Sobre la concepción social de triunfar en la vida

El sistema dicta su sentencia y los peones la acatan: hay que adaptarse y cualquier saber que no tenga aplicación práctica dentro del sistema es sencillamente considerado inútil. ¿Para qué sirven las humanidades? Se pregunta buena parte de la sociedad. El objetivo pues se ha cumplido, y es que se cree que algo que no tiene una aplicación clara en el sistema productivo es perder el tiempo.

Hay que triunfar, y triunfar se considera poder comprar un buen coche, tener una buena casa y manejar billetes para hacer lo que a uno le dé la gana. Esta es la concepción de triunfo que "acata" una buena parte de la sociedad. Hay que triunfar y para ello el pragmatismo es fundamental. ¿Pero qué es triunfar? ¿Ser una persona adinerada y al mismo tiempo un ave de rapiña? ¿Es esto triunfar? ¿O el triunfo más bien está relacionado con el cultivo interior y con una manera de ver la vida? ¿Son los políticos, por ejemplo, unos triunfadores porque tienen dinero y "poder" o son en realidad unos miserables que dan lástima? Estos miserables (en su mayoría) son unos psicópatas que ya no son capaces de sentir, son puros mercenarios acaudalados que han perdido por completo aquello que les hacía humanos, ¿es esto triunfar? ¿o en realidad es fracasar?

Antiguamente se considera que una persona era una triunfadora si lograba despertar su humanitas con lo que uno podía domar la fortuna, y domar la fortuna significaba domar el interior y con ello los acontecimientos de la vida. Evidentemente esto ya no es así y ahora triunfar o ser feliz solo puede ser en base a conseguir objetivos materiales y sociales, y lo curioso es que la sociedad en general lo ha creído. Han creído el mensaje emitido por el sistema, a saber, que uno solo puede ser feliz si dispone de una buena cantidad de dinero, no lo suficiente como para poder vivir dignamente sino lo suficiente como para situarte por encima de la mayoría. El problema es que desde el momento en que uno cree esto se convierte en un esclavo del sistema.

Y es que el triunfo debería ser asociado al grado de humanidad y libertad que uno consiga en su paso por este breve instante que es la vida, ¿y cuál es el grado de libertad de aquél que su felicidad depende de una posición social o de lo material? ¿es esta una persona libre o es en realidad un esclavo? ¿Y cuál es el grado de humanidad de aquellos egoístas patológicos que han conseguido ascender en la sociedad pero que son incapaces de sentir ya nada ni conmoverse porque se han convertido en seres insensibles? ¿Dónde está aquí el triunfo?

Evidentemente a los psicópatas que son admirados por la sociedad en general, a los "triunfadores", les fastidia mucho que los que no disponen de su capacidad de consumo (los que "están por debajo") puedan sentirse libres y es que a pesar de tener todo el dinero del mundo en realidad no son gente que disfrute de la vida y necesitan siempre más pero nunca tendrán suficiente, porque en realidad son esclavos del sistema. Los hombres libres son otros, son aquellos que comprenden que su libertad no depende del sistema productivo-consumista sino todo lo contrario; comprenden que ceñirse por los parámetros de este es la peor de las cadenas. Y es que no se trata de que uno tenga que desprenderse de todo para ser libre y feliz (faltaría más), se trata de romper más bien la farsa con la que nos bombardean, la farsa que afirma que aquél que tenga menos dinero y por tanto tenga menor capacidad de consumo ha de ser necesariamente menos feliz que otro que tengas más capital. Y es una farsa que es creída en general y ahí radica el problema.

Se trata, en definitiva, de comprender que triunfar en la vida tiene más que ver con la humanidad (algo cada vez menos frecuente), con la creatividad, con la capacidad de reflexión y el pensamiento crítico, con la autonomía respecto al exterior y con el grado de libertad interior (el verdadero poder, el poder que se trata de ocultar) logrado en este tan breve instante de tiempo que es la vida; tiene mucho más que ver con esto que con lo material. Y mientras la gente no se dé cuenta de esto y se aferre al materialismo y al anhelado consumismo ni será libre ni será feliz y el sistema gana.

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“Adicción a las drogas, enfermedad cerebral crónica, pero tratable”

Los adictos a las drogas pierden la capacidad de la determinación personal, se vuelven literalmente esclavos de esas sustancias, afirmó Nora Volkow, directora del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA, por sus siglas en inglés), de los Institutos Nacionales de la Salud en Estados Unidos.

La adicción, enfermedad del cerebro, está muy estigmatizada en la sociedad, porque se cree que los adictos consumen estupefacientes porque así lo deciden, porque les produce placer y tienen una tendencia hedonista, pero no es así, sostuvo Volkow.

Pionera en el uso de imagen cerebral a través de tomografía de positrones para investigar el efecto tóxico y propiedades adictivas del abuso de drogas, añadió que desde hace varios años se creía –aún es una idea generalizada– que los adictos tienen una falla moral y falta de fuerza de voluntad.

"Una persona que se inicia en el consumo de una droga lo hace porque ésta es reforzadora. Las drogas tienen la capacidad de activar los sistemas reforzadores en el cerebro. La mayoría de las de abuso produce sensaciones intensas de placer. Esa experiencia inicial de euforia va seguida de otros efectos, que difieren según lo que se consuma", explicó en la conferencia ¿Qué sabemos de la adicción?, que ofreció en la Reunión General de la Academia Mexicana de Ciencias, Ciencia y Humanismo II.

Por ejemplo, con estimulantes como la cocaína, el high o euforia es seguido de sentimientos de poder, autoconfianza y mayor energía. Por el contrario, el uso de opiáceos, como la heroína, es seguido de sentimientos de relajamiento y satisfacción.

Lo que hacen todas las drogas que producen adicción es aumentar la dopamina y activar el núcleo accumbens, al cual se atribuye una función importante en el placer, incluyendo la risa y la recompensa, así como el miedo, la agresión, la adicción y el efecto placebo.

Con el tiempo, el continuo consumo de drogas hace que las actividades placenteras lo sean menos: “Un adicto consume drogas no por tener placer, sino para tratar de no sentirse tan mal, de sentirse ‘normal’.

"Hemos demostrado que los cocaínomanos tienen una respuesta muy atenuada a reforzadores como la comida, el sexo y el dinero; sufren una disminución total de la sensibilidad del sistema límbico. El cerebro necesita de esos reforzadores, porque son los que motivan a hacer cosas."

Un adicto que tiene este sistema totalmente atenuado ha aprendido que ni sus amigos, trabajo y dinero lo motivan; sin embargo, sabe que las drogas, aun cuando no le causan el mismo placer, pueden activar ese sistema, lo cual es una de las razones de la recaída.

"Sin embargo, las drogas manipulan muchas más cosas que el sistema reforzador; también afectan la corteza frontal, que nos permite hacer juicios, tener los procesos ejecutivos del cerebro, como analizar una situación para tomar decisiones."

Todas las drogas de abuso, directa o indirectamente, atacan el sistema de gratificación del cerebro inundando el circuito con dopamina, neurotransmisor que está en regiones que regulan el movimiento, las emociones, la cognición, la motivación y los sentimientos de placer. La sobrestimulación de ese sistema, que recompensa los comportamientos naturales, produce los efectos de euforia que buscan las personas que abusan de las drogas y les enseña a repetir este comportamiento, señaló la científica.

Gratificación

El cerebro, precisó Volkow, está diseñado para asegurar que repitamos las actividades que sostienen la vida, al asociarlas con el placer o con una recompensa o gratificación. Cada vez que este circuito se activa, el cerebro nota que pasa algo importante que debe recordar y nos enseña que debemos repetirlo una y otra vez, sin pensarlo. Debido a que las drogas de abuso estimulan el mismo circuito, aprendemos a abusar de ellas de la misma manera.

A pesar de estos avances, todavía hay mucha gente que no comprende por qué algunas personas se vuelven adictas a las drogas, ni cómo éstas cambian al cerebro para fomentar el abuso compulsivo de ellas, señaló.

Sin embargo, gracias a los avances científicos se puede decir que la adicción es una enfermedad tratable. De acuerdo con el NIDA, ésta se define como un padecimiento crónico del cerebro con recaídas, caracterizada por la búsqueda y el uso compulsivo de drogas, a pesar de las consecuencias nocivas. Las drogas cambian a este órgano: modifican su estructura y su funcionamiento.

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Para EE.UU. todavía es la economía, estúpido

Hillary gana en las encuestas, pero la economía del país gobernado desde hace ocho años por demócratas no está en su mejor momento: en la crisis, los sectores medios y bajos perdieron una porción importante del poder adquisitivo.


