Domingo, 22 Septiembre 2013 08:57

Obama-Rohaní: luces, cámara, acción

Obama-Rohaní: luces, cámara, acción

Todo está listo. Por ahora queda establecido que el Supremo Líder de Irán, Ayatolá Jamenei, ha otorgado plena autoridad al nuevo Gobierno del presidente Hassan Rohaní para hablar directamente con Washington sobre el programa nuclear de Irán.

 

Sucedió solo unos días después de que el presidente de EE.UU., Barack Obama, filtrara las cartas que había intercambiado con Rohaní.

 

El empoderamiento de Rohaní fue confirmado por primera vez la semana pasada por el extremadamente creíble exnegociador nuclear Seyed Hossein Mousavian en un artículo de opinión publicado en Japón . Mousavian fue el representante de Rohaní en el Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán (SNSC) de 1997 a 2005. Posteriormente el propio Rohaní amplió la información este miércoles en una entrevista con NBC.

 

Es crucial que se considere la posición exacta del Supremo Líder. El martes pasado, se dirigió a la elite del Cuerpo de Guardias Revolucionarios Islámicos (IRGC) en Teherán [1].

 

La cita clave: "No aceptamos armas nucleares, no por que lo digan EE.UU. u otros, sino por nuestras creencias, y cuando decimos que nadie debe tener armas nucleares, ciertamente tampoco las queremos".

 

Jamenei apoyó plenamente la ofensiva diplomática de Rohaní, destacando –sin ser enigmático– dos conceptos: "flexibilidad heroica", como cuando un luchador a veces cede por motivos tácticos pero sin perder jamás de vista a su rival, y "condescendencia de campeón" – que es el subtítulo de un libro que el propio Jamenei tradujo del árabe sobre cómo el segundo imam chií, Hadan ibn Ali, logró impedir una guerra en el Siglo VII mostrando flexibilidad hacia su enemigo.

 

¿Significa eso que una reunión histórica entre Obama y Rohaní el próximo martes al margen de la Asamblea General anual de las Naciones Unidas en Nueva York sea casi segura? No. predeciblemente, la Casa Blanca ya ha utilizado la negación plausible, como al decir que "no se espera" que Obama "se reúna" con Rohaní.

 

Lo que el proceso implica, sin embargo, es que Washington y Teherán deben hablar, tarde o temprano, al máximo nivel.

 

Cuidado con los saboteadores

 

Crucialmente, Jamenei también dijo al IRGC: "No es necesario que los guardias tengan actividades en el campo político". Esto implica que están excluidos de las nuevas negociaciones nucleares, lo que representa una nueva confirmación de que el expediente nuclear se ha transferido al Ministerio de Exteriores. El ministro de Exteriores de Irán Mohammad Javad Zarif es el que está a cargo. Viajará a Nueva York con Rohaní. En cuanto al exministro de Exteriores Ali Akbar Salehi, nombrado ahora por Rohaní jefe de la agencia de energía atómica de Irán, dijo al Organismo Internacional de Energía Atómica en Viena que es hora de "terminar el denominado expediente nuclear".

 

Todo el proceso, que ahora se desarrolla a una velocidad vertiginosa, es un cambio radical de los años de Ahmadineyad, cuando el IRGC estaba politizado hasta el extremo. Un día antes del discurso de Jamenei, el propio Rohaní pidió al IRGC "que se mantenga por encim y más allá de las corrientes políticas".

 

Por lo tanto Irán avanza piezas en el tablero de ajedrez. No hay una reacción sustancial estadounidense, hasta ahora. Pero los saboteadores del juego ya trabajan a toda marcha.

 

No es por accidente que Israel haya incrementado sus acciones para subrayar la gran "amenaza existencial" que representa el "arco estratégico que se extiende de Teherán a Damasco y a Beirut", como expresa el embajador saliente de Israel en EE.UU., Michel Oren [2].

 

Lo que ahora es obvio es que Tel Aviv preferiría que yihadistas al estilo de al Qaida del tipo de Jabhat al-Nusra estuvieran en el poder en Damasco a una república secular árabe bajo Bacher al-Asad. Es otra prueba más, por si fuera necesaria, de la confluencia de intereses entre Israel y esos parangones de la democracia, las petromonarquías del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG). No es sorprendente que todos estos protagonistas sean acerbamente despreciados por la calle árabe.

 

Tel Aviv procederá sin ningún tipo de restricciones a bombardear el expediente de armas químicas sirias, presionando por "condiciones" que podrían incluir armas iraníes inexistentes y presionando a todos para que crean que Asad –con la complicidad de Hizbulá e Irán– no está cooperando con los inspectores de armas químicas. El líder militar "rebelde" sirio, general Selim Idriss –un títere israelí y del CCG– ya ha iniciado la campaña, diciendo que Damasco ha transferido armas químicas a Líbano y a Irak.

 

En cuanto a la Casa de Saud, la monarquía considera a la diplomacia rusa peor que veneno. No quieren ni siquiera la posibilidad de una conferencia Ginebra II –como dijo el príncipe Bandar bin Sultan, jefe del Directorado General de Inteligencia saudí, a Putin en persona. Quieren cambio de régimen, lo quieren ahora, y seguirán armando a las facciones "rebeldes" más letales, que ahora trabajan a toda marcha.

 

El gobierno de Obama debe de haber entendido el mensaje de Moscú de que Siria es ciertamente una "línea roja" rusa, tan importante para Rusia como es Israel para EE.UU. Y la Casa Blanca debe de haber entendido el propio mensaje de Jamenei a través de Sultán Qaboos de Omán; su esencia es que "quienquiera se proponga destruir Siria debe estar preparado para perder su petróleo y su gas en la región".

 

La solución al impasse de las armas químicas sirias fue elaborada por Damasco, Teherán y Moscú, y posteriormente apoyada por Pekín. De hecho, salvó al gobierno de Obama de sí mismo.

 

Sin embargo, en una entrevista de finales de la semana pasada, Obama volvió al mismo antiguo mensaje (engañoso) al referirse a Irán:

 

Pienso que los iraníes comprenden que el tema nuclear es un tema mucho más importante para nosotros que el tema de las armas químicas, que la amenaza contra... Israel que plantea un Irán nuclear está mucho más cerca de nuestros intereses esenciales. Que una carrera de armas nucleares en la región sería algo mucho más profundamente desestabilizador.

 

No existe ninguna "amenaza" a Israel porque no habrá un Irán nuclear, como acaba de subrayar, una vez más Jamenei. La potencia nuclear (no declarada) es Israel, no Irán. Y las armas químicas nunca constituyeron un tema para comenzar; la propia, imprudente, "línea roja" de Obama, se convirtió en un tema para tratar de imponer su línea roja anterior: "Asad debe irse".

 

Al respecto, hice un intento de dibujar el Gran Cuadro . La semana pasada, al margen de la reunión de la Organización de Cooperación de Shanghái (SCO) en Kirguistán, Rohaní se reunió con Putin y el presidente de China, Xi Jinping. Ahora trabajan en una estrategia concertada no solo en Siria sino también en términos del expediente nuclear de Irán.

 

Rusia y China apoyan firmemente el derecho iraní a un programa nuclear civil. Y ante todo, el grupo de los BRICS (Brasil, India y Sudáfrica son los otros miembros), así como potencias regionales emergentes como Indonesia, Argentina y el propio Irán, seguirán aumentando su presión hacia un orden internacional multipolar bajo el vigor de la ley, en lugar de la acostumbrada hegemonía estadounidense con su conducta violenta.

 

La diplomacia trata de resolver la tragedia siria. Y la diplomacia debería intentar resolver el Muro de Desconfianza de 34 años entre Washington y Teherán. La pregunta es si Obama tendrá la "heroica flexibilidad" para desafiar a los saboteadores.

