Viernes, 18 Junio 2021 06:10

El antimonumento, puño-corazón

El antimonumento, puño-corazón

La comunidad Puerto Resistencia, en Cali, que lleva 50 días en lucha contra el mal gobierno de Iván Duque, inauguró esta semana una construcción de 12 metros de altura, que forma un brazo que se extiende hacia el cielo y culmina con un puño que sostiene un cartel con el lema Resiste (https://bit.ly/35usREV).

La obra colectiva fue construida por obreros que trabajaron colocando andamios, soldando y puliendo, mientras la comunidad barrial acercaba arena, cemento y palas. Algunas personas donaron las luces para la iluminación del espacio y muchos objetos. Con esto demostramos al gobierno que sí podemos y el gobierno enojado porque le dimos un ejemplo, lo que hacen los pobres, que la unión hace la fuerza, relata un vecino (https://bit.ly/35usREV).

Artistas y pintoras se encargaron del decorado de la enorme pieza, con escudos multicolores y las caras de varios manifestantes caídos. Una de las pintoras, Valentina, relató a los reporteros su imagen de la obra: “El monumento significa que empezamos desde abajo y vamos creciendo desde la noche, y arriba cuando termina el día, encontramos nuestra palabra ‘Resiste’”. Y agrega que resistencia es victoria.

La obra se concluyó en apenas 19 días de minga y la inauguración fue una fiesta comunitaria en la que hubo música y un cacerolazo sinfónico, con el bullicio de miles de jóvenes, mayores, niños y gente de todas las edades que provenían no sólo del barrio sino de muchos puntos de bloqueo de Cali. Baile y más baile cerraron una jornada memorable.

La obra fortalece la identidad del pueblo caleño, que sigue en pie pese a las dudas y retrocesos del comité de huelga, dispuesto a negociar con el gobierno algunas promesas que no se harán realidad. Las primeras líneas de autodefensa, porque las hay de jóvenes, de madres, de sacerdotes y hasta de militares retirados, se pueden sentir tan identificadas con la obra colectiva como las familias sacudidas por la represión y la muerte.

En rigor, se trata de un antimonumento, bien distinto y hasta antagónico respecto de los que construye la cultura colonial y patriarcal de la clase dominante.

Se trata de una obra colectiva y comunitaria, hecha desde abajo por los de abajo, anónima; por tanto, mientras los monumentos tienen autor, que recibe sus beneficios, Resiste fue hecho por el pueblo y está dedicado al pueblo, mientras los monumentos de arriba están dedicados a varones blancos, militares las más de las veces, violentos y genocidas que reciben el patético nombre de héroes.

En segundo lugar, en la obra de Cali no se exaltan individuos, no se construyen pedestales ni caballos sobre los que monta el héroe. Porque los monumentos de arriba encarnan el maltrato y destrucción de lo vivo: se elevan sobre miradores, encima de animales, de los seres humanos y no humanos. Miran a la humanidad desde arriba, como les corresponde por lo que son.

El antimonumento Resiste enseña todos los colores de la vida, en contraste con la mortecina uniformidad de los monumentos de arriba. Fue construido con los materiales de la resistencia (como los escudos de la autodefensa) y de la vida cotidiana, aquellos que la comunidad fue aportando en silencio y con el entusiasmo de ver reflejada su identidad en una obra que nadie podrá olvidar.

La construcción del antimonumento fue necesariamente posterior al acto de justicia realizado por el pueblo misak, la madrugada del 28 de abril, cuando inició el paro al derribar el monumento al invasor Sebastián de Belalcázar en un mirador de la ciudad. No fue un capricho sino la decisión colectiva de las 58 autoridades de los tres pueblos misak que condenaron al conquistador por genocidio, acaparamiento de tierras y violación de mujeres durante la conquista.

Crear y construir lo nuevo no puede hacerse sin desorganizar y desbaratar lo viejo. No decimos destruir, porque se trata de desmontar el lugar de los opresores, desarticular el sistema capitalista y corrernos del lugar de oprimidos, que pasa por dejar de sostener tiranos y caudillos.

