¿Qué hacemos con las fake news? El debate entre legislar o no

El pasado 12 de abril se hizo público un informe elaborado por el Grupo de expertos de alto nivel de la Comisión Europea “Un enfoque multidisciplinar sobre la desinformación”. Este grupo, anunciado el 12 de enero, está formado por 39 miembros que representan a una amplia gama de sectores y expertos de los 28 países miembros de la UE. Allí se encontraban desde representantes de las grandes plataformas tecnológicas (Google, Twiter y Facebook) a representantes de los grupos de comunicación (Mediaset, Bertelsman, Sky News…), asociaciones de periodistas, expertos, consumidores… El formato es promover la imagen de un grupo representativo de la sociedad a pesar de que a nadie representan porque nadie les ha elegido y, a partir de ahí, dotar de rango de pluralidad, imparcialidad y neutralidad técnica a sus informes. Ni los representantes legítimos de los ciudadanos europeos participaron en la discusión ni mucho menos organizaciones sociales debatieron previamente nada ni conocieron del asunto. Diputados que representan a millones de europeos no integraban la comisión, pero sí representantes de Facebook o el gigante alemán Bertelsman de la comunicación. Paradójicamente había un representante de Berlusconi, no porque el partido que lidera tenga el apoyo de cuatro millones y medio de italianos (eso no sirve para ser consultado por la Comisión Europea), sino por ser el dueño de Mediaset.

 

Como el nombre del informe indica, el objetivo era analizar el panorama actual de la desinformación y una de las conclusiones más claras fue su posición en contra de cualquier medida regulatoria contra las noticias falsas. Según los “expertos”, insisto, considerando expertos a los representantes de las tecnológicas y grupos de comunicación, es un peligro “regular en caliente” y proponen medidas como abordar las causas de la desinformación. En opinión de los redactores del informe, la “desinformación es un problema multifacético, no tiene una sola causa raíz, y por lo tanto, no tiene una única solución […] el problema también involucra a algunos actores políticos, medios de comunicación y actores de la sociedad civil”. Por tanto las recomendaciones que proponen son, entre otras:

  • - Abandonar el término “fake news” porque no explica la complejidad de la situación y genera confusión en los debates mediáticos y políticos.
  • - Apoyo financiero para medios informativos independientes, verificación de datos y fuentes y alfabetización mediática e informativa.
  • - Un llamamiento para que las plataformas compartan los datos y que se puedan verificar.
  • - Petición para que las instituciones públicas a todos los niveles de la Unión Europea compartan los datos de manera rápida y eficiente cuando se lo soliciten las organizaciones de verificación de datos.


Un Código de buenas prácticas propuesto, que incluye 10 sugerencias de principios dirigidos específicamente a las plataformas tecnológicas.


En conclusión, en mi opinión, de nuevo se mantiene la impunidad para los grandes grupos de comunicación y plataformas tecnológicas para seguir mintiendo sin ninguna medida que garantice la veracidad de la información tal y como establecen normas como la Constitución Española.


Si observamos las medidas, solo encontramos ruegos a grandes empresas para que incorporen principios éticos y más ruegos a esas empresas y a las instituciones públicas para que compartan datos para poder verificarlos. Resulta paradójico que no nos atrevamos a prohibir la mentira y tengamos como alternativa el “apoyo financiero a medios informativos independientes, verificación de datos y fuentes y alfabetización mediática e informativa”. En tiempos en los que los medios recortan gastos en investigación periodística, corresponsalías y enviados especiales ahora deberemos destinar periodistas no solo a buscar la información, sino a desmontar las mentiras.


El proyecto periodístico independiente Maldita.es, que realiza un magnífico trabajo desmontando falsedades que circulan por medios y redes a través de Malditobulo, se ha unido a este grupo de expertos y sus tesis a favor de no legislar contra las noticias falsas. Ellos han expresado su preocupación por una legislación que pueda surgir desde el PP o desde un PSOE, que han insinuado esa intención. Bajo el título Contra la desinformación: legislar no es la solución, Malditobulo lanza varias preguntas que cree se deben aclarar antes de legislar: Desde quién decidirá qué es real y qué no a quién decidirá qué se comprueba y qué no, o qué es una “noticia falsa”, o qué medidas sancionadoras se aplicarán. Por supuesto que esas cuestiones se deben aclarar, pero decidir sobre una falsedad, buscar quien la juzgue y establecer sanciones no es algo que nos deba asustar. Todos los días los jueces se pronuncian en sus sentencias sobre verdades y mentiras, e incluso en la información en lo relacionado a las injurias o las calumnias.


De lo que se trata ahora es de nuestro sistema informativo garantice a los ciudadanos la veracidad de la información que reciben. Se sigue pensando en la libertad de expresión y la libertad de prensa como un derecho de los medios y de los periodistas y se olvida que el objeto jurídico de ese derecho es el ciudadano, y que si no se le garantiza la verdad no se estará cumpliendo. Que la mentira siga circulando es tan grave como la censura porque con ambos sistemas -mentira o censura- se consigue lo mismo: ocultar la verdad. Por otro lado, y aunque con las nuevas tecnologías todos podemos ser artífices de la mentira, quien tiene más capacidad de mentir es el poderoso porque es el que tiene más poder de fuego mediático: más influencia en internet (plataformas sociales), más periódicos, más televisiones…


La inseguridad informativa que se ha adueñado del panorama actual ha jugado a favor de los grandes proyectos desinformativos. Desde campañas falsas para promover guerras a campañas falsas para ganar elecciones mediante patrañas de los candidatos, véase Trump. Los analistas estadounidenses se indignan porque el 69 por ciento de las declaraciones de Donald Trump se han mostrado falsas, es decir, fueron mentira. Según un estudio de The Washington Post, la media es de 4,9 mentiras al día. Un estudio comparativo en la campaña electoral entre Donald Trump y Hillary Clinton mostraba que la candidata demócrata mentía tres veces menos que el republicano. Si eso era así, no resulta muy tranquilizador que la alternativa sea un presidente que “solo” mienta en el 23% de sus declaraciones. Pero, además, la lógica es que si se puede mentir con impunidad el 23% de las veces, ¿por qué no hacerlo el 69 si tampoco pasará nada y puede resultar más eficaz para engañar a la gente?


En el periodismo es igual, ¿cómo se va a poder formar una opinión cualificada un ciudadano si se pasa el día escuchando informaciones falsas en noticieros, tertulias y debates? ¿de qué le sirve a un tertuliano, un político o un periodista decir la verdad si luego el ciudadano no va a poder diferenciar su verdad de la mentira del tramposo?
No es verdad tampoco que la mentira tenga menos recorrido. Las redes han mostrado que la mentira, por su espectacularidad, sensacionalismo o sorpresa, suele terminar más difundida que una realidad aburrida, compleja o previsible.


En conclusión, el hecho de que nos fiemos del gobierno que tenemos no debería condicionarnos para pensar que sin legislación que prohíba la mentira podemos estar mejor informados o somos más libres. En el capitalismo, todo lo que no legislan nuestros representantes no es libertad es mercado. Y si dejamos que todo pueda circular, verdadero o falso sin distinción, será el mercado -y sus poderosos- el que nos imponga su versión.

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La Primera Flor y el futuro de la biología

La Primera Flor habría aparecido hace unos 140 millones de años y hoy en día sus descendientes suponen más del 90% de los vegetales vivos en el planeta


El pasado agosto de 2017 se publicó un importante estudio sobre la anatomía de la Primera Flor, el ancestro de todas las plantas con flores que hay en el planeta:producto de un estudio denominado eFLOWER que ha durado más de 8 años y que utilizó rasgos morfológicos y moleculares de más de 800 especies y complejos modelos estadísticos. El modelo resultante pretende estimar la anatomía precisa de la hipotética flor originaria.

Esta Primera Flor habría aparecido hace unos 140 millones de años (200 millones de años después de las primera plantas con semillas) y hoy en día sus descendientes suponen más del 90% de los vegetales vivos en el planeta. Según eFLOWER la flor ancestral sería simétrica bilateralmente, contendría órganos sexuales tanto masculinos como femeninos y muchas de sus estructuras estarían organizadas en verticilos, es decir, en círculos concéntricos alrededor del eje central.


Este detalle concreto ha sorprendido a muchos botánicos que esperaban una organización en espiral más que en verticilos. Pero el detalle que más ha chocado es que en el modelo de eFLOWER algunas estructuras se organizan en verticilos mientras que otras forman una espiral; para muchos botánicos es imposible que en una misma flor puedan coexistir las dos geometrías. Y el problema va más allá del caso concreto de la Primera Flor, ya que la duda pone en cuestión la fiabilidad de los análisis estadísticos tipo ‘Big Data’ en biología que últimamente se han puesto tan de moda.


Los detractores del modelo de eFLOWER sugieren que algunas características que pueden tener sentido en términos numéricos y estadísticos son sin embargo absurdas en términos biológicos, lo que podría limitar la utilidad de estos nuevos análisis en esta y otras disciplinas. Al final se trata de un enfrentamiento entre la botánica, y por extensión la biología, de corte más clásico frente a los nuevos aires de la bioinformática y la ciencia basada en estadísticas.

 

Por José Cervera
01/04/2018 - 20:21h

¿La reinvención del Foro Social Mundial?

