Ilustración: Rosario Mateo Calderón

 

La poeta estadunidense recién galardonada con el Premio Nobel de Literatura nació en Nueva York, en 1943, proveniente de una familia de judíos húngaros que emigraron a Estados Unidos. Es autora de trece libros de poesía y dos volúmenes de ensayos. “Las preocupaciones básicas de Glück son la traición, la mortalidad, el amor y la sensación de pérdida que lo acompaña”, considera el crítico Don Bogen.

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Poemas y presencias

Tras el anuncio del galardón sueco, Louise Glück (Nueva York, 1943) –la decimosexta escritora reconocida con el Premio Nobel de Literatura– dijo en una entrevista con Alexandra Alter: “He escrito sobre la muerte desde que pude escribir. Literalmente, cuando tenía diez años, escribía sobre la muerte. Yo era una chica sagaz. El envejecimiento es más complicado. No es simplemente el hecho de que estás más cerca de tu muerte, es que las facultades con las que contabas –gracia física, fuerza y agilidad mental– están comprometidas o amenazadas. Ha sido muy interesante pensar y escribir sobre ello.”

La Academia Sueca eligió en 2020 a una poeta proveniente de una familia de judíos húngaros que emigraron a Estados Unidos. El premio fue concedido, según el comité del Nobel, “por su inconfundible voz poética que con austera belleza hace universal la existencia individual”. Es autora de trece libros de poemas: Firstborn (1968, Primogénita), The House on Marshland (1975, La casa de las marismas), The Garden (1976, El jardín), Descending Figure (1980, Figura descendiente), The Triumph of Achilles (1985, El triunfo de Aquiles), Ararat (1990, Ararat), The Wild Iris (1992, El iris salvaje), Meadowlands (1996, Praderas), Vita Nova (1999, Vita Nova), The Seven Ages (2001, Las siete edades), Averno (2006, Averno), A Village Life (2009, Una vida de pueblo) y Faithful and Virtuous Night (2014, Noche fiel y virtuosa); y de los libros de ensayos Proofs and Theories. Essays on Poetry (1994, Pruebas y teorías. Ensayos sobre poesía) y American Originality. Essays on Poetry (2017, (Originalidad estadounidense. Ensayos sobre poesía).

La editorial valenciana Pre-Textos ha publicado traducciones de siete libros de poemas de Glück: El iris salvaje (Eduardo Chirinos Arrieta, 2006), Ararat (Abraham Gragera López, 2008), Averno (Abraham Gragera López y Ruth Miguel Franco, 2011), Las siete edades (Mirta Rosenberg, 2011), Vita Nova (Mariano Peyrou, 2014), Praderas (Andrés Catalán, 2017) y Una vida de pueblo (Adalber Salas Hernández, 2020). Al español también se tradujo una antología (Louise Glück. Poesía selecta, traducción de Beverley Pérez Rego, Universidad Metropolitana, Caracas, 2008).

Pre-Textos utiliza como epígrafe el siguiente pasaje de Glück, de Pruebas y teorías. Ensayos sobre poesía: “Los poemas no perduran como objetos, sino como presencias. Cuando lees algo que merece recordarse, liberas una voz humana: devuelves al mundo un espíritu compañero./ Yo leo poemas para escuchar esa voz. Escribo para hablar a aquellos a quienes he escuchado.”

Sufrimiento y pérdidas

En “Mañana lluviosa”, incluido en Praderas, Louise Glück revela un satírico deseo de mostrar: “Todos podemos escribir sobre el sufrimiento/ con los ojos cerrados. Deberías mostrarle a la gente/ algo más de ti misma; mostrarles tu clandestina/ pasión por la carne roja.”

En “Madre e hijo”, de Las siete edades, afirma: “Soñamos; no recordamos.” Y se cuestiona: “¿Por qué sufro? ¿Por qué soy ignorante?/ Células en una gran oscuridad./ Alguna máquina nos hizo;/ es tu turno ahora de exigirle, de volver a preguntarle:/ ¿para qué existo? ¿Para qué existo?” En “Puesta de sol”, perteneciente a Una vida de pueblo, revela: “Pero la muerte es real./ Como si el sol hubiera terminado lo que vino a hacer,/ hubiera hecho crecer el campo y entonces/ hubiera inspirado la quema de la tierra.// Así que ahora puede ponerse.”

En el célebre poema “El vestido”, de Vita Nova, escribió: “Mi alma se marchitó y se encogió./ El cuerpo se convirtió en un vestido demasiado/ grande/ para ella./ Y cuando recuperé la esperanza,/ era una esperanza completamente distinta.”

“Lago en el cráter”, de Averno, se opone a las formas de la muerte: “Entre el bien y el mal hubo una guerra./ Decidimos que el cuerpo fuese el bien./ Eso hizo que el mal fuese la muerte,/ que el alma se volviera/ completamente en contra de la muerte.”

En “Metamorfosis”, de El triunfo de Aquiles, Glück explora la muerte del padre. Roberto Amézquita traduce: “1. Noche / El ángel de la muerte vuela/ bajo sobre la cama de mi padre./ Sólo mi madre lo ve. Ella y mi padre/ están solos en la habitación.// Ella se inclina sobre él para tocar/ su mano, su frente. Ella está/ tan acostumbrada a la maternidad/ que ahora acaricia su cuerpo/ como lo haría con los otros niños,/ primero suavemente, luego/ habituada al sufrimiento.// Nada es ni un poco diferente./ Incluso la mancha en el pulmón/ estuvo siempre ahí.// 2. Metamorfosis/ Mi padre me ha olvidado/ en la emoción de morir./ Como un niño que no quiere comer,/ no se da cuenta de nada.// Me siento al borde de su cama/ mientras los vivos nos rodean/ como tantos tocones de árboles.// Una vez, por la pequeñísima/ fracción de un instante, pensé/ que estaba vivo otra vez en el presente;/ entonces me miró/ como mira un ciego/ directo al sol, ya que/ lo que sea que pueda hacerle/ está hecho.// Entonces su ruborizado rostro/ se apartó de lo acordado.// 3. Para mi padre/ Voy a vivir sin ti/ como aprendí una vez/ a vivir sin mi madre./ ¿Crees que no lo recuerdo?/ Toda la vida he pasado intentando recordar.// Ahora, después de tanta soledad,/ la muerte no me asusta,/ ni tu muerte, ni aun la mía./ Y esas palabras, la última vez,/ no tienen poder sobre mí. Lo sé,/ el amor intenso siempre lleva al duelo.// Por una vez, tu cuerpo no me asusta./ De cuando en cuando, paso mi mano por tu cara/ ligeramente, como un paño sobre el polvo./ ¿Qué me puede sorprender ahora? No siento/ ninguna frialdad que no pueda explicarse./ Contra tu mejilla, mi mano está tibia/ y llena de ternura.”

Vita Nova incluye “Lamento”. Glück alude al instante doloroso que se repetirá en el recuerdo de manera perenne: “Él se está muriendo otra vez,/ y también el mundo. Morirá durante el resto de mi vida.”

La alienación

Sus colegas de Poetry Foundation, en Chicago, analizan y admiran la obra de Glück. El crítico, poeta y traductor Don Bogen –doctor por la uc Berkeley– aseveró: “Las preocupaciones básicas de Glück son la traición, la mortalidad, el amor y la sensación de pérdida que lo acompaña. Ella es en el fondo la poeta de un mundo caído.”

La poeta Stephanie Burt dijo sobre Averno: “pocos poetas, salvo Sylvia Plath, han sonado tan alienados, tan deprimidos, y han logrado que esa alienación sea estéticamente interesante”.

Los escritores asociados a Poetry Foundation explican: “El iris salvaje demuestra claramente su poética visionaria. El libro, escrito en tres segmentos, está ambientado en un jardín e imagina tres voces: flores hablando con el poeta jardinero, el poeta jardinero y una figura divina omnisciente.”

Los miembros de Poetry Foundation declararon sobre Vita Nova: “Aunque el tema aparente del libro es el examen de las secuelas de un matrimonio roto, Vita Nova está impregnada de símbolos extraídos tanto de sueños personales como de arquetipos mitológicos clásicos. Las siete edades incluye recuerdos y la contemplación de la muerte.”

En Averno toma el mito de Perséfone como eje. Nicholas Christopher destacó la lucha de Glück “con algunos de nuestros más antiguos miedos: el aislamiento y el olvido, la disolución del amor, la falta de memoria, el colapso del cuerpo y la destrucción del espíritu.”

Noche fiel y virtuosa

“Glück es la peregrina perdida”, dijo la poeta Arlice Davenport sobre Noche fiel y virtuosa, el decimotercer libro de poemas de la escritora.

En “Paisaje aborigen”, incluido en Noche fiel y virtuosa, se perciben la presencia de los padres y los recuerdos de la infancia. Traduzco un pasaje: “Estás pisando a tu padre, dijo mi madre,/ y de hecho estaba parado exactamente en el centro/ de un lecho de hierba, cortado tan cuidadosamente que podría haber sido/ la tumba de mi padre, aunque no había ninguna piedra que lo dijera.// Estás pisando a tu padre, repitió,/ más fuerte esta vez, que me empezó a resultar extraño,/ ya que ella misma estaba muerta; incluso el médico lo había admitido.// Me moví ligeramente hacia un lado, hacia donde/ mi padre terminaba y mi madre comenzaba.// El cementerio estaba en silencio. El viento soplaba a través de los árboles;/ podía escuchar, muy débilmente, sonidos de sollozos a varias filas de distancia,/ y más lejos, un perro llorando.”

Versiono un fragmento que contiene uno de los destellos más recientes de la muerte en la obra de Glück. Está en “Aproximación del horizonte”, incluido también en Noche fiel y virtuosa: “Mi cumpleaños (lo recuerdo) se acerca rápidamente./ Quizá los dos grandes momentos colisionen/ y me veré encontrándome conmigo misma, yendo y viniendo–/ Por supuesto, gran parte de mi yo original/ ya está muerto, por lo que un fantasma sería forzado/ a recibir una mutilación.”

“Una aventura” es un texto aflictivo perteneciente a Noche fiel y virtuosa. Traduzco partes del poema: “[…] 3./ Yo estaba, comprenderás, entrando en el reino de la muerte […] Las estrellas brillaban, la luna crecía y menguaba. Pronto/ se me aparecieron rostros del pasado:/ mi madre y mi padre, mi hermana pequeña; no habían, al parecer,/ terminado lo que tenían que decir, aunque ahora/ podía escucharlos porque mi corazón estaba quieto. […] 5./ Como todos habíamos sido carne juntos/ ahora éramos niebla./ Como
habíamos sido antes objetos con sombras,/ ahora éramos sustancia sin forma, como químicos
evaporados.”

Gran parte de la obra de Glück se refiere a la terminación y a la pérdida –muerte, divorcio. El poema que le da título a Noche fiel y virtuosa concluye con una alusión a los finales. Al traducir a la poeta neoyorquina una nueva realidad se asoma: “Creo que aquí te dejo. Ha llegado a parecer que/ no hay un final perfecto./ De hecho, hay finales infinitos./ O quizás, una vez que uno comienza,/ sólo hay finales.”

