Viernes, 27 Julio 2018 07:07

Maduro elimina cinco ceros

Maduro elimina cinco ceros

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, anunció un programa de recuperación económica que arrancará con la eliminación de cinco ceros a la moneda –dos más de lo previsto–. “La reconversión económica va a arrancar el próximo 20 de agosto de manera definitiva con la circulación y emisión del nuevo Bolívar Soberano, del nuevo cono monetario”, informó el mandatario. De esta manera, Maduro anunció la fecha en que comenzará a operar el cono monetario (el conjunto de monedas que circulan) anclado a la criptomoneda venezolana, el Petro.

Según el presidente, la medida busca facilitar las transacciones financieras y proteger la moneda local. “Cinco ceros menos, para que tengamos un nuevo sistema financiero y monetario de estabilidad”, sostuvo.


Según el gobernante, la hiperinflación –que según el FMI podría llegar a 1.000.000% este año– se produce por una guerra contra la moneda local, que incluye la extracción de los billetes –en grave escasez– hacia otros países, como la vecina Colombia. “La guerra criminal se llevó el cono monetario de Venezuela, se llevó el billete de los venezolanos, pero se acabaron las mafias (con la reconversión), les quemamos el billete en las manos”, expresó Maduro.


El mandatario admitió, además, que existen fallas de producción en el país petrolero, que padece una grave escasez de alimentos, medicinas y todo tipo de bienes básicos. “Veamos los resultados en algunas importantes empresas del Estado, que en vez de estar en la punta productiva, al contrario, por falsos modelos de gestión supuestamente socialistas, las han hecho estancarse, o peor aún, retroceder”, criticó.


Maduro anunció, asimismo, que presentará ante la Asamblea Constituyente, que rige el país, un proyecto sobre ilícitos cambiarios para, según dijo, incentivar y permitir la inversión en moneda extranjera. “No le tengo miedo al debate”, acotó el mandatario, sin dar detalles sobre la propuesta.


Cinco puntos que presentó Maduro para recuperar la economía venezolana

Por: Sputniknews | Jueves, 26/07/2018 08:12 AM

26 julio 2018 - El presidente Nicolás Maduro, anunció un programa de cinco puntos para recuperar la economía de la nación suramericana.

"Me encuentro trabajando en una jornada intensa de revisión del programa de recuperación económica y de crecimiento económico, programa que hemos venido elaborando de manera detallista, incorporando propuestas de diversos sectores, pensadores de Venezuela, de América Latina, América del Sur", expresó Maduro desde el Palacio de Miraflores (sede de Gobierno).

Como primer punto anunció que el próximo 20 de agosto entrará en vigencia la reconversión monetaria, que consiste en quitarle cinco ceros a la moneda local, e iniciará la circulación del nuevo cono monetario (nuevo esquema de billetes) denominado Bolívar Soberano, y que tendrá como modalidad que será anclado a la criptomoneda petro.

En segundo lugar, el mandatario Maduro firmó un decreto que remitió a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) sobre el nuevo proyecto de ilícitos cambiarios, ajustadas a las políticas del nuevo comienzo, con el propósito de incentivar y permitir la inversión extranjera.


Como tercer aspecto, el presidente entregó un respaldo al Banco Central de Venezuela (BCV) de un bloque de reservas petroleras certificadas, con lo cual busca fortalecer las reservas internacionales al máximo nivel.

En cuarto lugar, el Jefe de Estado rubricó un decreto para exonerar por un año, de impuestos y desgravámenes, a la importación de todos los bienes de capital, materias primas, insumos, agroinsumos, repuestos, maquinarias, equipos y productos manufacturados, según los códigos de aranceles que deben emitir los respectivos ministerios y organismos tributarios del Estado.

Y como quinto punto, Maduro pidió realizar un censo de todo el transporte público, a fin de solucionar el problema de ese servicio que afecta a gran parte de los venezolanos.

El Gobierno de Venezuela aseguró que esas medidas contribuirán a estabilizar y cambiar la política económica del país, que en reiteradas ocasiones ha denunciado se ha visto afectada por el bloqueo financiero que mantiene Estados Unidos contra la nación caribeña.

 

Fuente: Aporrea

 

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Cultura de masas y propaganda: la infantilización de las decisiones

La insoslayable naturaleza gregaria del ser humano entra en contradicción con la creación de conceptos nuevos generados por la Revolución industrial y el surgimiento de la modernidad, allá por el siglo xvii y xviii, que creó el concepto de individuo y otros igualmente trascendentes: subjetividad y libre albedrío, que llevan a la búsqueda de la independencia individual que nunca es total, pues vincularnos con otros, sobre todo en una relación amorosa, requiere ceder algo y, a veces, mucho, de la independencia personal en aras de la creación de una imprescindible interdependencia al darle un lugar privilegiado, prioritario, al ser amado. En la relación amorosa se requiere de una posibilidad dinámica: de una entrega amplia, a veces fusional, pero transitoria, para después recuperar la individualidad.

La pareja es el ejemplo más acentuado de la importancia que tienen para los seres humanos los grupos: de familiares, de amigos, de colegas, etcétera. Pero los grupos tienen también un efecto contradictorio: algunos son protectores, tranquilizantes y otros son inquietantes e inclusive atemorizantes. Además, tienen un efecto peculiar sobre los individuos que los integran, crean un efecto regresivo a etapas tempranas del desarrollo, tanto más acentuado cuanto más grande es el grupo, con la consecuencia de que domine el polo emocional sobre el racional. Piénsese, por ejemplo, en los cambios que se generan en los individuos cuando acuden a un partido de fútbol.


Esto llevó a que grandes pensadores, como Gustave Le Bon, Freud y Lacan consideraran a los grupos sólo como generadores de ilusiones y distorsiones del pensamiento por el predominio en ellos de la emocionalidad y la impulsividad. A partir de las experiencias de trabajo de Wilfred Bion con grupos psicoanalíticos durante y después de la segunda guerra mundial se cambió dicha comprensión: las emociones generadas por los grupos pueden ser fuente de distorsión del pensamiento, pero también pueden estimularlo, generar nuevos pensamientos y la consecuente creatividad.


Debido a que como especie estamos condenados a vivir en grupos y en sociedad, tenemos que aprender a obtener lo mejor de esta realidad sin dejar que se distorsionen nuestros ideales y pensamientos, situación difícil cuando la cultura postmoderna y las técnicas de publicidad desarrolladas desde hace un siglo están diseñadas precisamente para manipular los deseos e ideales de los ciudadanos con fines económicos y políticos.


Ahí está planteado el dilema contemporáneo: ¿podemos mantener nuestro pensamiento, ideales y relativa independencia sin afectación a pesar de las presiones de la cultura y los medios de difusión, o seremos fácil presa de sus ardides?

Razón de ser de la propaganda y su relación con la época

En una entrevista filmada y difundida por Spanish Revolution a través de las redes, el gran pensador Noam Chomsky plantea que la industria de las relaciones públicas y la industria de la publicidad, que se dedican a crear consumidores, fueron desarrolladas hace aproximadamente un siglo en Inglaterra y es por una razón que se les volvió clara: ya no podían controlar por la fuerza a la población porque habían ganado demasiada libertad y, en consecuencia, buscaron otras maneras de mantener el control social y encontraron que una de las mejores maneras de controlar a las personas estaba y está relacionada con sus creencias y actitudes, sobre todo en la práctica de “fabricar consumidores”, para que se dediquen a obtener cosas que están a su alcance (aunque sean prescindibles) y que eso sea la esencia de su vida; de esa manera quedarán atrapados no sólo como consumidores sino como consumistas.


Eso fue logrado por el modelo económico neoliberal de manera masiva alrededor de los años cuarenta o cincuenta del siglo pasado, con la creación de supermercados y grandes centros comerciales promovidos desde la publicidad en los medios masivos de difusión, estimulando los nuevos ideales de narcisismo, hedonismo y consumismo, así como creando consumidores desinformados que toman decisiones irracionales por medio de la manipulación publicitaria que apela a las emociones y bloquea las decisiones racionales, y plantea cómo debe ser la vida ideal con el tipo de aparatos que se deben tener y que frecuentemente no son necesarios, así como el tipo de vida a llevar siempre orientada a lo rentable para el sistema comercial.


En el caso de los procesos electorales para alcanzar puestos políticos el procedimiento funciona de la misma manera: buscan crear un electorado desinformado que tome decisiones irracionales, a menudo en contra de sus propios intereses, por medio de la creación de grandes espectáculos manipuladores que conforman el proceso electoral supuestamente racional, que sólo es alcanzable para unos pocos ciudadanos con suficiente espíritu crítico y con posturas racionales no dogmáticas.

Infantilización, medios masivos de difusión y cultura de masas

Lo que Chomsky no aborda en su magnífico y sintético análisis sociológico son los mecanismos psicosociales que se echan a andar para lograr estos objetivos mediante la manipulación regresiva o infantilización propia de la cultura de masas vigente en la actualidad.


La cultura de masas se ha definido como el conjunto de formas de expresión cultural que atraen a los individuos en condiciones donde se encuentran influenciados por masas reales o fantaseadas, es decir, en condiciones donde la psicología de las masas opera sobre ellos (Kernberg). Así, la cultura de masas contemporánea se caracteriza por la manipulación de éstas y su consecuente control social.


La novedad contemporánea es que las masas no tienen que estar reunidas físicamente en el mismo lugar: el mismo efecto psicológico se logra cuando multitud de televidentes individuales –cada uno en su hogar– ve el mismo noticiero o programa televisivo de diversión, o se conecta a internet para atender la misma noticia o fuente de información. La industria del entretenimiento a través de la prensa, radio, cine y televisión, redes sociales, así como las dis¬cotecas o el deporte como espectáculo, son la expresión contemporánea más acabada de este fenómeno.


