"La humanidad vive tiempos de descuento"  

La socióloga Maristella Svampa postula la idea de un "pacto ecosocial" como salida a esta "tragedia anunciada"

 El coronavirus puso de relieve las enormes desigualdades que se han consolidado en este sistema, así como la importancia de las causas socioambientales,

advierte Svampa.

 

El encierro no la encuentra aletargada ni confundida. Maristella Svampa no hace otra cosa que pensar en la pandemia y escribir. “La crisis abre procesos de liberación cognitiva”, dice. Y ella la tiene en la cabeza “desde la mañana hasta que se acuesta”. La conversación va a la velocidad de su pensamiento, porque sabe que este estado de excepción va a ser breve. La crisis del coronavirus es una oportunidad, un portal que se abre pero no por mucho tiempo, en el que eventualmente va a haber que elegir entre más “capitalismo del caos” o un New Green Deal, del que se está hablando acá y en el mundo, y que a su paso va sumando las firmas de intelectuales y políticos, como Bernie Sanders, Alexandría Ocasio Cortez, Noam Chomsky.

Es que esta crisis no es producto del azar, sino una tragedia que viene siendo anunciada desde la Organización Mundial de la Salud, entre otras agencias oficiales de Naciones Unidas. Y a las causas de la enfermedad que recorre el mundo hay que buscarla, dice Svampa, entre la relación depredatoria con la naturaleza, el modelo agroindustrial y las ansias de ganancia a cualquier precio.

-¿Por qué es éste un momento especialmente oportuno para pensar lo social en clave ambiental?

-La humanidad vive tiempos de descuento. Se ha convertido en una fuerza que impacta en términos destructivos en el tejido de la vida. Es una alarma que ha saltado hace bastante tiempo. La gravedad de la crisis climática y el colapso ecosistémico son evidentes. El coronavirus viene a poner de relieve las enormes desigualdades que se han consolidado en este sistema y, por otro lado, la importancia de las causas socioambientales. No estamos viviendo un Leviatán climático, pero sí un Leviatán sanitario. Las causas de este fenómeno sin precedentes tienen que ver con la devastación de los ecosistemas, las enfermedades zoonóticas, como lo han explicado tantos especialistas, y también se desprenden del modelo agroalimentario. Las megagranjas industriales que son un caldo de cultivo y de transmisión de estos virus. Es una crisis que abre interrogantes acerca de hacia dónde queremos ir como sociedad, cómo vamos a pensar los vínculos sociales desde ahora en adelante y nuestro vínculo con la naturaleza. Las grandes crisis son portadoras de demandas ambivalentes. Por un lado, hay demandas de transformaciones radicales. Las crisis tornan viable aquello que hasta hace poco era considerado inviable. Por otro lado, hay voces conservadoras que claman por un retorno a la normalidad. Cuando en realidad, el retorno a la normalidad significaría una falsa solución.

-No se habla de causas socioambientales en el prime time. ¿A qué se debe para usted esa invisibilización?

-En principio no aparecen en el discurso público de ningún político. Desde Angela Merkel a Alberto Fernández. Aparece sólo lo sanitario y ligado a un discurso bélico que tiende a obturar esta discusión. Es una crisis que ha abierto dos ejes. Primero, ha develado la profundidad de las desigualdades. No sólo entre el Norte y el Sur sino al interior de nuestras sociedades. Thomas Picketty subraya que la concentración de la riqueza hoy es comparable a la que había a fines del siglo XIX. Y están las causas socioambientales que anuncian, como dicen tantos investigadores, que habrá nuevas pandemias. Y que además debemos afrontar el cambio climático, que combinará muchos de estos elementos, además de las enfermedades ligadas a la contaminación y un proceso masivo de refugiados ambientales.

-¿De qué se trata el pacto ecosocial del que viene escribiendo, junto al abogado especialista en Derecho Ambiental Enrique Viale?

-Es algo de lo que se viene hablando en todo el mundo. También es conocido como Green New Deal. En Estados Unidos y en Europa hay un imaginario instalado relacionado con la necesidad de un gran pacto como salida de las crisis, como el New Deal y el Plan Marshall. En Argentina lo que tenemos es una tradición ligada a la concertación como, por ejemplo, la que promovía el Peronismo con los Planes Quinquenales. Pero no hay un imaginario ligado a un pacto social, entendido como una recuperación integral. Hoy, sí se está hablando más del tema. Es importante promover una visión integral, porque hay una tendencia a encapsular a los pactos en su dimensión social y económica, desliándolo de los temas ecológicos, que son el gran desafío que enfrenta la humanidad en los días por venir. Preferimos no llamarlo “Nuevo Pacto Verde” porque cada vez que aparece esa palabra se tiende a acotar, a pensar que sólo hablamos de la reducción de los gases del efecto invernadero. Cuando en verdad estamos hablando de abordar la desigualdad, la cuestión sanitaria, la educación y la dimensión socioambiental.

-¿Por qué cree que el tema de la transición energética es una discusión que sólo se plantea marginalmente en Argentina?

-Entra y sale de las agendas de muchos países y se ve cercado por tensiones e intereses. Acá Vaca Muerta ha obturado la posibilidad de pensar una transición hacia energías limpias. Es un punto ciego que atraviesa diferentes gobiernos, con sus modalidades. Se instaló la idea de que, explotándola, Argentina se va a convertir en una potencia energética exportadora. Esa imagen se ha venido desmoronando y hoy está en su mínima expresión. Pero no sólo porque en todo el mundo hay fuertes controversias ambientales, sino porque en términos económicos y financieros Vaca Muerta es inviable. No sólo por la caída del precio del barril de petróleo. Es necesario salir de esa encerrona y pensar en una línea diferente en sintonía con las energías limpias y cómo transicionamos hacia ellas.

-Hay toda una discusión sobre el litio que todavía no se ha dado en Argentina, por lo menos, no cabalmente…

-Se está dando en muchos países. Se piensa cómo crear una Agencia Nacional del Litio que promueva un entramado tecnológico y productivo diferente, con métodos de extracción no contaminantes y acuerdos con las comunidades indígenas del norte argentino. Si no pensamos cómo implementarlo acá, lo que haremos, que ya está pasando, es destruir nuestros territorios, atropellar a las comunidades que viven allí y facilitarles la transición energética a los países más poderosos como China, Japón y Alemania.

-¿Se abre con este nuevo gobierno las posibilidades de dar esos debates?

