Autorretrato

En el Museo de Arte del Banco de la República, en la sala denominada “La Renovación Vanguardista”, donde figuran obras de algunos de los artistas colombianos de los años 20 y 30 del siglo XX, hay una obra que, a primera vista, parece diferir temática y plásticamente del resto. Representa un malecón que se adentra en un mar tranquilo y termina en una escollera de piedras cuyo fin no alcanza a ver el espectador. Al comienzo del malecón hay una bandera italiana y, al final, algunas construcciones de madera que se antojan refugios de pescadores. Desprevenidos caminantes recorren la extensión en un sentido o en otro.

Cuando vi por primera vez esta imagen, vinieron a mi memoria los elegantes paisajes, llenos de bañistas, que algunos artistas de principios del siglo XX, como Raoul Dufy o Albert Marquet, habían hecho de las playas francesas. Su factura me pareció moderna y descomplicada. Esta obra, que se titula Marina (Viareggio, Italia), fue pintada por Eladio Vélez en 1928. Ante esta repentina aparición, surgió inevitablemente una pregunta: ¿Quién fue Eladio Vélez? ¿Por qué, al menos en una primera impresión, difiere tanto de algunos de sus compañeros de generación como Pedro Nel Gómez, Luis Alberto Acuña o Ignacio Gómez Jaramillo?

Eladio Vélez nació en Itagüí el 22 de septiembre de 1897. Allí realizó sus estudios primarios, aunque tuvo algunas estancias en Salgar (Antioquia). Las montañas antioqueñas le dieron el primer sustrato visual que luego desarrollaría como artista, especialmente en sus paisajes, y los valores de la familia lo rodearon del carácter típico de la región, que lo acompañaría durante toda su vida.

Su primer acercamiento con el dibujo se dio a través de la caricatura, pues ya a los 14 años, en 1912, colaboró como caricaturista en el diario El Bateo, de Medellín. Entre 1913 y 1916 estudió modelado y escultura en el Instituto de Bellas Artes de Medellín, la primera de muchas academias por las que pasaría durante su formación. Su vocación artística despuntaría definitivamente en el primer trabajo formal que tuvo entre 1918 y 1923: fue modelador y escultor en el taller de los Hermanos Carvajal, donde conoció y ejerció el oficio de artista, al cual habría de dedicarse por el resto de sus años. Mientras tanto, hizo parte activa de la vida cultural de Medellín en tertulias como la presidida por María Cano y en revistas como Cyrano, que circuló de 1921 a 1923 en la capital antioqueña.

Pronto el medio cultural paisa lo impulsó a conocer otras realidades, y con la intención de ampliar sus horizontes partió a Bogotá en 1924 para encontrarse allí con quien había sido uno de sus más importantes compañeros de formación, el pintor Pedro Nel Gómez. Allí juntos dieron a conocer sus acuarelas, técnica que habían aprendido y desarrollado en Medellín, y se involucraron con la intelectualidad bogotana, donde otros antioqueños como Luis Tejada ya habían hecho un camino y habían logrado concentrar varias de las nuevas tendencias de la plástica y la literatura.

En julio expuso en el hotel Regina una selección de óleos y acuarelas que lo erigen como uno de los más claros cuestionadores de la tendencia a la españolería que predominaba por entonces en algunos círculos burgueses de la capital y lo incluyen entre la nómina de nuevos artistas colombianos. En Bogotá permanecería hasta finales de 1925, cuando regresó a Medellín donde fundó, en compañía de Bernardo Vieco, una sociedad que se dedicaba a decorar edificios de la ciudad.

Sin embargo, aún le faltaba un paso imprescindible para la formación de un joven pintor de la época: el viaje a Europa. Vélez se embarcó para Francia en febrero de 1927. Llegó a El Havre y luego fue a París. Sin embargo, su sensibilidad, anclada en los grandes pintores del Renacimiento, lo impulsó para ir a Italia, adonde partió muy pronto. En abril se encontraba matriculado en la Academia Real de Roma y en julio se trasladó a estudiar en la Academia de Bellas Artes de Florencia.

En diciembre recorrió Italia en compañía de Jorge Eliécer Gaitán y en julio de 1928 participó en la exposición que junto con Pedro Nel Gómez organizó en el Círculo Internacional de Roma con el nombre de “Exposición de los Artistas Centro y Sur Americanos”. Algunas diferencias estéticas durante este evento hacen que rompa para siempre la amistad con Pedro Nel, con quien mantendría algunas disputas hasta el final de sus días. Como lo resume Elkin Alberto Mesa, en estas disputas “vemos a Eladio Vélez como un revolucionario dedicado a la pintura y a Pedro Nel Gómez como un pintor dedicado a la Revolución”**.

En abril de 1929 retornaría a París, en donde estudió en las Academias Julien y Colarossi y trabajó como asistente en el taller de otro notable antioqueño que a la sazón estaba instalado en París: Marco Tobón Mejía. En 1930 fueron admitidas dos obras suyas –una pintura y una escultura– en el Salón de la Sociedad de Artistas Franceses, donde también expusieron otros artistas colombianos como el mencionado Tobón Mejía, además de Andrés de Santa María y Efraín Martínez, entre otros. En junio de 1931 regresó a su patria, a Medellín, donde permanecería durante el resto de su vida.

Muy pronto, Eladio Vélez desempeñó un papel activo en la vida artística de la ciudad. En 1932 fue nombrado profesor de dibujo y pintura de la Escuela de Bellas Artes de Medellín y en 1934 asumió la dirección de la Escuela de Pintura y Dibujo del Instituto de Bellas Artes en reemplazo de su antiguo amigo Pedro Nel Gómez. Fue profesor de esta Escuela hasta 1944, cuando se retiró de manera definitiva y se consagró a al desarrollo de su obra.

En 1941 había participado en el Segundo Salón de Artistas Colombianos, donde sus obras llegaron a ser finalistas para el primer premio de pintura. En lo personal, en 1938 se había casado con Inés Jaramillo Vieira con quien tuvo dos hijos: Sergio Augusto, quien nació en 1940 y murió al poco tiempo, y Alejandro, abogado y criminólogo asesinado por las Farc en 2000 en el municipio de Argelia, donde se desempeñaba como juez.
También hizo parte de la Asociación de Escritores y Artistas de Colombia, la cual presidió desde 1956. Desde ese cargo promovió y organizó el I Salón de Artes Plásticas de Antioquia, el cual se llevó a cabo en el Museo de Zea de Medellín entre el 12 y el 30 de octubre de 1956. En 1960 sufrió un derrame cerebral que le dejó como secuela una parálisis facial parcial. Siguió frecuentando los salones nacionales y regionales hasta su deceso, acaecido en Medellín el 24 de julio de 1967. Su obra fue exhibida en múltiples exposiciones después de su muerte y su legado sigue estando vigente en publicaciones sobre el arte colombiano del periodo.

Vélez fue un conocedor profundo de la pintura de su tiempo y, aunque al margen de las tendencias indigenistas de su época, supo refrescar las técnicas pictóricas demasiado depuradas de la academia que habían reinado en los primeros 20 años del siglo XX. En su obra pueden evidenciarse influencias disímiles como la del maestro Francisco Antonio Cano, de quien fue discípulo, pero también de los maestros del Renacimiento italiano y de los Machiaioli, quienes renovaron la pintura italiana a mediados del siglo XIX y cuyas obras deslumbraron al pintor cuando, a los 30 años, pisó suelo italiano. Su protagonismo en escuelas como la de acuarelistas antioqueños de los años 30 y su posterior trayectoria en el arte antioqueño lo hacen merecedor, sin duda, de un lugar destacado en la historia del arte colombiano del siglo XX, a pesar de que sus obras se alejen del estilo preponderante entre sus compañeros de generación. no iodo. Vsco Antonio Cano, de quien fue dis evidenciarse influencias dis periodo.

 

* Esta semblanza biográfica se encuentra basada principalmente en las investigaciones de Miguel Escobar Calle y de Jorge Cárdenas para las cronologías de los catálogos que figuran en el primer y el último lugar de la bibliografía, respectivamente
** Elkin Alberto Mesa, “Eladio Vélez, artista formidable”, en Eladio Vélez, pp. 24-25.

 

Bibliografía:

Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República. Paisaje, frutas, retrato : Eladio Vélez 1897-1967. (Cronología de Miguel Escobar Calle). Bogotá: Banco de la República, Biblioteca Luis Ángel Arango, 2002.
Medina, Álvaro. El arte colombiano de los años 20 y 30. Bogotá: Colcultura, 1995.
Vélez, Eladio. El legado del maestro : catálogo publicado con motivo de la inauguración del nuevo edificio para el Instituto de Bellas Artes. Medellín: Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín, Instituto de Bellas Artes, 1994.
Vélez, Eladio. Eladio Vélez. (Artículos Elkin Alberto Mesa, Darío Ruíz Gómez ; investigación y documentación Ana Ligia Pimienta Estrada, Carlos Mario Posada Arango, John Jairo Ospina Vargas y Jorge Cárdenas; fotografía de la obra Rosa Restrepo; Ramiro Posada). Medellín: Alcadía de Itagüí, Área Metropolitana del Valle de Aburrá, Escuela de Arte Eladio Vélez, 1994.

Publicado enEdición Nº262
Viernes, 11 Octubre 2019 06:30

La ladrona de fruta...

El escritor y dramaturgo austriaco Peter Handke, ayer, en su casa.Foto Ap

Presentamos en exclusiva para los lectores de La Jornada, un adelanto de la novela de Peter Handke, La ladrona de fruta o viaje de ida al interior del país, inédita en español y que publicará Alianza Editorial en los primeros meses de 2020. Ofrecemos este fragmento gracias a Alianza y su directora editorial, Valeria Ciompi.

 

Esta historia comenzó en uno de aquellos días de pleno verano en que uno anda descalzo por la hierba y por primera vez en el año es picado por una abeja. Al menos eso es lo que siempre me ha pasado a mí. Y ahora sé que esos días de la primera y a menudo única picadura del año, por lo general, coinciden con el abrirse de las flores blancas del trébol, del que crece a ras del suelo, en el que las abejas retozan medio escondidas.

Era un día soleado, también eso como siempre, de principios de agosto, pero, en todo caso bien entrada la mañana, aún no hacía calor, y en lo alto, y cada vez más en lo alto, el cielo azuleaba constante. Apenas había una nube, y si se formaba alguna: se disolvía de nuevo. Una brisa suave, que daba alas, soplaba, como suele ocurrir en verano, desde el oeste –en la imaginación desde el Atlántico– refrescando la bahía de nadie. No había rocío que secar. Igual que desde hacía ya más de una semana, al vagar temprano por el jardín, tampoco se había notado humedad bajo las plantas desnudas de los pies y, menos aún, entre los dedos.

Se dice que las abejas, a diferencia de las avispas, al picar, pierden el aguijón y que, por eso, a causa de la picadura, tienen que morir. En todos los años anteriores, pocas veces me habían picado –casi siempre en el pie desnudo– sin que yo mismo lo presenciara, por lo menos si tenía en cuenta el arpón de tres puntas, tan diminuto como poderoso, que parecía desgarrado de la carne interior de la abeja y alrededor del cual se hinchaba algo inconsistente y gelatinoso, las entrañas del insecto; a la vista estaba, además, un ser combándose, temblando, tiritando, cuyas alas perdían fuerza.

Pero aquel día de la picadura en el que la historia de la ladrona de fruta tomó forma, la abeja que me picó a mí, el descalzo, no sucumbió. Aunque se trataba de una abeja del tamaño de un guisante, peluda, lanosa, con los consabidos colores y franjas de las abejas, al picar, no perdió ningún aguijón y, después de la picadura, una picadura de abeja como pocas –tan repentina como intensa–, se elevó zumbando, dándose un impulso, no solo como si no hubiese ocurrido nada, sino como si, además, en virtud de su acción, hubiese recuperado nuevas fuerzas.

A mí la picadura me pareció bien, y no únicamente porque la abeja había sobrevivido. Hubo además otras razones. En primer lugar, se decía que las picaduras de abeja, de nuevo supuestamente a diferencia de las de las avispas o de los avispones, eran buenas para la salud, para aliviar los dolores reumáticos, para fortalecer la circulación sanguínea o para lo que fuera, y, ahora, una picadura así –otra vez una de mis imaginaciones– me reanimaría al menos durante un rato los dedos de los pies, que de año en año tenía más débiles e insensibles, prácticamente entumecidos; por una fantasía o imaginación similar, arrancaba yo las ortigas con las manos descubiertas, a menudo ramos enteros, tanto del jardín de la bahía de nadie como de las terrazas de la lejana finca de la Picardía –aquí, suelo de loess; allí, calcáreo–.

Di la bienvenida a la picadura por una segunda razón. Me la tomé como una señal. ¿Una buena señal?, ¿una mala? Ni buena ni mala y en absoluto funesta, simplemente una señal. La picadura dio la señal de partida. Es hora de que te pongas en camino. Aléjate del jardín y de la región. Vete. Ha llegado el momento de marchar.

¿Pero necesitaba yo esta suerte de señales? Aquel día, en aquel entonces: sí, y aunque de nuevo sea solo una imaginación o una ensoñación de verano.

Ordené lo que se tenía que ordenar en la casa y el jardín, también dejé expresamente esto y lo otro donde se hallara o reposara, planché las dos o tres camisas viejas a las que tenía más apego –apenas se habían secado en la hierba–, hice el equipaje, metí dentro las llaves de la casa de campo, mucho más pesadas que las de la casa de las afueras de la ciudad. Y no era la primera vez que, poco antes de salir, al atarme los cordones de las botas de caña corta, se me rompía un cordón, no encontraba de ninguna manera las parejas de los calcetines, me pasaban por las manos tres docenas de mapas detallados sin que apareciera el que me interesaba; la diferencia esta vez fue que se me rompieron los dos cordones de los zapatos –durante el cuarto de hora previo que tardé en desanudarlos se me rompió la uña de un pulgar–, que al final hice pares con los calcetines desaparejados –prácticamente sólo de esos–, y que de repente me pareció bien ponerme en camino sin tener ni un mapa.

De repente también me liberé de la falta de tiempo en la que había quedado atrapado, una falta de tiempo infundada que me invadía siempre, no solo en las horas previas a la partida; por lo general, entonces, me cortaba sobre todo la respiración y, en la hora antes de salir, era verdaderamente asfixiante. Ni una hora más allí. ¿Libro de la Vida? Libro en blanco. Se acabó el sueño. Se acabó el juego.

