Lunes, 23 Agosto 2010 11:00

Alternativas. Cuídate, compa

Todo está comunicado con todo

Para entender tus malestares y darles una respuesta adecuada, aprende a mirar más allá del síntoma, a tener una visión de conjunto e ir a la raíz del problema.

Todas para una y una para todas

Todas las partes del cuerpo están en estrecha e intima comunicación. La energía se distribuye inteligentemente según las necesidades del momento. Si haces una comida pesada, la digestión necesitará toda la energía y dejará otras partes del cuerpo sin ella (amodorramiento, debilidad muscular, incluso a veces extremidades frías). Si después de comer se hace un gran esfuerzo, la digestión se para por no disponer de energía. Los alimentos acaban por podrirse y se convierten en fuente de intoxicación. En ese momento, todas las partes del cuerpo quedan debilitadas para poder centrar las fuerzas en la urgente desintoxicación: vómitos, diarrea, fiebre, sudoración. Si te intoxicas con bebida alcohólica, el cuerpo te pide “dormir la mona”, para que el esfuerzo se centre en la limpieza interior.

El detalle es un reflejo del todo

Una amigdalitis, un cólico, un tumor uterino, un salpullido… son un reflejo del agotamiento y la intoxicación del organismo total. No basta prestarle atención a la alteración local sino también tratar de mejorar todo el cuerpo.

La mente y el cuerpo están unidos

Si tienes miedo, te pones tenso y eso te afecta a los nervios del estómago, que altera sus jugos gástricos y acaba produciendo ulcera digestiva. Además, el miedo no te deja estar quieto, no te deja dormir, te hace perder el control (comes más de la cuenta, bebes, fumas). Todo esto te agota y te envenena el cuerpo. Asimismo, los malestares físicos te afectan psicológicamente. El dolor, la debilidad, te hacen sentirte inútil, afectan tu ánimo y tu autoestima.

Pasado - presente - futuro, comunicados

Los malestares que sufres hoy pueden ser el resultado final de toda una vida. La explicación de lo que padeces hoy puedes encontrarla en tu pasado. El trato inadecuado puede empezar en los primeros nueve meses que pasamos en el útero materno. Por eso, nada más al nacer necesitamos desencadenar alguna crisis de limpieza. Las enfermedades crónicas que padecemos ya mayores pueden resultar de las enfermedades agudas que reprimíamos con medicamentos cuando éramos pequeños. Nuestra personalidad de adultos es un reflejo de cómo fuimos criados.

Tu salud depende en parte de la sociedad en que vives

Todos los humanos estamos estrechamente comunicados. La actitud y la conducta de una persona afecta a las personas que le rodean, e incluso puede desencadenar una reacción en cadena que afecte a quienes habitan muy lejos. Unas viven en el lujo, derrochan, y en consecuencia otras viven en la estrechez y la miseria, matándose en el trabajo. Los países ricos consumen grandes cantidades de petróleo, lo que hace aumentar la cantidad de gas carbónico en la atmósfera y con ello la temperatura. Para refrescarse, el planeta necesita de vez en cuando crear huracanes a modo de ventilador, lo cual generalmente ocurre en los países tropicales pobres. La contaminación ambiental, los enfrentamientos armados, las diversas discriminaciones, la escasez de puestos de trabajo, el aumento de la delincuencia, las creencias sociales y sus leyes, pueden acabar afectando tu bienestar. Si dejas todo en manos del gobierno, cualquier día secuestran a tu querida hija y la mandan a no sé qué guerra.

Los humanos somos parte de la Naturaleza

Aquello que afecta la salud humana también le causa daño a la Naturaleza. El consumo exagerado de carne obstruye nuestras arterias con el exceso de colesterol, lo que puede lesionarnos el corazón y el cerebro; a la vez, exige la tala de árboles para pastos y producción de forraje, lo que favorece la desertización. Lo que daña a la Naturaleza acaba dañándonos. Todo lo que necesitamos proviene de la Naturaleza. Contaminar el medio ambiente es envenenar el aire que respiramos y nuestros alimentos.

Si tú cambias, la sociedad cambiará

Si cambias de actitud y hábitos de consumo, podrás inspirar y contagiar a otros. Y cuando se alcance cierto número de personas pensando y viviendo más respetuosamente, la sociedad se hará más humana.

