Lunes, 14 Febrero 2011 19:02

Food Inc y el modelo alimentario en EU

Uno de los documentos más críticos y fundamentados del modelo agroindustrial y alimentario que reina en Estados Unidos es Food Inc, filme de Robert Kenner, merecedor de elogios de la crítica cinematográfica y de quienes buscan cambiar un sistema de producción llevado a sus límites, carente de ética y que perjudica a quienes se dedican a las actividades agropecuarias (granjeros y jornaleros), a los consumidores y el medio ambiente global. En poco más de hora y media, Robert Kenner nos muestra la realidad de la agroindustria en la potencia vecina. Desde los métodos utilizados para obtener cosechas abundantes de granos y otros productos agrícolas hasta la engorda rápida de pollos y ganado con fórmulas que atentan contra la salud de las personas y el derecho de los animales. Todos estos procesos se encuentran ahora dominados por unos cuantos conglomerados industriales con influencia política en la Casa Blanca y el Capitolio.
 
Food Inc tiene la virtud de dar voz a los implicados en la tarea de producir masivamente cosechas y alimentos: desde el productor que antes escogía las mejores semillas para las siembras del año siguiente y hoy depende de las que le venden, junto con otros insumos, las trasnacionales de su país; las mismas que le compran su producción y con ella rematan un proceso que lleva a los supermercados 47 mil productos diferentes, con una presentación impecable gracias a los químicos. En resumen, una producción de alimentos con pocas cosechas, pocas variedades, pocas empresas controlando el proceso y enormes subsidios públicos que en otros países son impensables. Pero esto tiene un alto costo energético, ambiental, económico, social y de salud. Por ejemplo, la comida rápida y barata (gracias a los subsidios) es origen de una sociedad obesa, mal alimentada, enferma y derrochadora de recursos.
 
En Food Inc igualmente está la opinión de los productores que se niegan a seguir las directrices de las trasnacionales y observan los patrones de una agricultura sustentable que abarca lo mismo cosechas que carne o leche, libres de agroquímicos y de las fórmulas "modernas" obtenidas en los laboratorios para engordar rápidamente a los animales en las granjas. Por no aceptar las reglas que imponen quienes manejan el negocio agroindustrial muchos han tenido problemas con las autoridades sanitarias del vecino país y con la justicia. Sin embargo, su número aumenta cada día, al igual que su efecto en una sociedad que cada vez más exige alimentarse bien, sin enfermarse ni destruir el ambiente.
 
Luego de ver Food Inc, uno no desea saber más de las hamburguesas que venden las grandes cadenas de comida chatarra, o disfrutar un trozo de carne o un muslo de pollo proveniente del vecino país. Es la virtud de la película: mostrar la realidad, aunque no nos guste. Y que se vive en muchos otros lugares donde utilizan dioxinas y otros compuestos "modernos" en la cría de aves, ganado y cerdos. Por ejemplo, en Alemania. En diciembre pasado fueron clausuradas 5 mil granjas en la Baja Sajonia, pues la carne de cerdo y aves proveniente de ellas contenía dioxinas por arriba de lo que permite la legislación sanitaria. Algunos países (China a la cabeza) prohibieron la importación de carne de cerdo alemana, que cada año exporta 2.3 millones de toneladas.
 
Como posible responsable de lo ocurrido aparece la empresa Harles&Jentzsch por mezclar grasas "venenosas" con grasas limpias hasta obtener niveles de contaminación permitidas por la legislación alemana. Pero así como las autoridades prometieron aclarar lo ocurrido, se reabrieron las granjas y el caso desapareció de los medios. Se ignora si la carne contaminada llegó a los consumidores locales, de Holanda y Reino Unido. Tampoco se supo más sobre el tipo de dioxinas encontradas y sus efectos en la salud de la gente a corto y largo plazo.
 
A propósito: ¿cuál es la situación de la engorda masiva de aves y ganado en México? ¿Existen los métodos "modernos" para obtener en poco tiempo más carne en la porcicultura y la ganadería? ¿Las crecientes importaciones de tales productos están libres de, por ejemplo, dioxinas? ¿Se supervisa adecuadamente a las trasnacionales agroalimentarias del vecino país que funcionan aquí?

Iván Restrepo
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Este economista bretón es uno de los mayores precursores de la filosofía del decrecimiento y pasó por Bilbo para explicar lo que a su juicio será «la revolución del siglo XXI», como señaló a GARA. Para él, producir por producir y consumir por consumir sólo genera «una mala vida, una destrucción del planeta y de las personas». Afirmó, sin ningún género de dudas, que esta respuesta para mejorar la calidad de vida es «un proyecto ecologista y socialista. Se puede hablar de ecosocialismo».

Serge Latouche es bretón y uno de los precursores del decrecimiento. Para él, Euskal Herria y Bretaña «tienen identidad» y, como dijo, entre ambos pueblos existen «uniones históricas y afectivas». Explicó en Bilbo la filosofía del decrecimiento, dentro de las jornadas «Ideando alternativas. Encuentros decre- cimiento y buen vivir», organizadas, entre otros, por Mugarik Gabe, Ekologistak Martxan, Paz con Dignidad, REAS Euskadi y la UPV-EHU.

Entre otras muchas aportaciones que realizó en la entrevista, Latouche dijo considerarse «agnóstico de la religión del crecimiento por el crecimiento» y admitió que todavía queda mucho trabajo por extender esta filosofía, pero reconoció que «hay tiempo, aunque no hay que perderlo, porque la crisis económica actual permanecerá mucho tiempo entre nosotros», precisó el profesor de Economía.

¿Qué es el decrecimiento?

El decrecimiento es un eslogan que nació en 2001 para oponerse a lo que llaman desarrollo sostenible y que agrupaba a los mayores grupos empresariales mundiales en torno a un consejo de desarrollo sostenible que agrupaba a empresas como Total, Monsanto y, entre otras, a Nestlé. Había que utilizar un eslogan provocador para estar fuera de esa religión del crecimiento.

¿Religión?

Para ser riguroso habría que hablar de «acrecimiento», como se habla de ateísmo, con la `a' privativa. Somos agnósticos de la religión del crecimiento, porque es evidente que, desde la aproximación al Club de Roma en 1992, el crecimiento avanza hacia la destrucción del planeta y los ecosistemas que permiten al hombre vivir.

¿El decrecimiento es revolucionario?

Espero que sea la revolución del siglo XXI.

¿Qué medidas directas contempla y desarrolla?

Es un proyecto global y revolucionario, por supuesto. La principal es el cambio radical de mentalidad ideológica de funcionamiento. Este cambio no se puede concretar de un día para otro, ni tampoco las medidas son las mismas en unos países que en otros. No se podría aplicar de la misma manera en Texas o en Chiapas, en África o en el País Vasco. Cada lugar deberá decidir las mismas. El objetivo es que la sociedad se autolimite para conseguir el bienestar de todos. Los franceses, por ejemplo, deberían reducir la huella ecológica por medio de la relocalización de actividades porque los mercados están mundializados y lo hemos convertido en un vasto supermercado. Es extremadamente destructor para el planeta. Todo lo consumimos y hay que darse cuenta que los productos hacen de media entre 5.000 a 6.000 kilómetros con lo que significa de consumo de petróleo y energía. El efecto es negativo y conlleva el aumento del paro, porque se destruyen miles de empleos. Por eso, la recolocación es muy importante, lo mismo que la disminución del sobreconsumo. Por ejemplo, entre el 30% y 40% de lo que compramos en los supermercados de prisa y corriendo va a la basura.

¿Supone un cambio de vida?

Efectivamente. Poner en marcha esta reorganización de nuestras vidas, la producción, el transporte y el consumo nos llevaría a un cambio en la forma de vida. Viviríamos mejor, no en una sociedad tan desigual como la actual en la que mucha gente vive mal, está estresada y se suicida, por ejemplo. El decrecimiento es un proyecto a la vez ecologista y socialista. Se puede hablar de ecosocialismo. Un proyecto que quiere reintroducir más democracia en la política y, a la vez, ser socialmente más igualitario.

Supongo que con la crisis económica actual, esa filosofía del decrecimiento ha tomado auge.

Se ha propagado el decrecimiento, pero al mismo tiempo se ha intensificado el proceso de los gobiernos por mantener el crecimiento por el crecimiento. Se habla poco del decrecimiento en el discurso político, y cuando se habla del mismo es para denunciarlo. Sólo dos de los diputados franceses apuestan por el decrecimiento. Los gobiernos y los ricos nos dicen que para salir de la pobreza tendrían que producir más. Sin embargo, los pobres son pobres porque los ricos consumen sus recursos. Es así.

¿Es obligado, entonces, el reparto de la riqueza?

Por supuesto. Se acusa al decrecimiento diciendo que va a crear desempleo, que vamos a producir menos, y se destruirán empleos. No es así. Es lo contrario. La primera medida a adoptar sería dar trabajo a todo el mundo. Hoy en día hay gente que trabaja demasiado, más de doce horas al día y, sin embargo, un 20% de la población no puede, aunque le gustaría hacerlo. Esta sociedad de consumo genera paro. Es necesario compartir el trabajo. Trabajar menos para trabajar todos, contrariamente a lo que dice Nicolas Sarkozy, presidente de la República francesa.

¿Con sueldos menores?