El Foro Social Mundial (FSM) se reunió por primera vez en Porto Alegre en 2001. Fue un acontecimiento de extraordinaria trascendencia porque señaló el surgimiento de una forma de globalización alternativa a la que estaba siendo impulsada por el capitalismo global, cada vez más dominado por la su versión más excluyente y antisocial: el neoliberalismo. No fue la primera señal. Esta había sido dada por el levantamiento neozapatista en el sur de México en 1994, seguido por el Encuentro Intergaláctico de 1996, y en 1999 por las protestas en Seattle contra la reunión de la Organización Mundial del Comercio. Pero fue, sin duda, la señal más consistente y la que puso en la agenda internacional la lucha de los movimientos y las organizaciones sociales que luchaban en las diferentes regiones del mundo contra las muchas caras de la exclusión social, económica, racial, etnocultural, sexista, religiosa, etc.


Animado por el éxito, inesperado para muchos, de su primer encuentro, el FSM se desdobló en los años siguientes en foros regionales temáticos, nacionales y los foros mundiales pasaron a realizarse en otros continentes: en la India, en Kenia, en Senegal, en Túnez, aunque volviendo a veces a Brasil (Porto Alegre y Belém) hasta llegar a América del Norte (Canadá) en 2016. El éxito del FSM hizo que se sumaran a sus encuentros mundiales otros encuentros mundiales sectoriales, del del Foro Mundial de Educación al Foro Mundial de Teología. Se fueron creando estructuras mínimas de coordinación: Secretariado, Consejo Internacional, Comité Facilitador, aunque las tareas de organización fueran asumidas siempre por los comités locales de los países donde se realizaban los encuentros.


El FSM era simultáneamente un síntoma y un potenciador de la esperanza de los grupos sociales oprimidos. Surgía con una vocación mundial desde América Latina porque el subcontinente era entonces la región del mundo donde las clases populares estaban traduciendo la esperanza con más consistencia en forma de gobiernos progresistas. Esta esperanza, al mismo tiempo utópica y realista, había sido recientemente renovada con la Venezuela de Hugo Chávez, a partir de 1998, y continuó con la llegada al gobierno de Lula da Silva (Brasil) y Néstor Kirchner (Argentina) en 2003 y en los años siguientes de Rafael Correa (Ecuador), Evo Morales (Bolivia), Manuel Zelaya (Honduras), Fernando Lugo (Paraguay) y Pepe Mujica (Uruguay). Con el FSM se iniciaba una década de esperanza que, desde el subcontinente, se proyectaba sobre todo el mundo. Era el único continente donde tenía algún sentido político hablar de “socialismo del siglo XXI”, aunque las prácticas políticas concretas tuvieran poco que ver con los discursos.


La gran novedad del FSM y su patrimonio más precioso fue hacer posible el mayor interconocimiento de los movimientos y organizaciones sociales involucrados en las luchas más diversas en diferentes países y según culturas políticas históricamente muy distintas. En los primeros tiempos, este propósito pudo lograrse gracias a una cultura basada en la libre discusión, y el consenso y a la negativa del FSM de tomar decisiones políticas como tal. Pero no pudo evitar que, desde casi el inicio, se iniciara un debate político entre los activistas más comprometidos que se fue intensificando con los años. Algunas cuestiones: ¿podría el FSM ser verdaderamente mundial y progresista si las grandes ONG lo dominaban en detrimento de las pequeñas y de los movimientos sociales de base? ¿Si quien más necesitaba la solidaridad del Foro no tenía recursos para participar? ¿Si las fuerzas dominantes en el FSM no luchaban contra el capitalismo, luchaban, como mucho, contra el neoliberalismo? ¿Acaso detrás de la ideología del consenso no se escondería la mano de hierro de algunas entidades, personas y posiciones? Si no podían tomarse decisiones políticas, ¿cuál era la utilidad de continuar reuniéndonos? Como no había estructuras para organizar los debates, quien se sentía incomodado por estas cuestiones fue abandonando el proceso. Pero el genio del FSM fue que, durante más de diez años, siempre fue atrayendo nuevos movimientos y organizaciones.


Sin embargo, a finales de la década de 2000 la coyuntura internacional había cambiado en un sentido adverso a los objetivos del FSM. Minados por sus contradicciones internas, los gobiernos progresistas de América Latina entraban en crisis. El imperialismo estadounidense, que durante una década había estado centrado en Oriente Medio, regresaba con fuerza al continente y la primera señal fue la dimisión en 2009 del presidente Manuel Zelaya, un presidente democráticamente elegido. Era el primer ensayo del nuevo tipo de golpe institucional, bajo ropaje democrático, que se repetiría en 2012 en Paraguay y en 2016 en Brasil. El neoliberalismo, teniendo ahora a su entera disposición el capitalismo financiero global, embestía contra todas las políticas de inclusión social. La crisis financiera provocaba la crisis social y los movimientos tenían que centrarse en las luchas nacionales y locales. Además, su lucha era cada vez más difícil dada la persecución represiva. Bajo el pretexto de la “guerra contra el terror”, la paranoia de la vigilancia y la seguridad dificultaba la movilidad internacional de los activistas, tal como se vio en 2016 en Montreal, donde se denegaron más de doscientos visados de entrada a activistas del Sur global.


En estas circunstancias, ¿cuál era la viabilidad y utilidad del FSM? En el momento en que estaban en riesgo no solo las políticas sociales, sino la propia democracia, ¿era sostenible la continuidad del FSM como un simple foro de discusión autoimpedido para tomar decisiones en un momento en que fuerzas neofascistas llegaban al poder? Estas preguntas apuntaban a una crisis existencial del FSM. Esta crisis alcanzó su punto máximo en la reunión del Consejo Internacional en Montreal, en la que este órgano rechazó tomar una posición contra el impeachment a la presidenta Dilma Rousseff. Salí de la reunión con la sensación de que el FSM estaba en una bifurcación: o cambiaba o moría. Durante los últimos meses pensé que moriría. En los últimos tiempos, con la dinámica surgida de cara a la preparación del FSM de Salvador de Bahía (del 13 al 17 de marzo), concluí que existía posibilidad de cambio, adaptándose a las dramáticas condiciones y desafíos del presente.


¿Cuáles son los cambios necesarios? En la asamblea plenaria de Salvador se aprobará una nueva Carta de Principios. En los términos de esta carta, el FSM se declara un órgano de defensa y de profundización de la democracia con competencias para tomar decisiones políticas siempre que la democracia esté en peligro. Las decisiones políticas concretas son tomadas por los movimientos y organizaciones que promueven cada encuentro del FSM cualquiera que sea su ámbito geográfico o temático. Las decisiones políticas son válidas en el ámbito geográfico y temático en el que se tomen. El actual Consejo Internacional se autodisolverá en su próxima reunión y será reconstruido de raíz en la asamblea plenaria de Salvador según criterios que la propia asamblea definirá. El FSM de Salvador es quizá hoy más necesario de lo que lo fue el FSM de Porto Alegre. ¿Habrá condiciones para no desperdiciar esta (¿última?) oportunidad?

12 marzo, 2018
Traducción de Antoni Aguiló

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Revitalizar el pensamiento crítico en América Latina

Los debates de la izquierda han gozado históricamente de una gran riqueza intelectual y teórica.


En el mundo del socialismo real, pese a la deriva totalitaria de sus estados, hubo potentes debates tales como si era posible el “socialismo en un solo país” entre los partidarios de León Trotsky y Iósif Stalin; la hoja de ruta para superar la oposición entre el trabajo intelectual y manual entre dirigentes y dirigidos surgidos en China durante la revolución cultural; o la controversia sobre la ley de valor de Marx en las sociedades de transición que protagonizaran el Che Guevara, Ernest Mandel y Charles Bettelheim, con la participación de Paul Sweezy entre otros pensadores marxistas.


De igual manera, los debates de la izquierda en los países capitalistas tampoco fueron baladíes, revitalizándose las elaboraciones respecto a la caracterización de la naturaleza de clase del Estado y el papel de la democracia al interior del pensamiento marxista y la teoría crítica. Estos debates abarcaron desde las formulaciones de Louis Althusser en relación con la naturaleza y papel de los llamados aparatos ideológicos y represivos del Estado hasta los análisis de Michel Foucault sobre los diagramas y dispositivos de poder-saber y la matriz disciplinaria del panóptico moderno. Por su parte, la ratificación de la naturaleza de clase del Estado y las formas particulares que adopta la dominación política supondrían también la aparición de nuevos estudios tanto desde la perspectiva subjetivista como desde las visiones estructuralistas, generando grandes duelos teóricos como la polémica entre Ralph Miliband y Nikos Poulantzas. Incluso tras la caída del Muro de Berlín, las posiciones de Toni Negri y Michael Hart frente a John Holloway, con sus diferentes posiciones sobre la dialéctica y las diferentes perspectivas entre el autonomismo y el marxismo abierto son de gran riqueza intelectual en el ámbito del debate teórico de fin del pasado siglo.


Quizás por ello causa tanta congoja y vergüenza ajena el nivel teórico esbozado por algunos de los académicos latinoamericanos que se han caracterizado en los últimos años por ser los legitimadores intelectuales de los regímenes progresistas. En el campo de la izquierda nunca se había visto tan extensa combinación entre simplificación del pensamiento y actitud conformista en el campo del saber.


