Miércoles, 03 Septiembre 2014 08:51

Las leyes de la economía: Piketty

Las leyes de la economía: Piketty

Algunos de los libros más citados son con frecuencia los menos leídos. Y la obra de Thomas Piketty Capital en el siglo XXI es quizás el ejemplo más reciente. Lástima, porque la lectura desordenada de algunos pasajes y crónicas conduce a conclusiones superficiales y apreciaciones equivocadas sobre uno de los fenómenos más importantes de la historia, la desigualdad económica.


El texto de Piketty se convirtió en un fenómeno literario, una proeza para un libro sobre economía de más de 650 páginas. Se trata de una aportación importante al promover el debate sobre desigualdad económica y los males que entraña, en especial para la democracia y la vida en sociedad.


Pero, ¿es que Piketty es el primero en analizar la desigualdad económica y sus implicaciones en la economía del siglo XXI? La respuesta es negativa. Muchos antes que Piketty han examinado este problema y de manera más profunda. Dos ejemplos son James Galbraith y su equipo en la Universidad de Texas y el grupo de economía política de la Universidad de Massachusetts en Amherst, con Gerald Epstein y Bob Pollin a la cabeza. Otra muestra es el economista Branko Milanovic, cuyo trabajo sobre desigualdad internacional cubrió encuestas ingreso-gasto en hogares de 91 países. Destacan también los trabajos que publica desde 1988 el equipo del Economic Policy Institute en sus informes sobre empleo, desigualdad, salarios e ingresos familiares en Estados Unidos. Y como la lista no se acaba, surge otra pregunta: ¿por qué el libro de Piketty atrajo tanta atención sobre un tema que se había venido trabajando desde años atrás?

La respuesta de Thomas Palley, otro macroeconomista con importantes investigaciones sobre el tema, es que el pequeño mundo de la economía dominante en las universidades del establishment, nunca quiso reconocer el valor de estos trabajos porque sus autores permanecen etiquetados como de izquierda y reconocerlos como interlocutores equivale a legitimarlos. Según Palley parece que el tema de la desigualdad sigue siendo un tabú a menos que sea discutido por la persona 'correcta'.

Piketty es quizás esa persona. Su libro encuentra perturbadoras tendencias en materia de desigualdad creciente, pero sus herramientas analíticas y sus recomendaciones de política económica dejan mucho que desear. Los conceptos utilizados son los que convencionalmente utiliza la teoría económica neoclásica y han sido desacreditados en debates teóricos bien conocidos. La ignorancia de Piketty sobre estos debates es sorprendente porque tienen que ver precisamente con la definición de capital, palabra clave en el título de su obra.

Entre otras cosas, Piketty sostiene que cuando la tasa de remuneración al capital aumenta más que la tasa de crecimiento de la economía se fortalece la tendencia a una creciente desigualdad. Pero eso implica que Piketty posee una medida del capital pues, de otro modo, su tasa de remuneración carecería de sentido. El problema es que en la definición de este autor el capital es una colección de bienes heterogéneos (edificios, máquinas) y lo único que los une es una medida en términos monetarios. Ahora bien, se sabe desde la controversia sobre la teoría del capital de hace cincuenta años que el valor monetario de esos bienes heterogéneos no puede ser utilizado en sustitución de la cantidad de máquinas y edificios utilizados en la producción.

Este no es un detalle técnico. El corolario de lo anterior es que el capital no recibe una ganancia por su participación en la producción. Los propietarios de las máquinas y edificios no reciben una remuneración ligada a la productividad marginal del capital. Y ahora sí estamos cerca de la médula del problema. En sus leyes fundamentales del capitalismo Piketty utiliza el principal elemento ideológico de la teoría convencional sin cuestionarlo. El establishment le ha respondido: con este tipo de análisis edulcorado sí podemos entablar un diálogo sobre la desigualdad. Bueno, quizás algo es algo.

Piketty encuentra que la desigualdad existe y que hay épocas en las que puede intensificarse. Pero vayamos a la pregunta de fondo: ¿cuál es la causa de esa desigualdad creciente según Piketty? La respuesta se encuentra en varios pasajes y se puede sintetizar en sus palabras: el principal impulso de la desigualdad proviene de la difusión del conocimiento y la inversión en capacitación. Esto es música a los oídos del coro de economistas neoliberales que llevan años afirmando que la desigualdad proviene de un sesgo en el proceso de cambio tecnológico en la economía que proporciona mayor remuneración para ciertos grupos de trabajadores (los que poseen mayor calificación) y menor para otros (los menos calificados).

