Lunes, 17 Diciembre 2018 05:53

La mala salud de hierro de Bolivia

La mala salud de hierro de Bolivia

El notable crecimiento del país andino lleva la contraria a los expertos que hablan de un modelo económico insostenible

Cada año los técnicos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial que trabajan con las cifras bolivianas concluyen que “la economía está bien, pero no es sostenible a medio plazo”. Un ejercicio después se repite la misma historia: “La economía sigue bien, pero es insostenible a mediano plazo”. Así ha ocurrido durante mucho tiempo. Cada facción de economistas bolivianos — en función de si son más o menos próximos a las tesis del Gobierno de Evo Morales— se aferra a una u otra parte de la sentencia, pero lo cierto es que el país andino lleva casi una década creciendo por encima del 4% todos los años, ritmo que el propio FMI reconoce que se mantendrá también este año y el próximo.


“La economía boliviana sigue gozando de buena salud, pese al contexto adverso. El tirón de la demanda interna ha logrado reducir la pobreza y las desigualdades”, dice Luis Arce, ministro de Economía desde el inicio del mandato de Evo Morales, en 2006, hasta mediados del año pasado, y considerado el principal artífice de este buen comportamiento. Para Arce el secreto del “milagro boliviano” no es otro que el modelo económico, que contrasta con el “neoliberal” que aplican los otros gobiernos sudamericanos.


El patrón económico local considera la existencia de dos sectores: uno “generador de excedentes”, conformado por las industrias petrolera, minera y eléctrica, y otro “generador de ingresos y empleos”, integrado por las industrias manufacturera, agropecuaria, la de construcción o la turística. El modelo se basa en la toma del primer sector por parte del Estado, que así se convierte en el principal actor de la economía, y la posterior transferencia de los excedentes al segundo grupo por la vía del gasto público y la redistribución económica, es decir, de la ampliación de la demanda.


Gracias al boom de ingresos entre 2006 y 2014, mayoritariamente gracias a la venta de materias primas, muchos de ellos canalizados hacia el mercado interno, aumentó el consumo y las actividades destinadas a satisfacerlo. También el bienestar social, una variable a tener muy en cuenta en el país con menor renta per cápita de América Latina, tres veces menos que México y casi cuatro menos que Chile. La extrema pobreza —personas con ingresos inferiores a dos dólares diarios— cayó del 38% a 18%, y hoy es de solo el 10% en las ciudades. Tras una década con el quinto mayor crecimiento económico de América Latina, Bolivia se ha convertido en un país de ingresos medios: “Solo” el 30% de su población gana menos de cuatro dólares por día.


Este dinamismo también convirtió a las principales industrias de cerveza, gaseosa, cemento y telecomunicaciones en empresas más grandes, mayoritariamente en manos de grupos extranjeros. E impulsó a los bancos nacionales, cuyos activos se multiplicaron por 3,6 entre 2008 y 2017 y cuyos beneficios casi se triplicaron en el mismo periodo. Arce añade que, a cambio, los grandes actores del sector financiero tuvieron que hacer abundante el crédito productivo, al que el Gobierno ha fijado una cuota obligatoria; si en 2005 este ascendía a 1.100 millones de dólares, hoy supera los 10.000.


Puntos débiles


Pero no todo es positivo en Bolivia. El economista Napoleón Pacheco incide en que la economía local atraviesa ahora una fase de menor crecimiento por la caída del precio internacional de las materias primas. “En la medida en que esto pasa, vuelven los viejos males, alejados por la prosperidad anterior: déficit fiscal y déficit en cuentas externas, con efectos en el corto plazo, como un mayor endeudamiento y el aumento del crédito interno del Banco Central al Estado para financiar la inversión pública”. Este aumento del crédito interno no se convierte en inflación porque se respalda con las reservas de divisas extranjeras y “porque en parte se va afuera, por medio de las importaciones de bienes”, agrega. Ambos procesos deterioran el nivel de las reservas internacionales, que cayeron de 15.000 a 8.400 millones de dólares en los últimos tres años.


Las importaciones pasaron del 20% al 30% del PIB entre el comienzo de la bonanza económica (2004) y los mejores años de esta etapa (2011-2014). Hoy están a mitad de camino: en el 24%. La prevalencia de las compras en el exterior llevó a varios economistas a diagnosticar un principio de “enfermedad holandesa” en Bolivia: un súbito aumento de la capacidad de compra que los productores locales no se hallan en la capacidad de aprovechar. Solo se libran las ramas que no compiten con las importaciones, como la construcción —que en el país sudamericano alcanza tasas de crecimiento del 10% anual—. Otro síntoma de este mal, que toma su nombre de la destrucción del sector manufacturero de Países Bajos tras el descubrimiento de enormes yacimientos de gas en el mar del Norte a mediados del siglo pasado, es la apreciación de la moneda. Es el resultado de la entrada de una gran cantidad de dólares y de la supresión, desde 2011, de las microdevaluaciones que se realizaban para ajustar la relación entre la moneda local, el boliviano, y las divisas de los países vecinos, con los que más comercia.


El Gobierno de Morales no quiere devaluar su moneda ni un centavo para defender la “bolivianización” de las finanzas nacionales —una de sus banderas económicas— y para desalentar la fuga de capitales en un contexto internacional de alza del dólar. Para Juan Antonio Morales, presidente del banco central en la década de los noventa, la falta de flexibilidad del tipo de cambio es el peor error de política monetaria del Ejecutivo. “Desacostumbró a la población”, dice, “a ver cambios en el valor del dinero”, una variable que flota libremente en los grandes países de la región. Sin embargo, devaluar puede tornarse inevitable si el déficit comercial pone en jaque las reservas de divisa extranjera, clave para una economía en vías de desarrollo.


Arce señala que los economistas “neoliberales” son “anticuados” y no entienden que la economía boliviana ya no vive del comercio exterior, sino de la inversión y el consumo internos. El Gobierno alimenta la demanda interna con incrementos constantes de salarios y un alto nivel de gasto público (la tercera parte del PIB). Esta estrategia, insiste Pacheco, pasa por enfrentar el déficit comercial creando simultáneamente un déficit fiscal “gemelo” (que desde 2015 ha sido de un 7% del PIB). El economista Gonzalo Chávez la califica como una “huida hacia adelante”.


Baja deuda exterior


Los críticos con el modelo económico de Evo Morales creen que es insostenible seguir cebando la demanda interna sin incurrir en elevados déficits ni alimentar el fantasma inflacionistas. Sin embargo, el Gobierno tiene todavía un amplio espacio para mantener el dinamismo de la demanda interna, ya que debe al extranjero menos de 9.500 millones de dólares, apenas el 25% del PIB. Es una cifra bastante menor a la muchos países vecinos. Claroscuros de una economía, todavía, en expansión.

Por Fernando Molina
La Paz 15 DIC 2018 - 18:06 COT

Publicado enInternacional
Altria, fabricante de los cigarrillos Malboro, se lanza al mercado de la mariguana

Nueva York. La compañía Altria, fabricante de los cigarrillos Marlboro y una de las compañías tabacaleras más grandes del mundo, se lanzó al mercado del cannabis con una inversión de mil 800 millones de dólares en Cronos Group, una empresa canadiense de mariguana medicinal y recreativa.


Esta inversión representa una nueva y emocionante oportunidad de crecimiento para Altria, comentó el presidente ejecutivo de la compañía, Howard Willard, en un comunicado publicado ayer al anunciar el acuerdo.


La firma tabacalera con sede en Richmond, Virginia, adquirió una participación de 45 por ciento en Cronos y agregó que pagará otros mil 400 millones de dólares por garantías que, de ser ejercidas, le darían a Altria una participación mayoritaria de 55 por ciento de la propiedad.


Eso significaría que la inversión de Altria estaría en el mismo nivel que los 4 mil millones de dólares gastados a principios de este año por Constellation Brands para adquirir acciones de Canopy Growth Corp, otro productor canadiense de mariguana.


La inversión realizada en agosto por Constellation, que fabrica Corona y otras bebidas, fue la mayor hasta la fecha por una corporación estadunidense importante en el mercado de cannabis.


La inversión de Altria ha animado a las empresas de cannabis que han empezado a establecerse en Canadá, donde las actividades relacionadas con la hierba han estado en auge, luego que desde el 17 de octubre de 2018 el país se convirtió en el segundo, después de Uruguay, en legalizar el consumo.


Cronos Group es una empresa con presencia en los cinco continentes que opera en el mercado de Canadá con productos relacionados con el uso recreativo del cannabis para adultos.
Se espera que el rápido crecimiento del mercado de cannabis continúe a medida que se extiende la legalización en Estados Unidos y cambian las normas sociales. El martes, el ultraconservador estado de Utah se convirtió en el sitio más reciente en legalizar el uso de la mariguana con fines médicos.


Arcview Market Research, una empresa de inversiones centrada en el cannabis, prevé que los consumidores gasten 57 mil millones de dólares al año en mariguana legal para 2027. En América del Norte, se espera que ese gasto aumente de 9 mil 200 millones de dólares en 2017 a 47 mil 300 millones en 2027.

Publicado enInternacional
“Los algoritmos lo único que hacen es forzar a ver más de lo que nos gusta”, señala Fros Campelo, investigador de los procesos cerebrales.

El consumo de series en modo maratónico acabó definitivamente con el “tiempo en blanco” que imponía el modelo tradicional. Todas las empresas ponen juego estrategias psicológicas que tienen como fin la permanencia el mayor tiempo posible de los usuarios en sus redes.


“No pasés tanto tiempo frente al televisor que te va a hacer mal”. Todo niño escuchó alguna vez esa advertencia –palabras más, palabras menos– saliendo de la boca de alguna madre, tía o abuela. Aquella militancia anti tele se fundaba más en razones instintivas, mitos y fantasmas epocales que en argumentos científicos. Ese aviso –que a los oídos infantiles sonaba más a reprimenda que a alarma– podría tranquilamente parafrasearse en la actualidad, ante la enorme exposición a las pantallas en la que se encuentra el ciudadano tecnologizado del siglo XXI. En plena era dorada de las series, en una época en la que el consumo maratónico marca la supremacía del Ello freudiano, la frase de antaño de los adultos responsables se resignifica, generando nuevos interrogantes. ¿Es posible que la era digital esté moldeando

un nuevo “cerebro vidente”? ¿Cómo afecta el cada vez más extendido consumo maratónico a la capacidad de recepción? ¿Se consume más de lo que el cerebro puede procesar?
La posibilidad de ver series y películas de cualquier lugar del planeta a un click de distancia, sin moverse de casa, es una experiencia tan novedosa como única. La accesibilidad a un catálogo infinito de contenidos audiovisuales para todos los públicos resulta tan placentera como difícil de cuestionar. Sin embargo, la era digital parece estar imponiendo un tipo de consumo voraz que enciende las primeras luces de alarma: según un estudio de Netflix, la cantidad de usuarios que consumieron una temporada completa durante las primeras 24 horas de su lanzamiento creció más de 20 veces desde 2013 hasta el año pasado. Y nada hace pensar que esa tendencia se haya modificado en 2018. Más bien todo lo contrario: el binge-watching, que podría traducirse como exceso o atracón de mirar, resulta un ejercicio cada vez más cotidiano y popular.


Obesos de series


El perfil del espectador digital actual dista mucho del analógico del pasado. Básicamente porque la manera de acceder al contenido ha cambiado. Hasta no hace mucho, los televidentes accedían a las ficciones según lo dispusieran los programadores en la grilla televisiva. Las ficciones tenían un formato de emisión diario o semanal, por lo que por más fanatismo que provocasen siempre pasaba un tiempo prudente entre un episodio y el siguiente. El televidente analógico consumía, incluso fervorosamente, pero su potencial “adicción” estaba condicionada por los designios del programador, por un otro que imponía formatos, horarios y hasta tandas comerciales. El “tiempo muerto” acompañaba el visionado, aumentando la expectativa entre los televidentes, pero fundamentalmente permitiéndoles reflexionar sobre lo visto. Aquél televidente analógico tenía la “digestión televisiva” obligada.


Poco parece haber heredado el espectador digital del modelo conformado por décadas de televisión lineal. La posibilidad de acceder a programas de aquí y de cualquier parte del mundo en cualquier momento y a través de distintos dispositivos modificó la experiencia de ver y, por tanto, también el perfil del usuario. El consumo de series en formato maratónico, durante horas y sin interrupciones, acabó definitivamente con el “tiempo en blanco” que imponía el modelo tradicional. Cada cual se pudo trasformar en su propio y despota programador, en un sueño hecho realidad pero que en la práctica corre el riesgo de esconder un engaño: también construye su propio espectador adicto, de consumo voraz e impaciente, sin otro límite que el que impone el sueño o las obligaciones. Ese mundo anómico está configurando un nuevo sujeto vidente, atraído por mucho más que cuestiones artísticas. Hay procesos cerebrales que también intervienen en el voluminoso consumo de series actual.


