¿Conspiparanóicos o seudociencia y biofascismo?

En el marco de la pandemia de Covid-19 millones de seres humanos asisten de manera pasiva a la instauración de un totalitarismo tecno-sanitario-plutocrático integral de tal magnitud, que hace que las distopías de ciencia ficción de George Orwell (1984) y Aldous Huxley (Un mundo feliz) se queden cortas, y que los totalitarismos clásicos parezcan apenas ejercicios de aprendices primitivos.

Según Naomi Wolf (Ten Steps to Fascism: Authoritarianism in a Pandemic), Estados Unidos transita ya el "décimo" de los 10 pasos hacia el fascismo: el Estado ha fusionado al gobierno con las megacorporaciones financieras, tecnológicas y farmacéuticas de una manera similar a la del fascismo italiano, utilizando la crisis sanitaria como vehículo para justificar la supresión/abolición de los derechos humanos inalienables y civiles; pero no es sólo una guerra contra la libertad sino contra los seres humanos.

Antes Soshana Zuboff había acuñado la noción "capitalismo de vigilancia" y Cédric Durand, con su libro Tecno-feudalismo, colocó la economía política de la "dominación digital" en el contexto de la evolución histórica del capitalismo, demostrando cómo el "Consenso de Was­hington" terminó haciendo metástasis con la "ideología californiana" de los pioneros del Silicon Valley; una ideología parecida a la revolución schumpeteriana de "destrucción creativa", pero con ­esteroides.

Según Durand, las plataformas del big tech se han convertido en "feudos" que se benefician de un vasto "territorio digital" poblado de datos con servicios que hoy se consideran indispensables; con una lógica extractivista aplicada al desarrollo del big data, los señores feudales que controlan Google, Amazon, Apple, Facebook, Microsoft, Uber han construido de facto un imperio online. Dominan sus haciendas y también al Estado y, a decir de Durand, "el futuro caníbal del liberalismo parece estar dominado por la era de los algoritmos".

En el capitalismo de vigilancia, los datos, convertidos por algoritmos en inteligencia artificial (IA), constituyen el factor ordenador de la economía y la principal fuente de poder y riqueza. Lo que en la época feudal representaba la tierra, y posteriormente el capital industrial y la propiedad intelectual, hoy son los datos de la vida personal (emociones, hábitos, gustos, movimientos corporales, pensamientos íntimos), que, recopilados y transformados por la IA en productos de predicción, se venden en mercados de futuro del ­comportamiento.

Volviendo a los "10 pasos" que según Naomi Wolf conducen al fascismo (entre ellos, la invocación de una amenaza externa o interna, el desarrollo de una fuerza paramilitar, las restricciones a la prensa, la subversión del Estado de derecho), desde marzo del año pasado, montado y usando como pretexto una crisis sanitaria, Estados Unidos ha llegado a ese estadio.

Autora de best-sellers, entre ellos El fin de América: carta de advertencia a un joven patriota e Indignación: sexo, censura y criminalización del amor, Wolf ha mostrado cómo las epidemias de enfermedades infecciosas (cólera, tifus) fueron explotadas en el siglo XIX por el imperio británico para aplastar libertades e invadir la intimidad de las personas, como ocurre ahora con las medidas de excepción de los "regímenes corona", basadas en el abuso de la prueba PCR y el viciado protocolo Drosten (ver cormandrostenreview.com y https://cutt.ly/MbxbjYQ).

Al respecto, Wolf ha criticado las medidas y leyes de emergencia en muchas entidades estadunidenses, que con el sello de un "estado policial" suspendieron el debido proceso legal; cerraron empresas, escuelas, parques y playas ; impusieron multas a quien no llevara mascarillas al aire libre y restricciones al derecho de reunión; proyectan "pasaportes de vacunas" que se saltan la Cuarta Enmienda de la Constitución, permitiendo al gobierno y a las corporaciones tecnológicas ( big tech) inmiscuirse en la privacidad médica y crear un estado de vigilancia digital integral.

Ha cuestionado también la supresión de la libertad de expresión, la censura, las amenazas, la marginación y el ataque a la reputación de médicos y científicos que disienten con los experimentos masivos en seres humanos con vacunas basadas en genes sin un consentimiento informado (Código de Nuremberg), por las grandes corporaciones tecnológicas y el magnate Bill Gates, así como el "secuestro" de la ciencia en aras del "biofascismo" y para beneficio de grandes intereses farmacéuticos.

Según Wolf, para servir a los intereses de ese biofascismo –representado por la "nueva normalidad" del Foro Económico Mundial de Davos, el "paso 10" médico-fascista−, las plataformas del Proyecto de Seguimiento Covid y la Universidad Johns Hopkins, patrocinadas por Michael Bloomberg y Bill Gates con respaldo de la Organización Mundial de la Salud, han manipulado la verdad y proporcionado datos no verificados que afectan directamente a los mercados de valores. Y lo más grave, el nuevo biofascismo "es una guerra contra los seres humanos y las cualidades que nos hacen humanos"; las mascarillas –que pueden producir severos daños físicos, síquicos y sociales, ver doi.org/10.3390/ijerph18084344−, rompen la capacidad de relacionarnos cara a cara y disfrutar del contacto humano, e implementar la escuela vía plataformas de aprendizaje a distancia de big tech, viola los derechos de los niños y garantiza que no sepan cómo comportarse en el espacio humano, un espacio no mediado o vigilado por la tecnología.

Hoy, las amenazas a la libertad, que en 2001 se justificaban con el terrorismo y antes con el comunismo, tiene un nuevo vestido: la pandemia sanitaria con mutaciones estacionales ad eternum… De allí que, a juicio de Wolf, recuperar el espacio y la cultura "analógicos" −el contacto humano− sea hoy la gran fuerza revolucionaria de resistencia a esa forma de biofascismo integral y para recuperar la libertad humana.

Publicado enSociedad
Viernes, 30 Abril 2021 05:27

Pasaporte covid a la exclusión

Pasaporte covid a la exclusión

 La ONG Access Now, dedicada a la defensa de los derechos digitales, ha encendido las luces de alarma ante la inminente puesta en marcha del pasaporte COVID, que desde gobiernos como el de España se está impulsando. En un reciente informe titulado Protocolo de exclusión: Por qué los "pasaportes" de la vacuna contra el COVID-19 amenazan los derechos humanos, Access Now destaca los riesgos que supone, no sólo para la privacidad y seguridad de millones de personas, sino también la ventana que se abre a la exclusión y la discriminación. La propia OMS (Organización Mundial de la Salud) se opone a esta fórmula, alertando de cómo se aislará a los más pobres.

No es casual que los países como España, que más dependen del turismo, sean los que más impulsan este tipo de salvoconductos digitales. El objetivo principal es salvar la economía pero, al hacerlo se privilegia a ciertos grupos sociales en detrimento de otros. La desigualdad en el acceso a las vacunas por una mera cuestión económica no sólo está creando ciudadanos de primera y de segunda en todo el mundo, sino que está extendiendo el riesgo global para la salud, como demuestran variantes como la sudafricana o la india, en cuya generación el escaso acceso a las vacunas que existe en esos países tiene mucho que ver.

La libertad de movimientos quedará restringida para un elevado porcentaje de la población mundial. No sólo eso, sino que incluso internamente en los países se producirá situaciones de discriminación en el acceso a los servicios. Como destaca el informe, ya está  sucediendo en países como Dinamarca o Israel, en los que para acudir a un bar, una peluquería, al dentista o al cine es preciso contar con uno de estos pasaportes COVID.

Más allá –aunque no es un tema menor- de que se está realizando una vacunación obligatoria encubierta (o te vacunas o te quedas sin acceso a los servicios), incluso quienes sí quieran vacunarse podrán quedar excluidos. Varias organizaciones están alertando ya en España de la exclusión sanitaria que se está dando en nuestro país, dejando fuera de la vacunación a colectivos vulnerables. Con el pasaporte COVID, además de estar más expuestos al coronavirus, sufrirán la discriminación social impidiéndoles acceso a servicios. Sobre quienes más han sufrido las peores consecuencias de la pandemia será donde más riesgos de exclusión caerán con el pasaporte COVID.

La privacidad amenazada

Access Now comparte también su preocupación por el modo que se recopilarán y procesarán masivamente todos estos datos de salud, abriendo nuevos riesgos a la privacidad de las personas. Tal y como expone en su informe, los sistemas centralizados de identidad digital conllevan riesgos de vigilancia, elaboración de perfiles, exclusión, violaciones de la privacidad y amenazas de ciberseguridad.

La directora adjunta legal de Access Now, Carolyn Tackett, indica que "los gobiernos de todo el mundo se están apresurando a implementar nuevas tecnologías como la solución general para volver a la normalidad tras la pandemia. Sin embargo, en su precipitación, muchos han descartado o ignorado los riesgos de estas herramientas de seguimiento rápido, incluidos los certificados digitales de vacunación".

Además de garantizar una vacunación universal, una de las primeras medidas que reclama la ONG es aumentar la transparencia sobre este tipo de herramientas digitales, permitiendo las auditorías tanto de su diseño como de su implantación. No parece muy coherente confrontar la voluntariedad de las vacunas con la obligatoriedad de entrar en estos nuevos sistemas de identidad digital centralizados que pueden vulnerar Derechos Humanos (DDHH).

En cuanto al acceso a los servicios, Access Now tiene claro que la privacidad y protección de los datos personales han de garantizarse, velando porque existan cláusulas de caducidad y periodos estrictos de retención de datos. Los temores de que la implantación de pasaportes COVID sirva para ampliar la vigilancia y restringir derechos fundamentales como el de reunión o libre circulación ya se han puesto encima de la mesa. El propio gobierno español, según destaca el informe, al tiempo que ha asegurado que estos salvoconductos digitales respetarán escrupulosamente la legislación sobre protección de datos ha afirmado que compartirá estos datos sensibles con otros socios europeos.