Esta conformación de una cultura de masas por medios virtuales genera una visión llena de convencionalismo y conformismo acorde con el mundo interno de la etapa infantil que transcurre entre los cinco y diez años de edad, época en que los niños no se independizan todavía de los valores de los padres y de la cultura, asumiéndolos en formas muy simplificadas, como el bueno y el malo en las películas del oeste, sin matices ni contradicciones. Simultáneamente, hay deseos y fantasías de poder que hacen que el niño se interese por las historias de héroes y superhéroes.

Cultura de masas e industria del entretenimiento

En la cultura de masas la formación de grupos que funcionan en un nivel de inmadurez, de infantilismo, “puede provocarse también mediante el placer que se siente en la experiencia regresiva al formar parte de un proceso grupal, y por el goce de la fusión regresiva con los otros, derivado de los procesos generalizados de identificación en la masa” (Kernberg), que se relaciona con el concepto de Canetti del gentío festejante.


A esto hay que agregar la dimensión económica del neoliberalismo, productor de condiciones que impactan todos los ámbitos, donde perdemos importancia como ciudadanos para quedar como meros consumidores sujetos al imperio del mercado. La trascendencia económico-política de poder producir agrupamientos pree¬dípicos, o infantilizados, mediante el placer de la experiencia regresiva, es que reúnen un ideal capitalista de control social: son eficaces, rentables y reproducibles al infinito.

Manipulación política

Este fenómeno de masas infantilizadas que generan los medios de difusión da lugar a un incremento de la credulidad y la emocionalidad en el público, lo cual inhibe el análisis racional de los contenidos. Por eso la propaganda y la publicidad se dirigen fundamentalmente a generar ciertas emociones en el público, donde la racionalidad no importa y, de hecho, se utiliza para impedir que aparezca.


De la misma manera, en la propaganda política no son sustantivos los programas de gobierno ni las posturas ideológicas, sino la generación de emociones descalificadoras o esperanzadoras, muchas veces sin sustento objetivo alguno, pero eficaces para manipular a un público crédulo. Por eso también en el voto dominan las emociones en lugar de la racionalidad sustentada en datos objetivos.
Unos votan desde el estómago y la dependencia, y venden su voto por unos pesos; otros votan desde el hígado y emiten voto de castigo a un partido político porque el mandatario anterior tuvo posturas impopulares, aunque votar por el otro partido signifique una lesión grave a los beneficios obtenidos para las capas populares y medias que son su origen de clase y generen después –demasiado tarde– manifestaciones masivas de protesta. Otros votan desde el temor de perder sus privilegios, por posturas xenófobas, o caen en las explicaciones simplistas de políticos demagogos que atribuyen el desempleo a la afluencia de migrantes en vez de atender a la explicación real de que los empleos se han perdido por la introducción de la automatización en muchos procesos fabriles, y por el modelo económico neoliberal que produce las mercancías en los lugares del mundo donde encuentra menores costos de operación y, en consecuencia, saca las empresas del país de origen.
Pero la cultura postmoderna no sólo estimula la infantilización en la comunicación masiva, sino también en la conformación de los caracteres y da lugar a la patología postmoderna. Esta situación, nada casual, facilita la manipulación de la población para fines comerciales y políticos, así como para su dominación por medios psíquicos que afectan la subjetividad y los vínculos al servicio del control social por el sistema.


Por ello, en el psicoanálisis se ha pasado de tratar problemáticas centradas en el control excesivo, inhibitorio, de los impulsos sexuales y agresivos, al predominio de caracteres infantilizados con comportamientos donde destacan la impulsividad y la fragilidad en algunos, y la omnipotencia y egoísmo en otros.


En los casos más graves de inmadurez, denominados fronterizos simbióticos o de nivel bajo, el síntoma de difusión de la identidad destaca por su importancia y produce personalidades adhesivas, ambiguas y “gelatinosas”.


La sumatoria de estos dos hechos da un resultado terrible: la conformación de un sector amplio de la población infantilizada y manipulable, al que se agregan eficaces técnicas publicitarias en los medios masivos de difusión que permiten infantilizar y manipular al auditorio, tanto más a los ya infantilizados, para venderles productos prescindibles, así como para inducirles el sentido de su voto.

 

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Este es todo el plástico que el mundo rico debe gestionar ahora que China no lo quiere

Una investigación publicada en 'Science Advances' calcula el impacto que tendrá el veto chino a la importación de residuos de plástico estudiando los flujos de exportaciones e importaciones de este problemático material.

 
A principios de 2018, la gestión de los residuos de plástico dio un vuelco. China, el gran vertedero del planeta —donde iba a parar el 45% de toda la basura plástica que se genera en el mundo— cerró sus puertas. Una nueva normativa puso fin a las importaciones de ese material y a un sistema enormemente ventajoso para las principales potencias desarrolladas, porque el gigante asiático compraba las ingentes cantidades de plástico que ellos no eran capaces de gestionar, y porque exportar todos esos residuos les permitía lucir mayores porcentajes de reciclaje en sus estadísticas medioambientales.


Teniendo en cuenta que el mundo fabrica alrededor de 335 millones de toneladas de plástico cada año, que la previsión es llegar a las 1.000 millones de toneladas en 2050 y que sólo un 9% de todo eso se recicla, el veto de China suponía poner sobre la mesa la dimensión de un problema que hasta entonces se había tapado bajo la alfombra, además de abrir un enorme interrogante en los países de origen: Y ahora, ¿qué hacemos con toda esta basura?


Esa es la pregunta que un grupo de científicos del Instituto de Nuevos Materiales de la Universidad de Georgia (EEUU) ha tratado de resolver en un estudio que publica Science Advances y que calcula que, para 2030, alrededor de 111 millones de toneladas de basura a base de residuos plásticos tendrían que ser relocalizados debido al veto chino. Es algo más de lo que el país asiático ha venido gestionando (106 millones de toneladas) desde que comenzó a ofrecer datos de sus exportaciones en 1992; y casi la mitad de todos los desechos de plástico que se han exportado en el mundo desde 1988.


La investigación, que se basa en el estudio exhaustivo de los datos disponibles de exportaciones e importaciones de residuos plásticos en el mundo —una información aún limitada— refleja las enormes desigualdades en los flujos de gestión de esta basura.


En 2016, un total de 123 países exportaron 14,1 millones de toneladas de residuos de plástico, de los que más del 72% tuvieron como destino China y Hong Kong — que en realidad actúa como otro puerto de entrada a China, exportando allí el 63% de lo que llega—. Del otro lado de la balanza, los países ricos, con la Unión Europea a la cabeza, han liderado las exportaciones de desechos plásticos desde 1988, contribuyendo al 87% del total. Los diez mayores exportadores de plástico del mundo, a excepción de México, son países de altos ingresos.


La fotografía global es la de un flujo en el que la inmensa mayoría de los desechos de plástico del mundo salen de los países de la OCDE para llegar a los de Asia del Este y el Pacífico. 33 de los 35 países de la OCDE son ricos, mientras que 23 de los 36 de Asia del Este y el Pacífico son pobres o de ingresos medios.


"Es difícil predecir qué pasará con los desechos de plástico que una vez fueron destinados a las plantas de procesamiento de China", señala Jenna Jambeck, profesora asociada y coautora del estudio. "Parte podría desviarse a otros países, pero la mayoría de ellos carecen de la infraestructura para gestionar sus propios desechos, y mucho menos los desechos producidos por el resto del mundo. Sin nuevas ideas y cambios en todo el sistema, incluso las tasas de reciclaje actuales relativamente bajas ya no se cumplirán, y nuestros materiales reciclados anteriormente podrían terminar en vertederos”, añade.


Según la patronal del plástico Plastic Europe, el 40% de todo el plástico que se fabrica en el mundo se usa para envases, envoltorios y productos de un solo uso, que son los que más rápidamente terminan convirtiéndose en basura por su corta vida. Se estima que unos 8 millones de toneladas de plástico acaban en el mar cada año.

lucía villa
@Luchiva

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Cenda: Canasta Alimentaria Familiar se ubicó en más de 220 millones de bolívares en mayo

19 de junio de 2018.- El precio de la Canasta Alimentaria Familiar (CAF) de mayo de 2018 se ubicó en 220.138.620 bolívares, lo que representa un incremento de Bs 119. 963.639 (119,8%) con respecto a abril, reportó el Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores (Cenda). Así lo reseñó "El Universal".


En una nota de prensa la organización indicó que la inflación anualizada entre mayo 2017 y mayo 2018 fue de 22.115%, y que se requieren 220 salarios mínimos para poder adquirir la canasta básica, referida a una familia de cinco miembros: 7.337.954,02 bolívares diarios (7.33 salarios mínimos diarios).


Todos los rubros subieron de precio


En el informe el Cenda explica que todos los rubros de la canasta alimentaria aumentaron de precio: raíces, tubérculos y otros, 266,4%; frutas y hortalizas, 193,4%; pescados y mariscos, 126,8%; café, 125,0%; azúcar y sal, 119,7%; cereales y productos derivados, 108,6%; leche, quesos y huevos, 107,5%; carnes y sus preparados, 90,6%; salsa y mayonesa, 78,1%; granos, 69,0% y grasas y aceites, 59,8%.
Escasez


Según el instituto de análisis, al menos quince productos presentaron problemas de escasez: leche en polvo, atún enlatado, margarina, avena, azúcar, aceite de maíz, lentejas, arroz, harina de trigo, pastas alimenticias, harina de maíz, café, mayonesa, pan, queso amarillo: el 25,00% de los 60 productos que contiene la canasta.

Por: Agencias | Martes, 19/06/2018 06:26 PM

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Lunes, 04 Junio 2018 07:00

En otra parte

En otra parte

Las crisis económicas no se resuelven, son una forma del conflicto y por lo tanto sólo logran superarse de manera recurrente. La forma en que se superan es el asunto relevante, así como el tiempo en el que se extienden sus repercusiones.


Desde 2008, cuando estalló la crisis financiera más reciente, se ha alterado significativamente el proceso de acumulación de capital y su expresión política.


