Miércoles, 25 Abril 2018 11:04

La cereza del consumo

La cereza del consumo

Inmersos en el nuevo mundo donde hay Internet en cada bolsillo, nos acostumbramos a vivir y convivir con la publicidad y su gran estimulo al consumo; tanto en el exterior, cuando tomamos nuestro amado transporte, como a la hora de consumir contenido, sea por medios tradicionales –como la televisión– o a través de la red más grande de información a la cual ya podemos acceder desde nuestros celulares; pareciera que la gran crítica al capitalismo moderno se ha vuelto totalmente real, la publicidad y el consumo nos han seducido casi que por completo. Pero ha llegado la cereza del pastel.

 

Comencemos con nuestros celulares, el precio que pagamos por ellos. Sea de gama media o alta, la extravagancia está socialmente aceptada; nos da prestigio e integración social tener uno de estos dispositivos y mostrarle al mundo a cada instante lo que estamos comiendo, a donde vamos en nuestras bicicletas o los lugares que visitamos en Semana Santa. Ya nos hemos acostumbrado a eso, y no está mal tampoco, trabajamos duro como para no merecernos unos cuantos lujos. También hay que decir que vivir conectados no es solo una tendencia, se ha convertido en una necesidad; muchos trabajamos con ello, buscamos clientes, arreglamos negocios, escribimos artículos y explotamos a fondo las posibilidades que nos brindan estos dispositivos.

 

Ahora bien, consumimos estos lujosos productos gracias a las influencias que nos rodean, publicidad, círculos sociales, tendencias de consumo, etcétera. Pero en esta ocasión, y haciendo un esfuerzo por no parecer un punk radical en contra del capitalismo, me encantaría que conocieran lo que para mí ha llegado a ser el extremo consumo.

 

Pensar en un buen vestir es pan de cada día en esta sociedad. Sin discriminar a nadie, tanto estudiantes universitarios como adultos jóvenes nos preocupamos por cómo nos vemos y qué demostramos con nuestra apariencia. En mayor o menor medida nos hemos vuelto cada vez más vanidosos y esto lo vemos reflejado, por ejemplo, en la tendencia de las barbas sexys que se alimenta de las redes sociales, de la cultura hipster, de las migraciones desde el Pacifico y hasta de los deportistas como Gerard Piqué, Arturo Vidal o Isco Alarcón, que sirven de inspiración a quienes compramos desesperadamente tratamientos capilares y buscamos que nos consientan en alguna de las barberías que aparecieron en el mapa de la noche a la mañana, después de pasar 10 años afeitando con una cuchilla desechable los 3 pelos que teníamos.

 

A diferencia de comprar nuestros lujosos celulares que nos mantienen conectados e informados, o de soñar con tener nuestra barba de leñador para exhibirla en Instagram, esta nueva tendencia de consumo nos lleva a ver qué tanto estamos dispuestos a pagar para ser aceptados dentro de un grupo de personas. El “HypeBeast” es una tendencia derivada del “Street Wear” o moda urbana, muy conocida a través de redes sociales, más específicamente en Instagram, donde encontramos gente que no compra su ropa por amor a la marca o por ser una necesidad de primera mano, tampoco porque sean amantes de la moda. Lo hacen siguiendo el ideal de ser un chico cool a quien no le importa el precio o la marca; la prioridad es consumir y sobre todo tener esa prenda que algún famoso usó.

 

Hasta ahora todo suena muy normal, gente comprando ropa y luciendo su compra. Pero siendo específico, podría asegurar que pocas personas tienen presupuesto a final de mes para comprar uno de estos “outfits”, o ¿por qué no? No se les antoja iniciar el mes con una gorra Palace por solo $170.000, con un abrigo Superdry en $340.000; hay que pensar en estos climas fríos y nada mejor que un Jersey Hackett por $391.000, una buena camisa Ralph Lauren por $374.000. Aunque nos falta la mitad, unos jeans de cualquier marca medianamente renombrada nos costarían alrededor de $119.000, y nada mejor que darle un buen estilo con un cinturón Gucci de $850.000; para terminar, unas buenas zapatillas Jordan Retro 8 en $500.000. Perfecto, estamos totalmente a la par con la moda urbana de hoy en día, y nos costó $2’744.000, mal contados.

 

No suelo ser el gran comprador de ropa, o al menos eso creo; pero algo me dice que si en mi próxima quincena me compro este outfit, comeré sopas instantáneas todo el mes y los del banco me romperán las piernas. Por suerte y dios nos libre de este mal, esta tendencia no ha llegado a ser gran cosa en países latinoamericanos; en Europa y Estados Unidos es mucho más fuerte, y ojalá que ni se acerque al país del Sagrado Corazón donde un pasaje de servicio público vale más que una lata de cerveza.

 

Pero todo esto no está lejos de un ejecutivo de alguna multinacional, un traje última colección de Emporio Armani llega a costar $2’676.000. Ahora bien, es muy diferente tener más de 40 años, manejar una empresa exitosa, ganar un jugoso salario e ir a reuniones con clientes. Pero resalto con diferencia el gasto sin motivo de los amantes de esta moda urbana, estamos hablando que por el mismo precio podría comprar 61 canastas de cerveza, ¡61! Lo sé, es una mala analogía, pero 61 canastas son mucha vida social y todos lo sabemos; pero para no parecer tan alcohólico, equivale también a tres y medio salarios mínimos.

 

Tal vez muchos de nosotros nos gastaríamos ese dinero pagando un par de materias pendientes en la universidad, ¿o por qué no? invertiríamos en un nuevo computador, en arreglar nuestra bici, meternos al gimnasio, un curso de inglés, pagar deudas, la cuota del carro o del apartamento, el estudio de nuestros hijos; cosas importantes para nuestras vidas, realmente importantes. Más allá que despilfarrar comprando ropa de marca que algún Dj o futbolista usó en su Instagram. Es cuestión de prioridades, somos demasiado susceptibles al contenido que consumimos a través de las nuevas plataformas, y allí es cuando no debemos olvidar ser autónomos a la hora de elegir qué comprar y sí realmente lo que compramos nos es útil, o simplemente es una vuelta más para la bola de nieve que llamamos consumo.

 

¿Y usted? ¿Qué haría con esos $2’744.000?

 

*Publicista

Publicado enEdición Nº245
La deuda global se aproxima rápidamente a los 250 billones de dólares


Tigran Kalaydjian explica la crisis de deuda en auge, y lo que significa para la economía global.

 En una era en la que los cálculos por billones son habituales, una cifra que todavía no se ha escuchado regularmente es billardo, pero eso puede estar a punto de cambiar. A medida que la deuda global total continúa su aumento inexorable y amenazador, sobrepasando los 233 billones de dólares en el tercer trimestre de 2017, se proyecta que alcanzará un cuarto de billardo de dólares en algún momento del año que viene. Para aquellos que no estén seguros de lo que significa, billardo es un 1 seguido de 15 ceros, o mil billones mirándolo de otra manera. Lo mires como lo mires, no se puede evitar el hecho de que este volcán activo de deuda eventualmente explotará y causará un cataclismo financiero de una ferocidad sin precedentes.


