La justicia chilena ordenó el cierre del megaproyecto minero Pascua Lama por daño ambiental

Pertenecía a la canadiense Barrick Gold, que ahora deberá pagar 9 millones de dólares

 

La justicia chilena cerró definitivamente el proyecto aurífero Pascua Lama por los daños ambientales causados en la frontera entre Chile y Argentina, enterrando así la intención de la minera canandiense Barrick Gold de construir la mina de oro y plata a cielo abierto más grande del mundo.

El Tribunal del Medio Ambiente de Chile determinó "la clausura total y definitiva de Pascua Lama" y una multa equivalente a unos 9 millones de dólares para la minera Barrick Gold, que en 2019 era el segundo productor mundial de oro.

"La magnitud del peligro de daño en la salud de las personas hace necesario el cierre del proyecto minero Pascua Lama al no parecer viables otras alternativas de funcionamiento seguro para el medioambiente y la salud de la población", indicó el tribunal.

El fallo confirma la decisión que anunció en 2018 la Superintendencia de Medio Ambiente de cancelar este proyecto por no cumplir con la licencia ambiental que se le había otorgado, y que Barrick Gold impugnó ante el tribunal medioambiental chileno.

El proyecto aurífero estaba ubicado a unos 4.500 metros de altitud en una zona de glaciares en la Cordillera de Los Andes, en la frontera norte entre Chile y Argentina. Era fuertemente resistido en ambos países debido a los problemas medioambientales provocados.

Según el ente regulador chileno, Pascua Lama violaba 33 normativas medioambientales, con monitoreo incompleto de los glaciares y la descarga de aguas ácidas en un río cercano, el Estrecho, que abastecía a comunidades indígenas diaguitas. Además, causó daños a especies de fauna y flora nativa.

"La Superintendencia obró dentro del ámbito de la legalidad ponderando correctamente los elementos de la proporcionalidad al optar por la sanción de clausura definitiva y no por una clausura parcial o temporal acotada", sostuvo el fallo.

El tribunal determinó también que Pascua Lama implementó una metodología de cálculo para alertas de calidad de aguas no autorizada, que utiliza niveles más permisivos que los contemplados en la calificación ambiental.

El proyecto se encontraba suspendido desde 2013, luego de que la Superintendencia considerara insuficientes las obras realizadas por Barrick Gold para resguardar los cursos de agua aledaños al yacimiento, por lo que le quitó la licencia ambiental.

La noticia fue celebrada por Greenpeace Chile, quien destacó la sentencia por ser "un importantísimo triunfo de las comunidades locales que por años han denunciado y realizado acciones legales por la grave afectación que la minería ha tenido en sus territorios."

La organización ecologista internacional señaló en un hilo de Twitter que Pascua Lama "es un referente nacional de la destrucción de glaciares por la minería y evidencia de manera clara todos los impactos e irregularidades de esta industria en sobre glaciares y ecosistemas de montaña, especialmente importantes en contexto de crisis de agua en Chile.

"Es el momento de aprobar una Ley de Glaciares que proteja a todos y cada uno de los glaciares en Chile. A estas alturas se trata de una legislación estratégica no solo para el cuidado del medioambiente, sino para la provisión futura de agua del país", remarcó en el descargo.

Y concluyó: "Chile enfrenta una grave crisis hídrica que no hará más que profundizarse en el futuro. Ante esta situación debemos cuidar cada gota de agua disponible. Por eso es que resulta clave y de vital importancia proteger los glaciares".

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El duro relato del gobernador de California por los incendios forestales

"No tengo ninguna paciencia con los negacionistas del cambio climático", alertó Gavin Newsom

El debate se metió de lleno en la campaña presidencial: Donald Trump insiste con una mejor "gestión forestal", mientras que Joe Biden criticó la postura del Presidente norteamericano.

 

Tras semanas de incendios que devastaron más de dos millones de hectáreas y provocaron 27 muertes en el oeste de Estados Unidos, el debate sobre el cambio climático y la gestión ambiental del Gobierno de Donald Trump se instalaron en el centro de la campaña presidencial, a 50 días de las elecciones.

Los estados más afectados por las devastadoras llamas han sido Washington, Oregón y, por lejos, California. Precisamente, a este último fue donde viajó este lunes el presidente y candidato a la reelección, Donald Trump, para reunirse en Sacramento con un grupo de bomberos y autoridades locales. Ni bien llegó a California, el mandatario habló con la prensa, evitó las preguntas sobre el cambio climático y dejó claro que el eje de la gestión debe ser "una mejor gestión forestal".

"Tenemos que hacer mucho sobre gestión forestal. Cuando se caen los árboles, después de 18 meses, se vuelven muy secos, como un fósforo, y pueden simplemente explotar. También pasa con las hojas cuando hay años de hojas secas en el piso. Y, además, hay que podar para evitar que se expanda después el fuego", aseguró Trump desde la pista de aterrizaje.

"Hace tres años que pido una mejor gestión forestal y espero que empecemos a trabajar sobre eso", agregó.