“La dopamina es un neurotransmisor que el cerebro segrega cada vez que algo nos da placer, o cuando imaginamos la posibilidad de que ese placer se materialice. El cerebro segrega dopamina de antemano y activa conductas, motivación y deseo por aquello que podés consumir, sea una torta, la compra de ropa o de un capítulo de una serie. Hay una activación que te lleva a buscar la recompensa”, le explica a PáginaI12 Federico Fros Campelo, ingeniero e investigador de los procesos cerebrales, autor de El genio que llevamos dentro: innovación como nadie te enseñó. “Las series y sus nuevas maneras de consumo –detalla– están todo el tiempo proponiendo un consumo inconcluso. Ese capítulo que deja cabos sueltos con la intención de que quieras ver el siguiente están segregando dopamina y la persistencia hasta el final de la temporada de querer ver más y más. La absorción de dopamina en el cerebro funciona de la misma manera que una adicción. La diferencia es que la de las series es una adicción sin sustancia. Pero sus fundamentos son los mismos. Las llamamos adicciones conductuales, que se verifican sobre los medios digitales”.


La adicción conductual que generan plataformas como Netflix, Hulu, Amazon o HBO Go no pareciera ser obra exclusivamente de la calidad de las propuestas. Cada uno de los servicios on line tiene estudiado al detalle el perfil de cada uno de sus clientes, segmentados según sus preferencias, a partir de la monitorización de sus audiencias. Netflix, por ejemplo, ha identificado un total de 1300 comunidades de gustos entre los 130 millones de clientes dispersos en los 190 países en los que tiene presencia. Una big data que los servicios de video on line utilizan no solo para producir series a medida de cada uno de los segmentos reconocidos, sino también para personalizar y volver más eficiente la “experiencia de sentidos” que buscan diseñar cada vez que alguien usa sus plataformas. “Nada llega al intelecto que no haya pasado antes por los sentidos”, dijo Aristóteles cientos de años a.c, cuando el entretenimiento digital ni siquiera era una quimera.


“Una cosa que no debemos dejar pasar por alto es que Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, por ejemplo, estudió psicología además de programación”, afirma Natalia Zuazo, la directora de la consultora Salto y autora del libro Los dueños de Internet. “En los equipos directivos de las plataformas y las redes sociales no sólo hay desarrolladores de productos y especialistas en marketing: también hay psicólogos que estudian y trabajan sobre el efecto adictivo de los servicios que brindan. Todas las empresas ponen juego estrategias psicológicas que tienen como único fin la permanencia el mayor tiempo posible de los usuarios en sus redes”, subraya la periodista.


Pinchar la burbuja


La pregunta que parece necesaria hacerse en tiempos de plataformas encantadoras de usuarios es si se están construyendo espectadores más libres y críticos que los de antaño. O si, en realidad, están produciendo una generación de consumidores más adictos y pasivos, siendo rehenes de la tecnología. ¿Puede haber real voluntad de elección cuando, ni bien finaliza un episodio de la serie que está viendo, el usuario se topa con un reloj en cuenta regresiva que le da 10 segundos para decidir ver o no el capítulo siguiente, como sucede en Netflix? ¿O cuando YouTube carga automática e inmediatamente el próximo video relacionado al que se acaba de ver? ¿Hay mayor libertad de elección en la era digital? El tipo de consumo maratónico, ¿responde a una “necesidad” propia de seguir viendo más o es creada, guiada y estimulada por la tecnología?


“Hay múltiples tipo de consumo en la actualidad”, analiza Santiago Marino, doctor en Ciencias Sociales, magister en Comunicación y Cultura y licenciado en Ciencias de la Comunicación (FSOC-UBA). “El consumo maratónico –señala– es un elemento que hoy está más disponible pero que antes estaba programado, como los maratones de Los Simpson, que habilitaban esa posibilidad sin que el receptor decidiera en que momento lo ve. No es que el consumo ahora solo es maratónico, voraz e impaciente. Está esa forma de consumo, irreflexivo, pero también el que está segmentado y mira solo lo que le interesa y reflexiona sobre lo que ve participando en foros. Lo que sucede, por ejemplo, en torno a Game of Thrones, que tiene espacios de discusión y podcasts como los que hace Posta.fm, que se estrenan no bien termina el último episodio para discutir sobre lo visto. Hay una combinación de consumos: el voraz e impaciente, que solo consume, y el que aún siendo maratónico discute y conversa sobre aquello que consumió”.


¿Y qué pasa con aquellos que siendo rehenes del visionado maratónico no pueden ejercitarlo porque sus series favoritas siguen emitiéndose semanalmente? ¿Cómo reaccionan ante ese impedimento los millones de fanáticos de todo el mundo de Game of Thrones, Better Call Saul o The wlaking Dead? “La insatisfacción genera un exceso de dopamina, que con la acumulación se transforma en adrenalina y noradrelanina, las hormonas del stress. El exceso de deseo termina generando nerviosismo, stress y ansiedad. El que espera desespera es un dicho popular pero que tiene razón de ser en procesos cerebrales y neuroquímicos”, reconoce Fros Campelo.


La manera en la que se consumen las series en estos tiempos, y sus efectos sobre la recepción, no es el único aspecto a tener en cuenta a la hora de pensar el perfil del usuario que está moldeando el nuevo modelo audiovisual. La utilización de los algoritmos también plantea otras inquietudes, en tanto las compañías personalizan sus mensajes y las sugerencias de series o películas para ver en función del historial en el consumo de cada usuario. Esos modelos predictivos que ponen en práctica las plataformas podrían llegar a construir usuarios cada vez más fijados en sus intereses y preferencias, reafirmando sus gustos una y otra vez, atentando contra la posibilidad de conocer nuevos lenguajes, otros universos. Un modelo que, en la búsqueda de la eficiencia, produce no solo contenidos estandarizados sino también espectadores (y ciudadanos) estandarizados.


“Los algoritmos lo único que hacen es forzar a ver más de lo que nos gusta”, subraya Fros Campelo. “Netflix, por ejemplo, tiene algoritmos que recomiendan aquello que ya vimos en nuestro historial de usuarios. Lo mismo sucede en YouTube, Instagram y en el resto de las redes sociales. Lo que se recomienda es más de aquello que te gusta. Entonces, la permanente exposición a contenidos semejantes hace que desde tu procesamiento cerebral tengas la impresión de que el mundo orbita alrededor de aquél contenido que a uno le gusta, sin tener noción de que hay infinidad de otras alternativas. Esta tecnología se puede combinar con un fenómeno de nuestro procesamiento mental que se llama sesgo de disponibilidad, que le hace creer a nuestra mente que solo lo que vemos es lo que está disponible en el mundo”, explica el autor de Mapas emocionales.


El riesgo algorítmico de darle al usuario lo que el usuario quiere, todo el tiempo, es el de moldear usuarios predecibles, a los que se les da más de lo mismo. “La periodista y psicóloga social Aleks Krotoski, autora de la revolución virtual, me dijo alguna vez que los algoritmos produce un efecto anti sedentipia, que es el efecto de encontrar cosas inesperadas. Ese efecto anti eureka, de limitar la posibilidad de descubrir cosas nuevas, es la consecuencia del condicionamiento algorítmico. Las redes sociales crean burbujas sociales, en el mejor de los casos, e individuales, en el peor. Las recomendaciones mainstream basadas en lo que todos están viendo y en nuestro propio historial atenta con la posibilidad de encontrar cosas nuevas. El usuario digital debe ser consciente de ese efecto y no encerrarse en la burbuja. ¿Cómo se hace? No mirando solamente una plataforma, leyendo recomendaciones por fuera del mundo digital. No porque Netflix no sea interesante, sino porque Netflix no es el mundo. Por suerte”, analiza Zuazo.


La lucha del espectador digital, entonces, es la de intentar no ser atrapado por esa peligrosa burbuja algorítmica, que los quiere predecibles y homogéneos. Este visionado, basado en las huellas digitales que cada usuario deja cada vez que consume un contenido, también termina condicionando la producción audiovisual. La “intuición” de antaño a la hora de producir contenido es reemplazada por las estadísticas ultradesagregadas de los usuarios. ¿Y la creatividad? “Si el consumo masivo en servicios audiovisuales online que se instala –analiza Marino– es el que descansa en lo que nos recomienda el algoritmo, lo que va a suceder es que será cada vez más difícil para las novedades y productos emergentes instalarse y alcanzar un nivel de visibilidad significativo. Al menos hasta tanto sean comprados por la empresa que controla el algoritmo y nos lo recomiende. No sé si va a afectar la creatividad pero sí la posibilidad de que creaciones nuevas lleguen a audiencias masivas.”


Encontrar la fórmula infalible, minimizar al máximo el “fracaso”, es una búsqueda con la que todos los productores del mainstream sueñan. En la era digital, esa obsesión encuentra más y mejores herramientas, a partir de conocer las conductas previas de cada consumidor, pero también del neuromarketing. “Las grandes empresas –ejemplifica Fros Campelo– hacen estudios de neurociencia real aplicadas al marketing y al desarrollo de producto para que esté lo más verificado científicamente posible que el producto guste. Por ejemplo, con electroencefalografía miden la actividad cerebral, las ondas electromagnéticas del cerebro, en el que verifican la activación de excitación que genera lo que vemos. Es posible exponer al público a dos finales posibles de una serie y, a través de estos métodos, elegir a aquél que más excitación haya provocado. Esto se hace, incluso, con publicidades para el Superbowl o en los Mundiales de fútbol, que son eventos masivos en los que se estrenan anuncios con mucho impacto”.


Entre la adicción que alimenta el consumo maratónico, el modelo prefabricado que impone la aplicación de los algoritmos y la neurociencia aplicada al marketing, el espectador digital se enfrenta al desafío de que el Homo Videns no se fagocite al Homo Sapiens.

Publicado enSociedad
“Hay topes y ya estamos llegando a ellos con un consumo voraz y de despilfarro”


La presidenta de la Asamblea General de la ONU reconoce que crece la brecha de la desigualdad e insta a ejecutar un cambio redistributivo y cultural que garantice formas sostenibles de producción y consumo



El viento en Roma va a una velocidad de 40 kilómetros por hora. De camino al Vaticano hay un árbol caído por el temporal y señales de tráfico en el suelo. La alcaldesa de la ciudad ha ordenado que los menores no vayan al colegio y los tozudos turistas se las ingenian para que no se les rompan los paraguas. En este inquietante día, la presidenta de la Asamblea General de la ONU, María Fernanda Espinosa, se acaba de entrevistar con el papa Francisco para hablar de cambio climático, migraciones, juventud y trabajo decente. “Es realmente edificante ver su fuerte compromiso con el multilateralismo y las Naciones Unidas, con temas tan apremiantes como los derechos de los refugiados y los migrantes, coincidimos en que es necesaria una migración ordenada, regulada y de garantía de derechos. Está preocupado también por el cambio climático y es un gran abogado del combate a los plásticos de un solo uso”, menciona la presidenta, exministra de Defensa y Relaciones Exteriores de Ecuador, diplomática y poetisa.


Espinosa cuenta en su trayectoria con estudios de la Amazonia, un territorio que, a 9.500 kilómetros de Roma está en vilo por la reciente victoria en Brasil del ultra Jair Bolsonaro y su debilidad en el compromiso contra el cambio climático y por el medio ambiente. Una postura que choca, entre otras, con los principios que defiende la ONU. “En las democracias hay que respetar la decisión de los pueblos. Es de esperar que las nuevas autoridades de Brasil se comprometan con el multilateralismo, con la agenda internacional, y sean aliados estratégicos en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en el combate contra la pobreza, la exclusión, por los derechos de los pueblos indígenas, el rol de las mujeres en el desarrollo, en la política,en la lucha contra todas las violencias de mujeres y niñas, contra el hambre… Todas estas cosas que van más allá de un país específico, pero que son parte de la agenda de la ONU y temas muy importantes para Brasil”, concluye.


Espinosa menciona el hambre, una vergüenza mundial que ha aumentado en los últimos tres años hasta alcanzar las 821 personas subalimentadas, mientras que 796 millones sufren obesidad y 2.200 millones tienen sobrepeso. Una realidad simultánea a la de esos 1.300 millones de toneladas de comida que terminan en la basura cada año (un tercio de la producción total), según los últimos datos de FAO (Agencia de la ONU para la Alimentación y la Agricultura), organización que tiene su sede en Roma y, a su vez, un fuerte vínculo con Brasil. El director general de la entidad, José Graziano da Silva, fue ministro Especial de Seguridad Alimentaria y Lucha contra el Hambre de Brasil durante el Gobierno de Lula Da Silva e impulsó allí el programa Hambre Cero, que se estima que benefició a más de 30 millones de personas. La clave para Graziano es la voluntad política. Según sus cálculos, si se priorizara la lucha contra la desnutrición en las agendas gubernamentales, como se ha reclamado estos días en la Cumbre Parlamentaria Mundial contra el Hambre y la Malnutrición celebrada en Madrid, el hambre podría erradicarse en 2030. Haría falta para ello una inversión de 232.000 millones de euros al año en el mundo de 2016 a 2030.