Pero ahora, de manera inesperada: la falta de tiempo se había esfumado, no tenía objeto. Todo el tiempo del mundo tenía yo de repente. Viejo como era: más tiempo que nunca. Y el Libro de la Vida: abierto y, a la vez, bien sujeto; las páginas, en especial las páginas en blanco, resplandeciendo al viento del mundo, de esta Tierra, del aquí. Sí, por fin conseguiría ver a mi ladrona de fruta; hoy no, mañana tampoco, pero pronto, muy pronto, y la vería como una persona, ente-ra, y no meramente en los quiméricos fragmentos que, durante todos los años anteriores, por lo general, entre la multitud y, además, siempre solo de lejos, habían aparecido ante mis ojos envejecidos dándome otra vez nuevas alas. ¿Una última vez?...

¿Es que has olvidado que eso de hablar de una ‘‘última vez’’ no se hace, tan poco como de una ‘‘última copa’’? O si se habla de ello, entonces como aquel niño que, después de que le hayan dejado que juegue ‘‘¡una última vez!’’ (pongamos que con el columpio o el balancín), grita: ‘‘¡una última vez!’’, y luego: ‘‘¡una última vez’’. ¿Grita? ¡Vocea! ¿Pero eso no lo has dicho tú a menudo? Sí, pero en otro país. Y eso qué más da.

Aquel día de verano no me llevé ni un libro, incluso retiré el que tenía en la mesa y todavía había estado leyendo por la mañana, una historia medieval de una joven que, para afearse y así librarse de los hombres que la perseguían, se había cortado las dos manos. (¿Uno mismo se cortaba ambas manos? ¿Cosas así solo pasaban en las historias medievales?) En casa dejé también mis cuadernos de notas y libretas, los guardé, los escondí como para mí mismo, aceptando que ya no los encontraría más, al menos no en el tiempo venidero, prohibiéndome servirme de ellos.

Antes de ponerme en camino me senté –el petate a mis pies– en una silla aislada, más bien un taburete, en medio del jardín, a distancia de los árboles y, sobre todo, lejos de las mesas, de la mesa de debajo del saúco, de la de debajo del tilo, de la de debajo de los manzanos, que era la más grande o, en todo caso, la más saliente. En mi imaginación, sentado así, ocioso, ligeramente erguido, una pierna sobre la otra, con el sombrero de paja para los viajes bien calado, yo encarnaba aquel jardinero llamado ‘‘Vallier’’ (o como sea que se llame) que Paul Cézanne pintó y dibujó una y otra vez hacia el final de su vida, en especial en 1906, año de su fallecimiento. En todos esos cuadros, ‘‘el jardinero Vallier’’ apenas muestra una cara, y no solo por el sombrero que le ensombrece la frente, o, si acaso, una cara, imagino yo, sin ojos, y también la nariz y la boca están como borradas. De la cara del que está ahí sentado, ahora sólo tengo presente una silueta. Pero qué silueta. Un contorno gracias al cual la superficie casi vacía de la cara encarna, expresa y emite algo que va más allá de lo que jamás podría llegar a comunicar el dibujo fiel hasta el detalle de una fisonomía o, por lo menos, es y transmite algo diferente, algo por completo diferente, una variante radicalmente distinta. Una posible traducción del nombre de aquel jardinero, que yo he modificado de ‘‘Vallier’’ a ‘‘Vaillant’’, ¿no sería ‘‘el vigilante’’?, mejor dicho, ¿‘‘el que presta atención’’?, ¿‘‘el que vela’’? o, simplemente, ¿‘‘el despierto’’? Y eso, junto con los órganos de los sentidos semidesaparecidos, orejas, nariz, boca y, sobre todo, los ojos como borrados, ¿se ajustaría a todos los retratos del jardinero Vallier?

Sentado así, despierto, a la vez que como en un sueño, en otro sueño, de pronto vino volando una voz hasta muy cerca de mi oído –más cerca imposible–. Era la voz de la ladrona de fruta, una voz interrogante, tan suave como decidida –imposible que fuera más suave y decidida–. ¿Y qué me preguntó? Si lo recuerdo bien (porque de nuestra historia ya hace mucho tiempo), nada especial, algo como ‘‘¿qué tal?’’, ‘‘¿cuándo te marchas?’’ (O no, ahora me viene a la memoria). Me preguntó: ‘‘¿Qué le pasa, señor?, ¿qué es lo que le preocupa de ese modo?, Qu’est-ce qu’il vous manque, Monsieur?, c’est quoi, souci?’’ Y esta resultó ser la única vez en la historia que la ladrona de fruta, en persona, me dirigió la palabra. (Por cierto, ¿cómo pude pensar que esta primera y única vez ella me tuteara?) Lo especial fue únicamente su voz, una voz de las que hoy en día son raras, o quizá hayan sido una rareza siempre, una voz llena de cuidado, sin un tono extra de preocupación y, sobre todo, una voz, la voz, de la paciencia, de la paciencia como atributo y también, aún de manera más intensa, como actividad, como un permanente estar activo en el sentido de «tener paciencia», también de «soportar»: ‘‘yo tengo paciencia y te soporto, le soporto, la soporto; soporto a quien sea o lo que sea, sin distinción y, sí, sin cesar.’’ Una voz así nunca en la vida modularía de otro modo y menos aún se cambiaría en otra espantosamente distinta –como me parece que es el caso de la mayoría de las voces humanas (la mía incluida) y, de forma más acentuada, de las voces femeninas–. Pero esa voz estaba en permanente peligro de enmudecer, y quizá –¡Dios no lo quiera!, ¡vosotros, poderes, acudid en ayuda de mi ladrona de fruta!– para siempre. Al cabo de los años –su voz todavía en mi oído– pienso que le encaja aquello que respondió un actor cuando en una entrevista le preguntaron cómo le ayudaba la voz a interpretar la historia que le correspondía en una película. Notaba, dijo, y no sólo en sí mismo, si una escena o la historia entera tenía ‘‘el tono adecuado’’, y le ocurría que valoraba la veracidad de una escena, incluso de la película, no a partir de lo que veía, sino de lo que escuchaba. Dicho lo cual el actor añadió riendo, cosa que por un momento hizo que me pusiera en su lugar: ‘‘Y por lo general tengo un oído muy fino, eso lo he heredado de mi madre.’’

Era mediodía, el mediodía que quizá sólo es posible durante la primera semana de agosto. Parecía que todos los vecinos de los alrededores hubieran desaparecido, yno desde ayer. Era como si se hubieran mudado no solo para pasar el verano en sus segundas residencias o chalets de la provincia francesao de otros lugares. Yo me imaginaba que se habían mudado definitivamente, más lejos que lejos, muy lejos de Francia, que habían re-gresado a la tierra de sus antepasados, a Grecia, al Portugal transmontano, a la pampa argentina, al mar del Japón, a la meseta española y, sobre todo, a las estepas rusas...

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Premio Nobel de Literatura para Olga Tokarczuk y Peter Handke

La visión eurocéntrica de la literatura es una rémora que la Academia Sueca no conseguirá templar, por más que proclame que la prioridad es la diversidad y mirar “por todo el mundo”. El mundo parece un pañuelo que se despliega sobre el mapa de Europa desde Estocolmo. La polaca Olga Tokarczuk ganó el Premio Nobel de Literatura 2018, suspendido el año pasado por las denuncias de abuso sexualcontra Jean-Claude Arnault –el marido de una ex académica, Katarina Frostenson, preso por violación-; y el austríaco Peter Handke obtuvo el correspondiente a 2019. Tokarczuk –que se convierte en la decimoquinta mujer que recibe el galardón- fue reconocida por “su imaginación narrativa, que con una pasión enciclopédica, simboliza el cruce de fronteras como forma de vida”, según anunció el secretario de la Academia Sueca, Mats Malm. En el caso del novelista, poeta, dramaturgo y cineasta austríaco se valoró una obra “llena de ingenio lingüístico que ha explorado la periferia de la experiencia humana”.

La literatura es un campo de experimentación para Tokarczuk (Sulechów, 29 de enero de 1962), una de las voces más vigorosas de la narrativa polaca contemporánea, ganadora en 2018 del premio Man Booker International por su novela Flights, que la editorial Anagrama publicará el próximo 6 de noviembre como Los errantes, traducido por Agata Orzeszek. En esta novela la narradora polaca explora el movimiento físico, el cuerpo mortal y el significado del hogar, mediante un puñado de historias aparentemente desconectadas a través del tiempo y el espacio, con ecos de W. G. Sebald, Milan Kundera y Danilo Kiš. En el texto de la contratapa de la edición que lanzará Anagrama se lo define como un libro “inquieto e inquietante, hecho de ‘historias incompletas, cuentos oníricos’ subsumidos en un libérrimo cuaderno de viaje a base de excursos, apuntes, narraciones y recuerdos que muchas veces tienen como tema el viaje mismo”. Uno de esos relatos está inspirado en un hecho real sobre cómo el corazón de Frédéric Chopin llegó a Polonia escondido en las enaguas de su hermana.

La flamante Nobel de Literatura está comprometida políticamente con la izquierda ecologista y vegetariana. “La novelista con rastas”, como la suelen nombrar algunos periodistas, es una tenaz opositora al actual gobierno nacionalista conservador del partido Ley y Justicia. Hay dos libros más de Tokarczuk traducidos al español. Las novelas Sobre los huesos de los muertos (publicada por Siruela en España en 2016 y la editorial Océano en México) y Un lugar llamado Antaño (Lumen, 2001), donde cuenta la historia de tres generaciones de campesinos en un pequeño pueblo llamado Prawiek. La primera es un policial sui generis que tiene como protagonista a Janina Duszejko, una mujer mayor, ingeniera jubilada y profesora de inglés, cuyas convicciones respecto al cuidado del medioambiente y los animales resultan un tanto radicales. 

En Sobre los huesos de los muertos –que ocasionó un fuerte debate en Polonia, donde la cacería es una actividad muy común– se narra una serie de muertes misteriosas desde la hipótesis que postula Janina: los animales son los responsables. Según la narradora, la fauna del lugar, harta de ser cazada por los lugareños, está tomando represalia contra quienes la amenazan con sus rifles. “Quería atraer la atención de la gente hacia el problema de matar animales, que es un tema importante para mí. El tema principal del libro es ¿cómo podemos ser buenos ciudadanos de un país cuando no aceptamos sus leyes? ¿Qué tan lejos podemos llegar si nadie nos escucha sobre eso que queremos cambiar?”, se pregunta la escritora polaca. “Para mí la literatura es un campo de experimentación moral; podemos hacer cosas que no podríamos hacer en la vida real, así que mi provocación fue buena porque hubo discusión. Incluso el ex presidente Bronislaw Komorowski, que era cazador, dijo, luego de leer el libro, que prometía no volver a cazar”.

Aunque todavía no ha sido traducido al español, con Los libros de Jacob (2014) Tokarczuk ganó el premio literario Nike y recibió amenazas de muerte de grupos de la extrema derecha por haber afirmado en una entrevista que Polonia tiene un pasado del que nadie debería sentirse orgulloso. La escritora polaca –que se graduó en Psicología en la Universidad de Varsovia- se considera discípula de Carl Jung. Trabajó en una clínica de salud mental durante algunos años en Walbrzych, al sudoeste de Polonia, antes de dedicarse a la literatura. La ganadora del Premio Nobel de Literatura confesó que cuando era joven creía que escribir era un trabajo inocente. “Ahora creo que todo es político: lo que comes, lo que vistes, qué tipo de libros lees. En Polonia preferiríamos vernos como una nación de colores brillantes sin admitir que también hemos tenido momentos oscuros y que se hicieron cosas horribles", advirtió. "En Polonia tenemos una situación política muy frágil, me convertí en una suerte de víctima inocente de esta energía violenta porque mi libro no es provocador, es simplemente historia documental, todo está documentado en archivos”.

A contracorriente

“Vivo de aquello que los otros no saben de mí”. La frase extraordinaria de Peter Handke (Griffen, 6 de diciembre de 1942), dicha para importunar como un aguijón que irrita la piel de las buenas conciencias –un aspecto que lo conecta con otro austríaco maestro en el arte de la diatriba, Thomas Bernhard-, podría condensar el camino literario y vital del prolífico escritor austríaco en lengua alemana. La soledad y la falta de comunicación son la médula espinal de una obra que abarca la poesía, la novela, el teatro, el ensayo y el cine

Los personajes angustiados y desterrados de la sociedad o que deciden apartarse de las convenciones de una vida burguesa para apostar por la experiencia radical de una introspección “silenciosa” abundan en sus mejores páginas, como en la obra de teatro Kaspar (1968), donde indaga en el caso de Kaspar Hauser, un adolescente del siglo XIX que creció aislado y al que la sociedad destruye al imponerle su lenguaje y sus valores racionales. O en Ensayo sobre el Lugar Silencioso (2015), una suerte de elogio del retiro y la meditación, cinco textos en los que explora temas y lugares aparentemente marginales como el cansancio, los bares de extrarradio de las ciudades o las estaciones de tren; pero también impera una suerte de sublevación contra la amenaza del lenguaje periodístico. “La invención, la ficción son la verdad. (…) Hoy, la literatura está en peligro de volverse periodística, de resultar indistinguible del periodismo. Cuando lo precioso de la literatura es la ficción, la transformación, el relato sin receta previa”, explicó Handke en una entrevista con El País de España.

Nadie como el escritor austríaco para despeinar las estanterías mentales. Entre sus primeras piezas como dramaturgo está Insultos al público (1966), en la que cuatro actores analizan la naturaleza del teatro, lanzan sus dardos envenenados contra los espectadores y elogian sus propias actuaciones. Visto desde la infame distancia temporal, que la obra haya sido un escándalo parece una ingenuidad anacrónica. En su primera novela Los avispones, también de los años 60, esquiva las convenciones del género y expone el método de escritura en las narices de los lectores. 

En 1971 la madre de Handke se suicidó con una sobredosis de somníferos. El hijo, acaso para intentar calibrar el efecto de esa pérdida, escribió una de sus mejores obras, Desgracia impeorable, en la que escarba en la llaga de ese suicidio para “no volverse loco machando con un dedo la misma tecla de la máquina de escribir”. La escritura está lejos de servir para algo. “Escribir no fue, como creía al principio, una forma de recordar una etapa ya concluida de mi vida, sino únicamente un continuo trasiego de recuerdos en formas de frases que lo único que hacían eran afirmar unas distancias que yo había tomado. Todavía a veces sigo despertándome por las noches de un modo brusco, de golpe, como si desde dentro un contacto me arrancara del sueño y, reteniendo el aliento, de terror, experimento como si me estuviera pudriendo minuto a minuto”, plantea el narrador.