 

Notas :

1. Supreme Leader Reiterates Iran s Opposition to N. Weapons, Fars News Agency, 17 de septiembre de 2013.

2. Israel wanted Assad gone since start of Syria civil war, Jerusalem Post, 17 de septiembre de2013.

Pepe Escobar es autor de Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War (Nimble Books, 2007) y de Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge. Su libro más reciente es Obama does Globalistan (Nimble Books, 2009). Contacto Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/MID-01-190913.html

Asia Times Online

Traducido para Rebelión por Germán Leyens

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El ataque militar estadunidense a Siria está en suspenso

Durante el último mes, por lo menos, el mundo parece haber estado discutiendo nada menos que si Estados Unidos se involucrará –y cuándo– en un ataque punitivo aéreo de algún tipo contra el régimen de Bashar al-Assad en Siria. Tres cuestiones resaltan acerca de esta discusión. Primero, está llena de sorpresas en cada uno de los aspectos del asunto, incluida (tal vez especialmente) la más reciente propuesta rusa de que las armas químicas sirias sean entregadas a alguna agencia internacional. Segundo, el grado de oposición mundial a una intervención estadunidense ha sido extremadamente alta. Tercero, casi todos los actores han hecho declaraciones públicas que no parecen reflejar sus verdaderas preocupaciones o intenciones.

 

Comencemos con la llamada propuesta rusa inesperada, que el ministro de Relaciones Exteriores de Siria apoya. ¿Fue ésta en realidad el resultado de un comentario sin seriedad, a botepronto, del secretario de Estado John Kerry retomado inteligentemente por los rusos el día antes de que estuviera programado el presidente Obama para expresar su petición al pueblo estadunidense de respaldo al ataque militar? Parece que no. Aparentemente Kerry y el ministro ruso de Relaciones Exteriores, Serguei Lavrov, estuvieron discutiendo la posibilidad por más de un año sin hacer aspavientos.

 

La oposición mundial a un ataque estadunidense, incluida la oposición al interior de Estados Unidos, ha sido notable de dos formas. Esta es la primera vez desde 1945 que el gobierno estadunidense se enfrenta con ese grado de oposición interna a tal acción propuesta, especialmente en el Congreso, que hasta ahora siempre había seguido la corriente casi por rutina.

 

Es más, la oposición proviene de diferentes sectores y por diferentes razones, lo que la hace tan poderosa. El presidente Obama intentó desalentar la oposición prometiendo realizar únicamente un ataque "limitado". Esto, de hecho, incrementó la oposición, añadiendo a las fuerzas contrarias a todas esas personas que en Estados Unidos, Medio Oriente y otras partes afirman que es insostenible un ataque "limitado", que con toda seguridad sería ineficaz e inaceptable debido a que sería "limitado".

 

¿Fue entonces Obama incompetente, o engañoso, o quedó meramente constreñido por la relativa decadencia del poderío estadunidense en el mundo? Probablemente las tres cosas. En su mensaje al Congreso y en sus declaraciones a su personal clave, la fuerza motivadora tras sus acciones puede verse con claridad. El asesor adjunto de seguridad nacional de Obama, Benjamin J. Rhodes, lo hizo explícito: "Durante décadas Estados Unidos ha jugado el papel de ceñir la arquitectura de seguridad global y de hacer cumplir las normas internacionales. Y no queremos enviar el mensaje de que Estados Unidos se está bajando de ese negocio, de ningún modo".

 

Ése es precisamente el problema. Estados Unidos ya no tiene el poder para hacer cumplir sus decisiones. Pero Obama es renuente a reconocer esa realidad. Es precisamente este hecho lo que enfatizan muchos oponentes. Tomemos tan sólo dos: el superior de los jesuitas, el padre Adolfo Nicolás, y el presidente ruso, Vladimir Putin. El padre Nicolás dijo: "Pienso que una intervención militar es, en sí misma, un abuso de poder. Estados Unidos debe dejar de actuar y reaccionar como peleonero en el barrio del mundo". Y Putin dijo en un artículo en The New York Times que disentía de la declaración de Obama acerca del "excepcionalismo" estadunidense. Es extremadamente peligroso alentar a la gente a verse a sí misma como excepcional". Intenten imaginar a Joseph Stalin haciendo tal afirmación acerca de Estados Unidos y a The New York Times publicándolo. Los tiempos han cambiado.

 

Finalmente, es ésta la razón por la que no podemos dar por hecho las declaraciones públicas de ninguno de los actores. Por ejemplo, abastecimiento de armas a los rebeldes. No tengo duda de que la CIA, Arabia Saudita y Qatar han estado enviando algunas armas. Pero, ¿qué tantas? Los tres países están asustados por la perspectiva de que estas armas fortalezcan, a final de cuentas, a sus reales enemigos. Para casi todo mundo en la región Assad no es un problema. Es mejor para ellos que Al Qaeda. Esto es cierto aun, o especialmente, para los israelíes. Pero todos ellos tienen preocupaciones que no implican a Siria. Israel quiere que Estados Unidos se comprometa con una acción militar como preludio de una acción contra Irán. Arabia Saudita quiere asegurar su liderazgo en el mundo árabe mediante una juiciosa y limitada acción en Siria. Qatar quiere contener a Arabia Saudita. Y el ejército egipcio por supuesto prefiere a Assad que a ningún otro.

 

¿Adónde entonces nos dirigimos? La guerra civil siria continuará por largo tiempo. Siria puede terminar como una serie de feudos bajo el control de diferentes fuerzas armadas. La comunidad cristiana puede desaparecer casi por completo tras casi dos milenios de existencia ahí. Los halcones que pretenden una guerra más amplia continuarán pujando por ella en todas partes. Las posibilidades de esta expansión son pequeñas, pero están muy lejos del cero. Debemos mantener con gran energía la oposición a una intervención militar injustificada en Siria por parte de Estados Unidos.

 

Traducción: Ramón Vera Herrera

© Immanuel Wallerstein

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Sábado, 07 Septiembre 2013 08:35

Rusia apoyará a Siria si hay ataque: Putin

Rusia apoyará a Siria si hay ataque: Putin

En caso de que se produzca un ataque militar contra Siria, Rusia –sin involucrarse como parte beligerante– va a prestar ayuda al gobierno de Bashar Assad, su aliado en Medio Oriente, prometió este viernes el presidente Vladimir Putin.


"¿Que si vamos a ayudar a Siria? Por supuesto. Ya la estamos ayudando, le suministramos armamento, cooperamos en el terreno económico; confío en que ampliaremos los intercambios en el ámbito humanitario, incluida la entrega de medicamentos y artículos de primera necesidad para esas personas –civiles– que hoy los necesitan", precisó Putin en la conferencia de prensa que tuvo lugar al concluir la cumbre del Grupo de los 20 (G-20) en San Petersburgo.

 

Putin compareció ante la prensa poco después de haber sostenido un breve encuentro, al margen de la cumbre, con el presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

 

Los mandatarios hablaron sobre el conflicto de Siria durante unos 20 minutos, según Yuri Ushakov, asesor de Putin para política exterior, tiempo suficiente para darse cuenta de que, con sus visiones antagónicas, carecía de sentido continuar la conversación.
Ante las serias diferencias que persisten, dijo Ushakov, los presidentes acordaron que las cancillerías de Rusia y Estados Unidos retomen "este otoño" el tema por "la vía diplomática", lo que puede significar que se reúnan a discutir e intercambien información, o simplemente no hagan nada, hasta que uno de los mandatarios muestre estar dispuesto a hacer concesiones.

 

La cumbre del G-20 –que debió de ser una reunión donde los gobernantes de los principales países industrializados y emergentes buscaran soluciones a los desafíos de la economía mundial– devino, fuera del orden del día y con más importancia que cualquier otro asunto, en un pulso verbal entre los partidarios de la guerra y los que tratan de evitarla.