-Sí, son temas que bien podrían ser abordados. Sobre todo, teniendo en cuenta la coyuntura. También soy consciente de que estos son procesos cortos. Son oportunidades, portales que, así como se abren, también se pueden cerrar en muy poco tiempo. Pero podría suceder que la respuesta sea reactivar la economía con más extractivismo, por ejemplo. Durante el confinamiento ha habido más desmonte en el Norte y también en provincias como Chubut, donde se le ha dicho que no a la mega minería, se está aprovechando la crisis para promover la minería como una solución. Insisto con que la transición es un proceso complejo y no tenemos un manual. La vieja imagen de YPF sirvió, a mi entender, hasta los años 70. Hoy los combustibles fósiles no forman parte del futuro. En el caso del litio es diferente, pertenece a los dos mundos. Por un lado, es minería de agua y es altamente insustentable. Para su extracción se utiliza millones de litros de agua en ecosistemas frágiles como son las salinas. Pero, por otro lado, es una de las claves para acceder a energías limpias, libres de combustibles fósiles. Ahí hay un dilema. Tendríamos que tratar de pensar en un escenario con energías post fósiles, limpias, renovables, para construir una sociedad solidaria y resiliente. Si queremos pensar en términos de justicia distributiva y de transición energética, lo que el Gobierno arregló, cediendo a la presión de las compañías petroleras, como un precio especial al crudo o un "barril criollo", es un total desatino. Un grave retroceso. Los costos que va a traer al país son enormes. Estoy incluyendo en esto a los gobernadores. Hay que pensar cómo desarticular esa alianza perversa entre grandes compañías, gobernadores y sindicatos petroleros, para volver a pensar en el país, en los trabajadores del sector, en los consumidores y en la transición.

-Al calor del confinamiento, mucha gente cuenta que se está replanteando su relación con el consumo…

-Es que si vamos a reemplazar los combustibles fósiles por el litio pero vamos a conservar el mismo modelo de consumo, centrado, por ejemplo, en automóviles individuales, no cambiamos nada. No sólo el planeta es limitado. El litio también es limitado y en algún momento se va a agotar. Es lógico que todos nos estemos replanteando la diferencia entre aquello que es accesorio y aquello que es necesario. Por eso digo que la pandemia es una oportunidad de rever la insustentabilidad y todas las injusticias que implica este modelo de consumo tan ligado a la globalización neoliberal.

-Otro de los ejes que entreteje la propuesta del Pacto Ecosocial y Económico es el Ingreso Universal Ciudadano.

-También lo pensamos como un proceso. Implicaría una salida de la trampa de la pobreza y el clientelismo, tan ligados a los planes sociales focalizados. Debe ser pensado junto a una reforma fiscal progresiva. No somos los únicos que hablamos del tema. Intelectuales como José Nun lo han trabajado históricamente, Rubén Lo Vulo, inclusive Beatriz Sarlo. La idea sería que no se castigue a los sectores más vulnerables, a través de impuestos indirectos como el IVA. Sino impuestos a las grandes fortunas, a los daños al medio ambiente, al capital financiero, a la herencia. No tenemos impuesto a la herencia porque Martínez de Hoz lo voló de un plumazo. Cuando decimos que América latina tuvo una oportunidad de crecimiento económico durante el ciclo progresista y usó renta extraordinaria proveniente del extractivismo en mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y los sectores populares, hay que decir también que no se promovió mayor justicia social a través de la reforma del sistema fiscal. El tercer eje del pacto es la deuda externa. Argentina está en virtual default, gracias a lo que nos dejó el Gobierno anterior. Muchos organismos internacionales están llamando a contemplar la situación de fragilidad que atraviesan los países del Tercer Mundo. Algunos hablan de un jubileo de deudas como la nuestra, que es insustentable y que ni siquiera mejoró la situación de los sectores menos favorecidos.

-La idea de reforma fiscal que grave a la renta financiera suena muy bien, pero estamos viendo la resistencia quye provoca un impuesto a las grandes fortunas. ¿Le parece practicable? 

-Estamos ante una crisis civilizatoria. Ni hablar de la recesión económica que ya se está instalando en el país. A eso hay que sumar que el virus está llegando a las poblaciones más vulnerables. Estamos a una situación de tal gravedad que queda claro que los sectores que tiene que aportar son los que más tienen. El impuesto a las grandes fortunas no es una locura peronista, como se quiere instalar, sino una cuestión lógica de justicia distributiva. Es necesario salir a apoyar esa medida desde todos los sectores. Las cartas no están marcadas.

-También han hecho foco en el tema de los cuidados, desde la perspectiva de la economía feminista.

-Creemos que se debe implementar un sistema nacional público de cuidados. Es central para pensar la nueva sociedad en la que se pongan en juego el respeto y la reciprocidad como elementos fundamentales para la reproducción social. Se trata de plantear otra mirada de las relaciones entre los seres humanos y de los seres humanos con la naturaleza, una visión que no piensa al ser humano como alguien autónomo, sino como alguien que necesita del otro para poder sobrevivir. Las feministas populares lo han dejado en claro cuando colocan la ética del cuidado en un lugar central. Hoy el cuidado aparece en el discurso oficial y de hecho este Gobierno ha incorporado a numerosas mujeres profesionales, economistas, intelectuales. Ojalá sus presencias en esos puestos colaboraren a profundizar esta visión.

-Mientras tanto se organiza una “marcha contra el comunismo”, se cacerolea contra la prisión domiciliaria para presos en situaciones vulnerables, y podríamos seguir…

-Todas esas personas siempre estuvieron ahí. Vivimos un momento de regresión política en el cual hay corrientes sociales ligadas a un pensamiento reaccionario de derecha y derecha extrema, que buscan una expresión política partidaria. Y que, en algunos países, como Brasil, la ha encontrado. La crisis de 2008 en Europa y Estados Unidos abrió la puerta a una reconfiguración económica y social negativa: se hizo en beneficio de los sectores financieros y perjudicó a sectores medios y populares. Esos sectores buscaron otras soluciones por la vía de una narrativa xenófoba y nacionalista. En América Latina lo vimos en Bolivia: a partir del derrocamiento a Evo Morales se hizo presente una derecha radical, anti-indígena, que creíamos derrotada. El modelo de la globalización neoliberal se agotó. Corremos el peligro de avanzar a un colapso ecosistémico de la mano de una derecha radical y nacionalista que propone un cierre cognitivo a través del miedo. En 2011, cuando surgieron movimientos como Ocupy Wall Street o los indignados en España, una de las consignas era “Somos el 99 % de la población contra el 1 % de los súper ricos”. Luis González Reyes, un ecologista español, dice que hay que complejizar esa consigna: hay un 20% de la población que es permeable al mensaje fascista. Entonces, en verdad, somos el 79% versus el 21%. No se puede negociar con los fascismos, al fascismo se lo combate a través de frentes políticos.