En 1992, el gobernador de Arkansas, Bill Clinton, rompió todos los pronósticos al vencer al presidente George H. W. Bush en su búsqueda por la reelección. Un año antes de los comicios, Bush, que había llevado exitosamente a los Estados Unidos a la guerra en el Golfo Pérsico, contaba con el 90 por ciento de aprobación de la opinión pública, pero en campaña fue demolido por el demócrata, que entendió que en última instancia lo que se evalúa a la hora de elegir al inquilino de la Casa Blanca es el bolsillo. La frase “la economía, estúpido”, escrita en un pizarrón del centro de campaña, se transformó en el slogan principal en su camino a la presidencia.


Veinticuatro años más tarde, su mujer Hillary, tras desarrollar una excepcional carrera política por su cuenta, está cerca de seguir sus pasos. A ochenta días de los comicios, todas las encuestas le dan una ventaja amplia sobre su rival, el republicano Donald Trump, tanto a nivel nacional como en los estados clave. Sin embargo, la economía del país gobernado desde hace ocho años por demócratas no está en su mejor momento: luego de la gran crisis económica de 2008 se recuperaron el crecimiento y el empleo pero en el camino los sectores medios y bajos perdieron una porción importante del poder adquisitivo.


La distribución del dinero entre los sectores más concentrados y la clases populares pueden ser uno de los grandes ejes de debate en las semanas que quedan para los comicios. En el equipo de Trump citan encuestas que marcan que ese asunto está primero entre los factores que evalúan los votantes y también que hay un amplio descontento con la marcha de la economía: “Ese puede ser el camino a la victoria”, señala un asesor del magnate, fuera de micrófono, en diálogo con Página/12.


Por eso, Trump presentó en las últimas semanas un plan económico destinado a seducir a la clase media y baja mediante quitas de impuestos, proteccionismo para crear puestos de trabajo, pero del lado demócrata no hubo aún una propuesta concreta, aunque Clinton detalló en varios actos de campaña algunos de los ejes principales, que van en la dirección contraria a los de su rival: más impuestos para la punta de la pirámide de forma tal de poder financiar más gasto del Estado en forma de beneficios sociales y un ambicioso plan de infraestructura destinado a generar empleo. En los próximos días, aseguran cerca de la candidata, habrá novedades al respecto.


Trumponomics


La base del plan del candidato republicano se basa en la propuesta de eliminar los impuestos federales para todos aquellos que ganan menos de 25 mil dólares por mes, y reducir la carga de las categorías superiores al mismo tiempo que se reforzaría el control para evitar la evasión y la contabilidad creativa. El dinero que se dejaría de percibir por esta vía sería compensado con un fuerte recorte del gasto público y una reducción sustancial del déficit comercial. Es “el plan impositivo más revolucionario desde Reagan”, se jactó en un acto en Detroit, hace algunos días.


En un artículo publicado en el diario Wall Street Journal, Trump prometió políticas que “permitan a la clase media mantener la mayoría de sus deducciones mientras se eliminan aquellas que utilizan los más ricos” de forma tal que “con más dinero en el bolsillo, crezca el gasto en consumo y los ahorros para la educación” al tiempo que “baje la deuda personal” de los ciudadanos.


Una pata central de la propuesta del magnate tiene que ver con una intervención proteccionista en la balanza comercial del país. En su plan, el recorte de impuestos a las grandes corporaciones permitirá que mejoren su competitividad, y pretende que así decidan repatriar puestos de trabajo que las empresas de capital estadounidense relocalizaron en otros puntos del planeta en los últimos años. Además prometió intervenir más en comercio internacional para sostener las ventajas comparativas del país y renegociar acuerdos como el NAFTA y el inminente Tratado Trans Pacífico.


El gasto, estúpido


A diferencia de Trump, que promueve una reducción sustancial del gasto público esperando que la inversión salga de bolsillos privados, la candidata demócrata parece inclinarse por una participación activa del Estado a la hora de inyectar dinero en la alicaída economía local. Para tener esa plata disponible, su propuesta, tomada en parte de la plataforma que presentó durante las primarias su rival el senador socialista Bernie Sanders, es aumentar significativamente los impuestos de los ricos y de las corporaciones. Otro punto que tomó de las propuestas de Sanders fue la suba del salario mínimo federal, que hoy está en siete dólares y medio, hasta diez o más dólares.


A falta de un programa económico detallado, en el que su equipo está trabajando y que podría presentarse en los próximos días, es útil remitirse a su sitio oficial de campaña, HillaryClinton.com: “Es indignante que los multimillonarios puedan regirse por reglas diferentes a las que aplican a las familias trabajadoras, especialmente en lo que refiere a pagar sus impuestos justos y correspondientes dice allí.


Hillary propone exenciones impositivas para la clase media así las familias pueden lidiar mejor con sus gastos. Y va a solventarlo subiéndo los impuestos de los más ricos y eliminando las lagunas legales en el código tributario”. La ex secretaria de Estado también propone un plan de infraestructura centrado en rutas, puentes, transporte público, puertos, aeropuertos y acceso a internet internet. Para lograrlo, propone fundar un banco de desarrollo para dar créditos a emprendimientos privados y estaduales por hasta 250 mil millones de dólares, según los cálculos de su equipo. Otros 250 mil millones saldrían directamente del gasto federal e iría destinado a las obras de mayor calibre.


En conjunto, esto ayudaría a crear puestos de trabajo y reactivar sectores que permanecen deprimidos desde 2008, sostiene Clinton. “En mis primeros cien días, voy a trabajar con ambos partidos para aprobar un plan que cree la próxima generación de empleos de calidad. El corazón de ese plan será la mayor inversión en infraestructura en décadas, incluyendo un banco de infraestructura que atraiga dinero del sector priva

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Oliver Stone, durante la presentación de 'Snowden' en la Comic-Con.

 

El director presenta en la Comic-Con de San Diego su película 'Snowden'
El filme repasa la historia del exanalista de la NSA y su filtración masiva

En la Comic-Con los superhéroes conviven con los trolls, legiones de tropas de asalto de La guerra de las galaxias comen pizza con lo que queda de los ejércitos elfos de El Señor de los Anillos y una gigantesca estatua del Capitán América celebra el 75º aniversario de este héroe de papel ahora trasladado al cine. Este es el paisaje que se respira en el foro de la cultura popular que tiene lugar estos días en San Diego y donde el polémico cineasta Oliver Stone presentó su último trabajo, Snowden. Fue un pase sorpresa que llenó hasta la bandera y donde asistió (vía satélite) hasta el mismísimo exanalista de la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense (NSA), Edward Snowden, que dio pie a la filtración masiva de información secreta en la que se basa este thriller. “Es la historia de la mayor conspiración”, subrayó el director ante una audiencia aficionada a las teorías conspiroparanóicas, aunque en el campo de la ficción. En Snowden, como aclaró Stone, la historia es real. “Es algo gigantesco que está sucediendo ahora, bajo nuestras narices y que nos afecta a la mayoría; a vosotros también”, recalcó intentando llegar a un público joven que muchos consideran políticamente desconectado.


Stone dio muestras en su discurso del mismo fervor que posee toda su filmografía, ya fueran los ataques contra la guerra en Platoon (1986) o contra el capitalismo en su versión más salvaje en Wall Street (1987). Solo cambió el tipo de público, dirigiendo sus palabras a una nueva generación, un océano de todo lo que es friki como es la Comic-Con. Un foro nuevo para él, ya que esta es la primera vez que asiste en el casi medio siglo de historia de esta convención. Pero la producción de Snowden también fue diferente. El filme es un proyecto rechazado por todos los grandes estudios de Hollywood con los que Stone había trabajado con anterioridad y que se hizo posible gracias a financiación francesa y alemana y con la distribución de Open Road, ganadores el pasado año del Oscar a la mejor película con Spotlight.


Para ser un cineasta capaz de entrevistarse con algunos de los personajes más controvertidos de la historia reciente, incluido el propio Snowden, Stone se mostró confundido ante los miles de aficionados congregados en la Comic-Con, una muestra muy diferente a los festivales de cine que está acostumbrado a frecuentar (repetirá, fuera de concurso, en la próxima edición del certamen de San Sebastián). Ante ellos describió a Snowden como “un hombre que se mueve bajo el radar, muy reservado y que vive en su ordenador”. Alguien con gran fortaleza que no se amilana ante la oposición. “Solo le han hecho más fuerte”, añadió.


Pero las palabras de Stone también atacaron al consumismo que se respira en un foro contracultural como la Comic-Con donde todo está a la venta. Ante la que parecía una inocente pregunta de un miembro del público que quiso saber su opinión sobre el juego de realidad aumentada Pokémon Go que ha causado el frenesí entre los aficionados estadounidenses el director definió esta aplicación como el último arma del “capitalismo de la vigilancia”. “Es un nuevo nivel de invasión” contra la intimidad del individuo, subrayó.


