Derrumbe inédito del precio del petróleo

El precio del barril WTI cayó de 18,2 dólares a menos 38,7 dólares 

El problema se origino porque este martes vencen en Estados Unidos miles de contratos a futuro con entrega en mayo en un contexto de sobreoferta y sin capacidad de almacenamiento disponible.

El petróleo WTI operó este lunes con precios negativos por primera vez en su historia. La cotización del barril se derrumbó de 18,20 dólares a menos 38,7 dólares debido a la desesperación de gran cantidad de operadores por tratar de evitar la entrega de crudo físico en mayo. El problema se originó porque este martes vencen en Estados Unidos miles de contratos a futuro. Por lo general, cuando un trader no quiere recibir la entrega que pactó originalmente vende ese contrato en el mercado secundario y se posiciona en otro, pero en esta ocasión el derrumbe de la demanda provocado por el coronavirus ha sido tan extraordinario que esa venta se convirtió para muchos en una operación ruinosa, pues algunos llegaron a pagar 38,5 dólares por barril solo para que alguien se haga cargo de ese crudo. Argentina se mantuvo al margen de esta crisis puntual porque el crudo que se toma como referencia en el país es el Brent del Mar del Norte que cayó 8 por ciento, pero permanecía por encima de los 25 dólares.

Una opción que tienen los traders o especuladores cuando les ofrecen valores bajos en el mercado secundario es almacenar ese crudo hasta que los precios se recuperen, pero como la caída de la demanda mundial ahora supera el 30 por ciento esa opción se complica. Reuters informó este lunes que el centro de almacenamiento en la ciudad de Cushing, Oklahoma, donde tiene lugar la entrega física de barriles de petróleo estadounidenses comprados en el mercado de futuro estaba hace un mes al 50 por ciento y ahora al 69 por ciento, según datos del Departamento de Energía de Estados Unidos. Las reservas en Cushing aumentaron 9 por ciento solo desde el viernes, situación que explica la desesperación de aquellos que no tienen almacenamiento reservado para tratar de ubicar el crudo en algún lado.

Los traders trataron de desprenderse este lunes de los contratos como si fueran una papa caliente pero hubo pocos interesados en comprar ese crudo con entrega en mayo. A raíz de esa situación es que el precio del barril se sumergió a niveles difíciles de imaginar hace poco tiempo.

Los problemas para colocar los contratos ya habían comenzado a quedar en evidencia desde temprano. Según precisó Reuters, a las 2 de la tarde hora argentina el petróleo WTI a junio cotizaba a 22,26 dólares, 11 por ciento menos que el viernes, y 840.000 contratos habían cambiado de manos, mientras que en los contratos a mayo el barril se había derrumbado a 1,8 dólares, un 90 por ciento menos que el viernes, pero solo 131.000 contratos habían cambiado de manos. Lo que vino después fue una debacle de los precios todavía peor, cayendo hasta menos 38,7 dólares.

Semejante derrumbe sin duda está motivado por maniobras especulativas protagonizadas, en muchos casos, por inversores que pareciera que nunca terminaron de comprender el riesgo al que se estaban exponiendo. No obstante, esta situación anómala fue posible por la contracción inédita de la demanda de crudo que provocó la crisis sanitaria.

Después de la guerra de precios desatada a comienzos de marzo, la Organización de Países Exportadores de Petróleo y sus naciones aliadas acordaron el pasado 12 de abril un recorte en la producción de crudo de 9,7 millones de barriles diarios durante mayo y junio. A su vez, algunos países del G20, con Estados Unidos a la cabeza, se comprometieron por lo bajo a elevar esa cifra a 15 millones de barriles diarios. Sin embargo, ese recorte se efectivizará recién a partir del mes próximo y ni siquiera es seguro que alcance a empardar la disminución de la demanda. Eso dependerá en parte de cómo evolucione la crisis del coronavirus. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, viene pronosticando que lo peor está comenzando a quedar atrás, pero con 40.000 muertos solo en Estados Unidos y sin una vacuna a la vista no está claro que la situación vaya a ser muy diferente el mes próximo.

Si las cuarentenas siguen, la demanda seguirá planchada y los países productores probablemente deberán acordar mayores recortes para tratar de preservar el valor de su activo. Si no lo hacen, situaciones como la de este lunes podrían volver a repetirse, aunque se supone que con un impacto menor porque el mercado de futuros de a poco comienza a ajustar sus valores de a acuerdo a la disponibilidad real de crudo. Lo que pasó hasta ahora fue que muchos especularon con que la crisis iba a terminar siendo menor de lo que fue y convalidaron precios en el mercado de futuros que no se terminaron ajustando ni por asomo a lo que ahora está pasando. Por eso este lunes se terminaron estrellando de la peor manera. 

Publicado enEconomía
Omar Rincón: "Este virus no es un partido de fútbol"

El experto en comunicación alerta sobre el tratamiento mediático de la pandemia

 

“El virus vive feliz en los medios”, dice el experto en comunicación colombiano Omar Rincón. Y recomienda a los medios, entre otras cosas, “recordar que este virus no es un partido de fútbol, que cada enfermo no es un gol, que cada decisión de los gobiernos no es un cántico de barrabrava. Menos es más, pero un menos con conciencia social y responsabilidad democrática”.

Rincón es ensayista, periodista, profesor universitario, crítico de televisión y autor audiovisual. Es asiduo visitante de Argentina, adonde viene a dictar clases, escribir o desarrollar distintos proyectos de comunicación. La última vez estuvo en febrero, para grabar las conferencias que irán en el Diploma virtual sobre medios digitales y educación, que empieza en mayo, impulsado en forma conjunta por la Universidad Pedagógica Nacional (UNiPE) y la Oficina en Buenos Aires de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI).

--¿Cómo analiza el tratamiento mediático del coronavirus?

--Dos perlas: “En Caracol Televisión (el canal número uno en rating en Colombia y que duplicó su sintonía en tiempos de esta “cosa”) lo más importante es la gente y su salud”, dicen y agregan que “garantizamos la mejor y más responsable información en tiempo real”. Y para hacerlo nos cuentan esas noticias terroríficas del coronavirus con un dejo de emoción futbolera: cada contagiado es un gol que se narra, cada comentarista es un fanático que inventa análisis, el árbitro es un gobierno que mete más miedo y todos somos barras bravas dispuestas a linchar o reír. Y todo en directo y en vivo: no hay pausa, ni reflexión, ni esperanza, ni humor, ni ambigüedad: y otro virusiado, gol y goool y gooolll. Así esta “cosa” se convierte en miedo mediático ya que nos dice que el mundo real-real es una amenaza, luego mejor quedarnos en casa y como no hay fútbol y deportes, y las telenovelas y realities aburren, mejor ser espectadores de las miserias humanas y políticas de los otros. Así creamos el comportamiento perfecto: estamos en casa viendo la tele porque el afuera real es amenazante, sobre todo porque los humanoides son poco confiables en sus cuerpos.

--¿Qué deberían hacer los medios y el periodismo para informar sobre este virus?

--Reportear, no analizar. Ojo con los títulos. No se trata de un gol, no se cuenta cada “viruseado” como un gol patrio, no se comunica cada miedo con la emoción del hincha. Más que nunca se necesita y exige contexto. Contexto, antes que el directo, el envío primero es el contexto, sin contexto no hay sentido. Hacer periodismo tutorial: más que informar primero, se debe hacer periodismo lento, comprensible y explicativo. Un tutorial que desactive los miedos y active al ciudadano. No se trata de producir terror, sino de colaborar en la generación de confianza. Periodismo lento: no al directo, al en vivo, a la alarma. Sí al pausar, tener datos, verificar los datos, evitar a los expertos opinólogos, ganar el criterio. Esto significa renunciar al periodismo de “todo por un clic” para hacer el periodismo que provee criterio. Menos es más: recordar que este virus no es un partido de fútbol, que cada enfermo no es un gol, que cada decisión de los gobiernos no es un cántico de barra brava. Menos es más, pero un menos con conciencia social y más responsabilidad democrática.

--El diplomado sobre medios digitales y educación en el que usted dará conferencias fue propuesto antes de la pandemia y la cuarentena, ahora parece tener un nuevo sentido.

--Creo que la sociedad compró el discurso digital en todo el mundo y sin ideología. Todos quieren cerrar la brecha digital, todos quieren conectar a todos los ciudadanos con internet, suponen que internet va a liberar al mundo. Y henos aquí viviendo en modo remoto y conectados vía digital. Las empresas de tecnología hacen buen negocio y deciden el modelo de sociedad que nos toca en destino: una de vigilancia y control con ciudadanos conectados y dóciles en sus casas. En este contexto, reflexionar crítica y productivamente sobre los mundos digitales en la educación es urgente: la tecnología no resuelve todo, solo el conectarse; la educación pone las ideas, el humanismo y los rituales cuerpo a cuerpo.

--Marshall Mcluhan...

