Fabio Mejía Botero, "Águila libertadora", fotografía (Cortesía del autor)

Toda época de cambio, como la que va entre el declive de un imperio y el ascenso de otro, somete a la humanidad de la época, sobre todo a los países que están circunscritos al área de influencia de las potencias, a un período de desorden e incertidumbre.


No es extraño que así suceda, mucho más cuando el imperio que decae se resiste a morir, desplegando todo tipo de medidas para conservar sus poderes, privilegios y beneficios en todas las áreas y en todos los planos, tanto locales y regionales como globales. Sucedió así en el siglo XVIII con Inglaterra, hasta cuando consolidó su dominio global, para lo cual, además de su imposición por la vía de la fuerza, también resultó fundamental su apropiación e impulso de la primera revolución industrial. Además de dar cuenta de Francia, su enemigo de varias centurias, lo hizo del régimen de producción feudal, prolongado en Europa por varios siglos.


Ocurre de manera similar en los albores del siglo XX, en este caso ante la agonía-muerte del imperio inglés, a la par del entierro de los restos del Imperio Otomano y el ascenso de los Estados Unidos, desenlace en el cual fue igualmente importante la apropiación que logra de la segunda revolución industrial, en disputa también con Alemania. En este caso no muere ningún régimen de producción; por el contrario, se potencia el dominante entrado en la fase imperialista.


Pese a características que les son comunes, las circunstancias que hoy vivimos trazan distancia con las que marcaron el progreso-muerte de poderes globales entre el siglo XVIII y comienzos del XX. Es así porque el mapa mundial va cambiando con el ascenso y el desarrollo del capitalismo, pasando de dominar unas áreas del mundo hasta integrar todos los territorios a su campo de influencia y su control.


Ocurre que durante el siglo XVIII, para el capitalismo, el mundo era en lo esencial Europa y Asia, y por tanto los efectos de las disputas entre imperios se extendían y afectaban de manera especial a todo lo incluido en esas coordenadas. Débil coletazo llegaba a Nuestra América, Oceanía y África. Y aunque esa era la nota primordial, los efectos de la invasión napoleónica a España, en un último esfuerzo del Imperio Francés por controlar Europa, disparó la crisis de la Corona ibérica, lo que alimentó contradicciones en su interior y despertó desobediencias en sus fuerzas militares, todo lo cual contribuyó a que fuera coronada la causa de la independencia latinoamericana.


No bastan buenas razones


En esta lucha entre el imperio que muere y el que nace, en medio de la disputa por conservar o ganar el poder global de su época (mediados del siglo XVIII), como es conocido, el Imperio Español mordió el polvo, lo que no se da por fuera de la confrontación militar, extendida por diferentes flancos y en distintos años de aquel período histórico e incluso antes. Con todo ello podemos decir, como lo refrenda la experiencia, que las buenas razones y hasta las evidencias son insuficientes para que un poder u otro acepten su declive y cedan el paso a las nuevas fuerzas que toman su lugar. En otros tiempos, tanto Roma como el imperio Persa se habían resistido ante la evidencia. La iglesia católica misma, en su hegemonía imperial de varios siglos, también es muestra de ello.


Como parte de este mismo devenir histórico, en medio de la creciente del poder inglés, una vez enterrado el modo de producción feudal y derrotada de manera plena la monarquía con la revolución de 1848, otro tipo de confrontaciones, en este caso sociales, toma cuerpo, protagonizada por las dos clases que desde entonces e incluso hasta nuestros días marcarán el mundo. Alzamientos sociales, masacres de inconformes, revoluciones triunfantes unas y derrotadas otras, así como una extensa y amplia disputa por derechos de diverso tipo, toman forma como parte de esta confrontación.


Son dinámicas y lecciones de la historia que no podemos desconocer al valorar las tendencias de todo orden que caracterizan el año y la década en que entramos con el 2020. Es un período de la historia marcado de manera fuerte por la crisis/descenso del imperio estadounidense y el avistamiento en el horizonte del que pudiera sucederlo. Ese descenso/ascenso –que posee sus particularidades con respecto a las experiencias retomadas, entre ellas que ahora no solo está en declive el imperio hegemónico desde hace un siglo sino igualmente en crisis el sistema capitalista todo– sume al mundo en desorden y caos global, con manifestaciones de ello en ambiente, economía, demografía, agricultura, ordenamientos urbanos y sistema financiero.


Tenemos ante nosotros, entonces, una doble transición: por el dominio global, el cual, como todo lo indica, ya no será más unipolar sino multipolar, y por el sistema de producción. Y la disputa no será corta, como tampoco lo fue en la mayoría de las experiencias conocidas, sino que se tomará varias décadas, cinco o más en el peor de los casos.


En la particularidad del sistema de producción que tomará forma en medio del declive-crisis capitalista, todavía ninguno de los países y sus clases lidera una opción viable: solo son variantes más verdes, más rosadas, del capitalismo. Paralelo a ello, desde diversidad de sectores alternos, proyecta sus luces una opción-expectativa poscapitalista, pero aún sin alcanzar fuerza suficiente para materializarse.


Resistiendo a la confrontación bélica que implica ser vencidos, los Estados Unidos esgrimen sus defensas y como parte de ello potencian una nueva carrera militar, dotándose para la misma de un presupuesto fiscal para el año 2020 –que empezó en octubre de 2019– que ningún otro país tiene ni de cerca: 738 mil millones de dólares, ampliando, además, sus fuerzas militares con un nuevo cuerpo, el Espacial, acorde con la realidad desatada por la tercera y la cuarta revolución industrial, la colonización en curso desde décadas atrás de la órbita espacial por centenares de satélites, el despliegue de escudos antimisiles como contención de cohetería de todo tipo, en especial aquella con capacidad para transportar ojivas nucleares, así como por la pretensión humana de colonizar uno o varios planetas, a la manera de mecanismo para conservar la vida y prolongar su dominio en caso de una hecatombe nuclear, y como efecto de la propia crisis ambiental, en toda su ampliación, que afecta y ahondará su impacto al conjunto de la humanidad. Problemas de respiración, multiplicación de enfermedades de diverso tipo, abastecimiento de agua y otros anexos a la imposibilidad de llevar una vida en plenitud, harán parte de la misma. El afán de los multimillonarios de colonizar prontamente un lugar más allá de la Tierra no es fantasía (1).


Estamos ante una nueva carrera militar, en la cual unas potencias con menor presupuesto militar orientan el mismo hacia factores estratégicos que puedan equilibrar las cargas. De ahí las investigaciones en cohetería y armas en general con tecnología cuántica (2), a la par de transformar el poder ejecutivo de sus países, haciendo de los jefes de Estado verdaderos comandantes estratégicos de sus respectivos países, investidos de un poder tal, indicativo de que estamos en un período de preguerra, y que los esfuerzos de los imperios están dirigidos en especial a evitar que la contraparte se sienta segura de un triunfo rápido si opta por la confrontación abierta.


Vladimir Putin al frente de Rusia y Xi Jiping a la cabeza de China son muestra clara de las transformaciones vividas por el Ejecutivo en sus respectivos países. Jefes de Estado con poderes plenos, dirigiendo sus países por décadas, en realidad generales en jefe de los mismos, lo que permite explicar el momento histórico que vive la humanidad y la fuerte tendencia hacia una colisión fatal. Es una realidad de la cual no está lejos el Ejecutivo en Estados Unidos, donde el equilibrio de poderes empieza a resquebrajarse. El autoritarismo, como tendencia creciente, encuentra uno de sus soportes en esta realidad, y su fortalecimiento será cada vez más evidente. Mayor extracción de plusvalía a la fuerza de trabajo, para incrementar o recuperar por parte del capital la tasa de ganancia, simultáneamente con un mayor rigor en el control del mercado propio, o los ajenos bajo dominio, son otros de los factores que alimentan el giro autoritario que vive hoy el mundo y que irá en incremento en la nueva década que ahora marca el calendario.


Esa transición de imperio y de sistema de producción proyecta una colisión de poderes imperiales de la cual ningún país será ajeno, la que por el momento asume una confrontación de fuerzas a través de terceros países y en regiones allende sus propios territorios: Oriente Medio en general, como centro productor de la materia prima esencial del capitalismo, y poseedor de las mayores reservas de la misma –sumando al conjunto de sus países–, es el teatro de sus operaciones. Todo indica que la reorganización en que entrará este territorio llevará a que su control quede bajo el liderazgo de Rusia, que, con apoyo de China, impondrá allí sus reglas. El factor Israel deberá entrar en negociaciones que en alguna forma le darán aire al pueblo palestino.


Oriente Medio es un territorio de importancia estratégica para las dos potencias ahora aliadas en múltiples terrenos, forzadas a ello por el enemigo que comparten. Por un lado, Rusia requiere ampliar la zona de contención para dificultar cualquier ataque en contra suya, y, por el otro, China ha trazado por tal territorio una parte de la Ruta de la Seda, a la par de transitar por allí el petróleo que alimenta su industria y su funcionamiento en general. Israel, potencia nuclear regional y avanzada estadounidense, es el enemigo por controlar, y eso es posible materializarlo mediante diversidad de acuerdos que beneficien a las partes. Estados Unidos, de un lado, en medio de conflictos abiertos por doquier, tendrá que elegir entre concentrar más fuerzas y disputar de modo cada vez más abierto tal teatro de operaciones o redirigir sus fuerzas prioritariamente hacia el mar del sur de China, como esclusa para impedir la extensión/consolidación del poderío que ya ostenta la potencia asiática, obligando al imperio americano al abandono de esta parte del mundo, lo que aceleraría su declive (3).


Se trata de escenarios y tendencias de la geopolítica global que conservarán su vector actual o pudieran verse redimensionados por el resultado que arrojen los comicios presidenciales de noviembre próximo en Estados Unidos, coyuntura clave, tanto porque dirime por unos años más el grupo de poder al frente del imperio en descenso como porque con su resultado queda clara la trayectoria táctica y diplomática que señalarán su devenir en los siguientes cuatro años: operar cada vez más abiertamente, desestructurando toda la arquitectura que ellos mismos impusieron en los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, lo que ya no es útil para sus intereses, o avanzar tras igual propósito de manera más o menos negociada con sus mejores aliados.


En este hipotético escenario, quienes sufren hasta ahora, y seguirán afectados a lo largo de esta nueva década por la decisión de los Estados Unidos de no ceder su trono sin oponer resistencia, está la Unión Europea, en un acuerdo de acción territorial mancomunada en diversidad de áreas, con beneficio de convivencia pacífica por décadas, que corre el riesgo cada vez más abierto de regresar al estadio que tenían antes de la década de los 80 del siglo XX, e incluso mucho más atrás. El triunfo del brexit en el Reino Unido así lo indica, y los factores nacionalistas en la diversidad de los países que integran la Unión señalan en tal dirección.


Por ahora, el Imperio se vale de los acuerdos posguerra mundial que le dan privilegios para extender sus tropas a lo largo y ancho de Europa, adelantar allí sus armas estratégicas y disponer esos territorios como avanzada para diferentes propósitos, en particular para maniobrar conjuntamente en caso de una confrontación de cualquier orden. La Otan es parte de este acuerdo. La sumisión del “viejo continente” ante las demandas y amenazas de quien hoy está al frente de la Casa Blanca facilita la concreción de los propósitos del Imperio e indica que esta parte del mundo, como un todo, quedará, en los años que vienen, cada vez más relegada en la disputa por el reparto mundial.


El 2020 y la década que nos lleva hacia los años 30 se mantendrán marcados, además, por fenómenos como las migraciones, en la cual diversos países de África y América Latina mantendrán la expulsión de sus poblaciones en procura de trabajo e ingresos seguros. La constante del desempleo es creciente. La reducción –allí donde lo hubo– del Estado de Bienestar y con ello la pérdida o minimización, cada vez más notoria, de los derechos humanos, relegados a simple letra muerta, testimonio de algo que por décadas logró cierta materialización como fruto del ascenso de la izquierda, en su direccionamiento y su estímulo a las luchas directas de diversidad de pueblos anhelantes de justicia, igualdad, paz, bienestar, solidaridad, descolonización, soberanía. La Guerra Fría, como parte de este fenómeno, también contribuyó a contener la implementación de medidas regresivas, abiertamente a favor del capital y en contra de los derechos humanos, pero, una vez diluida, la ofensiva del capital es contundente. Fueron unos logros a los que también contribuyó el ascenso al gobierno, en diversidad de países del Viejo continente, de sectores progresistas –socialdemocracia.


Los efectos de la aludida ofensiva connota abundancia de males para el conjunto de los habitantes de nuestro planeta, tanto por el ahondamiento constante de la desigualdad social y la concentración de los frutos del trabajo de millones de seres humanos en unos cuantos personajes (4), como por la disparada de una crisis climática que tiene en vilo el futuro de la humanidad.


Son aquellos unos males que solamente resultan contenibles por la sociedad global, desde la particularidad de sus países, pero logrando una sintonía de fuerza desde el alzamiento social global. Una contención, a partir de la conciencia por un presente que ya es futuro, que al mismo tiempo detenga la reducción de la democracia a su mínima expresión, simple formalidad (elecciones), como está sucediendo, haciendo de ella un campo de batalla para que en realidad sea participativa, directa, radical, plebiscitaria.


Otras muchas particularidades tienen luz propia y llamarán nuestra atención a lo largo del año 2020 y de la década que ahora empieza. La creciente desocupación del campo y el incesante crecimiento de las ciudades será una de ellas. Las presiones económicas y militares que recaen sobre sus pobladores, así como la ausencia o la debilidad de políticas gubernamentales, nacionales e internacionales, que incentiven su vida y su labor alrededor del agro, así como la conservación de las particularidades culturales que le son características, son parte de los motivos para que así suceda.


De la mano de su desocupación llegan la imposición y la ampliación de una economía agraria que está ligada al extractivismo latifundista, a partir de monocultivos sembrados en áreas que cubren cientos y miles de hectáreas. Es una producción agrícola, para uso humano, animal e industrial, soportada en muchos casos, y con tendencia creciente, en semillas ‘mejoradas’, modificadas genéticamente, que someten al campo y la naturaleza en general al envenenamiento que produce la cantidad de tóxicos con que deben ser fumigadas, a la reducción o la desaparición de la biodiversidad en todas sus manifestaciones, y a la humanidad en general a una alimentación cada vez menos diversa, insípida, baja en proteínas y vitaminas, proceso de siembra y transformación de granos y verduras cuyas consecuencias para la salud humana y animal en general aún no están claramente establecidas, pero que en el campo de la cultura gira hacia lo que algunos autores describen como su macdonalización.


Por su parte, la imparable urbanización del mundo seguirá incrementando problemáticas para la salud, derivadas del modelo de desarrollo imperante y de un transporte que ahoga las urbes en esmog y altos niveles de contaminación auditiva y visual. La reducción del tamaño de las viviendas, llevadas al extremo de parecer colmenas, su mala e ineficiente aireación, la ausencia de sol para gran cantidad de las mismas, la desaparición de espacios comunes en muchos barrios, etcétera, someten y someterán incesantemente a la humanidad a una deshumanización de sus centros de vivienda y trabajo, ahondando una crisis, la del urbanismo, que demanda replanteamiento en procura de recuperar la calidad de seres humanos que, como especie debemos conservar, alejándonos de la condición de seres-máquinas, tendencia que celebra el capital, en procura de mano de obra dócil, que no reclama ni se organiza para defender sus derechos.