El coloso del endeudamiento monetario récord ha aparecido en todos los sectores de actividad económica. Desde los sistemas bancarios a los gobiernos, desde los negocios privados a los hogares, los niveles de deuda han aumentado increíblemente desde el colapso financiero de 2008, que se produjo, según se nos dijo, por la deuda excesiva.


Lo que es más inquietante es que mientras que hace una década los prestamistas más imprudentes estaban principalmente en los Estados Unidos y en la periferia europea, hoy el contagio ha azotado a aquellos previamente juiciosos respecto al crédito. Uno de los peores infractores es Canadá, cuyos hogares han destruido toda ilusión de prudencia y tienen ahora unas tasas de exposición de entre las más altas del mundo, superiores al 100% del PIB.


Otro país con deudas enormes es Australia. Su deuda nacional es mayor que el 120% del PIB (el doble de lo que era hace 20 años y 15 puntos porcentuales más que en 2007), mientras que más de un quinto de los propietarios de viviendas se encuentran en algún tipo demortgage stress [estrés hipotecario, que se refiere a destinar más del 30% de los ingresos al pago de la hipoteca], un hecho que impulsó al FMI a formular una advertencia el año pasado acerca de los riesgos de una gran contracción en caso de recesión o de otra crisis financiera.


Las deudas chinas se han hecho tan alarmantes que el partido dirigente ha tomado medidas urgentes para frenar los efectos potenciales. El sector bancario chino es más o menos tres veces el tamaño de su economía, y solo la deuda corporativa está actualmente cercana al 170% del PIB. En marzo de este año, el Banco de Pagos Internacionales hizo sonar la alarma sobre las economías de China y Hong Kong y advirtió que están en riesgo de crisis bancaria (también incluyó a Canadá en esa lista).


REINO UNIDO DUPLICA DESDE 2007, ESPAÑA TRIPLICA


Volviendo a Europa, la deuda nacional del Reino Unido como porcentaje del PIB es el doble de lo que era cuando golpeó la crisis global en 2007. En el sector privado, las deudas no garantizadas de tarjetas de crédito sobrepasaron los 70.000 millones en diciembre 2017, por primera vez en la historia. En Francia la deuda pública está cerca del 100% del PIB, en comparación con un 65% en 2007, mientras que el de España está igualado con el PIB cuando era un mero 35% en 2007.


Para Alemania el aumento en la deuda pública ha sido mucho menos pronunciado pero son los bancos del país los que ahora tienen una exposición excesiva, con deudas tóxicas del sector naval rondando por sí solas los cien mil millones de euros. Deutsche Bank en particular, enredado en escándalos y enfrentándose a multas regulares por ventas engañosas y artimañas financieras, parece claramente inestable (sin embargo, sus desgracias y considerables deudas de mala calidad no parecen haberle impedido pagar a su personal 2,2 mil millones de euros en bonus en 2017).


Mientras tanto, mirando a la periferia europea que tenía los problemas de deuda más grandes en el pasado reciente, el cuadro es uno de activos no rentables persistentemente elevados. Aunque los sistemas bancarios en Italia, Grecia, Chipre, Irlanda, España y Portugal han sido recapitalizados, las deudas de mala calidad no han visto los fuertes descensos previstos por el Banco Central Europeo. Esto se da especialmente en los tres primeros países de esa lista.


En Grecia, por ejemplo, las exposiciones no rentables (incluidas las partidas fuera de balance) alcanzaron los cien mil millones de euros a finales del año pasado, o alrededor del 45% de las exposiciones bancarias totales, con las ratios más altas siendo el crédito a los consumidores (53%) y las pymes (59%). La perpetuamente insatisfactoria economía de Italia continúa sufriendo y su frágil sistema bancario, lastrado por 350 mil millones de euros en deudas de mala calidad, se tambalea.


SIN BLANCA EN LA JUBILACIÓN


Fuera de este malestar global el flujo de estadísticas verdaderamente impactantes es totalmente descorazonador. He aquí una muestra: en Estados Unidos hay ahora más niños viviendo con padres en bancarrota que con divorciados; casi la mitad de todos los estadounidenses se estará jubilando sin blanca durante la próxima década (lo que se define como tener pocos o ningún ahorro o bien); hay más de cuatro millones de niños en el Reino Unido viviendo en la pobreza; la carga total de créditos que los estudiantes del Reino Unido estará soportando para mediados de este siglo será más de 300 mil millones de libras; más de uno de cada tres jóvenes en Grecia, España e Italia está desempleado.


Hay una pregunta que rara vez se hace: ¿hay crecimiento económico real ahí fuera que sea lo suficientemente fuerte como para proporcionar capacidad de pago de la deuda? A pesar de lo que nos dicen los bancos centrales, la respuesta es no. Estamos ahora en el octavo (en algunos casos el noveno) año de expansión, pero esta expansión ha sido extremadamente débil y ha sido alimentada por préstamos/gasto masivo del sector público y consumo aumentado del sector privado, también basado en los préstamos.


Muy poco del crecimiento que se ha registrado en Europa y Norteamérica desde 2000 ha sido impulsado por mejoras fundamentales en la productividad o aumentos en la capacidad productiva. Y se ha invertido muy poco en actualizar la infraestructura anticuada o estimular la productividad y los salarios reales. En vez de eso, la temeraria emisión de dinero y la expansión sin precedentes del crédito ha llevado a burbujas en la bolsa y la vivienda, las cuales están ahora mostrando señales inconfundibles de estallido.


Aunque el fuerte crecimiento simplemente no se da, los bancos centrales están ahora elevando los tipos de interés de forma generalizada, y el motivo es doble: primero, se dan cuenta de que los estímulos monetarios y la política monetaria laxa no podían continuar indefinidamente y de que han creado burbujas peligrosas, y segundo, necesitan la herramienta de la política monetaria cuando golpee la inevitable recesión, que saben que no está lejos. En otras palabras, necesitan desesperadamente tener tipos más altos para tener, cuando el crecimiento se vuelva negativo, una caja de herramientas repuesta con la que enfrentarlo.


Pero elevar los tipos en el contexto de niveles récord de deuda corporativa y doméstica no sólo empeorará la próxima recesión —empujando a las clases medias y trabajadoras en dificultades hacia el abismo— sino que provocará también derrumbes en la vivienda y la bolsa, quiebras masivas y una nueva crisis bancaria de una magnitud que estará más allá del poder de los bancos centrales.


¿Cómo reaccionarán esta vez los actuales gobiernos, vinculados a las grandes empresas? ¿Se atreverán de nuevo a rescatar a los bancos con dinero de los contribuyentes? ¿Ampliarán la experiencia de bail-in que se experimentó tan despiadada y cruelmente sobre los chipriotas en 2013? ¿Volverán a los estímulos monetarios, aunque más de diez billones de dólares se han añadido ya a los balances financieros de los cuatro principales bancos mundiales desde 2008? ¿O estarán obligados a dejar hundirse a los bancos, encontrar una forma de compensar a los titulares de depósitos hasta una determinada cantidad (100.000 euros en la UE por ejemplo) y atenerse a las consecuencias?