Diría Pierre Bourdieu que el intelectual está obligado a desarrollar una práctica de autocrítica. Que deben llevar a cabo una crítica permanente de los abusos de poder o de autoridad que se realizan en nombre de la autoridad intelectual; o si se prefiere, deben someterse a sí mismos a la crítica del uso de la autoridad intelectual como arma política dentro del campo intelectual mismo. Para este destacado representante de la sociología contemporánea, todo académico debería también someter a crítica los prejuicios escolásticos cuya forma más persuasiva es la propensión a tomar como meta una serie de revoluciones de papel. Ironizaría Bourdieu indicando que esto llevó a los intelectuales de su generación a someterse a un radicalismo de papel confundiendo las cosas de lógica por la lógica de las cosas.


Sin embargo, a lo que hoy asistimos por parte del establishment académico de propagandistas de los regímenes progresistas no es otra cosa que lo que el zapatista subcomandante Galeano llamara “histeria ilustrada de la izquierda institucional”, esa que ingenuamente llegada al poder se convierte en un clon de lo que dice combatir, corrupción incluida.


Es evidente que a la producción de pensamiento reaccionario debemos oponer la producción de redes críticas desde la intelectualidad específica. Hago referencia a la noción teórica elaborada por Foucault por la cual se define una actividad inscrita en un campo acotado en el que el intelectual practica su labor singular. Algo más parecido a la figura del experto que a la del opinador generalista que habla indistintamente sobre cualquier cosa en cualquier contexto. Pero esto debe hacerse desde la honestidad, al igual que cualquier tipo de intervención política, y ahí, volviendo al sup Galeano, “hay que reconocer que esa izquierda ilustrada es de deshonestidad valiente”, pues no le importa hacer el ridículo.


En el fondo, el rol de esta intelectualidad progresista se asemeja bastante al de los propagandistas del viejo régimen estalinista, aquellos a los que el mismo Stalin –el menos intelectual de todos los bolcheviques que protagonizaron la Revolución Rusa– bautizaría como “los ingenieros del alma”. Así Vladimir Putin es comparado con Lenin; Rafael Correa con el Che Guevara; las elecciones en Ecuador con la batalla de Stalingrado o el juicio a Lula por sus implicaciones en la trama Odebrecht con el hipotético vía crucis de Jesuscristo en su camino al Calvario.


Sin embargo, hay que hacer memoria de la represión correísta sobre el paro/movilización que tuvo lugar en Ecuador entre el 2 y el 26 de agosto de 2015, donde hubo 229 “agresiones, detenciones, intentos de detención y allanamientos en todos los territorios donde se realizaron movilizaciones y protestas” (informe del Colectivo de Investigación y Acción Psicosocial Ecuador) o la impunidad en los casos de asesinatos a destacados opositores al modelo extractivista como José Tendetza, Freddy Taish o Bosco Wisuma. Hay que recordar también cómo el gobierno del PT criminalizó y agredió la protesta de jóvenes brasileños en las calles de todo el país en junio de 2013 y posteriormente durante el Mundial de Fútbol de 2014, o cómo se ha disparado el número de asesinatos de jóvenes negros en las zonas de favela en una lógica de política de “limpieza social” sobre todo a partir de la aprobación –con el apoyo del gobierno de Dilma Rousseff– de la ley antiterrorista en el Legislativo. De igual manera, ya no podemos mirar a otro lado ante el nivel de violencia desplegado por las fuerzas de seguridad del Estado en Venezuela, las violaciones de derechos humanos y el alarmante nivel de deterioro de la democracia en ese país.


Ante esta realidad me viene a la memoria Jean Paul Sartre –exponente del existencialismo y del marxismo humanista– cuando en el año 1945 escribió en la revista Le Temps Modernes, “considero a Flaubert y a Goncourt responsables de la represión que siguió a la Comuna de París porque no escribieron una palabra para impedirla”. Para Sartre, el corazón de cuya filosofía era una preciosa noción de libertad y un sentido concomitante de la responsabilidad personal, la misión de un intelectual es proporcionar a la sociedad “una conciencia que la arranque de la inmediatez y despierte la reflexión”.


Aquí, ¿cómo no?, conviene rememorar también al palestino Edward W Said, quien sentenciaría en uno de sus más famosos textos: “Básicamente, el intelectual (…) no es ni un pacificador ni un fabricante de consenso, sino más bien alguien que ha apostado con todo su ser a favor del sentido crítico, y que por lo tanto se niega a aceptar fórmulas fáciles, o clichés estereotipados, o las confirmaciones tranquilizadoras o acomodaticias de lo que tiene que decir el poderoso o convencional”.


Como podemos apreciar, nada que ver con el –en palabras del sup Galeano– “pensamiento perezoso” del progresismo criollo de estos tiempos. Entender el porqué de este deterioro intelectual tiene que ver con razones que van desde las aspiraciones personales de algunos académicos respecto a su capacidad de influencia política en el poder, hasta con una simple falta de conocimientos científicos o históricos que procura esconderse tras una supuesta superioridad analítica, todo ello sin olvidar las limitaciones derivadas del pensamiento binario por el que el mundo se divide simplemente entre derecha e izquierda.


Pero hablemos claro. No existe el pensamiento crítico funcional a gobiernos progresistas o partidos de la izquierda institucional, eso es una falacia. En realidad, la modernidad no se imagina la política sin un proyecto intelectual, por superficial que este sea, motivo por el que toma sentido la intelectualidad progresista actual. Así de tristes son las actuales relaciones entre el saber y la política convencional latinoamericana.


En todo caso, no puede haber un pensamiento crítico que no tenga su anclaje en la propuesta de pensar históricamente y por lo tanto cuestionar la impuesta aceptación de que siempre ha existido y existirá el capitalismo, lo que reduce la cancha del juego a proceder solamente a “humanizarlo”. El pensamiento crítico es en realidad un pensamiento radicalmente anticapitalista. En eso no hay negociación, pues de ello depende el futuro de la humanidad.


De igual manera, el pensamiento crítico implica profundizar sin concesiones el estudio de los mecanismos que mantienen la dominación –procedan éstos de donde sea–, lo cual no admite espacios para la seducción por parte del poder. Y requiere superar lo que podríamos llamar ortodoxia marxista, incorporando lógicas libertarias, ecologistas, feministas, anticolonialistas e indigenistas entre otras tantas.


Al mismo tiempo el pensamiento crítico parte de una acción comprometedora, está embarcado en la acción política y es por ello despreciado desde el poder. No es premiado con salarios de analista para medios de comunicación “progresistas”, no hace consultorías gubernamentales y tampoco forma parte del actual y extendido business académico.


A partir de aquí, el camino es largo pero necesario si esa intelectualidad progresista quiere dejar de vivir del Sur, para pasar a ayudar a transformarlo.

 

Decio Machado
Brecha
https://brecha.com.uy/

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Miércoles, 24 Enero 2018 06:09

Un debate cargado de lugares comunes

Sergio Fajardo (izq.), Humberto de la Calle, Iván Duque y Gustavo Petro.

 

El día 23 de enero se llevó a cabo el Foro Público Ambiental, realizado en el Auditorio Mario Laserna de la Universidad de Los Andes. Allí, se reunieron los candidatos presidenciales Gustavo Petro, Humberto de la Calle, Sergio Fajardo y el precandidato Iván Duque, para exponer sus propuestas acerca del desarrollo sostenible y los retos ambientales que actualmente afronta Colombia. Si como dicen por ahí, “desde el desayuno se sabe cómo será la comida”, esta campaña será lánguida y llena de lugares comunes.

 

El Foro Público Ambiental sirvió como escenario para que tres de los seis candidatos presidenciales presentados hasta ahora como tal, más un precandidato debatieran temas relacionados con la participación de las comunidades en las decisiones ambientales del país; la situación y proyección de la economía extractiva del petróleo y carbón en Colombia; el aumento de la deforestación en todo el territorio nacional, especialmente en zonas de frontera agrícola; las posibles políticas que se pueden generar para la protección ambiental de la Sabana de Bogotá; y por último, el potencial hidroeléctrico de Colombia en relación a la necesidad de transformar la matriz energética del país.

Como era de esperarse –pues nadie se sale de lo “políticamente correcto”, así después haga lo contrario– los candidatos estuvieron de acuerdo en la necesidad de proteger el medio ambiente para garantizar la vida, reconociendo que la situación de crisis ambiental que se presenta a nivel mundial es consecuencia de la depredación indiscriminada de los recursos naturales que existe desde hace décadas. Por ello, no sorprende que apuntaran sus discursos a criticar la política de extractivismo y lanzaran propuestas relacionadas con la necesidad de modificar las políticas de desarrollo ambiental actuales; sin embargo, el único candidato que propuso un paso de la producción minera y petrolera a la producción agrícola y la generación de energías limpias fue Gustavo Petro; Duque, Fajardo y De la Calle se enfocaron la necesidad de garantizar la sostenibilidad dentro de las actividades extractivas.

