Domingo, 17 Septiembre 2017 07:44

Perspectivas del posconflicto

La canciller ecuatoriana María Fernanda Espinoza recibe en Quito a los negociadores del gobierno, Juan Camilo Restrepo (izq) y del Eln, Pablo Beltrán (der), el 4 de setiembre

 

El Ejército de Liberación Nacional colombiano acordó un cese al fuego con el gobierno, pero existen dudas sobre la consistencia de ese acuerdo. En su segundo gran capítulo de diálogos de paz, el gobierno de Juan Manuel Santos se encontró con una contraparte mucho más sólida ideológicamente y más firme en sus exigencias que las FARC. Estas últimas se reconvirtieron en partido, pero sin caras o discursos nuevos.

 

El pasado 4 de setiembre la canciller ecuatoriana, María Fernanda Espinosa, anunciaba que los equipos negociadores del gobierno colombiano y la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (Eln) habían alcanzado un acuerdo de cese al fuego bilateral y temporal, al que se le denominó Acuerdo de Quito.

La tregua negociada se extenderá entre el 1 de octubre y el 9 de enero del año próximo, lo que implica que no representa el definitivo fin del conflicto ni se entregarán las armas por parte de la guerrilla. Durante el período en curso hasta la fecha de inicio de este transitorio alto el fuego se prepararán todos los protocolos –que son bastantes y complejos– que permitirán mecanismos de información mutua en los territorios en conflicto buscando minimizar los riesgos de ruptura del acuerdo que deberá ser consensuado entre las partes. También intervendrán los veedores de las Naciones Unidas, que procederán a supervisar el proceso en el lugar, y terminará de definirse en su integridad el rol de la Iglesia Católica respecto de estas negociaciones.

Más allá del cese transitorio de hostilidades mutuas, el Acuerdo de Quito implica que la guerrilla no atente durante este período contra ninguna infraestructura del país (incluidos sus oleoductos), no siembre más minas antipersonales y deje de reclutar a menores por debajo de la edad establecida por las normas del derecho internacional humanitario. Por su parte, el gobierno colombiano se compromete a fortalecer y reforzar la legislación que regula lo que se conoce como “alertas tempranas” –un sistema previsto para proteger a los líderes civiles y sociales– y desarrollar un programa de carácter humanitario para la población carcelaria de militantes del Eln –aproximadamente medio millar de reclusos–, asistiendo de forma adecuada a quienes necesiten un tratamiento sanitario especial o a quienes tienen enfermedades terminales, así como reubicando a los presos para acercarlos a sus familias y protegerlos dentro de los penales. Además, la recientemente aprobada ley que se refiere a la amnistía e indulto para presos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) se amplía para los miembros del Eln, rebajándose y despenalizándose ciertos tipos penales asociados a la protesta social.

El acuerdo contempla un lapso de tres semanas destinado a que quienes negociaron en nombre de la guerrilla vayan a los correspondientes frentes de guerra a explicar el contenido de lo firmado en Quito y las condiciones de la tregua. Esto es consecuencia de que –a diferencia de las extintas Farc, en las que el secretariado de la guerrilla daba una orden y ésta se cumplía sin discusión– el Eln, pese a su estructura militar, funciona como una especie de federación de frentes en combate donde se consensúan los acuerdos de manera más horizontal.

En paralelo, gobierno y guerrilla acordaron ampliar el período de negociaciones, que entrará en su cuarto ciclo a partir del 25 de octubre. De hecho está previsto que al final de este primer período de cese de hostilidades se haga una evaluación de cómo ha avanzado la agenda de negociaciones con el fin de prorrogar por más tiempo la tregua.


ORÍGENES DE UNA GUERRILLA.


El Eln nació en 1964, casi a la par que las Farc, inspirándose en una ideología que mezcla cristianismo, marxismo inspirado en la revolución cubana y nacionalismo radical.

Sus orígenes reales datan de un par de años antes, cuando cinco estudiantes colombianos viajaron a La Habana en condición de becados. Allá fue fundada la Brigada José Antonio Galán, a la cual se unirían un año después varios sacerdotes vinculados a la teología de la liberación. Dos de ellos, Camilo Torres (1929-1966) y Manuel Pérez (1943-1998), se convertirían en las figuras más emblemáticas de la historia del Eln.

Las acciones armadas del Eln comenzaron al inicio de 1965, siendo la guerrilla prácticamente desarticulada en octubre de 1973 –durante la presidencia de Misael Pastrana Borrero–, a consecuencia de una ofensiva militar a gran escala denominada Operación Anorí. Pasaría una década para que el Eln tuviera capacidad de comenzar a rearticularse bajo la dirección del sacerdote español Manuel Pérez, convirtiéndose a partir de entonces en el segundo grupo insurgente más importante del país hasta el armisticio de las Farc.

Según la Fundación Paz y Reconciliación, los más de 2 mil combatientes actuales del Eln están distribuidos a lo largo de 51 municipios en 11 departamentos colombianos. En este sentido, el anuncio del cese al fuego entre ejército y guerrilla significará un gran alivio para las regiones del norte de Santander, Chocó y Arauca, donde se concentra con mayor virulencia el conflicto entre la última guerrilla que queda en Colombia y las fuerzas armadas.


COMIENZA EL DIÁLOGO.


El Eln ya había mantenido conversaciones con gobiernos previos al de Juan Manuel Santos. Concretamente, fue durante la presidencia de César Gaviria, en la década de 1990, que se iniciaron los primeros contactos (en Caracas, en 1991). Y en 1992 se organizaron los Diálogos de paz de Tlaxcala, en México. Los intentos de negociación con el gobierno tuvieron también lugar durante la gestión de Pastrana –mediante el Acuerdo Puerta del Cielo, de 1998, firmado en Maguncia, Alemania, y la reunión de Ginebra realizada en 2000–, e incluso con el gobierno del ultraderechista Álvaro Uribe, mediante una primera reunión a finales de 2005 y tres sesiones más en 2006, finalizando el proceso en agosto de 2007, tras otro encuentro en territorio caribeño donde participarían el presidente cubano Raúl Castro y el Nobel de literatura Gabriel García Márquez.

El actual proceso de negociación se inició en marzo de 2016, tres años después de que comenzaran las conversaciones con las Farc que culminaron con el Acuerdo para la Terminación Definitiva del Conflicto, firmado en Bogotá el 24 de noviembre de 2016.

Históricamente el Eln ha tenido un componente político mucho más marcado que las Farc, pese a que los segundos tuvieran cuatro veces más capacidad operativa militar que los primeros. Esto implicó que aunque el inicio de las conversaciones exploratorias fuese anunciado por Juan Manuel Santos durante su campaña electoral para la reelección de 2014, éstas no hayan terminado de cuajar hasta tres años después.


