales en la articulación del consenso, desde la organización familiar, pasando por el papel de los intelectuales, de los nuevos sujetos sociales y la concepción del Estado. La recomposición de la hegemonía fue asumida como proceso cultural, en su más amplio sentido.[13]

Pues la sociedad civil, entendida como el conjunto de las relaciones sociales productoras de sentido, es el campo por excelencia de la lucha de clases y, por tanto, de la disputa hegemónica. Promueve una renovación socialista si logra enraizar instituciones y relaciones de producción ideológico-cultural a los fundamentos culturales de la nación y a la pluralidad de sus prácticas cotidianas. Ello concierne al papel del mercado y del Estado en el socialismo: a la búsqueda y desarrollo de nuevas formas de propiedad colectiva (o sujetas a su control) en la economía, capaces de suprimir la lógica del valor de cambio como acceso a la riqueza; así como a la promoción de nuevas formas de participación política que disputen las funciones monopólicas del Estado.

5

La deforme socialización del estatismo soviético y el debate cubano sobre sociedad civil resisten a ser relegados a un pasado inoperante. Su discernimiento condiciona nuestra visión de los problemas del presente. La prioridad de maximizar la producción nacional de bienes y servicios no es solo un problema técnico y económico. Involucra además la educación, relaciones y estructuras políticas.

Acaso en Cuba haya ocurrido un peculiar aprendizaje sobre la sustitución estatista, que se expresa en una nueva sensibilidad frente a los límites y legitimación del poder político, y en demandas a favor de un espacio plural de instituciones, relaciones y grupos sociales, relegadas por el modelo de socialismo que pretende ser reformado. Pero la crítica a la monopolización estatal no puede pasar por alto el poder coercitivo de una sociedad civil a la que queda asignado, de modo prevaleciente, todo el espacio entre el individuo y el Estado. Para las condiciones de Cuba, la implementación de mecanismos efectivos de participación y control ciudadano, laboral, comunitario, continúa siendo el imperativo de una sociedad socializada. Junto a una educación política afín y consensuada, son formas de renovar el Estado que no derivan en, o pueden limitar de veras, una mayor mercantilización.

 

[1] Aparecido en el vol. IX, no. 9, julio-diciembre de 1992, fue compilado en El laberinto tras la caída del muro, editado en 2006 por Ciencias Sociales y en 2009 por CLACSO y Ruth Casa Editorial [las citas son de esta última edición].

[2] Ídem, pp. 208-209.

[3] Ídem, pp. 209-210.

[4] Julio César Guanche, “A propósito de la relación entre política y economía”, en OSAL, Año XIV, No. 36, diciembre de 2015, p. 15.

[5] Ya en la tercera década del siglo XX fue objeto de enconadas polémicas en el contexto de la fallida revolución alemana. Ver Karl Korsch, ¿Qué es la socialización? Un programa de socialismo práctico, Siglo XXI, Argentina, 1973; Erwin Weissel, “A Internacional Socialista e o debate sobre a socializaçao”, en Eric Hobsbawm et al. (eds.) Historia do marxismo, tomo V, Paz e Terra, Brasil, 1985, pp. 227-250.

[6] Joseph Wilzynski, An Enciclopedic Dictionary of Marxism, Socialism and Communism, Macmillan Reference Books, London, 1981, pp. 541-542; Tom Bottomore (ed.) A Dictionary of Marxist Thought, Blacwell, 2nd ed., 2001, pp. 502-503; Jean Robelin, “Socialisation”, en Gerard Bensussan y Georges Labica, Dictionnaire critique du marxisme, Paris, PUF, 1985, 3ª ed., pp. 1057-1063.

[7] Ver Paul M. Sweezy y Charles Bettelheim, Algunos problemas actuales del socialismo, Siglo XXI, México, 1973; István Meszaros, Más allá del capital. Hacia una teoría de la transición, Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia, La Paz, 2001; Álvaro García Linera, ¿Qué es una revolución? De la Revolución rusa de 1917 a la revolución de nuestros tiempos, Vicepresidencia del Estado, La Paz, 2017.

[8] Álvaro García Linera, “Estado, democracia y socialismo: Una lectura a partir de Poulantzas”. Recuperado de http://marxismocritico.com/2015/02/25/estado-democraciay-socialismo, 2015.

[9] Álvaro García Linera, ¿Qué es una revolución? ..., p. 80.

[10] Haroldo Dilla y Philip Oxhorn, “Virtudes e infortunios de la sociedad civil”, Nueva Sociedad, 1999, pp. 157-175.

