Lunes, 25 Septiembre 2017 06:49

Pariendo nuevas relaciones sociales

Movilización encabezada por Barrios de Pie, la Ccc y la Ctep junto a organizaciones sindicales hacia Plaza de Mayo en el día de San Cayetano, bajo la consigna “Pan, paz, tierra, techo y trabajo”, el 7 de agosto

 

Dos décadas de movimiento piquetero en Argentina.

 

La energía social no se evapora. Suele transmutarse y convertirse en algo diferente a lo que supo ser. Tras dos décadas, el movimiento piquetero ha mutado en una infinidad de iniciativas: centros sociales y culturales, espacios educativos y de formación, empresas recuperadas y emprendimientos productivos. Una parte de los que siguen siendo pobres, uno de cada tres argentinos, engrosa la llamada economía popular.

El 12 de abril de 1997 una joven de 25 años fue muerta por disparos de la policía durante la segunda pueblada en Cutral Có, durante una movilización de docentes. La pequeña ciudad fue escenario de las primeras protestas masivas por la privatización de las empresas públicas de petróleo y gas natural, Ypf y Gas del Estado, que generó un estado de pobreza y desocupación masivas.

Con poco más de 45 mil habitantes, Cutral Có y Plaza Huincul forman un conglomerado urbano en la provincia patagónica de Neuquén. La región desértica atrajo a miles de trabajadores de todo el país por el empleo que ofrecía la explotación de los yacimientos petrolíferos, los buenos sueldos que pagaba la estatal y las bonificaciones de hasta un 20 por ciento por tratarse de una “zona desfavorable”.

Cuando el gobierno de Carlos Menem decidió privatizar Ypf, en 1993, en medio de la algarabía del Consenso de Washington, los sueños de tres generaciones se convirtieron en pesadillas. Los desocupados comenzaron a organizarse como “fogoneros”, nombre que luego daría paso al más permanente de piqueteros.

Aquel 12 de abril cortaban la ruta 17. Cuando llegó la policía los vecinos salieron masivamente a las calles y los gendarmes tuvieron que replegarse entre insultos y pedreas. Hubo enfrentamientos cuerpo a cuerpo, 13 manifestantes heridos y una empleada doméstica que cruzaba la calle, de nombre Teresa Rodríguez, abatida por un proyectil. Su nombre se convirtió pronto en emblema de un movimiento que estaba llamado a cambiar el mapa político del país al hundirse el modelo neoliberal.

Los años siguientes fueron testigos de la masificación de un nuevo movimiento integrado por desocupados, que fue creciendo de modo exponencial desde las pequeñas ciudades del interior hasta Buenos Aires, donde la desindustrialización había dejado un tendal de familias destrozadas. El movimiento piquetero hizo historia. Entre 1997 y 2002 provocó puebladas y levantamientos en varias ciudades, y tuvo su pico en las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001 que forzaron la renuncia del presidente Fernando de la Rúa, provocando la crisis institucional más profunda de la historia argentina.

Con los años el movimiento piquetero se convirtió en un actor político-social de primer orden, llegó a controlar 200 mil planes sociales y vastos territorios de las periferias urbanas, sobre todo en el conurbano de Buenos Aires. En los años siguientes la mayoría de los movimientos se plegaron a los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, algunos de sus militantes incluso obtuvieron cargos en ministerios. Otros se convirtieron en partidos electorales con muy baja adhesión en votos, y unos pocos siguen en los territorios contra viento y marea.


CUESTIÓN DE NÚMEROS.


No existe un censo, ni siquiera una cartografía, que consiga abarcar el inmenso continente de las iniciativas que pueden considerarse herederas del movimiento piquetero. Una de ellas, de las más potentes, por cierto, surgió una década después de las jornadas de diciembre de 2001 bajo el nombre de Movimiento de Trabajadores Excluidos. Ha puesto en pie 300 cooperativas con autonomía organizativa y financiera, más otros 300 talleres, merenderos y comedores. Suma 2 mil militantes y unos 25 mil adherentes a las cooperativas y grupos rurales.

En paralelo, en todo el país hay 400 fábricas recuperadas gestionadas por sus obreros y obreras, que crecieron de forma constante durante la década de ascenso exponencial del Pbi. Funcionan 100 bachilleratos populares donde varios miles de adultos de los sectores populares terminan el secundario. Son alrededor de 16 mil asociaciones comunitarias y emprendimientos productivos. El último censo de las revistas culturales, autogestionadas e independientes, agrupadas en Arecsia, reveló que casi 200 publicaciones tienen 5 millones de lectores, un 15 por ciento de la población argentina.

En 2011 una infinidad de emprendimientos de base crearon la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (Ctep), que cuenta con más de 250 mil afiliados, tiene una fuerte incidencia en la política social e interactúa con el Ministerio de Desarrollo Social para obtener salarios sociales y otros beneficios para sus cooperativas y microempresas.

Uno de los referentes de esta corriente, Juan Grabois, sostiene que “la Ctep es una especie de Cgt de los excluidos”. Mientras la central sindical agrupa a trabajadores con patrón, “nosotros agrupamos a los que trabajan por cuenta propia” (véase entrevista). Sería algo así como el sindicato de los excluidos del mercado formal de trabajo: cartoneros, campesinos, artesanos, vendedores ambulantes, feriantes, motoqueros, cooperativistas, microemprendedores y obreros de empresas recuperadas.
Grabois tiene buenas relaciones con el kirchnerismo, aunque nunca se ha alineado, cuenta con el favor del papa Francisco, que simpatiza con la Ctep, y analiza la década progresista: “La cuestión es que para los años 2010, 2011, Argentina había crecido muchísimo desde el punto de vista del Pbi, y nuestros compañeros seguían igual o un poquitito mejor, o sea, el crecimiento del Pbi no había impactado en los pobres, en el último decil”.

En su opinión, pese a las políticas sociales y al crecimiento no se resolvieron ni la precariedad laboral ni el tema de la vivienda, “ni los problemas estructurales de ese 25 por ciento que fue pobre en 2001, siguió siendo pobre en 2011 y todavía sigue siendo pobre, y que son los trabajadores de la economía popular”. En suma, de los emprendimientos familiares o colectivos que en su momento caracterizaron al movimiento piquetero.

“En el 99 –explica Grabois– el poder territorial lo ejercían los punteros, ahora el poronga del barrio es el narco, el puntero desapareció. Y el único contrapoder que hay son los movimientos populares o los curas villeros en las villas donde están, que son muy pocas, o alguna iglesia evangelista, que en general prefiere no meterse demasiado. Pero ni el Estado ni la política tradicional tienen territorialidad en los barrios”.

 

MOVIMIENTOS EN LOS TERRITORIOS.


Un caso particular es el que se observa en Córdoba, la tercera ciudad argentina, con poco más de un millón de habitantes. Lejos de las disputas políticas de la capital, muchos movimientos pueden trabajar juntos ante un gobierno provincial tan represivo que criminaliza a los jóvenes pobres por el sólo hecho de portar gorras y salir de sus barrios-guetos.

Como en el resto del país, una de las principales novedades que aportó el movimiento piquetero consistió en un enorme salto adelante en la organización territorial en las periferias urbanas, que habían sufrido la desindustrialización de la década neoliberal de 1990.

Una decena de “organizaciones territoriales” suman varios miles de militantes que apoyan las tomas de tierras urbanas, la organización de cooperativas autogestionadas de producción y de servicios, la educación y la salud, así como a mujeres violentadas y la alimentación en barrios populares a través de merenderos y copas de leche.

En los trabajos territoriales se ha consolidado un patrón de acción que, con escasas diferencias, siguen todos los movimientos pospiqueteros. La toma de tierras es el primer paso. La mitad de la población de Córdoba tiene problemas de vivienda, ya sea por hacinamiento o por imposibilidad de pagar alquileres. Han recuperado decenas de espacios en la periferia de la ciudad y en poblaciones cercanas. En pocos años consiguieron levantar viviendas de materiales sólidos pese a la permanente presión policial.

Luego deben resolver la supervivencia, ya que los llamados “planes sociales” cubren apenas un cuarto de las necesidades de las familias más pobres. Una vez resuelto el techo, la supervivencia diaria es lo más urgente. Con apoyo de militantes de las organizaciones, crean cooperativas que trabajan de forma autónoma. Desde los carreros que recogen residuos hasta la limpieza urbana colectiva contratada por el municipio.

Lo más interesante, porque se sale del asistencialismo, es que hay mucha producción: pollos y huevos, siembra de cereales, distribución de alimentos a partir de la articulación con pequeños productores orgánicos (la imprescindible alianza rural-urbana), cooperativas textiles de ropa, calzado y serigrafía.

Sólo en Córdoba hay más de cien cooperativas territoriales y autogestionadas donde trabajan 2 mil personas, un 80 por ciento mujeres. Arman decenas de miles de mochilas y cartucheras para niños y niñas de los sectores populares, con fondos estatales pero con trabajo cooperativo.

Cuentan incluso con una brigada de salud que recorre los barrios para monitorear la situación de las familias. En un barrio están comenzando la fabricación de dentaduras, algo que está fuera del alcance de los sectores populares. Desde hace muchos años funcionan, en casi todos los barrios populares, merenderos y comedores surtidos de alimentos conseguidos con movilizaciones, que se gestionan por los propios vecinos. Este año han crecido de forma exponencial por el ajuste del gobierno de Mauricio Macri.

El trabajo con mujeres es uno de los más complejos pero de los más sólidos. Ellas son la mayoría absoluta en todas las cooperativas, ya sean de producción o de servicios. Con cierto sigilo, para evitarse más problemas, han abierto espacios de acogida para mujeres violentadas por sus parejas, donde esperan iniciar una nueva vida con sus hijos e hijas, aprender un oficio y encontrar compañeras para sobrellevar sus dolores.

Quizá por eso cientos de mujeres cordobesas de los sectores populares acuden todos los años al Encuentro Nacional de Mujeres. Fruto del trabajo de base que realizan en los barrios periféricos, crece desde hace años un feminismo popular y plebeyo, potente y rebelde, que no ha sido cooptado por nadie y sostiene las resistencias en los territorios.