No hay duda de que el fracaso en abordar los problemas de la deuda excesiva y el comportamiento negligente o criminal de los bancos, o en anular modelos económicos erróneos han preparado el escenario para una crisis todavía peor que la de hace una década. La salida real de este embrollo en un medio o largo plazo (ya no hay remedios a corto plazo) es transformar las economías de manera importante, reducir el desproporcionado y descontrolado poder de las empresas sobre los trabajadores, eliminar su control sobre los medios de comunicación, los políticos y los dispositivos del poder político, restringir las actividades en las que se permite participar a los bancos, y hacer asequibles de nuevo bienes y servicios que son derechos humanos básicos: agua, energía, vivienda y educación.


Estas reformas no vendrán de gobiernos o partidos capitalistas y neoliberales sino del poder popular canalizado a través de órganos progresistas de la izquierda que tengan la voluntad de implementar soluciones radicales. Después de todo, la enfermedad que aflige al mundo desarrollado es de una severidad sin precedentes y no se puede curar tratando los síntomas antes que la patología subyacente.


Mientras tanto, los peligros del caos económico, el conflicto civil y la amplia miseria se hacen cada vez mayores, y el día de saldar cuentas se aproxima. Una buena indicación de que los principales banqueros están seriamente preocupados por el inevitable efecto boomerang es el hecho de que los dos centros financieros de Suiza, Zurich y Ginebra, están en la lista de las cinco ciudades europeas con el mayor consumo de cocaína (medido por los restos de la droga en sus aguas residuales). Muchos de ellos parecen necesitar drogas duras para aliviar sus miedos.

Por TIGRAN KALAYDJIAN
RED PEPPER

Publicado enEconomía
El control social de la mente en la era digital

Los dispositivos para el dominio de la mente y el cuerpo, con el fin de garantizar la sumisión al poder, se han reforzado en la era digital. Joseph Goebbels, a la sazón ministro de Ilustración y Propaganda en la Alemania del Tercer Reich, comprendió el significado de la difusión masiva de mensajes.

Goebbels hizo fabricar una radio de bajo costo para que fueran adquiridas por las clases trabajadoras y los sectores medios. Se le denominó "la radio del pueblo". Limitada a la recepción de emisoras alemanas, en 1933 su producción incorporaba una esvástica encima del dial. Fue una revolución. Goebbels convenció a Hitler.

El control de la mente del pueblo alemán se extendió. Las ondas hertzianas fueron el mecanismo utilizado para penetrar en los hogares. Noticias, discursos, partes de guerra, concursos, música, etcétera. Todo estaba diligentemente seleccionado. El nazismo hizo del radiotransmisor un instrumento de control político. Era perfecto. Las familias arremolinadas frente al aparato recibían las instrucciones para acudir a manifestaciones, estar a la moda o participar en actos políticos.

Por primera vez los radioescuchas, en tiempo real, asistían a una transmisión deportiva. Nadie dudó de su eficacia. El pueblo alemán fue agradecido. Se transformó en un devoto nazi pasivo, gracias a este regalo envenenado de Goebbels.

En 1933, sólo 25 por ciento de hogares poseía una radio. En 1941, en plena ofensiva nazi, la proporción se elevó a 67 por ciento. Todos los fabricantes de aparatos de radiodifusión fueron obligados a producir el modelo. Su precio, 76 marcos, era una bicoca frente a los oscilantes 200 a 400 que costaban los convencionales.

Hoy, junto al ordenador personal, en sus diferentes modalidades, tabletas, smartphones, se hace posible dirigir, controlar, manipular y proyectar el mundo acorde con las grandes compañías del big data. Los vínculos existentes entre Microsoft y Apple con el poder y su complicidad se hacen patentes cuando se destapan los escándalos de la dominación informática. Tanto Bill Gates como el desaparecido Steve Jobs siguieron la senda inaugurada por el Tercer Reich.

Bajo una especie de mecenazgo, actos de filantropía, donan y reparten ordenadores a países dependientes, colegios públicos, instituciones públicas, ministerios, etcétera. A la par, crean aulas de informática en universidades de los cinco continentes. Todo bajo el sello de una obra en bien de la comunidad, ocultando la verdadera razón de tales comportamientos. Acceder a información global, antes insospechada y menos aún posible de almacenar, dirigir y manipular. Hoy, estas empresas construyen perfiles específicos para usuarios individualizados. La línea entre el espacio público, lo privado y lo íntimo ha desaparecido. Han penetrado hasta lo más profundo de nuestro ser. No hace falta una orden de registro dictada por un juez para entrar en tu domicilio y realizar un registro. No es necesario abrir cajones, hurgar en el desván de tu casa para descubrir tus gustos de lectura, pasatiempos y amistades. La información se consigue de forma sibilina, menos tosca, sin violencia física. El control del cuerpo y la mente se hace global. De la biopolítica a la sicopolítica. El poder entró vía web. Se rastrean tus correos electrónicos, compras, cuentas bancarias, vacaciones. Con un algoritmo adecuado se construye el perfil que define tu personalidad, comportamiento, aficiones, ideología, si eres sumiso, dócil, conflictivo, etcétera. Gracias al GPS, la localización no es un problema.

Los estándares de la web están controlados. Google, Facebook, Amazon, Youtube y PayPal pertenecen al consorcio W3C, articulado al protocolo Http, sin el cual la World Wide Web no existiría. Los navegadores Chrome, Safari, Mozilla y Firefox tienen dueños: Microsoft y Apple. La informática de la dominación, ensamblada a los servicios de inteligencia, facilita el control de la mente. Por nuestras entradas editan perfiles exactos. No se trata sólo del uso de nuevas formas de identificación, como el reconocimiento facial. Saben los gustos, controlan nuestras emociones, sentimientos. Tienen acceso al conjunto de los ingresos, la ubicación. No es extraño que los dispositivos de hardware tengan como función prioritaria acceder a la web y sus servicios. Los nuevos amos de esta red, a decir del colectivo Ippolita, en su ensayo ¿La red es libre y democrática?, concluyen: "Poseen los códigos del software que usamos, las informaciones que les regalamos, la potencia de cálculo y la mano de obra para mantener todo en constante movimiento (mano de obra gratuita de los usuarios). Los nuevos amos digitales han plasmado una mentalidad, han proporcionado una idea del mundo y cada día van anunciando la buena nueva de la web 2.0. Más de 20 años después de la puesta online del primer sitio www, nos descubrimos adeptos a una nueva religión, de la que desconocemos origen y estructura, pero cuya liturgia aplicamos cada día con meticulosa diligencia".