La globalización preconizada como una forma superior del orden mundial que abarcaba no sólo a los mercados de productos, trabajo y capitales, sino que se extendía a la pretendida expansión de la democracia, como si fuese un producto más de exportación, está abiertamente cuestionada.


El nacionalismo económico, político y étnico resurge como un brusco movimiento de péndulo. El vínculo entre la crisis de 2008 y el cuestionamiento de ese orden que llamamos (neo)liberal es un tema clave.


Y lo es, precisamente, para el movimiento nacionalista y populista encarnado por la presidencia de Donald Trump y la preminencia de uno de sus principales ideólogos y activistas, como Steve Bannon, aun ahora que está físicamente fuera de la Casa Blanca y de la agencia de Breibart que presidió.


Es un discurso bien articulado y que está en plena ejecución. Ha puesto contra las cuerdas a los intelectuales, los tecnócratas y la prensa liberales en Estados Unidos y también en la Europa unitaria, como lo demuestran el Brexit, las recientes elecciones en Italia, la degradación permanente en la que está sumida Grecia o bien el protagonismo ruso.
El recorrido de este proceso es ya palmario y previsiblemente se va extender mucho más en un entorno de descomposición política creciente. Tal vez luego alcance a estabilizarse en un escenario muy diferente al que existe, incluso ahora ya en pleno cambio.


En este entorno muchas de las discusiones que se ventilan públicamente por todas partes parecen desenfocadas, como si los hechos no fuesen suficientemente claros. Me parece que la disputa electoral en México adolece de esta deficiencia y en un panorama nacional y mundial en mutación.


Trump prometió en su acalorada campaña a la presidencia el nacionalismo como base de la recomposición de la hegemonía estadunidense. Cumple y su base electoral está contenta. De corrección política no quiere saber nada y le luce.


Las medidas que ha tomado son controvertidas, como es el caso de la reforma tributaria que premió con una rebaja de impuestos a las corporaciones y a los estrato con mayores ingresos. El argumento central en el primer caso es reforzar la competitividad de los productos hechos en ese país; en el segundo, es que se destinará una mayor parte del ingreso disponible a la inversión.


En materia de comercio exterior y gestión monetaria su argumento ha sido que las pautas vigentes son desventajosas para los intereses de Estados Unidos. El enfrentamiento con China ha sido abierto, pero también inconsistente.


En cuanto al Tratado de Libre Comercio de América del Norte la posición ha sido de fuerza y bastante manipulación, hasta la reciente imposición de aranceles al acero y el aluminio que, de facto, obstaculizan un arreglo. Al mismo tiempo, se abre una pugna con Europa cuando la inestabilidad económica y política de la región es cada vez más grande.


Nadie puede asegurar el desenvolvimiento de la pugna ya creada. Si Trump consigue imponer sus condiciones, aunque no sea completamente, será una expresión fehaciente de nuevas relaciones de poder internacional. El acercamiento de Corea del Norte, el reposicionamiento en el Medio Oriente con el beneplácito saudí y el enfrentamiento con Irán son muestras de lo que se gesta.


Es ese entorno hay que situar los escenarios que se pueden crear y el ejercicio del poder económico, político y militar desde Washington será también distinto al que se respondía hasta ahora.


Una de las consecuencias de la gestión de la crisis de 2008 fue la enorme expansión de la liquidez monetaria a partir de las inyecciones que hizo la Reserva Federal. Los activos totales en su balance eran a principios de septiembre de 2008 de 905 mil millones de dólares (billones de allá), llegaron a un máximo de 4 mil 509 billones (trillones de allá) en diciembre de 2014 y a finales de mayo sumaron 4 mil 327 billones. Sólo el poder del dólar en los mercados sostiene la situación.


Con eso se previno el colapso de las transacciones económicas, la quiebra de los bancos y el desplome de la producción. Pero el costo mayor se provocó en los precios relativos de los activos en la economía. Así, por ejemplo, se cayeron los precios de los bienes raíces mientras se elevaban los de las acciones de las empresas y con ello creció la especulación financiera. El ambiente político interiorizó los efectos sociales de la crisis.


Ahora, el Congreso dominado aún por los republicanos se apresta a deshacer parte de las regulaciones impuestas tras la crisis para limitar las operaciones altamente especulativas que los grandes bancos hacen con el dinero de los depositantes a diferencia de lo que hacen con su propio capital (la llamada regla Volker, por el antiguo presidente de la Fed).


El ciclo de expansión financiera sostenido en el crecimiento de la deuda y las inversiones especulativas va a recrearse; se ha convertido en la forma predominante del modo de funcionamiento del capitalismo. Ocurrirá ahora en el nuevo entorno de auge del proteccionismo, la expansión militar, la confrontación política, el nacionalismo y el racismo siempre presente.

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Jueves, 31 Mayo 2018 06:05

La Cepal la quiere legal

La Cepal la quiere legal

En el Foro Económico Internacional sobre América Latina y el Caribe se planteó el fracaso de la política de “guerra a las drogas” y la necesidad de corregir las desigualdades sociales en la región.

La secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), la mexicana Alicia Bárcena, dijo que América latina es la región “a la que más le conviene la legalización de las drogas y que ha llegado el momento de plantearlo seriamente” porque “la ilegalidad es lo que está matando a la gente”. El planteo lo hizo el lunes pasado, en un discurso durante el décimo Foro Económico Internacional sobre América Latina y el Caribe. En el ámbito local, la declaración deja en evidencia que la política de “guerra” contra las drogas del gobierno macrista va a contramano del mundo. Para el director del Area de Política de Drogas de la Asociación Pensamiento Penal (APP), Mariano Fusero, los dichos de la funcionaria reafirman “lo que vienen diciendo desde hace rato los miembros de la Comisión Global de Políticas de Drogas, integrada por ex presidentes, funcionarios e intelectuales” que proponen “regular para darle un golpe de mercado al narcotráfico quitándole el monopolio y descriminalizar el consumo de drogas”.


En el Ministerio de Economía y Finanzas francés, en París, la máxima autoridad de la Cepal –organismo de Naciones Unidas responsable de promover el desarrollo económico y social de la región– lanzó a su auditorio el desafío y anunció: “Voy a ser provocadora”. Luego se preguntó, de forma retórica: “¿A quién le conviene la legalización de la droga? ¡A América Latina y el Caribe, por Dios! Porque la ilegalidad es lo que está matando a la gente”, sostuvo la jefa del organismo que busca articular políticas para solucionar los problemas económicos y sociales de la región.


“Llegó la hora de plantearnos seriamente la legalización de la droga y de no entregarle al narcotráfico 165 millones de jóvenes que hoy se los estamos entregando en charola de plata porque no tenemos empleo ni instituciones”, remarcó, y planteó la necesidad de emprender transformaciones profundas en la región, a la que caracterizó por su falta de productividad y desigualdad, al cerrar el panel titulado Repensar las instituciones y Estados modernos.


Para la presidenta de Intercambios (asociación civil para el estudio y atención de problemas relacionados con las drogas) e investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales, Graciela Touzé, que el planteo sea hecho por la titular de la Cepal “es importante y da una perspectiva clara de lo que las políticas están haciendo en la región”, y señaló que “no debe ser casual que sea mexicana. En México la política de guerra contra las drogas ha generado una catástrofe”. “La política de guerra termina poniendo su foco en los sectores más vulnerables y desprotegidos, los consumidores, autocultivadores, campesinos en países con producción, que son sobre quienes recae el peso de esas políticas. Poner fin a esa concepción es cuestionar la prohibición y empezar a hablar de regulación y del cuidado de la salud y no dejarlo librado a la nada, que es lo que ocurre con los mercados clandestinos”, explicó la especialista.


La propuesta de Bárcena ya viene siendo impulsada por la Comisión Global, conformada por los ex presidentes latinoamericanos Fernando Henrique Cardoso, César Gaviria y Ernesto Zedillo; el ex secretario general de la ONU, Kofi Annan; la ex presidenta de Suiza, Ruth Dreifuss; el ex secretario de Estado de Estados Unidos, George P. Shultz, y el escritor Mario Vargas LLosa, entre otras personalidades.


Para Fusero, el planteo de Bárcena se da en un contexto donde “en el país mentor de la cruzada bélica, Estados Unidos”, ya hay nueve estados y el Distrito de Columbia que permiten el uso de la marihuana con fines recreativos y treinta estados que permiten su uso médico, y en julio “se sumaría Canadá, un miembro del G-8”.


Sin embargo, el letrado advirtió que a contrapelo de lo que ocurre en el mundo “nuestra legislación es de las más antiguas y retrógradas, porque siguen poniendo penas a la tenencia personal y el cultivo”. Para dejarlo claro, remarcó que “la tenencia para consumo personal está penada”, y queda librada a la arbitrariedad del funcionario judicial, pese a los argumentosde la Corte Suprema sobre la inconstitucionalidad del delito de tenencia para consumo personal (fallo Arriola 2009).
Fusero recordó que desde aquella resolución se han “presentado 25 iniciativas al Congreso para despenalizar la tenencia, transversales, de la izquierda, del peronismo, del Frente para la Victoria, pero también avaladas por Margarita Stolbizer, Ricardo Gil Lavedra y Elisa Carrió”.

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Jueves, 31 Mayo 2018 05:54

Escuela de gladiadores

Escuela de gladiadores

En la visión histórica de la izquierda dos eran los fulcros de constitución de un sujeto político transformador: la fábrica y la universidad, cuya alianza buscaba el marxismo como detonante de la revolución. La fábrica porque era el lugar común de la explotación económica y, por lo tanto, de la toma de conciencia y de la concertación sindical. La universidad porque era el lugar común donde se daban cita la juventud y el saber, fusión modernísima que constituye desde el principio un explosivo oxímoron.