EN LA AGENDA.


Los primeros diálogos se celebraron en Ecuador y Brasil, de forma alterna, si bien Venezuela, Noruega, Chile y Cuba también han acompañado el proceso. Desde hace meses la agenda de negociación quedó pactada, teniendo cierto parecido a lo que se estableció en su momento con las Farc, aunque en este caso el gobierno colombiano tuvo que ceder con respecto a los reclamos insurgentes de participación ciudadana.

La agenda de diálogo contempla seis puntos en discusión: la participación de la sociedad, la democracia para la paz, asuntos relativos a las víctimas, las transformaciones para la paz, aspectos de seguridad para lograr la paz y entrega de las armas, así como las garantías para el ejercicio posterior de la acción política.
Establecer a Quito como sede principal de las negociaciones es fruto de la negativa gubernamental a las iniciales peticiones guerrilleras, que contemplaban que se instalasen fundamentalmente en Caracas.

Pero llegar a los Acuerdos de Quito implicó también un proceso de disputas dentro del Eln, donde las posiciones más dialogantes en el Comando Central (Coce) se han impuesto frente al sector más beligerante. Así, las posturas de Nicolás Rodríguez Bautista, alias “Gabino”, primer comandante del Eln, junto a las de Israel Ramírez Pineda, alias “Pablo Beltrán”, tercero en la línea de mando y jefe de la comisión negociadora, consiguieron frenar a los sectores más escépticos y las posiciones duras encarnadas en el Frente de Guerra Occidental y el Frente de Guerra Oriental.

En todo caso, existe una nube de dudas sobre la consistencia del acuerdo. Al respecto, Jorge Restrepo, director del Centro de Recursos para Análisis del Conflicto, indica: “Es muy difícil que este tipo de acuerdo tan desestructurado se verifique y se cumpla, ofrece mayores riesgos para la población civil, para quienes hagan la verificación y para la misma guerrilla”. Respecto de los riesgos asumidos por el Eln, el comandante Pablo Beltrán también advirtió: “El paramilitarismo es una sombra que se mantiene en gran parte del territorio dejado por las Farc, y quedarse quieto, para la guerrilla, representa un riesgo aun mayor”. Cabe señalar, en este sentido, que el propio gobierno ha reconocido que en las áreas dejadas atrás por las Farc se ha incrementado notablemente la actividad de diversas bandas delincuenciales y el paramilitarismo (así como los asesinatos de líderes sociales; véase Brecha, 14-VII-17).

La solidez ideológica del Eln ha implicado que, a diferencia de lo sucedido durante las negociaciones con las Farc, la guerrilla no aceptase ninguna medida unilateral, algo que pidió inicialmente el gobierno, requiriéndole un cese unilateral de las actividades insurgentes. De hecho el compromiso guerrillero ni siquiera pasa por la liberación de sus secuestrados –en la actualidad cuatro personas vinculadas al sector comercial y ganadero–, quedando este asunto agendado para la siguiente etapa.

Más allá de la larga historia de negociaciones entre el Estado colombiano y la insurgencia “elena”, es la primera vez desde que se fundó el Eln que se firma un documento con el gobierno. En eso tuvieron mucho que ver las presiones del papa Bergoglio, quien visitaría el territorio colombiano inmediatamente después para expresar su apoyo al proceso.


RECONVERSIÓN DE LAS FARC.


La firma de los Acuerdos de Quito se da en paralelo a la puesta en escena del partido político conformado por las antiguas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, las cuales manteniendo sus siglas Farc pasaron a denominarse Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común. El modelo no es nuevo en este país cafetero, teniendo en cuenta el proceso del Ejército Popular de Liberación (Epl), que pasó a denominarse Esperanza, Paz y Libertad, o el referente al M-19, que tras la firma de paz optó por la denominación Alianza Democrática M-19.

Difícil es pensar que las estigmatizadas Farc puedan tener un apoyo relativamente amplio en el área urbana, centrándose estratégicamente este nuevo partido en movilizar el voto rural de un campesinado históricamente excluido. En este sentido, cabe recordar que en aproximadamente el 10 por ciento de los 1.123 municipios de Colombia la política local ha estado controlada durante décadas por los “farianos”.

Pese a que el gran reto de las refundadas Farc debería estar enmarcado en el cambio de imagen, en la actualización de sus discursos, en conformarse orgánicamente de la forma más horizontal posible y en presentar nuevas vocerías ante la deslegitimación social de su antigua comandancia, las tesis que se impusieron en su congreso fundacional fueron las de perfil más ortodoxo y de connotaciones marxista-leninistas. Tras seis décadas de conflicto civil armado, el pueblo colombiano reclama en estos momentos menos consignas revolucionarias y más propuestas políticas enfocadas a solucionar problemas como el desempleo, la baja calidad de la salud y la educación, la pobreza, la delincuencia o laenorme lacra que supone la corrupción institucional.

Si hubiera que ubicar un perdedor en el congreso fundacional del nuevo partido, éste sería Rodrigo Londoño, alias “Timochenko”, quien propuso sin éxito el nombre de Nueva Colombia para la extinta guerrilla y un modelo de partido que se dirigiera al país “sin dogmas, sin sectarismo, ajeno a toda ostentación ideológica y con propuestas claras y sencillas”. Sin embargo, las tesis auspiciadas por el que fuera el número uno durante la última etapa de las Farc guerrilleras fueron derrotadas, no por su dirección, sino por sus bases.

Como parte de los acuerdos de paz, las nuevas Farc disponen de diez diputados asegurados en el próximo Congreso que será electo en marzo del año que viene. Nombres de la antigua comandancia tales como Victoria Sandino, Pablo Catatumbo, Pastor Alape, Carlos Antonio Lozada e Iván Márquez –el gran triunfador en esta convención– figuran como precandidatos para ocupar estos escaños. En definitiva, hay una ausencia de caras y voces nuevas para afrontar este supuesto nuevo renacer.

El desmarque de la izquierda política colombiana respecto de las nuevas Farc se evidenció por su no asistencia al congreso fundacional. Ninguno de los múltiples precandidatos presidenciales del progresismo asistió al acto, tampoco ninguno de los dirigentes de los partidos políticos de centroderecha que respaldaron en su momento los acuerdos de paz. Tan sólo asistió un representante de la precandidata presidencial progresista Clara López para leer un comunicado en su nombre.


TRABAS.