30 abril, 2021

Publicado enInternacional
Nuevas formas de segregación y control social
 
 La segregación siempre fue una forma de dominación, al separar a las personas por su pertenencia de clase, de color de piel, de opciones sexuales y geografías. Los trabajadores siempre vivieron en barrios separados de las clases medias y altas, en áreas con menos servicios, peor calidad del aire y del agua, y con mucha menor cantidad de espacios verdes.

Los pueblos originarios y negros han sido despojados de sus territorios, proceso que se ha profundizado en las últimas décadas, condenándolos a vivir en las tierras menos productivas, a menudo en pendientes y zonas rocosas, como sucede con los nasa y misak, del Cauca colombiano.

Hay muchas más formas de segregación, pero ahora aparecen nuevas, con la excusa de la pandemia. Se perfilan pasaportes sanitarios para atravesar fronteras, incluyendo o excluyendo las vacunas que las multinacionales prefieren o rechazan.

Por ejemplo, un latinoamericano no podrá ingresar a Europa si fue vacunado con Sinovac, aunque es uno de los biológicos más difundidos en la región (https://bit.ly/3nebLmH). No sólo exigen vacunación, sino que discriminan por la geografía de donde proviene la persona, en una geopolítica sanitaria que agrava la segregación.

Estamos ante una ventana de oportunidades para quienes, con la excusa de la pandemia, buscan cercenar libertades engordando códigos penales. En Uruguay, el parlamento está a punto de aprobar una ley que crea el delito de peligro sanitario, que se aplicará a quienes incumplan las normas sanitarias.

Si el nuevo delito suena grave, el que se pueda penar con tres a 24 meses de prisión sin la necesidad de comprobar que la persona contagió a otra (https://bit.ly/3v94CqI), es muestra de la discrecionalidad con que se pretenden establecer las penas.

El presidente de la Asociación de Abogados Penalistas, Juan Fagúndez, calificó la ley de absolutamente fascista, pues considera un error inventar un delito en estas circunstancias y para este momento (https://bit.ly/3tDaHLr). Como sucedió durante la dictadura militar, otra vez va a caer sobre los jóvenes la punición de su conducta, algo que no tiene ninguna relación con la salud, sino con el disciplinamiento de generaciones enteras que no aceptan la imposición de conductas por el Estado y la policía.

Algo que se pretende penalizar son las fiestas y encuentros juveniles que producen aglomeraciones, figura que la policía está empeñada en criminalizar.

Meses atrás, el parlamento uruguayo aprobó una ley sobre un artículo de la Constitución, por la cual se suspendieron por cuatro meses las aglomeraciones de personas que pueden generar un notorio riesgo sanitario. Sin embargo, cuando se le pidió al gobierno que definiera lo que entiende por aglomeración y cuánta gente incluye, respondió que eso corresponde definirlo a la policía en el momento y sobre el terreno.

En suma, es la policía o el golpe de Estado permanente, en palabras de Michel Foucault, la que tiene la potestad para definir si existe riesgo sanitario cuando grupos de jóvenes se juntan. En los últimos meses, la policía ha llegado a disolver más de 100 aglomeraciones diarias, en un país de apenas 3 millones de habitantes (https://bit.ly/3sHS7jX). En algunos casos se trataba de grupos de apenas cinco personas en una playa, como muestran las redes sociales (https://bit.ly/2P7Kaaa).

De lo que se trata es de apretar las clavijas del control social, prohibiendo manifestaciones (la del 8M ya ha sido acusada en todo el mundo de expandir la pandemia), recortar derechos y libertades permitiendo el ingreso de la policía a las viviendas particulares, incluso por la noche, si hay una denuncia por riesgo sanitario.

Entiendo esta situación como parte de la militarización de nuestras sociedades. El control a gran escala, con policías, cámaras de seguridad y drones, se complementa con un control capilar, que invade todos los rincones de la sociabilidad popular.

En este asunto también hay clases y geografías. Para disipar cualquier acusación de conspirativismo, un estudio sobre movilidad en Montevideo (1.5 millones) con datos de Google, dice que cayó 51 por ciento la movilidad en plazas, parques y playas; bajó 48 por ciento en restaurantes, cafeterías y centros comerciales, y más de 40 por ciento en el transporte público; pero aumentó 10 por ciento en las zonas residenciales, o sea en los barrios de clase media alta y alta (https://bit.ly/3n83SiB).

¿No estamos acaso ante un panóptico a cielo abierto, una gigantesca cárcel cuyos barrotes son poco visibles, porque sus guardianes son nuestros vecinos, y hasta nosotros mismos? ¿Cómo se escapa de una cárcel así?

No lo sabemos, porque las formas de dominación van mutando, las nuevas se superponen a las viejas, sin sustituirlas. Lo seguro es que no hay salidas individuales y sin estar organizados. Lo demás habrá que improvisarlo, probando, errando y volviendo a probar, hasta abrir brechas.

Publicado enInternacional
Viernes, 09 Abril 2021 06:25

La militarización del Estado

La militarización del Estado

Para alargar su decadencia, el sistema capitalista patriarcal está militarizando el Estado, y de modo especial algunas de sus funciones "sociales", como la salud y la educación. Brasil se ha convertido en un laboratorio de políticas para exportar, del mismo modo que la guerra antidrogas fue exportada desde Colombia a México, entre otros.

El Sindicato Nacional de Docentes de Enseñanza Superior (Andes), de Brasil, acaba de publicar un expediente titulado Militarización del gobierno Bolsonaro e intervención en las instituciones federales de enseñanza (https://www.andes.org.br).

El sindicato pertenece a la coordinación sindical Conlutas y el documento denuncia la militarización del gobierno de Jair Bolsonaro. Destaca que los militares ocupan ocho de los 22 ministerios, además de áreas estratégicas y de empresas estatales, como la petrolera Petrobras, donde controlan el directorio.

En Brasil hay 6 mil 157 militares en activo o en la reserva ocupando cargos civiles en el gobierno de Bolsonaro, lo que representa un aumento de 108 por ciento respecto de 2016, año en que fue ilegítimamente destituida la presidenta Dilma Rousseff.

Esos militares son comisionados a esos cargos o tienen contratos temporales, acumulando funciones en las más diversas áreas de la administración pública. Según el expediente, se trata de "la militarización del servicio público federal, de las estatales y de diversos órganos", entre los que merece especial destaque la "militarización de la salud, especialmente en la coyuntura de la pandemia".

En los principales escalones del sistema de salud han aterrizado cientos de militares que controlan todo, aunque están fracasando estrepitosamente en la atención a la pandemia, con hospitales y centros de tratamiento intensivo desbordados.

Días atrás saltó el escándalo de que 85 por ciento de las unidades de terapia intensiva de los hospitales militares están vacías, pero no permiten que las ocupen civiles, pese a que son mantenidos con dineros públicos (https://bit.ly/3sZSNlN).

Además, hay 99 militares en órganos federales responsables de la gestión del medio ambiente, como la Fundación Nacional del Indio (Funai), el Instituto Brasileño del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Ibama) y el Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria (Incra).

Según datos del instituto Transparencia Brasil, casi la mitad de esos militares son originarios del Ejército, seguidos de ex policías militares. Se trata de los dos sectores que se han destacado por el apoyo al presidente ultraderechista.

El sindicato de docentes menciona una escalada autoritaria que conduce a "una nueva fase de contrarreforma del Estado, militarizando el primer escalón de las empresas estatales, de los órganos estratégicos del gobierno en áreas de salud y socioambiental".

Sostiene que la escalada de militarización está centrada en el sistema educativo básico, con la creación de "escuelas cívico-militares", y en la educación superior, por la sistemática intervención en instituciones de enseñanza para vetar y controlar la elección de rectores y demás autoridades.

El gobierno se propone crear 216 escuelas primarias cívico-militares hasta el fin de este año, implementando "el modelo basado en las prácticas pedagógicas y en los patrones de enseñanza de los colegios militares del Comando del Ejército, policías militares y cuerpos de bomberos militares" (p. 34).

Una breve incursión en la página del Ministerio de Educación dedicada las escuelas cívico-militares (http://escolacivicomilitar.mec.gov.br/) es suficiente para hacerse una idea del alcance de la iniciativa.

La escalada autoritaria en la educación, está llegando al punto en el que el gobierno de Bolsonaro nombra rectores en las universidades impuestos desde arriba, sin consulta con la comunidad académica y en contra de sus propuestas. Se trata de un ataque a la autonomía universitaria y el "silenciamiento de voces disonantes" en instituciones que son "locus de producción del conocimiento crítico y creativo" (p. 30).

Estamos ante un cambio de época. La clase dominante ha blindado el Estado, empezando por sus instituciones armadas, con especial cuidado de los ejércitos que son la fuerza que mayor contacto puede tener con la población. Esto forma parte de una estrategia diseñada muy arriba, por las instituciones del imperio, que no puede admitir experiencias como las vividas por los ejércitos de Perú y Ecuador en los años 60 y en Venezuela ahora.

Proceden a la militarización de los servicios básicos como la salud y la educación, para evitar que esos espacios sean utilizados por fuerzas opositoras. En Brasil las instituciones indígenas, ambientales y de reforma agraria habían jugado un papel relativamente positivo, pero ahora están siendo férreamente controladas por los militares.

Un doble proceso en marcha: blindar el Estado y usarlo como martillo contra los disidentes. Quien de ahora en más aspire a ocupar cargos estatales debe saber para quiénes trabaja.