Por Eneko Landaburo

Coca, fuerza ancestral de Nuestra América (I)
Copla Andina
No coqueo por vicio
ni por el juicio
sino por el beneficio

Sabemos, no sin dolencia y ardor en la sangre, que con la invasión a Nuestra América, primero con los españoles y siglos después con políticas y sistemas de colonización de los Estados Unidos, que incluso hoy subsisten y siguen causando profundos daños, la cosmología americana ha sufrido un feroz embate. La dimensión de lo sagrado y las tradiciones más antiguas y fundamentales, como, por ejemplo, los hábitos alimentarios y pilares decisivos de la espiritualidad: ritos y mitos fueron y siguen siendo bestialmente perseguidos y satanizados. Se llegó a tal punto de salvajismo, que hasta los valores propios, materiales y psíquicos fueron transgredidos, y se logró que a través de mecanismos de horror y de vulneración de cuerpos y espíritus, territorios y recursos, se gestara un sentimiento casi generalizado de vergüenza y menosprecio por lo autóctono, lo nativo.

Este es el caso de la Coca, planta medicinal y sagrada que ha sido por milenios fuente de fuerza física y espiritual para los nativos de Nuestra América.

Muchas teorías atribuyen a la región del Cuzco, donde germina la cultura inca, el origen de esta extraordinaria planta. Sin embargo, una de las características más notables de este arbusto de pródigo follaje es que su consumo y los usos tradicionales abarcan un extenso territorio.

Actualmente, las variedades de coca, cerca de 250, crecen a lo largo del continente americano, en las regiones andinas y amazónicas. Los arbustos llegan muchas veces hasta los cuatro metros de altura, dependiendo de su especie; de hojas ovaladas o elípticas, de color verde brillante, con flores pequeñas y blancas, y frutos de color rojo o rojo-naranja. Crecen mucho mejor en climas húmedos, lluviosos y calurosos, con grandes cantidades de luz.

Esta maravillosa planta contiene los siguientes alcaloides naturales: Atropina, Benzoína, Cocaína, Cocamina, Conia, Egnonina, Globulina, Higrina, Inulina, Quinolina, Reserpina, Papaína, Pectina, Pyridina. Por estos 14 aminoácidos, la coca está considerada como la planta más completa del universo en nitrógeno no proteínico, justo lo que elimina las toxinas del cuerpo humano.

Leyenda Andina

Guarden con amor sus hojas
y cuando sientan dolor en su corazón
hambre en su carne
y oscuridad en su mente
llévenlas a su boca
y con dulzura
extraigan su espíritu
que es parte del mío

Obtendrán amor para su dolor
aliento para su cuerpo
y luz para su mente
y aún más
observa el baile de esas hojas con el viento
obtendrás respuesta para tus preguntas

Pero si tu verdugo llegado del norte
el conquistador,
el buscador de oro, la tocara,
sólo encontraría en ella veneno para su cuerpo
y locura para su mente
Porque su corazón está tan endurecido como su espada y su vestido de hierro
Y cuando la coca, que es como la llamarás,
intente ablandarlo
sólo logrará romperlo como los cristales de hielo, formados de las blandas
nubes que destruyen rocas.

Por Zabrina Molina Escobar

Publicado enEdición 160

El año 2009 se caracterizó por la coexistencia de dos crisis que se venían gestando desde décadas atrás, y que de una u otra manera seguirán acompañando a la humanidad en el futuro: la crisis del sistema financiero y en general del sistema económico internacional, y la crisis climática.

De las múltiples y complejas implicaciones de la primera voy a destacar la llamada recesión, que en términos sencillos quiere decir que en un período determinado las economías de los países –y, en este caso, la economía global– no siguen creciendo al ritmo con que venían haciéndolo en períodos anteriores. No se necesita siquiera que decrezca (que reduzca su tamaño) significativamente sino que basta con que deje de crecer.

Cuando una persona está demasiado pasada de kilos, el médico le advierte que se puede morir si se engorda un kilo más, y le recomienda que, si le queda imposible enflaquecer, por lo menos intente no seguir engordando. Con el capitalismo sucede lo contrario: mantener su peso estable ya quiere decir enfermedad, y enflaquecerse conduce a la depresión.

La crisis climática, como se sabe, se agudiza (no se genera, pues, entre las causas de la crisis climática se pueden citar muchas más) debido al incremento de las emisiones de los llamados gases de efecto invernadero (GEI), como consecuencia del consumo excesivo de combustibles fósiles como el petróleo y el carbón, del auge de la agricultura y de la ganadería “industrial”, del aumento y la acumulación de desechos que en su descomposición producen metano y otros GEI, y de otras actividades humanas ligadas todas a la manera como hemos entendido y llevamos a cabo el desarrollo.