El capitalismo de la era digital articula un sistema totalitario, en el cual, curiosamente, nos sentimos cada vez más libres, creyendo que nuestras navegaciones en red acaban con el control social del poder analógico ejercido por una clase social o una élite dominante transversal. La gratuidad de los servicios de la web debería hacernos pensar. El capitalismo no regala nada a cambio de nada. Sin dudarlo, el complejo industrial, militar, tecnológico y financiero ha sido capaz de entrar en nuestra mente, minar la capacidad de resistencia, favoreciendo la adoración de nuevos dioses articulados a los dispositivos fetiches de la web.

 

 

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Viernes, 06 Abril 2018 06:24

Drogas a la estadounidense

Drogas a la estadounidense

La proliferación de diversas drogas por todo el territorio estadounidense tiene conmocionada a la población pues en casi la mayoría de los hogares existe algún familiar adicto a ese destructor flagelo.

Las cifras oficiales resultan escalofriantes: En 2016 murieron por sobredosis de drogas más de 59 000 personas, más del total de soldados estadounidenses muertos durante la invasión a Vietnam. Solo los opioides destruyeron la vida de 17.536 habitantes. Nadie escapa a la drogadicción en la nación.


Si la marihuana y la cocaína han sido durante años las principales sustancias que han proliferado por Estados Unidos, consumidas por adultos, jóvenes y hasta menores de edad, ahora se han impuesto otras mucho más peligrosas en ese profuso mercado que resulta muy difícil de controlar.


Entre las razones fundamentales de los innumerables actos de violencia y asesinados masivos con armas de fuego ocurridos en escuelas, supermercados, iglesias y lugares de recreación en Estados Unidos aparecen dos cuestiones principales: la tenencia indiscriminada de armas por parte de la población impulsada por la Asociación Nacional del Rifle y la proliferación del consumo de drogas entre jóvenes y adultos.


Según el Gun Violence Archive (Archivo de Violencia Armada) entre enero y octubre del año 2017 fallecieron en Estados Unidos 545 menores por disparos, ocurrieron 274 tiroteos masivos, se registraron 46 595 incidentes de violencia con armas de fuego con resultados de 11 652 muertes y 23 516 heridos (sin incluir 22 000 suicidios anuales aproximadamente). Las drogas estaban tras muchos de esas desgracias.


Desde 1970 han muerto más estadounidenses a causa de armas que el total de los que perdieron sus vidas en todas las guerras en la historia del país, desde la Independencia (1776). Nicholas Kristof, columnista del New York Times, informó de que cada día unos 92 pierden sus vidas por armas de fuego, recordó.


Ahora, en esa sociedad tan agresiva, cuyo país esta catalogado como el principal consumidor de todo tipo de drogas que van desde la cocaína, marihuana, LSD, heroína y metanfetamina (también conocidas como crank, speed , ice y tina) se suman en los últimos años las medicinas con opioides fabricadas por la industria farmacéutica de Estados Unidos.


La compañía Purdue Pharma lanzó al mercado en 1996 su producto OxyContin, un opioide que le produjo a los cuatro años ingresos de 1.100 millones de dólares. Debido a la obtención de tan rápidas ganancias, otras grandes compañías sacaron al mercado los productos Percocet y Vicodin, también opioides.


Como siempre hacen los medios de comunicación occidentales que se prestan a hacer propaganda de cualquier producto siempre que les brinden altos pagos por los anuncios, Purdue utilizó una agresiva campaña de mercadeo por radio, prensa escrita, programas de televisión así como con médicos, a través de los cuales prometía que el OxyContin, no era nada adictivo y libraría a cualquiera del dolor.


Ya en 2016 se expidieron alrededor de 300 millones de recetas para fármacos con opiáceos que alcanzaban según un medio especializado de salud para entregar un pomo de calmantes a cada estadounidense, incluidos los recién nacidos.


El mercado ascendía a 24 000 millones de dólares al año, al transformante de un fuerte calmante a una adicción con enorme dependencia. Numerosos jóvenes comenzaron a consumirlas en las fiestas junto con bebidas alcohólicas.


Las poderosas corporaciones farmacéuticas, lograron lo que no han podido hacer las grandes mafias traficantes de drogas: distribuirla legalmente e incluso con receta.
Como siempre sucede en Estados Unidos donde las poderosas compañías compran a políticos, abogados, cabilderos, representantes y senadores, la millonaria familia Sackler, dueña de Purdue Pharma ha entregado abundante dinero a obras “humanitarias y caritativas”, mientras su producto OxiContin le ha reportado desde 1995 más de 35 millones de dólares.


En el sur de la Florida, el consumo de cocaína sigue siendo la droga más usada, pero ya se han extendido los opioides como el fentanil y la heroína que han acabado con la vida de miles de personas que no pueden desistir de consumirlas.


A la par, la metanfetamina se abre paso y en los dos últimos años ha provocado más sobredosis, creado una nueva ola de adictos. Solo en Florida el pasado año murieron por sobredosis de metanfetamina, 621 personas, el doble que en 2016 y otras miles han estado envueltas en trifulcas, agresiones, robos y todo tipo de altercados.
Se afirma que en Estados Unidos las drogas son una voraz epidemia que alcanza a la mayoría de las familias, pero la realidad es que la verdadera epidemia está en el sistema imperante donde el bienestar de la población no resulta importante por encima prevalecen el negocio y la acumulación de dinero de la minoría rica.


Por Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano, especialista en política internacional.

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Sábado, 24 Marzo 2018 06:51

¿Por qué vendemos nuestros datos?

¿Por qué vendemos nuestros datos?

En la actualidad el 51 por ciento de la población mundial accede a Internet, el 41 lo hace a través de computadoras personales y existen más de 5052 millones de usuarios con dispositivos móviles. A la vez, es más común tener presencia en redes sociales y compartir millones de datos “inocentemente” en la nube. En este escenario, Facebook te pregunta constantemente en qué pensamos y diligentemente respondemos. ¿Nos espían o vendemos nuestros datos?


Al comentar sobre este fenómeno que “hemos asumido como natural”, Gabriel Zurdo, del Grupo San Francisco Internacional, expuso en Informática 2018 que “la nube es el elemento que propició que estemos amenazados constantemente. Muchas veces no pensamos en quién administra esos datos ni qué uso se les da. La conectividad total llegó y es directamente proporcional a la adquisición de conocimientos. Sin embargo el principal problema está en el factor humano”, expresó.
La ciberseguridad es una de las principales obsesiones para las grandes compañías y empresas, y tienen motivos. El coste de los ataques a nivel global ha subido casi un 62% desde 2013, según un estudio realizado.


“Apilar tecnología en este mundo conectado no nos indemniza de tener en cuenta al factor humano. Invertir grandes cantidades de dinero en desarrollar e implementar nuevas tecnologías para detener a los hackers parece ser una medida básica y obvia. A pesar de nuestra predilección por usar tecnología para resolver lo que parecen ser problemas tecnológicos, estamos pasando por alto una de las amenazas más persistentes de la ciberseguridad: el comportamiento humano“.


En el caso argentino, explicó el también CEO de BTR Consulting, el 83 % de la población dedica 8 horas a sus computadoras, mientras que el 70 % de los argentinos están vinculados a redes sociales.