También de la década del 70 es su novela policial El miedo del arquero al tiro penal, situada en la Alemania de la posguerra, donde un ex arquero de fútbol asesina a una mujer, pero en vez de huir para evitar ser detenido por la policía continúa con su vida con “normalidad”. La novela fue llevada al cine por Wim Wenders, con quien Handke escribió el guión de un film emblemático del director alemán: Las alas del deseo

Las últimas dos décadas del autor de notables novelas como Carta breve para un largo adiós, La mujer zurda, La tarde de un escritor, Historia del lápiz y El año que pasé en la bahía de nadie, entre otros títulos, han estado marcadas por la polémica a partir de la publicación de Un viaje de invierno a los ríos Danubio, Sava, Morava y Drina, o justicia para Serbia (1966), considerada por los críticos como un “panfleto proserbio”. Algunos además sostuvieron que ponía en cuestión el genocidio de Srebrenica, en el que fueron asesinados unos 8000 musulmanes por fuerzas serbiobosnias. Handke rechazó que minimizara esa matanza y afirmó que solo intentó criticar que se hubiera demonizado a los serbios y se les atribuyera todos los males de la Guerra de los Balcanes. No solo defendió al autoritario presidente serbio Slodoban Milosevic, acusado de crímenes de guerra y apodado “el carnicero de los Balcanes”, sino que habló durante su entierro en 2006. Entonces tuvo que renunciar al Premio Heine por “una campaña de difamación por pensar a contracorriente”, según alertaron los que apoyaron al actual Premio Nobel como Elfriede Jelinek, Patrick Modiano, Wim Wenders y Emir Kusturica.

 “Debido a los problemas que tuve hace 20 años, nunca pensé que me elegirían”, declaró Handke desde su casa en Chaville, Francia. “Este tipo de decisión es muy valiente por parte de la Academia Sueca”, subrayó el escritor austríaco que llegó a pedir la “supresión” del Premio Nobel de Literatura por ser “una falsa canonización”, que “no aporta nada al lector”. ¿Llegará a la ceremonia en Estocolmo, el próximo 10 de diciembre, o habrá presión para obligarlo a renunciar al premio? ¿Prevalecerá el criterio literario por encima de la política? Preguntas que, por ahora, no tienen respuestas.

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Por qué el capitalismo se cargó el orgasmo femenino

En Por qué las mujeres disfrutan más del sexo bajo el socialismo, Kristen Godsee señala al capitalismo como yugo principal de la mujer y destaca algunos aspectos del socialismo de Estado en materia de género

Según la intelectual, todo se basa en la seguridad social porque una sociedad que no castigue a la mujer por tener hijos, ni devalúe su trabajo, provocará que sean más felices y disfruten de su sexualidad sin que esta sea un activo comercial

 

En la última huelga por el día internacional de la mujer, Ciudadanos rehusó participar porque, en su opinión, ser feminista no es incompatible con ser capitalista. O, en otras palabras, porque faltar a trabajar el día 8 de marzo es un gesto ideológico que no ayuda a la igualdad. Como si el terreno laboral y los cuidados domésticos no fuesen dos de los principales nichos de machismo, al menos, en la sociedad occidental.

Si la escritora y etnógrafa estadounidense Kristen Ghodsee hubiese escuchado a Rivera y a Inés Arrimadas en la víspera de la marcha feminista, se hubiera echado a temblar. Hace un par de años, ella misma fue atacada por el ala republicana y las defensoras del feminismo liberal por una columna en The New York Times titulada ¿Por qué las mujeres tuvieron mejor sexo bajo el socialismo?

La premisa quedaba bastante clara en las siete palabras de la cabecera y no faltó quien la quiso echar a los leones sin siquiera haberse leído el artículo. Estalinista y defensora de los gulags fueron las acusaciones más suaves. Pero, lejos de sucumbir a la presión, Ghodsee convirtió la pieza de opinión en un ensayo de 200 páginas que llega a nuestro país de la mano de Capitán Swing.

Partiendo de la base de que el sexo y el cuerpo femenino hace tiempo que abandonaron la esfera privada, y que incluso los orgasmos fingidos son políticos, la autora encuentra en el capitalismo el peor yugo para la mujer. Su teoría es que, "cuando se desarrolla correctamente", el socialismo conduce a la independencia económica, al equilibrio entre el trabajo y la vida, a mejoras laborales "y, sí, a un mejor sexo".

"Hay evidencias empíricas de que, en el contexto de la Alemania Oriental y Occidental, las mujeres de la RDA indicaron niveles mucho más altos de satisfacción sexual que las mujeres de la RFA", explica la autora a eldiario.es. En concreto, dos tercios de las jóvenes afirmaban llegar al orgasmo "casi siempre" y un 18% "con frecuencia".

Ghodsee lleva dos décadas estudiando el impacto cotidiano y los trastornos sociales, políticos y económicos posteriores a la caída del Muro de Berlín en 1989 y su conclusión siempre es la misma: con la entrada del libre mercado, todos los avances que la mujer consiguió bajo el paraguas del socialismo se fueron a pique. Incluidos los del sexo.

Uno de los conceptos más controvertidos que derivó del libre mercado, según ella, fue la economía sexual. Mientras que en el capitalismo el sexo de las mujeres es un activo que se ven obligadas a vender o regalar para satisfacer sus necesidades básicas, en el socialismo pueden satisfacerlas por sus propios medios y, por ende, serán menos reticentes a venderlo y "más dispuestas estarán a disfrutarlo por placer".

Otros factores que devaluarían el sexo en los estados socialistas son la disponibilidad de anticonceptivos y el aborto legal. Sin embargo, tampoco obvia el papel de Stalin y otros líderes soviéticos en la restricción de todos esos derechos, además de cercenar otros: "Los gobiernos del socialismo de Estado reprimieron los debates sobre acoso sexual, la violencia doméstica y la violación".

Quien crea que Ghodsee llega a esta conclusión a través de un cúmulo de frivolidades, se equivoca. Su ensayo se cuida de parecer un "tratado académico", pero incluye sucesos históricos, encuestas, conceptos económicos y textos sociológicos del siglo XX que conforman de todo menos una lectura ligera. Como hay aspectos que nos llevaría decenas de miles de palabras explicar, qué mejor que los aborde ella misma de su puño y letra.

Ha tenido que explicar en numerosas ocasiones que no aboga por volver a un sistema como el soviético. ¿Por qué cree que la lucha contra el sistema capitalista se relaciona enseguida con los estados totalitarios?

¡Gracias! No estoy defendiendo de ninguna manera volver al socialismo de Estado del siglo XX, y me frustra cuando los críticos intentan definir el libro como una especie de nota nostálgica por el totalitarismo. Hay políticas que han sido aprobadas en países que no son estrictamente socialistas, más bien capitalistas (Europa occidental, Canadá o Australia), y podríamos aprender de ellos en EEUU.

Dondequiera que miremos, el capitalismo contemporáneo está flaqueando. Las políticas de austeridad han destruido vidas y han creado una carga increíble para las mujeres y las familias. Durante demasiado tiempo hemos vivido en un mundo donde las ganancias son más importantes que las personas. Mi libro aboga por un mundo donde las personas y el planeta sean más importantes que las ganancias. Algunas personas dirán que esta es una idea utópica, pero creo que es una visión necesaria para nuestro futuro político y económico colectivo.

Sin embargo, admite que muchas de las políticas de igualdad conseguidas por el socialismo fueron inmediatamente aplastadas por los hombres que entraban al poder, como Stalin con el aborto. ¿Funcionaba el patriarcado en Europa del Este de forma más velada?

El patriarcado nunca desapareció en el Este, pero su poder se vio atenuado por la independencia económica y un compromiso fundamental con la emancipación de las mujeres (aunque fuera solo teórica). Aunque no lograron que los hombres contribuyeran al cuidado de los niños y al trabajo doméstico, intentaron apoyar a las mujeres ampliando la red de seguridad social para proporcionar estos servicios públicamente.

En las sociedades capitalistas, el trabajo de las mujeres en el hogar no tiene valor en la economía formal, y los capitalistas pueden aumentar sus ganancias porque las mujeres dan a luz y crían a la próxima generación de trabajadores y contribuyentes de forma gratuita. Piensa en las políticas de austeridad. Cuando el trabajo de cuidar a los niños, a los enfermos y a los ancianos ahora ocurre en el hogar, la carga de ese trabajo recae sobre los hombros de las mujeres.

Por lo tanto, el patriarcado en las sociedades capitalistas es mucho más insidioso que el patriarcado en las sociedades donde hay más provisión pública de servicios sociales.

¿Y por qué no sobrevivieron esas políticas socialistas tras la caída del Telón de Acero?

Porque la transición del socialismo al capitalismo requirió despidos masivos y los estados obligaron a las mujeres a regresar al hogar para ser amas de casa, adonde supuestamente pertenecían. Al abandonar el compromiso con la igualdad de género y las garantías de empleo al mismo tiempo, los estados post-socialistas podrían reducir efectivamente la fuerza laboral a la mitad.

En los países capitalistas, las mujeres siempre han servido como un ejército de reserva de trabajo cuando es necesario, y no importa lo que quieran o no. Las mujeres de Europa del Este fueron en gran medida víctimas del proceso de transición porque los estados podían reducir sus números oficiales de desempleo al reclasificarlas como "amas de casa". En muchos estados, esta fue una política abierta e intencionada que devastó a las mujeres que habían trabajado durante toda su vida.

Hablemos ahora de la temática del libro y una de las teorías que más ha escamado en su país: el sexo femenino como moneda de cambio para conseguir amor, compromiso y/o manutención. ¿De qué manera ese intercambio sigue existiendo en los países occidentales?

Sé que esto es muy controvertido, pero claro que todavía existe, y especialmente en los Estados Unidos. La teoría económica sexual tiene muchos problemas, pero lo que me interesa es que la idea del "intercambio sexual" es esencialmente la misma que la crítica socialista del siglo XIX sobre el efecto del capitalismo en las relaciones románticas.

En las sociedades que ponen toda la carga del trabajo de cuidado en las mujeres, ellas tendrán dificultades para combinar el trabajo y la vida familiar. Esto las obliga a depender económicamente de los hombres y esa dependencia a menudo crea una situación en la que las mujeres mismas se convierten en un tipo de mercancía. Los socialistas han hablado de esto durante más de 150 años, pero el problema no ha desaparecido.

Por lo tanto, mi argumento es muy simple pero importante: cuando las mujeres pueden atender sus propias necesidades materiales y las de sus hijos, y ya no dependen económicamente de los hombres, tienen la libertad de dejar relaciones heterosexuales infelices o abusivas o insatisfactorias, si es que las tienen. Esa autonomía básicamente permite una relación más igualitaria con los hombres y más libertad en la sociedad.

Habla del intercambio sexual dentro del matrimonio. Como Silvia Federici, ¿lo considera más alienante que otras transacciones explícitas y monetarias como la prostitución?

El trabajo sexual es trabajo. Es un intercambio abierto de fuerza de trabajo. En este caso, servicios sexuales por un salario monetario. Una vez que se transfiere el dinero, se puede reutilizar en la economía para todos los demás bienes y servicios. El trabajo sexual, por supuesto, existía antes del capitalismo.

Pero las mujeres pueden intercambiar el acceso a su sexualidad por una remuneración no monetaria (cena, bebidas, ropa, un anillo de bodas) y estas cosas no se convierten fácilmente en dinero para su uso en el resto de la economía. La mercantilización de la sexualidad no es una transacción negociada explícitamente, sino un conjunto de expectativas sociales cambiantes sobre las cosas que las mujeres pueden o deberían o podrían exigir a cambio del acceso a su sexualidad.

Por último, ¿qué opina de la defensa del feminismo mainstream? Es decir, al que ha engullido el capitalismo.

Ciertamente el capitalismo se ha tragado el movimiento feminista dominante. Creo que todas las feministas deberían ser socialistas si quieren que el gobierno intervenga para corregir las deficiencias del mercado libre en términos de la devaluación del trabajo de los cuidados.

Los mercados libres solo pueden empoderar a las mujeres sin hijos. Y tal vez es por eso estamos viendo una disminución tan profunda de las tasas de natalidad en los países capitalistas avanzados.

Las mujeres saben que su trabajo de cuidado es esencialmente inútil en una economía capitalista moderna, por lo que eligen limitar o renunciar a la maternidad. Pero si las mujeres quieren tener hijos y alguna forma de independencia económica, necesitarán la ayuda de políticas sociales progresivas implementadas por el estado. En definitiva, creo que el feminismo necesita socialismo si quiere trabajar para todas las mujeres.

Por Mónica Zas Marcos 

03/10/2019 - 21:38h

Publicado enSociedad
Jueves, 26 Septiembre 2019 15:55

Cada acto es una ceremonia

Cada acto es una ceremonia

¿Armonización, saneamiento, rituales, ceremonias? Conceptos y prácticas que pueden parecer innecesarios, poco “racionales” pero que para las culturas indígenas son imprescindibles para entender los entornos, las consecuencias de los actos humanos sobre los territorios, los seres vivos y la naturaleza.

Conocí a una mujer hace unas semanas que trabaja con un mamo Kogi, o chamán, de la Sierra Nevada de Colombia. Llegó a California hace unos años y realizó extensas ceremonias en un lugar particular de la tierra. Él dijo: “Será mejor que hagas una ceremonia aquí regularmente, o habrá serios incendios”. Nadie hizo las ceremonias, y al año siguiente hubo incendios forestales. Volvió después y repitió su advertencia. “Si no haces las ceremonias, los incendios serán aún peores.” Al año siguiente, los incendios fueron peores. Vino de nuevo y emitió su advertencia por tercera vez: “Las ceremonias o los incendios en esta parte del mundo serán aún peores”. Poco después, el Campamento de Fuego devastó la región.


Más tarde, la mujer se enteró de que el lugar que el chamán kogi había identificado era el lugar de una masacre genocida de los indígenas que vivían allí. De alguna manera fue capaz de percibirlo. En su entendimiento, un trauma horrible como ese afecta a la tierra además de a los seres humanos. Estará enojado, desequilibrado, incapaz de mantener la armonía hasta que sea sanado a través de la ceremonia.

En reunión con algunos sacerdotes Dogon y les pregunté acerca de sus puntos de vista sobre el cambio climático. Al igual que los Kogi, los Dogon han mantenido intactas las prácticas ceremoniales durante miles de años. Los hombres dijeron: “No es lo que ustedes piensan. La razón más grande por la que el clima se está volviendo loco es que se han sacado los artefactos sagrados de los lugares a los que pertenecen, los lugares donde fueron colocados con gran deliberación y cuidado, y se los ha llevado a museos de Nueva York y Londres”. En su entendimiento, estos artefactos y las ceremonias que los rodeaban mantienen un pacto entre los humanos y la Tierra. A cambio del pago de la belleza y la atención, la Tierra proporciona un ambiente adecuado para la habitación humana.