No. Cuando trabajas más, ganas menos, como se ha verificado en Francia. Lo normal, es conforme a la lógica económica -la más estricta- si se trabaja más, aumenta la oferta y como la demanda siempre es insuficiente, disminuye el precio. Incluso los economistas más tradicionales denunciarían este escándalo. Por lo tanto, defiendo trabajar menos para ganar más; trabajar menos para trabajar todos; y, sobre todo, para vivir mejor. Porque el trabajo no es la parte de la vida donde más se disfruta. Cuando se es cajera en un supermercado no es realmente enriquecedor. Así, si se trabaja menos, habrá más tiempo para poder cultivarse, ocuparse de la vida, de los amigos, pasear, meditar, soñar... incluso rezar, si se es creyente. Se consumirá menos, y se consumirá mejor. En lugar de ir a un supermercado a consumir frenéticamente lo primero que pillas, tendremos el tiempo de hacer una buena elección, comprobar los buenos productos, tomarnos nuestro tiempo si en la etiqueta figura que están registrados los organismos modificados biológicamente, si está producido en China, o si está producido a nivel local.

A su juicio, ¿por qué los gobiernos apoyan siempre a los poderosos?

Precisamente son los banqueros y financieros los que eligen a los gobernantes actualmente. Para ser senador o diputado en Estados Unidos hay que ser millonario; en Francia, también. De esta forma son los poderes financieros y económicos los que eligen a los gobiernos. Incluso cuando un gobierno ha sido elegido democráticamente, como en Grecia, los mercados financieros imponen su política.

Entonces, ¿cree que queda mucho por hacer en este camino del decrecimiento?

Sin duda. Quedan muchas cosas por hacer. Todavía este proceso está germinando, pero, a la vez, reconozco que nos van a ayudar los acontecimientos.

¿A qué se refiere?

Porque nos encontramos en una fase de la crisis que creo que sólo es el principio. Es una crisis que va a ser muy larga y muy fuerte. En mi opinión, sólo habrá dos formas de salir de ella: llevando a la práctica el decrecimiento en una sociedad más respetuosa con el medio ambiente y las personas o, por el contrario, a la barbarie.

«Elevar la edad de la jubilación es justo lo contrario de lo que habría que hacer»
¿Qué opina del aumento de la edad de jubilación, que en el Estado francés llevó a protestas y huelgas, y que en el Estado español ha contado con sindicatos, empresarios y gobiernos, salvo en Hego Euskal Herria donde se produjo una huelga general?

Es absurdo. Es justamente lo contrario de lo que habría que hacer. Afortunadamente un gobernante, como el presidente de Bolivia, Evo Morales, parece que lo ha comprendido y ha rebajado la edad de jubilación. En el momento en que Francia se alargó la vida laboral, en Bolivia la redujeron a menos de 60 años, sobre 55 años. Esa es la buena vía. Es esencial. Creo que se debería permitir dejar progresivamente el trabajo, sobre todo en algunos más penosos a los 50 años, y de profesor de la Universidad, como es mi caso, se tendría que trabajar como mucho hasta los 65 años. Lo que han hecho los gobiernos en estos dos casos más recientes, el francés y el español, es atender a las recomendaciones del poder económico, como decía antes.

¿La Europa Social, que fue contrapuesta al modelo de Estados Unidos, se está desintegrando?

No creo que se mantenga la Europa Social por mucho tiempo. Lleva camino de refundar una nueva Europa que no favorecerá a las personas, al medioambiente, a la agricultura, etc. Apuesto por una Europa que cuente precisamente con calidad de vida para todos,pero no la que está en la actualidad que es la Europa del mercado, de la estupidez. La Europa actual es un proyecto destructor, porque todos los países compiten, se ha puesto el carro antes que el caballo. Primero, a mi juicio, habría que construir una Europa política y social, antes que construir una Europa económica.

¿A qué se refiere?

A que se debería consolidar el aspecto social, porque el actual sistema de competencia entre los estados-nación lo que está haciendo es disminuir los derechos sociales, medioambientales y culturales. Se avanza, sí, bajo la ley del mercado, ya no hay regulación, sólo mercado. De esta manera, la economía nos lleva a un estado catastrófico. Está en nuestras manos cambiar esta situación a la que nos han abocado. 

Por Juanjo Basterra
Gara
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Miércoles, 26 Enero 2011 06:56

“La guerra contra las drogas fracasó”

Varios ex presidentes latinoamericanos y europeos junto a otros funcionarios y especialistas crearon ayer la Comisión Global de Políticas sobre Drogas, tras dos días de reuniones en Ginebra, Suiza. Primó la postura de reconocer el fracaso de la guerra contra las drogas y reclamar la descriminalización de los usuarios de todas las sustancias ilegales. “La plata de esa guerra está mal usada porque no tiene resultado efectivo; si se utilizara para salud, tratamiento médico, educación, para campañas de publicidad, sería mucho mejor”, dijo el ex mandatario brasileño Fernando Henrique Cardoso al criticar abiertamente la política represiva impulsada por el gobierno de los Estados Unidos. La comisión propone una regularización de las drogas, como se hizo con el tabaco y el alcohol.

“Los consumos siguen iguales en los últimos 20 años, la violencia y los prisioneros crecieron, se ha vuelto un gigantesco negocio criminal y eso está generando una enorme cantidad de violencia, no sólo en Estados Unidos sino en México, en Colombia, y en general toda Latinoamérica, y es hora de repensar esa política”, expuso otro ex presidente, César Gaviria, quien gobernó Colombia entre 1990 y 1994 y luego fue, durante diez años, secretario general de la Organización de Estados Americanos. “Hay que abandonar esa idea de que los consumidores de drogas son criminales”, agregó.

Entre los participantes también estuvo Ernesto Zedillo, ex mandatario de México, donde hubo más de treinta mil muertos desde que el gobierno de Felipe Calderón lanzó su guerra contra el narcotráfico, en diciembre de 2006. El negocio de las drogas ilegales en México mueve, según el secretario de Seguridad Pública Federal, Genaro García Luna, 60.000 millones de dólares al año. Y esto sin contar el dinero de las armas que los capos narcos de los distintos carteles compran legalmente en Estados Unidos y contrabandean luego a su país.

Las personalidades europeas que asistieron a Ginebra fueron la ex presidenta suiza Ruth Dreifuss, el noruego Thorvald Stoltenberg, ex alto comisionado de la ONU para los Refugiados, y el español Javier Solana, ex alto representante para la Política Exterior y de Seguridad de la Unión Europea. Richard Bransen, dueño de la multinacional Virgin, también fue de la partida. Aunque no participaron de las reuniones el último Premio Nobel de Literatura, el peruano Mario Vargas Llosa, y el escritor mexicano Carlos Fuentes forman parte de esta nueva comisión.

“Estados Unidos ha tenido una misma política por muchas décadas y esta etapa de la guerra contra las drogas ya lleva casi 40 años de total prohibición y de llevar a la cárcel a todos los consumidores y los traficantes. Es una política que no está mostrando resultados”, afirmó Gaviria ayer en conferencia de prensa. Cardoso puso los números de esta política: “En Estados Unidos hay quinientas mil personas presas por delitos de drogas, la mayoría son pobres y negros, lo que también demuestra los prejuicios asociados”.

El ex mandatario brasileño reclamó más información y educación “de forma que la gente disponga de elementos para usar su libertad y para saber que la droga hace daño”. En este sentido, insistió en que el usuario problemático de drogas debe ser tratado como “un enfermo al que hay que ofrecerle salud”. Y en este diagnóstico coinciden todos los integrantes de esta nueva comisión, quienes sostienen que las evidencias empíricas y las pruebas científicas aconsejan dar mayor importancia a la prevención y a la reducción de los daños derivos del uso de drogas.

Los ex presidentes Cardoso, Gaviria y Zedillo encabezan desde abril de 2008 la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia. Desde entonces insisten en lo que las Oficina contra las Drogas y el Delito de las Naciones Unidas admitió recién el año pasado: el fracaso de la guerra contra las drogas. “El tema se ha transformado en un tabú que inhibe el debate público por su identificación con el crimen, bloquea la información y confina a los consumidores de drogas a círculos cerrados donde se vuelven aún más vulnerables a la acción del crimen organizado”, dice una de las evaluaciones de esta comisión latinoamericana.

El lunes pasado, antes de la primera reunión en Ginebra, los organizadores comentaron que entre los temas por analizar estaba la eliminación de “las sanciones penales por la posesión de marihuana para uso personal”. También se buscaba resolver “la polarización” que divide “los bloques de la legalización y la prohibición”, en torno de “una discusión esclarecedora”. Otro punto fue el debate sobre los riesgos y las ventajas de distinguir entre el tráfico y el comercio en pequeña escala.

En Brasil, este último punto motivó la semana pasada la salida del funcionario designado por Dilma Rousseff para conducir la Secretaría Nacional de Políticas Sobre Drogas, Pedro Abramovay. Como ocurrió en Ecuador, donde el presidente Rafael Correa liberó a miles de “mulitas”, Abramovay también propuso excarcelar a pequeños traficantes de drogas. Sólo que a él le costó el cargo.

“En muchos países el daño causado por la prohibición de las drogas en términos de corrupción, de violencia y de violación de los derechos humanos supera con creces el daño causado por las drogas”, consideraron los organizadores de la Comisión Global de Políticas sobre Drogas el mismo lunes. También se instaron a revisar “el sistema de control de drogas de la ONU” y “las diferentes respuestas nacionales”, teniendo en cuenta los “desafíos de la Justicia penal” si asume que “erradicar la producción y criminalizar el consumo no reducen el tráfico y el consumo”.