Louise Glück, desde la nostalgia y la reflexión, se sumerge en la reminiscencia y el anhelo.

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El cine arte se reactiva en la frontera Colombo-Venezolana

“Contra viento y pandemia” se celebró desde el 21 y hasta el 26 de septiembre el Décimo Festival para Cinéfagos en la Frontera, evento binacional de cine arte en la frontera colombo-venezolana, realizado en las ciudades de San Cristóbal, Venezuela, y en San José de Cúcuta, Colombia, un evento pionero en la reactivación de las actividades sociales y económicas del sector cultura. Los asistentes presenciales y virtuales del evento vivieron una experiencia con 51 filmes de diferentes categorías, algunos de ellos destacados en una jornada de premiación. El Festival contó además con talleres, performance, concursos y foros. Todo esto con relevancia internacional.

Primera vez en la frontera colombo-venezolana.

Aunque el Festival tiene una historia que remite al 2010 con la Fundación Bordes como organizadora, no fue sino hasta el presente año que pudo realizarse por primera vez en Cúcuta, toda vez que miembros del equipo organizador quedaron atrapados en Colombia luego del cierre de la frontera el 13 de marzo según lo ordenó el Decreto 402 del 2020. Aun así, apoyados virtualmente por colegas de la Fundación Bordes y también por organizaciones y artistas colombianos, se logró ejecutar del 21 al 26 de septiembre un evento que, debido a las circunstancias epidemiológicas actuales no tiene precedentes.

Algunas organizaciones colaboradoras que están comprometidas con el proceso de reactivación del sector cultura, con la bandera del cine en esta ocasión, fueron la Fundación Humanitaria ViveCúcuta, Cine Club de la Universidad de los Andes Táchira, Cine Túur Cúcuta, Bordes Galería Café y Productora Audiovisual para Cinéfagos.

 

Cinéfagos degustando cine binacional e internacional.

Los asistentes o “cinéfagos” (como lo denominaron sus organizadores) llegaron a degustar diversidad de sabores en filmes provenientes de Asia, Europa y claramente una cuota de América Latina y del Norte. Estas producciones fueron sometidas a concurso bajo el concepto de los jurados Carlos Caridad, Inti Torres y Maurizio Liberatosciolli, que dieron como ganadores de las siguientes categorías a: Mejor cortometraje de ficción, The Passport, por Bavali (Irán); mejor dirección de arte, Maiden, por Aghakhani y Saeedi (Irán); mejor sonido, Horroscope, por Diggler (España); mejor cortometraje nacional venezolano, Qué hago yo aquí, por Maríalejandra Martín; mejor documental, Proxima paragem, por Florence Weyne (Portugal); mejor vídeo musical, breadcrumbs, por Jan Eilhardt (Alemania y Grecia); mejor vídeo arte, Port lands, por Zachary Finkelstein (Canadá); mejor vídeo danza y mejor música original, 4, por Mariana Palacios y Adrián del Arroyo; y mejor cortometraje, Riviera, por Jonas Schloesing (Francia). Hay que decir que se tuvo en cuenta el concepto del equipo organizador y del público: Premio Bordes, Shapes and sizes, por Pamela Falkenberg (USA); y premio del público, Panic Attack!, por Eileen O’Meara (USA).

 

 

Fuera del cine, Cinéfagos en la frontera no solo ofreció a sus asistentes una serie de películas sino también talleres de Stop motion, a la cabeza Josué Jaramillo; ponencias con estudios sobre la emoción, el análisis fílmico del documental de creación, llevadas a cabo por los jurados mencionados en el párrafo anterior; foros, destacándose el Observatorio de Asuntos de Género del Norte de Santander, presentado por Gabriela Chacón, quien articuló su charla con Carne, un documental animado realizado por Camila Kater (Brasil) presentado como muestra especial en el festival; y presentaciones de vídeo danza, tomando el protagonismo las artistas Liz Pérez y Atenea.

Reactivación cultural pionera.

Para cerrar, es importante resaltar que este festival de cine arte es pionero en la región por ser el primer de corte binacional que se realiza de forma virtual y presencial, con sede en Cúcuta y San Cristóbal (para cumplir con las respectivas medidas de bioseguridad), y teniendo aun la amenaza latente de una pandemia, dejando consigo dos llamados de atención: a los artistas y gestores culturales locales e internacionales, el COVID no puede ser ya un impedimento para realizar eventos de manera colaborativa en pos de la reactivación del sector cultura y su fortalecimiento local, nacional, binacional e internacional; y a las capitales de ambas repúblicas, es necesario virar sus miradas hacia las fronteras para comenzar a tener procesos de desarrollo territoriales que mantengan como constante la “binacionalidad” como influencia cultural en una frontera, y más en una tan particular como la colombo-venezolana.

Para más información del evento, visítese el sitio web de la Fundación Bordes, www.bordes.com.ve, y sus redes sociales en Facebook e Instagram.

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Viernes, 25 Septiembre 2020 04:59

Camisas de fuerza

Camisas de fuerza

Imaginemos que en las bases de convocatoria de uno de los premios literarios importantes establecidos en nuestra lengua, digamos el Alfaguara o el Herralde, se estableciera como requisito de participación que la novela concursante debe llenar determinados requisitos sobre el tema y en cuanto a la procedencia racial de los personajes, o su género, sus preferencias sexuales, o sus capacidades físicas.

No estoy usando mi fantasía para crear un escenario distópico. Sólo hago una transferencia al territorio de la literatura de las condiciones que se acaban de establecer para las producciones que a partir de 2024 compitan por el premio Óscar a la mejor película.

En cuanto a "representación en la pantalla, temática y argumento", la película debe centrarse en uno de los siguientes grupos: "mujeres, una etnia poco representada, personas LGTBI+, o personas con discapacidad física, cognitiva o auditiva". "Al menos uno de los actores principales o secundarios de cierta relevancia, deben ser parte de uno de los siguientes grupos raciales o étnicos: asiático, latino/hispano, negro/afroamericano, indígena/nativo, americano/nativo de Alaska, originario del cercano Oriente o del norte de África, hawaiano nativo u otro tipo de isleño originario de Oceanía, o de otra etnia poco representada". Y 30 por ciento de los actores secundarios debe llenar todos estos mismos requisitos.

Algunas de estas condiciones pueden ser intercambiadas, o sustituidas, por la misma representación diversa en los equipos de dirección y producción, que no se ven en la pantalla; pero todo obedece a un plan para enfrentar “el mayor desafío de nuestra historia para crear una comunidad más igualitaria e inclusiva… tanto en la creación de las películas como en el público que conecta con ellas”.

Conviene separar, antes de seguir adelante, la justicia de las políticas de inclusión social, racial y de género, que responde a una lucha de siglos de la humanidad por la conquista de la justicia, de la pretensión de imponer temas y cuotas dentro de la obra de arte, que representa por sí misma un campo infinito de diversidad, y asimismo de libertad, sin lo cual el acto creativo no sería posible. Y en esto equiparo al cine, del que he sido devoto toda mi vida, a la literatura, que es mi otra devoción, como escritor, y como lector.

He oído alegatos de que las alarmas respecto a estas reglas son exageradas, porque se trata de requisitos leves, que bien pueden ser evadidos parcialmente sustituyéndolos por los otros, invisibles, que atañen a la composición de los equipos de producción; y que, en todo caso, de tan leves, no se notarían, y el cine seguiría siendo el mismo.

La censura nunca es leve, y su tendencia es a avanzar, una vez establecida una cabeza de playa, porque las exigencias que llevan a imponer en el arte cánones políticos, sociales, o morales, nunca se sacian, por mucho que las intenciones puedan parecer benévolas, o justicieras.

No veo tampoco por qué no, a algún bien intencionado no se le ocurra ensayar esas mismas reglas en la literatura. Jurados literarios determinados a servir de muro de contención contra la discriminación. Comités editoriales celosos de reglas de contenido que no perturben al lector, o busquen evitar el arraigo de tendencias morales, políticas o filosóficas perjudiciales al conjunto de la sociedad. De todo estos hemos visto antes, ya sea porque el Estado se impone como el "gran benefactor" de las conciencias, o porque grupos de presión buscan conquistar terreno y consideran que la creación artística es la joya de la corona, por su poder de influencia espiritual.

Y cuando se trata de reglas, la naturaleza ideológica deja de importar. En la espléndida novela de Julian Barnes, El ruido del tiempo, Stalin atormenta a Shostakóvich porque quiere imponerle, en cambio de su música reaccio-naria y decadente, los parámetros del realismo socialista que canta las virtudes del hombre nuevo, siempre optimista, mirando hacia el futuro luminoso.

Censura desde el poder, pero también desde los grupos de presión. Cuando Memoria de mis putas tristes, la novela de García Márquez, fue convertida en México en una pieza de teatro, la representante de una organización feminista exigió que se prohibiera su representación, por las mismas razones morales que Lolita, la obra maestra de Nabokov fue sacada de las bibliotecas públicas en Estados Unidos: el uso de "nínfulas" como personajes.

La regla debería ser entonces: "no se permite en las novelas la figuración como personajes con connotación sexual, de personas del sexo femenino menores de 15 años de edad". Esto incluiría, por supuesto, la pintura, para prevenir casos tan lamentables como el de los cuadros de Balthus, maestro de la incorrección.

Ganar espacios de representación, y conquistar la justicia postergada, o denegada, nada tiene que ver con la imposición de reglas que buscan entrar en el territorio de la creación artística, y moldearla, adaptarla o limitarla. Al imponer a una obra de arte una camisa de fuerza, se le impone, en fin de cuentas, a toda la sociedad.

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El artista plástico Grayson Perry presenta su último hallazgo creativo en la galería Victoria Miro.- REUTERS

Frente a los suculentos beneficios de las grandes corporaciones dedicadas al entretenimiento, nos topamos con toda una estirpe de autores en franco declive, aferrados a una vocación que apenas les proporciona sustento.

 

Ahora que el cuerpo (físico) ha dejado de ser del todo fiable para convertirse en un potencial agente patógeno. Ahora que las propiedades asépticas de ese otro cuerpo (virtual) que nos acuna a través de lo digital gana enteros y se hace, si cabe, más trascendente; la tecnología se antoja ubicua e ineludible. Quizá por ello (o a costa de ello) las grandes firmas tecnológicas van a salir envalentonadas de una crisis vírica cuyos efectos contagiosos no se ciñen a un cuerpo, ni siquiera a millones de ellos, sino que prevén zarandear también la economía de nuestro tiempo.

La industria cultural, por su parte, parece librarse de esa caída libre generalizada. Ya sea por su labor como surtidor de evasión en tiempos confinados, o por su eficiencia a la hora de construir universos simbólicos; lo cierto es que no tiene pinta de caer. Al contrario, la pandemia ha puesto de relieve el potencial de la industria cultural, quizá porque su materia prima se crece cuando más lo necesitamos. De hecho, no resulta descabellado asegurar que nunca como en el confinamiento se ha visto, escuchado y leído tanta creación.