Ritual, ceremonia y materialidad

La mente moderna políticamente correcta quiere respetar otras culturas, pero duda en adoptar seriamente la visión radicalmente diferente de la causalidad que tienen. Las ceremonias anteriores están en una categoría diferente de lo que la mente moderna considera una acción práctica en el mundo. Por lo tanto, una conferencia climática podría comenzar invitando a una persona indígena a invocar las cuatro direcciones, antes de pasar al serio asunto de las métricas, los modelos y las políticas.

Exploraré otra visión de lo que la gente moderna puede extraer del enfoque ceremonial de la vida son las llamadas “culturas de la memoria” que son pueblos tradicionales, indígenas y basados en lugares, así como linajes esotéricos dentro de la cultura dominante. Esta alternativa no sustituye el enfoque racional y pragmático para resolver problemas personales o sociales. Tampoco es paralelo, sino independiente del enfoque pragmático. Tampoco es un préstamo o la importación de las ceremonias de otras personas. Es un reencuentro de lo ceremonial con lo pragmático construido sobre una forma profundamente diferente de ver el mundo.

Practicidad y reverencia

No tiene sentido decir de una cultura indígena: “La razón por la que han vivido de manera sostenible en la tierra durante cinco mil años no tiene nada que ver con sus ceremonias supersticiosas. Es porque son astutos observadores de la naturaleza que piensan siete generaciones en el futuro”. Su reverencia y atención a las necesidades sutiles de un lugar es parte de su enfoque ceremonial de la vida. La mentalidad que nos llama a la ceremonia es la misma mentalidad que nos llama a preguntarnos: “¿Qué quiere la tierra? ¿Qué quiere el río? ¿Qué quiere el lobo? ¿Qué quiere el bosque? y luego presta mucha atención a las pistas. Mantiene la tierra, el río, el lobo y el bosque en un estado de ser –contando con ellos entre los seres santos que siempre están vigilando, y que tienen necesidades e intereses entrelazados con los nuestros.

Lo que estoy diciendo puede parecer contrario a las enseñanzas teístas, así que para aquellos que creen en un Dios creador, ofreceré una traducción. Dios se asoma de cada árbol, lobo, río y bosque. Nada fue creado sin propósito ni intención. Y entonces nos preguntamos, ¿Cómo podemos participar en el cumplimiento de ese propósito? El resultado será el mismo que preguntar, ¿Qué quiere el bosque?

Los seres santos como el cielo, el sol, la luna, el viento, los árboles y los antepasados no eran seres santos en absoluto. El cielo era una colección de partículas de gas que se desgastaban en el vacío del espacio. El sol era una bola de hidrógeno en fusión. La luna era un trozo de roca (y una roca una aglomeración de minerales, y un mineral un manojo de moléculas no vivas...). El viento era moléculas en movimiento, impulsadas por fuerzas geomecánicas. Los árboles eran columnas de bioquímica y los antepasados eran cadáveres en el suelo. El mundo fuera de nosotros era mudo y muerto, un cuerpo arbitrario de fuerza y masa. No había nada ahí fuera, ninguna inteligencia que me atestiguara, y ninguna razón para hacer algo mejor que sus consecuencias racionalmente predecibles podía justificar.

En mi imaginación infantil, el sol, el viento y la hierba pueden verme, pero vamos, no me están viendo realmente, no tienen ojos, no tienen un sistema nervioso central, no son seres como yo. Esa es la ideología en la que crecí.

La visión ceremonial no niega que uno puede ver el cielo como un montón de partículas de gas o la piedra como un compuesto de minerales. Simplemente no limita el cielo o la piedra a eso. Tiene como verdaderas y útiles otras formas de verlos, no privilegiando su composición reduccionista por ser lo que “realmente” son. Por lo tanto, la alternativa a la cosmovisión de mi educación es no abandonar la practicidad por algún tipo de estética ceremonial. La división entre lo práctico y lo estético es una falsedad. Sólo existe en un relato causal de la vida que niega su misteriosa y elegante inteligencia. La realidad no es como se nos ha dicho. Hay inteligencias que actúan en el mundo más allá de lo humano, y principios causales además de los de la fuerza. La sincronicidad, la resonancia mórfica y la autopoesis, aunque no son contrarias a la causalidad basada en la fuerza, pueden ampliar nuestros horizontes de posibilidad. Por consiguiente, no es que una ceremonia “haga” que sucedan cosas diferentes en el mundo; es que tira y moldea la realidad en una forma en la que suceden cosas diferentes.

Vivir una vida sin ceremonias nos deja sin aliados. Al margen de nuestra realidad, nos abandonan a un mundo sin inteligencia, la imagen misma de la ideología modernista. La cosmovisión mecanicista se convierte en su propia profecía autocumplida, y de hecho no nos queda nada más que la fuerza para afectar al mundo.

La transición que las personas tradicionales como los Kogi o Dogon ofrecen no es adoptar o imitar sus ceremonias; es una visión del mundo que nos mantiene como seres humanos compañeros en el mundo, participando en un coloquio de inteligencias en un universo repleto de seres. Una ceremonia declara una elección de vivir en tal universo y de participar en su realidad-formación.

Ceremonia de sanación ambiental

Es necesario extender la mente ceremonial al ámbito de la política y la práctica medioambientales. Eso significa hacer lo correcto en cada lugar de la Tierra, entenderlo como un ser, y saber que si tratamos a cada lugar, especie y ecosistema como sagrado, invitaremos al planeta también a la totalidad sagrada.

A veces, las acciones que surgen de ver cada lugar como sagrado encajan fácilmente en la lógica del secuestro de carbono y el cambio climático, como cuando detenemos un oleoducto para proteger las aguas sagradas. Otras veces, la lógica del presupuesto de carbono parece ir en contra de los instintos de la mente ceremonial. Hoy en día, los bosques están siendo removidos para dar paso a mega-arrays solares, y las aves están siendo asesinadas por gigantescas turbinas eólicas que se elevan sobre el paisaje. Además, todo lo que no influye fácilmente en los gases de efecto invernadero se está volviendo invisible para los encargados de formular políticas ambientales. ¿Cuál es la contribución práctica de una tortuga marina? ¿Un elefante?

En una ceremonia, todo es importante y nos ocupamos de cada detalle. A medida que nos acercamos a la sanación ecológica con una mente ceremonial, más y más se hace visible para nuestra atención. A medida que la ciencia revela la importancia de seres anteriormente invisibles o trivializados, el alcance de la ceremonia se expande. El suelo, los micelios, las bacterias, las formas de las vías fluviales... cada uno exige su lugar en el altar de nuestras prácticas agrícolas, prácticas forestales y todas las relaciones con el resto de la vida. A medida que se profundiza la sutileza de nuestro cálculo causal, vemos, por ejemplo, que las mariposas, las ranas o las tortugas marinas son cruciales para una biosfera saludable. Al final nos damos cuenta de que el ojo ceremonial es exacto: que la salud ambiental no puede reducirse a unas pocas cantidades mensurables.

No se debe abandonar los proyectos de remediación que podrían basarse en una comprensión más tosca del ser del mundo; es decir, que podrían ser mecanicistas en su concepción de la naturaleza. Hay que reconocer el siguiente paso adelante en la profundización de una relación ceremonial. Eso no quiere decir que la interferencia cero sea la más poderosa de todas. Es que cuanto más fino y preciso sea su entendimiento, más capaz será de alinearse y servir al movimiento de la naturaleza, y menos tendrá que interferir para lograrlo. El resultado es que ha creado –o más exactamente, ha servido para la creación de– un oasis exuberante y verde en un paisaje en deterioro; un altar viviente.

Los proyectos surgen de una comprensión más convencional y mecanicista de la hidrología. ¿Dónde está la santidad? pregunta. ¿Dónde está la humildad ante la exquisita sabiduría de los ecosistemas interdependientes únicos de cada lugar? Sólo están construyendo estanques. Puede que sí, dije, pero debemos encontrarnos con la gente donde están y celebrar cada paso en la dirección correcta. Estos proyectos hidrológicos mecanicistas también llevan consigo una reverencia por el agua.

Para que la tierra se cure necesita un ejemplo de salud, una reserva de salud de la que aprender. El oasis de salud ecológica puede irradiar hacia afuera a través del entorno social y ecológico, transmitiendo salud a lugares cercanos (por ejemplo, proporcionando refugio y zonas de desove para plantas y animales) y transmitiendo inspiración a otros sanadores de la tierra. Es por eso que la Amazonía es tan crucial, especialmente su cabecera, que es posiblemente la mayor reserva intacta y fuente de salud ecológica del mundo. Es donde la memoria de la salud de Gaia, de un mundo pasado y futuro sanado, aún reside intacta.

El trabajo de reparación de tierra funciona exactamente como una ceremonia. Uno podría decir: “No hagas ceremonias especiales –cada acto debería ser una ceremonia. “¿Por qué destacar esos diez minutos como especiales?”. La mayoría de nosotros, al igual que la sociedad en su conjunto, no estamos preparados para dar ese paso. El abismo es demasiado grande. No podemos esperar deshacer nuestros sistemas tecno-industriales, sistemas sociales, o nuestra psicología profundamente programada de la noche a la mañana. Lo que funciona para la mayoría de nosotros es establecer un oasis de perfección –la ceremonia– lo mejor que podamos, y luego permitir que se extienda a lo largo de nuestra vida, atrayendo progresivamente más atención, belleza y poder en cada acto. Hacer de cada acto una ceremonia comienza con hacer de cada acto una ceremonia.

Ceremonia desde los primeros principios

Traer alguna parte de la vida a la ceremonia no arroja el resto a la categoría de lo mundano o de lo poco ceremonioso. Al llevar a cabo la ceremonia, pretendemos que irradie a través de nuestro día o semana. Es una piedra de toque en medio de la robustez y la oscuridad de la vida. Así también, no debemos simplemente preservar algunos lugares salvajes, santuarios, o parques nacionales, o restaurar algunos lugares a su condición prístina; más bien, estos lugares son lodestars: ejemplos y recordatorios de lo que es posible. A medida que establecemos un pequeño momento de ceremonia en nuestras vidas, somos llamados a traer un poco de ella, y luego más y más de ella, a todos los momentos.

¿Cómo reintroducimos la ceremonia en una sociedad en la que está casi ausente? No se trata de imitar o importar las ceremonias de otras culturas. Tampoco es necesario resucitar las ceremonias de la propia línea de sangre, un esfuerzo que, aunque evita la apariencia de apropiación cultural, arriesga la apropiación de la propia cultura. Sin embargo, las ceremonias están vivas; los intentos de imitarlas o preservarlas nos traen sólo su efigie.

¿Qué opción queda entonces? ¿Crear nuestras propias ceremonias? Estrictamente hablando, no. Las ceremonias no se crean, se descubren.

He aquí cómo podría funcionar. Comienzas con una ceremonia rudimentaria, tal vez encendiendo una vela cada mañana y tomándote un momento para meditar sobre quién quieres ser hoy. ¿Pero cómo se enciende la vela perfectamente? Tal vez lo levantes y lo pongas sobre el fósforo. ¿Dónde pones el fósforo? En un plato pequeño, tal vez, mantenido a un lado. Y vuelves a poner la vela en su sitio. Entonces tal vez toques el timbre tres veces. ¿Cuánto tiempo entre anillos? ¿Estás apurado? No, ¿esperas a que cada tono se desvanezca en silencio? Sí, así es como se hace.....

No estoy diciendo que estas reglas y procedimientos deban regir su ceremonia. Para descubrir una ceremonia, siga el hilo del “Sí, así es como se hace”, que la atención revela. Observando, escuchando, concentrando la atención, descubrimos qué hacer, qué decir y cómo participar.

La vela puede convertirse en un pequeño altar y su iluminación en una ceremonia más larga de cuidado de ese altar. Luego irradia hacia afuera. Tal vez pronto organice su escritorio con el mismo cuidado. Y tu casa. Y luego pones ese mismo cuidado e intencionalidad en tu lugar de trabajo, en tus relaciones y en la comida que pones en tu cuerpo. Con el tiempo, la ceremonia se convierte en un punto de anclaje para un cambio en la realidad que ustedes habitan. Usted puede encontrar que la vida se organiza alrededor de la intención detrás de la ceremonia. Podrías experimentar una sincronización que parece confirmar que, de hecho, una inteligencia más grande está trabajando aquí.

A medida que eso sucede, la sensación es que un sinnúmero de seres nos acompañan aquí. La ceremonia, que sólo tiene sentido si los seres santos están observando, nos lleva a una realidad experiencial en la que los seres santos están realmente presentes. Cuanto más presentes estén, más profunda será la invitación a realizar más actos, y más aún cada acto, una ceremonia realizada con plena atención e integridad. ¿Qué sería entonces la vida? ¿Qué sería el mundo entonces?

La plena atención e integridad toma diferentes formas en diferentes circunstancias. En un ritual significa algo muy diferente que en un juego, una conversación o una cena. En una situación puede exigir precisión y orden; en otra, espontaneidad, audacia o improvisación. La ceremonia establece el tono de cada acto y palabra que se alinea con lo que uno realmente es, lo que uno quiere ser y el mundo en el que uno quiere vivir.

Ceremonia ofrece un vistazo a un destino sagrado, el destino de:

Cada acto es una ceremonia.

Cada palabra es una oración.

Cada paseo es una peregrinación.

Cada lugar es un santuario.

Un santuario nos conecta con lo sagrado que trasciende cualquier santuario e incluye todos los santuarios. Una ceremonia puede convertir un lugar en un santuario, ofreciendo una cuerda de salvamento a una realidad en la que todo es sagrado; es la avanzada de esa realidad o de esa historia del mundo. De la misma manera, un pedazo de tierra sanado es un puesto de avanzada de los oasis que quedan de la vitalidad original de la Tierra, como el Amazonas, el Congo, y una dispersión de arrecifes de coral no perturbados, pantanos de manglares, y así sucesivamente. Miramos con desesperación el plan del nuevo gobierno brasileño de saquear la Amazonia y nos preguntamos qué podemos hacer para salvarla. La acción política y económica es sin duda necesaria para ello, pero al mismo tiempo podemos operar a otra profundidad. Cada lugar de curación de la tierra también alimenta al Amazonas y nos acerca a un mundo en el que permanece intacto. Y, al fortalecer nuestra relación con esos lugares, recurrimos a poderes desconocidos para fortalecer nuestra determinación y coordinar nuestras alianzas.