Hasta 1789 la juventud era guerrera, pero no sabia, y su participación en la guerra aseguraba más bien el recambio de un modelo estable y sin variaciones. Desde 1789, cuando un grupito de imberbes letrados derriba la monarquía absoluta, la juventud pasa a formar parte de la regla del cambio, el cual forma parte intrínseca, a su vez, del imaginario social occidental. Desde Sócrates, por otra parte, el saber es una amenaza para los que se resisten a él (al cambio) y su relación con el poder una peripecia pugnaz de asimilación y subversión.


En las sociedades antiguas o de ancien régime, en efecto, la juventud y el saber se habían mantenido cuidadosamente separadas, como una combinación potencialmente amenazadora para la estabilidad social. La Universidad es su unión. Lo es ya en la Edad Media, cuando surgen las primeras comunidades docentes (baste pensar en los goliardos y en su rebelión letrada contra la religión y los gobiernos) y lo es sobre todo en el siglo XX, cuando por primera vez todas las clases sociales, así como las mujeres, acceden a la Universidad. Para que nos hagamos una idea: en 1920 Francia cuenta con 50.000 estudiantes  universitarios; en 1987 esa cifra se eleva a un millón. Incluso España, siempre con retraso, pasa en ese período de 23.000 a 650.000 matrículas universitarias.

La Universidad pone al alcance de la juventud todo el saber acumulado de la humanidad, conservado y renovado al margen de los intereses de clase, las guerras y los vaivenes del poder. Si esta combinación ha sido fuente de cambio durante el último siglo es precisamente porque ha sido la Universidad la que ha intervenido en la sociedad y no al revés; porque la Universidad no ha sido un reflejo sumiso de la sociedad y sus servidumbres económicas sino porque, al contrario, la sociedad misma se ha transformado desde la Universidad; y no por casualidad –añadamos– desde las disciplinas más humanísticas. Los jóvenes, receptores subversivos de una tradición de conocimiento, hacían progresar las ciencias en el interior del campus al tiempo que desde él asaltaban en el exterior –y moldeaban de nuevo– las relaciones políticas y sociales. Esta “regla de cambio” alcanzó su colofón en la primavera –no sólo francesa– de 1968.


Hoy eso ya no es posible. La fábrica ha dejado de ser la matriz de los sujetos colectivos y la fragua de un “proyecto de vida” individual (lo que incluía una casa y una familia). La Universidad ya no es, por su parte, el “lugar común” donde la energía abstracta de la juventud se comunica con la memoria concreta de la humanidad. La misma mercantilización que ha condenado a los humanos al desempleo endémico y el trabajo precario –a una adolescencia eterna– ha abolido la juventud y ha privatizado el saber. La amputación de las ramas más “universales” y más “desinteresadas” del conocimiento –y, por eso mismo, las más necesarias– es inseparable de la conversión del campus en un campo de batalla donde se baten a muerte los futuros parados: gladiadores del mercado que tratan de ajustar sus perfiles a las contadas demandas de trabajo.


Con la reforma de Bolonia el curriculum lo hacen las empresas y los bancos; y la Universidad deja de ser, como lo fue en la era moderna, umbral iniciático de la experiencia personal (sexo, drogas, militancia) y memorización conflictiva del conocimiento humano. Sin trabajo y sin saber compartidos, fuente de revolución, queda el consumo, que es la versión light de la guerra, a la que los jóvenes sin futuro, pero también sin pasado común, acabarán volviendo a poco que una Europa sin soluciones y sin izquierda se incline un grado más hacia el abismo.


Por Santiago Alba Rico. Escritor y filósofo

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Martes, 29 Mayo 2018 17:47

Socializar las finanzas*

Socializar las finanzas*

En términos elementales, las finanzas son mera contabilidad: un registro de obligaciones y compromisos monetarios. Sin embargo, las finanzas son también una forma de planificación: un conjunto de instituciones para organizar intereses sobre el reparto del producto social.

 

La fusión de estas dos funciones –contabilidad y planificación–, que obedecen a lógicas distintas, es tan antigua como el capitalismo y, durante casi tanto tiempo, ha soliviantado la conciencia burguesa. La creación de poder adquisitivo a través de préstamos bancarios es difícil de congeniar con la máxima ideológica del capitalismo de que los precios de mercado ofrecen una medida neutral de alguna realidad material preexistente. El fracaso manifiesto del capitalismo para ajustarse a esta idea de sistema natural ha sido atribuido, por los defensores de estas tesis, a la capacidad de los bancos (instigados por el Estado) para alejar los precios de mercado de sus verdaderos valores.

 

De alguna manera, separar estas dos funciones del sistema bancario –contabilidad y planificación–, es el hilo conductor de los 250 años de propuestas de reforma monetaria de economistas burgueses, demagogos y chiflados. Podemos rastrearlo desde David Hume, quien creía que una “circulación perfecta” era una en la que el oro solo se usaba para pagos, y que dudaba de si los préstamos bancarios deberían permitirse en absoluto; a los defensores decimonónicos de un patrón oro estricto o de la doctrina de billetes reales (dos propuestas enfrentadas que supuestamente restaurarían la automaticidad a la creación de crédito bancario); a las propuestas de Proudhon de otorgar al dinero una base objetiva vinculada al tiempo de trabajo; a los temores preconcebidos de Wicksell sobre la inestabilidad de un sistema no regulado de dinero bancario; a las propuestas, a menudo revividas, de reservas bancarias al 100%; a las propuestas de Milton Friedman para una regla estricta de creci-miento de la oferta monetaria; a las fantasías de la ortodoxia actual de un banco central que siga una regla in-violable que emule la “tasa de interés natural”.

 

Lo que todas estas admoniciones y propuestas tienen en común es que buscan restaurar la objetividad del sistema monetario; legislar para que existan los valores supuestamente reales que subyacen al precio del dinero. Buscan obligar al dinero a cumplir, de facto, sus presupuestos ideológicos: una medida objetiva del valor que refleja el valor real de las mercancías, libre de juicios de banqueros y políticos.

 

Los socialistas rechazamos esta fantasía. Sabemos que el desarrollo del capitalismo ha sido desde el principio un proceso de “financiarización”; de expansión de la esfera crediticia a todo ámbito de la actividad humana, y de representación del mundo social en términos de pagos y compromisos monetarios.

 

Sabemos que no hubo un mundo precapitalista de producción e intercambio sobre el cual el dinero, y luego el crédito, fueron superpuestos con posterioridad: las redes de crédito (de reclamos monetarios) son el sustrato sobre el que la producción de mercancías se ha desarrollado y organizado. Y sabemos que el excedente social bajo el capitalismo no es resultado de la asignación de los “mercados”, como dicen los cuentos de hadas de los economistas. El excedente es el resultado de la asignación realizada por bancos y otras instituciones financieras, cuyas actividades son coordinadas por planificadores, no por mercados.

 

Aunque descentralizada en teoría, la producción de mercado está de hecho organizada a través de un sistema financiero altamente centralizado. Y donde existe algo así como mercados competitivos, es generalmente gracias a una extensa intervención estatal: desde leyes antimonopolio hasta toda la compleja maquinaria del Obamacare para apuntalar un mercado desvencijado como el de seguros de salud privado. Como reconocieron Marx y Keynes, la tendencia del capitalismo es hacia el desarrollo de formas de producción más colectivas y sociales, ampliando el dominio de la planificación consciente y disminuyendo el ámbito del mercado. (Un pun-to que también han entendido algunos economistas liberales más avispados y con una aproximación más histórica a los problemas). Preservar el mercado se convierte en un proyecto cada vez más utópico, que requiere una intervención cada vez más activa por parte del gobierno. Piensa en la vasta financiación, inversión y regu-lación públicas que son requeridas para la provisión “privada” de vivienda, educación, transporte, etcétera.

 

En un mundo en el que la producción se guía por una planificación consciente, pública o privada, simplemente no tiene sentido pensar que los valores monetarios reflejan el resultado objetivo de los mercados, o el crédito simplemente como un registro de flujos “reales” de ingresos y gastos.

 

Pero es muy difícil resistir a la “ilusión de lo real”, como lo llama Perry Mehrling. Debemos recordar constantemente que los valores de mercado nunca han sido, y nunca podrían ser, una medida objetiva de las necesida-des y posibilidades humanas. Debemos recordar que los valores medidos en dinero –precios y cantidades, producción y consumo– no tienen existencia independiente de las transacciones de mercado que les dan forma cuantitativa.

 

De aquí se sigue que el socialismo no puede describirse en términos de la cantidad de mercancías producidas o distribuidas. El socialismo es la emancipación de la forma mercancía. No se define por la disposición de cosas, sino por la condición del ser humano. Es la extensión progresiva del dominio de la libertad humana, de esa parte de nuestras vidas gobernada por el amor y la razón.

 

Muchos críticos de las finanzas ven éstas como el enemigo de un capitalismo más humano o auténtico. Esta es la crítica tanto de reformistas gerenciales que se oponen a las finanzas por ser un parásito de las empresas pro-ductivas (recuérdese el “soviet de ingenieros” de Veblen), como de populistas que odian las finanzas como el destructor de su pequeño capital, o de sinceros creyentes en la competencia de mercado que ven a las finanzas como receptores de rentas ilegítimas. En términos prácticos, hay mucho terreno común entre estas posiciones y un programa socialista. Pero no podemos aceptar la idea de que las finanzas sean una distorsión de algunos valores verdaderos de mercado naturales, objetivos o justos.

 

Las finanzas deben comprenderse como un momento más del proceso capitalista, integral a él, pero con dos caras contradictorias. Por un lado, están las finanzas como institución concreta que genera y hace cumplir compromisos crediticios a cualquier tipo de agente social –personas, empresas, Estados–. Desde este punto de vista, su rol es extender y mantener la lógica de la producción de mercancías. (Los préstamos estudiantiles refuerzan la disciplina del trabajo asalariado, la deuda soberana mantiene la división internacional del trabajo).