El desempleo, la mala calidad en su remuneración, la informalidad laboral, la ofensiva neoliberal en un intento por extraer más renta de quienes venden su fuerza de trabajo (al reducir salarios vía eliminación de beneficios como primas y bonificaciones, cajas de compensación, horas extras, etcétera), son otras tantas aristas que conservarán su tendencia durante la década que abre su agenda.


Son tendencias y devenires en los cuales las mayorías de nuestras sociedades no debieran resignarse a ser actoras pasivas sino, como está sucediendo por estos meses, decidirse por un liderazgo desde el cual sacar a flote una opción de vida diferente de las dos planteadas en su contorno, que en el largo plazo son una misma.
El tiempo que ya corre y los años por venir nos indicarán con toda seguridad si así ha sucedido.

 

1. Elon Musk revela detalles de su proyecto de gran escala para colonizar Marte en 2050 con un millón de personas, https://www.desdeabajo.info/ciencia-y-tecnologia/item/38663-elon-musk-revela-detalles-de-su-proyecto-a-gran-escala-de-colonizar-marte-para-el-2050-con-un-millon-de-personas.html).
2. Esta tecnología impulsa cohetes a velocidades superiores 20 y más veces a las del sonido; radares con capacidad para detectar aviones y otras armas hasta ahora invisibles, criptografía de nueva generación, etcétera. https://www.technologyreview.es/s/10871/como-las-armas-cuanticas-cambiaran-las-guerras-del-futuro.
3. https://www.seguridadinternacional.es/?q=es/content/el-mar-del-sur-de-china-nodo-de-la-geopol%C3%ADtica-regional-y-mundial-del-siglo-xxi
4. “Tiempo para el cuidado. El trabajo de cuidados y la crisis global de desigualdad”, www.oxfam.org

 


 

América Latina, de cara a la inestabilidad política

 

De regreso al pasado. La nota típica de América Latina durante los años 50-80 del siglo XX eran los golpes de Estado, tantos que parecía que vivíamos en una región de ficción. En esos golpes, los militares eran los actores que se destacaban, ya que asumían la misión encomendada por el gobierno de los Estados Unidos, así como de los poderes civiles detrás del golpismo, verdaderos beneficiados, unos y otros, de cada cuartelazo.


Transcurridas varias décadas de aquella inestabilidad política, de aquella lucha abierta por el control del poder en la diversidad de nuestros países, de violencia institucional desenfrenada que dejaba en harapos los derechos humanos, cuando se había ganado cierta normalidad y existía un aire de una mayor redistribución de la riqueza nacional, sin afectar la estructura de clases, la concentración de la riqueza y la propiedad de los más ricos, el camino del golpismo retoma su lugar, en este caso sin aparecer los militares, a no ser de manera muy episódica, ahora reemplazados por jueces o altos funcionarios del gobierno descabezado.


Sin duda, los tiempos cambian y de su mano las formas de la política gubernamental, nacional e internacional. Así, como prolongación de las nuevas formas asumidas por el golpismo, en los años que nos llevarán al 2030, y como parte de la decisión de Estados Unidos de conservar/recuperar su control total sobre la región, seguirán estando presentes los golpes de Estado suaves, y como parte de estos el golpismo judicial, unos y otros en defensa supuesta de la ‘democracia’.


Como parte de esta realidad, de la violencia sin reparos ni miramientos, típica del golpismo de los gorilas, pasamos a la prevalencia de las apariencias y al ejercicio de una violencia con foco cerrado y formas ‘democráticas’. Así lo permite concluir Brasil, pero también Bolivia, los dos últimos países que padecieron las nuevas formas del intervencionismo estadounidense. Para el caso de Bolivia, el próximo 3 de mayo, en caso de no quedar espacio para una segunda vuelta presidencial, quedará sellado el golpe de Estado que se fraguó el 10 de noviembre pasado, bien en dirección golpista, bien dándoles, de nuevo, espacio a los sectores progresistas.


En los ojos del águila, celosa de la presencia de Rusia, China e Irán en la región, están Venezuela y Nicaragua; Cuba, la cereza del pastel, continuará como propósito máximo del intervencionismo del imperio. Las reformas de todo orden que la isla caribeña afronta, como medida urgente para superar las limitaciones de un modelo de Estado y social agotado, indicarán si esta experiencia de soberanía y dignidad logra un segundo aire, el que impediría que la inconformidad interna lo subvierta.


Marcará esta década, a ambos lados de la cadena, la inestabilidad política o la crisis permanente de gobernabilidad, de manera que quien controle las riendas del gobierno deberá enfrentar, por el lado del status quo, la protesta social que demanda punto final para el neoliberalismo y todo lo que le es preciado. Por el lado progresista, su incapacidad para potenciar un modelo económico alterno y su persistencia con proyectos extractivistas, que le generan alejameniento de los pobladores del campo, como de sectores urbanos que luchan por la preservación de la naturaleza. Sin flujo económico suficiente para implementar políticas redistributivas diferentes a las ya existentes, es poco lo que el progresismo puede ofrecerle a la sociedad.


Estamos ante un escenario en el cual entrarán a jugar, de manera cada vez más abierta, los narcotraficantes, ahora actuando como mafias que controlan territorios y someten a quienes los habitan, propiciando desplazamientos de todo tipo, usurpando tierras, acometiendo proyectos extractivistas, es decir, actuando como también lo hacen los propietarios del sector industrial, comercial y financiero. Ahora, y de manera cada vez más clara, el narco estará integrado al sistema y la clase que lo controla.


En este marco complejo de luchas sociales permanentes, indígenas y mujeres estarán a la cabeza, ampliando derechos. Los pueblos originarios mantendrán su constante en procura de la tierra necesaria para vivir, y alrededor de ella en defensa de la biodiversidad y el equilibrio ambiental. Entre estos pueblos, los organizados como zapatistas saldrán de nuevo a confrontar a nivel nacional y de manera directa al gobierno, buscando bloquear megaproyectos el Tren Maya y otros que rompen sus territorios. Las mujeres, por su parte, emplazarán de manera cada vez más intensa a la sociedad, en pos de igualdad efectiva y cese a la violencia contra sus cuerpos.


Ni una ni otra serán luchas fáciles ni lineales. Serán complejas, arduas, y sortearán flujos de distinto tipo al tener que enfrentar la reacción creciente de los sectores más tradicionales de la sociedad. En todo caso, la experiencia ganada hasta ahora por indígenas, como por movimientos feministas, permiten augurar que en esta década consolidarán posiciones y más apoyo social.


A la actual dinámica no escapa Colombia, donde las hegemonías que la sometieron por tantos años al exterminio muestran fracturas, debido de manera preponderante a las contradicciones al interior de los sectores dominantes y al intento de reagrupación de los sectores marginados. Sin una agenda particular de estos últimos, sin proyecto propio, poco podrán esperar del desenlace de la disputa interburguesa, cuyo resultado prolongará el dominio de la tradición o abrirá nuevos surcos para el modernizante, pero sin cambiar la esencia del establecimiento.

 


 

 

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Fabio Mejía Botero, "Águila libertadora", fotografía (Cortesía del autor)

Toda época de cambio, como la que va entre el declive de un imperio y el ascenso de otro, somete a la humanidad de la época, sobre todo a los países que están circunscritos al área de influencia de las potencias, a un período de desorden e incertidumbre.


No es extraño que así suceda, mucho más cuando el imperio que decae se resiste a morir, desplegando todo tipo de medidas para conservar sus poderes, privilegios y beneficios en todas las áreas y en todos los planos, tanto locales y regionales como globales. Sucedió así en el siglo XVIII con Inglaterra, hasta cuando consolidó su dominio global, para lo cual, además de su imposición por la vía de la fuerza, también resultó fundamental su apropiación e impulso de la primera revolución industrial. Además de dar cuenta de Francia, su enemigo de varias centurias, lo hizo del régimen de producción feudal, prolongado en Europa por varios siglos.


Ocurre de manera similar en los albores del siglo XX, en este caso ante la agonía-muerte del imperio inglés, a la par del entierro de los restos del Imperio Otomano y el ascenso de los Estados Unidos, desenlace en el cual fue igualmente importante la apropiación que logra de la segunda revolución industrial, en disputa también con Alemania. En este caso no muere ningún régimen de producción; por el contrario, se potencia el dominante entrado en la fase imperialista.


Pese a características que les son comunes, las circunstancias que hoy vivimos trazan distancia con las que marcaron el progreso-muerte de poderes globales entre el siglo XVIII y comienzos del XX. Es así porque el mapa mundial va cambiando con el ascenso y el desarrollo del capitalismo, pasando de dominar unas áreas del mundo hasta integrar todos los territorios a su campo de influencia y su control.


Ocurre que durante el siglo XVIII, para el capitalismo, el mundo era en lo esencial Europa y Asia, y por tanto los efectos de las disputas entre imperios se extendían y afectaban de manera especial a todo lo incluido en esas coordenadas. Débil coletazo llegaba a Nuestra América, Oceanía y África. Y aunque esa era la nota primordial, los efectos de la invasión napoleónica a España, en un último esfuerzo del Imperio Francés por controlar Europa, disparó la crisis de la Corona ibérica, lo que alimentó contradicciones en su interior y despertó desobediencias en sus fuerzas militares, todo lo cual contribuyó a que fuera coronada la causa de la independencia latinoamericana.


No bastan buenas razones


En esta lucha entre el imperio que muere y el que nace, en medio de la disputa por conservar o ganar el poder global de su época (mediados del siglo XVIII), como es conocido, el Imperio Español mordió el polvo, lo que no se da por fuera de la confrontación militar, extendida por diferentes flancos y en distintos años de aquel período histórico e incluso antes. Con todo ello podemos decir, como lo refrenda la experiencia, que las buenas razones y hasta las evidencias son insuficientes para que un poder u otro acepten su declive y cedan el paso a las nuevas fuerzas que toman su lugar. En otros tiempos, tanto Roma como el imperio Persa se habían resistido ante la evidencia. La iglesia católica misma, en su hegemonía imperial de varios siglos, también es muestra de ello.


Como parte de este mismo devenir histórico, en medio de la creciente del poder inglés, una vez enterrado el modo de producción feudal y derrotada de manera plena la monarquía con la revolución de 1848, otro tipo de confrontaciones, en este caso sociales, toma cuerpo, protagonizada por las dos clases que desde entonces e incluso hasta nuestros días marcarán el mundo. Alzamientos sociales, masacres de inconformes, revoluciones triunfantes unas y derrotadas otras, así como una extensa y amplia disputa por derechos de diverso tipo, toman forma como parte de esta confrontación.


Son dinámicas y lecciones de la historia que no podemos desconocer al valorar las tendencias de todo orden que caracterizan el año y la década en que entramos con el 2020. Es un período de la historia marcado de manera fuerte por la crisis/descenso del imperio estadounidense y el avistamiento en el horizonte del que pudiera sucederlo. Ese descenso/ascenso –que posee sus particularidades con respecto a las experiencias retomadas, entre ellas que ahora no solo está en declive el imperio hegemónico desde hace un siglo sino igualmente en crisis el sistema capitalista todo– sume al mundo en desorden y caos global, con manifestaciones de ello en ambiente, economía, demografía, agricultura, ordenamientos urbanos y sistema financiero.


Tenemos ante nosotros, entonces, una doble transición: por el dominio global, el cual, como todo lo indica, ya no será más unipolar sino multipolar, y por el sistema de producción. Y la disputa no será corta, como tampoco lo fue en la mayoría de las experiencias conocidas, sino que se tomará varias décadas, cinco o más en el peor de los casos.


En la particularidad del sistema de producción que tomará forma en medio del declive-crisis capitalista, todavía ninguno de los países y sus clases lidera una opción viable: solo son variantes más verdes, más rosadas, del capitalismo. Paralelo a ello, desde diversidad de sectores alternos, proyecta sus luces una opción-expectativa poscapitalista, pero aún sin alcanzar fuerza suficiente para materializarse.


Resistiendo a la confrontación bélica que implica ser vencidos, los Estados Unidos esgrimen sus defensas y como parte de ello potencian una nueva carrera militar, dotándose para la misma de un presupuesto fiscal para el año 2020 –que empezó en octubre de 2019– que ningún otro país tiene ni de cerca: 738 mil millones de dólares, ampliando, además, sus fuerzas militares con un nuevo cuerpo, el Espacial, acorde con la realidad desatada por la tercera y la cuarta revolución industrial, la colonización en curso desde décadas atrás de la órbita espacial por centenares de satélites, el despliegue de escudos antimisiles como contención de cohetería de todo tipo, en especial aquella con capacidad para transportar ojivas nucleares, así como por la pretensión humana de colonizar uno o varios planetas, a la manera de mecanismo para conservar la vida y prolongar su dominio en caso de una hecatombe nuclear, y como efecto de la propia crisis ambiental, en toda su ampliación, que afecta y ahondará su impacto al conjunto de la humanidad. Problemas de respiración, multiplicación de enfermedades de diverso tipo, abastecimiento de agua y otros anexos a la imposibilidad de llevar una vida en plenitud, harán parte de la misma. El afán de los multimillonarios de colonizar prontamente un lugar más allá de la Tierra no es fantasía (1).


Estamos ante una nueva carrera militar, en la cual unas potencias con menor presupuesto militar orientan el mismo hacia factores estratégicos que puedan equilibrar las cargas. De ahí las investigaciones en cohetería y armas en general con tecnología cuántica (2), a la par de transformar el poder ejecutivo de sus países, haciendo de los jefes de Estado verdaderos comandantes estratégicos de sus respectivos países, investidos de un poder tal, indicativo de que estamos en un período de preguerra, y que los esfuerzos de los imperios están dirigidos en especial a evitar que la contraparte se sienta segura de un triunfo rápido si opta por la confrontación abierta.


Vladimir Putin al frente de Rusia y Xi Jiping a la cabeza de China son muestra clara de las transformaciones vividas por el Ejecutivo en sus respectivos países. Jefes de Estado con poderes plenos, dirigiendo sus países por décadas, en realidad generales en jefe de los mismos, lo que permite explicar el momento histórico que vive la humanidad y la fuerte tendencia hacia una colisión fatal. Es una realidad de la cual no está lejos el Ejecutivo en Estados Unidos, donde el equilibrio de poderes empieza a resquebrajarse. El autoritarismo, como tendencia creciente, encuentra uno de sus soportes en esta realidad, y su fortalecimiento será cada vez más evidente. Mayor extracción de plusvalía a la fuerza de trabajo, para incrementar o recuperar por parte del capital la tasa de ganancia, simultáneamente con un mayor rigor en el control del mercado propio, o los ajenos bajo dominio, son otros de los factores que alimentan el giro autoritario que vive hoy el mundo y que irá en incremento en la nueva década que ahora marca el calendario.


Esa transición de imperio y de sistema de producción proyecta una colisión de poderes imperiales de la cual ningún país será ajeno, la que por el momento asume una confrontación de fuerzas a través de terceros países y en regiones allende sus propios territorios: Oriente Medio en general, como centro productor de la materia prima esencial del capitalismo, y poseedor de las mayores reservas de la misma –sumando al conjunto de sus países–, es el teatro de sus operaciones. Todo indica que la reorganización en que entrará este territorio llevará a que su control quede bajo el liderazgo de Rusia, que, con apoyo de China, impondrá allí sus reglas. El factor Israel deberá entrar en negociaciones que en alguna forma le darán aire al pueblo palestino.


