Cuando Dilma Rousseff se acercó a José Mujica y a Cristina Fernández diciendo: “Tengo algo político que discutir con ustedes”, estaba a punto de trasmitir un mensaje que cambiaría el desarrollo de la cumbre del Mercosur.  A solas, la presidenta exigió a Uruguay el apoyo al ingreso de Venezuela al Mercosur que se resistía a aceptar desde el día anterior por una cuestión de formas.
 
Antes de viajar a Mendoza, Dilma se entrevistó en São Paulo con el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva quien “exigió” que Dilma “colocara todo el peso político de Brasil en la reunión que en pocas horas arrancaría en Mendoza” para conseguir el ingreso de Venezuela al Mercosur (Noticias Clic, 3 de julio de 2012).
 
Lula se reveló como un destacado estratega y geopolítico.  De la mano de Celso Amorim, proclamado como el “mejor canciller del mundo” por la revista Foreign Policy en 2009, Brasil consiguió descarrilar la cumbre de la OMC en Cancún, en 2003, creando el Grupo 20-plus liderado por Brasil, China, India y Sudáfrica, con lo que se impidió la liberalización del mercado agrícola global que perjudica al sur.  En mayo de 2010 la diplomacia brasileña consiguió la firma de un acuerdo entre Irán, Brasil y Turquía para el intercambio de combustible nuclear, diseñado para apaciguar la escalada bélica de Estados Unidos e Israel contra Irán.
 
En la región, el Brasil de Lula fue uno de los artífices del fin del ALCA, enterrado en la cumbre de Mar del Plata en noviembre de 2005 y de las gestiones de la UNASUR para frenar el “golpe cívico” que la derecha boliviana tramaba en setiembre de 2008 contra Evo Morales.  La alianza militar con Francia es una de los principales legados de los gobiernos Lula desde el punto de vista geopolítico, ya que le permite construir submarinos convencionales y nucleares para defender su petróleo e impulsa el único complejo militar-industrial latinoamericano.
 
Lula fue el arquitecto de la UNASUR y de la CELAC, que por primera vez en la historia de América Latina integran a todos los países sin la tutela de Estados Unidos y Canadá, reafirmando una voluntad opuesta a la doctrina Monroe, cuya máxima podría ser que “América Latina para los latinoamericanos”.  La creación del Consejo Suramericano de Defensa que incluye las doce fuerzas armadas de la región, está coordinando la construcción de armamento entre varios países, lo que a mediano plazo permitirá construir autonomía militar.
 
Construir un mundo multipolar en el que el Mercosur y la Unasur puedan jugar el papel que les corresponde, es un camino que no puede recorrerse sin disputar con las grandes potencias, en especial con Estados Unidos.  En ese camino, Brasil juega por momentos como gran potencia, a veces con rasgos imperialistas, pero en los hechos ha mostrado su capacidad de sentarse a discutir de igual a igual incluso con vecinos con un PIB cincuenta a cien veces menor.  Pese a las asimetrías evidentes, hay un margen de negociación que los países de la región nunca tuvieron con las potencias del Norte.
 
Es cierto que la decisión tomada en Mendoza para el ingreso pleno de Venezuela fue poco prolija, aunque los parlamentos de los tres países ya la habían aprobado.  Sin embargo, en un período de agudos cambios como el actual, donde se está reconfigurando los poderes globales, regionales y locales, las formas pesan menos que los contenidos.  Lo que está en juego es que el camino iniciado en Honduras en 2009 no se convierta en el “recurso del método” para impedir que los países y los pueblos elijan su rumbo.
 
En este período los golpes de Estado y las guerras son y serán moneda corriente.  Si Brasil se empeñó a fondo contra el golpe en Honduras, que con los meses se supo que fue gestado con el apoyo de Washington, ¿podía hacer algo distinto en el caso de Paraguay, país clave para la estabilidad energética y militar de Brasil y del Cono Sur?  El ingreso de Venezuela al Mercosur es una señal dirigida a la Casa Blanca de que la región no quiere seguir siendo patio trasero.
 
Por Raúl Zibechi, periodista uruguayo, es docente e investigador en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor de varios colectivos sociales.
 
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Jueves, 05 Julio 2012 18:28

Un dragón en el patio trasero

Un dragón en el patio trasero
La crisis política en Paraguay y sus repercusiones en la región, desplazaron la visita del primer ministro chino, Wen Jiabao y la renuncia del principal cargo del Mercosur, a un segundo plano de la agenda informativa. China mostró que está dispuesta a jugar fuerte incluso en la principal zona de influencia de Estados Unidos.
 
 
Las polémicas a raíz del golpe en Paraguay, la suspensión del país del Mercosur y el ingreso de Venezuela no consiguen disimular las dificultades del bloque, aquejado por las consecuencias de la crisis mundial y el ascenso de China como potencia global. La alianza está paralizada porque lo que conviene a unos perjudica a los otros.
 
Expresión de las dificultades fue la renuncia del embajador Samuel Pinheiro Guimarães, Alto Representante General del Mercosur, en la reciente cumbre en Mendoza. En su carta-relatorio de despedida traza un lúcido análisis sobre la realidad actual del bloque.
 
