Miércoles, 02 Marzo 2016 07:08

G-20: ¿estancamiento o crisis?

G-20: ¿estancamiento o crisis?

La cumbre financiera del G-20 que concluyó el sábado pasado dejó un mal sabor de boca. El cónclave reunió a los ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales del G-20. Más allá del ceremonial, la junta puso a la vista dos cosas importantes: la falta de coordinación en materia de política macroeconómica y las dificultades por las que atraviesa la economía china.


El Fondo Monetario Internacional (FMI) recomendó al G-20 comenzar a preparar un programa coordinado de estímulo para el crecimiento. Pero el secretario del Tesoro estadunidense Jack Lew respondió que no había necesidad de instrumentar un programa anti-crisis como en 2009 cuando el G-20 puso en marcha un programa coordinado de estímulos para evitar una depresión mundial. Tenemos mucha incertidumbre, dijo Lew, pero no una crisis. Eso es casi lo mismo que decían las autoridades monetarias en Estados Unidos a finales de 2007.


El ministro alemán de finanzas Wolfgang Schaeuble fue más claro e insistió que seguir hablando de más estímulos es una forma de distraer la atención sobre lo que realmente se necesita hacer. Como siempre, el alemán insistió en que lo que realmente urge es poner las cuentas macroeconómicas en orden. Es decir, lo que se necesita es más austeridad.


Todos sabemos que lo que suceda con la economía china tendrá enormes repercusiones a nivel mundial. El premier chino Li Keqiang hizo todo lo posible por mostrar una imagen de un gobierno que tiene pleno control de la situación económica. Pero lo cierto es que la evolución de la economía en China es uno de los más grandes focos de inquietud e incertidumbre para inversionistas en todo el mundo. Las medidas del banco central de los últimos meses buscaron quitar algo de presión a la gigantesca burbuja de endeudamiento que padece la economía china. Pero al final eso sólo llevó a mayores niveles de endeudamiento y terminó por hacer más frágil a todo el sistema financiero y bancario. El discurso de Li Keqiang no pudo contrarrestar los efectos del derrumbe del mercado de valores en China o las malas noticias sobre su desempeño reciente.


La economía china ocupa el primer lugar en niveles de endeudamiento (razón deuda contra ingreso) del sector financiero para el período 2007-2014. Pero también ocupa el tercer lugar en el mundo en endeudamiento del sector corporativo y cuarto en materia de endeudamiento de las familias. Como señala Amir Sufi de la Universidad de Chicago, los problemas de la economía china van mucho más allá del sector financiero pues ese país ha seguido el mismo sendero de todas las economías capitalistas que buscan asegurar crecimiento rápido: endeudamiento masivo para la construcción y para la compra de bienes de consumo duradero. Y ese proceso siempre culmina invariablemente con episodios crónicos de burbujas inflacionarias que al estallar conducen al estancamiento, tal y como se observa en el gigante asiático hoy.


Muchos piensan que Pekín tiene suficientes reservas en el banco central para enfrentar esta crisis. Y es cierto que China mantuvo durante años un superávit en la cuenta corriente de su balanza de pagos, lo que en teoría debería permitirle bastante más flexibilidad. Sin embargo, esas reservas se están evaporando a un ritmo impresionante (alrededor de 100 mil millones de dólares cada mes) y claramente los tres billones de dólares que hoy tiene el banco central no van a durar eternamente. De hecho el mercado financiero ya ha tomado nota del ritmo al que se están usando las reservas del banco central y eso no ha dejado de tener un impacto en términos de volatilidad.


Hay que observar que la coyuntura en China tiene parecidos con la situación en Japón a finales de los años ochenta. Este último también mantuvo un superávit en la cuenta corriente durante años y contaba con grandes reservas a finales de los ochenta pero eso no impidió las burbujas en los precios de bienes inmuebles y el sobreendeudamiento que condujo a veinte años de estancamiento. Hoy algunos datos sobre el desempeño de la economía china lo dicen todo. Por ejemplo, el crecimiento del consumo de energía eléctrica pasó de 25 a 15 por ciento entre 2010 y 2012, pero en 2015 ese crecimiento fue cero. Otro indicador alarmante es que el volumen de carga que se movió en la economía china en 2015 tuvo una caída de 11 por ciento. Si se suma a todo esto la cantidad de capacidad instalada ociosa en casi todas las ramas de la industria china, la idea de que el aterrizaje no va ser suave comienza a adquirir más credibilidad. El impacto en la economía global será desastroso.


Quizás China pueda mantener tasas de crecimiento mediocres en los próximos años. Pero una cosa es segura, el capitalismo en China está mutando hacia un sistema social que no se parece al de una economía capaz de elevar el nivel de vida de la mayor parte de la población.


La respuesta del FMI no se hizo esperar: al finalizar la reunión redujo su estimación para 2016 sobre el crecimiento de la economía global de 2.7 a 2.5 por ciento. Pero parece que los mercados no comparten el optimismo del FMI.


Twitter: @anadaloficial

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Viernes, 26 Febrero 2016 06:13

El sexo en la era digital

El sexo en la era digital

Históricamente la tecnología siempre ha tenido relación con el erotismo y el sexo. Desde las revistas pornográficas, las películas XXX y los programas radiales eróticos de la era analógica hasta los programas televisivos de encuentros, las líneas telefónicas “hot” y canales de televisión “premium” de la década del 90. Con la digitalización de las comunicaciones y la aparición de aplicaciones multimedia, las tecnologías digitales transformaron el consumo y la difusión de contenidos sexuales. A diferencia de lo que sucede en los medios tradicionales donde las personas ocupaban el rol de consumidores pasivos –el lector para los periódicos, la audiencia para la radio y el espectador para el cine y la televisión– la expansión y auge de Internet en los últimos veinte años dio la posibilidad a los usuarios, no sólo de recibir contenidos, sino también de producirlos y difundirlos públicamente. Desde su apertura comercial, la red transformó el consumo del porno y la producción casera de contenidos. A partir de la popularización de la web como servicio más popular de Internet comenzaron a aparecer los primeros sitios pornográficos por suscripción y chats eróticos para el intercambio. Para el filósofo español Roman Gubern –autor del libro El eros electrónico– el anonimato que propicia Internet permite las relaciones entre extraños en tanto que cuando se tiene poca información sobre el interlocutor es fácil proyectar sus deseos o fantasías sobre él, de modo que un individuo sin rostro se le puede idealizar colocándole el más atractivo o deseado.


En el nuevo milenio, la llegada de los celulares inteligentes y la incorporación de cámaras en los mismos el intercambio de material íntimo se popularizó como práctica cotidiana. Esta tendencia lleva el nombre de “sexting” –derivado de las palabras “sex” y “texting”, en inglés– que denota la transmisión de imágenes de contenido erótico o sexual a través de servicios o aplicaciones de Internet. Consta del envío fotografías, videos y/o sonidos de producción casera obtenidos mediante autofoto o “selfie”, tanto así como filmaciones autoproducidas mediante computadoras, celulares u otros dispositivos. Las imágenes se caracterizan por contener escenas de desnudez o semidesnudez, retratos de autoestimulación y también de tipo pornográfico. Si bien suele relacionarse con los adolescentes, el sexting –al igual que las redes sociales de encuentros– es una tendencia que incluye a los adultos. En algunos casos esta tendencia se presenta como sustituto de las relaciones carnales y forma de sexo seguro, mientras que para algunos jóvenes oficia como etapa previa a la iniciación sexual por las inhibiciones que presenta el “cara a cara”. Asimismo, el intercambio puede utilizarse como un fin de estimulación propia –denominado en la jerga de Internet como “cibersexo”– o como estrategia de seducción.


Un estudio reciente de la Universidad de Drexter en Filadelfia afirma que el sexting mejora la vida sexual de las parejas adultas a partir del juego de roles que desata en una relación sentimental. Independientemente de los beneficios que puede acarrear esta práctica, la transmisión de estos contenidos a través de la red conlleva una serie de riesgos y peligros para las personas. Gracias a la filtración de material erótico o pornográfico se creó en los últimos años una nueva categoría dentro de los sitios web pornográficos: el “sexo casero” o “amateur”. Esto deriva de un fenómeno que en el lenguaje de la red se lo conoce como “porno venganza”, que consiste en la retrasmisión o publicación por parte de un tercero no autorizado de material erótico sin el consentimiento del usuario. Una vez que una persona utiliza los servicios y aplicaciones de Internet para intercambiar estos contenidos, pierde el control del mismo. El riesgo es la “viralización” o su reproducción en sitios web, redes sociales o programas de intercambio de archivos. Más del 90 por ciento de las fotos y videos pornográficos amateur que circulan por Internet son publicados por ex parejas, ex novio/as o conocidos. Por otro lado, existe el peligro de la “sextorsión”, una forma de explotación que consiste en el chantaje a una persona a partir de la posesión de una imagen desnuda o semidesnuda sin su consentimiento. Las motivaciones pueden ser el abuso sexual –obligando a la víctima a concertar un encuentro cara a cara con él–, el envío de dichas fotos o videos, y en menor medida, la solicitud de dinero, todo bajo amenaza de divulgar públicamente dichos contenidos.

 

Gustavo Sain, especialista en cibercrimen y profesor de la Universidad Nacional de Quilmes.

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Martes, 16 Febrero 2016 05:47

Estar afectados

Estar afectados

Se ha logrado que las cosas no nos afecten. Con todo lo cual la gente se hunde en la ignorancia, y el conocimiento ya no es más posible, pues aparece como un tejido de datos, noticias e información, que cada quien logra que no lo afecte, por lo menos demasiado.