Oriente Medio es un territorio de importancia estratégica para las dos potencias ahora aliadas en múltiples terrenos, forzadas a ello por el enemigo que comparten. Por un lado, Rusia requiere ampliar la zona de contención para dificultar cualquier ataque en contra suya, y, por el otro, China ha trazado por tal territorio una parte de la Ruta de la Seda, a la par de transitar por allí el petróleo que alimenta su industria y su funcionamiento en general. Israel, potencia nuclear regional y avanzada estadounidense, es el enemigo por controlar, y eso es posible materializarlo mediante diversidad de acuerdos que beneficien a las partes. Estados Unidos, de un lado, en medio de conflictos abiertos por doquier, tendrá que elegir entre concentrar más fuerzas y disputar de modo cada vez más abierto tal teatro de operaciones o redirigir sus fuerzas prioritariamente hacia el mar del sur de China, como esclusa para impedir la extensión/consolidación del poderío que ya ostenta la potencia asiática, obligando al imperio americano al abandono de esta parte del mundo, lo que aceleraría su declive (3).


Se trata de escenarios y tendencias de la geopolítica global que conservarán su vector actual o pudieran verse redimensionados por el resultado que arrojen los comicios presidenciales de noviembre próximo en Estados Unidos, coyuntura clave, tanto porque dirime por unos años más el grupo de poder al frente del imperio en descenso como porque con su resultado queda clara la trayectoria táctica y diplomática que señalarán su devenir en los siguientes cuatro años: operar cada vez más abiertamente, desestructurando toda la arquitectura que ellos mismos impusieron en los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, lo que ya no es útil para sus intereses, o avanzar tras igual propósito de manera más o menos negociada con sus mejores aliados.


En este hipotético escenario, quienes sufren hasta ahora, y seguirán afectados a lo largo de esta nueva década por la decisión de los Estados Unidos de no ceder su trono sin oponer resistencia, está la Unión Europea, en un acuerdo de acción territorial mancomunada en diversidad de áreas, con beneficio de convivencia pacífica por décadas, que corre el riesgo cada vez más abierto de regresar al estadio que tenían antes de la década de los 80 del siglo XX, e incluso mucho más atrás. El triunfo del brexit en el Reino Unido así lo indica, y los factores nacionalistas en la diversidad de los países que integran la Unión señalan en tal dirección.


Por ahora, el Imperio se vale de los acuerdos posguerra mundial que le dan privilegios para extender sus tropas a lo largo y ancho de Europa, adelantar allí sus armas estratégicas y disponer esos territorios como avanzada para diferentes propósitos, en particular para maniobrar conjuntamente en caso de una confrontación de cualquier orden. La Otan es parte de este acuerdo. La sumisión del “viejo continente” ante las demandas y amenazas de quien hoy está al frente de la Casa Blanca facilita la concreción de los propósitos del Imperio e indica que esta parte del mundo, como un todo, quedará, en los años que vienen, cada vez más relegada en la disputa por el reparto mundial.


El 2020 y la década que nos lleva hacia los años 30 se mantendrán marcados, además, por fenómenos como las migraciones, en la cual diversos países de África y América Latina mantendrán la expulsión de sus poblaciones en procura de trabajo e ingresos seguros. La constante del desempleo es creciente. La reducción –allí donde lo hubo– del Estado de Bienestar y con ello la pérdida o minimización, cada vez más notoria, de los derechos humanos, relegados a simple letra muerta, testimonio de algo que por décadas logró cierta materialización como fruto del ascenso de la izquierda, en su direccionamiento y su estímulo a las luchas directas de diversidad de pueblos anhelantes de justicia, igualdad, paz, bienestar, solidaridad, descolonización, soberanía. La Guerra Fría, como parte de este fenómeno, también contribuyó a contener la implementación de medidas regresivas, abiertamente a favor del capital y en contra de los derechos humanos, pero, una vez diluida, la ofensiva del capital es contundente. Fueron unos logros a los que también contribuyó el ascenso al gobierno, en diversidad de países del Viejo continente, de sectores progresistas –socialdemocracia.


Los efectos de la aludida ofensiva connota abundancia de males para el conjunto de los habitantes de nuestro planeta, tanto por el ahondamiento constante de la desigualdad social y la concentración de los frutos del trabajo de millones de seres humanos en unos cuantos personajes (4), como por la disparada de una crisis climática que tiene en vilo el futuro de la humanidad.


Son aquellos unos males que solamente resultan contenibles por la sociedad global, desde la particularidad de sus países, pero logrando una sintonía de fuerza desde el alzamiento social global. Una contención, a partir de la conciencia por un presente que ya es futuro, que al mismo tiempo detenga la reducción de la democracia a su mínima expresión, simple formalidad (elecciones), como está sucediendo, haciendo de ella un campo de batalla para que en realidad sea participativa, directa, radical, plebiscitaria.


Otras muchas particularidades tienen luz propia y llamarán nuestra atención a lo largo del año 2020 y de la década que ahora empieza. La creciente desocupación del campo y el incesante crecimiento de las ciudades será una de ellas. Las presiones económicas y militares que recaen sobre sus pobladores, así como la ausencia o la debilidad de políticas gubernamentales, nacionales e internacionales, que incentiven su vida y su labor alrededor del agro, así como la conservación de las particularidades culturales que le son características, son parte de los motivos para que así suceda.


De la mano de su desocupación llegan la imposición y la ampliación de una economía agraria que está ligada al extractivismo latifundista, a partir de monocultivos sembrados en áreas que cubren cientos y miles de hectáreas. Es una producción agrícola, para uso humano, animal e industrial, soportada en muchos casos, y con tendencia creciente, en semillas ‘mejoradas’, modificadas genéticamente, que someten al campo y la naturaleza en general al envenenamiento que produce la cantidad de tóxicos con que deben ser fumigadas, a la reducción o la desaparición de la biodiversidad en todas sus manifestaciones, y a la humanidad en general a una alimentación cada vez menos diversa, insípida, baja en proteínas y vitaminas, proceso de siembra y transformación de granos y verduras cuyas consecuencias para la salud humana y animal en general aún no están claramente establecidas, pero que en el campo de la cultura gira hacia lo que algunos autores describen como su macdonalización.


Por su parte, la imparable urbanización del mundo seguirá incrementando problemáticas para la salud, derivadas del modelo de desarrollo imperante y de un transporte que ahoga las urbes en esmog y altos niveles de contaminación auditiva y visual. La reducción del tamaño de las viviendas, llevadas al extremo de parecer colmenas, su mala e ineficiente aireación, la ausencia de sol para gran cantidad de las mismas, la desaparición de espacios comunes en muchos barrios, etcétera, someten y someterán incesantemente a la humanidad a una deshumanización de sus centros de vivienda y trabajo, ahondando una crisis, la del urbanismo, que demanda replanteamiento en procura de recuperar la calidad de seres humanos que, como especie debemos conservar, alejándonos de la condición de seres-máquinas, tendencia que celebra el capital, en procura de mano de obra dócil, que no reclama ni se organiza para defender sus derechos.


El desempleo, la mala calidad en su remuneración, la informalidad laboral, la ofensiva neoliberal en un intento por extraer más renta de quienes venden su fuerza de trabajo (al reducir salarios vía eliminación de beneficios como primas y bonificaciones, cajas de compensación, horas extras, etcétera), son otras tantas aristas que conservarán su tendencia durante la década que abre su agenda.


Son tendencias y devenires en los cuales las mayorías de nuestras sociedades no debieran resignarse a ser actoras pasivas sino, como está sucediendo por estos meses, decidirse por un liderazgo desde el cual sacar a flote una opción de vida diferente de las dos planteadas en su contorno, que en el largo plazo son una misma.
El tiempo que ya corre y los años por venir nos indicarán con toda seguridad si así ha sucedido.

 

1. Elon Musk revela detalles de su proyecto de gran escala para colonizar Marte en 2050 con un millón de personas, https://www.desdeabajo.info/ciencia-y-tecnologia/item/38663-elon-musk-revela-detalles-de-su-proyecto-a-gran-escala-de-colonizar-marte-para-el-2050-con-un-millon-de-personas.html).
2. Esta tecnología impulsa cohetes a velocidades superiores 20 y más veces a las del sonido; radares con capacidad para detectar aviones y otras armas hasta ahora invisibles, criptografía de nueva generación, etcétera. https://www.technologyreview.es/s/10871/como-las-armas-cuanticas-cambiaran-las-guerras-del-futuro.
3. https://www.seguridadinternacional.es/?q=es/content/el-mar-del-sur-de-china-nodo-de-la-geopol%C3%ADtica-regional-y-mundial-del-siglo-xxi
4. “Tiempo para el cuidado. El trabajo de cuidados y la crisis global de desigualdad”, www.oxfam.org

 


 

América Latina, de cara a la inestabilidad política

 

De regreso al pasado. La nota típica de América Latina durante los años 50-80 del siglo XX eran los golpes de Estado, tantos que parecía que vivíamos en una región de ficción. En esos golpes, los militares eran los actores que se destacaban, ya que asumían la misión encomendada por el gobierno de los Estados Unidos, así como de los poderes civiles detrás del golpismo, verdaderos beneficiados, unos y otros, de cada cuartelazo.


Transcurridas varias décadas de aquella inestabilidad política, de aquella lucha abierta por el control del poder en la diversidad de nuestros países, de violencia institucional desenfrenada que dejaba en harapos los derechos humanos, cuando se había ganado cierta normalidad y existía un aire de una mayor redistribución de la riqueza nacional, sin afectar la estructura de clases, la concentración de la riqueza y la propiedad de los más ricos, el camino del golpismo retoma su lugar, en este caso sin aparecer los militares, a no ser de manera muy episódica, ahora reemplazados por jueces o altos funcionarios del gobierno descabezado.


Sin duda, los tiempos cambian y de su mano las formas de la política gubernamental, nacional e internacional. Así, como prolongación de las nuevas formas asumidas por el golpismo, en los años que nos llevarán al 2030, y como parte de la decisión de Estados Unidos de conservar/recuperar su control total sobre la región, seguirán estando presentes los golpes de Estado suaves, y como parte de estos el golpismo judicial, unos y otros en defensa supuesta de la ‘democracia’.


Como parte de esta realidad, de la violencia sin reparos ni miramientos, típica del golpismo de los gorilas, pasamos a la prevalencia de las apariencias y al ejercicio de una violencia con foco cerrado y formas ‘democráticas’. Así lo permite concluir Brasil, pero también Bolivia, los dos últimos países que padecieron las nuevas formas del intervencionismo estadounidense. Para el caso de Bolivia, el próximo 3 de mayo, en caso de no quedar espacio para una segunda vuelta presidencial, quedará sellado el golpe de Estado que se fraguó el 10 de noviembre pasado, bien en dirección golpista, bien dándoles, de nuevo, espacio a los sectores progresistas.


En los ojos del águila, celosa de la presencia de Rusia, China e Irán en la región, están Venezuela y Nicaragua; Cuba, la cereza del pastel, continuará como propósito máximo del intervencionismo del imperio. Las reformas de todo orden que la isla caribeña afronta, como medida urgente para superar las limitaciones de un modelo de Estado y social agotado, indicarán si esta experiencia de soberanía y dignidad logra un segundo aire, el que impediría que la inconformidad interna lo subvierta.


Marcará esta década, a ambos lados de la cadena, la inestabilidad política o la crisis permanente de gobernabilidad, de manera que quien controle las riendas del gobierno deberá enfrentar, por el lado del status quo, la protesta social que demanda punto final para el neoliberalismo y todo lo que le es preciado. Por el lado progresista, su incapacidad para potenciar un modelo económico alterno y su persistencia con proyectos extractivistas, que le generan alejameniento de los pobladores del campo, como de sectores urbanos que luchan por la preservación de la naturaleza. Sin flujo económico suficiente para implementar políticas redistributivas diferentes a las ya existentes, es poco lo que el progresismo puede ofrecerle a la sociedad.


Estamos ante un escenario en el cual entrarán a jugar, de manera cada vez más abierta, los narcotraficantes, ahora actuando como mafias que controlan territorios y someten a quienes los habitan, propiciando desplazamientos de todo tipo, usurpando tierras, acometiendo proyectos extractivistas, es decir, actuando como también lo hacen los propietarios del sector industrial, comercial y financiero. Ahora, y de manera cada vez más clara, el narco estará integrado al sistema y la clase que lo controla.


En este marco complejo de luchas sociales permanentes, indígenas y mujeres estarán a la cabeza, ampliando derechos. Los pueblos originarios mantendrán su constante en procura de la tierra necesaria para vivir, y alrededor de ella en defensa de la biodiversidad y el equilibrio ambiental. Entre estos pueblos, los organizados como zapatistas saldrán de nuevo a confrontar a nivel nacional y de manera directa al gobierno, buscando bloquear megaproyectos el Tren Maya y otros que rompen sus territorios. Las mujeres, por su parte, emplazarán de manera cada vez más intensa a la sociedad, en pos de igualdad efectiva y cese a la violencia contra sus cuerpos.


Ni una ni otra serán luchas fáciles ni lineales. Serán complejas, arduas, y sortearán flujos de distinto tipo al tener que enfrentar la reacción creciente de los sectores más tradicionales de la sociedad. En todo caso, la experiencia ganada hasta ahora por indígenas, como por movimientos feministas, permiten augurar que en esta década consolidarán posiciones y más apoyo social.


A la actual dinámica no escapa Colombia, donde las hegemonías que la sometieron por tantos años al exterminio muestran fracturas, debido de manera preponderante a las contradicciones al interior de los sectores dominantes y al intento de reagrupación de los sectores marginados. Sin una agenda particular de estos últimos, sin proyecto propio, poco podrán esperar del desenlace de la disputa interburguesa, cuyo resultado prolongará el dominio de la tradición o abrirá nuevos surcos para el modernizante, pero sin cambiar la esencia del establecimiento.

 


 

 

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Fabio Mejía Botero, "Águila libertadora", fotografía (Cortesía del autor)

Toda época de cambio, como la que va entre el declive de un imperio y el ascenso de otro, somete a la humanidad de la época, sobre todo a los países que están circunscritos al área de influencia de las potencias, a un período de desorden e incertidumbre.


No es extraño que así suceda, mucho más cuando el imperio que decae se resiste a morir, desplegando todo tipo de medidas para conservar sus poderes, privilegios y beneficios en todas las áreas y en todos los planos, tanto locales y regionales como globales. Sucedió así en el siglo XVIII con Inglaterra, hasta cuando consolidó su dominio global, para lo cual, además de su imposición por la vía de la fuerza, también resultó fundamental su apropiación e impulso de la primera revolución industrial. Además de dar cuenta de Francia, su enemigo de varias centurias, lo hizo del régimen de producción feudal, prolongado en Europa por varios siglos.


Ocurre de manera similar en los albores del siglo XX, en este caso ante la agonía-muerte del imperio inglés, a la par del entierro de los restos del Imperio Otomano y el ascenso de los Estados Unidos, desenlace en el cual fue igualmente importante la apropiación que logra de la segunda revolución industrial, en disputa también con Alemania. En este caso no muere ningún régimen de producción; por el contrario, se potencia el dominante entrado en la fase imperialista.


Pese a características que les son comunes, las circunstancias que hoy vivimos trazan distancia con las que marcaron el progreso-muerte de poderes globales entre el siglo XVIII y comienzos del XX. Es así porque el mapa mundial va cambiando con el ascenso y el desarrollo del capitalismo, pasando de dominar unas áreas del mundo hasta integrar todos los territorios a su campo de influencia y su control.