 


 

Organizar a los que están fuera

 
El sindicato de los excluidos


Dirigente de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (Ctep) y del Movimiento de Trabajadores Excluidos, Juan Grabois, de 34 años, es uno de los militantes más destacados de la generación que creció alentando al movimiento piquetero. Se define “católico bastante practicante” y en su oficina destacan un retrato de Evita y otro del papa Francisco. Lo que sigue es un fragmento de la entrevista realizada por la revista Almagro, titulada “El discurso de Macri es populismo de derecha”.

—¿Cuáles son las características principales de las agrupaciones que surgieron a fines de los noventa, que se denominan movimientos sociales?

—En todos los casos se verificaba la misma situación: eran trabajadores sin patrón, pero no porque hubiesen optado por organizaciones de carácter horizontal como una opción de vida, sino porque frente a la exclusión del empleo asalariado y a la imposibilidad, o la incapacidad, o la falta de necesidad formal del mercado laboral de absorber a la población económicamente activa, los compañeros iban inventando su propio trabajo.

—Pongamos en claro la forma de trabajo. ¿Son cooperativas que viven de los municipios u otros aportes estatales?

—Eso es una parte minoritaria de la economía popular. La cooperativa es la única forma jurídica que más o menos se puede adaptar a la realidad laboral de los compañeros nuestros, pero la economía popular en un 70 por ciento no está organizada bajo la forma de cooperativa. Es trabajo por cuenta propia en muchos casos, como puede ser un vendedor ambulante, un artesano, un horticultor, un cebollero, un cartonero.

—¿A quiénes les venden? Vamos al caso de los cartoneros, con los que trabajaste mucho.

—En la ciudad y en el conurbano ya está muy desarrollada la organización, pero en 2001 el cartonero se llevaba el material a su casa, lo acopiaba ahí, tenía un minibasural en su casa, y el fin de semana iba a un acopiador llamado “depósito”, “balancero”, y le vendía directamente. También había algunos casos en los que algún hijo de puta que organizaba una cuadrilla los explotaba, les pagaba dos mangos por hacer el laburo.

—¿Cuál fue la primera idea para agrupar a los cartoneros?

—Lo primero era reivindicar a ese trabajador como alguien que se estaba ganando el pan dignamente, que no tenía que ser perseguido y criminalizado, que el Estado tenía que reconocer que no era un delincuente, porque hasta el año 2002 era un delito agarrar la basura. Macri hizo famosa una frase suya que era que los cartoneros estaban robando la basura. Y efectivamente, hasta 2002, que se legalizó la actividad, desde el punto de vista jurídico era cierto. Lo primero era que la actividad no fuera criminalizada.

—¿Y cómo esas pequeñas agrupaciones terminan formando la Ctep?

—Esa experiencia histórica de los excluidos del mercado laboral fue la que en 2011 se consolida planteando la creación de un sindicato, que va nucleando las distintas actividades laborales conforme a su rama, entonces hay una federación de costureros y todos los oficios afines. Ya existe la sociedad obrera textil, que agrupa a los costureros. ¿Cuál es la diferencia? Que ellos agrupan a los costureros que tienen patrón, a los obreros de la industria textil, nosotros agrupamos a los que trabajan por cuenta propia.

 

 

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“En Colombia hoy en día se incentiva más el crédito que el fortalecimiento del ahorro”

 

En Inside LR, Oswaldo León, líder de la cooperativa Confiar, habló de los logros de la entidad y requerimientos del sector.

 

Una de las cooperativas con mayor fuerza en el oriente antioqueño es Confiar, que con el tiempo se ha enfocado en los créditos hipotecarios, pero no ha descuidado las microfinanzas y la libre inversión. Hoy en día la cartera de la entidad llegó $750.000 millones y hasta agosto lograron una colocación de más de $300.000 millones.

En Inside LR, el líder de la plataforma Oswaldo León Gómez, recordó que hoy el sistema financiero, no solo en Colombia sino en el mundo, no está priorizando el ahorro de las personas, sino que busca que cada vez se endeuden más, lo que pone en riesgo el crecimiento prematuro de las carteras vencidas.

 

¿Cómo describe la cultura de ahorro de los colombianos?
En Colombia y en el mundo se está incentivando más que el ahorro, el crédito. Todos los días llegan propuestas para que aumente la deuda, en el caso del consumo no se están dando a opciones de 46 meses, sino hasta 72 meses, y la ampliación del plazo quiere decir que las personas están cada vez más endeudadas así que es difícil ahorrar. Lo que finalmente ha faltado es una insistencia de cultura del ahorro y racionalidad.

 

¿Cuántos créditos desembolsaron en lo corrido del año y quiénes los solicitaron?
Estamos alcanzando al corte de agosto una colocación de más de $300.000 millones y aspiramos llegar a $450.000 millones en el año. Los deudores son personas, no solo asalariados, sino de estratos dos y tres; algunos que no pueden acceder al sistema financiero tradicional.

 

¿A cuánto asciende la cartera vencida y cuál ha sido el comportamiento de esta?
Tenemos una cartera que supera $750.000 millones, muy diversificada: vivienda 30%, consumo 45%, microcrédito 5% y el restante en comercial. La vencida en este momento es 3,5% del total; algo menos de $30.000 millones, una cifra manejable no solo en el monto, sino en el indicador de mora. Los pobres cuando tienen acceso al crédito, pagan y lo hacen bien, hay que acabar del mito de que las personas de menos ingresos no pueden estar en sistema financiero formal.

 

¿Con la desaceleración se ha visto reducción de la cartera?
El crecimiento está resentido, conocemos los datos del primer y segundo trimestre, las proyecciones dicen que no se va a lograr que el país crezca por encima de 2%, eso incide en muchos sectores y nuestros asociados no están exentos de esas situaciones. Hay que decir que paradójicamente la respuesta de los clientes es positiva en el comportamiento de la cartera.

 

¿La reducción de tasas de interés del Banco Central se ha visto en los tipos de ustedes?
Nuestro carácter es el de insistir en tasas diferenciales, nos destacamos con la tasa de tarjeta de crédito más baja por encima de muchos bancos, eso no se puede desconocer, pero también ha incidido la tasa de referencia del Banrep. En otros lados hay tasas de captación que aún no reflejan la tendencia. Lo mismo pasa con las tasas de crédito de consumo. Esperamos que en la medida que corra el tiempo sea necesario que sigan bajando para que incentive la colocación de créditos.

 

¿De los clientes, cuál es el sector que más créditos está solicitando?
Confiar tiene una característica, ha diversificado su cartera, hemos llegado al crédito hipotecario; atendiendo sectores de la población excluidos, en eso somos exitosos, clientes que no atiende el sistema tradicional los podemos recibir. Los sectores son aquellas compañías dedicadas a los servicios, es un país que está avanzando por ese lado. Ya no se ve tanto que se concentre como en Medellín al sector textil, sino a servicios, lo mismo pasa en Bogotá.

 

¿Cuántos afiliados tiene Confiar y cuál es la meta para este año y el próximo?
Somos una cooperativa financiera que podemos tener relación con asociados y con terceros. Tenemos asociados 160.000 personas en 48 agencias; 120.000 ahorradores y 10.000 personas vinculadas con el programa ‘Fomentamos’. Nuestra aspiración es terminar en 170.000 asociados y vínculos con ahorradores de 300.000 personas, esperamos que Confiar a través de su plataforma solidaria incluya al año 2020 con cerca de 500.000 personas.

 

¿Cree que faltan normativas para las cooperativas?
No creo que en el sector cooperativo necesitemos más tratamientos especiales, al contrario, lo que buscamos es que nos dejen entrar a más escenarios como a los privados en igualdad de condiciones.

 

¿Acaso dónde hay desigualdad?
Por ejemplo, Confiar necesita posibilidades de vincularse a ACH para transferencias interbancarias, hoy nuestras transacciones por internet se hacen a través del Banco de la República, el convencional de la banca no está permitido para nosotros. Nos siguen considerando menores de edad, hay límites en el redescuento y más temas. El Gobierno ha dicho que no tenemos capacidad de respuesta.

 

¿Quisieran ser banco?
Debemos mantenernos en lo que somos, no es lo mismo bancarizar que cooperativizar.

 

 

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Postcapitalismo, entre cooperativismo y economías solidarias

En el recurrente debate sobre el postcapitalismo y sobre el lugar que podrían ocupar en nuestras sociedades economías otras, alternativas al neoliberalismo global, atraen nuestra mirada experiencias como las de la economía solidaria y las del célebre, y ya histórico, experimento de los “tejedores de franela” del Distrito inglés de Rochdale.

 

En esta última, como es conocido, los socialistas cristianos, enfrentados a los cartistas defensores del “sufragio universal” y de la Reforma social contenida en la simbólica “Carta del pueblo”, abrieron en 1844, con sus pequeños aportes monetarios, un almacén cooperativo de proveeduría de algunos de los alimentos básicos, al tiempo que con audaz ingenio establecían un nuevo tipo autogestionario de relaciones económicas de propiedad y de participación social en el resultado de su actividad cooperativa. Fundacional episodio que atrae la atención del mismo Marx, quien lo cita en El Capital1, pero también atrae la atención de un periódico de la época (1866) cuyo director, horrorizado, comentaba que: “estos ensayos ¡no dejaban sitio visible al capitalista!”.

 

Con este experimento aquellos intrépidos pioneros gestaban, sin saberlo, el moderno paradigma de la cooperativa y del cooperativismo, que si bien en más de ciento ochenta años de historia consiguió convertirse, según Naciones Unidas, en el más grande movimiento económico y social a escala mundial, no logra, sin embargo, esta forma democrática de organización de la actividad económica o de una economía otra existente, su hegemonía en ninguno de los países capitalistas ni en los de los socialismos realmente existentes, asi Lenin imaginara, en el Programa cooperativo de 1923, la economía soviética como la de una gran cooperativa y que, en palabras del líder de la revolución de 1917, “No necesitamos ahora ninguna otra clase de sabiduría para pasar al socialismo”2.