Publicado enSociedad
La comunicación en la era de internet

Cada avance tecnológico suscita un sueño utópico y una pesadilla distópica. La invención de internet hacia 1990 generó expectativas entusiastas. Su propio comienzo fue utópico. Su creador Tim  Berners-Lee se negó a registrar las patentes que lo hubieran hecho multimillonario, para ponerlas a disposición de la humanidad. Un dispositivo al principio apropiado por el complejo militar industrial como red  subterránea invulnerable al ataque atómico, devino instrumento aparentemente a disposición de todos para el libre intercambio de mensajes y conocimientos. Si en la era que vivimos el bien más preciado es la información, un canal que prometiera multiplicarla y comunicarla de manera prácticamente gratuita y universal parecía puerta abierta hacia Utopía.

2

Esta  perspectiva optimista fue prontamente clausurada. Así como todos los bienes a disposición de la humanidad –tierra,  aguas,  minerales,  organismos biológicos- no tardaron en ser acaparados, internet no demoró en caer bajo el poder y los planes de los operadores. La red concebida para transmitir mensajes no tardó en encontrar quien quisiera hacerse dueño de éstos  y a través de ellos de sus emisores. En la actualidad, cerca del 70% del PIB global es producido por el sector terciario (finanzas, investigación, educación, publicidad, informática, entretenimiento) que a su vez se maneja mediante la Red. Desde el siglo pasado, Estados Unidos desarrolló el sistema de espionaje Echelon para decodificar ofertas en las licitaciones y hacer que las ganaran las empresas estadounidenses. La información, como la plusvalía, es expropiada de la sociedad  que la crea, y tiende a concentrarse en un número cada vez menor de manos. Dominar la Red es dominar la economía.

3

Todo control sobre la economía deviene control social. Internet y las  redes acumulan membrecías que superan con mucho a las ciudadanías de muchos de los Estados soberanos. A principios de 2021, usan internet 4.660 millones de personas: el 59,5% de la población mundial. Emplean teléfonos celulares 5.200 millones, el 66,6% de los habitantes del planeta. Están atrapadas en las redes sociales 4.200 millones de personas: el 53,6% de los terrícolas. En estas redes, sólo Facebook junta 2.740 millones de seres; You Tube, 2.291; Whats App, 2.000. Los usuarios de internet invierten en ella  en promedio seis horas  y 54 minutos diarios: la duración usual de una jornada de trabajo (https://marketing4ecommerce.net/usuarios-de-internet-mundo/). Estas desmesuradas clientelas son mercados inconmensurables que incesantemente aportan a sus operadores datos invalorables y reciben a cambio publicidad y propaganda.

4

Imaginemos que un servicio postal por el mero hecho de transmitir correspondencia se atribuyera el derecho de abrir todas las cartas que transmite y de utilizar su contenido libremente. Tal servicio no tardaría en ser denunciado como  inadmisible instrumento de tiranía y en perder la totalidad de sus usuarios. Tal es el caso de internet. Desde los primeros tiempos, primero los gobiernos, y luego los operadores de la Red se atribuyeron abusivamente ambos privilegios. Hoy en día, el usuario puede tener la casi seguridad de que todos sus mensajes son abiertos, escrutados y utilizados para sus propios fines por las organizaciones que los transmiten y sus cómplices. Programas de análisis de contenido detectan la presencia de ciertas palabras o construcciones claves y alertan a mecanismos de vigilancia que aplican estrechos controles sobre los emisores del mensaje. En un avance del cerco, los canales instalan en los computadores de los usuarios cookies, programas espías que informan detalladamente sobre el contenido de los ordenadores y de los mensajes que emiten. Estos mecanismos acercan a todos los usuarios de internet a un mundo de control total, frente al cual parece un juego de niños la televisión de dos vías imaginada por George Orwell, que no sólo transmitía imágenes al espectador, sino que además vigilaba todos los actos de éste.

5

El espionaje emplea todo tipo de dispositivo capaz de registrar información. Edward Snowden decidió desertar de los servicios de inteligencia estadounidenses cuando advirtió que éstos espiaban los teléfonos, y que el número de dispositivos de espionaje dedicados a vigilar ciudadanos estadounidenses era mayor que el de los aplicados contra el resto del mundo. Ya es casi imposible abrir una página web sin que ésta nos informe que usa cookies para servirnos mejor –en realidad, para espiarnos mejor- y que el mero hecho de utilizar la página equivale al consentimiento para alojar un espía en el aparato del cual depende nuestra comunicación con el mundo. Algunas, de manera inocente, nos piden de entrada la clave de nuestro correo electrónico, que es como solicitarnos a la vez la llave de la casa, del auto y de la caja fuerte. Pero nuestros llamados servidores ya las tienen: en realidad somos sus sirvientes. Las páginas web, las redes sociales se atribuyen explícita o implícitamente  el derecho de utilizar para sus propios fines todos los contenidos que los usuarios hagan circular en ellas. Es como si un servicio postal se atribuyera la propiedad de cuantos mensajes y objetos le fueran confiados. Fácil es comprender lo que esto significa en un mundo donde el bien económico fundamental es la información. Apropiarse de la información es apropiarse del mundo. 

Por Luis Britto García | 29/03/2021

Publicado enSociedad
Sábado, 27 Marzo 2021 08:33

Oracle vende represión en China

Oracle vende represión en China

Las presentaciones de Oracle sobre el aparato de seguridad de China suscitan una serie de graves cuestiones para la compañía, que se encuentra implicada en el sistema de defensa de EE UU.

 

La policía de la provincia china de Liaoning estaba saturada de montañas de datos recogidos a través de medios invasivos: registros financieros, información de viajes, registro de vehículos, redes sociales e imágenes de cámaras de vigilancia. Para que todo eso tuviera algún sentido, necesitaban tener un software sofisticado de análisis de datos. Aquí entra Oracle, el gigante informático norteamericano, cuyos productos pueden encontrar datos relevantes entre los disparatados registros del departamento de policía para relacionarlos con las investigaciones en marcha.

Así lo explicó un ingeniero de Oracle destinado a China en una conferencia de programadores celebrada en la sede central de la empresa en California en 2018. Las diapositivas de la presentación, subidas a la web de Oracle, comienzan con un “resumen de caso” que enumeraba cuatro “productos de Oracle usados por” la policía de Lianoing para hacer análisis y predicción de crímenes.

Una diapositiva muestra cómo el software de Oracle permite que la policía de Liaoning pueda crear diagramas de red basados en registros hoteleros para localizar a cualquiera que pueda ser relacionado con un determinado sospechoso. Otra muestra el uso del software para crear paneles policiales con “puntos calientes de seguridad”. Fotos de lo que es claramente el interfaz informático de la herramienta muestran una cara difuminada y varios nombres chinos. La presentación concluye que este software ayudó a la policía, cuyas bases de datos habían sido “incomprensibles”, a localizar más fácilmente a los “sujetos/objetos/eventos clave”, y a “identificar posibles sospechosos”, algo que en China a menudo quiere decir disidentes.

Los representantes de Oracle han comercializado el análisis de datos desarrollado por la empresa para su uso por parte de la policía y contratas de la industria de seguridad en toda China, según decenas de documentos de la compañía disponibles en su web. En al menos dos casos, estos documentos implican que los departamentos de policía regionales usaron este software en sus operaciones. Uno de ellos es la presentación sobre la provincia de Liaoning. El otro es un documento de Oracle que describe a la policía de la provincia de Shanxi como “cliente” necesitado de una plataforma de espionaje. Oracle también se jactaba de que sus servicios de análisis de datos para la seguridad fueron usados por otras entidades policiales chinas. Según estos documentos, esto incluía a la policía de Xinjiang, provincia donde se desarrolla el genocidio contra los musulmanes uigures y otros grupos étnicos.

En sus materiales promocionales, Oracle afirma que su software puede ayudar a la policía a sacar provecho de la información procedente de documentos online, registros policiales, registros hoteleros, matriculación de coches, bases de datos de ADN e imágenes para el reconocimiento facial. Las presentaciones de Oracle incluso sugerían que la policía podía usar sus productos para combinar la actividad en redes sociales con las completas bases de datos del Gobierno chino que hacen seguimiento de los consumidores de drogas y de personalidades del mundo del entretenimiento, un grupo que incluye a las trabajadoras sexuales. Los empleados de Oracle también han intentado vender tecnología de la empresa para la “policía en la nube” china, una gran plataforma de datos implementada como parte del Estado vigilante.

Varios de estos materiales de Oracle sugieren que la empresa ha ido bastante más allá de promocionar sus productos entre la policía china, que funciona como parte del Ministerio de Seguridad Pública del país: una presentación que detalla los productos de bases y análisis de datos de Oracle contiene una diapositiva titulada “Oracle y la industria de defensa nacional”. A ese título le sigue una lista de múltiples entidades militares chinas, incluido el Ejército Popular de Liberación, la Corporación Nacional China de energía nuclear, y la Corporación China de Ciencia Aerospacial y Tecnología. Las agencias de defensa también son el evidente objetivo de otras dos presentaciones de Oracle en idioma chino, de las cuales la más reciente está fechada en 2015, y de los eventos llamados “Foro Oracle de intercambio sobre programación en la nube para las Fuerzas Armadas de Policía del Pueblo” y el “Seminario Oracle de informatización para la Aviación de Xi’an y la Industria Nacional de Defensa”, ambos detallados en la web de Oracle. Se desconoce si cualquiera de las entidades militares chinas está usando software de Oracle o si la compañía tiene algún acuerdo con ellas.

Con todo, los documentos muestran una imagen inquietante de una empresa que sacrifica sus valores declarados para introducir sus productos de análisis de datos en China, donde el recolector de datos más impresionante es el Gobierno chino.

Las presentaciones de Oracle sobre el aparato de seguridad de China suscitan una serie de graves cuestiones para la compañía, que se encuentra implicada en el sistema de defensa de EE UU. Según declaró el año pasado, entre sus clientes se encuentran “las cinco ramas del Ejército de EE UU”, y tiene contratos recientes o en proceso de aprobación con la NASA, el Departamento de Comercio y la CIA. Oracle también ha trabajado estrechamente con diversos departamentos de policía estadounidenses.