Los seres que hemos excluido de nuestra realidad, los seres que hemos disminuido en nuestra percepción en no seres, siguen ahí esperándonos. Incluso con toda mi incredulidad heredada (mi cínico interior, educado en la ciencia, las matemáticas y la filosofía analítica, es al menos tan estridente como la suya), si me permito unos momentos de silencio atento, puedo sentir a esos seres reunidos. Siempre esperanzados, se acercan a la atención. ¿Puedes sentirlos también? En medio de la duda, tal vez, y sin ilusiones, ¿puedes sentirlas? Es la misma sensación de estar en un bosque y de repente darse cuenta como si fuera la primera vez: el bosque está vivo. El sol me está mirando. Y no estoy solo.

Publicado enEdición Nº261
Estudio de ADN humano antiguo resuelve misterio de las lenguas indoeuropeas

Los resultados de una de las más grandes investigaciones sugieren como clave una migración masiva de pastores de la estepa euroasiática en la edad de Bronce

 

La forma en que las lenguas indoeuropeas llegaron a hablarse desde el sur de Asia hasta las islas británicas ha sido objeto de debate entre investigadores durante décadas.

Ahora, la mayor investigación de ADN antiguo de humanos jamás realizada sugiere que la respuesta podría estar en una migración masiva de pastores de la estepa euroasiática durante la edad de Bronce, movimiento que comenzó hace 5 mil años en dirección oeste hacia Europa y también hacia al este, rumbo a Asia.

Vagheesh Narasimhan, coautor de un artículo sobre esa investigación publicado en la revista Science, señaló que la migración de poblaciones en los pasados 10 mil años es clave para entender los cambios lingüísticos y la transición de cazadores-recolectores a agricultores.

“Ha habido mucho trabajo de ADN, así como arqueológico, sobre estos dos procesos en Europa”, explicó este profesor invitado de la Escuela Médica Harvard, pero se conoce menos sobre estas transformaciones en Asia.

Un equipo global de genetistas, arqueólogos y antropólogos analizaron el ADN antiguo de 524 individuos de Asia central y el sur de Asia que nunca había sido estudiado, proceso que aumentó 25 por ciento el total mundial de trabajos de genoma antiguo publicados.

Mediante la comparación de esos genomas y los de restos hallados anteriormente y la ubicación de esa información en un contexto histórico mediante registros arqueológicos y lingüísticos, el equipo de investigadores pudo completar los baches que existían en la comprensión de esos fenómenos migratorios.

Un artículo de 2015 señalaba que las lenguas indoeuropeas, que constituyen el mayor grupo de idiomas en el mundo y del que forman parte el hindi-urdu, farsi, ruso, inglés, francés, gaélico y otros 400 más, llegaron a Europa a través de la estepa euroasiática.

Sin embargo, el camino de las lenguas protoindoeuropeas para llegar a Asia estaba menos claro. Una de las escuelas de pensamiento sostenía que las difundieron agricultores de la región de Anatolia, territorio que en la actualidad ocupa Turquía.

En el artículo de Science los investigadores indican que encontraron que los habitantes actuales del sur de Asia tienen poca o ninguna ascendencia que los conecte con los antiguos agricultores de Anatolia.

“Podemos descartar una propagación a gran escala de agricultores con raíces en Anatolia hacia el sur de Asia, lo que constituye la pieza central de la ‘hipótesis Anatolia’”, que sostiene que ese movimiento trajo la agricultura y las lenguas indoeuropeas a la región, precisó David Reich, otro autor del artículo, también de la Escuela Médica Harvard.

“Al no haber ocurrido movimientos sustanciales de personas, es un jaque mate a la hipótesis Anatolia.”

Nuevas pruebas

Existen dos nuevas líneas de pruebas en favor del origen estepario. Primero, los investigadores detectaron similitudes que conectan a hablantes de las ramas indoiranias y baltoeslavas de las lenguas indoeuropeas.

Encontraron que los hablantes actuales de esos dos grupos descienden de un subgrupo de pastores esteparios que migraron en dirección oeste hacia Europa hace 5 mil años, y luego se esparcieron en dirección este hacia el centro y el sur de Asia en los siguientes mil 500 años.

Otra observación en favor de esta teoría: surasiáticos que hablan las lenguas drávidas o dravídicas, principalmente en el sur de la India y el suroeste de Pakistán, tienen muy poco ADN estepario mientras los que hablan lenguas indoeuropeas como hindi, panyabí o bengalí tienen mucho más.

En cuanto a la agricultura, trabajos anteriores han encontrado que se esparció hacia Europa por medio de pueblos de ascendencia anatolia.

Otro artículo publicado en la revista Cell Press por muchos de los mismos autores describe el primer genoma de un individuo de la cultura del valle del Indo (IVC, por sus siglas en inglés), una de las mayores civilizaciones de la antigüedad, contemporánea con las de Egipto y la Mesopotamia.

EU, en riesgo de acostumbrarse a las declaraciones irracionales de Trump

Felicita a Polonia por la invasión nazi; asegura que un huracán llega a Alabama y arremete de nuevo contra sus funcionarios y aliados

 

 Nueva York. Donald Trump continúa provocando dudas sobre su estabilidad mental con una serie de declaraciones y acciones –más allá de las ya normales racistas, xenófobas y engañosas– que sencillamente carecen de sentido.

Por ejemplo, al acercarse el huracán Dorian a las costas del sureste estadunidense el domingo pasado, Trump tuiteó de repente que el estado de Alabama, y otros más, estaba en peligro por la tormenta, algo que no era cierto. El propio servicio federal meteorológico, 20 minutos después del tuit presidencia, se vio obligado a desmentir por todos los canales anunciando: “repetimos, NINGÚN impacto del huracán Dorian será sentido en Alabama”.

Pero Trump hasta la fecha ha rehusado aceptar que cometió un pequeño error y durante toda esta semana ha insistido que en tenía razón, al insistir en un tuit de este jueves: “¡lo que dije fue preciso! Todo lo demás es Fake News para descalificarme”. Esto, después de que el miércoles pasado, en un intento para justificar su error del domingo, ante periodistas en el Salón Oval de la Casa Blanca mostró un mapa del Centro Nacional de Huracanes fechado el 29 agosto, que había sido visiblemente alterado con un plumón para incluir dentro de la zona marcada de peligro un cachito de Alabama.

Todo esto ha dejado a periodistas (la nota sigue entre las principales en los medios), analistas y comediantes maravillados ante el grado que Trump está dispuesto a llegar para evitar cualquier admisión de un error, y a la vez mantener la atención sobre él, aun mientras un huracán está azotando la costa sureste de su país.

El pasado fin de semana, Trump canceló su gira a Europa que incluía una escala en Polonia para conmemorar, con otros jefes de Estado, el 80 aniversario del inicio de la Segunda Guerra Mundial, con el argumento de que tenía que mantenerse en casa para supervisar la respuesta de emergencia federal al huracán que se acercaba a Florida y otros estados de la costa este. Pero en lugar de ir a Polonia se fue a jugar golf (por la 227 vez desde que llegó a la Casa Blanca hace 958 días, según MSNBC) en Virginia.

En comentarios a la prensa sobre Polonia el domingo, adonde envió en su lugar al vicepresidente Mike Pence, comentó: quiero felicitar a ese país europeo en este aniversario. Nadie entendió cómo estaba felicitando al país en el aniversario solemne de su invasión por el régimen nazi de Alemania (ocupación en la que perdió a una quinta parte de su población), con lo cual se inició una de las guerras más bárbaras en la historia.

Pero no fue el primer viaje que canceló en días recientes, pues el mes pasado estaba programada una visita a Dinamarca. Sin embargo, en otro berrinche, suspendió la ida porque el liderazgo danés se burló de su propuesta de comprar Groenlandia (vale recordar también que mucho de su propio equipo y los medios también pensaban al inicio que eso era una broma, pero resultó que no).

En tanto, al aproximarse el huracán, el régimen de Trump ordenó el traslado de 270 millones de dólares del presupuesto de las agencias federales encargadas de dar respuesta a desastres naturales para invertirlos en ampliar centros de detención para migrantes.

En ese mismo rubro, el régimen esta desviando 3.6 mil millones de dólares de fondos militares para acelerar la construcción de su gran proyecto medieval: el muro fronterizo con México. Trump ordenó que toda medida que sea necesaria para construir su barda, aun si es ilegal, debe de proceder, informando a sus propios subordinados que les otorgará perdones presidenciales si son acusados de violar las leyes para lograrlo, reportó el Washington Post.

Por otro lado, mientras Puerto Rico se preparaba una vez más la semana pasada para la posibilidad de que pasara el huracán, Trump volvió a atacar a la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulin Cruz, feroz crítica del presidente. Calificó a todo ese país de corrupto y proclamó: yo soy lo mejor que jamás le ha ocurrido a Puerto Rico.

A la vez, durante estas últimas semanas, Trump ha continuado sus extraordinarios ataques contra sus propias agencias federales, sobre todo la FBI, ex directores de esa y otras agencias de seguridad nacional que se han atrevido a criticarlo, legisladoras demócratas latinas y afroestadunidenses y aun hay asombro ante su acusación de que todo judío estadunidense que vote por el Partido Demócrata es un traidor, retórica que tiene ecos históricos antisemitas.

No por primera vez asumió poderes que las leyes no le otorgan, el más reciente, cuando hace unos días escribió: nuestras grandes empresas estadunidenses están con la orden de buscar inmediatamente una alternativa a China para sus negocios, algo que por supuesto él no puede ordenar.

Al mismo tiempo, el presidente ha seguido atacando a sus propios aliados, incluso a legisladores republicanos e integrantes de su régimen, entre ellos el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, a quien él mismo instaló en ese puesto. En medio de su disputa comercial con China, y ante pronósticos de una posible recesión por estas maniobras, Trump le echó la culpa a quien nombró en el banco central, tuiteando el 23 de agosto: mi única pregunta es: ¿quién es nuestro enemigo más grande, Powell o el presidente Xi?

Varios comentaristas señalan que tal vez lo más preocupante es que estas expresiones, declaraciones, tuits y más cada vez provocan menos alarma. O sea, advierten que lo más peligroso para el país es que todo esto se vuelva normal.

El veterano periodista de televisión, ex conductor de CBS News Dan Rather advirtió: cuidado con la fatiga Trump, y comentó que estamos en un momento en que el daño acumulativo de la presidencia Trump golpea como las incesantes olas de calor de verano y que, para este presidente el manejo del agotamiento podría ser su arma más potente, al proceder hacia la pugna electoral de 2020.

Y si todo esto no es suficientemente preocupante en medio de esta temporada de huracanes y locuras, se reveló que Trump había sugerido varias veces a altos funcionarios de seguridad nacional que exploraran la posibilidad de usar bombas nucleares para frenar a huracanes antes de que impactaran a Estados Unidos, según fuentes que lo escucharon y un documento oficial que registró las palabras del comandante en jefe, reportó Axios.

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El mayor estudio de la historia no encuentra una relación determinante entre genes y comportamiento sexual

"No hay un único gen gay, sino más bien muchísimos genes que influyen", explica el genetista Brendan Zietsch

 “Yo soy gay y mi hermano no”, escucha a menudo el psicólogo Juan Ramón Ordoñana en sus entrevistas a los miembros del único registro de gemelos de España, una base de datos de 3.500 adultos murcianos. Los hermanos gemelos son un laboratorio viviente para intentar comprender la influencia de la genética en el comportamiento humano. La existencia de personas que comparten el 100% de sus genes y presentan diferentes comportamientos sexuales apunta a que la clave hay que buscarla en otros factores. Pero Ordoñana también oye la frase contraria: “Somos hermanos gemelos y los dos somos homosexuales”. Es uno de los misterios más fascinantes de la naturaleza humana.

Un equipo internacional de científicos presenta hoy el mayor estudio realizado hasta la fecha sobre la influencia de la genética en el comportamiento sexual. Han estudiado a casi 500.000 personas, 100 veces más que el mayor trabajo previo. “Nuestra investigación muestra que no hay un único gen gay, sino más bien muchísimos genes que influyen en la probabilidad de que una persona tenga parejas del mismo sexo”, explica el genetista Brendan Zietsch, director del Centro de Psicología y Evolución de la Universidad de Queensland, en Australia.

Los investigadores han empleado dos bases de datos: 410.000 personas de entre 40 y 70 años del Biobank de Reino Unido y otras 68.500 de los archivos de la empresa estadounidense 23andMe, con un promedio de edad de 51 años. Su primer análisis mostró que los parientes cercanos, primos como mínimo, tenían más probabilidades de presentar comportamientos sexuales similares. Mediante un complejo procedimiento estadístico, los autores calculan que una tercera parte de las diferencias observadas en el comportamiento sexual de estos familiares se pueden explicar por factores genéticos heredados.

El segundo análisis fue más allá. El manual de funcionamiento de una persona está escrito en 3.000 millones de letras en el núcleo de cada célula. El equipo de Zietsch ha buscado variantes genéticas mínimas —una sola letra— correlacionadas con comportamientos homosexuales. Según sus cálculos, el efecto sumado de todas estas pequeñas variaciones en la secuencia de ADN podría explicar entre el 8% y el 25% de las diferencias detectadas en el comportamiento sexual. La disparidad de estas cifras con el 33% del primer análisis podría deberse a que las tecnologías utilizadas no son lo suficientemente sofisticadas como para localizar todas las variantes genéticas.

El resto de las diferencias se debería a los llamados factores ambientales. “En este caso, la palabra ambiental solo significa que no son influencias genéticas. No tiene por qué ser nada relacionado con la educación o la cultura. Podrían ser efectos biológicos no genéticos o el ambiente prenatal en el útero. Nuestro estudio no arroja luz sobre estas influencias”, subraya Zietsch, que firma la investigación junto a genetistas, psicólogos, sociólogos y estadísticos de centros como la Universidad de Cambridge y el Instituto Broad del Instituto Tecnológico de Massachusetts y la Universidad de Harvard.

Los autores del estudio, que se publica este jueves en la revista Science, solo han identificado cinco variantes genéticas correlacionadas con el comportamiento homosexual, pero con una influencia mínima. Sumados sus efectos, explicarían menos del 1%. “Es básicamente imposible predecir la actividad sexual o la orientación de una persona por su genética”, zanja el estadístico Andrea Ganna, del Instituto Broad.

“No existe un gen de la homosexualidad ni de la heterosexualidad ni de la inteligencia. Son comportamientos muy complejos, probablemente vinculados a cientos o miles de variantes genéticas distribuidas por todo el genoma”, señala Ordoñana, un investigador de la Universidad de Murcia que no ha participado en este estudio. Los efectos combinados de esas miles de variantes genéticas hoy desconocidas sumarían esas influencias detectadas del 33% o del 8%-25%, dependiendo del tipo de análisis.