 

Pese a ser valorada así esta renovadora economía por estos dos grandes pensadores revolucionarios, que con sus fundamentos y quehaceres claramente controvierte la racionalidad lucrativa y las lógicas sociales del mercado capitalista, por sus propias debilidades institucionales, liderazgos y burocracias empresariales, como por la dominancia de los poderes centrales del capital y de los mismos del Sur global, no ha pasado ni pasa de ser una economía subalterna a éstos. No obstante beneficiar y servir, como lo hace, a miles de millones de familias trabajadoras, campesinas y de las más variadas comunidades en países de los cinco continentes. Igualmente, con desconcertante impotencia esta particular economía es, históricamente, sometida a los complejos circuitos económicos de la reproducción del capital y a sus especificidades en cada uno de los países y, con comprobadas evidencias, por el actual proceso de globalización neoliberal en curso.

 

Como consecuencia de esta constricción, o de las características de ser una economía cooperativa o paradigma proveniente del continente europeo, en latente disputa desde el siglo XIX con la hegemónica economía capitalista; ahora también ocupa destacado lugar la alentadora emergencia del nuevo paradigma de las economías solidarias –así, en plural–con otras narrativas, repertorios, formatos y potencialidades, desde las más diversas comunidades, colectivos de trabajadores/as desalarizados, campesinos, pueblos ancestrales y pobladores/as de las periferias urbanas de los países del Sur global. Los variados tipos, clases o formas etno culturales que asumen estas economías parecen más aptas para encarar y resistir la devastación social, económica, ambiental y cultural ocasionada por el cada vez más deslegitimado proyecto neoliberal.


Al ser así, no extraña, por tanto, que reconocidos investigadores de la economía solidaria, como Luis Razeto, en su obra “Los caminos de la solidaridad”, asegure que para su promoción en este continente contribuyó el discurso del Papa Juan Pablo II ante la Cepal en 1987, al plantear con vehemencia la idea de una economía de la solidaridad como esperanza para mejorar las condiciones de vida de los habitantes de América Latina.

 

Aunque todo parece indicar que fue en el Foro Social Mundial (Porto Alegre, Brasil, 2001), en donde esta economía otra adquiere dimensión global, legitimidad; década en la que también adquiere en algunos países de la región, incluida Colombia, legalidad en sus normas nacionales, adoptadas por sus gobiernos, unos derivados de los progresismos que irrumpieron a comienzos del siglo XXI en Nuestramérica, y otros exigidos por las múltiples resistencias de los nacientes nuevos sujetos sociales territorializados contra/neoliberales del ciclo político de comienzos del presente siglo, o por los del reciente ciclo, más radicales, que apuestan por mañanas posibles postcapitalistas.

 

Sea cual sea la narrativa de su creación social y la de sus orígenes, las economías solidarias y otros tipos de economías autogestionarias de mutua ayuda, comunales, comunitarias o ancestrales solidarias, entre tantas, ocupan hoy centralidad en las alternativas y en las agendas políticas de los/as que rivalizan por una profunda democracia participativa para la reproducción de la vida y la conservación del planeta y no, como ocurre, para la reproducción sólo del capital.

 

¿Cooperativismo para la Colombia del posacuerdo?

 

Pretendemos ahora una narrativa que nos aproxime a la historia escrita, con sus prácticas y quehaceres cotidianos, por el cooperativismo colombiano, de una parte, y de otra, a los intentos de la economía solidaria por habitar con la debida legitimidad entre nosotros. Con tal propósito bien procede el siguiente y breve relato, que sin agotarlo o resultar suficiente, intenta caracterizar los rasgos y las tendencias de cada una de estas singulares economías otras, y que en Colombia, sin mayores dudas, desafían de manera implícita o abierta a la dominante del capital.

 

La historia propia de como anidó en el país el capitalismo, primero en los enclaves de plantación y energético mineros, y después en las principales urbes, configuró un tipo institucional de cooperativa y de cooperativismo, que este autor en los años ochenta designó como el “modelo histórico”. De “vínculo societal cerrado”, circunscrito a las más importantes empresas o instituciones públicas, con predominio de un sujeto cooperativo asalariado y laboralmente activo. Cultor de una mentalidad más asistencial y paternalista que empresarial y solidaria, instituyente de una suerte de sentido común o de convicción cultural carente de total sentido de propiedad y pertenencia; más de cliente ocasional o de usuario que de ser propietario-autogestor.

 

Estas nocivas subjetividades o economismo, en millones de los miembros de su “comunidad societaria”, como es bien sabido, lastran secularmente al movimiento cooperativo para ser activa fuerza social de luchas y resistencias. Así se configura, en lo fundamental, un específico paradigma nacional de cooperativa y de cooperativismo urbano centrado en las principales ciudades y articulado a las tramas de los circuitos económicos de la reproducción del capital nacional y transnacional.

 

En tanto, a contrapelo con las activas dinámicas del “cooperativismo urbano”, la presencia de la economía cooperativa en los territorios sociales de la diversa geografía rural nacional, revela históricamente unas realidades por demás inconvenientes a las mayores demandas y urgencias de sus variados pobladores/as. Circunstancia ésta que plantea más interrogantes y pendientes que acumulados o experiencias exitosas. Sin dejar de reconocer, desde luego, los más conocidos y algunos ejemplarizantes “modelos cooperativos agropecuarios”, que sólo cambian sus actividades económicas y, con excepciones, los acostumbrados aportes monetarios por aportes en especie o en productos. Pero, en lo fundamental y en general, comportan el formato tradicional de la “urbanas”.

 

Entre tales modelos, los más significativos e importantes por destacar serían los promocionados por la Reforma social agraria de 1961, que en sus inicios, sin mayor autonomía, fueron gestionados por los “Directores de proyectos” del Instituto Colombiano de la Reforma Agraria, Incora. En 1974 registraron 27 entidades y en 1985, su mejor momento, 28.000 asociados. Por la importancia alcanzada fueron articuladas a la Central cooperativa Cecora. Acotar finalmente que, fracasadas como la misma Reforma agraria, son liquidadas.

 

Otras serían las cooperativas de los gremios cafetero, algodonero, ganadero y lechero; estas últimas, y con resultados exitosos, aún perduran (Coolechera, Ciledco, Colanta, entre otras). Al igual que las cooperativas de productores de café, agenciadas por la Federación Nacional de Cafeteros, con almacenes de provisión agrícola y dedicadas solo a la comercialización del grano, la actividad menos rentable. También las cooperativas de ganaderos, con servicios de asistencia técnica, veterinaria y proveeduría pecuaria. Así como algunas cooperativas mineras, entre ellas las de extracción del carbón. En tanto, las tan solicitadas o demandadas, de medianos y pequeños campesinos nunca existieron, y las constituidas, entre las mencionadas de la segunda Reforma agraria del siglo XX, buen número de ellas desaparecieron, acrecentando así las históricas exclusiones y frustraciones de esta “otra Colombia” olvidada.

 

Finalmente, cabe anotar que estos tradicionales modelos cooperativos, urbanos y rurales, en gran medida correspondieron en sus características a las condiciones específicas del capitalismo colombiano del siglo XX, lo que podría indicarnos que serían éstos los más inapropiados en las disputas con el actual capitalismo neoliberalizado del siglo XXI. Como a finales del siglo pasado, con probada evidencia, dio cuenta de ello la liquidación y desaparición de miles de cooperativas, sobre todo urbanas, y de algunos Fondos de Empleados, hecho que produjo incalculable afectación económica para cientos de miles de sus asociados/as y de sus familias.

 

Agregar, por tanto, a modo de reflexión, más bien de incertidumbres, los siguientes interrogantes: ¿Serán estos “cooperativismos históricos” o tradicionales –urbanos y rurales–realmente existentes en Colombia, los más idóneos para implementar la Reforma Rural Integral del Acuerdo firmado con la insurgencia armada de las Farc? ¿Podría ser esta la oportunidad, siempre negada o excusa, para con sentido otro “reconfigurar” de manera radical el viejo paradigma cooperativo y su “tradicional” geografía, formas, estructuras y arquitectura de articulación, coordinación, representación y poderes; así como en sus tipos y, sobre todo, en sus prácticas y quehaceres constituidos? ¿Remozar o refrescar sus liderazgos y, desde abajo, refundar un “cooperativismo constituyente”, verdaderamente transformador de las relaciones sociales propias –cooptadas o constreñidas– y fundamentalmente de las liberales dominantes en nuestra sociedad? ¿Es sólo el paradigma de la cooperativa y el del cooperativismo el medio más expedito para construir en y desde los territorios, históricamente olvidados, una Paz que sea estable y duradera?

 

La economía solidaria, ¿una desconocida?

 

Resta sólo abordar, como mirada de la visión contractual dominante en Colombia, el desconocido imaginario social de la economía solidaria. Deriva del desgraciado y nefasto colapso del cooperativismo “financierista” de finales de los años noventa del siglo pasado, así denominado por privilegiar y operativizar lógicas y prácticas exitosas unas, y non sanctas otras, transmutadas sin mayores reparos de la banca liberal. Episodio que implicó, como es bien conocido, la pérdida de sesenta “cooperativas financieras”, las más grandes de todas las cooperativas de la época, y de tres Bancos (Uconal, Bancoop y Coopdesarrollo), éste último transformado en sociedad anónima capitalista con la razón social de Megabanco.

 

Por el derrumbe de este extraordinario “sistema financiero” autogestionario popular –valorado por entendidos y este mismo autor como el más grande y único jamás construido en el país por trabajadores/as o movimiento social alguno–, el gobierno, como suele ocurrir con la mayoría de las políticas públicas, no indemnizó al movimiento cooperativo nacional. Años después, en la administración de Samper Pizano y con la inesperada iniciativa de un sector de los cristianos en el Congreso de la República, tramitan y sancionan la Ley 454 de 1998. Norma que, por lo demás, también reconoce jurídicamente la existencia de la “extraña” economía solidaria –ignorada, a soslayo, por las élites o burocracias de la institucionalidad cooperativa–, no obstante habérsele reconocido la “nacionalidad” diez años antes en el Capítulo Preliminar, numeral 3 del artículo 1°, de la vigente “Legislación cooperativa” (Ley 79 de 1988).