En paralelo, y fruto de las limitaciones que impuso la Corte Constitucional al mecanismo de fast-track (vía rápida) para aprobar las leyes de la paz en el Congreso, las legislaciones sobre desarrollo rural, participación política y reforma electoral que deben establecerse tras estos acuerdos de paz están sufriendo importantes modificaciones conceptuales en el Poder Legislativo. Allí los curules conservadores se envalentonaron tras los resultados negativos del plebiscito realizado el año pasado sobre dichos acuerdos.

En todo caso, lo que se visualiza en todo sondeo de opinión realizado durante el presente año en Colombia es que sorprendentemente la implementación de los acuerdos de paz no está entre las prioridades políticas de la ciudadanía.

Mientras, en las zonas de la Colombia rural que fueron antiguos escenarios de guerra, ex guerrilleros desmovilizados que formaron parte de los frentes farianos no dejan de ser asesinados por sicarios contratados por terratenientes, caciques políticos locales y bandas criminales. Oficialmente el Estado contabiliza ya una docena de asesinatos de ex combatientes y otra cifra similar de víctimas entre sus familiares.

Respecto de las disidencias –quienes no aceptaron el acuerdo de paz– dentro de las Farc, el gobierno colombiano registra un número aproximado de 400 combatientes que se han conformado en varias estructuras ilegales ubicadas principalmente en ocho departamentos del país: Nariño y Cauca en la zona suroccidental, y Caquetá, Meta, Guaviare, Vichada y Vaupés en el sudoriente. Según Eduardo Álvarez Vanegas, vocero de la Fundación Ideas para la Paz, resulta significativo que estas disidencias no estén agrupadas bajo la estructura de control de un mismo comandante, lo cual podría desembocar en su futura conversión en nuevas bandas criminales emergentes.


CAMPAÑA ELECTORAL.


A seis meses de que se realicen las elecciones legislativas y a nueve de la presidencial todo parece indicar que el país electoralmente se polarizará de nuevo en torno a las posiciones a favor o en contra de los acuerdos de paz.

En el ámbito de la derecha es de prever que, según vaya acercándose el proceso, las múltiples precandidaturas actualmente existentes terminen por converger en dos candidatos fuertes. Éstos serían Germán Vargas Lleras y quien designe finalmente Álvaro Uribe en complicidad final con el Partido Conservador, de Andrés Pastrana.

En el caso del primero, quien en la actualidad funge como vicepresidente de la república, sus estrategias electorales se articulan en torno a la crítica parcial a los acuerdos de paz impulsados por Santos, pactando con diversos segmentos de la clientelar política local y regional que ya le han manifestado su apoyo. También se basan en el cuestionamiento al gobierno venezolano de Nicolás Maduro y en una irrisoria alerta social para que Colombia no se convierta en una nueva Venezuela, y termina reclamando un pacto con los sectores empresariales más reaccionarios, que sienten como una amenaza la justicia transicional derivada de los acuerdos de paz.

Por su parte, la estrategia del uribismo, más allá de quién termine siendo su candidato (hay en la actualidad cuatro precandidaturas distintas dentro del Centro Democrático), es asentar la idea de que Santos entregó el país a las Farc, generando alarma en un empresariado rural al que se le dice que sus tierras terminarán siendo entregadas a los ex combatientes guerrilleros desmovilizados, potenciando a su vez los llamados “valores morales” más reaccionarios en una sociedad sumamente conservadora como es la colombiana.

En lo que respecta a los sectores políticos que van del centro hacia la izquierda, fieles a su tradición divisionista, en la actualidad presentan un fraccionamiento en al menos tres bloques: los progresistas de Gustavo Petro, el entorno del nuevo partido de las Farc y, por último, la coalición formada por la Alianza Verde, de Claudia López, Compromiso Ciudadano, de Sergio Fajardo, y el Polo Democrático, del senador Jorge Robledo. Queda pendiente ver cómo solucionarán las izquierdas este fraccionamiento para intentar converger en torno a una sola candidatura.

En todo caso, lo que falta hasta mayo de 2018 vendrá marcado por la disputa entre estas dos amplias facciones que determinarán posiblemente una segunda vuelta presidencial, pasando la centralidad política de la lógica decimonónica izquierda versus derecha a situarse en el eje derivado del posconflicto.

 

 

Publicado enColombia
El Gobierno de Colombia y las FARC pactan un protocolo para verificar el cese al fuego
Un organismo tripartito compuesto por la ONU, el Estado y la guerrilla aplicará 36 normas en las zonas de concentración temporales

 

El Gobierno de Colombia y las FARC han pactado un protocolo de 36 normas que regirá el funcionamiento de las 23 zonas veredales y los ocho campamentos en los que se concentrará la guerrilla a partir del momento en que se firme el acuerdo final que acabe con más de 50 años de conflicto en el país. Durante los siete días de la semana, las 24 horas del día, un mecanismo tripartito compuesto por el Ejecutivo, la insurgencia y la ONU vigilará estos territorios temporales para verificar que se cumpla el punto del cese al fuego bilateral y definitivo y la entrega de las armas pactado entre ambas partes el pasado 23 de junio.

 

Las zonas de concentración de las FARC contarán con acceso por vía fluvial y territorial y su extensión será “razonable dependiendo de la vereda”. Aunque sigue sin especificarse dónde se ubicarán, se han establecido rutas de desplazamiento con dispositivos especiales de seguridad de la Fuerza Pública. "En todo momento el Estados Social de Derecho estará vigente", se lee en el comunicado. Una vez ubicados los guerrilleros, los altos mandos entregarán a la misión de la ONU información sobre la totalidad de sus miembros, el número de armas que poseen y el lugar donde se almacenan para que se inicie el mecanismo de verificación y entrega. En los primeros 60 días después de la firma se recibirá el armamento pesado. El resto lo entregarán, en un plazo de 180 días, en tres fases. Finalmente, se guardará en contenedores vigilados por observadores internacionales y servirá para construir tres monumentos.

 

Las 36 normas que regirán durante el período de desarme y verificación incluyen, para ambas parte, la prohibición de cualquier tipo de acto violento y el uso de lenguaje difamatorio. El Gobierno y sus agentes de seguridad suspenderán el hostigamiento contra la guerrilla y dejarán de hacer propaganda en su contra como sucedía hasta el momento, entre otras cuestiones. Las FARC, además de abandonar la violencia, dejarán de participar en actividades ilícitas como el narcotráfico.

 

Iván Márquez, jefe de la delegación de las FARC en La Habana, supedita todo este proceso de desplazamiento y entrega de armas "a la puesta en vigor de las normas que garanticen la seguridad jurídica, social y política de la insurgencia". La guerrilla pone como requisito que se apruebe y realice el plebiscito antes de que estos mecanismos comiencen a funcionar.