El propio Edward Snowden participó en el acto, por videoconferencia, y habló de su presencia en la película: "Nos comunicamos a través de la narrativa. Yo no soy un actor y no creo que haya ningún político bastante carismático como para conectar con la gente hablando de estos asuntos tan abstractos. Pero tenemos a gente, que son estos avatares, de los que me gusta pensar que son campeones del bien público —como Joseph Gordon-Levitt y Shailene [Woodley, la protagonista del filme]— que pueden alcanzar nuevos públicos de maneras nuevas y conseguir que la gente hable de cosas que no tiene tiempo de leer o investigar a nivel académico".

 

 

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Miércoles, 13 Julio 2016 07:31

Nuestra mente, esa pequeña casa

Nuestra mente, esa pequeña casa


Marta Riskin sostiene que los medios de comunicación distribuyen contenidos e instalan matrices lógicas y resortes de pensamiento automático frente a lo cual es necesario interrogarnos por qué cuestionar acciones e ideas siempre fue una elección, pero hoy es de supervivencia. A partir del análisis de la oferta televisiva dirigida a jóvenes y adolescentes.

No requiere mucho esfuerzo evocar otros gobiernos ejecutando las mismas medidas que negaron enfáticamente, durante la campaña electoral.


Ni demasiada imaginación para, frente a los ajustes tarifarios, equiparar la sensibilidad de un funcionario diciendo “si el consumidor considera que este nivel de precios es alto en comparación a otros gastos de su economía, dejará de consumir”, con la de aquella reina que habría sugerido al pueblo de Francia, en 1789, que si no tenía pan, comiera tortas.


La novedad está en la actual visibilidad de las paradojas culturales y en la oportunidad de observar a los votantes afrontando la naturalidad neoliberal de sus cirujanos. Por ejemplo, a quien interpreta el acceso al consumo como una ofrenda al propio mérito y renuncia a las mismas cosas que antes reclamaba.


Los argumentos pivotean sobre las “duras medidas adoptadas” como productos inevitables de “la herencia recibida” y soslayan, sistemáticamente, la comparación de datos.


Hay quienes aseguran “No podíamos seguir así” y lamentan su “irreal” calidad de vida anterior y “opositores” que niegan la coherencia entre ideología y medidas del gobierno y aquellos que pierden memoria histórica e insisten en “darles tiempo”, confiando en persuadirlos pra corregir “errores”.


Muchos de estos planteos proceden de personas inteligentes, que descreen de la estabilidad de los mercados y dudan que exista una sola economía real.


¿Por qué aceptarían fallidas recetas económicas como única medicina? ¿Algo así como “Si duele, cura y si es horrible, pasa más rápido”? Clásicos, como La rama dorada de Frazer, describen los caminos de resolución mágica de las contradicciones y explican ciertas estrategias de las políticas de ajuste.


También, un cuento popular y común a varias tradiciones.


Un pobre campesino vivía con su numerosa familia en una minúscula habitación que era toda su casa. Nadie podía descansar allí. Cuando la falta de sueño ya lo estaba volviendo loco, el padre decide recurrir al sabio de la aldea, en busca de consejo. El erudito reflexiona y afirma tener la solución. Entonces, indicará que esa noche lleve una vaca a la morada. Al día siguiente, el hombre está desesperado pero el consejero insiste para que, noche tras noche, además de la vaca, introduzca en la casa a dos ovejas, tres cabras, la yegua y por último, a las gallinas. Recién al cabo de una semana de penurias, se le permitirá retirar todos los animales. Por la mañana, el pobre agradecerá al cielo lo bien que ha dormido y el gozar de una casa que ya no juzga tan pequeña.


Esta fábula tiene dos moralejas. Una expresa la sensatez de apreciar y cuidar lo que se tiene. La otra, exhibe un modo de estructuración lógica del pensamiento humano.


En la actualidad, nichos compactos de producción y divulgación ideológica despliegan idénticos valores y consignas –organizados según nivel socio-económico, género, edad y paladar del consumidor– en múltiples ficciones y publicidades.
Los medios de comunicación no solo distribuyen contenidos. También instalan matrices lógicas y resortes de pensamiento automático.


Aunque estudios sobre las redes sociales han revelado algoritmos administrando las opiniones dominantes de los grupos de referencia, aún nos preguntamos si es posible que baste la construcción virtual de una masa crítica de pares para que algunos ciudadanos se crean en la peor situación posible y luego, agradezcan cambios negativos y sinceramientos falaces.


El pensamiento mágico no resuelve problemas ni paradojas pero investigarlo desenmascara sus aplicaciones, resultados prácticos y consecuencias emocionales.


Así, los “cambios” que recorren el mundo, re significan al descripto por Lampedusa.


Ya no se trata del cambio para que todo siga igual sino de un cambio feroz, impuesto por marketing a conciencias globalizadas y que conduce el deseo de las masas hacia un proyecto mundial de retorno a servidumbres feudales.
Ricas tradiciones intelectuales y religiosas exhortan a abandonar prejuicios y concentrar la atención en el presente, sin negar el pasado y soñando futuros.


La escucha y la mirada, interior y exterior, son a esta altura de los acontecimientos, actos estrictamente prácticos para lograr cierta perspectiva personal y advertir como y cuánto estamos conectados con los demás.
Acciones tan simples y complejas como interrogarnos a nosotros mismos y a nuestros conciudadanos acerca de “qué veo, oigo, pienso, siento” conectan mente y corazón, evitan ingerir precocinados cantos de sirena y permiten disputar lógicas de construcción de realidades automáticas.


Cuestionar acciones e ideas siempre fue una elección pero hoy, es de supervivencia.


El Régimen impone y cada ser humano del planeta, elige.


* Antropóloga UNR.

Martes, 31 Mayo 2016 07:05

El desastre del agua embotellada

El desastre del agua embotellada

El agua es fundamental para la vida. ¿Por qué no deberíamos comprar agua embotellada? La privatización del agua se convierte directamente en un crimen contra la humanidad, sin ella no se puede vivir, por lo que su privatización supone negar un derecho humano y generar gran cantidad de residuos consumiendo recursos naturales no renovables.

Ahora que se acerca el verano y comienza ya el calor propiamente dicho, oiremos ese reportaje que año tras año se repite en los medios de comunicación sobre hidratarse constantemente para evitar males mayores.


El agua es fundamental para la vida. Sin ella, las reacciones químicas de nuestro cuerpo no tendrían lugar. Es más, el agua fue la cuna de la vida, esencial para que los primeros microorganismos pudieran desarrollarse y dar lugar a toda la increíble biodiversidad de la que consta nuestro planeta en la actualidad.


Sin embargo, para el presidente de la multinacional Nestlé, conocida por su chocolate, aunque también tiene lucrativos negocios en el tema de la venta de agua embotellada, "el agua no es un derecho; debería tener un valor de mercado y ser privatizada".


Es decir, que para el presidente de Nestlé, si no tienes dinero directamente te mueres (seguramente vayas al cielo donde cada día podrás saturar tu estómago con chocolate Nestlé).


Como el propósito de privatizar el agua no lo puede conseguir, por lo menos a corto plazo, Nestlé (y otras compañías comercializadoras de agua embotellada) han iniciado una cruzada contra el agua del grifo.


Pero, ¿existe alguna diferencia entre el agua embotellada y el agua del grifo? Para responder a esta pregunta es necesario tener en cuenta dos situaciones.


La primera de ellas es la de los países con unas instalaciones de potabilización y redes de distribución adecuadas. Es el caso de la gran mayoría de municipios de España (exceptuando pequeños núcleos urbanos más o menos aislados).


En este caso, no existe ningún peligro para la salud humana al ingerir agua del grifo. En muy puntuales excepciones es posible que el agua sea bastante "dura" (alto contenido en magnesio y/o calcio, por ejemplo), y que no sea aconsejable su ingesta directa para las personas propensas a formar piedras en el riñón. Sin embargo, esto puede arreglarse con un simple filtro para la cal.


El agua potable de las ciudades pasa unos controles de calidad muy estrictos y la única razón por la que podría llegar con deficiencias de calidad a los hogares es debido a la antigüedad de las tuberías de algunos edificios. Por tanto, no existe ninguna razón objetiva para preferir el agua embotellada a la del grifo. Esto lo sabe perfectamente el presidente de Nestlé, y precisamente por ello aboga por privatizarla, para que no nos quede otra opción que comprar sí o sí agua embotellada.


Ahora bien, ¿por qué no deberíamos comprar agua embotellada? Las razones son múltiples, y en muchas ocasiones se encuentran interrelacionadas.

Solamente destacaré algunas de las más importantes.


1) El agua es un bien público y pertenece a toda la Humanidad, es vital para la vida, sin ella no se puede vivir, por lo que su privatización supone negar un derecho humano, supone un crimen contra la Humanidad.


2) El consumo de agua embotellada consume recursos naturales no renovables y genera ingentes residuos que si no son tratados adecuadamente generan gravísimos problemas ambientales.


3) El agua embotellada tiene que ser trasladada hasta los puntos de venta, generando emisiones de CO2 que, unidas a las emisiones que se producen en todos los otros puntos comentados, suponen emisiones de CO2 a la atmósfera completamente evitables.