Esta afortunada casualidad de la nueva normatividad especial tiene, visionariamente, la virtud en su Capítulo primero, de crear legalmente y explícitamente el Marco conceptual de la Economía solidaria. Definida como un sistema económico social, cultural y ambiental, conformado por el conjunto de las fuerzas sociales –no sólo trabajadores– organizadas en formas asociativas. Identificada por prácticas autogestionarias solidarias, democrática y humanistas sin ánimo de lucro. Para el desarrollo integral del ser humano, como sujeto, actor y fin de la economía.

 

Definición que supera, de esta forma, la tradicional noción de “sector” de la economía cooperativa y de subordinación a la economía estatal y capitalista. Al mismo tiempo, y a contracorriente de la teoría liberal, instala en el centro y razón de la actividad económica al ser humano. Establece, asimismo, once Principios guías e identidad de esta otra economía, que a diferencia de los siete Principios Universales del cooperativismo, los amplía a nuevas dimensiones, con la primacía del ser humano sobre el trabajo, los mecanismos de cooperación solidaria y de los medios de producción. Hace explícito, de igual manera, el carácter de la propiedad asociativa solidaria sobre los medios de producción, contraria al de otros tipos de propiedades. También enfatiza en la promoción de una cultura ecológica.


De otra parte, igualmente de forma novedosa, establece en general los Fines de la economía solidaria. Con finalidades expresas y por demás insólitas entre nosotros, de generar y consolidar una corriente vivencial de pensamiento solidario, crítico y emprendedor como medio para alcanzar la paz de los pueblos. Asimismo, propende por el ejercicio de la democracia participativa, y por la activa participación en el diseño y ejecución de planes, programas y proyectos económicos y sociales territoriales.

 

Igualmente, propende por garantizar a su comunidad societaria solidaria la participación en el trabajo, la propiedad, la formación e información, la gestión y distribución equitativa de beneficios sin discriminación alguna. De igual forma, este aludido Capitulo establece con claridad las características de las organizaciones asociativas solidarias y el carácter que deben tener y cumplir en general dichas organizaciones para ser reconocidas como tales.

 

Este resumido perfil jurídico-conceptual de la emergente y legalizada, en Colombia, economía solidaria, a mi modo de ver, por sus peculiaridades, formatos y demás características reales y jurídicas, parece comportar mayores flexibilidades y ventajas superiores en las, de por sí, complejas disputas y conflictos con el reconfigurado o neoinstitucional capitalismo del siglo XXI.

 

No obstante tales potencialidades resulta, eso sí, bien “extraño” que pasadas cerca de dos décadas de dicha normatividad especial no haya recibido el impulso y despliegue requeridos por ninguno de los subsiguientes gobiernos, obligado a su protección y promoción; ni por la élite y burocracias de la alta institucionalidad del cooperativismo o por los liderazgos de la numerosa comunidad societaria cooperativa. De otra parte, también llama la atención que las diversas organizaciones, movimientos sociales, nuevos y los radicales, así como algunos grupos políticos de las llamadas nuevas izquierdas, que la hicieron visible y mundializaron en sus múltiples resistencias, tampoco hayan “legalizado” o las haya atraído aquel referente jurídico-conceptual para sus construcciones, apuestas y proyectos de economías solidarias, que incluso, con evidente anterioridad a éste ya habitaban cotidianamente sus quehaceres, no únicamente de sobrevivencia y resistencias sino también con horizontes poscapitalistas.

 

Razones que, igualmente, conducen a algunos interrogantes o reflexiones para explorar y experimentar, desde las dimensión económico-social, alternativas que el actual ciclo político de posacuerdos con las insurgencias armadas, pactado o en proceso de ello, puedan sortear o rehuir nuevos y mayores fracasos en esta época que vivimos, de incertidumbres y de creciente polarización entre el miedo y la esperanza3.

 

En consecuencia, ¿Será este emergente imaginario y paradigma de las economías solidarias, en sus múltiples formas y clases, el más indicado para construir, desde abajo y con democracia directa constituyente, la negociada paz estable y duradera? ¿Es con una creativa o audaz diáspora de economías cooperativas radicalmente reconfiguradas, de economías solidarias, comunales, comunitarias y de otras iniciativas asociativas autogestionadas solidarias populares, la más apropiada para, de manera multidimensional, construir la paz anhelada? En contraste, ¿Será la Paz neoliberal del gobierno, las agencias de cooperación y los organismos multilaterales la que asegurará a los territorios y a sus pobladores que sea estable y duradera?

 

Con todo, y más allá de las alternativas exploradas o experimentadas, este no deja de ser nuestro más grande, controversial y difícil desafío en el actual horizonte de la geopolítica y geoeconomía continental y mundial, para cambiar, ahora sí, el rumbo de nuestra larga historia, y por siempre desterrar los cien años de soledad, incertidumbres, miedos y desesperanzas que vivimos.

 

Bogotá, D. C., julio de 2017

 

*Economista - especialista en cooperativismo y economía solidaria..

1Tomo I, p. 368.

2Obras Escogidas, Tomo 3

3De Sousa Santos, Democracia y transformación social, 2017.

 

 

Martes, 20 Septiembre 2016 18:06

La economía solidaria

La economía solidaria

 

 

Edición 2016.Formato 11,5 x 17,5 cm. 151 páginas.

P.V.P: $17.000  ISBN: 978-958-8926-25-4

 

Reseña:

La economía solidaria integra las dimensiones económicas y políticas de la actividad humana y de la relación social con la naturaleza.Por consiguiente, está constituida por los lazos sociales del asociacionismo, la democracia representativa y participativa, y la solidaridad productiva y distributiva que se basa en la reciprocidad igualitaria.Esta economía traduce la búsqueda de nuevas regulaciones institucionales suceptibles de luchar contra la amplitud intorelable de las desigualdades sociales y de los daños ecológicos. Estas dinámicas, que comenzaron a manifestarse en los colectivos auto-gestionados y alternativos , o en las formas de vida populares en América Latina , son tanto reapariciones como emergencias. En ellas , la referencia a la igualdad y al reconocimiento pasa por la conquista de un poder actuar en la economía , los servicios de proximidad el comercio justo, las finanzas solidarias o las monedas sociales.

El texto que públicamos en este número de Primeros Pasos hace un recorrido por las diversas formas contemporaneas de la economía solidaria y por la potencialidad transformadora de laestructura social, política y económica que ellas comprenden.

 

Jean-Louis Laville. es profesor en el Conservatorio Nacional de Artes y Oficios de Paris (CNAM), investigador del Lise ( Laboratorio interdiciplinar para la Sociología Económica, CNRS-CNAM) y del IFRIS (Instituto de Investigación Innovación Sociedad de París), y coordinador europeo del Karl Polanyi Institute of Political Economy.

 


 

Índice.

 

I. Asociacionismo y democracia.

II. Capitalismo y Estado social.

III. Resurgimiento asociacionista incertidumbres democráticas y nuevo capitalismo.

IV. De las prácticas hasta la teoría de la economía solidaria.

Bibliografía.

 

 

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II Encuentro Sudamericano  “La economía de los/as trabajadores/as"

 

El II Encuentro Sudamericano “La Economía de los/as trabajadores/as”, por realizarse entre los días 20-22 de octubre próximo, tendrá por sede Montevideo, capital de Uruguay.

 

Los asistentes al Encuentro debaten, como tema principal, los problemas y las potencialidades de lo que se ha denominado “La economía de los/as trabajadores/as”, basada en la autogestión y la defensa de los derechos e intereses de la población que vive de su trabajo, en el marco de las actuales condiciones del capitalismo globalizado.

 

Hasta el momento cinco son los capítulos tenidos por este Encuentro: Buenos Aires (2007 y 2009), Ciudad de México (2011), João Pessoa, Brasil (2013) y Venezuela (2015). En ellos participaron delegaciones de unos 30 países de América, Europa, África y Oceanía.

 

En el año 2014 surgieron los Encuentros regionales, realizados en Europa (en la fábrica recuperada francesa Fralib, Marsella), en América Central y del Norte, así como en América del Sur. En este último caso el encuentro tuvo lugar en la fábrica recuperada Textiles Pigüé, de Argentina.

 

Los ejes del debate han sido las experiencias de autogestión: empresas recuperadas, movimientos cooperativistas de trabajadores, control obrero y cogestión, economía solidaria, economía popular y otras luchas por la auto-organización del trabajo y la autogestión de la economía. Una discusión cada vez más necesaria, en la que los nuevos y viejos problemas de la clase trabajadora, actualizados a estos tiempos de hegemonía neoliberal mundial, deben ser rediscutidos y recreados.


En esta ocasión, se trata de darle continuidad a la experiencia de los encuentros regionales, habiéndose propuesto a Uruguay como anfitrión del Segundo Encuentro Regional Sudamericano. En las semanas siguientes, además, sesionará el Segundo Encuentro Euromediterráneo en la fábrica Vio.Me, en Tesalónica, Grecia, y el Segundo Encuentro de América del Norte, Central y el Caribe en la Ciudad de México.

 

El Encuentro “La economía de los/as Trabajadores/as” se propone como un espacio para contribuir al debate contemporáneo sobre el ideal autogestionario y las prácticas concretas de economía solidaria, sus logros y limitaciones, así como su contribución en la lucha por construir sociedades más justas y sostenibles, en el contexto suramericano, en el cual se deben coordinar y articular las luchas de los trabajadores para resistir a las transformaciones regresivas y consolidar los pocos avances democráticos logrados con enorme esfuerzo durante los últimos años.

 

Comité organizador regional Colombia: Copran (Corporación Proyección Andina) y Red de Cooperativas.


Mayor información en: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. Facultad de Ciencias Sociales/ Departamento de Sociología Of 519/ Martínez Trueba 1502/11200 Montevideo, Uruguay.

 


 

Ejes temáticos y metodología

 

1) Re-estructuración económica, ciclos de lucha y horizontes utópicos para la autogestión y el cooperativismo en el actual contexto político latinoamericano.
2) Estados latinoamericanos y políticas públicas para la economía de los/las trabajadores/as.
3) Los desafíos para el sindicalismo y la organización de los trabajadores en la defensa de sus derechos y la construcción de plataformas comunes.
4) Autogestión en tensión: contradicciones y desafíos. Formación y autodesarrollo, producción y economía de la intermediación, innovación sociotécnica, producción y reproducción para la vida, la organización democrática.
5) Precarización e informalización del trabajo: ¿exclusión, inclusión o reformulación de las formas del trabajo en el capitalismo global?