Señala que la crisis económica en Europa y Estados Unidos y el ascenso de China generan un enorme flujo de capitales hacia el sur que “erosiona los vínculos comerciales intra-Mercosur que son el principal cimiento del proceso de integración”. La desindustrialización, señala, es una de las peores consecuencias y debe ser enfrentada utilizando los recursos de la exportación de commodities.
 

Expansión gradual

 
En uno de los párrafos más polémicos, Pinheiro asegura que la Unasur “no puede ser la piedra fundamental para la construcción del bloque económico de América del Sur” porque Chile, Colombia y Perú firmaron tratados de libre comercio con Estados Unidos lo que imposibilita la construcción de políticas regionales de promoción del desarrollo.
 
Por eso cree que el bloque regional debe ser formado “a partir de la expansión gradual del Mercosur”, incluyendo a Venezuela, Ecuador, Bolivia, Surinam y Guyana. Los últimos deberán contar con condiciones de ingreso especiales por su bajo nivel de desarrollo y el interés político que tienen para la región.
 
Para avanzar, dice el embajador, el bloque debe aumentar de forma significativa la coordinación política y la cooperación económica. “La característica central del Mercosur son las asimetrías”, que provocan tensiones políticas. Apuesta por una fuerte expansión de los recursos del Fondo para la Convergencia Estructural para favorecer a los más pequeños, que hoy cuenta con apenas 100 millones de dólares anuales.
 
Quizá el momento más luminoso de su carta sea el párrafo 34: “En un mundo multipolar, en crisis, con grandes cambios de poder, no es del interés de ningún bloque o de ninguna gran potencia la constitución o el fortalecimiento de un nuevo bloque de Estados, en especial si son periféricos. Cualquier gran potencia considera más conveniente negociar acuerdos con Estados aislados, en especial si son países subdesarrollados, más débiles económica y políticamente”.
 
Sólo a los miembros del Mercosur les interesa su bloque. Sin embargo, cuando fue creado en 1991 no fue concebido como organismo para apoyar el desarrollo sino como unión aduanera para promover el libre comercio. La propuesta de Pinheiro consiste en que llegue a ser capaz de impulsar un desarrollo regional armonioso y equilibrado, eliminando las asimetrías y construyendo una legislación común de modo gradual.
 
Este viraje es necesario porque las respuestas de los países industrializados a la crisis son “una verdadera suspensión, en al práctica, de los acuerdos de la OMC negociados en la época de hegemonía del pensamiento neoliberal”. Si el Mercosur no da estos pasos, “podrá sobrevivir pero siempre de modo claudicante y no se transformará en un bloque de países capaz de defender y promover sus intereses en este nuevo mundo que surgirá de las crisis que vivimos”. El diagnóstico hecho por uno de los más destacados intelectuales de Brasil apunta que el mundo está ingresando en un período de creciente proteccionismo, de ahí la necesidad de formar bloques con fuerte comercio interior.
 

China se anima

 
Wen Jiabao, primer ministro chino, visitaba la región cuando se producía el golpe en Paraguay. El momento álgido de su visita a Brasil, Uruguay y Argentina, fue la videoconferencia que mantuvo desde Buenos Aires el lunes 25 con Dilma Rousseff, Cristina Fernández y José Mujica.
 
Según la agencia china Xinhua el primer ministro hizo tres propuestas: fortalecer la confianza mutua y la comunicación estratégica con el Mercosur, duplicar el comercio para 2016 llevándolo a 200.000 millones de dólares, además de las inversiones y la cooperación financiera y tecnológica, y fomentar las relaciones bilaterales en el campo de la educación y la cultura (Xinghua, 25 de junio de 2012).
 
La propuesta de Wen Jiabao fue interpretada por sus interlocutores como lo que realmente es: una vasta alianza estratégica que incluye también un tratado de libre comercio China-Mercosur. A destacar que se aprovechó que Paraguay estaba por ser suspendido del Mercosur, ya que no tiene relaciones con China. Dos días después ofreció una importante disertación en la CEPAL, en Santiago de Chile.
 
Su propuesta dirigida a América Latina y el Caribe consiste en “combatir el proteccionismo”, “profundizar la cooperación estratégica” y abrir nuevos mercados con el objetivo de que el intercambio comercial bilateral “supere los 400.000 millones de dólares en el próximo lustro” (Xinghua, 26 de junio de 2012). Propuso la creación de un fondo de cooperación al que China hará un aporte inicial de 5.000 millones de dólares y una línea de crédito de 10.000 millones del Banco de Desarrollo de China para la construcción de infraestructuras.
 
Además propuso una amplia cooperación agrícola y establecer un mecanismo de reserva alimentaria de emergencia de 500 mil toneladas destinado a contingencias naturales y ayuda alimentaria, incluyendo la instalación de centros de investigación y desarrollo en ciencia y tecnología agrícolas.
 
La oferta china luce tentadora en momentos en que el Mercosur atraviesa enormes dificultades. La CEPAL elaboró un documento titulado “Diálogo y cooperación ante los nuevos desafíos globales” donde analiza las posibilidades que se abren a la región ante el ascenso chino. Alicia Bárcenas, secretaria ejecutiva de CEPAL, señaló en el prólogo que la región está ante una oportunidad histórica para dar un salto en infraestructura, innovación y recursos humanos, o sea “traducir la renta de los recursos naturales en formas variadas de capital humano, físico e institucional”.
 