¿Por qué Maristella Svampa?

Maristella Svampa se define como intelectual anfibia, todo terreno, pero oriunda de la Patagonia. Es Licenciada en Filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba, magister en Filosofía en la Universidad de París I y doctora en Sociología por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, de París. Es investigadora principal del Conicet y tiene una veintena de libros publicados, entre ensayos, investigaciones y novelas. Svampa es una pensadora, se diría, especializada en crisis: en la crisis del mundo popular y el desarrollo de las organizaciones piqueteras en la convulsionada Argentina post 2001 (pero también, su contracara: la vida en los countries y barrios privados), la crisis del peronismo (La plaza vacía. Las transformaciones del peronismo) y, desde hace años, su gran tema ha sido el de la devastación medioambiental. Sus últimos libros lo demuestran: Chacra 51. Regreso a la Patagonia en los tiempos del fracking y Las fronteras del neoextractivismo en América Latina

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Lunes, 25 Mayo 2020 06:31

Covid: acelerador de cambios

Covid: acelerador de cambios

Las crisis son aceleradoras de cambios. La irrupción de los derechos sociales en las leyes laborales a nivel mundial no se entenderían sin la Primera Guerra Mundial, el Estado de bienestar y la concepción del gobierno como motor económico no sería igual sin la Segunda Guerra Mundial y la reconstrucción que devino. De manera más silenciosa, pero igual de relevante, está el listado de cambios sociales y políticos que se generaron tras la crisis financiera global de 2008: la crisis del modelo neoliberal, o del capitalismo de libre mercado, empezó con la caída de Lehman Brothers, la ruptura de la confianza, el absurdo del modelo de compra de derivados e hipotecas subprime, que le costaron al mundo el primer gran tropiezo desde la Gran Depresión. Recordar estos hitos me parece oportuno en el momento que estamos viviendo, y la pregunta parece obvia: ¿qué mundo, qué país, nos espera después del Covid-19?, ¿cuáles serán las características de esa "nueva normalidad" o modelo de convivencia social?, ¿quién gana y quién pierde en el reacomodo?

Existe un aparente consenso respecto a que nada será igual. De alguna manera, hay un relativo consenso respecto a que ese cambio será positivo. Las imágenes de la naturaleza recuperando espacios, de los animales salvajes tomando las calles, de la solidaridad y la conciencia cívica para enfrentar la pandemia animan ese espíritu positivo en la opinión pública confinada. Vayamos borrando esa impresión optimista, o la decepción será mayúscula. No tenemos derecho a engañarnos. El mundo que viene, la normalidad pospandemia, será de una profunda crisis económica global, de un replanteamiento de las cadenas de suministro, de una sutil y cotidiana sicosis, y de un desempleo sin precedente; ver la cifra de 40 millones de personas que han perdido su trabajo en Estados Unidos, la economía más poderosa del mundo, nos debe dar una idea del problema.

Hay un dato de Google que se popularizó hace tiempo, en el que pronostica que la mitad de los empleos en la próxima década aún no existen, y la mitad de los que hoy tenemos, desaparecerán. La automatización de la mano de obra, la digitalización de procesos, la "economía de la distancia" han encontrado en el Covid-19 su mejor catalizador. Pongo un ejemplo a ras de piso: cuántos changarros, pequeños restaurantes y fondas se montaron en aplicaciones como Rappi en estos días, para poder pagar las cuentas y subsistir. Esa adaptación no tiene reversa.

Sin ser un juego de suma cero, es inevitable pensar que lo que ganen algunas industrias, lo perderán otras. El turismo, el entretenimiento en vivo, las aerolíneas, las escuelas y universidades enfrentarán la mayor presión financiera de que tengan registro: ¿quién quiere y puede viajar a China, a Italia, hoy?, ¿deben –como se preguntan cientos de miles de estudiantes a nivel mundial– las colegiaturas mantenerse intactas, cuando la educación es en línea?, ¿cuántos aviones estacionados, a medio llenar, hay y habrá en los próximos años? El dato de que Air France/KLM hayan decidido dejar de utilizar el Airbus 380 –el avión de mayor capacidad– es un signo inequívoco de lo que viene.

¿Nos espera un mundo más limpio, más libre, más democrático, más próspero?, ¿nos espera uno más tenso, más paranoico, más cerrado entre pueblos y países, alérgico a la globalización y propenso a enfermar? La larga noche de las guerras del siglo XX nos dan un indicador importante. El abuso en el Tratado de Versalles al fin de la Primera Guerra, que hincó y devastó a Alemania, fue el caldo de cultivo para el crecimiento del descontento, el nacionalsocialismo, la barbarie y la Segunda Guerra. El fin de la pandemia y el establecimiento de un nuevo orden en nuestro tiempo marcarán el siglo XXI para bien –como muchos esperan– o para mal.

Por ello, como lo he escrito en otros artículos, reitero: es momento de que con humildad y sin prepotencias de grupo busquemos acuerdos ante algo tan complejo que hoy vive toda la humanidad. Es tiempo de escucharnos todos, de ponderar, sí con el conocimiento técnico, pero sin creer ser poseedores de la verdad absoluta; tampoco es tiempo de manipular verdades a través del poder; es tiempo de madurar acuerdos entre todos, por más difícil que parezca, para que en esta realidad prevalezca la cordura de que impere el bien común sin avasallar al que piensa y, por tanto, actúa diferente. Si ante un fenómeno tan desgarrador, como lo ha sido esta pandemia, no somos capaces de actuar con sensatez y prudencia, habrá ganado el egoísmo protagónico que nos coloque en una enfermedad aún más grave que la propia pandemia.

Al final de esta terrible jornada de la pandemia los países, y por tanto el mundo entero, harán real registro de los tantos cambios que hoy se pronostican hacia el futuro, y al cabo de un tiempo relativamente cercano sabremos si como generación fuimos capaces de haber aprendido la lección y si ello derivó a ser mejores o no. Así serán, ni más ni menos, nuestros hijos y nietos, quienes en un futuro cercano nos juzguen

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Lunes, 25 Mayo 2020 06:21

El mercado laboral en problemas

El mercado laboral en problemas

Cepal advierte sobre los riesgos que supone el coronavirus

La desocupación crecera al menos 3,4 puntos en la región, llegando a 11,5 por ciento. La cifra equivale a más de 11,5 millones de nuevos desempleados.