“Hay despilfarro. Mientras se botan los alimentos diariamente, hay personas que están muriendo de hambre en el mundo de manera literal. Las brechas de desigualdad siguen creciendo en el mundo. Se necesita un reajuste redistributivo, un cambio cultural que garantice formas sostenibles de producción y consumo. Todos los esfuerzos de crecimiento de las economías están orientados a incrementar la franja de consumidores, para todo. Y resulta que hay topes y ya estamos llegando a esos topes para un consumo voraz y de despilfarro”, señala Espinosa, que destaca que en Ecuador se lanzó una de las primeras iniciativas de etiquetado de alimentos para informar a los usuarios. “Es una de las políticas de etiquetado entre las consideradas más exitosas del mundo y ha reducido los niveles de obesidad en los niños de manera dramática”, indica la presidenta, que en su mandato se ha planteado trabajar siete prioridades por los siete días a la semana: el trabajo decente; los derechos de las personas con discapacidad; la acción ambiental; los migrantes y refugiados; la equidad de género; la juventud, la paz y la seguridad, y la reforma de la ONU.


Prácticamente todas están interrelacionadas entre sí. El cambio climático incide en los territorios, que a su vez impactan en la seguridad alimentaria, en el empleo que se genera en esa zona, en las migraciones de la juventud y en las condiciones de trabajo... Otro informe reciente de la FAO indica que la subida de temperaturas perjudicará el comercio de las zonas en desarrollo y aumentará las exportaciones de los países ricos, y la dependencia de los países del sur, una dinámica que apunta a continuar, según se vislumbra por la fragilidad de los compromisos de los países en el Acuerdo de París para reducir las emisiones. "Ese compromiso tiene ya tres años y no se ponen de acuerdo en repartir el trabajo", reclama Espinosa, quien pone sus esperanzas en la próxima conferencia sobre cambio climático de Katowice este diciembre. "La cuenta del cambio climático está mal distribuida. ¿Quién va a pagar la adaptación y mitigación, sobre todo en los países del Sur? También está la transferencia de tecnología baja en carbono, y multiplicar la capacidad de los países sobre todo del sur, para hacerlos más resilientes. Habrá grandes inundaciones, sequías, escasez...", prevé.


Las mismas esperanzas tiene en la cumbre de alto nivel a celebrarse en Marrakech sobre el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, también en diciembre. "La tarea es gigante y requiere obviamente que se sume toda la comunidad internacional. No se puede afrontar el tema de la migración en aislamiento como tampoco el cambio climático. Por su propia naturaleza son cuestiones transfronterizas, globales". Alerta la presidenta de la necesidad de un equilibrio geográfico para reforzar las ciudades intermedias. "Se requieren mecanismos que eviten la migración masiva del campo a la ciudad, algo que también pone en riesgo la seguridad alimentaria. Las megaciudades ya no están en el norte, están en el sur, son las que más crecen", apunta.


La lucha por el trabajo decente se le presenta entonces como un fuerte desafío. "Datos del Banco Mundial señalan que para el año 2030 debemos crear alrededor de 600 millones de puestos para poder cumplir con los ODS. ¿De dónde van a venir? Hay que hacer un compromiso y adaptarnos a la modificación de los mercados, a los impactos de las nuevas tecnologías. Hay que garantizar educación universal y de buena calidad para los jóvenes. El sector público tiene un espacio y una responsabilidad, pero es el sector privado, son las inversiones las que tienen un mandato ético de generar las oportunidades para los jóvenes. Los adultos deben crear espacios de deliberación conjunta", reclama. También está la diferencia por zonas. En el ámbito rural abunda la precarización y no suelen estar las universidades. En el supuesto de que se encontrara ahora a una universitaria de Kenia, cuya familia de zona rural ha hecho todo el esfuerzo del mundo para que pueda estudiar una carrera. ¿Qué sería lo más óptimo que hiciera? "Primero, que estamos en el momento de la especialización. También le diría que hiciera redes con otros jóvenes, que tienen la posibilidad de articular y organizar movimientos que superen las voces aisladas y lleguen a la participación política", responde.


Enlaza así con otras de sus prioridades: "Soy la cuarta mujer en 73 años en asumir la presidencia de la Asamblea General. No es mucho ¿no? Se ha comprobado que cuando la mujer tiene oportunidades en la economía el PIB puede subir porque son más productivas. Y estamos empujando fuertemente porque en las operaciones de mantenimiento de la paz haya más mujeres, porque se ha demostrado que su participación es transformadora. Hay cosas concretas más allá de cualquier esencialismo, de una visión romántica… Donde están las mujeres, por lo general, hay mejores resultados y las mujeres son extremadamente productivas, creativas, competentes y capaces de hacer la diferencia en todos los espacios".

Publicado enEconomía
Un fracaso, la meta de eliminar o reducir el tráfico y uso de drogas

El mercado mundial es más grande que nunca, a pesar de los millones de dólares invertidos en 10 años: IDPC

Nueva York. El objetivo que hace 10 años se fijaron los países miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para "eliminar o reducir" el tráfico, consumo, producción y uso de drogas ilícitas en el mundo ha fracasado y a menudo ha sido contraproducente, apuntó un informe difundido este lunes.

Elaborado por el Consorcio Internacional sobre Políticas de Drogas (IDPC, por sus siglas en inglés), con base en datos de la ONU y de otros estudios académicos, el informe señaló que las "cifras desgarradoras" demuestran la carnicería que la "guerra contra las drogas" ha desatado en la última década.

"El mercado mundial de drogas es más grande y más robusto que nunca, a pesar de los millones de dólares invertidos en la reducción de la oferta y en el riguroso cumplimiento de la ley. En paralelo, los daños de los enfoques represivos han alcanzado proporciones épicas", dijo Ann Fordham, directora del IDPC.

Titulado Balance de una década de políticas de drogas, el documento destacó que ha habido un aumento de 145 por ciento en las muertes relacionadas con este flagelo en la última década, totalizando 450 mil durante 2015.

Subrayó, además, que al menos 3 mil 940 personas han sido sentenciadas a la pena de muerte y ejecutadas por un delito relacionado con las drogas en la última década en 33 países.

Asimismo, cerca de 27 mil ejecuciones extrajudiciales se han registrado por la campaña contra las drogas en Filipinas; en tanto que más de 71 mil muertes por sobredosis se reportaron en Estados Unidos sólo en 2017.

En el mundo, además, se ha registrado un encarcelamiento masivo alimentado por la criminalización de las personas que consumen drogas; uno de cada cinco presos ha sido privado de la libertad por delitos relacionados con éstas, principalmente por posesión para uso personal.

El documento indicó que el Informe Mundial sobre Drogas de 2018 elaborado por la Oficina de Drogas y Crimen de la ONU señaló que "la gama de drogas y los mercados de se están expandiendo y diversificando como nunca antes".

Por un lado, países como Uruguay y Canadá han regulado el uso de la mariguana para uso recreativo en adultos; en tanto que se endurecen enfoques destructivos como el del presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte.

 

Publicado enInternacional
Ya es legal el consumo de la mariguana para fines recreativos en todo Canadá

A partir de ayer sus habitantes pueden portar hasta 30 gramos de cannabis para su uso personal

Montreal. Tras prácticamente un siglo de prohibición, Canadá se convirtió ayer en el primer país del mundo industrializado y en el segundo, después de Uruguay, en legalizar la venta y consumo de marihuana con fines recreativos, lo que se consideró una reforma histórica que fue celebrada con largas filas de clientes ansiosos, pero al mismo tiempo recibida con cautela por los mercados.

La legalización permite a las 13 provincias y territorios de la nación organizar la venta con diferentes condiciones de un lugar a otro, por lo que hay distintos modelos en todo el país para un mercado valorado en unos 4 mil 600 millones de dólares al año.

Al cumplir su promesa de campaña, el primer ministro Justin Trudeau resaltó que la medida permitirá restringir el acceso de menores a esa droga y sacar dinero de los bolsillos de las organizaciones criminales.

Sin embargo, la oposición conservadora ha multiplicado sus ataques contra la medida, la cual considera precipitada y con riesgo para la seguridad y la salud pública de los habitantes.

Cuando la gente comience a ver las consecuencias culparán por los fracasos a Trudeau, advirtió el líder opositor Andrews Scheer.

Por su parte, el ministro de Seguridad Pública, Ralph Goodale, anunció un plan para perdonar a quienes recién cumplen condenas por posesión simple dealgunos gramos de la hierba.

Según estadísticas oficiales, 16 por ciento de la población canadiense había fumado cannabis en 2017, una proporción superior a los fumadores de tabaco.

Con la legalización, un adulto puede poseer hasta 30 gramos de la droga legalizada desde ayer. Los hogares podrán cultivar hasta cuatro plantas, excepto en las provincias de Quebec y Manitoba, donde sembrar el enervante está prohibido. Se podrá adquirir en tiendas autorizadas públicas o privadas. Según el gobierno canadiense se podrían abrir cerca de 300 puntos de venta a finales de año.

En Quebec y otras provincias, los clientes hicieron largas filas a las afueras de las tiendas, desde la noche previa a que entrara en vigor la despenalización. Sebastian Bouzats, francés de Burdeos, dijo que llegó a Canadá para vivir la experiencia: "Los franceses vendrán todos a fumar aquí", estimó.

"Hace tiempo debió ser legalizada. la fumo desde que tengo 15 años, tengo 33", señaló por su lado Mathieu, quien junto a decenas de personas arribó a una sucural de la calle Sainte-Catherine, una de las principales avenidas de Montreal, desde las tres de la mañana.

El ministro encargado de la reducción del crimen organizado, Bill Blair, señaló que los grupos delincuenciales, no van a desaparecer de la noche a la mañana, pero consideró que a finales de 2018 se habrá eliminado 25 por ciento del mercado negro y cerca de la mitad en el curso de un año.

 

Publicado enInternacional
¿Es Banksy quien trolea al capitalismo o el capitalismo el que trolea a Banksy?

A pesar de que el artista urbano quiso mofarse de los galeristas y del consumismo vacío, su obra ha terminado duplicando su valor y cayendo en la trampa del mercado


"El capitalismo se caracteriza por absorber cualquier acción que está en contra", critica Daniel Lesmes, profesor de Teoría del Arte

 

El viernes pasado Banksy despeinó algunos peluquines en la casa de subastas de Londres Sotheby's. Una fila de mujeres ataviadas con perlas y peinados lacados atendían los teléfonos mientras que en el patio de butacas los asistentes pujaban cada vez más alto por un lienzo de la Niña con globo. "¡Vendido!", anunció Oliver Baker al alcanzar los 1,2 millones de euros, y justo cuando el subastador dejaba caer la maza sobre la mesa, el cuadro comenzó a desintegrarse ante la mirada atónita del público.


La triquiñuela del artista británico copó los titulares de todo el mundo y él mismo se lo tomó como un triunfo ante los tiburones del mercado del arte en su Instagram. Es cierto que Banksy "interrumpió el flujo del capital por un noche", como escribió el crítico de arte de la revista New York, pero la intención de su troleo se desvirtuó tan pronto como la maquinaria despertó del shock.


La subasta de la Niña con globo se ha convertido en un hito de la historia del arte -a su manera- y es improbable que el mercado deje de sacar tajada. Según el experto en compraventa de arte, Joe Syer, la obra semitriturada ha duplicado su valor inicial y ronda en este momento los 2 millones de libras (2,3 millones de euros). El artista urbano quiso hacer mofa del consumismo vacío de la alta cultura, y esta le ha devuelto el golpe sin un ápice de vergüenza: no solo va a seguir lucrándose con él, sino que facturará el doble.


"Toda acción de modificación sobre una obra tiene como resultado el aumento de su valor. Está cantado", explica a eldiario.es Daniel Lesmes, profesor de Teoría del Arte en la Universidad Complutense y presidente de la asociación de artistas y teóricos CRUCE. Para el periodista de la New York, Banksy merece nuestros respetos solo por haber noqueado al "insidioso mundo de las subastas". Sin embargo, quizá su bofetón fuera más aparente que efectivo.


"El término autodestrucción no es exacto, porque lo que hay es una transformación de la obra", indica Lesmes. La obra, por tanto, no se desintegró al ser rajada con las cuchillas, sino que se reconvirtió en otra todavía más valiosa para la compraventa. Se trata, como explica el docente, de una práctica "muy antigua" que "en el arte contemporáneo se lleva haciendo desde los años 60".


De hecho, el mismo Picasso al que hizo referencia Banksy en su cuenta de Instagram afirmaba que "un cuadro es una suma de destrucciones". Precisamente por ello, Lesmes apunta que "podríamos valorar esta performance como una suerte de reflexión de las contradicciones del capitalismo", y de cómo hasta las trizas de papel pueden convertirse en objetos de deseo, "pero es que ni siquiera en ese caso el acto de Banksy habría sido original".