Y entonces por qué malviven nuestros creadores. Por qué nuestros artistas se dan de bruces una y otra vez con una realidad que les empuja al pluriempleo y a la falta de derechos. Frente a los suculentos beneficios de las grandes corporaciones dedicadas al entretenimiento, nos topamos con toda una estirpe de autores en franco declive que, aferrados a una vocación que apenas les proporciona sustento, se siguen autodenominando músicos, pintores, guionistas o escritores. 

Las migajas del 'streaming'

La supuesta panacea de las plataformas de streaming, tan en boga durante el confinamiento, muestra su cara más perversa conforme se analizan sus cifras. Veamos, por ejemplo, las plataformas de música, un escaparate del que nadie quiere apearse, máxime si nos atenemos a que entre 2013 y 2018 el mercado digital en nuestro país ha pasado de generar el 40% al 71% de los ingresos de la industria de la música, según el anuario de la SGAE a partir de datos de Promusicae, convirtiéndose en "el elemento más importante de la economía vinculada a la música grabada".

En marzo, The Trichordist, un blog estadounidense especializado en derechos de los artistas, difundía unas tablas que evidenciaban el trato abusivo que las principales plataformas de música en streaming brindan a los creadores. Según estos datos, Spotify estaría pagando a sus autores del orden de 0,0031 euros por cada reproducción, lo que equivale a unas 312.000 reproducciones al mes para alcanzar estatus de mileurista. YouTube, por su parte, abundaría en la broma y para obtener esos mismos 1.000 euros, los tenedores de derechos tendrían que sobrepasar las 714.000 de reproducciones.

Según Pedro Buil, profesor colaborador de la UOC especialista en industria cultural, "todas estas plataformas han hecho resurgir a nivel macroeconómico a una industria que estaba herida de muerte, así lo indican las cifras que manejan, pero es inevitable preguntarse también a quién está beneficiando este buen momento". Sobra decir que a los músicos no.

La devaluación del autor

Como decimos, la gente sigue consumiendo cultura. No es una industria cuya materia prima haya quedado obsoleta, la gente sigue necesitando de cultura sobre todo cuando vienen mal dadas y se buscan otros mundos en este. La oferta no ha disminuido (más bien al contrario), lo que ha pasado es que se ha abaratado la producción hasta tal punto de que son muchos los autores que asumen los costes y tratan de monetizar parte de lo invertido subiendo sus creaciones a la red.

El ecosistema al que se enfrentan estas obras prioriza lo cuantitativo, lo que implica que tendrán que lidiar con una ingente cantidad de contenido. "Además, no hacen un pago directamente proporcional al peso que debería tener un artista determinado por el número de reproducciones, sino que las grandes compañías ejercen presión sobre Spotify para que sus artistas tengan mejores condiciones", incide Buil. Así las cosas, sin el apoyo (o mejor dicho; sin el lobby de una major) ya puedes tener talento... 

La aritmética aquí no tiene muchas vueltas. Si el precio de la mano de obra se devalúa, la oferta se multiplica y el reparto de los beneficios está en manos de unos pocos muy pocos, las migajas sobrantes conforman la dieta extrema de la gran mayoría de autores.

Una élite artística

Con la economía patas arriba y un escenario precovid que ya era el sálvase quien pueda, vivir de la cultura en nuestro país se ha convertido en algo cercano al privilegio. La actividad creativa, con su elevado grado de intermitencia y flexibilidad, implica vivir en una economía de guerra durante años. ¿Puede uno vivir de la vocación? La respuesta es sintomática, y nos habla de un modelo que privilegia a unos pocos, que serán los que finalmente produzcan la cultura que consumimos.

La radiografía más reciente de la AISGE (Artistas e Intérpretes Sociedad de Gestión), fechada en 2016, desvelaba que sólo el 8% de los actores y actrices de este país ganaba más de 12.000 euros al año, mientras que el resto no llegaba ni a mileurista. El sector del arte, por su parte, no es más halagüeño. Según un estudio de la Fundación Antonio de Nebrija, en 2017 solo el 15% de los artistas españoles podían permitirse el lujo de vivir de sus obras. ¿Quién sobrevive a algo así? Muy fácil; aquellos artistas cuyas rentas familiares o patrimoniales les permiten desempeñar sus labores creativas. 

MADRID

21/09/2020 22:14 ACTUALIZADO: 22/09/2020 09:37

JUAN LOSA

 @jotalosa

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El centenario de Mario Benedetti, poeta universal

El gran autor uruguayo nació el 14 de septiembre de 1920

Entre sus múltiples oficios de juventud, solo uno se convirtió en el fuego que condujo toda su carrera, el amor inquebrantable por la poesía. Hoy habrá un gran homenaje online del Instituto Cervantes y Editorial Alfaguara.

 

 

 “Un pesimista/ es sólo un optimista/ bien informado”. Este haiku, esa forma oriental que ha cautivado al mundo occidental, lo escribió un hombre extremadamente tímido y sencillo que estaba convencido de que “la poesía dice honduras que a veces la prosa calla”. Pocos poetas han sido tan saludablemente plagiados como él. Los jóvenes de varias generaciones se han enamorado con sus poemas y han leído y cantado “Te quiero” y “Por qué cantamos”, entre otros poemas. Mario Benedetti -que cumpliría 100 años este lunes 14 de septiembre-, el uruguayo más universal, fue uno de los escritores más prolíficos y populares de América Latina. Aunque frecuentó todos los géneros literarios -novela, cuento, ensayo, teatro y crónica-, la poesía era como el aire que respiraba. Tal vez sea el poeta más leído en nuestro idioma y quizá también el más cantado, gracias a Joan Manuel Serrat, Nacha Guevara y Daniel Viglietti, entre otros músicos.

En el centenario de Benedetti (1920-2009), uno de los homenajes principales será el organizado conjuntamente por el Instituto Cervantes y la editorial Alfaguara este lunes 14 a las 19 hora de España (14 hora Argentina), en los que participarán Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Benjamín Prado, Elvira Sastre, Pilar Reyes, Luis García Montero, Vanesa Martín, Chus Visor y Rozalén, entre otros. El acto, en el que se presentará Mario Benedetti. Antología poética, con selección y prólogo de Serrat, será transmitido en directo desde la página web del Instituto y por su canal de Youtube. En el prólogo de la antología Serrat comenta que conoció a Benedetti en Madrid, donde acordaron hacer un disco a cuatro manos. “Canción a canción, a caballo entre Madrid y Barcelona, lo fuimos preparando con poemas elegidos de mutuo acuerdo que Mario corrigió y adaptó a rimas y ritmos más tradicionales para ser cantados. Eran versos publicados con anterioridad, a excepción de la canción que le da título al disco El sur también existe, escrita especialmente para la ocasión”, aclara el cantautor español. El Grupo Planeta invita a los lectores a pegar en sus ventanas frases de Benedetti, sacarles una foto y subirlas a las redes sociales con el hashtag #BenedettienMiVentana.

Corazón coraza

Benedetti nació el 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros, departamento de Tacuarembó, como Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti Farrugia. Después de la quiebra de la farmacia que tuvo su padre, los Benedetti se trasladaron a Montevideo cuando Mario tenía cuatro años. El niño que se entretenía de la mano de Emilio Salgari y Julio Verne comenzó sus estudios primarios en el Colegio Alemán de Montevideo, de donde fue retirado por su padre cuando se enteró que hacían el saludo nazi. Como sabía hablar el idioma de Goethe, participó de la película El lado oscuro del corazón, de Eliseo Subiela, basada en poemas de Oliverio Girondo, Juan Gelman y el propio Benedetti, donde aparece recitando un poema propio en alemán: “Corazón coraza”.

A los catorce años empezó a trabajar vendiendo repuestos para automóviles; pero también se ganó la vida como vendedor, taquígrafo de una editorial, cadete, oficinista, gerente de una inmobiliaria y periodista, entre otros oficios que ejerció. En un banco de la plaza San Martín en Buenos Aires, adonde llegó en 1938 a los dieciocho años, leyó una antología de Baldomero Fernández Moreno y el chispazo fue fulminante: supo que quería escribir poesía. Benedetti, que se consideraba discípulo de Fernández Moreno, del peruano César Vallejo y del español Antonio Machado, fue integrante de la Generación del 45 uruguaya a la que pertenecieron Idea Vilariño y Juan Carlos Onetti, entre otros. 

Al acercar el habla coloquial y de la vida diaria a la escritura, construyó una épica de lo cotidiano. Aunque la tirada era muy limitada, su primer éxito modesto fue Poemas de la oficina (1956); antes había publicado los poemarios La víspera indeleble (1945) y Sólo mientras tanto (1950) y los relatos de Esta mañana y otros cuentos (1949). En 1945 se integró al equipo del semanario Marcha, hasta 1974, cuando fue clausurado por la dictadura de Juan María Bordaberry. Sus viajes a Cuba fueron consolidando el despertar de su conciencia política. En 1968 creó y dirigió el Centro de Investigaciones Literarias de Casa de las Américas. Junto a miembros del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, fundó en 1971 el Movimiento de Independientes 26 de Marzo, una agrupación que pasó a formar parte del Frente Amplio desde sus orígenes.

“Sumiso por fuera, rebelde por dentro”

El exilio de Benedetti fue por etapas: primero se trasladó a Buenos Aires en 1973, pero la Triple A le “concedió” un plazo de 48 horas para que se fuera; entonces rumbeó hacia Perú. En Lima fue detenido y deportado. Estuvo en Cuba en 1976 y finalmente llegó a España, donde alternó su estadía entre Palma de Mallorca y Madrid hasta 1983. La versión cinematográfica de su novela La tregua (1960), la historia de ese hombre viudo que se enamora de una compañera de trabajo mucho más joven que él, dirigida por Sergio Renán, fue nominada al Oscar a la mejor película extranjera (1974); aunque finalmente lo ganó la película italiana Amarcord, escrita y dirigida por Federico Fellini. 

“Me llamaron mucho la atención sus Poemas de la oficina y pronto fui siguiendo todos sus libros”, cuenta Benjamín Prado a Página/12. “También leí bastante joven su novela La tregua, que tengo la impresión de que me gustaba a mí más que a él; le había cogido algo de manía por la versión cinematográfica, que detestaba. A mí la película tampoco me pareció tan mala”, recuerda Prado y dice que siempre le llamó la atención “la mezcla de enamorado y funcionario, ese hombre triste, sumiso por fuera y rebelde por dentro, capaz de escribir unos poemas de amor que no sé tampoco si se parecían mucho a él, que estuvo toda la vida enamorado de Luz, su mujer”. Prado veía a Benedetti casi todas las semanas cuando estaba en Madrid. “Lo íbamos a visitar con su editor y el mío, Chus Visor, tomábamos un par de cervezas y hablábamos de los dos temas que más le divertía: la poesía y el fútbol (era hincha de Nacional). Era una persona entrañable pero no cariñosa, poco expansivo, bastante tímido, pero de una generosidad grande y que siempre se alegraba de que un amigo lo visitara, eso sí, a la hora programada, porque era un maniático de la puntualidad", advierte Prado. "Cuando yo empecé otra vida y él había acabado la mitad de la suya, porque al morir su mujer ya no quiso volver al piso de Madrid, insistió muchísimo a Chus Visor en que fuera a su casa y cogiera todo lo que necesitase, para llenar un poco el piso vacío al que yo me había mudado. Aún sigo utilizando muchas de las cosas que fueron suyas y él me regaló”.