De las cinco variantes identificadas, dos son compartidas por hombres y mujeres, otras dos son masculinas y una es femenina. Su efecto individual es tan pequeño que solo se puede detectar en investigaciones con cientos de miles de ciudadanos. Por ejemplo, el 4% de las personas con una variante en la posición rs34730029 del genoma presentan un comportamiento homosexual, frente al 3,6% que no tienen esa variante. Para identificar más diferencias relevantes en el ADN habrá que estudiar a millones de personas.

Los investigadores también han encontrado “una correlación genética” entre el comportamiento homosexual y algunos rasgos de la personalidad, como el sentimiento de soledad, la apertura a nuevas experiencias y los hábitos de riesgo, como el tabaquismo y el consumo de marihuana. También han observado una correlación genética con algunos problemas de salud mental. En una escala del 0 al 1, en la que el cero significa que las influencias genéticas no se solapan en dos rasgos diferentes, la depresión llega al 0,44 en mujeres y al 0,33 en hombres, mientras que la esquizofrenia alcanza el 0,17 en mujeres y el 0,13 en hombres.

“Es importante subrayar que la causalidad no está clara. Una posibilidad es que el estigma asociado al comportamiento sexual con personas del mismo sexo cause o exacerbe problemas de salud mental”, recalca Zietsch. “Pero no tenemos suficientes datos para desenredar las diferentes opciones”, admite.

Los autores han intentado entender los mecanismos biológicos de las cinco variantes genéticas relacionadas con el comportamiento homosexual. Una de ellas está localizada en un tramo del ADN que alberga genes relacionados con el sentido del olfato, vinculado a la atracción sexual. Otra variante está asociada a la calvicie masculina y a un gen relevante en la formación de las gónadas, lo que “respalda la idea de que la regulación de las hormonas sexuales podría estar implicada en el desarrollo de un comportamiento sexual con personas del mismo sexo”, según los investigadores. “Las variantes genéticas heterosexuales son la otra cara de las no heterosexuales: en las mismas ubicaciones, pero simplemente con otras letras del código”, resume Zietsch.

El investigador Simon Heath, sin embargo, cree que “no hay una base científica potente” que vincule las variantes genéticas detectadas con los genes relacionados con el olfato y la calvicie. “Se basan en mirar a genes cercanos. Y siempre se puede construir una buena historia esté donde esté la variante genética”, afirma Heath, del Centro Nacional de Análisis Genómico, parte del Centro de Regulación Genómica de Barcelona.

A juicio de este experto, el nuevo estudio está “bien ejecutado”, pero presenta algunas limitaciones, como meter a una persona en la etiqueta de comportamiento homosexual simplemente por haber tenido una sola de estas experiencias en su vida. “Es una definición muy simple que esconde gran parte de la complejidad de la orientación sexual”, opina.

Además, señala Heath, hay otros elementos a tener en cuenta. Los 410.000 participantes de Reino Unido rellenaron un cuestionario general en el que el 4% de los hombres y el 2,8% de las mujeres afirmaron haber tenido al menos una relación sexual con una persona de su mismo sexo. En EE UU, esa pregunta era voluntaria y los que respondieron de manera positiva llegan al 19%, “lo que puede ser debido a que la que la gente con estilos de vida no convencionales esté más dispuesta a contestar”, hipotetiza Heath. “Esta diferencia en los conjuntos de datos dificulta la interpretación de los resultados”, sentencia.

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Sábado, 17 Agosto 2019 06:18

Cosmología y vida cotidiana

Cosmología y vida cotidiana

Todas las grandes culturas y civilizaciones, todos los pueblos, han tenido una profunda relación entre su visión y su experiencia del mundo y su comprensión del cosmos. Todas las civilizaciones menos Occidente. Occidente ha consistido, a través de los siglos, en un total olvido de las relaciones entre el universo y la vida cotidiana. Este artículo presenta los rasgos generales de la cosmología científica actual, y el problema de sus relaciones con la vida cotidiana en toda la línea de la palabra.

 

Todos los pueblos y culturas de la humanidad han tenido, a su manera, una profunda relación con el universo o el cosmos, y han expresado en numerosos relatos esas relaciones. Los chinos y los egipcios, los escandinavos y los mayas, los incas y los hindúes, por ejemplo. Los relatos acerca del origen del universo son fascinantes desde el punto de vista de la antropología, pero también como formas de relato y desde el punto de vista de su psicología. Bien vale la pena un paseo por la cosmología de los mayas y los aztecas, o de los hindúes y los japoneses, por mencionar tan solo unos pocos casos.

En Occidente cabe hacer referencia a los relatos de los filósofos presocráticos, o de las tres religiones monoteístas, que por ser religiones ya implican un sesgo acerca de la lectura sobre el origen y la edad del universo. Y en consecuencia, presentan una muy determinada relación acerca de la existencia de los seres humanos y el sentido entero de la realidad.

Propiamente hablando, la cosmología científica es un fenómeno perfectamente reciente, en desarrollo y perfeccionamiento constante. Occidente, nos guste o no, consiste, particularmente visto desde nuestros días en todas las direcciones, en el primado de la racionalidad científica. Pues bien, como tal, la cosmología científica nace exactamente en 1965 gracias a los trabajos pioneros de A. Penzias y R. Wilson, gracias a la identificación de la radiación de fondo de microondas (CMB, por sus siglas en inglés). Se trató de un descubrimiento casual –como de hecho la inmensa mayoría de los descubrimientos en ciencia–, gracias al cual, sin embargo, reciben el premio Nobel en física en 1978.

El descubrimiento de la radiación de fondo de microondas sienta las bases de la cosmología científica, denominada propiamente teoría inflacionaria del big-bang. De acuerdo con esta teoría, el universo tiene un origen, el big-bang, una expansión continuada, la cual sucede gracias a una inflación, y alcanza a la fecha la duración de 13.87 billones de años, con un margen de error del 1 por ciento. Esta teoría es el resultado de un muy sofisticado aparato matemático, no precisamente debido a la observación y la experimentación, el cual está en constante refuerzo por observaciones astronómicas, principalmente el explorador de fondo cósmico (Cobe), o la prueba de anisotropía de microondas Wilkinson (Wmap).

Como resultado, la teoría ortodoxa, esto es, oficial, acerca del universo establece claramente que su temperatura es de 2.7 grados Kelvin (0 grados Kelvin son -276 grados centígrados), con lo cual resulta que el universo es esencialmente frio; muy frío. Asimismo, es esencialmente isotrópico, es decir, se ve igual desde donde se mire y desde donde se lo vea. Y, en tercer lugar, muy sorprendente: el universo es plano.

Gracias a estos descubrimientos, se logró establecer:

1.Que el universo está compuesto en aproximadamente un 4 por ciento de materia común, que es lo que vemos y experimentamos alrededor. Técnicamente, esta materia se llama bariátrica debido a que se funda en bariones, uno de los grupos de partículas subatómicas constitutivas del universo.

2.Aproximadamente el 96 por ciento del universo está compuesto por dos entidades: la materia oscura, y la energía oscura. Se trata de hipótesis introducidas con la finalidad de explicar la densidad del universo y la tasa de expansión. Este 96 por ciento se divide así: cerca del 27 por ciento es materia oscura, y alrededor del 68 restante es energía oscura.

3.El universo se está expandiendo de manera vertiginosa hacia el extremo infra-rojo del espectro visual, planteando el problema acerca de su final, o bien en términos de una eventual colisión cósmica, llamada big-crunch, o de un universo frío y vacío.

4.Que el universo tuvo un comienzo, y verosímilmente tendrá un final con una edad de alrededor de 14 mil millones de años. De todas las cosmologías existentes en la historia de la humanidad, la de Occidente es la más corta o breve y de menor densidad temporal.

Es fundamental observar que este es el cuadro de la teoría ortodoxa inflacionaria del big-bang. Por consiguiente, no es la única aunque, a la fecha, sea la principal y la dominante.

 

Velocidad, ritmo y vida

 

De manera puntual, se sabe positivamente que la Tierra orbita alrededor del sol a una velocidad de 30 km por segundo; a su vez, el sol tiene una órbita alrededor del centro de la vía láctea a una velocidad de 220 km por segundo; y finalmente, la propia vía láctea se desplaza a una velocidad de 200 km por segundo alrededor de un cluster de galaxias cercanas. Como se aprecia sin dificultad, la cosmología científica plantea el reto de pensar en grandes velocidades y ritmos, y en consecuencia en algo así como una teoría dinámica o una teoría de procesos de altas velocidades. Mientras tanto, la vida cotidiana transcurre a ritmos lentos, propios: segundos, minutos, horas, días, meses, años, siglos. Ello sobre la base de un terrible error del cual Occidente no ha logrado liberarse, a saber: el nefasto calendario gregoriano que domina la lectura de los tiempos y ritmos en las coordenadas de su territorio.

De otra parte, la teoría cuántica ha puesto de manifiesto que, si arriba existen velocidades enormes, abajo no sucede nada distinto. Los tiempos microescalares son aún más vertiginosos, y se articulan como tiempos mili, micro, nano, pico, femto, atto, yocto y zepto-escalares, y que son, respectivamente, de 10-3 segundos, 10-6 segundos, 10-9 segundos, 10-12 segundos, 10-15 segundos, 10-18 segundos, 10-21 segundos, 10-24 segundos, y 10-28 segundos, hasta la fecha.

Es de señalar que el límite absoluto del universo se ha calculado en dos términos: de un lado, la escala de Planck, que es de 10-33 metros, que es la distancia más pequeña que puede tener sentido físico; y de otra parte, es el tiempo de Planck, que es de 10-43 segundos que es cuando se estima que luego de que nace este universo, y en la escala de 0 a la mencionada empiezan procesos físicos que, ulteriormente, darán origen al universo. 

Pensar el universo implica entonces acceder mentalmente a distancias y a tiempos que no se corresponden perceptualmente con los de la vida cotidiana, pero que, sin ninguna duda al mismo tiempo constituyen y atraviesan medularmente al mundo en todas sus formas, escalas, expresiones y dimensiones. Como decía Heráclito, nada de lo que sucede arriba deja a de afectar a lo que sucede abajo y al revés; y lo mismo que hay afuera hay adentro. Un buen motivo de reflexión.

 

El origen de la vida: temas y problemas

 

De acuerdo con el modelo estándar de la cosmología científica, al universo le tomó 2/3 partes de su vida para lograr dar con el nacimiento de la vida, tal y como la conocemos hasta el momento. En efecto, si el universo tiene una vida de cerca de 14 mil millones de años, la vida aparece (apenas) hace 3.500 millones de años. Los procesos de complejidad combinatoria y de síntesis que se encuentran en el origen de la vida, tardaron mucho tiempo hasta aparecer. Entonces nace la vida basada en el carbono, un elemento extremadamente frágil, en medio del oxígeno, un gas altamente extraño en el universo y muy explosivo, y fundado en un ácido cuyas características no son para nada universales ni necesarias: el ADN. Y sobre estas bases, emerge la vida, y con ella, ulteriormente la cultura y todas sus facetas y avatares, hasta el día de hoy, exactamente.

Dicho sobre el lenguaje de la cosmología, la astronomía y la astrofísica, la vida es un fenómeno de energías bajas, mientras que el universo transcurre y se hace posible sobre altas energías. Asimismo, los sistemas vivos tienen tiempos parsimoniosos que, aunque se ignore, son el resultado de tiempos macroscópicos y microscópicos magníficos.

Digamos, de manera puntual, que mientras que los saurios (dinosaurios, brontosaurios, estreptosaurios, tiranosaurios y demás) vivieron cerca de 250 millones de años (hasta la caída del meteorito en el golfo de Yucatán), los cefalópodos (por ejemplo los pulpos) vivieron y dominaron las profundidades del mar durante 300 millones de años. En contraste, los homínidos, de los cuales forman parte el homo sapiens, y el homo sapiens-sapiens, tienen apenas una historia de alrededor de 40.000 años. Y vaya uno a mirar la miríada de retos, problemas, dificultades y conflictos a los que se ven abocados, poniendo en riesgo su propia existencia, y con ella incluso la vida en general sobre el planeta. Es lo que se conoce genéricamente como la sexta extinción en curso, y que muy erróneamente se ha llamado como “antropoceno” (un concepto horroroso y sin ningún fundamento científico, pero ampliamente usado, particularmente por parte de políticos y gestores alrededor el mundo). 

El estudio de la cosmología consiste en la comprensión del marco y del piso sin el cual no es posible el mundo en su expresión diaria. Todo lo que sucede a escala local tiene lugar en el telón de fondo de eventos cósmicos. De acuerdo con lo mejor de la ciencia de punta contemporánea, debemos poder aprender a pensar no ya en términos causales, sino, mucho mejor en términos de correlaciones.

Pues bien, la teoría inflacionaria del big-bang implica el aprendizaje de nuevos lenguajes; de términos, conceptos y dinámicas tales como: universo observable, antimateria, reionización, isotropía, densidad crítica, el problema del horizonte, constante cosmológica, superclusters, agujeros negros, ondas gravitacionales, y muchos otros. Más exactamente, los fundamentos de la cosmología científica son tres planos físicos, así: la física de partículas, conocida igualmente como el modelo estándar (actualmente las partículas subatómicas son 61); la física del plasma (para lo cual vale recordar que los estados de la materia son cuatro: sólido, líquido, gaseoso, y plasma); y la física cuántica. Sobre esta base, la teoría del modelo inflacionario del big-bang se funda en dos grandes teorías físicas acerca de la realidad: la teoría de la relatividad y la teoría cuántica. La dificultad enorme estriba en que ambas son teorías incompletas.

Tenemos aquí el principal problema de investigación en física y en astronomía. Este problema permea y atraviesa a todo el conjunto de ciencias y disciplinas, incluidas, naturalmente, las ciencias sociales y humanas.

Por lo demás, la edad del universo, y por consiguiente el esclarecimiento de qué es, se condensa en el siguiente esquema breve: de acuerdo con el obispo anglicano J. Usher, el universo fue creado el 23 de octubre del año 4004 a.C., dato establecido en 1658, a partir del estudio de la Biblia. Cuando en el siglo XIX Darwin escribe el Origen de las especies por medio de la selección natural, el universo tenía apenas unos pocos miles de años. Más tarde, en tiempos de Hubble, el universo tenía menos de 500 millones de años (años 1920). Para 1950, se estimaba que el universo tenía dos billones de años. En 1994, gracias justamente al telescopio espacial Hubble se llegó al cálculo que la edad del universo era entre 8 y 10 billones de años. En el año 2013 se fijó que la edad del universo es exactamente de 13.82 billones de años.