Todo esto explica por qué el libro de Piketty carece de una buena discusión sobre las causas del estancamiento de los salarios en las principales economías capitalistas a partir de los años setenta. Podemos hablar de desigualdad, por cierto, pero no de salarios. Podemos hablar del capital en el siglo XXI, pero no demasiado sobre capitalismo.

Twitter: @anadaloficial

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El deliberado vacío programático de la competencia electoral

A las puertas de la primera vuelta de las elecciones presidenciales la opinión pública presencia el espectáculo de acusaciones que van y vienen, poniendo al desnudo porquerías y crímenes de uno y otro de los candidatos, anteriormente cómplices, en el más puro estilo mafioso. Entre tanto, para desgracia del pueblo, y entre llamados a la "moderación", se confirma el imperativo impuesto en la Habana: "el modelo no se toca".

 

El escándalo que se ha armado a propósito de la llamada guerra sucia es parte de la misma guerra sucia. De la guerra sucia contra el pueblo. Porque, en verdad, no es la primera vez que se utiliza; podemos mencionar numerosos ejemplos. Desde mucho antes del debut de Rendón. Con la particularidad de que la guerra mediática ha sido apenas el clima que ha rodeado incontables y atroces crímenes que, en la historia oficial, siguen considerándose falsamente como parte de la guerra antisubversiva. Ahora sirve, en el campo electoral, para apuntalar la estrategia del poder.

 

La de hoy se nos aparece como una guerra intestina, en la cúspide de la "clase política", lo cual, por sí mismo, reduce la competencia a dos contendores y relega los demás a la franja de los "sin importancia". Y no es el único efecto de esta operación en la que los medios masivos de comunicación juegan un papel decisivo. El otro consiste en que las acusaciones, que suelen constituir su núcleo principal, por "sucias" resultan infundadas, cuando todos sabemos que, seguramente, JJ Rendón sí sirvió para lo que se dice y que, sin lugar a dudas, estaba en marcha un sabotaje Uribista de las negociaciones de la Habana. Pero, de ahora en adelante, ya no va a caber ninguna denuncia; todas serán "sucias" y por tanto falsas. Y el efecto más importante: se proscribe definitivamente, en el debate electoral, cualquier reflexión sobre la realidad socioeconómica o cualquier disputa de programas, reduciéndolo a una falsa disyuntiva entre guerra y paz.

 

¿Quiénes ganan y quiénes pierden?

 

En apariencia gana Santos quien, por lo demás, cuenta con todo el peso del aparato de Estado al servicio de su campaña. El cálculo resulta sencillo si se tiene en cuenta que todo apunta a la segunda vuelta. Es obvio que para el Presidente lo mejor que puede suceder es que "clasifique" Zuluaga. Marta Lucía y Peñalosa sólo cumplen la función de restarle algunos votos de la derecha y del llamado "centro" respectivamente; no tanto como para que éstos pudieran entrar a disputar la segunda, pero sí lo suficiente para evitar que Zuluaga se volviera aceptable para buena parte del centro. Y esa parece ser la amenaza que acaba de conjurar: Zuluaga llega, pero rodeado de su aureola de guerrerista inescrupuloso lo cual, si bien satisface a parte no despreciable de la opinión, al mismo tiempo le enajena los votos de los hipócritas y de todos aquellos que, al final, se verán obligados a "evitar que gane la derecha".

 

No se trata de subestimar las contradicciones que pudiera haber dentro del bloque de clases en el poder. Es cierto que existe una fracción, con fuerza sobre todo regional y local (y en las fuerzas armadas), descarada y orgullosamente criminal, pero su cuarto de hora, político y administrativo, parece estar llegando a su fin; en lo sucesivo tendrá que aceptar la transacción que se le propone, sobre la base de la impunidad y del respeto de sus privilegios económicos. Para el conjunto de las fracciones dominantes, especialmente para la financiera o "transnacionalizada", como la llaman algunos, que es la hegemónica, lo que está en juego ahora es el proceso de legitimación, con vistas a fortalecer su proyecto económico. Y Santos no es el único, ni mucho menos el mejor, pero es un candidato con probabilidades de ganar y por lo tanto de ofrecer una tranquila continuidad. La legitimación corre, entonces, por cuenta de la "paz".