Otro de los objetivos de la reunión en Ginebra fue recabar datos sobre los cambios en los últimos 50 años en la producción, transporte y venta de drogas ilegales, a partir del enfoque meramente represivo, y los delitos asociados: “El blanqueo de dinero, el tráfico de armas, la corrupción y el riesgo de socavar instituciones democráticas”. Mientras se debatía en Suiza, la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, viajó a México para apoyar económica e ideológicamente al gobierno local en su guerra contra las drogas.
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–Usted ha desarrollado la noción de que el capitalismo es “productor de subjetividad”: ¿qué diferencia habría entre la subjetividad producida por el capitalismo en sus primeras etapas y la que produce en la actualidad?

–Actualmente rige un capitalismo social y del deseo. En la primera fase del capitalismo, se trataba ante todo de producir, y después venía el consumo. Hoy es al revés: un auto se produce después de haber sido vendido, quiero decir: después de haberse constituido como objeto de deseo. Aquí se ubican la publicidad, el marketing.

–¿Por qué antes eso no era necesario?

–Hace un siglo, no funcionaba así. Esto empezó en Estados Unidos, y uno de los que introdujeron esta concepción del marketing fue Edward Bernays, sobrino de Freud. Es sintomático que haya sido el sobrino de Freud, fundador de la noción de deseo inconsciente, quien introdujo este pasaje en el capitalismo: construir el objeto como valor de deseo. Deseo masivo: es necesario que se lo muestre en la tele, que sea testeado por consumidores. Hace un siglo esto no se planteaba, porque los obreros no eran consumidores de lo que producían. Henry Ford fue quien, a partir del abaratamiento generado por la producción en serie, planteó: mis productos son comprados por mis obreros. Hoy en día el capitalismo, para funcionar, debe producir subjetividad, tanto en el trabajo como en el consumo. En ambos planos la subjetividad ha cambiado.

–¿En qué cambió la subjetividad, desde la perspectiva del trabajo?

–En Occidente se piensa al trabajador como un pequeño empresario: cada individuo asume como tal el riesgo de su actividad, es responsable de lo que hace: desde el ama de casa hasta el ingeniero especializado. Cada uno debe ser autónomo, como un empresario: esto es el “capital humano”. En la antigua organización del trabajo, se trataba de una subordinación directa. Hoy la subordinación se constituye alrededor de la autonomía, el individuo lleva en sí mismo la condición de su subordinación. Esto florece bajo el último neoliberalismo. A la vez que la economía financiera pasa a preponderar, todo el mundo pasa a estar bajo esta lógica empresarial. Aun el desempleado debe rendir cuentas: cómo organiza su jornada, qué hace; se le otorga un subsidio pero, a cambio, es necesario que sea activo, que se haga responsable.

–Alguien podría plantear: ¿cuál es el problema? Está bien que la gente se haga responsable...

–Es que esta responsabilidad se plantea como si el individuo fuese culpable de su situación. En verdad la desocupación no es por falta del individuo: el sistema produce el paro. Pero se hace como si fuera su falta, se dice que no tiene ganas de trabajar, que es perezoso, que se aprovecha de la asistencia del Estado. Se lo culpabiliza.

–¿Cómo se plantea la cuestión de la subjetividad del lado del consumidor?

–El consumidor es objeto de diferentes dispositivos de poder: la publicidad, el marketing, la televisión impulsan a las personas a construir sus objetos de deseo. El neoliberalismo, a la vez que acrecienta la desigualdad de ingresos entre las clases sociales, cada vez más empuja a las personas a consumir, como si el acceso al consumo fuese posible para todo el mundo. Los objetos de deseo, las mercancías, están siempre disponibles... en imágenes. Primero llegan las imágenes; después, las mercancías. Otra importante transformación de la subjetividad se produjo en relación con las finanzas, que son otro dispositivo de poder. El funcionamiento mundial de las finanzas, como dispositivo central del capitalismo, requiere la generalización del crédito. Hace un siglo, el crédito era para las empresas, la gente vivía de los ingresos de su trabajo. Hoy todos son impulsados hacia el crédito. En Estados Unidos hay créditos para el consumo, la educación; si uno quiere estudiar debe endeudarse, obtener un crédito. Y esto organiza la subjetividad. Un crédito es una promesa: yo voy a pagar. Durante diez, veinte años voy a pagar este crédito. ¿Cómo se puede asegurar que el crédito será respetado todo ese tiempo? A nivel legal pero también a nivel subjetivo se construyen mecanismos para garantizar que la promesa se cumpla.

–¿Cómo sería el dispositivo a nivel individual?

–El sujeto queda tomado por la deuda. Toda su vida va a estar condicionada por la deuda. Si usted tiene una deuda a 30 años, las condiciones y los límites de su vida van a estar organizados por ese crédito. Es lo que pasa a nivel de los países: cuando la Argentina estuvo tan endeudada, los individuos y la nación estaban obligados a vivir bajo las condiciones definidas por la deuda.

–Pero, en la Argentina, la deuda pesó en forma diferente sobre los distintos sectores sociales: a muchos los perjudicó pero a algunos los benefició: hubo empresarios cuyas deudas fueron estatizadas.

–Sin duda. Es lo que pasa ahora en Europa con la crisis financiera: la deuda de bancos privados está reasegurada por la deuda pública, y los que van a pagarla serán sobre todo los menos ricos. Y hay quienes aprovechan la deuda: por definición, la aprovecha el sector financiero. En Estados Unidos, este año las empresas hicieron los mayores beneficios.

–Entonces habría dos tipos de subjetividad: esa subjetividad del deudor concerniría a un sector de la población, quizá mayoritario, pero hay otro sector que tendría otra subjetividad...

–Ciertamente. Así como en la industria están los empresarios y los obreros, en las finanzas están los acreedores y los deudores. Y los que comandan son los acreedores: los que otorgan los créditos definen las condiciones. Pero hay diferencias entre la oposición patrón-obrero y la oposición acreedor-deudor.

–¿Qué diferencias?

–Desde cierto punto de vista es lo mismo: hay desigualdad entre patrón y obrero, como entre acreedor y deudor. El problema es que hoy los acreedores no se definen desde una clase social específica. La condición de acreedor concierne también a clase media, a obreros: los fondos de pensión se han privatizado; para su vejez, el sujeto adquiere un seguro privado. En cuanto a la subjetividad del deudor, Nietzsche trabajó la cuestión de la promesa. Dice que lo que formó al hombre civilizado no es el trabajo, ni el intercambio, sino la deuda. Porque la deuda construye un hombre que puede prometer, y puede prometer en tanto construye una memoria: yo voy a pagar porque recuerdo mi deuda. La deuda, la promesa, se han marcado en el cuerpo del individuo, como la libra de carne de El mercader de Venecia. Lo que me interesa destacar es que un individuo es al mismo tiempo trabajador, consumidor y deudor. La misma persona está presa en distintas relaciones de poder.

–A partir de conceptos de Gilles Deleuze, usted ha señalado dos formas distintas de sujeción: el sujetamiento social y la servidumbre maquínica. ¿Cómo se plantean en la fase actual del capitalismo?

–Deleuze y Guattari plantearon estos conceptos en Mil mesetas, en 1980. En los años más recientes se destaca el hecho de que, a la vez que se nos demanda ser sujetos responsables, individuos soberanos, estamos presos en dispositivos maquínicos. En la empresa, se le demanda al empleado ser sujeto soberano a la vez que una parte del mecanismo. En la comunicación de masas, la persona debe ser sujeto a la vez que input-output de una red televisiva; el desocupado debe ser responsable de su situación, y a la vez no es más que una variable de ajuste en la economía. Uno está preso en dispositivos heterogéneos, contradictorios. Por una parte, se es un componente de un sistema que nos sobrepasa; por otra, se hace como si fuéramos centros de decisiones con soberanía.

–“Como si fuéramos...”, dice usted: ¿quiere decir que la verdadera situación es la otra, la maquínica?

–Sí, pero ambas funcionan juntas. Los dos dispositivos son reales. En el sistema maquínico uno está preso en tanto individuo. En la empresa, por ejemplo, están todos los componentes de mi subjetividad: mi inteligencia, mi atención, mi capacidad física, intelectual; yo quedo descompuesto en esos componentes. Es un proceso de desubjetivación, pero, al mismo tiempo, siempre va a haber una resubjetivación. Hay una imposibilidad de salir de la lógica para la cual yo soy un sujeto con objetos a mi alrededor. Cierto que, en la servidumbre maquínica, ni el hombre es sujeto ni la cosa es objeto, sino que ambos son partes de un agenciamiento. Pero el sujeto va a retornar, o bien en forma individual o bien en formas colectivas como el racismo, el fascismo.

–Esa servidumbre maquínica revertiría en formas de subjetivación.

–Sí. El capitalismo funciona a través de aquella ideología del individuo soberano, pero el individualismo ya no funciona y el nacionalismo, el machismo, el integrismo religioso, son formas de subjetivación. La hipermodernidad derrota al sujeto porque lo capta en el sistema maquínico colectivo pero, a la vez, todo el tiempo se reconstruyen neoarcaísmos. Georges W. Bush marcó el ascenso del integrismo religioso en Occidente; no sólo Al Qaeda es integrista. El racismo crece en Europa, particularmente en Alemania. El individualismo no basta, hace falta un sujeto colectivo y es cierto, en ese lugar podría construirse otro sujeto colectivo, pero se reconstruye el nacionalismo, el racismo.