Ocurre que durante el siglo XVIII, para el capitalismo, el mundo era en lo esencial Europa y Asia, y por tanto los efectos de las disputas entre imperios se extendían y afectaban de manera especial a todo lo incluido en esas coordenadas. Débil coletazo llegaba a Nuestra América, Oceanía y África. Y aunque esa era la nota primordial, los efectos de la invasión napoleónica a España, en un último esfuerzo del Imperio Francés por controlar Europa, disparó la crisis de la Corona ibérica, lo que alimentó contradicciones en su interior y despertó desobediencias en sus fuerzas militares, todo lo cual contribuyó a que fuera coronada la causa de la independencia latinoamericana.


No bastan buenas razones


En esta lucha entre el imperio que muere y el que nace, en medio de la disputa por conservar o ganar el poder global de su época (mediados del siglo XVIII), como es conocido, el Imperio Español mordió el polvo, lo que no se da por fuera de la confrontación militar, extendida por diferentes flancos y en distintos años de aquel período histórico e incluso antes. Con todo ello podemos decir, como lo refrenda la experiencia, que las buenas razones y hasta las evidencias son insuficientes para que un poder u otro acepten su declive y cedan el paso a las nuevas fuerzas que toman su lugar. En otros tiempos, tanto Roma como el imperio Persa se habían resistido ante la evidencia. La iglesia católica misma, en su hegemonía imperial de varios siglos, también es muestra de ello.


Como parte de este mismo devenir histórico, en medio de la creciente del poder inglés, una vez enterrado el modo de producción feudal y derrotada de manera plena la monarquía con la revolución de 1848, otro tipo de confrontaciones, en este caso sociales, toma cuerpo, protagonizada por las dos clases que desde entonces e incluso hasta nuestros días marcarán el mundo. Alzamientos sociales, masacres de inconformes, revoluciones triunfantes unas y derrotadas otras, así como una extensa y amplia disputa por derechos de diverso tipo, toman forma como parte de esta confrontación.


Son dinámicas y lecciones de la historia que no podemos desconocer al valorar las tendencias de todo orden que caracterizan el año y la década en que entramos con el 2020. Es un período de la historia marcado de manera fuerte por la crisis/descenso del imperio estadounidense y el avistamiento en el horizonte del que pudiera sucederlo. Ese descenso/ascenso –que posee sus particularidades con respecto a las experiencias retomadas, entre ellas que ahora no solo está en declive el imperio hegemónico desde hace un siglo sino igualmente en crisis el sistema capitalista todo– sume al mundo en desorden y caos global, con manifestaciones de ello en ambiente, economía, demografía, agricultura, ordenamientos urbanos y sistema financiero.


Tenemos ante nosotros, entonces, una doble transición: por el dominio global, el cual, como todo lo indica, ya no será más unipolar sino multipolar, y por el sistema de producción. Y la disputa no será corta, como tampoco lo fue en la mayoría de las experiencias conocidas, sino que se tomará varias décadas, cinco o más en el peor de los casos.


En la particularidad del sistema de producción que tomará forma en medio del declive-crisis capitalista, todavía ninguno de los países y sus clases lidera una opción viable: solo son variantes más verdes, más rosadas, del capitalismo. Paralelo a ello, desde diversidad de sectores alternos, proyecta sus luces una opción-expectativa poscapitalista, pero aún sin alcanzar fuerza suficiente para materializarse.


Resistiendo a la confrontación bélica que implica ser vencidos, los Estados Unidos esgrimen sus defensas y como parte de ello potencian una nueva carrera militar, dotándose para la misma de un presupuesto fiscal para el año 2020 –que empezó en octubre de 2019– que ningún otro país tiene ni de cerca: 738 mil millones de dólares, ampliando, además, sus fuerzas militares con un nuevo cuerpo, el Espacial, acorde con la realidad desatada por la tercera y la cuarta revolución industrial, la colonización en curso desde décadas atrás de la órbita espacial por centenares de satélites, el despliegue de escudos antimisiles como contención de cohetería de todo tipo, en especial aquella con capacidad para transportar ojivas nucleares, así como por la pretensión humana de colonizar uno o varios planetas, a la manera de mecanismo para conservar la vida y prolongar su dominio en caso de una hecatombe nuclear, y como efecto de la propia crisis ambiental, en toda su ampliación, que afecta y ahondará su impacto al conjunto de la humanidad. Problemas de respiración, multiplicación de enfermedades de diverso tipo, abastecimiento de agua y otros anexos a la imposibilidad de llevar una vida en plenitud, harán parte de la misma. El afán de los multimillonarios de colonizar prontamente un lugar más allá de la Tierra no es fantasía (1).


Estamos ante una nueva carrera militar, en la cual unas potencias con menor presupuesto militar orientan el mismo hacia factores estratégicos que puedan equilibrar las cargas. De ahí las investigaciones en cohetería y armas en general con tecnología cuántica (2), a la par de transformar el poder ejecutivo de sus países, haciendo de los jefes de Estado verdaderos comandantes estratégicos de sus respectivos países, investidos de un poder tal, indicativo de que estamos en un período de preguerra, y que los esfuerzos de los imperios están dirigidos en especial a evitar que la contraparte se sienta segura de un triunfo rápido si opta por la confrontación abierta.


Vladimir Putin al frente de Rusia y Xi Jiping a la cabeza de China son muestra clara de las transformaciones vividas por el Ejecutivo en sus respectivos países. Jefes de Estado con poderes plenos, dirigiendo sus países por décadas, en realidad generales en jefe de los mismos, lo que permite explicar el momento histórico que vive la humanidad y la fuerte tendencia hacia una colisión fatal. Es una realidad de la cual no está lejos el Ejecutivo en Estados Unidos, donde el equilibrio de poderes empieza a resquebrajarse. El autoritarismo, como tendencia creciente, encuentra uno de sus soportes en esta realidad, y su fortalecimiento será cada vez más evidente. Mayor extracción de plusvalía a la fuerza de trabajo, para incrementar o recuperar por parte del capital la tasa de ganancia, simultáneamente con un mayor rigor en el control del mercado propio, o los ajenos bajo dominio, son otros de los factores que alimentan el giro autoritario que vive hoy el mundo y que irá en incremento en la nueva década que ahora marca el calendario.


Esa transición de imperio y de sistema de producción proyecta una colisión de poderes imperiales de la cual ningún país será ajeno, la que por el momento asume una confrontación de fuerzas a través de terceros países y en regiones allende sus propios territorios: Oriente Medio en general, como centro productor de la materia prima esencial del capitalismo, y poseedor de las mayores reservas de la misma –sumando al conjunto de sus países–, es el teatro de sus operaciones. Todo indica que la reorganización en que entrará este territorio llevará a que su control quede bajo el liderazgo de Rusia, que, con apoyo de China, impondrá allí sus reglas. El factor Israel deberá entrar en negociaciones que en alguna forma le darán aire al pueblo palestino.


Oriente Medio es un territorio de importancia estratégica para las dos potencias ahora aliadas en múltiples terrenos, forzadas a ello por el enemigo que comparten. Por un lado, Rusia requiere ampliar la zona de contención para dificultar cualquier ataque en contra suya, y, por el otro, China ha trazado por tal territorio una parte de la Ruta de la Seda, a la par de transitar por allí el petróleo que alimenta su industria y su funcionamiento en general. Israel, potencia nuclear regional y avanzada estadounidense, es el enemigo por controlar, y eso es posible materializarlo mediante diversidad de acuerdos que beneficien a las partes. Estados Unidos, de un lado, en medio de conflictos abiertos por doquier, tendrá que elegir entre concentrar más fuerzas y disputar de modo cada vez más abierto tal teatro de operaciones o redirigir sus fuerzas prioritariamente hacia el mar del sur de China, como esclusa para impedir la extensión/consolidación del poderío que ya ostenta la potencia asiática, obligando al imperio americano al abandono de esta parte del mundo, lo que aceleraría su declive (3).


Se trata de escenarios y tendencias de la geopolítica global que conservarán su vector actual o pudieran verse redimensionados por el resultado que arrojen los comicios presidenciales de noviembre próximo en Estados Unidos, coyuntura clave, tanto porque dirime por unos años más el grupo de poder al frente del imperio en descenso como porque con su resultado queda clara la trayectoria táctica y diplomática que señalarán su devenir en los siguientes cuatro años: operar cada vez más abiertamente, desestructurando toda la arquitectura que ellos mismos impusieron en los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, lo que ya no es útil para sus intereses, o avanzar tras igual propósito de manera más o menos negociada con sus mejores aliados.


En este hipotético escenario, quienes sufren hasta ahora, y seguirán afectados a lo largo de esta nueva década por la decisión de los Estados Unidos de no ceder su trono sin oponer resistencia, está la Unión Europea, en un acuerdo de acción territorial mancomunada en diversidad de áreas, con beneficio de convivencia pacífica por décadas, que corre el riesgo cada vez más abierto de regresar al estadio que tenían antes de la década de los 80 del siglo XX, e incluso mucho más atrás. El triunfo del brexit en el Reino Unido así lo indica, y los factores nacionalistas en la diversidad de los países que integran la Unión señalan en tal dirección.


Por ahora, el Imperio se vale de los acuerdos posguerra mundial que le dan privilegios para extender sus tropas a lo largo y ancho de Europa, adelantar allí sus armas estratégicas y disponer esos territorios como avanzada para diferentes propósitos, en particular para maniobrar conjuntamente en caso de una confrontación de cualquier orden. La Otan es parte de este acuerdo. La sumisión del “viejo continente” ante las demandas y amenazas de quien hoy está al frente de la Casa Blanca facilita la concreción de los propósitos del Imperio e indica que esta parte del mundo, como un todo, quedará, en los años que vienen, cada vez más relegada en la disputa por el reparto mundial.


El 2020 y la década que nos lleva hacia los años 30 se mantendrán marcados, además, por fenómenos como las migraciones, en la cual diversos países de África y América Latina mantendrán la expulsión de sus poblaciones en procura de trabajo e ingresos seguros. La constante del desempleo es creciente. La reducción –allí donde lo hubo– del Estado de Bienestar y con ello la pérdida o minimización, cada vez más notoria, de los derechos humanos, relegados a simple letra muerta, testimonio de algo que por décadas logró cierta materialización como fruto del ascenso de la izquierda, en su direccionamiento y su estímulo a las luchas directas de diversidad de pueblos anhelantes de justicia, igualdad, paz, bienestar, solidaridad, descolonización, soberanía. La Guerra Fría, como parte de este fenómeno, también contribuyó a contener la implementación de medidas regresivas, abiertamente a favor del capital y en contra de los derechos humanos, pero, una vez diluida, la ofensiva del capital es contundente. Fueron unos logros a los que también contribuyó el ascenso al gobierno, en diversidad de países del Viejo continente, de sectores progresistas –socialdemocracia.


Los efectos de la aludida ofensiva connota abundancia de males para el conjunto de los habitantes de nuestro planeta, tanto por el ahondamiento constante de la desigualdad social y la concentración de los frutos del trabajo de millones de seres humanos en unos cuantos personajes (4), como por la disparada de una crisis climática que tiene en vilo el futuro de la humanidad.


Son aquellos unos males que solamente resultan contenibles por la sociedad global, desde la particularidad de sus países, pero logrando una sintonía de fuerza desde el alzamiento social global. Una contención, a partir de la conciencia por un presente que ya es futuro, que al mismo tiempo detenga la reducción de la democracia a su mínima expresión, simple formalidad (elecciones), como está sucediendo, haciendo de ella un campo de batalla para que en realidad sea participativa, directa, radical, plebiscitaria.


Otras muchas particularidades tienen luz propia y llamarán nuestra atención a lo largo del año 2020 y de la década que ahora empieza. La creciente desocupación del campo y el incesante crecimiento de las ciudades será una de ellas. Las presiones económicas y militares que recaen sobre sus pobladores, así como la ausencia o la debilidad de políticas gubernamentales, nacionales e internacionales, que incentiven su vida y su labor alrededor del agro, así como la conservación de las particularidades culturales que le son características, son parte de los motivos para que así suceda.


De la mano de su desocupación llegan la imposición y la ampliación de una economía agraria que está ligada al extractivismo latifundista, a partir de monocultivos sembrados en áreas que cubren cientos y miles de hectáreas. Es una producción agrícola, para uso humano, animal e industrial, soportada en muchos casos, y con tendencia creciente, en semillas ‘mejoradas’, modificadas genéticamente, que someten al campo y la naturaleza en general al envenenamiento que produce la cantidad de tóxicos con que deben ser fumigadas, a la reducción o la desaparición de la biodiversidad en todas sus manifestaciones, y a la humanidad en general a una alimentación cada vez menos diversa, insípida, baja en proteínas y vitaminas, proceso de siembra y transformación de granos y verduras cuyas consecuencias para la salud humana y animal en general aún no están claramente establecidas, pero que en el campo de la cultura gira hacia lo que algunos autores describen como su macdonalización.


Por su parte, la imparable urbanización del mundo seguirá incrementando problemáticas para la salud, derivadas del modelo de desarrollo imperante y de un transporte que ahoga las urbes en esmog y altos niveles de contaminación auditiva y visual. La reducción del tamaño de las viviendas, llevadas al extremo de parecer colmenas, su mala e ineficiente aireación, la ausencia de sol para gran cantidad de las mismas, la desaparición de espacios comunes en muchos barrios, etcétera, someten y someterán incesantemente a la humanidad a una deshumanización de sus centros de vivienda y trabajo, ahondando una crisis, la del urbanismo, que demanda replanteamiento en procura de recuperar la calidad de seres humanos que, como especie debemos conservar, alejándonos de la condición de seres-máquinas, tendencia que celebra el capital, en procura de mano de obra dócil, que no reclama ni se organiza para defender sus derechos.


El desempleo, la mala calidad en su remuneración, la informalidad laboral, la ofensiva neoliberal en un intento por extraer más renta de quienes venden su fuerza de trabajo (al reducir salarios vía eliminación de beneficios como primas y bonificaciones, cajas de compensación, horas extras, etcétera), son otras tantas aristas que conservarán su tendencia durante la década que abre su agenda.


Son tendencias y devenires en los cuales las mayorías de nuestras sociedades no debieran resignarse a ser actoras pasivas sino, como está sucediendo por estos meses, decidirse por un liderazgo desde el cual sacar a flote una opción de vida diferente de las dos planteadas en su contorno, que en el largo plazo son una misma.
El tiempo que ya corre y los años por venir nos indicarán con toda seguridad si así ha sucedido.

 

1. Elon Musk revela detalles de su proyecto de gran escala para colonizar Marte en 2050 con un millón de personas, https://www.desdeabajo.info/ciencia-y-tecnologia/item/38663-elon-musk-revela-detalles-de-su-proyecto-a-gran-escala-de-colonizar-marte-para-el-2050-con-un-millon-de-personas.html).
2. Esta tecnología impulsa cohetes a velocidades superiores 20 y más veces a las del sonido; radares con capacidad para detectar aviones y otras armas hasta ahora invisibles, criptografía de nueva generación, etcétera. https://www.technologyreview.es/s/10871/como-las-armas-cuanticas-cambiaran-las-guerras-del-futuro.
3. https://www.seguridadinternacional.es/?q=es/content/el-mar-del-sur-de-china-nodo-de-la-geopol%C3%ADtica-regional-y-mundial-del-siglo-xxi
4. “Tiempo para el cuidado. El trabajo de cuidados y la crisis global de desigualdad”, www.oxfam.org

 


 

América Latina, de cara a la inestabilidad política

 

De regreso al pasado. La nota típica de América Latina durante los años 50-80 del siglo XX eran los golpes de Estado, tantos que parecía que vivíamos en una región de ficción. En esos golpes, los militares eran los actores que se destacaban, ya que asumían la misión encomendada por el gobierno de los Estados Unidos, así como de los poderes civiles detrás del golpismo, verdaderos beneficiados, unos y otros, de cada cuartelazo.