4) En muchas ocasiones el agua proviene de acuíferos en los que se explota el agua a mayor velocidad que la tasa de recarga, produciendo numerosos problemas para la población local que depende de esos acuíferos.


La segunda situación o contexto en el que debemos analizar el consumo de agua embotellada corresponde a aquellos países que no cuentan con unas adecuadas infraestructuras de tratamiento y distribución de agua potable.


Es urgente y de vital importancia garantizar un adecuado suministro de agua potable en estos territorios. Sin embargo, nos encontramos con la paradoja de que las grandes corporaciones multinacionales dedicadas a la producción de agua embotellada tienen concesiones de explotación de acuíferos en estos países para producir agua embotellada a precios inasequibles para la población local.


Es decir, en vez de suministrar el agua potable a sus ciudadanos, los dirigentes de estos países se la otorgan a empresas extranjeras. ¿A cambio de qué? No hay que pensar demasiado para suponerlo.


Nadie quita a sus ciudadanos su agua y se la otorga a una empresa extranjera de forma gratuita. Así, nos encontramos con países en los que las precipitaciones anuales son suficientes para abastecer a la población pero sin embargo no tienen acceso al agua potable por falta de infraestructuras. Eso sí, en los comercios se puede encontrar agua embotellada a un precio mayor que el salario medio diario.


De esta forma, sólo tendrán acceso al agua potable aquellas personas con suficientes recursos como para contar con sistemas de extracción, canalización y potabilización de agua en sus casas, es decir, las personas con un alto poder adquisitivo.


Ésta es la situación que está viviendo la ciudadanía de muchos países en vías de desarrollo. Además, hay que tener en cuenta que tanto la falta de sistemas de potabilización como de depuración de aguas supone un gravísimo problema de salud pública. Determinados virus como el cólera se encuentran directamente relacionados con condiciones de insalubridad en las aguas. Si a esto se le añade la situación de escasez de medicamentos en estos lugares el problema deviene en una tormenta perfecta, donde la muerte por una simple diarrea en niños se convierte en un drama diario.


Tampoco hay que olvidar que sin un agua de calidad no son posibles ni la agricultura ni la ganadería, por lo que también se está negando la posibilidad de crear una industria agroalimentaria de calidad. Como consecuencia, tendrán que comprar aquellos alimentos provenientes de la Unión Europea tan baratos debido a los terribles resultados que supone la Política Agraria Comunitaria. Aunque este es otro tema.


Así, la privatización del agua se convierte directamente en un crimen contra la humanidad. Y como tal, las personas que niegan el derecho al libre acceso al agua potable deberían ser juzgadas. Se está condenando a muerte a millones de personas.


Tratados como el TTIP supondrían dar aún más vía libre a estos intentos de privatización de bienes públicos y a la impunidad de los dirigentes de las multinacionales. No es casual que la mayor parte de las empresas que se dedican al negocio del agua embotellada participen también en otros negocios de cierta opacidad que implican el tráfico y explotación de niños, como por ejemplo el chocolate.


Tampoco hay que olvidar que para la elaboración de las bebidas refrescantes se necesita una importantísima cantidad de agua (famosos son algunos casos como la extracción de agua en zonas con sequía extrema de la India para la elaboración de una célebre marca de cola).


Ahora bien, ¿qué podemos hacer desde nuestros privilegiados países del Primer Mundo?


En primer lugar, de forma general, evita comprar agua embotellada. El agua que sale del grifo de tu casa, muy probablemente, es tan sana (o más) que el agua embotellada. Evita también comprar refrescos de esas famosas marcas. Hay refrescos artesanales o zumos que pueden perfectamente saciar tu sed.


Investiga. Como ya hemos comentado, muchas de estas marcas que comercializan agua embotellada también se dedican a la venta de otros productos. Consumir los productos de esas marcas es contribuir al aumento de sus beneficios y, con ello, a impulsar que sigan privatizando el agua.


Lee, infórmate sobre los efectos del consumo del agua embotellada.

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Estados Unidos se enfrió en el primer trimestre

La mayor economía del mundo creció a un ritmo anualizado de solo el 0,5% del producto interior bruto

El crecimiento de la economía de Estados Unidos se moderó con fuerza en el arranque del año, al expandirse la actividad económica a una tasa anualizada de solo el 0,5% del producto interior bruto. Es casi tres veces menos que en el cuarto trimestre del pasado año y está dos décimas por debajo de lo que anticipaba Wall Street. Este crecimiento anémico justifica la prudencia de la Reserva Federal.


La debilidad del crecimiento al inicio de cada ejercicio es ya una constante desde hace seis años en EE UU, por el efecto combinado del mal tiempo con el fin de la temporada de compras navideñas. El enfriamiento es de tal calibre que pone a la mayor economía del mundo al borde de la recesión. El segundo trimestre, sin embargo, suele caracterizarse por un fuerte repunte.


Es el ritmo más lento de expansión en dos años. La economía de EE UU creció un 1,4% en el cuarto trimestre de 2015, tras hacerlo un 2% en el tercero. Para el conjunto del año quedó en el 2,4%, un ritmo que se espera se mantenga este 2016. En la coyuntura actual hace de lastre el efecto de un dólar fuerte en el negocio de las grandes multinacionales exportadoras. El consumo creció solo un 1,9%.


El desplome en el precio de la energía y de las materias primas está forzando a las empresas a recortar las inversiones en equipamiento y estructuras. La debilidad económica global hizo de lastre por la vía de las exportaciones, que cayeron un 2,6% en el trimestre. Hizo de motor el sector inmobiliario, con un incremento del 14,8% en las inversiones en vivienda, el ritmo más sólido en cuatro años.


La primera estimación del crecimiento del primer trimestre se publica un día después de que la Reserva Federal decidiera mantener los tipos de interés en una horquilla del 0,25% al 0,5%. El banco central de EE UU dejó caer la referencia a los riesgos de la tensión internacional. Pero aunque mantiene abierta la puerta a un encarecimiento del precio del dinero en junio, señaló que la actividad económica se debilitó.


Tendencias opuestas


La nota final de la reunión de abril muestra tendencias que van en sentidos opuestos. El mercado inmobiliario mejora, pero la inversión empresarial se moderó y también las exportaciones. El equipo que preside Janet Yellen opta así por la cautela en el proceso de normalización de la política monetaria. La inflación sigue baja, lo que da margen a la Fed para modelar su estrategia.
La Reserva Federal está teniendo complicado comunicar al mercado cuál sería el nivel idóneo para los tipos de interés. El pasado diciembre los miembros del comité veían como posibles cuatro subidas. Pasados tres meses se dejó en dos en el mejor de los escenarios. El ritmo lo determinará la marcha del mercado laboral, que podría ralentizarse en la segunda mitad del año por el deterioro de los resultados empresariales.


Los analistas de Credit Suisse y de BlackRock no descartan por todo esto que vaya a haber una sola subida en 2016 pese a que los potenciales riesgos globales dejaron de ser un argumento recurrente para justificar la pausa. Se da además la circunstancia de que EE UU está inmerso en plena campaña electoral y que la estrategia monetaria de la Fed va en sentido opuesto a la del Banco Central Europeo.

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Miércoles, 27 Abril 2016 06:40

Keynes, el subversivo

Keynes, el subversivo

El primer día de 1935 encontró a John Maynard Keynes escribiendo una carta para George Bernard Shaw. En la misiva señaló: Creo estar escribiendo un libro sobre teoría económica que revolucionará en gran medida la manera en que el mundo piensa sobre los problemas económicos. Mostrando cierta cautela agregaba en un paréntesis que ese resultado no se dejaría sentir inmediatamente, pero sí en los próximos 10 años. Quién le iba a decir que pasado el decenio, él estaría a punto de morir de manera prematura (a los 62 años) y que ya se habría iniciado un proceso contrarrevolucionario para distorsionar y aniquilar los principales descubrimientos de su obra.


Keynes tenía razón. Su obra fue revolucionaria. Y el mensaje central fue juzgado subversivo por la clase política y por la mayoría de sus colegas en el mundo académico. Ese mensaje puede sintetizarse en una frase: las economías capitalistas son intrínsecamente inestables y pueden mantener niveles de desempleo socialmente inaceptables durante largos periodos de tiempo.


La teoría de Keynes no se hizo en un día. La evolución puede resumirse en una de sus frases más célebres: el problema no está en las nuevas ideas, sino en escapar de las viejas formas de pensar que se ramifican, para nosotros que hemos sido educados en sus tradiciones, hasta ocupar todos los rincones de nuestra mente.