Para dar se salto debe atraer inversión directa de China que le permita diversificar las exportaciones. De los más de 40 apartados que incluye el documento, uno debería ser especialmente atendido por los países de América del Sur: hacia 2030 dos tercios de la población de clase media vivirán en la región Asia-Pacífico frente a sólo el 21 por ciento que lo harán en Europa y América del Norte.
 
En consecuencia, la clase media asiática se transformará en “mercado clave para los alimentos, confecciones de mayor calidad, turismo, fármacos, servicios médicos, retail y artículos de lujo”, lo que permitirá que América Latina diversifique sus exportaciones y les sume valor agregado. Agrega que la internacionalización del renminbi puede beneficiar a la región ya que China se convirtió en su segundo socio comercial.
 

Por una agenda regional

 
Entre las conclusiones se destaca que el ascenso de China permite a la región sudamericana prolongar el ciclo favorable de términos de intercambio que vive desde 2003. “Si no se aprovecha bien el momento, podría acentuarse el proceso de reprimarización exportadora, estableciendo modalidades renovadas del vínculo centro-periferia”.
 
La CEPAL apunta la necesidad de establecer una “agenda regional concertada de prioridades”, que supere las iniciativas unilaterales. O sea, lo decisivo es lo que denomina como el “desafío interno”. En este punto decisivo, el análisis de Samuel Pinheiro y de la CEPAL coinciden plenamente. Sin embargo, la guerra comercial entre los miembros del Mercosur sigue siendo un factor de desestabilización.
 
Las divisiones a menudo escalan de la economía a la política. El ingreso de Venezuela decidido en la cumbre de Mendoza provoca reacciones encontradas. Es el tipo de problemas al que alude Pinheiro: falta de confianza mutua, falta de visión estratégica, predominio de las cuestiones locales por sobre las generales y del corto plazo sobre el largo, incapacidad de comprender los cambios globales. En otras palabras, es el predominio de la “pequeña política”. Lo que está en juego es demasiado importante y no todos parecen comprenderlo.
 

- Raúl Zibechi, periodista uruguayo, es docente e investigador en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor de varios colectivos sociales.
Martes, 22 Mayo 2012 06:42

Gigantes asiáticos negocian TLC

Gigantes asiáticos negocian TLC
Los tres principales exportadores de Asia –China, Japón y Corea del Sur– han acordado empezar negociaciones con vistas a un tratado trilateral de libre comercio (TLC). Ese pacto tendría enormes beneficios potenciales, dado el tamaño y, hasta cierto punto, la complementariedad de las tres economías. Sin embargo, se requerirán prolongadas negociaciones, y entre los muchos obstáculos están los poderosos cabildos proteccionistas en cada país y las recurrentes tensiones geopolíticas en la región.


Las planes de negociar un TLC fueron anunciados luego de una cumbre trilateral el 20 de mayo, en la cual también se firmó un tratado de inversión y compromisos de trabajar de común acuerdo para resolver disputas regionales. En una declaración conjunta, los gobernantes de los tres países describieron un pacto trilateral como medio no sólo de impulsar el comercio, sino de cimentar la integración económica de Asia del este y construir confianza política. Se espera que las pláticas formales comiencen este año.


En principio, un TLC China-Japón-Corea del Sur tendría enorme significado económico. Los tres países son importantes exportadores mundiales y su peso combinado podría rivalizar con el de la Unión Europea y el TLC de América del Norte. Según datos del FMI, el comercio entre los tres países, medido por exportaciones totales, sumó 745 mil mdd en 2011, contra 163 mil mdd en 2001. El valor total de esta medida de comercio trilateral se ha expandido en un promedio de 17% anual en la década pasada.


La rápida tasa de crecimiento refleja en parte el desarrollo de cadenas regionales de suministro en productos que terminan en los mercados occidentales. Sin embargo, exportadores de China, Japón y Corea del sur también se benefician de la creciente demanda final de sus mercados vecinos. Contra este trasfondo, no es sorpresa que las principales economías exportadoras de Asia buscan comerciar más entre sí en momentos en que las crisis fiscales y el lento crecimiento proyectan una sombra sobre las perspectivas de la demanda en EU y Europa.


Pese al impacto potencial del TLC China-Japón-Corea del Sur, existen varios motivos de cautela. Primero, las negociaciones serán sin duda prolongadas y contenciosas. El precedente histórico sugiere que negociar acuerdos de comercio bilaterales puede llevar años, y en este caso la necesidad de conversaciones tripartitas conlleva dificultades adicionales. Se han necesitado años tan sólo para que los tres países accedieran a comenzar negociaciones.


Intereses proteccionistas arraigados en cada país representarán un obstáculo formidable. Por ejemplo, no es probable que China haga concesiones que amenacen la capacidad del Estado de controlar las industrias estratégicas, y productores agrícolas de Japón y Corea del Sur tienen el poder político para defender las extensas barreras comerciales que los protegen. Enfrentados a tales desafíos, los negociadores comerciales de los tres países podrían optar por suavizar las pláticas excluyendo sectores especialmente delicados, lo cual limitará la importancia económica del acuerdo resultante. Como caso relevante, China ha concluido con rapidez una serie de TLC en años anteriores, pero varios de esos pactos son relativamente estrechos y carecen de mecanismos rigurosos de aplicación.