Destruir es otra cosa. Por eso la delegación zapatista en Europa tiene prohibida la portación y uso de armas de fuego de cualquier tipo, y no puede ni proponer, ni sugerir, ni alentar cualquier actividad que implique, o derive en, el uso de armas de fuego en el lugar donde haga su trabajo, señala el comunicado del 14 de junio (https://bit.ly/2RZR8PY).

El antimonumento Resiste durará tanto como la comunidad organizada perdure en su capacidad de movilizarse y defenderse colectivamente. Los cuerpos represivos esperarán el momento para demolerlo, como escarmiento a quienes se atrevieron a soñar mundos nuevos.

Sin embargo, la memoria es terca y quienes se levantaron una vez, saben que volverán a hacerlo cuando sea necesario. La construcción colectiva muestra en lo alto un puño: Un puño cerrado es un corazón, dijo un comunero. La dignidad de los corazones-puño, abriendo caminos.

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Martes, 30 Enero 2018 06:11

Buscar la belleza

Buscar la belleza

 

Un asunto tan importante como la belleza jamás ocupa los “encabezados” a no ser que se trate de exhibir mujeres o hacer publicidad al concepto de “arte” secuestrado por algunos muesos o galerías mercantilizados. Contra eso, y desde sus entrañas, debe desarrollarse una producción simbólica, una revuelta de los signos, un ascenso semiótico, artístico, comunicacional, revolucionario definitivo, comprensible y comprensivo.
Es simplemente un error que un “reformismo de la belleza” cumpla con emblematizar a la Revolución estética que lucha por nacer, porque aun sus mejores triunfos -siempre perfectibles- están bajo acechanza. Mientras el Imperialismo genera muerte, destrucción, miseria y barbarie en los países coloniales y semi-coloniales; mientras pinta con desolación los imaginarios actuales, mientras hace lo indecible por secuestrar y fulminar al porvenir... mientras padecemos el gran embrollo de las mafias mercantiles trasnacionales. La producción de un movimiento estético genuino, desde las bases, no se logrará sólo con escarbar en los repertorios “folklóricos” para revivir lo que le “gusta al pueblo” y disfrazar de “popular” aquello que decide una élite. Las condiciones y los tiempos no lo toleran. No se madura una estética revolucionaria sólo por inventar fraseologías novedosas “lindas”, en audiovisuales, estaciones radiofónicas, realizaciones revisteriles o cibernéticas...

No nacerá la estética de la Revolución plagiándose la vieja estética de las oligarquías, su pasión dudosa por los “clásicos del arte”, ni sus adoraciones demagógicas por la “ilustración”. El surgimiento de un proyecto estético revolucionario no nacerá de la imitación de los costumbrismos, de los conservadurismos, de las burocracias ni de las sectas sino de sus contradicciones sociales de fondo. No será obra de los funcionarios ni de los empresarios. Es imposible revitalizar el mundo en que vivimos, es inútil aferrarse a él, es preciso atreverse a cambiarlo críticamente desde sus logros mejores y desde abajo. Si hay un movimiento estético naciente en las entrañas mismas del monstruo, lo hay porque hay proceso revolucionario y a él responde. No hay mejor motor hacia una producción estética radical (desde las raíces) que la propia revolución que germina desde adentro. Pero se trata de una producción en transición que refleja su dialéctica y sus urgencias.

La belleza de la Revolución no nace de los “mass media”, no sale de los discursos, no nace de los congresos ni de los simposios. Nace de las contradicciones que, por millares, van estallando desde el alma misma del sistema. Pero su nacimiento es una gestación y parto difícil y es necesaria una “mayéutica” que ponga atentos y obedientes a cuantos actores sean capaces de apoyar, proteger y construir la transición, el parto. Que nazca la belleza nueva no implica que viva, habrá que hacer miles de cosas para que tal belleza, “convulsiva” y transformadora, crezca, embarnezca y luzca plena para todos. Mayéutica lucha adentro, alma adentro, cerebro adentro con campesinos, estudiantes y obreros. Mayéutica con todos y en todos.