[11] Jorge Luis Acanda, “Cambios en la sociedad civil cubana y su reflejo en el pensamiento cubano desde los noventa al momento actual”. En J. Tulchin y otros (eds.) Cambios en la sociedad cubana desde los noventa. Washington, DC: Woodrow Wilson International Center for Scholars, 2005, pp.141-144. Ver además Milena Recio y otros, “Sociedad civil en los 90: el debate cubano”, en Temas, Nos. 16-17, 1998-1999, 155-176.

[12] Ídem.

[13] Rafael Hernández, “¿Pero acaso hay un debate en Cuba sobre la sociedad civil?”, En Hablar de Gramsci, Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, La Habana, 2003, pp. 137-147.

Investigador y marxista cubano. Subdirector del Instituto de Filosofía, en La Habana.

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www.sinpermiso.info, 7 de septiembre 2020

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Economía feminista: viva, abierta y subversiva

El fundamento de esta teoría afirma que economía sí es más que mercados, que el género sí importa y que el conocimiento sí es político.

En los últimos años, escuchamos cada vez más hablar de economía feminista y otros conceptos relacionados: cuidados, sostenibilidad de la vida, impactos de género de la crisis… Pero ¿de qué hablamos cuando hablamos de economía feminista? La economía feminista (en adelante, EF) es una teoría económica y es también acción. 

No podemos pensar teoría y acción por separado: la teoría económica feminista observa un sistema económico que se construye sobre la desigualdad de género y la alimenta. Frente a ello, lanza propuestas para avanzar hacia una economía distinta, donde haya una manera de producir, intercambiar, consumir y cuidar que desafíe las relaciones de dominación y ponga la vida en el centro. En este artículo nos centramos en la propuesta teórica de la EF. Os invitamos a acompañarnos en ese recorrido teniendo siempre en mente que, tras las palabras, hay prácticas, y viceversa.

1- Una forma distinta de mirar la economía

La EF no es un cuerpo único de ideas sino una diversidad de planteamientos que van más allá de hablar de la situación específica de las mujeres y/o de su diferente posición respecto a los hombres en la economía, o de proponer políticas que moderen los impactos de género negativos del funcionamiento del sistema económico. Suponen un cuestionamiento fundamental de la disciplina. Ello se propone desde un cruce heterogéneo entre diversas escuelas económicas heterodoxas (marxismo, post/keynesianismo, institucionalismo…) y diversas corrientes feministas (liberal, radical, marxista, ecofeminista, descolonial…). Existe una pluralidad de aproximaciones que conviven y se retroalimentan, otorgando una gran riqueza y versatilidad a los debates. Esta capacidad de diálogo ha permitido históricamente a los feminismos en general, y a la EF en particular, problematizar y deconstruir miradas para poder reconfigurarlas desde pensamientos complejos e inclusivos.

La EF tiene al menos tres objetivos principales. Primero, busca identificar los sesgos androcéntricos de las teorías económicas, que impiden tener una comprensión integral de la economía y de los procesos de inclusión/exclusión que en ella se producen, especialmente de los marcados por el género. A partir de ahí, pretende obtener herramientas conceptuales y metodológicas para revertir dichos sesgos y aplicar una perspectiva feminista a la comprensión de fenómenos económicos, desplazando el eje analítico de los mercados a los procesos que sostienen la vida. Con todo ello, se propone reflexionar sobre los procesos y políticas económicas actuales recuperando las esferas invisibilizadas de la economía y preguntándose cómo interactúan con la desigualdad entre mujeres y hombres.

La EF rompe con la economía convencional en múltiples aspectos. A nivel epistemológico, cuestiona las gafas androcéntricas con que la economía neoclásica observa todo, y su estructura de pensamiento dicotómica y androcéntrica, que excluye sistemáticamente lo feminizado. También denuncia que el objeto de estudio de la economía queda reducido a los aspectos mercantiles, relegando a la invisibilidad la naturaleza, las necesidades del cuerpo y las relaciones humanas, incluyendo la reproducción del poder (en base a la clase, el género, la raza, etc.). A nivel metodológico, critica la primacía de las matemáticas y la lógica hipotético-deductiva. El empeño en construir modelos matemáticos para explicar procesos sociales no sólo deja fuera infinidad de elementos fundamentales, sino que permite ocultar el papel que juegan los juicios de valor del contexto social y de la propia ideología del sujeto. La pedagogía ortodoxa, con su enseñanza de la economía unidireccional y en singular, también es criticada. Y, por último, hay un cuestionamiento político,desentrañando las implicaciones de la estrategia capitalista que sustenta esta corriente de pensamiento. La economía ortodoxa no es inocente, sino útil para el mantenimiento del statu quo y la desigualdad de género.