 

Cepal informó que la actividad económica de América Latina y el Caribe se contraerá 5,3 por ciento este año. Como consecuencia de esta contracción, la tasa de desocupación crecerá al menos 3,4 puntos porcentuales, hasta alcanzar una tasa del 11,5 por ciento, lo que equivale a más de 11,5 millones de nuevos desempleados. No obstante, el organismo advirtió que en la medida en que la dinámica de la pandemia se prolongue y las medidas de distanciamiento físico sigan siendo necesarias, cabe esperar que la contracción y el impacto en el empleo sean todavía mayores a los proyectados. Además, se espera un marcado deterioro de la calidad del empleo.

Muchos de los trabajadores de la región no tienen acceso a servicios de salud de calidad y, dadas las características de su trabajo, están más expuestos al contagio. Asimismo, sus ingresos son generalmente bajos, por lo que cuentan con una capacidad de ahorro limitada para hacer frente a períodos prolongados de inactividad. Tampoco disponen de mecanismos de sustitución de ingresos, como los seguros de desempleo, que generalmente están vinculados al trabajo formal.

El impacto en los mercados laborales de cada país de la región dependerá, entre otras cosas, de la estructura productiva y la composición del empleo de cada sector. Entre las áreas que se verán gravemente afectadas se encuentran las relacionadas con el turismo (aerolíneas, alojamiento, restaurantes y hoteles), el comercio y la industria, así como las actividades inmobiliarias y administrativas. Estos sectores son intensivos en mano de obra y algunos concentran una elevada proporción de empleo informal. De acuerdo a estimaciones de la OIT, la tasa media de informalidad es del 54 por ciento en la región, situación que expone todavía más a esos trabajadores.

En América Latina se estima que un 42,4 por ciento del empleo se encuentra en sectores de riesgo alto y otro 16,5 por ciento, en sectores de riesgo medio-alto. A raíz de ello, la probabilidad de que estos trabajadores vean reducidas sus horas de trabajo, sufran recortes salariales o pierdan el empleo es elevada.

En lo que refiere al impacto de la pandemia sobre el mercado laboral por sexo, se observa que las áreas en las que se considera que existe un riesgo alto de pérdida de empleos concentran una mayor cantidad de fuerza laboral masculina. De hecho, se estima que en promedio la proporción de mujeres empleadas en sectores de alto riesgo es de un 44 por ciento. Por otro lado, algunos de los sectores en los que el riesgo de paralización de la actividad se considera medio-bajo, como la educación y la salud, presentan una elevada concentración de empleo femenino. No obstante, Cepal advierte que hay que tener en cuenta que este menor riesgo de pérdida de empleo no implica que las condiciones de trabajo no se vayan a ver afectadas.

Por último, el informe también subraya que el impacto en los mercados laborales regionales dependerá de la capacidad de los países de adaptarse a nuevas formas de trabajo. “Si bien el trabajo a distancia, o teletrabajo, es una posibilidad para muchos trabajadores, no todos los países cuentan con la infraestructura tecnológica adecuada para ello. En la región, un 67 por ciento de la población es usuaria de internet, pero existen diferencias significativas tanto entre los países como dentro de ellos, que obedecen a factores como el nivel socioeconómico y la ubicación geográfica”, destaca el trabajo. 

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El mundo está cambiando y es posible que estemos ante el nacimiento de un "siglo asiático", dice el artículo. Foto: Reuters

EEUU, que está tratando de poner a todo el mundo en contra de China, corre el riesgo de perder a Europa, advierte el diario Foreign Policy. El autor señala que el mundo está cambiando y es posible que estemos ante el nacimiento de un "siglo asiático".

Los medios estadounidenses no paran de declarar que la pandemia del coronavirus "abrió los ojos del mundo a la verdadera naturaleza del régimen chino". Pero las estadísticas muestran que los europeos están mucho más preocupados ahora por el comportamiento de Estados Unidos durante la crisis que por las políticas de Pekín, escribe Foreign Policy.

El diario hace referencia a un estudio realizado por la Fundación Korber que muestra que los alemanes están casi igualmente divididos en cuanto a la cuestión sobre el socio más importante: el 37% de los encuestados eligieron a Estados Unidos y el 36% a China. Los datos son sorprendentes y muestran un cambio significativo con respecto a la encuesta de septiembre de 2019, destaca el artículo. En ese momento, EEUU tenía una ventaja impresionante sobre China del 26% de los votos.

Esto no significa que los alemanes estén dispuestos a apoyar a Pekín en todo, explica el autor de la publicación, Noah Barkin. En particular, el 71% de los alemanes encuestados cree que un comportamiento más abierto por parte de las autoridades chinas podría haber limitado el impacto del coronavirus o incluso detenido la propagación de la pandemia. Sin embargo, solo el 36% de los encuestados dijo que su opinión sobre China ha empeorado en medio de la crisis, mientras que el 73% lo dijo en cuanto a EEUU. Y eso debería servir de advertencia para Washington, según el columnista.

El mundo está cambiando y es posible que estemos ante el nacimiento de un "siglo asiático", dice el artículo.

Los políticos de Alemania y otros países europeos ven "un cambio en las líneas geopolíticas" que afectan sus cálculos, escribe Foreign Policy.

Cuando los europeos miran a EEUU, ven un "caos", subraya el autor. "En este país, donde más de 91.000 estadounidenses murieron por la pandemia del coronavirus, los políticos son incapaces de dejar de lado sus divergencias y actuar juntos. Ven una administración que evita contactar con la ciencia y cooperar con el mundo, cuando es lo que más se necesita. Y ven a un presidente que parece dispuesto a aplicar la táctica de la tierra quemada a las relaciones entre EEUU y China si eso es lo que se necesita para rescatar sus decaídas esperanzas de ser reelegido".

Mientras tanto, Donald Trump no se percibe en Europa como la causa de la disfunción de Estados Unidos, sino más bien un síntoma o catalizador, observa el autor. Si Joe Biden llega al poder, la paralizante división partidaria continuará, al igual que la devastación económica, que las autoridades son cada vez menos capaces de afrontar.

Alemania no es el único país europeo cuya población está cambiando su opinión sobre EEUU.

Según una encuesta del British Foreign Policy Group, solo el 28% de los británicos opinan que Estados Unidos actúa responsablemente en el mundo, es una caída de 13 puntos porcentuales respecto a los datos de enero.

La empresa Ifop preguntó a los franceses qué países están mejor preparados para hacer frente a los desafíos de las próximas décadas. Solo el 3% eligió a EEUU.