Pilar Reyes, directora editorial de Alfaguara, subraya que el paso del tiempo “no ha restado vitalidad” a la obra de uno de los poetas más leídos del castellano. “Los jóvenes que habitan nuestra lengua siguen pidiendo prestados sus versos para hablar de amor, convirtiéndolo en uno de los escritores más citados. Tampoco su narrativa ha caído en el olvido: La tregua sigue siendo un libro visitado por varias generaciones, y todos los años se reedita. La historia de Martin Santomé y Laura Avellaneda conmueve a miles de lectores a ambos lados del Atlántico. La razón de su vigencia, a mi juicio, es que su yo poético siempre tuvo que ver con la vida, con las urgencias esenciales de la existencia: el amor, la oficina, el compromiso político, la nostalgia del exilio, la soledad, expresadas en un lenguaje que buscaba atrapar el habla, lo coloquial, es decir, también la vida”, explica Reyes.

La sencillez de lo complejo

A los 28 años, la poeta Elvira Sastre pondera el hecho de que Benedetti es un poeta muy conocido en España: “Nos hablan de él desde que somos pequeños, aunque a lo mejor no tengamos sus libros en el Instituto”. La poeta, que ganó el premio Biblioteca Breve 2019 con su novela Días sin ti, revela que entre sus poemas preferidos están “Pausa”, “Amor de tarde”, “Corazón coraza” y “No te salves”. “Tiene un estilo de escritura que me apasiona y que consiste en hacer accesible y sencillo lo que es muy complejo, que era la manera en que escribía. Yo creo que lo leí cuando estaba descubriendo muchos poetas a la vez, pero es de los que se quedó y a los que vuelvo muy a menudo", reconoce Sastre. "Hace unos años leí Primavera con una esquina rota, y me encantó. Las novelas que tienen tanta poesía me encandilan, se me quedan grabadísimas. Aunque tengo muy leída la poesía de Benedetti, me queda todavía descubrirlo y leerlo en prosa”. Además de La tregua y Primavera con una esquina rota (1982), publicó las novelas Gracias por el fuego (1965), El cumpleaños de Juan Ángel (1971), La borra del café (1992) y Andamios (1996); y las colecciones de cuentos Montevideanos (1959), La muerte y otras sorpresas (1968) y Despistes y franquezas (1989), entre otros libros de relatos.

El poeta y director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, también empezó a leer a Benedetti por Poemas de la oficina y luego pasó a Inventario. “Lo conocí al principio de los años 80. Los jóvenes españoles que salíamos de la dictadura franquista estábamos intentando transformar la realidad, no sólo para votar cada cuatro años, sino para cambiar nuestra educación sentimental, nuestra manera de decir yo o decir te quiero. La poesía de Mario fue una buena compañera porque unía la historia y la intimidad, el compromiso y la soledad individual”. García Montero precisa que el escritor uruguayo optó por una tradición en la poesía, representada por Machado y Fernández Moreno. “Frente al prestigio de la poesía oscura o experimentalista, eligió la claridad. Los poetas partidarios de lo oscuro dicen a veces muchas tonterías camufladas en la espesura o no dicen nada. Se creen herederos de los dioses más que ciudadanos. La claridad deja al descubierto debilidades y fortalezas", plantea el director del Instituto Cervantes. 

"La poesía de Mario tiene muchas cosas que decir en un mundo como el de hoy, en el que las redes facilitan la convivencia de la intimidad y lo público. Podemos releer uno de sus primeros libros, Poemas de la oficina, y el último, Testigo de uno mismo, y advertir la importancia de la mirada que se autovigila y que respeta su soledad cuando se acerca a la vinculación con el nosotros. Mario creyó que el lenguaje poético no era una rareza, sino la versión personal del lenguaje de todos”, cierra García Montero. Los poemas de Benedetti son como grandes ojos abiertos a la vida.

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Silvio Rodríguez: “A veces es difícil acercarse a esos temas tan obviamente políticos de una manera que no sea... vulgar”

En Para la espera, el nuevo disco de Silvio Rodríguez, el trovador cubano retorna al icono de sí mismo volviendo a ser hombre solo con guitarra. En esta entrevista habla sobre las 13 canciones que lo componen.

 

También Silvio Rodríguez va enmascarado estos días. Es lo único distinto que resalta en él cuando llega a la puerta de los estudios Ojalá, en La Habana. Por lo demás, podría tratarse de un momento cualquiera. Tiene el pelo tan corto como suele llevarlo. Ahora que la pandemia mantiene a tantos alejados de las tijeras de barbero, su costumbre de pelarse él mismo con máquina lo ha librado de una posible melena involuntaria mientras dura el aislamiento por el covid-19.

Entra al estudio y saluda chocando nudillos. Veo de cerca la calavera y la flor tatuadas en su mano derecha, su marca. Como dicen, “con el puño cerrado no se puede dar la mano”, pero el saludo tiene algo fraternal, algo de rapero. Detrás del cristal de sus espejuelos creo ver que lo divierte.

Con los puños cerrados también se puede jugar. Esconder algo pequeño en una mano, cerrar las dos y entrecruzarlas para que alguien pruebe suerte y escoja, tratando de adivinar cuál guarda la prenda, a veces aun sin saber qué es. La expectativa, la promesa de una sorpresa posible, crean fascinación. A eso le canta Silvio en “La adivinanza”, el primer sencillo en ver la luz como adelanto de su nuevo disco, Para la espera.

Como manda el protocolo vigente, nos separan casi dos metros durante esta entrevista, que se propone ser algo parecido al making of de las 12 canciones y una pieza instrumental que conforman el disco. Su único autor e intérprete conversa cómodamente y se saca los zapatos, dejando ver unas medias rojas a rayas.

Después de Amoríos (2015) donde lo acompañó un formato al estilo jazz band, Silvio ha vuelto a ser trovador con guitarra. Regresa al icono de sí mismo. Escribió y compuso los temas, primeras versiones todos; los toca y canta solo él. “A veces uno no sabe bien de dónde salen las canciones. Creo que esta es de una foto. Siempre que la canto, esa foto es lo que veo”, cuenta sobre la canción “La adivinanza”.

Con dirección de Eduardo Tito Delgado, Silvio fue con Diákara a un monte a filmar un video clip para “El Güije”. Allí los rodeó un grupo de niños. “Y quedó esa imagen donde Tito, una persona maravillosa, les tiene las manos puestas así —dice Silvio cruzando las suyas—, quedó esa cara de los niños...”.

En el disco, Silvio también toca el bajo, la percusión y hace las segundas voces. Es suyo el silbido mitad alegre mitad melancólico que suena en “Aunque no quiero, veo que me alejo”, “una canción medio esotérica: es un tipo que se muere y le deja un mensaje a la amada en el espejo”, dice.

“Conteo atrás” es la historia sobre alguien que debía coger un tren y se le fue, “lleno de gente más puntual”. “Llegó tarde, pero no se quiere excusar”, explica Silvio. “Él dice ‘ya aprendí, no me pasa más’. Pretende ser una especie de ‘no me justifico’, ‘no quiero exceso de bondad’... No quiero que sean blandos conmigo cuando me juzguen”.

¿Es una declaración?
Es una metáfora de muchas cosas, tanto personales como colectivas. Pero lo que repito en esta canción es la necesidad, la voluntad de aprender y de ser autocrítico en cualquier circunstancia adversa, sea momentánea o trascendente; por eso dice y repite el compromiso de no equivocarse al día siguiente, aunque con esto no pretende justificarse ni un “exceso de bondad al hacer (el) conteo atrás”. Es algo que le puede haber pasado a cualquiera.

¿Qué es “la cosa”?
Es algo que está ahí, pendiendo. Yo no quisiera que llegara. Ojalá nunca llegue; pero por momentos parece que viniera. “La cosa” que reescribe el pasado.

Solo tres canciones del disco no son inéditas. “Viene la cosa” es una de ellas, cantada varias veces en los conciertos en los barrios, que ya suman 109 a lo largo de más de diez años. “Jugábamos a Dios” es otra. “La hice para Afinidades —cuenta—, una película de Pichy [Jorge Perugorría] y Vladimir Cruz sobre la corrupción. Entonces yo quise compensar ese tema con algo de la inocencia original, de que llegamos a esto pero antes fuimos de otra manera, tuvimos otro pasado”.

“Si Lucifer volviera al paraíso” también trata sobre el desvío, el destino que no fue, lo que pudo ser otra cosa o tomar un camino diferente. “A mí siempre me fascinó esa historia de que Lucifer había sido un ángel. Tú me dices que lo más malo que hay... había sido un ángel, ¡¿fue ángel?!”, dice Silvio con la intensidad de quien pronuncia una mala palabra.

¿Por qué te fascinó?
Descubrir que el símbolo del mal, Lucifer [portador de la luz], fue primero uno de los arcángeles de Dios; esto, y el hecho de que después adoptara el nombre de Satán [oponente o adversario], me hizo pensar que este tema crucial de la cultura cristiana —que en diversos sentidos heredamos— viene de una diferencia de opiniones, de un hijo que se rebela a los preceptos paternos, de un hecho generacional. Ese es un tema. Que no se detiene ahí, porque continúa con la posibilidad de que el supuesto diablo de tiempos gloriosos ya no sea tal sino más bien “un pobre diablo” del que algunos hacen mofa. Pasa en la vida en muy diferentes direcciones, sobre todo a quienes tienen la costumbre de alardear, de lo que sea.

“Noche sin fin y mar”, escrita en 2017, está dedicada a Luis Eduardo Aute porque su amigo, fallecido en abril, tiene una historia propia con la canción. “Yo estaba tocando su guitarra —cuenta Silvio— porque Miguel, su hijo, la llevaba al hospital para tocarle mientras estuvo en coma. Cuando llegué con el doctor Calixto Machado, neurólogo cubano que fue decisivo en su recuperación, me puse a cantarle ‘Noche sin fin y mar’, y en ese momento despertó”.

“Modo frigio” la soñó. “Hay canciones que sueño. Y cuando la estaba escribiendo me pareció que podía haber sido una canción de Alberto Cortez. Estuve esperando a verlo para mostrársela pero no me dio tiempo, de pronto se había ido”.

“Pues a veces —retoma— me pasa eso: pensar ‘esta pudo ser una idea de Fulano, o de Mengano’ y lo siento como una presencia en ese momento. Esta me lo recordó porque es dramática. ¿Nunca viste a Alberto Cortez en escena? Fascinaba, se convertía en otra cosa, era un perfecto animal de escena. Yo quería verlo para decirle: ‘Coño, hice una canción como las tuyas’, pero murió y no pude decírselo, no la pudo conocer. A lo mejor tampoco le gustaba. Eso también puede pasar”.