 

Sin embargo, por otro lado, el sistema financiero es también donde la planificación consciente toma su forma más desarrollada bajo el capitalismo. Los bancos son, en palabras de Schumpeter, el equivalente privado de Gosplan, la agencia de planificación soviética. Sus decisiones de préstamo determinan qué nuevos proyectos obtendrán una parte de los recursos de la sociedad, e imponen (o infligen) el “juicio del mercado” sobre otras.

 

Un programa socialista debe responder a estas dos caras de las finanzas. Nos oponemos al poder de las finan-zas para reducir progresivamente el grado en que nuestras vidas se organizan en torno a la acumulación de dinero. Pero abrazamos la planificación ya inherente a las finanzas porque queremos expandir el dominio de la elección consciente y reducir el dominio de la necesidad ciega.

 

El desarrollo de las finanzas revela el desplazamiento progresivo de la coordinación del mercado en favor de la planificación. Capitalismo significa producción para obtener beneficio; pero, en la realidad concreta, los crite-rios de beneficio siempre están subordinados a los criterios financieros. El juicio del mercado solo tiene fuerza en la medida en que sea ejecutado por las finanzas. El mundo está lleno de negocios cuyos ingresos exceden sus costes, pero se ven obligados a reducir volumen o cerrar debido a las exigencias financieras en su contra. El mundo también está lleno de negocios que operan durante años, o indefinidamente, con costes que exceden sus ingresos, gracias a su acceso a la financiación. Las instituciones que toman estas decisiones de financiación lo hacen en función de su propio juicio subjetivo, y limitado solo en última instancia por los términos estable-cidos del banco central, y no por unos criterios objetivos de valor.

 

Existe una contradicción básica entre el principio de competencia y el de finanzas. Se supone que la compe-tencia es una forma de selección natural: las empresas que obtienen ganancias las reinvierten y crecen, mien-tras que las empresas que pierden no pueden invertir y merman, hasta finalmente desaparecer. Se supone que esto es una gran ventaja de los mercados sobre la planificación. Pero el objetivo de las finanzas es romper este vínculo entre las ganancias de ayer y las inversiones de hoy. El excedente pagado en forma de dividendos e intereses está disponible para la inversión en cualquier lugar de la economía, no solo donde se generó.

 

Y viceversa, hay empresarios que pueden emprender nuevos proyectos que nunca han sido rentables en el pasado si pueden convencer a alguien para que los financien. La competencia mira hacia atrás: los recursos de hoy dependen de cómo te haya ido en el pasado. Las finanzas miran a futuro: los recursos de hoy dependen de cómo (¡alguien!) se espera que lo hagas en el futuro. Por lo tanto, a diferencia de la idea de que las empresas triunfan o fracasan por selección natural, las empresas predilectas de las finanzas –desde Amazon hasta Uber y toda la manada de unicornios–, pueden invertir y crecer indefinidamente sin tener beneficios. Se supone que esto también es una gran ventaja de los mercados.

 

En el mundo sin fricciones imaginado por los economistas, la primacía de las finanzas sobre la competencia ya se ha llevado al límite. Las empresas no controlan ni dependen de su propio excedente. Todo el excedente se asigna de manera centralizada por los mercados financieros. Todos los recursos para la inversión provienen de los mercados financieros y todos los beneficios regresan inmediatamente a ellos en forma de dinero. Esto tiene dos implicaciones contradictorias. Por un lado, elimina cualquier consideración de la empresa como organismo social, de la actividad que realiza para reproducirse, de su búsqueda de fines distintos a la ganancia máxima para sus “dueños”.

 

De hecho, la empresa nace nueva cada día por el beneplácito de quienes la financian. Pero, por la misma razón, la lógica de la maximización de los beneficios pierde su base objetiva. El proceso cuasi evolutivo de la competencia deja de funcionar si los propios beneficios de la empresa ya no son su fuente de inversión, sino que fluyen hacia un fondo común. En este mundo, qué empresas crecen y cuáles fracasan depende de las deci-siones de los planificadores financieros que asignan capital a cada una de ellas.

 

La contradicción entre producción de mercado y finanzas socializadas se agudiza a medida que los propios fondos financieros se unen o se vuelven más homogéneos. Este fue un punto clave para los marxistas de inicios del siglo pasado como Hilferding (y Lenin), pero también está detrás del alboroto reciente en la prensa económica por el aumento de los fondos indexados. Estos fondos tienen acciones de todas las empresas que pertenecen a un determinado índice; a diferencia de los fondos administrados activamente, que tratan de in-vertir en la empresa que se cree irá mejor, éstos tienen acciones en muchas compañías que compiten entre sí.

 

Según un estudio reciente, “la probabilidad de que dos empresas seleccionadas al azar en el S&P 1500 de la misma industria tengan un accionista común con al menos un 5% de participación en ambas aumentó de me-nos del 20% en 1999 a alrededor del 90% en 2014”. El problema es obvio: si las empresas trabajan para sus accionistas, ¿por qué competirían entre sí si sus acciones están en manos de los mismos fondos?

 

Obviamente, una solución propuesta es una mayor intervención estatal para preservar la forma de los mercados, limitando o desfavoreciendo la propiedad accionarial a través de fondos. Otra respuesta, y quizás la más lógica, sería: si ya confiamos en los corporate managers para ser fieles representantes de la clase rentista en su conjunto, ¿por qué no dar el siguiente paso y convertirlos en representantes de la sociedad en general?

 

Además, los términos sobre los cuales el sistema financiero redirige el capital son fijados en última instancia por el banco central. Sus decisiones –la política monetaria en sentido estricto, pero también la regulación fi-nanciera o los rescates durante la crisis a entidades– determinan no solo el ritmo de expansión del crédito sino también el criterio de rentabilidad mismo. Esto es muy evidente en las crisis, pero también está implícito en la política monetaria rutinaria. A menos que los reducidos tipos de interés conviertan a algunos proyectos pre-viamente no rentables en rentables, ¿cómo sino podrían salir adelante?

 

Al mismo tiempo, la legitimidad del sistema capitalista –la justificación ideológica de su evidente injusticia y desperdicio– proviene de la idea de que los resultados económicos están determinados por “el mercado” y no por la elección de nadie. Por lo tanto, la función de planificación del banco central debe mantenerse fuera de la vista.

 

Los propios banqueros centrales son muy conscientes del papel que juegan. A principios de la década de 1980, cuando la Reserva Federal cambió su principal instrumento de política monetaria, sus responsables se preocu-paron porque su elección preservara la ficción de que eran los mercados los que establecían el tipo de interés. Como dijo el gobernador de la Fed, Wayne Angell, era esencial elegir una técnica que “tuviera el camuflaje de las fuerzas del mercado en acción”.

 

Los libros de texto de la economía dominante describen de manera explícita la trayectoria a largo plazo de las economías capitalistas en términos de un planificador ideal, que determina la producción y precios para toda la eternidad con el fin de maximizar el bienestar general. La contradicción entre esta visión macro y la ideología de la competencia de mercado queda relegada por la suposición de que a largo plazo esta trayectoria es la misma que la “natural” de un mercado competitivo perfecto sin dinero ni bancos.

 

Fuera del mundo académico es más difícil mantener la fe en que los planificadores del banco central eligen de manera infalible los resultados que el mercado debería haber alcanzado por sí mismo. Muchas críticas a los bancos centrales provenientes de la derecha –y también de la izquierda– entienden claramente que estos bancos se dedican a una planificación activa, pero lo consideran intrínsecamente ilegítimo. Su creencia en los resultados “naturales” del mercado les lleva a las fantasías de retorno a un patrón monetario independiente del juicio humano: ya sea el oro o el bitcoin.

 

Los socialistas, que vemos a través de la fachada del supuesto juicio experto neutro de los banqueros centrales y reconocemos su estrecha asociación con las finanzas privadas, podríamos vernos tentados por ideas simila-res. Pero el camino hacia el socialismo va por otro lado. No buscamos organizar la vida humana en una red objetiva de valores de mercado, libre de la influencia distorsionante de las finanzas y los bancos centrales. Más bien buscamos sacar a la luz la planificación consciente que ya existe, convertirla en terreno de la política y dirigirla hacia la satisfacción de las necesidades humanas, y no hacia el refuerzo de las relaciones de dominación. En resumen: socializar las finanzas.

 

En el contexto de los Estados Unidos, el análisis anterior sugeriría un programa de transición tal vez en las siguientes líneas:


Desmercantilizar el dinero

 

Aunque no haya forma de separar el dinero y los mercados de las finanzas, eso no significa que las funciones rutinarias del sistema monetario deban ser una fuente de beneficios privados. Migrar la responsabilidad de las infraestructuras monetarias elementales a organismos públicos o semipúblicos es una reforma no-reformista: aborda algunos de los abusos manifiestos e inestabilidad del sistema monetario existente al tiempo que abre el camino hacia transformaciones más profundas.

 

En particular, esto podría implicar:

 

1. Un sistema de pagos públicos.
En un pasado no muy lejano, si alguien quería dar algo de dinero a cambio de un bien o servicio, no teníamos que pagar a un tercero por el permiso para realizar el intercambio. Sin embargo, con el reemplazo del efectivo por cargos electrónicos, los pagos rutinarios se han convertido en una fuente de beneficio. Las transacciones y el resto de la fontanería rutinaria del sistema de pagos debe ser un monopolio público, al igual que la moneda.


2. Banca postal.
Los servicios bancarios deberían proporcionarse igualmente a través de las oficinas de correos, como en muchos otros países. Las transacciones rutinarias entre cuentas (verificar y guardar) son un servicio que puede ser proporcionado directamente por el Estado.


3. Calificaciones de crédito públicas, tanto para bonos como para individuos.
Esta información debe estar ampliamente disponible para realizar su función; incluso es un elemento im-portante para la provisión pública dentro de la lógica del capitalismo. Ello implica además desafiar la función coercitiva y disciplinaria que, cada vez más, realizan las agencias privadas de calificación crediticia en Estados Unidos.