Una advertencia final es que las tensiones geopolíticas subyacentes pueden complicar las cosas. Si bien los tres países prometen de rutina expandir la cooperación y resolver en paz sus diferencias, las relaciones diplomáticas se tensan con frecuencia debido a la animosidad histórica y las disputas territoriales. También, Japón estará ansioso por tranquilizar al principal garante de su seguridad, EU, de que un TLC con China no socavará las perspectivas de la sociedad transpacífica, acuerdo de comercio propuesto que Washington apoya pero al que no es probable que China se adhiera.


En suma, un pacto comercial China-Japón-Corea del Sur sin duda acercaría a los tres países, pero las posibilidades de que un acuerdo de largo alcance se concluya en breve plazo parecen tenues.


Traducción de texto: Jorge Anaya

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TLC inmodificable, inicuo e indefinido

¿Cuántos ciudadanos conocen de verdad el TLC con Estados Unidos? ¿Cuántos saben que tiene 23 capítulos, miles de cláusulas, cartas adjuntas, archivos anexos, entendimientos sobre salud pública, medio ambiente, patentes, biodiversidad y servicios financieros, entre otros? ¿Cuánto se ignora de los 400 temas que comprende y de las instituciones que establece, por encima de las nacionales, para regirlos?
 

El desconocimiento no es culpa del ciudadano común. Tres gobiernos sucesivos se han encargado de ocultar los impactos que tiene este TLC con Estados Unidos, la madre de todos los demás, y se han limitado a decir como Uribe: “Da acceso a los productos colombianos al mercado más grande del mundo”.O como Santos: “Creará 500 mil empleos”. O como Andrés Felipe Arias: “Permite cambiar uchuvas por trigo”. O el mentiroso: “Vendrán productos más baratos”.
 

El TLC implica mucho más que estas frases engañosas. Leyes injustas como la 100, la 142 o los regímenes de inversión extranjera o de regalías no podrán modificarse si con ello fueran perjudicados los planes de negocios de los inversionistas norteamericanos. Los TLC blindan el neoliberalismo y le dan estabilidad jurídica al inscribirse en el bloque de constitucionalidad de tratados internacionales, protegidos del Ejecutivo y del Legislativo. Al definir como inversión, empresas, acciones, bonos, créditos y préstamos, operaciones bursátiles, contratos, propiedad intelectual y bienes tangibles e intangibles, los intereses norteamericanos se vuelven intocables, a no ser para otorgarles más ventajas.
 

Se dice que el TLC impone obligaciones iguales a las dos partes. Así es, pero se trata de socios completamente desiguales: el PIB de Estados Unidos es treinta veces mayor que el de Colombia, y no hay trato diferencial para el débil. La teoría de la convergencia, por la cual en una zona económica común entre economías diferentes la más atrasada se acerca a la de mayor nivel de desarrollo, está rebatida; la actual crisis europea, con los casos de Grecia y España, es la más reciente refutación a dicho aserto.
 

Esto se ratifica luego de décadas de globalización: los países de ingreso medio han decaído en el Índice de Desarrollo Humano de 0,673, a 0,63 -de 1998 a 2011-, mientras, los de ingreso muy alto, hoy día, están en niveles de 0,9, y, los de ingreso bajo, apenas superan 0,45, según el PNUD.
 

El TLC se firmó sin límite. La cláusula 23.4 prescribe que “cualquiera de las partes podrá poner término a este Acuerdo”. Es indispensable un gobierno nacionalista que al menos intente renegociarlo en un plano donde la iniquidad manifiesta se logre reversar, iniquidad todavía más severa en cuanto que la superpotencia usará el TLC para verter sus excedentes, causantes de la crisis de superproducción que atraviesa, sobre la contraparte colombiana.


Por Aurelio Suárez Montoya, Bogotá, mayo 14 de 2012
 

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El trabajo: otra ventaja más de Estados Unidos en el TLC
Hace algunos días, en un debate sobre TLC en la Universidad de los Andes, un profesor de economía defendía el comercio como variable principal en el desarrollo de los países. Le atribuía dones mágicos para reducir pobreza, desempleo y desigualdad e incrementar el PIB. Abrazaba, dos siglos después, el teorema de la ventaja comparativa de David Ricardo por el cual, al perseguir cada país su provecho, se conquista el bienestar universal.


Pasaba sobre las realidades del comercio actual, un comercio administrado, lejos de ser libre. Omitía el papel que juegan los subsidios estatales de las potencias a sus industrias y agriculturas para exportar mercancías a precios por debajo del costo de producirlas; tampoco reparaba en las barreras no arancelarias, como normas sanitarias, cuotas y trabas aduaneras diversas; ni mencionaba la tasa de cambio, arma clave en las guerras comerciales, tal como Estados Unidos la utiliza actualmente, obviando que dichos instrumentos están al orden del día cuando la crisis global llama al proteccionismo.


Sin embargo, resultó inadmisible que olvidara el arma comercial básica del siglo XXI: el factor trabajo. La globalización neoliberal se fundamentó en la competencia entre los mercados laborales del mundo y, aunque existe opinión generalizada de que su abaratamiento sólo es propio de países pobres, lo determinante para competir es la relación entre el salario y la productividad de la fuerza ocupada en cada país.


