“La izquierda social y política debe formar un solo contingente...”


Larga y polémica es su trayectoria. Hace parte del Comité Ejecutivo de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT, desde su fundación el 17 de noviembre de 1986, cuando fue elegido secretario general. Según Pedraza, “la paz, debe estar en las calles, en las plazas públicas y en los foros donde quiera que haya debate [...] no dejar solo en la opinión, el interés de los partidos que controlan esta nación”.

 

El logro de una paz mayúscula, la crisis política, económica y social ofrece ocasión no sólo para discursos y cálculos particulares. Es momento para promover una conciencia del trabajador y del obrero, con alcance en su condición de ciudadano, de habitante. Un reto y panorama frente al cual responde:

 

desdeabajo (da). El voto mayoritario del No en el plebiscito, desató una crisis del régimen político. ¿Cómo ve la CUT, esta situación?
Luis Aeljandro Pedraza (LAP). Consideramos dos cosas: de una parte, la desinformación que el Centro Democrático trabajó en su campaña tuvo éxito. En el activismo social no hicimos las denuncias oportunas. De otra, si bien la decisión es democrática, el porvenir del país queda de nuevo en manos del establecimiento y de la derecha. Por eso, llamamos a las organizaciones sociales en Colombia –a través del Comando Nacional de Organizaciones Sociales– a fortalecer la movilización, la protesta y la exigencia a la participación en los asuntos de futuro inmediato. Futuro que no quede solo en manos de los partidos, especialmente los tradicionales; que están buscando un acuerdo para mantener el control del poder y el futuro de la nación.

 

da. El presidente Santos llamó a reunió con el Centro Democrático, ¿por qué no, a los comités de impulso del Sí?
LAP: El establecimiento mira a los movimientos sociales, los tiene como patio trasero para recurrir a ellos cuando el poder está en riesgo del control del Estado. Sinembargo, cuando se trata de tomar decisiones de gran trascendencia, siempre hacen mesa solos, con sus instrumentos de control de la nación: los partidos políticos que representan, obvio, a los gremios económicos o industriales, contexto general del modelo. Por esa razón, nosotros consideramos que nuestra presencia activa por la paz es imprescindible –no propiamente en la Mesa de La Habana– sino desde el punto de vista de la opinión y del contraste a la reacción.

 

da. Este es el foco y aspecto fundamental por el cual atraviesa el país, pero, el final de año está cerca, ¿cómo procederá la CUT respecto al salario mínimo próximo?
LAP: Desde el comienzo de la campaña del plebiscito, sin detrimento de la paz, tomamos la decisión de no olvidar que hay graves problemas en el mundo del trabajo, y para la subsistencia del movimiento sindical. Incluso, acerca de la presencia de organizaciones sociales haciendo valer no solo su representación, sino el cumplimiento de las agendas que duermen en el escritorio del Estado. Por esa razón, reactivaremos acciones de movilización en el sector minero energético, con el planteo de una huelga de la CUT por intermedio de la USO...

 

da. ...la ADE y el sector de la educación plantean una movilización...
LAP. ...claro, por el incumplimiento del gobierno a los trabajadores estatales y se avecina otra negociación de salario, ya se cumplió el periodo anterior; pero además, el tema de la salud es un asunto apremiante. También tuvimos la reunión nacional de organizaciones sociales que determinó un paro nacional para finales de octubre.

 

da. ¿Es posible articular estas movilizaciones en una sola, que recoja todas las reivindicaciones de los sectores, o eso es imposible?
LAP. Efectivamente, con los quince puntos que el presidente Santos no ha atendido. Reúne los asuntos de los estudiantes que exigen una reforma educativa y el fortalecimiento de la inversión del Estado en la educación pública. La agenda de maestros y maestras por sus derechos vulnerados con tendencia a desaparecer, como son el tema de la salud y el de la calificación. Éste último, acordado para mejorar las políticas pedagógicas, y no, en relación con la pretensión del gobierno, que era una calificación para botar a los trabajadores de la educación dependientes del Estado y reemplazarlos por los contratos de servicios.

 

da. ¿Sólo una agenda de reivindicaciones de estudiantes, maestros?
LAP. También, el tema del transporte pesado. Los camioneros incluyeron sus puntos, y en este momento, vuelve a tomar fuerza –por el incumplimiento que el gobierno les hizo– un plan de organización para irse a un nuevo paro nacional. Está asimismo, el tema de la Cumbre Agraria que hizo un paro, con unos acuerdos que nos dicen también fueron incumplidos. Es decir, hay convergencia plena en la posibilidad de una acción unificada, y no compartimentada, como pasó una vez se constituyó el Comando Nacional de Organizaciones Sociales. Aunque se preveía el paro de los camioneros y se respetó su dinámica autónoma, la Cumbre Agraria ya traía un proceso de organización...

 

da. Por aparte, cada sector puso la hora cero.
LAP. La diferencia que hubo con dos eventos, nos indica que tenemos que unificarlos en una sola movilización, un sólo paro nacional por los quince puntos que nos integran a todos. Ya el proceso es técnico y metodológico, de cómo cada sector trabaja sus temas con el gobierno. Cada sector tiene un criterio profesional de su oficio. Es decir, los camioneros saben cuáles son sus problemas y cómo y hasta dónde tratarlos y negociar; los educadores igual; los campesinos y los indígenas igual.

 

da. Si el gobierno trabaja por sectores, ¿provocaría la individualización de las marchas o de los procesos?
LAP. No. Dentro del movimiento de organizaciones sociales debemos habilitar un mecanismo que impida la separación y fisuras por medio de las cuales el gobierno pueda intervenir para desarticular la gran convergencia social, “unidad de acción” en torno al pliego.

 

da. Un documento de la Organización por la Cooperación de la Economía Solidaria, Ocde, dice que el salario mínimo en Colombia es el más alto de la región, ¿qué piensa la CUT?
LAP. ¿Qué es el más alto?, ¡falso! Colombia es el segundo país de mayor inequidad en América Latina. Circunstancia vergonzosa que es causante, precisamente, de la precariedad del salario mínimo y de los salarios convencionales. Por esa misma razón la CUT planteó en 2015 un incremento del 14 por ciento.

 

da. ¿Un porcentaje, con base en cuáles factores?
LAP. La caída del peso y valorización del dólar, junto con la caída de los valores del petróleo, hacen que la inflación reciba un coletazo alrededor del 9 por ciento. Nosotros planteábamos el 9 por ciento más cinco puntos de indexación. Esos cinco puntos, en razón a los estudios que hicimos con la Universidad Nacional y el equipo del doctor Giraldo que indicaban, que en el último quinquenio el salario mínimo perdió cinco puntos. El tema no se puede considerar comparando el número de dólares que conciernen al salario de cada nación. Mejor, debe reflejar la real capacidad y poder adquisitivo de ese salario. Para el caso, en Uruguay puede ser un salario mínimo en dólares similar al que tenemos en Colombia, pero allá la capacidad adquisitiva del salario mínimo es absolutamente superior a la nuestra.

 

da. ¿Por cuál motivo?
LAP. Por el tipo de modelo económico y de plan de desarrollo social que tienen, que es radicalmente opuesto al nuestro. Allá, especialmente en el gobierno de Mujica, se democratizó la economía de tal forma que hay una redistribución con ejemplo para América Latina y para el mundo, así sea un país pequeño. En el caso nuestro, la tendencia es a concentrar más la riqueza en unos pocos capitalistas, a costa, de incrementar más la miseria social.

 

da. Bajo el proyecto del gobierno: bajan las importaciones, el salario pierde capacidad adquisitiva, ¿cuál propuesta hará la CUT frente a esta crisis del modelo?
LAP. Está vigente el trabajo de movilización social que desarrollamos en conjunto con las demás organizaciones sociales, con más fuerza ahora, después el plebiscito. Siempre hemos planteado que el gobierno tiene que renegociar los tratados de libre comercio, y no seguir en la línea de priorizar los intereses de las multinacionales. De priorizar, los intereses de los grandes grupos económicos de la nación y considerarnos consumidores, frente a una realidad en la que Colombia dejó de ser país productor de alimentos. Pasó a ser un país importador. Eso tiene 8 millones de campesinos desplazados a centros urbanos. Independiente de reconocer que los factores de violencia y abandono del estado, contribuyeron a ese desplazamiento.

 

da. El Gobierno está arrodillado ante la Ocde.
LAP. Por supuesto, acata las directrices a favor de ese círculo de privilegiados, sin importarle profundizar las brechas de inequidad social, la antidemocracia en el desarrollo de la tenencia de la tierra, sin otra política que la prevista en los Acuerdos de La Habana. Así las cosas, la pequeña y mediana industria desaparece...

 

da. Es muy grave...
LAP. ...para la tesis neoliberal del gobierno, los pequeños y medianos empresarios deben alcanzar capacidad no solo económica sino administrativa para hacerse competitivos. Deben hacerlo sin ningún compromiso oficial para financiar ese tipo de política, y los pequeños y medianos empresarios no tienen recursos. Por tanto, su tendencia es a desaparecer. Mientras tanto, las grandes asociaciones industriales, como la Andi, aprovechan. Los grandes industriales han absorbido los renglones productivos que tenía la pequeña y la mediana industria. Eso genera una mayor informalidad en el mundo del trabajo, porque los pequeños comerciantes, pequeños productores de insumos para la industria nacional, desaparecieron convertidos en una informalidad a manera de política de subsistencia.

 

da. El escenario político pasa entre dos acciones: de una izquierda en autocrítica, que se recomponga y salga a liderar este proceso o, que siga igual, sin abrir perspectiva...
LAP. Anhelamos un camino común, de unidad de la izquierda. Independiente de las diferentes concepciones respecto al porvenir del país. Nosotros no podemos seguir contribuyendo al desorden del país con la dispersión de la izquierda. Tenemos que construir una corriente fuerte con capacidad de neutralizar e incidir en los asuntos que el establecimiento nos está imponiendo. Es decir, ser verdadera alternativa con concepción de poder.

 

da. ¿Cómo, cuándo domina la inercia de plegarse al establecimiento, con la idea de obtener cargo en un “gobierno de coalición”?

LAP. No podemos seguir cayendo en la falacia de que la izquierda es un elemento negativo para la construcción de la democracia y para la construcción de equidad social. En Colombia tenemos que formar un solo contingente, con presencia capaz de movilización oportuna, en el Congreso y en los centros donde toman las grandes decisiones. Contribuir de este modo, a la construcción de una democracia real. No en la restringida, sometida al criterio y capricho de dos antagonistas por el poder. En este caso, Santos representante de la alta aristocracia y lo más emblemático de la burguesía colombiana, y Uribe que siempre mantiene una concepción caudillista, con tendencia igual o peor que Santos en materia de conducción del estado.

Publicado enEdición Nº229
Campaña presidencial en EU: el capital financiero se mantiene

Ante el cambio presidencial. Estados Unidos vive por estos días una intensa polarización social y electoral. Los dos debates realizados hasta la fecha de escribir esta nota (octubre 11) entre la demócrata Hillary Clinton, y el republicano Donald Trump, candidatos del prolongado bipartidismo norteamericano, los han visto por televisión un promedio de 65 millones de personas, y tuiteado más de 15 millones, algo nunca visto en una campaña presidencial en ese país.

 

El martes 8 de noviembre se realizarán las 58 elecciones presidenciales de este país-potencia, en donde los votantes –por medio del voto popular– elegirán a los compromisarios quienes, a su vez, elegirán al Presidente y vicepresidente de la nación. Esto sucederá a través del Colegio Electoral que para este 2016 estará compuesto por 538 miembros; para que un candidato gane la presidencia debe contar con 270 votos electorales.

 

En la contienda electoral se enfrentan seis candidatos, aunque a la hora de la verdad solo cuentan dos, el Demócrata y el Republicano, cosa que no debería ser así. Las primarias, que transcurrieron desde el 1 de febrero y hasta junio, también fueron unas elecciones indirectas pues sirvieron para elegir una lista de delegados, que a su vez seleccionaron al candidato presidencial del respectivo partido.