Esa estética de la Revolución humanista requiere medios de comunicación para hacer visible la Belleza Revolucionaria, que todos la vean y comparen lo que aportan, que todos la miren activamente, sus medios y modos, que se hagan visibles las herramientas y las relaciones sociales para producirla y que las luchas las extiendan y perfeccionen, que sean -esos medios- la revolución Bonita de Carne y hueso, que no la den por “terminada”, que no la den por institucionalizada, que no la den por “definitiva”. Que la hagan Revolución Permanente. Radiodifusoras, televisoras, periódicos, páginas web... revolucionarios y revolucionándose incluso, claro, en la estética también. La clave es insistir, insistir, evaluar y volver a probar con un programa consensuado e incisivo. La belleza misma.

La belleza nueva transformará, en su escala, el estado de cosas que la humanidad heredó. Transformará todo con una lucha semiótica contra los conceptos o significados que la han frenado. Tomará de ellos lo mejor y avanzará permanentemente. O será nada. Hay que capacitarse para dominar las técnicas y capacitarse para liberarnos de los esquemas ideológicos más pertinaces, clichés que repetimos inconscientemente, o casi. Educarnos para des-educarnos y re-educarnos. Educarnos para superar lo que nos enseñaron, educarnos para ser sensibles a nuestras sensibilidades nuevas. Educarnos para una estética que no conocemos, que nos impone desafíos nuevos. Entonces educarnos para superar lo que hemos sido y ser esta vez mejores... eso sería hermoso ¿No?

Una transformación en la belleza desde la médula misma de todas las contradicciones sociales, no es asunto sólo de artistas, galerías, políticas culturales o sabihondos del “buen gusto”. Poetas, pintores, músicos, teatristas, vídeoastas, intelectuales, bailarines... no son más dueños ni más cuentapropistas de la belleza. La estética revolucionaria en tanto que producción ha de ser tarea de todos los sectores que se dispongan a interrogarse inteligentemente, dispuestos a auto-transformarse crítica y dialécticamente. Una revolución estética que redefina lo hermoso por revolucionario no por cualquier otra razón. Eso no niega la “belleza” que hubo antes, sólo que la hace distinta y tan de todos que uno tiende a eclipsarse legítimamente subyugado bajo la hermosura de las cuentas claras, de las escuelas ganadas, de los enfermos atendidos y curados, del hambre desterrada, de la ternura disciplinada, los acuerdos, alianzas... amores solidarios contra toda alienación de los seres humanos con su trabajo, por todas partes.

Es la belleza de los consensos nuevos, en las elecciones ganadas por los pueblos, en los debates abiertos y con lealtad, en las tareas asumidas y en todo lo que está pendiente, incompleto. Es también el sudor en el trabajo creador, en los médicos y en los voluntarios, es todos esos que traen ganas de poner el pellejo para defender el corazón. La belleza nueva de una Estética militante, y magnética, para la reclasificación programada y espontánea de las cosas según un orden más profundo y más preciso e imposible de dilucidar mediante la razón de la miseria. Belleza como una categoría social que expresa cierto grado de desarrollo del sentido del gusto, de la armonía y del papel de la estética en el conjunto de las relaciones humanas. Contra la esclerosis mercantilista que se empeña en fabricar estereotipos y palabrería banal para excluir de su mundo “hermoso” a todos aquellos que no entran el las tallas, modas y el merchandising estándar de la “belleza” de mercado. La “belleza” nueva crece y derrota al horror conceptual y fáctico labrado por ideologías hegemónicas frecuentemente horribles, por su apariencia y sus trasfondos, para danos el placer enorme de liberar todos los caudales expresivos de la humanidad hoy encerrados entre estereotipos de clase. “La ética sea la estética del futuro”.

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

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Martes, 24 Octubre 2017 07:04

AL y el pensamiento ambiental del Sur

AL y el pensamiento ambiental del Sur

 

El otoño de 2014 marcó una etapa de gran ebullición para la ecología política latinoamericana, pues en el breve lapso de seis semanas se efectuaron seis eventos internacionales entre los que destacaron un Congreso Latinoamericano de Ecología Política, en Santiago de Chile; un Seminario Internacional de Ecología Política Latinoamericana, que tuvo lugar en Río de Janeiro (12-14 de noviembre), y un Congreso Latinoamericano de Conflictos Ambientales, organizado por la Universidad Nacional de General Sarmiento, en el área metropolitana de Buenos Aires, dentro del cual tuvo lugar el Simposio Internacional sobre Pensamiento Ambiental Latinoamericano. De ese simposio se acaba de publicar el libro que recoge las intervenciones del acto con el título de El pensamiento ambiental del Sur, el cual reúne magistralmente las reflexiones críticas de una decena de intelectuales (ver). Nunca podrá saberse qué tanto un conjunto de ideas inducen la acción colectiva y viceversa, pero las tres décadas de pensamiento ambiental latinoamericano que en ese libro se documentan y discuten han crecido en paralelo o al unísono con procesos culturales, productivos, educativos y sociales de enorme trascendencia para la región.