El mundo anterior a Keynes rechazaba la posibilidad de una crisis económica generalizada. Dominaba la idea según la cual la venta de mercancías sirve para financiar la compra de otras mercancías. Es decir, cuando una persona vende una mercancía lo hace para inmediatamente comprar otra mercancía con el ingreso obtenido. Esta idea recibe el nombre de ley de Say (por el economista francés del siglo XIX), y de aquí se desprende que todo el ingreso se gasta y lo que no se gasta se ahorra. De ahí que Keynes la redujo a la frase la oferta crea su propia demanda. Podría haber un problema de desequilibrio en un mercado particular, pero, a nivel de toda la sociedad, lo que deja de gastarse en un mercado se gastará en otro y siempre habrá, en el agregado, un equilibrio.


La obra de Keynes se basa en el principio de la demanda efectiva: la producción de mercancías se ajusta o depende de la demanda de mercancías. Esta idea implica una transformación radical: la actividad económica está determinada por la demanda, no por las limitaciones que pudieran encontrarse por el lado de la oferta (dotaciones de recursos o por la tecnología). La idea choca radicalmente con la ley de Say y el establishment no tardó en darse cuenta del peligro de este mensaje subversivo.


Keynes identificó los dos componentes de la demanda agregada, el consumo y la inversión. El consumo es más o menos estable, pero es insuficiente porque la propensión a consumir (cuando aumenta el ingreso) crece menos que proporcionalmente. La inversión, por su lado, puede colmar la brecha para alcanzar el pleno empleo (los inversionistas también demandan bienes y servicios para sus proyectos). Sin embargo, la inversión es inestable porque depende de las expectativas de los inversionistas y está condicionada por la incertidumbre, otro personaje clave en la obra de Keynes.


En 1932 Keynes pudo reconocer la relación de identidad entre los agregados macroeconómicos inversión y ahorro. Es uno de los más importantes descubrimientos de Keynes y hoy el análisis monetario permite identificar no sólo la naturaleza, sino el mecanismo a través del cual se explica esta identidad. Por la creación monetaria de los bancos privados, ya no se necesita una reducción en el consumo para tener un ahorro que pueda invertirse. El crédito bancario genera los depósitos y un incremento en la inversión provoca crecimiento del ingreso. Aquí se invierte la relación de causalidad. Hoy sabemos que el ahorro no precede a la inversión. El alto nivel de consumo, no del ahorro, es lo que lleva a mayor inversión y al crecimiento del ingreso.


Keynes mostró que aún con plena flexibilidad de precios en todos los mercados el desempleo puede mantenerse durante largos periodos de tiempo. Aun así, hoy se puede decir que el mundo de la macroeconomía se divide entre aquéllos que acompañan el análisis de Keynes y los que siguen insistiendo en que el problema del desempleo está provocado por algún tipo de rigidez. Típicamente se buscan las fuentes de rigidez en el mercado laboral (serían los sindicatos los villanos) o en las intervenciones del gobierno (que vendrían a distorsionar la bella obra de los mercados con precios flexibles). Frente a esta tontería se yergue la obra de Keynes: los precios flexibles en el mercado no sólo no resuelven el problema del desempleo, sino que pueden agravarlo.


Varios mensajes de Keynes irritan a los economistas convencionales e ignorantes. Pero hay uno que les parece intolerable porque atenta contra su creencia sacrosanta de que la esfera de lo económico es autónoma y no debe ser perturbada por nadie porque tiene la capacidad de autoregulación. Keynes demostró, por el contrario, que se necesita la intervención externa para poder estabilizar el funcionamiento de una economía capitalista.


Twitter: @anadaloficial

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“La izquierda tiene que repensar su aparato teórico y táctico”

David Harvey, uno de los pensadores marxistas más prominentes de nuestro tiempo, se sentó con el activista colectivo AK Malabocas a discutir las transformaciones en el modo de acumulación capitalista, la centralidad del terreno urbano en las luchas de clase contemporáneas, y las implicancias de todo esto para la organización anti-capitalista.

 

AK Malabocas: En los últimos 40 años, el modo de acumulación capitalista ha cambiado globalmente. ¿Qué significan estos cambios para la lucha contra el capitalismo?


DH: Desde una perspectiva macro, cualquier modo de producción tiende a generar un tipo distintivo de oposición, la cual es un espejo curioso de sí mismo. Si miras atrás, en los ’60 o ’70, cuando el capital estaba organizado en grandes formas corporativas, jerárquicas, tenías estructuras de oposición que eran corporativas, tipos sindicalistas de aparatos políticos. En otras palabras, un sistema fordista generaba una oposición de tipo fordista.


Con el quiebre de esta forma de organización industrial, particularmente en los países capitalistas avanzados, se terminaba con una configuración del capital mucho más descentralizada: más fluida sobre el espacio y el tiempo que lo pensado previamente. Al mismo tiempo veíamos el surgimiento de una oposición que está ligada a las redes, a la descentralización y a la que no le gusta la jerarquía y las formas previas de oposición de tipo fordista.
Así, que de una manera curiosa, las y los militantes de izquierda se reorganizan a sí mismos en el mismo modo en el que la acumulación del capital se reorganiza. Si entendemos que la izquierda es una imagen en espejo de lo que estamos criticando, entonces tal vez lo que debamos hacer es romper el espejo y salir de esta relación simbiótica con aquello que estamos criticando.

MK: ¿En la era fordista, la fábrica era el principal sitio de resistencia. Dónde podemos encontrarla ahora que el capital se ha movido lejos del piso fabril hacia el terreno urbano?


DH: Antes que nada, la forma fabril no ha desaparecido. Todavía encuentras fábricas en Bangladesh o en China. Lo que es interesante es cómo el modo de producción en las ciudades centrales cambió. Por ejemplo, el sector logístico se ha expandido: UPS, DHL y todos sus trabajadores y trabajadoras están produciendo valores enormes hoy en día.


En las últimas décadas, un gran cambio tuvo lugar en el sector servicios también: los más grandes empleadores de mano de obra en la década de 1970 en los Estados Unidos eran General Motors, Ford y US Steel. Los más grandes empleadores de mano de obra hoy son Mc Donalds, Kentucky Fried Chicken y Walmart. Antes, la fábrica era el centro de la clase obrera, pero hoy encontramos a la clase obrera más que nada en el sector servicios. ¿Por qué diríamos que producir autos es más importante que producir hamburguesas?


Desafortunadamente la izquierda no se siente cómoda con la idea de organizar a los trabajadores y trabajadoras de la comida rápida. Su imagen de la tradicional clase obrera no encaja con la producción de valor de los trabajadores y trabajadoras de servicios, los de distribución, de restaurants, de los supermercados.


El proletariado no desapareció, pero hay un nuevo proletariado que tiene características diferentes del que tradicionalmente la izquierda solía identificar como la vanguardia de la clase trabajadora. En este sentido, las y los trabajadores de Mc Donalds se convirtieron en las y los trabajadores metalúrgicos del siglo XX.


MK: ¿Si esto es lo que es el nuevo proletariado, cuáles son los lugares desde organizar la resistencia hoy?


DH: Es muy difícil de organizar en los lugares de trabajo. Por ejemplo, las y los trabajadorss de la distribución se mueven de un lado a otro. Así que esta población tal vez podría organizarse mejor fuera del lugar de trabajo, quiero decir, en sus estructuras barriales.


Hay una frase interesante en el trabajo de Gramsci de 1919 que dice que organizarse en el lugar de trabajo y tener concejos fabriles está muy bien, pero que deberíamos tener también concejos en los barrios también. Y los concejos de los barrios, dijo, tienen un mejor entendimiento de lo que son las condiciones de toda la clase trabajadora, comparado con el entendimiento sectorial de la organización en el lugar de trabajo.


Las organizadoras y organizadores fabriles solían saber muy bien lo que un trabajador metalúrgico era, pero no entendían lo que el proletariado era como un todo. La organización barrial habría incluido, por ejemplo, a los trabajadores y trabajadoras de la limpieza urbana, de la distribución y las trabajadoras doméstica. Gramsci nunca tomó esto y dijo: “Vamos! el Partido Comunista debería organizar asambleas barriales”


No obstante, hay algunas excepciones en el contexto europeo donde los partidos comunistas organizaron, de hecho, concejos barriales, porque no podían organizarlos en las fábricas, por ejemplo en España. En la década de 1960 esta era una forma de organización muy poderosa. Por ello, como he discutido por un largo tiempo, deberíamos ver la organización barrial como una forma de organización de la clase. Gramsci sólo lo mencionó una vez en sus escritos y nunca lo desarrolló más en profundidad.


En Gran Bretaña en los ’80, hacía formas de organización laboral en plataformas a lo largo de la ciudad, sobre la base de concejos de oficios, que estaban haciendo lo que Gramsci sugirió. Pero dentro del movimiento sindical, estos concejos siempre fueron mirados como formas inferiores de organización laboral. Nunca se los trató como un componente fundacional de cómo el movimiento sindical debería operar.