 

En esas primarias Donald Trump logró 13,7 millones de votos –el 44,6% del total– que le significaron 1.542 delegados de 2.472 posibles, logrando la nominación Republicana.

 

Hillary Clinton obtuvo 16,5 millones de votos –el 55,5% del total– que le valieron 2.219 delegados, 558 súper-delegados, para un total de 2.383 delegados.

 

Por su parte, Bernie Sanders reunió 12,6 millones de votos, expresados en 1.832 delegados, y 49 súper-delegados o sea, 1.881 delegados, que en el acuerdo oficializado con Hillary terminó por aportarlos para que ella fuera la candidata demócrata a la presidencia. En los EU, según datos de 2013, existen 240.926.000 millones de personas aptas para votar.

 

Campaña polarizada

 

Esta campaña presidencial traduce al mundo la polarización y fragmentación de la sociedad norteamericana, en especial de los obreros y trabajadores, los pobres urbanos y rurales, y la clase media, por cuenta de las políticas de austeridad capitalista de la administración Obama para las mayorías y el crecimiento sin precedentes, que beneficia a la minoría, del Wall Street, los grandes monopolios y el capital financiero. Proceso acrecentado desde la presidencia republicana de George. W. Bush, y ahondado después de la crisis económica y financiera mundial de 2008.

 

Polarización producto del desempleo, la marginalidad y desigualdad social, así como la pérdida de oportunidades, sobre todo para la clase media, que ha generado desilusión y desconfianza de la sociedad estadounidense en el sistema político y en la administración Obama (que ha gobernado a favor del %), situación que ha conducido a multiplicar la inconformidad social expresada, por un lado, votando por Bernie Sanders (socialdemócrata) y Hillary Clinton, y por otro lado a los Republicanos del Tea Party con candidatos a la derecha fascista como Cruz, Carson, Fiorina, Rubio y Trump. Inconformidad que también ha propiciado el surgimiento y pervivencia de candidatos como Trump, “esperanza” de recuperación para amplios sectores populares y de clase media, así como para los sectores que pudieran identificarse con la raíz de la sociedad gringa.
Rechazo e insatisfacción social que también puede estar mostrando el giro hacia la facistizacion de las instituciones y sociedad estadounidense, en creciente desde Reagan, Bush I, Clinton (hasta cierto punto), y Bush II, así como Obama (hasta cierto punto), en contraste con los sectores que por múltiples razones votaron por Sanders en las primarias, y que hoy se debaten entre votar por Hillary –para trancar a Trump– o abstenerse, pues su programa para resolver la agenda interna no es, en definitiva, el que lidera la candidata demócrata.

 

La iniciativa y liderazgo de Sanders, al defender e impulsar que el pueblo de los EU tiene derecho a una vida mejor, traducido en un programa de demandas concretas que contiene, entre otros aspectos, reivindicaciones como derecho al cuidado médico universal, salario mínimo de 15 dólares hora, defensa del bien público, matrículas gratis para la universidad pública, escuelas públicas, oficina de correos público, quedan pendientes de concreción pues ninguna de ellas será liderada por Clinton.

 

“Hagamos a América grande otra vez”

 

Recuperar el esplendor de los Estados Unidos, la promesa de Donald Trump como candidato presidencial, dando a entender que el país perdió su pujanza porque los inmigrantes latinos, negros y musulmanes lo están destruyendo, ha pesar de no reposar en realidad alguna, es bien recibido por los sectores más tradicionales de este país-potencia. De ahí que se atreva a prometer un muro impenetrable entre México y los EU, por donde ni el sol penetre, deportando a los 11 millones de inmigrantes indocumentados que viven allí, prometiendo revisar la Constitución para que los que llama “bebes ancla” –los “nacidos sin papeles, es decir, los hijos de inmigrantes indocumentados nacidos allí– no sean considerados ciudadanos gringos, lo que afectaría entre 4-5 millones de niños.
Propuesta que en parte ya es realidad, pues durante la administración Obama han deportado a más de dos millones de inmigrantes, incluyendo a mujeres y niños, 400.000 por año según lo programado, y según un artículo del New York Time de 01/09/15; lo que no es casual: el presupuesto para la patrulla fronteriza fue incrementado en 4.000 millones de dólares año, su personal fue duplicado desde el 2004 hasta los 21.000 efectivos actuales, y han levantado más de 650 millas de muro con sensores y bajo vigilancia de aviones no tripulados. Entonces, estamos ante una política de las clases dominantes, pero hoy liderada por el sector más derechista de los republicanos.

 

Propuestas que también llaman la atención porque, a pesar de ser levantadas por Donald Trump, no son precisamente conservadoras, pues desde las toldas del Partido Republicano cuestionan las posiciones del candidato oficial. Es necesario recordar que un conservador en los EU se opone al poder centralizado y apoya la libre empresa, posición que manifiesta oponiéndose a las políticas demócratas de regulaciones económicas e incremento de los impuestos. Con sus propuestas sobre la salud, y las regulaciones a cierto tipo de capitalismo, Trump viola estos principios; además, para un republicano es repulsivo que exista un líder que represente el poder autoritario centralizado, que es como sectores conservadores ven a Trump con sus aires de grandeza.

 

Las propuestas de Trump, sin embargo, suenan bien en cierto ambiente de “izquierda”. Entre lo prometido está: renegociar el Nafta, acabar con el Tratado Transpacífico-TPP, exigirle a la Otan pago por las inversiones de los EU, o acabarla si no es capaz de controlar el Medio y Próximo Oriente, exigirle a Japón que devuelva parte de la ayuda de EU., bloquear a China, dejar de apoyar la deslocalización industrial, priorizando la industria doméstica para generar empleos, inexistentes por culpa de los poderosos de Wall Street.

 

Propuestas que, aunque parecen progresistas, resumen todo un programa imperialista orientado hacia adentro, para poder fortalecerse y desde allí enfrentar al mundo.

 

La candidata del Wall Street

 

Hillary, la candidata del Wall Street, de los poderosos del capital financiero, no tiene las intenciones de Trump pues sabe muy bien que hoy la economía mundial está en el sureste de Asia, sobre todo en China, de ahí que su estrategia tenga que ver con el control de Asia, para lo cual necesita el TPP. Sabe que para los sectores dominantes el Nafta es clave, que América Latina es necesaria. Sabe que la recuperación transitoria de la economía de los EU le da la posibilidad de manejar la inversión pública, pero centrada en el capital financiero especulativo. Y también sabe que su posición servirá para contener el avance del fascismo.

 

El control de armas

 

Este es un tema de mucha repercusión en el país del Norte, pues no solo toca con ámbitos constitucionales sino también y, por ello mismo, con derechos civiles y poderosos intereses económicos y militares. Donald Trump apoya y es apoyado por la Asociación Nacional del Rifle, opuesta al control de armas; cuando el candidato republicano dice que deben controlarse las armas, no se refiere a esas armas sino a las que por cualquier razón están en manos de inmigrantes o de afro-americanos.

 

Realidad compleja. El movimiento de milicias de derecha es tal vez el más grave problema de seguridad que hoy tienen los EEUU. Movimiento integrado por fundamentalistas cristianos opuestos al control de armas y al poder centralizado; hombres y mujeres de entre 20 y 40 años, blancos, cristianos y enemigos de todo lo que no sea “americano”. Se dice que desde que comenzaron a operar, a mediados de la década de los noventa del siglo pasado, han crecido hanta conformar 602 “grupos de odio” activos, dentro de los cuales están las 221 milicias armadas, con más de 70.000 integrantes.

 

Estos grupos, a su vez, tienen dentro de sus metas atacar o bloquear objetivos como las clínicas para interrumpir embarazos, las organizaciones feministas, las organizaciones de defensa de derechos humanos, de defensa de los inmigrantes, de diversidad sexual, de diversidad cultural; actúan en pro de la defensa de la supremacía blanca y contra los inmigrantes, atacan al gobierno central y a lo que llaman “judeo-bolchevismo”. Estos grupos tienen apoyo del sector “duro” del Partido Republicano, como las arengas anti mujeres de Fiorina, las campañas anti musulmanas de Carson, o las anti latinas de Cruz, etcétera.

 

Así que la candidata demócrata, que dice regulará el control de armas, la tiene bien dura, podrá hasta cierto punto frenar los atentados terroristas de los últimos tiempos, pero no podrá acabar con ellos; cuando Trump le dice a la Asociación del Rifle que dispare contra Hillary, no es un chiste de humor negro, no, en el actual contexto de los EU no lo es. Entonces, la tendencia a la fascistizacion de la sociedad estadounidense no parece pura especulación de “izquierdistas trasnochados”.

 

La población blanca se reduce

 

Otra de las inquietudes de los dos candidatos presidenciales, expresada de distintas maneras, se refiere a las condiciones de la población apta para votar.

 

La población total de los Estados Unidos está estimada en 324 millones, pero resulta que la población blanca no latina, apta para votar, es de 156 millones, mientras que las minorías suman 70 millones, o sea un total de 226 millones aptos para votar. La blanca no latina tiende a disminuir, mientras la asiática, latina y afroamericana, asciende.

 

Los electores blancos no latinos, que en 1972 registraron el 89 por ciento, para el año 2012 alcanzaban al 72 por ciento, mientras crecen la población latina en un 17 por ciento, la asiática en un 16, la afroamericana en un 6 por ciento, y la población blanca no latina en un 2 por ciento. Esto se debe a que la población blanca no latina está compuesta básicamente por gente de edad, mientras que la latina es bastante joven. Esta es una de las razones para que Donald Trump, y los fascistas o supremacistas, pero también el gobierno de Obama y los demócratas, consideren muy peligrosa la llegada de inmigrantes, y razón de los debates sobre este tema que incluiría la condición de 11 millones de ellos, indocumentados. En los Estados Unidos viven 53 millones de latinos, 32 millones de ellos mejicanos.

 

En fin, para las elecciones de noviembre el pueblo de los Estados Unidos se debate entre una candidata demócrata de los poderosos del Wall Street y de Silicón Valley, y un candidato republicano expresión de la derecha fascista. A la par de ello, o en el subfondo, como topos, vastos sectores que desconfían de estas opciones, prosiguen su labor en pro de mejores tiempos.

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Las FARC desaparecen como grupo armado sin dar detalles de cómo será su futuro político

La X Conferencia de la guerrilla termina con un cúmulo de buenas intenciones pero pocas concreciones después de 52 años de guerra


A las 18.00 de la tarde del 23 de septiembre de 2016, las FARC-EP dejaron de existir como grupo armado. “Por fin tenemos una segunda oportunidad sobre la Tierra”, ha dicho Timochenko, comandante en jefe de la guerrilla más antigua de América Latina, sobre el gran escenario que corona el recinto donde desde hace una semana se celebra la X Conferencia de la insurgencia. Acompañado de todo el Estado Mayor y el Secretariado, los órganos de dirección del diario, volvió a dar por acabada la guerra, jaleó a la paz de Colombia y refrendó, en nombre de sus camaradas, los acuerdos de paz negociados en La Habana durante los últimos cuatro años. No dio, sin embargo, muchos detalles de lo que será la futura formación política.


En las sabanas del Yarí, al suroriente del país, donde la guerra vivió sus peores momentos durante este medio siglo de confrontación, Timochenko ha entregado un discurso de reconciliación nacional con pocas sorpresas, ante una multitud de camaradas y unos cuantos invitados especiales como el portero René Higuita, Piedad Córdoba, exsenadora e Imelda Daza, líder de la Unión Patriótica, entre otros. Tras siete días de trabajo, con sesiones maratónicas en las que han participado más de 200 delegados llegados de distintos bloques de Colombia y otra multitud de guerrilleros invitados, no ha querido adelantar cómo será la formación política que se empezará a construir tras este evento. Ha sido Iván Márquez, miembro del Secretariado y jefe negociador en Cuba, momentos antes, el encargado de anunciar que “a más tardar” el próximo mayo se celebrará el Congreso fundacional, “si se implementan los acuerdos de La Habana”.