–¿En qué respuestas, aunque sean embrionarias o parciales, pueden vislumbrarse procesos o intentos emancipatorios?

–Ante todo, hay que decir que la crisis continuará y se profundizará. Hoy la crisis gira alrededor de las finanzas. La deuda privada se ha transferido al Estado, es decir que ya no hay otro a quien transferirla. La dificultad es que no hay modelos políticos y de emancipación que correspondan a la subjetividad actual. Hace un siglo y medio el comunismo, el socialismo, correspondían a una subjetividad real: la de la industria bajo el primer capitalismo, con los obreros, los sindicatos. Había instrumentos reales que no están más. Es necesario construirlos, y no creo que esto se haga muy pronto. Hay que pasar a otra cartografía teórica, otro instrumento distinto al que el movimiento obrero construyó entre fines del siglo XIX y principios del XX. Por otra parte, se desarrollan luchas reales. Una importante, en Francia, es la referida a la jubilación.

–La resistencia a la elevación de la edad jubilatoria...

–Sí. Se perdió, pero la forma como se dio la lucha ofrece perspectivas. Si bien la jubilación concierne a los asalariados, el proceso no se centró sólo en ellos. Tocó también a otras categorías sociales. Movilizó a estudiantes, a distintos órdenes de ciudadanos. No era una lucha sólo corporativa. Y se desplegó en la sociedad. La lucha es eficaz cuando bloquea el funcionamiento de la sociedad. Antes, para bloquear la sociedad era necesario bloquear la producción.

–Se refiere a la huelga.

–Sí. Hoy, en cambio, es necesario bloquear la sociedad para bloquear la producción: bloquear la circulación, las rutas. En este caso se bloquearon las refinerías, no había combustible para circular. Pero por el momento la acción es más inteligente que los enunciados. Todavía no hay enunciados que, en esta dirección, conciernan al conjunto de la sociedad. Y el tema de la jubilación concierne a todo el mundo. Desde hace más de 30 años, la mayoría de las personas no viven bajo la situación clásica de empleo, pero se hace como si estuviéramos en la misma situación de hace décadas. Los sindicatos todavía actúan como si se tratara de asalariados estables, pero, para las personas que se incorporaron al mercado de trabajo desde la década de los ‘70, es más difícil reunir los años de trabajo que se requieren para la jubilación. Entonces, no tienen jubilación o tienen jubilaciones muy débiles, porque durante años no trabajaron, cambiaron de trabajo, estuvieron en paro, en precariedad.

–Entonces, el reclamo no es sólo que se mantenga la edad jubilatoria.

–Como decía, los enunciados están en retraso respecto de la acción. Los enunciados se refieren a la jubilación a los 60 años. A nivel teórico se piensa todavía en un asalariado clásico. Así funcionan los sindicatos y los partidos de izquierda. Mientras tanto hay pequeñas luchas, más bien de experimentación. Un ejemplo, también en Francia, fue la lucha de los trabajadores de espectáculos: no dependen de una sola empresa, sino que trabajan una vez para una, otra vez para otra; una vez hacen una película, otra una obra de teatro, otra una publicidad. Son móviles, precarios. ¿Cómo desarrollar una lucha si no se trabaja para una empresa en particular?

–¿Cuál era la causa del conflicto?

–La modificación de su seguro de desempleo. Ellos tenían un subsidio específico para las personas que no tienen un puesto fijo pero, de acuerdo con la lógica neoliberal, los subsidios de desempleo iban a ser reemplazados por un seguro privado; una vez más, reemplazar la mutualización por la privatización.

–¿Qué instrumentos utilizó esa lucha?

–Por ejemplo, bloquearon festivales como el de Avignon. Hoy la cultura tiene un rol económico muy importante, por ejemplo en relación con el turismo. Bloquear un festival es bloquear la economía de una ciudad. Cuando ellos bloquearon el Festival de Arte Lírico en Aix-en Provence, los hoteleros fueron muy afectados y protestaron. Ellos también hicieron bloqueos móviles, que se desplazaban de un lugar a otro: la movilidad, que habían desarrollado por las características de su trabajo, la transformaron en herramienta de lucha. A diferencia del método clásico de los obreros, que ocupan una empresa y se encierran en ella, la cuestión era bloquear aquí y allá, en rutas, instituciones, museos, centros culturales, ministerios: van y se quedan un día, mañana van a otro lugar.

–¿Contra quién era la lucha: el gobierno, los empresarios?

–Contra los dos. Hace diez años, la federación patronal francesa tuvo un cambio de dirección: antes la dirigían los empresarios metalúrgicos, pero la conducción pasó a manos de empresas de servicios, como las aseguradoras. Entonces emprendieron un programa “para la refundación social”, cuyo claro objetivo era transformar el Estado de bienestar: reprivatizarlo. Y se aplicó con la ayuda del Estado.

–En su libro Políticas del acontecimiento, donde usted plantea un debate con el marxismo, no encontré referencias al concepto de plusvalía: ¿cómo considera esta noción?

–La plusvalía, el plusvalor, remite al concepto de valor. Para el marxismo, el valor sería una cantidad objetivable, tendría una consistencia en sí: pero las cosas no tienen valor sino porque colectivamente les ha sido investido; en él están en juego subjetividades. Además, la plusvalía supone una concepción antropomórfica del valor: en El capital, el valor lo produce sólo el trabajo humano, la máquina no crea valor. Para Deleuze y Guattari, en cambio, hay una plusvalía maquínica: la máquina también produce plusvalía; el concepto de plusvalía pasa a ser: plusvalía humana más plusvalía de la máquina. El marxismo considera que la producción de valor depende sólo del humano, particularmente del obrero. Pero hoy, si tomamos las finanzas, el valor de un activo está ligado con criterios, opiniones, deseos de los actores; no sólo con el trabajo y su organización, sino con la creencia.

–Pero la noción marxista de plusvalía plantea dramáticamente la diferencia de clases, al postular que el patrón expropia parte del trabajo del asalariado. Plantear que la plusvalía se obtiene igualmente de la máquina, ¿no conlleva el riesgo de borronear esa dimensión?

–El concepto de plusvalía es políticamente muy fuerte porque está ligado con el concepto de explotación, en términos de clases sociales. El problema es que la forma de explotación ha cambiado y no tenemos conceptos que correspondan a esto. Si uno utiliza el viejo concepto de plusvalía, hace como los partidos trotskistas, que todavía están con la industria de hace 50 años. Hoy existe la explotación de personas que trabajan como asalariados, pero no sólo ésa. El gran centro de acumulación de riqueza son las finanzas, y en las empresas financieras la plusvalía no viene de la explotación de quienes trabajan en ellas, sino de otra parte. Habría que examinar estas nuevas formas de organización de la plusvalía y la explotación, y no pensar que nada ha cambiado y que, como hace un siglo, los explotados son sólo los obreros: también los consumidores son explotados, de otras maneras.

–¿De qué maneras?

–Para que algo se venda, debe construirse como objeto de deseo: cuando usted lo compra, además de poner dinero, se empobrece subjetivamente. Porque hay una estandarización de la subjetividad. Todo el mundo debe desear eso mismo para comprarlo. Para hacer apariencia de individualización, se le agrega algún detalle “personalizado”. Junto con el empobrecimiento económico hay un empobrecimiento subjetivo.

Por Pedro Lipcovich
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Seúl, viernes 12 de noviembre. El grupo de las principales 20 economías del mundo (G-20) inició este jueves su quinta cumbre en busca de un acuerdo que ponga de nuevo en movimiento la economía global, en medio de un tenso debate por las políticas monetarias de Estados Unidos y China. En tanto, resurgía el temor a que Irlanda no pueda pagar su deuda, en un reflejo de los persistentes coletazos de la crisis, por lo que incluso la Unión Europea ya ofreció ayuda.
 
Como uno de los países afectados por la guerra de divisas –entre los que se encuentran México y Argentina–, Brasil, con su presidente a la cabeza, Luiz Inacio Lula da Silva, dejó en claro que defiende una acción global de las naciones para solucionar la actual guerra cambiaria, evitando así el proteccionismo que causaría mayor desequilibrio en la economía mundial.
 
El G-20, impulsado en 2008 en Washington, en el apogeo de la crisis financiera mundial, inició lo que promete ser la discusión más dura de su corta existencia.
 
La polémica por la guerra de divisas ha acentuado las diferencias entre los miembros del grupo de las 20 mayores economías desarrolladas y las emergentes, que las pone lejos del sentido de unidad alcanzado en plena crisis económica global hace dos años.
 
La cumbre se abrió con una cena oficial ofrecida por el presidente de Corea del Sur, Lee Myung-bak, en el Museo Nacional de este país, y concluye este viernes por la tarde.
 
El objetivo del encuentro, que por primera vez se realiza en un país emergente, apunta a aliviar las tensiones por los tipos de cambio generadas por los desequilibrios entre los países exportadores ricos y los endeudados importadores.
 
Por un lado, Estados Unidos y la Unión Europea acusan a China de mantener artificialmente bajo el tipo de cambio de su moneda para abaratar sus exportaciones. Por el otro, el anuncio la semana pasada de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) de comprar bonos del Tesoro por 600 mil millones de dólares para reactivar la economía, lo que abarata el dólar, inconformó al resto del mundo, sobre todo a las naciones emergentes, porque temen que esa medida desate una marea de dinero que inunde sus mercados, elevando la inflación y los precios de los activos.
 