Esta colaboración de Oracle con el Gobierno ayudó a éste y a Walmart a desplazar a sus rivales en la puja el año pasado por el control de la actividad en EE UU de TikTok, la red social china de vídeos, después de que el Gobierno de Trump ordenara a TikTok encontrar un comprador estadounidense para sus actividades en el país. La propuesta de acuerdo, pendiente de una decisión judicial, estaba impulsada por el temor de que la matriz pekinesa de TikTok pudiera proporcionar datos sensibles de los usuarios a las autoridades chinas. Pero en un extraño giro, los documentos muestran que Oracle ha promocionado el uso por parte de esas mismas autoridades de su software en un ejemplo extremo de anteponer los beneficios a los derechos humanos.

“Las empresas no deberían vender al Ministerio de Seguridad Pública ningún tipo de sistema de control policial de vigilancia predictiva”, asegura Maya Wang, una investigadora de Human Rights Watch en China, que se encontraba entre un grupo de expertos que comentó algunas de las presentaciones de Oracle para la web The Intercept. “No deberían de tener ningún tipo de negocios con el Ministerio de Seguridad Pública. Esto suscita preguntas sobre el papel que Occidente ha representado para inspirar y construir los sistemas de vigilancia de China”.

Además de la preocupación en lo relacionado con los derechos humanos, los documentos apuntan a profundas cuestiones de seguridad nacional. Una de las presentaciones de tema militar cita el trabajo de Oracle con la defensa estadounidense en un evidente esfuerzo de obtener contratos chinos de programación en la nube. “El hecho de que una empresa norteamericana de tecnología esté comercializando aplicaciones para incrementar el poder de combate del Ejército chino es claramente un mal criterio, especialmente dada la avidez con la que Oracle sigue buscando oportunidades de trabajo con el Departamento de Defensa”, afirma Elsa Kania, colaboradora del Center for a New American Security y experta en la estrategia militar de China, después de revisar los documentos más relevantes. “Esto nos dice algo sobre la búsqueda de beneficio y cuota de mercado por encima de cuestiones de ética o diligencia debida”. 

En un comunicado dirigido a The Intercept, la portavoz de Oracle, Jessica Moore, dijo que los materiales mostraban “lo que nuestros productos pueden hacer si otros los desarrollan” y eran “ideas aspiracionales de desarrollo de negocio” que “no indican ninguna ejecución planificada o intencionada de ventas o soporte”. La compañía no está vendiendo software de análisis de datos “para ninguno de los objetivos finales sugeridos en los materiales”, señaló. “Dichas actividades serían incoherentes con los valores esenciales empresariales y ciudadanos de Oracle, incluyendo nuestra declaración sobre derechos humanos”.

También señaló que Oracle realiza “profundas evaluaciones” para asegurar que sus exportaciones cumplen con las restricciones comerciales, incluyendo cualquier acuerdo con el Ejército chino. Preguntada acerca de la evidente labor de comercialización de Oracle dirigida a entidades relacionadas con el ejército, escribió que “cualquier transacción de ese tipo debería cumplir totalmente con las leyes y regulaciones vigentes de EE UU en materia de control de exportaciones y sanciones económicas. Punto. Y más allá de nuestras obligaciones legales y reglamentarias, Oracle es muy prudente y precavida incluso en cómo enfocamos tales oportunidades”.

Moore definió la noticia del ingeniero sobre el uso del software de Oracle por parte de la policía de Liaoning como “una presentación comercial” de tipo “téorico” y señaló que no “representa ni demuestra la implementación de ninguna solución tecnológica concreta de Oracle”. La herramienta “requeriría de un trabajo extenso con la contraparte para ser desarrollada e implementada”.

Un antiguo directivo de Oracle, Xavier Lopez, señaló a The Intercept, que acciones de marketing como el ejemplo de la policía de Liaoning suelen presentarse en conferencias de tecnología para mostrar a los desarrolladores cómo pueden construir software personalizado para determinadas industrias o entidades gubernamentales a partir de plataformas genéricas de Oracle. López co-presentó un ejemplo similar de uso de datos con la policía china en la conferencia Oracle OpenWorld de 2017 en San Francisco, una conferencia anual de carácter masivo que atrae a cerca de 60.000 participantes. La presentación indicaba que un “departamento chino de policía” sin especificar había usado análisis de gráficos de Oracle para centrarse en sospechosos mediante el procesamiento de “documentos, redes sociales, contenido web, salas de chat, registro de vuelos, registro de estancias hoteleras y bases de datos abiertas públicamente [sic] disponibles”.

Lopez confirmó que “esa policía provincial de China usó el software para desarrollarlo”, en referencia al análisis de datos descrito en la diapositiva. “Simplemente compartieron con nosotros información genérica sobre cómo se había usado”. No recordaba qué provincia proporcionó la información.

Acerca de la presentación de Lopez, Moore declaró que “no tenemos ninguna implementación conocida con un ‘departamento chino de policía”, y que “la definición de ‘ejemplo de uso’ es muy diferente de un producto o servicio real e implementable, que Oracle no tiene”.

Lopez tenía claro, no obstante, que su presentación no era hipotética: “Los datos no venían de nosotros. Los datos vinieron de esa provincia. La provincia usa ese software, otorgan una licencia a ese software para su uso en diferentes cosas, para distintos tipos de uso. Y este era un ejemplo de cómo lo usaron para este ejemplo particular de uso”.

Team USA 

Oracle tuvo sus comienzos a finales de los ‘70 desarrollando bases de datos para la CIA y todavía alimenta su reputación de estar íntimamente aliada con el Gobierno de EE UU. Su cofundador y presidente del consejo, Larry Ellison, criticó los planes de Google de 2018 de desarrollar en China una máquina de búsqueda censurada declarando a Fox Business que estaba en marcha “una fuerte competición con China. Yo voy con el equipo de EE UU”. El hecho de que Google “vaya a China y facilite que el Gobierno chino vigile a su pueblo es bastante perturbador”, añadió.

Por otro lado, la ejecutiva de Oracle Safra Catz es delegada de la Comisión de Seguridad Nacional para la Inteligencia Artificial, una iniciativa apoyada por el Departamento de Defensa que pretende mantener el dominio de EE UU en ese campo. Una preocupación clave de la comisión ha sido la creciente pericia técnica de China y, en su papel como delegada, Catz ha recibido actualizaciones semanales en su mail por parte del exdirector del Consejo de Seguridad Nacional para China acerca del “comportamiento malicioso del Partido Comunista Chino”.

“La preocupación es que los ejecutivos de Oracle estén condicionando la política estadounidense de seguridad nacional y al mismo tiempo le pasen tecnología a la policía china para usos de espionaje”, señaló Jack Poulson, que dimitió de Google en 2018 después de que The Intercept desvelara los planes de la empresa sobre los buscadores en China, y ahora es director ejecutivo de la ONG Tech Inquiry, que monitoriza la discriminación, vulneraciones de derechos humanos y flujos financieros de las empresas de tecnología. “Esta no es la primera empresa que lo hace, pero puede ser uno de los ejemplos más indignantes”.

Oracle se encontraba cómoda con el Gobierno de Trump, un hecho que puede haber ayudado en su puja por TikTok. Catz fue miembro del equipo asesor de Trump durante el traspaso de poderes en 2016, y donó 130.600 dólares para la campaña de reelección de Trump el año pasado. Pero el destino del acuerdo de TikTok puede estar ahora en manos de Joe Biden. TikTok ha estado enfrentándose judicialmente a la orden ejecutiva de Trump, y la respuesta del Gobierno de EE UU a este desafío está prevista para hoy [posteriormente a la redacción de este artículo, Biden suspendió la orden de venta de activos de TikTok]. La semana pasada, el Wall Street Journal informó de que el Gobierno de Biden había paralizado de manera indefinida el acuerdo TikTok-Oracle-Walmart. No obstante, técnicamente Oracle todavía está en la carrera por adquirir una parte significativa de la actividad de TikTok en EE UU. Según los términos propuestos en el acuerdo, Oracle albergaría los datos de los usuario que fluyen por la aplicación de TikTok en EE UU como principal inversor de una empresa independiente llamada TikTok Global. También podrá tener acceso al código fuente de TikTok.

El interés de Oracle tanto por TikTok como por el control policial a través de los datos nace de su esfuerzo continuado por introducirse en el pujante mercado en la nube y su expansión relacionada de desarrollos de inteligencia artificial. Las raíces de la empresa se encuentran en el software de bases de datos, pero en la última década ha adquirido varias startups de búsqueda online y análisis de datos. Oracle también se ha convertido en uno de los principales vendedores de datos. Asegura vender datos de más de 300 millones de personas en todo el mundo, lo que llama “la mayor colección mundial de datos de terceras personas”.

Estos esfuerzos forman parte de la tendencia global que está llevando a las grandes tecnológicas a interesarse por la seguridad, un proceso en el que empresas más especializadas como Palantir y Predpol se están viendo desplazadas por las grandes empresas de plataforma como Amazon, IBM y Microsoft. Las aplicaciones y el software de Oracle han sido usadas por el departamento de policía de Chicago y la policía del Estado de Illinois, así como por varios gobiernos locales de EE UU.