Mientras tanto, su principal opositor Joe Biden dio un discurso centrado en el cambio climático y fue muy crítico del accionar de Trump. "El presidente está por viajar a California y sabemos que no se va a reunir con los científicos ni va a tratar esta crisis con la seriedad que amerita. El Oeste está literalmente en llamas y él está culpando a las familias a las que se les está incendiando las casas", aseguró Biden, en referencia al foco del mandatario sobre la mala gestión forestal en esa región.

Además, hizo un paralelismo entre el discurso alarmista del mandatario sobre la inseguridad y el crecimiento de la criminalidad -intensificado con la campaña- y su gestión ambiental. "Trump habla de la amenaza criminal a nuestras ciudades y pueblos, pero la verdadera amenaza son los incendios, las inundaciones y las súper tormentas", sentenció. Y calificó al cambio climático como "la crisis existencial que definirá el futuro del país”.

"Esta crisis requiere acción, no negación", agregó el candidato demócrata, en referencia a las repetidas ocasiones en que Trump o miembros de su Gobierno negaron los fundamentos científicos que sostienen el calentamiento global causado por el ser humano.

"El impacto del cambio climático no es un fenómeno partidario, es ciencia, y, por eso, nuestra respuesta debe ser científica, no puede ser partidaria", enfatizó Biden, y volvió a prometer que, de ganar las elecciones, retornará al Acuerdo de París, el mayor esfuerzo multilateral actual en materia ambiental.

En esa misma línea, el gobernador de California, Gavin Newsom, aseguró: “No tengo ninguna paciencia con los negacionistas del cambio climático”. Y agregó: “El debate sobre el cambio climático ha terminado. Simplemente, vengan a California. Véanlo con sus propios ojos. No es un debate intelectual. Ni siquiera es un debate. Es una maldita emergencia climática. Esto es real”. Las declaraciones del funcionario tuvieron lugar luego de su visita a una de las zonas quemadas, al norte de Sacramento.

Por su parte, Kate Brown, gobernadora de Oregón, otra de las zonas más afectadas por los incendios, donde se han quemado en la última semana el doble de hectáreas que la media anual de la última década, dijo que “esto no va a ser un evento aislado, desgraciadamente es un aviso del futuro”. “Estamos viendo el impacto del cambio climático”, sentenció Brown.

En las últimas semanas, además, la fórmula demócrata Biden-Harris recibió apoyos de científicos ganadores del premio Nobel, ya que entre las promesas de campaña figuran basar su política ambiental en la ciencia y las posibilidades económicas y laborales que generan las energías sustentables. Al mismo tiempo, manifestaron su apoyo al New Deal Verde que impulsa el sector más progresista del Partido Demócrata, con la congresista Alexandria Ocasio-Cortez.

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Gran parte de emisiones de CO2 proviene de las cadenas de suministro de multinacionales

Análisis muestra el impacto de esas empresas al elegir países proveedores que sean más eficientes en carbono

 

Una quinta parte de las emisiones de dióxido de carbono proviene de las cadenas de suministro globales de las empresas multinacionales, según un nuevo estudio dirigido por el Colegio Universitario de Londres (CUL) y la Universidad de Tianjin, en China, que muestra el alcance de la influencia de esas compañías en el cambio climático.

El estudio, publicado en Nature Climate Change, mapea las emisiones generadas por los activos y proveedores de multinacionales en el exterior, y encuentra que el flujo de inversión es típicamente de países desarrollados a las naciones en desarrollo, lo que significa que las emisiones se subcontratan de hecho a las partes más pobres del mundo.

Muestra el impacto que pueden tener las multinacionales al fomentar una mayor eficiencia energética entre los proveedores o al elegir los que sean más eficientes en carbono. Los autores proponen que las emisiones se asignen a los países de donde proviene la inversión, en lugar de donde se generan.

Dabo Guan, de la Escuela Bartlett de Construcción y Gestión de Proyectos del CUL, explica que “las empresas multinacionales tienen una enorme influencia que se extiende mucho más allá de las fronteras nacionales. Si las principales compañías del mundo ejercieran su liderazgo en materia de cambio climático, por ejemplo exigiendo eficiencia energética en sus cadenas de suministro, podrían tener un efecto transformador en los esfuerzos globales para reducir las emisiones”, asegura.

“Sin embargo, las políticas de cambio climático de esas empresas a menudo tienen poco efecto cuando se trata de grandes decisiones de inversión, como dónde construir cadenas de suministro. Asignar emisiones al país inversor significa que las multinacionales son más responsables de las emisiones que generan como resultado de esas determinaciones”, prosiguió.

El estudio encontró que las emisiones de carbono de la inversión extranjera de las multinacionales cayeron de un pico de 22 por ciento de todas las emisiones en 2011 al 18.7 en 2016. Los investigadores señalan que es el resultado de una tendencia de “desglobalización”, con el volumen de reducción de la inversión directa, así como nuevas tecnologías y procesos que hacen que las industrias sean más eficientes en carbono.

Al trazar un mapa del flujo global de inversión, los investigadores encontraron aumentos constantes en la inversión de los países desarrollados a las naciones en desarrollo.

El autor principal, Zengkai Zhang, de la Universidad de Tianjin, señala que “las multinacionales transfieren cada vez más inversiones a las naciones en desarrollo, lo que reduce las emisiones de los países ricos y coloca mayor carga en los más pobres. Al mismo tiempo, es probable que genere mayores emisiones en general”.