Hay numerosas cosas —y gente— que nos son indiferentes. Por una razón u otra. Por el contrario, hay cosas, personas, lugares y experiencias que nos afectan. En ocasiones, nos afectan enormemente. Vale la pena pensar por un instante en el tema.


El afecto tiene una doble connotación. De un lado, hace referencia a unas causas, por definición, distintas de los efectos. La causa afecta. En numerosas ocasiones no somos causas de nosotros mismos. Y para la mayoría de la gente, su propia vida es agenciada por numerosas otras causas, y ellos, simplemente van, se dejan llevar. No son, en sentido propio, agentes.


De otra parte, el afecto se refiere a una efectuación sobre nuestra propia subjetividad, nuestra interioridad, ese lugar recóndito y enigmático del que surge nuestra existencia. Cuando algo nos afecta, nos afecta en el cuerpo, en la mente, y también en el espíritu. En ocasiones dejamos de dormir o de comer, o suspendemos los ritmos habituales, y disminuimos los niveles de concentración y actividad.


Es lo que sucede, por ejemplo, en el caso del amor, e incluso de esa experiencia de borrador que es el enfatuamiento; enamoramiento digamos en español castizo. Hay palabras o gestos, silencios o acciones, pero también temores y fantasías que nos afectan. En ocasiones.


Hay quienes viven la vida todo el tiempo afectados. Y hay quienes no. Si en ocasiones en el lenguaje popular alguien afectado puede ser alguien con amaneramientos, asimismo alguien afectado es siempre una persona de extrema sensibilidad.


Nos afectan paisajes y música, personas y recuerdos, ilusiones y expectativas, y cuando somos afectados sucede esa paradójica experiencia en la que nos sentimos vulnerables, pero al mismo tiempo experienciamos nuestra entera subjetividad.


Las afectaciones les suceden a algunos en el estómago, a otros en la garganta, y otros más en el control de sus palabras o en el movimiento de manos y dedos. Hay afectaciones que se salen a la cara y casi todas se reflejan en la mirada, la cual deja de ser “normal”. Hay incluso a quienes las cosas les afectan en el colon, y entonces aparecen problemas digestivos y otros. Sin la menor duda, cada época somatiza las afectaciones de formas diferentes.


Y, sin embargo, vivimos una época que enseña a los individuos, a veces ya desde la niñez, a disimular las emociones y a cobijar las sensibilidades. Los hombres, verosímilmente, deben ser fuertes, y las mujeres disimuladas. El romanticismo no tiene demasiada cabida en un mundo de beneficios y competitividad, y los soñadores están siempre susceptibles de ser arrastrados por las tormentas, que es uno de los nombres de la realidad; la realidad–real, esa que es crasa y fría.


Para los griegos el conocimiento comenzaba por el asombro (thaumaxein), esa capacidad de dejarnos llevar por cosas, experiencias, ideas o fenómenos. Cuando la verdad es que, hoy por hoy y cada vez más, hay cada vez menos gente que se asombra. Se niegan a, o cierran sus emociones y sensibilidad. Entonces las noticias del mundo se asimilan a otros datos más y más información, y nada nos asombra ni nos afecta ya. Se ha logrado que las cosas no nos afecten. Con todo lo cual la gente se hunde en la ignorancia, y el conocimiento ya no es más posible, pues aparece como un tejido de datos, noticias e información, que cada quien logra que no lo afecte, por lo menos demasiado.


Quienes evitan dejarse afectar por las cosas reconocen, implícitamente, que son impotentes ante la fuerza de las cosas. Y es ese sentimiento de impotencia lo que conduce a reducir las emociones, a negar la sensibilidad, a ese llamado horripilante a “ser realistas” y que le abre las puertas de par en par al pragmatismo y al utilitarismo. Un sujeto que no sueña ha dejado de vivir, hace ya un tiempo. Eso es lo que Hollywood pinta como el país de los zombies, los cuales se alimentan de los cerebros de los vivos. Un mito urbano más producto del realismo craso (principium realitatis).


En contraste, hay quienes no dejan de asombrarse, y se niegan a aceptar los hechos crudos y las noticias planas. Se trata de personas que se ven afectadas, y en ocasiones por una cosa y otra. Sin la menor duda, se trata de seres sensibles, y siempre críticos y reflexivos. Pero esa es gente molesta para el statu quo, que con diferentes tonos desarrolla estrategias y terapias de in–sensibilización. Para que las cosas no nos afecten “demasiado”.


Justamente en ese sentido, una de las principales armas es justamente la industria del entretenimiento. Que por definición es distinta a la industria de la cultura. (Si de industrias se trata). El principal sector económico en Estados Unidos, hoy por hoy, no es el automovilístico o el petrolero, sino la industria del entretenimiento. Hollywood, Disney, Broadway y demás. Pasar el tiempo, gastar el tiempo y hacer que la vida sea placentera sin preocuparse demasiado. “Que ya demasiados problemas hay en el mundo” (= para tener uno más). Es el colchón y la cuna del conformismo.


Ponerle cabeza a las cosas y que el corazón no nos afecte tanto, se dice. Hacer la vida lo más llevadera posible y disfrutar cada instante. Porque el pasado genera nostalgia y el futuro no es seguro que llegue. Se dice. Una postura que ni siquiera se acerca al estoicismo, sino que es pura política de aguante. Ojalá, por lo menos, hubiera resistencia; que es una de las expresiones de cuando las cosas nos afectan.


Ser actor, ser agente, ser sujeto es algo que cada vez más se le quiere dejar a entes y no ya a los individuos. Son actores y agentes, en esta lectura, las empresas y las iglesias, las instituciones y el Estado, y otros nombres y figuras semejantes. Son estos los que actúan en el mundo, “pues una golondrina no hace verano”. Sucede así el desplazamiento total de los afectos y las afectaciones.


Nos afectan casi siempre las cosas que entendemos, y las cosas que vemos con nuestros propios ojos, sin imágenes ni reflejos. Nos afectan las cosas que siempre, aunque sucedan en los otros, nos son propias. En fin, nos afecta todo aquello que también afecta al entendimiento y a la razón sensible. Pues en verdad no existen dos cosas, sino una sola: la sensibilidad y el pensamiento. Los grandes del arte y la filosofía, de la ciencia y la cultura siempre lo han reconocido así, y muchos otros lo han vivido como una experiencia propia.


En la afectación somos los otros, y somos la naturaleza misma. Y comprendemos que no hay dos cosas, sino una comunidad de esencia. Estar afectados, dejarse afectar, vivir afectados, tiene ciertamente mucho de una existencia trágica, pero es también la primera forma de la alegría. Para no mencionar esa experiencia única que es la compasión. Sentir con los otros, padecer con los otros, ser los otros mismos. Eso que un poeta maldito llamara como el yo que es otro. (Rimbaud: Je est un Autre).


La imaginación y la gran literatura, la buena ciencia y la mejor filosofía, las experiencias verdaderas y las más auténticas ponen todos de manifiesto que la mejor comprensión y entendimiento sucede como una experiencia desde adentro, jamás como alteridad y diferencia, nunca como trascendencia y especificidad singular. Vivir, vivir de veras es estar afectados, permanentemente y en grados diversos por los acontecimientos. Al fin y al cabo, el mundo entero es lo que sucede en nuestro interior, en las emociones y sentimientos y en el cerebro. Pero cada quien es tan sólo una interface entre su propia intimidad y el universo entero.

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Idean solución a bomba de tiempo de desechos plásticos en océanos

Científicos han ideado la mejor manera de retirar millones de toneladas de desechos plásticos que flotan en los océanos, bomba de tiempo que amenaza con envenenar el ecosistema marino.


Se estima que unas 8 millones de toneladas de desechos plásticos, como empaques de alimentos y botellas, son derivadas hacia los océanos cada año, donde se descomponen en microplásticos que atraen toxinas químicas ingeridas por las criaturas oceánicas más pequeñas.


Se prevé que la cantidad acumulada de plástico en el océano se decuplicará en 2020, y las consecuencias persistirán durante siglos, dado el tiempo requerido para que los plásticos se biodegraden. Esto ha producido llamados a una iniciativa global para recoger el desperdicio plástico flotante en la superficie de los mares.


Existe ya un plan ambicioso de acopio de recursos para recoger desechos que circulan en un enorme parche de basura en medio del Pacífico, mediante el uso de barreras inflables de 100 kilómetros de largo, alineadas a través de las corrientes marinas.


Pero un nuevo estudio sugiere que esto sería mucho más efectivo si se hiciera cerca de líneas costeras densamente pobladas, en especial en las costas de China e Indonesia, donde gran parte del desperdicio entra al mar.
Limpiar desde tierra


El llamado gran parche de basura del Pacífico es una ilustración altamente visible de la escala del problema global. Sin embargo, los investigadores creen que sería mejor acometer la limpieza más cerca de su fuente en tierra, donde cada año se tira el equivalente a más de 15 bolsas de plástico de supermercado por cada 30 metros de línea costera del mundo, señalan.


El estudio, llevado a cabo por un equipo del Colegio Imperial, es comparado con dos métodos hipotéticos de recoger plástico marino en un periodo de 10 años entre 2015 y 2025, ya sea retirando el desecho del medio del océano o emplazando las barreras de recolección frente a la costa, cerca de zonas densamente pobladas.