Como se aprecia, en unos pocos años, las magnitudes han cambiado considerablemente. No sería erróneo pensar que en el futuro (inmediato) seguirá sucediendo lo mismo. La cosmología es una ciencia joven en permanente desarrollo y crecimiento.

No solamente no vemos de qué está hecho el universo, sino, además, no sabemos de qué está hecho. A esto hay que agregar que aunque la vida es un fenómeno físico, no sabemos en qué consiste esa física de que está hecha la vida. Lo que sí podemos afirmar, sin ambages, es que siendo un fenómeno físico la vida no se reduce a la física. Si la cosmología como ciencia nace en 1965, la vida como un programa de investigación científico nace en 1942 gracias a un libro maravilloso de E. Schrödinger: ¿Qué es la vida?

 

Occidente: una visión planetaria

 

De manera atávica, Occidente no ha sabido de cosmología. La casi totalidad de visiones, comprensiones y explicaciones acerca de los temas y problemas del mundo son, en el mejor de los casos, apenas planetarias. Así, por ejemplo, las preocupaciones sobre el medioambiente y la ecología, las visiones sobre ciudad e incluso las relaciones entre ciudad y campo, los temas alrededor de las energías –contaminantes y limpias–, y muchas otras próximas y semejantes.

La visión planetaria no es en realidad otra cosa que la proyección de la visión eminentemente antropocéntrica, antropomórfica y antropológica de la realidad. O bien, desde otro punto de vista, se trata de la variación sobre el tema constante acerca de la importancia del encefalocentrismo. Otras traducciones y expresiones serían perfectamente posibles.

Pues bien, de manera tradicional pero fuerte, ha existido una prácticamente total disolución entre la vida cotidiana de los seres humanos y la comprensión del cosmos y el universo. Esto es, lo que hacen en la vida cotidiana los seres humanos –dormir, comer, amar, odiar, preocuparse, alegrarse, y demás–, nada tiene que ver con lo que sucede en el universo. Las consecuencias sociales, culturales y políticas de esta disolución son sumamente serias y merecen una consideración aparte, en otro momento y lugar. En términos de la filosofía de Hegel o de Marx, por ejemplo, existe un total extrañamiento (Entfremdung) o enajenación (Entäusserung). Nada de lo que hacen los seres humanos en la vida cotidiana tiene que ver con lo que acontece en el universo. Y al revés, algunos de los más apasionantes fenómenos del universo –agujeros negros, colisiones cósmicas, meteoritos que circundan los espacios a velocidades y tamaños diversos, la muerte de estrellas, el nacimiento de nuevos soles, el descubrimiento de exoplanetas, y tantos otros fenómenos, por ejemplo–, nada tienen que ver lo que hacen con su existencia los seres humanos.

La ciencia tanto como la cultura y la política tienen un enorme reto al respecto.

La verdad es que la cosmología –la científica en nuestro caso– constituye el verdadero piso sobre el cual la vida cotidiana es posible y tiene sentido. Absolutamente todo lo que acontece en el mundo alrededor, en la escala común y corriente, se encuentra estrechamente entrelazado con aquello que constituye el objeto de estudio de la cosmología; y con ella, de la astronomía y la astrofísica, la exobiología y las propias matemáticas, por ejemplo.

Digamos, en el marco de este artículo, que pensar en escala planetaria es demasiado poco, y finalmente, equivocado. Nada de lo que suceda a escala planetaria puede ser separado de otros fenómenos, dinámicas y comportamientos en otros lugares y tiempos. De la escala simplemente planetaria, podemos pasar a la del sistema solar; de esta, a su vez a la galáctica, sabiendo exactamente que la Vía Láctea es una pequeña galaxia, nada ejemplar en el contexto de la astronomía, y que forma parte en realidad de un cluster próximo. Existen en el universo alrededor de cien mil billones de billones de galaxias. Como sostenía con acierto C. Sagan, hay más galaxias en el universo que granos de arena en una playa.

 

Una precisión puntual:¿Qué es el universo?

 

Es posible establecer cinco comprensiones básicas de lo que es el universo:

Universo: designa toda la materia y la energía existente en tres dimensiones espaciales y una dimensión temporal.

Universo observable: Es esta parte del universo que es observable y que contiene materia que puede ser detectable por medio de observaciones astronómicas. La astronomía trabaja con tres tipos de unidades: la unidad astronómica (UA), que es la distancia media entre el sol y la tierra (que es el equivalente a 149.600.000 millones de km); el año luz, que es la distancia que recorre la luz en un año (que es de 9.46 billones de kilómetros); y el pársec, que es una medida mayor que el año luz, (que son 30.86 billones de km).

Megaverso: consiste en una presunta o especulativa dimensión más elevada dentro de la cual estaría inmerso el universo.

Multiverso: es un universo que se especula que contiene a nuestro universo y a otros universos, incluso infinitos universos.

Cosmos: designa a todo lo que hay o existe.

 

Como ya lo expresamos, la cosmología es un descubrimiento muy reciente en la historia de la humanidad: es decir, la cosmología basada en un robusto aparato matemático; con ingentes y crecientes datos que se multiplican, literalmente hora a hora y que deben ser procesados incesantemente; con observatorios terrestres y extra-terrestres con una precisión que jamás alcanzaron otros pueblos, culturas o civilizaciones; y finalmente, con muy sofisticados equipos humanos conformados por físicos, astrónomos, ingenieros, matemáticos, expertos en sistemas computacionales, e incluso químicos y biólogos. Una parte de los mejores cerebros del mundo están estudiando qué es la realidad (= universo), de qué está compuesto, cuál es su origen y cuál puede ser su final, y todo ello se denomina la teoría (ortodoxa) de la inflación del big-bang.

Sin embargo, es preciso subrayar este hecho: esta es la teoría estándar u oficial. Pero a esta teoría se contraponen un número importante de otras teorías que o bien hacen modificaciones, o bien plantean alternativas radicales a lo que sean la naturaleza y el universo. En cualquier caso, cualquiera que haya de ser la suerte final de la cosmología, lo que logremos con ella no será, absolutamente para nada indiferente de lo que vivimos en la vida cotidiana. Y todo estará intricablemente relacionado.

 

Conclusión abierta

 

Todos los pueblos y culturas de la humanidad desarrollaron una sabiduría consistente en saber que, a su manera, había estrechas relaciones entre sus vidas y el universo. Incluso con argumentos como los dioses, semidioses, héroes, y otras figuras míticas que jugaban algún rol. La racionalidad occidental ha consistido en una disociación total entre el mundo y el universo, a menos que se crea en el dios monoteísta de cada una de las tres religiones constitutivas de Occidente.

La cosmología es una ciencia singular que tiene, a diferencia de cualquier otra ciencia (o disciplina) tres rasgos particulares:

i) Sólo existe un universo

ii) Formamos parte del universo

iii) Es inmensamente grande

En otras palabras, no podemos pensar al universo por fuera suyo. Debemos poder incorporar no solamente velocidades magníficas, sino también escalas enormes, casi inexistentes en la vida cotidiana; y adicionalmente, debemos poder conocer lo que es este universo, incluso independientemente de si existen otros, o no.

Lo cierto es que la cosmología modo científico es un fenómeno perfectamente reciente. Nace en 1965 y se afianza y consolida, no sin debates y conflictos al interior de la comunidad científica, hasta la fecha. Pero existe una total ruptura entre vida cotidiana y cosmología científica. He aquí una tarea al mismo tiempo educativa, política, filosófica y científica. 

Hace falta una visión más compleja de la realidad, el universo, el mundo y la naturaleza. El estudio de la cosmología, en toda la línea de la palabra suministra el cuadro amplio (big picture) del universo, de la realidad. Para vivir necesitamos, además y principalmente, del cuadro amplio. La vida es imposible sólo con cuadros pequeños y fragmentarios. Hay aquí un motivo de educación, de cultura, y de formación en toda la línea de la palabra.

 

La complejidad en un grano de arena. 

 

Referencias

 Ball, Ph., (2018). Cuántica. Qué significa la teoría de la ciencia más extraña. Madrid: Turner

 Du Sautoy, M., (2018). Lo que no podemos saber. Exploraciones en la frontera del conocimiento. Barcelona: Acantilado

 Hands, J., (2017). Cosmosapiens. Human Evolution from the Origin of the Universe. New York-London: Overlook Duckworth

 Smolin, L., (2019). Einstein’s Unfinished Revolution. The Search for What Lies Beyond the Quantum. New York: Penguin Press

 Tegmark, M., (2015). Our Mathematical Universe. My Quest for the Ultimate Nature of Reality. New York: Vintage

 

 


Artículos de esta edición:

 

Primer año: gobierno Iván Duque. Entre palabras y simulaciones

https://www.desdeabajo.info/ediciones/item/37434-primer-ano-gobierno-ivan-duque-entre-palabras-y-simulaciones.html

Un año de medidas a favor de los poderosos

https://www.desdeabajo.info/ediciones/item/37435-un-ano-de-medidas-a-favor-de-los-poderosos.html

Las obsesiones no siempre son buenas consejeras

https://www.desdeabajo.info/ediciones/item/37436-las-obsesiones-no-siempre-son-buenas-consejeras.html

"¿Quiren más paz? Aquí la tienen..."

https://www.desdeabajo.info/ediciones/item/37440-quieren-mas-paz-aqui-la-tienen.html

  

Los talibanes de San Francisco

https://www.desdeabajo.info/ediciones/item/37438-los-talibanes-de-san-francisco.html

 


 

Lunes, 12 Agosto 2019 10:01

Cosmología y vida cotidiana

Cosmología y vida cotidiana

Todas las grandes culturas y civilizaciones, todos los pueblos, han tenido una profunda relación entre su visión y su experiencia del mundo y su comprensión del cosmos. Todas las civilizaciones menos Occidente. Occidente ha consistido, a través de los siglos, en un total olvido de las relaciones entre el universo y la vida cotidiana. Este artículo presenta los rasgos generales de la cosmología científica actual, y el problema de sus relaciones con la vida cotidiana en toda la línea de la palabra.

 

Todos los pueblos y culturas de la humanidad han tenido, a su manera, una profunda relación con el universo o el cosmos, y han expresado en numerosos relatos esas relaciones. Los chinos y los egipcios, los escandinavos y los mayas, los incas y los hindúes, por ejemplo. Los relatos acerca del origen del universo son fascinantes desde el punto de vista de la antropología, pero también como formas de relato y desde el punto de vista de su psicología. Bien vale la pena un paseo por la cosmología de los mayas y los aztecas, o de los hindúes y los japoneses, por mencionar tan solo unos pocos casos.

En Occidente cabe hacer referencia a los relatos de los filósofos presocráticos, o de las tres religiones monoteístas, que por ser religiones ya implican un sesgo acerca de la lectura sobre el origen y la edad del universo. Y en consecuencia, presentan una muy determinada relación acerca de la existencia de los seres humanos y el sentido entero de la realidad.

Propiamente hablando, la cosmología científica es un fenómeno perfectamente reciente, en desarrollo y perfeccionamiento constante. Occidente, nos guste o no, consiste, particularmente visto desde nuestros días en todas las direcciones, en el primado de la racionalidad científica. Pues bien, como tal, la cosmología científica nace exactamente en 1965 gracias a los trabajos pioneros de A. Penzias y R. Wilson, gracias a la identificación de la radiación de fondo de microondas (CMB, por sus siglas en inglés). Se trató de un descubrimiento casual –como de hecho la inmensa mayoría de los descubrimientos en ciencia–, gracias al cual, sin embargo, reciben el premio Nobel en física en 1978.

El descubrimiento de la radiación de fondo de microondas sienta las bases de la cosmología científica, denominada propiamente teoría inflacionaria del big-bang. De acuerdo con esta teoría, el universo tiene un origen, el big-bang, una expansión continuada, la cual sucede gracias a una inflación, y alcanza a la fecha la duración de 13.87 billones de años, con un margen de error del 1 por ciento. Esta teoría es el resultado de un muy sofisticado aparato matemático, no precisamente debido a la observación y la experimentación, el cual está en constante refuerzo por observaciones astronómicas, principalmente el explorador de fondo cósmico (Cobe), o la prueba de anisotropía de microondas Wilkinson (Wmap).

Como resultado, la teoría ortodoxa, esto es, oficial, acerca del universo establece claramente que su temperatura es de 2.7 grados Kelvin (0 grados Kelvin son -276 grados centígrados), con lo cual resulta que el universo es esencialmente frio; muy frío. Asimismo, es esencialmente isotrópico, es decir, se ve igual desde donde se mire y desde donde se lo vea. Y, en tercer lugar, muy sorprendente: el universo es plano.

Gracias a estos descubrimientos, se logró establecer:

1.Que el universo está compuesto en aproximadamente un 4 por ciento de materia común, que es lo que vemos y experimentamos alrededor. Técnicamente, esta materia se llama bariátrica debido a que se funda en bariones, uno de los grupos de partículas subatómicas constitutivas del universo.

2.Aproximadamente el 96 por ciento del universo está compuesto por dos entidades: la materia oscura, y la energía oscura. Se trata de hipótesis introducidas con la finalidad de explicar la densidad del universo y la tasa de expansión. Este 96 por ciento se divide así: cerca del 27 por ciento es materia oscura, y alrededor del 68 restante es energía oscura.

3.El universo se está expandiendo de manera vertiginosa hacia el extremo infra-rojo del espectro visual, planteando el problema acerca de su final, o bien en términos de una eventual colisión cósmica, llamada big-crunch, o de un universo frío y vacío.

4.Que el universo tuvo un comienzo, y verosímilmente tendrá un final con una edad de alrededor de 14 mil millones de años. De todas las cosmologías existentes en la historia de la humanidad, la de Occidente es la más corta o breve y de menor densidad temporal.

Es fundamental observar que este es el cuadro de la teoría ortodoxa inflacionaria del big-bang. Por consiguiente, no es la única aunque, a la fecha, sea la principal y la dominante.

 

Velocidad, ritmo y vida

 

De manera puntual, se sabe positivamente que la Tierra orbita alrededor del sol a una velocidad de 30 km por segundo; a su vez, el sol tiene una órbita alrededor del centro de la vía láctea a una velocidad de 220 km por segundo; y finalmente, la propia vía láctea se desplaza a una velocidad de 200 km por segundo alrededor de un cluster de galaxias cercanas. Como se aprecia sin dificultad, la cosmología científica plantea el reto de pensar en grandes velocidades y ritmos, y en consecuencia en algo así como una teoría dinámica o una teoría de procesos de altas velocidades. Mientras tanto, la vida cotidiana transcurre a ritmos lentos, propios: segundos, minutos, horas, días, meses, años, siglos. Ello sobre la base de un terrible error del cual Occidente no ha logrado liberarse, a saber: el nefasto calendario gregoriano que domina la lectura de los tiempos y ritmos en las coordenadas de su territorio.