 

Nace el Santismo vergonzante

 

En efecto, mediante esta operación mediática, Santos quedó convertido, ante la amenaza del "neofascismo", en la garantía del proceso de negociación y por tanto de la paz. Así sepamos todos que nada está garantizado. Se juega con el tiempo. En medio de la guerra, la oficial y la que se libra contra líderes sociales y políticos, esa sí, sucia, Santos continúa - y continuará en el próximo cuatrenio, para tranquilidad de la opinión de derecha - imponiendo a las FARC su modelo de "sometimiento a la justicia", en la seguridad de que si la negociación se revienta tendrá al alcance de la mano el argumento de que no fue por culpa suya.

 

Aunque suene paradójico, Uribe terminó favoreciendo la campaña de Santos. Juega el mismo papel que, en el pasado, Álvaro Gómez Hurtado, en beneficio del partido liberal que siempre disfrutó de la imagen de ser el "mal menor". La amenaza, por supuesto, no es despreciable y el temor nunca infundado. De ahí la levemente enigmática declaración de Piedad Córdoba: "votaré por la paz". Declaración significativa, dado el papel que ella jugó en la formación de la Marcha Patriótica. Sin lugar a duda refleja el estado de ánimo de lo que se suele llamar el centro, pero también de no pocos sectores de la izquierda, aunque por lo pronto guarden silencio. Pero poco a poco comenzarán a desgranarse. Un apoyo gratuito para Santos porque no va a mediar ningún compromiso real de su parte; como se dijo antes, nada garantiza que la negociación vaya a continuar y mucho menos por cuenta de este hábil jugador que nunca ha tenido entre sus virtudes la rectitud. Su único propósito es alcanzar, en la segunda vuelta, frente a Zuluaga, una cómoda mayoría.

 

Del programa único.....

 

Con la victoria de Santos, sin embargo, quien gana es el conjunto de las clases dominantes. Conveniencia coyuntural para éstas, naturalmente, porque, en el fondo, no estarían mal representadas tampoco por Zuluaga o por Peñalosa o por Ramírez. No hay diferencias programáticas entre ellos; es por eso que la competencia electoral se ha reducido a una ridícula y demagógica competencia entre promesas casuísticas y pedestres. Más vivienda, más empleo, mejor educación, más salud, etc. Es sólo asunto de credibilidad y por ello cada uno –incluido Santos- se esfuerza por demostrar –y en eso se destaca Peñalosa- que ha sido un excelente ejecutor, un gran gerente. Pero el programa existe, y es único, sólo que no se hace evidente.

 

No es difícil explicarlo. Cabe una anécdota: hace unos meses, luego de la Convención donde el Partido Conservador decidió abandonar la "Unidad Nacional", se le preguntó al Ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, por qué siendo Conservador no se retiraba del gabinete, y él respondió muy orondo que no era necesario porque su función era solamente "técnica". Y nadie dijo nada. ¡El manejo de la economía no es asunto de política! No hay opciones. Tal es el pensamiento único del neoliberalismo: el mercado es el supremo regulador; basta con asegurar, desde el Estado, su libre funcionamiento. Ello ha conducido a lo que algunos teóricos han denominado el "malestar de la política", derivado de su vaciamiento de todo contenido sustancial. No es, pues, extraño que hoy, en un debate electoral, no aparezcan opciones de política económica.

 

En el caso de Colombia, lo que llamamos "Modelo", ahora vigente, no es otra cosa que una manifestación de ese programa único, como adaptación pasiva a las fuerzas internacionales del mercado. Ni siquiera las "locomotoras" corresponden a un proyecto de Estado. Simplemente se dejan correr, garantizándoles "seguridad jurídica". Y las otras "seguridades". Fue lo que Santos presentó, en su primer mandato, como Plan de Desarrollo, y por ello ahora no necesita mayores argumentaciones. Habla de siete "estrategias", de las cuales resalta cuatro: seguridad ciudadana, infraestructura, educación y locomotoras. Sin duda, la principal es la segunda: la promesa, para la burguesía, que todavía no ha podido cumplir. Pero es fácil intuir que cualquiera de los otros, ya liberados de la carga demagógica, estaría en capacidad de desarrollar el mismo programa con sólo un cambio de nombre y presentación.