De todos estos procesos que contribuyen al agravamiento de la crisis climática, depende el crecimiento –es decir: la salud– de la economía nacional y mundial.

Aun en sistemas ‘alternativos’ de medición de la calidad de vida, como es el Índice de Desarrollo Humano (IDH) que desde hace varios años utiliza el Sistema de Naciones Unidas, el ingreso económico constituye un factor esencial. Mientras mayor sea el ingreso de una persona, una familia, una comunidad o un país, mayor será su capacidad para consumir más recursos y más energía y, se supone entonces, mayores serán sus posibilidades para acceder a una vida “con calidad”.

Desde cualquier punto de vista, sería absurdo entender como ‘saludable’ la reducción de los ingresos económicos de una gran mayoría de la población que hoy debe realizar milagros diarios para sobrevivir. Cuando esto se publique, estarán todavía en plena vigencia las reacciones por el nuevo salario mínimo y su insuficiencia para satisfacer las necesidades de supervivencia mínima de una familia colombiana.

Sin embargo, mientras más recursos y energía podamos consumir, mayor será nuestra “huella ecológica”, es decir, nuestro “peso” sobre el planeta, medido en términos de presión sobre los recursos naturales, generación de basuras y producción de gases que producen el cambio climático. En otras palabras, mientras más ‘saludable’ sea la economía, más ‘enfermo’ estará el planeta al cual pertenecemos y de cuya ‘salud’ dependemos para existir. Ya hay en la economía tentativas de ‘castigar’ los indicadores de desarrollo económico, incorporándoles la dimensión de su impacto ambiental, pero lo cierto es que, en términos prácticos, hoy por hoy más desarrollo quiere decir mayor capacidad para devorar los recursos del planeta, contaminar la biosfera y contribuir al calentamiento global.
 

Doña Juana: En primer plano, el relleno. Al fondo: Bogotá. Al relleno Doña Juana de Bogotá llegan diariamente más de seis mil toneladas de desechos, un indicador de la ‘dinámica’ de la economía de la ciudad.

Razón tuvieron Hugo Chávez y Evo Morales cuando en la reunión de Copenhague culparon al capitalismo de la crisis ambiental, pero se quedaron cortos al omitir una mención expresa de que la misma obsesión depredadora que inspira y justifica al capitalismo neoliberal alimenta al capitalismo de Estado. A la atmósfera le da lo mismo si el gas carbónico que la calienta proviene del petróleo extraído de los campos de Texas o del Golfo de México, del Golfo Pérsico o de pozos colombianos o venezolanos. En el fondo es el mismo “modelo industrial” que conduce a la deforestación del Amazonas y produjo la casi total desaparición del Mar de Aral, cuando los soviéticos se apoderaron de todos los cursos de agua que lo alimentaban, y que en otra época fuera el cuarto mayor lago del mundo, para irrigar sus cultivos industriales de algodón.
 

Aral Sea: Muestra la evolución del Mar de Aral entre 1989 y 2003 (Foto USGS)
Foto aérea de una de las porciones de lo que fuera el Mar de Aral (GWCh, 2009)


Paradójicamente, en las dos crisis que se dieron cita en el año que acaba de pasar se encuentran el problema y la solución. El problema es que, si los seres humanos queremos seguir haciendo parte de este planeta, necesariamente debemos cambiar la manera de relacionarnos y de relacionarnos con él.

Y la única manera de lograrlo es que seamos capaces de separar nuestra concepción y nuestras metas de calidad de vida, de nuestra capacidad de depredación. A lo mejor hacia eso apunta el concepto de “vivir bien” que ya quedó consagrado en las Constituciones Nacionales de Bolivia y del Ecuador, aunque en la práctica tampoco está muy claro cómo se puede lograr.

Para resumir, el mundo necesita embarcarse en una recesión planificada, con el reto de lograr lo que parece imposible en la teoría y en la práctica: reducir el tamaño y, por ende, el impacto de las economías depredadoras (sean capitalistas, comunistas, socialistas o como se quieran rotular), y al mismo tiempo incrementar la calidad de vida de los seres humanos, no medida en términos de nuestra capacidad de depredar sino de nuestro goce de existir.