 

La misión de la ONU, a petición del Gobierno y la guerrilla, no tiene como objetivo "la imposición de la paz", ha aclarado Jean Arnault, representante especial del Secretario General y jefe de esta comitiva en Colombia. "No es una misión de cascos azules", ha dicho el responsable y ha explicado que el equipo que aterrizará en el país, compuesto por observadores civiles y militares, no estará armado: "Sería un error y una preocupación para la población". Por el momento, cuenta con 80 miembros, una comisión que podría ampliarse hasta los 500, según los primeros cálculos. La próxima semana, una delegación tripartita, con el acompañamiento de representantes de los países garantes Cuba y Noruega y la Cruz Roja, viajará a estas zonas veredales para estudiar las necesidades que se requieran y así emitir el 19 de agosto un informe a la sede de la ONU en Nueva York con todos los detalles del operativo.

 

"Por cada lugar donde se concentren los guerrilleros habrá una media de 18 de nuestros miembros", ha informado Arnault.

 

El Gobierno será el responsable de suministrar la logística en estas zonas, "privilegiará la contratación en las regiones de ubicación" y podrá contar con recursos de cooperación internacional. Además, en estos territorios se mantiene vigente el Estado de Derecho, es decir, las autoridades civiles seguirán actuando sin limitación alguna. Si se produjera algún tipo de incidente que requiriera la presencia de la Fuerza Pública, "primero se informará a la ONU" para que coordine el ingreso a las zonas. Posteriormente, se realizarían informes para sancionar estos incidentes. Arnault reconoció que existe "un desafío real" en cuanto a la seguridad de la misión, sobre todo en las regiones en las que siguen operando otros grupos armados como la guerrilla del ELN o las bacrim, como se conoce en Colombia a las bandas criminales, algunas herederas del paramilitarismo. "Contaremos con especialistas en seguridad y ya contamos con la cooperación de la Fuerza Pública", ha dicho.

 

De la firma a la antefirma

 

El acuerdo del cese al fuego bilateral y definitivo se sustenta en un cronograma que tiene como fecha de partida lo que ambas partes denominan el día D. Hasta ahora, se correspondía con el momento en que se firmara todo lo pactado en un acto en Colombia. Pero el pasado jueves, el presidente colombiano Juan Maniel Santos abrió la puerta a una antefirma. “Cuando terminemos todos los puntos de la agenda, es decir, cuando todo esté acordado, en ese momento se va a poner unas iniciales a los textos", explicó. "Esos textos se envían al Congreso y ahí se convoca el plebiscito. No necesariamente ese momento coincide con la firma de los acuerdos. La firma es una formalidad".

 

Las FARC argumentan desde el inicio de las negociaciones que no pondrán su nombre (en forma de firma o iniciales) en un papel hasta que no se haya aprobado una amnistía y hasta que no hayan celebrado su décima conferencia en la que materializarán su final como grupo armado. Santos no obvia estos requisitos y así lo ha reconocido en diversas declaraciones públicas. Pero al mismo tiempo es consciente de que la consulta al pueblo colombiano, prevista para un mes después de la firma final, depende de un trámite parlamentario y una posterior campaña y no puede seguir retrasándose.

Publicado enColombia
El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, responde a las preguntas de la ciudadania, en Bogotá, acerca del proceso de paz con las FARC  que se adelanta en la Habana ,Cuba.

 

La Habana.


El gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) anunciaron este miércoles un acuerdo histórico para el cese del fuego bilateral y definitivo, en lo que constituye el primer paso para poner fin a 52 años de conflicto armado en el país sudamericano y uno de los más largos del mundo.


En un comunicado conjunto, la delegación del gobierno del presidente Juan Manuel Santos y del más antiguo grupo guerrillero de América Latina, informaron a la opinión pública: hemos llegado con éxito al acuerdo para el cese del fuego y de las hostilidades, en el contexto de las negociaciones de paz que se vienen desarrollando en Cuba desde noviembre de 2012.


Las partes no especificaron la entrada en vigor del cese del fuego, pero indicaron que será este jueves cuando se dará a conocer y se firmará el acuerdo en La Habana en un acto encabezado por el presidente Santos y el máximo líder de las FARC, Rodrigo Londoño Echeverri, mejor conocido con los nombres de guerra de Timoleón Jiménez o Timochenko.


El acuerdo contempla las condiciones para la dejación de las armas, las garantías de seguridad y la lucha contra las organizaciones criminales responsables de homicidios y matanzas que atentan contra defensores de derechos humanos, movimientos sociales o políticos. Se refiere a los grupos sucesores del paramilitarismo y sus redes de apoyo, y contra quienes amenacen la implementación de los acuerdos y la construcción de la paz.


A la ceremonia asistirán el presidente cubano, Raúl Castro, y por Noruega, el ministro de Relaciones Exteriores, Borge Brende, países garantes del proceso pacificador. En representación de los países acompañantes participarán la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, y su homólogo de Venezuela, Nicolás Maduro.


También estará presente, como invitado especial, el secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon, quien irá acompañado del presidente del Consejo de Seguridad y el presidente de la Asamblea General. Además, asistirán el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, y su enviado para las conversaciones, Bernie Aronson.


Otros invitados son el mandatario de República Dominicana, Danilo Medina, presidente pro tempore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), y el gobernante de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén.


De inmediato hubo felicitaciones por este acuerdo de la mayoría de los países latinoamericanos, incluido México, además de España y Estados Unidos, así como de la Federación Internacional de Derechos Humanos, entre otros, con la esperanza de un pronto acuerdo final de paz.


Las FARC, surgidas de una sublevación campesina y que iniciaron la lucha armada en 1964, declararon un cese del fuego unilateral hace 11 meses, lo cual redujo notablemente la intensidad del conflicto armado. El gobierno se había negado hasta ahora a cesar la ofensiva terrestre contra el grupo guerrillero, aunque suspendió los bombardeos aéreos.


El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, manifestó su optimismo por el pacto con las FARC en torno al cese del fuego bilateral, la dejación de armas de la insurgencia, condiciones de seguridad y combate contra grupos criminales. Mañana será un gran día, trabajaremos por una Colombia en paz, un sueño que comienza a ser realidad, escribió el mandatario en su cuenta de Twitter.


Esta semana, Santos manifestó su confianza en que el proceso de paz termine exitosamente en un mes. Señaló que el próximo 20 de julio, cuando inicia un nuevo periodo legislativo, sería una fecha propicia para que el andamiaje jurídico en torno a los acuerdos previos comience a andar.