Modelos de computadora sugirieron que colocar dispositivos de recolección más cerca de las costas retiraría alrededor de 31 por ciento de los microplásticos, pequeños trozos y fibras resultantes de la descomposición ambiental de piezas más grandes. Sin embargo, cuando todas las barreras de recolección se colocan dentro de los parches de basura que circulan en mitad del océano, sólo se retirarían 17 por ciento de los microplásticos, según el estudio publicado en la revista Environmental Research Letters.


Tiene sentido retirar plásticos donde entran al océano, alrededor de centros económicos y de alta densidad de población en las costas. También significa que se pueden quitar antes de que puedan causar daño. Los plásticos del parche han viajado mucho y potencialmente han hecho mucho daño, comentó Erik van Sebille, del Colegio Imperial, director del trabajo.
Aunque existe una masa enorme de desechos plásticos circulando en los giros del océano –corrientes circulares–, sería más eficiente atacar el problema donde la mayor parte del desperdicio entra al mar, que por coincidencia es más rico en vida silvestre, señaló Peter Sherman, estudiante de física que participa en el estudio.


Detener la fuente contaminante


El gran parche de basura del Pacífico cuenta con una masa enorme de microplásticos, pero el mayor flujo de plásticos está frente a las costas, donde entra a los océanos. Hay mucho plástico en el parque, pero es una zona relativamente muerta para la vida en comparación con la riqueza en torno a las costas, expresó Sherman.


Necesitamos limpiar de plástico los océanos, y en última instancia esto debe hacerse deteniendo la fuente de contaminación. Sin embargo, esto no ocurrirá de la noche a la mañana, así que se requiere una solución temporal, y los proyectos de limpieza pueden serlo si se hacen bien.


Un estudio de 192 países realizado el año pasado encontró que la mayor parte de los desechos plásticos de los océanos procede de personas que viven en una franja costera de 50 kilómetros. Se estima que cada año se generan 275 millones de toneladas de desperdicios en el mundo, y entre 4.8 y 12.7 millones son arrojados deliberadamente al mar o son arrastrados a él.


Otro análisis encontró que 90 por ciento de las aves marinas han tragado plásticos y que esas aves se concentran en torno a las costas. Las predicciones de cómo se incrementará la cantidad de desperdicio plástico tomaron en cuenta la creciente industrialización de las naciones en desarrollo, el crecimiento de la población y los intentos de limitar la deriva de desechos hacia los océanos mediante actividades de manejo de desperdicios en tierra.


Traducción: Jorge Anaya

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Lunes, 08 Febrero 2016 06:20

Globalización histérica

Globalización histérica

Al principio pareció divertido. Excitante. Estimulante. La globalidad, su simultaneidad hiperconectada, la sensación de ser ultramodernos nos convencieron de que vivíamos un progreso único en la escala humana. Tal vez fuera verdad, mas no para nosotros, la humanidad presente. Con perdón de Hegel, la Historia siempre termina. Cada vez estamos en el fin de la Historia; sólo a los ideólogos oportunistas proclaman la perogrullada de que hemos llegado (y venturosamente) a ese fin por primera y definitiva ocasión. ¿Para iniciar algo mejor, más humano que lo humano, por el incesante progreso de la especie? Sentimos nadar la felicidad de la facilidad. Abundan no obstante indicios de que ya alcanzamos ciertos límites.

Como dice Rüdiger Safranski, nos movemos en un universo hecho por nosotros, donde el humano tiene que vérselas cada vez más y en todo momento consigo mismo. Un mundo artificial (donde el interés urbano y extractivo, por ejemplo, se antepone a cualquier otro) que a la larga, intuye Safranski, devendrá mortalmente aburrido. Y eso si se mantiene viable. El actual catastrofismo ambiental, económico, demográfico, y el inspirado en religiosidades delirantes, podrían dar al traste con todo antes que nos alcance el tedio.


Los pobladores originarios de Australia, horriblemente diezmados en pleno siglo XX por una sociedad civilizada, o sea brutal, son quizá los más humillados de la Tierra. También son la población humana más antigua: 10 mil años ininterrumpidos. Solos en su continente, solían caminar grandísimas distancias. Cuando llegaban a su destino, se sentaban en silencio un cierto tiempo, para esperar a que los alcanzara su alma. ¿No estaremos así? Hemos logrado todo esto pero como especie no estamos preparados. El espíritu humano sigue sin alcanzarse, por eso vivimos tiempos tan peligrosos. Domina la irresponsabilidad de políticos, científicos, magnates y ejércitos que manipulan técnicas humanas superiores a ellos mismos y reducen a la humanidad a una minoría de edad de nuevo tipo, modelada por el consumismo al que prácticamente nadie escapa.


Safranski apela a las historias, lo único real posible dentro de la Historia (¿un eco de John Berger?): hormiguero de historias ya que no podemos verla en su conjunto. Alumno de Adorno y colega de Sloterdijk (con quien condujo en Alemania el programa televisivo El cuarteto filosófico, 2002-2012), su amigo José María Pérez Gay destacaba su doble calidad de filósofo y escritor. Sin exhibicionismo, Safranski ha formulado algunas de las preguntas más pertinentes del tiempo actual. Lúcido y conciso, propone hacer un claro en el bosque ante la histeria globalista que nos condena a la rapidez, fascinados por ella. Si no nos hacemos sitio estaremos perdidos. Habrá que adoptar conductas y pensamientos que signifiquen menos rapidez, como cultivar el sentido de lo local, la capacidad para desconectar, para no estar accesible (¿Cuanta globalización podemos soportar?, Tusquets, 2004).


No olvidemos que en la red comunicativa no hay ninguna no comunicación, pues también ésta es un acto comunicativo. Lo sabe bien todo el que tiene un teléfono móvil. Potencialmente está siempre accesible, y por ello es tarea suya dar las razones cuando no lo está, advierte Safranski. "Estar siempre accesible, el ideal de la sociedad de la comunicación, se tiene por un progreso, y se ha olvidado que antes sólo tenía que estar accesible el ámbito de lo 'personal'. Hoy en cambio presionamos para que nos empleen como mensajeros de la red de comunicación".


Estas constante disposición y disponibilidad olvidan que no sólo nuestro cuerpo requiere una protección inmunológica, sino también nuestro espíritu. No podemos permitir que todo entre en nosotros; ha de entrar sólo en la medida en que podamos apropiarnos de ello. Pero la lógica del mundo enlazado comunicativamente está dirigida contra la protección inmunológica de la cultura. Perdidos en un sistema sin filtros, quien no se doblegue a la coacción de la comunicación renunciará al orgullo de estar siempre a la altura de la época y en la cúspide del movimiento.


Esto lleva a pensar en espejismos cuyo efecto a largo plazo aún desconocemos, como las amistades intangibles y esencialmente falsas de las redes sociales (independientemente de la eficacia informativa que éstas puedan proporcionar). Nos encontramos ante una dudosa abolición de la distancia. Interroga Safranski: "Nuestra civilización, en la que crece la participación de los 'singulares', ¿no se está transformando en una sociedad de consumidores finales que, desligados de la cadena de generaciones, sólo se cuidan de sí mismos?" Ya nadie se deja enredar con el sentido de responsabilidad. Sólo consumimos ofertas.


¿Cuánto más seguiremos transformando el mundo sin obliterar la existencia de una humanidad que pierde el sentido de la responsabilidad? Luego nos extrañamos de cómo votan los pueblos en lo que hoy se da por "democracia".

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Viernes, 05 Febrero 2016 05:49

Google lo sabe todo de ti

Google lo sabe todo de ti

En nuestra vida cotidiana dejamos constantemente rastros que entregan nuestra identidad, dejan ver nuestras relaciones, reconstruyen nuestros desplazamientos, identifican nuestras ideas, desvelan nuestros gustos, nuestras elecciones y nuestras pasiones; incluso las más secretas. A lo largo del planeta, múltiples redes de control masivo no paran de vigilarnos. En todas partes, alguien nos observa a través de nuevas cerraduras digitales. El desarrollo del Internet de las cosas ( Internet of Things ) y la proliferación de objetos conectados (1) multiplican la cantidad de chivatos de todo tipo que nos cercan. En Estados Unidos, por ejemplo, la empresa de electrónica Vizio, instalada en Irvine (California), principal fabricante de televisores inteligentes conectados a Internet, ha revelado recientemente que sus televisores espiaban a los usuarios por medio de tecnologías incorporadas en el aparato.


Los televisores graban todo lo que los espectadores consumen en materia de programas audiovisuales, tanto programas de cadenas por cable como contenidos en DVD, paquetes de acceso a Internet o consolas de videojuegos... Por lo tanto, Vizio puede saberlo todo sobre las selecciones que sus clientes prefieren en materia de ocio audiovisual. Y, consecuentemente, puede vender esta información a empresas publicitarias que, gracias al análisis de los datos acopiados, conocerán con precisión los gustos de los usuarios y estarán en mejor situación para tenerlos en el punto de mira (2).


Esta no es, en sí misma, una estrategia diferente de la que, por ejemplo, Facebook y Google utilizan habitualmente para conocer a los internautas y ofrecerles publicidad adaptada a sus supuestos gustos. Recordemos que, en la novela de Orwell 1984, los televisores –obligatorios en cada domicilio–, "ven" a través de la pantalla lo que hace la gente ("¡Ahora podemos veros!"). Y la pregunta que plantea hoy la existencia de aparatos tipo Vizio es saber si estamos dispuestos a aceptar que nuestro televisor nos espíe.