Lo que existe, por tanto, es una manifestación de la lógica de la economía aplicada al ámbito de la cultura. Hasta las ruinas de una obra pueden ser comercializadas, ya que es el gesto previo de la performance el que les ha otorgado valor. "Una vez que está dentro del sistema no puede hacer nada, ya que el capitalismo se caracteriza por absorber cualquier acción que está en contra", critica el experto en arte.


Al profesor universitario le parece anecdótico que Banksy haya decidido colgar el vídeo del momento en su cuenta de Instagram, ya que convierte la supuesta lucha contra el capital en "una lógica del espectáculo" que al final "favorece al nombre del creador".


Según Lesmes, de haberse doblado el precio del cuadro destruido, eso revertiría "en todas las obras de Banksy, porque en nuestra sociedad es el nombre y la marca lo que termina adquiriendo valor". Pone un ejemplo: Salvador Dalí podía transformar un papel blanco en un lienzo de 40 dólares con solo estampar su firma.
¿Cuánto cobra Banksy?


Esta última performance ha abierto de nuevo el debate sobre el arte urbano como el azote del capitalismo y sobre Banksy como el mesías de este movimiento. Teniendo en cuenta que el británico es un ente anónimo, es imposible calcular con exactitud cuánto ha facturado por sus obras de arte e instalaciones. Y aún así, Forbes estimó su patrimonio neto en 20 millones de dólares.


"Para que se perfeccione una compraventa tiene que haber una persona jurídica. Tú puedes vender tu coche o una obra porque tienes tu DNI o tu CIF. Si al fin y al cabo se está generando un dinero es porque hay un contrato, y si hay un contrato es porque hay una persona jurídica. Así que habría que estudiar hasta qué punto el anonimato es un componente crítico contra el capitalismo", piensa Daniel Lesmes.


Aunque sus métodos de financiación son ligeramente distintos a la de los artistas, sean urbanos o no, al final Banksy gana dinero como cualquier otro: vendiendo sus obras en el mercado. Desde finales de los 90 hasta 2008, lo hacía a través del agente británico Steve Lazarides (conocido por haber elevado el arte callejero al mundo de las bellas artes) y después a través de Pictures On Walls, una empresa e imprenta que Banksy fundió junto a otros artistas para vender sus obras online.

 


En enero de 2018, POW se disolvió al haber contribuido a distorsionar el mensaje del arte urbano. "Se produjo un desastre y muchos de nuestros artistas tuvieron éxito. Ya que no podemos o no queremos formar parte del mercado que una vez denunciamos con tanto ahínco, nos vemos obligados a renunciar", explicaron en un comunicado.


Según uno de los vendedores de Banksy con quien contactó la web Artspace, su obra impresa y firmada costaba entre 20.000 y 40.000 dólares, y un póster offset (sin firma ni numeración) rondaba los 500 y 1.500 dólares. Este dinero se invierte en diferentes instalaciones, como Dismaland o The Walled Off Hotel (el hotel con las peores vistas del mundo), que a su vez generan beneficios directos para el artista.


También es cierto que gran parte del trabajo de Banksy termina en un mercado de segunda mano que succiona su valor y del que no percibe ni un centavo. Aunque él no se lucra, otras muchas personas sí, por lo que sería cuanto menos contradictorio definirlo como arte anticapitalista.


El artista es el primero que reconoce que ni el más sofisticado caballo de Troya (o trituradora de papel) sirve para derrotar a este imperio, y así se lo hizo saber a The New Yorker: "Me encanta la forma en que el capitalismo encuentra un lugar, incluso para sus enemigos".

Mónica Zas Marcos / José Antonio Luna
10/10/2018 - 20:07h

 

Publicado enCultura
Jueves, 04 Octubre 2018 10:58

El poder en manos de todos

El arte de Tigua surge en la década de 1970, es un arte de una especial fuerza expresiva y de gran riqueza cromática que se plasma, además de los cuadros, en la pintura de las máscaras y de los tambores. Los temas principales son las actividades cotidianas tradicionales; escenas agrícolas, ganaderas, artesanales y comerciales; el ciclo vital, las cosechas, las fiestas donde se activan los lazos de amistad o solidaridad, pero es un arte que también habla de los levantamientos indígenas, y de las fiestas religiosas. El presente suplemento está ilustrado con la exposición “Tigua: Arte desde el centro del mundo”, Madrid, 30/09/2015.

Los tiempos que corren, marcados por el sello indeleble de dos revoluciones industriales interrelacionadas*, han liberado intensas energías que propician un capitalismo cada vez más excluyente y autoritario.

Son unas energías que, encauzadas por la computación y la internet, han reducido el mundo a una aldea con un inmenso circuito financiero interconectado que cruza a todos los países, bien por satélites o por cables submarinos, registrando todo tipo de operaciones bancarias, depositando minuto a minuto decenas de millones en las cuentas de escasos 8 megaricos, los que según el reporte de Oxfam poseen lo mismo que 3 mil seiscientos millones de personas. Y junto a ellos, otra reducida pléyade de millonarios que acumulan a su haber lo producido por el esfuerzo de millones de trabajadores, hombres y mujeres.

Esos personajes, en realidad cabezas de multinacionales como Amazon, Microsoft, Facebook, Inditex-Zara, Berkshire Hathaway, Oracle, Bloomberg LP, Claro, y los tradicionales bancos y petroleras que acumularon el fruto de trabajo de millones durante todo el siglo XX, grupos empresariales cruzados de diversa manera con el capital financiero internacional, todos los cuales influyen o determinan, con las tecnologías y capitales que controlan, el rumbo de diversos Estados y/o gobiernos integrantes del sistema mundo capitalista.
La influencia económica, política, cultural y militar de estos inmensos grupos empresariales es inocultable. Por un lado imponen sus desarrollos tecnológicos a los Estados a través de licencias privativas, dejándolos a merced de su espionaje, sometiendo su soberanía educativa y tecnológica, sentando su influencia sobre estos estados, además, a través de asesorar sus ejércitos y sus servicios de inteligencia. El control social hoy vigente por doquier, así como los altos niveles de autoritarismo impuestos a lo largo y ancho de todos los continentes, está soportado sobre tecnologías desarrolladas o encargadas a estas corporaciones.

Por otro lado, asientan referentes culturales por doquier, trazando matrices de presente y futuro, cerrando las ventanas del sueño utópico de otra sociedad posible y abriendo las puertas de la conformidad; a la par de asegurarse por diversos canales –como la normatividad supranacional– el control/protección de sus ingentes capitales,

Todo ello, miles de millones resumidos en pocas cuentas, contratación de cientos de miles de trabajadores en sus empresas, inocultable influencia política sobre numerosos Estados, control tecnológico, monopolización de las comunicaciones, capacidad especulativa, arrasamiento de la privacidad por doquier, etcétera, ha llevado a la democracia formal a su agonía. Una democracia directa, radical, donde la consulta al conjunto social de todas aquellas decisiones estratégicas que le afectan sean obligatorias, decididas a voto limpio, surge como una alternativa inaplazable. Aquí, en Colombia, la “democracia más vieja del continente”, como en todo el mundo, esta opción también está a la orden del día.

Una oferta incumplida

La burguesía decapitó políticamente a la monarquía con el filo de la guillotina, en lo económico con la apertura de una producción y un comercio con menos barreras, y culturalmente con la oferta de libertad, igualdad y fraternidad. Esa rancia monarquía quedó como simple porcelana que decora las salas de recibimiento en las sociedades europeas, allí están los Borbones y otros más.

Su triunfo fue facilitado y potenciado por la multiplicación de la capacidad productiva desatada como resultado inmediato de la primera revolución industrial, por la acumulación de capital devenida de un comercio que derrumbaba murallas sin contemplación alguna y la misma influencia cultural que fueron ganando sus ideales. Sin embargo, su promesa fue solo eso, una promesa. En los dos siglos y algunos años más de su gesta, en pocas, tal vez muy pocas sociedades regidas por los principios que abanderaron, tal triada la han vivido a plenitud sus pobladores.

Para constatación, basta revisar los derechos de primera generación, los conocidos como Derechos civiles y políticos, entre estos:

• “Toda persona tiene los derechos y libertades fundamentales sin distinción de raza, sexo, color, idioma, posición social o económica”
• “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles inhumanos o degradantes, ni se le podrá ocasionar daño físico, psíquico o moral”
• “Nadie puede ser molestado arbitrariamente en su vida privada, familiar domicilio o correspondencia, ni sufrir ataques a su horna o reputación”
• “Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia”
• “Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacífica”.

Ante la lectura cuidadosa de estos preceptos, redactados hace más de dos siglos, y su más cuidadosa constatación con la realidad pasada y presente, es evidente que los mismos no han tenido plena concreción en el tiempo trascurrido. ¿Qué dirán ante cada uno de estos derechos los miles de miles que desde África tratan por estos días de migrar hacia Europa? ¿Qué opinarán quienes son encarcelados en múltiples países del actual sistema mundo al pretender motivar a sus congéneres a luchar por un gobierno otro? ¿Qué gritaran quienes llenan distintos presidios por doquier? ¿O qué nos confirmarán los que por tener otro color de piel son excluidos en la tierra que los vio nacer o aquella a la cual llegaron años después en procura de ingresos dignos para vivir o buscando protección para sus vidas?

¿De qué libertad, igualdad y fraternidad pueden ufanarse quienes con la guillotina dieron paso a estos derechos si la riqueza de otrora potencias globales como Francia fueron amasadas sobre el filo de las bayonetas, tanto en África, como en Asia y nuestra América, incluida su región Caribe?

Promesas, simples promesas. Pero también control social, hegemonía política, así como manipulación y dominio político. Todo esto, una ironía de quienes como clase dieron origen a estos derechos, pues lo que en gran medida resumía esta Primera Carta de Derechos (derechos de primera generación –civiles y políticos–) eran las necesidades que como clase tenían estos mercaderes, pero no mucho más.
Una oferta de nueva sociedad erigida en medio de incumplimientos. A la par que imponían sus demandas el mundo permanecía y continuaba plagado de sociedades esclavizadas, oprimidas, excluidas. Y contra tal realidad se levantaron obreros y campesinos, además de otros sectores populares. En cada país hay historias por retomar, en cada país hay memoria viva que pretenden borrar quienes figuran allí como genocidas y masacradores.

Han sido luchas de los de abajo contra los de arriba, con las cuales dieron cuerpo a lo que décadas después fue conocido como los Derechos de segunda generación –económicos, sociales y culturales–, muchos de ellos conquistados sobre inocultables charcos de sangre, lo que recuerda que hasta el siglo XIX y bien entrado el XX ningún derecho fue reconocido sin resistencia ni violencia por parte de quienes detentaban el poder. Es la ley del poder. Luego esos mismos sectores que lo concentraban a su favor transforman los derechos en un galimatías al cual acceden en igual condición personas o individuos, grupos sociales y empresas, entre ellas las multinacionales. ¡Y todos, individuos, grupos sociales y multinacionales son reconocidas en igual condición y con igual posibilidad!

De los Derechos de segunda generación, valga recordar, hacen parte entre otros:

• “Toda persona tiene derecho a la seguridad social y a obtener la satisfacción de los derechos económicos sociales y culturales”
• “Toda persona tiene derecho al trabajo en condiciones equitativas y satisfactorias”
• “Toda persona tiene derecho a formar sindicatos para la defensa de sus intereses”
• “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure a ella y a su familia la salud, alimentación, vestido, vivienda, asistencia médica y los servicios sociales necesarios”.

¿Qué dirán ante estas referencias de vida quienes buscan sin resultado positivo trabajo? ¿Qué opinarán quienes presencian sumidos en angustia los padecimientos de su familia por no tener mesa abundante, por no contar con un techo bajo el cual guarecerse o médico al cual acudir y del cual obtener fórmula presta que no le implique la compra de medicinas especializadas para las cuales no tiene dinero con que adquirirlas? ¿Qué podrán contar quienes intentaron conformar un sindicato y por ello fueron expulsados de su puesto de trabajo, amenazados y obligados a dejar su ciudad, o asesinados?

Del dicho al hecho hay mucho trecho, dice el refranero popular, y no se equivoca. Es así como la democracia –el gobierno del pueblo y para el pueblo, o el gobierno de las mayorías al servicio de todos– queda como un referente para guiar los pasos de la humanidad, algo por lograr. Una democracia más allá de la liberal –electoral–. Es por ello que enrutar las energías sociales tras tal meta deberá ser uno de los objetivos de los movimientos sociales en los tiempos que corren.

Es precisamente este reto el que nos recuerda que la democracia, la realmente existente, está en disputa. Por lo cual, asumirla como referente de las luchas en curso o por venir, es seleccionar la más trascendental de las dianas que podemos ver y determinar en el entorno y momento que vivimos.

En esta pugna, los sectores populares cuentan a su favor que, más allá de sus deseos, los poderosos del mundo no pueden controlar ni parar las energías desatadas por las revoluciones industriales en marcha, de tal manera que la concentración de riqueza proseguirá sin control ni límite alguno, y con ella la inconformidad global con esta realidad; el poder, como quintaesencia para asegurar los privilegios de unos pocos, potenciará aún más la violencia “legalmente constituida” y todo tipo de espionaje y violaciones a la privacidad y libertad de las mayorías, ahondando así el autoritarismo, negando de manera efectiva la libertad; y, con todo ello como marca esencial del sistema social-económico y político vigente, ¿es posible solidaridad alguna? Sálvese quien pueda, es la norma de normas que hoy impera en el mundo.