Un triángulo de países sustituiría la hegemonía de EEUU tras la pandemia
Una encuesta realizada en abril por el instituto de investigación SWG mostró que el 36 por ciento de los italianos encuestados creían que su país debía centrarse en el desarrollo de vínculos estrechos con China, frente al 30 por ciento que eligió a Estados Unidos.

Esto no significa que Europa se dirija hacia una política de equidistancia entre Estados Unidos y China. Pero Europa está tratando de asegurarse.

Actualmente está negociando con Pekín un acuerdo global de inversiones y medidas conjuntas para combatir el cambio climático. Si se concreta justo cuando se están celebrando las elecciones en Estados Unidos, será otra señal de que Estados Unidos está perdiendo a Europa, cediendo su prioridad en la política exterior a China, concluye el autor.

24 mayo 2020

(Tomado de Sputnik)

 

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El Tratado de Cielos Abiertos es el tercer convenio internacional de defensa del cual el presidente Donald Trump decide retirar a Estados Unidos. En la imagen, el magnate regresa a la Casa Blanca después de pasar el día en su club de golf de Virginia.Foto Afp

Washington. El gobierno de Donald Trump se ha planteado la posibilidad de realizar la primera prueba nuclear de Estados Unidos desde 1992, como una advertencia a Rusia y China, informó el viernes el Washington Post, lo que supondría una ruptura de la política de defensa seguida por el país.

Según el diario estadunidense, que cita a un alto funcionario del gobierno y a dos ex funcionarios, todos bajo condición de anonimato, la discusión de esa posibilidad tuvo lugar durante una reunión el 15 de mayo; luego de que funcionarios estadunidenses aseguraron que Rusia y China están haciendo ensayos nucleares.

Moscú y Pekín lo negaron, y Washington no ha aportado pruebas de sus afirmaciones.

Para la fuente del Washington Post, demostrar que Estados Unidos es capaz de realizar una prueba rápidamente sería una táctica de negociación útil en un momento en que Washington está tratando de concluir un acuerdo tripartito con Rusia y China sobre armas nucleares.

La reunión terminó sin una decisión y las fuentes divergen sobre el futuro de las discusiones.

Beatrice Fihn, de la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN), el grupo que ganó el Premio Nobel de la Paz en 2017, advirtió que una prueba nuclear de Estados Unidos podría “sumergirnos en una nueva guerra fría”.

También desmontaría cualquier posibilidad de evitar una nueva y peligrosa carrera armamentista nuclear. Terminaría por socavar el marco global para el control de armas, dijo en un comunicado.

Esta información del Washington Post se publicó después de que Trump anunció su intención retirar a su país del Tratado de Cielos Abiertos, tras acusar a Rusia de violarlo.

El tratado, que entró en vigencia en 2002, autoriza a los países signatarios a realizar vuelos de observación sobre los territorios de otros estados para verificar movimientos militares.

Es el tercer acuerdo internacional de defensa del cual el presidente Trump decide retirar a Estados Unidos, después del pacto sobre el programa nuclear iraní, denunciado en 2018, y el tratado INF sobre misiles terrestres de mediano alcance, abandonado en 2019.

Complicado que naciones en vías de desarrollo puedan imitar las estrategias económicas de Alemania. En la imagen la canciller alemana, Angela Merkel.Foto Ap

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Los trabajadores de la salud de Tadó exigen la socialización del plan de contingencia para enfrentar la pandemia del covid – 19

En precarias condiciones están los trabajadores de la salud del Hospital San José de Tadó –Chocó: con pocos elementos de bioseguridad y sin dotaciones ni salas de aislamiento. No cuentan con los recursos necesarios para atender pacientes contagiados. Además, el Estado tiene una deuda salarial con 130 de los empleados que han trabajado en este hospital de primer nivel. Los trabajadores de la salud en un plantón realizado el pasado lunes 18 exigieron al alcalde del municipio, Cristian Copete Mosquera, que socialice el plan de contingencia para enfrentar la pandemia del virus covid-19.

El hospital, que debe atender a una población en promedio de 20.000 mil personas, no cuenta tampoco con respiradores para atender emergencias respiratorias generadas por el covid-19. Solo tiene 14 camas y varias de estas están a punto de ser inutilizables. Sin embargo todo el personal de talento humano: servicios generales, porteros, enfermeras, médicos y funcionarios administrativos está obligado, según el decreto 538 de 2020, a trabajar, sin importar las condiciones para ello, incluso a riesgo de su propia vida.

Algunos de estos trabajadores del centro hospitalario de Tadó, continúan trabajando así el Estado tenga una deuda salarial con ellos de más de 14 meses. Se le suma que deben atender otros dos mortales virus: el dengue y la malaria y, la infraestructura no es la adecuada. La inestabilidad es imperante y ya se ha trasladado a sus familias, muchos requieren de ayuda psicológica pues el trastorno ha sido inevitable. Están desesperados, crisis tras crisis, aún así la situación empeoró al conocerse por parte de la secretaria de salud, Gloria Prado Pino, que el departamento del Chocó ya tiene 80 casos positivos del virus.

El hospital de Tadó ya tuvo su primera alerta por contagio, un paciente que había ingresado por una anemia y fue traslado en una ambulancia hacia la ciudad de Quibdó. Al realizarle la prueba nasal días después, el 19 de mayo, el resultado arrojó positivo.

Sin socializar un plan de contigencia

desdeabajo conversó con María Marisol Rentería, funcionaria del hospital y presidenta regional Chocó de la Asociación Nacional Sindical de Trabajadores y Servidores Públicos de la Salud y Seguridad Social Integral y Servicios Complementarios de Colombia (Anthoc), para conocer de cerca la crisis laboral, financiera y de infraestructura que tiene esta Empresa Social del Estado.

da: ¿Qué acciones ha desarrollado el sindicato en medio de esta coyuntura?

MR: Nosotros venimos dando apoyo a las instituciones pero también, a la vez, reclamando porque no tenemos las condiciones para enfrentar los casos de covid-19. Los alcaldes están empeñados en que van a organizar salas de aislamiento, pero solo han perdido el tiempo, y hasta la fecha no las han dotado. Como sindicato y como empleada hemos realizado reclamaciones y plantones permanentemente sobre esta situación porque no han socializado el plan de contingencia. Además, hay pagos atrasados, esos recursos ya los tiene la gobernación del Chocó y no se ha llegado a feliz término para pagar esa deuda atrasada que viene desde el 2015.

da: ¿Cómo está la situación en relación a las contrataciones por las EPS para mejorar la crisis de los hospitales?