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y su secretario del Tesoro, Timothy Geithner, defendieron que su país adopte medidas para alentar el consumo interno, en una economía que requiere generar empleos.
 
Una recuperación fuerte que crea puestos de trabajo, ingresos y consumo es la contribución más importante que Estados Unidos puede hacer para la reactivación global, expresó el mandatario en una carta enviada a sus pares del G-20.
 
Geithner opinó que el principal riesgo para el mundo es que las economías avanzadas no alcancen el crecimiento que deberían. Añadió que la recuperación mundial no puede depender del desarrollo de las economías emergentes, pues aunque crecen rápidamente, de forma colectiva representan sólo un tercio del producto interno bruto global.
 
El presidente Lula, convertido en uno de los voceros de los países emergentes, algunos de los cuales han quedado atrapados en esta pelea con sus monedas sufriendo presiones al alza, afirmó que las naciones industrializadas deben fomentar su consumo interno, ya que si sólo quieren apostar a las exportaciones el mundo va a la quiebra.
 
Demandó que el G-20 adopte acciones coordinadas para evitar que el mundo se encamine al proteccionismo comercial.
 
El mandatario brasileño defendió también un cambio en el sistema financiero internacional que permita romper el monopolio del dólar estadunidense como referencia de la economía mundial.
 
En una rueda de prensa concedida antes del inicio de la cumbre, recordó que este tema ya está en debate en el mecanismo que reúne a las cuatro principales economías emergentes: Brasil, Rusia, India y China, bloque conocido como BRIC.
 
Desde el año pasado, estamos llamando al BRIC para sustituir el dólar en las transacciones. Es un trabajo de convencimiento, expresó.
 
Argumentó que el dólar ya no puede seguir siendo la única moneda de referencia si es producido solamente por un país.
 
Es necesario que haya otras posibilidades, porque hasta los países que tienen reservas elevadas (de divisas), como Brasil y China, nos volvemos dependientes de que un país devalúe o no su moneda, expresó.
 
A hora temprana de este viernes se informó en Seúl que el G-20 ya avanza hacia un acuerdo limitado para corregir los desequilibrios cambiarios causados principalmente por las políticas monetarias de Estados Unidos y China.
 
Creo que las posibilidades son bastante buenas, dijo un vocero surcoreano, en referencia a un acuerdo en la cumbre que retome lo decidido por los ministros de Finanzas del G-20 que se habían reunido a finales de octubre, cuando acordaron abstenerse de intervenir para devaluar las monedas, y limitar los desequilibrios de cuentas corrientes, aunque sin especificar qué medidas adoptarían para conseguirlo.
 
En medio de las evidentes divergencias sino-estadunidenses, el presidente chino Hu Jintao prometió a Obama incrementar el diálogo y la cooperación con Estados Unidos, luego de un encuentro bilateral.
 
Según Hu, la reforma del yuan se hará en forma ineluctable, pero necesita un entorno externo favorable y sólo podrá ser aplicada en el marco de un proceso progresivo, indicó un vocero chino al difundir el contenido de ese encuentro.

Reuters, Afp y Dpa
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Viernes, 10 Septiembre 2010 06:35

Cambio climático = lluvias mortales

“Cuanto mayor la riqueza, más espesa la suciedad”
John Kenneth Galbraith (1908-2006).
 
El cambio climático está afectando al mundo entero. Y son más las voces que las acciones para contenerlo. Los principales países emisiones de gases a la atmósfera que luego producen el efecto invernadero, y son Estados Unidos, China, Unión Europea (UE), Rusia e India [en conjunto expulsan el 62.5, equivale a 17 millones 042 mil 685 toneladas, de un total mundial de 27 millones 245 mil 758 toneladas anuales; tan sólo EU contribuye con 6 millones 049 mil 435 toneladas y China con 5 millones 010 mil 170 toneladas de contaminantes a la atmósfera. Datos de 2004 de la ONU], se niegan aplicar las medidas correspondientes para contrarrestar el problema.
 
Contrariamente, desde que se firmó el Protocolo de Kioto en 1997, Washington con George W. Bush como presidente, que se habría comprometido a bajar los índices en un 5 por ciento, se negó a ratificar posteriormente argumentando perjuicios a su economía, aumentando así el impacto atmosférico hasta un 15 por ciento hacia 2004.
 
La negativa bushiana venía acompañada de una exigencia para los países en desarrollo, a quienes según él no se les pedía reducir sus emisiones. Sólo que a Bush y a sus halcones y empresarios se les olvidaron los números, y con ello eludieron las responsabilidades para con el planeta. El problema es que los países que menos contaminan, los en vías de desarrollo, son los que más resienten el impacto. En tanto los desarrollados, comenzando por EU, aplican meros paliativos que devienen totalmente insuficientes. Lo anterior, no obstante que la maquinaria obsoleta según reglas industriales de uso pasa de los países industriales desarrollados a los en vías de desarrollo. Mayor responsabilidad.
 
Así, la tendencia apunta hacia la destrucción de la tierra, porque los procesos industriales y de uso de energías contaminantes como los combustibles fósiles —y por tanto, la ganancia como prioridad de los capitales invertidos en la industria— continúa sin limitantes. Por ejemplo, haciendo poco por la conversión de la industria hacia un empleo de energías renovables. O de plano, renunciando a la economía de consumo suntuario que beneficia sólo a una elite. Tampoco avanzar, desde luego, hacia un uso irresponsable de la biotecnología como medio para obtener mayores ganancias con la aplicación y modificación genética de la naturaleza como tal, para una elaboración acelerada de “productos” en una de las ciencias aplicadas que ya encabeza la lista del amanecer del siglo XXI.
 
En pocas palabras, que tanto en los compromisos (Protocolo de Kioto) como en los hechos (la reconversión de la industria hacia un manejo responsable de la ecología), los cuidados del medio ambiente no son del todo “negocio” y por lo tanto del interés de los países desarrollados. Las industrias dedicadas al empleo de las energías alternativas como la solar, geotérmica, hidroeléctrica, eólica, siguen avanzando lentamente porque la misma tecnología aplicada es incipiente y los “aparatos” o instrumentos resultan caros todavía. Y no se olvide que para la dinámica del capital global que solo aspira a la ganancia, “el interés tiene pies”. Y lo demás es lo de menos.
 
Y sin ese interés, el impacto para el planeta deviene cambios bruscos de temperatura que se reflejan hasta, por ejemplo, en comportamientos atípicos del clima. El aumento de la temperatura durante el siglo pasado, en cerca de un grado centígrado por esa causa, impacta el fenómenos como el deshielo de los glaciares, el crecimiento de los desiertos, el daño a pantanos, bancos de coral por la contaminación de las aguas del mar y zonas costeras (no se olviden fenómenos como las grandes fugas de petróleo que utilizan los océanos como grandes basureros). Ni se diga la deforestación de selvas como el Amazonas, entre otros impactos.
 
El problema es que los efectos llegan a las economías de los países más pobres y los en vías de desarrollo, tanto en el agua disponible para la irrigación y el consumo humano (las próximas guerras mundiales pueden ser por la disponibilidad del vital líquido), como por la desertificación del suelo de cultivo, la destrucción de zonas verdes y tras eso el aumento de la pobreza y las enfermedades. Es decir, de la profundización de las desigualdades entre los países ricos y pobres. También el cambio climático impacta en la desigualdad social, porque viene la escasez de alimentos.
 
Un ejemplo “atípico” reciente es el de las lluvias que han golpeado tanto a Paquistán como a México. Inundaciones que han cobrado vidas, anegado amplias zonas habitables (estados y municipios), agrícolas y ganaderas en sendos países [El caso paquistaní puede verse en: http://maniobrasdelpoder.blogspot.com/2010/09/paquistan-desastre-humanitario.html]. Y no son fenómenos coincidentes. Son impactos generados por los vaivenes del clima a nivel global por causas humanas.
 
En México, no se registraba un mes de julio así desde hacía 25 años, según el gobierno mexicano. La tormenta tropical Hermine convirtió el sureste, sur y centro del país en una gran alberca. Golpeó en las costas del Golfo de México y del Pacífico. Llegaron las inundaciones, con todas las consecuencias. Municipios completos navegan en el agua. Entre los estados más afectados están Chiapas, Tabasco, Guerrero, Oaxaca, Nayarit y Veracruz hasta Tamaulipas.
 
Al menos unas 650 mil 503 viviendas dañadas. Mismo número de familias damnificadas. El registrado de por lo menos tres muertos. Hay miles de personas trasladadas a los albergues. El Ejército aplicó el Plan DN-III. Hombres, mujeres, ancianos y niños carentes de todo, o casi. Aparte la pérdida de sus casas y enseres domésticos, animales y sembradíos, hoy necesitan desde lo indispensable. Tlacotalpan, Veracruz, “patrimonio cultural de la humanidad” quedó aislada por tierra, donde unas 12,600 personas (90 por ciento de la población) fueron evacuadas. Oaxaca, 250 de los 570 municipios reportaron daños por las lluvias. Hay 290 mil damnificados, y 72 mil casas afectadas por el Istmo de Tehuantepec.
 
En Tabasco y Chiapas las presas están al límite y los ríos crecidos. En emergencia está la población de esos estados. So riesgo de contraer enfermedades y epidemias. Sin todo lo necesario. Y los corresponsables, en la inconsciencia de sus decisiones. De todos depende.