Cuando se mira la evolución de estos términos en Estados Unidos y Corea del Sur, nuestros próximos “socios comerciales”, las cifras son amenazantes. De 19 países analizados, entre 2002 y 2010, Estados Unidos rebajó su índice de costo laboral de 100 puntos a 89,2 mientras la productividad la aumentó de 100 a 149. En cuanto a Corea, el costo, en el mismo lapso, subió de 100 a 117 y la productividad pasó de 100 a 170. Cuando se comparan, son, junto con República Checa y Taiwán, los de mayor eficiencia del trabajo.


En el caso norteamericano, el “infierno laboral” vigente dista del “sueño americano” de otrora. En el periodo estudiado, pasó de tener 8,3 millones de desempleados a 14,8 millones y de los 139 millones de empleos actuales, 26 son de tiempo parcial. Han ratificado apenas 2 de los 7 convenios principales de la OIT, no se compromete con el derecho a la organización sindical, ni con el de negociación colectiva, ni con el de la no discriminación salarial por género en el empleo, entre otros. No hay margen para creer que en ese marco en Colombia brotarán por encanto 500 mil empleos con el TLC. ¡Quién creyera, Estados Unidos también tiene ventaja absoluta en el factor trabajo!


Por Aurelio Suárez Montoya, Bogotá, mayo 7 de 2012

 


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Lunes, 07 Mayo 2012 16:13

Bandera a media asta








La política exterior del uribismo. Enajenación, aislamiento y servidumbre

Edición 156, 2009

El TLC en el Congreso de los Estados Unidos
Edición 133, 2008

La Corte y el TLC: inversión de los derechos
Edición 131, 2008

Costa Rica en referendo. TLC
Edición 127, 2007

TLC y telecomunicaciones. Colombia - Estados Unidos
Edición 123, 2007

Avanza devastador proceso privatizador y social. Colombia-Tlc-Iirsa
Edición 123, 2007

Crónica de una posible y no anunciada muerte. El Tlc con Estados Unidos
Edición 121, 2007

¿América para los americanos? Colombia, Iirsa, Tlc, Plan Puebla Panamá
Edición 119, 2007

El pacto de la tortilla. México y el Tclan
Edición 119, 2007

Negocio de lesa patria. TLC, Estados Unidos – Colombia
Edición 118, 2006

Marcha la dignidad. Tlc Ecuador
Edición 111, 2006

Tres graves pifias. Tratado de Libre Comercio
Edición 111, 2006

¡Está desnudo! El Tratado de Libre Comercio
Edición 110, 2006

Los campesinos se resisten a ser desplazados por el TLC. Colombia
Edición 105, 2005

Porque decir no a las patentes sobre plantas y animales
Edición 99, 2005

Lección de democracia y organización para Colombia. Cauca: Consulta indígena y popular rechaza al Tlc
Edición 99, 2005

Consulta Popular ante el TLC
Edición 98, 2005

“Exportando libertad” e importando esclavitud. Trade Promotion Authority TPA
Edición 98, 2005

TLC Estados Unidos - Colombia:. La salud en la mira de las multinacionales
Edición 96,

Tratados de Libre Contaminación. Normas ambientales en el TLC
Edición 93, 2004

El TLC ¿Cuáles beneficios? A manera de constancia
Edición 92, 2004

Atlanta, malos presagios. Tratado de Libre Comercio, segunda ronda
Edición 91, 2004

Colombia, salto al vacío. Estados Unidos - Alca:
Edición 90, 2004

Los tropiezos del libre comercio
Edición 89, 2004

La defensa del arroz y la Jornada Andina contra el TLC
Edición 89, 2004

La lucha contra el Alca y los Tratados Bilaterales se adoptó como primer punto de cualquier agenda de resistencia social
Edición 88, 2004

TLC y soberanía nacional. Un continente en resistencia
Edición 88, 2004
Sábado, 14 Abril 2012 07:58

La Cumbre de las guayaberas

La Cumbre de las guayaberas
Obama, el primer Presidente negro de Estados Unidos -sin dudas inteligente, bien instruido y buen comunicador-, hizo pensar a no poca gente que era un émulo de Abraham Lincoln y Martin Luther King.

Hace cinco siglos una Bula Papal, aplicando conceptos de la época, asignó alrededor de 40 millones de kilómetros cuadrados de tierra, aguas interiores y costas a dos pequeños y belicosos reinos de la península Ibérica.

Ingleses, franceses, holandeses y otros importantes Estados feudales fueron excluidos del reparto. Interminables guerras no tardaron en desatarse, millones de africanos fueron convertidos en esclavos a lo largo de cuatro siglos y las culturas autóctonas, algunas de ellas más avanzadas que las de la propia Europa, fueron deshechas.

Hace 64 años fue creada la repudiable OEA. No es posible pasar por alto el grotesco papel de esa institución. Un elevado número de personas, que tal vez sumen cientos de miles, fueron secuestradas, torturadas y desaparecidas como consecuencia de sus acuerdos para justificar el golpe contra las reformas de Jacobo Árbenz, organizado por la Agencia Central de Inteligencia yanki. Centroamérica y el Caribe, incluida la pequeña isla de Granada, fueron víctima de la furia intervencionista de Estados Unidos a través de la OEA.

Más grave todavía fue su nefasto papel en el ámbito de Suramérica.