 

El cónclave de mandatarios concluyó sin consenso sobre la crisis de Siria, por demás imposible mientras Estados Unidos siga poniendo en entredicho el multilateralismo y se arrogue decisiones que corresponde tomar o rechazar en el Consejo de Seguridad de la ONU, pero con una mayoría que no comparte la obsesión de Obama por realizar ya un ataque militar contra el régimen de Bashar Assad.
Por distintos motivos: Rusia porque perdería el último aliado que le queda en Medio Oriente, y además teme que cerca del Cáucaso del Norte se instaure otro régimen islamita radical. Otros, como Alemania, debido a que aún no ha concluido la investigación de los inspectores de la ONU y no se sabe quién utilizó las armas químicas.

Otros más, como China, Brasil, India, Sudáfrica y Argentina, están convencidos de que, aunque emplear armas químicas es un crimen de lesa humanidad, un ataque militar nada arreglaría y, en cambio, todavía es posible aplicar sanciones contra el eventual infractor. Y entre los que se oponen a una operación bélica contra Siria los hay también, como Indonesia y México, que condenan el uso de las armas químicas y dejan el asunto en manos de la ONU.

Este último punto es clave en el antagonismo de Rusia y Estados Unidos. Putin insiste en que el uso de la fuerza contra Siria debe debatirse

en el Consejo de Seguridad de la ONU, única instancia facultada para autorizar un ataque militar contra un Estado soberano, argumento que rechaza Obama al sostener que Rusia bloquea, con su derecho al veto, la adopción de medidas.
Según el presidente ruso, anoche durante la cena de trabajo, donde se trató el tema de Siria, sólo Francia, Canadá, Turquía y Arabia Saudita respaldaron la opción militar de Estados Unidos. Es de suponer que también lo hizo Gran Bretaña, aunque su Parlamento votó contra la propuesta del primer ministro, David Cameron, de participar en la coalición belicista.

 

Obama ofreció hoy su propia aritmética y, antes de partir de Rusia, consiguió que 11 países del G-20 firmaran un comunicado que, si bien no compromete a nadie a participar en una operación militar, condena el uso de armas químicas ocurrido el pasado 21 de agosto, y dice que la "evidencia claramente apunta a que el gobierno sirio es responsable" de ese ataque.

 

El comunicado –signado por los mandatarios o representantes de Australia, Canadá, Francia, Italia, Japón, Corea del Sur, Arabia Saudita, España, Turquía, Gran Bretaña y Estados Unidos– pide "una respuesta internacional contundente a esta violación grave de las reglas mundiales" y envía "un claro mensaje de que este tipo de atrocidad no puede repetirse jamás".

 

Lo cierto, y malo para Estados Unidos, es que los firmantes siguen divididos en cuál debe ser la "respuesta contundente" a esa atrocidad, y tampoco coinciden en qué papel debe desempeñar la ONU en el conflicto de Siria.

 

Por eso, no es claro qué pretenden decir cuando escriben: "Los firmantes siempre han estado en favor de una severa resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, conscientes de que es prerrogativa de éste encabezar una respuesta internacional y, a la vez, reconocen que dicho órgano ha estado paralizado en los últimos dos años y medio. El mundo no puede esperar más procesos fallidos e interminables que lo único que hacen es aumentar el sufrimiento en Siria y la inestabilidad en la región. Apoyamos los esfuerzos de Estados Unidos y de otros países para garantizar la prohibición del uso de las armas químicas".

 

Con este comunicado, es decir, con la retórica, Obama sólo trató de salvar la cara, pero en realidad fracasó en el intento de sumar en San Petersburgo más apoyos concretos a un ataque militar inminente, dejando aislado a Putin.

 

El presidente estadunidense no sólo no logró convencer a sus homólogos para poder proclamar un amplio respaldo, sino que se encontró con un abierto rechazo por parte de Rusia, también secundado por China, Alemania, India y Brasil, entre otros países.

 

Obama tampoco sumó a su causa al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, quien advirtió en San Petersburgo que una "apresurada acción militar" va a contribuir a aumentar la violencia entre religiones en Siria, mientras su enviado especial para el conflicto en ese país, Lajdar Brahimi, reiteró hoy que nadie puede recurrir a la fuerza sin el aval del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y lamentó que ve muy difícil la pronta convocatoria de una nueva conferencia de paz sobre Siria.

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Viernes, 06 Septiembre 2013 08:45

Las izquierdas frente a la guerra en Siria

Las izquierdas frente a la guerra en Siria

En los últimos días, el debate sobre una posible intervención militar de EEUU en Siria agitó las aguas de la izquierda. Sin duda, nadie apoya un posible ataque norteamericano para el que Obama está juntando votos en el Congreso, pero ¿qué decir del régimen de Bachar Al Asad? Ahí vienen las discrepancias. Los sectores nacional-estalinistas, con el argumento de oponerse a Washington, compran el paquete del nacionalismo sirio con moño rojo incluido, transformándolo en un heroico resistente al imperio. Para ello se han dado a la tarea de echar lodo contra quienes, desde la izquierda, no están dispuestos a llenar de flores al oftalmólogo de Damasco que heredó el poder directamente de su padre. Sin duda, como ponen en evidencia las recientes "primaveras árabes", la situación del mundo árabe es muy compleja y, como las izquierdas son muy débiles y no inciden mucho, eso obliga a tomar partido por bandos ajenos, en general uno más malo que el otro. Tampoco, como se vio en estos días, la derecha mundial tiene consenso sobre Siria.

 

Las paradojas abundan. Por ejemplo: la monarquía de Arabia Saudí apoya activamente la resistencia contra el régimen sirio, pero al mismo tiempo, apoya con igual convicción al nuevo régimen militar egipcio y odia a los Hermanos Musulmanes (apoyados por Qatar), Pero el régimen militar egipcio cree que los rebeldes sirios son un peligro incluso mayor que Al Asad. La gran paradoja es que los grandes vencedores del golpe egipcio son el premier israelí Netanyahu, los Saudíes ¡y Asad! Eso mismo reconoció en una entrevista el secretario del PC sirio al festejar el reciente –y sangriento– derrocamiento del Gobierno de los Hermanos Musulmanes en Egipto. (Paréntesis: el Partido Comunista sirio –que varios pro-Asad de izquierda utilizaron estos días para fundamentar sus posiciones– es un aparato fosilizado que forma parte del régimen de Asad –la mayoría de sus líderes e intelectuales más prestigiosos están en la oposición desde hace mucho tiempo–).

 

El conocido experto en estrategia Edward N. Luttwak, investigador del Center for Strategic and International Studies, definió cínica y sorprendentemente dónde está el interés de EEUU en este embrollo: "La Administración Obama debe resistir la tentación de intervenir con mayor fuerza en la guerra civil de Siria. Una victoria de cualquiera de los lados sería igualmente indeseable para los Estados Unidos. En este punto, un estancamiento prolongado es el único resultado que no sería perjudicial para los intereses estadounidenses" (NYT, 24/8/2013). Simplificando mucho: si gana Assad gana Irán (y Hizbolá); si ganan los rebeldes gana Al Qaeda. "La guerra está siendo librada por caudillos menores y peligrosos extremistas de todo tipo". "Sólo hay un resultado que posiblemente pueda favorecer a Estados Unidos: un empate indefinido... [Por eso] El mantenimiento de un punto muerto debe ser objetivo [de Washington]... Esta estrategia en realidad se aproxima a la política del Gobierno de Obama hasta el momento", concluye el analista. Los israelíes están también divididos, muchos creen que la "revolución siria" no fue en absoluto una buena noticia, ya que Asad es el mejor (y más previsible) entre los enemigos posibles.