2- Aportes conceptuales y metodológicos

La EF se define por asumir un compromiso expreso con la comprensión y superación de las desigualdades de género en el ámbito económico, partiendo de una idea clave: no podemos entender (ni eliminar) estas desigualdades si no incorporamos los trabajos no remunerados. Se diferencia de la economía del género, que es una subcorriente ortodoxa caracterizada por intentar erradicar los sesgos androcéntricos sin cambiar el discurso neoclásico; y por intentar acabar con la desigualdad sin cuestionar el capitalismo. Este enfoque, que definimos como añada mujeres y revuelva, se distingue de la EF en tres cosas: sigue restringiendo el análisis a las dimensiones monetizadas de la economía; le preocupa el género, pero lo considera una construcción ideológica, que impacta en la economía, pero no es parte en sí de la economía; y aspira a realizar buena ciencia, no manchada por la política. Por contra, la EF afirma que economía sí es más que mercados, que el género sí importa y que el conocimiento sí es político. Estas tres afirmaciones son sus tres elementos definitorios, que unen a la pluralidad de miradas.

2.1- Economía es más que mercados

La EF entiende que economía son todos los procesos de generación y distribución de recursos que permiten satisfacer las necesidades de las personas y generar bienestar, pasen o no por los mercados. Trabajo son todas las actividades humanas que sostienen la vida, no sólo aquellas que se realizan a cambio de unos ingresos. En este punto, la EF se diferencia de numerosas corrientes heterodoxas que, al igual que la economía ortodoxa, usan la frontera mercantil para definir lo económico y reducen la noción de trabajo a trabajo asalariado.

La EF apuesta por desplazar el eje analítico y político en torno al cual construimos la economía: de los mercados a la sostenibilidad de la vida. A la hora de analizar el sistema económico, para la EF los agentes a tener en cuenta son los mercados, el estado, los hogares y las redes sociales y comunitarias. Necesitamos entender su interacción para comprender todos los procesos mediante los cuales generamos y distribuimos los recursos necesarios para la vida, comprendiendo cómo las relaciones de poder se van reconstruyendo en esos procesos. A nivel político, apuesta por mejorar el funcionamiento de la economía para que todas las personas tengamos acceso a una vida digna de ser vivida.

En el desplazamiento del eje analítico desde los procesos de valorización de capital hacia los de sostenibilidad de la vida, adquiere creciente relevancia la noción de (trabajo de) cuidados. Al poner los cuidados en el centro, se saca a la luz que la vida es vulnerable (si no se cuida, no hay vida) e interdependiente (la única forma de cuidarnos es junto al resto). La economía no se ve como el sumatorio de acciones individuales de sujetos autosuficientes, sino como una red de interdependencia. La labor de la teoría económica es entender cómo funciona esa red y qué conflictos la atraviesan.

2.2- El género sí importa, y mucho

La EF introduce las relaciones de género como un elemento constitutivo del sistema socioeconómico. Se pone cuerpo a la teoría, reconociendo que los agentes económicos no son homos economicus abstractos, sino sujetos marcados por el género, la raza/etnia, la clase social, la condición migratoria, la orientación sexual, la identidad de género, etc. La EF desvela que el Robinson Crusoe que la economía neoclásica utiliza en sus modelos matemáticos, asegurando que es una metáfora universal del ser humano, realmente es el símbolo del sujeto privilegiado en el sistema económico dominante: el BBVAh (blanco, burgués, varón, adulto, heterosexual) sin diversidad funcional, urbano, occidental. Esta figura convierte a todo el resto de personas en el otro.

La EF también se diferencia de las corrientes heterodoxas que consideran que la economía es solo escenario de un enfrentamiento de clases y dedican una atención nula o secundaria a las desigualdades de género. Para la EF las relaciones de género sí son económicamente relevantes. Para entenderlas, desagregar datos por sexo es fundamental, pero no suficiente. El género no es solo una variable, sino una categoría de análisis, una lente para observar las dimensiones heteropatriarcales del sistema económico y de la teoría económica.

2.3- El conocimiento es siempre social y político

La EF afirma que la producción de conocimiento, en tanto que proceso social, está afectada por los conflictos sociales y responde a un fin político. Una tarea importante para la EF es redefinir los criterios que validan el conocimiento, dado que no se cree en la objetividad como neutralidad valorativa. Apuesta por lo que denomina la objetividad reforzada, que se consigue al reconocer la posición desde la que se habla, responsabilizarse de ella e identificar el objetivo político que se persigue. La EF, al reconocerse feminista, no introduce valores donde no los había, sino que los explicita, y, en ese sentido, es más objetiva que aquellas teorías que pretenden ser neutrales. 