El neoliberalismo, como doctrina oficial del imperialismo, cobró inusitada fuerza en la década del 70 cuando el Gobierno de Richard Nixon decidió frustrar el triunfo electoral de Salvador Allende en Chile. Una etapa verdaderamente siniestra en la historia de América Latina se iniciaba. Dos altos jefes de las Fuerzas Armadas chilenas, leales a la Constitución, fueron asesinados y Augusto Pinochet impuesto en la jefatura del Estado, tras una represión sin precedentes en la que numerosas personas seleccionadas fueron torturadas, asesinadas y desaparecidas.

La Constitución de Uruguay, un país que se había mantenido durante muchos años en el marco de la institucionalidad, fue barrida.

Los golpes militares y la represión se extendieron a casi todos los países vecinos. La línea de transporte aéreo cubana fue objeto de brutales sabotajes. Un avión fue destruido en pleno vuelo con todos sus pasajeros. Reagan liberó al autor más importante del monstruoso crimen de una prisión en Venezuela, y lo envió a El Salvador a organizar el intercambio de drogas por dinero para la guerra sucia contra Nicaragua, que costó decenas de miles de muertos y mutilados.

Bush padre y Bush hijo, protegieron y exoneraron de culpa a los implicados en estos crímenes. Sería interminable la lista de fechorías y actos terroristas cometidos contra las actividades económicas de Cuba a lo largo de medio siglo.

Hoy, viernes 13, escuché valientes palabras pronunciadas por varios de los oradores que intervinieron en la reunión de cancilleres de la llamada Cumbre de Cartagena. El tema de los derechos soberanos de Argentina sobre las Malvinas -cuya economía es brutalmente golpeada al privarla de los valiosos recursos energéticos y marítimos de esas islas-, fue abordado con firmeza. El canciller venezolano Nicolás Maduro, al finalizar la reunión de hoy, declaró con profunda ironía que “del Consenso de Washington se pasó al Consenso sin Washington”.

Ahora tenemos la Cumbre de las guayaberas. El río Yayabo y su nombre indio, totalmente reivindicado, pasarán a la historia.

Fidel Castro Ruz

Abril 13 de 2012

9 y 40 p.m.
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Una Dilma más fuerte visitó la Casa Blanca

Dilma Rousseff ya no trastabilla. En marzo del año pasado, cuando recibió a Barack Obama en Brasilia, Dilma, con apenas tres meses en el gobierno, caminaba insegura sobre sus recién estrenados zapatos rojos de taco alto por las escalinatas resbaladizas del Palacio del Planalto. Debutaba, balbuceante, en la alta política mundial ante la mirada de un Washington ávido de aliados de porte en Sudamérica, donde sólo cuenta con la subordinación armada de Colombia y la adhesión librecambista de Chile.
 

Ayer, en el Salón Oval, Dilma se movió con paso más seguro, como el de alguien que representa a la “sexta economía” mundial y busca establecer una relación de “igual a igual” con la principal potencia mundial, según dijo al desembarcar en Washington el domingo.
 

Con voz segura y monocorde, la presidenta sostuvo que la bancarrota económica mundial es consecuencia de la inundación de dólares y euros estimulada por los países desarrollados, reiterando las mismas tesis expuestas hace una semana en la cumbre de los Brics celebrada en la India y un mes atrás frente a la inmutable Angela Merkel, durante una visita a Alemania. “Estas políticas monetarias llevan a la devaluación de las monedas de los países desarrollados, comprometiendo el crecimiento de los países emergentes.”
 

Dilma no utilizó la expresión “tsunami monetario”, referida en Nueva Delhi, pero culpó a la guerra cambiaria por la “inestabilidad, el bajo crecimiento y el desempleo que afecta a varias regiones del mundo”.
 

Hablando por momentos como portavoz de los países latinoamericanos, que a fines de esta semana participarán en la Cumbre de las Américas en Cartagena de Indias, dijo que allí quedará plasmado el “hecho de que América latina es un continente que viene creciendo, distribuyendo renta y realizando un proceso de inclusión social”. “Vamos a discutir cómo la integración trae beneficios de América latina”, porque “el crecimiento económico ocurrirá (como consecuencia) del fortalecimiento de nuestros mercados internos con la inclusión de millones de brasileños y latinoamericanos”.
 

En sus casi 15 minutos de alocución ante un Obama atento, Dilma no abordó de forma explícita la situación de Cuba, acaso para evitar incomodar a un anfitrión que la recibió “fraternalmente”, pero el asunto fue mencionado por los miembros de su comitiva en sus diálogos informales ante reporteros.
 

En esas conversaciones informales, la delegación brasileña sostuvo que la isla, visitada en enero por Rousseff, debe ser convidada al cónclave del cual participan 34 países del hemisferio. Aún se especula, pero sin la insistencia de hace semanas, que Washington y Brasilia lanzarán en Cartagena una alianza por el medio ambiente, tal vez en el área de energías renovables, como antesala de la Cumbre Río+20, de junio, a la que Obama fue invitado ayer formalmente.
 

Obama habló no más de cinco minutos, concentrándose en el interés norteamericano en las gigantescas reservas de “gas y petróleo” descubiertas en el litoral brasileño y en la búsqueda de consenso sobre temas globales como Medio Oriente, punto eludido por la brasileña, que en otros foros mundiales rechazó una ofensiva militar contra Siria y cuestionó el in crescendo de las presiones sobre Irán.
 