“Dónde está el problema, en el uso que le damos a nuestros datos. Se estima que el 58 % de las personas publica su teléfono en redes sociales. El 30% de la población menciona el lugar y hora de trabajo, el 22 % comparte información de su domicilio y un 20 % comparten fecha y lugar de vacaciones. Eso es información de inteligencia. No hace falta hackeo, la mayoría de los casos de suplantación de identidad y delitos económicos vienen de acá”, advirtió Gabriel Zurdo.


El especialista subrayó la existencia de una falta de conciencia de lo que representan estos datos y muchas veces facilitamos información innecesaria que solo conlleva a que se realice “con nosotros” un estudio de mercado.


Ejemplo de ello es el escándalo que envuelve la violación de datos extensiva que realizó la empresa Cambridge Analytica, la cual se dedicó a recolectar información para procesos electorales, a través de Facebook.


La empresa de Mark Zuckerberg actualmente enfrenta procesos legales en diversos países de la Unión Europea, donde incluso ha recibido multas millonarias por recopilar datos sobre ideologías, sexo, gustos personales, navegación y creencias religiosas.


Al comentar sobre los casos de hackeos masivos acaecidos durante 2017, Gabriel Zurdo dijo que no se trata de una casualidad, sino que parten de las vulnerabilidades presentes en la nube.


“Wannacry fue emblemático. En el caso de España, por ejemplo, algunas compañías telefónicas tuvieron que apagar sus servicios, y en el Reino Unido se paralizó la atención médica en todos los hospitales. Este ataque afectó a 150 países y se registraron unas 450 mil violaciones”, comentó.
Otro de los ciberataques más sonados el año pasado fue el de Equifax, donde 143 millones de registros sufrieron daños y los datos fueron usados para fraudes de identidad.


Números que debe conocer sobre los ataques cibernéticos:


50 % de las compañías son víctimas de ciberataques.
22 % de las compañías perdieron clientes por ciberataques
29 % de las compañías perdieron ingresos
22 % de las compañías perdieron oportunidades de negocios
Durante la conferencia magistral de este viernes, se advirtió que aunque en 2017 aumentó en un 22.7 % el gasto en ciberseguridad también crecieron en un orden del 27.4 % los ataques.


“Los estados y los gobiernos deben crear estrategias nacional para enfrentar los delitos informáticos. Hay falta de regulación, políticas de estado y existen legislaciones débiles. Debemos crear una cultura y una conciencia de ciberseguridad”, enfatizó.


Cuando es sabido por todos que “nuestros datos valen dinero, que nuestros hábitos y nuestras preferencias son algo muy valioso para empresas a la hora de conocer, en última instancia, qué productos promocionarnos, se hace más necesario que nunca concientizar qué datos ofrecemos. No se trata de aislarnos, pero sí de asumir los nuevos retos que implica vivir en una sociedad interconectada”, concluyó.

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Detectan partículas de plástico en agua embotellada de varias marcas

Encontraron restos de polipropileno, nylon y PET, usado para hacer las tapas

Evian, Aqua, Aquafina, Dasani, Nestle Pure Life y San Pellegrino, parte de los productos analizados

El agua embotellada de numerosas conocidas marcas de todo el mundo está contaminada con partículas de plástico cuyos peligros para la salud aún se desconocen, según un estudio.

Científicos analizaron el agua de más de 250 botellas en nueve países (Brasil, México, China, Estados Unidos, India, Indonesia, Kenia, Líbano y Tailandia), bajo la coordinación de Sherri Mason, profesora de la Universidad Estatal de Nueva York en Fredonia, de acuerdo con un resumen del estudio publicado en la plataforma periodística Orb Media.

Se halló plástico en 93 por ciento de las muestras de agua embotellada de marcas como Epura, Evian, Aqua, Aquafina, Dasani, Bisleri, Gerolsteiner, Minalba, Wahaha, Nestle Pure Life y San Pellegrino.

Entre los restos de plásticos hallaron partículas de polipropileno, nylon y tereftalato de polietileno (PET), usado para hacer tapas de botellas. En promedio, encontraron en las botellas de un litro de agua 10.4 partículas de una medida cercana a los 0.10 milímetros. Las partículas más pequeñas eran más abundantes: 314.6 por litro de agua de media.

Creo que estos vienen de los procesos de embotellamiento, y que la mayor parte proviene de la misma botella, de su tapón y del proceso industrial de embotellamiento, explicó Mason..

El agua en botellas de vidrio también contenía microplásticos, señala el estudio.

Se desconoce el alcance de los riesgos que representan estas partículas para la salud humana.

Hay una relación con ciertos tipos de cáncer, con la disminución de la cantidad de espermatozoides e incluso con el aumento de algunas enfermedades como el trastorno del déficit de atención o el autismo, declaró Mason.

Según la experta en microplásticos, se ha determinado que estas diferentes afecciones están relacionadas con la presencia de productos químicos sintéticos en el medio ambiente.

Sabemos que los plásticos constituyen un medio para que esas sustancias entren en nuestro cuerpo, explicó.

 

La de grifo, más segura

 

Un estudio anterior, también publicado por Orb Media, había mostrado que en el agua de grifo también estaban presentes partículas de plástico, aunque en cantidades más pequeñas.

El agua del grifo, en general, es mucho más segura que la embotellada, afirmó Mason.

El estudio se realizó a lo largo de tres meses empleando una técnica desarrollada por la Escuela de Química de la Universidad de East Anglia (UEA), en Inglaterra, que permite visualizar micropartículas de plástico gracias a un colorante luminiscente.

Se nos pidió supervisar los resultados y la metodología de forma independiente, para asegurarnos de que el estudio es sólido y creíble, explicó Andrew Mayes, científico de la Escuela de Química de la UEA. Según el experto, los resultados son coherentes.

Jacqueline Savitz, directora para América del Norte de Oceana, una organización no gubernamental que lucha contra la contaminación del océano, dijo que el estudio proporcionaba una razón más para limitar la producción de botellas de plástico.

Es más urgente que nunca hacer que esos envases sean cosa del pasado, declaró Savitz, cuya organización no participó en el estudio.

La Federación Nacional de Agua Envasada y Embotellada (Fnece) de Francia aseguró en un comunicado que el agua producida y vendida en Francia era de la más alta calidad.

El organismo subrayó que no existía una metodología oficial para analizar microplásticos ni un consenso científico.

La Asociación Internacional de Agua Embotellada consideró que esta investigación no se apoya en una ciencia confiable y no ha sido revisado por pares, como es habitual en el campo de las publicaciones científicas.