4. Financiación pública de la vivienda.
Las hipotecas para primeras viviendas son otra área donde una pátina de transacciones de mercado oculta un sistema que ya es sustancialmente público. El mercado hipotecario a treinta años es totalmente una creación de la regulación, es mantenido por los creadores de mercado públicos, y los organismos públicos son, en gran medida, los prestamistas de última instancia. Los socialistas no tenemos especial interés en el cultivo de una sociedad de pequeños propietarios a través de la propiedad de la vivienda; pero mientras el Estado lo haga, exigimos que sea de manera abierta y directa en lugar de disfrazarse de transacciones privadas.


5. Pensiones de jubilación públicas.
Ahorrar para la jubilación, junto con la vivienda, es donde el Estado hace más por fomentar lo que Gerald Davis llama la “ficción de capital”: concebir la relación de cada uno con la sociedad en términos de propie-dad de activos.

Pero aquí, a diferencia de la propiedad de la vivienda, la provisión social bajo la apariencia de sistema financieros ha fallado incluso en sus propios términos. Muchos hogares de clase trabajadora en los Estados Unidos y en otros países ricos sí tienen sus casas en propiedad, pero solo un pequeño porcentaje puede acceder a una pensión digna solo con el ahorro privado. Del mismo modo, los sistemas públicos de pensiones están mucho más desarrollados que la provisión pública de vivienda. Esto sugiere apostar por la eliminación de programas existentes que fomentan el ahorro privado para la jubilación y por una gran expansión de la Seguridad Social y sistemas similares de seguro social.

 

Contención de las finanzas

 

No es tarea de los socialistas mantener al gran casino funcionando plácidamente. Pero mientras existan insti-tuciones financieras privadas, no podemos evitar la cuestión de cómo regularlas. Históricamente, la regulación financiera a veces ha tomado la forma de “contención financiera”, en la cual los tipos de activos que poseen las instituciones financieras son decretados sustancialmente por el Estado.

 

Esto permite que el crédito se dirija de manera más efectiva a la inversión socialmente útil. Lo cual también permite mantener bajos tipos de interés en el mercado, que -en un contexto de inflación mayor- disminuye tanto la carga de la deuda como el poder de los acreedores. El sistema financiero liberalizado ya tiene críticos muy elocuentes; no es necesario duplicar su trabajo con una propuesta de reforma detallada, pero podemos exponer algunos principios generales:

 

1. Si no está permitido, está prohibido.
La regulación eficaz siempre ha consistido en especificar funciones para cada institución, y prohibir cual-quier otra cosa. De lo contrario, es demasiado fácil escometar la norma con algo que es formalmente diferente pero sustancialmente equivalente. Los bancos centrales también necesitan este tipo de regulación para controlar el flujo de crédito, con independencia de que continúen o no siendo los principales impulsores de la demanda agregada


2. Proteger las funciones, no las instituciones.
El poder político de las finanzas se deriva de su capacidad de poner en peligro la contabilidad social rutina-ria y la seguridad de los pequeños propietarios. (“¡Si no rescatamos a los bancos, los cajeros automáticos cerrarán! ¿Qué pasa con mi pensión?”)
Mientras las instituciones financieras privadas desempeñen funciones socialmente necesarias, la política debe dirigirse a preservar esas funciones, y no las instituciones que las realizan. Esto significa que las inter-venciones deben ser lo más cercanas posible al usuario final (no financiero), y no en el ámbito del tejemaneje bancario. Un ejemplo en esta línea: el sistema de garantía de depósito.


3. Requerir grandes tenencias de deuda pública.
La amenaza de especuladores contra los bonos del gobierno federal estadounidense ha sido exagerada; así lo demostró, por ejemplo, la farsa del techo de deuda y la rebaja crediticia de 2012. Pero para los gobiernos más pequeños -incluidos los gobiernos estatales y locales en los Estados Unidos- no es tan fácil ignorar a los mercados. Las grandes tenencias de deuda pública reducen además la frecuencia y gravedad de las crisis financieras cíclicas que son, perversamente, una de las principales formas en que se mantiene el poder so-cial de las finanzas.


4. Controlar los niveles de deuda con menores tipos de interés y mayor inflación.
El apalancamiento de los hogares en los Estados Unidos ha aumentado dramáticamente en los últimos treinta años; algunos creen que esto se debe a que se recurrió al endeudamiento para elevar los niveles de vida ante el estancamiento o la disminución de los ingresos reales.

 

Pero este no es el caso; el crecimiento más lento de los ingresos simplemente ha significado un crecimiento más lento del consumo. O, mejor dicho, la causa principal del aumento de la deuda de los hogares en los últimos treinta años ha sido la combinación de baja inflación y elevados tipos de interés para los hogares de ma-nera continuada. En cambio, la forma más efectiva de reducir la carga de la deuda -para los hogares, y también para los gobiernos- es mantener bajos tipos de interés y, al mismo tiempo, permitir una mayor inflación.

 

Corolario: podemos rechazar cualquier reclamo moral en favor de las rentas derivadas de esos intereses. No hay derecho a ejercer ningún reclamo sobre el trabajo de otros derivados de la propiedad de activos financieros. Que la prestación privada de servicios socialmente necesarios como los seguros y las pensiones se vea socavada por los bajos tipos de interés, es un argumento para trasladar estos servicios al sector público, no para aumentar las exigencias de los rentistas.

 

Democratizar los bancos centrales

 

Los bancos centrales siempre han sido planificadores centrales. Las decisiones sobre tipos de interés y los tér-minos en los cuales las instituciones financieras son reguladas y rescatadas, inevitablemente condiciona la ren-tabilidad, así como la dirección y nivel de actividad productiva. Este papel se ha ocultado detrás de una ideología que imagina que el banco central se comporta de manera automática, de acuerdo con una regla que de alguna manera reproduce el comportamiento “natural” de los mercados.

 

Las propias actuaciones de los bancos centrales desde 2008 han dejado esta ideología en ruinas. La respuesta inmediata a la crisis ha obligado a los bancos centrales a intervenir más directamente en los mercados de crédi-to, a comprar una gama más amplia de activos e incluso a reemplazar a las instituciones financieras privadas para prestar directamente a las empresas no financieras. Desde entonces, el fracaso de la política monetaria convencional ha obligado a los bancos centrales a asumir involuntariamente una gama más amplia de inter-venciones, canalizando directamente el crédito hacia los prestatarios seleccionados.

 

Este giro hacia la “política crediticia” supone admitir, a regañadientes y forzados por los acontecimientos, que la anarquía de la competencia es incapaz de coordinar la producción. Los bancos centrales no pueden, como imaginan los libros de texto, estabilizar el sistema capitalista pulsando un simple botón con la etiqueta “oferta monetaria” o “tipo de interés”. Su propio juicio debe sustituir al resultado del mercado en una amplia y creciente gama de mercados de activos y crédito.

 

El desafío ahora es politizar a los bancos centrales: hacerlos objeto de debate público y presión popular. En Europa, los bancos centrales nacionales serán un terreno central de disputa para el próximo gobierno de iz-quierda que busca romper con la austeridad y el liberalismo. A pesar de la percepción errónea de la centralización de funciones en el Banco Central Europeo (BCE), los bancos centrales nacionales todavía ejecutan mu-chas de sus antiguas funciones.

 

En Estados Unidos podemos renunciar definitivamente a la idea de la política monetaria como dominio exclu-sivo de la pericia tecnocrática, y poner de manifiesto su programa de mantener un elevado desempleo para frenar el crecimiento salarial y el poder de los trabajadores. Como propuesta en positivo, podríamos exigir que la Fed use tenazmente su autoridad legal existente para comprar deuda municipal, privando a los rentistas de su poder sobre gobiernos locales con limitaciones financieras (como Detroit o Puerto Rico); y, con carácter general, atenuar el poder de “los mercados de deuda” que actúan como restricción de las políticas populares a nivel estatal y local. En definitiva, los bancos centrales deberían ser responsables de redirigir activamente el crédito hacia fines socialmente útiles.

 

Desempoderar a los accionistas

 

El capitalismo realmente existente consiste en limitados flujos de transacciones de mercado que fluyen entre grandes áreas no de mercado. Una función central de las finanzas es actuar como el arma en manos de la clase capitalista para hacer cumplir la lógica del valor en estas estructuras no de mercado. Las demandas de los ac-cionistas sobre empresas no financieras y las de tenedores de bonos sobre los gobiernos nacionales aseguran que todos estos dominios de la actividad humana permanezcan subordinados a la lógica de la acumulación. Queremos defensas más fuertes contra estas demandas; no porque tengamos fe en el capitalismo productivos o las burguesías nacionales, sino porque ocupan el espacio en el que la política es posible.

 

En particular, deberíamos apoyar a las empresas frente a los accionistas. La empresa, como Marx señaló hace mucho tiempo, es “la abolición del modo de producción capitalista dentro del propio modo de producción capitalista”. Dentro de la empresa, la actividad se coordina a través de planes, no de mercados; y la orienta-ción de esta actividad es hacia la producción de un valor de uso particular en lugar de dinero como tal.

 

“La tendencia de la gran empresa”, escribió Keynes, “es a socializarse”. La función política fundamental de las finanzas es mantener esta tendencia bajo control. Sin la amenaza de adquisición y la presión de los accionistas, la empresa se convierte en un espacio donde los trabajadores y otras partes interesadas pueden cuestionar el control sobre la producción y el excedente que genera; una posibilidad que los capitalistas nunca pierden de vista.

 

Huelga decir que esto no implica ningún apego a los individuos particulares en lo alto de la jerarquía empresa-rial, que en la actualidad son frecuentemente rentistas reales o potenciales sin ninguna conexión orgánica con el proceso de producción. Más bien, es el reconocimiento del valor de la empresa como organismo social; como un espacio estructurado por relaciones de confianza y lealtad, con motivaciones de “conciencia profesional”; y como el lugar de la planificación consciente de la producción de valores de uso.