A lo largo de los diferentes encuentros internacionales y regionales, se ha desarrollado una metodología de debate y coordinación organizada en diferentes instancias que tienen la finalidad de facilitar la participación y la discusión profunda de los ejes arriba detallados. Estos ejes tienen el objetivo de organizar el debate pero no limitan las posibilidades a los temas estrictamente explicitados. Las distintas instancias de discusión son: mesas con expositores seleccionados por el comité organizador local e internacional; mesas de trabajo con ponencias y distintos insumos y aportes para el abordaje de temas especiales; y comisiones de trabajo. Además, se contará también con algunos espacios de actividades culturales para fomentar el intercambio de manera menos estructurada..

Presentación de resúmenes y propuestas audiovisuales: hasta el 15 de setiembre de 2016.

 

Publicado enEdición Nº226
Viernes, 10 Junio 2016 06:58

La nueva Venezuela

La nueva Venezuela

 

Las crisis sistémicas suelen provocar mutaciones de larga duración que no dejan nada en su lugar. La crisis de la dominación española sobre nuestro continente se trasmutó en una realidad completamente nueva. Las sociedades que se estabilizaron hacia la segunda mitad del siglo XIX poco tenían que ver con las existentes hacia 1810, cuando la Revolución de Mayo en el virreinato del Río de la Plata.

 

Esos periodos críticos habilitan, también, el nacimiento de relaciones sociales diferentes a las hegemónicas que son, en última instancia, una de las claves de bóveda del cambio social. No es durante la grisura de la estabilidad cuando nace lo nuevo, sino en medio de las bravas tormentas, siempre que seamos capaces de innovar, de trabajar creando.

 

En Venezuela está sucediendo algo similar. Detrás o debajo de la crisis política, de la ofensiva de la oposición y de Washington, de la parálisis del gobierno, de la corrupción que atraviesa todo el país, de arriba abajo, de la escasez y de las interminables colas para comprar alimentos, late otro país. Un país productivo, solidario, donde las personas no pelean entre sí por apropiarse de harina, azúcar y arroz, un país en el que pueden compartir lo que hay.

 

Un extenso e intenso recorrido por comunidades de los estados de Lara y Trujillo, desde la ciudad de Barquisimeto hacia la región andina, permite comprobar esta realidad. Se trata de una amplia red de 280 familias campesinas integradas en 15 organizaciones cooperativas, junto a 100 productores en proceso de organización, que integran la Central Cooperativa de Servicios Sociales de Lara (Cecosesola), que abastecen las tres ferias urbanas con 700 toneladas de frutas y verduras cada semana, a precios 30 por ciento por debajo del mercado, ya que eluden coyotes e intermediarios.

 

La visita directa a cinco cooperativas rurales, algunas con más de 20 años y otras en proceso de formación, permite comprender que la cooperación campesina tiene una fuerza extraordinaria. Una sencilla cooperativa de 14 productores en Trujillo, a 2 mil 500 metros de altura, consiguió comprar tres camiones, construir una bodega, la casa campesina y un galpón, produciendo básicamente papas y zanahorias de forma manual, sin tractores porque sus tierras están en pendientes. Un pequeño milagro que se llama trabajo familiar y comunitario, porque todas las cooperativas tienen tierras comunes que cultivan entre todos y todas.

 

Trabajo y debate para corregir errores. Eso que antes llamábamos autocrítica y quedó olvidada en algún agujero negro del ego masculino/militante. Las 3 mil reuniones anuales que realizan los mil 300 trabajadores asociados de Cecosesola, abiertas a la comunidad, son extensas, ásperas y frontales, en las que no se ocultan las desviaciones personales que perjudican al colectivo. Como decimos en el sur, no se andan con chiquitas. Van de frente, sin anestesia ni diplomacia, lo que no resquebraja sino consolida el ambiente de hermanamiento.

 

La red de 50 organizaciones comunitarias (15 rurales y 35 urbanas) abastece a más de 80 mil personas por semana en las tres ferias de consumo familiar, que cuentan con 300 cajas simultáneas. En estos momentos de escasez, abastecen la mitad de los alimentos frescos de una ciudad de un millón de habitantes, por lo que se forman colas hasta de 8 mil personas en la feria central, la más concurrida de todas, ya que el gobierno cerró algunos de sus mercados por carecer de productos.

 

Las cooperativas rurales producen verduras y frutas; las unidades de producción comunitaria urbanas elaboran pastas, miel, salsas, dulces y artículos de higiene y del hogar. En total, son 20 mil socios de los sectores populares de Barquisimeto los que están directamente involucrados en la red.

 

Los ahorros en la producción, las ferias y las colectas les permitieron construir el Centro Integral Comunitario de Salud, que tuvo un costo de 3 millones de dólares, cuenta con 20 camas y dos quirófanos donde realizan mil 700 cirugías anuales a mitad de precio que en las clínicas privadas, gestionado por casi 200 personas de forma horizontal y asamblearia. Además, tienen un fondo cooperativo (una suerte de banco popular) para financiar cosechas, comprar vehículos, insumos médicos y otras necesidades de las familias.

 

Todo, absolutamente todo, lo consiguieron con el trabajo propio y el apoyo de la comunidad. No recibieron un solo bolívar del Estado a lo largo de más de 40 años. ¿Cómo lo hicieron? Algunos documentos elaborados por la red lo explican en dos conceptos: ética y cooperación comunitaria.

 

No es que no haya problemas. Los hay, y muchos, con casos de aprovechamiento individualista, como en todas partes. El documento Ética y revolución, difundido en marzo pasado, dice: En nuestro país aceleradamente se va imponiendo una nueva modalidad de propiedad privada, al intentar adueñarse cada quien del espacio que se le antoje según su conveniencia. Ante eso son intransigentes. Es el mismo espíritu que los lleva a fijar los precios sin atender los del mercado, sino por acuerdos entre productores, tomar los acuerdos por consenso, eliminar las votaciones, percibir todos los mismos ingresos y trabajar para desmontar las jerarquías de poder internas.

 

La guía no es el programa, ni la relación táctica/estrategia, sino la ética. ¿Sin ética hay revolución?, finaliza el citado documento. La historia nos dice que los sectores populares pueden derrotar a las clases dominantes, como sucedió en medio mundo desde 1917. Lo que no está demostrado es que podamos establecer modos de vida diferentes del capitalismo.

 

Los trabajadores de Cecosesola pueden llevar de sus ferias la misma cantidad de productos que el resto de la comunidad. Si hay un kilo de harina por persona, es para todos igual, formen o no parte de la red. Esto es ética. La escasez es para todos. Sin privilegios.

 

Esa es la nueva Venezuela. Donde la ética es guía y norte. Aunque estén rodeados de mezquindades, siguen su camino. ¿No era ese el espíritu revolucionario?

 

 

Publicado enSociedad
Culminó el primer Foro Nacional Financiero por la Paz de la Uneb.   Ideas, posiciones, aprendizajes.

Son 260.000 asesinatos, 45.000 desaparecidos, 6.8 millones de desplazados, 2.800 sindicalistas asesinados, infinidad de robos, torturas, violaciones, los que obligan a frenar el conflicto armado en Colombia. La manifiesta corresponsabilidad en esta tragedia por parte del sistema financiero colombiano obliga a pensar en soluciones desde el mismo sector que antes que víctima ha sido victimario por su activo papel en el empobrecimiento y sometimiento de la ciudadanía al capital financiero, así como por su activa labor en pro de la acumulación y el incremento de la desigualdad en el país. El Primer Foro Financiero por la Paz convocado por la Uneb, valioso escenario para el intercambio de ideas y posiciones de actores que conciben de forma diferente el desenvolvimiento del sector financiero en el post acuerdo.

 

 

Entre los días 19 y 20 de mayo se llevó a cabo el Primer Foro Nacional Financiero por la Paz en Bogotá. En el centro de convenciones G12 se reunieron líderes de sindicatos, de cooperativas, representantes de ONG's, ministros, parlamentarios, analistas políticos y académicos, para reflexionar en torno a la consecución y la construcción de la paz en Colombia. Alrededor de mil, fueron los participantes en el evento.

 

La Unión Nacional de Empleados Bancarios (Uneb) convocó este foro en búsqueda de consolidar otro escenario en el contexto de sus luchas por “[...] una política pública financiera democrática e incluyente que oriente el ahorro público de manera ‘virtuosa’ hacia el desarrollo sostenible del país, en provecho de los usuarios, promoviendo los derechos de los trabajadores, el bienestar de las familias y una economía fundamentada en los principios de justicia, igualdad y solidaridad”. A partir de la interpretación de las instituciones y del mismo sector financiero como “corresponsables del conflicto colombiano”, el foro buscó generar propuestas orientadas al periodo del post acuerdo en el que se propone un cambio de rol, una participación dinámica y asertiva del sector en el macro proceso social que comenzará a germinar una vez hayan sido pactados los acuerdos.

 

 

Diversos participantes, heterogéneas opiniones.

 

Sofía Trinidad Espinoza Ortiz, presidenta de la Uneb abrió el evento en la mañana del 19 de mayo con la ponencia principal de la jornada. Empezó por endilgar responsabilidades al proceso de financierización: “[...] está correlacionado con el período de mayor conflicto en la época moderna de Colombia. Los efectos generados por este proceso son factores determinantes en la guerra que se ha desarrollado en el país: el quebrantamiento del aparato productivo, los altos índices de intermediación, la exclusión crediticia, la concentración del ingreso, el aumento del desempleo y la pobreza, la exclusión, el alza en los homicidios y la precarización de los mercados de trabajo”.