 

....al único programa

 

Sí, en general, en tiempos de neoliberalismo, se esfuman las confrontaciones programáticas, en el caso de Colombia esta operación tiene un significado político adicional. Tiene que ver con las negociaciones con la insurgencia en un contexto latinoamericano en el que se han ventilado ya opciones posneoliberales. Además, el programa único neoliberal ha sido ya bastante cuestionado por los conflictos y resistencias sociales. De ahí la importancia, para las clases dominantes, de ocultar cualquier clase de alternativa programática.

 

Ahora bien, no cabe duda que el único programa, que se puede considerar como tal, y que además es alternativo, es el de Clara López, es decir, el del PDA. No es, de ninguna manera, un programa socialista; ni siquiera juega con esa expectativa como lo hacía la vieja izquierda Stalinista. Habla, más bien, de un nuevo "modo de desarrollo" que, apoyado en un conjunto de valores sociales y democráticos ("Desarrollo humano"), se inspira en la más pura tradición académica Keynesiana. Redistribución del ingreso e independencia nacional son las guías.

 

Desconfía de las virtudes del mercado y propone una intervención decidida del Estado. Si nuestro fracaso económico y social proviene de la "deficiencia estructural" de la demanda, la alternativa ha de ser el impulso de ésta mediante el gasto público. Cabe en esa perspectiva un programa estatal contracíclico de creación de empleo, siendo el "pleno trabajo" –es decir con todos los derechos laborales- una meta simultáneamente social y económica. En síntesis, es un programa alternativo simplemente porque es antineoliberal.

 

Sin embargo, ha sido, por desgracia, inútil. Más allá de las disquisiciones académicas, lo cierto es que su inspiración política es bastante más trivial: la necesidad de presentar una imagen que no espante a la pequeña y mediana burguesía colombiana. Astucia política que sólo ha servido para consumar la labor de invisibilización que se viene adelantando desde el poder. Como si fuera poco –y acorde con el estilo contemporáneo del marketing político– han caído en las garras de los publicistas cuyo ingenio solo les alcanzó para descubrir las posibilidades de la palabra "clara". Y así, la candidata, pasó de Clara a transparente.

 

En conclusión: hoy más que nunca la próxima primera vuelta no será más que un trampolín para llegar a la segunda. Ya no hubo debate, y, por desgracia, en la segunda se impondrá la lógica del "voto útil". No obstante, el desgano y la repugnancia se expresarán en la abstención y en el voto en blanco.

 

Publicado enEdición Nº202
Viernes, 29 Noviembre 2013 07:31

Sobre la forma superior de lucha

Sobre la forma superior de lucha

Cuando la vida social y política se enfrenta a encrucijadas de caminos, se multiplican los debates, se suceden foros, encuentros y reuniones que buscan dilucidar hacia dónde conducir los movimientos. Colombia está viviendo un periodo de este tipo, donde se abren infinidad de espacios propicios para el intercambio, la escucha y el aprendizaje.


La pasada semana se realizó un encuentro sobre la unidad de la izquierda convocado por los periódicos Le Monde Diplomatique y Desdeabajo, otro que fue organizado por la Universidad de Bogotá para debatir las resistencias sociales en América Latina en relación con el proceso de paz, y además se realizó una gran marcha contra la violencia hacia las mujeres. Escenarios bien distintos, por cierto, por los que transitaron desde mujeres y feministas hasta académicos, dirigentes políticos y un buen puñado de jóvenes.


En uno de los encuentros el economista Héctor-León Moncayo mencionó la ácida ironía que vive la izquierda colombiana: En los 70 a los que impulsábamos la lucha de calles nos decían que había una forma superior de lucha a la que nos debíamos incorporar, en referencia a la lucha armada. Ahora nos dicen, y esa es la ironía, que la forma superior de lucha son las elecciones. Ciertamente, el eje de los debates actuales gira en torno de candidatos, siglas, alianzas y programas para atraer la voluntad popular hacia las urnas.


Argumentos similares hemos escuchado en otros países. Por ejemplo en Argentina, donde se viene debatiendo la necesidad de hacer política, insinuando que el trabajo territorial de base es insuficiente para cambiar el mundo porque es demasiado local y se debe participar en elecciones para potenciar ese trabajo de base. Esto lo dicen, por cierto, quienes no abandonaron las bases sino que encuentran enormes dificultades para sostener esos espacios.