La guerrilla tiene asegurados cinco curules (escaños) en el Parlamento después de las elecciones presidenciales de 2018, pero muchos de sus responsables saben que el plazo es demasiado corto para consolidar el apoyo popular necesario. Al Congreso se llegará con una nueva y ampliada dirección, según ha avanzado Márquez, que será la responsable del programa, el estatuto y la línea política, además de definir su funcionamiento. “Comenzará con los ya excombatientes guerrilleros pero tendrá que ampliarse a otros sectores”, ha asegurado el comandante Pastor Alape. “Habrá debates internos, espacios asamblearios y de dirección en un marco de democracia interna. No será una organización vertical”.


En ningún momento, a lo largo de la semana, ha habido duda de que la “línea histórica de cohesión” de las FARC, en palabras de los comandantes, se iba a torcer. La esperada aprobación unánime de los documentos de La Habana confirma que la insurgencia tiene en los acuerdos el punto de apoyo sobre el que sujeta cualquier paso a dar a partir de este momento. “La llegada de la guerrilla a las zonas veredales se hará cuando todo lo acordado esté en firme, incluida la ley de amnistía”, ha insistido Carlos Antonio Lozada, miembro del Secretariado. A partir del denominado Día D, el 26 de septiembre con la rúbrica en Cartagena, las FARC tendrán 30 días para comenzar con el traslado. La comandancia confía en que el Congreso recurra a los mecanismos de tramitación rápida de los que dispone para que se cumplan los plazos firmados en los acuerdos.


El llamamiento a una gran convergencia de fuerzas para implementar los puntos del proceso de paz que ha hecho Timochenko ya había resonado con fuerza en las ruedas de prensa de la Conferencia. Alape y Lozada se habían encargado de explicar que el partido que surja buscará alianzas con diversos sectores “y no solo los de izquierda”. El objetivo final, en palabras de Márquez, es “propiciar un proceso constituyente que conduzca a la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente”. Desde que comenzara el proceso de paz en Cuba, y especialmente en sus etapas finales, las FARC han luchado por un cambio en la Carta Magna. Aceptaron el plebiscito del próximo 2 de octubre como mecanismo de refrendación tras largas discusiones, pero en la clausura han reconfirmado que no se conforman con la modificación que dará rango constitucional a lo pactado.


“Llega una gran transformación política, social y cultural que los colombianos no alcanzan a imaginar”, ha dicho el comandante en jefe. Las FARC transitarán a la legalidad como formación política para que “no sea necesario volver a alzarse en armas” y tendrán que adaptarse a lo que denominan “la democracia burguesa” desde dentro. A la espera de lo que se concluya en el Congreso del próximo mayo, líderes como Alape ya han adelantado que no buscarán “la transformación hacia el socialismo”. La guerrilla ha ido cambiando su discurso bélico hacia uno más político en el que ya se atisban claras estrategias para no vincularse con una única opción ideológica. “Cuando llegue el momento nos acogeremos a la ley de partidos vigente en Colombia y tendremos que dar soporte de nuestros ingresos”, ha añadido Lozada reafirmando la intención de formar parte del sistema con el que no están del todo de acuerdo.


En la distancia que han querido marcar con el Estado al que se van a incorporar ha habido un punto de encuentro: las víctimas. “Tendrán su reconocimiento y en el esclarecimiento de la verdad, a través de la Justicia Especial, se determinarán las responsabilidades en el conflicto, incluidas las nuestras”. El comandante en jefe de las FARC también ha tenido un recuerdo para el presidente Juan Manuel Santos por “haber iniciado las negociaciones y por su empeño en la firma final”.


Termina medio siglo de confrontación fratricida en Colombia. La guerra que ha dejado cerca de ocho millones de víctimas. Las armas de las FARC se entregarán al mecanismo de verificación de la ONU y se fundirán en tres monumentos que ratifiquen la no repetición. Falta que la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) inicie su proceso para que de verdad los fusiles y las balas dejen de silbar en América Latina.

Llanos del Yarí 24 SEP 2016 - 03:21 COT

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¿Está el Estado del Bienestar muerto? Crítica a Yanis Varoufakis

Siempre leo con gran interés los escritos de Yanis Varoufakis. Y frecuentemente cuelgo en mi blog sus entrevistas o conferencias que me llegan, tanto aquellas con las que estoy de acuerdo como aquellas con las que estoy en desacuerdo. Naturalmente que coincido con sus críticas a la Troika y al comportamiento del Eurogrupo (los ministros de Economía y Finanzas de los países de la Eurozona), y muy en especial en el caso griego, aunque en este último caso difiero respecto a algún componente de su crítica y de las conclusiones a las que llega en base a tal crítica, como consta en el artículo escrito hace ya casi un año en Público (“Crítica amistosa a Varoufakis y a sectores de las izquierdas sobre lo ocurrido en Grecia”, 19.10.15). Saludo también el establecimiento de un movimiento europeo que él ha fundado, y que ahora lidera, cuyo objetivo es la democratización de la gobernanza de Europa, gobernanza carente hoy de las más mínimas reglas de convivencia democrática, aunque ahí tenga yo también algunas diferencias con él. Tales diferencias alcanzan su máximo nivel cuando en una conferencia reciente, que detallaré más tarde en el artículo, ha hecho la acusación de que los Estado del Bienestar en los países capitalistas desarrollados están ya muertos, junto con los partidos socialdemócratas que los establecieron, proponiendo en su lugar que se establezca la Renta Básica Universal (RBU), de la que es uno de los máximos promotores. No hay duda de que la socialdemocracia en Europa está en declive. Pero asumir que el Estado del Bienestar está también muerto me parece un gran error. En ambas “muertes” Varoufakis atribuye tal situación a que los Estados-nación ya no pintan nada, pues han perdido toda soberanía. Y ahí está la raíz de nuestro desacuerdo.

 

¿Ha muerto el Estado-nación?

 

Creo que una de las raíces de este desacuerdo es su visión de los Estados-nación, a los que considera carentes de poder y capacidad de decisión, especialmente aquellos que forman parte de la Eurozona. Así, en un interesante libro publicado en 2016, Un plan para Europa, de Icaria Editorial (escrito conjuntamente con Gerardo Pisarello –una de las mentes más claras en el movimiento progresista catalán–, con cuyas tesis estoy totalmente de acuerdo), Varoufakis, en la parte del libro en la que expone sus tesis en forma de entrevista, indica que los Estados-nación han perdido toda su soberanía, habiéndose convertido en parte del problema en lugar de la solución. Así, señala que los gobiernos hoy “transmiten a los parlamentos lo que queda decidido a nivel del Eurogrupo (o de la Cámara Europea o del Consejo Europeo) y los parlamentos solo están para que se les ordene lo que deben hacer” (p. 66).

 

Ni que decir tiene que la pertenencia de España al Eurogrupo establece unas limitaciones graves en cuanto a lo que el Estado español puede hacer o dejar de hacer. Pero encuentro su posición extrema (aunque comprensible por su experiencia en el caso de Grecia), pues los Estados-nación continúan jugando un papel clave. El Estado alemán, por ejemplo, juega un papel determinante y dominante entre los Estados-nación de la Eurozona. Y la relación inter-Estados juega también una labor esencial. La supeditación y docilidad del gobierno Rajoy hacia el gobierno alemán se expresa en su interdependencia con las políticas realizadas por tales Estados.

 

Lo que parece olvidarse con excesiva frecuencia es que los Estados continúan reproduciendo las relaciones de poder existentes en un país, incluyendo las relaciones de poder de clase social. Es importante recuperar las categorías analíticas que han desaparecido en gran parte de los estudios de lo que está ocurriendo en la Eurozona. Las clases sociales y el conflicto entre ellas, dentro de cada Estado, son esenciales para entender el comportamiento de tales Estados. Las ausencias de estas variables en los análisis de Varoufakis limitan su comprensión de la supuesta pérdida de soberanía de los Estados. Hay que concienciarse de que la burguesía española, por ejemplo, tiene más cosas en común, en cuanto a sus intereses, con la burguesía alemana, que con las clases populares españolas. De ahí que el Estado español, hoy instrumentalizado por la burguesía española, esté aplicando políticas auténticamente reaccionarias bajo el argumento de que no tiene libertad para llevar a cabo otras (como Varoufakis parece creer), cuando es obvio que sí que hay políticas alternativas. En España, por ejemplo, el presidente socialista Zapatero congeló las pensiones para conseguir 1.200 millones de euros, a fin de corregir el déficit del Estado, cuando podría haber conseguido muchos más revirtiendo la bajada de impuestos de sucesiones (2.552 millones) o manteniendo el de patrimonio (2.100 millones). Y el presidente conservador Rajoy podría haberse evitado recortar 6.000 millones de euros de la sanidad pública revirtiendo la bajada del impuesto de sociedades de las empresas que facturan más de 150 millones de euros al año, y que representan solo el 0,12% de todas las empresas. El Estado siempre aplica políticas de clase, y el tema fundamental es de qué clase social. No es cierto, pues, que el Estado-nación no pueda hacer nada. Decir que los Estados-nación no pueden hacer nada es darle la razón a Zapatero o a Rajoy cuando dicen que no hay otras políticas públicas posibles. ¡Sí que las hay! ¡Hay alternativas a las políticas de austeridad! El gran problema de Grecia es, como subrayé en el artículo citado anteriormente, que era un Estado pequeño y fallido, que lo hizo enormemente vulnerable a las presiones del Estado alemán. Y además de ser un Estado muy débil, estaba muy solo. Pero hoy ya hay un número creciente de Estados, con mayor peso, que pueden variar estas políticas. Y parte de la solución serían las alianzas entre Estados en contra de estas políticas, que no ocurrirán a no ser que cambien las relaciones de poder dentro de cada Estado.

 

La externalización de responsabilidades como justificación de las políticas impopulares

 

Pero existe otro punto de desacuerdo con Varoufakis, relacionado con el desacuerdo anterior. El ningunear al Estado-nación lleva a abandonar una lucha a nivel de dicho Estado-nación, creando un vacío que lo están aprovechando movimientos nacionalistas de ultraderecha, algunos de claro carácter fascista y/o nazi. Hoy, como el mismo Varoufakis ha acentuado, uno de los mayores peligros existentes en la Unión Europea es la eclosión de movimientos nacionalistas de ultraderecha en cada uno de sus países. Y una de las causas de que ello esté ocurriendo es precisamente la desatención que las izquierdas han dado a algunos de los temas más movilizadores entre las clases populares, que solían ser la base de su apoyo electoral. No solo los partidos conservadores y liberales, sino también los partidos socialdemócratas, por ejemplo, justifican las políticas de austeridad y las reformas reaccionarias de los mercados de trabajo bajo el argumento de que son las únicas posibles, pues otras son de imposible aplicación debido a la globalización, o a la integración europea, o a cualquier factor externo. La externalización de responsabilidades es la medida más común hoy utilizada por los gobiernos de sensibilidad liberal o socioliberal (que son la mayoría). Admiten que sus políticas son impopulares pero subrayan que son las que exigen Bruselas o Frankfurt. Y aquí en Catalunya, el gobierno de derechas catalán indica que la culpa es de Madrid. No es extraño, pues, que veamos hoy votantes del Partido Comunista votar a partidos de ultraderecha.

 

Los cinturones rojos de las grandes ciudades en Francia que votaban al PCF han pasado a votar a Le Pen. Pero esto no solo ocurre en el país galo, pues una de las causas de esta situación es precisamente el auge del nacionalismo en muchos países de la Unión Europea, es decir, el incremento del sentido identitario nacional frente al establishment político-mediático que gobierna la Eurozona, que es percibido como el responsable de la pérdida de identidad y poder de decisión conocido como soberanía nacional, cedida a dicho establishment europeo por las clases dominantes de cada país, que consiguen el desmantelamiento del Estado del Bienestar y el descenso salarial a través de aquel establishment europeo, lo que no podían conseguir a nivel estatal.