Quizás como en ninguna otra parte del mundo, en América Latina ha habido un verdadero florecimiento de los enfoques interdisciplinarios en muchos centros universitarios y de investigación científica y tecnológica. Esto implica la convergencia de los campos ecológico-biológicos con los de las ciencias sociales, todo lo cual se expresa en el establecimiento, práctica, multiplicación y expansión de las llamadas disciplinas híbridas. Es este el caso, en orden de aparición e importancia, de la agroecología, la economía ecológica, la economía social y solidaria, la educación ambiental, la historia ambiental, la ecología política, las ecotecnologías y la etnoecología. Estas nuevas contra-corrientes no solamente irrumpen como expresiones del pensamiento complejo, sino del pensamiento crítico y de una ciencia con compromisos ambiental y social. Se trata de formas alternativas de educación e investigación que proliferan por las universidades de la región, y que cristalizan en seminarios, congresos, proyectos, posgrados, publicaciones y sociedades científicas.

Todo esto se ha traducido, por ejemplo, en los proyectos y experiencias agroecológicas que hoy existen por miles especialmente en Brasil, Cuba, México, Centroamérica y los países andinos. De forma paralela en América Latina ha evolucionado un conjunto de movimientos en torno a la economía social y solidaria. Este proceso se centra en las cooperativas, el comercio justo, los bancos comunitarios, el trueque, los fondos solidarios, el consumo responsable, las redes de organizaciones, y ha sido impulsado desde diferentes ángulos ideológicos, sociales y culturales, tales como el altermundismo, las organizaciones populares o las comunidades eclesiales de base.

A mi juicio, tres grandes cambios han ocurrido en el pensamiento ambiental de la región en las recientes décadas: 1) se ha cuestionado y desechado el concepto de desarrollo, y en consecuencia los de ecodesarrollo y desarrollo sustentable o sostenible (ver el número de la revista América Latina en Movimiento de junio de 2009), y se ha abierto a otras propuestas civilizatorias como el buen vivir o la comunalidad. Esto significa que la imaginación teórica irrumpe más allá de los cánones del pensamiento dominante para visualizar nuevas rutas civilizatorias; 2) se ha desplazado el centro de las posibles soluciones y alternativas de los organismos regionales e internacionales y de los gobiernos nacionales a los movimientos sociales y sus acciones y proyectos en los territorios rurales (hoy fuertemente ambicionados por las grandes corporaciones) y en los espacios urbanos, y 3) se ha empatado (e integrado) la crisis ecológica o ambiental de la región con la crisis global, que como hemos sostenido es una crisis de la civilización moderna. Esto último conecta las batallas y resistencias socioambientales de cada país con las luchas globales por la defensa del planeta y de la vida.

Por lo anterior América latina, el Caribe incluido, es hoy la región más esperanzadora del mundo, porque en ella ocurren experimentos socioambientales totalmente iné­ditos que apuntan hacia la construcción de nuevas utopías realizables. Por una u otra razón los mayores conflictos de la región son ya conflictividades sociales y ambientales, y existe un poderoso movimiento social de resistencia que, sin hacerlo explícito, adopta principios, tesis y prácticas de ecología política. Pienso que el marco ambiental de la región hace esto posible. Estamos ante la porción bioculturalmente más rica del orbe, pues contiene las áreas más húmedas del planeta, intrincadas orografías, con formidables redes hidrológicas (por ejemplo, los complejos del Amazonas, del Orinoco y del río de la Plata), y la mayor extensión de selvas tropicales. Todo ello la sitúa como el área que contiene la máxima biodiversidad del planeta. A ello deben agregarse sus extraordinarios recursos geológicos como minerales metálicos y múltiples fuentes de energía. La dimensión cultural no se queda atrás. En la región, los enclaves tradicionales están representados por unos 65 millones de campesinos, de los cuales entre 40 y 55 millones pertenecen a alguna cultura indígena, hablantes de más de mil lenguas, y a lo anterior se suma la población afrodescendiente que hoy domina extensos territorios en Brasil, Colombia, Ecuador, Panamá y otros países.