 

Algunas de complejidades trataron de ser expuestas por Santiago Alba en su artículo Siria: la intervención soñada (1/9/2013) –que se encuentra en la web–. Alba escribió que después de meses de silencio frente a la represión asadista, la "'indignación moral' de algunos anti-imperialistas... suena en mis oídos tan odiosamente hipócrita como las invocaciones de la 'democracia' y el 'humanitarismo' por parte de los imperialistas". Los nacional-estalinistas le saltaron a la yugular. Pero hay malas noticias para quienes combinan estalinismo y nacionalismo en una ensalada indigesta: en su próxima hoguera polpotiana deberán incluir a un académico y activista que acaba de entregarse a los brazos del imperio. Nada menos que Noam Chomsky, que escribió algo parecido a Alba. Cito largo para que no queden dudas de su traición:

 

"Durante mucho tiempo, en el mundo árabe y en otros lugares han sido sede de ilusiones sobre el poder sobrenatural de los Estados Unidos, que controla todo a través de conspiraciones y tramas complejas. En esta visión del mundo, todo lo que ocurre puede ser explicado en términos de conspiraciones imperialistas. Esto es un error. Sin lugar a dudas, los Estados Unidos siguen siendo una gran potencia y capaz de influir en los acontecimientos, pero no siempre son capaces de manipularlos a través de conspiraciones complejas: esto está más allá de sus capacidades. Por supuesto que los estadounidenses tratan de hacerlo, pero también pueden no conseguirlo. Lo que ocurrió en Siria no está fuera de nuestro entendimiento: Comenzó como un movimiento de protesta popular y democrático exigiendo reformas democráticas, pero en lugar de responder a ella de una manera constructiva y positiva, Asad ha respondido con la represión violenta. El resultado habitual de un curso de acción es o bien un éxito aplastante de las protestas o, si no, verlas evolucionar y militarizarse, y esto es lo que ocurrió en Siria. Cuando un movimiento de protesta entra en esta fase vemos las nuevas dinámicas en juego: por lo general, el aumento de los elementos extremistas y brutales en las primeras filas" (entrevista de Mohammed Attar para la Fundación Heinrich Böll, 11/7/2013).

 

Como decía Alba, puede ser cierto, al mismo tiempo, que el régimen sirio masacre a su propio pueblo incluso con armas químicas, y que EEUU mienta sobre las armas químicas sirias.

 

*Jefe de Redacción de Nueva Sociedad

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Viernes, 06 Septiembre 2013 08:40

Dudoso, que Putin apoye a Obama en Siria

Dudoso, que Putin apoye a Obama en Siria

Hace no muchos años, un presidente ruso tuvo una reunión a altas horas de la noche con su representante especial y le pidió volar de inmediato para reunirse con un dictador árabe y transmitirle una advertencia importante sobre un inminente ataque estadunidense. El mensaje añadía que si el autócrata árabe renunciaba voluntariamente al cargo de presidente y permitía elecciones democráticas, podría permanecer en su país y conservar su puesto en su partido. El dictador era Saddam Hussein, la fecha era febrero de 2003 y el enviado presidencial era Yevgeny Primakov.

 

Y el presidente era Vladimir Putin. Tal vez esta pequeña historia estaba en el expediente de Barack Obama en San Petersburgo. Primakov mismo, quien fue jefe del servicio de inteligencia exterior, así como ministro del exterior y primer ministro, reveló aquella iniciativa secreta de Putin en su libro Rusia y los árabes, por desgracia poco leído (al menos en Occidente), el cual contiene muchos relatos con lecciones para líderes árabes –y para sus arrogantes pares occidentales– acerca de los tratos de Moscú con Medio Oriente, de los cuales muchos son de Putin.

 

El presidente ruso había dado instrucciones a Primakov de entregar su advertencia directa y exclusivamente a Saddam, no a su ministro del Exterior, Tariq Aziz. Quería que la propuesta se presentara a Hussein en la forma más dramática posible. De hecho, dijo Putin, podría ser la última oportunidad de evitar un ataque estadunidense.

 

El dictador iraquí respondió con una cascada de acusaciones contra Rusia: que una vez más trataba de engañarlo, como hizo cuando le dijo que si retiraba sus tropas de Kuwait en 1990 Estados Unidos no atacaría a Irak. Primakov le contestó que aquella vez tardó demasiado en ordenar la retirada. Saddam no contestó; dio un golpecito en el hombro a Primakov y salió del salón. Tariq Aziz dijo entonces algo en voz lo bastante alta para que el dictador escuchara: de aquí a diez años veremos quién tuvo la razón: nuestro amado presidente o Primakov. Bueno, de eso sí sabemos la respuesta.

 

Tal vez a Obama le gustaría que Putin enviara a su ministro actual del Exterior, Sergei Lavrov, a Damasco con un mensaje semejante para Bashar Assad. Después de todo, la razón que tuvo Putin para decir a Saddam que podía mantener su papel en el partido fue evitar inestabilidad después de la caída de su régimen en Irak. El problema en Siria es que la inestabilidad comenzó en 2011, y de entonces a la fecha ha dado lugar a una de las guerras civiles más terribles en la región.

 

Pero Putin no carece de un ángulo progresista. Después de todo, fue él quien habló de construir instalaciones de enriquecimiento de uranio en territorio de potencias nucleares reconocidas, para proveer a naciones que cuentan con instalaciones nucleares pero no quieren armas nucleares; ésa fue una de sus iniciativas en relación con la crisis iraní (la cual algo tiene que ver con el propuesto ataque estadunidense a Siria).

 

Hay otro ángulo de Putin. En El Cairo, varios políticos egipcios lo llaman al thaaleb –el zorro–, y uno casi puede verlo en la nieve, con cola esponjada e hirsutos bigotes, mientras sus ojos se cierran y lanzan una mirada levemente amenazadora. No mantiene tratos con políticos musulmanes que no le inspiran confianza. Remplazó a un dictador en Chechenia con otro peor, y no vaciló en dejar que el despiadado Mohammed Najibullah se hiciera del poder en Afganistán cuando el ejército ruso partió. ¿Por qué Occidente apoya a rebeldes que se comen a sus enemigos?, preguntó hace poco. Se refería al repugnante video de un combatiente islamita que al parecer devoraba el hígado de un soldado sirio ejecutado.

 

Pero jamás ha tenido escrúpulos para recurrir él mismo a la violencia extrema. La escandalosa conducta de su ejército en Chechenia ha tenido poca diferencia con la de los hombres de Saddam al suprimir a los rebeldes iraquíes en 1991, o la del régimen de Siria contra sus rebeldes. ¿Y acaso no fueron los rusos quienes usaron, hace no mucho tiempo, su propia forma de gas para abrirse paso en un teatro de Moscú que estaba en poder de rebeldes chechenos? Si el régimen sirio usó gas sarín el mes pasado –y Putin dice no haber visto evidencia convincente–, ¿en verdad le preocuparía al presidente ruso?

 

Resulta extraño que las cadenas de televisión en Occidente hayan caído en una cantilena sobre San Petersburgo, preguntando a Obama si puede reducir la distancia que lo separa de Putin. No estoy seguro de que Putin quiera reducir tal distancia. Sabe que las líneas rojas, las opciones sobre la mesa y todos los demás obamismos que están precipitando a los estadunidenses a una guerra más contra los árabes le han dado una carta poderosa. Sabe que la guerra en Siria tiene que ver con Irán. Y fue perfectamente capaz de recibir en Moscú al repugnante ex presidente iraní Mahmud Ajmadineyad. La figura encorvada de Putin al lado de Obama en la cumbre de Fermanagh nos dijo mucho acerca de sus sentimientos hacia el verdugo en jefe de Estados Unidos. Después de todo, él adoptó el mismo papel en Chechenia.

 

Al mirar al sur desde el Kremlin, Putin puede contemplar a Chechenia en el horizonte y, apenas mil 300 kilómetros más allá, la propia Siria, donde Assad combate a rebeldes, algunos de ellos chechenos. Desde luego, puede hacer la observación de que Obama planea combatir en el mismo bando que Al Qaeda, lo cual es del todo cierto. Pero ¿de veras va a alinearse detrás de la más reciente cruzada estadunidense? Más bien sospecho –puesto que se ha convertido en experto en combatir el terror islámico – que va a dejar esperando a Obama.