 

El papel de las finanzas con respecto a la empresa moderna no es proporcionarle recursos para la inversión, sino garantizar que su orientación hacia la producción como fin en sí mismo esté en realidad subordinada a la acumulación de dinero.

 

Resistir esta presión no es un sustituto de otras luchas, como las que afectan al proceso de trabajo o el reparto de recursos y autoridad dentro de la empresa. (La historia da muchos ejemplos de producción de valores de uso como un fin en sí mismo que se lleva a cabo bajo condiciones tan coercitivas y alienadas como en la producción con fines de beneficio). Pero resistir la presión de las finanzas crea más espacio para esas luchas y para la evolución del socialismo dentro de la forma corporativa.

 

Cerrar las fronteras al dinero (y abrirlas a la gente)

 

Del mismo modo que el poder accionarial impone la lógica de la acumulación a las empresas, la movilidad del capital hace lo mismo con los Estados. En las universidades, se escucha la supuesta eficiencia de la libre circu-lación de capitales, pero en el ámbito político se escucha más su poder para “disciplinar” a los gobiernos na-cionales. La amenaza de fuga de capitales y crisis de balanza de pagos protege a la lógica de la acumulación frente a las incursiones de los gobiernos nacionales.

 

Los Estados pueden ser vehículos para el control consciente de la economía solo en la medida en que los reclamos financieros transfronterizos sean limitados. En un mundo donde los flujos de capital son amplios y sin restricciones, la actividad concreta de producción y reproducción debe ajustarse constantemente a los capri-chos cambiantes de los inversores extranjeros.

 

Esto es incompatible con cualquier estrategia para el desarrollo de las fuerzas de producción a nivel nacional; todos los casos exitosos de industrialización tardía han dependido de la redirección consciente del crédito a través del sistema bancario nacional. Aún más, el requisito de que la actividad real se acomode a los flujos financieros transfronterizos es incompatible incluso con la reproducción estable del capitalismo en la periferia. Hemos aprendido esta lección muchas veces en América Latina y en otras partes del Sur, y la estamos aprendiendo de nuevo en Europa.

 

Por lo tanto, un programa socialista sobre finanzas debe incluir el apoyo a los esfuerzos de gobiernos naciona-les por desvincularse de la economía global y por mantener o recuperar el control sobre sus sistemas financieros. Hoy en día, tales esfuerzos están a menudo vinculados a políticas de racismo, nativismo y xenofobia que debemos rechazar sin compromiso. Pero es posible avanzar hacia un mundo en el que las fronteras nacionales no representen un obstáculo para las personas y las ideas, sino que limiten el movimiento de bienes y sean barreras imposibles de alcanzar para demandas financieras privadas.

 

En Estados Unidos y otros países ricos, también es importante oponerse a cualquier uso de la autoridad, legal o no, de nuestros propios Estados para hacer cumplir las demandas financieras contra Estados más débiles. Argentina y Grecia , por tomar dos ejemplos recientes, no fueron forzados a aceptar los términos de sus acreedores por las acciones de particulares dispersos en los mercados financieros, sino respectivamente por las acciones del Juez Griesa del Segundo Circuito de EE.UU. y Trichet y Mario Draghi del BCE. Para que los estados periféricos fomenten el desarrollo y sirvan como vehículo para la política popular, deben aislarse de los mercados financieros internacionales. Pero el poder de esos mercados proviene en última instancia de los cañones, figurativos o literales, mediante los cuales se imponen las demandas financieras privadas.

 

En relación a los Estados fuertes, los mercados no tienen poder excepto sobre el imaginario. Como hemos visto repetidamente en los últimos años, más dramáticamente en el sainete del límite de deuda de 2011-2013, no hay especuladores al acecho; los términos sobre los cuales los gobiernos se endeudan están completamente determinados por su propia autoridad monetaria. Todo lo que se necesita aquí para acabar con el poder del mercado de deuda es simplemente reconocer que ya no tiene poder alguno.

 

En resumen, deberíamos rechazar la idea de las finanzas como la intrusión en un orden de mercado preexistente. Debemos resistir al poder de las finanzas como ejecutor de la lógica de la acumulación. Y deberíamos reclamar co-mo espacio para una política democrática la planificación social ya realizada a través de las finanzas.

 

* Sin permiso, www.sinpermiso.info, 09/05/2018.

 

Antes la echaban a la basura: La cáscara del café vale seis veces más que sus granos

Si el producto no se queda en ser solo un fenómeno de moda y su demanda sigue creciendo, con el tiempo reemplazará al café, cree una agricultora salvadoreña.

Aida Batlle cultiva café en una granja familiar, sobre las colinas que rodean el volcán Santa Ana, en El Salvador. Al igual que ocurrió por generaciones anteriores, en su finca se le daba poco uso a la cáscara que recubre los granos de café: como mucho, se le utilizaba como un fertilizante barato o, con mayor frecuencia, se botaba como basura.


No obstante, un día, al pasar junto a unas cascaras que se estaban secando al sol, la mujer sintió un buen olor a hibisco y otros aromas florales. Entonces se dio cuenta de que podía extraer algún valor de lo que durante tanto tiempo había considerado basura. Batlle empapó las cáscaras en agua caliente y obtuvo un sabor. "Inmediatamente comencé a llamar a mis clientes para que lo probaran", cuenta la agricultora a la agencia Bloomberg.


Reconocimiento mundial


Pero el momento estelar para la cáscara del café –que contiene poca cafeína y tiene un sabor menos pronunciado que sus granos– no llegó sino más de una década después del descubrimiento de Batlle. Así, recientemente, la célebre red de cafeterías Starbucks introdujo nuevas bebidas endulzadas con jarabe de cáscara, y ofrece en EE.UU. y Canadá un 'relleno de azúcar' hecho con ese producto. Sus competidores, como Stumptown Coffee Roasters y Blue Bottle Coffee, también empezaron a agregar la sustancia a sus menús, como té y como bebida carbonatada.


Gracias a la demanda de estas cadenas, la cáscara de café alcanza a menudo un precio más alto que el propio grano. Batlle afirma que recibe siete dólares por cada libra (450 gramos) de cáscara, mientras que el precio promedio del café es de 1,20 dólares por libra, el más bajo en los últimos dos años, debido a un exceso de oferta de la variedad arábica en el mercado. Resulta entonces que hoy en día las cascaras de café cuestan seis veces más que sus granos.


Según Bloomberg, para el momento es imposible calcular el volumen de ventas de este novísimo rubro, pero es obvio que todavía son pequeñas. Al mismo tiempo, Battle afirma que vende miles de libras de cáscaras de café por año. Si el producto no se queda en solo un fenómeno de moda y su demanda sigue creciendo, con el tiempo reemplazará al café, cree la agricultora. "Especialmente cuando el mercado tiene precios tan bajos [para los granos de café]", señala Battle.

Publicado: 24 may 2018 03:08 GMT | Última actualización: 24 may 2018 03:08 GMT

 

Publicado enSociedad
Boaventura de Sousa: “La tragedia de nuestro tiempo es que la dominación está unida y la resistencia está fragmentada”

El conocimiento occidental ha impuesto un programa en todo el mundo basado en la imposibilidad de pensar otro mundo distinto al capitalista. Boaventura de Sousa habla de “epistemicidio” para definir cómo ese programa occidental ha subyugado el conocimiento y los saberes de otras culturas y pueblos.

 

Boaventura de Sousa (Coimbra, Portugal, 1940) estuvo en Madrid para presentar Justicia entre Saberes. Epistemologías del Sur contra el epistemicidio (ediciones Morata) una crítica a la jerarquía que el pensamiento occidental ha establecido contra los otros pueblos del mundo. De Sousa saca una pequeña grabadora para registrar la conversación con El Salto. Está acostumbrado a este tipo de conversaciones. No en vano, ha recorrido el mundo como organizador del Foro Social Mundial, ha trabajado en la Universidad de Wisconsin-Madison en Estados Unidos y la de Warwick, en Reino Unido.


Me llama la atención una frase del libro, cuando dices que “no tenemos miedo pero tampoco ilusión alguna”, ¿puedes explicarla?

Pienso que la idea del miedo viene en mi caso de Spinoza. Él habla mucho de los dos afectos o sentimientos que todos nosotros tenemos o que debemos tener, que son el miedo y la esperanza. Tiene que haber un cierto equilibrio entre miedo y esperanza porque el miedo sin esperanza es la desesperanza, es la parálisis, es la muerte. Y la esperanza sin miedo es un voluntarismo que puede ser también suicida. Entonces, hay que equilibrar eso. Pienso que estamos en una época en la que el miedo predomina sobre la esperanza. Este momento que podemos llamar un ciclo global reaccionario está en todo el mundo, comandado por el neoliberalismo global y está creando sobre todo un sentimiento de miedo en todos los que resisten.


Entonces, tenemos que tener miedo, porque la situación no es para menos, pero hay que mantener la esperanza. Sabemos que nos quieren amedrentar, que quieren que el miedo predomine, pero nosotros debemos tener la posibilidad de una esperanza. Esa esperanza debe ser de una sociedad mejor, más justa, a través de otra epistemología, de otra manera de conocer, de vivir, de articular la sociedad.


¿Qué es la justicia cognitiva de la que hablas también en el libro?

Es una cosa simple. Para nosotros hoy, para el modelo dominante de sociedad en que vivimos, el conocimiento verdaderamente válido es el conocimiento científico. Para un ciudadano, cada persona que no domine la ciencia es un ignorante, es una persona que no tiene conocimientos válidos. Una persona ha vivido, tiene experiencias de vida, tiene su trabajo, su familia, su sociedad, su comunidad en la que ha trabajado... y este conocimiento no cuenta porque el conocimiento que cuenta es el conocimiento científico.
Eso ha creado un sistema que he llamado epistemicida: se ha destruido mucho porque no se ha valorado suficientemente la sabiduría de la gente, los conocimientos populares, vernáculos, que salen no de experimentos científicos, sino de experiencias de vida. Experiencias que tenemos todos nosotros.