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Nuevo dispositivo convierte la luz solar, el CO2 y el agua en combustible limpio

Científicos de Cambridge crearon un dispositivo independiente que convierte la luz solar, el dióxido de carbono (CO2) y el agua en combustible neutro en carbono sin componentes adicionales ni electricidad.

Según publican en la revista Nature Energy, el dispositivo es un paso significativo hacia el logro de la fotosíntesis artificial. Convierte la luz solar, el dióxido de carbono y el agua en oxígeno y ácido fórmico, almacenable que puede usarse directamente o transformarse en hidrógeno.

Los resultados: un nuevo método para la conversión de dióxido de carbono en combustibles limpios.

El dispositivo inalámbrico podría ampliarse y usarse en granjas de energía similares a los huertos solares. Implica una forma prometedora de reducir las emisiones de carbono y dejar de usar materiales fósiles. Sin embargo, es un desafío producir estos combustibles limpios sin subproductos no deseados.

“Ha sido difícil lograr la fotosíntesis artificial con alto grado de selectividad, por lo que se está convirtiendo la mayor cantidad de luz solar posible en el combustible que se desea, en lugar de quedarse con gran cantidad de desechos”, admitió Qian Wang, uno de los autores del trabajo e integrante del Departamento de Química de Cambridge.

“Además, el almacenamiento de combustibles gaseosos y la separación de subproductos pueden ser complicados; queremos llegar al punto en el que podamos producir de forma limpia un combustible líquido que también se pueda almacenar y transportar fácilmente”, agregó Erwin Reisner, el autor principal del artículo.

Esta nueva tecnología produce combustible limpio más fácil de almacenar y muestra potencial para producir productos a escala.

Sábado, 06 Junio 2020 06:38

La maldición del teflón

La maldición del teflón

El renombrado cineasta Todd Haynes se ha salido un poco de sus intereses habituales, para describir en El precio de la verdad, una preocupación marcada del cine hollywoodense: la lucha del individuo contra un sistema corrupto . Con un guion escrito por otros, basado en un artículo del New York Times, Haynes se apega a los hechos para realizar otra versión del mito de David vs. Goliat.

Parecida en cierta manera a Erin Brockovich: una mujer audaz (Steven Soderbergh, 2000), El precio de la verdad narra el largo proceso por el cual el abogado citadino Rob Billot (Mark Ruffalo) atiende la petición del furioso granjero Wilbur Tennant (Bill Camp), cuyo ganado sufre de trastornos debido al agua contaminada del río cercano en West Virginia. Tras una exhaustiva investigación, Billot descubre que, en efecto, la poderosa compañía DuPont ha envenenado a incontables seres humanos y animales con los desechos tóxicos resultantes de la fabricación de algo tan aparentemente inocuo como el teflón.

Entonces el abogado entablará una demanda colectiva contra DuPont –que, oh ironía, es uno de los clientes de la firma legal a la que pertenece. El camino será arduo y fatigoso, porque la compañía se valdrá de todo tipo de tretas para ocultar su culpabilidad y, sobre todo, negarse a pagar la millonaria indemnización. Habrán transcurrido 17 años entre la visita del granjero y la final resolución.

Digo que El precio de la verdad se aleja de lo habitual en Haynes porque el director nos había acostumbrado a un cine más íntimo y propio, que igual había cuestionado y deconstruido el melodrama de los años 50 ( Lejos del cielo, 2002, y Carol, 2015) o la biografía ficticia de diversas figuras del rock ( Velvet Goldmine, 1998, y Mi historia sin mí, 2007). Podría pensarse que su nueva realización es meramente una chamba; sin embargo, es evidente que Haynes se ha puesto al servicio de su historia con un indudable compromiso personal.

Con las referencias acostumbradas del director al cine del pasado, El precio de la verdad evoca también a esos paranoicos thrillers de los años 70 sobre conspiraciones siniestras de diferentes formas de poder. La atmósfera de la película es oscura y ominosa, aun cuando la vida del protagonista nunca es puesta en peligro.

Es mérito de Haynes y su fotógrafo Edward Lachman el comunicarnos una especie de pesimismo subyacente en dicha atmósfera. Si bien Billot resulta triunfal, hay en todo el proceso de la película una sensación de que los grandes corporativos se saldrán casi siempre con la suya en cuanto se refiere a crímenes contra el medio ambiente.

Una gran virtud de la película es la forma interesante como Haynes ha resuelto las farragosas partes expositivas de la investigación de Billot. Un ejemplo de ello es la secuencia en la que el protagonista le explica a su sufrida esposa (Anne Hathaway), conversando sobre la mesa del comedor, cómo DuPont ha contaminado al pueblo estadunidense desde los años 50 con una sustancia llamada PFOA (o C8), fundamental en la fabricación del teflón. A ello contribuye la urgente actuación de Ruffalo, quien expresa su cansancio con el caso, al mismo tiempo que su tenacidad para nunca darse por vencido.