 

Es por esta responsabilidad manifiesta que, según lo pronunciado por Sofía Espinoza: “En consecuencia, el sector financiero colombiano no puede estar ajeno a las preocupaciones y los retos orientados a lograr que las víctimas del conflicto colombiano conozcan la verdad de lo sucedido, reciban una respuesta o reparación integral y establecer una serie de medidas para garantizar el fin de los atropellos a la dignidad humana y prevenir o evitar que estos se vuelvan a cometer”. Y vincula a esta respuesta un proceso amplio de consulta y participación que debe ser llevado a cabo entre todos los ciudadanos y sectores sociales afectados e involucrados en el sistema financiero.

 

Esa verdad que debe ser conocida implica escandalosas cifras de afectados: ocho millones de víctimas (solo entre 1985 y 2015), 260.000 asesinatos, 45.000 desaparecidos y 6.8 millones de desplazados. A las que se suman el desangre y el sufrimiento de compatriotas producidos por grupos económicos locales y transnacionales, expoliadores de recursos naturales, latifundistas agropecuarios y propietarios del capital financiero.

 

En relación con estos últimos actores, precisó Sofía Espinoza en su intervención: “[...] el proceso de “financiarización” –iniciado en la década de 1970, potenciado por el modelo neoliberal en los años 1980 y consolidado durante la última década del siglo XX– ha contribuido al encumbramiento de la violencia, a debilitar la tasa de inversión productiva y a promover instituciones económicas extractivas, aumentar a la vez, la inflación, el desempleo, la precarización del mercado de trabajo y la flexibilidad laboral; ha conducido, también, a que los ingresos del trabajo progresen menos que las utilidades del capital, a llevar hasta los extremos la concentración de la riqueza y el ingreso, ha obstaculizado la reducción de la pobreza y la exclusión, despojado de sus viviendas a las clases populares y medias, animado la corrupción, la especulación, la cultura mafiosa y el lavado de activos, exacerbando los conflictos sociales, políticos, económicos y ambientales, y, de manera continua, desequilibrado las finanzas públicas y a la vez ha restado recursos a las políticas públicas de carácter social”.

 

Carlos Raúl Yepes, expresidente de Bancolombia, también trajo sus opiniones al foro donde fueron bien recibidas a pesar del perfil empresarial del orador. El empresario es integrante de la Agencia Nacional de Reintegración, del Departamento de Prosperidad Social, miembro de la junta directiva de Reconciliación Colombia, ha sido integrante de la Comisión de Paz e interlocutor en La Habana con los miembros plenipotenciarios de las Farc. Trayendo a colación estas afiliaciones y participaciones, el orador quiso resaltar su interés particular por el desarrollo de temas sociales en el país y su autoridad como exbanquero para hablar de rol del sector financiero en el escenario del post acuerdo.

 

Una de las propuestas de Yepes se basa en la implementación de una “Banca más humana” basada en los valores de respeto y confianza que fundamentaron el proyecto en Bancolombia, banco que limó asperezas con la sociedad interconectándose con los intereses de sus clientes. El esquema de “cobranza digna”, mediante el cual el banco empezó a aproximarse de una manera digna a los clientes para cobrar sus obligaciones, es una de las nuevas formas de esta banca. Los bancos deben tener un mejor trato con los clientes, propender por el crédito a bajos costos, por el desarrollo social, humano, económico, por la reintegración de excombatientes, por el cese de la guerra y por asumir con entusiasmo la nueva era de posibilidades que se abre.

 

A diferencia de Yepes, cooperativizar antes que financierizar fue la propuesta de Oswaldo Gómez Castaño, Gerente General de la Cooperativa Confiar. Señaló en su intervención: “Para el sector cooperativo de ahorro y crédito financiero, es relativamente fácil apostar [...] por el propósito de construir la paz [...] el papel de las cooperativas es servir a la comunidad, promover el ahorro en la ciudadanía y no el endeudamiento irresponsable [...] uno de los problemas más serios del sector financiero son los créditos de consumo que de alguna manera aumenta la capacidad adquisitiva de los/as ciudadanos/as, pero que en últimas no promueve la movilidad social y mucho menos disminuye la brecha social en el país que sigue siendo en América Latina el país más desigual después de Haití”.

 

Gómez Castaño se mostró desconfiado por el rol del sector financiero en el periodo del post acuerdo: “Además nos genera preocupación, cuando de manera insistente [...] los gobernantes de este país –en cabeza del presidente de la República– dicen que el modelo (financiero) no está en discusión. [...] Modelo en el que a partir de una falsa igualdad donde todos los pobres tenemos la posibilidad de acceder a teléfonos celulares –así no tengamos minutos– y no seamos sujetos de derecho a la educación, sino sujetos de créditos para poder estudiar”.

 

Similar posición tuvo la Jefa de Educación de la Cooperativa del Magisterio, Amanda del Socorro Rincón, para quien la alternativa al sector financiero tiene que ver con la cooperativización: “En los últimos 25 años “[...] se ha propuesto la economía solidaria y el cooperativismo en particular como un componente muy importante de la economía, la propiedad, las formas de generar riqueza y satisfacer necesidades, al elevarse al rango constitucional el principio del pluralismo [...] económico; reconociéndose, promoviéndose y protegiéndose institucionalmente tres formas de propiedad: estatal o pública, la privada capitalista y la solidaria o autogestionaria. Años caracterizados también por una expansión notable y una crisis profunda en el subsector de ahorro y crédito financiero [...]el propósito de las organizaciones solidarias del sector financiero [...] es contribuir al desarrollo del ser humano [...] se para la guerra pero el pueblo colombiano sigue con las mismas necesidades y los mismos sufrimientos”.

 

Clara López Obregón, Ministra de Trabajo, también estuvo presente en el evento, portando una elegante chaqueta azul que venía anunciando el distanciamiento discursivo y político de los tintes “amarillos” que se habían superpuesto a sus juveniles tonos rojos. La Ministra dirigió unas palabras de estímulo a la participación de los sindicatos en el proceso de paz, prosiguió señalando los “beneficios económicos” de la paz estimados por el DNP en 1.1 y 1.9 puntos porcentuales adicionales anuales de crecimiento del PIB, marco en el que se mueve lo que ella denomina la posible “contribución del sector financiero” al proceso de implementación de los acuerdos y de la ampliación de la presencia del Estado en Colombia, exigida en el post conflicto.

 

Llevar al Estado a todo el territorio nacional fue uno de los ejes centrales del discurso de la Ministra del Trabajo: “Llevar al Estado a todos los confines implica llevar todos los servicios públicos, complementar lo que ha sido la presencia de la Fuerza Pública como única presencia estatal en muchos municipios de Colombia con la inversión pública, la inversión social en infraestructura, en carreteras, en llevar los puestos de salud, las aulas, las escuelas, los continentes de ingenieros, de trabajadores sociales, de trabajadores de la salud [...]”.

 

Pero el Estado no irá solo. Según clara López, “[...] esa presencia del Estado tiene que ir acompañada de una presencia de la política empresarial y de la política financiera para complementar los servicios públicos con los servicios económicos básicos para la generación de empleo y de empleo en el campo, de ahí que la bancarización se constituye en uno de los elementos clave, porque uno no pude pensar que va a tener un desarrollo económico efectivo en los campos sin una inclusión financiera, con la profundidad que se requiere, que es no solamente cuentas bancarias, cuentas de ahorro, sino, principalmente, acceso al crédito productivo”. Inclusión financiera, democratización del crédito y enfilar las ramas productivas en el agro para generar condiciones son las herramientas que propone para fundamentar una base material real para construir una economía viable para el sector campesino y empresarial. Crédito y ahorro en el sistema financiero, herramientas fundamentales para López Obregón, así como la ampliación de la cobertura bancaria en la ruralidad, claves en el proyecto del post acuerdo.

 

Con abucheos y consignas contra la nueva reforma tributaria fue recibido el ministro de hacienda y crédito público, Mauricio Cárdenas. El Ministro señaló la importancia de que en todos los municipios del país exista cobertura financiera garantizada por la existencia de al menos un corresponsal bancario, el hecho que el 75 por ciento de la población adulta tuviera algún producto bancario, la expansión del microcrédito, la aparición de un nuevo tipo de intermediario financiero orientado al segmento informal de la población (sociedades especializadas en depósitos y pagos electrónicos). Este es, según el Ministro de Hacienda, el país que encontrará “la paz”, un “país donde la agenda de inclusión financiera ha sido exitosa”.

 

El post acuerdo traerá consigo grandes posibilidades, según Cárdenas: “La paz no solo va a mejorar la calidad de vida de todos los colombianos, nos va a dar la seguridad, nos va a permitir que tengamos una sociedad en mayor armonía, una sociedad más prospera, una sociedad que al mismo tiempo va a lograr que podamos tener un país donde se protegen más todos los derechos humanos, además de eso la paz va a tener un gran rédito económico, un gran beneficio económico, nosotros tenemos cálculos de que con la paz el ingreso de los colombianos va a aumentar en como mínimo un 1% adicional por año por encima de lo que ha sido el crecimiento vegetativo del país en las últimas décadas”.

 

Los motivos por los que va a registrarse este crecimiento económico, de acuerdo al Ministro son: 1. vamos a poder aprovechar mejor sectores de la economía que han estado deprimido (sector agropecuario, turismo). 2. La paz va a permitir que haya más inversión, “Hay muchos inversionistas que están esperando que esto se dé para volcarse sobre Colombia, para venir a hacer inversiones sobre Colombia”. “¿Cuál es el papel del sistema financiero en todo esto?”, pregunta Mauricio Cárdenas.

 

En consonancia con López Obregón, el Ministro cree en financiarizar, en la utilidad de este sistema para irrigar recursos a las zonas afectadas por el conflicto (víctimas y desmovilizados), la utilidad del mismo sistema como asegurador del crédito de las personas, en sus palabras: “[...] la forma en la que podemos mejorar las condiciones de vida de millones de compatriotas que viven en zonas afectadas por el conflicto donde hay grandes necesidades económicas es asegurando el acceso al crédito [...] lo primero que tenemos que hacer en el proceso de implementación de los acuerdos de paz, de reivindicación de los colombiano en esa zona es ofrecerles crédito, convertirlos en sujetos de crédito en condiciones que sean atractivas [...], la agenda de paz es la agenda de acceso al crédito [...]”. Destacarlo, darle cada vez más importancia, buscar las respuestas del post conflicto en el sistema financiero, es la propuesta del Ministro de Hacienda y Crédito Público.