 

Sin duda preguntará qué se logrará con los 60 días de ataque limitado permitidos a Estados Unidos. ¿Y qué ocurrirá si pasado ese tiempo Assad sigue aún en Damasco y se usa gas otra vez?

 

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya

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¿Qué hay detrás del conflicto entre Estados Unidos y Corea del Norte?

¿Qué está ocurriendo entre Estados Unidos y Corea del Norte que esta semana ha generado titulares como "Aumenta las tensiones de Corea" y "Corea del Norte amenaza a Estados Unidos"?

 

The New York Times informaba el 30 de marzo:

 

"Esta semana el joven dirigente de Corea del Norte, Kim Jung-un, ordenó a sus subordinados prepararse para un ataque con misiles a Estados Unidos. Se mostró en un centro de mando frente a un mapa colgado en la pared con el atrevido e improbable título de "Planes para atacar el territorio de Estados Unidos". Unos días antes sus generales se jactaron de haber desarrollado una ojiva nuclear "estilo coreano" que podía encajar en un misil de largo alcance".

 

Estados Unidos sabe bien que las declaraciones de Corea del Norte no están respaldadas por un poder militar suficiente para implementar sus amenazas retóricas, pero la tensión parece estar aumentando de todos modo. ¿Qué está ocurriendo? Tengo que retroceder un poco en el tiempo para explicar la situación.

 

Desde el final de la Guerra de Corea hace 60 años el gobierno de la República Popular Democrática de Corea del Norte (RPDCN o Corea del Norte) ha hecho repetidas veces prácticamente las mismas cuatro propuestas a Estados Unidos. Estas son:

 

1. Un tratado de paz para poner fin a la Guerra de Corea.

 

2. La reunificación de Corea, "temporalmente" dividida en Norte y Sur desde 1945.

 

3. El final de la ocupación estadounidense de Corea del Sur y la suspensión de los simulacros de combate anuales de un mes de duración entre Estados Unidos y Corea del Norte.

 

4. Negociaciones bilaterales entre Washington y Pyongyang para acabar con las tensiones en la Península de Corea.

 

A lo largo de los años Estados Unidos y su protectorado surcoreano han rechazado cada una de las propuestas. A consecuencia de ello la península ha sido extremadamente inestable desde la década de 1950. Ahora se ha llegado al punto en que Washington ha utilizado sus simulacros de guerra anuales, que empezaron a principios de marzo, para organizar un simulacro de ataque nuclear a Corea del Norte haciendo volar dos bombarderos B-2 Stealth con capacidad nuclear sobre la región el día 28 de marzo. Tres días después la Casa Blanca envió a Corea del Sur aviones de combate no detectables F-22 Raptor, con lo que la tensión aumentó aún más.

 

Veamos qué hay detrás de estas cuatro propuestas:

 

1. Estados Unidos se niega a firmar un tratado de paz para poner fin a la Guerra de Corea. Solo ha accedido a un armisticio, que es un cese temporal del combate por consentimiento mutuo. Se suponía que el armisticio firmado el 27 de julio de 1953 se iba a transformar en un tratado de paz cuando "se lograra un acuerdo pacífico final". La falta de un tratado significa que la guerra puede volver a empezar en cualquier momento. Corea del Norte no quiere una guerra con Estados Unidos, el Estado con más poder militar de la historia. Quiere un tratado de paz.

 

2. Las dos Coreas existen a consecuencia de un acuerdo entre la Unión Soviética (que hace frontera con Corea y durante la Segunda Guerra Mundial ayudó a liberar de Japón a la parte norte del país) y Estados Unidos, que ocupó la mitad sur. Aunque el socialismo prevalecía en el norte y el capitalismo en el sur, la división no iba a ser permanente. Las dos grandes potencias se iban a retirar al cabo de un par de años y permitir que el país se reunificara. Rusia lo hizo; Estados Unidos, no. Llegó entonces la devastadora guerra de tres años en 1950. Desde esa fecha Corea del Norte ha hecho varias propuestas diferentes para acabar con la separación que dura desde 1945. Creo que la más reciente es "un país, dos sistemas". Eso significa que aunque se unan ambas partes, el sur sigue siendo capitalista y el norte socialista. Será difícil, pero no imposible. Washington no lo quiere. Trata de conseguir toda la península para llevar su paraguas militar directamente a la frontera con China y también con Rusia.

 

3. Desde el final de la guerra Washington ha mantenido entre 25.000 y más de 40.000 soldados en Corea del Sur. Junto con las flotas, bases de bombarderos nucleares e instalaciones de tropas estadounidenses muy cerca de la península, estos soldados siguen siendo un recordatorio de dos cosas. Una es que "podemos aplastar al norte" y la otra es "Corea del Sur nos pertenece". Pyongyang lo ve de esta manera (y mucho más desde que el presidente Obama decidió "pivotar" hacia Asia). Aunque este giro contienen aspectos económicos y comerciales, su principal propósito es aumentar el ya considerable poder militar en la región para intensificar su amenaza a China y a Corea del Norte.

 

4. La Guerra de Corea fue básicamente un conflicto entre la República Popular Democrática de Corea del Norte y Estados Unidos. Es decir, aunque varios países de las Naciones Unidas lucharon en la guerra, Estados Unidos se hizo cargo de la guerra, dominó la lucha contra Corea del Norte y fue responsable de la muerte de millones de coreanos al norte de la línea divisoria del paralelo 38. Es completamente lógico que Pyongyang trate de negociar directamente con Washington para resolver las diferencias y lograr un acuerdo pacífico que lleve a un tratado. Estados Unidos se ha negado sistemáticamente a ello.

 

Estos cuatro puntos no son nuevos. Se plantearon en la década de 1950. En la década de 1970 visité en tres ocasiones la República Popular Democrática de Corea del Norte, un total de ocho semanas, como periodista del periódico estadounidense The Guardian. Una y otra vez en las discusiones con los altos cargos se me preguntaba por un tratado de paz, la retirada de las tropas estadounidenses del Sur y negociaciones directas. Hoy la situación es la misma. Estados Unidos no va a ceder un ápice.

 

¿Por qué no? Washington quiere librarse del régimen comunista antes de permitir que la paz prevalezca en la península. ¡Nada de "un Estado dos sistemas", pardiez! Quiere un Estado que prometa lealtad, ¿adivinan a quién?

 

Mientras tanto, la existencia de una "belicosa" Corea del Norte justifica que Washington rodee al norte con un auténtico anillo de potencia de fuego en el noroeste del Pacífico lo suficientemente cerca para casi quemar China aunque no del todo. Una "peligrosa" República Popular Democrática de Corea del Norte también es útil para mantener a Japón dentro de la órbita estadounidense y también es otra excusa para que el antes pacífico Japón se jacte de su ya formidable arsenal.

 

En relación a esto voy a citar un artículo de Christine Hong y Hyun Le publicado el 15 de febrero en Foreign Policy in Focus:

 

"Calificar a Corea del Norte como la principal amenaza para la seguridad de la región oculta la naturaleza falsa de la política del presidente estadounidense Barack Obama en la región, en concreto la identidad entre lo que sus asesores denominan "paciencia estratégica" por una parte y por otra, la postura militar y la alianza con los halcones regionales que ha desplegado. Examinar la agresiva política de Obama respecto a Corea del Norte y sus consecuencias es fundamental para entender por qué las demostraciones de poderío militar (de la política por otros medios, en palabras de Carl von Clausewitz) son las únicas vías de comunicación con Estados Unidos que parece tener Corea del Norte en esta coyuntura".