Es una realidad a la cual hay que torcerle el brazo. En el afán de numerosos sectores sociales por actuar ante la catástrofe en que está entrando el conjunto social global, y con ésta hasta la mismísima Tierra como casa de la humanidad, van tomando cuerpo otras formas de hacer y de vivir, experiencias de otra economía posible, basadas estas en procesos solidarios, cooperativos, comunitarios, procesos donde la misma propiedad de los medios de producción, además de la planeación de qué y cómo producir, la forma de hacerlo, así como la apropiación de lo generado por el trabajo de muchas personas, deja a un lado el interés estrictamente privado para adentrarse en el colectivo.

Sobre este particular destacan en nuestra región experiencias como las de Cecocesola con asiento en Barquisimeto –capital del estado Lara, Venezuela– la cual, aún en la crisis que hoy vive este país, ha logrado conservar su dinámica autónoma, la red de productores agrarios y de comercialización de sus productos, así como el centro de salud.

En Colombia, el referente es Confiar cooperativa financiera que tras sus más de cuatro décadas de experiencia, trascendió de un fondo de empleados creado por los trabajadores de Sofasa a una propuesta solidaria abierta que hoy cuenta con más de 166 mil asociados, así como algo más de 277 mil ahorradores, cuyos aportes permiten el apoyo constante a diversidad de experiencias sociales, culturales, comunitarias, educativas, artísticas, informativas y de otros órdenes, evidenciando con su práctica que en lo económico sí es posible tejer un camino diferente al impuesto por la institucionalidad. El estímulo al consumo consciente, es una apuesta fuerte con la cual se crean las bases de otra forma de ser y estar en este planeta. A su vez, el reconocimiento y valoración del liderazgo femenino y juvenil, potencia los nuevos actores sociales, de cuya mano también está el tema ambiental.

En Brasil, el Movimiento de los Sin Tierra, con más de 9 mil asentamientos agrarios, producto de la recuperación de la tierra por parte de los campesinos sin tierra, reconfirma que “una mano más otra mano no son dos manos… sino muchas más”, son comunidad, son pueblo.

Actuando de manera directa, más de un millón de familias han obtenido sus tierras y más de 130 mil están acampadas, es decir, en proceso de reconocimiento de su propiedad.

Estos campesinos, no solo han liberado su tierra, sino que además han construido sus viviendas, escuelas, incluso universidad, poniendo en marcha una producción asociada, limpia, sin tóxicos, además de mercadear alimentos procesados, vinos, artesanías, etcétera.

En Argentina, fábricas como Zanón y Brukman, el hotel Bauen, y otras experiencias exitosas de empresas asumidas de manera directa por sus trabajadores, asociados en cooperativas, demuestran sin duda alguna que sí es posible liderar y mantener en funcionamiento, por parte de los trabajadores, cualquier tipo de empresa. Además, y este es el caso de lo conocido de manera genérica como “Fábricas sin patrón”, que la solidaridad comunitaria es sustancial para que este tipo de experiencias no sean ocupadas policial o militarmente por los protectores del capital (el Estado y sus Fuerzas Armadas), así como para lograr una mejor difusión de todo aquello que producen, comercian u ofrecen como servicios.

En pocas palabras, economía, colectivo, común, solidario, redistribución, autonomía, son sinónimos que entretejidos abren puertas distintas a las capitalistas, procesos y experiencias que a pesar de estar sometidos en muchos de sus cotidianidades a los canales imperantes van creando otra cultura, sin la cual no es posible darle un portazo al mismo sistema económico-social hoy dominante.
Son ejercicios de vida y de esperanza, dinámicas todas estas que van en contravía de lo impuesto por la producción capitalista, y en ella por la misma dinámica ganada por las multinacionales donde la producción de hecho es cada vez más colectiva pero su apropiación no deja de ser particular. Así realza en casos como Amazon, Microsoft, Facebook, la primera de las cuales contaba en el 2017 con 566.000 trabajadores, Microsoft 133.000, Facebook más de 25 mil, sin dejar a un lado emporios como Samsung con 275.000 trabajadores y Walmart con 2.300.000. Otros muchos ejemplos podrían relacionarse y en todos ellos lo típico es que quien apropia para si lo producido por muchos es alguien que ha “desarrollado” un sistema inteligente que le permite interrelacionar a muchos, centralizando por vías de sistemas inteligentes sus saberes y producidos.

Hasta aquí podríamos decir que de acuerdo a la lógica imperante desde hace dos siglos largos todo está bien, pero sucede que esos sistemas inteligentes han visto la luz producto de investigaciones financiadas con dineros públicos. No es una exageración. Es conocido que la internet es el producto de prolongadas investigaciones de carácter militar financiadas por el Pentágono, el cual, como es obvio, funciona con base en los dineros públicos. Pese a ello, su apropiación económica ha terminado en manos de Microsoft. Todo un contrasentido. Así mismo ocurrió con la tecnología satelital, hoy resumida en los GPS producto de prolongadas investigaciones encabezadas por la Nasa, tecnología experimentada en la aviación, en cohetería y otros tanto usos militares. Millones de seres humanos cotizan mes a mes al erario público, que a su vez destina la caja de ahorros para asegurar el avance de la ciencia y la tecnología con supuesto sentido colectivo, pero al final unos pocos son los que ven los réditos de todo ello, sobretodo en sus depósitos bancarios.

Son empresas las beneficiadas de esta sin razón, las que además prestan un servicio de carácter estratégico con efectos, para bien o para mal, sobre el conjunto social, tanto en su país de origen como más allá del mismo. De ahí que reclamar el carácter social, público y común de este tipo de empresas, sea una reivindicación con plena vigencia. Es así como una ventana se abre para un futuro donde la igualdad tenga un asidero real, la libertad sea algo más que una consigna y con ello la fraternidad –la solidaridad, como referente más plausible– ganen el espacio necesario entre todos los seres humanos. Estamos así ante luces poscapitalistas; un futuro más cercano de lo que muchas veces vaticinamos.

Sin duda, otra democracia, además de necesaria, sí es posible.

 

*Estamos en presencia de dos revoluciones industriales: la tercera, que va llegando a su final, basada en la electrónica y las tecnologías de la información. Tenemos, como algunos de sus desarrollos: computadoras personales, clusters, redes de información; y la cuarta que está en pleno desenvolvimiento y que está basada en la simbiosis entre las dimensiones física, digital y biológica. Entre algunos de sus desarrollos más notables: robótica de todos los tipos, aprendizaje de máquinas, interface chip-célula.


 

Democracia, ¿solo electoral? 

Es una realidad de perogrullo que los sectores dominantes se obstinan en afirmar que allí donde se celebran elecciones son países democráticos. Nada más irreal. Lo electoral, es solamente una de sus expresiones, las otras son la economía, el medio ambiente, la cultura. Así lo recuerda Antonio García Nossa: “La democracia es total en el sentido de que no puede existir a medias, ni como una suma de partes desordenadas y sueltas, ni como un sistema contrahecho que declara a los hombres libres pero les niega los medios –económicos, culturales y políticos– de ejercicio de la libertad”.

Precisamente Colombia es el prototipo de esta deformación de la democracia, o la expresión masiva en América Latina de la democracia que no va más allá de la norma, de la apariencia, ocultando una dictadura civil, soporte de una profunda desigualdad social, de la pervivencia de amplias capas de nuestra sociedad arrojadas al abismo del empobrecimiento y la miseria, así como al temor generalizado a opinar pues quien lo haga corre el riesgo de ser amenazado, expulsado de su terruño –desplazado– o simplemente asesinado. Años atrás la tortura y la cárcel era el camino preestablecido, hoy no lo es tanto, aunque no es extraño el descuartizamiento de cuerpos inermes y otras barbaridades que la humanidad creía haber superado tras la “humanización” de la guerra, mucho más en la disputa entre civiles.

 

La democracia es una palabra hueca entre nosotros, así lo resume su historia reciente:

 

1.Durante el siglo anterior, por lo menos desde 1946 fue desatada por una parte del establecimiento una guerra contra el pueblo indefenso, la cual tuvo dos años después, el 9 de abril de 1948, un punto de caldera que desató odios incontenibles. La guerra civil tomó forma, por lo menos hasta 1953, años durante los cuales la masacre de miles de campesinos, el desplazamiento de no menos de 250 mil, su despojo, la injusticia en los tribunales, el llamado a la barbarie desde los púlpitos, la utilización de la Policía y del Ejército como cuerpos privados para la defensa de terratenientes. En esas condiciones, el Partido Conservador celebró elecciones, sin contrincante alguno, y retuvo el manchado poder que retenía desde 1946 en cabeza de Mariano Ospina Pérez, quien lo entregó a Laureano Gómez; al caer éste enfermo en 1951 vio continuada su función por Roberto Urdaneta Arbeláez. 

2.En 1953 dejan las apariencias e instalan una dictadura militar abierta en cabeza del general Gustavo Rojas Pinilla.

3.Una junta militar destituye a su Jefe y asume entre 1957-1958 el gobierno.

4.Tras un pacto oligárquico entre liberales y conservadores se reparten el poder por espacio de dos décadas, durante las cuales las elecciones eran una farsa pues ya se sabía cual de los dos partidos gobernaría, es decir, la elección era solamente entre quienes aspiraban a la Presidencia por un mismo partido. Otras formaciones políticas estaban prohibidas, no solamente para la disputa electoral sino para ejercer su opinión y acción político de manera cotidiana. 

5.Superada esta etapa de la vida republicana, para contener las fuerzas democratizadoras que intentaban abrirse espacio por doquier, criminalizan en 1978 con el Estatuto de Seguridad toda protesta social.

6.A partir de los años 80, desatan una guerra soterrada contra el pueblo a través de un proyecto paramilitar de extensión nacional. Los miles de muertos, desaparecidos, desplazados, los despojados, el control de por lo menos el 30 por ciento del Congreso de la República por esas mismas huestes, a pesar de realizarse elecciones, dibujan el real carácter del régimen.

7. Las elecciones no dejan de sucederse, a pesar del asesinato de candidatos presidenciales, y de aspirantes al Congreso y otros cuerpos de elección popular. 

8. Potenciando el carácter criminal de los narcotraficantes, la guerra arrecia sobre todo aquello que se considera oposición. La división y atomización de la sociedad, producto del miedo generalizado, es su propósito, el cual es cumplido a cabalidad.

9. Una guerra sin miramientos éticos ni de ningún tipo ensancha sus ecos desde el 2002, dejando entre sus saldos trágicos lo que es conocido por la memoria nacional como los “falsos positivos”.

 

Pese a ello, las elecciones prosiguen su curso. También la concentración de la riqueza en pocas manos:

 

Riqueza en pocas manos

Al detallar en Colombia los ingresos de los más ricos contra el ingreso de la clase media, los resultados son escandalosos: el ingreso del 1 por ciento más rico es 11 veces el de la clase media, el del 0.1 por ciento es 52 veces y el del 0.01 por ciento es 149 veces.

Si comparamos estas cifras con los más empobrecidos del país, los resultados son peores. El ingreso del 1 por ciento más rico es 39 veces el del 10 por ciento más pobre, el del 0.1 por ciento es 275 veces y el del 0.01 por ciento es 789 veces. 

Que 4.770 connacionales (0.01 más rico) ganen 150 y 789 veces el ingreso de una persona de la clase media y pobre respectivamente, explica por qué registramos como uno de los países de mayor desigualdad a nivel mundial. 

 

La tierra

Según el análisis de Oxfam (2017), sobre la propiedad y uso de la tierra en Colombia, publicado en el informe “Radiografía de la desigualdad”, nuestro país sigue siendo el más desigual del continente en materia de distribución de la tierra. Solamente el 1 por ciento de las explotaciones de mayor tamaño (Unidades de Producción Agrícola, UPA, de más de 500 hectáreas) maneja más del 80 por ciento de la superficie productiva de tierra, mientras que el 99 restante –campesinos, propietarios de minifundios– se reparte menos del 20 por ciento de la tierra productiva para vivir.

La concentración de la tenencia de la tierra sufrió un agravamiento en las ultimas décadas, a tal punto que las explotaciones de más de 500 hectáreas pasaron de 5 millones en 1970 (el 29% del área total censada) a 47 millones en 2014 (el 68%), su tamaño promedio también aumentó pasando de menos de 1.000 hectáreas en 1960 a 5.000 hectáreas en 2014.  

En la actualidad –según el censo nacional agropecuario del 2016, que comprendió 111,5 millones de hectáreas–, el uso del suelo en millones de hectáreas se divide de esta manera: Bosques 63,2; ganadería 34,4; agricultura 8,5; otros usos 5,4. De manera adicional, a finales de 2012 fueron suscritos 9.400 títulos mineros que responden a 5,6 millones de hectáreas.