El precio de la verdad (un título por demás olvidable) iba a estrenarse en cartelera justo cuando sobrevino la pandemia. Por ello, se ha decidido estrenarla en servicios de streaming. La película está, pues, a la renta en Apple TV y en Cinépolis Klic.

El precio de la verdad

( Dark Waters)

D: Todd Haynes/ G: Mario Correa, Matthew Michael Carnahan, basado en el artículo publicado en el New York Times, “ The lawyer who became DuPont’s worst nightmare”, de Nathaniel Rich/ F. en C: Edward Lachman/ M: Marcelo Zarvos/ Ed: Affonso Goncalves/ Con: Mark Ruffalo, Anne Hathaway, Tim Robbins, Bill Pullman, Bill Camp/ P: Willi Hill, Killer Content, Amblin Partners. EU, 2019.

Twitter: //twitter.com/@walyder">@walyder

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http://www.elotroparche.com/una-vecina-demasiado-incomoda/

Un deslizamiento de 60 mil toneladas de desechos acaecida el pasado 28 de abril, con su consiguiente mar de malos olores y despertar de preocuaciones entre vecinos del deposito de basura, le recordó a la ciudadanía bogotana que el relleno Doña Juana prosigue como una realidad por resolver.

Hay que recordar que desde su inicio, bajo la alcaldía de Andrés Pastrana en 1988, el relleno Doña Juana no ha dejado de ser una historia de conflictos y daños permanentes para la ciudad y sus habitantes, afectando en primera instancia a los pobladores de las veredas Mochuelo Alto y Bajo pero, con el paso de los años ampliando su impacto sobre las localidades de Ciudad Bolívar, Usme y Tunjuelito, para un tiempo después impactar toda la ciudad.

Durante estas más de tres décadas, los perjuicios a la ciudad y al medio ambiente han sido de diverso tipo: las familias campesinas han sido golpeadas por la intervención institucional, negándoles su actividad productiva y sus relaciones históricas y ancestrales con el territorio; se alteraron los cauces naturales de las quebradas Puente Tierra, el Botello e Hierbabuena: los lexiviados han penetrado el conjunto de la cuenca contaminando aguas y envenenando la tierra; los malos olores y el inadecuado manejo del depótico de desechos de una ciudad de millones de pobladores, más los que llegan desde municipios aledaños, han multiplicado los roedores, moscan, zancudos y otros insectos, impactando la salud de quienes aún se resisten a dejar sus alrededores.

Algo que no solo los afecta y concierne a ellos, pues con los cuatro deslizamientos que han removido a la inmensa montaña de residuos, acaecidos en los años 1997, 2012, 2015 y 2020, toda la urbe ha sido impactada, con especial afectación en 1997 cuando el derrumbe arrojó un aproximado de un millón de toneladas de residuos que alcanzaron a llegar al cauce del Río Tunjuelo, afluente principal del Río Bogotá, inundando el Sur de la ciudad con olores nauseabundos, proliferación de roedores y moscas en los barrios cercanos,

Recordar también que hasta el año 2001 los lixiviados eran arrojados al Río Tunjuelito sin tratamieneto previo, luego de lo cual, a pesar de algunas medidas implementadas para su tratamiento, la situación se mantiene en niveles superiores a lo permitido, de manera que la contaminación que propicia su inadecuado tratamiento dispersa por toda la cuenca metano, amoniaco, ácido sulfhídrico, mercaptanos, altos niveles de contaminación bacteriológica con coliformes fecales y más organismos patógenos.

Es de destacar que la movilización social de sectores de pobladores ubicados en las localidades de Usme y Ciudad Bolívar ha logrado mediar para que los efectos de la disposición de basuras no hayan sido más catastróficos para la ciudad; una acción propositiva que los ha llevado a proponer innumerables salidas para la superación de esta probremática: desmonte del Botadero Doña Juana, implementación de un sistema de manejo de basuras que involucre los diferentes sectores de la economía, al igual que el desarrollo de una política de consumo responsable, manejo integral de los residuos que implique biogasificación, compostaje, conversión, reutilización y transformación final de las basuras, dando reconocimiento y participación a las comunidades y recicladores de oficio, entre otras. Lo triste y paradójico es que ninguna de estas propuestas comunitarias se han implementado.

Y no solo esto, contrario a lo propuesto y a las mismas evidencias arrojadas por la naturaleza y sus pobladores durante estas décadas, la administración Peñalosa no solo no cumplió con la demanda del cierre de Doña Juana sino que en el 2019 la amplió, agravando y prolongando a futuro la problemática ambiental que el relleno sanitario significa; acción antipopular que acompañó con el desmonte del plan “Bogotá basura cero” y con la privatizando del segmento de recolección de basura logrado para la ciudad por la alcadía que le antecedió.

¿Qué le espera a los habitantes de Bogotá? El panorama no es nada halagüeño: las tarifas de recolección de basura subieron desmedidamente en septiembre del 2019, y el operador exige mayor pago por tonelada –so pena de abandonar el manejo del botadero–, la administración baraja la posibilidad de quemar la basura para reducir el volumen de los desechos, lo que generaría mayor gasto de energía y un mayor daño a la salud de los bogotanos y de la región.