 

He aquí otra cita de Brian Becker, dirigente de la coalición ANSWER:

 

"El Pentágono y el ejército de Corea del Sur hoy (y a lo largo del año pasado) han estado organizando masivos simulacros de guerra que simulan la invasión y bombardeo de Corea del Norte. Pocas personas en Estados Unidos conoce cuál es la verdadera situación. El trabajo de la maquinaria de propaganda de guerra está diseñado para asegurarse de que el pueblo estadounidense no se une para exigir que acaben las peligrosas y amenazantes acciones del Pentágono en la Península de Corea.

 

La campaña de propaganda está en pleno desarrollo ahora mientras el Pentágono asciende por la escalera de la intensificación en la parte más militarizadas del planeta. Corea del Norte es considerado el provocador y el agresor cada vez que afirma que tiene derecho a defender su país y capacidad para hacerlo. Incluso cuando el Pentágono simula la destrucción nuclear de un país al que ya trató de bombardear hasta reducirlo a la Edad de Piedra, los medios de comunicación propiedad de las corporaciones caracterizan este acto extremadamente provocativo como un signo de determinación y una medida de defensa propia".

 

Y otra cita de Stratfor, el servicio de inteligencia privado que suele estar enterado:

 

"Gran parte del comportamiento de Corea de Norte se puede considerar retórico aunque, sin embargo, no está claro hasta dónde quiere llegar Pyongyang si continúa sin poder forzar las negociaciones por medio de la beligerancia ".

 

Aquí se da por sentado el objetivo de iniciar las negociaciones.

 

La "belicosidad" de Pyongyang es casi completamente verbal (quizá varios decibelios demasiado alta para nuestros oídos), pero Corea del Norte es un país pequeño en unas difíciles circunstancias que bien recuerdan la extraordinaria brutalidad que Washington infligió al territorio en la década de 1950. Murieron millones de coreanos. Los bombardeos de saturación estadounidense fueron criminales. Corea del Norte estó decidido a morir luchando si vuelve a ocurrir, pero espera que su preparación [militar] impida la guerra y lleve a negociaciones y a un tratado.

 

Su gran y bien adiestrado ejército es defensivo. El propósito de los cohetes que está construyendo y de hablar de armas nucleares es fundamentalmente asustar al lobo que tiene a la puerta de casa.

 

A corto plazo, la reciente retórica encendida de Kim Jong-un es la respuesta directa al simulacro de guerra de un mes de duración de este año de Estados Unidos y Corea del Sur, que interpreta como un posible preludio de otra guerra. El propósito de Kim a largo plazo es crear una crisis lo suficientemente inquietante como para que Estados Unidos acceda finalmente a unas negociaciones bilaterales, y posiblemente a un tratado de paz y a la salida de las tropas extranjeras. Más adelante podría llegar alguna forma de reunificación en negociaciones entre el norte y el sur.

 

Sospecho que la actual confrontación se calmará una vez que terminen los simulacros de guerra. El gobierno Obama no tienen intención de crear las condiciones que lleven a un tratado de paz, especialmente ahora que la atención de la Casa Blanca parece absorta en el Este de Asia donde percibe un posible peligro para su supremacía geopolítica.

 

Jack A. Smith es director de Activist Newsletter.

Fuente: http://www.globalresearch.ca/the-dangers-of-war-what-is-behind-the-us-north-korea-conflict/5329307

 

Global Research

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos 

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Bashar Assad
Bashar Assad saldrá indemne de ésta. Como salió de Deraa. Y de Homs. Saldrá indemne de Hula. Lo mismo pasará con la oposición armada al régimen, y con Al Qaeda y cualquier otro grupo que se sume a la tragedia de Siria. Sí, tal vez éste sea el momento crítico, el "punto de quiebre" del horror, cuando el colapso baazista se vuelva inevitable, más que probable.


Y sí, puede ser que el querido William Hague, ministro británico del Exterior, esté "absolutamente" horrorizado. La ONU también. Todos lo estamos. Pero un centenar de Hulas tapizan Medio Oriente, con sus niños muertos apilados entre las estadísticas, con cuchillos, cuerdas y rifles entre las armas homicidas.


¿Y qué si los soldados de Assad dejaron que la milicia alauita les hiciera el trabajo sucio? ¿Acaso el FLN argelino no usó a las unidades de la "guardia de la patria" para asesinar a sus opositores en la década de 1990? ¿Kadafi no empleó el año pasado a sus leales milicianos, y Mubarak a sus drogados ex policías, los baltagi, para arrasar a los opositores al régimen? ¿Acaso Israel no se valió de sus aliados falangistas libaneses para intimidar y dar muerte a sus opositores en Líbano? ¿No fue todo eso también "gobernar asesinando"? Y, pensándolo bien, ¿no fueron las fuerzas especiales de Rifaat, el tío de Bashar Assad, las que masacraron a los insurgentes de Hama en 1982? (No digan esto en voz muy alta, porque Rifaat se la vive ahora entre París y Londres.) Entonces, ¿quién cree que Bashar no puede salir indemne de Hula?


El paralelismo con Argelia es estremecedor. Los líderes corruptos del ELN querían una "democracia", hasta organizaron elecciones. Pero una vez que quedó claro que la oposición islamita –el infortunado Frente Islámico de Salvación– vencería, el gobierno declaró la guerra a los "terroristas" que intentaban destruir a Argelia. Sitiaron aldeas, bombardearon ciudades –todo en nombre del combate al "terror"– hasta que la oposición dio en masacrar civiles en torno a Blida, miles de ellos: bebés con la garganta rebanada, mujeres violadas. Y luego resultó que el ejército argelino también participó en las matanzas. Donde dice Hula lean Bentalha, lugar que todos hemos olvidado, como olvidaremos Hula también.


Y nosotros los occidentales bufamos y resoplamos, y llamamos a los dos bandos en Argelia a mostrar "contención", pero queríamos estabilidad en la antigua colonia francesa –no olvidemos que Siria es un antiguo territorio bajo "mandato" francés–, y estábamos muy preocupados de que insurgentes estilo Al Qaeda se adueñaran de Argelia, así que al final Estados Unidos apoyó a los militares argelinos del mismo modo que los rusos apoyan hoy a los militares sirios. Y el FLN salió indemne luego de 200 mil muertos, comparados con los apenas 100 mil que ha producido hasta ahora la guerra en Siria.


Y vale la pena recordar que, enfrentados a la insurrección de la década de 1990, los argelinos buscaron con desesperación países a los cuales acudir en busca de consejo. Escogieron Siria, entonces bajo el imperio de Hafez Assad, y enviaron una delegación militar a Damasco para aprender cómo el régimen destruyó Hama en 1982. Ahora los estadunidenses –que hace seis meses presentaban característicamente a Bashar como un "muerto en vida"– prefieren un final tipo Yemen a la guerra en Siria, como si la crisis yemení no fuera lo bastante sangrienta de por sí. Pero remplazar a Assad con un asesino de la misma ralea (la "solución" de Sanaa) no es algo que los sirios estén dispuestos a aceptar.


Sí, es una guerra civil. Y sí, Hula podría ser el punto de quiebre. Y ahora la ONU es testigo. Pero el partido Baaz tiene raíces más profundas que la sangre –pregunten a cualquier libanés– y nosotros en Occidente pronto nos olvidaremos de Hula, cuando otra imagen de muerte en YouTube aparezca en nuestras pantallas desde la campiña siria. O desde Yemen. O desde la próxima revolución.


Traducción: Jorge Anaya

The Independent
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Si en verdad Israel ataca a Irán este año, será una chifladura peor de lo que piensan sus enemigos. Cierto, Majmud Ajmadineyad es un orate, pero también lo es Avigdor Lieberman, quien parece ser el ministro israelí del Exterior. Tal vez los dos quieren intercambiar favores. Pero, ¿por qué los israelíes desearían bombardear Irán y así poner sus cabezas bajo la furia del Hezbolá libanés y de Hamás al mismo tiempo? Junto con Siria, sin duda. Para no mencionar que absorberían a Europa oriental y Estados Unidos al mismo torneo de tiro.
 