MR: Las EPS deben cumplir y girar los dineros a los hospitales. Tienen que hacerlo pues al aliviar la cartera a los hospitales el servicio va a mejorar. Lo otro es que el Gobierno entregue el dinero directamente a los hospitales, solo están llegando giros directos por la parte de contratación subsidiada. La SúperIntendencia de Salud debe hacer cumplir a las EPS el pago porque es la garante de estas conciliaciones.

da: ¿Cuáles son las peticiones urgentes para poder superar esta crisis laboral, financiera y de infraestructura que vive el Hospital de San José de Tadó?

MR: Primero que cumplan con el pago de nuestra deuda. Que se garantice la asignación de los elementos de protección, que no sea solo por un día sino permanente. Necesitamos dotación para que la sala de aislamiento tenga todo lo necesario y poder atender futuros contagios de covid-19. Ya tuvimos una primera alerta, necesitamos estar preparados para la segunda que venga. Necesitamos que el gobierno nacional nos ayude con la infraestructura del hospital, las instalaciones están muy deterioradas.

da: ¿Qué cambios necesita el hospital en infraestructura?

MR: El hospital necesita nueva infraestructura. Un cambio total de toda el área para que pueda cumplir con todos los parámetros que exige la norma. No hemos visto las acciones por parte del alcalde de Tadó, ni de la gerente del hospital, ni del gobernador del Chocó. 

 

El Hospital de San José de Tadó cuenta con 14 camas que no están dotadas para atender la pandemia.

 

A mediados de abril la Procuraduría General de la Nación suspendió al gobernador del Chocó, Ariel Palacios, durante tres meses por presuntas irregularidades de un contrato por $2.000 millones relacionado con la contingencia del coronavirus.

El gobernador encargado, Jefferson Mena Sánchez, que tomó posesión el pasado 4 de mayo, informó a medios de comunicación que: “De manera articulada con los alcaldes municipales, gestionaremos recursos para los hospitales y centros de salud de las distintas poblaciones del departamento y seguiremos insistiendo en las medidas de protección y auto-cuidado para mitigar y contener la expansión del virus en nuestro territorio”. Además Mena Sánchez, agregó que: “promoveremos un canal de información oportuno, con rendición de cuentas claras de cada una de las acciones que adelante esta administración”.

A la fecha de hoy, en el página web de la gobernación del Chocó, en la sección de rendición de cuentas el último informe de gestión es del 11 de abril, es decir, del anterior mandatario. ¿Dónde están los recursos que necesita el Hospital de Tadó urgentemente?

Si bien el artículo 5 del decreto 538 de 2020 tiene la finalidad de financiar […] la operación corriente o para inversión en dotación de equipamiento biomédico, con el fin de garantizar la prestación de servicios de salud a la población afectada por causa de la emergencia derivada del Coronavirus COVID-19, es evidente, por la realidad acá narrada que al menos en el Chocó nada de esto se cumple.

Esperemos, enfatiza María Marisol Rentería, que el nuevo gobernador del Chocó, la Súper Intendencia de Salud y la Procuraduría General de la Nación estén procurando que esos recursos que necesita, no solo el hospital de Tadó sino muchas centros de salud del departamento, sean ejecutados o ¿Esperaran que el Chocó se convierta en un segundo Amazonas con su exponencial número de contagiados del país y así ejecutar el plan de contingencia?

El gobierno nacional no puede obligar a los trabajadores de salud a trabajar cuando no cumplen ni siquiera con sus derechos laborales. Es claro que el Hospital San José de Tadó en Chocó está en el vórtice de la crisis. Ya lo anotó el equipo desdeabajo “la salud es un derecho para la vida y no una obligación para la muerte”.

En los siguientes enlaces podrá ver programas de la serie –Demonios– con expertos y expertas que debaten y analizan la situación de la salud de Colombia en medio de la crisis sanitaria:

- El Chocó: una pandemia sin fin

https://www.youtube.com/watch?v=_FcrMk96m7I&t=4s

-Trabajadores de la salud y el Decreto Nº 538/2020:
https://www.youtube.com/watch?v=MWEnEPakPwk&t=320s

- La Ley 100 y la crisis de la salud en Colombia

https://www.youtube.com/watch?v=lARq7LfeYDc

Situación de los trabajadores de la salud. ¿Amenazada la salud de la primera línea de atención?

https://www.youtube.com/watch?v=ei6rf-YnzwI

 

 

 

Publicado enColombia
Viernes, 22 Mayo 2020 06:53

Los límites de la militarización

Los límites de la militarización

En días recientes se registraron importantes movilizaciones, muchas no convocadas por los canales tradicionales, en varios países, pasando por encima de las restricciones y los controles policiales y militares. Los sucesos más importantes ocurrieron en Grecia, Chile y Haití.

Desde Grecia, Evgenia Michalopoulou relata cómo los jóvenes, después de 48 días de cuarentena, en un país que tiene sólo mil 300 casos activos y 165 fallecidos, comenzaron a ocupar las plazas de los barrios. "El clima está mejorando y como los bares siguen cerrados, se juntan en las plazas a tomar cerveza hasta la madrugada, en claro desafío al aislamiento".

La reacción histérica de los medios y del gobierno derechista llevó a que la policía antidisturbios comenzara a perseguir a los jóvenes con gases, sellando las plazas y prohibiendo la circulación en la Kalithea de Salónica. Al día siguiente, familias enteras desafiaron las órdenes policiales permaneciendo en la plaza, actitud que se repite en muchas otras, en "una desobediencia espontánea y al mismo tiempo organizada", como puede verse (https://bit.ly/3e0mYl5).

Ante cada represión policial, la respuesta de abajo son marchas con miles de personas, barrios enteros recuperando sus plazas, ganando en confianza, al punto que "las calles están llenas, la gente se sienta en los escalones y las puertas y, de repente, te sientes como si estuvieras en un pueblo". La insistencia de la gente "ha obligado al gobierno a abrir cafés y bares una semana antes de lo previsto", relata Evgenia.

En Haití la oposición convocó para el lunes pasado una jornada de protesta, exigiendo la renuncia del presidente del país, Jovenel Moïse, pese a las restricciones impuestas por la pandemia. Fue convocada por Sector Democrático y Popular, en una fecha que coincide con el aniversario de la creación de la bandera nacional, hace 217 años.

El presidente Moïse es criticado por la gestión durante la pandemia y la corrupción, lo que sumado a un intenso ciclo de protestas provoca una "precaria estabilidad", con enfrentamientos incluso entre policías y ejército en el contexto de una creciente extensión de la crisis sanitaria (https://bit.ly/3bKVTRf).

Es evidente que la protesta haitiana está lejos de haber finalizado, al igual que está sucediendo en Chile.