Transcurridas varias décadas de aquella inestabilidad política, de aquella lucha abierta por el control del poder en la diversidad de nuestros países, de violencia institucional desenfrenada que dejaba en harapos los derechos humanos, cuando se había ganado cierta normalidad y existía un aire de una mayor redistribución de la riqueza nacional, sin afectar la estructura de clases, la concentración de la riqueza y la propiedad de los más ricos, el camino del golpismo retoma su lugar, en este caso sin aparecer los militares, a no ser de manera muy episódica, ahora reemplazados por jueces o altos funcionarios del gobierno descabezado.


Sin duda, los tiempos cambian y de su mano las formas de la política gubernamental, nacional e internacional. Así, como prolongación de las nuevas formas asumidas por el golpismo, en los años que nos llevarán al 2030, y como parte de la decisión de Estados Unidos de conservar/recuperar su control total sobre la región, seguirán estando presentes los golpes de Estado suaves, y como parte de estos el golpismo judicial, unos y otros en defensa supuesta de la ‘democracia’.


Como parte de esta realidad, de la violencia sin reparos ni miramientos, típica del golpismo de los gorilas, pasamos a la prevalencia de las apariencias y al ejercicio de una violencia con foco cerrado y formas ‘democráticas’. Así lo permite concluir Brasil, pero también Bolivia, los dos últimos países que padecieron las nuevas formas del intervencionismo estadounidense. Para el caso de Bolivia, el próximo 3 de mayo, en caso de no quedar espacio para una segunda vuelta presidencial, quedará sellado el golpe de Estado que se fraguó el 10 de noviembre pasado, bien en dirección golpista, bien dándoles, de nuevo, espacio a los sectores progresistas.


En los ojos del águila, celosa de la presencia de Rusia, China e Irán en la región, están Venezuela y Nicaragua; Cuba, la cereza del pastel, continuará como propósito máximo del intervencionismo del imperio. Las reformas de todo orden que la isla caribeña afronta, como medida urgente para superar las limitaciones de un modelo de Estado y social agotado, indicarán si esta experiencia de soberanía y dignidad logra un segundo aire, el que impediría que la inconformidad interna lo subvierta.


Marcará esta década, a ambos lados de la cadena, la inestabilidad política o la crisis permanente de gobernabilidad, de manera que quien controle las riendas del gobierno deberá enfrentar, por el lado del status quo, la protesta social que demanda punto final para el neoliberalismo y todo lo que le es preciado. Por el lado progresista, su incapacidad para potenciar un modelo económico alterno y su persistencia con proyectos extractivistas, que le generan alejameniento de los pobladores del campo, como de sectores urbanos que luchan por la preservación de la naturaleza. Sin flujo económico suficiente para implementar políticas redistributivas diferentes a las ya existentes, es poco lo que el progresismo puede ofrecerle a la sociedad.


Estamos ante un escenario en el cual entrarán a jugar, de manera cada vez más abierta, los narcotraficantes, ahora actuando como mafias que controlan territorios y someten a quienes los habitan, propiciando desplazamientos de todo tipo, usurpando tierras, acometiendo proyectos extractivistas, es decir, actuando como también lo hacen los propietarios del sector industrial, comercial y financiero. Ahora, y de manera cada vez más clara, el narco estará integrado al sistema y la clase que lo controla.


En este marco complejo de luchas sociales permanentes, indígenas y mujeres estarán a la cabeza, ampliando derechos. Los pueblos originarios mantendrán su constante en procura de la tierra necesaria para vivir, y alrededor de ella en defensa de la biodiversidad y el equilibrio ambiental. Entre estos pueblos, los organizados como zapatistas saldrán de nuevo a confrontar a nivel nacional y de manera directa al gobierno, buscando bloquear megaproyectos el Tren Maya y otros que rompen sus territorios. Las mujeres, por su parte, emplazarán de manera cada vez más intensa a la sociedad, en pos de igualdad efectiva y cese a la violencia contra sus cuerpos.


Ni una ni otra serán luchas fáciles ni lineales. Serán complejas, arduas, y sortearán flujos de distinto tipo al tener que enfrentar la reacción creciente de los sectores más tradicionales de la sociedad. En todo caso, la experiencia ganada hasta ahora por indígenas, como por movimientos feministas, permiten augurar que en esta década consolidarán posiciones y más apoyo social.


A la actual dinámica no escapa Colombia, donde las hegemonías que la sometieron por tantos años al exterminio muestran fracturas, debido de manera preponderante a las contradicciones al interior de los sectores dominantes y al intento de reagrupación de los sectores marginados. Sin una agenda particular de estos últimos, sin proyecto propio, poco podrán esperar del desenlace de la disputa interburguesa, cuyo resultado prolongará el dominio de la tradición o abrirá nuevos surcos para el modernizante, pero sin cambiar la esencia del establecimiento.

 


 

 

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La caotización controlada: el ISIS en Venezuela

Más allá del teatro conflictivo y colaborativo entre polos políticos opuestos en que la decadente política de Estado funciona, la espeluznante realidad que nos toca vivir es posible gracias a una asombrosa operación de control social y político –y por ende de conciencia- que se ha ido montado en el transcurso de los años e incrementando de manera violenta y sistemática a lo largo de este gobierno, hasta garantizar una hegemonía política de facto y en un ejercicio descarado de la misma.


Esta situación ha venido probando la posibilidad de control de masas, a pesar de la acelerada evolución caótica en que nos encontramos, hasta llegar al borde de un desmoronamiento de todos los sistemas públicos y comunes como de los más básicos derechos a la sobrevivencia del cuerpo colectivo; de su vida, de su salud, de su alimentación. Esto no es una simple consecuencia mecánica de las ininterrumpidas crisis capitalistas, ni la incapacidad y la corrupción del grupo en el poder en estas dos décadas, ni mucho menos un destino infalible de un propósito revolucionario como lo quiere presentar toda posición reaccionaria. Esto ha sido un inmenso laboratorio, donde se conjuga la complicidad de gobernantes y agentes monopólicos nacionales e imperiales -como ya hemos insistido y mapeado de quiénes se trata- de políticas de caos sistémicos hasta llevar determinadas realidades nacionales, en este caso la nuestra, a la necesidad y conveniencia de entregar la soberanía sobre nuestra tierra, sus recursos básicos, sus medios de producción y su destino.


Nadie con un mínimo de ética y formación política entiende cómo dejan que se descomponga y se barbarice el cuadro económico-social y de los servicios públicos, a tal punto, sin que se conjuguen las condiciones para la activación de un movimiento virulento de resistencia en contra de quienes lo han hecho posible tanto desde el mando de gobierno como desde la tiranía económica monopólica. Esto parece un imposible, propio solamente de una sociedad placentera de su esclavitud y su miseria en aumento, o en el mejor de los casos, de saltos verbalizados cuyos límites no pasan de ser el lamento cada vez más rabioso pero impotente propios de una representación de sí que no pasa de ser aquella de la víctima eterna.


Un juego que el gobierno ha sabido establecer y aprovechar con efectividad, presentarse como la víctima suprema de élites económicas y poderes imperiales ante los cuales es su mayor víctima y condenado a tal condición sin posibilidad alguna de solución que no sea la comprensión y casi que compasión del pueblo, sin responsabilidad alguna ante nada. Con una oposición rancia y encajonada a su pendejísima visión de clase, que no ha hecho más que destruirse a sí misma en la histeria de imponer sin estrategia ni programa alguno su derecho formal a gobernar ¡ya!, mucho menos una unidad real, no dejando ver la más mínima piel donde se sienta su identidad con la tragedia material y vital que viven las clases subalternas y una política resistente para enfrentarla. Regalía que esta casta gobernante por supuesto que no le ha concedido, violentando hasta las reglas básicas originarias y constitucionales que su orgullo político chavista y su relato hiperdemocrático creó, hasta conformar una seudo dictadura admiradora de verdaderos fascistas sin máscara como es el caso de Erdogan en Turquía. Pero esto no sería nada de asombroso si lo vemos estrictamente desde la perspectiva de los intereses que defiende cada quien, ya que se trata de instancias gobierno-oposición que a estas alturas, en las edades pre, durante y poschávez, hacen parte sin duda de un mismo tinglado garante del orden parasitario constituido, y sobretodo, absolutamente funcionales al capitalismo-mundo .


Lo incomprensible del caso es que por fuera de este macabro escenario social y político no hay atisbo significativo de un movimiento resistente, redentivo, de una rabia expresiva y orgullosa de su condición de pueblo en lucha para enfrentar con sus derechos en mano, con el orgullo de haber atravesado no hace muchos momentos el límite de una revolución social, semejante situación colectiva. Ya las explicaciones de la bipolaridad política de las últimas décadas en Venezuela en realidad no aclaran nada, porque ya son demasiados años en que esta bipolaridad dejó de manifestar una confrontación de clases real como lo fue en su inicio, una auténtica lucha de verdades, de visiones de mundo, de alternativas civilizatorias, de órdenes y proyectos confrontados aunque aún desde ambos polos se esfuercen desesperadamente por ponerlo así unos y otros, acompañados por todo un espectro mundial mediático y opinión que desde cualquier derecha hasta las izquierdas más acomodadas así lo quieran presentar.


Las bipolaridades son la norma de orden y estabilidad de las democracias liberales, por acá esto no es nada distinto, solo que con un nivel de confrontación fuera de escala precisamente por lo que esconde esta bipolaridad a estas alturas: la necesidad de matar todo ángel de espíritu que se salga de la llorona de la víctima (o la quietud o manipulación del siervo ante las ansias de poder de sus héroes políticos) y esté dispuesto a defender su derecho a la vida y la libertad, con un sueño concreto y una estrategia alternativa de poder. Estamos por el contrario ante una majestuosa política de control de masas, apoyada por todos ellos, pero en una modalidad mucho más evidente, carnal y colonial que las sutilezas virtuales que la sociedad del espectáculo, de la robótica y el globo financiero ha creado para las naciones privilegiadas por el orden mundial, aunque por supuesto estemos metidos en ellas como parte de la servidumbre mundial al capital y nos sumen todas estas sutilezas gasíferas de envenenamiento a la vida y la conciencia.


La izquierda aún hegemónica en los foros mediáticos y asamblearios supraregionales en su estancada visión política y los derivados de los de la gran complicidad con los intereses del capital mundial que se mueven dentro de ella (desde la socialdemocracia más radical hasta las empiedradas mentes de los foros intelectuales y políticos propios), pareciera que no sale de la guerra fría, no se da cuenta cómo efectivamente se fueron fundiendo los Estados y sus dirigencias en una columna única programática que más allá de todo ataque moralista que se le haga o el despeje de las buenas voluntades que se cuelan y llegan a cargos de poder importantes, más allá de las ideologías "progre" que rodean las burocracias y ONG mundiales del ecologismo y el sensibilismo humanista, manejadas casi todas ellas por la social democracia europea y el partido demócrata norteamericano. No se dan cuenta como el mundo se convirtió a partir de la entrada del Siglo XXI, recogiendo los primeros ensayos neoliberales y de guerras civiles de los noventa, en un laboratorio permanente de guerra e ingenierías sociales de control donde se fragua una sola estrategia de dominio biopolítico sobre las masas y la naturaleza.
Venezuela es mas allá de confrontaciones de teatro verbal con "el imperio", más allá de sus personajes políticos buenos para un museo de la mediocridad y la corrupción, un laboratorio extraordinario de control de masas en función de garantizar de una vez por todas, primero la desaparición de sus desvíos utopistas y confrontativos que en algún momento Chávez liderizó hasta evaporarse en su propia salsa burocrática, y luego lo más importante, garantizar el dominio definitivo sobre una de las tierras más ricas del mundo en fuentes básicas desde sus tierras y biodiversidad hasta su masa de hidrocarburos y minerales en el subsuelo.


Es la añorada mundialmente anomalía natural venezolana que solo las razias imperiales y sus cónsules nacionales rojos y azules finalmente explotan a placer. En esta estrategia única -ya que el mundo nunca es perfecto, ni lo que se presenta como único llega a cubrir todo el círculo de totalidad- se mueven contradicciones internas interimperiales que se hacen cada vez más claras para nosotros: ¿Quién se queda dentro de los agentes de esta misma estrategia con el control de nuestra tierra los polos euroasiáticos de China y Rusia o el polo occidental sometido a los EEUU?


Si nos metemos en los últimos aconteceres políticos luego del estrepitoso fracaso de la derecha que luego de tener mayorías enteras en sus manos terminó en la más lumpen y marginal de las peleas a través de guarimbas sin lenguajes, sin contenidos, gritos vacíos, violencias que terminaron echando su fuego a la misma población, sacrificios criminales de jóvenes ante un Estado cada vez más militarizado que a la final hasta supo aprovecharse de este absurdo violentista y sin contenido dejándolo correr (por igual una forma endógena dentro de la derecha de matar las rebeldías que crecían a su interno se le iban de las manos), y vemos casos consecuentes a esta autoderrota como fueron las elecciones a gobernadores, por fuera de todo asunto de descarado abuso de poder y el fraude continuado como se ha dicho, se expresan las consecuencias de un minucioso proceso de control identitario superior, comunicacional, represivo y alimentario de la población que una vez desecha la contraofensiva derechista produjo su saldo político a provecho exclusivo de la burocracia gobernante.


El control identitario vía los "carnets de la patria", el control comunicacional sobre medios que la máquina burocrática absorbe o amenaza, la violencia represiva y adversiva a toda democracia real a toda libertad del flujo productivo que bloquea en todo el territorio que se amplía día a día dentro del Estado, la increíble "sublimación del hambre" como si fuese una prueba de cuanto soporta un pueblo la guerra de sus enemigos, sumado lo que ella supone en términos del deshilachado sistemático que ella obliga del tiempo colectivo organizado, al "buen espíritu", nuevos conocimientos y esperanzas que ella implica, es decir de la continuidad y evolución material, productiva y política de los espacios autónomos de poder popular, y el cierre del círculo de control que representa la dependencia de todxs nosotrxs a las odiosas bolsitas del CLAP (una humillación obligada frente a la alianza entre los monopolios internos, el parasitismo importador y la corrupción que ella condensa por sí misma en su carbohidrática lista de productos), posiblemente el chavismo por igual gana las elecciones pero la participación no hubiese pasado de veinte o cuando mucho el treinta por ciento de la población votante (algo que seguramente veremos en las gloriosas elecciones municipales de diciembre), la masa política de influencia directa y militante que aún suman la oposición y el chavismo, el resto aguardando se hubiese agregado como fue en el caso de los años noventa, al abstencionismo y el grito pasivo y silencioso que este expresa. Hasta mucha gente que votó por esta oposición anémica lo hizo gracias al contexto de control que lo rodea, creyendo en nadie, sintiéndose obligados a votar pero ilusionados que así golpean aunque sea con algo peor su frustración y a sus creadores actuales, en una situación así que hasta lo absurdo cobra sentido.