--Otra vez hemos vuelto a tener el mismo sueño colectivo que hemos tenido desde siempre. Vivimos creyendo que la solución del mundo viene de afuera y hoy las tecnologías incentivan este humo. Hay mucho humo digital y no es de izquierda, ni de derecha. Todos lo aplican idéntico. Las universidades y la educación viven comprando tecnología y creen que con eso transforman el mundo, cuando en realidad le estamos regalando los datos de profesores y estudiantes para que nos vigilen y controlen mejor. Por eso, es clave pensar la relación de medios digitales y educación. Y para hacerlo debe volver a hacer lo que siempre ha hecho, generando conciencia crítica. No comprar el humo pero tampoco ser apocalíptico. Comenzar a dialogar entre culturas modernas con culturas digitales. Por ejemplo, hay cosas clarísimas que están funcionando. Una, como dice Alessandro Baricco en The Game, está clarísimo que la revolución digital existe, está pasando, la estamos habitando: es una nueva experiencia cultural. Eso implica cosas totalmente novedosas de ecosistema que tenemos que empezar a comprender. No podemos seguir diciendo que es más de lo mismo, que fue lo que pasó con la televisión, que fue lo que pasó con la radio, no sigamos diciendo lo mismo. Todo el mundo quiere normalizar esto; no, es nuevo, es una nueva experiencia cultural y política. ¿Cómo la habitamos? Ahí la pregunta por la educación es de las más cuestionadas.

Una segunda cosa es que viene con un cambio de experiencia cultural. Entonces, habitamos la coolture, ya no la cultura. Dejamos de ser modernos, de pensar desde la profundidad, desde la complejidad, desde las preguntas densas para pasar a una sociedad que se piensa más desde estilos de vida, de andar en la superficie, de generar experiencias cool. Entonces la propuesta es que no es que una cosa aparece y otra desaparece, sino que tenemos poner en diálogo intercultural a Jurasic Park con The walking dead, a la educación con los zombies, pero en diálogo, no en imposición autoritaria de contenidos o saberes o prácticas.

--En las escuelas todavía ni siquiera saben qué hacer con los celulares.

--Es que el problema está planteado desde los aparatos. Pasaba con la televisión. La televisión no entraba al aula, sino que estaba guardada en un salón aparte. Ahora los celulares, el computador, la tablet, las redes digitales, los videojuegos quedan guardados y no entran al aula de clase. No entra el aparato pero el sujeto ya viene con los nuevos consumos culturales y los nuevos saberes, no los puedes dejar afuera.

La segunda opción es domesticarlo, entonces, lo mete al aula de clase pero lo aburre profundamente porque le quita todo lo que tiene de juguetón, de divertido y lo vuelve superaburrido. La tercera fórmula es asumir que eso entre como es y comenzar a entenderlo como textos, pretextos, contextos del proceso educativo. Creo que el mayor susto que tiene el maestro con eso es que viene con un nuevo concepto, viene con la lógica del juego. Y es triste que la educación se resista, no sé cuándo perdió esa lógica. El aula escolar expulsó al juego de la educación, originalmente la educación era un juego.

Entonces, el mundo digital trae al presente una cosa viejísima que es que a la educación se va a jugar y eso creo que al maestro le da mucho susto. El maestro tiene que aceptar que ya perdimos la capacidad cognitiva de mediador, que perdimos la autoridad de oráculos que teníamos, tenemos que asumir la revolución digital sin perder el estilo humanista.

--Qué difícil.

--Si le preguntas a cualquier persona, todos tienen un maestro al que adoran. El maestro que motivaba, que incentivaba, que jugaba, que imaginaba, que experimentaba. De pronto, los maestros nos quedamos con la autoridad, el currículum, la didáctica, la pedagogía, lo aburrido, y expulsamos lo que siempre hemos sido... los contadores de historias sobre el conocimiento inscrito en la sociedad, la vida y el territorio

--¿Pero todo tiene que ser divertido?

--El problema no es solamente divertir. Hay juegos que son serios. Jugar implica estrategia, criterios, pensar. No es que se vuelva todo divertido. Lo que sí tiene que pasar es que te dé criterio para la vida. Yo no tengo que aprender cosas a las que no les encuentro sentido.

--Esa es la gran pregunta de los chicos de todos los tiempos, ¿qué sentido tiene estudiar esto?

--Tienen que darme criterios. Entonces ¿por qué tengo que aprender a escribir y a leer? Porque tiene que aprender. Nooo. Por ejemplo, escribir aunque sea con faltas de ortografías es para contar historias y si cuentas historias seduces al mundo, a sus amigos, a los afectos... No es la ortografía, es el contar. Me sirve para de pronto inventar mundos. Los maestros tenemos la obligación de decirles a los estudiantes para qué le sirven los conocimientos que estamos aportando, qué experiencias van a vivir con los saberes que enseñamos. Y es un rol muy interesante.

--Cuestiona la educación en general más allá de las tecnologías. Creo que eso pasa con algunos profesores muy puntuales.

--De acuerdo. Yo creo que hay mucho profesor y maestro de maravilla, pero no sabemos. Y eso ha hecho que juzguemos al sistema educativo injustamente. Estamos juzgando al sistema educativo a partir de lo que han construido los medios de información sobre el maestro, que es feo, mal vestido, de mal gusto, no quiere trabajar y lo único que hace es pedir más salario. Esa es la construcción TN y de todos los noticieros del mundo. El maestro como una figura desagradable, anacrónica, totalmente prescindible en la sociedad. Frente a esto tenemos a los vendedores de humo digital, emprendedores, que además nunca fueron a la universidad. Y nos dicen: un celular cambia el mundo, te convierte en emprendedor. Frente a esa falsa figura informativa tenemos la figura de la ficción, donde los maestros son lo máximo, son lo que necesitamos, crean mundo. Y en la mitad tenemos la vida cotidiana. Todos los ciudadanos hablan pésimo de la educación pero no saben qué hacer sin la educación, no saben qué hacer con sus hijos, no saben dónde dejarlos. La sociedad le ha descargado toda la necesidad de vida a la escuela, pero no le colabora. Los políticos se lavan las manos y no dan presupuesto. Los medios se lavan las manos de la mala imagen que producen. La institución escolar se lava las manos: no tenemos plata, no tenemos esto. Es complejo. Entonces ahora llega lo digital y dicen: solucionado el problema, lo digital soluciona los malos maestros. Y no es cierto. Lo digital no soluciona nada sin un ecosistema cultural y educativo que aporte. El segundo problema es que la institución educativa es absolutamente conservadora y clásica y eso nunca se ha podido transformar. Usted mete cualquier tecnología y la mete al colegio...

--Y la hace aburrida...

--Y conservadora.

--¿Qué hay que hacer?

--Transformar todo el ecosistema. Eso cuesta dinero y el Estado prefiere invertir dinero en tabletas que en el factor humano. Por ejemplo, hoy en día las clases deberían ser hechas por dos o tres profesores en colectivo para que haya saberes integrados. Eso sería la convergencia desde la docencia, en la sociedad digital lo más importante es el acompañante, tutor, guía, como quieran llamarlo. El profesor hoy no tiene que enseñar nada, los conocimientos están en todas partes. Pero sí necesitamos sujetos que den criterios, que motiven, que contextualicen, que generen ecosistema de saberes. Pero esas conexiones no son automáticas. Las conexiones se las estamos dejando al mercado. La convergencia en los modos de construir los ambientes de aprendizaje triplicaría el precio de los docentes.

--En este contexto ¿cuál debería ser el rol de los medios públicos?

--La primera función de los medios públicos sería generar ciudadanía celebrity. O sea, convertir a cada ciudadano en la estrella de sus pantallas.

--¿Eso no sería copiar el modelo privado?

--No, porque el mercado convierte al ciudadano en protagonista muy pocas veces. Son las estrellas de la farándula las que hablan y cuando aparece el ciudadano es como “pone problemas”, como el que mata.

--O la víctima...

--O cuando es periodista, el que es denuncista... entonces en mi barrio todo es problema, nunca aparece un ciudadano creativo, propositivo, actor de su historia. No aparece el ciudadano que cocina rico, que baila rico, que es famoso en su comunidad. Ese ciudadano que mantuvo a este país durante los cuatro años de macrismo, que resistió como nunca, no aparece en los medios. Eso para mí sería lo mejor que tiene que hacer la televisión y los medios públicos. Después tiene que haber medios bien hechos, ojalá no tanto documental, más ficción, otros formatos que celebren la diversidad cultural de una sociedad.

--¿Todavía es importante la televisión?

--A la televisión la han vivido matando. Y la gente que la mata es gente que nunca ha sido capaz de ver televisión siquiera.

--Pero los y las adolescentes, por ejemplo, nunca miraron TV ni leyeron un diario.

--Sí, pero hoy en día la televisión es un virus que se toma todo. La televisión nunca pelea, se acomoda a lo que sea. Primero tomó al cine y lo hizo hacer cine estilo televisión. Ahora los periódicos empezaron a hacer periódicos que parecen televisión. Aparece Youtube, la gran liberación, y la TV obliga a que youtube haga televisión, youtube es televisión hasta en la publicidad que interrumpe losa programas, tiene control de desnudos, control de sexo y violencia igual que la televisión. El streaming de Facebook es la primera televisión que existió, el directo. La televisión toma todo.

--Es lo audiovisual...

--A eso voy. Es que no triunfa el audiovisual de alta calidad cinematográfica, triunfa el audiovisual televisivo. Y eso hace que hoy el joven no sepa que lo que está viendo es televisión pero lo que está viendo es televisión. La televisión mutó hacia un entretenimiento audiovisual expandido. Se tomó todas las pantallas bajo el concepto de entretenimiento y expande las pantallas. Todo tiene los principios de la televisión, no tiene los principios del cine ni de lo digital. La televisión popular, la abierta, seguirá viviendo en cosas como transmitiendo eventos en directo. El directo sigue siendo el reino de la televisión. Transmitiendo espectáculos deportivos, musicales, entretenimiento popular como la telenovela, los realitys, los programas musicales. Además tiene la otra virtud de los formatos más clásicos como los concursos. Lo que para mí está muerto es el cable. Con internet y con plataformas veo en el dispositivo que quiera y a la hora que quiera, no debo esperar al cable.