Otro elemento de consenso en el debate, fue la mención de la desigualdad en la distribución de la tierra como factor que debe ser solucionado para avanzar en la conservación ambiental en Colombia. Sin embargo, las propuestas presentadas por los candidatos en relación a la transformación de la estructura de la tenencia y propiedad de la tierra fueron muy pobres. Se habló de reubicar comunidades, delimitar áreas protectoras especiales, no estigmatizar sectores económicos como la ganadería, eliminar el latifundio improductivo y articular la producción con la sostenibilidad, pero la histórica necesidad de redistribuir la tierra entre quienes verdaderamente la necesitan no fue considerada.

Otro tema obligado en el debate fue la capital del país. Sobre ésta, nuevamente nos encontramos en un lugar común. Todos los candidatos estuvieron de acuerdo con el efecto nocivo de la especulación inmobiliaria en la Sabana de Bogotá, sin importar que los Planes de Ordenamiento Territorial allí implementado han sido diseñados e implementados por los partidos de algunos de los candidatos que respondieron a la invitación, partidos cuyos dignatarios y algunos de sus miembros tienen expresos intereses económicos sobre estos territorios.

Debate lánguido que pese a ello sirvió para conocer más de cerca las posturas de los candidatos respecto al tema. La enseñanza es clara: lo medioambiental es visto como algo políticamente correcto, y asi lo certifican las propuestas presentadas que, aunque aparentemente son críticas de verdad en el fondo no cuestionan ni modifican estructuralmente el actual modelo económico.

Dice el Libro de libros en alguno de sus pasajes que las aguas tibias sirven para vomitar. Pues bien, esta tibieza en temas ambientales transmite náuseas pues si no se mira lo ambiental desde una posición radical, en defensa de la vida en toda la extensión de la palabra, con todos los agregados que la acompañan, no podrá llevar a cabo alguien una buena gestión gubernamental. La tibieza ante lo ambiental lo es igual ante el capital global y su fracasada visión de desarrollo, sustento de muerte y de destrucción.

¡Para más de lo mismo tiempo sobra!

 

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Viernes, 12 Enero 2018 10:02

Lenin: La revolución es una fiesta

Lenin: La revolución es una fiesta

¿Cómo siguió y valoró Lenin los sucesos previos al asalto al Palacio de los Zares? Seguir la traza de ese proceso es hoy posible, y en los textos escogidos para la confección de este libro tenemos una primera aproximación a lo sucedido y la manera como el dirigente de esta revolución asumió los hechos, particularizando en su visión táctica y permitiendo detallar su capacidad para ajustar las orientaciones sobre qué hacer de acuerdo a los giros que tomaba la coyuntura en curso.

 

Para comprar aquí:

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Walter Tello

La declaración es fuerte: en Venezuela "[...] a la par de la economía, a la democracia también la han destruido. Infortunadamente, la corrupción se convirtió en la voz cantante del régimen y el respeto por los Derechos Humanos dejó de existir" (1).

Opinión directa, mucho más cuando avanzamos en el texto que la contiene y leemos que: "[en Venezuela] Últimamente las posiciones se han endurecido en la medida en que se iba destruyendo la democracia. Y ahora, frente a la dictadura, hay que endurecerlas más" (2).

Tales afirmaciones, proviniendo de Juan Manuel Santos, sin mucha autoridad moral para ello, son riesgosas. Como es de conocimiento público, él, al igual que otro conjunto de líderes políticos de la región, anda incurso por el caso Odebrecht. De prosperar, el problema dejaría a su gobierno tachado de espurio. ¿Renunciaría a sus funciones públicas de así comprobarse?

Ese impedimento moral se extiende también al tema de los Derechos Humanos, pues el régimen colombiano como otros que le secundan en sus presiones internacionales por aislar al país vecino carecen de autoridad moral y de la ética que los exima de denuncias. Sobra recordar todo lo sucedido en ese campo en los últimos años en el país, lo que aún es más grave si el retrovisor capta lo ocurrido, con implicaciones para las Fuerzas Armadas durante el tiempo en que era ministro de Defensa el hoy presidente colombiano.

Son señalamientos que, para el caso de Colombia, se complementan con datos alarmantes que no han podido ser reparados, ajustados o negados: el país con el mayor número de sindicalistas asesinados en el mundo; el segundo con mayor desplazamiento forzado; el séptimo con la mayor desigualdad económica en el indicador Gini. Y la lista puede continuar.
Meter las manos al fuego, cuando están recubiertas de parafina, es riesgoso y el resultado es inevitable; pero de lo sentenciado por Santos surge una oportunidad meridiana para estimular el debate sobre la democracia, a la orden del día en el mundo entero: ¿qué se entiende por ella hoy?

Todo cambia

¿Conserva algún parecido la democracia que hoy conocemos con la que emanó del alzamiento francés del siglo XVIII? Muy poco. En sus primeros albores modernos, la democracia trastabillaba ante particularidades como el patrimonio, la raza, el género, la Ilustración. El afán de sus defensores, matizado en la práctica, era la libertad de comercio, además de todo aquello que resumieron en la carta de derechos civiles.

Para aquella democracia –favorable a las necesidades y los intereses de la naciente burguesía–, esclavos, pobres, marginados y mujeres no eran sujetos dignos del respeto y la valoración de su individualidad, así como no eran sujetos de derechos.

Tenemos pues, hace apenas dos siglos largos, el embrión de lo que hoy conocemos por democracia, para llegar a la cual fue necesario que aquello que de manera despectiva se conoce como masas –pueblo, mayorías– hiciera sentir sus demandas, transformadas en miles de luchas/combates, con los cuales fueron corriendo el límite trazado por los dueños del capital, los mismos que habían decapitado la monarquía.

Pues, bien, de la carta de los derechos civiles la humanidad llegó a la carta de los derechos económicos, sociales y culturales, y el costo para así lograrlo no fue poco: en Europa y en Estados Unidos, centenares de obreros y campesinos, de negros no reconocidos como seres humanos, de mujeres despreciadas por siglos como simples objetos desechables, ofrendaron sus vidas. Sobre extensos charcos de sangre se erigió una democracia más robusta, la misma que reconoció la igualdad sin límites.

En Nuestra América también se alzaron miles por sus derechos, abonando con extensas hileras de cruces el campo que le permitió a la soberanía ganar cuerpo, otro derecho hoy valorado como fundamental para el reconocimiento de naciones, pero igualmente de pueblos.

Puede decirse, por tanto, que, en la Modernidad, la democracia en su primer hervor nació con la burguesía pero que su cocción profunda, llenándola de olorosas especies, corresponde –y la humanidad se la debe– a los pueblos del mundo. Son esos mismos que hoy siguen empujando, luchando, para que palabras recurrentes y fuertes –pero realmente vacías de contenido efectivo– como libertad, igualdad, justicia, Derechos Humanos plenos, y otras muchas, dejen el campo de las enunciaciones de los Estados y los organismos multilaterales para tornarse en factor del Buen Vivir y el Saber Vivir, como bien dicen los pueblos indígenas de nuestra subregión.

La democracia popular, por tanto, es mucho más que participación –elegir y ser elegido–, como reiteran los defensores de la democracia formal, de lo cual no hay duda. Ello nos permite resaltar el marco efectivo de las democracias realmente existentes, como en Colombia, donde el rito electoral no ha sido interrumpido de manera notable pero donde la democracia plena, radical, si así pudiéramos decirlo, es un simple aviso descolorido que cuelga a la entrada de los edificios donde se refocilan los funcionarios cabeza de los tres poderes con los cuales el liberalismo selló una de sus diferencias con la monarquía que decapitó en 1789.

Diferencias, transformaciones, profundización de una forma de gobierno y de ordenamiento social que nos permite visualizar que la misma cambia, gira, como lo hace el girasol en procura de la luz solar. Luz que atrae. En los tiempos que corren, el esplendor de la luz de las mayorías aún excluidas y negadas es intensa en sus reclamos y en su exigencia de una democracia cada vez más inclusiva, justa, libertaria, igualitaria...

Demanda social, global y local, que nos pone ante la realidad de que con la inocultable crisis sistémica que afecta al Sistema Mundo Capitalista morirá una parte de la democracia que hoy conocemos para darle paso a otra, ojalá superior, pues, de no ser así, ni el medio ambiente ni la paz entre las naciones ni aquellos derechos que nos parecen irrenunciables –como libertad, privacidad, trabajo, etcétera– lograrán sostenerse.

Exigencia social que también nos ubica frente al reto de que, ante los profundos cambios que vive este mismo sistema económico, político y social –removido en sus estructuras más profundas por las renovadoras energías de la producción liberadas por las rupturas conceptuales que en distintos campos del saber estamos presenciando, así como por los descubrimientos y adecuaciones técnicas sucedidas en física, química, biología, astronomía, genética, etcétera–, las sociedades ven cómo todo aquello que consideraban útil para garantizar su convivencia en justicia, con efectivo respeto de los derechos humanos más básicos, pero asimismo aquellos otros conocidos como de segunda y tercera generación, ya no encuentran efectivo soporte en las estructuras políticas y económicas hasta ahora conocidas.

Todo cambia, y la democracia no se libra de ello. El reto que hoy soporta este logro de la humanidad es que efectivamente ahonde sus raíces cada día más en la tierra del pueblo que la adoba con sus manos, las mismas que producen todo aquello que requerimos para sobrevivir de manera adecuada; las mismas que generan la riqueza hoy acumulada de manera desafortunada en el 1 por ciento de la humanidad.