La realidad del capitalismo mundialmente integrado como diría Guattari y su fabulosa comprensión esquizoide del ser humano y sus deseos, constituye algo espeluznante donde los fascismos nacionales quedan desbordados y el orden mundial en su conjunto no se convierte en otra cosa que en experiencias dirigidas a desgastar o destruir por completo los cuerpos sociales en libre movimiento y signos de rebelión. La autocracia absoluta del capital ya se refleja en forma perfecta dentro de Estados nacionales que a través de su propia corrupción dejan que estas lógicas dirigidas al control político y biopolítico, es decir, al control absoluto de las decisiones colectivas, como del cuerpo natural y la inteligencia creadora de los seres humanos, esté plenamente garantizado.


Venezuela en ese sentido es una experiencia del capitalismo más destructivo y mafioso tremendamente exitoso, tanto como las guerras fratricidas que estos mismos han impulsado en el medio oriente para manipular y luego revertir por completo la revuelta de las bases populares de aquellos pueblos a través de la invasión armada, la guerra civil y el genocidio. Sin tal sangría, poniéndola en todo caso a correr a través de la descomposición delincuencial y asesina de las bandas armadas creadas muchas veces desde las oficinas de la seguridad de Estado, aquí se ha logrado formar un inaudito aparato de control político y social desarmando por completo al movimiento popular y disgregando todos los terrenos colectivistas ganados en la lucha a través de la desesperación de la carencia alimentaria y medicinal, el dejar la libre reproducción de enfermedades o nuevas o prácticamente desaparecidas como la difteria, la tubercolosis, la malaria, el bloqueo territorial y burocrático por medio de la corrupción militar (bloqueo que ahora se eleva a nivel financiero, de flujo de efectivo, de internet, de transporte, comunicaciones), el caos completo de servicios fundamentales como electricidad y agua, la involución de las instancias productivas, culturales y educativas que nos son vitales, el abandono de territorios enteros que quedan en manos de mafias despóticas y control paramilitar, como la total prostitución de los símbolos, programas y el lenguaje emancipador revolucionario.


Venezuela es un laboratorio exitosísimo de la capacidad de caotización controlada de las nuevas formas de dominio que se van creando en la medida en que se endurece ese capitalismo mundial integrado, demostrando con ello no solo su capacidad explotadora sino la crisis total que vive como opción civilizatoria de la humanidad. Mas allá de sus confrontaciones internas, utilizadas ya sea con raza china, rusa u occidental, nos han llevado ante este nivel de sumisión ante su misma decadencia final utilizando de la manera más audaz a los jefes políticos que no son más que falsos y moldeados enemigos a la medida necesaria que al mismo capitalismo les son imprescindibles (una ley básica de toda estrategia de las guerras de cuarta generación es crear tus propios enemigos como es el caso del ISIS o Al Qaeda de parte de la OTAN y los gringos en el medio oriente. Podemos decir que la estopa gobernante acá y el ISIS allá cumplen en última instancia exactamente el mismo papel destructivo que necesita el sistema para concretar sus estrategias particulares de dominio).


Dirigentes con lenguaje fundamentalista cada quien en su metafísica explotada, sin ética alguna y formando internamente su Estado mafioso. Personajes gobernantes que terminan imponiéndose gracias a su dominio burocrático, militar y comunicacional y la barbarie económica y social que han dejado correr dejando a un país prácticamente paralítico y obediente, y lo que es fundamental al régimen de complicidad: quebrando sus espacios de resistencia, sindicatos, consejos, comunas, autodefensas y defensa de nuestros derechos básicos; ¿qué país en el mundo aguantaría que le devalúen 20 veces su salario básico y moneda, 1.000% de inflación, estar en el límite de la iliquidez total, sin reventar por completo?... sí es posible, y Venezuela es el mejor ejemplo, al menos hasta hoy.


Evidentemente que no nos encontramos en una situación para la eternidad. Esto ya lleva años maqueteándose, llegando ahora a sus desenlaces finales como es el caso en Siria. El problema es quien le pone el límite necesario y en favor de quién. En el medio oriente luchan por el matiz que tendría ese final las alternativas imperialistas quebrando culturas y naciones como geopolítica principal, con los Estados teocráticos y despóticos, el sionismo siempre presente, y las alternativas auténticamente revolucionarias como es la revolución kurda en el norte de Siria por la región de Rojava.


Acá no es muy distinto, aunque los actores sean mucho menos evidentes por la cobertura invisibilizante y la manipulación de masas que crea este teatro de la polarización política. El caos de iliquidez y hambre que ya empezamos a vivir nos lleva a una lucha frontal entre opciones de vida o de muerte de nuestro país. Salirnos de esta barbarie, de estos niveles de sumisión por todos los caminos posibles es el único programa posible. Ahora esto no se hace a través de estrategias monistas, centradas en un único objetivo para el cual se intentan unificar las fuerzas en rebelión, terminando siempre en un nuevo fracaso. Esto vale para el que espera la insurrección total, o la lenta organización local y productiva, o las típicas búsquedas declarativas de donde salen candidatos y terceras fuerzas a un campo electoral más que vigilado e igualmente controlado.


De lo que se trata es de revertir toda la lógica desde la cual hemos representado la historia nuestra en este siglo que no hace sino reproducir las voces de los Capriles, los Maduros, y todos estos personajes funcionales al régimen mundial. Potenciar transversalmente todas estas posibilidades pero dentro de un nuevo lenguaje y una nueva verdad que se desligue cada vez más de la histeria que supone esta fidelidad al amo de turno, sus partidos, sus herencias, sus personajes y sus lenguajes. El problema como dirán muchos es volver a querer y producir nuestra tierra, confrontar la pobreza desde nuestras propias fuerzas productivas y autogobernantes, reconstruir y construir lo destruido y lo que deliberadamente nunca se hizo y se transformó en 500 mil millones de dólares robados, fugados o convertidos en miles de papeles financieros hoy en manos del sistema bancario internacional y sus monopolios. El problema es removilizarse en todos los planos posibles del arte, la producción, la comunicación, la defensa, la elección, la huelga, la cruda rebelión. Pero esto no se puede hacer si no está acompañado con un espíritu de libertad y desobediencia, que no es otra cosa que develar y confrontar de lleno el asunto vivido. Con miedo al monstruo escondido del imperialismo y prefiriendo los silencios que son la mejor arma de burócratas e imperios jamás reencontraremos los pasos perdidos de la insurrección nuestramericana, seremos solo miradas vacías y sentimientos divididos de invidualidades llorosas... Vivamos del esfuerzo de nuestro vientre, el goce de la lucha y las semillas colectivas de nuestro genio e identidad.

Miércoles, 15/11/2017 10:52 PM |

Publicado enInternacional
Miércoles, 04 Octubre 2017 06:58

Incertidumbre caótica

El presidente estadounidense, Donald Trump, firma junto a su equipo de gobierno la declaración de un día de luto nacional por las víctimas del huracán Harvey. (EFE)

 

Están confusos por lo que ocurre en el mundo? Yo también. Así está toda la gente. Esta es la continuada realidad subyacente a un sistema-mundo caótico.

Por caos queremos decir una situación donde hay constantes vaivenes extremos en las prioridades de todos los actores. Un día, desde el punto de vista de un cierto actor, las cosas parecen ir de un modo favorable para éste. El siguiente día la perspectiva se mira muy desfavorable.

Es más, parece no haber un modo de predecir qué posición van a asumir los actores al día siguiente. Nos sorprendemos en repetidas ocasiones cuando los actores se comportan de modos que pensamos imposible, o al menos improbable. Pero los actores simplemente tratan de maximizar sus ventajas cambiando su postura acerca de algún asunto importante y, por tanto, cambiando las alianzas con el fin de lograr esas ventajas.

El sistema-mundo no siempre ha estado en caos. ¡Muy por el contrario! El sistema-mundo moderno, como todo sistema, tiene sus reglas de operación. Estas reglas permiten tanto a los de fuera como a los participantes que evalúen la conducta factible de diferentes actores. Pensamos que esta adhesión a las reglas de conducta es la operación normal del sistema.

Es solamente cuando el sistema alcanza un punto en que no puede retornar a un equilibrio (en movimiento) que renueve sus operaciones normales, que entra en una crisis estructural. Un rasgo central de tal crisis estructural es una incertidumbre caótica.

A principios de septiembre de 2017 han ocurrido tres de tales vaivenes dramáticos en las prioridades y las alianzas. El que más atrajo la atención fue el anuncio hecho por el presidente Donald Trump de que alcanzó un acuerdo con los líderes demócratas en el Congreso –el senador Chuck Schumer y la representante Nancy Pelosi– para que promulguen una medida para: 1) enviar asistencia de emergencia para el desastre en Texas y los estados vecinos sin poner condiciones, combinado con: 2) elevar el techo de la deuda por tres meses.

Este acuerdo fue significativo por dos razones. Primero, Trump se había comprometido a nunca negociar con los demócratas. Peor, este arreglo supuestamente se concretó en términos que los demócratas habían fijado. Lo más importante, Trump hizo este arreglo sin informarle, hasta el último minuto, a la dirigencia republicana en el Congreso –el representante Paul Ryan y el senador Mitch McConnell– la cual entendiblemente se sintió opacada por esta jugada. Segundo, y lo que es peor, suspendió por seis meses la instrumentación del final del programa DACA que el presidente previo, Barack Obama, había proclamado. DACA fue diseñado por Barack Obama para permitir que los llamados dreamers permanecieran en Estados Unidos; Trump había prometido cancelar el programa el día uno en que asumió el cargo.

Está por verse qué tanto dura este acuerdo. Pero el mero anuncio ha alterado, y es probable que por largo tiempo, toda la confianza entre Trump y los republicanos en el Congreso. Ciertamente un vaivén extremo.

Menos sabida, pero muy importante, fue la proclamación, por parte del gobierno de Indonesia, de cambiar el nombre de las aguas justo al norte del país a Mar Natuna Norte. Este acto aparentemente inocuo puede entenderse en términos de la historia de los reclamos marítimos en las aguas de Asia oriental y sudoriental. China ha estado reclamando por algún tiempo la mayoría de estos mares, y construyendo bases en islas e inclusive en rocas localizadas en ellas.

Los reclamos de China son impugnados por Filipinas, Taiwán y Vietnam, y también por Estados Unidos. Hasta ahora, Indonesia ha intentado permanecer neutral en estas disputas y aun se ofreció como mediador. El acto de rebautizar las aguas al norte de Indonesia es, sin embargo, una proclamación de los derechos indonesios sobre aguas reclamadas por China. No es solamente una reivindicación contra China, sino también que Indonesia asume una postura ruda al argüir esta disputa en público. Puede presagiar el fin de la neutralidad para otras disputas en la región. China de inmediato expresó su malestar con el cambio de nombre. Indonesia no se retractará.

El tercer viraje en las alianzas es menos dramático porque fue ocurriendo por algún tiempo. No obstante, ahora asumió un giro dramático. Turquía parece haber renunciado a sus obligaciones como miembro de la OTAN al arreglar la compra de un sistema militar ruso tierra-aire, uno que no es interoperable con sus aliados de la OTAN.

Este acto es considerado un importante alejamiento de las prolongadas relaciones turcas con Europa occidental y Estados Unidos. Desde el punto de vista de Turquía, es simplemente una respuesta a los actos de hostilidad de miembros de la OTAN. No obstante tiene implicaciones no sólo para las alianzas geopolíticas, sino también para importantes arreglos económicos. Es un modo de relegar al pasado olvidable los agravios sufridos por Turquía con Rusia, Siria e Irán. Aquí también, hay que esperar a ver qué tanto podrá durar esto.

Los vaivenes extremos son el pan y la mantequilla de una crisis estructural. Esto significa que viviremos en incertidumbre caótica hasta que la crisis estructural se resuelva en favor de uno de los dos dientes de la bifurcación. Si nos concentramos en el supuesto significado de los vaivenes extremos y con frecuencia momentáneos, estaremos condenados a actuar de un modo irrelevante. Necesitamos concentrar nuestro análisis y nuestras acciones en lo que haga más probable que el lado progresista de la bifurcación pese más que el lado reaccionario en la resolución de la lucha a mediano plazo.

 

Traducción: Ramón Vera Herrera

 

© Immanuel Wallerstein.

 

 

Publicado enPolítica
Jueves, 28 Julio 2016 08:32

¿Cómo llegamos a este caos?*

¿Cómo llegamos a este caos?*

Una maldición china dice “Ojalá que le toquen tiempos interesantes”, ya que demasiados acontecimientos perturbarían el elemento esencial de la armonía, base del panteón chino.

 

Y estos son, por cierto, tiempos interesantes, en que se acumulan acontecimientos dramáticos, desde terrorismo a golpes de Estado y desde desastres climáticos pasando por el declive de instituciones hasta agitación social. Sería importante, aunque difícil, repasar brevemente cómo llegamos a esta situación de “falta de armonía”.

 

Comencemos por algo conocido. Tras la Segunda Guerra Mundial, hubo consenso en la necesidad de evitar que se repitiera el horror vivido entre 1939 y 1945. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) fue el foro que reunió a casi todos los países, y la consiguiente Guerra Fría propició la creación de una asociación de jóvenes estados recién independizados, los Países No Alineados, devenidos en una zona de contención entre Oriente y Occidente.

 

La brecha entre el Norte y el Sur Global se convirtió en el asunto más importante de las relaciones internacionales. Tan así que en 1973, la Asamblea General de la ONU adoptó de forma unánime una resolución sobre el Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI). El mundo acordó un plan de acción para reducir las desigualdades, impulsar el crecimiento global y hacer de la cooperación y el derecho internacional la base de un mundo en armonía y en paz.

 

Tras la adopción del NOEI, la comunidad internacional comenzó a trabajar en ese sentido y tras la reunión preparatoria de París, en 1979, se organizó una cumbre con los jefes de Estado y de gobierno más influyentes en el balneario mexicano de Cancún, en 1981, para adoptar un plan de acción global.

 

Entre los 22 jefes de Estado y de gobierno presentes, estaban el presidente estadounidense Ronald Reagan (1981-1989), elegido pocas semanas antes, quien se encontró con la primera ministra británica Margaret Thatcher (1979-1990), y ambos mandatarios procedieron a anular el NOEI y la idea de cooperación internacional. Los países diseñarían políticas según sus intereses nacionales y no se inclinarían ante ningún principio abstracto.

 

La ONU comenzó su declive como ámbito para fomentar la gobernanza. El lugar para la toma de decisiones pasó al Grupo de los Siete (G7) países más poderosos, hasta entonces un órgano técnico, y otras organizaciones dedicadas a defender los intereses nacionales de las naciones más fuertes.

 

Además, otros tres acontecimientos ayudaron a Reagan y a Thatcher a cambiar el rumbo de la historia.

 

El primero, fue la creación del Consenso de Washington, en 1989, por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, que impusieron la política según la cual el mercado era el único motor de las sociedades y los estados pasaron a ser un obstáculo y debían achicarse lo más posible. Reagan incluso evaluó la eliminación del Ministerio de Educación.

 

El impacto del Consenso de Washington en el llamado Tercer Mundo fue muy doloroso. Los ajustes estructurales redujeron drásticamente el frágil sistema público.

 

El segundo, fue la caída del Muro de Berlín, también en 1989, que trajo aparejado el fin de las ideologías y la obligada adopción de la globalización neoliberal, que resultó ser una ideología todavía mucho más estricta.

 

La globalización neoliberal se caracterizó por el predominio del mercado, que liberó a las empresas “libres” o privadas de toda obligación con el Estado; la reducción del gasto público en servicios sociales, la que destruyó las redes de protección social; la desregulación, la disminución de toda regulación estatal que pudiera reducir las ganancias, y la privatización, la venta de las empresas estatales, de bienes y servicios a inversores privados.