Por el momento, la actual directora de la Uaesp y la alcaldesa eluden el tema de darle una salida de fondo a una problemática que desde hace 32 años vive la ciudad.

Podemos concluir diciendo, que lo sucedido durante estas décadas es que las alcaldías que han estado al frente de la ciudad han carecido de voluntad política, de una concepción adecuada y responsable sobre el medio ambiente, así como de visión política y técnica para solucionar uno de los principales problemas de afecta a la principal urbe del país.

 

Reto

 

El manejo de las basuras en la ciudad es prioritario, y es deber del conjunto de liderazgos y de las organizaciones sociales con asiento en ella actuar para dejar en el pasado esta historia de atentados contra el medio ambiente, contra el territorio sur de Bogotá y contra sus pobladores.

Solucionar la problemática descrita no puede seguir siendo bandera solo de las organizaciones y de los pobladores del sur bogotano. Es necesario asumir entre el conjunto que somos una estrategia integral que permita, por medio de proyectos concretos, reducir los niveles de desperdicios en los hogares, ayudar en labores educativas, al tiempo que exigimos cambios en las políticas distritales y nacionales que obliguen a las empresas a asumir un mayor compromiso con los materiales y desechos que generan; a la par, implementar plantas que permitan la reutilización y transformación de los desechos, concretar alianzas público comunitarias que permitan disputarle el manejo en las decisiones y administración de la ciudad a los que históricamente han decidido su destino, todo lo cual no solo permitirá mejorar las condiciones ambientales y de salud para los habitantes de Bogotá y Cundinamarca sino que también sería parte de la solución para el grave problema de desempleo que se padece en los barrios populares.

Como puede concluirse, son inmensos los retos, pero no podemos esperar que las soluciones nos las den los actuales administradores y políticos, a los que solo les interesa aumentar sus ingresos para así financiar su siguiente campaña. La solución está en nosotros. Iniciemos una divulgación masiva de la problemática que nos aqueja y establezcamos estrategias comunes que nos permitan concretar los objetivos planteados por los líderes y las comunidades que ya han asumido esta gran tarea.

 

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Publicado enEdición Nº268
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Un deslizamiento de 60 mil toneladas de desechos acaecida el pasado 28 de abril, con su consiguiente mar de malos olores y despertar de preocuaciones entre vecinos del deposito de basura, le recordó a la ciudadanía bogotana que el relleno Doña Juana prosigue como una realidad por resolver.

Hay que recordar que desde su inicio, bajo la alcaldía de Andrés Pastrana en 1988, el relleno Doña Juana no ha dejado de ser una historia de conflictos y daños permanentes para la ciudad y sus habitantes, afectando en primera instancia a los pobladores de las veredas Mochuelo Alto y Bajo pero, con el paso de los años ampliando su impacto sobre las localidades de Ciudad Bolívar, Usme y Tunjuelito, para un tiempo después impactar toda la ciudad.

Durante estas más de tres décadas, los perjuicios a la ciudad y al medio ambiente han sido de diverso tipo: las familias campesinas han sido golpeadas por la intervención institucional, negándoles su actividad productiva y sus relaciones históricas y ancestrales con el territorio; se alteraron los cauces naturales de las quebradas Puente Tierra, el Botello e Hierbabuena: los lexiviados han penetrado el conjunto de la cuenca contaminando aguas y envenenando la tierra; los malos olores y el inadecuado manejo del depótico de desechos de una ciudad de millones de pobladores, más los que llegan desde municipios aledaños, han multiplicado los roedores, moscan, zancudos y otros insectos, impactando la salud de quienes aún se resisten a dejar sus alrededores.

Algo que no solo los afecta y concierne a ellos, pues con los cuatro deslizamientos que han removido a la inmensa montaña de residuos, acaecidos en los años 1997, 2012, 2015 y 2020, toda la urbe ha sido impactada, con especial afectación en 1997 cuando el derrumbe arrojó un aproximado de un millón de toneladas de residuos que alcanzaron a llegar al cauce del Río Tunjuelo, afluente principal del Río Bogotá, inundando el Sur de la ciudad con olores nauseabundos, proliferación de roedores y moscas en los barrios cercanos,

Recordar también que hasta el año 2001 los lixiviados eran arrojados al Río Tunjuelito sin tratamieneto previo, luego de lo cual, a pesar de algunas medidas implementadas para su tratamiento, la situación se mantiene en niveles superiores a lo permitido, de manera que la contaminación que propicia su inadecuado tratamiento dispersa por toda la cuenca metano, amoniaco, ácido sulfhídrico, mercaptanos, altos niveles de contaminación bacteriológica con coliformes fecales y más organismos patógenos.

Es de destacar que la movilización social de sectores de pobladores ubicados en las localidades de Usme y Ciudad Bolívar ha logrado mediar para que los efectos de la disposición de basuras no hayan sido más catastróficos para la ciudad; una acción propositiva que los ha llevado a proponer innumerables salidas para la superación de esta probremática: desmonte del Botadero Doña Juana, implementación de un sistema de manejo de basuras que involucre los diferentes sectores de la economía, al igual que el desarrollo de una política de consumo responsable, manejo integral de los residuos que implique biogasificación, compostaje, conversión, reutilización y transformación final de las basuras, dando reconocimiento y participación a las comunidades y recicladores de oficio, entre otras. Lo triste y paradójico es que ninguna de estas propuestas comunitarias se han implementado.