Manos que hoy reclaman que la política, por ejemplo, no sea un asunto de especialistas sino que de verdad llegue a ser un asunto –organizar y administrar la vida de millones– que implique al conjunto social. ¿Qué tipo de Ejecutivo, Legislativo y Judicial pudiera surgir de ello? ¿Qué tipo de Ejecutivo brotará de un hecho tan evidente como este de que hoy los presidentes ya no son administradores sino comunicadores, con la misión de mantener, lograr o profundizar el consenso social, y, por tanto, actores secundados por grandes grupos de asesores que concretan intereses de grupos económicos específicos? Si así es, ¿resultará viable que las campañas electorales no sean por y para elegir un mandatario sino para seleccionar al equipo administrativo que esté al frente del gobierno, con un plan conocido y debatido previamente en el conjunto social, que, de no ser respetado, conlleve la destitución y la judicialización de sus proponentes? ¿Qué estructuras públicas construir para que todo aquel que llegue a nombre de mayorías a ejercer una función pública en efecto llegue a servir y no a servirse? ¿Cómo proceder para que en efecto los entes de control público, todos, estén en manos de la oposición efectiva, no de la oposición de apariencia? ¿Qué tipo de trancas debieran atravesarse para que el Ejecutivo no concentre en sus manos también el poder judicial, electoral y otros que le sirven para hacer, no hacer y deshacer?

Pero, ante todo, ¿cómo proceder con una política que no se defina ya única y principalmente en torno al Estado –y por tanto, las discusiones (banales) en torno a "sistema político", "régimen político" y demás– sino, más radicalmente, una política de vida? ¿Esto es, una política de los marginados y para ellos, los intocables, los invisibles, los sin voz, los pobres y excluidos?

Manos, cuerpo todo, que de igual manera reclaman que lo público conserve su perfil, recuperando su carácter para que lo que, ante toda evidencia, es del conjunto de cada sociedad lo siga siendo –agua, energía, espacio electromagnético; pero también todo cuanto demanda gratuidad: salud, educación, transporte masivo, recreación, etcétera.

La valoración de lo público reclama igualmente recuperar para el usufructo de todos ese conjunto de empresas surgidas a la sombra de grandes inversiones estatales, las llamadas multinacionales (como las de telecomunicaciones, internet, agricultura, centros de investigación y otras), condición inicial para que sean controladas colectivamente y de esa manera se puedan redistribuir sus ganancias, al tiempo que neutralicen su capacidad acumulada para determinar gustos y consumos, violentar la privacidad de millones de personas, así como de acumular información para violentar personas opuestas, por cualquier razón, al poder estatal.
Por lo demás, ¿qué tipo de economía surgirá de esto y cómo se reinvierte entre países para que una inmensa diversidad de derechos sea cada vez más realidad que simple enunciación? ¿Es posible construir formas de gobierno –subregionales, regionales, continentales y globales– que permitan garantizar que la humanidad avance a sitiales cada vez más palpables de felicidad? Una economía del postrabajo seguramente lo facilitará (3).

¿Es necesario erradicar para ello las fuerzas militares y policiales, partiendo de un ejercicio de reducción de sus presupuestos, limitando la investigación y la producción de armas de las más diversas generaciones? ¿Qué formas de justicia y control social, y mecanismos dedicados a tal función, debieran tomar forma para que la justicia y el respeto a la vida en verdad sean garantizadas para la totalidad de los seres humanos? Nunca huelga recordar que todos los sistemas policivos son violentos.

Estos son simples ejemplos que reafirman cómo la democracia prosigue en cambios necesarios y debe mantener su transformación constante para estar a la altura de las demandas de las mayorías, pues, de lo que verdaderamente se trata con ella es de la vida misma. Debate y transformación necesaria, mucho más cuando la creación de la Revolución Francesa está en pleno declive, producto de la concentración de la riqueza y del poder en pocas manos, del autoritarismo como medio abierto de control y opresión social, y del rebote que sufre el militarismo por doquier.

He aquí todo un debate para que la democracia gane un nuevo rostro, no como producto de su embellecimiento sino de su ruptura con visiones liberales que la maniatan a los intereses económicos de las minorías, quienes dominan el Estado.

Lo hasta acá anotado evidencia que, siendo aparentemente diferentes, ni la llamada democracia colombiana ni la venezolana dan la medida para lo que sus sociedades como un todo requieren, ni son punto de partida para el debate global que debemos encarar.

Los desarrollos posibles para el aquí y el ahora alcanzados por la humanidad, como lo demuestran los logros en renta básica y otros tópicos con materializaciones prácticas en diversos países o ciudades específicas, aún siguen entre nosotros como sueños, lo que no es igual a un imposible. No. Ya que no se puede olvidar que son los sueños, los ideales, lo que les ha permitido a distintas sociedades, en diferentes épocas, contextos y coordenadas, superar las opresión sufrida, y ampliar el campo de su libertad y la satisfacción de la necesidades fundamentales. Sin sueños, la sociedad global aún estará en el paleolítico. Sueños, capacidad de apuesta, juego, capacidad de riesgo, en fin, el pathos mismo de la vida, por la vida.

1. Santos, Juan Manuel, "Lloramos por ti, Venezuela", El País, España, 17 de agosto de 2017
2. Ibídem
3.Gutiérrez, Carlos, "En las cenizas de la crisis", Le Monde diplomatique Nº169, edición Colombia, agosto de 2017, p. 2.

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Martes, 04 Julio 2017 19:37

Los usos del desorden

Los usos del desorden

El uso, como catapulta política, de las calamidades dadas en la ciudad de Bogotá, además de las manifestaciones masivas de los profesores y del paro cívico de Buenaventura es un acto bajo y cínico, pero que está dirigido hacia un solo aspecto, ganar las elecciones presidenciales del próximo año y por todos los medios acabar con el acuerdo de paz. Diría que esa sería la bandera del partido Centro Democrático.

Esa manera, en la que desarrollan sus campañas políticas, evidencia que ese conjunto sostiene la idea de un orden preexistente; es decir, ellos se sienten muy cómodos con la idea simple de que los grupos guerrilleros son grupos terroristas con los cuales no hay que negociar sino que hay que derrotar desde la vía armada –la idea de la mano firme–. el cual ha sido un argumento que ha calado en un sector de la población colombiana.
Dicho orden además contiene la idea implícita de que el ejército y la policía son instituciones armadas que administran la confrontación y el conflicto, y tiene como consecuencia la pasividad de la ciudadanía, debido a que hay un agente administrativo en el ejercicio cotidiano del conflicto, el cual no abre la posibilidad a la sociedad de tener un control sobre ellos mismos. Por esto Frantz Fanon era crítico de esta idea preestablecida de orden, debido a que la define como una servidumbre cómoda a la rutina tan profundamente arraigada (Fanon, 1976), en este caso en la población colombiana.


Y realmente es así pues para muchos es más sencillo anclarse a la idea de que es imposible ver a los miembros de las Farc como sujetos de carne y hueso. Por eso se indignan al ver a los miembros de esta guerrilla haciendo eventos culturales en las zonas veredales de transición, generando propuestas prácticas de centros urbanos sustentables, además de escucharlos en varios medios de comunicación, pues eso es algo novedoso, que no encaja dentro del marco criminal difundido por tantos años en el que siempre aparecen como sujetos sanguinarios.


Pero eso es precisamente lo que considero una de las virtudes del proceso de paz, pues a partir de esos hechos (la dejación de armas, la reinserción de los guerrilleros..etc) se comienza a establecer la idea de desorden, positivo a mi criterio, pues obliga a que nos confrontemos, no ya desde una violencia simplista, en la que de manera previa hay unos buenos y otros malos (que es lo que implica la idea preestablecida de orden) sino desde un marco en el que sujetos de diferente posición se pueden conocer. De esa manera se logra comenzar a suprimir suposiciones como que la confrontación inevitablemente nos llevará a la violencia, y a la necesaria administración de esta por parte de la policía y el ejército.


En pocas palabras esa idea de desorden como carácter positivo nos permitirá vivir en constante contacto –a pesar de que no estemos de acuerdo en posiciones– y nos evita caer de antemano en prejuicios y falsedades. De manera que confrontar al otro desde la experiencia se torna una necesidad inherente a nuestras vidas.


Por eso a los opositores del proceso de paz le tienen tanto miedo, debido a que no podrán desarrollar su maquinaria calumniadora desenvuelta en proyecciones que pueden no ser avaladas por la experiencia, ni por los contactos con los diferentes sujetos.


Por eso considero que para evitar este tipo de argumentos que emplean los opositores del acuerdo, la mejor manera es apoyarlo para así romper con la idea preestablecida de orden. Tomar la confrontación como un uso positivo es la mejor manera de documentarse. De este modo caerían por su propio peso las campañas bajas y pusilánimes que han generado algunos sectores de la oposición del proceso de paz.

Bibliografía
Fanon, F. (1976). Sociología de una revolución. Mexico D.F: Era S.A.