Tal vez es porque llevo 36 años viviendo en Medio Oriente, pero algo me huele mal. Leon Panetta, nada menos que el secretario estadunidense de la Defensa, advierte que Israel podría atacar. Lo mismo dice CNN –sería difícil encontrar algo más maloliente–, y hasta el viejo David Ignatius, quien hace una o dos décadas dejó de ser corresponsal en Medio Oriente, nos advierte lo mismo, recogido, como de costumbre, de sus “fuentes israelíes”
 

Ya me esperaba algo así cuando la semana pasada revisé The New York Times Magazine –no es un anuncio, no quisiera que los lectores de The Independent quemaran sus energías en esas cursilerías– y leí la advertencia de un “analista” israelí (todavía intento descubrir lo que es un analista), Ronen Bergman, del periódico Yedioth Ahronoth.
 

He aquí la pieza, lo más cercano a un guión propagandístico: “Luego de hablar con muchos (sic) altos líderes y jefes (sic de nuevo) israelíes de la inteligencia y la milicia, he llegado a creer que Israel sí atacará a Irán en 2012. Tal vez en la pequeña y cada vez más estrecha ventana que queda, Estados Unidos escogerá intervenir a final de cuentas, pero desde la perspectiva israelí no hay mucha esperanza de que lo haga. Más bien existe esa mezcla peculiarmente israelí de temor y tenacidad, la fiera convicción, cierta o falsa, de que sólo los israelíes pueden en última instancia defenderse a sí mismos”.
Por principio de cuentas, cualquier periodista que predice un ataque israelí a Irán pone la cabeza bajo la guillotina. Pero sin duda cualquier periodista digno de ese nombre –y hay muchos de ésos en Israel– se haría esta pregunta: ¿para quién trabajo? ¿Para mi periódico, o mi gobierno?
 

Panetta, quien mintió a los soldados de su país en Irak al decirles que estaban allí a causa del 11-S, debería abstenerse de entrar en este juego. Lo mismo CNN. De Ignatius prefiero olvidarme. Pero, ¿qué hay en todo esto? Nueve años después de invadir Irak –una aventura de enorme éxito, nos siguen diciendo– porque Saddam Hussein tenía “armas de destrucción masiva”, nos preparamos para aplaudir a Israel cuando bombardee Irán a causa de unas “armas de destrucción masiva” todavía más improbables.
 

No dudo que a los pocos segundos de oír la noticia, los grotescos redactores de discursos de Barack Obama estarán sufriendo por encontrar las palabras correctas para apoyar tal ataque. Si Obama es capaz de abandonar el respaldo a la libertad y a la categoría de Estado para los palestinos con tal de lograr su relección, sin duda podrá apoyar la agresión israelí con la esperanza de que eso le permita mantenerse en la Casa Blanca.
 

Sin embargo, si misiles iraníes comienzan a estrellarse en naves de guerra estadunidenses en el golfo –para no hablar de sus bases militares en Afganistán–, los redactores de discursos tendrán mucho más trabajo. Así que por lo menos esperemos que los británicos y los franceses no se involucren.


The Independent

Traducción: Jorge Anaya
 

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Al parecer el gobierno de Obama ha dado luz verde a Israel para que ataque a una flotilla desarmada que lleva a activistas por la paz y los derechos humanos –incluido un barco con 50 estadounidenses a bordo– a la sitiada Franja de Gaza. En una conferencia del 24 de junio, la secretaria de Estado Hillary Clinton criticó la flotilla organizada por la Campaña Libertad para Gaza y dijo que “provocará acciones al entrar a aguas israelíes y creará una situación en la cual los israelíes tienen derecho a defenderse”.

Clinton no explicó por qué un país tiene “derecho a defenderse” de barcos que obviamente no constituyen una amenaza. Los organizadores de la flotilla no solo han hecho grandes esfuerzos para garantizar que no haya armas a bordo: la única carga dirigida a Gaza en el barco estadounidense son cartas de solidaridad a los palestinos de ese enclave sitiado que ha sufrido devastadores bombardeos israelíes, un bloqueo desastroso y tiene un gobierno islamista de derecha. Clinton tampoco explicó por qué el Departamento de Estado considera repentinamente que el mar Mediterráneo frente a la costa del puerto de Gaza es “aguas israelíes”, cuando toda la comunidad internacional sabe que las aguas territoriales israelíes están bien al noreste de la ruta que será tomada por los barcos.

El riesgo de un ataque israelí a la flotilla es real. Los comandos israelíes atacaron ilegalmente a una flotilla similar en aguas internacionales el 31 de mayo del año pasado, matando a nueve personas a bordo de uno de los barcos, entre ellas a Furkan Dogan, un ciudadano estadounidense de 19 años. Muchos otros, incluidos varios estadounidenses, fueron brutalmente golpeados y más de una docena recibieron balazos, pero sobrevivieron a sus heridas. Según una investigación de las Naciones Unidas, basada en testimonios de testigos presenciales y los análisis de un patólogo forense y experto balístico, a Dogan le dispararon inicialmente cuando estaba filmando el ataque y luego fue asesinado mientras yacía cabeza abajo por una bala disparada a quemarropa a la nuca. EE.UU. fue el único de los 47 miembros del Consejo de Derechos Humanos de la ONU que votó contra la adopción del informe. El gobierno de Obama nunca presentó una queja al gobierno israelí, lo que demostró su disposición a permitir que fuerzas armadas de aliados de EE.UU. asesinen a ciudadanos estadounidenses en alta mar.

Como indicó la declaración de Clinton de la semana pasada, el gobierno parece que está dispuesto a que vuelva a suceder lo mismo.

Reacción del Congreso

El año pasado, 329 de 435 miembros de la Cámara de Representantes de EE.UU. firmaron una carta que se refería al ataque de Israel que mató a Dogan y a otros como un acto de “autodefensa” que “apoyan enérgicamente”. Una carta del Senado –firmada por 87 de 100 senadores– registró su “pleno” apoyo a lo que llamaron “el derecho de Israel a la autodefensa”, y afirma que el esfuerzo por atenuar críticas escaseces de alimentos y medicinas en la sitiada Franja de Gaza era simplemente parte de un “astuto ardid táctico y diplomático” de “oponentes de Israel” para “cuestionar su reputación internacional.”

Pero no todos en el Congreso de EE.UU. creen que el ataque y el asesinato de activistas por los derechos humanos en alta mar sean legítimos. La semana pasada, el 24 de junio, seis miembros del Congreso firmaron una carta a la secretaria Clinton solicitando que “trabaje todo lo que pueda con con el gobierno israelí para garantizar la seguridad de los ciudadanos estadounidenses a bordo”. Al escribir estas líneas, todavía no habían recibido respuesta.

Antes, esta semana, el Departamento de Estado hizo una declaración pública para disuadir a los estadounidenses de que participaran en la segunda flotilla de Gaza porque podrían ser atacados por fuerzas israelíes. Sin embargo, hasta ahora ni el Departamento de Estado ni la Casa Blanca han publicado una declaración pública exigiendo que Israel no ataque a los estadounidenses que viajan legalmente por aguas internacionales. Por cierto, el viernes, la portavoz del Departamento de Estado, Victoria Nuland, insinuó que EE.UU. culparía a los que participen en la flotilla en lugar de al gobierno derechista israelí en caso que algo les suceda. Como los que a comienzos de los años sesenta afirmaban que los manifestantes por los derechos civiles eran responsables de los ataques de las pandillas racistas blancas porque los habían “provocado”. Nuland declaró: “Los grupos que intentan romper el bloqueo marítimo de Israel sobre Gaza están emprendiendo acciones irresponsables y provocadoras que ponen en peligro la seguridad de sus pasajeros”. De nuevo, el gobierno de Obama no expresó ni una sola palabra pidiendo cuidado y comedimiento al gobierno israelí, ni mencionó que la Cruz Roja Internacional y otros defensores del derecho internacional humanitaria reconocen que el bloqueo israelí es ilegal.