Hasta el momento han alcanzado acuerdos sobre desarrollo agrario, participación política de la guerrilla y lucha conjunta contra el narcotráfico. Otros de los acuerdos son la atención a las víctimas del conflicto y la aplicación de un sistema de justicia transicional.


Queda por acordar el mecanismo de implementación, verificación y refrendación de lo pactado. Más allá del procedimiento, plebiscito o consulta popular, serán los colombianos quienes respaldarán o rechazarán en las urnas los compromisos de La Habana, según las partes. En este caso, se estima que la firma del acuerdo definitivo de paz ocurrirá aproximadamente en dos meses.


Esto es porque la paz con las FARC no significará el fin automático del conflicto colombiano, porque todavía queda por pactar una solución con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la segunda guerrilla del país surgida también en 1964.


La ONU será la encargada de financiar y coordinar la supervisión del cese del fuego bilateral y la dejación de armas, con la colaboración de observadores latinoamericanos y caribeños. Al parecer, las armas de los rebeldes serán destruidas, en una fórmula que podría aproximarse al caso de la desmovilización del Ejército Republicano Irlandés (ERI), de Irlanda del Norte.


El conflicto armado interno colombiano, que ha enfrentado durante medio siglo a guerrilleros, paramilitares y efectivos militares y policiales, ha dejado un saldo de unos 300 mil muertos y más de 6 millones de desplazados. En el conflicto, además, ha intervenido Estados Unidos en apoyo a los gobiernos en turno con financiamiento, armas, asesoría y logística.

 


 

El país que se jodió demasiado

 

Martín Granovsky, Página12

 

Escribe Gabriel García Márquez en “Vivir para contarla” que ese 9 de abril de 1948 aún no le habían servido la sopa en la pensión cuando se le acercó su amigo Wilfrido Mathieu y le dijo: “Se jodió este país”. Para explicarle: “Acaban de matar a Gaitán frente al Gato Negro”. García Márquez corrió hasta el café y alcanzó a ver como se llevaban en ambulancia a Jorge Eliecer Gaitán, el líder liberal de Colombia, un político de centroizquierda que pregonaba la reforma agraria. A Gaitán le dispararon tres tiros en la cabeza. Cuenta García Márquez: “Un grupo de hombres empapaban sus pañuelos en el charco de sangre caliente para guardarlos como reliquias históricas”. Los partidarios de Gaitán, al reaccionar, fueron masacrados. Se salvó un dirigente estudiantil cubano de 20 años, Fidel Castro. Unos tres mil colombianos murieron en el Bogotazo, el alzamiento popular contra el asesinato. Unos 300 mil más morirían después en el período que la historia conoce, simplemente, como La Violencia, y que incluiría un conflicto armado entre el aparato estatal y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, en acción desde 1964. No fue el único conflicto. También cruzaron la historia del siglo XX el narco y la guerra contra el narco y los paramilitares de Autodefensas Unidas de Colombia, financiados por industriales y hacendados.


Hoy, en La Habana, las FARC y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos anunciarán una hoja de ruta para que ese capítulo iniciado en el ‘64 termine muy pronto.


Hasta ahora el cese del fuego era unilateral. Lo habían prometido las FARC y lo violaron solo 10 veces en los últimos 11 meses. Mataron a un civil y a tres militares. Según el Cerac, el Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos con sede en Bogotá, se trató del menor índice de violencia en 51 años de guerra. Un récord.


El hecho histórico que se producirá en la capital cubana es que el cese del fuego será, por fin, bilateral y, suponen las partes, definitivo. Colombia ya no vivirá solo un proceso de desescalamiento como hasta ahora, que según el CERAC sirvió para experimentar 1065 días sin tomas de poblaciones, 209 días sin retenes ilegales y 96 días sin ataques contra la infraestructura petrolera. Solo por haber iniciado las negociaciones hace tres años, las dos partes evitaron una cantidad de muertes que, de acuerdo con la tendencia histórica, no hubiera bajado de 1.500 personas. Los colombianos pasarán del desescalamiento a la paz. Las tres letras de la palabra son, sin embargo, de una simpleza solo aparente. Colombia tiene por delante desafíos de desarme, de justicia y de compensación a millones de campesinos desplazados. Pero al menos ganó un horizonte que no tenía. Y con Colombia avanzó toda Sudamérica.


Cuba ya firmó un acuerdo comercial con Colombia


Al menos en la teoría, puede suponerse que un entorno de paz es un contexto favorable al diálogo entre el gobierno de Nicolás Maduro y los dirigentes opositores. Tanto Cuba como Venezuela fueron claves en reforzar la convicción de las FARC de que se acercaran a las tratativas que les propuso Santos.


Brasil es todavía una gran incógnita, aunque dentro de la incertidumbre una Colombia más estable al menos no echará más leña al fuego que ya encendió el golpe de los esclavócratas.


Para la Argentina el arreglo de La Habana es una buena noticia que seguramente será interpretada con énfasis distintos. Mauricio Macri se siente cómodo con Santos, un exponente pragmático del establishment colombiano. Tuvo información de primera mano porque la semana pasada se entrevistó con Santos en Bogotá e incluso bromeó con él sobre una final entre Colombia y la Argentina. Marcelo Stubrin, el histórico dirigente radical que es el actual embajador en Colombia, interpretó ante la consulta de Página/12 que el proceso de paz será una forma de que la Argentina “supere el aislamiento” que en su opinión mostró la relación entre Buenos Aires y Bogotá. “Siempre las políticas de principio, como la preservación de la paz, convergen con los intereses nacionales”, dijo. “Honramos principios elevados y a la vez la paz nos pone en mejores condiciones para participar creativa y solidariamente en las grandes expectativas que se abren para Colombia”, agregó.


En realidad la Argentina vivió un momento alto de influencia en la realidad colombiana en 2010, cuando el entonces secretario de la Unión Suramericana de Naciones Néstor Kirchner fue el mediador entre la Colombia de Santos y la Venezuela de Chávez, que evitaron una guerra y terminaron firmando el Acuerdo de Santa Marta para reponer embajadores y estimular el comercio. Sin ese acuerdo, con Kirchner asistido por Rafael Follonier y Juan Manuel Abal Medina y en coordinación con Lula, el diálogo de paz como mínimo se hubiera demorado. Habría sido una injusticia con un pueblo que, como diría el amigo de García Márquez, se jodió demasiado.