Y no solo esto, contrario a lo propuesto y a las mismas evidencias arrojadas por la naturaleza y sus pobladores durante estas décadas, la administración Peñalosa no solo no cumplió con la demanda del cierre de Doña Juana sino que en el 2019 la amplió, agravando y prolongando a futuro la problemática ambiental que el relleno sanitario significa; acción antipopular que acompañó con el desmonte del plan “Bogotá basura cero” y con la privatizando del segmento de recolección de basura logrado para la ciudad por la alcadía que le antecedió.

¿Qué le espera a los habitantes de Bogotá? El panorama no es nada halagüeño: las tarifas de recolección de basura subieron desmedidamente en septiembre del 2019, y el operador exige mayor pago por tonelada –so pena de abandonar el manejo del botadero–, la administración baraja la posibilidad de quemar la basura para reducir el volumen de los desechos, lo que generaría mayor gasto de energía y un mayor daño a la salud de los bogotanos y de la región.

Por el momento, la actual directora de la Uaesp y la alcaldesa eluden el tema de darle una salida de fondo a una problemática que desde hace 32 años vive la ciudad.

Podemos concluir diciendo, que lo sucedido durante estas décadas es que las alcaldías que han estado al frente de la ciudad han carecido de voluntad política, de una concepción adecuada y responsable sobre el medio ambiente, así como de visión política y técnica para solucionar uno de los principales problemas de afecta a la principal urbe del país.

 

Reto

 

El manejo de las basuras en la ciudad es prioritario, y es deber del conjunto de liderazgos y de las organizaciones sociales con asiento en ella actuar para dejar en el pasado esta historia de atentados contra el medio ambiente, contra el territorio sur de Bogotá y contra sus pobladores.

Solucionar la problemática descrita no puede seguir siendo bandera solo de las organizaciones y de los pobladores del sur bogotano. Es necesario asumir entre el conjunto que somos una estrategia integral que permita, por medio de proyectos concretos, reducir los niveles de desperdicios en los hogares, ayudar en labores educativas, al tiempo que exigimos cambios en las políticas distritales y nacionales que obliguen a las empresas a asumir un mayor compromiso con los materiales y desechos que generan; a la par, implementar plantas que permitan la reutilización y transformación de los desechos, concretar alianzas público comunitarias que permitan disputarle el manejo en las decisiones y administración de la ciudad a los que históricamente han decidido su destino, todo lo cual no solo permitirá mejorar las condiciones ambientales y de salud para los habitantes de Bogotá y Cundinamarca sino que también sería parte de la solución para el grave problema de desempleo que se padece en los barrios populares.

Como puede concluirse, son inmensos los retos, pero no podemos esperar que las soluciones nos las den los actuales administradores y políticos, a los que solo les interesa aumentar sus ingresos para así financiar su siguiente campaña. La solución está en nosotros. Iniciemos una divulgación masiva de la problemática que nos aqueja y establezcamos estrategias comunes que nos permitan concretar los objetivos planteados por los líderes y las comunidades que ya han asumido esta gran tarea.

 

 

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El Día de la Tierra como recordatorio de que la crisis crucial es la climática

Mientras un planeta confinado ve cómo sus índices de contaminación atmosférica se reducen, la emergencia climática continúa y la Tierra se dirige a un aumento de temperatura de 3,2 ºC. El Movimiento por el Clima llama a una acción global este viernes 24 de abril.

Este 22 de abril el planeta celebra el Día de la Tierra bajo unas circunstancias nunca vistas en un siglo. Es un hecho que en gran parte del mundo las grandes aglomeraciones están viendo cómo la calidad del aire mejora, fruto del parón momentáneo de la movilidad impulsada por motores a combustión.

La Agencia Espacial Europea (ESA) difundía esta semana unos datos sorprendentes. Las mediciones de dióxido de nitrógeno (NO2) —un contaminante asociado especialmente a los vehículos diésel—, realizadas entre el 13 de marzo y el 13 de abril, constataban el importante descenso de los niveles de polución, de en torno a 50% respecto al mismo período del año anterior.

Mientras Madrid reducía sus niveles de NO2 un 48%, otras grandes ciudades europeas como Milán o Roma constataban reducciones del 47% y el 49%, respectivamente. París iba más allá, con una disminución del 54%.

Los datos son especialmente visibles a través de las imágenes del satélite Copernicus Sentinel-5P de la ESA, información que está utilizando el Real Instituto Meteorológico de los Países Bajos para monitorizar la polución por NO2 en todo el continente. Con las medidas de confinamiento prolongadas en la mayoría de países, la previsión a corto plazo del organismo indica que la contaminación continuará en mínimos históricos en las próximas dos semanas.

Problema crucial pospuesto

Sin embargo, en este Día de la Tierra, desde las organizaciones ecologistas recuerdan que la crisis crucial para la humanidad se mueve en un contexto mucho más amplio, y desde Greenpeace recuerdan que, en el actual contexto de emergencia sanitaria, el cuidado del planeta es más necesario que nunca. 