 

Julián Arévalo, asesor del alto comisionado de paz, boga por la modificación de las condiciones territoriales para evitar los ciclos de violencia en que nos hemos visto como sociedad. Para cerrar los ciclos de violencia hay que impulsar las transformaciones territoriales donde la ciudadanía juegue un papel fundamental. El asesor manifestó, “Aquí no se trata, como se dice en algunos textos, de llevar el Estado al territorio y de imponer cosas en ellos, sino que tiene que ser la ciudadanía la que activamente lidere estos cambios en los territorios”.

 

Lo dicho en La Habana, corresponde, según Arévalo, al “qué” de la implementación, pero es en las comunidades donde se decide el “cómo”, se está apostando a unas transformaciones en los territorios a partir de espacios de participación ciudadana. Se espera que esta participación ciudadana contribuya junto a los replanteamientos en la relación del Estado con los ciudadanos, de la misma manera que a la construcción de confianzas en los territorios a consolidar lo que ha sido denominado conceptualmente como “paz territorial”. Al menos en términos discursivos, esta posición proporcionaría la posibilidad de que los habitantes de los espacios de paz y reintegración decidieran sobre un eventual proceso de reintegración o no. Está por verse.

 

En la tarde del 19 de mayo, habló el analista político mexicano Alfredo Jalife Rahme. Se refirió al contexto financiero internacional al que se articulan los países latinoamericanos: “El mundo no sale de la crisis financiera de 2008. De la mano de los créditos internacionales están los intereses geopolíticos. En el mundo hay 13 bancos de Wall Street que controlan la mayor parte de las trasnacionales del mundo y a la vez controlan a los países en vías de desarrollo. Por eso cuando vemos de cuales instituciones llegan las ayudas para este acuerdo de paz, vemos que todas son manejadas por E.U; entendemos que la paz es patrocinada por ellos. Los países de Sur América están entrando en un neo-monroísmo neoliberal. Debido a la inexperiencia financiera, los países latinoamericanos pierden contra las potencias, y así seguirá siendo en un mundo regido por el modelo financiero, a menos que adquieran mejores conocimientos”.

 

También hizo lo propio con el sector financiero local en el periodo del post cont acuerdo: “El rol a desempeñar por parte del sector financiero es [debería] hacer veeduría por el buen uso de la riqueza nacional, evitar que continúe el enriquecimiento de la plutocracia, evitar que el dinero siga siendo manejado únicamente por la banca tradicional. En ese contexto de paz promotor de la inversión extranjera se corren grandes riesgos con el deterioro del patrimonio público porque, al fin y al cabo, lo que buscan al invertir es apropiarse de las empresas nacionales. En el caso de Ecopetrol, para poder solventar el déficit es necesario que vendan parte de sus activos, la joya de la corona: Refinería de Cartagena. y obviamente la minería, especialmente el oro y de igual forma la agricultura”.

 

Serias preguntas del analista mexicano a la tesis de la bancarización y financiarización en sectores emergentes y zonas de paz propuestos por empresarios y el Gobierno colombiano, realidad que pretende ser incuestionable, estrategia univoca e irrefutable para el crecimiento económico y el desarrollo en los años venideros. Pero, opina Jalife que la naturaleza del sector financiero es predatoria, están acostumbrados a ganar el mayor margen, acumular excesivamente, a crecer indefinidamente, y así seguirá siendo en cualquier otro periodo y en cualquier otro contexto donde tengan participación.

 

El Representante a la Cámara por el Polo, Alirio Uribe, hizo algo de memoria. Citando a Joseph Stiglitz –Premio Nobel de economía se cuestionó: “¿Cómo es posible que en Colombia, en el marco de un conflicto armado, se mantuviera una tasa de crecimiento del PIB del 5 por ciento. Tuvimos un modelo de desarrollo criminal, el crecimiento económico se daba de la mano de la violencia del desplazamiento, del asesinato, de la violación de mujeres, de masacres; un modelo de desarrollo de la mano de la violencia y del despojo. [...] el sector financiero tuvo, durante eta época de conflicto utilidades billonarias, de ahí que los índices Gini para medir la desigualdad en la distribución de la tierra y de la riqueza sean mayores del 50 por ciento”. El modelo económico colombiano está centrado en la extracción de materias primas, la concentración del sector agroindustrial y en la financiarización de la economía”.

 

El mismo sector económico que pretenden argumentar como el redentor del post acuerdo, fue el que se enriqueció por cuenta del sufrimiento de los colombianos. Así lo ilustró Uribe: “Se creó un concepto de banca central pensando en la inflación y no en la creación de empleo; en un esquema para aumentar las tasas de interés, no para incrementar el poder adquisitivo de los colombianos, sino para aumentar la rentabilidad financiera de los bancos. Allí se hicieron reformas a la salud para hacer del derecho a la salud y a la seguridad social un negocio jugoso para el sector financiero”.

 

León Valencia, analista político e investigador, también hizo presencia en el foro financiero convocado por la Uneb. Valencia no se refirió al sector financiero, manifestó sentirse contento porque los sindicatos del sector financiero hayan llegado a la conclusión de que va a haber un acuerdo de paz, de que es importante empezar a hablar de post conflicto, que es importante hablar de futuro. Sin embargo hizo duras críticas al sindicalismo colombiano: “Nosotros hicimos una investigación sobre el sindicalismo asesinado: 2.800 sindicalistas, gente vinculada al sindicalismo muerto en este conflicto, asesinado en este conflicto. En los años 90 y a principios de este siglo la Escuela Nacional Sindical hizo la estadística, teníamos, nosotros, los sindicalistas colombianos, el 63% de los sindicalistas muertos en el mundo. Es una vergüenza para le país, pero es una vergüenza para el sindicalismo que no sea interlocutor de las negociaciones de La Habana, es una vergüenza eso que no sea un interlocutor privilegiado, que no haya estado presente para reivindicar la memoria de todos los que han muerto en el sindicalismo colombiano, que solo se haya dispuesto a construir la memoria del sindicalismo en Colombia”.

 

Además recordó otros de los objetivos de los sindicatos: “Tenemos derecho a construir democracia, a participar en política, tenemos derecho a ser algo distinto en este país. Esa es la causa principal de las muertes, pero ¿eso no está ligado a la lucha sindical? ¿Acaso la lucha por la democracia no es una lucha sindical? ¿Acaso la lucha sindical es una lucha solo por los salarios? No, la lucha por la democracia es la principal tarea del sindicalismo, la participación política es la principal tarea del sindicalismo, ahora en el post conflicto hay que salir a ganarle a la ultraderecha el plebiscito, hay que salir a ganarle la refrendación, a construir partido político a las guerrillas que vienen a la vida civil”.

 

 
La realidad en pugna.

 

Entre las lecciones del Primer Foro Nacional Financiero por la Paz desarrollado en Bogotá se encuentra el reconocimiento del periodo del post acuerdo como un periodo histórico al que estamos a punto de desembocar, periodo con realidades en pugna por la contraposición de posiciones que versan sobre la estrategias que deben implementarse para reconfigurar escenarios locales cuando comiencen a implementarse los acuerdos de La Habana y posiblemente los propios con la guerrilla del Eln.

 

La estrategia del Gobierno y de sectores afines es clara: su punta de lanza, la profundización de la bancarización y financiarización del país a partir de la penetración en zonas esquivas al capital financiero, el incremento de los negocios de la banca a partir de la proliferación de créditos blandos en el escenario del post acuerdo, el neoliberalismo económico y político basado en la trasferencia de responsabilidades sociales a los ciudadanos y el subsecuente apoyo a las estrategias de emprendimiento en los mismos.

 

Por otra parte se anteponen a este discurso los de quienes hacen memoria de las responsabilidades, así como explican el funcionamiento y las ambiciones propias del funcionamiento del sector financiero local, regional y mundial. La alternativa al paradigma de la bancarización y financiarización se encuentra en la cooperativización, en la proliferación de las economías solidarias, en una mayor participación de las asociaciones sindicales en la construcción de paz y país.

 

Estrategias contrapuestas que no parecen querer negociar axiomas y fundamentos. La diferencia de poderes y de intereses es evidente entre las posición del Gobierno y la posición de Ong, cooperativas, sindicatos, académicos, políticos y analistas. Postura que tiene la ventaja evidente de construir una alternativa sobre el reconocimiento de los vicios intrínsecos al funcionamiento del sistema financiero nacional (corresponsable del conflicto armado en Colombia), el mismo que ahora pretende usarse para solucionar las conflictividades sin depurar los algoritmos de sus operaciones de ganancia y acumulación.

 

 

 

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Viernes, 16 Mayo 2014 07:46

El cambio desde abajo en Venezuela

Ahora que las aguas mediáticas se han calmado, podemos hablar de las transformaciones profundas en la sociedad venezolana, ese tipo de cambios de larga duración llamados a reconfigurar las sociedades. No nos puede resultar extraño que estos movimientos no sean atendidos por los grandes medios, enfocados en noticias que se desvanecen sin dejar rastro. Más llamativa es la escasa atención que le otorgan los analistas y buena parte de los militantes partidarios, probablemente porque consideran que la política (con P grande) se reduce a lo que acontece en las proximidades de los palacios de gobierno.

 

Consideremos la experiencia de Cecosesola (Cooperativa Central de Ser­vicios Sociales del Estado Lara), una red de 60 comunidades con epicentro en la ciudad de Barquisimeto (2 millones de habitantes) pero con presencia en cuatro estados del noroccidente de Venezuela. Las cooperativas están dedicadas a la producción agrícola, agroindustrias en pequeña escala, servicios de salud, transporte, funeraria, ahorro y préstamo, fondos de ayuda mutua, distribución de alimentos y de artículos para el hogar.


La envergadura del emprendimiento no es menor. En su conjunto tienen 20 mil asociados, mil 300 trabajadores que cobran el mismo salario (al que llaman "anticipo"), casi 4 mil participan en las más de 300 reuniones anuales de la red, desde encuentros semanales hasta vivencias, en las que todo se discute, desde el precio de los productos en los mercados hasta la gestión del centro integral cooperativo de salud.