Publicado enSociedad
Jueves, 09 Abril 2020 06:34

El mundo se adentra en la recesión

El mundo se adentra en la recesión

Los flujos del comercio mundial descienden más que en la crisis financiera de 200812

Los malos augurios comienzan a sumar cifras a su causa. La economía mundial enfila el camino de la recesión. La primera gran tormenta desde la fatídica Gran Recesión. La quiebra de Lehman Brothers parece un chiste de mal gusto comparado con el tsunami que se viene encima. “La evidencia de que marzo marcó el comienzo de una profunda recesión global es cada vez mayor”, sostiene Bloomberg. El planeta parece congelado como un vídeo en pausa como consecuencia del confinamiento masivo para mitigar el contagio de la Covid-19. Más de 3.900 millones de personas, que representan cerca de la mitad de la población mundial, viven en países donde el confinamiento es obligado o recomendado por sus gobiernos, según AFP.

Y el parón es criptonita para la economía. “La pandemia ha empujado al mundo hacia una recesión, que en 2020 será peor que la crisis financiera mundial”, señala el Fondo Monetario Internacional. En los últimos días se ha producido un goteo incensante de datos económicos que confirman la debacle. Depresión del consumo, aumento del desempleo, ahogamiento de la industria... La Organización Mundial del Trabajo calculaba esta semana que solo en este trimestre se perderían casi un 7% de horas trabajadas, equivalentes a unos 200 millones de empleos en todo el mundo.

“Las consecuencias económicas de la pandemia ya están golpeando a Estados Unidos con una velocidad y gravedad sin precedentes”, dice el FMI. El desempleo se ha disparado en Estados Unidos durante las últimas dos semanas, un país que hasta hace poco alardeaba de tener la tasa de paro más baja de su historia (3,5%). Los volúmenes de exportación de EE UU en las primeras dos semanas completas de marzo muestran envíos al exterior de menos de la mitad que el año anterior, según los datos de IHS Markit. “El daño es grave para los automóviles: la cantidad de barcos anclados utilizados para transportar vehículos ha aumentado al 19% de la flota, en comparación con el 11% de hace un año”, según datos de Bloomberg.

El contagio de la pandemia se está extendiendo a la economía. La cascada de cifras publicadas estos días no hacen más que confirmar los malos presagios. La semana pasada los indicadores de confianza (PMI) de la eurozona, uno de los termómetros más fiables para medir la salud de un territorio, reflejaban el nivel más bajo desde 1998, por debajo incluso que los de 2008. La OCDE también tiene su baremo. Sus indicadores compuestos avanzados, que anticipan inflexiones en el ciclo económico, sufrieron en marzo el mayor bajón mensual de su serie histórica para la inmensa mayoría de las grandes economías mundiales.

Los líderes mundiales recurren a símiles bélicos para comparar las consecuencias económicas de esta crisis. El ministro de Finanzas francés, Bruno Le Maire, llegó a comparar esta crisis con la Gran Depresión de 1929. Precisamente, este miércoles se ha conocido que la economía francesa retrocedió un 6% durante el primer trimestre del año, el peor registro desde la Segunda Guerra Mundial, según datos del Banco Central de Francia.

La economía alemana sufrirá una contracción del 4,2% en 2020 como consecuencia del impacto de la pandemia de la Covid-19 y de las medidas de contención, que arrastrarán a la economía germana en el segundo trimestre a una caída histórica del 9,8%, la más profunda de toda la serie histórica y más del doble del hundimiento registrado en el primer trimestre de 2009, el peor de la Gran Recesión, según los pronósticos difundidos este miércoles por los principales institutos de investigación económica de Alemania (IFO de Munich, DIW de Berlín, IfW de Kiel, IWH de Halle y RWI de Essen).

La industria mundial también se verá profundamente afectada. Las matriculaciones de automóviles nuevos en las dos primeras semanas de parón de marzo, generalmente un mes pico, cayeron un 93% en España. Algo parecido sucedió en el resto de los países europeos. Las previsiones de todos los economistas y organismos internacionales son cada vez más sombrías y las pocas estadísticas oficiales que se van publicando lo atestiguan.

El comercio global caerá entre un 13 % y un 32 % en 2020 por la perturbación de la actividad económica causada por la pandemia, según publicó este miércoles la Organización Mundial del Comercio (OMC). “Las cifras son feas, no hay cómo negarlo", ha dicho Roberto Azevedo, director general de la OMC. “Todo el sistema, todo el conjunto de cadenas de suministro se ha visto sacudido de manera significativa”, agregó.

El impacto es global. “Las perturbaciones causadas por el virus están empezando a repercutir en los mercados emergentes”, avisa la institución presidida por Kristalina Georgieva. Tres de las mayores economías árabes retrocen, el índice de servicios en Brasil fue el más bajo desde 2016 y las ventas de vehículos en Sudáfrica cayeron un 30%, según los últimos datos publicados. En Australia, que ha esquivado la recesión durante tres décadas, la mayoría de los anuncios de empleo vivieron su mayor desplome desde 2009, a pesar de que este país no ordenó un cierre estricto hasta finales de mes.

Según el nuevo rastreador global del PIB de Bloomberg Economics, la economía mundial ya retrocede y está perdiendo fuerza más rápido que en los primeros días de la crisis financiera. La lectura de marzo muestra que la actividad se contrae a una tasa anualizada del 0,5%, en comparación con la subida del 0,1% de febrero. Desde la India hasta Italia, los confinamientos por coronavirus han cerrado negocios y han mantenido a miles de millones de personas encerradas en sus hogares durante semanas, provocando un choque simultáneo de oferta y demanda que ha enredado las redes mundiales de producción y logística, construidas sin la capacidad suficiente para absorber una sacudida de semejante magnitud, según Bloomberg.

Con una inversión que se reducirá y más personas sin trabajo, las tasas globales del PIB podrían descender dependiendo de cuánto tiempo los Gobiernos mantengan sus confinamientos, muchos de los cuales se espera que duren hasta mayo o junio. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), con sede en París, estima que por cada mes de contención habrá una pérdida de dos puntos porcentuales en el crecimiento anual del PIB.

Madrid - 08 abr 2020 - 04:49 COT

Publicado enEconomía
Crean una enzima bacteriana que devora el plástico en horas

Los científicos de la compañía de desarrollo industrial Carbios crearon una enzima bacteriana mutante que podría revolucionar el reciclaje del plástico, puesto que es capaz de descomponerlo en cuestión de horas.

Así, estas enzimas son capaces de reducir a elementos básicos el polietileno tereftalato —mejor conocido por sus siglas PET—, un tipo de plástico usado en la fabricación de envases de bebidas. Estos mismos elementos pueden volver a usarse para producir nuevas botellas.

Es un detalle importante, puesto que el plástico reciclado por medio del ya convencional procesamiento termomecánico no se puede volver a usar para nuevos envases por su baja calidad. En vez de ello, se emplea para fabricar calzado y alfombras.

Según el estudio, que se publicó en la revista Nature, los científicos de Carbios colaboraron en este proyecto con gigantes industriales como Pepsi y L´Oreal. La nueva enzima fue bautizada como hidrolasa PET y es capaz de descomponer hasta el 90% de los polímeros de este tipo de plástico en tan solo diez horas.

Curiosamente, esta enzima fue encontrada en un montón de hojas compostadas en 2012. "Estaba completamente olvidada, pero resultó ser la mejor", destacó Alain Marty, el dirigente de ciencia en Carbios.

Otro aspecto a destacar en la nueva enzima es que ofrece un coste de reciclaje muy bajo. De hecho, los investigadores aseguran que la fabricación del plástico nuevo costaría 25 veces más que el reciclaje con la hidrolasa PET.

Mientras tanto, los científicos esperan poder poner a prueba el potencial industrial y comercial de la nueva enzima en 2021 y lanzar su fabricación a plena escala entre el año 2024 y 2025.

03:56 GMT 09.04.2020

Las potencias petroleras buscan un pacto para frenar la sangría de precios

 La OPEP ampliada se reúne este jueves en un nuevo intento de recortar la oferta para compensar una demanda deprimida por la pandemia

Dos de los tres mayores productores de petróleo del mundo, Arabia Saudí y Rusia, buscan este jueves un nuevo acuerdo de recorte de la producción que permita un respiro en un mercado bajo mínimos. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP, liderada de facto por Riad) y el país euroasiático se sentarán a la mesa, por vía telemática, para tratar de pactar un recorte en la oferta que compense una demanda en caída libre por el avance de la pandemia. Ambos países, sin embargo, condicionan el pacto a que Estados Unidos —la tercera pata clave del mercado y erigido ya en primer productor mundial gracias a la revolución del fracking—, Canadá o Brasil se comprometan también a recortar los bombeos. El crudo brent, el de referencia en Europa, cotiza ahora en el entorno de los 30 dólares, tras haber llegado a caer en las últimas semanas por debajo de los 25, su mínimo en 18 años.