 

La supuesta muerte de la socialdemocracia y de su Estado del Bienestar

 

De esta percepción del Estado-nación como carente de capacidad de decisión, Varoufakis concluye que la socialdemocracia y el Estado del Bienestar que creó están muertos y sin capacidad de reacción. Permítanme que resuma su último discurso (que incluyo en este enlace) sobre este tema. Comienza haciendo aseveraciones que, tanto en su tono como en su contenido, pueden considerarse provocadoras (lo cual parece ser de su agrado, pues le gusta hacerlo con gran frecuencia). La primera es la de afirmar que las políticas públicas que han caracterizado a la socialdemocracia occidental (o el New Deal en EEUU) son demodé, es decir, no tienen futuro, pues son políticas insostenibles. De ahí que señale que “la socialdemocracia está muerta”. La segunda provocación (que se deriva de la anterior) es su afirmación de que “el Estado del Bienestar está (también) muerto”, ya que las transferencias públicas y los servicios públicos del Estado del Bienestar no pueden financiarse y mantenerse, pues al estar financiados con las rentas del trabajo (es decir, con las cotizaciones sociales derivadas del salario) y su financiación depender de la existencia de puestos de trabajo, ello determina que la desaparición de un número significativo de tales puestos de trabajo (como resultado de la revolución digital, incluyendo intervenciones tecnológicas, como la robótica, que está causando la destrucción masiva de gran parte de los puestos de trabajo), haga insostenible tal Estado del Bienestar. Esta destrucción de los generadores de los fondos con los cuales sostener tales transferencias y servicios públicos es la causa de que el Estado del Bienestar no tenga futuro, pues no puede financiarse. De ahí la necesidad de responder a la enorme crisis social que se ha ido desarrollando en estos años de recesión (que alcanza niveles de depresión en los países del sur de Europa como España, Grecia y Portugal) a través de la Renta Básica Universal, que es la distribución de una renta básica por parte del Estado a todos los ciudadanos y residentes de un país.

 

Las consecuencias de la financiarización de la economía

 

Otra razón que –según Varoufakis- justifica el establecimiento de la RBU es la financiarización de la economía en el capitalismo actual. Durante estos años hemos estado viendo la expansión del sector financiero a costa de la economía productiva, lo cual complica todavía más la sostenibilidad del Estado del Bienestar, pues al disminuir la economía productiva disminuye también la fuerza laboral, que es la que financia el Estado del Bienestar. Según Varoufakis, la actividad financiera está, pues, sustituyendo a la producción de bienes y al consumo, sujetos de la economía real o productiva, y con ello a los puestos de trabajo y a los trabajadores, dificultando todavía más la financiación del Estado del Bienestar, basada –como se ha señalado antes- en la gravación de las rentas del trabajo. En EEUU, esta transformación del capitalismo aparece en el traslado del centro de poder de Chicago (centro manufacturero) a Wall Street (centro financiero). Esta financiarización de la economía determina que al disminuir el trabajo disponible, también disminuye la demanda, causa del decrecimiento económico que conocemos como la Gran Recesión.

 

La solución a esta gran crisis social y económica es –de nuevo, según Varoufakis- gravar a las rentas superiores (derivadas en gran parte de la gran expansión del sector financiero), distribuyendo los ingresos públicos obtenidos a partir de esta medida a todos los ciudadanos y residentes, asignando a cada persona la misma cantidad, una renta básica que permita a la persona vivir con dignidad.

 

La aplicación de esta medida tendría –según él- varias consecuencias. Una sería la de eliminar la pobreza y reducir las desigualdades sociales. Otra, la de incentivar la demanda (pues las clases populares consumen más que ahorran, ya que tienen una gran cantidad de necesidades insatisfechas, mientras que las clases más pudientes ahorran más que consumen). Y una tercera consecuencia, de gran importancia también, sería el empoderamiento de la población trabajadora, pues la RBU la haría más resistente frente a las demandas de los empleadores, ya que sus necesidades mínimas estarían ya cubiertas. Hasta aquí el resumen de su argumentación a favor de la RBU.

 

¿Cuáles son los problemas de esta argumentación?

 

Antes de comenzar la crítica debo subrayar que hay elementos de este análisis, como la creciente financiarización de la economía, con los que estoy totalmente de acuerdo. Pero con otros no. Y uno de ellos consiste en sus observaciones sobre lo que él considera los límites y la imposibilidad de desarrollar políticas socialdemócratas, así como políticas de expansión del Estado del Bienestar, a los dos lados del Atlántico Norte. Esta tesis está basada, en parte, en la pérdida de soberanía de los Estados, y, en parte, en su criterio (erróneo a mi manera de ver) para definir socialdemocracia y Estado del Bienestar. Me explicaré, comenzando con la discusión de los supuestos límites de la socialdemocracia. Pero para ello es necesario señalar que el gran fracaso de los partidos socialdemócratas (que, recordemos, estaban enraizados en el mundo del trabajo en su objetivo de establecer el socialismo) no se debe a la socialdemocracia en sí, sino más bien lo contrario, es decir, a su abandono. Es una realidad bien documentada que a partir de Blair & Co. (aunque algunos podrían indicar que se había iniciado ya con Mitterrand) hubo un claro abandono del proyecto socialdemócrata.

 

El socialismo era y continúa siendo el proyecto de establecer una sociedad cuyo objetivo es distribuir los recursos según la necesidad de los ciudadanos, financiados según la habilidad y capacidad de cada ciudadano, siendo necesidad, habilidad y capacidad definidas democráticamente. Este objetivo continúa siendo vigente y aplicable. Casi el 78% de la ciudadanía de los países de la UE está de acuerdo con el principio de que “a cada uno según su necesidad, y de cada uno según su habilidad y capacidad”. Y estamos viendo a los dos lados del Atlántico Norte la aparición de movimientos político-sociales, como el movimiento liderado por el candidato Sanders en EEUU, y los movimientos contestatarios en Europa, como Unidos Podemos, que están adquiriendo gran importancia, y que están comprometidos claramente con este principio socialista, a alcanzar a través de la vía democrática, proponiendo políticas públicas que solían identificarse con la socialdemocracia antes de que esta dejara de serlo.

 

El Estado del Bienestar que describe Varoufakis es el cristianodemócrata, no el socialista

 

Varoufakis parece desconocer que hay varios tipos de Estados del Bienestar. Y el que describe no es el Estado del Bienestar enraizado en la tradición socialdemócrata. Bismarck fue el fundador del Estado del Bienestar que Varoufakis describe y define erróneamente como “el Estado del Bienestar”. En este Estado del Bienestar, el de Bismarck, la financiación corre a cargo de las cotizaciones sociales basadas en el mercado del trabajo. Es este Estado del Bienestar cuya sostenibilidad depende de la situación del mercado de trabajo. Y el deterioro de este mercado de trabajo crea un problema de sostenibilidad grave, como estamos viendo hoy en España.

 

Pero en los países escandinavos del norte de Europa, de tradición socialdemócrata, donde el mundo del trabajo históricamente ha sido fuerte, la financiación de la mayoría de transferencias y servicios del Estado del Bienestar no viene de las cotizaciones sociales basadas en el mercado de trabajo, sino de los fondos generales del Estado, y por lo tanto de la voluntad popular. Dependiendo del grado de influencia que los distintos actores de la sociedad (entre los cuales los más determinantes son el mundo del capital y el mundo del trabajo) tienen sobre el Estado, encontramos Estados del Bienestar bien desarrollados, y otros poco financiados. En general, a mayor influencia del mundo del capital, menores son los ingresos al Estado, y, como consecuencia, el Estado del Bienestar está menos desarrollado, tal como ocurre en el sur de Europa. Es fácil de entender que el nivel de gravamen de las rentas del capital es una variable política, es decir, que depende de las relaciones de poder en cada país. En todos los países del sur de Europa, sus Estados del Bienestar están subfinanciados, asignando el Estado a los temas sociales muchos menos recursos públicos de los que debería y podría gastar. En realidad, todos ellos tienen los recursos para financiar mejor sus Estados del Bienestar. Tienen el dinero, pero el Estado no tiene la voluntad de recogerlo. Y ahí está uno de los desacuerdos entre Varoufakis y yo. Varoufakis asume que los Estados-nación no tienen alternativas a las políticas neoliberales que se les imponen, y yo creo que sí que las tienen.

 

Que graven más o menos depende de las relaciones de poder de cada país. Asumir, como hace Varoufakis, que los Estados-nación no tienen poder de decisión, habiendo perdido toda soberanía, es, como he dicho antes, dar la razón a los gobiernos que imponen políticas de austeridad altamente impopulares, cuando las justifican diciendo que no tienen otras alternativas.

 

¿Qué soluciones hay?

 

Cualquier solución a la crisis actual pasa por un aumento de los ingresos al Estado, lo que requiere un cambio en los actores que configuran las políticas públicas de tales Estados. No creo que haya mucho desacuerdo en este punto. El desacuerdo, pues, es probable que radique no tanto en los ingresos, sino en los gastos. Y es ahí donde Varoufakis desatiende el Estado del Bienestar demasiado rápidamente. Según él, el dinero debe ir a cada ciudadano o residente, siéndole transferida la misma cantidad de dinero a cada persona, sea ciudadano o residente. Pero, ¿por qué la misma cantidad? Si el objetivo de la RBU es reducir la pobreza, es fácil mostrar que los países que han sido más exitosos en reducir la pobreza han sido aquellos países escandinavos que han seguido precisamente las políticas de tradición socialdemócrata, mediante transferencias y servicios públicos, lo cual implica también garantizar unos ingresos a cada ciudadano que le permitan una vida digna mediante la transferencia de fondos y servicios públicos que representan una cantidad superior a la que recibiría mediante la RBU.

 

Un tanto igual ocurre en cuanto a la reducción de las desigualdades. Los países que han sido más exitosos, y que han conseguido alcanzar los niveles de desigualdades más bajos en la UE y en Norteamérica, han sido aquellos que han utilizado las medidas redistributivas y han utilizado las políticas laborales y sociales para alcanzar tal fin. Si se quiere reducir la pobreza y las desigualdades, no tiene sentido dar la misma cantidad de dinero al pobre que a todos los demás. Se le debería dar más. Por otra parte, el coste de la RBU sería considerable: muy probablemente unos porcentajes del PIB de varios puntos. Añádase a esta consideración el hecho de que el déficit social de los países del sur de Europa es enorme. ¿Sería la RBU además o en lugar de la corrección de este enorme déficit social? Pedir como prioritaria la implementación de la RBU hoy en estos países es dejar de cubrir el enorme déficit social que tienen. Podría argumentarse que la RBU podría tener sentido una vez los elementos básicos del Estado del Bienestar estuvieran satisfechos. Pero en el sur de Europa distan mucho de serlo. ¿No cree Varoufakis que en estos países es mucho más urgente resolver este enorme déficit social que implementar la RBU? Esperaría que pudiéramos estar de acuerdo en ello.

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Miércoles, 27 Julio 2016 08:24

Hayek versus Keynes: el debate del siglo

Hayek versus Keynes: el debate del siglo


Al comenzar la década de 1930 la economía mundial se encontraba sumida en la crisis más profunda de su historia. La gran obra de John Maynard Keynes sobre la inestabilidad de las economías capitalistas estaba en gestación. La trayectoria intelectual que seguiría este economista se vería atravesada por una controversia que muchos han calificado como "el debate del siglo". La relevancia de esta polémica en el contexto actual no puede ser ignorada.

 

Las líneas divisorias que hoy cruzan el pensamiento económico le deben mucho a ese debate. Por ejemplo, el análisis sobre el papel del Estado y la política en la gestión económica depende de manera esencial de aquella polémica.

 

En esencia, el paisaje del campo de batalla quedó claramente definido desde las primeras escaramuzas entre Hayek y Keynes. Por un lado, encontramos la creencia en la existencia de fuerzas estabilizadoras en los mercados. Por el otro, nos topamos con un esfuerzo analítico centrado en la inestabilidad intrínseca de las economías capitalistas. Pero nos estamos adelantando. Vamos por partes.