De hecho, ocurrió que los concejos de oficios fueron a menudo mucho más radicales que los gremios tradicionales y eso era porque estaban basados en las condiciones de toda la clase trabajadora, no sólo de los sectores más privilegiados de la clase. Así, al punto de que estos tenían una definición mucho más amplia de la clase, los concejos tendieron a darse políticas mucho más radicales. Pero esto nunca fue valorado por el movimiento sindical en general, siempre fue mirado como un espacio en el que lxs radicales podían actuar.


Las ventajas de esta forma de organización son obvias: supera la brecha entre organizarse de manera sectorial, incluye todas las formas de trabajo “desterritorializado” y es muy adaptable a nuevas formas de organizaciones comunitarias y de base asamblearia, como Murray Boockchin planteó, por ejemplo.


MK: En las recientes oleadas de protesta -en España y Grecia, por ejemplo, o el movimiento Occupy- puedes encontrar esta idea de “localizar la resistencia”. Pareciera que estos movimientos tienden a organizarse alrededor de cuestiones de la vida cotidiana, más que en torno a grandes cuestiones ideológicas en las que la izquierda tradicional solía enfocarse.


DH: Por qué dirías que organizarse alrededor de la vida cotidiana no es una de las grandes cuestiones. Yo creo que es una de las grandes cuestiones. Más de la mitad de la población mundial vive en ciudades, y la vida cotidiana urbana es a lo que la gente está expuesta y en lo que encuentra dificultades. Estas dificultades residen tanto en la esfera de realización del valor como en la esfera de la producción del valor.


Este es uno de mis más importantes argumentos teóricos: todo el mundo lee el Volumen I del Capital y nadie lee el Volumen II. El Vol I es acerca de la producción del valor, el II es sobre la realización del valor. Al enfocarse en el Vol II, puedes ver claramente que las condiciones de realización son tan importantes como las de producción.


Marx a menudo hablaba de la necesidad de ver al capital como la unidad contradictoria entre la producción y la realización. Donde el valor es producido y donde es realizado son dos cosas diferentes. Por ejemplo, mucho valor es producido en China y, de hecho, es realizado por Apple o por Walmart en los Estados Unidos. Y, por supuesto, la realización del valor trata de la realización del valor por medio de costoso consumo de la clase obrera.


El capital puede conceder salarios más altos en el punto de la producción, pero luego los recupera en el punto de la realización por el hecho de que los trabajadores y trabajadoras tienen que pagar alquileres y gastos de vivienda más elevados, costos de teléfono, tarjetas de crédito y así sucesivamente. Así que las luchas de clase en torno a la realización, alrededor de viviendas más baratas por ejemplo, son tan significativas para la clase trabajadora como las luchas acerca de salarios y condiciones de trabajo. Cuál es el punto de tener un salario más alto si te es inmediatamente extraído en términos de gastos más elevados para tener un techo?


En su relación con la clase trabajadora, los capitalistas han aprendido hace mucho que pueden hacer un montón de dinero recuperando lo que antes habían entregado. Y, al punto que -particularmente en los 60 y 70- lxs trabajadorxs se empoderaron de manera creciente en la esfera del consumo, así que el capital comienza a concentrar mucho más en extraer valor a través del consumo.


Así que las luchas en la esfera de la realización, que no eran tan fuertes en los tiempos de Marx, y el hecho de que nadie lea el maldito libro (Vol II), es un problema para la izquierda convencional. Cuando vos me decís: “¿cuál es el problema macro aquí?”- bueno, ¡esto es un problema macro! La concepción del capital y la relación entre producción y realización. Si no ves la unidad contradictoria entre ambos entonces no vas a tener la imagen completa. Tiene lucha de clases escrita todo alrededor y no puedo entender por qué un montón de marxistas no logran ver cuán importante es esto.


El problema es cómo entendemos a Marx en el 2015. En los tiempos de Marx, la extensión de la urbanización era relativamente conveniente y el consumo de la clase trabajadora era casi inexistente, así que de lo único que Marx tenía que hablar era acerca de la clase trabajadora arreglándoselas para sobrevivir con un salario magro y cómo eran bastante sofisticados para hacerlo. El capital los dejaba hacer con sus propios dispositivos lo que les gustaba.


Pero hoy en día, vivimos en un mundo en el que el consumo es responsable de casi el 30% de la dinámica de la economía global; en EE UU llega al 70%. Así que ¿por qué estamos aquí sentados y diciendo que el consumo es casi irrelevante, pegándonos al Volúmen I y hablando acerca de la producción en lugar del consumo?


Lo que hace la urbanización es forzarnos a cierto tipo de consumo, por ejemplo: tienes que tener un auto. Y tu estilo de vida está dictado en muchos sentidos por la forma que toma la urbanización. Y de nuevo, en los tiempos de Marx esto no era significativo, pero en nuestros días es crucial. Tenemos que amigarnos con formas de organización que de hecho reconozcan este cambio en la dinámica de la lucha de clases.


Los grupos que marcaron los recientes movimientos con su estilo, viniendo de tradiciones anarquistas y autonomistas, están mucho más metidos en la política de la vida cotidiana, mucho más que las y los marxistas tradicionales.


Les tengo mucha simpatía a las y los anarquistas, tienen una mucha mejor línea en este tema, precisamente al lidiar con la política del consumo y su crítica acerca de lo que el consumo es. Parte de su objetivo es cambiar y reorganizar la vida cotidiana alrededor de nuevos y diferentes principios. Así que creo que esto es un punto crucial hacia el cual mucha de la acción política debería ser dirigida en estos días. Pero desacuerdo con vos cuando decís que esta no es una “gran cuestión”.


MK: Así que, mirando ejemplos de Europa del Sur -redes de solidaridad en Grecia, auto-organización en España o Turquía- parece ser muy crucial para construir movimientos sociales alrededor de la vida cotidiana y las necesidades básicas en estos días. ¿Ves esto como un acercamiento promisorio?


DH: Creo que es muy promisorio, pero hay una clara limitación ahí, lo que es un problema para mí. La propia limitación es la reticencia para tomar el poder en algún punto. Bookchin, en su último libro, dice que el problema con las y los anarquistas es su negación del significado del poder y su inhabilidad para tomarlo. Bookchin no va tan lejos, pero yo creo que es su rechazo a ver al Estado como un posible aliado hacia la transformación radical.


Hay una tendencia a considerar al Estado como enemigo, el enemigo al 100 %. Y hay muchos ejemplos de estados represivos fuera del control público en el que este es el caso. No hay duda: el estado capitalista debe ser combatido, pero sin dominar el poder del estado y sin tomarlo, pronto vuelves a la historia de lo que pasó por ejemplo en 1936 y 1937 en Barcelona y luego en toda España. Al rechazar tomar el Estado en un momento en el que tenían el poder para hacerlo, los revolucionarios y revolucionarias de España permitieron que el estado volviera a caer en las manos de la burguesía y del ala estalinista del movimiento comunista. Y el estado se reorganizó y aplastó la resistencia.

MK: Eso puede ser cierto para el estado español en la década de 1930, pero si miramos al estado neoliberal contemporáneo y el retroceso del estado de bienestar, ¿que queda de estado para conquistar, para aprovechar?

DH: Para empezar, la izquierda no es muy buena para responder la pregunta de cómo construimos infraestructura masiva. ¿Como construirá la izquierda el puente de Brooklyn, por ejemplo? Toda sociedad reposa sobre grandes infraestructuras, infraestructuras para toda una ciudad, como el suministro de agua, electricidad, etc. Yo creo que hay una gran reticencia dentro de la izquierda para reconocer que necesitamos diferentes formas de organización.


Hay áreas del aparato de estado, aún del aparato de estado neoliberal, que son terriblemente importantes; el centro de control de enfermedades, por ejemplo. ¿Cómo respondemos a epidemias globales como el Ébola o similares? No puedes hacerlo al modo anarquista del “hazlo tu mismo o tú misma”. Hay muchas instancias en las que necesitas alguna forma de infraestructura de tipo estatal. No podemos confrontar el problema del calentamiento global a través de formas descentralizadas de confrontación y actividades solamente.


Un ejemplo que es frecuentemente mencionado, a pesar de sus muchos inconvenientes, es el Protocolo de Montreal para enfrentar el uso de clorofuorocarbono en heladeras para limitar la afectación de la capa de ozono. Fue reforzada de manera exitosa en los ’90 pero necesitó de un tipo de organización que es muy diferente a aquella que proviene de una política basada en asambleas.


MK: Desde una perspectiva anarquista, yo diría que es posible reemplazar aún instituciones supranacionales como la OMS con organizaciones confederales que serían construidas de abajo hacia arriba y que eventualmente arribarían a una toma de decisiones global.


DH: Quizás a un cierto grado, pero tenemos que ser conscientes de que siempre habrá algún tipo de jerarquías y de que siempre enfrentaremos problemas como la responsabilidad o el recurso correcto. Siempre habrá relaciones complicadas entre, por ejemplo, gente lidiando con el problema del calentamiento global desde el punto de vista del mundo como un todo y desde el punto de vista de un grupo que está en el territorio, digamos, en Hanover o similar, y que se pregunta, por qué debería escuchar lo que ellxs están diciendo?