 
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enColombia
Sábado, 23 Abril 2016 07:07

Cerca de 400.000 muertos y contando

Así quedó la ciudad de Homs después de un ataque aéreo la semana pasada.
ES EL COSTO HUMANO DEL CONFLICTO ARMADO EN SIRIA, SEGUN EL MEDIADOR DE LA ONU

“Las partes tienen una urgencia honesta en intentar lograr un acuerdo histórico”, aseguró el enviado especial de la ONU en Ginebra, donde se desarrollan las negociaciones entre los sirios.

 

Las partes beligerantes en Siria tienen voluntad de alcanzar un acuerdo que ponga fin a una guerra que dura más de cinco años y ha causado 400.000 muertos porque no ven posible un triunfo militar, afirmó ayer el mediador de la ONU, Staffan de Mistura. “Las partes tienen una urgencia honesta en intentar y lograr un acuerdo histórico”, aseguró el enviado especial de la ONU en una rueda de prensa en Ginebra, donde se desarrolla la tercera ronda de conversaciones entre los sirios.

 

De Mistura hizo estas declaraciones pese a la marcha entre jueves y viernes de la mayoría de los componentes de la delegación opositora, que decidió suspender su participación en las conversaciones en protesta por las infracciones del régimen a la tregua, vigente desde febrero, y la falta de acceso humanitario a áreas sitiadas militarmente.

 

El mediador explicó que ambos bandos desean un acuerdo por dos razones. “La primera es que todos están de acuerdo en una decisión que no es fácil, que es hablar sólo de transición política. La segunda es que hay una clara sensación entre las partes de que ninguno de ellos obtendrá una victoria militar y que es tiempo de hablar”, precisó.

 

No obstante, reconoció que para impulsar el diálogo se necesita del empuje de la veintena de países que forman el Grupo Internacional de Apoyo para Siria, coordinado por Estados Unidos, Rusia y la ONU. “Ciertamente necesitamos una nueva reunión del Grupo de Apoyo a nivel ministerial porque una mesa de tres patas es siempre frágil, por definición”, consideró.

 

Una de las patas de las negociaciones será un avance en el reparto de ayuda humanitaria, mientras que la segunda sería un reforzamiento del cese de las hostilidades y la tercera, la cuestión de la transición política. A su juicio, cuando uno de estos tres factores está en dificultades se puede solucionar, pero cuando los tres lo están se requiere que el resto de países involucrado en el conflicto intervengan.

 

En los últimos días “se han detectado tendencias preocupantes sobre el terreno”, subrayó De Mistura, en referencia a las infracciones del alto el fuego. No obstante, destacó que la tregua sigue en efecto y que ninguna de las partes ha renunciado a ella o la ha deslegitimado, “pero está en grandes problemas si no se actúa rápidamente”.

 

El cumplimiento del alto el fuego es vital para la continuación del diálogo, ya que es uno de los motivos principales por los que la oposición resolvió el lunes pasado posponer su participación formal en el mismo. Pese a esta decisión, De Mistura reveló que desde entonces han mantenido reuniones “profundas de tipo técnico” con los opositores, lo que le ha permitido obtener un mejor entendimiento sobre su visión de una transición política, en la que la oposición aboga por la creación de un órgano de gobierno interino. Mientras, con la delegación gubernamental, que se espera que permanezca en Ginebra hasta el día 27, el enviado especial ha tratado de conocer más a fondo su propuesta de constituir “un gobierno de base amplia”.

 

“Queremos saber si esto va a ser cosmético o real y cómo va a ser para la oposición”, indicó. Sea como fuere, el conflicto sirio ha causado ya en sus cinco años unos 400.000 muertos, según su “propio análisis” dijo De Mistura. Precisó que sus estimaciones se basan en la cifra de fallecidos directos en combates o ataques, a las que se sumarían los heridos que perdieron la vida posteriormente, y los que han perecido por falta de atención médica y los desaparecidos. “Creo que no estamos lejos de los 400.000 muertos”, afirmó. “No tengo pruebas de ello, creo que nadie las puede tener, pero creo que no se puede seguir hablando de 250.000 muertos”, dijo el diplomático sueco-italiano.

 

Mientras el proceso sigue hasta el miércoles, un grupo de “seis o siete personas” de la delegación opositora se quedará en Ginebra sin tomar parte en las negociaciones, confirmó a EFE el portavoz de la opositora Comisión Suprema para las Negociaciones (CSN), Monzer Majús. “Hoy no hemos mantenido ninguna consulta con ningún representante de la ONU, ni tampoco está previsto durante el fin de semana”, indicó Majús, quien descartó una posible reincorporación de la delegación de la oposición a las conversaciones antes del término de su tercera ronda. Por su parte, se espera que la delegación del gobierno se reúna de nuevo con De Mistura el próximo lunes en la sede de la ONU, tras la sesión que mantuvieron ayer y en la que abordaron el acceso humanitario.

 

 

Publicado enInternacional
El movimiento social por la paz impulsará una campaña abierta y permanente por el cese bilateral al fuego

Las plataformas que trabajan por la solución política al conflicto armado y la paz de nuestro país: El Frente amplio por la paz, social, Clamor social por la paz y La Cumbre agraria campesina étnica y popular han decidido impulsar conjuntamente una campaña abierta y permanente por el cese bilateral al fuego denominada "Por ti, por mi, la paz es ahora, cese al fuego bilateral y de hostilidades ya".

Consideran que el actual escalonamiento del conflicto armado producido por la decisión gubernamental de retomar los bombardeos y las operaciones conjuntas contra las guerrillas y la de las Farc de levantar el cese al fuego unilateral, constituye un gran peligro para la materialización de la anhelo de paz de la mayoría de los colombianos.

El propósito de la campaña es poner en el escenario público nacional e internacional la necesidad no solo de que cesen las acciones bélicas entre insurgencias y ejército sino también la persecución de parte del Estado contra el movimiento social.

Esta campaña busca sumar esfuerzos locales, regionales y nacionales en aras de fortalecer el movimiento social por la paz, que tenga la potencia suficiente para avanzar en una agenda social por la paz, que presione e incida positivamente la negociación política al conflicto armado entre los actores armados desde la sociedad civil. Para tal propósito se invita a las organizaciones sociales de todo el territorio nacional para que localmente se hagan reuniones con diversos sectores sociales que le apuesten a la solución política negociada al conflicto armado para que puedan aportar en función de esta iniciativa social.