La crisis por escasez de agua que ya es un hecho en varios lugares del mundo, y cuyo peligro comienza a despuntar en nuestro país, nos aporta un buen ejemplo de lo que se debe lograr: por una parte, garantizar que toda la población colombiana, sin ninguna discriminación, tenga acceso equitativo y efectivo a eso que se denomina “mínimo vital”, es decir, a la cantidad mínima de agua que un ser humano necesita para vivir con calidad; y, por otra parte, eliminar el desperdicio de agua por parte de los actores y los sectores que hacen un consumo excesivo e irresponsable de ese recurso vital.

Para las crecientes cantidades de seres humanos que hoy carecen en el mundo de ese “mínimo vital”, el acceso al mismo significa un enriquecimiento en términos de calidad de vida y de goce de existir.

Posiblemente, para muchos de quienes –por fuerza de la Ley o de las circunstancias inexorables–- se verán obligados a renunciar al desperdicio (y a lucrarse de ese desperdicio), esto puede significar un empobrecimiento, un síntoma de recesión, e incluso un factor de depresión económica y mental.

Esa recesión económica –ojalá planificada y concertada, pero, si no, también– deberá volver los ojos a la Cultura (con mayúsculas), pues es allí donde la humanidad cuenta con los recursos necesarios para entender que renunciar al consumo innecesario de energía y de recursos no es sinónimo de empobrecimiento sino una inversión de vida a favor de la supervivencia de nuestra especie en la Tierra.

El reto, por supuesto, no es sencillo y los grandes sistemas económicos del mundo están dispuestos a acudir a lo que consideren necesario con tal no solamente de sobrevivir sino además de continuar creciendo de manera indefinida y autista, haciendo caso omiso de los límites que les impone el planeta. Una de las fórmulas para conjurar la recesión y evitar la depresión, que ya en el pasado se ha ensayado con éxito, es la guerra.

Creo en la tesis de que la llamada “guerra fría” no ha terminado sino que se están diversificando sus actores, están cambiando sus pretextos y sus expresiones, y se están buscando nuevos escenarios para calentarla (incluso con combustible nuclear). Uno de esos escenarios es nuestra América del Sur. Más allá de cualquier pretexto coyuntural, lo que hay detrás es el afán de mantener el crecimiento del sistema económico global. Por eso, los mismos ‘países civilizados’ que promueven la paz les venden a unos los tanques y los aviones de guerra, y a los otros armas especializadas en destruir esos tanques y esos aviones. Con tal de mantenerse vivos, el capitalismo neoliberal y el capitalismo de Estado acuden incluso a devorarse a sí mismos; a su propia destrucción.

La Tierra, mientras tanto, toma nota cuidadosa de la estupidez humana y activa el sistema inmunológico que le va a permitir deshacerse de nosotros en caso de que no seamos capaces de entrar en razón.

Bogotá, enero de 2010

Publicado enEdición 153
"En la tierra hay suficiente para satisfacer las
necesidades de todos, pero no tanto como
para satisfacer la avaricia de algunos". Mahatma Gandhi

La Ecopedagogía o Pedagogía de la Tierra, como movimiento colectivo, debe convertirse hoy en apuesta y práctica de todos los movimientos sociales que día a día sufren los horrores de un modo de destrucción global: el capitalismo; que, como lo señala Leonardo Boff, no sólo es explotador de la fuerza de trabajo al situar al ser humano al servicio de la economía –y no la economía al servicio del ser humano– sino también aniquilador, destructor de la naturaleza al agotar sus recursos mediante la creación de ficticias necesidades que alimentan la desigualdad social y económica entre los seres humanos y los países.

Colombia es uno de los países del mundo en el que más han recaído las desgracias que produce el capitalismo: su riqueza ha servido para alimentar la avaricia de las multinacionales, que a nombre del crecimiento económico destruyen y se apoderan de importantes recursos naturales como el agua, el carbón y el petróleo.

Las grandes extensiones de bosque hacen de Colombia el segundo país más rico en biodiversidad del mundo, pero por cuenta de la ‘civilización’ viene siendo destruida por las fumigaciones con glifosato impuestas por el ‘plan Colombia’. La variedad de plantaciones vegetales de gran importancia para el sustento campesino y para la soberanía alimentaria de los colombianos ha sido sustituida por la plantación de grandes extensiones de palma africana, despojando de sus tierras, con ayuda de los paramilitares y la complicidad del Estado, a millones de campesinos que poco a poco se ven obligados a desplazarse forzosamente a las grandes ciudades, donde no reciben tipo alguno de atención por parte del Estado.