Por eso hay un desequilibrio muy grande en el mundo debido al hecho de que consideramos —no desde hace mucho tiempo, desde el siglo XVII o XVIII— que el único conocimiento válido es el conocimiento científico. Y, por eso, quien detenta el conocimiento tiene más poder, porque el conocimiento es poder y el conocimiento más válido corresponde al poder más fuerte. Hasta ahora ese conocimiento científico ha estado concentrado en los países del norte geográfico, o sea, América del Norte, y Europa. La posición de fuerza desde los tiempos coloniales del capitalismo moderno, sobre todo después del siglo XIX, parte de la idea de que donde está la frontera científica y el conocimiento científico es donde está el desarrollo más grande, y por tanto el más grande poder imperial en el mundo.


Eso ha creado un desprecio por otras sabidurías y culturas —y no estoy hablando solo de pueblos iletrados o de indígenas o afrodescendientes—, estoy hablando de China, de la cultura india, que es una cultura riquísima y que han sido —sobre todo China— muy humilladas. Obviamente también pasa con el Islam. El Islam del que todos dependemos, porque parte de lo que sabemos de la cultura occidental nos ha sido transmitido por los musulmanes, a partir del siglo IX.


Por eso se creó esa idea de que todo ese conocimiento que hay en el mundo no es válido y, como no es válido, nosotros no tenemos que aprender. Tenemos que enseñar. El resto es algo que podemos dominar, desarrollar, ayudar pero nunca aprender con ellos. Esto ha creado una injusticia que no es simplemente cognitiva, es obviamente cognitiva en su base pero después produce injusticias sociales, económicas y políticas, no solo entre países sino también dentro de un mismo país.

¿Son menos libres los niños y niñas que se han educado después del triunfo del neoliberalismo?

Sí, son menos libres. Diría que porque están siendo educados en un marco cognitivo todavía más concentracionario. Porque no es simplemente la idea de que solo hay un conocimiento válido, o el único que es válido y que es científico, viene del siglo XVII-XVIII pero ahora tiene también un reflejo en la vida política y en la vida social.

Es la idea de que no hay alternativa, sobre todo después de la caída del Muro de Berlín. La idea de que esta sociedad, el capitalismo, realmente es el fin de la historia. El libro de Fukuyama puede haber sido desacreditado, pero la verdad es que en la política hoy, en las finanzas internacionales, en las relaciones internacionales, incluso en la ONU, no ves ninguna alternativa a la sociedad capitalista que nos domina.


Y por eso no hay libertad para ver esas alternativas, esas posibilidades de otros tipos de desarrollo. Estamos en el proceso de reivindicar esa diversidad, valorando y trayendo a nuestros estudios otros tipos de conocimiento que nos puedan ayudar, y para eso la educación es fundamental; dar la idea de la diversidad cultural del mundo, la diversidad epistémica, cultural, a partir de la cual podríamos tener una cultura verdaderamente democrática. Ahora no la hay. Pongo como ejemplo esta versión restringida de democracia que tenemos, que además es una democracia que es muy débil porque no se sabe defender de los antidemócratas.


En esta situación, las personas, los jóvenes sobre todo, desconocen su historia. Por un lado, es muy importante para el neoliberalismo la idea de que todo está empezando ahora, que el pasado no cuenta. La manipulación de la memoria, de la historia. Por otro lado, es una cultura que es simplemente la cultura de los vencedores. No hay vencidos. El neoliberalismo te crea la idea de que hoy el gran vencedor es el rico. El rico que antes tenía vergüenza de ser rico y tenía que ocultar su riqueza, ahora no, la ostenta y los periódicos muestran la riqueza, dónde viven estos señores, y sus mansiones.


Es realmente una idea muy concentracionaria, muy reaccionaria: la idea de que no hay alternativa a esto. Si no hay alternativa esto no es injusto, porque para que esto sea considerado injusto por los jóvenes y para que se cree un poco de rebelión, es necesario pensar que hay alternativa, que podría ser de manera distinta. Pero, por eso, esta política tiene un valor epistémico, porque te dice, “otras alternativas no son válidas, son utopías, son locuras. Deja eso para la poesía, pero no te preocupes, esta es la sociedad en la que tienes que vivir”.


De alguna manera es un individualismo completamente obsesivo porque te dice que tú eres un empresario de ti mismo, que eres emprendedor, y vas a ganar. Y si no ganas la culpa es tuya. Yo no quiero ser emprendedor, ¿por qué lo voy a ser? Sobre todo porque sé que para yo tener éxito, es necesario que alguien fracase. Mi amiga de al lado tiene que fracasar en su proyecto en que estamos para que yo tenga éxito ¿qué tipo de sociabilidad es esta donde no hay cooperación, solidaridad? ¿Por qué tengo que mirarme a mí mismo y en todos los otros veo a mis enemigos?


¿Quiénes forman la retaguardia y por qué podemos depositar nuestra esperanza en esa retaguardia?

Es el concepto que he avanzado y que es un poco polémico porque todo pensamiento crítico, teórico, político, epistemológico, parte siempre de la idea de vanguardias esclarecidas que están delante de su tiempo y que son capaces de ver lo que otros no ven, y, si no ganan, la culpa no es suya, la culpa es de la práctica, de los ciudadanos.
A lo largo del siglo XX eso pasó mucho con todas las políticas y teorías críticas. Si las cosas fracasan —y muchas veces fracasaron las opciones de izquierda o revolucionarias— la culpa no es de la teoría, es de la práctica. La teoría va adelante siempre sin malestar, completamente inmune e impune. Yo pienso que eso terminó.


Al contrario, en este momento, nosotros tenemos que ir por detrás de los que están resistiendo a la dominación global que, de hecho, consiste no solamente en el capitalismo, sino también en el colonialismo y en el patriarcado. O sea, nuestras sociedades no son solamente capitalistas, son también colonialistas y son patriarcales. Es por eso que, a pesar de todas las victorias del movimiento feminista, tú tienes feminicidios: la violencia sigue en prácticamente todos los países. ¿Por qué? Porque esta sociedad necesita realmente que el capitalismo sea complementado con el colonialismo, el racismo, la islamofobia, el neocolonialismo, y obviamente el heteropatriarcado que lleva a cabo esta dominación.


Los que resisten a esta dominación triple tienen que unirse, articularse. Porque la tragedia de nuestro tiempo es que la dominación está unida, es decir, el capitalismo actúa junto con el colonialismo y el patriarcado, y la resistencia está fragmentada. Las mujeres luchan contra el patriarcado pero se olvidan del colonialismo, del racismo o del capitalismo. Los sindicatos, cuando luchan en contra del capitalismo, se olvidan del racismo y se olvidan del patriarcado... Estamos muy fragmentados. Entonces, la teoría de retaguardia es el principio que tenemos que acompañar los intelectuales, y ellos deben ser intelectuales y ser activistas. Tienen que ir ayudando a los que resisten, a quienes van más despacio, a quienes están resistiendo y tienen más dificultades. El subcomandante Marcos de los zapatistas lo ha formulado alguna vez muy bien. Hay que seguir ayudando a los que están a punto de desistir. Porque el neoliberalismo te crea tanto miedo y tanta esa idea de que no hay alternativa que una de dos, o tienes miedo y te paralizas o como no tienes hambre, haces de ti un cínico, y por eso convives con esta sociedad y crees que realmente es así, que no puede ser de otra manera. Por eso hay que ayudar a crear esta semilla de rebelión en la gente. Con otros principios, otros conocimientos, otras ideas, que te ayuden a mirar que otra sociedad es posible. Si esas ideas no son reconocidas no es porque no sean válidas es porque no tienen el poder que el capitalismo y el colonialismo y el patriarcado tienen hoy globalmente para imponerse.

¿Qué te provoca, qué te sugiere, el concepto de la utopía? ¿Tenemos que seguir hablando en esos términos o tenemos que olvidarnos de máximos?

Pienso que hay que retrabajar la idea de utopía, porque también parte del mismo principio modernista de que hay un único conocimiento válido y por tanto una sola sociedad bella, emancipada y liberada. Eso a mi juicio es un error. No hay utopía, hay utopías.


Por otro lado, se ha pensado en términos maximalistas, o sea, en términos de ruptura total en relación a lo que existe y no hemos utilizado otro tipo de concepto que existe, realmente en nuestra sociedad: los que buscan lo que llamamos hoy utopías realistas. Utopías concretas. Son los que, por ejemplo, reorganizan su vida, que crean cooperativas, sus comunas, su manera de vivir... son las zonas liberadas que existen en nuestras sociedades donde la gente busca una alternativa no para el futuro, sino para hoy.


Entonces, hay realmente una mentalidad utópica, pero no podemos pensar que lo que es bueno para mí como unidad tiene que ser universalizado para todos. Porque además, si ves las grandes utopías de Fourier o de Saint Simon, eran copias casi cuantitativas de lo que era la sociedad capitalista de su tiempo. Era el mismo mecanismo de pensamiento. Tienes que tener otro pensamiento que es mucho más plural. Si yo pienso de una manera más plural, si yo pienso ‘con’ y no pienso ‘sobre’, entonces tengo que admitir que lo que es utópico para mí o mejor no lo es para los otros y hay que dialogar y hay que buscar una ecología de utopías si quieres. Si yo hablo por ejemplo con los pueblos indígenas, si les digo que la utopía es el socialismo, responden fácilmente que es otra trampa blanca, porque realmente la izquierda en América Latina, ha sido siempre muy racista.


Entonces, la idea de una sociedad mejor tiene varios nombres, varias maneras de construirse. Lo que es importante, y lo que es utópico en nuestro tiempo, es pensar que esas alternativas existen y que se pueden incluso aplicar hoy a un nivel, a tu escala, que no tiene que ser la escala mundial, eso no va a ser posible, pero puede ser una utopía aquí. La utopía la tienes que construir a partir de tu cotidiano, y de la vida de los que comparten tu convivencia, tu comunidad, tu sociedad.

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