La campaña buscará desarrollar y articular acciones diversas. Una de ellas es la de convertir los jueves en el día de la Oración y la luz por la paz. Esta iniciativa busca organizar actos ecuménicos en lugares emblemáticos de todas las ciudades, barrios, municipios, veredas, donde se pida por la paz y el cese al fuego bilateral, vinculando en cada uno de estos actos a las distintas iglesias y creencias religiosas y espirituales. Se propone asimismo, que al final de cada una de las jornadas, sea encienda una luz (vela) "para que el espíritu de la paz, el perdón, la reconciliación, embargue el pensamientos, el corazón, la palabra y las acciones de todos y todas las colombianas a lo largo y ancho del territorio nacional y fuera de él".

La campaña, "Por ti, por mi, la paz es ahora, cese al fuego bilateral y de hostilidades ya", es un esfuerzo por articular las agendas para la paz locales, regionales y nacionales, para decir que la solución política negociada al conflicto es un asunto de todo el pueblo colombiano, y que no es un cheque en blanco al gobierno de Juan Manuel Santos.

Por Christian Mantilla
Coalición de Movimientos y Organizaciones Sociales de Colombia – Comosoc

Publicado enColombia
Domingo, 18 Enero 2009 23:25

Cadáveres entre los escombros de Gaza

A las 12 horas de que Israel declarara el alto el fuego unilateral, Hamás siguió sus pasos. Pasadas las dos de la tarde de ayer, el movimiento islamista palestino anunciaba el cese de hostilidades durante una semana. Decenas de miles de personas salieron de sus casas después de 23 días de encierro para comprobar que la cifra de muertos, más de 1.300, crecerá. Los mandatarios de cinco países europeos viajaron ayer a Egipto e Israel para pedir un alto el fuego duradero. También se comprometieron a frenar la entrada de armas a la franja de Gaza. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, aseguró ante el primer ministro israelí, Ehud Olmert, que España y la UE serán "firmes constructores" de una "paz justa".

Al menos 95 cadáveres fueron hallados sepultados bajo los escombros de un edificio en el norte de la franja en el primer día de una tregua prendida con alfileres. Dos altos el fuego. El de Israel, el sábado, y el de Hamás, ponen de manifiesto que la calma que imperaba en Gaza y en el sur del Estado sionista puede venirse abajo en un santiamén. Sobran muestras de que la situación es extremadamente volátil: el Ejército israelí mató en Jan Yunis, al sur del territorio, a un granjero palestino. Y los milicianos lanzaban cohetes poco antes de las siete de la tarde, cinco horas después de anunciar que dejarían de disparar. El juego del gato y el ratón, con tintes macabros, es la norma en Oriente Próximo.

El movimiento islamista palestino exigió que en una semana se complete la retirada de las tropas enemigas de Gaza y la apertura de las fronteras con Egipto y con Israel. Y aunque blindados, tanques y soldados regresaban a suelo israelí por la tarde, la evacuación aún no es completa. Y puede demorarse. "No podemos hablar de calendario", afirmó un portavoz del primer ministro israelí, Ehud Olmert, quien advirtió: "El alto el fuego será reconsiderado minuto a minuto, hora a hora. El Ejército está en Gaza y muchas unidades, que rodean el territorio por todos los costados, están observando cada esquina y escuchando cada susurro, preparados para cualquier respuesta".

La enorme destrucción causada por el Ejército israelí al territorio ocupado y la cifra de muertos aconsejaban a Hamás sumarse al alto el fuego. Resulta evidente que el movimiento fundamentalista no ha logrado que se cumplan sus demandas principales: el fin del bloqueo económico y el abandono de los soldados israelíes del territorio. Sabe a derrota. Pero no todo es negro para los fundamentalistas. Al menos en el campo político.

Hamás no ha capitulado. Tras el alto el fuego unilateral israelí, vigente desde las dos de la madrugada del domingo, milicianos de Hamás y Yihad Islámica lanzaron ayer al menos 20 cohetes contra Ashkelón, Ashdod, Beersheva y Sderot. Sólo han aceptado la tregua después de que Israel hiciera lo propio. Y más relevante aún para el movimiento fundamentalista: seguirá mandando en Gaza. Poco podrá hacerse si no se cuenta con su voz. "Podrán destrozar lo que sea, pero no nos rendiremos. Lo piensa la mayoría. Me he encontrado con una mujer que conozco y estaba contenta aunque su casa ha sido muy dañada", comentaba un vecino de Gaza, uno de las decenas de miles de palestinos que salieron a las calles para encontrarse con familiares y amigos, para buscar comida, y muchos para comprobar el estado de sus viviendas, de las que fueron forzados a huir para refugiarse en dependencias de Naciones Unidas luego bombardeadas.

Apuntalan la tesis de que el cese de hostilidades es quebradizo las dos palabras pronunciadas por el reservista israelí Yotam cuando se le preguntó en la recepción de un hotel de Ashkelón si todo había terminado. "Por ahora", contestó sonriente este treintañero de Tel Aviv. El soldado abandonaba el frente de Beit Lahia, donde ha combatido durante una semana, pero debe permanecer en las cercanías de Gaza. El llamamiento a filas no ha expirado.

Los próximos días serán cruciales para verificar si el alto el fuego perdura. Si los cruces fronterizos de Gaza con Egipto e Israel se abren sólo para que entre la ayuda humanitaria, el alto el fuego será un paréntesis más o menos duradero. No son sólo alimentos y material para hospitales lo que precisan el millón y medio de habitantes de la franja. Es imprescindible que se puedan comprar las materias primas y para la construcción necesarias para reactivar una economía totalmente arruinada.

Las guerras tienen siempre objetivos políticos, y a este respecto la indiscutible victoria militar israelí puede no ser tan beneficiosa si Hamás consigue que su popularidad crezca en Cisjordania. No escasean los rotundos triunfos en el campo de batalla que acarrean desastres al ganador. Israel lo sabe mejor que nadie. En la guerra de los Seis Días, en junio de 1967, el Tsahal arrolló a los Ejércitos árabes. "Fue un desastre histórico", escribía ayer Zeev Sternhell, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Ocuparon el Golán sirio, el Sinaí egipcio y Cisjordania y Gaza. Y esa ocupación, una catástrofe para los palestinos, es también un cáncer para Israel.

Por, JUAN MIGUEL MUÑOZ - Ashkelón - 19/01/2009
Publicado enInternacional

A las doce de la noche se apagaron los heraldos luminosos que durante 23 noches iluminaron el cielo de Gaza con su carga de muerte. El Gabinete de Seguridad israelí, compuesto por 12 miembros, votó una resolución a favor de un alto el fuego unilateral en el territorio palestino. Es la primera vez en la historia de Israel que los responsables deciden aplicar un alto el fuego unilateral en uno de sus numerosos conflictos. El Ejecutivo priva con ello a Hamas de todo intento de recuperación política al tiempo que le permite manejar a su antojo todas las prerrogativas futuras. “El alto el fuego entrará en vigor a las dos de la madrugada y las fuerzas continuarán en la Franja de Gaza y sus alrededores”, dijo el jefe del Ejecutivo israelí, Ehud Olmert, en el curso de una conferencia de prensa en la que también estuvo presente el titular de la cartera de Defensa, Ehud Barak.