A juzgar por la denuncia interpuesta, en agosto de 2015, por el diputado californiano Mike Gatto contra la empresa surcoreana Samsung, parece que no. La empresa fue acusada de equipar sus nuevos televisores también con un micrófono oculto capaz de grabar las conversaciones de los telespectadores, sin que éstos lo supieran, y de transmitirlas a terceros (3)... Mike Gatto, que preside la Comisión de protección del consumidor y de la vida privada en el Congreso de California, presentó incluso una propuesta de ley para prohibir que los televisores pudieran espiar a la gente.


Por el contrario, Jim Dempsey, director del centro Derecho y Tecnologías, de la Universidad de California, en Berkeley, piensa que los televisores-chivatos van a proliferar: "La tecnología permitirá analizar los comportamientos de la gente. Y esto no sólo interesará a los anunciantes. También podría permitir la realización de evaluaciones psicológicas o culturales, que, por ejemplo, interesarán también a las compañías de seguros". Sobre todo teniendo en cuenta que las empresas de recursos humanos y de trabajo temporal ya utilizan sistemas de análisis de voz para establecer un diagnóstico psicológico inmediato de las personas que les llaman por teléfono en busca de empleo..

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Repartidos un poco por todas partes, los detectores de nuestros actos y gestos abundan a nuestro alrededor, incluso, como acabamos de ver, en nuestro televisor: sensores que registran la velocidad de nuestros desplazamientos o de nuestros itinerarios; tecnologías de reconocimiento facial que memorizan la impronta de nuestro rostro y crean, sin que lo sepamos, bases de datos biométricos de cada uno de nosotros... Por no hablar de los nuevos chips de identificación por radiofrecuencia (RFID) (4), que descubren automáticamente nuestro perfil de consumidor, como hacen ya las "tarjetas de fidelidad" que generosamente ofrece la mayoría de los grandes supermercados (Carrefour, Alcampo, Eroski) y las grandes marcas (FNAC, el Corte Inglés).


Ya no estamos solos frente a la pantalla de nuestro ordenador. ¿Quién ignora a estas alturas que son examinados y filtrados los mensajes electrónicos, las consultas en la Red, los intercambios en las redes sociales? Cada clic , cada uso del teléfono, cada utilización de la tarjeta de crédito y cada navegación en Internet suministra excelentes informaciones sobre cada uno de nosotros, que se apresura a analizar un imperio en la sombra al servicio de corporaciones comerciales, de empresas publicitarias, de entidades financieras, de partidos políticos o de autoridades gubernamentales.


El necesario equilibrio entre libertad y seguridad corre, por tanto, el peligro de romperse. En la película de Michael Radford, 1984, basada en la novela de George Orwell, el presidente supremo, llamado Big Brother, define así su doctrina: "La guerra no tiene por objetivo ser ganada, su objetivo es continuar"; y: "La guerra la hacen los dirigentes contra sus propios ciudadanos, y tiene por objeto mantener intacta la estructura misma de la sociedad" (5). Dos principios que, extrañamente, están hoy a la orden del día en nuestras sociedades contemporáneas. Con el pretexto de tratar de proteger al conjunto de la sociedad, las autoridades ven en cada ciudadano a un potencial delincuente. La guerra permanente (y necesaria) contra el terrorismo les proporciona una coartada moral impecable y favorece la acumulación de un impresionante arsenal de leyes para proceder al control social integral.


Y más teniendo en cuenta que la crisis económica aviva el descontento social que, aquí o allí, podría adoptar la forma de motines ciudadanos, levantamientos campesinos o revueltas en los suburbios. Más sofisticadas que las porras y las mangueras de las fuerzas del orden, las nuevas armas de vigilancia permiten identificar mejor a los líderes y ponerlos fuera de juego anticipadamente.


"Habrá menos intimidad, menos respeto a la vida privada, pero más seguridad", nos dicen las autoridades. En nombre de ese imperativo se instala así, a hurtadillas, un régimen de seguridad al que podemos calificar de "sociedad de control". En la actualidad, el principio del "panóptico" se aplica a toda la sociedad. En su libro Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión , el filósofo Michel Foucault explica cómo el "Panóptico" ("el ojo que todo lo ve") (6) es un dispositivo arquitectónico que crea una "sensación de omnisciencia invisible" y que permite a los guardianes ver sin ser vistos dentro del recinto de una prisión.

Los detenidos, expuestos permanentemente a la mirada oculta de los "vigilantes", viven con el temor de ser pillados en falta. Lo cual les lleva a autodisciplinarse... De esto podemos deducir que el principio organizador de una sociedad disciplinaria es el siguiente: bajo la presión de una vigilancia ininterrumpida, la gente acaba por modificar su comportamiento. Como afirma Glenn Greenwald: "Las experiencias históricas demuestran que la simple existencia de un sistema de vigilancia a gran escala, sea cual sea la manera en que se utilice, es suficiente por sí misma para reprimir a los disidentes. Una sociedad consciente de estar permanentemente vigilada se vuelve enseguida dócil y timorata" (7).


Hoy en día, el sistema panóptico se ha reforzado con una particularidad nueva con relación a las anteriores sociedades de control que confinaban a las personas consideradas antisociales, marginales, rebeldes o enemigas en lugares de privación de libertad cerrados: prisiones, penales, reformatorios, manicomios, asilos, campos de concentración... Sin embargo, nuestras sociedades de control contemporáneas dejan en aparente libertad a los sospechosos (o sea, a todos los ciudadanos), aunque los mantienen bajo vigilancia electrónica permanente. La contención digital ha sucedido a la contención física.


A veces, esta vigilancia constante también se lleva a cabo con ayuda de chivatos tecnológicos que la gente adquiere libremente : ordenadores, teléfonos móviles, tabletas, abonos de transporte, tarjetas bancarias inteligentes, tarjetas comerciales de fidelidad, localizadores GPS, etc. Por ejemplo, el portal Yahoo!, que consultan regular y voluntariamente unos 800 millones de personas, captura una media de 2.500 rutinas al mes de cada uno de sus usuarios. En cuanto a Google, cuyo número de usuarios sobrepasa los mil millones, dispone de un impresionante número de sensores para espiar el comportamiento de cada usuario (8): el motor Google Search, por ejemplo, le permite saber dónde se encuentra el internauta, lo que busca y en qué momento. El navegador Google Chrome , un megachivato, envía directamente a Alphabet (la empresa matriz de Google) todo lo que hace el usuario en materia de navegación. Google Analytics elabora estadísticas muy precisas de las consultas de los internautas en la Red. Google Plus recoge información complementaria y la mezcla. Gmail analiza la correspondencia intercambiada, lo cual revela mucho sobre el emisor y sus contactos. El servicio DNS ( Domain Name System , o Sistema de nombres de dominio) de Google analiza los sitios visitados. YouTube , el servicio de vídeos más visitado del mundo, que pertenece también a Google –y, por tanto, a Alphabet–, registra todo lo que hacemos en él. Google Maps identifica el lugar en el que nos encontramos, adónde vamos, cuándo y por qué itinerario... AdWords sabe lo que queremos vender o promocionar. Y desde el momento en que encendemos un smartphone con Android , Google sabe inmediatamente dónde estamos y qué estamos haciendo. Nadie nos obliga a recurrir a Google, pero cuando lo hacemos, Google lo sabe todo de nosotros. Y, según Julian Assange, inmediatamente informa de ello a las autoridades estadounidenses...


En otras ocasiones, los que espían y rastrean nuestros movimientos son sistemas disimulados o camuflados, semejantes a los radares de carretera, los drones o las cámaras de vigilancia (llamadas también de "videoprotección"). Este tipo de cámaras ha proliferado tanto que, por ejemplo, en el Reino Unido, donde hay más de cuatro millones de ellas (una por cada quince habitantes), un peatón puede ser filmado en Londres hasta 300 veces cada día. Y las cámaras de última generación, como la Gigapan, de altísima definición –más de mil millones de píxeles–, permiten obtener, con una sola fotografía y mediante un vertiginoso zoom dentro de la propia imagen, la ficha biométrica del rostro de cada una de las miles de personas presentes en un estadio, en una manifestación o en un mitin político (9).


A pesar de que hay estudios serios que han demostrado la débil eficacia de la videovigilancia (10) en materia de seguridad, esta técnica sigue siendo refrendada por los grandes medios de comunicación. Incluso una parte de la opinión pública ha terminado por aceptar la restricción de sus propias libertades: el 63% de los franceses se declara dispuesto a una "limitación de las libertades individuales en Internet en razón de la lucha contra el terrorismo" (11).


Lo cual demuestra que el margen de progreso en materia de sumisión es todavía considerable..

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Notas:


(1) Se habla de "objetos conectados" para referirse a aquellos cuya misión primordial no es, simplemente, la de ser periféricos informáticos o interfaces de acceso a la Web, sino la de aportar, provistos de una conexión a Internet, un valor adicional en términos de funcionalidad, de información, de interacción con el entorno o de uso (Fuente: Dictionnaire du Web ).
(2) El País , 2015.
(3) A partir de entonces, Samsung anunció que cambiaría de política, y aseguró que, en adelante, el sistema de grabación instalado en sus televisores sólo se activaría cuando el usuario apretara el botón de grabación.
(4) Que ya forman parte de muchos de los productos habituales de consumo, así como de los documentos de identidad.
(5) Michael Radford, 1984, 1984.
(6) Inventado en 1791 por el filósofo utilitarista inglés Jeremy Bentham.
(7) Glenn Greenwald, Sin un lugar donde esconderse , Ediciones B, Madrid, 2014.
(8) Véase "Google et le comportement de l'utilisateur", AxeNet (http://blog-axe-net-fr/google-analyse-comportement-internaute).
(9) Véase, por ejemplo, la fotografía de la ceremonia de la primera investidura del presidente Obama, el 20 de enero de 2009, en Washington (http://gigapan.org/viewGigapanFullscreen.php?auth=033ef14483ee899496648c2b4b06233c).
(10) "'Assessing the impact of CCTV', el más exhaustivo de los informes dedicados al tema, publicado en febrero de 2005 por el Ministerio del Interior británico (Home Office), asesta un golpe a la videovigilancia. Según este estudio, la debilidad del dispositivo se debe a tres elementos: la ejecución técnica, la desmesura de los objetivos asignados a esta tecnología y el factor humano". Véase Noé Le Blanc, "Sous l'oeil myope des caméras", Le Monde diplomatique, París, septiembre de 2008.
(11) Le Canard enchaîné , París, 15 de abril de 2015.