MK: Entonces, ¿crees que esto requeriría alguna forma de autoridad?


DH: No, va a haber estructuras de autoridad de cualquier modo, siempre las habrá. Nunca he estado en una reunión anarquista en la que no hubiera una estructura de autoridad secreta. Está siempre esa fantasía de todo siendo horizontal, pero me siento, miro y pienso, “oh dios, hay toda una estructura jerárquica acá pero está encubierta”


MK: Volviendo a las protestas recientes alrededor del Mediterráneo, muchos movimientos se han concentrado en luchas locales. ¿Cuál es el siguiente paso hacia la transformación social?


DH: En algún punto tenemos que crear organizaciones que sean capaces de ensamblar y reforzar el cambio social en una escala más amplia. Por ejemplo, será ¿Podemos en España capaz de hacer eso? En una situación caótica como la crisis económicas de los últimos años, es importante que la izquierda actúe. Si la izquierda no lo hace, entonces la derecha será la siguiente opción. Yo pienso -y odio decirlo- que la izquierda tiene que ser más pragmática en relación a las dinámicas que están ocurriendo ahora.


MK: ¿Más pragmática en qué sentido?


DH: Bueno, ¿por qué apoyé a SYRIZA aunque este no fuera un partido revolucionario? Porque abría un espacio en el que algo diferente podía pasar y eso era una movida progresiva para mí.


Es un poco como Marx diciendo: el primer paso hacia la libertad es la limitación de la duración de la jornada de trabajo. Demandas muy estrechas abren un espacio para resultados más revolucionarios, y aún cuando no hay ninguna posibilidad para ningún resultado revolucionario, tenemos que buscar soluciones de compromiso que sin embargo se apartan del sinsentido de la austeridad neoliberal y abren el espacio en el que nuevas formas de organización pueden tener lugar.


Por ejemplo, sería interesante si Podemos buscara organizar formas de confederalismo democrático, porque en cierto modo Podemos surgió de un montón de reuniones de tipo asambleario teniendo lugar a lo largo de España, así que tienen mucha experiencia con ese tipo de estructura.


La cuestión es cómo conectarán la forma asamblearia a formas más permanentes de organización, en relación a su creciente posición como un partido fuerte en el parlamento. Esto también vuelve a la pregunta de la consolidación del poder: tienes que encontrar maneras de hacerlo, porque si no la burguesía y el capitalismo corporativo van a encontrar modos de reafirmarse y tomar nuevamente el poder.

MK: ¿Qué piensas acerca del dilema de las redes de solidaridad llenando el vacío que dejó la retirada del estado de bienestar e indirectamente convirtiéndose en un aliado del neoliberalismo en ese sentido?

DH: Hay dos formas de organizarse. Una es el vasto crecimiento del sector ONG, pero mucho de eso está financiado de manera externa, no son organizaciones de base, y eso no se acerca a la cuestión de los grandes donantes que marcan la agenda, la cual no será una agenda radical. Aquí nos acercamos a la privatización del Estado de bienestar. Esto me parece que es muy diferente políticamente a las organizaciones de base en las que la gente dice “Ok, el estado no se ocupa de nada, así que vamos a tener que hacernos cargo de nosotros y nosotras mismas” Esto me parece que tiende a formas de organizaciones de base con un status político muy diferente.

MK: Pero ¿cómo evitar llenar esa brecha al ayudar, por ejemplo, a gente desempleada para que no sean exprimidos por el estado neoliberal?

DH: Bueno, tiene que haber una agenda anti-capitalista, para que cuando el grupo trabaje con gente todo el mundo sepa que no se trata sólo de ayudarla a arreglárselas sino que hay todo un intento organizado de tratar de cambiar políticamente el sistema en su integralidad. Esto quiere decir tener un proyecto político muy claro, lo cual es problemático con tipos de movimientos no centralizados, no homogéneos, donde alguna gente trabaja de un modo, otra trabajan de manera diferente y no hay ningún proyecto colectivo en común.


Y esto se conecta con la primera pregunta que hiciste: no hay coordinación acerca de lo que son los objetivos políticos. Y el peligro es que sólo estes ayudando a la gente a arreglárselas y que no haya política saliendo de ahí. Por ejemplo, Occupy Sandy ayudó a la gente a volver a sus casa e hizo un maravilloso trabajo, pero en última instancia, hicieron lo que la Cruz Roja y los servicios de emergencia federales deberían haber hecho.

MK: El fin de la historia parece haber pasado de largo. Mirando las condiciones actuales y los ejemplos concretos de lucha anti capitalista, ¿piensas que “ganar” es todavía una opción?

DH: Definitivamente; y más aún, tienes fábricas ocupadas en Grecia, economías solidarias a través de cadenas productivas siendo forjadas, instituciones de democracia radical en España y muchas cosas hermosas ocurriendo en muchos otros lugares. Hay un crecimiento saludable del reconocimiento de que necesitamos ser mucho más amplios y amplias en lo que concierne a la política en todas esas iniciativas.


La izquierda marxista tiende a desdeñar un poco estas cosas y creo que está equivocada. Pero al mismo tiempo no creo que ninguna de estas cuestiones sea lo suficientemente grande en sí misma como para lidiar con las estructuras fundamentales de poder que necesitan ser desafiadas. Aquí hablamos de nada menos que del Estado. Así que la izquierda debe repensar su aparato teórico y táctico.


Fuente: https://roarmag.org/magazine/david-harvey-consolidating-power/
Traducción: de Gabriela Mitidieri para Democracia Socialista, editado por VIENTO SUR

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El mundo a través de una pantalla: juventud y sociedad en la era digital

La adicción a lo audiovisual limita la capacidad de reflexión.
Giovanni Sartori, Homo Videns

 

Vivimos lo que se puede llamar la era de la comunicación. Las sociedades humanas que habitan el planeta están interconectadas de manera global. Las redes de información son un valor en alza y estar enlazados a ellas se ha convertido en una necesidad. Una de las consecuencias de este hecho es que nos hace vulnerables. Tener predominio en los medios confiere un poder de control y manipulación sobre la sociedad que hace real el omnipresente Big Brother que Orwell alcanzó a prever.


A este incremento de las posibilidades de información/comunicación, y su consiguiente penetración social, han contribuido las tecnologías desarrolladas desde la segunda mitad del siglo pasado. Sin duda, los medios han evolucionado deprisa en las últimas décadas y lo han hecho de una forma que nos es difícil procesar. Inmersos en el frenético devenir diario, sometidos por un trabajo que nos deja pocos momentos de descanso y presionados por la demanda de atención de las nuevas tecnologías, no tenemos tiempo para evaluar las consecuencias que este cambio está generando en nuestras vidas, ni lo que puede suceder a mediano o largo plazo.


Cuando activamos nuestra terminal electrónica, no nos detenemos a reflexionar que estamos accesibles, entretenidos y olvidados de nosotros mismos. Este proceso afecta sobre todo a las nuevas generaciones, educadas en un escenario que antes no existía. La juventud vive vinculada a los medios digitales y es su promotora ante el resto de la sociedad, que va adaptándose a las costumbres impuestas por el avance tecnológico.

 

¿Cómo llegamos hasta aquí?

 

Modelamos nuestras herramientas y luego éstas nos modelan a nosotros.
M. McLuhan, Comprender los medios

 

El desarrollo y la propagación de las nuevas tecnologías han supuesto un hecho histórico tan determinante como la imprenta o la revolución industrial. El cambio producido afecta nuestras relaciones, perturba los sistemas de valores y convulsiona la propia estructura social. La tecnología nos ha modificado las costumbres, la vida y hasta la manera de pensar.


La historia de la comunicación va paralela al desarrollo de la civilización humana. La actual revolución tecnológica permite la transmisión de datos con tal repercusión que se ha corroborado el concepto de “aldea global” enunciado por Marshall McLuhan en La Galaxia Gutenberg (1962): “La nueva interdependencia electrónica vuelve a crear el mundo a imagen de una aldea global.” El pensador canadiense también alertó sobre el determinismo tecnológico al expresar que “el medio es el mensaje”.


Las posibilidades de comunicarnos y emitir información se han multiplicado sin cesar. El sistema de correos tradicional se vio reforzado a principios del siglo XIX con la invención del primer medio electrónico de comunicación: el telégrafo. Años más tarde, el teléfono entró en nuestras vidas para hacer realidad la conexión distante en tiempo real. Durante el siglo XX se desarrolló un conjunto de instrumentos tecnológicos que se introdujeron en los hogares para transmitir información: radio, televisión y reproductores de música experimentaron una acelerada metamorfosis, al igual que las cámaras fotográficas y las grabadoras de imágenes y sonidos. A partir de la década de los ochenta vivimos la expansión informática y la computadora se ha impuesto como el medio más eficaz para almacenar, procesar y difundir datos de todo tipo.