Es la primera vez que Silvio Rodríguez lanzará un disco solamente en plataformas digitales; pero quiere “que la gente aquí en Cuba lo tenga, que lo copien, que lo graben. Quiero regalarles este disco a los cubanos”.

“En general —resume—, el disco está hecho de canciones que, aunque haya sentimientos afines, son muy distintas entre sí, y eso es algo que me complace. Eso y que no hay violencia. Son canciones introspectivas, suavecitas; aunque nunca me gustaron las canciones bonitas”.

¿Cuáles son las canciones bonitas?
Esas que son así, melódicas... No las persigo, ni las odio tampoco, pero desconfío un poco de lo bonito, por principio. En el disco también hay canciones un poco raras, y hay hasta algo lúdico como ‘Los aliviadores’, que es una canción familiar para mi hija Malva y mi nieto Diego. Ellos nacieron al mismo tiempo y se criaron con una relación más de hermanos que de tía y sobrino. Siempre pensé que el doctor Schweitzer, de quien se decía que caminaba mucho como médico misionero en África, debió tener unos dolores de pies y de espalda terribles, y juego con eso en la canción.

 “Danzón para la espera”, de donde viene el título del disco, “es una de esas canciones —cuenta— que uno empieza a hacer, pero se demora en ella, y luego por lo que la empezó ya pierde sentido”.

¿Por qué la empezaste?
Empecé a hacerla cuando los Cinco todavía estaban presos. Yo quería hacer una canción sobre eso; pero a veces es difícil acercarse a esos temas tan obviamente políticos de una manera que no sea... vulgar. Pero siempre le quedó esa aureola de esperanza; así que la retomé ahora con lo que estamos viviendo y el hecho de que todo el mundo esté esperando y esperando.

¿Estás componiendo algo en estos días de cuarentena?
No he tocado la guitarra [lo confirman unas uñas muy cortas]. La paso escribiendo, pintando, atendiendo el blog y disfrutando de mi familia.

“Después de vivir’ es de esas canciones misteriosas... misteriosa hasta para mí, porque habla de después de vivir. Se me ocurrió un día y lo grabé: eso de que hubiera un tiempo entre salir de la vida y entrar en la muerte”, afirma el músico. El ambiente solitario de ese umbral lo tiene el disco. Se puede “escuchar la escena” de Silvio grabando solo en el estudio. O tener la visión de la portada de Rodríguez, donde aparece su sombra proyectada sobre el fondo del escenario. Trovador en su elemento, limpio, sin filtros ni más compañía que la guitarra.

“Hablando objetivamente —explica— es más cómodo tocar con músicos, porque puedes concentrarte más en la interpretación vocal. Autoacompañarse, aunque obtiene un resultado más personal, multiplica la responsabilidad, son más funciones simultáneas, es más complejo. Suelo trabajar mucho con los músicos por esa razón. Porque intento que el ensamble llegue al grado de compenetración que alcanzo con la guitarra. Si se trabaja adecuadamente puede haber muy buenos resultados. Mis compañeros músicos a menudo sufren esa obsesión que tengo, pero lo cierto es que lo entienden y trabajan conmigo en ese sentido”.

Silvio ha detenido la producción de dos discos por las medidas impuestas para prevenir la propagación del covid-19. Espera retomar el trabajo cuando pase el aislamiento en vigor. ¿Seguirá igual la vida? ¿Cómo es el mundo que está por venir?

“Hay muchos pensadores de distinto calibre y tendencias reflexionando sobre lo que estamos viviendo. Yo personalmente no creo que el mundo vaya a cambiar mucho. Vamos a tratar de volver a ser nosotros, para bien y para mal. Ya estamos mal acostumbrados y mal hechos, y hay muchos intereses con poder. Sí creo que es posible que todo esto nos ayude a reflexionar sobre la libertad y la transparencia”, dice quien tiene a su cargo hace diez años la pequeña república democrática que es un blog personal, foro de comentarios incluido.

¿Sigues sintiéndote en control de tu blog?
No, yo ahora soy un servidor público [risas]. Empecé siendo el dueño y ahora estoy en función del colectivo. No me desagrada eso, pero me recuerda por qué nunca me atrajo la política. No tengo lo que hay que tener para estar 24 horas dedicado al público. Me necesito, necesito tener rinconcitos propios para hacer lo que tenga ganas de hacer. Con los años uno cada vez más quiere hacer solamente lo que tiene ganas de hacer.

¿Cómo entra el público en eso?
Nunca me gustó el público, los escenarios. Yo salí porque entendí que debía y porque quise hacerlo, y sí, puede que haya cogido algún vicio de eso. Uno era más joven y necesitaba probar cosas, probarse cosas, y eso está bien si uno tiene algo interesante que decir; pero tampoco es lo más grande: hay cosas mucho más grandes.

Sin embargo, es una afirmación instalada en la cultura que el público es lo más grande que tiene un artista.
Bueno, el público es el que hace al artista; pero a la vez también hay grandes artistas sin mucho público, y personas que no son ni artistas y sí lo tienen. La escena y la relación con el público tiene mucho extra artístico que influye. En los conciertos en los barrios por ejemplo eso es distinto, porque no es propiamente “un público” sino personas que están en sus casas, y somos nosotros los que vamos. Yo quiero ir allí a compartir, nadie pagó para vernos. En ese sentido los barrios rompen esa dinámica de espectáculo, y es lo apasionante.

¿Qué música estás escuchando en estos días?
Emerson, Lake & Palmer, un trío británico de los 70 que después se hizo cuarteto. Oigo música antigua, de cámara, sinfónica... para distintos instrumentos, canciones antiguas. Rara vez escucho trovadores. Aprovecho porque cuando estoy trabajando escucho menos música. En ese momento estoy enfocado en lo que esté grabando. Y después de tanto trabajo, cuando lo termino no lo oigo más nunca.

¿Y cómo funciona ese cansancio de escuchar lo mismo tantas veces cuando se trata de tus canciones propias preferidas, o las que cantas en concierto?
No hay canciones preferidas, yo escojo mi repertorio. Nunca canté canciones con las que no estuviera de acuerdo, ese ha sido el criterio. Siempre que me pueda conciliar con ella, la canto. Uno se puede llegar a aburrir un poco, es verdad; pero vuelve a ellas si cree en ellas. A algunas, cuando les pasan por arriba los años, empiezas a encontrarles ángulos que no veías antes.

¿Con cuál, por ejemplo?
Me pasó con una canción que hice para un documental. Yo... no es que no esté de acuerdo, pero es que hablaba de cosas que después no pasaron. Es donde canto: “Te convido a creerme cuando digo futuro”..

¿El futuro de Cuba?
No solo el futuro de los cubanos, sino el del mundo. En los años 60 y los 70 parecía que lo que vendría iba a ser distinto. Había un Tercer Mundo buscando, y parecía que llegaríamos a un lugar donde habría menos prejuicios, menos guerra, que se iban a aprovechar los recursos en cosas más nobles. ¿Por cuántas guerras hemos pasado en los últimos 50 años? ¿Cuánto ha sido el gasto en armas y aparatos para destruir a la gente? ¡Y no hay para dónde irse! Me costaría trabajo cantarla ahora. Ahora hay que cantar otra cosa.

“Preguntándome aún cuál será la absoluta, profunda y rotunda verdad” se escucha en “Modo frigio”. ¿Con el paso de los años sientes que has ido acercándote a “la verdad”?
Estamos siempre buscando verdades. Tampoco soy un obseso de la verdad, me basta que haya algunas verdades básicas, que son útiles. La solidaridad es una verdad, ser capaz de ponerte al lado del otro. La compasión, que nos hace verdaderamente humanos. Pero la verdad se parece a lo que escribió Eduardo Galeano sobre la utopía, citando a Fernando Birri: sirve para caminar. La verdad es ir, es caminar, la intranquilidad, no conformarse. En Cuba no somos nada perfectos, y uno de nuestros grandes problemas fue la idea de “ya llegamos”. Para algunos ahora lo único que hay que hacer es defender el poder. Ha sido espantoso porque nos ha enquistado. Todo lo que cristaliza es muerte.

“Tic y tac, tic y tac, tic y tac del reloj“, dice “Modo frigio“. Es recurrente el tema del tiempo en el disco: devenir, ciclos, preguntas sin contestar, lo inalcanzable, añoranza de la inocencia, una sombra al acecho. Y cierra con una “Página final”, instrumental. Jugando a lo simbólico.

¿Para la espera... de una página final?
“Para la espera” es simplemente una frase que extraje de la canción “Danzón para la espera”, y que tiene que ver con el presente, nada más. Esa sencillez es la explicación. La portada la diseñé yo, con una fotografía de Daniel Mordzinski y tampoco tiene ningún significado especial. Los pies están ahí porque no me cupieron abajo. Existen cosas que parecen muy bien pensadas, que en realidad son accidentales.

El disco mismo ha sido algo casual, agrega. “Yo no me propuse hacerlo, son canciones que han nacido tomando nota en el estudio, como ensayos que yo hago, y estos eran los temas que tenía grabados y más terminados como concepto”. Silvio estaba trabajando en un disco “más grande, más complejo”, pero las circunstancias obligaron a hacer una pausa.

Ha dedicado Para la espera a siete amigos que murieron entre marzo y abril de 2020, a distintas edades, por distintas razones y en distintos lugares del planeta: Tupac Pinilla, Juan Padrón, el propio Luis Eduardo Aute, César López, Luis Sepúlveda, Marcos Mundstock y Óscar Chávez. “Excelentes creadores que el mundo ha perdido”, describe en la nota del disco.

“Ha sido tremendo —lamenta—. Y todos así: uno detrás del otro, los dos últimos meses. Tupac y Padroncito, los primeros en partir, fueron inmensos para mí. Tupac además era mi editor, una mente brillante, y Padroncito era mi amigo desde principios de los 60, en los tiempos del semanario Mella. César López, un referente de nuestra poesía y patriotismo; Luís Sepúlveda, un gran escritor y una persona maravillosa; Marcos Mundstock, un imprescindible de ese monumento a la inteligencia que es Les Luthiers; Óscar Chávez, un juglar mexicano, compañero de tantas buenas causas”.

¿Es también un disco sobre la muerte?
El disco es anterior, pero sí tiene que ver con la muerte. No es que sea el tema central, pero por ahí pasa... de vez en cuando. Te vas a dar cuenta. Lo que sí te garantizo... es que el que hizo el disco está vivo.

Por Mónica Rivero

11 jun 2020 06:00

Publicado enCultura
Coronavirus o la posibilidad de imaginar lo nunca imaginado

La resignación es el peor de todos los virus. Es importante, crucial, no aceptar el relato del “shock” y construir nuevas narrativas alternativas a las del establishment y el poder establecido.

veces nos parece que determinados acontecimientos son completamente nuevos y que todo es impredecible. Parece que no podíamos imaginarnos que fuéramos a pasar días y días en un encierro en nuestras casas debido a un virus cuyos primeros contagios se produjeron a miles y miles de kilómetros. Vivimos atrapados y atrapadas en nuestras propias vida, enredadas en nuestra rutina y, ciertamente, la mayoría bastante tiene con sacar adelante su vida precaria, mal remunerada y peor reconocida.