 

En 1928 un joven economista austriaco de nombre Friedrich Hayek fue invitado a dar tres conferencias en la célebre London School of Economics (LSE). Sus anfitriones quedaron encantados. Una de las estrellas ascendentes de la LSE, Lionel Robbins, invitó a Hayek a pasar una temporada en la LSE: su plan era convertirlo en el ariete central para atacar las tesis que comenzaban a surgir del grupo cercano a Keynes en la Universidad de Cambridge.

 

Keynes había saltado a la fama en 1919 por su pequeño gran libro Las consecuencias económicas de la paz, en el que presentó una dura crítica al revanchista Tratado de Versalles. Keynes mostró que Alemania no soportaría las reparaciones de guerra impuestas por los vencedores y que la inestabilidad política sería uno de los resultados. En el contexto actual de la imposición de medidas de austeridad fiscal sobre los países de Europa, el libro de Keynes sigue siendo un poderoso llamado a la reflexión.

 

El 1923 Keynes publicó su Ensayo sobre la reforma monetaria, en el que sostuvo que los cambios en la cantidad de moneda podían inducir una expansión o una contracción de la actividad económica al generar incertidumbre sobre los precios futuros. La conclusión era clara: se necesitaba una política monetaria activa para estabilizar el nivel general de precios. Pero Hayek concluyó que una política monetaria podía disfrazar tendencias inflacionarias y aquí comienza la larga e importante controversia entre Keynes y Hayek.

 

La polémica se agudizó en 1931, cuando salieron publicados dos de los más importantes libros de estos economistas: Precios y producción, de Hayek, y el Tratado sobre la moneda, de Keynes. Poco a poco se iba perfilando el duro contraste entre las posturas de los dos autores. Hayek sostenía que el incremento en el ahorro traería consigo una mayor inversión en bienes de producción. En cambio, Keynes argumentaba que un incremento en el ahorro podía traer aparejado una contracción económica si no iba acompañado de expectativas favorables a la inversión.

 

Para Hayek, el análisis de Keynes conducía a una de las peores herejías: el desequilibrio entre ahorro e inversión no podía ser corregido por las fuerzas del mercado. Esto significaba que no existía un mecanismo corrector capaz de rectificar las posibles disparidades en una dimensión tan importante de la economía. Para Hayek lo peor era que esa conclusión podía generalizarse a toda la economía: no habría ningún mecanismo endógeno capaz de mantener el equilibrio entre oferta y demanda.

 

El contenido teórico de la discusión se hizo cada vez más complejo y, al transcurrir los años, sólo un pequeño grupo de especialistas podía seguir de cerca los argumentos de cada grupo. En 1932 otro economista del círculo cercano a Keynes, Piero Sraffa, dio a conocer una durísima crítica a la obra de Hayek. El ataque se centró en el papel que jugaba la llamada "tasa natural de interés" en la obra del austriaco. La crítica de Sraffa sería decisiva: Hayek nunca volvió a escribir un libro de teoría económica y tampoco abrió un debate con Keynes sobre la Teoría general. Desde 1937, cuando terminó la polémica con Sraffa, Hayek se fue dedicando a un género que le sentaba muy bien, el del panegírico ideológico. El libro que lo consagró, el Camino de servidumbre, es una obra de opinión en la que todo lo que huele a intervención gubernamental es considerado un embrión de socialismo totalitario o de fascismo. Pero Keynes señaló que el fascismo no había sido el resultado de una excesiva injerencia del gobierno en la economía, sino del desempleo y la inestabilidad del capitalismo.

 

Hayek tuvo la ventaja de haber sobrevivido por varias décadas a Keynes. Así pudo atacar a un contrincante que no podía responderle. Durante su larga vida, Hayek mantuvo su fe en las virtudes del libre mercado y su capacidad de autorregulación. Pero la fe y la ciencia no son buenas compañeras.

 

 Twitter: @anadaloficial

 

 

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Domingo, 17 Abril 2016 07:40

En busca de un nuevo paradigma

En busca de un nuevo paradigma

LA ONU DISCUTE ESTA SEMANA LAS POLITICAS DE DROGAS Y EL NARCOTRAFICO

 

Será una sesión especial de la Asamblea General. El debate girará en torno del actual modelo represivo y la llamada “guerra contra las drogas”, que demostraron su fracaso rotundo, y una nueva visión que convierta el problema en un asunto de salud pública y derechos humanos.

 

Por primera vez en casi dos décadas, la Asamblea General de las Naciones Unidas dedicará a partir del martes una sesión especial para debatir sobre las políticas de drogas y el narcotráfico. Será un momento crucial para revisar y reformar el paradigma represivo, que viene demostrado su fracaso rotundo, con consecuencias graves sobre la salud y la vida de tantísimas personas y comunidades alrededor del mundo, y particularmente en América latina. En la previa del debate internacional, líderes del mundo, de distintos ámbitos, se pronunciaron para pedir cambios y un nuevo régimen de control “basado en la ciencia, la compasión, la salud y los derechos humanos”, en lugar de “la criminalización y el castigo”. En la misma línea, una de las revistas médicas más prestigiosas, The Lancet, dedicó su editorial y un extenso artículo al tema y exhortó a que sea abordado como un problema de salud pública, dando cuenta, con evidencia científica, de que el enfoque punitivo ha terminado causando más daño, violencia y muertes que las sustancias ilícitas en sí mismas.


La sesión especial, que se extenderá por tres días, fue convocada respondiendo el llamado que en octubre de 2012 hicieron los presidentes de Colombia, México y Guatemala, a las Naciones Unidas para evaluar los alcances y limitaciones de la política vigente. En esa ocasión los mandatarios instaron a analizar todas las opciones disponibles con el fin de establecer un nuevo paradigma. Como insumo, en Viena, donde está la Comisión de Estupefacientes compuesta por 53 países, se preparó un documento que teóricamente debía identificar de manera concreta y práctica la manera de abordar los desafíos del problema de las drogas. Ese documento será la base del debate. En una entrevista de Página/12, en Nueva York, el consultor internacional colombiano en temas de seguridad y política criminal Juan Carlos Garzón, coordinador del proyecto “Crimen Organizado y Economías Criminales”, del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Georgetown, explicó los alcances de la cumbre y qué reformas se pueden esperar.


–¿Cambiará algo?


–Sí habrá algunos cambios. Destaco los que considero más importantes: Primero, la inclusión de la “flexibilidad” para diseñar y desarrollar las políticas de drogas, de acuerdo a las necesidades de cada país. Con esto se termina la política de la “talla única” para todos. Esto abrirá espacios para la innovación aunque probablemente hará más evidente los problemas de cohesión del actual sistema. Segundo, es posible que tengamos una redefinición de la meta de “un mundo libre de drogas” –acordada por los países en 1998–, a “una sociedad libre del abuso de drogas”. Para el lector desprevenido podrían parecer lo mismo. Sin embargo el hecho de enfatizar en el abuso, y no en el uso general de drogas, implica una localización y aceptar que la verdadera preocupación es el uso problemático de las drogas. Tercero, tenemos una inclusión moderada de un nuevo lenguaje. Las políticas de drogas ya no se podrán analizar de manera aislada sino en función del cumplimiento de los compromisos de los derechos humanos y también en la agenda del desarrollo. Esto se complementa con un mayor protagonismo por parte de otras agencias de Naciones Unidas lo cual podría impactar de manera positiva en un enfoque más equilibrado. Nada de esto sucederá de un día para otro, este es el principio del fin de la guerra contra las drogas, que avanzará con ritmos distintos en los países y que tomará tiempo. En algunos países seguiremos viendo el énfasis en la represión a pesar de los pocos avances, los enormes costos y los fracasos. En otros países veremos nuevas aproximaciones, más cercanas a la regulación.


–¿Qué países lideran la posición de mantener el paradigma vigente de la guerra contra las drogas?


–Los países que más fuertemente insisten en mantener la política actual, y que tienen una importante capacidad de influencia son China y Rusia, acompañados por algunos países asiáticos y también de Europa oriental. En Sudamérica la perspectiva más conservadora la ha tenido Perú.


–¿Cuáles impulsan el cambio de paradigma?


–Las voces más activas en el ámbito internacional han provenido de Colombia y México. También es importante destacar la insistencia de Uruguay y Costa Rica en el tema de derechos humanos. En la última Comisión de Estupefacientes en Viena, Suiza tuvo un papel muy activo. Además hay países que vienen apostando a un cambio como Portugal y República Checa, entre otros.


–¿Qué posición tuvo la Argentina en Viena?


–Argentina ha tenido un bajo perfil, participando en los debates, sin una voz fuerte. Esto es entendible por el momento de transición política, con la elección del nuevo Presidente. Luego de la salida de Juan Carlos Molina de la Sedronar, cuando la Argentina tuvo una posición crítica que abogaba por el cambio, el país ha pasado desapercibido en el debate actual.


–¿Cuáles son las principales evidencias del fracaso de la guerra contra las drogas?


–Ha fracasado porque privilegió un enfoque represivo que, lejos de alcanzar los objetivos propuestos, resultó más costoso y perjudicial que el problema que buscaba solucionar. La producción y el consumo de drogas en términos globales no solo no han tenido cambios significativos sino que además en algunas regiones y países se han agravado. Solo para dar un ejemplo, en Colombia, un país que aplicó al pie de la letra ese enfoque, el uso de drogas ha aumentado, la edad de inicio también y el mercado local ha ido en crecimiento. Además, la producción de drogas se ha incrementado y cada día nuevas sustancias están disponibles. En América latina, esta guerra no fue una metáfora y ha tenido importantes costos en términos de violencia, violaciones a los derechos humanos y la incapacidad de los Estados de proteger a sus ciudadanos. La combinación de medidas represivas con instituciones débiles ha sido explosiva. Hoy la región que concentra algo más del 8 por ciento de la población mundial tiene más del 30 por ciento de los homicidios a nivel global.


–Paradójicamente, el relato de que los problemas de inseguridad se deben al narcotráfico ha prendido tanto en la opinión pública que fue uno de los temas centrales de la última campaña electoral en Argentina...


–Esta narrativa es fácil de transmitir y orientar las responsabilidades a la existencia del mercado ilegal de drogas, restándole importancia a otro conjunto de factores que influyen en la violencia y el crimen, dentro de los cuales se encuentra la incapacidad del Estado para proteger a los ciudadanos. La política represiva es una manera de lidiar con la seguridad en las zonas marginales, estigmatizando amplios sectores de la población, en su mayoría jóvenes pobres. El miedo moviliza apoyos y le da espacios de intervención al Estado. No digo que el crimen organizado y el narcotráfico no sean una amenaza real, pero las verdaderas explicaciones hay que buscarlas en los débiles sistemas de justicia que concentran sus limitados recursos en eslabones más débiles.


–¿A quiénes beneficia el paradigma de la guerra contra las drogas? ¿Quiénes ganan?


–A los narcotraficantes y quienes sacan provecho del mercado ilegal de las drogas, empresarios y políticos, cuyas ganancias provienen justamente de la prohibición. Son los criminales quienes regulan el mercado, deciden sobre los precios, la calidad de los productos y la forma de acceder a las drogas. Se benefician quienes lavan activos, no solo en los países en desarrollo sino en los grandes centros financieros, fuerzas policiales que reciben recursos para aplicar las medidas represivas, funcionarios públicos corruptos que garanticen la impunidad de los traficantes y la burocracia creada para “luchar” contra las drogas.


¿Cuál es el problema de las drogas? Garzón, que es además investigador del Woodrow Wilson Center, con sede en Washington DC y de las Fundación Ideas para la Paz, de Colombia, lo pone en números: de los 264 millones de usuarios de drogas ilícita, que se estima hay en el mundo, se calcula que 27 millones tienen un consumo problemático, es decir, que el problema se reduce a poco más de la mitad de la población de la Argentina. Sin embargo, el gasto mundial en represión ronda los 100 billones de dólares, y al mismo tiempo, solo una de cada 6 personas que tienen un uso problemático de las drogas ilícitas tienen acceso sanitario.

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Lunes, 12 Octubre 2015 14:08

Delincuentes

Carl Snyder, Dyjuan Tatro y Carlos Polanco

El campeón nacional de debate, el equipo de la Universidad Harvard –la institución académica de la cúpula desde siempre– fue derrotado por un equipo de los nadie, de los sin nombre, los más marginados de esta sociedad: un equipo de reos.