Por Salvador González Briceño
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En junio pasado, el Consejo de Innovación Energética estadounidense –un think tank creado por Bill Gates y Jeff Immelt, dueño de General Electric– solicitó al presidente Obama triplicar los gastos de investigación en energías limpias para no darle ventaja a China. Pero estas energías no siempre generan los efectos esperados en el medio ambiente…

Su proveedor de agua le propone adoptar un comportamiento ecológico y pasar a la facturación electrónica, argumentando que así se ahorrará papel. Y como al hacerlo la empresa reducirá sus gastos, le ofrecerá tarifas más atractivas. ¡Así la ecología se uniría a la economía para mayor beneficio de todos! Pero en los hechos… ¿no lo incitarán esos precios más bajos a regar el césped o a tomar varios baños por semana? ¿Sigue entonces siendo tan ecológico? Los economistas denominan a esta paradoja “efecto rebote”. Decir que ella ensombrece las perspectivas de la economía “verde” es quedarse corto.

En Francia, 35.000.000 de contadores eléctricos viejos serán reemplazados próximamente por contadores “inteligentes”. En Lyon, una de las zonas de prueba de esta operación, los proveedores de electricidad instalarán en las casas de sus clientes –con su permiso– unas cajas con un dispositivo que les permitirá controlar el consumo a distancia, con un margen de error de un segundo, con la esperanza de que esta vigilancia motive una reducción del monto de la factura (1). Los ahorros para el proveedor –ya no hacen falta técnicos para controlar los contadores–, deberían traer además un descenso de los precios. ¡Es el fin de las disputas en torno al radiador porque los friolentos han subido disimuladamente el termostato del salón!

¿Pero en qué se utilizará el ahorro producido? Algunos estudios no publicados de los servicios de investigación de EDF (Electricité de France) demuestran que, cuando las tarifas bajan, los hogares modestos tienden a aumentar la temperatura de su vivienda. Los hogares ricos no se quedan a la zaga, con la frenética renovación del equipamiento de punta. Cuando un bien o un servicio baja su precio se tiende, sin pensarlo, a consumir una mayor cantidad del mismo. Y, más allá de la temperatura considerada suficientemente confortable, el excedente financiero se destinará a la adquisición de otros bienes de consumo (pantalla de plasma, viaje en avión, teléfono “inteligente”, etc.) cuyo balance de carbono será, por otra parte, probablemente aún menos favorable para el medio ambiente. Al final, el beneficio ecológico de la tecnología se encoge como piel de zapa –o pasa incluso, en algunos casos, a ser negativo– mediante un ajuste de los comportamientos individuales que, sin embargo, constituyen el blanco principal de las campañas oficiales de comunicación acerca del “desarrollo sustentable” que elevan al pináculo la imagen del “consumidor responsable”.

En este laborioso inicio del siglo XXI, industriales y gobernantes ven en la tecnología el milagroso catalizador capaz de poner en marcha un nuevo ciclo de crecimiento, de crear empleos, de reabsorber los déficits, de reducir las desigualdades y, por supuesto, de recuperar los ecosistemas naturales. En todas las estrategias planificadas para que el mejoramiento de la calidad de vida ya no esté atado a la explotación de los “servicios naturales” –energía, materias primas, procesamiento de residuos… (2)–, las nuevas tecnologías juegan un papel determinante. La informática, en particular, ofrecería una herramienta esencial para “enfrentar el desafío climático”, mediante la reducción del consumo de energía (3).

Gracias a las tecnologías verdes de la información y la comunicación (en español TIC verdes, en inglés green IT), así como a la permanente reducción de los costos de los productos electrónicos, los “productores responsables” ponen en el mercado teléfonos y computadoras “verdes”, que contienen plástico reciclado, bambú, etc. Algunos llegan incluso a financiar talleres con las normas europeas para el tratamiento de los residuos electrónicos, en países que los importan más o menos legalmente (4). Por el lado de los distribuidores, comprar aparatos usados a fin de reciclarlos para que sean comprados de nuevo es una práctica corriente. Así, cada uno puede disponer de un teléfono en cada bolsillo, de un televisor en cada habitación, de una computadora portátil en cada rodilla, y hasta “de música en todos los pisos” (Le Monde Magazine, 30-4-10). Pero la máxima sofisticación siguen siendo los funerales virtuales, alabados por la prensa por su “ecologismo”, porque es evidente, parece, que “permiten evitar un derroche de recursos naturales” (Le Monde, 17-4-10) –al menos en este caso particular, el efecto rebote no cuenta–. Por otra parte, su consideración podría perfectamente reducir los milagros de estas “tecnologías verdes” al estatus de quimeras.

Consecuencias paradójicas

Los economistas distinguen tres tipos de efectos rebote. El primero, denominado “directo”, es el más intuitivo: cuando se reduce la intensidad en energía de un servicio, su costo baja; el ahorro así realizado permite, por consiguiente, consumir más de ese mismo servicio. El ejemplo clásico es el del automovilista que reemplaza su viejo automóvil por un modelo más eficaz y aprovecha el ahorro en combustible para conducirlo más seguido y más lejos (5). Otro caso típico es el de la calefacción.

En Francia, el sector residencial y terciario va a la cabeza en el consumo de energía (43% del total, delante de los transportes y la industria): dos tercios de éste son imputables a la calefacción. Paradoja: por un lado, gracias a los trabajos de administración de la energía, a las reglamentaciones térmicas, etc., el consumo medio para calefaccionar un metro cuadrado pasó de 365 a 215 kilovatios/hora (kWh) entre 1973 y 2005; por el otro, el consumo de energía debido a la calefacción aumentó en un 20% desde 1970. ¿Un efecto rebote habría absorbido parte de las ganancias? Todo conduce a pensarlo. Entre 1986 y 2003, a pesar de las políticas de economía energética, la temperatura media de las viviendas francesas pasó de 19ºC a 21ºC (cada grado suplementario aumenta el consumo de energía en un 10%). Para mucha gente, mejorar el confort implica sobrecalefacción y sobreconsumo, incluso para los encargados de los edificios, a quienes a veces se les va la mano con el termostato de la calefacción colectiva. Según la Agencia del Medio Ambiente y del Manejo de la Energía (Ademe), un departamento ocupado no tendría que superar una temperatura media de 19ºC. Por encima de eso, el sentimiento de confort puede tener efectos nefastos sobre la salud (erupciones cutáneas, sudores, hiperventilación).

En Estados Unidos se produce el mismo escenario. Según el informe anual 2010 de la agencia estadounidense de la energía, el consumo energético y las emisiones de CO2 por dólar de Producto Interno Bruto (PIB) disminuyeron más del 80% desde 1980. Esto no impidió que el consumo total de energía y las emisiones de CO2 del país aumentaran en un 25% y en un 165% en el mismo período, respectivamente (6). De manera que los beneficios de una campaña pública de sensibilización para la sobriedad energética se anularon.

Algunas políticas son directamente cuestionadas cuando aparece un efecto rebote. Este es el caso de las normas de rendimiento energético, que favorecen el surgimiento de innovaciones tecnológicas (7). En efecto, se registran temperaturas tendencialmente más altas en las viviendas más nuevas que en las construcciones antiguas. Gracias a las técnicas para mejorar el aislamiento y la ventilación, mantener la temperatura de las habitaciones de una vivienda en un piso más alto ya no plantea problemas. De ahí que una política orientada a reducir el consumo de energía haya provocado el efecto contrario.

Se utilizaron varios métodos para medir el efecto rebote. Por ejemplo, la elasticidad precio: si el consumo en kWh aumenta un 2% luego de una reducción de las tarifas de la energía del 10%, el efecto rebote es del 20% (8). En el sector del transporte, se mide el aumento del consumo de combustible ocasionado por una mayor eficacia de los vehículos. En ese caso, la innovación tecnológica reduce el costo del transporte por kilómetro, lo cual tiende a alargar las distancias recorridas y a aumentar el consumo global de combustible (de un 20% a un 30% en Estados Unidos, según una estimación).

En el Reino Unido, un estudio evaluó el efecto rebote de las políticas de ahorro energético implementadas entre los años 2000 y 2010 en cerca del 30% (9). Es decir que las ganancias en eficacia energética producidas por esas políticas no pueden considerarse rentables a menos que logren superar ese índice del 30%.

Desperdiciar menos para equiparse mejor

El segundo tipo de efecto rebote es indirecto. Contrariamente al caso anterior, el consumidor estima haber alcanzado un nivel satisfactorio de consumo del servicio cuyo precio ha bajado. Pero gastará el dinero ahorrado de otra manera, lo cual conduce a aumentar los flujos materiales en la sociedad. Por ejemplo, una familia podría invertir la diferencia obtenida al aislar las ventanas en la compra de una consola de juego o de un nuevo televisor. ¿Habrá que ver en ello un efecto de la recomendación paradójica de adoptar un comportamiento “ecológicamente responsable” y, simultáneamente, dotarse del último artefacto de moda? ¡El mismo correo que prescribe al cliente, por una preocupación ecológica, adoptar la facturación por internet, le recuerda cuántos puntos tiene para cambiar “gratuitamente” de teléfono móvil!