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Jueves, 15 Febrero 2018 06:20

Malas noticias desde el Norte

Malas noticias desde el Norte

El índice de precios al consumo de Estados Unidos creció un 0,5 por ciento en enero, llevando la inflación interanual (últimos doce meses) al 2,1 por ciento. El resultado informado ayer por el Departamento de Trabajo fue peor a las expectativas de los analistas, que preveían un aumento de tres décimas en el mes y 1,9 por ciento en el año transcurrido. El dato de inflación reavivó los pronósticos de una suba de las tasas de interés que fija la Reserva Federal de Estados Unidos por encima de lo inicialmente esperado. En su próxima reunión de marzo -prevista para los días 20 y 21–, la autoridad monetaria de ese país debería las tasas de los bonos a diez años del Tesoro para el próximo trimestre, que actualmente se encuentran en el rango 1,25/1,50 por ciento anual. Una suba significativa representaría una noticia preocupante para el mundo, especialmente para países muy endeudados en dólares y con necesidades permanentes de renovación del crédito internacional, como es el caso de Argentina. 

Los datos divulgados por el Departamento de Trabajo en Washington confirman las presiones inflacionarias sobre la economía de la primera potencia occidental. El informe indica que, a diferencia de meses anteriores cuando los incrementos se dieron en rubros más puntuales, esta vez se trató de un “aumento generalizado”, con subas registradas en combustibles, ropa, vivienda, sanidad y automóviles.
En opinión de algunos especialistas, el dato de la suba de la inflación no sorprende sino que debe ser tomado como una tendencia de la economía estadounidense. Tal es el caso de Nathan Sheets, ex funcionario del Tesoro y de la Reserva Federal (FED), quien apuntó que “estamos en un lugar donde la inflación es probable que aumente gradualmente, más o menos en línea con las previsiones de la FED, y es coherente con una economía donde estamos viendo un fortalecimiento de los mercados laborales y un sólido crecimiento”. La tasa de desempleo se mantuvo en enero en el 4,1 por ciento. La más baja desde el año 2000, y la economía alcanzó un ritmo anual de crecimiento del 2,6 por ciento en el último trimestre de 2017.
Jerome Powell, que apenas dos semanas atrás reemplazó a Janet Yellen al frente de la Reserva Federal, tendrá la oportunidad el día 20 de marzo de presidir por primera vez una reunión de directores de la Reserva Federal. La FED había previsto, antes de que Yellen dejara el cargo, tres aumentos moderados de la tasa a lo largo del año en curso. Sin embargo, con los datos actualizados de la inflación se estima más probable que sean cuatro los aumentos, o bien se amplíe el margen de modificación en cada paso o escalón.
El dato no es inocuo para la economía argentina. En la medida en que la mayor inflación se traslade a la tasa de referencia para los bonos del Tesoro de Estados Unidos, habrá malas noticias. Para la Argentina, las futuras emisiones de deuda deberán ofrecer una tasa más alta que la pagada hasta el momento. La tasa se compone de una parte no competitiva, que es equivalente a la tasa de los bonos del Tesoro estadounidense. La otra parte, la competitiva, es el riesgo país, que es diferente para cada nación deudora según la calificación que tenga para las firmas calificadoras de riesgo de Wall Street. En el caso de Argentina, esta tasa de riesgo viene subiendo (el país está pasando a ser un deudor de riesgo). En pocas semanas, el país pasaría de pagar una tasa del 4 al 4,5 por ciento a otra del 7 por ciento, por el impacto combinado del aumento de ambos componentes: la tasa de referencia de Estados Unidos y el riesgo país de Argentina.


Ello en cuanto al impacto directo sobre el costo del financiamiento. A este primer efecto debería agregarse la posibilidad de que el gobierno enfrenta mayores dificultades para la obtención de crédito en el exterior, porque la suba de tasas en Estados Unidos, combinado con el mayor riesgo de impagabilidad de la deuda argentina, puede producir lo que se denomina “fly to quality” (vuelo a la calidad). Ello significa que el inversor opta por los destinos más seguros como opción más conservadora, abandonando o desechando las opciones de riesgo aunque éstas resulten más rentables. Esto ya se estaría verificando en algunos planos. Observando este mismo fenómeno, un analista del periódico especializado Ambito Financiero señaló ayer que, “en el caso de las provincias, la situación se volvió más compleja (…) Las empresas, por el momento, se quedaron sin la posibilidad de colocar deuda en el mercado internacional, al menos hasta que el contexto de los mercados se tranquilice”.

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Jueves, 15 Febrero 2018 06:03

Decadencia

Decadencia

¿Están las sociedades “occidentales” socialmente enfermas? El mundo ha entrado en una espiral decadente en la que va dejando lo poco que le quedaba de aquello llamado humanidad. El panorama no invita al optimismo, matamos el planeta y nos matamos entre todos. Pagando el pato quienes menos culpa tienen, como siempre.


Algunas personas sufren, con todo el derecho, por cosas nimias. Sus cosas. Mientras, hay verdaderas debacles ambientales y sociales. Las migraciones, el cambio climático, los recortes en derechos, los abusos generalizados contra menores y mujeres, las exclusiones por múltiples motivos, las salvajadas contra los animales,


Muestras de una decadencia que no creo que haya que aceptar como parte determinada de una etapa de la vida, de la persona o de una sociedad concreta. A principios del siglo XX, Spengler ya escribió que la cultura occidental estaba en su etapa final. Una etapa que se alarga hasta nuestros días, que sigue empeorando y que se extiende por todo el globo como si fuera una epidemia.


Cuando se supone que mejor podríamos vivir gracias los avances científicos y tecnológicos, a una mayor y mejor formación ciudadana y académica, a unas sociedades en las que van arraigando, poco a poco eso sí, las democracias, nos encontramos en una situación de empobrecimiento social más que preocupante.


En Florencia (Colombia) un descerebrado, por llamarlo de alguna manera, viola una bebé. En Jaén (España) estudiantes menores de edad abusan sexualmente de un compañero de colegio. En EE.UU. un estudiante acaba con la vida de varios de sus excompañeros de colegio dejando decenas de heridos. En Haití, aprovechándose de la desgracia ajena y de su condición de cooperantes, un grupo de empleados británicos de una ONG de fama mundial tuvieron “una conducta sexual inapropiada”.


¿A dónde puede llegar la bajeza del ser humano? ¿Qué les pasará a esos delincuentes? A los españolitos puede que no se les puede acuse por ser menores. Pequeños para sufrir la pena pero grandes para cometer el delito. Al violador colombiano, al asesino estadounidense (que esta vez no han vinculado, de momento, con el Estado Islámico) y a los sinvergüenzas disfrazados de “solidarios” veremos qué les pasa. Hay gente que parece no estar en sus cabales, y cualquiera diría que existe riesgo de contagio.


Mientras, la vida sigue y acá como si nada hubiera pasado. Y ahora, más deporte. Gente que sufre por los colores de su equipo. Un grupo de personajes que cobran más de lo que se merecen por hacer lo que les gusta, con una masa detrás que les vitorea o insulta en función de unos resultados que para nada afectan a sus ganancias.