Pero todo ello no quita para que reconozcamos que lo que está ocurriendo era predecible. Estábamos avisados. El sociólogo alemán Ulrich Beck autor de La sociedad del riesgo escribió hace ya 28 años lo siguiente: “en la modernidad avanzada, la producción social de riqueza va a acompañada sistemáticamente por la producción de riesgos” (Beck, 2002:25)

No voy a entrar a valorar en cómo y por qué se generó el covid19, si hay razones para pensar en teorías conspirativas y qué intereses geoestratégicos puede haber detrás de todo ello. No tengo datos y creo que el tiempo irá poniendo las cosas en su sitio. En todo caso, lo cierto es que un virus que hace pocos meses se inicia en la región China de Wuhan se ha extendido ya por todo el mundo y que ello ha generado, entre otras cosas, que millones de personas en todo el mundo permanezcan confinadas en sus casas (aquellos que disponen de una..)

Esta extensión a nivel mundial de los riesgos también fue prevista por el sociólogo alemán cuando afirmaba que los riesgos de la modernización tienen una “tendencia inmanente a la globalización” (Beck, 2002:42). Vivimos en una sociedad donde los efectos de la contaminación y calentamiento global se extienden a nivel mundial mediante un aire que no reconoce fronteras. Pero, además, vivimos en un mundo que ha acortado las distancias (y los tiempos) y que, por tanto, acelera también los procesos de irradiación de los virus y de los riesgos.

Todo parece surrealista, todo parece increíble, jamás lo hubiéramos imaginado y ahora vemos como nuestras calles se apagan, el silencio se abre camino, todos y todas nos tenemos que recluir y no sabemos nada de nuestro inmediato futuro. No sabemos cuántas personas serán infectadas, cuántas personas morirán y cuándo vamos a volver a una situación que se le parezca a la de antes de ayer…

Todo parece que ha cambiado, pero no del todo. Aunque Ulrich Beck decía que la sociedad de riesgo había venido a sustituir a la sociedad de clases él mismo nos recordaba que “la historia del reparto de los riesgos muestra que estos siguen, al igual que las riquezas, el esquema de clases, pero al revés: las riquezas se acumulan arriba, los riesgos abajo” (Beck, 2002:41).

Han hecho falta sólo unos pocos días para comprobar que las consecuencias del coronavirus no nos van afectar a todas las personas por igual. No es lo mismo viajar en coche privado que en un transporte público ahora reducido y lleno de aglomeraciones, no es lo mismo confinarte en una casa de 60 metros cuadrados que en una villa, no es lo mismo tener que ir a trabajar por miedo a ser despido que poder llevar tu empresa o tus negocios desde casa.

Obviamente, tampoco es lo mismo que tengas que estar reponiendo o trabajando en la caja de un supermercado o poder trabajar desde casa con el ordenador, por cierto, como voy a poder hacer yo. Como hemos visto, tampoco es lo mismo que tengas un negocio de comestibles (te dejan abrir) o un puesto de verduras en un mercado al aire libre (los han prohibido). No es lo mismo vivir de rentas que trabajar de cuidadora en una residencia de ancianos. Y tampoco es lo mismo trabajar en una cadena de montaje o de costura de ropa que ser el dueño de la misma.

No tenemos los mismos privilegios ni las misma posibilidades para hacer frente a la situación de riesgo y es evidente que si bien el virus no reconoce a las clases, todas las clases no tienen los mismo recursos para hacerle frente. O dicho de nuevo en palabras de Beck, “los riesgos parecen fortalecer y no suprimir a la sociedad de clases” (Beck, 2002:41). Y en esa sociedad de clases, y dentro de la clase trabajadora las mujeres, las personas mayores, jóvenes y migrantes son por mucho los sectores que peor lo van a pasar en esta crisis sanitaria que pronto será también económica, laboral o de los cuidados.

El pasado sábado, en comparecencia extraordinaria, Sanchez Castejón aplicaba un 155 sanitario y se hacía cargo de todas las policías y de los recursos sanitarios de todas las comunidades autónomas. Una medida, por cierto, aplaudida hasta por Vox. Sin embargo, la supuesta “valentía” demostrada para hacer efectiva una medida que jamás en la historia del Estado se había tomado, no ha tenido su reflejo en aspectos más importantes para la vida y la salud de las personas.

Si, la policía (¡y el ejército!) ya pasea bajo nuestras ventanas y balcones instándonos por megafonía a no salir a la calle, pero cuidado de aquel o aquella que se le ocurra priorizar su salud y la de su familia o compañeras de convivencia, a los intereses de la empresa en la que trabaja. No sólo eso. A partir de esta semana miles de personas serán despedidas o se les aplicará un ERTE por trabajar en negocios y establecimientos que van a permanecer cerrados o que van a padecer un fuerte disminución en su demanda. Los empresarios, una vez más, no están dispuestos a hacerse cargo de ningún tipo de consecuencia económica de esta crisis. Desde hace tiempo, ellos son muy conscientes de que el sistema capitalista es aquel que privatiza las ganancias en tiempos de oro y que permite hacer públicas las perdidas en tiempos de crisis, sea esta financiera o sanitaria como la actual.

Por si todo lo anterior fuera poco, ya se vislumbra qué tipo de empresas van a poder, incluso, sacar tajada de esta situación: Amazon, grandes cadenas de alimentación, empresas de comida a domicilio que utilizan a riders que se tendrán que someter a peores situaciones laborales y de riesgo, farmacéuticas, etc.). No hay escrúpulos en el mundo del business.

En la pasada crisis financiera el estado con el apoyo del PP y del PSOE regaló 60.000 millones de euros a la banca en forma de “rescate”. Sin embargo, ahora parece que a esos mismos no se les pasa por la cabeza la posibilidad de paralizar, por ejemplo durante una semana, la economía que no sea absolutamente necesaria para “rescatar” la salud y la vida de las personas. Tampoco, por supuesto, se les ocurre utilizar una cantidad similar para sufragar mediante licencias retribuidas, o bajas médicas reconocidas explícitamente al respecto, a todas las personas que tengan a alguien a su cargo y que tengan que cuidarlas debido al cierre de centros escolares o centros de días.

En una reunión realizada esta misma semana la consejera de la comunidad autónoma vasca Arantxa Tapia dijo explícitamente que iban a abrir una vía de ayudas a las empresas vascas por el efecto del coronavirus, pero nadie de su ejecutivo ha propuesto el incremento de ayudas sociales, la creación de nuevas ayudas dirigidas a los sectores más desfavorecidas por la crisis social que se nos avecina o la condonación de la facturación energética o del agua. Nada de eso entra en sus cabezas formateadas por una ciencia económica que sólo habla de empresas y que se ha olvidado de las personas. El capital o la vida, y ellos están del lado del capital, sin contemplaciones, sin disimulo. 

El neoliberalismo que se nos ha impuesto estas últimas décadas, no sólo ha generado recortes sociales que nos obligan ahora a confinarnos en casa para no colapsar unos centros y recursos sanitarios restringidos y mermados a golpe de decretos de austeridad. El neoliberalismo imperante no sólo lleva décadas privatizando empresas públicas con beneficios y publificando negocios privados con pérdidas, sino que además, todo ello, se hace mediante el discurso del TINA (There is no alternative).

Como decía Bourdieu el discurso neoliberal no es un discurso más, sino que es un discurso fuerte y su función principal es la de “orientar las preferencias económicas de aquellos que dominan las relaciones económicas” (Bourdieu, 1998). Ese discurso económico es el que subraya la importancia de las empresas en la creación de la riqueza a partir de los sectores productivos y ese es el discurso, en este caso el no discurso, que hace invisible los cuidados y las labores reproductivas. Y a partir de ahí, los estados, con nuestro dinero, ayudan a las empresas y permanecen ciegas ante las desigualdades sociales que el sistema provoca.

Sin embargo, ahora, en plena crisis sanitaria, la realidad de los cuidados y la importancia de los aspectos reproductivos han salido a la luz como nunca. Nos obligan a quedarnos en casa para garantizar nuestra salud (aspecto reproductivo de la vida) y/ cuidar de criaturas y mayores, a la vez que nos obligan a ir a trabajar para seguir incrementando sus beneficios.

Hablando de la crisis que vivimos estos últimos años la economista feminista Amaya Pérez Orozco nos recordaba que “la situación a la que se enfrentan los hogares se caracteriza por una creciente dependencia del mercado para acceder a los recursos que el Estado deja de garantizar al mismo tiempo que el acceso a los ingresos es cada vez más incierto para la mayoría” (Pérez Orozco, 2014:140).

Esta frase que sirve para entender lo que ha ocurrido estos últimos años, toma toda su fuerza y se multiplica por mil para comprender lo que ocurre en estos momentos en decenas de miles de hogares. Los mismos Estados que no tuvieron problemas en ayudar a los bancos, a las empresas automovilísticas o a las energéticas en tiempos de crisis, ni se plantean ayudar a unas unidades familiares o convivenciales en un momento donde al riesgo de la infección del virus le puede seguir una pandemia de despidos, ERTEs y procesos de precarización que todavía den una vuelta de tuerca más a las condiciones de vida y trabajo de las clases populares.

Y es que efectivamente, como ya nos ha hecho ver Naomi Klein y su bien estudiada y desarrollada “doctrina del shock”, presumiblemente esta crisis sanitaria también va a ser utilizada para meternos el miedo hasta los tuétanos y, con ello, permitir la adopción de medidas económicas, laborales y sociales todavía más draconianas.

Si no vas a trabajar te despiden y si vas a trabajar te bajarán el sueldo, porque la economía está muy mal y ésta crisis, también, la tienes que pagar tú. No sólo tienes más posibilidad de ser contaminado por el coronavirus, sino que, además, el virus neoliberal de recortes sociales y laborales también ta va afectar a ti y sólo a ti. Mientras las grandes corporaciones seguirán haciendo público los beneficios de su último ejercicio como acaba de hacer Iberdrola con sus 3.000 millones de euros de beneficio neto.

Bien, esta es la realidad y los riesgos a los que nos enfrentamos. Como dice Marina Garcés “la condición póstuma se cierne hoy sobre nosotros como la imposición de un nuevo relato, único y lineal: el de la destrucción irreversible de nuestras condiciones de vida” (Garcés, 2017:22). Pero la resignación es el peor de todos los virus. Es importante, crucial, no aceptar ese relato y construir nuevas narrativas alternativas a las del establishment y el poder establecido. En palabras también de la filosofa catalana, “hemos de declararnos insumisos a la ideología póstuma” (Garcés, 2017:30). Una cosa es aceptar la gravedad de la situación y poner en el centro el cuidado de las personas, y otra muy diferente es tragarnos un discurso autoritario y lleno de miedo que no pretende otra cosa que limitar el ámbito de lo posible.