Todo ello convierte a América Latina en un enjambre de mosaicos bioculturales que rodean, pero también penetran e influencian a los gigantescos enclaves urbanos e industriales que hoy concentran a las mayorías modernas. Ello conjugado con cinco siglos de intrincados procesos de hibridación cultural, de juegos de espejos entre las metrópolis europeas y los diversos núcleos de nuevo pensamiento autóctono. Y estas mezclas y combinaciones culturales generan a escala microrregional otros mundos posibles. Tremenda paradoja, América Latina es quizás la porción del otrora tercer mundo donde se han arraigado más las visiones de la modernidad eurocéntrica, pero por lo mismo donde se están gestando las principales contraculturas. El pensamiento ambiental del Sur es un ejemplo notable de ello.

 

 

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Lunes, 20 Febrero 2017 09:24

Acordes para la sublevación

Billie Holiday

 

La relación entre música y poder es una historia de confrontación política y estética. Valentín Ladrero recopila en ‘Músicas contra el poder. Canción popular y política en el siglo XX’ los itinerarios de esas melodías capaces de agitar conciencias.

 

Escribe Roberto Herreros en el prólogo de Músicas contra el poder. Canción popular y política en el siglo XX (Ed. La oveja roja), de Valentín Ladrero, que la neutralidad no existe y que por ello resulta “imposible que un artista no haga referencia a algo que está en la realidad social”. La vinculación entre música y política, desde el quejido fatalista de los primeros bluesmen a las bacanales acid, pasando por el alegato anti-Thatcher de Billy Bragg o el nihilismo punk, ha sido una constante reformulación de lo que significa el compromiso con un determinado contexto social y político.

Ladrero repasa un siglo XX intenso, plagado de ritmos y melodías con y sin letra, evidenciando que la música no es solo lo que dice, sino también lo que es capaz de generar. De lectura adictiva, este volumen repasa cientos de estilos y lo hace poniendo el foco en la intención, en el propósito de resistencia, evasión, rabia o revolución que ha ido guiando la historia de la música reciente. Como explica el propio autor, “no creo que la música pueda cambiar la sociedad, pero sí tiene la capacidad de concienciar a la gente”. A continuación detallamos algunos de esos momentos epifánicos que despertaron conciencias.

 

 

De la resignación a los poemas que matan


En el origen fue África, un viaje de partida que encuentra su primera escala en el blues, “la madre de todas las músicas, creada para calmar la tristeza, desplegar la rabia y provocar el gozo”, explica Ladrero. El quejido como esencia ante la imposibilidad de empoderarse a nivel social o político. “El blues es sinónimo de problemas”, solía decir Howlin’ Wolf, “el blues, como también lo es el flamenco, son el síntoma de la resignación”, añade el autor. Desfilan por aquí Huddie Ledbetter, más conocido como Leadbelly, Billie Holiday y su Strange fruit –¿la primera canción protesta de la historia?–, y bluesmen descarriados como Booker Bukka White, ex boxeador, vendedor clandestino de licor, músico itinerante y convicto por asesinato para más señas. “Con él, el blues llegó a navegar por las aguas de la canción protesta, señalando a los culpables de la situación de la población negra”, escribe el autor.

Y mientras el blues anhelaba la redención y se daba de bruces con las leyes redactadas por el hombre blanco, el jazz representaba el bullicio y marcaba la cadencia del hombre moderno. Despreocupado y salvaje, amenizaba la algarabía negroide a base de arritmias voluptuosas que le conferían la tan ansiada libertad. “Su carácter político, en aquellos primeros años, no auguró la protesta en la que se enrolaría posteriormente porque la protesta, entonces, era el propio jazz”. El viaje acababa de empezar; catalogado de inmoral y salvaje por el hombre blanco, no tardó en ser asimilado y reinventado una y otra vez. Se hizo introspectivo, radical, desquiciado... sería el germen que décadas después derivaría en la poesía-verborrea urbana y revolucionaria del gueto de la mano de Gil Scott-Heron, Watts Prophets y The Last Poets. “Como los spoken word de la beat generation en los clubs jazz, contaban historias que tenían que ver con la población afroamericana y con su contexto sociopolítico”. Querían poemas asesinos, pólvora saliendo de sus bocas, el rap y el hip hop tomaron el testigo y, no sin contradicciones, encontraron el modo de resultar incómodos al poder. “Este arte de la palabra fue el género más excitante y perturbador del último cuarto de siglo XX”, apunta Ladrero.