Sobre el tema de las formas superiores o más avanzadas de lucha, sería oportuno mencionar cuatro aspectos.


El primero es que sostener que existen formas superiores, como sostuvimos en la década de 1960 y 1970, es tanto como afirmar que otras son inferiores, lo que tiene dos consecuencias que no son positivas. Por un lado, quienes se encuadran en las primeras tienen más autoridad para determinar lo que es correcto y adecuado y lo que no lo es, sencillamente por estar en la esfera superior. Por otro, tiende a homogeneizar los modos de hacer, lo que suele empobrecer el combate antisistémico.


La diversidad de formas de acción suele tener algunas ventajas. Quizá la más notable es que permite que sectores muy amplios de la sociedad se involucren en movilizaciones aunque no participen en movimientos, algo que suelen hacer sólo los militantes más o menos convencidos y conscientes. En paralelo, los diversos sujetos que integran el campo antisistémico (mujeres, jóvenes, gentes del color de la tierra, entre otros), suelen sentirse cómodos actuando de maneras diferentes a las que lo hacen otros sujetos. Quiero decir que la diversidad de formas de lucha facilita la incorporación de actores con sus propias características distintivas, sin que se sientan forzados a subordinarse a una forma hegemónica de acción.


La segunda cuestión se relaciona con los objetivos a largo plazo. En las décadas de los 60 y 70 quienes optaban por la lucha armada pretendían tomar el aparato estatal y destruir el capitalismo para construir una nueva sociedad. Quienes optaban por las elecciones buscaban modificar el sistema por dentro, gradualmente, y muchas veces tendían a insertarse sin más en el mismo. Sin embargo, esta determinista división entre reforma y revolución no resiste el análisis. Hay organizaciones que apelaron a las armas para ser reconocidas por el Estado y opciones electorales que realmente pretendieron cambiar el mundo.


En tercer lugar, buena parte del debate actual gira en torno de la conveniencia o no de participar en las elecciones. En este punto se registra un doble argumentación: estratégica o de largo plazo, y táctica o sobre lo más adecuado para fortalecer aquí y ahora el campo popular. Ante los límites que plantea la profundización del trabajo territorial urbano, en el que están empeñados desde piqueteros hasta sin techo y los más nuevos colectivos como el Movimiento Passe Livre de Brasil, aparece la tentación de volcarse al terreno electoral para conseguir fuerza adicional. Este argumento no debe subestimarse cuando lo esgrimen militantes comprometidos con su realidad.


En Chile este mismo debate enfrenta a los protagonistas de las grandes protestas estudiantiles. Los secundarios agrupados en la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios y otros muchos colectivos rechazaron la participación electoral, mientras el Movimiento de Pobladores en Lucha y otros colectivos apoyaron candidatos a la presidencia. Más allá de los resultados, la mitad de la población prefirió no ir a las urnas, pero no sería oportuno acusar a quienes tomaron esa opción de falta de conciencia política.


Por último, un nuevo enfoque modifica radicalmente el debate sobre las formas de lucha. No es lo mismo elegir modos de acción para cambiar este mundo, que para construir uno nuevo. En este caso, participar en las instituciones –ya sea a través de las elecciones o de cualquier otro mecanismo– sólo tendría sentido si pudiera servir para neutralizaar una ofensiva de los poderosos destinada a destruir lo que se está construyendo. La opción armada es necesaria para defender ese mundo otro, pero no para construirlo.


Si de hacer un mundo nuevo se trata, los modos de hacer se multiplican, con especial énfasis en la producción y la reproducción de la vida, que suceden tanto en la tierra y la fábrica como en el hogar. Este camino emprendido por muchos movimientos en nuestro continente coloca el debate en un lugar completamente nuevo: la reproducción, antes considerada tarea de mujeres, y los trabajos colectivos, empiezan a tener un lugar relevante y se incorporan al acervo de las formas de lucha.

 


 

Videos conferencias (20 y 21 de noviembre)


 

 

 


Pre foro: Le reconstrucción social y sus sujetos, ¿unidad de la izquierda?