 

Además, implicó la eliminación del concepto de “bien público” o “comunitario” y lo reemplazó por la “responsabilidad individual”, obligando a las personas más pobres a buscar soluciones por su cuenta para su falta de atención médica, de sistemas de educación y de seguridad social y luego culpándolas de su fracaso, considerándolas “flojas”.

 

El tercero, fue la eliminación progresiva de las normas que regían al sector financiero, iniciada por Reagan y terminada por Bill Clinton (1993-2001) en 1999, en el marco de la cual los bancos de depósitos pudieron utilizar el dinero de sus clientes para la especulación.

 

Entonces, las finanzas, consideradas el lubricante de la economía, siguieron su propio camino, embarcándose en operaciones muy riesgosas y sin relación con la economía real. Actualmente, por cada dólar de bienes y servicios producidos, se generan 40 dólares en transacciones financieras.

 

Ya nadie defiende el Consenso de Washington ni la globalización neoliberal. Quedó claro que si bien desde el punto de vista macro, la globalización aumentó el comercio e impulsó el crecimiento financiero y global, a escala micro, resultó un desastre.

 

Los defensores de la globalización neoliberal sostenían que el crecimiento le llegaría a todo el mundo. En cambio, se concentró cada vez más en un número creciente de manos. En 2010, 388 personas concentraban la riqueza de 3.600 millones de personas. En 2014, ese número se redujo a 80 personas, y en 2015, a 62.

 

Tan así que ahora, el FMI y el Banco Mundial piden que se refuerce al Estado como regulador indispensable. Pero desde la caída del Muro de Berlín, Europa perdió 18 millones de personas de la clase media, y Estados Unidos, 24 millones. Además, ahora hay 1.830 multimillonarios con un capital neto de 6,4 billones de dólares. En Gran Bretaña se pronostica que en 2025 la desigualdad será la misma que en 1850, en plena época victoriana y cuando nacía el capitalismo.

 

El nuevo mundo creado por Reagan se basó en la codicia. Algunos historiados sostienen que la codicia y el miedo son los dos motores de la historia, y los valores y las prioridades cambian en una sociedad codiciosa.

 

Volviendo a nuestros días, tenemos un nuevo grupo de jinetes del Apocalipsis, los daños de los pasados 20 años (1981-2001) se agravan en los siguientes 20 años (2001-2020), los que todavía no transcurrieron.

 

El primer jinete, fue el colapso del sistema bancario en 2008 en Estados Unidos por especulaciones absurdas con los créditos hipotecarios. La crisis se expandió a Europa en 2009, a raíz de la caída del valor de los títulos inmobiliarios, como los griegos.

 

Recordemos que para salvar al sistema financiero, los países destinaron cerca de cuatro billones de dólares, una cifra enorme si se tiene en cuenta que los bancos siguen teniendo unos 800.000 millones de dólares en activos tóxicos.

 

Mientras, los bancos tuvieron que pagar 220.000 millones de dólares en multas por actividades ilegales, pero ningún gerente fue condenado. Europa no volvió a la situación anterior a la crisis. Además, numerosos puestos de trabajo desaparecieron por la deslocalización de la producción a lugares más baratos y aumentaron los empleos de bajos salarios, además de los precarios.

 

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), un trabajador gana actualmente en términos reales 16 por ciento menos que antes de la crisis, lo que afectó principalmente a los sectores más jóvenes, con 10,5 por ciento de empleo promedio en Europa. Sin embargo, el único estímulo al crecimiento es para el sector bancario, al que el Banco Central Europeo vuelca 80.000 millones de dólares al mes. Ese monto habría resuelto fácilmente la falta de empleo juvenil.

 

Los economistas hablan ahora de una “Nueva Economía”, en la que el desempleo es estructural. De 1959 a 1973, el crecimiento mundial se ubicó por encima de cinco por ciento al año, el que se redujo a tres por ciento en 1973, cuando la crisis del petróleo, que marcó un cambio. Y desde 2007 no logramos llegar a uno por ciento.

 

Además, hay que agregar el desempleo creciente propiciado por el desarrollo tecnológico. Las fábricas necesitan una proporción menor de trabajadores.

 

La Cuarta Revolución Industrial, que implica la producción robotizada y que ahora representa 12 por ciento del total se elevará a 40 por ciento en 2025.

 

Algunos economistas, como el estadounidense Larry Summers, una voz oficial del sistema, dicen que estamos en un período de estancamiento que durará varios años. El temor por el futuro se volvió una realidad, avivado por el terrorismo y el desempleo y por el sueño de muchas personas que creen que es posible volver a un pasado mejor.

 

De eso se aprovechan, figuras populistas, desde el estadounidense Donald Trump a la francesa Marine Le Pen. Una de las consecuencias de la crisis es que en varios países europeos aparecieron partidos populistas, con plataformas nacionalistas y xenófobas, 47 la última vez que se contó. Muchos de ellos ya están en el gobierno o integran coaliciones gobernantes, como en Eslovaquia, Hungría y Polonia, y habrá que prestar atención a las próximas elecciones de Austria.

 

El segundo jinete del Apocalipsis es el resultado de las intervenciones armadas de Estados Unidos en Iraq, y luego de Europa en Libia y Siria, con un papel particular del ex presidente francés Nicolas Sarkozy (2007-2012).

 

Eso derivo en que a partir de 2012, Europa comenzara a recibir una inmigración masiva y para la cual no estaba preparada. De repente, a la gente le dio miedo la ola humana que se venía y su impacto en el mercado laboral, la cultura, la región, etcétera, convirtiéndose en un elemento importante del miedo.

Y luego el tercer jinete, fue la creación del Estado Islámico (EI) en Siria en 2013, uno de los regalos de la invasión de Iraq, encabezada por Estados Unidos. No nos olvidemos de la crisis global, que comenzó en 2008, y desde entonces el populismo y el nacionalismo comenzaron a crecer.

El espectacular impacto del EI en los medios y la radicalización de muchos jóvenes europeos de origen árabe, por lo general marginados, acentuó el temor y fue un regalo para el populismo, ahora capaz de utilizar la xenofobia para movilizar a ciudadanas y ciudadanos inseguros y descontentos.

La decadencia de las instituciones europeas llevó a muchos países, tras el brexit, a pedir una profunda revisión del proyecto europeo. El 2 de octubre, Hungría consultará a su ciudadanía: ¿Aceptaría una cuota de inmigrantes impuesta por la Unión Europea (UE) contra la voluntad de parlamento húngaro?

 

Ese mismo día se repiten las elecciones en Austria por cuestiones de forma, luego de que en las anteriores, la extrema derecha perdiera por 36.000 votos. Le seguirán Holanda, Francia y Alemania, con la probabilidad de que crezcan los partidos de extrema derecha. Asimismo, Polonia y Eslovaquia también quieren realizar referendos sobre la UE. Es posible que para fines de 2017, las instituciones europeas estén profundamente dañadas.

 

El verdadero problema es que desde la fallida Cumbre de Cancún en 1981, los países perdieron la capacidad de pensar juntos. India, Japón, China y muchos otros atraviesan una ola de nacionalismo.

 

En Cancún, todos los participantes, desde el entonces presidente francés François Mitterrand (1981-1995) hasta la primera ministra india Indira Ghandi (1066-1977 y 1980-1984), desde el presidente tanzano Julius Kambarage Nyerere (1964-1985) hasta el primer ministro canadiense Pierre Trudeau (1968-1979), compartían ciertos valores de justicia social, solidaridad, respeto por el derecho internacional, así como la convicción de que las sociedades fuertes eran la base de la democracia, excepto, por supuesto, Reagan y Thatcher, la que declaró: “no existe la sociedad, solo hay individuos”.

 

También consideraban a la paz y al desarrollo como paradigmas de buena gobernanza. Todo eso desapareció. Los líderes políticos actuales, sin ideologías y subordinados a las finanzas se han volcado principalmente al debate administrativo, sobre asuntos puntuales, sin contexto y donde es difícil distinguir entre la izquierda y la derecha. Claramente, estamos en un período de codicia y temor.

 

El tiempo no ayuda.

 

En 1900, Europa concentraba 24 por ciento de la población mundial. A fines de este siglo, solo cuatro por ciento. Nigeria tendrá más habitantes que Estados Unidos, y África, que ahora tiene 1.000 millones de habitantes, tendrá 2.000 millones en 2050 y 3.000 millones en 2100. Sería hora de que se discutiera cómo hacer frente al mundo que se viene. Se necesitaron 25 años para llegar a un acuerdo sobre cambio climático, y quizá ya demasiado tarde. En materia de migraciones y empleo, ese tiempo es una eternidad.

 

Además, ese debe ser un acuerdo global, no solo una reacción impulsiva de la canciller de Alemania, Ángela Merkel, en completa soledad, sin siquiera consultar al actual presidente de Francia, François Hollande. Pero ese tipo de agenda es políticamente inimaginable. ¿Cómo discutir algo así con Le Pen, Trump y otros populistas emergentes en el marco del nacionalismo que se propaga por el mundo?

 

/- Roberto Savio es periodista italo-argentino. Co-fundador y ex Director General de Inter Press Service (IPS). En los últimos años también fundó Other News, un servicio que proporciona “información que los mercados eliminan”. //Other News ./.

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Sábado, 24 Enero 2015 07:24

Es doloroso vivir en medio del caos

Es doloroso vivir en medio del caos

El sistema-mundo está en serios problemas y está ocasionando malestar a la vasta mayoría de la población mundial. Los expertos y los políticos se aferran a un clavo ardiendo. Magnifican cada ocurrencia de las leves mejoras momentáneas, por lo común transitorias, de las varias medidas que estamos acostumbrados a utilizar.


En el lapso de más o menos un mes, de pronto se nos puede decir, al ir terminando el año calendario, que el mercado se veía mucho mejor en Estados Unidos, pese a haberse visto peor en Europa, Rusia, China, Brasil y otros muchos lugares. Pero conforme arribó el nuevo año hubo una seria caída en los precios de acciones y bonos en Estados Unidos. Fue ésta una voltereta rápida y marcada. Por supuesto, de inmediato los expertos dieron explicaciones, pero ofrecieron una amplia gama de ellas.


La cuestión real en cualquier caso no son los precios de los bonos o acciones en algún país. Es el panorama del sistema-mundo como un todo, que no me parece que se mire muy bien. Para nada. Comencemos con el principal indicador utilizado por los pensadores del establishment –las tasas de crecimiento.


Por tasas de crecimiento tendemos a querer decir precios en la bolsa de valores. Por supuesto, como sabemos y es obvio, muchas cuestiones diferentes a una mejora en la economía pueden conducir a una alza en los precios de la bolsa: primero que nada, la especulación. La especulación se ha vuelto tan fácil y está tan incrustada en las actividades diarias de los grandes operadores en el mercado mundial que hemos comenzado a asumir que esto no es sólo normal, sino más o menos deseable. En cualquier caso, tendemos a argumentar que no hay nada que alguien pueda hacer para detenerlos, si quisiéramos hacerlo. Esta última suposición es probablemente correcta, lo que justo es el problema.


En mi opinión, el único indicador que mide el bienestar de la economía-mundo y el bienestar de la vasta mayoría de la población mundial es el de las tasas de empleo. Hasta donde logro entender, el desempleo ha sido anormalmente alto por algún tiempo, si se mira el mundo como un todo. Es más, la tasa ha ido subiendo constante (no descendiendo) durante los últimos 30 o 40 años. Lo mejor que parecemos poder anticipar es que la tasa se estabilizará donde está. Revertir la tendencia no parece probable. Por supuesto, si uno mide las tasas de empleo país por país, éstas varían y oscilan. Pero a nivel mundial, la tasa de desempleo ha estado subiendo regularmente. La realidad es que hemos estado viviendo en medio de un sistema-mundo que oscila salvaje, y esto es muy doloroso. Las tasas de empleo no son las únicas tasas que oscilan. Sólo miden la más inmediata fuente de malestar. Las tasas de cambio entre divisas importantes pueden ser también una fuente visible de malestar para muchas personas de todos los niveles de ingreso. Hasta el momento, el dólar crece con rapidez vis-à-vis casi todas las otras divisas. Una tasa de cambio al alza favorece importaciones baratas y baja la inflación. Pero afecta a los exportadores, como ya sabemos, y pone en riesgo la deflación de más largo plazo.

Los costos de la energía también oscilan salvajes. El ejemplo más obvio es el petróleo. El precio estaba al principio en marcada subida por todo el mundo durante casi todo 2014, lo que brindó enormes ingresos y poder político a los países que eran productores (y a los Estados en América del Norte que eran productores). Luego, parece que de repente, se dijo que hubo una superabundancia en el mercado, y los precios de la energía comenzaron a catapultarse hacia abajo hasta un nivel bastante bajo. Aquellas estructuras políticas que habían aprovechado de la subida, ahora tuvieron que enfrentar un aumento en deuda soberana y ciudadanos infelices.


Con toda seguridad, hay un factor político involucrado en estos alocados vaivenes. Pero se ha sobredimensionado la capacidad, de aun los grandes productores como Arabia Saudita o Texas, para afectar los vaivenes en los precios. Estos vaivenes son como tornados que destrozan casas en su camino. En el proceso, las instituciones bancarias que le habían apostado a la dirección de los precios (en cualquier sentido) se encontraron en problemas radicales, y sin un respaldo garantizado de sus gobiernos.


Las alianzas geopolíticas son casi tan inestables como el mercado. Estados Unidos ha perdido su incuestionable hegemonía del sistema-mundo y nos hemos movido a un mundo multipolar. La decadencia estadunidense no comenzó recientemente, sino en 1968. Durante mucho tiempo fue una decadencia lenta, pero se hizo precipitada después de 2003, como resultado del desastroso intento de revertir la decadencia invadiendo Irak.


Nuestro mundo multipolar cuenta con 10-12 potencias con fuerza suficiente como para emprender políticas relativamente autónomas. No obstante, entre 10 y 12 es un número demasiado grande como para que alguna de ellas esté segura de que sus puntos de vista prevalecerán. El resultado es que estas potencias están barajando alianzas constantemente con tal de no verse desplazadas por las maniobras de las otras.


Muchas decisiones geopolíticas (si no es que casi todas) son imposibles de controlar, aun por los poderes más fuertes, porque no hay buenas opciones disponibles. Miren lo que está ocurriendo en la Unión Europea. Grecia está por celebrar elecciones, en las que parece que Syriza, el partido anti-austeridad, puede ganar. La política de Syriza es exigir una revisión de las medidas de austeridad impuestas a Grecia por una coalición de Alemania, Francia, el Fondo Monetario Internacional e indirectamente el Departamento del Tesoro estadunidense. Syriza dice que no quiere abandonar el euro y que no lo va a hacer.


Alemania dice que no será chantajeado por Grecia para alterar su política. ¿Chantajeado? ¿Puede la pequeña Grecia chantajear a Alemania? En un sentido los alemanes tienen razón. Con Syriza los griegos van a estar jugando bola ruda. La zona del euro no tiene previsiones acordadas ni para la retirada ni para la expulsión. Si las fuertes potencias intentan expulsar a Grecia de la zona del euro, un gran número de países pueden apresurarse a una retirada por buenas o malas razones.


Muy pronto la zona del euro podría no existir ya, y Alemania sería el perdedor individual más grande. Así, desde el punto de vista de Alemania (y de Francia), las exigencias de los griegos son una propuesta donde todos pierden. Hasta el momento Alemania mantiene su postura pero ha suavizado la amenaza de expulsión. Francia ha dicho que está contra la expulsión. Esto sirve a los objetivos de Syriza. Que en particular Alemania pierda sin importar que postura escoja ahora es una de las consecuencias políticas del caos.