 

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De la Amérikkka profunda a la contracultura


Forajidos, pasajes bíblicos, escenas de la Guerra Civil... el folk norteamericano fue actualizando su imaginario caduco y lo llenó de sindicalistas, desempleados, conflictos raciales, vagabundos a la intemperie... Lo hizo de la mano de gente como Joe Hill –líder sindical por el día, músico por las noches–, Woody Guthrie y su máquina que mataba fascistas, y cómo no de Pete Seeger. “Él fue el gran hilo conductor del folk del siglo XX, indagó en otros mundos, escribió canciones sobre la Guerra Civil española, era un auténtico purista que hizo las veces de enlace entre el folk rural y el folk urbano”. Un recorrido que va de la atribulada existencia de los granjeros y los mineros a la bohemia del Greenwich Village, una suerte de exilio en el interior de EEUU que revitalizó el folk y redescubrió su potencial a la hora de narrar la cara b del país. Baez, Dylan, Paxton, Ochs... encabezaron esa generación que acicaló el folk manteniendo sus raíces. “La música folk significó siempre autenticidad, característica que se celebró en EEUU con devoción durante mucho tiempo, ligado a la tierra y a los problemas de la gente y ajena a los gobiernos que dirigieron el país”, escribe Ladrero.

Poco después, cuando el sueño beatnik parecía desvanecer, fue el rock el encargado de coger de nuevo el timón. La combustión entre contracultura, ruido de guitarras y lucha afroamericana daría lugar a los white panthers. “Esta corriente nace fundamentalmente en Detroit con grupos como MC5 y no sólo cree que el rock debe ser político, sino que tiene la capacidad de cambiar el mundo”. Lenin, Mao, la Revolución Cubana, el sexo libre... a medio camino entre la provocación y la militancia y con John Sinclair como jefe de operaciones el rock sacudió de nuevo las conciencias de una generación aturdida por la sociedad de consumo. Nada nuevo, según se mire, el binomio cultura y agitación ideológica era muy antiguo, pero los white panthers fueron capaces, como explica Ladrero, de “implicar al rock en la creación de un modelo político para infiltrarse en las cañerías del mercado de la cultura oficial”.

 

 Fania All Stars

 
La supremacía del baile


Sucedió durante la década de los 50 y 60. La migración caribeña a Nueva York es otro de esos momentos epifánicos en la historia de la música. El caribe urbano parió la salsa, legado de una población marginada que no tardó en propagarse por toda latinoamérica. Con todo, Ladrero matiza: “La salsa no es un género musical como se suele creer, es una forma de hacer música. Esto es importante, en la salsa puede entrar un merengue, una plena o un son, de hecho la base fundamental de la salsa es el son cubano”. El feliz alumbramiento tuvo lugar en “El Barrio”, eufemismo de gueto en el que de las tensiones entre tradición y modernidad emergieron nuevos ritmos que evidenciaban la crisis de identidad de los caribeños y la degradación urbana.

“Del South Bronx surgen malotes como Willie Colón y Héctor Lavoe, pero también gente como Rubén Blades, cuya trayectoria es infinita y se podría decir que es un poeta de la salsa, cuyas letras, por cierto, tienen un contenido social y político muy potente”. En todo caso, no sonó salsa en las manifestaciones o en las huelgas, pero sí puso sobre la mesa un mensaje de fracaso y esperanza, de identidad y rebeldía desde el agujero al que le relegaba día sí y día también el sueño americano. “El Barrio se había convertido en un decorado tropical bajo un cielo nublado de monótonos rascacielos en los que los rayos de sol solo entraban al mediodía”, perfila Ladrero.

 

 

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