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Los siete mayores cambios para el medio ambiente que veremos en 2016

El fin del mito del coche eficiente, la emergencia definitiva del consumidor sostenible o la nueva movilidad urbana son algunos de ellos.

 

El fin del mito de los coches eficientes


El coche eficiente ha sido el caballo de batalla de la industria durante décadas. La idea era convertir el viejo automóvil, ruidoso y contaminante, en el nuevo vehículo del siglo XXI, limpio y silencioso. Durante años, los fabricantes han esgrimido estadísticas que demuestran que los coches de hoy emiten una fracción de los óxidos de nitrógenos, partículas, etc., que emitían en los ochenta o noventa. Incluso se presentan datos de reducción paulatina de las emisiones de CO2. El caso Volkswagen ha dado al traste esta estrategia. Ahora sabemos que el coche eficiente de motor convencional es un callejón sin salida, que la reducción drástica de emisiones solo se podrá conseguir utilizando una tecnología completamente distinta.

 

Pero la industria ha anunciado con orgullo la venta de más un millón de coches en 2015, todos los cuales, menos 2.000, son de motor de gasoil o gasolina. Más de un millón de coches de los que expulsan humo por el tubo de escape, muchos de los cuales seguirán rodando en 2026.

 

La emergencia definitiva del consumidor sostenible


Tras el consumidor verde de tipo heroico que solo quería salvar al planeta, aunque fuera a costa de su salud y su bolsillo y el ecoconsumidor pijo, amante de productos eco súpersaludables y súpercaros, llega el consumidor sostenible, es decir, el que quiere ahorrar dinero, mejorar su salud y de paso salvar al planeta. Y a su encuentro sale toda una nueva rama de la economía: consumo colaborativo, economía circular, cultura de compartir más que de tener.

 

Muy buenos ejemplos de todo esto hay en la movilidad, con el auge del coche compartido en todas sus variantes, que está acabando con la cultura de "tener coche" propia de la gente de más edad. O nuevas formas de comprar comida, más orientadas a lo vegetal que a lo animal. O una nueva manera de considerar los artículos desechados, que antes tirábamos automáticamente a la basura, como valiosos objetos para reparar y dar una nueva vida.


La salida del armario del gamberro ambiental, sin complejos


Ahora que parece que hay un consenso mundial sobre la manera de proteger nuestro planeta del desastre climático, es posible que llegue a su fin del consenso sobre la sostenibilidad cotidiana. Hasta hace poco, los ciudadanos concienciados y responsables que comían poca carne e iban al trabajo en bicicleta se veían como algo folklórico, ligeramente ridículo pero completamente inocuo. Esto ha sido así hasta que estos ecociudadanos, a través de sus representantes, han conseguido alguna parcelilla de poder político. Y entonces hacen cosas tan horrendas como pretender combatir la contaminación restringiendo el uso del coche.

 

La reciente experiencia de Madrid ha mostrado como la respuesta de una parte no despreciable de la ciudadanía a esta restricción ha sido poner el grito en el cielo y acusar a los promotores de la medida de antisistemas que quieren destruir nuestro modo de vida civilizado y occidental. Unas cosas llevan a otras, y este mismo influyente sector de la opinión pública, que podríamos llamar el partido del chuletón y el tubo de escape, critica acerbamente la lucha contra el cambio climático, las energías renovables el reciclaje, el coche eléctrico, las recetas vegetarianas y muchas cosas más por el estilo. Sin complejos.


La nueva movilidad urbana


ANFAC ha presentado recientemente siete medidas para reducir drásticamente la contaminación en las ciudades. Todas ellas se pueden interpretar en la dirección de la nueva cultura de movilidad. Por ejemplo, el etiquetado de vehículos o la recuperación de las rutas de empresa.

 

Es muy interesante la división de todos los coches de España en seis categorías: desde la cero (azul) a la 5 (rojo carmesí). Es la base fundamental para que aquellos con etiqueta roja paguen más impuesto de circulación, no tengan acceso a zonas restringidas, etc.


Las consecuencias de la COP 21 de París


La resaca de París va a ser muy prolongada. Una vez que se firmó el último documento de compromiso de acción y se vació la última botella de champán, todo parece tranquilo, pero por debajo de esas calmadas aguas hay cientos de equipos jurídico-político-técnicos dispuestos a entrar en acción en cada una de la Potencias firmantes. Hay mucho trabajo por hacer: redactar nuevas leyes, conseguir aprobaciones parlamentarias, establecer nuevos protocolos de actuación y nuevas normas técnicas.

 

Como en las movilizaciones militares, una vez que la maquinaria técnico-jurídica se pone en marcha ya no hay forma de pararla. Esperemos que las 195 maquinarias estatales implicadas en la firma que echaron alegremente en la COP21 no se detengan esta vez.


El fin del mito del petróleo


El petróleo, que imponía tanto respeto hasta hace poco, está de capa caída. Para empezar, es barato, hasta extremos insultantes (27,07 dólares por barril el 11 de enero). Los países compradores ahorran dinero a espuertas (no los compradores de gasolina, que pagan casi lo mismo). Los países vendedores ya no reciben tanto dinero como antes, y su poder político mundial disminuye en proporción.

 

El fracking, la gran esperanza fósil hasta hace poco, se ha revelado como lo que es: una manera demasiado cara y demasiado contaminante de conseguir hidrocarburos. Hay una desgana general en todo el asunto petrolífero. Es verdad que todavía es la energía predominante en la economía mundial, pero cada vez se ve con más claridad la era post-petróleo. Comparado con las excitantes nuevas energías, como la termoeléctrica o la hidroeólica, el petróleo resulta decimonónico.


La contaminación visible (y hasta vistosa)


Hubo un tiempo no muy lejano en que la contaminación se podía masticar, literalmente (en Pekín todavía pueden hacerlo). Densas masas de partículas impedían toda visión más allá de cincuenta metros. La ropa tendida se llenaba de carbonilla negruzca y las medias y paraguas de agujerillos por el ácido sulfúrico.

 

Tras duro trabajo de eliminar calderas de carbón, cambiar fuel pesado por gas, alejar industrias, etc., la atmósfera volvió a recuperar su transparencia. Es verdad que eso era si la mirabas desde el interior de la ciudad, porque desde fuera la boina oscura se veía con claridad tras unos pocos días de atmósfera en calma. Pero en general nos dábamos menos cuenta, las autoridades municipales nos tranquilizaban y pensábamos que el problema había sido erradicado.

Según se ha informado, el episodio de contaminación de diciembre de 2015 aumentó en un 10% las consultas en urgencias en la ciudad de Madrid. Una y otra vez, se publican estudios que demuestran que la contaminación nos enferma. En la ciudad antes citada, a lo largo de 2015, la media mensual de densidad de dióxido de nitrógeno fue de 40 microgramos por metro cúbico. Esto va a salir a la luz. La contaminación no es un fenómeno natural, sino un problema que socava gravemente nuestra calidad de vida y que tiene solución.


Iniciativas y otras cosas


The Carbon Levy Project: 90 compañías de petróleo, gas y carbón son responsables del 63% de las emisiones totales de CO2. ¿Deberían pagar por este daño que hacen al clima?

Publicado enMedio Ambiente
Viernes, 25 Diciembre 2015 07:13

La banca "carnívora"

La banca "carnívora"

"La falacia económica en acción es que el crédito bancario es un verdadero factor de producción, una fuente casi fisiocrática de fertilidad sin la cual no puede haber crecimiento. La realidad es que el derecho monopolístico de crear crédito bancario productor de intereses es una transferencia "libre" de la sociedad a una élite privilegiada".

Michael Hudson

Los banksters en acción

 

"No es un negocio agradable, pero se gana mucho dinero". La cínica sentencia pertenece a un prestamista indio de microcréditos inquirido acerca de la hipotética relación entre la ola creciente de suicidios de granjeros y el agobiante peso de las deudas contraídas para adquirir –entre otros insumos- las "milagrosas" semillas transgénicas del algodón Bt de Monsanto. La dramática situación resulta paradigmática del modo en que el capitalismo financiarizado depredador actúa a nivel global. En los años 90, el clásico ariete integrista del Consenso de Washington (BM, FMI y OMC) impuso en la India el habitual "paquetazo" neoliberal basado en la desregulación del comercio, las omnipresentes reformas estructurales y las masivas privatizaciones de servicios públicos. Ante la desaparición subsiguiente de los subsidios agrícolas y la incorporación de la producción de algodón –el mismo que abasteció las fábricas de Inglaterra en los albores del mundo moderno- a los circuitos comerciales controlados por el agrobusiness, los inermes granjeros quedaron atrapados en la tenaza formada por los "vendedores de crecepelo" de Monsanto y los usureros que les prestaban el capitalito con el que convertirse en "dinámicos" emprendedores. Al socaire del desbrozamiento neoliberal brotaron asimismo como hongos instituciones de microfinanzas –premiadas, en algún caso, con el Nobel de la paz y el Príncipe de Asturias por su "filantrópica" labor- que alardeaban de su abnegada tarea de benéfica ayuda al desarrollo frente a la falta de escrúpulos de los desalmados prestamistas privados. Contaban, para resaltar su admirable vocación de servicio al prójimo, con la entusiasta bendición de multitud de acendradas ONG's y fundaciones privadas del mundo rico, que ensalzaban las virtudes sin par de la panacea que libraría de las garras de la miseria crónica a legiones de pobladores de las inmensas zonas rurales de la "mayor democracia del mundo".