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“El buen cine se fundamenta en las emociones de la vida”

El director ha recibido el premio de honor Luis Buñuel del Festival de Huesca

El miércoles por la noche, Konstantinos Gavras (Loutra-Iraias, 1933), más conocido como Costa-Gavras, recibió uno de los dos premios de honor del Festival de Huesca, junto a Álex de la Iglesia. El francogriego posee una carrera impecable, una colección de títulos como Desaparecido, Z, Amén, Estado de sitio, La caja de música...“. Mis películas, y en general todas las películas, no son ni pueden ser un discurso político o académico, ni una lección, sino un espectáculo. Ahora bien, todas ellas hablan de la sociedad y de sus problemas, y a final eso las hace un poco políticas”, cuenta por teléfono en su estupendo castellano desde Huesca.


El nombre del premio recibido, Luis Buñuel, lleva a Costa-Gavras a hablar de su pasión por el cineasta español: “Es un grande del cine mundial. Yo estudié en la escuela algunos de sus trabajos y más tarde vi toda su filmografía en Francia. Me interesan mucho las mexicanas”. ¿Puede que porque sean filmes con un mayor trasfondo social, más cercanos al estilo de Costa-Gavras? “Sí, puede, aunque algunas las hizo para sobrevivir [remata en risas]”. Felicitado por su galardón, recuerda: “El pequeño Konstantinos estaría asombrado al recibir algo con el nombre de ese creador. Aunque creo que aún fue mejor el tiempo que pude pasar con él, un domingo en México mientras yo rodaba Desaparecido, gracias a su director de fotografía, Gabriel Figueroa. Fue muy emocionante”.


Su defensa de su impecabilidad curricular le llevó a rechazar la dirección de la adaptación de El padrino: “El libro de Mario Puzo era muy malo; Francis Ford Coppola supo sacar de ahí una obra maestra”. Desde El capital (2012) no ha hecho cine, lo que no quiere decir que esté mano sobre mano; dirige la Cinemateca Francesa —es su segundo mandato, ya la presidió en los ochenta— y así mantiene una visión muy fresca del cine actual: “Hay cosas muy interesantes, como la universalización del medio. A cambio, las nuevas compañías como Netflix parecen quererlo todo, solo les preocupa... ¿cómo se dice? [pregunta a alguien a su lado en francés]. Eso, la cuenta de resultados”.


Costa-Gavras se siente europeo. Hace años se declaraba indignado con la situación política y social en la UE. Hoy defiende que existen atisbos de optimismo. “Desde la misma UE empieza a salir un mensaje de cambio, son conscientes de que las instituciones y sus mecanismos necesitan mejorar. Y en Francia ya se ha notado con la elección de nuestro joven presidente, Emmanuel Macron. Él está realizando declaraciones en un sentido muy acertado: o cambia Europa o desaparece. La idea original de unión era extraordinaria, y políticos como José Manuel Durão Barroso —el actual presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker es un poco mejor, pero tampoco...— casi acaban con ella. No son los horizontes que necesita la actual Europa. Hay que impulsar una Europa unida en lo político, lo cultural y lo educativo”. Es decir, que es optimista. “Escuchando lo que últimamente se dice, sí. Aunque si los gobernantes se dejan llevar por las pequeñas problemáticas... entonces no”.


Costa-Gavras nunca ha olvidado que él fue un inmigrante, y que, señala, “cualquier europeo tiene un abuelo de otra región o de otro país”, con lo que sigue con atención las noticias sobre los refugiados y el avance del integrismo islámico: “No creo que haya un apoyo a ese terrorismo, pero sí es cierto que crece su caldo de cultivo y que no hay voces generales desde la comunidad islámica europea que pidan parar eso. Es un peligro considerable porque es impredecible”.


Cuando se estrenó en España su último trabajo en 2012, El capital, sobre la corrupción y los manejos del poder, aún no habíamos vivido la explosión diaria de noticias sobre el lodo de putrefacción político-económica en el que chapoteamos. Costa-Gavras se echa a reír: “No es solo un problema español, sino de la sociedad actual. Porque el dinero hoy no es ideología, sino religión. La sociedad actual se mueve con un solo faro, la economía, y por tanto empuja a la gente al individualismo”.


¿No se ha perdido la fuerza moral en los nuevos cineastas que tenía la generación de Costa-Gavras? “La respuesta es compleja, prefiero quedarme en que cada uno hace lo que puede”. Y a continuación advierte que no cree en generaciones: “El cine es ante todo personal, luego nacional y finalmente europeo. Cierto, la Unión Europea debería de apoyar mucho más a que cada país ayude a su cine. Otra cosa es si muchas naciones quieren que haya un cine nacional, como un museo nacional... El cine son imágenes que viajan, aunque imágenes aferradas a una identidad, que suele ser la nacional. Luego, si los filmes son buenos alcanzan a espectadores de otros territorios. Hoy no sé muy bien qué pasará por la cabeza de los jóvenes espectadores con esas películas estadounidenses basadas solo en efectos especiales. La industria ha cambiado, olvida que el buen cine se fundamenta en las emociones de la vida”.


Desde 2012, Costa-Gavras no ha rodado: “Dediqué un año y medio a escribir un libro, y posteriormente estuve pensando varios proyectos. Ahora por fin he encontrado las condiciones adecuadas para dirigir mi siguiente película”. ¿Y sobre qué irá? “Es actual. No puedo contar más”.

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Martes, 13 Junio 2017 07:05

Crisis económica: Viene lo más duro

Crisis económica: Viene lo más duro


En picada, así va la economía colombiana, como lo confirman todos los indicadores. Contrario piensa el Ministro de Hacienda, quien afirma que “Están dadas las condiciones para que este año mejore la economía”. Opinión rebatida por Héctor-León Moncayo y Libardo Sarmiento.

 

Mes tras mes la economía colombiana arroja signos que confirman su entrada en crisis. No es de ahora, la mala racha ya cuenta con más de tres años. Las exportaciones, más allá del petróleo, el ferroniquel y el carbón, arrojan signos negativos; las importaciones no crecen pero se mantienen a un alto nivel; el consumo familiar decae; la producción industrial está contraída, la deuda externa e interna crece; la desconfianza de los productores sobre el futuro que viene les impide invertir en mejorar sus plantas.

 

Pese a las evidencias, reforzadas por las proyecciones de los organismos multilaterales que indican que el país no crecerá ni al 2 por ciento durante el 2017, el ministro de hacienda Mauricio Cárdenas, negando lo estructural y amparándose en lo coyuntural, se atreve a decir que estos resultados “se debieron a la caída del precio del petróleo”, y que “lo peor ya pasó”. En su mar de optimismo facilista expresado en el programa “Pregunta Yamid” del 29 de marzo, se atreve a decir que “todo indica que la economía comenzará un proceso de recuperación que nos permitirá terminar el año con un crecimiento mucho mayor al que tuvimos en los primeros meses del año”.

 

¿Puede algún habitante del territorio colombiano asegurar que la economía está mejor ahora que hace 3 o 4 años? ¿Alguno puede confirmar que no le impactó en su capacidad de consumo la reforma tributaria?

 

El debate es necesario. También las acciones sociales exigiendo reformas que apunten a la mejora de la economía nacional. Para debatir sobre lo afirmado por el Ministro en la entrevista en cuestión, invitamos a los economistas Libardo Sarmiento (LS) y Héctor-León Moncayo (HM), con el propósito de analizar a fondo las verdades a medias que el Gobierno, representado por el Ministro de Hacienda, pretende que el pueblo colombiano crea.

 

da. Empecemos por el sentido y el tono de las afirmaciones del Ministro de Hacienda. ¿Qué opinión les merece?
HM. Contradecirlo sería hoy de buen recibo. En general hay desconfianza frente a los argumentos del Gobierno, hay un escepticismo generalizado. El Gobierno mismo se inventó el argumento de que había que ponerle cuidado al pesimismo, que era lo que estaba haciendo daño a la economía. Pero hay dos factores que dificultan la discusión. En primer lugar, que el mismo Gobierno –representado en el Ministro de Hacienda– es el que pone los parámetros con los que se debe juzgar su política económica (la inflación, el control monetario y la estabilidad o el equilibrio fiscal, lo que los economistas neoliberales llaman los “fundamentales” de la economía). Si eso está bien según el FMI o las calificadoras de riesgo, entonces estamos haciendo bien las tareas. Entonces, desde una lectura y propuesta diferente, hay que ir más allá de estas variables y analizar más a fondo la naturaleza de la política económica, y del modelo que han seguido.

 

El otro factor es que, tal como lo presenta el Ministro, la discusión es improcedente. Todo lo dicho son hipótesis. Mire bien que el argumento de fondo es: “ya hicimos el ajuste y ya tocamos fondo y a partir de ahí vamos a reanudar el crecimiento”. ¡Tocará creerle!!!. En realidad, más que hipótesis hay que discutir a partir del tema fiscal o el tema presupuestal, sobre los efectos de la reforma tributaria, sobre la evolución de la situación externa y la inversión extranjera, sobre las condiciones del aparato productivo y, en consecuencia, el tema del empleo. Entre otros aspectos.