Según el Informe sobre la brecha de emisiones 2019 del Programa para el Medio Ambiente de Naciones Unidas, si solo confiamos en los compromisos climáticos actuales del Acuerdo de París, es posible que las temperaturas aumenten 3,2 °C este siglo

El Movimiento por el Clima, agrupado en las confederaciones Fridays for Future, 2020 Rebelión por el Clima y Alianza por el Clima —que integran a decenas de organizaciones— hacen un llamamiento a la población para participar este viernes 24 de abril a las 22 horas una acción global en defensa del clima. 

Mediante la proyección simbólica de sombras y sonidos en fachadas, estos colectivos pretenden reivindicar una desescalada de la crisis sanitaria actual “que ponga en el centro el medio ambiente y a las personas y tenga en cuenta criterios de justicia social y climática”, según señalan en un comunicado lanzado para la convocatoria.

“Esta crisis de salud pública ha puesto de manifiesto que esa sensación que teníamos de seguridad absoluta garantizada por la tecnología era absolutamente falsa”, apunta el documento, un texto que resalta “lo dañina que puede ser una crisis si nos pilla desprevenidos, sin planes de prevención y emergencia suficientes que puedan hacerle frente de forma efectiva”.

Así, el manifiesto recuerda que si no actuamos decidida y rápidamente, se alcanzará un cambio climático de tal magnitud y rapidez que haría imposible nuestra adaptación: “Sería devastador para la mayoría de los ecosistemas y las sociedades humanas”.

Niveles récord

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) monitoriza la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, y sus datos indican que entre enero y marzo de 2020 dicha concentración ha alcanzado las 414,03 partes por millón (ppm), frente a las 411,6 registradas en el mismo período del año anterior. La disminución de expulsión de gases de efecto invernadero como la vivida en China, donde se estima que se han reducido un 25% en febrero, apenas han tenido un efecto sobre la emergencia climática, que sigue su curso imparable.

“Mientras el coronavirus se expande por los cinco continentes, el planeta experimenta extremos climáticos: a nivel mundial, el pasado mes de enero fue el más cálido desde que se tienen registros en todo el mundo y marzo el segundo más cálido. En España, el mes de febrero estuvo 3ºC por encima de la media entre 1981 y 2010”, señalan desde Greenpeace.

La organización reclama a los gobiernos transformar la actividad económica “de un modo climática y socialmente justo”, enfrentando una reducción drástica de las emisiones sin perder de vista el garantizar unas condiciones de vida dignas para los colectivos más vulnerables.

Para el portavoz de Greenpeace España, Miguel Ángel Soto, “una vez que empecemos a observar el aplanamiento de la curva de la pandemia, urge abordar la actual crisis climática y de biodiversidad, que no han vivido ninguna cuarentena”. El responsable señala que “una vez que la crisis sanitaria permita salir a las calles, la ciudadanía volverá a pedir que se aborde de manera urgente la respuesta a la crisis ecológica y que los intereses privados, que están retardando la transición ecológica, sean expulsados de los foros donde se está debatiendo el futuro de la humanidad, porque ambas crisis, la sanitaria y la climática, son caras de una misma moneda, la profunda alteración del equilibrio en la Tierra”.

En clave estatal, desde Amigos de la Tierra exigen al Estado español que acelere la descarbonización de la economía a un ritmo mucho mayor del anunciado actualmente. En concreto, este colectivo, junto a las organizaciones firmantes del manifiesto para la acción de este viernes, piden conseguir la neutralidad climática en España en 2040; el aumento de reducción de emisiones de CO2 del 23% actual al 55% para 2030 con respecto a los niveles de 1990; acabar con los subsidios, exenciones fiscales y otros beneficios de los combustibles fósiles; e incorporar medidas de reducción de emisiones que aborden sectores como el transporte, la ganadería y sectores industriales.

@CeboTwit

22 abr 2020 03:40

Publicado enMedio Ambiente
Crean una enzima bacteriana que devora el plástico en horas

Los científicos de la compañía de desarrollo industrial Carbios crearon una enzima bacteriana mutante que podría revolucionar el reciclaje del plástico, puesto que es capaz de descomponerlo en cuestión de horas.

Así, estas enzimas son capaces de reducir a elementos básicos el polietileno tereftalato —mejor conocido por sus siglas PET—, un tipo de plástico usado en la fabricación de envases de bebidas. Estos mismos elementos pueden volver a usarse para producir nuevas botellas.

Es un detalle importante, puesto que el plástico reciclado por medio del ya convencional procesamiento termomecánico no se puede volver a usar para nuevos envases por su baja calidad. En vez de ello, se emplea para fabricar calzado y alfombras.

Según el estudio, que se publicó en la revista Nature, los científicos de Carbios colaboraron en este proyecto con gigantes industriales como Pepsi y L´Oreal. La nueva enzima fue bautizada como hidrolasa PET y es capaz de descomponer hasta el 90% de los polímeros de este tipo de plástico en tan solo diez horas.

Curiosamente, esta enzima fue encontrada en un montón de hojas compostadas en 2012. "Estaba completamente olvidada, pero resultó ser la mejor", destacó Alain Marty, el dirigente de ciencia en Carbios.