Nada más lejos de la realidad: mientras la propaganda asistencial cantaba loas a sus virtudes salvíficas, los microcréditos estaban siendo empaquetados por los bancos locales en creativos productos financieros vendidos a los tiburones de la banca de inversión en las grandes metrópolis de las finanzas mundiales. Los prestamistas usurarios asistían encantados al festín mientras endilgaban más y más préstamos "basura" -"cuando les prestamos el dinero, sabemos si van a poder pagar o no"-, sin preocuparse en absoluto por el elevado riesgo que implicaban. Los "incentivos perversos" inducidos por la diversificación de riesgos -que evitan al prestamista la preocupación de asegurarse de la solvencia del prestatario al transferir el crédito a sociedades instrumentales y fondos de inversión que lo empaquetan y lo esparcen por la nebulosa financiera- desencadenaron una enorme burbuja en la concesión de préstamos crecientemente incobrables. El resultado fue catastrófico: en los últimos 20 años, 350.000 granjeros se han suicidado debido al fracaso de sus inversiones –las nuevas semillas mutantes, conocidas como "Terminator" por ser estériles (habiendo de adquirirlas a Monsanto en cada ciclo), requerían doble cantidad de agua y las sequías características de la región esquilmaban frecuentemente toda la cosecha- y la incapacidad subsiguiente de honrar sus obligaciones ante los prestamistas mamporreros de la gran banca nacional e internacional. En una amarga ironía, muchos agricultores se quitan la vida ingiriendo el pesticida para cuya compra se endeudaron "hasta las cejas". Mientras tanto, los "hilillos de liquidez" que fluyen de los pagos de las deudas de miríadas de agricultores indios, convenientemente embalados en innovadores y lucrativos derivados financieros, riegan de rentabilidad las cuentas de algún mastodóntico fondo de inversión de Wall Street. Como dice, sarcásticamente, Arundhati Roy: "Hay mucho beneficio que hacer a costa de los pobres y también unos cuantos premios Nobel".

***

"Me pone enfermo la crueldad con que la gente habla de estafar a sus clientes. Durante los últimos doce meses he oído a cinco mánagers distintos referirse a sus propios clientes como 'marionetas'". La colérica afirmación no procede de ningún vehemente activista antisistema, obsesionado con la iniquidad del capital, sino de la carta de dimisión de Greg Smith, exdirector ejecutivo de Goldman Sachs. El eminente arrepentido denuncia –eso sí, a toro pasado- las prácticas depredadoras de la firma ("el calamar vampiro", según The New York Times) y afea los abusos -"sacadles los ojos", era la cariñosa manera de referirse a los incautos inversores- cometidos endosando productos 'basura' a los "humildes ahorradores". Mientras tanto, en la típica jugada a dos bandas, a otros clientes más avezados se les asesoraba sobre cómo apostar contra los mismos infames productos en el casino financiero; ¿muy astutos, no? Así resume el compungido Mr. Smith la "loable" ética de los negocios y de servicio al cliente que reinaba en el buque insignia de Wall Street –afirmación que podría haber suscrito, desde el extremo opuesto en la jerarquía del negocio, el prestamista indio citado más arriba: "Sólo se trata de cómo podemos ganar el máximo de dinero a su costa".

Fabrice Tourre, exvicepresidente de la firma –conocido como "Fabuloso Fab" en sus tiempos gloriosos de gurú de los traders en productos derivados-, es el único condenado hasta la fecha por fraude en el escándalo de la venta de productos tóxicos –"Frankensteins", los denominaba el probo Fabrice en sus mails privados- que provocaron pérdidas de millones de dólares a los cándidos estafados. Se trataba de sofisticados productos financieros, compuestos de la morralla de las hipotecas subprime, que el ladino bróker endilgaba mediante patrañas –incluso a comienzos de 2007, cuando era palmaria la inminencia del colapso- a sus desprevenidas víctimas asegurándoles, con su encantador aspecto de "yerno ideal", que se trataba de la inversión 'más segura de sus vidas'. El considerado "cabeza de turco" del escándalo –su todopoderosa firma empleadora se fue "de rositas" pagando una módica (calderilla para sus ingentes recursos) indemnización extrajudicial de 550 millones de dólares- confesaba en un correo privado a su novia que estaba "vendiendo monstruosidades (sic) que arruinarían a viudas y huérfanos".

Mutatis mutandis, idénticos términos podrían aplicarse a la colosal estafa de las participaciones preferentes cometida por las cajas de ahorros españolas en el comienzo de la reciente debacle financiera (2009-2011). "Es una pena tener el dinero a la vista en la cuenta en la que cobran la pensión", soltó zalamero un solícito empleado de una sucursal de Caixa Nova en Vigo a una pareja de octogenarios –ella, con un 70% de minusvalía psíquica- para atraerles hacia la irresistible oferta de invertir sus 95.000€ -los 'ahorros de toda una vida', quizás para pagar los encarecidos estudios de los nietos o ayudar al hijo en paro con la hipoteca- en un depósito a plazo fijo "totalmente seguro". En realidad, se trataba de un producto especulativo –'complejo y de riesgo elevado', según la Comisión Nacional del Mercado de Valores- comercializado a la desesperada por las moribundas cajas de ahorros para captar recursos propios ante el inminente desplome del mercado inmobiliario que las convertiría en pecios financieros. Los desalmados banksters porfiaban por "cargar el muerto" a los crédulos "viudas y huérfanos" para que apoquinaran con sus esforzados peculios mientras desvalijaban las maltrechas arcas de sus agonizantes empresas con jubilaciones e indemnizaciones multimillonarias. Mientras tanto, maniobraban a la desesperada para borrar las huellas del crimen y salir airosos de las ruinosas consecuencias de sus tejemanejes en el "capitalismo de amiguetes" a la española. Entramado rebosante de relaciones incestuosas entre administraciones "recalificadoras", gigantes inmobiliarios con pies de barro, muñidores y arribistas de todo pelaje y entidades financieras venales que atizaban el festín especulativo con caudalosos fondos procedentes de la banca centroeuropea. Naturalmente, del colosal rescate bancario posterior al colapso, abundantemente regado con dinero público destinado a evitar las pérdidas de la gran banca franco-alemana -gran lubricante de la burbuja inmobiliaria de la piel de toro-, no quedó ni un mísero eurillo para resarcir a los infortunados preferentistas: "ellos se lo habían buscado".

 

La "máquina de succión"

 

"Sangre, sudor y lágrimas arrancadas a millones, ¿por qué?, ¡por la renta!".

Lord Byron

"La producción capitalista está ocupada constantemente en el intento de superar sus barreras innatas, para al cabo superarlas por medios que luego harán que estas mismas barreras adquieran un tamaño formidable. "

Carlos Marx

 

La rapiña financiera que reflejan las trapacerías anteriores parecería legitimar la rotunda afirmación de Michael Hudson: "En vano se buscará un reconocimiento honrado del carácter mafioso progresivamente asumido por el sector financiero, harto más cercano a los cleptócratas postsoviéticos que gozaban de información privilegiada que a innovadores schumpetarianos preocupados por las inversiones productivas y la creación de empleo".

Pero la virulencia y sordidez de los casos descritos no deberían ocultar –como cándidamente pretenden los reformistas moralizantes como Krugman o Stiglitz, que culpan únicamente al inicuo apéndice especulativo y a la falta de controles públicos adecuados de los males del sistema- la creciente penetración de las actividades financieras "honorables" en la vida cotidiana y en la satisfacción de las necesidades convencionales de la población. Su doble condición de motor de la financiarización de la economía y pilar basal del sostenimiento de la rentabilidad capitalista en la fase neoliberal impele al sector bancario a fagocitar ámbitos cada vez más amplios de la reproducción social y los bienes comunes.

A medida que la provisión de bienes y servicios del sector público se ha ido privatizando, los bancos han mediado crecientemente en el acceso a la vivienda, a los bienes de consumo duradero, a la educación y, cada vez más, a la salud, obteniendo pingües réditos mediante los seguros privados, los créditos hipotecarios y otros préstamos personales.

Los empobrecidos, atemorizados –demasiado poco se insiste en la conexión entre la "máquina de succión" financiera y la pacificación y domesticación de los asalariados- y precarizados trabajadores son obligados a pasar por el aro del endeudamiento creciente para satisfacer la provisión privada de sus necesidades básicas. Se generan así amplias y sistemáticas apropiaciones de valor extraído de los ingresos personales que -a través del incesante flujo de entelequias financieras que producen los "alquimistas" modernos, creadores del dinero y el crédito bancarios- engrosan las arcas de los gozosos perceptores de rentas e intereses. Las fórmulas de sobreexplotación laboral, concretadas en la proliferación de "falsos autónomos", trabajadores "free-lance" o "por cuenta propia" –que, en los crudos términos de Andrés Piqueras, corresponden a la "fase orgiástica de la explotación" y la gestión individual de la supervivencia- arrojan, asimismo, a los nuevos "emprendedores" en manos de los únicos que les pueden procurar los fondos para iniciar los precarios proyectos. Paradójicamente, la capacidad del sistema de integrar a capas de población cada vez más grandes en el trabajo asalariado disminuye a ojos vista mientras que no se tolera ninguna forma de supervivencia al margen de las relaciones monetarias.