O más política, con minúscula. Los políticos, que venden humo y casi nos obligan a comprarlo, siguen ajenos a las realidades que les rodean. Como si sus vidas no fueran de este mundo. Nadie se rasga las vestiduras, casi nadie dimite, y se empecinan en pelear por unos votos que luego olvidan. Siguen siendo las y los privilegiados en sociedades con una gran parte de la población luchando a diario por sobrevivir. Endurecen las condiciones de vida de las gentes a las que piden el voto mientras se dedican a enriquecerse y mantener sus privilegios y no cumplir con la res pública, esa por la que se postulan a gobernarnos y que se supone que prometen defender.
¿Dónde está la ética?, ¿y la solidaridad y la comprensión del prójimo?, ¿dónde la responsabilidad?


Sin caer en la pacatería ni en el puritanismo que pueden poner en riesgo la libertad y los derechos sociales que tantas luchas y sudores, y hasta vidas, han costado conseguir, debemos demandar recuperar cierto humanismo y comportamiento ético que nos resitúe como seres pensantes.


No podemos apartar la vista de la barbarie del mundo. “El hombre no nace, se hace”, que diría Erasmo, y en esa formación tendremos que incidir para evitar seguir cayendo en ese declive humano y social en el que hemos metido a este mundo ya de por sí jodido y chambón.

15FEB2018

Publicado enCultura
Jueves, 08 Febrero 2018 06:38

Drogas, un mundo sin fin

Drogas, un mundo sin fin

National Geographic Channel ha lanzado, vía Netflix, una serie de capítulos bajo el título Drugs, Inc. Se trata de un documental sobre el consumo y venta de drogas, además del combate respectivo, en diversas ciudades de Estados Unidos y de otros países como Canadá, Reino Unido, República Dominicana, Jamaica (con 10 veces más violencia por armas que el promedio de Estados Unidos), etcétera. Puerto Rico es un caso verdaderamente dramático por su deterioro social y de salud.

Entre 2012 y 2013 –se mencionó en la serie citada– el negocio de la droga equivalió a 350 mil millones de dólares anuales y las policías comunes y especializadas han llegado a la conclusión de que es un tema que está muy lejos de ser resuelto, si es que se resolverá. Combaten las drogas y sobre todo a quienes las suministran, pero están absolutamente rebasadas y reconocen que nunca van a ganar. Mientras exista demanda la oferta continuará y crecerá. Más todavía, el número de drogas y variantes de las mismas aumenta por días, incluso el de medicamentos con recetas y de venta libre que, mezclados con otros productos, son consumidos por personas para quienes la muerte no es una advertencia o foco rojo sino, en ocasiones, un estímulo para seguir consumiéndolas. Sorprendentemente, hay drogas que sus consumidores saben que los van a matar en cualquier momento y, conforme crece el número de muertos, aumenta la demanda. La locura. No hay límite en el horizonte ni solución a la vista ni en la imaginación de quienes se dicen expertos.

Detrás de las fachadas lujosas de residencias y edificios de algunas ciudades y barrios, hay un mundo de drogadicción y de venta callejera, por teléfono e Internet y hasta por correo para todas las clases sociales y niveles de edad, con muertos por todos lados y por diferentes motivos. No hay drogas sin armas y violencia, como tampoco hay prostitución masculina y femenina sin drogas u otros medios de dominación y control. Nada de esto ve el ciudadano común y corriente ni el turista que no busca ocasionalmente o por hábito drogas o prostitución. Ni siquiera la gente que vive en suburbios y zonas caras está a salvo de caer en la tentación de consumir alguna droga y muchas de esas sustancias son adictivas con sólo probarlas una o dos veces.

El mundo de las drogas no duerme ni descansa, sea donde sea y no sólo en Las Vegas, que presume de funcionar 24 por siete por 365. Hay drogas de cinco a 500 dólares la dosis, unas en las calles para los pobres y otras en su casa vía special delivery para ricos, igual sean músicos o actores que corredores de bolsa o hijos aburridos de millonarios. Los pobres, como en todos lados, se droguen o no, son obviamente los menos favorecidos, pero los pobres y drogadictos son verdaderamente lastimosos, peores que un perro callejero con sarna, tumores en el cuerpo y sin comida. Buena parte de ellos terminan tirados en las calles, vivos o muertos. Se les trata de ayudar (ocasionalmente), pero viven para las drogas y mueren por ellas. No hay modo de hacerlos abandonarlas, aunque algunos, muy pocos, lo logran. Muchos de ellos matarían a su propia madre por cinco gramos de crack o de heroína. Y los vendedores se justifican diciendo que ellos sólo suministran placer y que no obligan a nadie a consumir. Suelen decir, también a manera de descargo, que si no venden ellos otros lo harán. Y ni modo, así es; el negocio es el negocio aunque en él les vaya la vida o la libertad.

Las antiguas drogas, como las opioides, siguen usándose, y cada vez más fuertes. Tanto que muchos drogadictos consumen incluso carfentanilo, de uso veterinario para anestesiar elefantes (es 100 veces más potente que el fentanilo y 10 mil veces más que la morfina). Obviamente la mayoría de los consumidores de estas drogas muere en el intento de escaparse de su realidad, normalmente mala o sin alternativas. La cocaína sigue usándose también y representa, junto con la heroína, una de las drogas más redituables para las mafias que la producen y comercializan (de ambas, alrededor de 153 mil millones de dólares anuales en el mercado mundial). Sin embargo, el mercado estadunidense se ha visto invadido crecientemente por metanfetaminas que son fáciles de sintetizar y relativamente menos costosas que sus predecesoras. Son más poderosas que las anfetaminas y más adictivas que éstas. Ambas, como adicción, son sumamente peligrosas para los consumidores. Sus estragos son indescriptibles y muchos terminan como zombis. Buena parte de la producción de anfetaminas es mexicana, para depender cada vez menos de la cocaína colombiana y suele usarse inhalada o fumada en su formato de cristales molidos. El MDMA, también conocido como éxtasis, pertenece también a la familia de las anfetaminas y se consume principalmente en fiestas por sus efectos en el estado de ánimo (enorme alegría) e hiperactividad.

Hay ciudades, como Detroit (para sólo citar un ejemplo altamente significativo), donde la gente huye abandonando incluso sus casas, mismas que son ocupadas en corto plazo por personas que las usan para drogarse y morir en condiciones de degradación en todos los sentidos (40 por ciento o más de la población ha abandonado Detroit, más que otras ciudades con altos niveles de desempleo y de pobreza). Cuando uno ve series como Grey’s Anatomy, por mencionar alguna, uno no se imagina lo que realmente sucede con el trasiego y consumo de drogas en Seattle, Washington, donde supuestamente se desarrolla. Y así, lo mismo, en las principales ciudades de Estados Unidos y algunas también de Canadá.

¿Y qué pueden hacer las autoridades? Muy poco, incluso con la mejor intención y sin corruptelas de por medio. ¿Legalizarlas o no? ¿Tolerarlas o proscribirlas? No se sabe, bien a bien. El antecedente más citado es el del alcohol, su prohibición y el fin de ésta. El alcohol, como el tabaco, son legales, pero esto no ha impedido el contrabando ni el mercado negro, sobre todo de productos adulterados, más baratos que los de marca reconocida. El contrabando es un delito, como el trasiego de drogas, normalmente acompañado de armas y otros medios igualmente ilícitos. Se intenta legalizar o despenalizar el consumo de mariguana (en algunos lugares ya existe), pero como no es universal persiste el contrabando. Pero el consumo de cannabis, comparado incluso con el alcohol, es menos perjudicial socialmente, como el tabaco: no figuran en las estadísticas quienes hayan asesinado por conseguir un porro, una copa de ron o un cigarro. En cambio sí se sabe que por las otras drogas mencionadas los adictos son capaces de todo, incluso de morir en la calle por sobredosis o por deterioro físico y mental.