 

da. El diagnóstico del ministro Cárdenas se reduce a que el problema de la contracción de la economía nacional fue la respuesta a factores externos: bajó el precio del petróleo y nos puso en una situación de “desaceleración” –evita así usar la palabra recesión o la palabra crisis. ¿La culpa, corresponde, al entorno internacional? ¿Aquí todo lo hicimos bien y lo seguimos haciendo bien?
LS. En lenguaje común se dice que cada quien juzga de acuerdo a como le va en la fiesta. El señor Cárdenas asegura que a él le va bien, pero eso no significa que suceda lo mismo con las mayorías colombianas. Hablar de que a Colombia le va bien o le va mal, es una abstracción; debemos mirar a qué sectores de la sociedad les va bien. A los ricos, claro que sí, pero ellos gobiernan, en particular el ministro de Hacienda; pero a la ciudadanía trabajadora, la que sufre los ajustes salariales, la que ha tenido que sufrir la reforma tributaria –golpeando el consumo de los hogares al subir el IVA del 16 al 19 por ciento, que ha sufrido una inflación que va galopante frente al salario mínimo–, le va muy mal. En ese sentido las dos caras del diagnóstico son distintas.

 

La economía va mal para el 90 por ciento del país. Venimos de un problema recesivo –así lo niegue el Ministro– sabemos que en 2015 la economía cayó al 3 por ciento, el año pasado cayó al 2 por ciento, y para este año todas las previsiones muestran que la economía ligeramente superará el 1 por ciento, o sea, está cayendo un 1 por ciento por año.

 

Los directores de los gremios lo confirman. El gremio de los comerciantes no lo oculta: durante el primer trimestre del 2017 cayó el consumo de los hogares en 7 por ciento, resultado provocado por el leve aumento del salario mínimo, el incremento del IVA en 3 puntos –que golpeó la capacidad de compra de los hogares–, y por la inflación. En casi el 80 por ciento de las ramas que componen el sector industrial el resultado es negativo.

 

Dice el gobierno que la inflación cae, permitiéndoles bajar las tasas de interés, afirmación que oculta una realidad: cuando a una economía que está en plena recesión le “ayudan” con una reforma tributaria que recorta los pocos ingresos del 90 por ciento de la población pues, obviamente, se resiente la demanda, con lo cual entramos en un problema deflacionario clásico.

 

da. Libardo, usted dice que al Ministro le debe ir bien, ¿a quiénes más les va bien?
LS. Al ministro de hacienda que ha estado en todas las jugadas de ventas de activos, de privatizaciones pues obviamente ha tenido buena participación en esos recursos, y le ha ido bien al sector financiero. “El sector financiero salvó la economía colombiana”. Ese fue el titular de El Tiempo cuando publicó que la economía colombiana había crecido el 2 por ciento y lo puso en un contexto de América Latina (y del mundo), también con un problema recesivo. Es importante revisarlo en sus detalles: 1) El crecimiento del 2 por ciento se explica porque el sector financiero creció el 5 por ciento, mientras que el sector minero-energético cayó el 6 por ciento. Transporte y comercio también cayeron.

 

Hay un poder financiero sobre el capital productivo del país ¿Quién lo decía? El Tiempo, cuyo dueño es el principal banquero del país, el señor Sarmiento Angulo. Entonces no solo es dueño de la firma financiera más importante del país, dueño de un importantísimo medio de comunicación, además tiene en el bolsillo al fiscal. Así, familias como los Cárdenas, familias como los Sarmiento Angulo, obvio, tienen que decir que en Colombia se vive perfecto.

 

da. ¿Por qué el crecimiento del sector financiero no beneficia realmente a la economía colombiana?
HM. En primer lugar observemos que es desde la mentalidad y la concepción del sector financiero desde donde se hace la política económica. Incluso, puede decirse que la teoría económica que hoy se enseña en las universidades viene de la ideología y del pensamiento de la cúpula financiera y, claro, todas las evaluaciones están pensadas desde la óptica de los financistas. Pues bien, aceptemos que fue el único sector que creció, según la forma como se mide el PIB. Pero podríamos hacer una lectura inversa si pensáramos que los sectores productivos materiales –que no crecieron– en realidad fueron perjudicados por el sector financiero, porque buena parte de los recursos generados fueron convertidos en ganancias para él. Es decir, el sector financiero no es el salvador sino el sector vampiro de la economía.

 

da. Es cierto que la caída del precio del petróleo afectó la economía, pero ¿Qué medidas aplicó el Gobierno? ¿Cómo incidió todo esto en la inflación?
HM. El derrumbe del precio del petróleo –ojo, de acuerdo a las condiciones de fragilidad de la economía colombiana– tenía que impactarla de gran manera en todos sus renglones, entre ellos la situación fiscal, la capacidad de compra en el exterior, la demanda interna y la inversión. En respuesta a eso dicen “por fortuna la tasa de cambio en Colombia es flexible, y se ajusta automáticamente”. Para ellos se ajustó con una devaluación, y agregan: “para eso se hizo una política económica”. El año pasado el proceso inflacionario era evidente, cerramos el 2015 con 6.7 por ciento que ya era bastante, a mediados de 2016 estábamos en casi 9 por ciento y seguía subiendo, luego hubo un pequeño descenso que garantizó que al final del año apenas estuviera en un poco más de 5 por ciento la variación anual. Pero si se calculaba a mediados de año el porcentaje anual, la inflación de los precios alcanzaba el 18 por ciento ¿Cuál es la solución? La que dicen los libros de texto: aumentemos las tasas de interés.

 

Esto significa contraer la economía, es decir, optar por un mecanismo perverso; “para evitar la inflación, refresquemos la economía con los costos que eso tenga”, y los costos son de pobreza, de desempleo, pero sobre todo el desmantelamiento del propio aparato productivo. Esa es una medida curativa de la medicina del siglo XIV, la sangría. Y dicen, “bueno, como ya lo resolvimos, comenzamos a bajar gradualmente las tasas de interés, porque ya se controló la inflación, y eso va a impactar positivamente el empleo y la producción”.

 

da. En realidad, ¿si está en recuperación la economía?
HM. Lo que se decía de la tasa de crecimiento estimada para este año, también es muy curioso. El Gobierno empezó estimando el 3, luego 2,5 y ahora el FMI y las calificadoras de riesgo lo están bajando a menos del 2 por ciento. El Banco de la República –y esto resulta muy simpático– estima el crecimiento entre 0,7 y 2,7 por ciento; una estimación de semejante rango no puede ser, para nada seria. Cabe resaltar que la comparación se hace respecto al año inmediatamente anterior con un nivel ya bajo. El impacto del alza de la tasa de interés sobre la inflación no es tan mecánico como suponen los monetaristas; se me hace que incidieron otros factores. En cambio sí puede ser fuerte en las decisiones de inversión. Pero más que todo cuando sube porque cuando el Banco de la República la baja se transmite muy lentamente al sector financiero. Y en eso es que confía Cárdenas!!!

 

Por otro lado, mienten cuando afirman que hay competencia en el sector financiero. ¡Por favor!, si el 70 por ciento de la cartera del país la manejan el señor Sarmiento Angulo y tal vez uno más. Hacia el futuro, continuarán con ese manejo de tasas de interés –porque a eso se reduce la política económica, todo lo demás es el mercado. ¿Qué podrán hacer de aquí en adelante? Poco recurren estos neoliberales a la política fiscal. En todo caso la situación no pinta nada bien. Ellos dicen que las condiciones van a mejorar por la reforma tributaria...

 

da. ¿Pero cómo está Colombia en cuanto al hueco fiscal y la deuda externa? ¿La reforma tributaria logrará mitigar el déficit?
LS. Hay un punto central en la entrevista que Yamid Amat le hace al ministro Cárdenas, en el que éste expone una tesis (además de la confianza y el optimismo) se asemeja a la canción mexicana que dice “ya pasó la amargura que tú me dejaste, ya te puedo mirar cara a cara”, esa es una mirada cínica de Cárdenas.

 

La realidad es tozuda. Los problemas estructurales de la economía colombiana se agudizarán este año. La hacienda pública históricamente ha sido deficitaria, sabemos que en este país los ricos no tributan, y que tenemos un endeudamiento estructural (que se mantiene y crece) por el cual pagamos al capital especulativo internacional. Cárdenas miente cuando dice que lo más duro ya pasó; al contrario, viene lo más duro. El endeudamiento externo aumentó el 100 por ciento (del 20 al 40 por ciento del PIB), lo que conlleva una sangría de recursos porque no solamente el monto de la deuda del país está unido a lo que es la deuda externa, sino que está unido a la tasa de cambio.


Estamos ante una sangría de divisas. La caída del precio del petróleo hasta los 20 dólares generó una devaluación del 36 por ciento en la tasa de cambio –es decir los pesos que tenemos que dar por cada dólar– y eso aumentó en 12 mil millones de dólares la deuda externa. El hueco fiscal dejado por la caída del petróleo fue de aproximadamente 23 billones de pesos, si lo sumamos al hueco producido por la devaluación –que fue de 14 billones de pesos–, tenemos un déficit de 37 billones de pesos aproximadamente.

 

La reforma tributaria, supuestamente, era para cubrir tal hueco, pero la misma, que empobrece más a los de siempre con el incremento de tres puntos del IVA, genera 26 billones de pesos, lo que mantiene el déficit fiscal en el 4 por ciento del PIB, un punto más de lo permitido por la Regla Fiscal. Unido a estos problemas tenemos el tema pensional que representa un hueco de otros 35 billones de pesos, que deben estar en caja del Estado colombiano pero que sabemos que han servido para cubrir sus urgencias, así como para la especulación de los más ricos.