Pero Oracle también ha vendido aplicaciones policiales de su software en países con antecedentes deplorables en materia de derechos humanos, incluyendo no sólo China sino también Brasil, México, Pakistán, Turquía y Emiratos Árabes Unidos, según documentos de la empresa y contratos policiales desvelados por The Intercept, así como evidentes presentaciones de empleados de Oracle subidas a Slideshare y otras páginas. Los documentos dejan claro que el software puede usarse para aumentar la vigilancia. Un folleto de marketing global de Oracle sacado de su página web señala que la policía “necesita juntar en una sola fuente el análisis del crimen y el análisis de redes sociales”. Otro sugiere que el software de Oracle puede ayudar a la policía a filtrar 700 millones de mensajes al día a partir de las principales aplicaciones de redes sociales –incluyendo WeChat y Weibo- así como salas de chat, foros, comentarios y medios informativos. Bajo el epígrafe “Obstáculos pendientes”, menciona la “protección a la privacidad”.

“Disponemos de muchas pruebas del potencial negativo de este tipo de tecnologías para las poblaciones negras y de las afueras” en las favelas y otros vecindarios pobres de Rio de Janeiro, señala Pablo Nunes, investigador del Centro de Estudios para la Seguridad y la Ciudadanía en Río de Janeiro. “También refuerza la criminalización de ciertos espacios de la ciudad”.

Algunos materiales de marketing de Oracle afirman que su tecnología puede ayudar a los agentes a prevenir o anticiparse al crimen. Se trata de una afirmación engañosa incluso en sociedades con una fuerte protección de las libertades civiles. En China, que carece de libertad de prensa y de otros medios para la rendición de cuentas a la ciudadanía, la policía puede usar el big data para justificar fundamentalmente cualquier decisión, y en el peor de los casos, la detención de uigures y otras minorías étnicas de Xinjiang. “Los sistemas democráticos normalmente tienen que enfrentarse a algo de resistencia y de respuesta por parte de la gente que sufre discriminación”, señala Wang, de Humans Rights Watch. “Pero en China la policía no tiene que responder ante ninguna presión. Así que el muy imperfecto diseño del sistema puede empeorar sin más”. El visto bueno de Oracle es parte de este deterioro.

Moore, la portavoz de Oracle, declara que los clientes globales de la empresa y los usos finales están “autorizados” y que los productos de la compañía no han sido específicamente diseñados para la vigilancia o la lucha contra el crimen. “Terceras partes o integradores de sistemas pueden desarrollar productos a partir de nuestra tecnología”, escribe, “y pueden ser configurados o implementados para esos usos, pero esto requeriría de un proceso profundo de consultoría y desarrollo de dicho sistema”.

Vigilancia integrada 

Los documentos de Oracle desvelados por The Intercept cubren el periodo entre 2010 y 2020. Describen ampliamente un enfoque llamado “vigilancia socialmente activada” o “vigilancia integrada”, que conlleva la fusión de las fuentes tradicionales de información para la policía con los datos procedentes de redes sociales. El objetivo, según un documento, es eliminar “barreras y cuellos de botella, facilitando una visión de 360 grados que comprenda el ciclo de vida de la víctima, el testigo, el sospechoso y el incidente”, de modo que se pueda vigilar “tanto el mundo físico como el digital”.

Una figura prominente en la promoción de este concepto fue Hong-Eng Koh, un antiguo agente de policía de Singapur que trabajó en Oracle entre 2010 y 2016, al menos parcialmente desde Pekín. Koh es descrito en documentos de Oracle, en el registro de una conferencia de Oracle y en sus propias (y de sus colegas) entradas en redes sociales como “principal director” o “líder global” de Oracle para las áreas de justicia y seguridad ciudadana en ese periodo. Según los documentos, Koh supervisó un grupo de empleados que contactó con agencias gubernamentales de todo el mundo acerca de las aplicaciones policiales del software de Oracle. Moore, de Oracle, afirma que la empresa jamás tuvo un “grupo de Justicia y Seguridad Ciudadana, pero reconoce que había un grupo de empleados que trabajaban con Koh. Añade que Koh “desempeñaba un rol dentro del área de Soluciones Industriales Globales centrado en posicionar los productos de Oracle en varias industrias, incluyendo el sector público”.

Koh parece ser un fan entusiasta del trabajo policial. “¿En qué otro trabajo te dan una pistola propia?”, se lee en un post sobre sus primeros días como agente en Singapur, en lo que parece ser su cuenta de LinkedIn. “Durante algunos meses, me sentí tan ‘empoderado’ que estando fuera o dentro de servicio, llevaba la pistola y mis balas con entusiasmo allá donde fuera”. (Koh no respondió a múltiples correos electrónicos y mensajes en LinkedIn para comentar estos hechos).

En Oracle tenía otras poderosas herramientas a su disposición. En los documentos, Oracle lanza una serie de software de analíticas y de proyecto dirigida a usos policiales y llamada Oracle Business Intelligence, también en China. Dicho software tiene amplias aplicaciones y es muy utilizado por las empresas en su análisis de negocio. Lopez, el antiguo ejecutivo de Oracle, declara que aunque los ingenieros de Oracle no ajustan el software del tipo Business Intelligence pensando en un sector específico, Oracle sí lo comercializa para usos específicos. “Cuando comercializas algo, quieres que tu marketing ilustre como puede personalizarse o modificarse o tunearse un software genérico para resolver los problemas de tu sector”, señala. Añade que a menudo los ingenieros de Oracle pueden añadir características al software basándose en el intercambio con los gobiernos o las empresas. Un vídeo subido a la web de Oracle titulado “Transformando la Justicia y la Seguridad Ciudadana” propone una estrecha colaboración con la policía para integrar “datos almacenados en un solo núcleo de información”. “Podemos ayudarte a construir tu manera ideal de hacer las cosas”, dice.

Oracle es el principal proveedor mundial de software para bases de datos, y para los departamentos de policía que ya usan las bases de datos de la empresa, una ventaja de la oferta analítica de Oracle es que le pueden añadir más fácilmente otras capas de software.

Los documentos corporativos reseñados por The Intercept señalan que cada país tiene diferentes leyes sobre el uso de datos para la vigilancia policial, pero pasan por encima de cualquier consideración sobre las libertades civiles. “Los ciudadanos respetuosos de la ley no tienen nada que temer”, dice el documento de Oracle sobre “vigilancia socialmente activada”, en el que Koh figura como coautor. “Si una persona no tiene problemas con publicar entradas en redes sociales públicamente, él o ella deben entender que cualquiera, incluyendo empresas de marketing, agencias gubernamentales e incluso criminales, pueden ver dichos contenidos sin su permiso”. “Internet tiene memoria”, continúa el documento.

Internet no ha olvidado a Koh. Una cuenta de Slideshare a su nombre contiene presentaciones que detallan el trabajo con departamentos de policía de todo el mundo, y su cuenta de LinkedIn contiene lo que parece ser una foto de Koh con los Pakistan Rangers, una organización policial paramilitar.

Big data y regímenes represores

Parece que Koh ha encontrado un público atento entre los regímenes represivos cuyas autoridades han atesorado una gran cantidad de información. Durante la última década, las autoridades chinas han tratado de usar el big data para prevenir cualquier incidente que amenace al Partido Comunista. El presidente chino, Xi Jinping, ha hablado de preservar la “estabilidad” mediante la vigilancia de eventos imprevistos. “La lógica es que ya no sirve con reaccionar a los eventos, porque entonces ya es demasiado tarde”, señala Edward Schwarck, un estudiante de doctorado de la Universidad de Oxford que ha escrito sobre el origen de la vigilancia policial predictiva en China. “Lo que tienes que hacer es adelantarte a los acontecimientos”.

En los últimos 20 años China ha introducido los documentos de identidad electrónicos, el registro de identidad online, lectores automáticos de matrículas y puestos de control equipados con cámaras de vigilancia y sistemas de reconocimiento facial. “Todo el mundo usa móviles o WeChat, toda clase de dispositivos que pueden ser seguidos y generan muchas secuencias de datos”, señala Daniel Sprick, un experto en Derecho chino de la Universidad de Colonia que estudia la vigilancia policial predictiva en China. Algunos datos recogidos a través del emergente sistema de crédito social proveen información accesible también para la policía, añade. “De este modo la policía está en la posición de tener una exclusiva serie de datos sobre más o menos todo lo que quiera saber”.

En Brasil, el Gobierno ha trabajado incansablemente para fusionar información y crear megabases de datos de sus ciudadanos. El Registro Base de Ciudadanos del país, por ejemplo, reúne más de 50 tipos distintos de información sobre los brasileños, incluyendo detalles de empleo, salud e información biométrica, como huellas digitales y fotos de rostros. Bajo la dirección del presidente Jair Bolsonaro, la policía federal brasileña también está creando un sistema de datos unificado que reúne datos biométricos y criminales de todos los Estados del país.

De manera similar, las autoridades de Emiratos Árabes Unidos también se han apuntado a amasar datos de sus ciudadanos. En Dubai, la policía ha introducido un programa de vigilancia masiva llamado Oyoon, que significa literalmente ‘ojos’. El programa, que implica 5.000 cámaras de vigilancia, permite supuestamente a la policía seguir a la gente a lo largo de la ciudad subiendo la foto de su ficha policial a una base de datos.

Koh asegura en la cuenta de LinkedIn que su equipo ha “desarrollado con éxito múltiples soluciones tecnológicas” para la policía en cada uno de estos tres países.

Mara Hvistendahl

Traducido por Diego Sanz Paratcha.

27 MAR 2021 06:45

Me identifico con el dolor, el sufrimiento, la tristeza, la ansiedad y la soledad de los demás. Me gustaría asimilar esos sentimientos y expresarlos a través de mi método exclusivo. (La alienación) la provocan los humanos y es ineludible. Me gustaría conseguir que aprendiéramos a aceptarla con ayuda del humor, de la ironía, burlándonos de nosotros mismos, escribió en 1999 el artista. En la imagen, Soldado, 1993.Foto tomada del catálogo de la exposición dedicada al artista en 2019 en el Museo Reina Sofía

El aislamiento y su agudización por el Covid-19 tienen en alerta a varios países // Japón abrió un ministerio gubernamental para atender a personas solas // El artista Tetsuya Ishida documentó entre 1996 y 2004 la incertidumbre y la desolación, por lo que ya es visto como profeta

 

Reino Unido y Japón han puesto en marcha dos dependencias gubernamentales para atender lo que pronostican será la próxima pandemia a enfrentar en el mundo: la soledad.