El sistema-mundo se está autodestruyendo. El sistema-mundo se encuentra en lo que los científicos de la complejidad llaman una bifurcación. Éste significa que el sistema actual no puede sobrevivir, y que la real cuestión es qué lo reemplazará. Aunque no podemos predecir qué clase de nuevo sistema emergerá, podemos afectar la decisión entre las alternativas sustantivas disponibles. Pero sólo podemos esperar hacerlo mediante un análisis realista de los vaivenes caóticos existentes sin esconder nuestros esfuerzos políticos tras espejismos acerca de reformar el sistema existente o mediante intentos deliberados por ofuscar nuestro entendimiento.


Traducción: Ramón Vera Herrera

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El movimiento se enfrentaba hoy a su prueba de fuego, en el cuarto día de movilizaciones, pero la Junta Electoral de Madrid la ha echado por tierra. En una resolución notificada esta tarde a la Delegación del Gobierno, alega que no existen "causas extraordinarias y graves" que justifiquen la convocatoria urgente de la concentración y la veta por motivos electorales y por influir en el derecho de los ciudadanos a decidir libremente su voto. Los convocantes querían mantener el pulso hasta el 22-M, pero ahora tienen una primera resolución oficial en su contra. Pese a la prohibición, han decidido mantener la convocatoria y miles de personas están concentradas en la Puerta del Sol. Más de 500 policías se han desplazado a la laza. Pero, de momento, no han actuado.

La Junta Electoral de Madrid cree que la petición del voto responsable a la que se refieren los convocantes "puede afectar a la campaña electoral y a la libertad del derecho de los ciudadanos al ejercicio del voto". Esta mañana la Delegación del Gobierno se ha reunido con algunos de los convocantes que pretendían legalizar la protesta que se iba a celebrar a las 20.00 en la Puerta del Sol de Madrid. Pero, en lugar de darles una respuesta, la Delegación les ha comunicado que, en periodo electoral, es competencia de la Junta Electoral tomar este tipo de decisiones. La Ley de Huelga y Manifestación especifica que la petición oficial para realizar concentraciones de este tipo debe hacerse con 10 días hábiles de antelación, incluso aunque no haya campaña electoral.

Sin embargo, el Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha autorizó el pasado 12 de mayo una manifestación similar a la que hoy ha prohibido en Madrid la Junta Electoral de Madrid y revocó la prohibición de la marcha convocada el pasado 15 de mayo por Democracia Real Ya en Toledo.

Fuentes de la Delegación del Gobierno aseguran que pondrán en marcha el dispositivo policial oportuno para impedir que se pueda celebrar la protesta. Ya ha habido reuniones entre la delegada del Gobierno, Dolores Carrión, y el jefe superior de Policía, Javier Redondo, para desplegar a los agentes "necesarios" para que de forma preventiva no se pueda llevar a cabo la concentración esta tarde. La resolución ya ha sido notificada a las partes, por lo que las fuentes de la Delegación esperan que todo se desarrolle sin incidentes.

La policía está a la espera de recibir instrucciones de la delegación de Gobierno para ver cómo acometen un problema que han calificado de “muy delicado” porque cualquier persona que acuda a esta manifestación incurrirá en un delito electoral, según fuentes policiales. Fuentes de la Delegación de Gobierno han confirmado a EL PAÍS que la policía va a empezar a distribuir octavillas con la resolución de la Junta Electoral Provincial e invitarán a la gente a que se marche. Por ello les recordarán que si permanecen en ese sitio pueden ser culpado de un delito electoral. La orden de los policías es no actuar salvo en caso de vandalismo.

"No nos movemos"

El caos se ha instalado en el campamento de la Puerta del Sol a penas una hora y media antes de la concentración convocada para esta tarde a las ocho. La decisión de la Junta Electoral Provincial de prohibir concentración promovida por el 15-M iba de boca en boca por toda la plaza. Las comisiones organizadoras se han reunido para decidir si levantan el campamento o si se quedan otra noche más. De momento, no se van a mover de la Puerta del Sol. Carlota Jover, jurista, ha comunicado la decisión a los medios y ha explicado que habían oído que se había “prohibido la concentración, pero no es así”. Según ha asegurado Jover, “es un dictamen de la Junta Electoral Provincial y no tiene efectos vinculantes, por lo que no se ha prohibido nada” y tampoco se les “ha comunicado nada”. Se han enterado por “fuentes extraoficiales”. En los corrillos de la Puerta del Sol la respuesta es clara: “No nos movemos”.

“Yo voy a estar aquí esta noche, mañana, pasado y el domingo, si no lo hago es porque estoy en un calabozo”, dice un miembro que no se ha querido identificar de la Comisión de Información Legal. Aún así, la decisión final la tiene la Asamblea que tiene que adoptar el acuerdo por consenso.

Con los mismos argumentos de Madrid, la Junta Electoral de Granada también ha prohibido las concentraciones y acampadas del 15-M, según ha confirmado la Subdelegación del Gobierno. La de Granada estaba prevista esta tarde frente al Ayuntamiento, en la plaza del Carmen. Sin embargo, en otras ciudades como Valencia, la junta electoral ha autorizado la manifestación. Por eso, mañana la Junta Electoral Central unificará los criterios.

Las prohibiciones no han hecho mella en los manifestantes andaluces, que mantienen las convocatorias e incluso algunos, como es el caso de Sevilla, las están adelantando en un día. Las redes sociales están ya convocando en la capital andaluza para hoy a las 20.00. En las últimas horas, una decena de jóvenes de Huelva se ha sumado a las acampadas.

Francisco Jurado, integrante de Democracia Real Ya en Sevilla, ha calificado las decisiones de las juntas electorales de “uso perverso del derecho” porque a su juicio no hacen actos electorales. Según Jurado, que es licenciado en Derecho, las prohibiciones se han hecho “a sabiendas de que los recursos no llegarán a tiempo”. Los miembros del movimiento 15-M pretenden de Sevilla celebrar esta misma tarde en la Plaza de la Encarnación una asamblea para decidir qué hacer ante la nueva situación.

Ya en la asamblea que se celebró en la Puerta del Sol ayer al filo de la medianoche algunos portavoces barajaban que el éxito de la movilización dependía de que los acampados permanecieran hasta el próximo domingo, el día de las elecciones municipales y autonómicas. Pero ahora la situación ha cambiado.

Protagonismo en la campaña electoral

El movimiento que comenzó el pasado domingo con multitudinarias manifestaciones en más de 50 ciudades de España en protesta por la crisis económica y política no se detiene y a apenas cinco días de las elecciones autonómicas y municipales los indignados, como ya se les conoce, han tomado el protagonismo de la campaña electoral. La plataforma Democracia Real Ya!, convocante de las marchas del domingo, se desvincula ahora del movimiento. "Nosotros solo lo empezamos, ahora son los ciudadanos los que se han organizado", dijo Carlos Paredes, uno de sus portavoces, que aprovechó las cámaras de los medios de comunicación para pedir "a aquellos que quieren montar gresca que se queden en casa".

Insisten en que es un movimiento pacífico, que aboga por "despertar la conciencia social" y se desmarcan de cualquier partido político o asociación. "Somos ciudadanos y tenemos derecho a indignarnos", gritó una joven a través del megáfono. E indignada estaba Andrea Foch, que no dudó en introducirse en el tumulto empujando el carrito de su bebé de unos meses.Tiene 27 años y a los cinco meses de embarazo la echaron de la escuela infantil en la que trabajaba como educadora porque iba a ser madre. "Para indignarse, ¿no?", pregunta mientras inicia una consigna que enseguida cala entre la gente y se repite: "Indignados y organizados".

Información elaborada por F. Javier Barroso, Inés Santaeulalia, Natalia Junquera, Belén Hernández, Raquel Seco y Ramón Lobo.
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Martes, 20 Julio 2010 08:27

El espionaje de EEUU es un caos

En una de esas investigaciones periodísticas que luego postularán para el Premio Pulitzer, The Washington Post denunció ayer, en el primero de una serie de reportajes, el incremento exponencial y descontrolado de los servicios de inteligencia estadounidenses desde el 11-S y la creciente privatización del espionaje. 

La hidra burocrática que han creado estos nueve años de lucha antiterrorista es casi imposible de controlar, afirma el diario, y engulle miles de millones de dólares a costa del contribuyente. En un mundo que vive y se alimenta del secreto, poca gente tiene una visión global de cuantas agencias cubren la misma información, una redundancia que al final resulta contraproducente a la hora de tomar decisiones. 

La investigación del Post revela que 1.271 organizaciones gubernamentales y 1.931 compañías privadas trabajan en programas relacionados con antiterrorismo, seguridad nacional u otros asuntos de inteligencia en unas 10.000 oficinas repartidas por todo EEUU, y calcula que este mundo emplea a unas 854.000 personas (más que la población de la capital). 

Estima que en el área de Washington hay unos 33 edificios, unos de ellos grandes complejos de oficinas con centros ultrasecretos (Sensitive Compartmented Information Facility, en inglés) que se dedican o están siendo construidos para tratar información secreta y ocupan el equivalente de tres Pentágonos (el complejo administrativo más grande del mundo). 

Como reconoce el secretario de Defensa, Robert Gates, a los autores del artículo, "ha habido mucho crecimiento desde el 11-S, es un reto controlarlo". El Gobierno adjudicó este año 75.000 millones de dólares a los servicios de inteligencia, 21 veces más que en 2002, una cifra que ni siquiera incluye programas antiterroristas en suelo nacional.

El artículo pinta un panorama bastante desalentador, reinos de taifas que compiten entre sí, analistas escasamente experimentados que "refríen" informes de otras agencias, listas de siglas y abreviaturas incomprensibles, sistemas informáticos incompatibles entre los diversos organismos, una descoordinación burocrática que impidió prever el atentado frustrado contra un avión rumbo a Detroit las pasadas Navidades o el tiroteo de Fort Hood, perpetrado por un psicólogo militar que mató a 13 personas en un tiroteo. 

La idea del Gobierno Bush de crear en 2005 un órgano regulador de todo este caos en la figura del director de Inteligencia Nacional resultó ser un fracaso. El DNI creó su propia administración paralela.

ISABEL PIQUER Corresponsal en Nueva York 20/07/2010 07:57 Actualizado: 20/07/2010 07:59
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Martes, 16 Febrero 2010 06:16

El euro, preso de su propio libreto

La crisis económica que afecta al sur de Europa –Portugal, España y Grecia– está obligando a cambiar las reglas de juego a los países de la zona euro. La rigidez a la que está atado por su carta orgánica el Banco Central Europeo se resquebraja y comienzan a surgir voces que proponen una reforma. Mientras tanto, la receta con la que se está respondiendo a la crisis no se sale de la ortodoxia neoliberal vigente en los años ’90: reducción del gasto público, congelamiento de salarios, liberalización del mercado laboral. Mientras los sindicatos griegos protestan en la calle y los ministros socialistas advierten en Madrid de maniobras conspirativas contra la economía española, entre bambalinas se juega otra partida de grandes dimensiones: ¿cómo bajarle la cotización al euro sin salirse del libreto?

El Banco Central Europeo es, al igual que su homólogo la Reserva Federal de Estados Unidos, un fruto de las circunstancias históricas y económicas que afectaron durante el siglo XX al continente. Ambos son hijos de los traumas que dejó la depresión de 1930, un fantasma muy presente en la actual crisis. En Estados Unidos, la Gran Depresión se cebó sobre todo con el empleo, por lo cual la Reserva Federal tiene entre sus objetivos promover el crecimiento económico y evitar el desempleo. Como en Europa el mayor problema lo generó la hiperinflación, el Banco Central Europeo tiene como objetivo primordial la contención de este fenómeno. La actual crisis económica está obligando a las dos instituciones a replantearse su rol y sus límites.

Así fue como a partir de 2008, cuando quedó claro que la explosión de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos iba a contagiar a Europa, el BCE decidió responder a la manera clásica, bajando los tipos de interés e inyectando liquidez en el mercado. Un año y medio más tarde, la receta demuestra sus límites. Con los tipos casi a ras del suelo, la enorme masa de dinero que se puso sobre la mesa para salvar el sistema financiero acabó en la timba de las bolsas de valores, pero no se transformó en crédito ni llegó a las empresas, donde se suponía que tenía que llegar.

Es por esa razón que las bolsas del continente, incluidas las de los países que ahora parecen a punto de naufragar, se revalorizaron durante 2009 cerca de un 70 por ciento, alcanzando los niveles previos a la debacle de 2008, pero eso no significó la salida de la recesión. En medio de este panorama, el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, observaba con preocupación que, a pesar de la crisis, la cotización del euro con respecto al dólar no sólo no bajaba sino que crecía, llegando a tocar a finales de 2009 su cota máxima, 1,50 dólar por euro. Mientras muchos analistas económicos advertían que era imposible sacar al continente de la recesión con la moneda común tan sobrevaluada, el BCE veía pasar el fenómeno con impotencia, ya que su carta orgánica le impide hacer lo que hacen otras instituciones gemelas, como el Banco Central argentino: salir a comprar o vender dólares a su antojo para fijar una cotización conveniente.

Cuando a principios de semana el ministro de Fomento español, José Blanco, denunció “maniobras conspirativas” contra la economía de su país y contra el euro llevadas a cabo por “especuladores financieros y algunos medios de comunicación”, tal vez no se equivocaba. Sólo que Blanco no dijo toda la verdad o, al menos, no la supo ubicar en su contexto: le faltó indicar que esa supuesta conspiración no viene de afuera, sino que se está generando dentro de la misma zona euro y que el BCE parece haber encontrado en los problemas de España, Grecia y Portugal su salvación. Gracias a la crisis de los países del sur, el euro comenzó por fin a descender y a finales de semana alcanzaba su nivel más bajo en un año, de 1,36 dólar por unidad.

De hecho, la cumbre sólo anunció medidas vagas y un apoyo político a Grecia, al tiempo que le exigía la puesta en marcha de una receta ultraortodoxa consistente en reducir el déficit público achicando el gasto del Estado, acompañado de una reforma del mercado laboral y un recorte de derechos a los trabajadores. Ante las dudas que surgieron sobre la eventualidad de un default griego, los principales responsables de la política económica europea se limitaron a señalar que no permitirían que el agua llegue tan lejos. En otras palabras: que la crisis siga hasta que provoque los daños necesarios como para bajar el euro. Luego se verá.

Antes de la crisis, la fortaleza del euro le trajo a Europa grandes ventajas. Mientras sus grandes empresas salían a recorrer el mundo –como argentinos en Miami durante la época de la “plata dulce” al grito de “déme dos”–, la zona euro se beneficiaba también de la baja en la factura energética que el euro alto significaba, por el gas y el petróleo importados. Pero la crisis trajo consigo una baja significativa de los precios del crudo, por lo cual ahora las ventajas del euro alto han disminuido y apenas si alcanzan para favorecer a los turistas que eligen un destino fuera de Europa.

Aunque nadie arriesga un pronóstico, porque no existe un consenso sobre cuál debe ser la cotización del euro adecuada para impulsar el crecimiento en la eurozona, cada día parece estar más claro que los problemas de los países del sur terminarán en el momento en que los cerebros del Banco Central Europeo determinen que las cosas han sido puestas en su lugar. Mientras tanto, habrá que seguir oyendo sobre conspiraciones, ataques de especuladores y grandes ajustes.

Por Oscar Guisoni
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