 

da. Cárdenas dice que la reforma tributaria dará el impulso para la recuperación económica del país, ¿qué pasa con los recursos recaudados?
LS. Ese es otro tema importante: el de las finanzas públicas. ¿Para dónde van los recursos públicos? ¿Para dinamizar la economía? Lo que dice Cárdenas es que van para los 3 principios de su plan de desarrollo: paz, equidad y educación, sin mirar los temas de corrupción que le cuestan al país 22 billones de pesos, según los datos de la Contraloría; lo otro es pago de burocracia y funcionamiento.

 

Si miramos en qué se gasta la plata el Estado colombiano, encontramos que la misma está destinada, en lo fundamental a: pago de la burocracia, para todo el tema pensional, sostenimiento del aparato militar y pago de deuda externa. La pregunta consecuente es: ¿qué de eso jalona? Nosotros sabemos que el gasto militar es un gasto improductivo. Si uno lo divide per cápita, encuentra que por cada peso que gastado en educación, gastan 10 pesos en el sector militar, es decir, la relación es 10 a 1: por cada profesor con que cuenta el sector educativo, incluyendo universidades y todos los 300 mil profesores del sector, todo ello apenas es una tercera parte de la gente que hay en las fuerzas militares, lo que demuestra que no sólo es un país rentista, que vive de la extracción de recursos naturales, sino que también es un país policial y burocrático.

 

da. Según el ministro Cárdenas, “Hay confianza inversionista, está llegando la inversión” ¿Es así?
HM: Es bueno hacer una aclaración conceptual. Si uno mira la inversión en el sentido de economía política real, es formación bruta de capital fijo (ojalá tuviéramos datos de formación neta, pero dejemos así). Esa formación bruta de capital disminuyó en un 4,5 por ciento; entonces no hubo inversión real ni siquiera en el sector de minería y petróleo, tampoco en el sector transporte, y menos en la industria y la agricultura en general. Aumentó un poco en construcción de viviendas y principalmente obras civiles –ahí están las famosas 4G que se supone son “las que van a salvar el país” y más que todo a los corruptos!!. En conclusión, encontramos que en el tema de la inversión el país no va bien.

 

La que sí ha sido buena en Colombia, en los últimos tiempos, es la inversión puramente financiera: las inversiones financieras de corto, mediano y algunas de largo plazo. Hablamos principalmente de inversión de portafolio –es decir, que las opciones de economía real, material, que le plantean al país son muy reducidas. Lo peor consiste en que lo más dinámico en este aspecto son los bonos de deuda, los papeles de deuda pública. Como quien dice que las opciones financieras están apalancadas en las posibilidades de contratar más deuda (eso depende de la opinión de las calificadoras de riesgo y del FMI), lo cual, a su vez, lleva al país en una espiral de endeudamiento, para una economía que depende de un milagro.

 

da. El Gobierno se jacta de que durante su administración el desempleo bajó hasta mantenerse en un solo dígito, ¿cuál es la realidad del desempleo en Colombia?
HM. Resulta que las tasas de desempleo, en forma muy curiosa, en la mejor época de este modelo económico, bajaron de dos dígitos a uno, lo que consideraron un gran éxito, y en realidad nunca bajó del 8 por ciento –lo que no es grandioso. Pero viéndolo bien, con estas tasas de crecimiento de la economía, con el choque atribuido al descenso de los precios del petróleo, resulta que el desempleo si acaso sube un poco, por lo cual la pregunta que uno se hace es ¿por qué el desempleo no muestra una reducción o un aumento apreciable según el movimiento de la economía?

 

Curiosamente el mismísimo informe del Banco de la República, después de decir que han observado en Colombia una gran “resiliencia” (¡!) del empleo a los movimientos del ciclo económico, de todas maneras se asombra con lo ocurrido los últimos años. La tasa de desempleo terminó el año pasado en 8.2% (el nacional) cuando al finalizar 2015 estaba en 8 por ciento. Imagínense, y eso ¡¡en “desaceleración”!!!. Entonces, observa que si bien la ocupación en los peores momentos disminuye, la tasa de participación también, es decir, que disminuye la demanda pero también la oferta de trabajo y, por lo tanto, el desempleo se mantiene.

 

En todo caso es raro. El Informe termina entonces diciendo: “ya encargamos un equipo de especialistas para que nos explique a qué se debe este enigma”. Yo no sé si el enigma tiene que ver con la forma como se están haciendo ahora las estadísticas de empleo y desempleo o qué otra cosa será....

 

LS. El último informe del Banco de la República (abril), reconoció que este año, por todo el comportamiento de las principales variables macroeconómicas, va a subir el desempleo. Ahora bien, el gran tema es que uno puede hacer la relación entre crecimiento económico y generación de empleo; en el año 70 la elasticidad entre empleo y producto se daba de manera tal que por cada unidad de reducción del desempleo, la economía tenía que crecer un 2 por ciento. Hoy en día para que el desempleo caiga, la economía debe crecer un 4 por ciento, o sea, se volvió más inelástico (propio de una economía que es extractivista, rentista que no está generando empleo).

 

Un caso concreto: con el proceso de financiarización de la economía colombiana desde los años 70, el sector financiero da cuenta del 22 por ciento del PIB, que es casi más de una quinta parte y sólo genera 300 mil puestos de trabajo, eso equivale al 1 por ciento de empleo. El sector petrolero genera únicamente 105 mil puestos de trabajo, ese es el 0,6 por ciento de los 23 millones de personas que trabajan en Colombia.

 

da. En el tema del empleo hay mucho debate, por su calidad, por la metodología aplicada por el Dane....
LS. En lo concerniente a la calidad del empleo, durante los últimos 15 años el desempleo ha oscilado más o menos en 10 por ciento, eso son más o menos 3 millones de personas, de una población económicamente activa de unos 25 millones, trabajan formalmente 22 millones y los otros 3 trabajan informalmente. Pero de esos 22 millones el 60 por ciento en verdad es informal. El Gobierno es mentiroso y presenta la tasa de informalidad de las principales ciudades donde ha caído al 50 por ciento; por su parte el director del Dane dice que el empleo creado es de calidad. Pero no es así. Cuando uno mira la economía nacional, encontramos una informalidad del 66 por ciento, o sea que el porcentaje de quienes tienen un empleo formal y decente es apenas del 25 por ciento; es decir, 1 de cada 4 trabajadores. Sumado a esto, el 85 por ciento de los empleados del país ganan menos de 2 salarios mínimos, y el 60 por ciento de ese ingreso lo gastan en productos de la canasta básica.

 

da. ¿En cuáles sectores se genera empleo y podrá este mejorar?
LS. Con las políticas en boga, no hay como romper la dinámica que trae el país. Preocupa mucho el patrón de acumulación, el modelo de desarrollo; el desempleo y la calidad de empleo. Colombia es un país monoproductor, monoexportador, con un aparato productivo reducido a su mínima expresión, donde el empleo se genera en el comercio, en los servicios y en el sector gobierno, que es por lo demás bastante volátil y elástico, es decir, todas las maravillas que se hablan de la generación de empleo y de ingresos, e incluso de la famosa clase media que crece, pende de un hilo muy frágil que es la buena salud del sistema financiero.
da. Desempleo, empleo de mala calidad, informalidad, ¿de qué vive la gente?

 

La política dominante, además de los factores ya relacionados, aplica otro conjunto de fórmulas que también las aplican todos los países de la región: una política social que se reduce a subsidios al consumo, con lo cual el gobierno garantiza impulso a la demanda. Es decir, subsidian a los pobres y por su conducto garantizan capacidad de compra de lo producido por los ricos. Es claro, así no se quiebran.

 

Alrededor de 10 millones de colombianos reciben subsidios, que no es más que ponerle oxigeno a una población que está por fuera de todos los circuitos productivos; lo muestran como inversión pero no lo es. Dos millones de hogares en Colombia son subsidio-dependientes, es decir, están pegados a la manguera de oxígeno del Estado y con la caída de la economía vemos que las tasas de pobreza ya comenzaron a subir. Después de lo que hay que pagar en deuda externa e interna, ¿de dónde van a salir los recursos para financiar los subsidios? El ministro Cárdenas tiene que dejar de manipular, y decir la realidad que estamos atravesando como país, y lo que nos espera como sociedad.

 


 

Cuadro 1

 

                                                                                                                                                                                             Crecimiento real anual del PIB por tipo de gasto

 

 

Cuadro 1 p10

 

                                                                               Fuente: DANE; cálculos del Banco de la República.

 

 

Cuadro 2

 

                                                                                                                                                               Crecimiento real anual del PIB por ramas de actividad económica

 

 

Cuadro 2 p11

                  

                                                                               Fuente: Dane; cálculos del Banco de la República.

 

 

 

                                                                                                            Cuenta corriente de la balanza de pagos

                                                           

graf 1 p11

 

                                                                                  (pr): preliminar

                                                                                  Fuente: Banco de la República

 

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2 de junio de 2017

 

 

Publicado enColombia