Tal configuración agudiza la fractura social entre, de un lado, los que –a través de su condición de beneficiarios de rentas financieras, de bienes raíces o de fondos de pensiones- disfrutan de tiempo libre y de las disposiciones necesarias para apropiarse de los "frutos de la ciencia y la civilización" y, del otro, los que están condenados a consagrar una fracción creciente de su tiempo a trabajar como "bestias de carga" para sufragar las exacciones financieras. El brutal crecimiento de la desigualdad –al que no es ajeno el desarrollo de "islas" de muy elevado desarrollo tecnológico y trabajadores de "cuello blanco" ultraespecializados - que una matriz social semejante supone, inserta un tercer sujeto –el rentista, principal beneficiario, aparte de los promotores directos, de la "servidumbre por deudas"- en la canónica distinción entre explotadores y explotados en el demediado mundo del trabajo asalariado.

Las privatizaciones de servicios esenciales (agua, gas, electricidad, telecomunicaciones) -características del masivo proceso de expropiación de los "comunes"-, han representado otra enorme punción de la riqueza social destinada a engrosar las cuentas de resultados de los oligopolios energéticos y de la gran banca –principal accionista de los mismos-. Los precios de los servicios públicos sólo suben: el transporte, las comunicaciones, los suministros domésticos...todo lo que se privatizó –en contra de las promesas iniciales de baratura y competencia creciente que procuraría la "eficiente" gestión privada de los mismos- se ha encarecido. La "acumulación por desposesión", descrita por David Harvey, se manifiesta crudamente en la fagocitación, perpetrada por las corporaciones energético-bancarias, de los bienes que garantizan la reproducción del ser humano como especie (agua, tierra, aire, espacio público). De nuevo en palabras de Hudson: "se trata de convertir a la economía toda en una enorme colección de puestos de peaje". Las recetas del catecismo neoliberal del capitalismo "senil" –ciscándose, dicho sea de paso, en más de dos siglos de teoría económica ortodoxa que constata la ineficiencia de la gestión privada de los monopolios naturales, por sus excluyentes barreras de entrada y su tendencia al abuso de posición dominante- conducen a una economía rentista-extractiva en manos de las grandes corporaciones y los mastodontes de las finanzas.

Desde finales de los años setenta, la acumulación real basada en los bienes de consumo duradero, típica de la fase fordista del capitalismo de posguerra, ha tenido un comportamiento mediocre. Pero el sector financiero ha crecido de manera extraordinaria en lo que respecta a utilidades y tamaño de las instituciones y los mercados. Ha habido desregulación –derogación de la ley Glass-Steagall en 1996-, cambios tecnológicos –millones de transacciones instantáneas a través de Internet- e institucionales –bancos centrales independientes, furibundos facilitadores de un océano de liquidez gracias a la formidable eclosión de la oferta monetaria posterior al Nixon Shock- que han dado lugar a una expansión mundial sin precedentes del "milagro del interés compuesto".

La actual banca comercial ha tendido a desacoplarse de la financiación de capital productivo –su sacrosanto y primigenio cometido- para potenciar hasta el paroxismo el crédito hipotecario, al consumo y los préstamos garantizados por las acciones empresariales (para fusiones, adquisiciones, saqueos y tomas de control de otras empresas). El efecto inmediato es la estimulación desquiciada de la inflación de los precios de los activos y la formación de formidables burbujas especulativas que descoyuntan inevitablemente el conjunto de la economía.

El combustible de la "titulización" ("las hipotecas se emitían, pero no se conservaban en el balance, sino que se transferían a sociedades instrumentales creadas por los bancos y entonces esas sociedades emitían títulos de deuda con respaldo hipotecario") destruyó la frontera entre la banca comercial y la banca de inversión convirtiéndose -en palabras de Warren Buffet, experto conocedor del proceso- en un "arma financiera de destrucción masiva". El probo banquero tradicional, generador de riqueza a través del préstamo responsable y prudente a los honrados burgueses necesitados de un "capitalito" para invertir y crear empleo había dado paso a un especulador insaciable, completamente desvinculado de la responsabilidad de vigilar la solvencia del prestatario y el cobro de los préstamos. Espoleados por el papel taumatúrgico de la llamada diversificación del riesgo –a través de múltiples productos derivados (CDO's, CDS, swaps y un largo etcétera) y de sociedades instrumentales (los famosos Hedge Funds en lugar prominente) que empaquetaban bonitamente los productos primarios- los bancos se lanzaron a una vorágine especulativa que encerraba una bomba de relojería de hiperendeudamiento e inflación de activos. La música dejó de sonar cuando los "hilillos de liquidez" que nutrían el entramado se extinguieron.

Como explica Costas Lapavitsas: "Los bancos parecían haber encontrado una forma de mantener el rubro de los activos de su balance en permanente liquidez, a la vez que de manera constante otorgaban más créditos. A ese maravilloso descubrimiento se le llamó el modelo bancario de "prestar y vender".

La descripción que hace a continuación Lapavitsas del derrumbe de la estafa piramidal en 2007, que marcó el abrupto final de los días de "vino y rosas" merece ser citada in extenso: "Ahora es más fácil ver las raíces del desastre que azotó a la economía mundial: los verdaderos titulares de las hipotecas en Estados Unidos eran trabajadores, con frecuencia los de menores recursos; además, los salarios reales no habían aumentado de manera significativa durante la burbuja, ni siquiera para los asalariados de mayores ingresos, de tal manera que la fuente de valor que en última instancia debía validar tanto las hipotecas como los activos con respaldo hipotecario era de una fragilidad patética. Sobre esa precaria base, el sistema financiero había construido una enorme superestructura de endeudamiento, minando así drásticamente su propia liquidez y solvencia (...) Cuando comenzaron los impagos y el derrumbe se hizo inminente, la interacción destructiva de la liquidez y la solvencia llevó a la bancarrota, el colapso del crédito, la disminución de la demanda y la aparición de la recesión". El juego se había acabado.

Empero, sería un error aplicar al capitalismo contemporáneo una lectura "vulgar" que consistiera en identificar una tendencia autónoma y "tumoral" hacia la financiarización, que vendría a parasitar con su metástasis el funcionamiento normal del "buen" capitalismo industrial.

Bien al contrario: es precisamente la ausencia de mercancías susceptibles de sostener una producción y un consumo de masas lo que empuja la expansión desaforada del capital financiero, uno de cuyos componentes centrales son –frente a toda presunta dicotomía entre la esfera financiera y la productiva- las grandes multinacionales que operan en la esfera de la clásica producción de mercancías. Es este bloqueo de la productividad del trabajo y de la ampliación de los mercados -al menos en el "Primer Mundo", que aún representa el 60% del consumo mundial- lo que impide el retorno a la 'buena forma de hacer ganancias' y lo que explica la huida hacia adelante del capitalismo senil. El aumento de la "ganancia no acumulada", resultante de la nueva matriz de rentabilidad, y la intensificación de la explotación laboral exigieron que las finanzas jugaran un rol funcional en la reproducción de los anémicos capitales procurando salidas alternativas a la menguante demanda salarial: el consumo de los rentistas y el formidable sobreendeudamiento de los trabajadores. Hacer de la financiarización la protagonista estelar de tal configuración es tomar un síntoma por la causa –arremetiendo ingenuamente contra los banqueros "sanguijuelas" y los agiotistas desalmados-, permaneciendo en la superficie de las cosas. Si, según la fórmula de Robert Boyer, el mal capitalismo expulsa al bueno, es porque la buena forma de hacer ganancias (aumento rápido de la productividad social) ha agotado su capacidad de desarrollo y es constantemente expulsada por la mala, a saber, la insaciable búsqueda de rentas y de beneficios extra a partir de la sobreexplotación del trabajo y el festín privatizador del neoliberalismo carnívoro.

Ello trunca de raíz –y las políticas redobladamente antipopulares pergeñadas para la supuesta salida de la crisis lo corroboran- las ilusiones "paliativas" correspondientes a un capitalismo keynesiano fenecido cuarenta años atrás, cuando la ferocidad del embate neoliberal hizo saltar por los aires el "sueño húmedo" reformista-socialdemócrata de redistribución de rentas, pleno empleo y ampliación de Estado del bienestar.

La desoladora realidad es, bien al contrario, que el engendro parasitario en el que se ha convertido el modo vigente de apropiación privada de las menguantes riquezas del sufrido planeta y de expolio progresivo de sus habitantes nos aleja cada vez más de la admirable aspiración "homeostática" expresada en los bellos versos del malogrado poeta granadino: "queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra, que da sus frutos para todos".