Riad, Moscú, Washington —donde los fraqueros de Texas ya han hecho sonar las alarmas: si los actuales niveles de cotización se prolongan la viabilidad de muchas firmas del sector está en entredicho— y el resto de actores del mercado necesitan urgentemente un acuerdo que ponga fin a la guerra de precios en la que están inmersos. Y, sin embargo, todo está en el aire, con unos mimbres todavía débiles para la fumata blanca: el encuentro virtual de este jueves se iba a celebrar inicialmente el lunes, pero las disensiones internas forzaron su aplazamiento; e Irán, miembro destacado de la OPEP y recurrentemente entre los 10 mayores exportadores del mundo, ha sido el último en visibilizar una brecha que sigue siendo profunda. “La vaguedad [de las posiciones] en torno al encuentro ministerial es preocupante”, subrayó a última hora del martes el titular iraní de Petróleo, Bijan Zanganeh, en una carta remitida a su homólogo argelino, el país que ostenta la presidencia rotatoria del cartel. En la misiva, Zanganeh criticaba que iniciar un encuentro “en ausencia de consenso” sería un mensaje fallido incluso antes de comenzar, que “puede agravar aún más el actual entorno de precios bajos”. A la llamada de los ministros de la OPEP el viernes otro encuentro telemático de los responsables de Energía del G20 en el que se tratarán de cerrar los flecos pendientes para posibilitar una reducción de la oferta global.

Venezuela, otro miembro del cartel y el país con las mayores reservas de crudo del planeta —aunque inmerso en una enorme crisis, que afecta también a su capacidad de producción— ya ha anunciado por boca de su presidente, Nicolás Maduro, que pedirá en la reunión unos “precios justos y estables". “Lo he dicho y lo repito: la estabilidad y la recuperación futura de la economía y las finanzas mundiales dependen los acuerdos de la OPEP+ [u OPEP ampliada, que también incluye a Rusia y a otros países de su órbita]. A buen entendedor, pocas palabras bastan", ha apuntado el mandatario. Caracas, como el resto de productores latinoamericanos, necesita como el comer un acuerdo que frene las ventas a pérdidas a las que se están viendo obligados en el actual entorno de precios, cercano a mínimos de dos décadas. A diferencia de otros colosos, como las propias Arabia Saudí o Rusia, el músculo financiero de estos países —y, por lo tanto, su capacidad de aguante— es notablemente menor.

La semana pasada, Donald Trump anunció la proximidad de un pacto entre saudíes y rusos para reducir la oferta en entre 10 y 15 millones barriles diarios (casi la décima parte de la producción mundial, un tijeretazo sin parangón). Este miércoles, víspera de la reunión, el país norteamericano ha reducido en casi un 8% su previsión de producción de petróleo en 2020, una señal de que la oferta pica a la baja incluso antes de cualquier acuerdo entre Gobiernos. Además, para tratar de elevar la presión sobre el reino del desierto, un grupo de senadores republicanos ha promovido en las últimas horas un proyecto de ley que supondría la retirada de tropas, misiles y otros sistemas de defensa de Arabia Saudí —un aliado histórico en Oriente Próximo— si no se aviene a recortar su oferta petrolera, según Reuters.

A renglón seguido de Trump, su homólogo ruso, Vladímir Putin, mostró el pasado viernes su disposición a aceptar un recorte de los bombeos siempre y cuando Washington también se comprometiese a hacer lo propio, provocando un rebote de los precios desde mínimos. Este miércoles, sin embargo, el Kremlin ha optado por la cautela. “Esperemos a mañana o pasado mañana”, ha deslizado un portavoz del Gobierno ruso al tiempo que rechazaba la sugerencia estadounidense, a través de la estadística hecha pública este miércoles, de que su producción ya viene a la baja: Moscú, como Riad, quiere mucho más.

El precedente de la última reunión de la OPEP+ en marzo, cuando todo saltó por los aires, cualquier acuerdo previo de reducción de oferta pasó automáticamente a ser papel mojado y Arabia Saudí respondió a la ruptura con Rusia con un brutal incremento de su producción hasta máximos históricos, sigue siendo una sombra demasiado alargada. Entonces ya se sabía que el impacto del coronavirus sobre el mercado petrolero iba a ser severo, pero los Gobiernos occidentales aún no habían echado el cerrojo total para evitar la propagación del virus, las aerolíneas todavía seguían operando la mayor parte de sus rutas, la actividad en las fábricas no se había congelado y los coches todavía circulaban por las calles. Hoy, el panorama es muy distinto: prácticamente cualquier rastro de actividad que implicase el consumo de crudo (salvo el transporte de lo más básico) ha desaparecido y los cálculos más recientes apuntan a que la pandemia ha reducido en aproximadamente un 30% la demanda mundial de crudo. Con esas cifras encima de la mesa, el acuerdo entre productores se antoja más necesario que nunca.

Madrid - 08 abr 2020 - 17:30 COT

Publicado enEconomía
Larry Kudlow, consejero económico de la Casa Blanca, en la rueda de prensa este martes. En vídeo, declaraciones de Mitch McConnell, líder de la mayoría republicana en el Senado. ALEX BRANDON / AP / VÍDEO: AFP

Republicanos y demócratas acuerdan ayudas de dos billones de dólares a empresas y ciudadanos para contener los estragos por la pandemia del coronavirus

 

El Congreso de Estados Unidos ha acordado la aprobación del plan de rescate económico más potente de la historia, un arsenal de cerca de dos billones de dólares en ayudas a empresas y ciudadanos para tratar de contener los estragos económicos del coronavirus y el parón de la actividad que supone esta pandemia mundial. El acuerdo entre Casa Blanca y republicanos, por un lado; y la oposición demócrata, por otro, llegó sobre la una de la madrugada de este miércoles tras cinco días de intensas negociaciones.

Con uno de cada tres estadounidenses llamados a quedarse en casa, colegios y negocios cerrados por todo el país para frenar los contagios, Gobierno y oposición buscan evitar una debacle económica y social. Ya hay más de 55.000 contagiados en el país, más de 800 muertos. El coronavirus es “la amenaza más seria para la salud de los estadounidenses en un siglo y probablemente el mayor riesgo para el empleo y la prosperidad de EE UU desde la Gran Depresión", dijo el jefe de la mayoría republicana en el Senado, McConnell.

El secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, que ha liderado las negociaciones con los demócratas junto a McConnell, aseguró el martes que las posturas se encontraban ya “muy cerca”. Es lo mismo que transmitió el líder de la minoría demócrata en la Cámara alta, Chuck Schumer. Cerca de medianoche, sin embargo, las reuniones proseguían y ya se daba por hecho que la votación tendría lugar el miércoles. Tras el voto del Senado, deberá ratificarlo la Cámara de Representantes.

El primer conjunto de medidas anunciado por Donald Trump suponía movilizar un billón de dólares y la munición ahora sobre la mesa, una semana después, roza los dos billones. El jefe del Consejo Económico de la Casa Blanca, Larry Kudlow, detalló este martes por la tarde que la estrategia global alcanzará los seis , al sumar los cuatro más de capacidad de préstamo por parte de la Reserva Federal.

Un paquete de estímulos tan amplio requiere a su vez un paquete legislativo también largo y complejo. El plan contempla inyecciones directas de dinero al bolsillo de los ciudadanos, con el el envío masivo de cheques a la mayor parte de ciudadanos estadounidenses. Hasta ahora se había hablado 1.200 dólares por adulto y 500 por menor de edad, aunque Kudlow citó este martes como ejemplo que una familia de cuatro miembros recibiría 3.000 dólares. En total, esta inyección lo que puede alcanzar los 500.000 millones. Los legisladores se han puesto de acuerdo también una línea de préstamos de 367.000 millones para pequeñas y medianas empresas y un fondo de 500.000 millones para industrias, ciudades y estados.

“Tenemos un acuerdo bipartito en el mayor paquete de rescate de a historia de América", Chuck Schumer. Esta crisis ha llegado en un momento de gran polarización política en Estados Unidos. Durante, el fin de semana, el líder de la minoría demócrata en el Senado estuvo negociando el plan con McConnell y Mnuchin, en coordinación con la presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi. Los demócratas, que controlan la Cámara baja, habían presentado su propio proyecto de ley.

El proyecto de ley final, según los demócratas, ayudará a compensar el salario de los trabajadores despedidos durante cuatro meses, en lugar de tres, como establecía la propuesta inicial. Los trabajadores recibirán lo que su Estado pague habitualmente por desempleo más un extra de 600 dólares, según los datos de Associated Press. Además, trabajadores de empresas de la llamada economía colaborativa, como Uber, quedará cubiertos por primera vez. Las compañías también contarán con ayudas fiscales, como el aplazamiento del 6,2% de la cotización a la Seguridad Social de las nóminas.

El último gran escollo, que había centrado las conversaciones del domingo y el lunes, giraba en torno al citado fondo de 500.000 millones de dólares en préstamos y avales para grandes grupos de empresas castigados por el bloqueo de la actividad (425.000 millones para negocios, ciudades y Estados) y el resto, sobre todo compañías aéreas. Tal y como estaba diseñado en el proyecto de ley republicano, Mnuchin dispondría de un amplio margen de maniobra y no tendría por qué hacer públicos los beneficiarios hasta pasados seis meses (aunque fueran canalizados a través de la Reserva Federal). Los demócratas critican la opacidad, el grado de discreción y también la falta de contrapartidas a exigir a las empresas que se acogiesen a esas ayudas, como el mantenimiento de empleos.

Según fuentes de la negociación citadas este martes por The Washington Post, la Casa Blanca ha aceptado incorporar la figura de un inspector general y consejero de supervisión que controle las decisiones de préstamos. Sería un cargo similar al que se creó en la debacle financiera de 2008, cuando el Congreso aprobó el gran rescate a la banca (TARP, por sus siglas en inglés) aún bajo la Administración de George W. Bush. Aquel primer programa de auxilio movilizó 700.000 millones de dólares, cifra que palidece ante las cantidades que el Capitolio planea aprobar de una sola vez ahora.