Vale la pena decir que en las zonas que se denominan de agricultura el 75 por ciento cultivado responde a monocultivos de caña de azúcar, palma africana y café, mientras que en el 15 por ciento restante se cultiva variedad de cultivos transitorios.  

La vivienda

La tasa de personas con vivienda propia en las zonas urbanas es de 5,1 millones, quienes viven en arriendo suman 4,9 millones de hogares y quienes no tienen una vivienda o viven en hacinamiento son alrededor de 1,3 millones, juntándose con los 2 millones más que tienen un déficit cualitativo de vivienda, es decir, que carecen de acceso a servicios públicos, vías publicas y los entornos no son aptos para vivir.

 

Empobrecidos y enriquecidos por el sistema

Tomando como referencia el año 2017, “la pobreza por ingresos en Colombia se mantiene en el 29,5 por ciento; 26 por ciento en los centros urbanos y 41,1 por ciento en las zonas rurales. Por su parte, en el campo, más que pobreza lo que el país tiene es indigencia: mientras en las ciudades los indigentes son el 7 por ciento, en el campo alcanzan el 33 por ciento”.

“Contrario a esto, y como problemática que denota a todas luces la antidemocracia vigente entre nosotros, estructuralmente la clase rica representa el 10 por ciento de la población y se queda con el 45 por ciento del ingreso producido anualmente por la sociedad; peor aún, el 1 por ciento de los estratos altos concentra el 20 por ciento del ingreso nacional, adicional al monopolio del poder político, estatal y mediático. A la clase media pertenece el 40 por ciento de la población y tiene una participación simétrica en los ingresos del país. Los sectores populares constituyen el 50 por ciento de los habitantes y reciben solo un 16 por ciento del total de los ingresos”*.

 

El juego del voto

Democracia de apariencia. Mientras la desigualdad social ahondaba su brecha en el país, mientras las armas oficiales y no tanto garantizaban tal dinámica, las urnas permanecían abiertas, ofreciendo cada cuatro años una posible transformación del país si cambiaba la cabeza de su gobierno. ¿Será posible tanto con tan poco?  Las experiencias de diferentes países están a la vista. Pero, sea cual sea la realidad y la efectividad del voto, lo cierto es que lo vivido entre nosotros es una democracia aparente, formal, soportada sobre el uso despiadado de las armas, democracia difundida y consolidada a través de los medios de comunicación y de la escuela como si se tratara de una democracia real, plena.

 

El sueño de la esperanza

 

Pese a ello, mientras esto sucedía, mientras la democracia liberal mantenía sus formas, en diversidad de territorios de nuestro país una variedad de actores sociales no cejaban en su esfuerzo por darle cuerpo a otro país posible, reuniendo para ello esfuerzos variados en lo económico, político y social. 

Encontramos allí experiencias cooperativas y solidarias de múltiple origen y logros; experiencias agrícolas rurales colectivas, bien a través de manos indígenas o de campesinos de distinto origen, que logran que la tierra produzca más y mejor de lo que lograría un solo campesino pobre en su reducido minifundio; experiencias de distinto logro en la comercialización de variedad de productos; experiencias educativas que forman a su alumnado con un sueño de una Colombia posible donde todos vivamos en felicidad; en fin, encontramos otros caminos abiertos o en proceso de serlo –contrarios a los oficiales y normatizados, contrarios a los que favorecen a los grandes y medianos empresarios–, unos caminos que llevan al puerto de lo colectivo, de la justicia, la igualdad, la libertad, la fraternidad, para ir concretando un sueño que tomó cuerpo hace ya dos siglos y algunos años más, caminos sin los cuales no será posible que en nuestro terruño haya espacio para todos, un espacio para vivir sin ser arrinconados sino con espacio suficiente, tanto en el campo como en la ciudad, es decir, para vivir en dignidad. 

 

*Sarmiento Anzola, Libardo, “2002-2018, la herencia Uribe-Santos”, Le Monde diplomatiqueedición Colombia, agosto 2018, pp. 4-8.

 

 

Publicado enColombia
“Las corporaciones hacen lo que quieren con la salud de la población”

“Esto es una guerra en tiempos de paz; producto de esta tremenda pandemia la gente se enferma y fallece. Lo que ocurre es que el proceso es tan lento que no se percibe en toda su complejidad. Es un combo explosivo pero en cámara lenta, por eso, nadie lo ve”, describe Marcelo Rubinstein, doctor en Ciencias Químicas e investigador superior del Conicet. Según cifras de la OMS, actualmente, existen más de 2 mil millones de personas con sobrepeso, de las cuales 700 millones son obesas. En 2017, la FAO –agencia de la ONU que se ocupa de los problemas vinculados a Alimentación y la Agricultura– y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) publicaron un informe con resultados alarmantes. El documento reveló que Argentina se ubicaba como el país de Latinoamérica y el Caribe con más hombres adultos obesos (con una prevalencia de 26,7 por ciento) y la tercera tasa de mujeres adultas obesas (con un 30.1 por ciento) detrás de Uruguay y Chile.

El sobrepeso y la obesidad constituyen el principal conflicto de salud a nivel internacional. ¿Por qué? Porque estimulan la emergencia de un rosario de trastornos y enfermedades que, tarde o temprano, emergen y suceden en catarata. Problemas cardiovasculares, hipertensión, insuficiencia renal, diabetes, várices y úlceras venosas, cáncer de colon, dificultades respiratorias, cálculos, arterosclerosis y osteoartritis encabezan la lista. Además, el aumento del tejido adiposo genera un estado crónico inflamatorio que, como si fuera poco, acelera el deterioro del sistema nervioso y adelanta el advenimiento de enfermedades neurodegenerativas.


Hoy en día sucede algo paradójico: existen más personas con sobrepeso que con desnutrición. ¿Se trata de adictos que abrazan conductas autodestructivas, o bien de víctimas de un sistema hiperconsumista? ¿De qué manera las publicidades promueven la construcción y posterior naturalización de un ambiente “obesogénico”? El especialista hilvana una respuesta: “La desnutrición siempre estuvo asociada a las capas más vulnerables de la sociedad, pero la obesidad, en sus comienzos, empezó a afectar a los estratos con mayor poder adquisitivo. No obstante, se revirtió gracias a una estrategia de marketing y publicidad muy perversa de los grupos de la industria de agroalimentos”.


Se refiere a la promoción de comestibles ultraprocesados vendidos a precios bajos que crean una falsa sensación por partida doble: que las personas se alimentan y, al mismo tiempo, que acceden a bienes a los cuales antes no tenían acceso. Desde aquí, las modificaciones en los hábitos de consumo constituyeron un fenómeno propuesto y constantemente reactualizado por el propio mercado y, como resultado, los humanos comen muchísimo peor que en décadas precedentes. En este sentido, ¿cómo limitar la actividad de las corporaciones?


En Argentina, la principal resistencia se llama Copal (Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios). Por ello es que, como recomienda la ONU, la obesidad y el sobrepeso implican un conflicto de salud pública que no puede ser resuelto por personas ni por familias particulares sino por la intervención directa y comprometida de los estados. Tanto Adolfo Rubinstein –titular de la Secretaría de Salud– como el propio Mauricio Macri, durante la apertura de sesiones legislativas de este año, indicaron que la prevención de la obesidad infantil conformaba el tópico a combatir más importante del área.


Como se puede prever, entonces, resulta fundamental ajustar los controles en el mundo de los alimentos y las bebidas. “Si bien el Estado regula el nivel bromatológico de los alimentos –esto es: que no contengan tóxicos o contaminantes– no hay una supervisión respecto del azúcar agregada y los ultraprocesados. Las empresas son capaces de recrear líquidos con sabor y olor a naranja, envueltos en sobres con imágenes de naranjas pero que, por supuesto, no son naranjas”, indica Rubinstein. Se refiere, por caso, a los típicos jugos en polvo y a los helados de palito, cuyos envoltorios incluyen las imágenes de frutas espectaculares pero que en realidad son mezclas de agua, azúcar y sustancias que recuerdan el sabor original, aunque distan bastante de aportar los valores nutricionales que aparentan. Bajo esta premisa, es posible advertir de qué manera los avances tecnológicos no siempre equivalen a progreso: en 2018, el ser humano dispone de las mejores tecnologías pero, desafortunadamente, utiliza sus conocimientos para perjudicar a la sociedad.


Hace apenas dos años, en Inglaterra, detectaron que el aumento de los índices de obesidad tenía estrecha relación con el consumo sostenido de las famosas papas fritas de paquete. Como resultado, el Estado incrementó los impuestos a los productores de snacks. Algo similar ocurrió en México con las bebidas azucaradas. En noviembre pasado, Argentina intentó hacer lo propio con un impuesto para regular el consumo de gaseosas pero se chocó de frente con dos lobbies. Uno en Tucumán que, a través del gobernador Juan Manzur –paradójicamente, ex ministro de Salud– amenazó con que de continuar con la propuesta, los legisladores tucumanos no votarían la ley de reforma previsional. Por supuesto que al mandatario provincial lo que le preocupaba era defender la industria azucarera tucumana en detrimento de la salud de la población. El otro, como era de esperar, vino del lado de los empresarios: la división argentina de Coca Cola presionó lisa y llanamente con abandonar su programa de inversiones en el país. En efecto, la iniciativa se cajoneó.


Nuevas etiquetas


El Gobierno anticipó que el mes próximo lanzará un plan nacional de etiquetado frontal para robustecer la prevención del sobrepeso y la obesidad infantil, ya que afecta al 40 por ciento de los niños. “El mejor ejemplo de todos lo constituye Chile, con una especie de semáforo voluntario cuyo objetivo es la advertencia. Se realizó un excelente trabajo de psicología: como los humanos toman sus decisiones en cuestión de segundos emplearon símbolos susceptibles de ser rápidamente interpretados con información contundente. Se trata de un octógono negro que con letras blancas notifica a los consumidores que el comestible que está a punto de llevar al changuito es ‘alto en azúcar’, ‘alto en sal’, o bien, ‘alto en grasas trans”, narra Rubinstein. De esta manera, si el producto reúne dos octógonos negros ya no puede ser publicitado por medios de comunicación o en la vía pública. Se trata de una estrategia imitada por Uruguay, Perú y Canadá que, aunque no prohíbe la venta apunta a la reconversión de la industria. No es casual que la propia Coca-Cola haya incluido la leyenda “sin azúcar” en su etiquetado, en reemplazo paulatino de sus variantes “light” y “Zero”, ambigüedad intencional –artimaña marketinera– para confundir al consumidor.


No obstante –a pesar de que ya están demasiado grandes y pueden defenderse solas– las corporaciones no luchan en soledad. Por el contrario, sostiene el químico, “cuentan con el auxilio de médicos y políticos comprados por estos lobbies. De la misma manera ocurre con el complejo de la industria farmacéutica que trabaja codo a codo con los visitadores médicos cooptando especialistas para asegurarse la venta de los productos”. Y completa: “¿Qué mejor para las farmacéuticas que tener a millones y millones de personas enfermas con diabetes, afecciones cardiovasculares y cáncer como resultado de la obesidad?”.


Los Estados gastan un dineral considerable en remedios para curar enfermedades que son absolutamente prevenibles. Sin embargo, ante la falta de planificación sus pretextos eluden el abordaje directo de la problemática. De todos, el preferido es el de la “multicausalidad”. ¿En qué consiste? Según Rubinstein, “a veces se vuelve tan ‘multi’ el problema que se torna inabordable. Se culpa al sedentarismo provocado por el delivery y los medios de transporte, cuando el problema fundamental es la libertad que tienen las corporaciones para hacer lo que quieren con la salud de nuestras poblaciones”. El Ejecutivo, mientras tanto, insta a los ministerios de Salud, Producción y Agroindustria a ponerse de acuerdo, aun a sabiendas de la imposibilidad manifiesta.


Para quienes gustan de emplear la memoria, esta es una situación muy similar a la que sucedía cuando el mundo advirtió que fumar causaba cáncer de pulmón y EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica). En muchos países, el lobby industrial cedió frente a un concepto de salud pública que priorizaba la defensa de la población. Hoy, “aunque no está prohibido fumar, se ganó la batalla cultural: no hay una persona que ignore todos los males que conlleva el consumo de cigarrillos. No obstante, durante mucho tiempo creímos que si fumábamos éramos más piolas y teníamos más chances en el amor”, dice.


En un mundo poco entrenado para respetar las diferencias, el estigma social que deben revertir las personas obesas tornan la situación aún más compleja. Como todo problema de salud pública implica librar una batalla económica, política y cultural y, desde aquí, la sociedad requiere de representantes comprometidos y capaces de ponerse en puntitas de pie y observar más allá de la medianera del presente. “Las nuevas generaciones de jóvenes vivirán menos que sus padres, ya que la malnutrición afecta la calidad de vida de manera notoria y perjudica, a largo plazo, la expectativa de vida. Los políticos no advierten que si no modifican la legislación del país, sus hijos vivirán menos que ellos”, concluye Rubinstein.


Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Publicado enSociedad
Miércoles, 26 Septiembre 2018 17:58

El poder en manos de todos

El poder en manos de todos

Los tiempos que corren, marcados por el sello indeleble de dos revoluciones industriales interrelacionadas*, han liberado intensas energías que propician un capitalismo cada vez más excluyente y autoritario.

Son unas energías que, encauzadas por la computación y la internet, han reducido el mundo a una aldea con un inmenso circuito financiero interconectado que cruza a todos los países, bien por satélites o por cables submarinos, registrando todo tipo de operaciones bancarias, depositando minuto a minuto decenas de millones en las cuentas de escasos 8 megaricos, los que según el reporte de Oxfam poseen lo mismo que 3 mil seiscientos millones de personas. Y junto a ellos, otra reducida pléyade de millonarios que acumulan a su haber lo producido por el esfuerzo de millones de trabajadores, hombres y mujeres.

Esos personajes, en realidad cabezas de multinacionales como Amazon, Microsoft, Facebook, Inditex-Zara, Berkshire Hathaway, Oracle, Bloomberg LP, Claro, y los tradicionales bancos y petroleras que acumularon el fruto de trabajo de millones durante todo el siglo XX, grupos empresariales cruzados de diversa manera con el capital financiero internacional, todos los cuales influyen o determinan, con las tecnologías y capitales que controlan, el rumbo de diversos Estados y/o gobiernos integrantes del sistema mundo capitalista.
La influencia económica, política, cultural y militar de estos inmensos grupos empresariales es inocultable. Por un lado imponen sus desarrollos tecnológicos a los Estados a través de licencias privativas, dejándolos a merced de su espionaje, sometiendo su soberanía educativa y tecnológica, sentando su influencia sobre estos estados, además, a través de asesorar sus ejércitos y sus servicios de inteligencia. El control social hoy vigente por doquier, así como los altos niveles de autoritarismo impuestos a lo largo y ancho de todos los continentes, está soportado sobre tecnologías desarrolladas o encargadas a estas corporaciones.

Por otro lado, asientan referentes culturales por doquier, trazando matrices de presente y futuro, cerrando las ventanas del sueño utópico de otra sociedad posible y abriendo las puertas de la conformidad; a la par de asegurarse por diversos canales –como la normatividad supranacional– el control/protección de sus ingentes capitales,

Todo ello, miles de millones resumidos en pocas cuentas, contratación de cientos de miles de trabajadores en sus empresas, inocultable influencia política sobre numerosos Estados, control tecnológico, monopolización de las comunicaciones, capacidad especulativa, arrasamiento de la privacidad por doquier, etcétera, ha llevado a la democracia formal a su agonía. Una democracia directa, radical, donde la consulta al conjunto social de todas aquellas decisiones estratégicas que le afectan sean obligatorias, decididas a voto limpio, surge como una alternativa inaplazable. Aquí, en Colombia, la “democracia más vieja del continente”, como en todo el mundo, esta opción también está a la orden del día.

Una oferta incumplida

La burguesía decapitó políticamente a la monarquía con el filo de la guillotina, en lo económico con la apertura de una producción y un comercio con menos barreras, y culturalmente con la oferta de libertad, igualdad y fraternidad. Esa rancia monarquía quedó como simple porcelana que decora las salas de recibimiento en las sociedades europeas, allí están los Borbones y otros más.

Su triunfo fue facilitado y potenciado por la multiplicación de la capacidad productiva desatada como resultado inmediato de la primera revolución industrial, por la acumulación de capital devenida de un comercio que derrumbaba murallas sin contemplación alguna y la misma influencia cultural que fueron ganando sus ideales. Sin embargo, su promesa fue solo eso, una promesa. En los dos siglos y algunos años más de su gesta, en pocas, tal vez muy pocas sociedades regidas por los principios que abanderaron, tal triada la han vivido a plenitud sus pobladores.

Para constatación, basta revisar los derechos de primera generación, los conocidos como Derechos civiles y políticos, entre estos:

• “Toda persona tiene los derechos y libertades fundamentales sin distinción de raza, sexo, color, idioma, posición social o económica”
• “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles inhumanos o degradantes, ni se le podrá ocasionar daño físico, psíquico o moral”
• “Nadie puede ser molestado arbitrariamente en su vida privada, familiar domicilio o correspondencia, ni sufrir ataques a su horna o reputación”
• “Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia”
• “Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacífica”.

Ante la lectura cuidadosa de estos preceptos, redactados hace más de dos siglos, y su más cuidadosa constatación con la realidad pasada y presente, es evidente que los mismos no han tenido plena concreción en el tiempo trascurrido. ¿Qué dirán ante cada uno de estos derechos los miles de miles que desde África tratan por estos días de migrar hacia Europa? ¿Qué opinarán quienes son encarcelados en múltiples países del actual sistema mundo al pretender motivar a sus congéneres a luchar por un gobierno otro? ¿Qué gritaran quienes llenan distintos presidios por doquier? ¿O qué nos confirmarán los que por tener otro color de piel son excluidos en la tierra que los vio nacer o aquella a la cual llegaron años después en procura de ingresos dignos para vivir o buscando protección para sus vidas?

¿De qué libertad, igualdad y fraternidad pueden ufanarse quienes con la guillotina dieron paso a estos derechos si la riqueza de otrora potencias globales como Francia fueron amasadas sobre el filo de las bayonetas, tanto en África, como en Asia y nuestra América, incluida su región Caribe?

Promesas, simples promesas. Pero también control social, hegemonía política, así como manipulación y dominio político. Todo esto, una ironía de quienes como clase dieron origen a estos derechos, pues lo que en gran medida resumía esta Primera Carta de Derechos (derechos de primera generación –civiles y políticos–) eran las necesidades que como clase tenían estos mercaderes, pero no mucho más.
Una oferta de nueva sociedad erigida en medio de incumplimientos. A la par que imponían sus demandas el mundo permanecía y continuaba plagado de sociedades esclavizadas, oprimidas, excluidas. Y contra tal realidad se levantaron obreros y campesinos, además de otros sectores populares. En cada país hay historias por retomar, en cada país hay memoria viva que pretenden borrar quienes figuran allí como genocidas y masacradores.

Han sido luchas de los de abajo contra los de arriba, con las cuales dieron cuerpo a lo que décadas después fue conocido como los Derechos de segunda generación –económicos, sociales y culturales–, muchos de ellos conquistados sobre inocultables charcos de sangre, lo que recuerda que hasta el siglo XIX y bien entrado el XX ningún derecho fue reconocido sin resistencia ni violencia por parte de quienes detentaban el poder. Es la ley del poder. Luego esos mismos sectores que lo concentraban a su favor transforman los derechos en un galimatías al cual acceden en igual condición personas o individuos, grupos sociales y empresas, entre ellas las multinacionales. ¡Y todos, individuos, grupos sociales y multinacionales son reconocidas en igual condición y con igual posibilidad!

De los Derechos de segunda generación, valga recordar, hacen parte entre otros:

• “Toda persona tiene derecho a la seguridad social y a obtener la satisfacción de los derechos económicos sociales y culturales”
• “Toda persona tiene derecho al trabajo en condiciones equitativas y satisfactorias”
• “Toda persona tiene derecho a formar sindicatos para la defensa de sus intereses”
• “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure a ella y a su familia la salud, alimentación, vestido, vivienda, asistencia médica y los servicios sociales necesarios”.

¿Qué dirán ante estas referencias de vida quienes buscan sin resultado positivo trabajo? ¿Qué opinarán quienes presencian sumidos en angustia los padecimientos de su familia por no tener mesa abundante, por no contar con un techo bajo el cual guarecerse o médico al cual acudir y del cual obtener fórmula presta que no le implique la compra de medicinas especializadas para las cuales no tiene dinero con que adquirirlas? ¿Qué podrán contar quienes intentaron conformar un sindicato y por ello fueron expulsados de su puesto de trabajo, amenazados y obligados a dejar su ciudad, o asesinados?

Del dicho al hecho hay mucho trecho, dice el refranero popular, y no se equivoca. Es así como la democracia –el gobierno del pueblo y para el pueblo, o el gobierno de las mayorías al servicio de todos– queda como un referente para guiar los pasos de la humanidad, algo por lograr. Una democracia más allá de la liberal –electoral–. Es por ello que enrutar las energías sociales tras tal meta deberá ser uno de los objetivos de los movimientos sociales en los tiempos que corren.

Es precisamente este reto el que nos recuerda que la democracia, la realmente existente, está en disputa. Por lo cual, asumirla como referente de las luchas en curso o por venir, es seleccionar la más trascendental de las dianas que podemos ver y determinar en el entorno y momento que vivimos.

En esta pugna, los sectores populares cuentan a su favor que, más allá de sus deseos, los poderosos del mundo no pueden controlar ni parar las energías desatadas por las revoluciones industriales en marcha, de tal manera que la concentración de riqueza proseguirá sin control ni límite alguno, y con ella la inconformidad global con esta realidad; el poder, como quintaesencia para asegurar los privilegios de unos pocos, potenciará aún más la violencia “legalmente constituida” y todo tipo de espionaje y violaciones a la privacidad y libertad de las mayorías, ahondando así el autoritarismo, negando de manera efectiva la libertad; y, con todo ello como marca esencial del sistema social-económico y político vigente, ¿es posible solidaridad alguna? Sálvese quien pueda, es la norma de normas que hoy impera en el mundo.

Es una realidad a la cual hay que torcerle el brazo. En el afán de numerosos sectores sociales por actuar ante la catástrofe en que está entrando el conjunto social global, y con ésta hasta la mismísima Tierra como casa de la humanidad, van tomando cuerpo otras formas de hacer y de vivir, experiencias de otra economía posible, basadas estas en procesos solidarios, cooperativos, comunitarios, procesos donde la misma propiedad de los medios de producción, además de la planeación de qué y cómo producir, la forma de hacerlo, así como la apropiación de lo generado por el trabajo de muchas personas, deja a un lado el interés estrictamente privado para adentrarse en el colectivo.

Sobre este particular destacan en nuestra región experiencias como las de Cecocesola con asiento en Barquisimeto –capital del estado Lara, Venezuela– la cual, aún en la crisis que hoy vive este país, ha logrado conservar su dinámica autónoma, la red de productores agrarios y de comercialización de sus productos, así como el centro de salud.

En Colombia, el referente es Confiar cooperativa financiera que tras sus más de cuatro décadas de experiencia, trascendió de un fondo de empleados creado por los trabajadores de Sofasa a una propuesta solidaria abierta que hoy cuenta con más de 166 mil asociados, así como algo más de 277 mil ahorradores, cuyos aportes permiten el apoyo constante a diversidad de experiencias sociales, culturales, comunitarias, educativas, artísticas, informativas y de otros órdenes, evidenciando con su práctica que en lo económico sí es posible tejer un camino diferente al impuesto por la institucionalidad. El estímulo al consumo consciente, es una apuesta fuerte con la cual se crean las bases de otra forma de ser y estar en este planeta. A su vez, el reconocimiento y valoración del liderazgo femenino y juvenil, potencia los nuevos actores sociales, de cuya mano también está el tema ambiental.

En Brasil, el Movimiento de los Sin Tierra, con más de 9 mil asentamientos agrarios, producto de la recuperación de la tierra por parte de los campesinos sin tierra, reconfirma que “una mano más otra mano no son dos manos… sino muchas más”, son comunidad, son pueblo.

Actuando de manera directa, más de un millón de familias han obtenido sus tierras y más de 130 mil están acampadas, es decir, en proceso de reconocimiento de su propiedad.

Estos campesinos, no solo han liberado su tierra, sino que además han construido sus viviendas, escuelas, incluso universidad, poniendo en marcha una producción asociada, limpia, sin tóxicos, además de mercadear alimentos procesados, vinos, artesanías, etcétera.

En Argentina, fábricas como Zanón y Brukman, el hotel Bauen, y otras experiencias exitosas de empresas asumidas de manera directa por sus trabajadores, asociados en cooperativas, demuestran sin duda alguna que sí es posible liderar y mantener en funcionamiento, por parte de los trabajadores, cualquier tipo de empresa. Además, y este es el caso de lo conocido de manera genérica como “Fábricas sin patrón”, que la solidaridad comunitaria es sustancial para que este tipo de experiencias no sean ocupadas policial o militarmente por los protectores del capital (el Estado y sus Fuerzas Armadas), así como para lograr una mejor difusión de todo aquello que producen, comercian u ofrecen como servicios.