(6 de noviembre)

Pre foro (6 de noviembre)

Videos


 

 

Movimientos sociales y políticos, sus articulaciones. Omar Fernández

Formas de Lucha, cambios y retos: Las experiencias de gobierno. Carlos Vicente de la Roux


Formas de Lucha, cambios y retos: Las experiencias de gobierno. Magnolia Agudelo


Crisis de idearios y nuevos referentes ideológicos y políticos. Daniel Libreros


Crisis de idearios y nuevos referentes ideológicos y políticos. Héctor León Moncayo

Movimiento sociales y sus articulaciones. Edwin Cruz

 xxPONENCIAS

Si algo asombra en la vida pública de Colombia es la hegemonía e iniciativa del poder, con margen y exhibición de cooptaciones para exculpar y tapar su violencia y los resultados inhumanos de su gestión y gobierno. Una característica en parejo, con la división de la izquierda y ausencia de un liderazgo nacional colectivo, eficaz y legítimo, de un vanguardismo desde el ayer, con rígidos esquemas que apartan y cuestionan en el activismo diario, la imaginación, el sentido de la oportunidad y la urgencia de un país nuevo.

No es casual entonces, ni pasajera la postura de cada quien en "su" proyecto, sin escuchar otras voces compañeras. Y de este modo, bajo el supuesto de que "el pueblo está listo" en cada vanguardia, otorgar y permitir espacio y ventaja al adversario oligárquico. Forzados por esta correlación, a un transitar del campo popular sin continuidad, decisión ni elaboración de poder y de gobierno. Por la transformación estructural, cultural, económica, social y política de nuestra Patria.

Una realidad que en vez de rectificación y autocrítica sincera, reafirma viejas prácticas y léxicos expresos de: unos superiores que mandan y otros obedecen, o en alusión a los contenidos y actores posibles de la movilización y de la elaboración teórica, "eso es tarea de la dirección" o "espera a los delegados de Conferencias y Congresos", en un ritmo lento o de ausencia de un intercambio, que estanca los surcos para la inconformidad y la rebeldía de nuestra gente.

En un mundo y una sociedad global, con apenas indicios y propuestas de multilateralidad, bajo el efecto y los impactos de guerra, reparto político, utilidades financieras transnacionales y marginación de pueblos, son más las razones para el compromiso y sueño por un curso efectivo en la lucha por la justicia social y la dignidad humana, y dado el proseguir de la revolución tecno-científica en curso desde hace más de cuatro décadas con avance del conocimiento, hay motivos que obligan a reflexionar sobre la situación concreta del continente, sus proyectos, la región y el país.

Aquí en el terruño y su influencia geopolítica, tenemos al frente un riesgo a comienzos de la década de los veinte, por derivación de los planes estratégicos, de infraestructura y explotación de recursos en la subordinación al mercado y el capital internacional de quienes controlan las riendas del poder: el plan y la pretensión de renovación de su matriz económica durante los dos próximos lustros, que con manejo de un ingreso y bonanza, podría aumentar la preeminencia en la correlación estratégica del modelo económico, en desfavor del avance de las luchas sociales y política.

Señaladas una vez las anteriores realidades y riesgo, el equipo humano que hace posible el periódico desdeabajo, en común, unión y suma de los colectivos estudiantiles y sindicales Dignidad Educativa, Rebeldía Estudiantil Organizada, Colectivos de Estudio y Trabajo Sindical y Corriente Estudiantil Popular, organiza en Bogotá los días 20-21 de noviembre el Foro: "La reconstrucción social y sus sujetos, ¿unidad de la izquierda 2013-2019?".

Nos inspira y anima poder contar con la presencia de la mayor cantidad de organizaciones sociales y políticas, además, de otros liderazgos sociales, para conversar entre todos con oído abierto, y conocer y exponer tesis y proyecciones políticas de mediano y largo plazo. Evaluar el sentido de experiencias que resumen los gobiernos locales alternativos, en fin, disponernos a un accionar común que ojalá, en corto plazo, tenga traducción en constituir nuevas, renovadas y fortalecidas opciones políticas para el cambio. Un nuevo puerto.

Con una mirada de respuesta, de superar las limitaciones constatables del apoyo popular, llamamos a disponernos a un debate abierto para la elaboración y formulación de una línea política que hemos dado en llamar "de inclusión, poder y gobierno". Esfuerzo desde la cual y con la cual, con rescate del esfuerzo, el sudor, las lágrimas y la sangre hasta hoy, surja una nueva generación de activistas con potencial de liderazgo colectivo, con visión de país, de región y de mundo. Una nueva generación con criterios y base en lo mejor de la ciencia y del saber, pero con sensibilidad ante el tiempo (que en la disputa política no es eterno ni más que prolongado) y el territorio (que tiene en cada comunidad y experiencia a inter-relacionar sus coordenadas y soportes de calado estratégico).