El tema es preocupante sobre todo en el país asiático, porque en 2020, en pleno confinamiento para evitar contagios de Covid-19, aumentó la tasa de suicidios, principalmente en mujeres solas.

Hace más de una década que ese índice no mostraba cambios, por lo que el pasado 12 de febrero se creó el primer Ministerio para la Soledad japonés, con la encomienda del premier Yoshihide Suga de atender de manera urgente una situación que, de acuerdo con sus datos, provocó que 20 mil 919 personas se quitaran la vida el año pasado.

Sin embargo, la soledad es una espina clavada en el alma japonesa desde hace años, sólo recrudecida por la actual contingencia sanitaria. Así lo confirma la obra de Tetsuya Ishida, el pintor que a la luz de la situación que hoy día se vive en su país, es considerado una suerte de profeta.

Escenas de un país atrapado

Ishida nació en junio de 1973 y murió a los 32 años, en 2005, en un accidente de tren que posiblemente fue un suicidio, según autoridades.

Durante una década, el joven artista pintó lo que consideraba "escenas de la vida cotidiana": un Japón atrapado en la desolación de la vida moderna y las exigencias del capitalismo salvaje.

En 2019, apenas unos meses antes de que apareciera en escena el coronavirus, una retrospectiva de Ishida en el museo Reina Sofía de España puso sobre la mesa el tema que en estos días ha llevado a las autoridades de ese país a considerar seguir el ejemplo de los gobiernos británicos y japonés, e implementar políticas estatales que atiendan a las personas solas.

A lo largo de 70 pinturas y dibujos creados entre 1996 y 2004, Tetsuya Ishida documentó inquietudes propias que hoy más que nunca son preocupaciones mundiales: la incertidumbre y la desolación.

En concreto, reseñó entonces el recinto español, el artista japonés “retrata con precisión descriptiva el estado de ánimo de su generación (conocida precisamente como Generación Perdida), marcada por el estallido de la burbuja financiera e inmobiliaria y los despidos masivos que en 1991 sumieron a su país en una profunda recesión.

“Durante los escasos 10 años de su trayectoria, el artista produjo un formidable corpus de trabajo centrado en la incomunicación y alienación en un mundo dominado por fuerzas incontrolables. La imaginería recurrente del escolar/oficinista le sirve para realizar una crítica acerada de los sistemas educativos y laborales regidos por los imperativos de productividad y competitividad.

"La metamorfosis del cuerpo humano fusionado con ciertas especies de insectos, dispositivos tecnológicos o medios de transporte; las situaciones claustrofóbicas en las que el cuerpo se halla físicamente atrapado en agujeros y construcciones, o forma parte de una cadena de montaje como si de un engranaje más se tratara; la búsqueda de la identidad ligada a la necesidad primaria del retorno a la niñez y al componente escatológico reprimido; el lustro perdido de los parques de atracciones y la tristeza que invade los terrenos baldíos funcionan como telón de fondo para la apatía de una sociedad que ha sucumbido a la maquinaria de la producción y del consumo infinitos."

Símbolo de la melancolía

Es así como Ishida, además de un pintor de culto en Asia, ahora es también símbolo de esa densa melancolía que la pandemia de Covid-19 no sólo llegó a intensificar en Japón, sino que se esparce en todos los rincones del planeta.

"Me identifico profundamente con el dolor, el sufrimiento, la tristeza, la ansiedad y la soledad de los demás. Me gustaría asimilar esos sentimientos y expresarlos a través de mi método exclusivo. (La alienación) la provocan los humanos y es ineludible. Me gustaría conseguir que aprendiéramos a aceptarla con ayuda del humor, de la ironía, burlándonos de nosotros mismos", escribió en 1999 el artista, quien en vida nunca atestiguó el impacto que su obra causó sobre todo en los jóvenes que descubrieron su trabajo un año después de su muerte.

Pero no sólo fue un visionario respecto a la sociedad, sino también a sí mismo, o mejor dicho, al papel que el arte juega para aliviar pesares. Kuniichi Uno, en el catálogo de la exposición de Ishida, titulada Autorretrato de otro, que se presentó en Madrid y en Chicago en 2019, recupera otro comentario de los diarios del pintor: "Me atrae el artista que es como un santo, los seres que pretenden salvar al mundo con cada pincelada y adivinar el grito de toda la humanidad en el morro de los borregos. Pero sólo soy un filisteo". (El catálogo se puede descargar de manera gratuita en la siguiente dirección de Internet:

En la inauguración de esa muestra, hace dos años, algunos críticos de arte lanzaron una reflexión a todas luces premonitoria: "Japón es punta de lanza de diversos procesos sociales", como la desazón provocada por el capitalismo (acentuada por la pandemia que se vive) y que Ishida describió en toda su crudeza.

Publicado enSociedad
El dolor social, arma política del capitalismo digital

Vivimos en una sociedad enferma. Las manifestaciones son muchas. El uso de antidepresivos, ansiolíticos, y los derivados del opio muestran un comportamiento poco habitual. La crisis de la oxicodona en Estados Unidos ha convertido el dolor en un negocio para los laboratorios farmacéuticos. Asimismo, se ha transformado en una epidemia a la cual se unen conductas autolíticas. Autolesionarse resulta una vía de escape para millones de personas en el mundo. El temor al fracaso es una de sus causas más comunes. Los jóvenes y adolescentes se encuentran entre la población más vulnerable. Infringirse daño se transforma en un modo de sentirse libre, de romper ataduras.

No son los dolores del cuerpo los que provocan el deseo de autolesionarse. Por el contrario, son los dolores sociales, aquellos dependientes de las estructuras de explotación, dominio y desigualdad. La pérdida de confianza y la soledad actúan como catalizadores de un dolor cuya forma de combatirlo consiste en violentar el propio cuerpo. La depresión, la neurosis o el trastorno límite de la personalidad, caracterizado por la forma en la cual la persona se piensa y siente en relación consigo misma y los demás, son síntomas de una realidad propia del siglo XXI y el capitalismo digital.

Richard Wilkinson y Kate Pickett, en su ensayo Igualdad, cómo las sociedades más igualitarias mejoran el bienestar colectivo, alertan: "En Gran Bretaña 22 por ciento de los adolescentes de 15 años se han hecho daño a sí mismos al menos una vez, y 43 por ciento de ese grupo afirmaron hacerse daño una vez al mes. En Australia, un estudio con adolescentes señala que 2 millones de jóvenes se autolesionan alguna vez a lo largo de su vida. En Estados Unidos y Canadá, los datos apuntan a que entre 13 y 24 por ciento de los escolares se lesionan voluntariamente y niños de sólo siete años se hacen cortes, se arañan, se queman, se arrancan el pelo, se provocan heridas y se rompen huesos deliberadamente".

Estas conductas hunden sus raíces en un cambio en la manera de percibir el dolor. “Cuesta imaginar que la angustia mental pueda convertir la vida en una experiencia tan dolorosa que el dolor físico resulte liberador y proporcione una sensación de control (…), pero son muchos los niños, jóvenes y adultos que afirman lesionarse al sentir vergüenza, autoexigirse o creer que no están a la altura”.

El dolor se construye y se articula. Así, entramos en otra dimensión en la cual las conductas hacia el dolor se pueden inducir y recrear. Según el coronel estadunidense Richard Szafranski “se trata de influir en la conciencia, las percepciones y la voluntad del individuo, entrar en el sistema neocortical (…) de paralizar el ciclo de la observación, de la orientación, de la decisión y de la acción. En suma, de anular la capacidad de comprender”.

Miedo y dolor, una combinación perfecta. El miedo se orienta hacia objetivos políticos. Sus reclamos pueden ser el desempleo, la inseguridad, el hambre, la exclusión o la pobreza. En este contexto, el dolor entra con fuerza en la articulación de la vida cotidiana, muta en un mecanismo de control. Y aquí el concepto se extravía.

William Davies, en su estudio Estados nerviosos, cómo las emociones se han adueñado de la sociedad, subraya: “Hasta la segunda mitad del siglo XX, la capacidad del cuerpo para experimentar el dolor por lo general se consideraba una señal de salud y no como algo que debía ser alterado empleando analgésicos y anestésicos (…). El paciente que simplemente pide ‘termine con el dolor’ o ‘hágame feliz’ no está exigiendo una explicación, sino el mero cese del padecimiento (…). La frontera que separa el interior del cuerpo comienza a ser menos clara (…). En esencia, despoja el sufrimiento de cualquier sentido o contexto más amplio. Coloca el dolor en una posición de fenómeno irrelevante y por completo personal”.

El dolor social, el padecimiento colectivo, la conciencia del sufrimiento, se desvanece en una experiencia imposible de ser comunicada. Pierde toda su fuerza. Ser feliz, eliminar el dolor o derivarlo hacia una vivencia personal, desactiva la crítica social y política, uniéndose a conductas antisistémicas.

Pero al mismo tiempo, el dolor se instrumentaliza. En este contexto, es un arma eficaz. Se busca crear dolor, potenciar sus efectos en las personas. Hacer que forme parte de una conducta flexible y sumisa, donde el dolor paraliza. En este sentido, la construcción de conductas asentadas en el manejo del dolor se ve favorecida por el desarrollo del Big Data y la interconexión de dispositivos capaces de penetrar en lo más profundo de la mente-cerebro. La realidad aumentada bajo la inteligencia artificial posibilita expandir el mundo del dolor en todas las direcciones. El llamado Internet de las cosas se convierte en una fuente inagotable de emociones y sentimientos, forjando estados de ánimo capaces de doblegar la voluntad bajo el control político del dolor social. Y lo más preocupante, está en manos de empresas privadas.