3- El funcionamiento del capitalismo heteropatriarcal

La EF entiende la socioeconomía como un circuito integrado producción-reproducción. Mercados y estado conforman la esfera monetizada, donde se dan el trabajo remunerado, flujos monetarios (créditos, remesas, etc.) e intercambios mercantiles. Hogares y redes conforman la esfera no monetizada, a la que podemos llamar espacio de sostenibilidad de la vida. Ahí hay multitud de formas de trabajo no remunerado que sacan a la luz trabajos invisibilizados, históricamente asignados a las mujeres, realizados de manera gratuita o mal pagada, que son imprescindibles para el funcionamiento de la economía y la generación de bienestar.

Al poner en el centro los procesos de sostenibilidad de la vida, la EF identifica la tensión fundamental del capitalismo: la contradicción entre el proceso de acumulación de capital y los procesos de reproducción de la vida. Para la producción, las condiciones de vida son una variable de ajuste y la reproducción de la mano de obra es un coste; para la reproducción el objetivo son las condiciones de vida y la producción de mercancías es un medio. Hay una tensión estructural e irresoluble entre el capital y la vida. La acumulación de capital es el proceso priorizado por definición en el capitalismo. El conjunto social está puesto al servicio de los mercados, con lo que no hay una responsabilidad colectiva en generar condiciones de vida dignas y la vida del conjunto social y del planeta está siempre amenazada, al estar puesta al servicio del poder corporativo: del BBVAh que domina el proceso de acumulación.

En este sentido, la EF confluye con el marxismo, que denuncia el conflicto entre el capital y el trabajo asalariado, asegurando que el beneficio se hace explotando la mano de obra. El feminismo añade que el conflicto es más de fondo, con la vida humana misma (lo que se mercantiliza es la vida y lo que se invisibiliza son los cuidados que la sostienen). Y aquí se suma a la economía ecológica, que argumenta que el capitalismo explota y agota los ecosistemas, poniendo en riesgo todo lo vivo.  

La siguiente pregunta es cómo logran salir adelante, mal que bien, los procesos vitales que están amenazados por los mercados capitalistas. Y aquí la EF insiste que es en los hogares y las redes de afinidad donde se asume esta responsabilidad. Los cuidados son aquellos trabajos que reparan el daño hecho por los mercados y hacen todo lo demás necesario para que la vida salga adelante. El heteropatriarcado feminiza estos trabajos (se los impone a las mujeres) y los invisibiliza: la única forma de vivir en un sistema económico donde la vida está amenazada y que el conflicto no estalle es no viendo el problema. El heteropatriarcado garantiza la existencia de esferas y sujetos subyugados que resuelven silenciosamente la vida que el capitalismo ataca.

4- Una economía feminista imperfecta, viva y práctica

A partir de esta lectura de la realidad económica, la EF considera que no es posible lograr la igualdad sin poner patas arriba el sistema económico. Las propuestas y prácticas concretas que surgen desde aquí son diversas y con distintos niveles de ruptura con las instituciones vigentes. Pero, en general, todas ellas combinan la apuesta por construir otra economía que haga las paces con el planeta; que ponga las condiciones para una vida que merezca ser vivida en el centro, entendiendo que esta es una responsabilidad compartida que ha de salir de las manos de (ciertas) mujeres; y erosionando las relaciones heteropatriarcales que mantienen el sistema. 

La EF no es una mirada única. Se construye globalmente como teoría y como acción en multitud de espacios diversos: desde las instituciones legitimadas como las creadoras de saber y de política y también (o, quizá, sobre todo) desde fuera de esas instituciones. Debemos hacer un llamado urgente a seguir entendiendo la EF como un proceso vivo de creación colectiva, en el que poner tanto a dialogar nuestras discrepancias, como a trabajar nuestras alianzas, en la búsqueda de otras economías posibles, nombradas con otras palabras posibles.

Fuente: https://ctxt.es/es/20180502/Politica/19356/eonomia-fiminista-heteropatriarcado-genero-cuidados-ecologia-capitalismo-amaia-perez-orozco.htm

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Por Amaia Pérez Orozco y Astrid Agenjo Calderón | 17/09/2020

Sobre las autoras : Economistas sin Fronteras – Amaia Pérez Orozco y Astrid Agenjo Calderón (colaboración externa)

Amaia Pérez Orozco es una de las integrantes del Eje de precariedad y economía feminista y Astrid Agenjo Calderón es miembra del Observatorio GEP&DO y de la Universidad Pablo de Olavide.

Astrid Agenjo Calderón es profesora en el Departamento de Economía, Métodos Cuantitativos e Historia Económica de la Universidad Pablo de Olavide. 

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