Como en toda relación de Estado, sus líderes corporizan la balanza de poder entre ellos, modificada en la última década del Partido de los Trabajadores en el poder. Entre enero de 2003 –cuando Luiz Inácio Lula da Silva subió la rampa del Planalto– y marzo de 2012, los cambios fueron drásticos: Estados Unidos, que representaba el 25 por ciento del comercio exterior brasileño, retrocedió al 12,5 por ciento y ya no detenta la corona de principal socio comercial de Brasil, lugar que desde hace dos años ocupa China, cuyas transacciones con Brasilia superan en unos 17 mil millones de dólares a las de Washington.
 

La agenda de defensa fue abordada lateralmente, dejando casi archivada una alianza militar estratégica: como corresponde a dos países que disputan la supremacía continental.
 

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Viernes, 06 Abril 2012 06:47

Obesidad, regalo del TLCAN a México

Obesidad, regalo del TLCAN a México

Nueva York, 5 de abril. Estados Unidos exporta una epidemia de obesidad a México aplicando políticas comerciales y empresariales previstas en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que han transformado el sistema alimentario mexicano en reflejo de su vecino del norte, concluye una investigación divulgada hoy.
 

La investigación, publicada en el Journal of Occupational and Environmental Health (Revista de Salud Ocupacional y Ambiental), señala que el incremento de obesidad y sobrepeso en México –12 por ciento entre 2000 y 2006– coincide con la aplicación del tratado. Durante ese lapso se incrementó en el país el consumo de productos procesados, bebidas gaseosas y otros alimentos con altos niveles de grasa y azúcar, mientras cada vez más empresas estadunidenses aumentaron su presencia en toda la gama de producción y procesamiento, así como en restaurantes y en la venta de comida con la cual transformaron el “ambiente de alimento” y con ello provocaron un incremento en las tasas de obesidad.
 

“Mientras el panorama alimentario en México se asemeja al de Estados Unidos, con más refrescos, carnes procesadas y botanas con altos niveles de grasa y dulcificantes, no resulta sorpresivo que la lucha contra la obesidad en México y sus factores de riesgo –diabetes, derrames cerebrales y enfermedades cardiacas– también se haya americanizado”, comentó el doctor David Wallinga, uno de los responsables del análisis presentado hoy, y director del programa del Instituto de Políticas de Agricultura y Comercio (IATP, por sus siglas en inglés).
 

Karen Hansen-Kuhn, otra integrante del equipo y también encargada del programa de IATP, afirmó que es la primera vez que se evalúa el impacto del tratado comercial y de inversión sobre la salud pública. Subrayó que es necesario que en las negociaciones de tratados comerciales subsecuentes se consideren costos potenciales sobre la salud de cada país.
 

La investigación abarca los cambios en el “ambiente alimentario” generados por la creciente industrialización y globalización de la agricultura, en cuanto a producción, oferta y promoción de alimentos en el punto de venta.
 

La globalización de la agricultura ha tenido gran impacto en las dietas y la nutrición de las poblaciones, sobre todo en los países en desarrollo, donde la producción rural se ha visto afectada por la presencia creciente de empresas de alimentos y producción agraria trasnacionales. Eso implica nuevas pautas de consumo, la llamada “transición nutricional”, que se caracteriza “por una prevalencia de insumo calórico excesivo”.
 

En el caso de México, la investigación señala que el país ha enfrentado un incremento en la obesidad y el sobrepeso a lo largo del último cuarto de siglo, precisamente en el periodo en el que se ha aplicado el TLCAN.


En torno al tratado, aun antes de su puesta en marcha, México reformó leyes y aceptó anular protecciones para su sector agrario, y aceptó en el TLCAN el desmantelamiento de las barreras a importaciones de alimentos básicos y se abrió a la inversión extranjera toda la gama del sector de alimentos.
 

“Al cambiar de manera dramática el carácter de la agricultura mexicana, también cambiaron las pautas de consumo. Las dietas mexicanas giraron de alimentos básicos tradicionales hacia alimentos densos en energía y procesados y alimentos provenientes de animales, los cuales tienden a ser más altos en grasas y dulcificantes adicionales. De hecho, entre 1988 y 1999 –el periodo en que se negoció, firmó y se puso en marcha el TLCAN– la energía diaria promedio obtenida de grasas en México se incrementó de 23.5 por ciento a 30.3 (un aumento de 28.9 por ciento)”, según la investigación. A la vez, también se elevó 6.3 por ciento el insumo de carbohidratos refinadosy el consumo de refrescos también subió 37.2 por ciento.
 

Mientras México es cada vez más dependiente de Estados Unidos en alimentos básicos como maíz y soya –la exportación de maíz de EU a México se ha casi cuadruplicado desde la aprobación del TLCAN–, también se eleva el consumo de productos estadunidenses como azúcar y otros dulcificantes, carnes y alimentos procesados. Estados Unidos controla 98 por ciento del mercado de importaciones de productos “listos para comer” y otros procesados, o sea, el de botanas procesadas. Pero no es sólo comercio, sino también inversión lo que ha cambiado el mercado mexicano.
 

El informe registra los enormes incrementos en inversión directa estadunidense en el sector alimentario mexicano.
 

México es el tercer receptor de inversión directa estadunidense en las industrias de alimentos procesados y bebidas. La inversión también se manifiesta en el sector de “comida rápida”, en el que McDonald’s opera hoy más de 500 puntos de venta en 57 ciudades mexicanas, después de abrir su primer restaurante en 1985. México es el mercado regional más grande de Yum! Brand (dueña de KFC, Pizza Hut, Taco Bell y Long John Silver).
 