El mundo no enfrenta ahora una tormenta financiera, sino una pandemia real, sin vacuna aún disponible ni tratamiento específico, de la que los Gobiernos se están defendiendo con el cierre de empresas, lugares de ocio, pidiendo a los ciudadanos que se metan en sus casas, es decir, con el bloqueo de su economía. Esta inyección se suma a un programa de estímulos sin precedentes por parte de la Reserva Federal. El lunes anunció una compra ilimitada de activos, durante un tiempo ilimitado, con tal de mantener el flujo de crédito en un momento tan adverso. La acción, que no sirvió para calmar a los mercados por el parón económico y la falta de acuerdo en el Congreso, llegaba una semana después de que se dejasen los tipos de interés a cero y se diera luz verde a un paquete de 700.000 dólares en compras de deuda de diverso tipo.

Tirar dinero desde un helicóptero, llevar el ponche a una fiesta, poner a funcionar la máquina de imprimir dinero. Todas las metáforas de la política monetaria se quedan cortas con este rescate. Y ni siquiera está claro si bastará. Morgan Stanley calcula que en el segundo trimestre la economía estadounidense puede caer un 30%, Goldman Sachs lo deja en el 24% y JP Morgan parece incluso optimista: estima una contracción del 14%.

El zarpazo del virus llegó a Estados Unidos en un momento de bonanza de la economía, con pleno empleo y a menos de un año de las elecciones presidenciales. En cuestión de días, Wall Street había perdido todas las ganancias acumuladas durante la era Trump y las previsiones para el mercado de trabajo se han tornado muy peligrosas para un país de escasa red social: la Casa Blanca advierte de que el paro puede llegar al 20%. El presidente volvió a alertar este martes de que “la cura no puede ser peor que el problema” y, en una entrevista en la Fox, insistió en que quería “reabrir el país” para Pascua, contra el consejo imperante de los científicos. “Nos enfrentamos a un periodo duro, pero van a ser semanas, no años”, recalcó Kudlow en la rueda de prensa diaria sobre la crisis del Covid-19.

Pese a toda la incertidumbre, Wall Street cerró la sesión del martes con fuertes subidas, animada por la proximidad de un acuerdo político sobre el programa de estímulos. El Dow Jones se disparó un 11,36%, su mayor avance desde 1933. El S&P creció más de un 9% y las tecnológicas del Nasdaq más de un 8%. En Europa, las subidas también fueron notables, en la misma línea de Wall Street. En el caso del Ibex español, el aumento fue del 7,82%, su mayor crecida desde mayo de 2010.

Washington - 24 mar 2020 - 17:27 COT

Publicado enInternacional
Coronavirus y la nueva crisis del capitalismo

La investigadora en finanzas para el desarrollo Iolanda Fresnillo apunta en este análisis que la pandemia del virus Covid19, en realidad, no solo está causando una crisis por sí misma, sino que también está desencadenando una crisis preexistente que, con una mirada más amplia y larga, nos tiene que permitir identificar las causas profundas de la también profunda crisis que afronta el capitalismo para encontrar, así, respuestas en profundidad.

Nadie puede negar hoy que la pandemia del coronavirus tendrá importantes consecuencias económicas a nuestro entorno y en el ámbito global. Y no lo podemos negar porque trabajadores y trabajadoras ya están empezando a recibir los primeros impactos en forma de despidos, expedientes temporales de ocupación o no contrataciones de temporada. A las que mantienen el trabajo —trabajadoras de la salud, de comercios de alimentación o farmacia, cuidadoras de personas dependientes, entre otros—, además de la precariedad crónica, les aumentan los riesgos de trabajar sin las medidas de seguridad adecuadas. Las trabajadoras autónomas y pymes se preguntan como podrán hacer frente a facturas o pagar las nóminas si no tienen actividad económica a causa del confinamiento.

Pero nos haríamos un mal favor si identificáramos el coronavirus como la causa de esta crisis económica. Es evidente que la pandemia tiene y tendrá efectos directos sobre la economía, pero hace falta que lo analicemos con una mirada más global y más amplia, para alcanzar la dimensión de la crisis económica que se ha estado desarrollando más allá del coronavirus. Porque la pandemia del virus Covid19 está, en realidad, no solo causando una crisis por sí misma, sino desencadenando una crisis preexistente. Una mirada más larga nos permitirá identificar causas profundas de la también profunda crisis que afronta el capitalismo, para buscar así también respuestas en profundidad.

Covid-19 como desencadenante de una crisis de deuda

Probablemente recordéis la caída de Lehman Brothers en el 2008. Resulta obvio que la causa de aquella crisis financiera no fue la quiebra de una sola empresa, sino que el acontecimiento generó una reacción en cadena que desencadenó y agravó una situación de crisis ya preexistente. En inglés dicen trigger, desencadenante o disparadero. El Covid19 puede ser precisamente esto, un acontecimiento con enormes repercusiones en la economía productiva y reproductiva, pero también el desencadenante de una crisis más profunda que hace ya tiempo que se está cociendo. Un disparo en el corazón del capitalismo.

De hecho, ya hace tiempo que medios económicos, instituciones financieras internacionales, economistas ortodoxas y críticas, y organizaciones sociales, vamos diciendo que hay riesgo y signos de una nueva crisis económica y financiera. Uno de los elementos claves de esta crisis es el elevado nivel de deuda.

Nunca en la historia de la humanidad había habido niveles tan elevados de endeudamiento. En términos absolutos, la deuda global ha alcanzado los 253 billones de dólares el último trimestre de 2019, lo que equivale al 322% del PIB mundial. Es decir, la deuda a nivel global supera el triple de la riqueza producida en todo el mundo (tal y como se contabiliza a través del PIB, una medida muy ineficiente que, entre otras carencias, no considera el trabajo reproductivo y de cuidados, imprescindible para la sostenibilidad de la vida).

Este nuevo ciclo de endeudamiento, que se inicia el 2010 a consecuencia de las políticas monetarias en respuesta a la crisis de 2008 y del funcionamiento normal de una economía híper financiada es, según el Banco Mundial, más amplio geográficamente, más rápido y con niveles más elevados de deuda que cualquier otra oleada de endeudamiento pasada en tiempos de paz. Encontramos endeudamiento insostenible en países del Norte y del Sur global, y los niveles de deuda muy elevada se dan tanto en el ámbito público —con 72,7 billones de dólares (92.5% del PIB)— como privado, especialmente de empresas no financieras (con 69,3 billones de dólares, el 88.3% del PIB). También la deuda de las familias ha ido creciendo en los últimos años, especialmente en los Estados Unidos de América, el Reino Unido y en países asiáticos como Corea del Sur, Hong Kong, Tailandia, Malasia o China, reflotando la burbuja inmobiliaria.

COVID-19 como agravante de una crisis global

El coronavirus tiene un fuerte impacto en la economía real. Nos enfrontamos a una gran bajada del consumo a nivel global, en un contexto ya de por sí de reducción de la demanda por el estancamiento de los salarios. Obviamente, en situación de confinamiento o semiconfinamiento, se deja de consumir más allá del imprescindible. El turismo se para en seco, la gente deja de comprar coches y se posponen decisiones económicas importantes. Las empresas, que ven como las ventas se reducen, dejan de invertir, pagan con retraso a proveedores o incluso posponen compras importantes de suministros o equipos. En países donde hay confinamiento total, las industrias dejan de producir y servir mercancías, provocando roturas en las cadenas de producción. El impacto del coronavirus es simultáneo tanto en la demanda como en la oferta.

Como hemos dicho, esto sucede en un contexto de elevado endeudamiento corporativo. Por lo que, a medida que los ingresos se reduzcan, las empresas tendrán más dificultades de pagar las deudas acumuladas. El riesgo se multiplica si tenemos en cuenta que en muchos casos estas deudas ya eran, antes del coronavirus, de dudosa calidad, es decir, que el número de las llamadas empresas zombi es cada vez más elevado.

Las empresas zombi son aquellas en las que los beneficios no son capaces ni de cubrir los costes financieros, es decir, que no ganan ni para cubrir los intereses de sus deudas, de forma que sobreviven gracias a las continuas refinanciaciones de la deuda. En un contexto de incertidumbre como el actual, serán pocos los inversores y entidades financieras que se arriesguen a seguir manteniéndolas a flote.

En el ámbito público, los estados necesariamente tienen que aumentar el gasto sanitario y de otros ámbitos (prestaciones del paro, ayudas sociales, etcétera) para hacer frente a la situación del coronavirus. Los ingresos se reducirán, puesto que empresas y familias comprarán menos (inferior recaudación del IVA) y ganarán menos (inferior recaudación de IRPF e impuesto sobre sociedades) y por tanto los déficits se incrementarán, aumentando los —ya elevados— niveles de deuda pública. Esto es especialmente preocupante en los países más empobrecidos, como algunos de África Subsahariana, o a otros países de rentas medias como Argentina, Líbano o Egipto, en situación ya de crisis de deuda.

Finalmente, la incertidumbre genera pánico y caídas masivas en las bolsas y, la carencia de regulación, la proliferación de fondo buitres y operaciones especulativas. La misma incertidumbre hace aumentar las primas de riesgo y por tanto incrementan los costes para los estados y empresas para refinanciar sus deudas. Todo ello en una economía financiarizada, y por tanto, altamente vulnerable a las incertidumbres y volatilidad de los mercados financieros. Y muy globalizada, donde el virus no solo no conoce fronteras, sino donde además la recesión económica se contagia rápidamente de un país al otro.