 

Todo ocurrió en un concurso donde el campeón se enfrentó a un equipo compuesto de prisioneros de la Eastern New York Correctional Facility –prisión de alta seguridad– en el estado de Nueva York. Según las reglas de estos concursos, donde se forman grandes oradores, políticos, jefes empresariales y renombrados intelectuales (por ejemplo, Hillary Rodham Clinton fue integrante de un equipo de debate), los jueces asignan el tema y la posición que cada equipo tiene que defender, y en este caso los prisioneros tuvieron que abogar por la posición de que a escuelas públicas se les debería permitir negar la matriculación a estudiantes que son inmigrantes indocumentados, posición con la cual según ellos no estaban de acuerdo. El panel de tres jueces otorgó la victoria a los prisioneros, indicando que habían presentado argumentos sólidos que el equipo de Harvard no pudo refutar de manera efectiva o que ni había abordado.


Son pocos los equipos ante los cuales estamos orgullosos de haber perdido un debate, como el fenomenalmente inteligente y bien articulado que enfrentamos este fin de semana, declaró el equipo de Harvard. No es la primera vez que el equipo de prisioneros ha sorprendido; se han anotado triunfos contra West Point –la universidad militar más reconocida– y la Universidad de Vermont.


El equipo de debate –cuyos integrantes son prisioneros condenados por homicidio y otros delitos graves– es parte de una iniciativa de la Universidad Bard, en el estado de Nueva York, que, además del equipo de debate, ofrece cursos y licenciaturas para reos en seis prisiones de media y alta seguridad en la entidad. El profesor encargado de este equipo, David Register, subrayó el compromiso, disciplina y trabajo de los reos –dentro de las condiciones tan limitadas y controladas de una prisión– para prepararse, la constancia con la que estudian y practican con sus armas verbales, pero también invitando a todos a su alrededor a participar en este esfuerzo. Una de las metas primarias de la Unión de Debate Bard en Eastern es ofrecer una educación cívica robusta, donde nuestros estudiantes aprenden a participar en su propia gobernación, y muchos expresan que desean hacer contribuciones positivas a la sociedad. No tengo duda de que lo harán, escribió Register en The Guardian.


El concurso provocó enorme atención pública aquí, y muchos gozaron sólo con los encabezados: un equipo de prisioneros venció a Harvard.


Todo esto ocurrió durante días rodeados, inundados, de noticias espantosas: más balaceras en universidades, más detalles sobre el bombardeo de un hospital de Médicos Sin Fronteras (donde después de múltiples explicaciones y pretextos oficiales, finalmente el gobierno de Obama aceptó responsabilidad y ofreció disculpas y compensación, aunque aún enfrenta acusaciones de que cometió un crimen de guerra), más casos de corrupción política y económica, más detalles sobre cómo los ricos se hacen más ricos mientras todos los demás están cada vez peor, y más advertencias sobre cómo el planeta está al borde del Apocalipsis ecológico. Todo por acciones, decisiones, engaños y manipulaciones de las cúpulas de este país.


Más aún, ahora las cúpulas políticas y económicas trabajan de manera conjunta –sin esa famosa polarización política que se afirma que existe y entorpece todo en Washington– en la promoción del Acuerdo Traspacífico en nombre del bien para las grandes mayorías, a pesar de la oposición de sindicatos, agrupaciones ecológicas, economistas premios Nobel, defensores de salud pública, defensores de consumidores y más. Y todo lo negociado y sus implicaciones, oculto de esa sociedad civil que los políticos y empresarios dicen que se beneficiarán.


Mientras tanto, el espectáculo electoral sigue ofreciendo evidencias de corrupción legal en las cúpulas. El New York Times acaba de publicar una amplia investigación que descubre que sólo 158 familias ricas han donado casi la mitad de todos los fondos gastados en esta etapa inicial de la contienda presidencial, y señala que nunca tan pocos han dado tanto a las campañas desde los tiempos de Watergate, sinónimo de corrupción y maniobras políticas ilegales.


Como señala el Times, estas fortunas sirven de contrapeso a los cambios demográficos y políticos que están transformando Estados Unidos. Según una encuesta del New York Times/CBS News, dos tercios de los estadunidenses favorecen incrementar impuestos a los que ganan un millón de dólares o más al año; seis de cada diez favorecen mayor intervención gubernamental para reducir la brecha entre ricos y pobres; según otras encuestas, casi 70 por ciento está a favor de mantener los sistemas de bienestar social, o sea, a lo que se oponen casi todos los donantes más ricos y sus servidores políticos.


Mientras los súper ricos y los super-políticos logran seguir con el espectáculo llamado democracia, nunca había habido una desigualdad económica tan extrema desde la gran depresión, nunca había habido guerras que duraran tanto en la historia del país, nunca había habido tantas armas disponibles en una sociedad moderna, el índice de corrupción del sistema político ha llegado a un punto que alarma hasta a ex presidentes.


Ante esto, hay voces encabronadas, inteligentes, estudiosas, y sin miedo a enfrentarse a las cúpulas y sus famosas instituciones, y que están interesadas en ofrecer algo positivo a la sociedad. No pocos de ellos están en prisiones en el país más encarcelado del mundo.


Todo lo cual sugiere que la gente equivocada está en la cárcel y la gente equivocada está fuera de la cárcel, como decía el extraordinario historiador Howard Zinn.

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Jueves, 23 Abril 2015 14:41

El poder sigue naciendo del fusil

El poder sigue naciendo del fusil

En los momentos difíciles, durante los grandes traumas sociales, cuando la confusión y la opacidad se vuelven norma, acudir a los clásicos puede ayudar a despejar el panorama. Como sabemos, vivimos un periodo especialmente complejo, oscuros nubarrones asoman en el horizonte. A modo de ejemplo: no son pocos los analistas que consideran que una guerra nuclear es una de las posibilidades para resolver las múltiples crisis en curso (ver Pepe Escobar).

 

Una conocida carta de Marx a Engels (del 25 de septiembre de 1857) revela la importancia que el primero concedía al papel del ejército en la historia. Recordaba que el primer sistema de salarios nació en los ejércitos antiguos, así como la primera forma legal del derecho a la propiedad, el primer uso de la maquinaria en gran escala y hasta la primera forma de división del trabajo dentro de una rama productiva. Su conclusión, a la luz de lo que nos está sucediendo, parece tanto premonitoria como agobiante: Toda la historia de las formas de la sociedad burguesa se resume notablemente en la militar (Correspondencia Marx-Engels, Ediciones de Cultura Popular, México, 1972, tomo I, p. 135).


En la actualidad los debates y análisis sobre la relación entre las fuerzas armadas estatales y las luchas anticapitalistas son poco frecuentes. Tanto como la comprensión del papel de la violencia de arriba en la remodelación del mundo. Probablemente la centralidad que han adquirido las democracias electorales en las sociedades occidentales y la difusión de una cultura consumista (ambos fenómenos estrechamente ligados) parecen haber evaporado la hipótesis de Marx sobre el paralelismo entre la economía y la guerra.


Para el siglo XX, William McNeill establece la relación entre el crecimiento demográfico y las dos guerras mundiales, como causa del conflicto y como forma de mitigar la superpoblación europea; pero también nos recuerda que el control biopolítico de las poblaciones arranca con la movilización en masa para hacer la guerra y, finalmente, destaca que la industrialización y el nacimiento del estado de bienestar estuvieron estrechamente ligados al estallido del conflicto armado, en particular en la Segunda Guerra Mundial (La búsqueda del poder, Siglo XXI, México, 1988, capítulo 9).


Se trata de pistas generales, de indicaciones que nos fuerzan a colocar la cuestión militar en un lugar destacado de nuestros análisis. Un esfuerzo, por cierto, en el que las personas y los movimientos anticapitalistas estamos muy retrasados. Una de las limitaciones es que conocemos sólo parcialmente los planes y objetivos de los poderosos. Otra consiste en focalizar la cuestión militar en el armamento, en particular en el desarrollo tecnológico de nuevas y sofisticadas armas. Por eso es bueno recordar que no son las armas las que ganan las guerras.


En 1946, tres años antes de tomar el poder, Mao Tse Tung concedió una entrevista a la periodista Anne Louise Strong. Ésta le preguntó qué sucedería si Estados Unidos usara la bomba atómica contra la Unión Soviética o contra China, países que aún no poseían el arma nuclear. La bomba atómica es un tigre de papel que los reaccionarios norteamericanos utilizan para asustar a la gente. Parece terrible, pero de hecho no lo es. Por supuesto, la bomba atómica es un arma de matanza en vasta escala, pero el resultado de una guerra lo decide el pueblo y no uno o dos tipos nuevos de armas, dijo Mao (Obras Escogidas de Mao Tse-tung, Fundamentos, Madrid, 1974, tomo 4, pp. 98-99).


Mao sostenía que China podía derrotar a los ejércitos reaccionarios sólo con mijo y fusiles, algo que poco después confirmaron los campesinos vietnamitas. Estamos ante principios éticos y políticos básicos, sin los cuales no vale la pena siquiera pensar en combatir, porque colocar la tecnología militar en el centro es tanto como rendirse a la lógica del enemigo. Las guerras populares siempre se ganaron con pueblos decididos, no con armas.


Sin embargo, lo anterior no resuelve el problema de cómo enfrentar a enemigos que están dispuestos a exterminar a los sectores populares del mundo para salir del atolladero en que se encuentran. Sobre todo, no sirve para tomar decisiones ante lo que se adivina como un largo periodo de acoso (campañas de cerco y aniquilamiento, las definían los comunistas chinos).


Sin la intención de agotar un debate que apenas comenzamos, puedo observar cuatro necesidades de los movimientos para enfrentar esta nueva etapa.


La primera, comprender la lógica de los de arriba. Lo que supone estudiar, analizar y deducir qué planes tienen contra nosotros, qué objetivos se trazan. No en general, sino en cada región, en cada país y en cada área. Sabemos, por ejemplo, que vivimos en un periodo de acumulación por desposesión, pero eso se manifiesta de modos muy distintos en el norte y en el sur del planeta, allí donde hay minerales bajo tierra o donde predominan los monocultivos transgénicos. Así como el papel que jugarán los estados en cada situación.
Dos, conseguir autonomía integral, no depender de ellos. Lo que supone conseguir incluso la autonomía alimentaria, quizá no total al principio, pero trazarla como objetivo. El agua, la tierra, la comida, son vitales. Para eso es necesario reducir hasta eliminar la dependencia de las políticas sociales.


Tres, no hacerse ilusiones con las promesas, los buenos modos y hasta las invitaciones que nos hacen los de arriba. El momento más delicado para Cuba viene ahora que obtuvo el reconocimiento del imperio. Los de arriba nunca dieron nada gratis.


Cuatro, la fundamental: estar dispuestos a combatir y a afrontar todas las dificultades necesarias, los largos padecimientos antes de derrotar a los enemigos, como dijo Mao en la citada entrevista. Esto es lo decisivo: el estado de ánimo, la preparación espiritual para no desfallecer ante los inevitables reveses y sufrimientos. Es la ética del compromiso. No nos queda otro camino que cincelar la voluntad.

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Inaugurada en la capital colombiana la Cumbre Mundial de Arte y Cultura para la Paz

En el teatro Jorge Eliécer Gaitán de Bogotá ha dado comienzo un evento que le apuesta sin ambages a la paz. Aunque la paz como tal, absoluta e impoluta, no exista es necesario buscar la convivencia pacífica.

 

Con un vídeo promocional de Idartes en el que artistas y público reconocen su labor cultural se ha presentado la Cumbre Mundial de Arte y Cultura para la Paz de Colombia, un lugar para dialogar, desde y con el arte y la cultura, por el entendimiento a partir del respeto y el reconocimiento de las diferencias.

En una semana que envuelve en su centro una de las fechas que cambiaron el sino de la historia colombiana. Aquel nueve de abril de 1948 en que el asesinato del líder político liberal Gaitán prende la mecha de la violencia que acompaña a esta región, con sus altibajos, desde la independencia.