En Santiago se vivieron momentos que recuerdan la revuelta popular lanzada en octubre. La comuna El Bosque tomó la iniciativa con una masiva presencia juvenil en las calles, con barricadas y enfrentamientos que forzaron a los carabineros a retroceder, momentáneamente. En pocos días se extendieron a todo el sector sur de Santiago e incluyeron La Legua, uno de los barrios históricos en la resistencia al régimen de Pinochet.

Los motivos son el incumplimiento del gobierno en la distribución de alimentos. La modalidad fueron las barricadas para defender las poblaciones e impedir el ingreso de los uniformados. Las masivas protestas iniciadas el 18 de mayo, no por casualidad, coincidieron con la fecha en que se cumplen siete meses del comienzo de la revuelta. La represión está gaseando las comunas populares, en respuesta ridícula a los levantamientos.

En primer lugar, debemos consignar que la lucha callejera es apenas una de las modalidades que adopta la resistencia a la militarización. Antes de ganar las calles, las asambleas territoriales en Chile siguieron activas, en redes de abastecimiento y contrainformación, en el apoyo a personas contagiadas o vulnerables, en la creación de huertas urbanas, y muchas pequeñas acciones de baja visibilidad, pero de hondo contenido comunitario.

De lo anterior, se deduce que la manifestación y la acción pública no son, ni pueden ser, ni el centro ni el único modo de hacer de los pueblos en movimiento. La salida a la calle tiene sus pros y sus contras, que deben ser evaluados colectivamente. Los pueblos originarios raras veces se manifiestan y, cuando lo hacen, la acción tiene connotaciones bien diferentes a la protesta que demanda al Estado algún derecho o por algún incumplimiento.

La segunda cuestión, aunque parezca contradictoria, es que el levantamiento de los pueblos es lo que puede frenar la tendencia a la militarización acelerada que buscan los gobiernos que gestionan la pandemia. Sólo acciones desde abajo pueden desbaratar la represión y el control que nos imponen. Un tipo de control que no tiene la menor relación con los necesarios cuidados ante el coronavirus.

El sistema ha pasado de imponer rejas y cámaras de vigilancia para combatir la delincuencia, al uso de mascarillas y el distanciamiento para combatir el virus. En ambos casos, se trata de una lógica típicamente colonial/patriarcal que no resuelve la inseguridad, sino que la profundiza porque los cuidados individualizados tienen poco vuelo si no forman parte de cuidados comunitarios.

El sistema-mundo capitalista está llegando a un punto de bifurcación, como anunciaba Immanuel Wallerstein. Sin embargo, no estamos ante una ley inexorable. El futuro depende la acción colectiva.

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EU abandona el Tratado de Cielos Abiertos; Rusia no lo respeta: Trump

El pacto permite verificar los movimientos militares de 34 estados firmantes por medio de sobrevuelos

 

Washington. El presidente Donald Trump anunció ayer que Estados Unidos se retirará del Tratado de Cielos Abiertos, que permite a unas 30 naciones verificar los movimientos militares de los estados firmantes, tras acusar a Rusia de violar el pacto.

Este es el tercer acuerdo de control de armas del que Trump decide retirar a su país desde que está en el gobierno. Ya abandonó el acuerdo internacional sobre el programa nuclear de Irán y la denuncia del tratado INF sobre misiles terrestres de mediano alcance.

"Rusia no respetó el tratado", denunció Trump en una rueda de prensa en la Casa Blanca.

"Mientras ellos no lo respeten, nosotros nos vamos a retirar", afirmó el mandatario, confirmando así una información adelantada por el New York Times.

El Tratado de Cielos Abiertos permite que los 34 países firmantes sobrevuelen sus territorios respectivos, tomar fotografías de las instalaciones y actividades militares y recabar información.

La idea es que, cuanto más se conozcan las potencias rivales, menos posibilidades habrá de que se enfrenten en una guerra. Pero las partes también usan los vuelos para examinar las vulnerabilidades de su oponente.

Estados Unidos ha señalado varias veces a Rusia por violar este tratado. El secretario estadunidense de Defensa, Mike Esper, aseguró a principios de marzo en una comparecencia ante el Congreso que "hace años que los rusos hacen trampa".

Tras el anuncio del retiro de Estados Unidos del pacto que tenía además una treintena de países miembros, Rusia denunció un golpe a la seguridad europea.

El ex presidente estadunidense Dwight Eisenhower fue el primero en proponer que Estados Unidos y la entonces Unión Soviética permitieran vuelos de reconocimiento aéreo en sus respectivos territorios, en julio de 1955. Moscú rechazó la idea, pero el ex presidente George W. Bush volvió a proponerla en mayo de 1989 y el tratado entró en vigor en enero de 2002. Hasta el momento lo han firmado 34 naciones.

Se han realizado más de mil 500 vuelos dentro de este pacto, que busca fomentar la transparencia de las actividades militares y ayudar a vigilar el control de armamentos. Cada país firmante acepta abrir todo su territorio a los vuelos de vigilancia, pero Rusia los ha restringido en ciertas zonas.

El mes pasado, legisladores demócratas de los comités de Exteriores y Fuerzas Armadas de las dos cámaras acusaron al presidente de "forzar" el retiro del tratado en momentos que el mundo entero lucha contra el Covid-19. Dijeron que socavaría las alianzas con socios europeos que utilizan el tratado para obligar a Rusia a rendir cuentas de sus actividades militares en la región.

"El intento del gobierno de efectuar un cambio importante en nuestras medidas de seguridad nacional en medio de una crisis de salud global no sólo es miope, sino también absurdo", escribieron los legisladores Adam Smith y Eliot Engel y los senadores Jack Reed y Bob Menendez.

El ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, Heiko Maas, lamentó el anuncio estadunidense y señaló que "este tratado representa parte importante de la arquitectura europea de control de armas".

Agregó que en los últimos años Rusia ha tenido "dificultades para implementar el tratado"; sin embargo, "ello no es una excusa para abandonarlo".

Maas explicó que la decisión de Trump entrará en vigor dentro de seis meses, y "durante este tiempo trataremos de que la administración estadunidense reflexione".

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Jerome H. Powell, presidente de la Reserva Federal, se unió a varios de sus colegas para advertir que la economía estaba en un territorio incierto y que no estaba claro cuándo se recuperarían los empleos y la actividad. Foto: Erin Schaff / The New York Times

Jerome H. Powell, presidente de la Reserva Federal, y otros altos funcionarios del banco central advirtieron el jueves que Estados Unidos estaba experimentando un shock excepcional en la pandemia de coronavirus, y que no estaba muy claro cuándo y cuán bajo sería el desempleo y la prosperidad generalizada.