COVID-19 como síntoma

Hay que mencionar también la dimensión de la crisis del coronavirus como síntoma del capitalismo neoliberal y las políticas de austeridad que, durante décadas, han ido minando la capacidad del sistema sanitario para abordar una crisis como la actual. Aquellos países con mayores niveles de deuda han sido los que más han reducido sus inversiones en sanidad, y en los que la crisis del coronavirus será más difícil de afrontar. El delirio de la austeridad no solo ha afectado la capacidad de los sistemas públicos sanitarios, sino también a los niveles de protección social, incluyendo subsidios de paro, pensiones o ayudas por la población más vulnerable, no solo a nuestro país sino, especialmente, en los países más empobrecidos.

La reducción de la demanda a escala global, además, provocará un mayor descenso en las exportaciones y precios de las materias primas, especialmente grave para los países del Sur. Durante décadas, el Banco Mundial y el FMI han recomendado a los países empobrecidos aprovechar sus recursos naturales para fomentar un crecimiento económico basado en exportaciones de combustibles fósiles, de minerales, soja o aceite de palma, entre muchos otros.

Tal como informa Eurodad, el número de países dependientes de la exportación de materias primas se ha incrementado de 92 al 2002 a 102 al 2017, y a causa del coronavirus habrá una reducción de más de 50.000 millones de dólares en exportaciones globales. Solo China importaba del resto del mundo, antes de la crisis, por valor de 1,7 billones de dólares. Desde el inicio de año, las importaciones en China se han reducido un 4% y los precios de materias primas han caído un 30%. La reducción de la demanda a escala global, sin lugar a dudas, reducirá los ingresos en estos países, que afrontarán —todavía más— dificultades para pagar sus deudas externas.

La Xarxa d'Economia Social i Solidaria (XES) denunciaba que el Covid19 no cae del cielo, sino que es consecuencia de un sistema capitalista patriarcal, productivista y devastador, que ha alterado el equilibrio de los ecosistemas, incluyendo virus y bacterias. El urbanismo y la deforestación asociada al desarrollo capitalista "está obligando a muchos de estos animales a migrar e instalarse cerca de los humanos, lo que multiplica las probabilidades de que microbios, que para estas especies son benignas, pasen a las personas y muten en patógenos”, afirma el comunicado de la XES.

¿Covid-19 como oportunidad?

La crisis del coronavirus pone en evidencia las limitaciones y riesgos, a nivel humano y social, pero también económico, del sistema capitalista. Nos pone frente al espejo de lo que puede ser el futuro en un marco de emergencia climática. En un escenario de crecientes fenómenos climáticos extremos, solo un estado del bienestar fuerte, sistemas de protección social suficientes y un tejido comunitario y socioeconómico resiliente nos permitirá hacer frente a la creciente vulnerabilidad.

a economía de mercado muestra, en momentos como el actual, el sinsentido de un sistema financiero especulativo y volátil. Se hace evidente que el capitalismo financiarizado y globalizado es uno de los peores sistemas para hacer frente a situaciones de crisis humanitaria como la que plantea la pandemia del Covid19 o la emergencia climática. Los problemas se contagian rápidamente, la incertidumbre se convierte en histeria en los mercados financieros, las dependencias de importaciones y exportaciones se vuelven vulnerabilidades y la deuda insostenible se convierte en un peso imposible de seguir cargando.

Ante estas evidencias, es el momento de poner en valor los beneficios de una nueva economía de circuito corto, que produzca bienes y servicios que respondan a las necesidades de las personas y no a las posibilidades de rentabilidad de la inversión; una economía ecofeminista que respete los límites materiales del planeta, eliminando la dependencia de los combustibles fósiles y reduciendo las emisiones al mínimo, y que ponga en valor y democratice las tareas de cuidado y reproducción. una economía desfinanciarizada, en la que las instituciones financieras, públicas y cooperativas, dejen de responder a la dinámica especulativa y estén al servicio de la economía productiva y reproductiva.

Ahora es el momento de poner en marcha un plan de choque social que rescate las personas en el corto plazo, pero también de un plan para construir una nueva política económica transformadora, desde lo local, el cooperativismo y la construcción de soberanías. Lo que nos permitirá salir de esta nueva crisis sin incrementar la crisis climática no será fomentar el consumo y crecimiento desmedido. Será un decrecimiento que incorpore medidas e inversiones que faciliten la transición industrial, energética, comercial y agrícola. Esta apuesta por un nuevo modelo económico, compatible con la vida y el planeta, no puede ser tímida. En tiempos de crisis, o somos osadas, o barbarie. ¿Nos ponemos a ello?

 

Por Iolanda Fresnillo

LA Directa

18 mar 2020 05:00

La directa

Artículo original publicado en La Directa y traducido por El Salto.

Publicado enSociedad
Barrios en Mumbai. Foto cortesía de @johnny_miller_photography

Un nuevo estudio de la Universidad de Leeds calcula la distribución de la huella energética entre distintos países y grupos de ingresos.

En tiempos de crisis climática -y en estos momentos, sanitaria- los que más sufren son los que menos responsables del desastre y los que menos recursos tienen. La energíael sector que más contribuye en España al calentamiento global de la atmósfera, es el ejemplo perfecto para mostrar la enorme disparidad entre los que más tienen y los que menos: el 10% más rico consume aproximadamente 20 veces más energía que el 10% más pobre.

Así lo concluye un estudio publicado este lunes en la revista científica Nature Energy. Realizado por un equipo de investigación de la Universidad de Leeds, combinaron los datos de la Unión Europea y del Banco Mundial para calcular la distribución de las huellas energéticas y conocer en qué bienes y servicios de alto consumo energético tienden a gastar su dinero los diferentes grupos de ingresos. En total, se analizaron 86 países, desde los muy industrializados hasta los que están en vías de desarrollo, revelando una extrema disparidad en los resultados, tanto dentro de los países como a nivel mundial.

A medida que aumentan los ingresos, apunta el estudio, la gente gasta más de su dinero en bienes de alto consumo energético, como paquetes de vacaciones o vehículos, lo que conduce a una gran desigualdad energética. En este sentido, los autores hallaron que el 10% más rico de los consumidores con más recursos utilizan 187 veces más energía de combustible para vehículos que el 10% más pobre.

Enorme brecha energética en el transporte

Aunque las desigualdades son patentes en todos los sectores de consumo, es en el transporte donde se hace más evidente. Según la investigación, el 10% de los consumidores más ricos usaron más de la mitad de la energía relacionada con la movilidad, estando la gran mayoría basada en combustibles fósilesEstos últimos generan el 75% de las emisiones de gases de efecto invernadero generadas a nivel global. En cuanto a aquellos combustibles usados en el hogar, ya sea para cocinar, la calefacción o la electricidad, se distribuyen de forma mucho más equitativa: el 10% más rico consume aproximadamente un tercio del total.

«Sin reducir la demanda de energía» de sectores como el transporte, «ya sea mediante gravámenes a los viajeros frecuentes, la promoción del transporte público y la limitación del uso de vehículos privados, o la tecnología alternativa como los vehículos eléctricos, el estudio sugiere que a medida que los ingresos y la riqueza mejoren, nuestro consumo de combustibles fósiles en el transporte se disparará», señala Yannick Oswald, autor principal del estudio. En el caso de la calefacción y la electricidad, el estudio apunta a que podría reducirse mediante programas de inversión pública a gran escala para la rehabilitación de viviendas.

Desigualdad energética entre países

El estudio pone también en relieve la distribución desigual de la huella de energía entre los distintos países analizados. Mientras que el 20% de los población española y británica pertenece al 5% de los principales consumidores de energía, en Alemania esta cifra asciende hasta el 40%, y en el caso de Luxemburgo al 100%. Estos datos contrastan con los de China, donde sólo el 2% de la población está en ese 5%, y con lo de India, donde la cifra se sitúa en el 0,02% de la población.

Estas grandes diferencias se hace aún más palpables al constatar que el 20% más pobre de la población del Reino Unido sigue consumiendo más de cinco veces más energía por persona que el 84% más pobre de la India. 

Asegurar una transición energética justa

Durante la última Cumbre de Clima celebrada en Madrid, un informe de Oxfam Intermon ponía en evidencia cómo la desigualdad extrema y la crisis climática van de la mano, siendo imposible entender la una sin la otra. Así, la investigación señalaba que solo el 10% más rico del planeta es 60 veces más responsable de las emisiones de dióxido de carbono que se emiten a la atmósfera que el 10% más pobre. En el caso de España, las emisiones por consumo del 10% de los hogares más ricos superan en 2,3 veces las del 10% más pobre.

En esta línea se manifiesta la doctora Anne Owen, coautora de la investigación. «El crecimiento y el aumento del consumo siguen siendo objetivos centrales de la política y la economía actuales», afirma. Para ella, «la transición a una energía con cero emisiones de carbono se verá facilitada por la reducción de la demanda, lo que significa que los principales consumidores desempeñarán un papel importante en la reducción de su consumo excesivo de energía».

Desde el equipo investigador advierten de que si no se reducen el consumo y no se realizan intervenciones políticas de calado, para 2050 -cuando el mundo debe alcanzar la neutralidad de emisiones- la huella de energía podría duplicarse con respecto a las de 2011, aunque mejore la eficiencia energética.

En esta línea, podría haber un aumento del 31% del consumo atribuido sólo al combustible de los vehículos, y otro 33% a la calefacción y la electricidad. Si el transporte sigue dependiendo de los combustibles fósiles, «este aumento sería desastroso para el clima«, señala el estudio.

Otra de las autoras del estudio, la profesora de Ecología Social y Economía Ecológica Julia Steinberger, incide en la idea de adoptar medidas detalladas sobre esta desigualdad para garantizar una transición energética equitativa y justa. Por ello, apunta a la necesidad de «considerar seriamente» el hecho de cómo «cambiar la distribución sumamente desigual del consumo mundial de energía y hacer frente al dilema de proporcionar una vida decente para todos y al mismo tiempo proteger el clima y los ecosistemas». 