Siempre es interesante e importante apostarle a la vida en paz, a un evento en pos de ella, esa palabra que lleva camino de convertirse en un flatus vocis por su excesivo uso que casi la vacía de contenido.

En un país de múltiples artes y variadas culturas, con identidades criollas, africanas, indígenas y, sobre todo, mestizas. Una tierra que, como dice la canción, quiere ver y abrazar el viento, aunque éste no se deje; que quiere ver y abrazar la paz, aunque ésta se resista.

Totó la momposina se reconoce como tejedora de vida a través de su arte. Y en Colombia hay tantas artistas, tantos creadores, tantos saberes que lo mismo escriben los azules del mar y del cielo que pintan los verdes del mundo

¿Qué tanto estamos dispuestos a apostarle a la paz? Necesitamos tomar conciencia de clase, entender la capacidad ciudadana para construir y empezar por nosotros mismos y por nuestros amigos, compañeras y vecinos; por reconocer al otro (a), tener memoria, conocer el contexto y, con ética y con criterio, movilizar el alma y ponerle el cuerpo a la construcción de esa sociedad incluyente, respetuosa, diversa y plural.

Dos intervenciones musicales, con un discurso denunciador, un indígena de la sierra Nevada de santa Marta y una mujer y un hombre del Chocó, para mostrar dos de las realidades muchas veces relegadas e ignoradas, dos de las situaciones de desplazamiento o exclusión.

Mientras el ciudadano mamo reclamaba la dualidad de pensamiento hombre-mujer, y el valor de ellas como agua sagrada, para una nueva tierra, la pareja afrocolombiana afirmaba la memoria que está en sus cuerpos y que, pese a haberles robado el tambor y el palo de chontaduro, de cargar a sus muertos y de verse desplazados desde África y en Colombia, nadie les quitará lo bailao. Terminando con un grito para animar la cumbre y a la concurrencia: "Queremos vivir en paz con todos los demás".

En esta apuesta para construir una cultura de paz, tomaron el escenario y los micrófonos las y los representantes de algunos de los organismos convocantes o que respaldan la cumbre.

Primeramente, la ministra de Cultura, Mariana Garcés, quien planteó algunas reflexiones para la discusión a partir del maestro Estanislao Zuleta y su pensamiento para debatir con el otro desde el respeto y sin querer eliminarlo. Abogando por crear diferentes canales para la convivencia con la cultura como marco de referencia en un país plural y diverso pero desde el respeto, transformando la educación y construyendo un nosotros. Como ejemplo ha mostrado un vídeo con experiencias de cultura incluyente (en la alcaldía de calamar, mejor un instrumento musical que un arma, una emisora de Tumaco, o las historias bordadas en sábanas de tiritas).

Para la secretaria de Cultura de la alcaldía de Bogotá, Clarisa Ruiz, hay nuevas narrativas que expresan nuevas formas de vivir y de visibilizar al otro, que es parte de la cultura de paz. Ha pedido encontrar, recordando a Teresa Hincapié, los hilos de hierba en las placas de cemento. También ha recordado al maestro Zuleta y la importancia de reconocer el conflicto armado y los múltiples conflictos sociales, entender las nuevas ciudadanías y que lo cultural tiene que estar en la base de toda actividad del Estado.

El embajador de Francia en Colombia, Jean-Marc Laforêt, ha recordado a Einstein y su frase sobre la culpa de quienes miran y no hacen nada para animar al pueblo colombiano a trabajar por y para la paz.

La fundadora y directora de la Corporación Colombiana de Teatro, Patricia Ariza, ha tenido palabras para la gente que trabaja al pie de la guerra y del olvido; ha pedido transformar la poesía en resistencia, y que actuemos como sujetos políticos para hablar de política. Ha mencionado como en Colombia se indaga igual en la fiesta y en el dolor, y cómo reírnos de las pompas del poder como hacía Jaime Garzón. Ha pedido convertir el dolor en fuerza y la palabra para exigir que se escuchen nuestras propuestas desde la cultura con un relato polifónico, nombrando lo innombrable y narrando lo inenarrable, y ha sugerido que nos pongamos en los zapatos del otro (a), como hacían y hacen Doris Salcedo, Alfredo Molano y Jesús Abad Colorado. Para terminar ha demandado una constituyente para una nueva ruta de navegación y el cese de todos los fuegos.

Marta Lucía Zamora, secretaria general de la alcaldía de Bogotá, ha valorado la importancia de ver la realidad de la calle y de reflexionar para mostrar que sí se pueden superar los conflictos.


Para Ana Teresa Bernal, alta comisionada para la paz de la alcaldía de la capital, las estrellas se alinean en Bogotá con personas de todo el mundo. En un país con siete millones de víctimas por el conflicto interno colombiano, conmemorar y marchar en el día nacional de la memoria y solidaridad con las víctimas, en honor de quien levantó la bandera del pueblo, es un esfuerzo más por la paz, que se construye desde dentro y día a día para recuperar el tejido social. Porque la oportunidad es la de la paz.

Según el músico colombiano César López, esta es una reunión para aprender, para mejorar. Cree que el arte da cuenta de un proceso íntimo que se debe mejorar y que el tiempo dirá, a partir del encuentro con los demás y en sus miradas, si lo hemos hecho bien o mal. Ha pedido difundir por todos los canales lo que se diga en esta cumbre por si no lo hacen los medios.


Las intervenciones institucionales han terminado con las palabras del director general del Instituto Distrital de las Artes, Santiago Trujillo, quien ha agradecido la presencia de las víctimas del conflicto armado, de las personas inscritas, lo que muestra la avidez de estar y de ser, de quienes se movilizarán el 9 de abril, de las participantes, de las invitadas, de los movimientos artísticos, el respaldo del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, por construir cultura y arte para la ciudadanía, a todos los colectivos y a Patricia Ariza, a los organismos públicos y a todo el equipo de Idartes. Ha recordado a García Márquez, a Jaime Garzón y a Carlos Gaviria y ha finalizado con una rima de raperos que dice, entre otras cosas, que "somos los que escuchan y esperan, que somos el himno que cantará un mundo sin fronteras".

A continuación se ha presentado en el escenario el poeta y escritor Juan Manuel Roca, para presentar un poema por la paz escrito para la ocasión "Pequeña cosas que trae la paz". Tras recordar a Carlos Gaviria, nos ha hablado del grafitero, del que llamamos el otro, del pobre diablo de la escuela, del usurpado y del desplazado para cuando llegue la paz, y que podamos verla, aunque sea entre la niebla, y sentir el aire y evocar las cosas olvidadas y lo bueno que traerá y que será tenerla. Que no habrá paz con usura, la lepra del alma y que ama el perdón pero desconfía del olvido.

Tras la poesía, la filosofía de Sergio de Zubiria, miembro de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, quien ha destacado que sea Bogotá el inicio del camino hacia la cumbre en la busca de la paz por tres motivos: porque el conflicto y el desplazamiento la convirtieron en lugar de víctimas; porque los territorios invisibles han llegado acá con sus héroes de un país de regiones, y porque su administración tiene seres humanos que sienten empatía con el prójimo. Para este doctor en filosofía que la cultura es paz es una fórmula demasiado repetida. Ha recordado a Ana María Ochoa cuando se preguntaba qué se invoca cuando se nombra la paz; a García Márquez cuando se interrogaba si no sería la Tierra el infierno de los otros planetas, y que seguimos sin paz pese a tener todas las herramientas para lograrla. Como decía Eric Hobsbawm, el siglo XX ha dejado 122 millones de víctimas y una ardua tarea para el XXI. También ha mencionado las complejas relaciones entre conflicto y cultura y la vinculación de ésta con la violencia, tal como planteaban de una u otra manera Walter Benjamin y Sigmund Freud; y que, como postulaba Ernst Bloch, "cuando se acerca la salvación aumenta el peligro".

Zubiria cree que la paz no es muchas de las cosas que se dicen de ella, que debe ser justicia social y resolución en la mirada y en la conversación. Ha rememorado los peligros y las virtudes de la cultura y el arte. Entre los primeros: la domesticación, su relación con la realidad, la endogamia y que su lugar está más allá de los derechos. De las segundas: el cuestionamiento permanente sobre los imaginarios, que tiene la máxima apertura para producir, que posee el valor emocional de la vida, que los movimientos culturales transforman la política y que promueve la participación.

El segundo panel del día, después del protagonizado por mujeres víctimas y sus resistencias, ha puesto en escena al escritor y sociólogo Alfredo Molano, al columnista León Valencia, a la dramaturga sudafricana Jane Taylor y al cineasta y escritor Fernando Vallejo, con la moderación del politólogo José Antequera, para hablar de memorias, relatos y comunicación.
Molano ha narrado como recurrió al periodismo para ampliar los relatos, para intentar romper el monopolio transmitiendo lo que la gente le contaba. Una historia más amplia aunque no académica. Ha pretendido romper la historia oficial, que juzgaba y condenaba a la gente sin que se pudiera defender.

El analista político Valencia ha llamado la atención sobre quienes le disparan a la democracia, que no son sólo las guerrillas, que lo hacen desde fuera del sistema, sino también las élites políticas, que lo hacen desde dentro. Para él, Colombia es un estado híbrido con funcionarios que respetan los mecanismos democráticos y otros que no lo hacen. Ha pedido un pacto con las guerrillas y un compromiso de las élites que fueron quienes buscaron a los ilegales, porque ese es el gran reto para la reconciliación en el país. Como anécdota contó de la existencia de gobernadores que tienen dificultades para hacer una frase de sujeto, verbo y predicado. Se ha declarado optimista de que se mire en conjunto el conflicto colombiano.

La estudiosa de la reconciliación en Sudáfrica, Taylor, se ha preguntado sobre quiénes son los responsables en los conflictos. Entiende que es necesario que los estados reconozcan sus violencias y cree que el arte y la cultura, pese a las dificultades, le aportan al diálogo, tal como plantea en su afamada obra de teatro "Ubú y la comisión de la verdad". La gente tiene que creer que son parte de la historia y que con sus aportes pueden contribuir al cambio.

Para cerrar el panel intervino el escritor colombiano residente en México Fernando Vallejo leyendo un texto suyo sobre el marco de la impunidad. Ha hablado de lo inconmensurable de la ruina de Colombia con un Congreso y un Poder Judicial corruptos y una prensa arrodillada y un Estado desaparecido. Pero su disertación, para mí, ha estado llena de incongruencias. Está muy bien que El Espectador publique íntegro su discurso, esperemos que no lo haya hecho porque en su incendiaria proclama culpa de toda la situación de hoy a las FARC, a las que señala como delincuentes asesinos ocho veces sin mencionar ni una sola a los paras, al ejército o a la policía.

Pese a que dice algunas verdades, se queda más en lo negativo, criticando, que es fácil, sin aportarle argumentos a la paz. No vale con decir que él no es culpable de lo que pasa, cada quien tiene que asumir la parte de responsabilidad que le corresponde porque todas y todos formamos la sociedad. Además, su verborrea se acerca cada vez más a la del anterior presidente. Creo que ha perdido un poco el norte y que en su discurso mezcla las churras con las merinas.

Ha afirmado que la cumbre es una farsa, pues tal vez sí o tal vez no. De momento es una realidad para darle la palabra a la gente, a la de la academia y a la de la calle, a la de la oficialidad y a la de lo alternatividad, a la de las instituciones y a la de las organizaciones sociales.

Aún así, es un lujo contar con su presencia, y escucharle para luego poder rebatirle.

Pero yo me quedo con la fe en el hombre declarada por Alfredo Molano, con el diálogo sosegado de León Valencia, con las palabras profundas de Zubiria o con la poesía de Juan Manuel Roca.