Las tres grandes ferias familiares de Barquisimeto venden 600 toneladas semanales de hortalizas y frutas, 35 por ciento del consumo de una gran ciudad como esa, donde trabajan 500 asociados, hay 250 cajas y se abastecen unas 200 mil personas cada semana. No es un emprendimiento marginal, sino el mayor punto de venta de alimentos en la ciudad, mucho más importante que los supermercados. Tres aspectos me parecieron destacables.


No hay cámaras ni guardias privados, sólo "vigilancia comunitaria". Pese a las tensas colas que hay en todo el país, las que se forman en las ferias de Cecosesola son serenas y solidarias. La mañana que participé en la feria del centro se habían perdido zapatos en el alboroto que se forma en la entrada. Cuando la megafonía informó del hecho en pocos minutos aparecieron los zapatos. Así sucede incluso cuando se pierden billeteras y objetos de valor. Pese a no haber vigilancia, las "fugas" (lo que el capital juzga como robos) son de sólo uno por ciento, frente al 5 por ciento en los supermercados.


Los precios son diferentes. Las hortalizas y frutas tienen sólo dos precios, de modo que el comprador puede llenar un saco con los más diversos alimentos y se pesa todo junto, simplificando la contabilidad. Se fija un precio ponderado o promedio. Pero lo más notable es que los precios los fijan asambleas periódicas de asociados, abiertas, en las que los productores explican los costos y comparten los datos con los demás cooperativistas, eliminando los intermediarios. Esta democratización de los precios, costos y márgenes devuelve al mercado la "transparencia" que Fernand Braudel consideraba como la principal característica de los mercados precapitalistas.


La tercera cuestión es que la enorme red no tiene dirección ni dirigentes. Todo lo deciden entre todos, por eso la gran cantidad de reuniones. Cecosesola se define como "organización en movimiento", parte de un proceso de "transformación personal y organizacional a través de la más amplia participación de todos y todas". Confianza, convivencia, integración, emociones compartidas, sustituyen los formales estatutos y cargos de diversos niveles.


A la hora de explicar su forma de hacer, dicen que "la única instancia organizativa formal es un conjunto flexible y cambiante de 'reuniones' abiertas a aquel o aquella que quiera incorporarse, sin distingo de su procedencia. Se trata de espacios de encuentro que no obedecen a un diseño previo, que se crean y desaparecen según las necesidades del momento". La lógica no es la acumulación (crecer, ganar poder o prestigio) sino perdurar en el tiempo. Llevan 40 años.


Durante ocho días participé en una decena de espacios, desde encuentros de productores rurales y de la cooperativa de producción de pastas 8 de Marzo (donde un varón joven se declaró feminista), hasta reuniones de la oficina de contabilidad y del centro de salud. La rotación es regla, el debate franco y directo, el aprendizaje es constante y la colaboración permanente.


En la asamblea semanal del centro de salud había 55 personas formando un enorme círculo. El centro atiende 200 mil consultas anuales. La construcción del edificio demandó tres años de debates para decidir la estructura. Tres plantas abiertas hacia la ciudad, sin paredes que bloquean la comunicación, mucho aire, grandes espacios colectivos donde los usuarios y sus hijos hacen yoga, ejercicios físicos y espirituales, y conversan mirando las montañas.


En la asamblea había enfermeras, oficinistas, personal de mantenimiento, de cocina y limpieza, y hasta seis o siete médicos de los 60 que trabajan en el centro de salud. Todos discutiendo de igual a igual. Hubo críticas por errores, que fueron serenamente debatidas. No es fácil incorporar a los médicos, pero al parecer se van ablandando. Una doctora participa en las ferias como cajera, lugar que ocupan también los trabajadores de oficina, quienes consideran el espacio de las verduras como el más agradable.


Cecosesola es una revolución cultural en movimiento. Escuché compradores de las ferias que se sienten comunidad aunque nunca fueron a una reunión. No reciben nada del Estado. Todo lo autofinancian. Nos enseñan que es posible producir y vivir de otro modo, con base en otros valores que los hegemónicos, que se pueden crear y gestionar espacios mayores a los que domina el capital, con entera autonomía. Uno de los lemas de Cecosesola es: "Construyendo aquí y ahora el mundo que queremos".

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Juventud y cooperativismo: tiempo de pasar la batuta

Cualquier proyecto social que quiera ser duradero debe pensar en el relevo generacional. Y en el contexto cooperativista esta preocupación incluye también la pregunta por el papel que este sector está dándole a los y las jóvenes, la formación que les ofrece y la línea de acción que les propone.


Cuando se habla de cooperativismo hay que tener en cuenta que esta palabra en sí misma no alberga la garantía de una realidad diferente o no se constituye por principio en un agente de cambio del modelo económico capitalista. El cooperativismo puede adoptar –y así lo ha hecho– diferentes caminos que lo pondrán de cara a una función particular dentro del entramado social, político y económico en que se desenvuelve. Por un lado puede convertirse en una empresa entregada de lleno a la rentabilidad adscribiéndose muy bien a la lógica mercantil y olvidando por completo cualquier nexo con la sociedad. Por otro lado puede constituirse en un proyecto de modelo alternativo al capitalista, una fuerza de cambio efectiva que no juegue con las reglas que este modelo establece sino que tiene en la mira subvertir el orden establecido acompasándose a uno de cara a la sociedad, en procura de un mundo más justo y humano, y no simplemente por una mayor rentabilidad.

 

Precisamente el 2012 fue el año internacional de las cooperativas, y a ello habría que sumarle que a mitades del mismo año se cumplieron los cuarenta años de la Cooperativa Financiera Confiar y los quince años de su Fundación, además de haberse llevado a cabo la Reunión de Juventudes Cooperativistas, evento organizado por Cincop. Todo lo cual no podía sino redundar en el reconocimiento del 2012 como un año en que se pusieron en la mesa un amplio abanico de temas, preocupaciones y retos para el sector cooperativo.

 

No es nada trivial la exaltación que hace esta época de la juventud; es común aducir a quienes se reconocen bajo tal denominación una especie de actitud rebelde y una fuerza transformadora por principio, pero lo que la realidad nos muestra es que tal exaltación puede llegar a ser una gran falacia si un joven o una joven, en el espectro de posibilidades para hacer su vida, no logra ver sino las pautas que el capitalismo propone. Si es así, no encontraremos ninguna actitud renovadora en la condición de ser joven, sino, por el contrario, una acción perpetuadora de nuestro presente.

 

Esta pregunta por las juventudes y por su lugar en el movimiento cooperativista fue tema de notable importancia en las discusiones llevadas a cabo por diferentes colectivos, comunidades y agentes del sector cooperativo el pasado año. Si existe un cooperativismo que no desea ser un asunto efímero sino que quiere lograr establecerse como un proyecto duradero, ha de pensar la integración de un sector joven a sus líneas de acción, y ha de hacerlo sin caer en la falacia mencionada, y no creer que el hecho de ser joven aporta por principio nuevas fuerzas u horizontes del cooperativismo.

 

Ahora bien, supongamos un joven cuya subjetividad presenta una sensibilidad hacia lo humano y desea ser parte activa de un proyecto cooperativo, es de obligación preguntarse: ¿cuáles son los mecanismos bajo los cuales ese ser humano capaz de ser militante por una causa social puede llegar en efecto a incorporarse en un proyecto cooperativista? ¿Qué formación requiere y cuáles son los medios para hacerse a ella?

 

Preguntas así son el quid del asunto. Para propiciarlas, es menester la creación de escuelas y centros de formación surgidos de las necesidades sociales que el mismo cooperativismo identifica; éste no puede seguir esperando que quienes en un futuro se constituyan en la fuerza cooperativista sean los graduados del aparato universitario, pues éste se ha dedicado precisamente a engrosar las filas del aparato empresarial tradicional, graduando hombres y mujeres con poco o nada de sensibilidad por lo social, incapaces de pensar que otro mundo es posible. El sector cooperativo debe hacerse a su propia educación, pero una diferente a la universitaria, una que nazca y se configure bajo la bandera de la búsqueda de un presente más justo, más humano, una formación que pueda aportar a un ser las herramientas necesarias para entender la complejidad del mundo en que vivimos, para tomar posición crítica frente a él. La juventud cooperativista requiere una formación política, ética, social, filosófica, en comunidad, que no caiga en la metodología, muy en boga actualmente, que asegura que un joven no puede formarse por fuera de la recreación y la lúdica, cambiando la lectura y la discusión por jornadas de juegos e "integración".

 

Las nuevas generaciones tendrán sobre sus espaldas, si así lo aceptan, el reto de ser dirigentes de los proyectos cooperativos. Es bastante obvio que quienes son dirigentes hoy no "cayeron del cielo", sino que han tenido una formación que les ha posibilitado entender la complejidad de esta época y el papel desempeñado por el cooperativismo.

 

Es justamente este conocimiento y esta formación la que ha de ofrecerse sistemáticamente a otros. Un dirigente cooperativista debe transmitir los saberes o pensadores a los que acude, los libros que leyeron, las experiencias cooperativistas por las que transitaron, las reflexiones sobre proyectos que encontraron, el fracaso o el éxito, etcétera.

 

Ellos deben transmitir este saber a una juventud doliente y sensible respecto a la sociedad, que tengan dentro de sus intereses la organización y la lucha por derechos que todo un país reclama, y no esperar, bajo ninguna circunstancia, que la universidad sea quien cumpla el papel de formación que el sector cooperativo requiere, pues, vale la pena repetirlo, el aparato universitario forma a los capitalistas, aquellos que saldrán al mundo a crear empresas rentables de espaldas por completo a la gente del común.

 

No son pocas las cooperativas que piensan desde ya en el relevo generacional. Bienvenidas aquellas que abren sus puertas con propuestas serias y líneas de estudio y acción a los jóvenes que sienten la necesidad de desplegar un quehacer en lo social. Si el cooperativismo no logra "pasar la batuta", si no llega a transmitir su quehacer y su pensar cooperativista a otros que puedan continuarlo, estará condenado a la muerte, lenta, pero inevitable.

 

* Corporación Cultural Estanislao Zuleta Asociado CONFIAR

Publicado enEdición N°187