Si bien es crucial pensar en términos de emisiones para la mitigación del cambio climático, esto pasa a ser secundario cuando se piensa en los niveles de vida, remarcan los autores.

Fuente: https://www.climatica.lamarea.com/el-10-mas-rico-consume-aproximadamente-20-veces-mas-energia-que-el-10-mas-pobre/

Por Eduardo Robaina | 17/03/2020

Publicado enSociedad
La Fed baja su tasa de referencia a nivel no visto desde 2008

Washington. En una nueva apuesta por salvar la economía estadunidense de las consecuencias del nuevo coronavirus, la Reserva Federal (Fed) redujo este domingo su tasa de interés de referencia en casi un punto porcentual y la situó en un rango de cero a 0.25 por ciento, con lo cual la llevó a un nivel no visto desde el 16 de diciembre de 2008.

El pasado 3 de marzo, en una reunión extraordinaria, el banco central de Estados Unidos la redujo medio punto porcentual y se colocó en un rango de uno a 1.25 por ciento, en lo que fue el primer recorte de emergencia desde la crisis financiera de 2008.

Una tasa de referencia actúa como parámetro de las que fijan los bancos a sus clientes. Al estar en un nivel más bajo se busca alentar la solicitud de préstamos para crear más dinamismo en la economía.

En ese sentido, el banco central también reducirá los requerimientos de reserva de los bancos a cero por ciento, medida que será efectiva desde el próximo 26.

"Esta acción elimina los requerimientos de reserva para miles de instituciones y ayudará a apoyar el préstamo a hogares y empresas", explicó.

La Fed prometió aumentar sus tenencias en valores respaldados por el Tesoro y las hipotecas en al menos 700 mil millones de dólares.

En un comunicado, argumentó que el Covid-19 ha causado disrupción económica en varios países, incluido Estados Unidos, y que las condiciones globales han resultado significativamente afectadas.

“Los efectos del nuevo coronavirus pesarán sobre la actividad económica a corto plazo y representan riesgos para las perspectivas de la economía. A la luz de esos desarrollos, el comité decidió disminuir su rango objetivo.

"El comité espera mantener este rango objetivo (de tasas) hasta que esté seguro de que la economía ha incorporado los eventos recientes y se encuentra en curso para lograr sus objetivos de máximo empleo y estabilidad de precios."

Más tarde, en conferencia de prensa, el presidente de la entidad, Jerome Powell, dijo que el impacto económico del Covid-19 en Estados Unidos se sentirá en el segundo trimestre del año.

"La actividad entre abril y junio será débil y la posibilidad de recesión este año dependerá de cuánto se tarde en contener la pandemia", subrayó Powell.

El presidente Donald Trump calificó la determinación de la Fed de "muy buena noticia".

Por la mañana, el secretario estadunidense del Tesoro, Steven Mnuchin, declaró a ABC que no esperaba una recesión en la economía estadunidense y sólo predijo una "desaceleración".

Durante la jornada también se anunció que la Fed y los banco centrales de Canadá, Europeo, Inglaterra, Japón y Nacional de Suiza redujeron los precios de sus líneas swaps –acuerdos para intercambio de monedas– para facilitar la provisión de dólares en los mercados.

El Foro de Servicios Financieros de Estados Unidos informó que sus ocho miembros –JPMorgan, Bank of America, Citigroup, Wells Fargo, Goldman Sachs, Morgan Stanley, Bank of New York Mellon y State Street– detendrán sus planes de recompra de acciones hasta el 30 de junio y utilizarán el capital liberado para otorgar préstamos a personas y empresas afectadas por la crisis originada por la pandemia.

Publicado enEconomía
¿Estabilización o desmantelamiento? Las medidas de apertura económica en Venezuela.

Un complejo coctel de fenómenos y medidas parece estar reanimando la economía venezolana y dando un respiro a los sectores populares, pero también transformando al llamado “socialismo del siglo XXI” en una estructura que tiene cada vez menos que ver con la utopía chavista.

El segundo gobierno de Nicolás Maduro, iniciado en enero de 2019, ha implicado un cambio rotundo con respecto al modelo económico de su primer período (2013-2018), en línea con lo anunciado ya en agosto de 2018 con el llamado Plan de Recuperación Económica. Si bien las sanciones impuestas a Venezuela por el gobierno estadounidense de Donald Trump han atado de manos al gobierno en muchos aspectos, también es verdad que, en paralelo al recrudecimiento de esas sanciones durante 2019, la situación económica venezolana ha venido, paradójicamente, estabilizándose. Un dato más asombroso todavía si recordamos que Rusia y China cerraron su línea de crédito a Caracas hace ya varios años y que la empresa estatal de petróleo del país caribeño no ha logrado salir del atolladero en el que cayó durante el primer gobierno de Maduro.

¿A qué se debe entonces la actual sensación de mejoría en lo económico, que ni los más apocalípticos opositores pueden negar?

¿DEL DESASTRE A LA ESTABILIDAD? 

En su segundo mandato, después del desastre económico del primero, Maduro ha mostrado una tendencia a aplicar medidas de apertura y liberalización que desatan los nudos gordianos traídos por los obsesivos controles económicos estatales.

Las actuales medidas para desmontar este sistema de control implican una apertura económica radical que en cualquier país sería catalogada por la izquierda como “neoliberalismo salvaje”. Son la respuesta a un consenso del que participan economistas de derecha y del gobierno, como Jesús Farías. Las disposiciones incluyen la eliminación definitiva y legal del control de cambios y del control de precios, privatizaciones como la de la cadena de automercados Bicentenario (expropiada por Chávez), la eliminación de aranceles para la importación y algo impensable durante el primer gobierno de Maduro: disciplina fiscal y la paralización de la reproducción alocada de dinero sin respaldo en la economía real (o inorgánico) que terminó en la peor hiperinflación del mundo. Durante la transición hacia el nuevo modelo liberal, Maduro reconoció en agosto de 2018 que en su primer gobierno financió el gasto público con la emisión de dinero inorgánico (lo que es penado por ley), pero que en esta nueva etapa impondría “disciplina fiscal prusiana”.

Todo ello en un escenario social en el que el sueldo mínimo cayó de casi 250 dólares en 2012 a sólo cinco en 2015.

La importación de alimentos y otros artículos de primera necesidad ha sido declarada libre de impuestos en 3.275 categorías de productos con el argumento de intentar eludir el bloqueo financiero. Y a juzgar por la cantidad de productos importados que inundan el mercado venezolano, parecería estar lográndolo, aunque con ello deprima aun más la producción nacional.

Un factor central para entender la sobrevivencia del venezolano es que la pauperizada economía nacional comienza a adaptarse a nuevos tipos de ingresos de divisas. Aunque incomparables a la otrora renta petrolera, estos nuevos ingresos están signados por las remesas enviadas por los migrantes venezolanos, la repatriación de capitales por goteo y el nuevo impulso a la extracción de oro, entre otros.

DESPUÉS DEL PETRÓLEO. 

Las remesas, particularmente, contribuyen a que los nuevos ingresos no se queden en las cúpulas políticas o económicas, lo que genera un burbujeo en todo el tejido social. Con el Estado ya lejos de ser la principal fuente de ingresos directos como antaño, la remesa ha pasado a ocupar su lugar. Quizá no tanto por el volumen, sino por su capacidad de irrigación directa a los sectores más necesitados.

Es imposible tener estimaciones certeras del volumen de las remesas. El control de transacciones facilitó triangulaciones bancarias de diversa índole que permitieron llevarlas a cabo sin ningún control estatal. No obstante, diversos actores, incluso contrarios políticamente, proponen cifras relativamente parejas. Algunos calculan que el ingreso supera los 3.700 millones de dólares anuales, y otros, que podría estar acercándose a 6.000 millones en 2020. Otras estimaciones afirman que ya sobrepasa el total de exportaciones no petroleras. Hay economistas que calculan que los venezolanos envían en promedio entre 5 y 6 mil dólares por año cada uno, una cifra que puede ser exagerada para quienes envían remesas desde países periféricos. En un intento por conseguir información pregunté a varios familiares de migrantes pertenecientes a los sectores populares que reciben remesas y, entre quienes me respondieron, el mínimo recibido fue de 50 dólares mensuales, lo que representa diez meses de sueldo mínimo.

La Onu maneja el dato de que han emigrado más de 4 millones de venezolanos. Tomando en cuenta que la finalidad principal de esta migración masiva venezolana ha sido producir ingresos para transferir remesas, podemos imaginar que el impacto de estas permite hasta cierto punto sustituir el que otrora tenían los empleos estatales. Antes de la crisis, el Estado era el principal empleador y los puestos públicos se estimaban en 2 millones.

Otra nueva fuente de divisas es lo que llamamos “repatriación de capitales por goteo”. No encontramos cifras confiables sobre esto. Históricamente las clases alta y media alta, así como los sectores emergentes, llevaron sus ahorros y su capital hacia el exterior con el fin de atesorarlos en dólares y en un país confiable. Muchos de estos sectores aún viven en Venezuela y van trayendo mensualmente o incluso semanalmente pequeñas dosis de sus ahorros, pues, una vez convertidos a la moneda local, estos son disueltos por la inflación. El más reciente mecanismo que comprueba estas “microrrepatriaciones” es la utilización de la plataforma Zelle como forma de pago en diversos locales comerciales, especialmente en las zonas de clase media y alta. Se trata de una red de pagos que requiere disponer de una cuenta bancaria en Estados Unidos y que no cobra comisiones por la transferencia.