Quiénes están a bordo

Los pasajeros en el barco estadounidense, bautizado The Audacity of Hope [Audacia de la esperanza], incluyen a la celebrada novelista Alice Walker, a la sobreviviente del holocausto Hedy Epstein, al ex analista de la CIA Ray McGovern, a la veterana oficial del servicio exterior y teniente coronel retirada Ann Wright, al profesor de lingüística israelí-estadounidense Hagit Borer y a destacados activistas por la paz y los derechos humanos como Medea Benjamin, Robert Naiman, Steve Fake, y Kathy Kelly. Otros diez barcos llevan a cientos de civiles más de docenas de países y casi tres mil toneladas de ayuda. Entre los pasajeros se incluyen miembros de parlamentos nacionales y otras destacadas personalidades políticas, escritores, artistas, clérigos de diversas religiones, periodistas y atletas.

Quince barcos han navegado o han intentado llegar antes a Gaza como parte de la Campaña Libertad para Gaza. En ninguno se encontraron armas o materiales que pudieran utilizarse con propósitos militares. Los organizadores de la flotilla actual han declarado que sus cargas están “abiertas a la inspección internacional”. A pesar de ello, sin embargo, el Departamento de Estado de Obama insiste en que los israelíes tienen derecho a interceptar los barcos por la “vital importancia para la seguridad de Israel de asegurar que toda carga destinada a Gaza sea inspecionada apropiadamente en busca de armas ilegales y materiales de doble uso”.

Aunque los organizadores de la flotilla han dejado en claro que el barco estadounidense solo lleva cartas de apoyo para el pueblo de Gaza, el Departamento de Estado también ha amenazado a los participantes con “multas y encarcelamiento” si tratan de suministrar “apoyo material u otros recursos para o en beneficio de una organización terrorista extranjera designada, como Hamás”.

Como en el caso de numerosas acciones de apoyo a los derechos palestinos, la coalición de grupos que apoya a la flotilla incluye grupos pro-palestinos así como organizaciones por la paz, los derechos humanos, religiosas, pacifistas y liberales, incluyendo a Progressive Democrats of America, Pax Christi, Peace Action, Nonviolence International, Jewish Voice for Peace, War Resisters League y la Women’s International League for Peace and Freedom. A pesar de ello, Brad Sherman (California) el principal demócrata del subcomité sobre terrorismo, no proliferación y comercio del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara, ha afirmado que los organizadores de la flotilla tienen “evidentes vínculos con terroristas” y ha llamado al Fiscal General de EE.UU., Eric Holder, a que encause a los ciudadanos estadounidenses que participen en la flotilla y prohíba que los participantes extranjeros vuelvan a entrar en EE.UU.

La posición de Israel

En gran parte como resultado de la flotilla del año pasado, Israel ha relajado un poco su draconiano asedio del territorio, que ha causado una grave crisis en la salud pública. El Departamento de Estado elogió a Israel por haber permitido que algún material de construcción entrara a la Franja de Gaza a fin de posibilitar la reconstrucción de algunas de las miles de casas, tiendas e instalaciones públicas destruidas en la devastadora ofensiva militar israelí respaldada por EE.UU. en 2008-2009, que causó la muerte de más de 800 civiles. En ningún momento, sin embargo, el gobierno de Obama ha criticado a Israel por haber destruido esas estructuras civiles previamente.

Como sucede con numerosas acciones directas no violentas con potencial de enfrentamiento, existen genuinas diferencias dentro de la comunidad por la paz y los derechos humanos sobre la oportunidad, la naturaleza, y otros aspectos de la próxima flotilla. Sin embargo, la reacción ante la posición del gobierno de Obama respecto a la flotilla ha sido abrumadoramente negativa. Mucha gente en su base progresista, desilusionada ya porque no ha adoptado una línea más dura contra el gobierno derechista de Israel así como por su renuencia a apoyar los derechos humanos y el derecho internacional como base para la paz israelí-palestina, se siente cada vez más distanciada del presidente.

Lo más significativo es que la reacción del gobierno de Obama puede representar un retorno a las políticas del gobierno de Reagan de defender el asesinato de trabajadores estadounidenses por los derechos humanos a fin de disuadir actos de solidaridad internacional en la base, como cuando los funcionarios de Reagan trataron de culpar a las víctimas y exonerar a los perpetradores en el asesinato de cuatro monjas estadounidenses por la junta de El Salvador y en el asesinato del ingeniero estadounidense Ben Linder por los contras nicaragüenses. Tal vez el gobierno de Obama espera que dar luz verde a un ataque israelí contra el barco estadounidense y otros barcos de la flotilla servirá de advertencia. Tal vez espere que los estadounidenses que participan como voluntarios en grupos como Peace Brigades International, Witness for Peace, Nonviolent Peaceforce, Christian Peacemaker Teams, International Solidarity Movement, y otros, que operan en zonas de conflicto como México, Colombia, Guatemala, El Salvador, Sri Lanka, Palestina, Nepal, Indonesia y otros sitios lo pensarán dos veces, a sabiendas de que el gobierno de EE.UU. no cumplirá sus obligaciones de intentar proteger a los activistas estadounidenses no violentos contra la violencia perpetrada por gobiernos aliados.

Por cierto, nada atemoriza más a un Estado militarista que el poder de la acción no violenta.

Stephen Zunes es columnista y analista senior de Foreign Policy In Focu y profesor de política y de la cátedra de Estudios de Medio Oriente en la Universidad de San Francisco. Es autor, junto con Jacob Mundy, de Western Sahara: War, Nationalism, and Conflict Irresolution (Syracuse University Press, 2010).

Foreign Policy in Focus

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Fuente: http://www.fpif.org/articles/washington_okays_attack_on_unarmed_us_ship
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Libia, guerra total. La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) intensificó hoy sus bombardeos en el este de la capital libia, mientras el gobierno del líder Muamar  el Gadafi interceptó un nuevo cargamento de armas de Qatar para los opositores, en momentos en que Francia anunció que suspende el lanzamiento de armas para los insurrectos al considerar que "ya no es necesario" pues alcanzaron cierto grado de autonomía política y se abastecen a través de terceros.

La televisión estatal informó que aviones de la OTAN atacaron áreas en el occidente y suroccidente de Trípoli para facilitar el avance de la oposición hacia la capital.

El vocero Moussa Ibrahim, confirmó que fueron capturadas 11 personas a bordo de dos embarcaciones frente a las costas de Janzour, al oeste de la capital, cuando introducían armas enviadas presuntamente por Qatar.

Ibrahim apuntó que el arsenal consta de cien rifles de asalto de fabricación belga y miles de municiones de diverso calibre. Señaló que la acción qatarí ocurre días después de conocerse que Francia reconoció que suministró armas por vía aérea a los rebeldes en la región montañosa de Nafusa.

Según analistas, dicha acción viola la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas que autorizó establecer una zona de exclusión aérea sólo para "proteger a civiles".

El ministro de Defensa, Gérard Longuet, anunció que Francia suspendió el lanzamiento en paracaídas de armas para los rebeldes porque consideró que "ya no es necesario", pues alcanzaron cierto grado de autonomía política y se abastecen a través de terceros. No se refirió al rechazo de Rusia y China, entre otras naciones, a la entrega de esas armas, lo que además viola la resolución 1973.

A todo esto, el Senado estadunidense abandonó sus planes para votar este martes una resolución simbólica que autoriza la participación de Estados Unidos en la ofensiva en Libia después que varios republicanos demandaran centrar la atención en los problemas de la deuda del país.
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