En pocas palabras, economía, colectivo, común, solidario, redistribución, autonomía, son sinónimos que entretejidos abren puertas distintas a las capitalistas, procesos y experiencias que a pesar de estar sometidos en muchos de sus cotidianidades a los canales imperantes van creando otra cultura, sin la cual no es posible darle un portazo al mismo sistema económico-social hoy dominante.
Son ejercicios de vida y de esperanza, dinámicas todas estas que van en contravía de lo impuesto por la producción capitalista, y en ella por la misma dinámica ganada por las multinacionales donde la producción de hecho es cada vez más colectiva pero su apropiación no deja de ser particular. Así realza en casos como Amazon, Microsoft, Facebook, la primera de las cuales contaba en el 2017 con 566.000 trabajadores, Microsoft 133.000, Facebook más de 25 mil, sin dejar a un lado emporios como Samsung con 275.000 trabajadores y Walmart con 2.300.000. Otros muchos ejemplos podrían relacionarse y en todos ellos lo típico es que quien apropia para si lo producido por muchos es alguien que ha “desarrollado” un sistema inteligente que le permite interrelacionar a muchos, centralizando por vías de sistemas inteligentes sus saberes y producidos.

Hasta aquí podríamos decir que de acuerdo a la lógica imperante desde hace dos siglos largos todo está bien, pero sucede que esos sistemas inteligentes han visto la luz producto de investigaciones financiadas con dineros públicos. No es una exageración. Es conocido que la internet es el producto de prolongadas investigaciones de carácter militar financiadas por el Pentágono, el cual, como es obvio, funciona con base en los dineros públicos. Pese a ello, su apropiación económica ha terminado en manos de Microsoft. Todo un contrasentido. Así mismo ocurrió con la tecnología satelital, hoy resumida en los GPS producto de prolongadas investigaciones encabezadas por la Nasa, tecnología experimentada en la aviación, en cohetería y otros tanto usos militares. Millones de seres humanos cotizan mes a mes al erario público, que a su vez destina la caja de ahorros para asegurar el avance de la ciencia y la tecnología con supuesto sentido colectivo, pero al final unos pocos son los que ven los réditos de todo ello, sobretodo en sus depósitos bancarios.

Son empresas las beneficiadas de esta sin razón, las que además prestan un servicio de carácter estratégico con efectos, para bien o para mal, sobre el conjunto social, tanto en su país de origen como más allá del mismo. De ahí que reclamar el carácter social, público y común de este tipo de empresas, sea una reivindicación con plena vigencia. Es así como una ventana se abre para un futuro donde la igualdad tenga un asidero real, la libertad sea algo más que una consigna y con ello la fraternidad –la solidaridad, como referente más plausible– ganen el espacio necesario entre todos los seres humanos. Estamos así ante luces poscapitalistas; un futuro más cercano de lo que muchas veces vaticinamos.

Sin duda, otra democracia, además de necesaria, sí es posible.

 

*Estamos en presencia de dos revoluciones industriales: la tercera, que va llegando a su final, basada en la electrónica y las tecnologías de la información. Tenemos, como algunos de sus desarrollos: computadoras personales, clusters, redes de información; y la cuarta que está en pleno desenvolvimiento y que está basada en la simbiosis entre las dimensiones física, digital y biológica. Entre algunos de sus desarrollos más notables: robótica de todos los tipos, aprendizaje de máquinas, interface chip-célula.


 

Democracia, ¿solo electoral? 

Es una realidad de perogrullo que los sectores dominantes se obstinan en afirmar que allí donde se celebran elecciones son países democráticos. Nada más irreal. Lo electoral, es solamente una de sus expresiones, las otras son la economía, el medio ambiente, la cultura. Así lo recuerda Antonio García Nossa: “La democracia es total en el sentido de que no puede existir a medias, ni como una suma de partes desordenadas y sueltas, ni como un sistema contrahecho que declara a los hombres libres pero les niega los medios –económicos, culturales y políticos– de ejercicio de la libertad”.

Precisamente Colombia es el prototipo de esta deformación de la democracia, o la expresión masiva en América Latina de la democracia que no va más allá de la norma, de la apariencia, ocultando una dictadura civil, soporte de una profunda desigualdad social, de la pervivencia de amplias capas de nuestra sociedad arrojadas al abismo del empobrecimiento y la miseria, así como al temor generalizado a opinar pues quien lo haga corre el riesgo de ser amenazado, expulsado de su terruño –desplazado– o simplemente asesinado. Años atrás la tortura y la cárcel era el camino preestablecido, hoy no lo es tanto, aunque no es extraño el descuartizamiento de cuerpos inermes y otras barbaridades que la humanidad creía haber superado tras la “humanización” de la guerra, mucho más en la disputa entre civiles.

 

La democracia es una palabra hueca entre nosotros, así lo resume su historia reciente:

 

1.Durante el siglo anterior, por lo menos desde 1946 fue desatada por una parte del establecimiento una guerra contra el pueblo indefenso, la cual tuvo dos años después, el 9 de abril de 1948, un punto de caldera que desató odios incontenibles. La guerra civil tomó forma, por lo menos hasta 1953, años durante los cuales la masacre de miles de campesinos, el desplazamiento de no menos de 250 mil, su despojo, la injusticia en los tribunales, el llamado a la barbarie desde los púlpitos, la utilización de la Policía y del Ejército como cuerpos privados para la defensa de terratenientes. En esas condiciones, el Partido Conservador celebró elecciones, sin contrincante alguno, y retuvo el manchado poder que retenía desde 1946 en cabeza de Mariano Ospina Pérez, quien lo entregó a Laureano Gómez; al caer éste enfermo en 1951 vio continuada su función por Roberto Urdaneta Arbeláez. 

2.En 1953 dejan las apariencias e instalan una dictadura militar abierta en cabeza del general Gustavo Rojas Pinilla.

3.Una junta militar destituye a su Jefe y asume entre 1957-1958 el gobierno.

4.Tras un pacto oligárquico entre liberales y conservadores se reparten el poder por espacio de dos décadas, durante las cuales las elecciones eran una farsa pues ya se sabía cual de los dos partidos gobernaría, es decir, la elección era solamente entre quienes aspiraban a la Presidencia por un mismo partido. Otras formaciones políticas estaban prohibidas, no solamente para la disputa electoral sino para ejercer su opinión y acción político de manera cotidiana. 

5.Superada esta etapa de la vida republicana, para contener las fuerzas democratizadoras que intentaban abrirse espacio por doquier, criminalizan en 1978 con el Estatuto de Seguridad toda protesta social.

6.A partir de los años 80, desatan una guerra soterrada contra el pueblo a través de un proyecto paramilitar de extensión nacional. Los miles de muertos, desaparecidos, desplazados, los despojados, el control de por lo menos el 30 por ciento del Congreso de la República por esas mismas huestes, a pesar de realizarse elecciones, dibujan el real carácter del régimen.

7. Las elecciones no dejan de sucederse, a pesar del asesinato de candidatos presidenciales, y de aspirantes al Congreso y otros cuerpos de elección popular. 

8. Potenciando el carácter criminal de los narcotraficantes, la guerra arrecia sobre todo aquello que se considera oposición. La división y atomización de la sociedad, producto del miedo generalizado, es su propósito, el cual es cumplido a cabalidad.

9. Una guerra sin miramientos éticos ni de ningún tipo ensancha sus ecos desde el 2002, dejando entre sus saldos trágicos lo que es conocido por la memoria nacional como los “falsos positivos”.

 

Pese a ello, las elecciones prosiguen su curso. También la concentración de la riqueza en pocas manos:

 

Riqueza en pocas manos

Al detallar en Colombia los ingresos de los más ricos contra el ingreso de la clase media, los resultados son escandalosos: el ingreso del 1 por ciento más rico es 11 veces el de la clase media, el del 0.1 por ciento es 52 veces y el del 0.01 por ciento es 149 veces.

Si comparamos estas cifras con los más empobrecidos del país, los resultados son peores. El ingreso del 1 por ciento más rico es 39 veces el del 10 por ciento más pobre, el del 0.1 por ciento es 275 veces y el del 0.01 por ciento es 789 veces. 

Que 4.770 connacionales (0.01 más rico) ganen 150 y 789 veces el ingreso de una persona de la clase media y pobre respectivamente, explica por qué registramos como uno de los países de mayor desigualdad a nivel mundial. 

 

La tierra

Según el análisis de Oxfam (2017), sobre la propiedad y uso de la tierra en Colombia, publicado en el informe “Radiografía de la desigualdad”, nuestro país sigue siendo el más desigual del continente en materia de distribución de la tierra. Solamente el 1 por ciento de las explotaciones de mayor tamaño (Unidades de Producción Agrícola, UPA, de más de 500 hectáreas) maneja más del 80 por ciento de la superficie productiva de tierra, mientras que el 99 restante –campesinos, propietarios de minifundios– se reparte menos del 20 por ciento de la tierra productiva para vivir.

La concentración de la tenencia de la tierra sufrió un agravamiento en las ultimas décadas, a tal punto que las explotaciones de más de 500 hectáreas pasaron de 5 millones en 1970 (el 29% del área total censada) a 47 millones en 2014 (el 68%), su tamaño promedio también aumentó pasando de menos de 1.000 hectáreas en 1960 a 5.000 hectáreas en 2014.  

En la actualidad –según el censo nacional agropecuario del 2016, que comprendió 111,5 millones de hectáreas–, el uso del suelo en millones de hectáreas se divide de esta manera: Bosques 63,2; ganadería 34,4; agricultura 8,5; otros usos 5,4. De manera adicional, a finales de 2012 fueron suscritos 9.400 títulos mineros que responden a 5,6 millones de hectáreas.

Vale la pena decir que en las zonas que se denominan de agricultura el 75 por ciento cultivado responde a monocultivos de caña de azúcar, palma africana y café, mientras que en el 15 por ciento restante se cultiva variedad de cultivos transitorios.  

La vivienda

La tasa de personas con vivienda propia en las zonas urbanas es de 5,1 millones, quienes viven en arriendo suman 4,9 millones de hogares y quienes no tienen una vivienda o viven en hacinamiento son alrededor de 1,3 millones, juntándose con los 2 millones más que tienen un déficit cualitativo de vivienda, es decir, que carecen de acceso a servicios públicos, vías publicas y los entornos no son aptos para vivir.

 

Empobrecidos y enriquecidos por el sistema

Tomando como referencia el año 2017, “la pobreza por ingresos en Colombia se mantiene en el 29,5 por ciento; 26 por ciento en los centros urbanos y 41,1 por ciento en las zonas rurales. Por su parte, en el campo, más que pobreza lo que el país tiene es indigencia: mientras en las ciudades los indigentes son el 7 por ciento, en el campo alcanzan el 33 por ciento”.

“Contrario a esto, y como problemática que denota a todas luces la antidemocracia vigente entre nosotros, estructuralmente la clase rica representa el 10 por ciento de la población y se queda con el 45 por ciento del ingreso producido anualmente por la sociedad; peor aún, el 1 por ciento de los estratos altos concentra el 20 por ciento del ingreso nacional, adicional al monopolio del poder político, estatal y mediático. A la clase media pertenece el 40 por ciento de la población y tiene una participación simétrica en los ingresos del país. Los sectores populares constituyen el 50 por ciento de los habitantes y reciben solo un 16 por ciento del total de los ingresos”*.

 

El juego del voto

Democracia de apariencia. Mientras la desigualdad social ahondaba su brecha en el país, mientras las armas oficiales y no tanto garantizaban tal dinámica, las urnas permanecían abiertas, ofreciendo cada cuatro años una posible transformación del país si cambiaba la cabeza de su gobierno. ¿Será posible tanto con tan poco?  Las experiencias de diferentes países están a la vista. Pero, sea cual sea la realidad y la efectividad del voto, lo cierto es que lo vivido entre nosotros es una democracia aparente, formal, soportada sobre el uso despiadado de las armas, democracia difundida y consolidada a través de los medios de comunicación y de la escuela como si se tratara de una democracia real, plena.

 

El sueño de la esperanza

 

Pese a ello, mientras esto sucedía, mientras la democracia liberal mantenía sus formas, en diversidad de territorios de nuestro país una variedad de actores sociales no cejaban en su esfuerzo por darle cuerpo a otro país posible, reuniendo para ello esfuerzos variados en lo económico, político y social. 

Encontramos allí experiencias cooperativas y solidarias de múltiple origen y logros; experiencias agrícolas rurales colectivas, bien a través de manos indígenas o de campesinos de distinto origen, que logran que la tierra produzca más y mejor de lo que lograría un solo campesino pobre en su reducido minifundio; experiencias de distinto logro en la comercialización de variedad de productos; experiencias educativas que forman a su alumnado con un sueño de una Colombia posible donde todos vivamos en felicidad; en fin, encontramos otros caminos abiertos o en proceso de serlo –contrarios a los oficiales y normatizados, contrarios a los que favorecen a los grandes y medianos empresarios–, unos caminos que llevan al puerto de lo colectivo, de la justicia, la igualdad, la libertad, la fraternidad, para ir concretando un sueño que tomó cuerpo hace ya dos siglos y algunos años más, caminos sin los cuales no será posible que en nuestro terruño haya espacio para todos, un espacio para vivir sin ser arrinconados sino con espacio suficiente, tanto en el campo como en la ciudad, es decir, para vivir en dignidad. 

 

*Sarmiento Anzola, Libardo, “2002-2018, la herencia Uribe-Santos”, Le Monde diplomatiqueedición Colombia, agosto 2018, pp. 4-8.