(...)
Se habla de grandes sucesos
cuando venga la paz

La verdad,
me bastaría verla
apacentando pequeñas cosas,
encontrando en la niebla
de un país que ya no existe
un balón, un trompo
o el caballo blanco
que se esconde
en paisajes prohibidos

Me bastaría con saber
que las mujeres lloran
al momento del ritual
de las cebollas
y no al de las viudeces

Que el río
no es una parcela
de tumbas
(...)
La única guerra
que anhelo, madre,
es contra el tedio,
una guerra sin cuartel
contra la servidumbre
para tener el brazo
dispuesto al abrazo
y salir a la calle cuando
estallen la noche
y el verano.
(...)
¿Sería mucho pedir
que la patria no sea
una pérfida madrastra,
una tirana,
o tan solo una palabra
en labios de sus dueños?

¿Que los muertos
en las falsas batallas
no sean parias
que disfrazan de enemigos
en un guiñol siniestro?

¿Que la palabra libertad
deje de ser
acariciada por gendarmes
y el telón del respeto
cobije también
la sombra erguida
del insumiso,
del desobediente?
(...)
Podremos ser ilusos,
pero ¿cómo no soñar
con un país donde nadie
esté en la lista de espera
de los grandes señores
de todas las orillas
de la guerra?
(...)
Pero si la paz
no es también
una cosecha de ocio,
una vendimia de luz
y una conquista de sueños,
habrá que volver a tejer
las 3 letras de su palabra
(...)
Parte de su poema "Pequeñas cosas que trae la paz", estrenado y leído en la cumbre.

Durante toda esta semana se presentarán propuestas, ideas, cantes, escenas, músicas, fotografías, documentales, experiencias y vivencias en torno a las realidades de un país que busca la paz. Una tarea ardua y difícil que, como señalaba León Valencia, está siendo torpedeada desde fuera y desde dentro.

Que cada quien aporte lo que pueda para alcanzarla, por poquito que sea será bienvenido. Porque lo peor es no hacer nada y mirar a otros hacer, acierten o yerren.


Hay muchos caminos por recorrer, lo importante es converger en el destino.


Cultura y arte para la paz, arte y cultura en el conflicto, pero sin guerras, sin muertes violentas y sin actores armados. Porque, como dice el dramaturgo colombiano Santiago García, "El artista no puede ser indiferente hacia la sociedad y la época en que vive; al contrario, debe ser agente activo para la toma de conciencia social y política."


Porque todas y todos somos arte, cultura y paz, y como recomienda la organización del evento hemos de respetar las palabras, los silencios y las opiniones de los (as) otros (as).


En la convivencia, con sus anomias pero sin violencias.

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Túnez, la agonía del Foro Social Mundial

El sábado pasado se cerró el Foro Social Mundial, celebrado por segundo año consecutivo en Túnez, con una manifestación pro-palestina mucho menos numerosa que la de 2013 y en un ambiente mucho más mortecino. Todas las fuentes coinciden en que ha sido el Foro más complicado, el menos concurrido y quizás el más inútil, y ello por razones que tienen que ver con las propias dinámicas políticas globales y con la situación interna de Túnez. Poco antes del encuentro, el conocido profesor brasileño Emir Sader criticaba el control del FSM por parte de las ONGs, modelo "reduccionista y superado" en un momento en el que son "los gobiernos progresistas latinoamericanos" -según su opinión- el referente de los "indignados, los ocupas, Syriza y Podemos". Por su parte, el también brasileiro Chico Whitaker, uno de los co-fundadores del Foro, señaló más bien los problemas organizativos como causa del creciente desinterés de esta iniciativa que cumple ya quince años de vida: "el Consejo Internacional está totalmente perdido en cuanto a propuestas"; y añade "ya hace algún tiempo propusimos la eutanasia de este elefante blanco y buscar una nueva fórmula" a fin de "recuperar la visibilidad perdida y volver a existir internacionalmente".


El Foro de Túnez ha sido, en efecto, de baja intensidad: el que menos delegaciones europeas y latinoamericanas ha recibido,el que ha contado con menos financiación y el que menos atención mediática ha despertado. Es verdad que el FSM nació en el interior de la ola progresista que transformó la orografía política de América Latina y que llevó al gobierno a partidos políticos que, aupados en los movimientos sociales, hoy los contemplan con desconfianza, cuando no como fuerzas de oposición. Y no es menos cierto que los movimientos en España y en Grecia están ahora absorbidos -o al menos ocupados- en procesos de cambio que hace dos años no existían. Ahora bien, creo que, en este caso, las limitaciones del Foro -que son también estructurales- tienen más que ver con la situación concreta del país anfitrión y, más allá, de la región árabe en general. Podríamos mencionar las numerosas anulaciones de viajes y talleres tras el atentado yihadista del 18 de marzo, pero esa misma circunstancia habría podido provocar un desafiante impulso solidario si Túnez siguiese siendo el principio, y no el final, de una gran esperanza regional e internacional.


La implacable lluvia que durante cuatro días ha subrayado la arquitectura carcelaria del campus universitario del Manar, en la capital de Túnez, ha expuesto el alma de un país política y socialmente deprimido en una región que vuelve aparatosamente al peor de los pasados imaginables. Frente a la reunión de la Liga Arabe -celebrada en Egipto al mismo tiempo que se cerraba el Foro- en la que nuevos y viejos dictadores apoyaban los bombardeos sobre Yemen, como si jamás hubiera habido "primavera árabe", la fiesta de los movimientos sociales tenía algo clandestino y marginal y hasta elegíaco: los jóvenes tunecinos acudieron en menor número que en 2013, "entre la decepción y la depresión" -según las palabras del artista y escenógrafo Khaled Ferjani- , y ante la indiferencia de los propios medios locales, completamente absorbidos por las consecuencias del atentado del Bardo y "la marcha anti-terrorista" internacional encabezada por François Hollande. Nawaat, el conocido medio alternativo tunecino, hace dos años resumió el Foro en un titular: "Entusiasmo a pesar de la falta de organización". Hace dos días, el único artículo aparecido en sus páginas sobre el encuentro se preguntaba "qué ha sido de la lucha anticapitalista", pero hablaba sobre todo de "visible decepción de los participantes". Estas críticas son elocuentes en la medida en que describen no tanto la atmósfera del campus -con sus talleres más o menos interesantes y sus más o menos rutinarios "vendedores de causas perdidas"- como el abatimiento de los militantes locales, cuyas demandas se han visto marginadas por el juego "democrático" y silenciadas por la "alarma terrorista".


Si se tiene en cuenta que, en todo caso, Túnez es el único país de la región donde podía celebrarse un encuentro como éste, puede imaginarse el tono de las otras delegaciones y organizaciones árabes. Incluso los acostumbrados enfrentamientos entre saharauis y marroquíes o entre partidarios y opositores de Bachar Al-Assad han sido marginales y casi protocolarios. Las fuerzas zombis que se apoderan de nuevo de la región -regímenes dictatoriales, intervenciones multinacionales y violencia yihadista- han secado por el momento las esperanzas de cambio que la sacudieron de arriba abajo en 2011.


¿Ha sido un fracaso el Foro tunecino? Más allá del fugaz estímulo al sector turístico, en ruinas tras el atentado, y de las píldoras de conocimiento ingeridas en los talleres, el Foro ha servido, como todos, para catalizar contactos, festivos y políticos, en los pasillos, para prolongar redes más o menos duraderas y para amortiguar la soledad de unos cuantos centenares de tunecinos que, en cualquier caso, no representan sino a una minoría de la población, los menos castigados por el paro y la crisis económica. Es poco. Es algo. Aunque ahora, más solos que hace una semana, fuera ya de todos los focos, esos mismos jóvenes queden más expuestos que nunca frente a un gobierno y una policía que -advierte ya Human Rights Watch- aprovechará el atentado del Bardo y la alerta securitaria para recortar derechos civiles y amordazar sus voces.


¿Es el fin del Foro Social Mundial? Probablemente no, pero es verdad que debería replantearse sus formatos y sus sedes a la medida de los cambios político-geográficos insinuados en los últimos años. Al contrario de lo que dice Emir Sader, la ola latinoamericana, en marea baja, no puede ser ya el referente del Foro, que nació para vender causas perdidas, no ganadoras (por muy importante que sea ganarlas), y que debe conservar y robustecer su vida paralela -mientras defender causas perdidas siga sirviendo para que los perdedores de siempre no pierdan las ganas de luchar.


 

Túnez, entre el Foro Social Mundial y la lucha por la paz

 

Por, Emir Sader

Público


Dos marchas cerraron una semana tensa en Túnez. Una de ellas puso punto final al Foro Social Mundial. La otra, por su parte, tuvo como protagonista la lucha por la paz y congregó a cientos de invitados extranjeros.


Todo esto sucedía en las calles sin la presencia de ningún turista extranjero. A pesar de la solidaridad internacional, la reacción inmediata al atentado del 18 de marzo ha tenido un efecto arrasador sobre la economía del país. El turismo —la actividad que genera más empleo en el mundo y que alimenta gran parte de la economía de la región— prácticamente abandonó Túnez. Solo se veía por las calles a aquellos que asistieron al Foro Social Mundial, y que, aunque hicieron gala de su solidaridad, una vez finalizado el evento no dudaron en abandonar el país.


Lo que más preocupa es la cantidad de jóvenes que habrían ido a luchar a Siria e Iraq en las filas de grupos yihadistas, y que estarían de vuelta para actuar en Túnez, a los que habría que sumar aquellos que se han entrenado en Libia. Mientras que el desempleo sigue aumentando, alcanzando las 650 mil personas, de entre las cuales 245 mil cuentan con títulos universitarios, lo que significa una tasa del 23,7% de desempleados, porcentaje que en el caso de los jóvenes es mucho más alto.


El atentado al museo del Bardo tiene como principal característica el haberse producido en el centro de la ciudad y utilizar a los turistas extranjeros como objetivos de sus ataques. Cuando, por lo general, las acciones se han limitado hasta la fecha a zonas rurales cercanas a las fronteras. Ahora, en cambio pretenden causar daños económicos reales, ahuyentando a los turistas.


Las reacciones en la opinión pública no son unánimes. El ejecutivo propone el endurecimiento de las leyes de seguridad, pero sectores de la oposición —que se han manifestado este domingo— creen que el propio gobierno tiene cierta responsabilidad en los actos terroristas, ya que de él participa el partido islámico, acusado en el pasado de ser muy laxo con movimientos islamistas radicales.


Por otra parte, hay constancia de que el aumento de la represión hacia algunos sectores de la juventud criminalizados por tener vínculos con el terrorismo, solo aumenta la solidaridad hacia dichas acciones. Así como el hecho de que la crisis económica y social —que solo tiende a aumentar con la bajada del turismo— es el escenario favorable para la propagación del reclutamiento de jóvenes por grupos terroristas.


Si hace dos años, en el Foro Social Mundial se vivía todavía un clima de optimismo propiciado por la primavera árabe, esta vez dicho clima ha cambiado, debido como es lógico al atentado terrorista y al temor de que se multipliquen, así como por la crisis social, que tampoco parece que vaya a amainar.


En el décimo Foro Social Mundial hubo una amplia participación de los jóvenes de los países del mundo árabe, sin embargo, no contó con jóvenes de muchos países del África sub-sahariana, probablemente por las dificultades a la hora de obtener recursos para el desplazamiento.


Durante los días en los que tuvo lugar la celebración del Foro, la ciudad universitaria de Túnez reunió a docenas de miles de jóvenes, en torno a cientos de actividades simultáneas en las que predominaron los temas clásicos de los FSM: ecología, género, agricultura, lucha contra todo tipo de discriminación, y esta vez con el añadido especial de asuntos relacionados con la violencia, así como las interrelaciones entre política y religión.


Una vez más se ha vuelto a abrir el debate sobre la necesidad de que los Foros se realicen cada año debido a la rapidez con la que trascurren los acontecimientos en el mundo actual, pero también por el hecho de que los FSM han perdido el pulso a los nuevos movimientos que luchan por crear otro mundo posible —ya sea en América Latina, o en la propia Europa—. En el caso de que se concrete esta decisión, la perspectiva más probable es que la conmemoración de los 15 años trascurridos desde el primer FSM se realice en su sede original —Porto Alegre— en enero de 2016.

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