De otra parte, la teoría cuántica ha puesto de manifiesto que, si arriba existen velocidades enormes, abajo no sucede nada distinto. Los tiempos microescalares son aún más vertiginosos, y se articulan como tiempos mili, micro, nano, pico, femto, atto, yocto y zepto-escalares, y que son, respectivamente, de 10-3 segundos, 10-6 segundos, 10-9 segundos, 10-12 segundos, 10-15 segundos, 10-18 segundos, 10-21 segundos, 10-24 segundos, y 10-28 segundos, hasta la fecha.

Es de señalar que el límite absoluto del universo se ha calculado en dos términos: de un lado, la escala de Planck, que es de 10-33 metros, que es la distancia más pequeña que puede tener sentido físico; y de otra parte, es el tiempo de Planck, que es de 10-43 segundos que es cuando se estima que luego de que nace este universo, y en la escala de 0 a la mencionada empiezan procesos físicos que, ulteriormente, darán origen al universo. 

Pensar el universo implica entonces acceder mentalmente a distancias y a tiempos que no se corresponden perceptualmente con los de la vida cotidiana, pero que, sin ninguna duda al mismo tiempo constituyen y atraviesan medularmente al mundo en todas sus formas, escalas, expresiones y dimensiones. Como decía Heráclito, nada de lo que sucede arriba deja a de afectar a lo que sucede abajo y al revés; y lo mismo que hay afuera hay adentro. Un buen motivo de reflexión.

 

El origen de la vida: temas y problemas

 

De acuerdo con el modelo estándar de la cosmología científica, al universo le tomó 2/3 partes de su vida para lograr dar con el nacimiento de la vida, tal y como la conocemos hasta el momento. En efecto, si el universo tiene una vida de cerca de 14 mil millones de años, la vida aparece (apenas) hace 3.500 millones de años. Los procesos de complejidad combinatoria y de síntesis que se encuentran en el origen de la vida, tardaron mucho tiempo hasta aparecer. Entonces nace la vida basada en el carbono, un elemento extremadamente frágil, en medio del oxígeno, un gas altamente extraño en el universo y muy explosivo, y fundado en un ácido cuyas características no son para nada universales ni necesarias: el ADN. Y sobre estas bases, emerge la vida, y con ella, ulteriormente la cultura y todas sus facetas y avatares, hasta el día de hoy, exactamente.

Dicho sobre el lenguaje de la cosmología, la astronomía y la astrofísica, la vida es un fenómeno de energías bajas, mientras que el universo transcurre y se hace posible sobre altas energías. Asimismo, los sistemas vivos tienen tiempos parsimoniosos que, aunque se ignore, son el resultado de tiempos macroscópicos y microscópicos magníficos.

Digamos, de manera puntual, que mientras que los saurios (dinosaurios, brontosaurios, estreptosaurios, tiranosaurios y demás) vivieron cerca de 250 millones de años (hasta la caída del meteorito en el golfo de Yucatán), los cefalópodos (por ejemplo los pulpos) vivieron y dominaron las profundidades del mar durante 300 millones de años. En contraste, los homínidos, de los cuales forman parte el homo sapiens, y el homo sapiens-sapiens, tienen apenas una historia de alrededor de 40.000 años. Y vaya uno a mirar la miríada de retos, problemas, dificultades y conflictos a los que se ven abocados, poniendo en riesgo su propia existencia, y con ella incluso la vida en general sobre el planeta. Es lo que se conoce genéricamente como la sexta extinción en curso, y que muy erróneamente se ha llamado como “antropoceno” (un concepto horroroso y sin ningún fundamento científico, pero ampliamente usado, particularmente por parte de políticos y gestores alrededor el mundo). 

El estudio de la cosmología consiste en la comprensión del marco y del piso sin el cual no es posible el mundo en su expresión diaria. Todo lo que sucede a escala local tiene lugar en el telón de fondo de eventos cósmicos. De acuerdo con lo mejor de la ciencia de punta contemporánea, debemos poder aprender a pensar no ya en términos causales, sino, mucho mejor en términos de correlaciones.

Pues bien, la teoría inflacionaria del big-bang implica el aprendizaje de nuevos lenguajes; de términos, conceptos y dinámicas tales como: universo observable, antimateria, reionización, isotropía, densidad crítica, el problema del horizonte, constante cosmológica, superclusters, agujeros negros, ondas gravitacionales, y muchos otros. Más exactamente, los fundamentos de la cosmología científica son tres planos físicos, así: la física de partículas, conocida igualmente como el modelo estándar (actualmente las partículas subatómicas son 61); la física del plasma (para lo cual vale recordar que los estados de la materia son cuatro: sólido, líquido, gaseoso, y plasma); y la física cuántica. Sobre esta base, la teoría del modelo inflacionario del big-bang se funda en dos grandes teorías físicas acerca de la realidad: la teoría de la relatividad y la teoría cuántica. La dificultad enorme estriba en que ambas son teorías incompletas.

Tenemos aquí el principal problema de investigación en física y en astronomía. Este problema permea y atraviesa a todo el conjunto de ciencias y disciplinas, incluidas, naturalmente, las ciencias sociales y humanas.

Por lo demás, la edad del universo, y por consiguiente el esclarecimiento de qué es, se condensa en el siguiente esquema breve: de acuerdo con el obispo anglicano J. Usher, el universo fue creado el 23 de octubre del año 4004 a.C., dato establecido en 1658, a partir del estudio de la Biblia. Cuando en el siglo XIX Darwin escribe el Origen de las especies por medio de la selección natural, el universo tenía apenas unos pocos miles de años. Más tarde, en tiempos de Hubble, el universo tenía menos de 500 millones de años (años 1920). Para 1950, se estimaba que el universo tenía dos billones de años. En 1994, gracias justamente al telescopio espacial Hubble se llegó al cálculo que la edad del universo era entre 8 y 10 billones de años. En el año 2013 se fijó que la edad del universo es exactamente de 13.82 billones de años.

Como se aprecia, en unos pocos años, las magnitudes han cambiado considerablemente. No sería erróneo pensar que en el futuro (inmediato) seguirá sucediendo lo mismo. La cosmología es una ciencia joven en permanente desarrollo y crecimiento.

No solamente no vemos de qué está hecho el universo, sino, además, no sabemos de qué está hecho. A esto hay que agregar que aunque la vida es un fenómeno físico, no sabemos en qué consiste esa física de que está hecha la vida. Lo que sí podemos afirmar, sin ambages, es que siendo un fenómeno físico la vida no se reduce a la física. Si la cosmología como ciencia nace en 1965, la vida como un programa de investigación científico nace en 1942 gracias a un libro maravilloso de E. Schrödinger: ¿Qué es la vida?

 

Occidente: una visión planetaria

 

De manera atávica, Occidente no ha sabido de cosmología. La casi totalidad de visiones, comprensiones y explicaciones acerca de los temas y problemas del mundo son, en el mejor de los casos, apenas planetarias. Así, por ejemplo, las preocupaciones sobre el medioambiente y la ecología, las visiones sobre ciudad e incluso las relaciones entre ciudad y campo, los temas alrededor de las energías –contaminantes y limpias–, y muchas otras próximas y semejantes.

La visión planetaria no es en realidad otra cosa que la proyección de la visión eminentemente antropocéntrica, antropomórfica y antropológica de la realidad. O bien, desde otro punto de vista, se trata de la variación sobre el tema constante acerca de la importancia del encefalocentrismo. Otras traducciones y expresiones serían perfectamente posibles.

Pues bien, de manera tradicional pero fuerte, ha existido una prácticamente total disolución entre la vida cotidiana de los seres humanos y la comprensión del cosmos y el universo. Esto es, lo que hacen en la vida cotidiana los seres humanos –dormir, comer, amar, odiar, preocuparse, alegrarse, y demás–, nada tiene que ver con lo que sucede en el universo. Las consecuencias sociales, culturales y políticas de esta disolución son sumamente serias y merecen una consideración aparte, en otro momento y lugar. En términos de la filosofía de Hegel o de Marx, por ejemplo, existe un total extrañamiento (Entfremdung) o enajenación (Entäusserung). Nada de lo que hacen los seres humanos en la vida cotidiana tiene que ver con lo que acontece en el universo. Y al revés, algunos de los más apasionantes fenómenos del universo –agujeros negros, colisiones cósmicas, meteoritos que circundan los espacios a velocidades y tamaños diversos, la muerte de estrellas, el nacimiento de nuevos soles, el descubrimiento de exoplanetas, y tantos otros fenómenos, por ejemplo–, nada tienen que ver lo que hacen con su existencia los seres humanos.

La ciencia tanto como la cultura y la política tienen un enorme reto al respecto.

La verdad es que la cosmología –la científica en nuestro caso– constituye el verdadero piso sobre el cual la vida cotidiana es posible y tiene sentido. Absolutamente todo lo que acontece en el mundo alrededor, en la escala común y corriente, se encuentra estrechamente entrelazado con aquello que constituye el objeto de estudio de la cosmología; y con ella, de la astronomía y la astrofísica, la exobiología y las propias matemáticas, por ejemplo.

Digamos, en el marco de este artículo, que pensar en escala planetaria es demasiado poco, y finalmente, equivocado. Nada de lo que suceda a escala planetaria puede ser separado de otros fenómenos, dinámicas y comportamientos en otros lugares y tiempos. De la escala simplemente planetaria, podemos pasar a la del sistema solar; de esta, a su vez a la galáctica, sabiendo exactamente que la Vía Láctea es una pequeña galaxia, nada ejemplar en el contexto de la astronomía, y que forma parte en realidad de un cluster próximo. Existen en el universo alrededor de cien mil billones de billones de galaxias. Como sostenía con acierto C. Sagan, hay más galaxias en el universo que granos de arena en una playa.

 

Una precisión puntual:¿Qué es el universo?

 

Es posible establecer cinco comprensiones básicas de lo que es el universo:

Universo: designa toda la materia y la energía existente en tres dimensiones espaciales y una dimensión temporal.

Universo observable: Es esta parte del universo que es observable y que contiene materia que puede ser detectable por medio de observaciones astronómicas. La astronomía trabaja con tres tipos de unidades: la unidad astronómica (UA), que es la distancia media entre el sol y la tierra (que es el equivalente a 149.600.000 millones de km); el año luz, que es la distancia que recorre la luz en un año (que es de 9.46 billones de kilómetros); y el pársec, que es una medida mayor que el año luz, (que son 30.86 billones de km).

Megaverso: consiste en una presunta o especulativa dimensión más elevada dentro de la cual estaría inmerso el universo.

Multiverso: es un universo que se especula que contiene a nuestro universo y a otros universos, incluso infinitos universos.

Cosmos: designa a todo lo que hay o existe.

 

Como ya lo expresamos, la cosmología es un descubrimiento muy reciente en la historia de la humanidad: es decir, la cosmología basada en un robusto aparato matemático; con ingentes y crecientes datos que se multiplican, literalmente hora a hora y que deben ser procesados incesantemente; con observatorios terrestres y extra-terrestres con una precisión que jamás alcanzaron otros pueblos, culturas o civilizaciones; y finalmente, con muy sofisticados equipos humanos conformados por físicos, astrónomos, ingenieros, matemáticos, expertos en sistemas computacionales, e incluso químicos y biólogos. Una parte de los mejores cerebros del mundo están estudiando qué es la realidad (= universo), de qué está compuesto, cuál es su origen y cuál puede ser su final, y todo ello se denomina la teoría (ortodoxa) de la inflación del big-bang.

Sin embargo, es preciso subrayar este hecho: esta es la teoría estándar u oficial. Pero a esta teoría se contraponen un número importante de otras teorías que o bien hacen modificaciones, o bien plantean alternativas radicales a lo que sean la naturaleza y el universo. En cualquier caso, cualquiera que haya de ser la suerte final de la cosmología, lo que logremos con ella no será, absolutamente para nada indiferente de lo que vivimos en la vida cotidiana. Y todo estará intricablemente relacionado.

 

Conclusión abierta

 

Todos los pueblos y culturas de la humanidad desarrollaron una sabiduría consistente en saber que, a su manera, había estrechas relaciones entre sus vidas y el universo. Incluso con argumentos como los dioses, semidioses, héroes, y otras figuras míticas que jugaban algún rol. La racionalidad occidental ha consistido en una disociación total entre el mundo y el universo, a menos que se crea en el dios monoteísta de cada una de las tres religiones constitutivas de Occidente.

La cosmología es una ciencia singular que tiene, a diferencia de cualquier otra ciencia (o disciplina) tres rasgos particulares:

i) Sólo existe un universo

ii) Formamos parte del universo

iii) Es inmensamente grande

En otras palabras, no podemos pensar al universo por fuera suyo. Debemos poder incorporar no solamente velocidades magníficas, sino también escalas enormes, casi inexistentes en la vida cotidiana; y adicionalmente, debemos poder conocer lo que es este universo, incluso independientemente de si existen otros, o no.

Lo cierto es que la cosmología modo científico es un fenómeno perfectamente reciente. Nace en 1965 y se afianza y consolida, no sin debates y conflictos al interior de la comunidad científica, hasta la fecha. Pero existe una total ruptura entre vida cotidiana y cosmología científica. He aquí una tarea al mismo tiempo educativa, política, filosófica y científica. 

Hace falta una visión más compleja de la realidad, el universo, el mundo y la naturaleza. El estudio de la cosmología, en toda la línea de la palabra suministra el cuadro amplio (big picture) del universo, de la realidad. Para vivir necesitamos, además y principalmente, del cuadro amplio. La vida es imposible sólo con cuadros pequeños y fragmentarios. Hay aquí un motivo de educación, de cultura, y de formación en toda la línea de la palabra.

 

La complejidad en un grano de arena. 

 

Referencias

 Ball, Ph., (2018). Cuántica. Qué significa la teoría de la ciencia más extraña. Madrid: Turner

 Du Sautoy, M., (2018). Lo que no podemos saber. Exploraciones en la frontera del conocimiento. Barcelona: Acantilado

 Hands, J., (2017). Cosmosapiens. Human Evolution from the Origin of the Universe. New York-London: Overlook Duckworth

 Smolin, L., (2019). Einstein’s Unfinished Revolution. The Search for What Lies Beyond the Quantum. New York: Penguin Press

 Tegmark, M., (2015). Our Mathematical Universe. My Quest for the Ultimate Nature of Reality. New York: Vintage

 

 


Artículos de esta edición:

 

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