Blog del autor: https://trampantojosyembelecos.wordpress.com/2015/12/07/la-banca-carnivora/ 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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Jueves, 05 Noviembre 2015 06:06

El esperado viraje

El esperado viraje

El gobierno de Estados Unidos se ha negado a mirar de frente el problema de las adicciones, que está diezmando a toda una generación de estadunidenses. Sin embargo, en los últimos tiempos han aparecido señales de cambio. El sábado 31 de octubre The New York Times publicó un artículo, firmado por Katharine Q. Seelye, que describe el cambio gradual en Estados Unidos de actitudes de los blancos de clase media ante el consumo de drogas duras como la heroína. Hasta muy recientemente el enfoque punitivo dominaba las opiniones al respecto; sin embargo, en los últimos tiempos ha empezado a cobrar forma una tendencia que entiende ese problema en primer lugar como un asunto de salud pública. Este cambio acarrearía una profunda transformación de las políticas de combate a la drogadicción, que tendría repercusiones también muy significativas para México, donde muchos creemos que la descriminalización o la regulación del consumo de drogas ofrecen soluciones a los problemas asociados al narcotráfico hasta ahora irresolubles. Si el cambio de política se materializa y se consolida también nosotros podremos abandonar políticas que no han funcionado y que han tenido costos prohibitivos para la sociedad y para el gobierno.


Desde hace muchos años, innumerables seminarios, simposios, conferencias y debates sostenidos por especialistas y no especialistas latinoamericanos, como el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, han argumentado que el consumo de drogas es un azote cuya derrota requiere de un tratamiento médico antes que policial. Sin embargo, la propuesta cayó siempre en oídos sordos en Estados Unidos, incluso entre los expertos. Ahora es posible que escuchen con atención, porque el número de estadunidenses blancos de clase media muertos por sobredosis registró recientemente un aumento dramático y aterrador. El problema ha alcanzado dimensiones epidémicas: 8 mil 260 muertes causó la heroína en 2013, un número cuatro veces superior al que se registró en 2000.


Según Seelye, el consumo de heroína se ha incrementado en Estados Unidos en toda la población, pero entre los blancos el crecimiento ha sido meteórico: en los últimos 10 años 90 por ciento de quienes consumieron heroína por primera vez eran blancos. Esta evolución se ha visto acompañada de un cambio en la categoría socioeconómica de los afectados; a diferencia de los consumidores de crack, en su mayoría negros pobres, los nuevos heroinómanos pertenecen a familias que tienen los recursos culturales y políticos para protestar contra la política vigente y exigir a las autoridades y a sus representantes en el Congreso que modifiquen su perspectiva y su lenguaje. Demandan que las adicciones sean consideradas una enfermedad y que dejen de ser vistas como un crimen; buscan para sus seres queridos una mirada más compasiva que recriminatoria. Dos de los precandidatos del Partido Republicano, Jeb Bush y Carly Fiorina, han hablado de la dolorosa experiencia de ver a una hija o a un hijo luchar contra la drogadicción o, de plano, sucumbir a sus estragos. Hillary Clinton ha incorporado el tema del consumo de drogas a sus discursos de campaña, en respuesta a las inquietudes que han manifestado sus auditorios.


No cabe duda que habla mal de la sociedad estadunidense el hecho de que exija la revisión de la guerra contra las drogas hasta que el problema alcanza a un grupo social relativamente privilegiado. En cambio, cuando se desató la epidemia de crack entre los grupos más desfavorecidos, concentrados en las áreas deterioradas de las grandes ciudades, la respuesta fue tolerancia cero y sentencias judiciales bien severas. No obstante, nada hay de nuevo en este fenómeno. En México, en los años 60 los jóvenes de clase media empezaron a fumar mariguana por influencia de los estudiantes en el campus en Berkeley, en la Universidad de Chicago, en Columbia o en Stanford, porque hasta entonces la mariguana era de consumo exclusivo del Ejército. Al menos eso nos decían. Es cierto que si al bajar de la Prepa 4 hacia avenida Revolución una pasaba por la COVE (Cooperativa Obrera de Vestido y Equipo), que entonces manejaba el Ejército, una creía que había que escapar de las caracolas de humo verde. A nadie se le ocurría imitar a la tropa.


Más allá de la responsabilidad de autoridades incompetentes o cómplices de los narcotraficantes, y de la proliferación de grupos criminales asociados a la expansión del mercado de drogas en Estados Unidos, México ha sido víctima de ese incremento. Entre nosotros también son los grupos de menores ingresos, que viven en malas condiciones, los que son más penalizados por el consumo o la posesión de drogas. Nuestros campos, nuestras ciudades, nuestros jóvenes, han sufrido directamente de lo que parece ser una demanda insaciable de estupefacientes en la sociedad estadunidense. No obstante, rara vez esa sociedad ha estado dispuesta a asumir la responsabilidad de los problemas que a nosotros nos causa la satisfacción de esa ansia. Hasta ahora nuestras quejas, nuestras protestas y propuestas a propósito de la ineficacia de las políticas del gobierno de Estados Unidos de combate contra las drogas han sido vistas básicamente con indiferencia, si no es que con fastidio. Estas actitudes también tendrán que cambiar.

Publicado enInternacional
Miércoles, 28 Octubre 2015 05:52

Estancamiento secular

Estancamiento secular

Si el sino fatal del capitalismo está marcado por la acumulación de capital y la expansión económica, ¿qué significa ingresar en una etapa de estancamiento secular?


El tema del estancamiento secular recuperó su brillo con una alusión que hiciera Lawrence Summers, economista clave del establishment, en 2013. Pero esta referencia conduce necesariamente a una reflexión más seria sobre la evolución de una economía capitalista, más allá de los mitos y dogmas en los que sigue creyendo Summers.


En 1938 Alvin Hansen introdujo esta noción en su libro sobre la recuperación económica después de la Gran Depresión. Para Hansen la esencia del estancamiento secular se integra por recuperaciones enfermas que mueren en su infancia y depresiones que se nutren a sí mismas y que dejan atrás una estela de desempleo inamovible. Pareciera que Hansen estuviera hablando hoy sobre la crisis y la muy frágil recuperación.


En la actualidad la muy débil recuperación se atribuye con frecuencia a la torpe política macroeconómica adoptada para afrontar la crisis, en especial la política de austeridad en Europa. Pero los efectos tan profundos de la crisis son una señal de que sus raíces están en tendencias de largo plazo en las economías capitalistas y no tanto en un problema de coyuntura (la crisis de las hipotecas sub-prime).


La visión de Hansen sobre la evolución de la economía estadunidense se basa en una perspectiva de largo plazo. En el siglo XIX la expansión de la frontera hacia el oeste sostuvo la inversión y la acumulación: el crecimiento de la red ferrocarrilera proporcionó un espacio adecuado a la expansión de la inversión. Al final de ese siglo la extensión de la frontera se agotó y la inversión comenzó a transitar hacia otra oleada de innovaciones. La locomotora de vapor cedió su lugar al complejo automotriz y a la electrificación y arrancó otro ciclo de acumulación de capital. Durante la década de los años 1920-29 estas innovaciones mantuvieron la demanda y el crecimiento, pero su capacidad para conservar el dinamismo de la economía se fue agotando gradualmente. Un factor adicional fue la caída en la tasa de crecimiento demográfico. El detonante de la crisis de 1929 estuvo en las finanzas y la especulación, pero los efectos abarcaron toda la economía. La razón es que las raíces de la crisis eran más profundas y se relacionaban con el agotamiento de estas industrias como estímulo del crecimiento.


Si las raíces de la crisis tienen que ver con fenómenos de largo plazo, como la acumulación de capital, eso significa que debemos fijar la atención en variables como la tasa de ganancia y las estructuras de mercado. Una referencia clave para pensar la crisis actual es la obra de Josef Steindl. Su libro Madurez y estancamiento en el capitalismo americano fue publicado en un momento (1952) en el que era poco usual invocar las leyes de la dinámica capitalista para examinar el tema del estancamiento.


La obra de Steindl es de gran relevancia por vincular la teoría de la inversión (un tema macroeconómico) con temas de organización industrial (a nivel rama de actividad). En su análisis la tendencia a la concentración del poder económico y a la consolidación de oligopolios concentrados en casi todas las ramas de actividad económica conduce a niveles cada vez más fuertes de capacidad ociosa, lo que refuerza la caída de la inversión en la economía real. El círculo vicioso se cierra cuando la reducción en la inversión restringe todavía más la presión competitiva y se recrudece la tendencia a la concentración.


Dos consecuencias tiene este proceso de creciente concentración de poder económico. Primero, promueve la reducción de salarios porque la clase capitalista reduce costos para contrarrestar el desplome de las ganancias. Esto es un gran motor de la desigualdad que observamos en la economía global en la actualidad y una fuente de la deficiencia crónica en la demanda agregada. Segundo, se impulsa la expansión del capital financiero que busca oportunidades de rentabilidad en la especulación. Aquí encontramos una de las razones por las que el capital financiero se ha separado por completo de las necesidades del capital industrial.


El proceso de globalización es más complejo de lo que deja ver el análisis de Steindl. Pero los altísimos niveles de capacidad instalada ociosa en la industria mundial (que alcanza niveles de 30-40 por ciento en promedio) parecerían corroborar sus planteamientos. Y la presencia cada vez más frecuente de burbujas (episodios de inflación en los precios de los activos) como mecanismo para mitigar la deficiencia crónica en la demanda agregada, también parece confirmar en líneas generales su análisis sobre fragilidad financiera (que anticipa el análisis de Minsky). La crisis sobreviene cuando las burbujas ya no sirven para financiar o reciclar deudas.


La lección es que los desequilibrios macroeconómicos no se resuelven de forma automática en el capitalismo. El estancamiento es resultado de las contradicciones internas del capital y no un producto de choques externos.
Twitter: @anadaloficial

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