Frente a esta caótica realidad colombiana, en la que el sufrimiento es administrado por unos pocos y recae sobre la gran mayoría –desposeídos, indígenas, estudiantes, campesinos, afrodescendientes, desplazados–, las políticas educativas, carentes de un contenido ético-político, desde hace más de 500 años se han convertido en cómplices de la barbarie de la civilización occidental al hacer eco de esas ideas que consideran a nuestros bosques como ‘selva’; que debemos ‘limpiar’, civilizar y destruir la vida que está allí; que los indígenas son incultos e incivilizados porque viven allí. Confundiendo caminos y asfalto con civilización. ¡Hasta para nuestros mejores arquitectos la tentación de cimentar todo es confundida con arte!1

Esta educación occidental-formal a la que nos hemos adaptado pero nunca integrado, ha dejado a un lado y ha rechazado los sistemas nativos de enseñanza y de socialización de la cultura de nuestros aborígenes, que eran capaces de transmitir un fuerte sentido de identidad cultural. Aquellos métodos de socialización de la cultura estaban profundamente ligados a promover una identidad, y un sentimiento de amor y respeto por nuestra madre tierra2. Esta educación de nuestros indígenas es lo que hoy más que nunca necesitamos rescatar si le apostamos a una educación comunitaria, basada en el consenso, la solidaridad y el sentido colectivo.

La Ecopedagogía nos desafía como la única superación a un modo de educar que oculta y niega la relación entre las precarias condiciones de vida y la política económica, industrial y ambiental; que nos exime de toda responsabilidad frente a la basura tirada en las calles y frente al demencial crecimiento económico que cada día entra más en contradicción con la naturaleza.

Esta instrucción cada vez más alejada de nuestra realidad nunca nos ha dado la oportunidad de construir una relación más afectiva con las maravillas que tiene nuestra tierra. Nunca tuvimos, como lo describe Ángela Antunes3 en el prefacio de Pedagogía de la Tierra, la oportunidad de plantar un árbol, de cosechar legumbres en una huerta, de chupar un mango recogido en el jardín de la escuela y/o de admirar la belleza de una planta.

La Ecopedagogía es también un llamado a introducir temas ecológicos con un fuerte sentido crítico en las demás asignaturas –español, matemáticas, sociales, economía e historia– para que de tal manera se supere esa tendencia de la educación tradicional de programarlas como feudos académicos separados por fronteras infranqueables, como repúblicas independientes que administran las diferentes ramas de un saber fragmentado4. Contrariamente a esta actitud atomizante, los ecopedagogos, conscientes de que la Madre Naturaleza es una sola totalidad, ofrecerá a sus ecoeducandos grandes temas ambientales dentro de cualquier asignatura específica.

En tal forma, vemos en la Ecopedagogía una opción para plantearnos una reflexión-acción-transformación desde la organización de base por medio de la Educación Libertaria Popular, de acuerdo con nuestras necesidades y experiencias. No se trata, como nos advirtió nuestro maestro Paulo Freire, de reducir la escuela y la pedagogía a una tabula rasa y de construir la ecopedagogía encima de sus cenizas. No se trata de una escuela y una pedagogía ‘alternativas’, es decir, construidas separadamente de la escuela y de las pedagogías actuales. Se trata de construir en el interior de ellas, dialécticamente, a partir de la escuela y la pedagogía que tenemos, otras posibilidades, sin aniquilar las presentes. El futuro no es la destrucción del pasado sino su superación.

En conclusión, la Ecopedagogía sólo tiene sentido como proyecto alternativo global, en el que la preocupación no está sólo en la preservación de la naturaleza o en el impacto de las sociedades humanas sobre los ambientes naturales sino asimismo en un nuevo modelo de civilización sustentable desde el punto de vista ecológico, que implica un cambio en las estructuras económicas, sociales y culturales. Tal civilización sustentable está ligada, no obstante, a un proyecto utópico: cambiar las relaciones humanas, sociales y ambientales que tenemos hoy.

1    C.f Moacir Gadotti, Pedagogía de la tierra, Siglo veintiuno editores, p. 22.
2    Op., cit., p. 21.
3    Directora técnico-pedagógica del Instituto Paulo Freire en Brasil.
4    C.f Marcel Zimmermann, Ecopedagogía para el nuevo milenio, Ecoe ediciones, p. 51.
-    Colectivo de Pedagogía Libertaria Popular “Nacho Lee”
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. • www.nacholeeedupopular.blogspot.com
- Centro de Investigación Libertaria y Educación Popular CILEP
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. • www.cilep.8m.com
Red Libertaria Popular Mateo Kramer
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. • www.redlibertariapmk.org

Publicado enEdición 151