Publicado enSociedad
Miércoles, 17 Marzo 2021 05:52

Coto a los gobiernos que espían

Coto a los gobiernos que espían

El CyberPeace Institute (Instituto de Paz Cibernética) ha denunciado la creciente actividad y los escasos controles de empresas que comercializan software espía, a los que llega a calificar de "mercenarios". Desde este organismo critican duramente que, pese a las excusas por parte de estas compañías de que únicamente venden estas aplicaciones a gobiernos para ayudarles a combatir el crimen y el terrorismo, el número de casos en los que se viola indiscriminadamente la privacidad y se vulneran Derechos Humanos (DDHH) se dispara.

Pegasus, uno de los software espía más extendidos que desarrolla la empresa israelí NSO Group Technologies, tiene en su haber incontables violaciones de DDHH, habiendo sido utilizado por diferentes gobiernos contra periodistas, activistas y cualquier otra persona que, sin suponer una amenaza para la ley, sí eran voces contrarias a esos Ejecutivos.

Tal y como señala el CyberPeace Institute, estas malas prácticas son las que llevaron a WhatsApp a demandar en 2019 a NSO Group, tras asegurar que al menos 1.400 de sus usuarios fueron atacados con Pegasus. Basta una llamada telefónica a través de WhatsApp, incluso sin que ésta sea atendida, para instalar el software malicioso. A partir de ahí, Pegasus se haría con el control completo del teléfono móvil, pudiendo acceder a todo su contenido, geolocalizarlo, utilizar la cámara y el micrófono, etc.

Este es el motivo por el que la presidenta del CyberPeace Institute, Marietje Schaake,  demanda una legislación más restrictiva en el uso de este software espía. Compañías como Microsoft, Google, Cisco y LinkedIn, así como organizaciones como Amnistía Internacional o Access Now se han sumado a la demanda de WhatsApp.

NSO Group es la punta del iceberg de un mercado que mueve 12.000 millones de dólares al año; a la israelí se suman otras compañías que desarrollan este tipo de software, como Gamma Group (Reino Unido-Alemania); Memento Labs, conocida previamente como Hacking Team (Italia); Dark Matter (Emiratos Árabes Unidos) o Intellexa (Chipre), entre otras.

La opacidad con operan este tipo de compañías es absoluta, con la connivencia de los diferentes Gobiernos, pues no debe perderse de vista que para que sea posible un negocio mil millonario han de existir compradores. Para ocultar su rastro, las desarrolladoras de software espía acostumbran a operar con redes de empresas ficticias.

Se cargan las tintas contra gobiernos como el de Vietnam –Amnistía Internacional acaba de iniciar una campaña-, Bahrein, Marruecos o Arabia Saudí (con el caso del periodista asesinado Jamal Khashoggi como ejemplo), pero también están en cuestión el uso del software espía que realizan gobiernos considerados más democráticos. De hecho, el Citizen Lab canadiense, elaboró una investigación en 2018, llegando a detectar el software espía hasta en 45 países:

Argelia, Bahrein, Bangladesh, Brasil, Canadá, Costa de Marfil, Egipto, Francia, Grecia, India, Irak, Israel, Jordania, Kazajstán , Kenia, Kuwait, Kirguistán, Letonia, Líbano, Libia, México, Marruecos, Países Bajos, Omán, Pakistán, Palestina, Polonia, Qatar, Ruanda, Arabia Saudí, Singapur, Sudáfrica, Suiza, Tayikistán, Tailandia, Togo, Túnez, Turquía, Emiratos Árabes Unidos, Uganda, Reino Unido, Estados Unidos, Uzbekistán, Yemen y Zambia.

Más recientemente y en respuesta a un requerimiento de la ONU, el Citizen Lab revelaba como hasta 25 países serían clientes sólo de NSO Group a través de sus numerosas empresas pantalla, utilizando el software espía para vulnerar la privacidad de periodistas, rivales políticos o activistas de DDHH, dentro y fuera de sus fronteras. El organismo canadiense es claro al afirmar que "los gobiernos, incluidos los Estados que generalmente se consideran respetuosos de los derechos y con un Estado de Derecho adecuado, también pueden implementar estas tecnologías en ausencia de transparencia pública y marcos legales apropiados calibrados a la naturaleza intrusiva de estas tecnologías".

España no escapa de la mancha del uso de software espía sin transparencia ni control. En 2015 y después de que fuera hackeado el hackeador, se reveló que tanto el CNI como la Policía Nacional fueron clientes de la italiana Hacking Team, precisamente, en tiempos de las cloacas del Estado con Jorge Fernández Díaz (PP) como ministro del Interior, hechos que aún están investigándose en sede judicial.

 Por, David Bollero

17 marzo, 2021

Publicado enSociedad
“La creencia en el libre albedrío es más peligrosa hoy que nunca antes”

Yuval Noah Harari, historiador y filósofo israelí

El académico analiza el mundo de la pospandemia a partir del auge de la vigilancia y el incremento del control. Además, los cambios tecnológicos, su influencia en los sistemas políticos y la inteligencia artificial.

 

Yuval Noah Harari es uno de los intelectuales más influyentes de la actualidad. Lo consultan y convocan de todo el mundo, desde el presidente de Francia, Emmanuel Macron, al empresario Bill Gates y la canciller alemana, Ángela Merkel. Dice que uno de sus principales objetivos es “hacer llegar información científica precisa al mayor número de personas posible”. En esta coyuntura, “si no se hace un esfuerzo por llevar la ciencia al público en general, se deja el terreno libre para todo tipo de ridículas teorías conspirativas”, apunta. En este sentido, y frente a este peligro, sostiene que “el trabajo de los intelectuales públicos es tomar las últimas teorías científicas y encontrar una manera de traducirlas en una historia accesible, sin abandonar el compromiso con los hechos fundamentales”.

Sus obras Sapiens: De animales a dioses; Homo Deus: Breve historia del mañana; 21 lecciones para el siglo XXI; y Sapiens. Una historia gráfica, entre otras, revisan los orígenes del mundo y marcan escenarios de futuros posibles. Esto último, atravesado por uno de sus intereses y focos centrales: la ética del desarrollo científico y tecnológico en el siglo XXI.

En diálogo con Página/12 y a más de un año del comienzo de la pandemia de la covid-19, Harari repasa los distintos aspectos de la crisis que desató el virus y sus corolarios.

--¿Cuál es su análisis sobre los tiempos que corren y qué ideas disparó en usted la situación de pandemia en el mundo?

--La primera lección de la pandemia es que debemos invertir más en nuestros sistemas de salud pública. En este momento, esto debería ser obvio para todos. Aunque todos los seres humanos son huéspedes potenciales del virus, éste no es democrático en dos aspectos fundamentales. En primer lugar, supone un mayor riesgo para algunas personas. En segundo lugar, sus impactos económicos no se sentirán por igual en todas las partes del mundo. Deberían preocuparnos especialmente los efectos económicos de esta pandemia en los países en desarrollo. Creo que, aunque el virus en sí no sea democrático, podemos esforzarnos por mantener los principios democráticos en nuestra respuesta al virus. En otro nivel, esta crisis ha demostrado el grave peligro que supone la desunión mundial. Se han perdido muchas vidas debido a la incapacidad de los líderes mundiales para trabajar juntos. Ya ha transcurrido un año desde el comienzo de la crisis y, lamentablemente, todavía no tenemos un plan de acción mundial. Es evidente que esta crisis ha puesto de manifiesto lo fracturado que está el sistema internacional y ha revelado lo peligrosa que es esta situación. De alguna manera, es casi como si la naturaleza estuviera poniendo a prueba nuestro sistema de respuesta global para ver cómo podríamos manejar algo mucho peor en el futuro. Desafortunadamente, la forma en que hemos manejado la pandemia no inspira mucha confianza en que podamos manejar algo más complejo como el cambio climático o el aumento de la inteligencia artificial. Espero que esta pandemia sirva como una llamada de atención para la humanidad.

--En relación con un plan de acción mundial, usted dice que “tenemos el conocimiento científico para solucionar esta crisis, pero no la sabiduría política para hacerlo”. ¿A qué se refiere con “sabiduría política”?

--Todos los grandes logros de la humanidad, desde la construcción de las pirámides hasta el vuelo a la Luna, no fueron el resultado de un genio individual, sino de la cooperación entre incontables extraños. Demostrar sabiduría política significaría actuar de manera que se maximice este poder de cooperación para el beneficio de todos. Sabemos que la humanidad es capaz de este tipo de colaboración. Basta con mirar la investigación científica. Ahora, siempre que hablamos de cooperación global, algunas personas se oponen inmediatamente. Dicen que hay una contradicción inherente entre el nacionalismo y el globalismo, y que debemos elegir la lealtad nacional y por lo tanto rechazar la cooperación global. Esto es un error. No hay ninguna contradicción entre nacionalismo y globalismo. El nacionalismo se trata de cuidar a tus compatriotas; no de odiar a los extranjeros. Una pandemia es exactamente una situación así. Si todos los países cooperaran existe la posibilidad de que la covid-19 sea la última gran pandemia de la historia.

--Señala la crisis del nacionalismo mientras otras voces subrayan su auge.