Afortunadamente, esta crisis también ha puesto encima de la mesa el sinsentido de un sistema capitalista y patriarcal que entra en crisis y cae en picado por un virus invisible, aunque con gran capacidad de contagio. ¿No se parece esa invisibilidad al modo en que pretenden también inyectarnos el miedo en todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida? ¿Y si fuéramos capaces de contagiarnos en otra dirección? ¿Y si fuéramos capaces de demostrar que este sistema no funciona y que cuando no funciona los estados nación actuales acuden a socorrerlo a costa de nuestro sudor, sangre y lágrimas? ¿Y si nos atreviéramos a ensanchar el marco de lo posible que la economía de hoy nos dice que es imposible? ¿Y si nos contáramos unas a otros que es posible construir otra sociedad, otra comunidad y que en plena crisis hemos sabido tejer lazos de solidaridad y cuidados que pueden servirnos de referencia? ¿Y si en vez de un estado que centraliza de arriba a abajo a favor de los de siempre dijéramos que queremos construir repúblicas socialistas y feministas de abajo arriba? ¿Y si nos creemos que los ayuntamientos en colaboración y gobierno comunitario con organizaciones sociales, sindicales o cooperativas pueden empezar desde hoy a dar pie a nuevas realidades sociales y económicas? ¿Y si nos convenciéramos y animáramos a boicotear a cualquier empresa que utilice esta crisis para enviar a trabajadores al paro o para precarizar más las condiciones de trabajo? ¿Y si saliéramos a la calle no a dar las gracias a las trabajadores de la salud pública, que también, sino a reivindicar una mayor inversión pública en salud y gasto social para revertir los recortes de esta última década? Es mucho lo que podemos hacer, pero para ello primero tenemos que empezar por imaginarlo, por creerlo, hacerlo real en nuestras mentes y empezar a socializarlo.

¿No nos damos cuenta que un sistema que no funciona como es el sistema capitalista y patriarcal se mantiene única y exclusivamente porque el discurso de que no hay alternativa ha taladrado nuestras mentes hasta pensar que es posible rescatar a los bancos pero no a las personas? ¿Cuándo nos vamos a dar cuenta de la debilidad de un sistema que se basa en la mentira de una mano invisible que no ha funcionado nunca? ¿Cuándo comprenderemos el poder que ostentamos las personas para contaminarnos unas a otras de una utopía que vaya cerrando el escenario de caos actual y abrir paso a uno nuevo ciclo de igualdad y justicia social? ¿Por qué no aprovechamos esta desgracia para certificar la muerte de la necropolítica neoliberal y abrir paso a una política basada en la innovación social que teja redes entre lo comunitario y lo público a partir del reconocimiento de las diferentes soberanías (alimentaria, energética, cultural, económica, de los pueblos, de nuestros cuerpos, etc.) y que apueste por sociedades libres en donde personas libres puedan vivir vidas que merezcan ser vividas?

Que todo ello es difícil es indudable, pero no imposible. Nos han dicho que nos limpiemos las manos más de una vez al día, está bien y os animo a hacerlo. Pero podemos también aprovechar la ocasión para lavarnos nosotros y nosotras mismos la cabeza y quitarnos esa mancha neoliberal incrustada desde hace años y que nos dice lo que es posible y no es posible en la economía.

La economía es una ciencia social. Punto. Los margenes de lo posible y lo imposible lo dictan única y exclusivamente la voluntad de las personas, las comunidades y, claro está, los recursos naturales que tenemos que preservar. El resto no son más que excusas y virus al servicio e interés de los de siempre. Imaginémonos lo inimaginable para hacer posible lo que hoy se nos presenta como imposible. Como bien decía Mandela, todo es imposible hasta que se hace.

Por JOSEBA PERMACH

ECONOMISTA Y SOCIÓLOGO. ES MIEMBRO DE IRATZAR FUNDAZIOA

18 MAR 2020 16:03

Bibliografía

Beck (2002): La Sociedad del Riesgo. Paidós.
Bourdieu (1998): “La esencia del neoliberalismo”
Perez Orozco (2014): “Subversión feminista de la economía”. Traficantes de Sueños
Garcés (2017): “Nueva ilustración radical”. Anagrama

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Domingo, 08 Marzo 2020 05:51

De mujeres y hombres

De mujeres y hombres

Nadie se atrevería a negar que la mujer tiene, en la historia de la humanidad, un papel doblemente alimentador: como procreadora en su seno de toda nueva vida y como transformadora de lo comestible en alimento, en el sentido de haber elegido y sometido a ensayos de comestibilidad la infinidad de ingredientes que fue colectando, y más tarde reproduciendo, mediante cría o cultivos, haciéndolos atractivos para los sentidos y provechosos para el cuerpo. Por otra parte, nadie ignora el papel del hombre en la proveeduría de elementos comestibles y útiles para el hábitat, así como en la defensa y resguardo de las comunidades y en su expansión territorial a medida del crecimiento demográfico. Aunque se suele omitir el papel común de ambos sexos en el desarrollo de la tecnología y la organización económica y social donde, originalmente, se cumplía el principio de la supervivencia comunitaria; es decir, donde cada quien aporta-ba según sus posibilidades y cada quien recibía según sus necesidades, de tal modo que fue posible el relevo de generaciones y la pervivencia de la sabiduría acumulada.

Sin embargo, la historia de la humanidad, estudiada e interpretada, por historiadores, claro, pero sobre todo por arqueólogos y antropólogos, como el excepcional francés Maurice Godelier, nos aporta datos sobre el hiato donde se construye socialmente el mito de la oposición y no complementariedad de los sexos. Baste en este espacio evocar los 40 años de estudios que culminan en Los fundamentos de la sociedad humana, donde Godelier muestra cómo la sexualidad es fundamentalmente a-social, generadora de desconfianza y temores masculinos, que finalmente las mujeres adoptan como suyos.

Nosotras, culpables y resistentes a la culpabilidad de padecer la sangre menstrual, de embarazarnos a pesar nuestro, de ser sólo un receptáculo desechable, de producir temor en los hombres que defienden el misterio de la concepción, la gestación y el nacimiento, para no sentirse vacíos de sentido (recordemos que la madre de Dios debe ser virgen, como la madre Tierra antes de que el hombre la pise). Los hombres de todas las épocas crearon una infinidad de explicaciones para igualarse a las mujeres, desde la idea de que el cuerpo femenino sólo es receptáculo del feto, pero éste necesita inyecciones constantes de semen para ser construido su esqueleto y hasta su alma, hasta el ritual del bautismo indispensable para volverse humano No hay espacio aquí para más ejemplos. Bástenos recordar que ancestralmente los hombres han temido a las mujeres, tan capaces de dar la vida como de quitarla, y que nosotras hemos abrazado sus creencias atávicas sintiendo nuestros cuerpos enemigos de doble filo: porque atraen o bien nos degradan e invisibilizan. Pero nadie es totalmente culpable. La culpa nuestra estaría en no estudiar, no pensar, no difundir los malentendidos fabricados a ciencia y paciencia masculinos, de las iglesias y los Estados. Nosotras seremos culpables de no ir construyendo en nuestros hijos una nueva sociedad, informada, culta, humanista, paritaria no sólo en los signos exteriores, sino en las convicciones profundas. Seremos culpables de no hacer una revolución social contra el machismo. Que no es enemiga, al contrario de la revolución que requiere el capitalismo. Ni más ni menos.

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El paraíso perdido de las ciencias sociales latinoamericanas

Hemos extraviado el Sur. La mayoría de los análisis presentes buscan en el pasado una ruptura inhabilitante para pensar nuestra realidad. Como argumento: el abandono de un edén de las ciencias sociales latinoamericanas. Nuestro pecado, dejar de abrevar en la teoría de la dependencia. Hacerlo, se recalca, supuso renegar del carácter marxista de sus postulados, dejar de pensar en América Latina y una contrarrevolución ideológica. Lo cierto, la teoría de la dependencia, en todas sus vertientes, fue la última cosmovisión omnicomprensiva de las estructuras sociales y de poder en América Latina. Asimismo, logró articular, es verdad, una alternativa anticapitalista, uniendo ciencias sociales y acción política. En 1969, Ruy Mauro Marini, se decantó por un sugestivo título para su ensayo publicado en Siglo XXI Editores: Subdesarrollo y revolución. Por su parte, en 1972, Theotonio dos Santos, optó por un encabezado más específico: Socialismo o fascismo: El nuevo carácter de la dependencia y el dilema latinoamericano. Casi una premonición del golpe de Estado que en septiembre de 1973, derrocaría al gobierno popular de Salvador Allende en Chile. La perspectiva dependentista no ha tenido sustitutos.

Las dictaduras militares de corte neoliberal, la represión, la clausura de las facultades de ciencias sociales coadyuvó al naufragio del pensamiento crítico latinoamericano. Del golpe, asestado en medio de la guerra fría, una parte de la izquierda intelectual no ha sabido recuperarse. Las nuevas generaciones se han dejado arrastrar por modas, teorías de usar y tirar propias de un pensamiento chatarra con obsolescencia programada. El abandono de los estudios dependentistas dejó un vacío, trasformado en nostalgia. Su espacio no ha sido cubierto. En su lugar queda un saber fragmentado. Para unos, se trata de una crisis de pensamiento, para otros de una falta de renovación, y en medio, una amalgama de opciones obsesionadas en concebir nuestras ciencias sociales como parte de una ciencia social burguesa, encubridora y alienante. En esta dinámica, no debe estudiarse nada con visos de impurezas provenientes de las categorías del saber occidental producido en los centros hegemónicos. Sea Europa o Estados Unidos. Un sinsentido que ha logrado hacerse un hueco en algunos nichos académicos. Todo lo post es bienvenido. Como si el pensamiento marxista, el lenguaje, las técnicas de investigación social, la estadística y la teoría no formasen parte o estuviesen adscritas a una razón cultural, la occidental, desde la cual, para bien o mal, pensamos el mundo y buscamos transformarlo. Atrincherarse en lo vernáculo como única opción de conocimiento emancipador es un dislate. Su base, la nostalgia que facilita parapetarse en una versión idílica del pasado en el desarrollo de las ciencias sociales latinoamericanas. Un relato donde el saber y el conocimiento habrían fluido a borbotones, liberadas de pensar el mundo desde las categorías occidentales. Luego vino el caos y la oscuridad. Ese sería el comienzo del desastre. A partir de ese instante todo ha ido de mal en peor. Lo que prometía ser un vergel terminó en un erial. Un desierto cuyos oasis se han ido secando a medida que se ha perdido la unidad en el pensamiento crítico latinoamericano hasta terminar hablando de crisis de la las ciencias sociales.