Otro aspecto a destacar en la nueva enzima es que ofrece un coste de reciclaje muy bajo. De hecho, los investigadores aseguran que la fabricación del plástico nuevo costaría 25 veces más que el reciclaje con la hidrolasa PET.

Mientras tanto, los científicos esperan poder poner a prueba el potencial industrial y comercial de la nueva enzima en 2021 y lanzar su fabricación a plena escala entre el año 2024 y 2025.

03:56 GMT 09.04.2020

Martes, 07 Abril 2020 06:26

El último llamado de la naturaleza

El último llamado de la naturaleza

James Lovelock es el científico inglés quien junto con la bióloga Lynn Margulis, postularon y demostraron que el planeta Tierra es un organismo vivo, dotado de mecanismos de autocontrol que son tremendamente delicados y frágiles. A toda su demostración, que es científicamente impecable, se le llamó la teoría de Gaia, en honor a la diosa griega de la tierra. Hace 14 años Lovelock publicó La venganza de Gaia (Penguin Books, 2006) en el cual sintetizó las reacciones del ecosistema global ante los impactos de las actividades humanas. Desde cada una de las cosmovisiones de los 7 mil pueblos originarios o indígenas del mundo, existe una visión similar: el castigo de la madre tierra surge porque los humanos no han escuchado su voz y han rebasado los límites marcados por ella. Ya sea desde la ecología científica o desde la ecología sagrada, hoy existe un consenso cada vez más generalizado de que todo daño que se inflige a la naturaleza termina revirtiéndose y que la humanidad debe reconstituirse a partir de su reconciliación con el universo natural, es decir, con la vida misma.

La ecología política todavía va más allá. Postula que no es la especie humana la culpable de las “iras de la naturaleza”, sino un sistema social, una civilización, en la que una minoría de menos del 1% de la población explota por igual tanto el trabajo de la naturaleza como el trabajo de los seres humanos. Esa clase depredadora y parásita sólo será desterrada mediante un cambio civilizatorio radical. Una transformación que puede ser, que debería ser, gradual y pacífica no súbita y violenta. Hoy existe ya un conjunto de directrices que nos marcan los caminos de una profunda transformación civilizatoria (ver mi libro Los civilizionarios; y obras como las de Helena ­Norberg-Hodge, Local is Our Future, o de Edgardo Lander, Crisis civilizatoria).

Es en este contexto donde debe ubicarse la enorme crisis sanitaria provocada por el coronavirus. Las últimas pandemias han surgido en relación con los sistemas industriales de producción de carne (cerdo, pollo, huevos) como las gripes porcina y aviar, y a la destrucción de los hábitats de especies silvestres de animales portadores de virus y en íntima relación con un sistema alimentario que ofrece productos de baja calidad o perjudiciales por el uso masivo de agroquímicos. La expansión despiadada del coronavirus es el último llamado de la naturaleza. Antes ha habido otros más. En los últimos 25 años la madre naturaleza ha enviado numerosas señales. En 1997-98 los incendios forestales que arrasaron más de 9 millones de hectáreas de selvas y bosques de la Amazonia, Indonesia, Centroamérica, México y Canadá, resultado de uno de los climas más cálidos y secos. Luego en 2003 la canícula europea con temperaturas extremas en Francia, España, Portugal, Alemania, Inglaterra, etcétera, que dejó entre 20 mil y 30 mil muertes, un fenómeno que fue ocultado por los medios masivos de comunicación. Por esos mismos años una secuencia de poderosos huracanes, alcanzó su máximo con Katrina que en 2005 causó los mayores daños a las costas de Estados Unidos, calculados en 108 mil millones de dólares. En la década siguiente tuvo lugar la peor sequía registrada (2011-13) en la historia climática de Estados Unidos (15 estados) y el norte de México, que dejó millones de reses muertas y severos impactos sobre la agricultura. Finalmente, el año pasado de nuevo se concatenaron gigantescos incendios forestales en la Amazonia, Siberia, California y, especialmente, en Australia.

Los daños infligidos a los sistemas vivos, en todas sus escalas y dimensiones, son hoy la mayor amenaza a la especie humana, los cuales están íntimamente ligados a la desigualdad social y a la marginación. Según Oxfam, unos 70 millones de seres humanos poseen una riqueza superior a la de 7 mil millones. El punto clave es entonces cómo cambiar el actual estado de cosas. Algunas transformaciones obligadas son: el paso de una economía de mercado a una economía social y solidaria, de grandes empresas y corporaciones a empresas familiares y cooperativas (fin de los monopolios), de gigantescos bancos a cajas colectivas de ahorro, de energía fósil a energías renovables, de sistemas agroalimentarios industriales a sistemas agroecológicos, de organizaciones centralistas y verticales a organizaciones descentralizadas y horizontales (redes), de una democracia representativa a una democracia participativa. Pero sobre todo construir desde lo local (comunidades, municipios, microrregiones) un poder ciudadano o social capaz de enfrentar y controlar las acciones suicidas del Estado y del capital. En suma, una (eco)política desde, con y para la vida.

Por Víctor M. Toledo, secretario del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat)

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