Otro sector significativo es el de venta de productos alimenticios, en el que el número de tiendas Wal-Mart creció de 114 a 561 entre 1993 y el 2001, y para 2005 Wal-Mart controlaba 20 por ciento del sector de menudeo de alimentos en México.
 

“México ha experimentado cambios significativos en su pauta de consumo de alimento a lo largo de las pasadas dos décadas, seguido por una creciente epidemia de obesidad tanto en menores de edad y como en adultos.
 

“Mexicanos, ricos y pobres, y de diversas regiones geográficas, consumen más grasas agregadas y azúcar, botanas procesadas, refrescos y productos lácteos y de carnes procesados. Su salud sufre en el proceso”, afirma el resumen de la investigación.
 

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La llamada Cumbre de las Américas (CA) fue una iniciativa del gobierno de William Clinton para imponer a América Latina el Alca, agresivo instrumento de recolonización económica, política y cultural, concebido durante el gobierno de George H. Bush. Recién comenzaba a aplicarse en México(1994) con el nombre de TLCAN.
 

Señal del cambio de época –como lo llama el presidente ecuatoriano Rafael Correa–, el Alca fue derrotado en la CA celebrada en 2005 en Mar del Plata, hecho trascendental para impedir la anexión de América Latina. Ello se debió a las grandes movilizaciones populares contra las políticas neoliberales, encarnadas en la decisión de los presidentes Néstor Kirchner, Hugo Chávez y Lula da Silva. Emergía una nueva situación de independencia, unidad e integración regional con mecanismos como la Alba, Unasur y más recientemente la Celac, y un rechazo creciente a las inhumanas políticas de libre mercado.
 

En este contexto y volviendo a Correa, en una muy cordial carta dirigida el 2 de abril a su homólogo de Colombia Juan Manuel Santos, el ecuatoriano expone las razones por las que después de reflexionar mucho ha llegado a la decisión de no asistir a las Cumbres de las Américas “hasta que se tomen las decisiones que la Patria Grande nos exige”. En obvia alusión a la ausencia de Cuba puntualiza que “no puede denominarse ‘Cumbre de las Américas’ a una reunión de la cual un país americano es intencional e injustificadamente relegado”. Se ha hablado –añade– de “falta de consenso”, pero todos sabemos que se trata del veto de países hegemónicos, situación intolerable en nuestra América del Siglo XXI. Los países hegemónicos a que se refiere Correa no son otros que Estados Unidos y Canadá, pues ninguna nación de América Latina o el Caribe se opone a la presencia de Cuba en el ámbito hemisférico, como lo demuestra su elección para presidir el próximo periodo de la Celac o la reunión de la OEA en Honduras, donde se acordó derogar el injusto e inmoral acuerdo que la excluía. Fue una reparación moral y legal pues a La Habana no le interesa regresar a la OEA a causa de su infame trayectoria como valedora de las dictaduras militares y las agresiones y ocupaciones imperialistas en nuestra América.


Correa añade que es inaceptable soslayar en estas cumbres temas como el inhumano bloqueo a Cuba, así como la aberrante colonización de las Islas Malvinas, los cuales han merecido el rechazo casi unánime de las naciones del mundo.
 

Cabe recordar que el presidente ecuatoriano propuso en la 11 Cumbre de la Alba (Caracas, 4 y 5 de febrero) que los países del mecanismo no asistieran a la reunión de Cartagena de Indias si Cuba no era invitada. No obstante que la cumbre no tomó una decisión final sobre la asistencia de los miembros, Chávez concordó con Correa en que si Cuba no era invitada se considerara su propuesta y sugirió consultar al mandatario colombiano Juan Manuel Santos en su condición de anfitrión. Santos declaró que no dependía de él y que debía buscar “el consenso”. No había terminado de decirlo y ya un vocero del Departamento de Estado afirmaba que Cuba “no calificaba” para asistir. Cuba no hubiera pedido nunca asistir a la CA puntualizó el presidente Raúl Castro en la cumbre de Caracas, pero otra cosa era ante una invitación del país anfitrión. Por eso, preguntado en La Habana por la canciller colombiana María Ángela Holguín sobre el interés cubano en participar su respuesta fue afirmativa. El posterior viaje de Santos a la isla –que no gustó nada al imperio– para explicar que no había logrado el “consenso” puede apreciarse como un gesto amistoso pero que en modo alguno modificaría la decisión de excluir a Cuba ya tomada por Washington.
 

En la reunión de Cartagena no sólo exigirán la asistencia en lo adelante de Cuba a las CA los miembros de la Alba que concurran. También lo harán Argentina, Brasil, Perú, los miembros del Caricom y la propia Colombia como ha prometido Santos. De la misma manera que en concordancia con lo acordado en la reunión fundacional de Celac (Caracas, diciembre de 2011) se demandará a Obama el levantamiento del criminal bloqueo. El mandatario estadunidense asiste a esta cumbre sin haber cumplido con su promesa en la anterior (2009) de un “cambio” en la política estadunidense hacia América Latina y el Caribe, de modo que estará a la defensiva desde el principio. Sospecho que esta será la última Cumbre “de las Américas.”
 

P.D. Las Malvinas son Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
 

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