¿Acaso la propuesta zapatista no está enraizada en la historia de México? Su aporte al pensamiento emancipador latinoamericano es el resultado de una síntesis de experiencias donde transitan el colonialismo interno, la digna rabia, los Caracoles, un lenguaje capaz de interpretar los cambios de un capitalismo analógico a un capitalismo digital. Ha sido capaz de poner encima de la mesa del debate teórico la necesidad de repensar la democracia, las formas de lucha y resistencia. No menos abrir la discusión a conceptos como la dignidad, la justicia social, el poder. Su convocatoria desde 1994 es inclusiva. No es una visión milenarista o indigenista. Los cuentos del viejo Antonio y Durito de la Lacandona cobran vida para explicar el racismo, la miseria, la memoria colectiva, el sentido ético del quehacer político. La propuesta zapatista no es la única, sus postulados han servido para repensar los procesos constituyentes en Venezuela, Bolivia o Ecuador. El buen vivir, el Sumak Kawsay, los derechos de la naturaleza o la articulación de un Estado multiétnico y plurinacional, son parte de la ruptura del colonialismo interno. Su pensamiento debe ser reconocido como un aporte destacado al desarrollo de la ciencia política contemporánea, una manera de romper la visión castrante y nostálgica de haber perdido el rumbo. No todo pasado fue mejor. Hoy el pensamiento latinoamericano esta en ebullición, crea y propone, tanto como busca, romper las visiones que lo encorsetan y frenan. Basta ver el movimiento de protesta en Chile y Colombia, como la expansión del movimiento feminista en su crítica abierta al capitalismo patriarcal. Nunca existió un paraíso, ni hay que salir en busca de un edén perdido del pensamiento social latinoamericano.

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Estanislao Zuleta: rebeldía intelectual y democracia radical.

Aquel sábado 17 de febrero de 1990, solitario en su apartamento del barrio Meléndez de Cali, Estanislao Zuleta dejaría de entregarle al mundo sus últimas expresiones de rebeldía intelectual. A 30 años de su partida, su obra se convertiría en precursora y dejaría aportes sugerentes para lo que luego sucedería: décadas después los colombianos hemos sido testigos de la transición de la guerra a la paz, de la superación parcial de la confrontación armada y la adaptación colectiva gradual a una saludable disputa ideológica.

Vivimos actualmente en medio de un maremágnum social, producto de un acumulado de luchas históricas libradas por décadas, traducidas en el ascenso de las movilizaciones, los movimientos ciudadanos, y una multiplicidad de demandas populares que reclaman cimentarse y superar el descontento espontáneo.

Los aportes de Estanislao Zuleta en el campo educativo, literario, y su crítica feroz al "dogmatismo mecanicista", son un desagravio  teórico, que es digno de ser rescatado en este siglo XXI, dominado por la inmediatez, la levedad y el conocimiento compartimentado por profetas, salvadores, y advenedizos “expertos”.

La conexidad con que Zuleta supo articular tan variados tópicos ayuda en tiempo presente a dotar de contenido a un conglomerado de iniciativas subalternas que en el plano cultural, económico, social, y político, de la Colombia contemporánea, no logran definir una identidad única que antagonice con el sentido común  hegemónico de las élites criollas.

Zuleta despreció los credos, las verdades reveladas, las ideas vedadas, el aburguesamiento y la domesticación de su pensamiento. Por eso prefirió pensar por sí mismo a convertirse en un cómodo administrador de ideas ajenas. En vida prefirió cuestionar, provocar y disfrutar de su papel de piedra en el zapato de lo predestinado, de lo establecido.

Estanislao marcó un hito en las ciencias sociales latinoamericanas por haber sido el precursor del maridaje entre el psicoanálisis freudiano y el marxismo, herencia de su profunda pasión por la obra de Jean Paul Sartre, para quien la dicotomía entre palabra y acción fue siempre paradójica, problemática. Reinterpretar el marxismo sin nociones esquemáticas, y sin determinismo, le permitió entender a este pensador antioqueño la importancia de la singularidad de los dramas particulares, asfixiados por la reduccionista “lucha del proletariado y los desposeídos contra el capital”.

Zuleta se dio cuenta de la necesidad de defender una democracia radical, por parte de las izquierdas en la sociedad colombiana, al  final de los años ochenta, en tiempos marcados por la Perestroika y el Glasnot soviético,  respuestas tardías a las fallas del capitalismo de Estado en la moribunda “cortina de hierro”.

Mientras Zuleta defendía las noción de democratizar la democracia y darle cabida a los disensos en la Colombia política dominada por el tándem liberal-conservador, en otras latitudes sus tesis coincidían cronológicamente, probablemente sin haberlas leído nunca, con las de nuevos pensadores adscritos al denominado postmarxismo[2] (Zizek, Laclau) que entendieron la necesidad de reinventar la izquierda haciendo del afloramiento de múltiples disensos la forma de ampliar los linderos de la participación popular y de romper con el desprecio del comunismo por la democracia representativa.

Zuleta dedicó la última década de su vida, sus últimos esfuerzos, a una incansable tarea pedagógica en materia de paz y democracia como asesor cultural y de derechos humanos de los Gobiernos de Belisario Betancur y Virgilio Barco. Su forma de leer el futuro democrático de la convulsa Colombia de finales de los años ochenta coincidía con el pluralismo agonístico de Chantal Mouffe, que defiende el sentido de lo político como conflictividad continua y hace una clara diferenciación entre enemigo y oponente, frontera que separa  al antagonismo del agonismo[3].

Su Conferencia en Santo Domingo (Cauca) ejemplificó su profundo compromiso por ensanchar las fronteras de la política, y lo político, en la sociedad colombiana. Aquel 14 de mayo de 1989 Zuleta, ante un puñado de guerrilleros en proceso de reincorporación, señalaba "Una característica esencial de la mentalidad democrática, en un sentido moderno, es la aceptación del pluralismo por la sola razón de la imposibilidad de conseguir la unanimidad. Los hombres, los partidos, los grupos de intereses, piensan distinto; las gentes tienen diversas opiniones, creencias, religiones, gustos. Someternos a una sola idea o creencia produce terror absoluto, aunque por el terror es imposible someter al ser humano”[4].

 

Ese carácter indómito de la obra de Zuleta lo llevó no solo a enfilar baterías en sus escritos, intervenciones, y conferencias contra el establecimiento liberal-conservador, sino contra los aparatos burocráticos, los comités sindicales, y  todo lo que él categorizaba como los “especialistas en revolución", de raigambre estalinista en su mayoría[5]

Para Estanislao era inconcebible la coalescencia entre el igualitarismo abstracto del socialismo real, y la defensa férrea que la teoría de Marx hacía del individualismo radical, una interpretación que se acercaba de forma más concreta a los problemas reales del hombre.

Sus cuestionamientos principales a estas estructuras, a las cuales enfrentó

durante su paso por el Partido Comunista (PC) de Gilberto Vieira, se centraban en dos aspectos: 1) la idealización que realizaban de los desfavorecidos, a quienes consideraban, como bien lo señala Eduardo Gómez   “una especie de sector predestinado a realizar la revolución”[6]; 2) la supresión que éstas estructuras ejercían sobre cualquier resquicio de individualidad, y de diferenciación, entre los miembros que componían a tan homogéneas colectividades.

Como era de esperarse dichos desencuentros dialécticos en el seno del PC, lo llevaría a abandonar sus filas en 1963 y a crear, junto a Mario Arrubla y Oscar Hernández, su propio partido: el Partido para la Revolución Socialista, disuelto en 1965 por las acaloradas discusiones internas, en las cuales un sector influenciado por el triunfo de la revolución cubana, el nacimiento de las Farc, y el auge de las guerrillas en Latinoamérica abogaba por la defensa de la lucha armada como única forma de alcanzar el poder, al fragor de los albores del Frente Nacional.  

El alzamiento armado unilateral de las guerrillas, realizado de manera inconsulta con el pueblo que decía defender, se hacía intolerable para un demócrata radical como Estanislao. Ya entrados los comienzos de los ochenta, en su célebre ensayo “Sobre la guerra, esa borrachera colectiva” Zuleta maduraría ese distanciamiento a todo intento armado por acallar al otro al afirmar "Es preciso, por el contrario, construir un espacio social y legal en el cual los conflictos puedan manifestarse y desarrollarse, sin que la oposición al otro conduzca a la supresión del otro, matándolo, reduciéndolo a la impotencia o silenciándolo”[7].

Zuleta abandonó este mundo hace 3 décadas, sin presenciar como se cayeron a pedazos los vaticinios del nuevo orden mundial: no hubo fin de las ideologías, ni un idílico mundo sin guerra fría, sin conflictos y sin contradicciones.

Si todavía siguiera vivo,  es aventurado asegurar el papel que jugaría Estanislao Zuleta en estos tiempos de posverdad, pospolítica, y neoliberalismo en proceso de reformulación[8]. Podríamos atrevernos a lanzar una arriesgada hipótesis: probablemente sería un agudo crítico y polemizador vetado por los Gobiernos de turno, un burgués en continua rebelión contra esta absurda realidad que vivimos, dedicado a decirle a las ovejas que desconfíen profundamente de todos los pastores que quieren cuidarlas.

Por: Felipe Pineda Ruiz[1]

 

[1] Publicista, investigador social, colaborador de la Fundación Democracia Hoy. Director del laboratorio de iniciativas sociales y políticas Somos Ciudadanos. Editor de www.democraciaenlared.com

[2] Corriente teórica que reformula las tesis del marxismo clásico, y el determinismo que éste atribuye a la clase obrera como bloque hegemónico del cambio. En su lugar el postmarxismo reivindica la lucha de la multiplicidad de resistencias e identidades colectivas por encima del homogéneo proletariado. El libro “hegemonía y estrategia socialista: hacia una radicalización de la democracia” (1985), de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe ahonda en las profundidades de este concepto.

[3] Mouffe, Chantal (1999), El retorno de lo Político. Paidós, Barcelona, 1999, ps. 207

[4] Conferencia dictada por Estanislao Zuleta el 14 de mayo de 1.989

 en Santo Domingo (cauca), en la denominada ciudadela de la paz, campamento del movimiento insurgente M-19, previo a la firma del armisticio entre el Gobierno Nacional y esta guerrilla.

[5] Zuleta, Estanislao (1985). Sobre la idealización en la vida personal y colectiva : y otros ensayos. Procultura S.A, Bogotá, Colombia, p.59.

[6] Gómez Eduardo (2011). Memorias críticas de un estudiante de humanidades en la Alemania Socialista & Zuleta: el amigo y el maestro. Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia, p. 59.

[7] Zuleta, Estanislao (1989). “La guerra, esa borrachera colectiva”, texto incluido en el libro Elogio de la Dificultad y Otros Ensayos de Hombre. Nuevo editores, Bogotá, Colombia.

[8] Como ha sucedido tantas veces, el gran capital mundial, y sus organismos multilaterales, han vuelto a hablar de capitalismo con “rostro humano”. Las recientes declaraciones de Kristalina Georgieva, presidenta del Fondo Monetario Internacional, de Christine Lagarde, nueva presidenta del Banco Central Europeo, y el Manifesto de la última reunion del Foro Económico Mundial, celebrado en Davos, dan cuenta de este nuevo salvavidas teórico al neoliberalismo global.

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