La diferencia con el período previo a la crisis es que quienes fugaban capital, de manera más o menos fraudulenta, ahora lo repatrían no para grandes inversiones, pero sí en pequeñas dosis y hasta pequeñas inversiones como las que se ven con el auge en la oferta de restaurantes y lugares de diversión en las principales ciudades. Jesús Farías, exministro de Economía de Maduro y uno de los principales impulsores de la nueva etapa económica lo explica de esta manera: “Los actores privados están trayendo sus divisas y sus recursos para invertirlos en el país y están dejando de chupar de la teta del Estado” (Banca y Negocios, 10-I-20).

Este proceso está generando algunas burbujas de consumo que develan nuevas formas de desigualdad en un ambiente ya ideológicamente posterior a los planteamientos de Chávez, y en el que participan viejas elites junto con nuevos ricos formados, fraudulentamente, en el chavismo y el adequismo.Todo ello, mientras los dirigentes políticos del chavismo apuestan al nacimiento de una “burguesía revolucionaria”, tal como la denominó el ministro de Tierras, Castro Soteldo.2

Ante la caída de la producción petrolera el gobierno impulsó la extracción del oro en el arco minero, que también está generando nuevos ingresos, aunque con consecuencias nocivas visibles en materia ecológica, que era otra bandera del discurso propiamente chavista. Con la minería de criptoactivos amparada legalmente y un precio irrisorio de la electricidad, Venezuela se ha convertido en un país con condiciones favorables para estas operaciones, y es el tercero en el ranking mundial en el uso de criptomonedas.

Todo ello va aportando a la creación de una nueva economía nacional en la que ni el Estado ni el petróleo figuran como protagonistas.

Algo muy notable de esta transición económica es la ausencia de datos para producir confianza en torno a la balanza de pagos, que es muy difícil de calcular con la situación actual, pero de la que se evidencia un equilibrio. Los datos oficiales publicados hasta el momento generan mucha desconfianza, dada la política del gobierno de no reconocer la gravedad de la situación. Es posible que nadie tenga la información real sobre los nuevos ingresos del país, especialmente de las remesas desde el exterior, pero tampoco sobre el oro y otros rubros que se están exportando. El gobierno parece independizado del Estado y no rinde cuentas a nadie.

UNA ECONOMÍA DOLARIZADA. 

La crisis venezolana fue ampliamente divulgada por los medios internacionales durante el primer mandato de Maduro (2013-2018). Los servicios del Estado colapsaron, la migración se contó por millones, la desnutrición se generalizó en sectores enteros de la población. Un ejército de hambrientos invadió los basureros.

La situación hoy parece ser otra. Las medidas de liberalización han abatido la escasez. Ya no existen las colas. La inflación aún es alta, pero las oficinas de la Asamblea Nacional, controlada por la oposición, registran que en 2019 la tendencia fue hacia su disminución en comparación con 2018 y años anteriores. Tomando en cuenta que la hiperinflación implica sobrepasar un 50 por ciento de inflación mensual, según estos datos sólo existió un mes con hiperinflación en todo el año.

El cambio se percibe cotidianamente. Se nota mayor capacidad adquisitiva incluso en sectores empobrecidos. El transporte público superficial ha venido mejorando. Muchos sectores del comercio sobrevivieron los peores años de la crisis y comienzan a revitalizarse. El dólar es usado en todos los estratos sociales. Hay nuevos negocios y comercios. El discurso de la crisis humanitaria se ha hecho insostenible y ha salido de la boca de los políticos de oposición.

Han aparecido burbujas de consumo en centros financieros o turísticos del país. Así, algunas urbanizaciones de Caracas y otras ciudades grandes se han llenado de negocios caros, carros lujosos, edificios de alta gama y un consumo irrefrenable de productos importados. Igual en sectores turísticos. Siempre con el dólar como sustituto ya legal del bolívar, que está quedando confinado a circuitos marginales, en un proceso de dolarización irrefrenable reconocido abiertamente por Maduro en noviembre del año pasado. Pero la dolarización no es sólo de ricos o nuevos ricos. Muchos servicios hoy facturan en divisas. Son varios los oficios y profesiones que cobran en dólares, desde ejecutivos hasta mecánicos y costureras.

Los buhoneros, manteleros o comercios informales de la calle aceptan dólares. Los marchantes que venden caramelos y chupetas hacen promociones para facilitar la venta en divisas. Cualquier puesto en mercados populares acepta y da vueltos en dólares. Las propinas también se están dando en esta moneda en muchos espacios.

Es verdad que el Estado todavía paga en bolívares los sueldos irrisorios de sus trabajadores, incluyendo los de los principales prestadores de servicios como enfermeras, médicos y docentes, así como policías y otros. Pero también es verdad que muchos de ellos cobran servicios en dólares por fuera de su trabajo en el Estado. Los maestros reciben en dólares las clases particulares. Enfermeras y médicos tienen trabajos paralelos en los que hacen lo mismo. La policía cobra sus coimas también en dólares. Jubilados y trabajadores públicos tienen negocios de comercio informal con el que atrapan divisas.

En líneas generales, quedan muy pocos que vivan de los sueldos del Estado.

Según Datanálisis, una importante firma de investigación económica, más del 40 por ciento de la población utiliza el dólar.

Podría aducirse que la mejoría puede ser sólo una sensación, pero la triangulación de datos realizada sugiere que esa sensación tiene un sustento real.

Es cierto que Caracas se ha vuelto una gran burbuja que parece no estar afectada por la grave crisis del interior del país, sobre todo en la esfera de los servicios públicos y signada por la falta de gasolina. Pero también es cierto que los nuevos ingresos a los que hemos hecho mención están esparcidos por todo el territorio nacional, e incluso hay territorios, como los de frontera y los de explotación del oro, donde se evidencia un poder adquisitivo en aumento. Atrás quedaron las imágenes diarias de saqueos en carreteras y pueblos del interior del país que pudimos ver desde 2016 hasta 2018.

Ha habido un debate sobre el auge de los bodegones (ventas de productos exclusivamente importados). Para los economistas del gobierno son síntoma de recuperación económica, para otros analistas son el mejor ejemplo del fin de la revolución y el auge de una división de clases tajante y problemática.

En la actualidad, y a pesar de estos bruscos cambios económicos, el principal problema inmediato no parece ser la desigualdad social en crecimiento. El país tiene varios años siendo completamente pobre, y ahora resulta que hay ricos que también fueron golpeados por la crisis de diversas formas y cuyo consumo no tenía el grado de visibilidad que ahora tiene con estas grandes burbujas y bodegones. Pero, por ahora, el tema central no es la desigualdad, puesto que esta termina invisibilizándose en la medida en que las clases pobres y medias aumentan su consumo en comparación con los peores años de la crisis (2013-2018).

El desafío más acuciante y verdadero signo de esta época es el colapso general de los servicios públicos y la incapacidad del Estado para enfrentarlo. El gobierno ya no tiene posibilidad de agenciar los servicios públicos, lo que abre una era de micro- y macroprivatizaciones. Quien tiene dinero para pagar podrá contar con salud, transporte, educación, luz y agua. Quien no tenga, la tendrá mucho más difícil. Las arcas estatales han quedado desprovistas. Las misiones sociales que fueron la política asistencial exitosa de Chávez han venido debilitándose de manera importante, centros médicos emblemáticos como el que quedaba en el corazón de la clase media alta de Caracas, en las Mercedes, está cerrado hace tres años, las decenas de médicos cubanos que allí laboraban se han retirado. Como ese, muchos otros centros de salud y educativos propios de las misiones sociales han cerrado.

Por todo esto, los sectores vulnerables irán engrosando grandes bolsones de pobreza que seguro impactarán en los próximos decenios en la vida del país, pero, por ahora, el cambio económico genera algo de oxígeno a todas las capas sociales, de manera directa o indirecta.

Ciertamente, el estatismo extremo ahogó la economía venezolana y la llevó al quiebre antes de las sanciones. En cambio, el desmonte de los controles estatales y la imposición de medidas liberales han dado un respiro a la economía, sobre todo la de los más pobres. Esto desata un debate sobre el éxito de ciertos modelos económicos y la deseabilidad de cierto tipo de controles, pero, principalmente, sobre el modelo del Estado y su relación con la economía y la sociedad.

El debate no es sólo sobre Venezuela. Un nuevo ciclo progresista en América Latina debe salir de los dogmas para confrontar una situación regional donde campea el libre mercado salvaje, y no permitir la disolución del Estado como ente mediador o colchón para la pobreza estructural que el primer ciclo de Chávez, Lula da Silva y Néstor Kirchner apenas pudo calmar temporalmente. El nuevo ciclo revitalizado en Argentina y México no parece aún tener al respecto una dirección clara. ¿Puede la izquierda emprender cambios profundos en la economía latinoamericana o terminará muriendo en el libre mercado por puro miedo a repetir la experiencia venezolana? Todo esto convendría pensarlo en el marco del fracaso del neoliberalismo evidenciado con las protestas de Chile, Ecuador y Colombia, entre otras, a finales de 2019.

Por Ociel Alí López

13 marzo, 2020

  1.   Designación derivada de Acción Democrática, partido político que tuvo el poder durante los 40 años previos a Chávez y aún cuenta con un poder político importante.
  2.            Así propone Castro Soteldo en la entrevista de Latina 102.1 FM, del 11-IX-19. Disponible en:

https://www.youtube.com/watch?v=cNqWSL8XdkI›

Publicado enInternacional