--Si bien es común hablar del resurgimiento del nacionalismo, lo que estamos viendo en todo el mundo es el colapso de la solidaridad nacional y su sustitución por un tribalismo divisorio. El nacionalismo no se trata de odiar a los extranjeros. El nacionalismo se trata de amar a tus compatriotas. Y actualmente, hay una escasez global de tal amor. En países como Irak, Siria y Yemen, los odios internos han llevado a la completa desintegración del Estado y a guerras civiles asesinas. En países como Estados Unidos, el debilitamiento de la solidaridad nacional ha llevado a crecientes fisuras en la sociedad. Las animosidades dentro de la sociedad estadounidense han alcanzado tal nivel que muchos estadounidenses odian y temen a sus conciudadanos mucho más de lo que odian y temen a los rusos o a los chinos. Hace 50 años, tanto los demócratas como los republicanos temían que los rusos llegaran a imponer un régimen totalitario en la "tierra de la libertad". Ahora, tanto demócratas como republicanos están aterrorizados de que el otro partido esté empeñado en destruir su forma de vida. En esta crisis de nacionalismo, muchos líderes que se presentan como patriotas son de hecho todo lo contrario. En lugar de fortalecer la unidad nacional, amplían intencionadamente las divisiones dentro de la sociedad utilizando un lenguaje incendiario y políticas divisorias, y describiendo a cualquiera que se oponga a ellos no como un rival legítimo sino más bien como un traidor peligroso. Donald Trump y Jair Bolsonaro son los principales ejemplos.

--Sus escritos advierten sobre el incremento de la vigilancia y el control a partir de la pandemia. ¿Podría explicar el punto?

--Algunos comentaristas han sostenido que la forma relativamente eficiente en que China enfrentó la pandemia es una prueba de que los sistemas autoritarios son más adecuados para hacer frente a crisis como ésta. Pero esto no es necesariamente cierto. También vemos cómo países más descentralizados como Nueva Zelanda y Corea del Sur lo han hecho bastante bien sin abandonar sus valores democráticos y sin sacrificar las libertades y los derechos humanos de sus ciudadanos. También hay países autoritarios como Irán que han demostrado su incompetencia. No necesitamos aceptar el principio de que los estados autoritarios centralizados están necesariamente mejor equipados para sobrevivir a este tipo de choques. Tal vez el peligro real sea el tema de la vigilancia, y cómo ciertos tipos de vigilancia “bajo la piel” pueden ser intensificados o normalizados por la pandemia. Si usás un brazalete biométrico que monitorea lo que sucede bajo la piel, el gobierno también puede saber lo que estás sintiendo, por ejemplo, mientras leés esto mismo que estoy diciendo ahora. La vigilancia bajo la piel puede crear el mejor sistema de salud de la historia, un sistema que sabe que estás enfermo incluso antes de que te des cuenta. Pero también puede crear el régimen más totalitario que jamás haya existido --un régimen que sabe lo que estás pensando y del que no podés esconderte--.

--En algunos círculos existe una suerte de deslumbramiento por la inteligencia artificial, que usted dice puede ser “una tecnología de dominación”. ¿De qué manera cree que la tecnología puede interactuar o influir en los sistemas políticos?

--Como historiador, me inclino a mirar cómo las eras anteriores de cambio tecnológico influyeron en los sistemas políticos. En el siglo XIX, vemos cómo unos pocos países como Gran Bretaña y Japón se industrializaron primero, y luego pasaron a conquistar y explotar la mayor parte del mundo. Si no tenemos cuidado, lo mismo ocurrirá con la Inteligencia Artificial (IA) y la automatización. No necesitamos imaginar un escenario Terminator de ciencia ficción de robots rebelándose contra los humanos. Hablo de una inteligencia artificial mucho más primitiva, que sin embargo es suficiente para alterar el equilibrio global. Consideremos cómo podría ser la política en Argentina dentro de 20 años, cuando alguien en San Francisco o Beijing conozca toda la historia médica y personal de cada político, periodista o juez de su país, incluyendo sus escapadas sexuales, tratos corruptos o debilidades mentales. ¿Seguirá siendo un país democrático independiente? ¿O sería una colonia de datos?

--La discusión sobre la función y la finalidad que se da a la tecnología...

--Pero quiero subrayar que éstas son sólo posibilidades, no certezas. No debemos ser víctimas del determinismo tecnológico. Todavía es posible evitar que esto suceda y podemos asegurarnos de que la inteligencia artificial sirva a todos los humanos, en lugar de a una pequeña élite. Por ejemplo, en lo que hace a cuestiones de vigilancia, en la actualidad los ingenieros están desarrollando herramientas de IA al servicio de los gobiernos y las empresas, para vigilar a los ciudadanos. Pero podemos desarrollar herramientas de IA que monitoreen a los gobiernos y las corporaciones al servicio de los ciudadanos. Técnicamente, es muy fácil desarrollar una herramienta de IA que exponga la corrupción. Para un ciudadano individual, es imposible revisar todos los datos y descubrir qué políticos nombraron a sus familiares para trabajos lucrativos en el gobierno. Para una IA, eso tomaría dos segundos. Esto es algo que los ciudadanos pueden y deben exigir.

--En relación con esto último, sus trabajos insisten en que “la gente más fácil de manipular es la que cree en el libre albedrío”. ¿Qué es el libre albedrío y por qué sostiene que la sensación de libre albedrío tiende trampas?

--La gente toma decisiones todo el tiempo. Pero la mayoría de estas decisiones no se toman libremente. Son moldeadas por varias fuerzas biológicas, culturales y políticas. La creencia en el “libre albedrío” es peligrosa porque cultiva la ignorancia sobre nosotros mismos. Nos ciega a lo sugestionable que somos y a las cosas de las que ni siquiera somos conscientes para dar forma a nuestras decisiones. Cuando elegimos algo --un producto, una carrera, un cónyuge, un político-- nos decimos a nosotros mismos: “elegí esto por mi libre albedrío”. Si este es el caso, entonces no hay nada más que investigar. No hay razón para ser curioso o escéptico acerca de lo que pasa dentro de mí, y acerca de las fuerzas que dieron forma a mi elección. Esto es particularmente peligroso hoy en día, porque las corporaciones y los gobiernos están adquiriendo tecnologías nuevas y poderosas para dar forma y manipular nuestras elecciones. En consecuencia, la creencia en el libre albedrío es más peligrosa hoy que nunca antes. La gente no debería creer sólo en el libre albedrío. Debería explorarse a sí misma y entender qué es lo que realmente da forma a sus deseos y decisiones. Es la única manera de asegurarnos de no convertirnos en marionetas de un dictador o de una computadora superinteligente. Si los gobiernos o las corporaciones llegan a conocernos mejor de lo que nos conocemos a nosotros mismos, entonces pueden vendernos lo que quieran, ya sea un producto o un político.

--Frente a estos riesgos, ¿qué sistema global debería establecerse para impedir las consecuencias negativas de esto?

--El desarrollo de una tecnología más ética requerirá cambios institucionales e infraestructurales. Pero hay algunos pequeños ajustes que podemos hacer para empezar. Por ejemplo, un médico no puede empezar a ejercer sin tener algún tipo de educación ética; todos estamos de acuerdo. Sin embargo, no esperamos que los programadores de computadoras tomen cursos de ética a pesar de que tienen una tremenda influencia sobre las vidas humanas. Estas son las personas que están escribiendo los códigos con los que funcionan nuestras sociedades. Muchas de las preguntas que los filósofos han debatido durante miles de años han migrado ahora al departamento de informática. Tenemos que asegurarnos de que los programadores que diseñan los algoritmos que impulsan los vehículos autónomos han aprendido a pensar éticamente. A mayor escala, hay algunos principios más generales para la tecnología ética.

--¿Por ejemplo?

--Primero, no permitir que demasiados datos se concentren en un solo lugar. Muchos países verán la necesidad de centralizar los datos epidemiológicos después de esta pandemia. Esta sería una herramienta maravillosa, pero sería mejor establecer una autoridad de salud independiente que recoja y analice estos datos y los mantenga alejados de la policía o de las grandes corporaciones. Sí, eso es ineficiente, pero la ineficiencia es una característica, no un error. Si el sistema es demasiado eficiente, puede convertirse fácilmente en una dictadura digital. En segundo lugar, los datos personales de las personas siempre deben ser utilizados para ayudarlas en lugar de dañarlas o manipularlas. Este principio se aplica, por ejemplo, a los médicos. Compartir datos para encontrar una cura para la covid-19 es bueno, pero no lo es compartir datos para ayudar a una corporación a evitar el pago de sus impuestos o ayudar a un régimen autoritario a reprimir a los disidentes. En tercer lugar, siempre que se aumenta la vigilancia de los ciudadanos individuales, se debe aumentar simultáneamente la vigilancia de los gobiernos y las grandes corporaciones. Si la vigilancia sólo va de arriba a abajo, esto lleva a la dictadura digital. La vigilancia siempre debe ir en ambos sentidos.

--Nadie desconoce la posición de Trump frente a la pandemia. Sin embargo, y aunque haya perdido la elección presidencial, recibió un caudal de votos importante. En Brasil sucede algo similar en términos de apoyo a Bolsonaro. ¿Qué análisis hace al respecto?

--Trump y Bolsonaro han pasado los últimos años socavando la confianza del público en la ciencia, los organismos gubernamentales y los medios de comunicación. Como era de esperar, esos países están luchando ahora para que la gente escuche las directrices científicas y tome las precauciones básicas de seguridad. No es demasiado tarde para reconstruir la confianza, pero esto requerirá invertir en instituciones y en educación. En última instancia, sin embargo, este enfoque es mejor para todos. Una población bien informada puede afrontar la crisis mejor que una población ignorante y vigilada. Los países con líderes como Trump y Bolsonaro han experimentado mucho sufrimiento innecesario. Y estos líderes deben ser considerados responsables. Cuando la Peste Negra se extendió en el siglo XIV, la humanidad simplemente carecía de los conocimientos necesarios para superar la plaga, por lo que difícilmente se podía culpar a los reyes medievales de la catástrofe. Pero hoy en día tenemos todo el conocimiento científico necesario para contener y derrotar a la pandemia. Si a pesar de todo no lo hacemos, la culpa es de políticos incompetentes.

Publicado enSociedad
Página 1 de 32