¿Qué hacer? Si no lo saben los expertos, menos yo. Por lo pronto se antoja falso aquello que dice que problema que no tiene solución no es problema.

rodriguezaraujo.unam.mx

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“Ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose”

Las Torres Gemelas, edificios iguales entre sí y que se reflejan mutuamente, un sistema cerrado en sí mismo, imponiendo lo igual y excluyendo lo distinto y que fueron objetivo de un atentado que abrió una brecha en el sistema global de lo igual. O la gente practicando binge watching (atracones de series), visualizando continuamente solo aquello que le gusta: de nuevo, proliferando lo igual, nunca lo distinto o el otro... Son dos de las potentes imágenes que utiliza el filósofo Byung-Chul Han (Seúl, 1959), uno de los más reconocidos diseccionadores de los males que aquejan a la sociedad hiperconsumista y neoliberal tras la caída del muro de Berlín. Libros como La sociedad del cansancio, Psicopolítica o La expulsión de lo distinto (en España, publicados por Herder) compendian su tupido discurso intelectual, que desarrolla siempre en red: todo lo conecta, como hace con sus manos muy abiertas, de dedos largos que se juntan mientras cimbrea una corta coleta en la cabeza.

“En la orwelliana 1984 esa sociedad era consciente de que estaba siendo dominada; hoy no tenemos ni esa consciencia de dominación”, alertó ayer en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), donde el profesor formado y afincado en Alemania disertó sobre la expulsión de la diferencia. Y dio pie a conocer su particular cosmovisión, construida a partir de su tesis de que los individuos hoy se autoexplotan y sienten pavor hacia el otro, el diferente. Viviendo, así, en “el desierto, o el infierno, de lo igual”.


Autenticidad. Para Han, la gente se vende como auténtica porque “todos quieren ser distintos de los demás”, lo que fuerza a “producirse a uno mismo”. Y es imposible serlo hoy auténticamente porque “en esa voluntad de ser distinto prosigue lo igual”. Resultado: el sistema solo permite que se den “diferencias comercializables”.


Autoexplotación. Se ha pasado, en opinión del filósofo, “del deber de hacer” una cosa al “poder hacerla”. “Se vive con la angustia de no hacer siempre todo lo que se puede”, y si no se triunfa, es culpa suya. “Ahora uno se explota a sí mismo figurándose que se está realizando; es la pérfida lógica del neoliberalismo que culmina en el síndrome del trabajador quemado”. Y la consecuencia, peor: “Ya no hay contra quien dirigir la revolución, no hay otros de donde provenga la represión”. Es “la alienación de uno mismo”, que en lo físico se traduce en anorexias o en sobreingestas de comida o de productos de consumo u ocio.


‘Big data’.“Los macrodatos hacen superfluo el pensamiento porque si todo es numerable, todo es igual... Estamos en pleno dataísmo: el hombre ya no es soberano de sí mismo sino que es resultado de una operación algorítmica que lo domina sin que lo perciba; lo vemos en China con la concesión de visados según los datos que maneja el Estado o en la técnica del reconocimiento facial”. ¿La revuelta pasaría por dejar de compartir datos o de estar en las redes sociales? “No podemos negarnos a facilitarlos: una sierra también puede cortar cabezas... Hay que ajustar el sistema: el ebook está hecho para que yo lea, no para que me lea a mí a través de algoritmos... ¿O es que el algoritmo hará ahora al hombre? En EE UU hemos visto la influencia de Facebook en las elecciones... Necesitamos una carta digital que recupere la dignidad humana y pensar en una renta básica para las profesiones que devorarán las nuevas tecnologías”.


Comunicación. “Sin la presencia del otro, la comunicación degenera en un intercambio de información: las relaciones se reemplazan por las conexiones, y así solo se enlaza con lo igual; la comunicación digital es solo vista, hemos perdido todos los sentidos; estamos en una fase debilitada de la comunicación, como nunca: la comunicación global y de los likes solo consiente a los que son más iguales a uno; ¡lo igual no duele!”.


Jardín. “Yo soy diferente; estoy envuelto de aparatos analógicos: tuve dos pianos de 400 kilos y durante tres años he cultivado un jardín secreto que me ha dado contacto con la realidad: colores, olores, sensaciones... Me ha permitido percatarme de la alteridad de la tierra: la tierra tenía peso, todo lo hacía con las manos; lo digital no pesa, no huele, no opone resistencia, pasas un dedo y ya está... Es la abolición de la realidad; mi próximo libro será ese: Elogio de la tierra. El jardín secreto. La tierra es más que dígitos y números.


Narcisismo. Sostiene Han que “ser observado hoy es un aspecto central de ser en el mundo”. El problema reside en que “el narcisista es ciego a la hora de ver al otro” y sin ese otro “uno no puede producir por sí mismo el sentimiento de autoestima”. El narcisismo habría llegado también a la que debería ser una panacea, el arte: “Ha degenerado en narcisismo, está al servicio del consumo, se pagan injustificadas burradas por él, es ya víctima del sistema; si fuera ajeno al mismo, sería una narrativa nueva, pero no lo es”.


Otros. Es la clave de sus reflexiones más recientes. “Cuanto más iguales son las personas, más aumenta la producción; esa es la lógica actual; el capital necesita que todos seamos iguales, incluso los turistas; el neoliberalismo no funcionaría si las personas fuéramos distintas”. Por ello propone “regresar al animal original, que no consume ni comunica desaforadamente; no tengo soluciones concretas, pero puede que al final el sistema implosione por sí mismo... En cualquier caso, vivimos en una época de conformismo radical: la universidad tiene clientes y solo crea trabajadores, no forma espiritualmente; el mundo está al límite de su capacidad; quizá así llegue un cortocircuito y recuperemos ese animal original”.


Refugiados. Han es muy claro: con el actual sistema neoliberal “no se siente temor, miedo o asco por los refugiados sino que son vistos como carga, con resentimiento o envidia”; la prueba es que luego el mundo occidental va a veranear a sus países.


Tiempo. Es necesaria una revolución en el uso del tiempo, sostiene el filósofo, profesor en Berlín. “La aceleración actual disminuye la capacidad de permanecer: necesitamos un tiempo propio que el sistema productivo no nos deja; requerimos de un tiempo de fiesta, que significa estar parados, sin nada productivo que hacer, pero que no debe confundirse con un tiempo de recuperación para seguir trabajando; el tiempo trabajado es tiempo perdido, no es tiempo para nosotros”.

Barcelona 7 FEB 2018 - 03:47 COT

 

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