La resolución que instaura un alto el fuego deja detrás un tendal de muertos en lo que fue la ofensiva militar más mortífera lanzada por Israel en la Franja de Gaza: más de 1200 muertos y casi 6000 heridos, en su gran mayoría civiles. Fuentes palestinas expresaban ayer a Página/12 la certeza de que se puede contar con un número muy superior de víctimas que quedaron atrapadas en los escombros. El Gabinete de Seguridad israelí llegó a esa decisión luego de obtener sólidas garantías por parte de Estados Unidos de su plena colaboración con la lucha contra el contrabando de armas que transita a través del Pasaje de Filadelfia a lo largo de la frontera entre la Franja de Gaza y Egipto.

La instauración del alto el fuego unilateral deja en la sombra varios núcleos del conflicto. La seguridad de Israel se ha impuesto por encima de los resortes que causaron el conflicto. No hay, hasta ahora, la más mínima mención al levantamiento del bloqueo territorial y económico de la Franja de Gaza ni tampoco se hace referencia a la apertura de las dos fronteras del territorio, una con Egipto, la otra con Israel. En este contexto, Ehud Olmert aclaró que las tropas israelíes permanecerían en Gaza y advirtió que Israel se reservaba el derecho de responder si el movimiento islamista Hamas atacaba a Israel o a sus soldados. Según Olmert, si la decisión del alto el fuego no tomó en cuenta a Hamas es porque esta organización, “como otras organizaciones terroristas reconocidas internacionalmente, no debe ser parte del acuerdo”. Antes de la conferencia de Olmert, la ministra de Relaciones Exteriores, Tipzi Livni, dijo en el portal de Internet del diario Yediot Aharonot: “Vamos a dejar el dedo en el gatillo y Hamas lo sabe. Si los islamistas levantan la cabeza actuaremos con fuerza”.

La unilateralidad del alto el fuego deja a Israel con las manos libres para hacer con Gaza lo que se le antoje: estacionar las tropas, mantener el bloqueo del territorio, volver a bombardear a la población. El Estado hebreo escapó así a los compromisos que le había sometido Hamas: la tregua de un año renovable, el retiro inmediato de las tropas israelíes y el fin del bloqueo del territorio palestino. Israel quiere un alto el fuego ilimitado con Hamas y rehúsa que le dicten la conducta que debe seguir a propósito del bloqueo de la Franja de Gaza. Esta cuestión es sin embargo central. Hamas siempre justificó los disparos de cohetes contra Israel con el argumento de que Tel Aviv, pese a la tregua que Hamas venía respetando en los últimos seis meses, nunca abrió las fronteras del territorio. Israel terminó imponiendo su unilateralidad a lo largo y a lo ancho, tal como lo había adelantado el primera ministra: “Detendremos el terror, impediremos que Hamas se rearme y ello sin ningún compromiso”. Así fue. Sobre el sufrimiento de decenas de miles de palestinos encastrados en la Franja, oprimidos entre la dictadura policial y religiosa de Hamas y el bloqueo israelí, Ehud Olmert se desquitó de la derrota militar y política que le infligió el movimiento chiíta libanés Hezbolá durante la guerra del Líbano de 2006. Olmert es el único jefe de gobierno que en toda la historia de Israel desencadenó dos guerras en un mismo mandato. La primera la perdió y con la segunda buscó borrar los efectos de la derrota. Con la tregua unilateral, Israel quiere presionar a Hamas para cortarle toda veleidad de nuevos disparos de cohetes contra el sur de Israel. También le saca de las manos la victoria política que hubiese significado para Hamas la firma de un acuerdo oficial con Israel. Olmert reafirmó ayer que los objetivos de su gobierno con la “Operación Plomo Fundido” desencadenada en Gaza “se han cumplido”, al tiempo que aseguró que “Hamas sufrió un duro golpe, muchos de sus hombres murieron, los disparos de cohetes se redujeron y numerosos túneles empleados para el contrabando de armas fueron destruidos”. Técnicamente tiene sin duda razón, pero el saldo de víctimas humanas y destrucciones no ha hecho sino poner en evidencia la voracidad militarista de un Estado megadotado que no duda en confundir a los palestinos con terroristas, a los edificios de las Naciones Unidas con escondites, a las escuelas con arsenales y a los civiles con peligrosos barbudos armados hasta los dientes.

Los palestinos deben sentirse en una soledad despiadada. Todos hablan de ellos, poco se hace para ahorrarles las humillaciones y la muerte. Ayer, luego de la oficialización del alto el fuego unilateral, el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, dijo que esta decisión constituía un primer paso pero que era preciso que se acompañara de una tregua duradera, del retiro israelí y de la apertura de los pasos fronterizos. A su vez, los dirigentes de Hamas que se expresaron el sábado rechazaron la unilateralidad israelí. “La batalla no se acabó y no terminará con el cese de la agresión (israelí) sino con el fin de la ocupación”, dijo en el Líbano un alto dirigente de Hamas, Osama Hamdam. En los labios de los dirigentes del mundo árabe, la verborragia guerrera es una canción que se ha escuchado hasta el hastío. Palabras y palabras pero, en el fondo, además de expresar un odio férreo hacia Israel, los dirigentes del llamado –e imaginario– mundo árabe son escasamente capaces de concertarse con eficacia para evitarle a los palestinos nuevos sufrimientos. Se tiene la impresión de que el drama palestino les sirve a todos para mantener las tensiones a flor de piel y a la región en un estado de confrontación permanente en donde los únicos que pagan la cuenta son los palestinos. Ayer se cerró un episodio pero la herida permanece abierta. La unilateralidad del alto el fuego no autoriza casi ninguna exigencia. El plan egipcio destinado a poner término al conflicto quedó sin aplicarse. Este esquema preveía compromisos mutuos. Hamas e Israel se comprometían en una serie de obligaciones que, de hecho, quedaron sin efecto. El plan egipcio contemplaba un alto el fuego concertado –no ocurrió–, y el respeto de una tregua que implicaba compromisos y garantías para evitar que se repita un conflicto semejante, tampoco ocurrió. 23 días de bombardeos no hicieron más que dejar el drama palestino en una incandescencia intacta.

Por Eduardo Febbro

Desde Sderot y Jerusalén
 

Publicado enInternacional