La economía de los Estados Unidos se encuentra en una "recesión sin precedentes modernos", dijo Powell, pocas horas después de que los datos del gobierno mostraran que otros 2.4 millones de personas presentaron nuevas solicitudes de desempleo la semana pasada.

"En el mejor de los casos, es difícil predecir el camino de la economía con certeza", agregó. "Ahora estamos experimentando un nuevo nivel de incertidumbre, ya que las preguntas que solo el virus puede responder complican las perspectivas".

Los comentarios del jefe de la Fed subrayaron un punto que sus colegas hicieron repetidamente en una serie de compromisos el jueves: El camino hacia la recuperación no es obvio ya que la economía y el mercado laboral absorben el mayor impacto en generaciones. En ese contexto, dijeron varios, tanto los formuladores de políticas de la Fed como los del Congreso y la Casa Blanca deberían estar preparados para hacer más si es necesario.

 

Las solicitudes de desempleo en EE.UU alcanzan los 38,6 millones

 

A pesar de que las restricciones a las empresas comenzaron a levantarse en los Estados Unidos, otros 2,4 millones de trabajadores solicitaron beneficios por desempleo la semana pasada, informó el gobierno el jueves, lo que eleva el total de nuevas reclamaciones a más de 38 millones en nueve semanas.

"La hemorragia ha continuado", dijo Torsten Slok, economista jefe de Deutsche Bank Securities, sobre las crecientes pérdidas de empleos. Él espera que la tasa oficial de desempleo para mayo se acerque al 20 por ciento, por encima del 14.7 por ciento reportado por el Departamento de Trabajo en abril.

Una reciente encuesta de hogares de la Oficina del Censo sugiere que el dolor está muy extendido: el cuarenta y siete por ciento de los adultos dijeron que ellos o un miembro de su hogar habían perdido ingresos laborales desde mediados de marzo. Casi el 40 por ciento esperaba que la pérdida continuara durante las próximas cuatro semanas.

Y existe una creciente preocupación de que muchos trabajos no regresen, incluso para aquellos que se consideran despedidos temporalmente.

 

The Atlantic despide a decenas de trabajadores

 

The Atlantic despedirá a 68 trabajadores en "eventos, ventas y editorial", dijo el jueves David G. Bradley, presidente de Atlantic Media, en un correo electrónico del personal, mientras la publicación lucha con las mismas fuerzas, principalmente una caída en la tecnología digital. publicidad, que ha afectado a decenas de miles de empleos en los medios de comunicación durante la crisis del coronavirus, incluso cuando ha experimentado un fuerte aumento de suscriptores.

Los despedidos representan el 17 por ciento del personal total, dijo The Atlantic en un comunicado. Los ejecutivos tendrán su recorte salarial, y habrá congelaciones salariales generales.

Bradley dijo que un pivote estratégico a largo plazo para un modelo de negocio que se basa principalmente en los ingresos de los lectores, "se acelera, y se hace necesario, por la anulación casi completa de los eventos en persona de la noche a la mañana y, por ahora, un refuerzo. disminución de la publicidad ".

The Atlantic instituyó un muro de pago en línea el año pasado y desde entonces ha agregado 160,000 nuevos suscriptores, dijo Bradley. Más de 90,000 de ellos se han agregado desde marzo. La revista, que tiene 163 años y que alguna vez fue editada por Ralph Waldo Emerson, ha recibido grandes elogios por su cobertura de la pandemia.

Hace tres años, Bradley vendió una participación mayoritaria en Atlantic Media a Emerson Collective , la organización fundada por la multimillonaria Laurene Powell Jobs.

(Informaciones de agencias, The New York Times, BBC)

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China amenazó con "represalias" si Estados Unidos le aplica sanciones por el coronavirus

Se tensa aún más la relación entre ambos países

 

La tensión entre Estados Unidos y China por la pandemia del coronavirus no cesa. El país asiático respondió con dureza a las amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, y advirtió que tomaría “medidas de represalia” si el Congreso estadounidense adopta sanciones contra Beijing por su responsabilidad en el brote de Covid-19 . La Cancillería de China arremetió además directamente contra el secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, a quien tildó de "irresponsable" por no respetar el soberanía de China. 

“Estamos resueltamente opuestos a esos proyectos legislativos y adoptaremos una respuesta firme y medidas de represalia” si son adoptados, advirtió ante el vocero de la Asamblea Nacional Popular (parlamento chino), Zhang Yesui sobre las iniciativas presentadas por los senadores republicanos que responden a Trump. Puntualmente, el proyecto daría al mandatario la facultad de imponer sanciones a China si Beijing no proporciona un “informe completo” sobre la pandemia de COVID-19.

La semana pasada, Trump había llegado a amenazar incluso con "cortar la relación" económica con el país como castigo a Beijing por haber retenido información sobre la covid-19 , como sostiene el gobierno estadounidense. Esta semana, la relación se tensó aún más por el anuncio de Washington sobre una posible venta de armas a Taiwán, que China entendió como una afrenta a su soberanía.

"(Pompeo) ha jugado a la perfección el papel de un político extremadamente irresponsable, pero sus numerosas mentiras han llevado a la bancarrota su credibilidad en el mundo", afirmó el vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores, Zhao Lijian. Taiwán es un Estado con reconocimiento limitado al que China considera parte de su territorio y "una provincia rebelde".

El miércoles, Trump anunció que había aprobado otra venta de armas a la isla, un día después de que Pompeo felicitara a la líder de Taiwán, Tsai Ing-wen, por el comienzo de su segundo mandato refiriéndose a ella como la "presidenta de Taiwán", pasando por alto que la isla no es miembro de la ONU y que tiene relaciones sólo con 14 de los 193 países de Naciones Unidas.

"Solo hay una China en el mundo, y Taiwán es una parte inalienable del territorio chino", aseveró el vocero de la Cancillería al ser consultado por los dichos de Pompeo. Recordó que “Estados Unidos reconoce al gobierno de la República Popular China como el único gobierno legal de China" y señaló que el comentario de Pompeo "viola seriamente el principio de 'Una China', los tres comunicados conjuntos China-Estados Unidos y el compromiso del gobierno de los Estados Unidos".

"Han enviado una señal equivocada a las fuerzas separatistas de "independencia de Taiwán" y han socavado gravemente la paz y la estabilidad en todo el estrecho de Taiwán, así como las relaciones bilaterales entre China y Estados Unidos", alertó Zhao en un conferencia de prensa.

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