El confort ya presupone un sobreequipamiento en artefactos eléctricos energívoros y contaminantes. Los artefactos eléctricos, descontando los de calefacción, representan el 20% del consumo de energía. A través de un efecto rebote indirecto, el ahorro efectuado en calefacción puede trasladarse al consumo de los productos de entretenimiento (equipamiento hi-fi, televisión…), que saltó de 18 kWh por vivienda en 1973 a 321 kWh, 25 años después (10).

La difusión del equipamiento electrónico conduce a un tercer tipo de efecto rebote, susceptible, esta vez, de modificar la estructura misma de las sociedades humanas. Cuando la eficacia para explotar un recurso aumenta, su costo disminuye, favoreciendo las actividades socioeconómicas que lo utilizan intensivamente. Estas últimas atraen entonces capitales financieros y colaboradores de alto rendimiento, fortaleciendo su posición hasta dominar a la competencia. En consecuencia, la economía entera se vuelca hacia ese recurso que se abarató.

El petróleo constituye una ilustración perfecta de este encadenamiento, si se considera el impacto de su explotación y producción sobre las sociedades mecanizadas, industrializadas, urbanas y motorizadas. De la misma manera, nuestra capacidad exponencial de transportar y almacenar un byte de información está en vías de transformar profundamente la sociedad. Como en el caso del automóvil, puede hacerse difícil para los individuos desprenderse de la “civilización de los hidrocarburos” a la que estamos, en sentido literal, pegados (11).

Aunque estos fenómenos no son nuevos, siguen siendo difíciles de aprehender, ya que obligan a concebir, para cada técnica empleada, el conjunto de las consecuencias estructurales que su empleo masivo puede generar.

En el libro La cuestión del carbón, el economista inglés William Stanley Jevons compartía en 1865 sus temores en relación al agotamiento, hacia fines del siglo XX, de esa fuente de energía vital para el poderío de su país. Es cierto que el carbón no desaparecerá tan rápido como él lo pronosticó, pero el argumento teórico de la “paradoja de Jevons” conserva su solidez: cuanto más eficazmente utilizamos el carbón, más consumimos.

En efecto, si necesitamos menos carbón para producir una tonelada de fundición en bruto, las ganancias de la industria siderúrgica aumentan. Lo cual incita a los industriales a aumentar sus volúmenes de producción y disminuir sus costos, provocando así un incremento del consumo de carbón y de las ganancias obtenidas. En consecuencia, crecen los dividendos y –en teoría– los salarios, así como el consumo neto de los trabajadores y los accionistas. Entonces, todo descenso del costo de la energía completa el “reservorio de demandas no satisfechas”; y un tiempo de trabajo suplementario tomado del descanso asegura el aumento del presupuesto necesario para satisfacer esas demandas (12). El consumo del recurso más eficazmente utilizado disminuye… pero para rebotar mejor.

Al igual que los combustibles energéticos, las tecnologías de la información son hoy indispensables en todos los sectores económicos. Como el automóvil, ellas transforman las sociedades, favorecen innovaciones más rápidas, aumentan las economías de escala (13). Gracias a ellas, un mayor número de productores se encuentran capacitados para innovar y … la obsolescencia de los bienes y servicios se acelera. Lejos de alargar la vida útil de los aparatos y la capacidad de repararlos, el ciclo vital de estos productos se acorta, provocando un aumento de la necesidad de materias primas para fabricarlos.

Existen otras causas de efecto rebote: consumimos un bien o un servicio porque procura un nivel más elevado de confort o rendimiento, pero también porque hace ganar tiempo (14); y éste puede tener importantes repercusiones al difundirse masivamente en la sociedad. Por ejemplo, los medios de transporte rápidos resultarán privilegiados, así como primarán los desplazamientos individuales sobre los colectivos y crecerán las filas de espera en los aeropuertos o los embotellamientos en las rutas …

Los usuarios de internet también son víctimas de un fenómeno de ese tipo. El acceso muy rápido a documentos que en el pasado habría sido necesario encargar por correo o ir a consultar a una biblioteca genera una profusión de información que finalmente desemboca en que dedicamos más cantidad de horas de lo previsto a leer esa documentación en la pantalla. Como sugiere Hartmut Rosa (15) todo sucede como si la aceleración exigiera… más tiempo.

Por Cédric Gossart. Profesor de Telecom École de Management (Evry).
Traducción: Patricia Minarrieta

Notas:
1 Sobre una experiencia europea, véase Mari Martiskainen y Josie Ellis, “The role of smart meters in encouraging behavioural change – p rospects for the UK”, Sussex Energy Group, Brighton, 2009.

2 “Croissance verte” (Patricia Crifo, informe al Conseil économique pour le développement durable, París, 2009); “capitalisme immatériel” (Maurice Lévy y Jean-Pierre Jouyet, L’Economie de l'immatériel. La croissance de demain, La Documentation française, París, 2006); “découplage absolu” (Tim Jackson, Prospérité sans croissance. La transition vers une économie durable, De Boeck, Bruselas, 2010).

3 Sobre las aplicaciones de las tecnologías de comunicación al desarrollo sustentable, véase Gilles Berhault, Développement durable 2.0, L’Aube, La Tour-d’Aigues, 2010.

4 Para eludir las restricciones legales sobre el transporte internacional de residuos peligrosos (Convención de Basilea), los desechos electrónicos son exportados a veces como material de segunda mano. Véase “De l’exportation des maux écologiques à l’ère du numérique”, Mouvements, N° 60, París, octubre-diciembre de 2009.

5 Steve Sorrell, “Jevons’ Paradox revisited”, Energy Policy, Vol. XXXVII, N° 4, Amsterdam, abril de 2009.

6 US Energy Information Administration (EIA), “Annual Energy Outlook, 2010”; US EIA, “Carbon dioxide (CO2) emissions” (www.eia.doe.gov).

7 Credoc, Consommation et Modes de Vie, N° 227, París, marzo de 2010.

8 Véase Fabrice Flipo y Cédric Gossart, “Infrastructure numérique et environnement. L’impossible domestication de l’effet rebond”, Terminal, N° 103-104, París, 2009.

9 Terry Barker, Paul Ekins y Tim Foxon, “The macro-economic rebound effect and the UK economy”, Energy Policy, Vol. XXXV, N° 10, Amsterdam, octubre de 2007.

10 Livre Blanc sur les Energies , 7-11-03. Véase también Insee Première, N° 1.121, París, enero de 2007.

11 Véase Khadija Sherife, “Cómo BP se ríe de la ley”, Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, Buenos Aires, julio de 2010.

12 Blake Alcott, “Jevons’ paradox”, Ecological Economics, Vol. LIV, N° 1, julio de 2005.

13 Michel Gensollen, “A quoi ressemblera le monde numérique en 2030?”, Annales des Mines- Réalités industrielles , París, mayo de 2009.

14 Horace Herring y Robin Roy, “Technological innovation, energy efficient design and the rebound effect”, Technovation, Vol. XXVII, N° 4, abril de 2007.

15 Hartmut Rosa, Accélération: Une critique sociale du temps, La Découverte, París, 2010.
 
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Sábado, 17 Julio 2010 07:01

Un llamado a despenalizar el consumo

Con un llamado a los gobiernos a despenalizar el consumo de drogas ilícitas, porque su criminalización “está fomentando la epidemia del VIH, con consecuencias sociales y de salud tremendamente negativas”, comenzará mañana en Viena la XVIII Conferencia Internacional de Sida 2010. Un consorcio de 35 redes de mujeres de todo el mundo, coordinado por la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer, que preside la epidemióloga argentina Mabel Bianco, pondrá el acento, además, en la inequidad de género como principal impulsor de la feminización creciente de la enfermedad y reclamará medidas de prevención focalizadas en mujeres y niñas (ver aparte).

La cumbre de Sida 2010 se extenderá hasta el viernes. Su lema es “Derechos aquí, ahora mismo”. La protección de los derechos humanos como un requisito fundamental para una respuesta efectiva al VIH será uno de los ejes centrales de los debates y las exposiciones. “Es ya evidente que el estigma, la discriminación y la violación de derechos, así como políticas punitivas o equivocadas hacia los grupos de población más afectados por el VIH son grandes obstáculos para dar una respuesta efectiva al VIH”, señala el documento con los objetivos del encuentro.

“Se está reclamando a los gobiernos acciones concretas”, indicó a Página/12 la argentina Patricia Pérez, presidenta de la Comunidad Internacional de Mujeres Viviendo con el VIH-SIDA. Una de ellas es el acceso universal a los medicamentos, como fija la ley en la Argentina.

“Todavía aproximadamente el 65 por ciento de los pacientes que requerirían tratamiento no lo tienen. Esto ocurre principalmente en Africa, Centroamérica y en los países más pobres de Asia”, señaló a este diario Pedro Cahn, jefe de Infectología del Hospital Fernández y ex presidente de la Sociedad Internacional de Sida, entidad que organiza la cumbre con la colaboración de Onusida –el programa conjunto de Naciones Unidas sobre esta enfermedad– y autoridades austríacas. Pérez, Cahn y Bianco participarán de la cumbre.

Cahn adelantó que científicos de todo el mundo reclamarán reformas a las legislaciones que criminalizan a los consumidores de drogas ilícitas. El pedido quedó plasmado en uno de los documentos de trabajo de la conferencia, la llamada Declaración de Viena, redactada por un comité de expertos, entre ellos, la Premio Nobel de Medicina Françoise Barré-Sinoussi, y firmada ya por decenas de especialistas de distintos países, entre ellos Cahn.