En los últimos veinte años se produjo la consolidación de internet, una red de redes global formada por computadoras interconectadas. La Red se ha intercalado en todos los sectores de la vida social y, en la actualidad, gracias a una sofisticada tecnología, nos mantiene virtualmente conectados con todo lo que pasa en el planeta. La mayoría de la población posee una terminal digital con la que puede obtener información, escribir, producir y acceder a material audiovisual, publicarlo y comunicarse con cualquiera persona o entidad que también la posea.


Hay muchas cosas que ahora nos parecen normales pero que hace cuarenta años eran poco menos que impensables. La juventud de entonces sentía la urgente necesidad de modificar costumbres y valores sociales, pero, cuando el cambio se produjo, los jóvenes sólo aportaron su espíritu renovador: el timón nunca estuvo en sus manos, la dirección fue marcada por una clase empresarial mundial que sólo atendía intereses económicos y políticos, un poder desproporcionado que mantiene el control y arrastra a la humanidad al desequilibrio.

 

Los tiempos cambian

 

La tecnología está aquí para quedarse, con todas las maravillas que aporta, pero es el momento de considerar cómo afecta a otras cosas que apreciamos.
Sherry Turkle, Reclaiming Conversation

En la era digital todo está mediatizado y en pocas décadas han cambiado nuestras costumbres cotidianas. Hay aspectos de la vida humana que han sido afectados, positiva o negativamente, por la revolución tecnológica. El desarrollo de internet ha transformado la sociedad y trajo consigo otra manera de hacer las cosas. La Red maneja la economía, la política y la cultura; en definitiva, la sociedad global depende de ella. La llamada nube de información (cloud computing) que se está configurando, parece haber encontrado su sitio en algún lugar virtual de la atmósfera terrestre. El ser social, en cuerpo y mente, está atrapado en una niebla de redes inalámbricas que lo rodea día y noche. La nube administra y domina nuestras vidas, nos pasamos horas pendientes del correo electrónico, de las redes sociales, de mensajes y noticias. Vivimos obsesionados por la información y la comunicación, desconectarse es cada vez más difícil y no queremos hacerlo por temor a perdernos algo importante.


En el campo de los valores y sentimientos también ha habido cambios. En especial entre los jóvenes, que se han criado en estos parámetros tecnológicos. Cuando los observamos ensimismados en la realidad virtual, nos llegan las preguntas: ¿Qué buscan ahora los jóvenes, cuáles son sus sueños, por qué estarían dispuestos a luchar, a dar la vida? ¿Les sigue motivando alcanzar una sociedad más justa e igualitaria como a la juventud del siglo pasado?


No hay indicios de que hayan surgido nuevos planteamientos que combinen y equilibren la realidad evolutiva con la ética natural, en busca de objetivos comunes al margen de fanatismos políticos, sociales o imposiciones divinas. Se tiene la sensación de que, para la mayoría de la juventud, esa línea de pensamiento orientada hacia la consecución de un ideal humano ha sido abandonada, bloqueada por modelos individualistas, de culto a la imagen. Permanecen embelesados por el perfil público que ellos mismos diseñan y proyectan, confirmando así la metáfora esencial del libro Comprender los medios de comunicación (Understanding Media), de McLuhan: el mito de Narciso. No existe un debate social abierto ni se plantean alternativas, no parece haber ganas de ponerse a razonar o a valorar, más bien se aprecia una indolencia convenida, reforzada por la tendencia a dejarse llevar por estímulos cada vez más virtuales.


A este “remolino caótico” que es la sociedad actual sólo se le podrá encontrar sentido a través de la observación: ver quiénes somos, en dónde estamos ubicados, qué nos está pasando y qué necesitamos. Es importante hacernos conscientes del vacío que nos rodea y descubrir hacia dónde se dirige este camino que estamos recorriendo. La pregunta fundamental es saber si realmente hemos elegido transitarlo o se trata de una imposición. ¿Podríamos ejercer el libre albedrío, decir no, aunque sea a nivel personal, y abrir otras brechas por dónde caminar? ¿Existe realmente la probabilidad de hacerlo o el sistema nos pondría toda clase de trabas? La respuesta tiene que darla cada uno, pero sospecho que la mayoría no cree que sea posible y adopta una actitud de dejarse llevar, de justificar su entrega para seguir encomendados a un ente superior, en este caso tecnológico, que excluye toda reflexión o duda.

 

Consecuencias y perspectivas

 

Debido a que el presente es siempre un período de penoso cambio, cada generación tiene una visión del mundo en el pasado.
B. R. Powers

 

En definitiva, los cambios han sido notables: entre las formas de comunicarse que existían hace cien años y las actuales hay un abismo. Las nuevas tecnologías nos han invadido súbitamente, produciendo transformaciones sociales y culturales que afectan nuestros círculos más próximos: el trabajo, la educación, la familia...; su manejo en cualquier ámbito se hace imprescindible. Las sociedades contemporáneas dependen de la tecnología para funcionar en todos sus estratos. Hoy en día, los medios audiovisuales son los canales de socialización más importantes; quien los controle puede influir de forma decisiva sobre los puntos de vista y el criterio de las audiencias.


Las relaciones interpersonales y los comportamientos sociales se han modificado desde que manejamos equipos digitales. Nuestra actividad en períodos de descanso sería diferente si tuviésemos desconectada nuestra terminal móvil; hacerlo sería para muchos inconcebible. La dependencia de los dispositivos y sus prestaciones es cada vez mayor. Utilizarlos nos hace vivir pendientes de ellos y en consecuencia desconectados de nuestra realidad: limitan el tiempo de reposo y la atención para relacionarnos. Un buen ejercicio sería recordar qué cosas hacíamos antes y ver qué hacemos ahora, para distinguir con claridad lo que ha cambiado en nuestras vidas.


En su más reciente libro, Reclaiming Conversation (2015), la psicóloga Sherry Turkle, que estudia estos temas desde hace años (Vida en pantalla, 1997; Alone together, 2011), al referir a que estamos perdiendo la capacidad de conversar afirma que “se nos ha olvidado que hay una nueva generación que ha crecido sin saber lo que es una conversación ininterrumpida”. Cuando la conversación se produce se ve interrumpida constantemente porque mantenemos abiertos canales virtuales de relación que atendemos con descaro estemos con quien estemos. De esta costumbre emerge un nuevo concepto: phubbing, que hace referencia al acto de ignorar a alguien al mirar el teléfono en lugar de prestarle atención.


Las nuevas tecnologías nos mantienen conectados pero no nos comunican realmente, se nos escapa el mundo de las experiencias directas y los vínculos afectivos, no sentimos los latidos de nuestra propia vida. ¿Podrá la electrónica sustituir el –hasta ahora– necesario contacto físico?


El consumo tecnológico en aparatos y en tiempo se expande, lo que puede convertirse en una barrera para establecer relaciones cordiales, abiertas, creativas. Las redes sociales, a pesar de su capacidad de ser plataformas para ejercer la libertad de expresión y luchar por el bien común, se vuelven espejo de los nuevos tiempos, donde se refleja una imagen proyectada, un escaparate más en el centro comercial del culto al ego.


Las consecuencias del uso de las nuevas tecnologías suscitan más preguntas que respuestas porque todavía están sin analizar. Se habla del tema pero no se reflexiona sobre la manera en que afectan la cultura y el arte, los valores sociales, a niños y jóvenes que se están formando. El porcentaje de uso de equipos móviles entre la juventud es el más elevado y eso deja secuelas.


¿Qué bagaje trae la juventud? Las nuevas generaciones han crecido en esta dinámica de relación que implica otro esquema de valores. El mundo virtual les resulta más cercano, inmediato y conocido, incluso más natural; una realidad donde enfrentan menos problemas porque tienen el control. Las terminales digitales móviles –para qué seguir llamándolas teléfonos– se han convertido en una extensión de los sentidos y nos provocan problemas de atención y omisiones de conciencia.


Ante la evidencia del predominio del ambiente virtual entre los jóvenes, se nos plantea una cuestión que puede ser vital para el futuro de la sociedad: ¿las nuevas generaciones serán capaces de frenar el ímpetu tecnológico que está cambiando nuestra visión del mundo y encontrar alternativas donde confluyan los nuevos tiempos con la realidad física cotidiana tal como ahora la conocemos?


La pregunta queda en el aire, sólo el tiempo podrá darnos la respuesta. Mientras tanto, convendría recordar lo que Marshall McLuhan afirmaba: “No hay absolutamente nada que no pueda evitarse mientras exista el deseo de contemplar lo que está ocurriendo.” (The Medium is the Massage, 1967). Tenemos que mantener la esperanza y creer que, por medio del análisis y reconocimiento de pautas de relación, conseguiremos entender la realidad social y sus circunstancias, afrontarla y armonizarnos con ella •

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