“Se necesita una completa reorientación de la política”, dice el paper. La declaración denuncia que el actual enfoque represivo en la lucha contra la drogadicción no sólo ha fracasado, sino que está contribuyendo a la expansión del contagio por VIH. Los impulsores de la declaración le pedirán al secretario general de la ONU; Ban Ki-moon, que “con urgencia implemente medidas que aseguren que el sistema de las Naciones Unidas (...) hable con una sola voz en apoyo de la despenalización de los consumidores de drogas”. “Muchos de nosotros que trabajamos en investigación y cuidado del sida nos enfrentamos cada día a los impactos devastadores de las políticas de drogas”, aseguró al respecto el argentino Julio Montaner, presidente de la Conferencia y director del Departamento sobre el sida de la Facultad de Medicina de la Universidad de la Columbia Británica.

Como la última vez en México, dos años atrás, se espera que asistan a esta cumbre más de 20 mil personas, entre científicos, políticos, investigadores, médicos, cooperantes, artistas, activistas, miembros de la realeza e incluso representantes de marcas de preservativos, que evaluarán avances y retrocesos en la lucha contra el sida y a la vez llamarán la atención sobre una enfermedad que se ha cobrado 25 millones de vidas y que en 2008 afectaba a más de 33 millones de personas, según cifras de la ONU.

Sólo en 2008, 2,7 millones de personas se infectaron con el VIH, el 97 por ciento de ellos en países pobres o en vías de desarrollo.

En ese sentido, la Conferencia quiere hacer especial hincapié en la situación de Europa del Este y Asia Central, donde el sida se está expandiendo a un ritmo preocupante, debido sobre todo al uso de drogas inyectables y a su excesiva criminalización.

Por Mariana Carbajal
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Nueva York, 7 de julio. La legalización de la producción y la distribución de mariguana en California podría causar que se desplome 80 por ciento su precio y se duplique su consumo, según investigación de Rand Corporation difundida hoy.
 
La propuesta de legalización en el estado se votará en un referendo en noviembre. Si es aprobada, autoridades locales podrán determinar el cultivo y la venta de la planta, aunque todo residente tendría derecho a consumirla (aún no se sabe cómo se logrará aplicar la norma, ya que conforme a la ley federal seguirá siendo ilegal).
 
Rand Corporation, una de las instituciones privadas de investigación más prestigiadas del país, calcula que el precio (sin impuestos) de la mariguana de alta calidad podría desplomarse de 375 dólares por onza a 38 dólares. La caída se debería a que los productores ya no operarían de manera clandestina, sino legal.
 
Señala que es difícil estimar el efecto de la baja de precios en las pautas de consumo, ya que nadie evaluó antes una contracción tan considerable. Sin embargo, ofrece un escenario en el cual, al aplicarse un impuesto al producto de 50 dólares por onza y una tasa moderada de evasión (25 por ciento), los investigadores conside- ran que podría haber aumentos al consumo de entre 50 y 100 por ciento.
 
Beau Kilmer, principal responsable del informe, afirmó: hay incertidumbre sobre qué impacto tendrá la legalización de mariguana en California en el consumo y los presupuestos públicos. Ningún gobierno ha legalizado la producción y distribución para uso general, por tanto hay pocas pruebas en las cuales basar pronósticos sobre cómo operará esto.
 
En California hay dos iniciativas para legalizar la mariguana. Una es aplicar un referendo en el que se propone legalizar su cultivo (en lotes de menos de dos metros cuadrados), y poseer, procesar y transportar hasta una onza de mariguana. La otra es un proyecto de ley en el Congreso estatal que legalizaría la mariguana para los mayores de 21 años de edad, conforme a la regulación estatal de cultivo y venta, e impondría un impuesto de 50 dólares por onza. Los recursos generados serían destinados a educación y programas de rehabilitación de adictos.
 
Estimaciones de los promotores de esa iniciativa señalan que se podría contribuir hasta con 1.4 mil millones de dólares a la hacienda californiana, algo nada despreciable en un estado en bancarrota y con una crisis presupuestal. Algunos expertos indican que el estado podría generar más recursos al convertirse en exportador de mariguana a entidades vecinas, reportó la agencia Reuters.
 
El análisis también calcula que el costo de aplicar las leyes actuales contra la mariguana en el estado son de unos 300 millones. La legalización, argumentan promotores, también generaría ahorros significativos al reducir la aplicación de las leyes actuales, sobre todo en el encarcelamiento y otros procesos penales. El informe de Rand indica que la gran mayoría de los arrestos por narcóticos en Estados Unidos, como en California, son por mariguana, y que más de 80 por ciento de éstos son sólo por posesión simple.
 
Este debate no es nuevo en California, pero ahora, particularmente en medio de una crisis severa en el estado, no se descarta que estas iniciativas puedan ser aprobadas. Según encuestas de Reuters/Ipsos, a cuatro meses de la votación, la población está dividida casi en partes iguales en favor y en contra de estas propuestas.
 
California estuvo entre los primeros estados en reducir la pena máxima –por posesión de menos de una onza– de cárcel a sólo una infracción con una multa de 100 dólares. Después de ello, fue el primero en permitir el cultivo y consumo de mariguana para propósitos médicos.
 
El informe de Rand señala que varios países, entre ellos México, han despenalizado el uso personal de la mariguana y hasta otras drogas, algunos removiendo toda pena, otros reduciendo el nivel de este tipo de violación, de algo criminal a un asunto civil. Sólo en dos países se han realizado experimentos para anular la criminalidad por proporcionar mariguana para propósitos no medicinales: en los Países Bajos se permite la venta de cinco gramos o menos de mariguana en cafés con licencias; en Australia, cuatro jurisdicciones han reducido las penas por el cultivo de un número pequeño de plantas. Sin embargo, según el instituto, ningún lugar ha legalizado tanto la producción y la venta (y a escala comercial) como lo que está bajo consideración en California.

Por David Brooks
Corresponsal
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Viena. Entre 155 y 250 millones de personas en el mundo consumen drogas ilícitas, de las que un 15 por ciento (38 millones) son consideradas adictos, informó hoy la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) Washington, cuyo responsable sostuvo que la lucha entre cárteles en México es una “bendición para Estados Unidos”.

“Esta lucha es una bendición para Estados Unidos, debido a que la sequía de cocaína está provocando niveles bajos de adicción, altos precios y dosis menos puras”, señaló el director ejecutivo de UNODC, Antonio María Costa, al presentar el informe anual sobre drogas y adicción en el mundo.

Aseguró también que el índice de asesinatos relacionados con el narcotráfico es más alto en el conjunto formado por Guatemala, Honduras y El Salvador que en México.

Drogas sintéticas ganan terreno

La mariguana sigue siendo la droga más consumida en el mundo, con un total de entre 129 y 190 millones de personas, pero las sustancias sintéticas están ganando terreno, en particular en Asia, indica el informe anual de Naciones Unidas.

El número de consumidores de drogas sintéticas, entre 40 y 50 millones de personas en el mundo, según la UNODC, podría superar en breve plazo al de consumidores de cocaína y heroína sumados, indica el documento.

Producidas cerca de las zonas de consumo con materias primas generalmente legales y disponibles, las drogas sintéticas se desarrollan en muchos casos con mayor rapidez que las leyes que procuran limitar su expansión, según un comunicado de la UNODC.

Han surgido nuevos laboratorios clandestinos (20 por ciento en 2008), particularmente en países en los que anteriormente no se conocía ninguno.

La producción de éxtasis creció en América del Norte, en particular en Canadá, y en Asia. El probable éxito de esta sustancia en el continente asiático parece compensar la disminución del consumo en Europa desde 2006.

Según las estimaciones más recientes de la UNODC, Afganistán, primer productor mundial de opio, también ocupa el primer lugar en materia de resina de cannabis.

Por otro lado, el informe registra una disminución de la producción y de la superficie dedicada al cultivo de cocaína y heroína.

La UNODC, cuya sede está en Viena, estima que 430 toneladas de heroína se comercializaron en el mercado mundial en 2009, o sea menos que anteriormente, dada la reducción de actividad en Afganistán y Birmania. Esta tendencia podría mantenerse en 2010, ya que un cuarto de las plantas de adormidera sufren una enfermedad.

A nivel mundial, el cultivo de adormidera disminuyó en 23 por ciento en estos dos últimos años, pero las existencias siguen siendo considerables en Afganistán (12 mil toneladas).

En lo que respecta a la cocaína, se estima que la producción disminuyó entre 12 por ciento y 18 por ciento de 2007 a 2009. Los consumidores en Europa pasaron de dos millones a 4.1 millones de 1998 a 2008, lo que conllevó cambios en los itinerarios del tráfico, los cuales suelen incluir a Africa.

"Quienes esnifan cocaína en Europa están destruyendo selvas en los países andinos y corrompiendo a los gobiernos de Africa occidental", afirma el director ejecutivo de la UNODC, Antonio Maria Costa.

La UNODC también afirma que más de la mitad de los cargamentos de cocaína con destino a Europa interceptados entre 2006 y 2008 provenían de Venezuela.

Por último, la agencia subraya el aumento del consumo de drogas ilegales en países de tránsito, pobres en su mayoría, de Africa, América del Sur, Medio Oriente y el Sudeste asiático. Al carecer estos países de recursos suficientes para atender los casos de adicción, "millones de personas" corren el riesgo de volverse dependientes, estima Costa.

Agencias
Publicado: 23/06/2010 12:44

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