 

Sobre la táctica y la estrategia

Luis Matini

Argentina

 

Lo colectivo y organizado, versus el individuo atomizado

Leda Berlusconi, Argentina
 

Hacia la refundación del pensamiento crítico y los movimientos antisistémicos

Raúl Zibechi

Uruguay

 

La protesta social: protagonista del gobierno Santos

Edwin Cruz Rodríguez

Colombia

 

El correísmo, modelo social y político de dominación

Barbara Natalia Sierra Freire

Ecuador

 

Movimientos sociales en América Latina: entre la forma-comunidad y la forma-Estado


Leopoldo Múnera Ruíz

Colombia

 

 


Videos Raúl Zibechi (conferencias, entrevistas)


 

 

 

 

 

Publicado enColombia
Congreso de los Pueblos

Un debate necesario, urgente: que entre todos los sectores sociales y políticos que proyectan un porvenir diferente para la sociedad que somos, asuman el debate de el qué, cómo, con quiénes, del país por construir.

Invitación a tal debate, reposa en la invitación a participar en el Foro: La reconstrucción social y sus sujetos, ¿unidad de la izquierda?, que el 20-21 de noviembre toma cuerpo en Bogotá.

En el marco de su preparación en Bogotá y Cali se efectuaron sendos pre-foros. A continuación una de las intervenciones presentadas en la sesión capitalina.

 

Al leer la convocatoria del Foro del 20 y 21 de noviembre, encontramos que se habla de la reconstrucción social y sus sujetos y enseguida de la unidad de la izquierda, por lo cual, al preguntarnos por los movimientos sociales y sus articulaciones, uno tendría que entender que los organizadores tienen en mente la posibilidad de que a partir de la articulación de esos movimientos se construya una propuesta política que los lleve a ser gobierno y a ser poder en Colombia.

 

Tengo una inquietud al respecto: esto supone que existen los movimientos sociales, pero yo creo que el supuesto no es tan evidente. Ese será mi punto de partida. Y algo más: lo que acabamos de escuchar a propósito de Bogotá nos ilustra sobre un aspecto muy particular de la realidad colombiana que también debemos tener en cuenta ahora: la distancia entre lo rural y lo urbano.

 

Desde un punto de vista meramente estadístico, uno se haría la pregunta: ¿Cuántas personas movilizan eso que acostumbramos llamar "movimientos sociales"? Evidentemente, si acaso suman centenares de miles, pero este es un país en el cual, para no aludir a que somos 47 millones de habitantes, digamos que la población económicamente activa estaría entre 20 y 25 millones de habitantes. Entonces, debemos reconocer que, desde ese punto de vista cuantitativo, eso es muy poco. Ustedes me dirían que, desde de una mirada sociológica, eso está mal planteado porque la dinámica de los movimientos sociales no es importante por lo cuantitativo sino por lo cualitativo y por la capacidad que tienen de introducir en el conjunto social una dinámica de transformación. Correcto, hay que admitir que se han ganado una presencia, incluso en el imaginario nacional. Pero ¿Y el resto de la población? En cuanto a la capacidad de inducir transformaciones, la cosa no es tan clara. Eso nos lleva al tema de la política.

 

Cuando pienso en la relación entre movimientos sociales y la política, inevitablemente, en Colombia, tengo que asomarme, desafortunadamente, al fenómeno electoral. Colombia, a pesar de las cosas que se han querido ver después de la Constitución del 91, sigue siendo una democracia representativa, por no decir "delegativa". Y cuando uno mira los resultados electorales resulta que Santos ganó con 8 millones de votos y el siguiente llegó a 3.5 ó 4. En cambio, la vez que un movimiento político progresista (en el sentido amplio de la palabra), tuvo sus mejores resultados (con Carlos Gaviria) apenas llegó a 2 millones 600 mil. Los datos electorales, entonces, también nos dejan muchas dudas. Y es como pasar de los movimientos sociales a lo político; en los datos electorales como que se ve ese "resto" de la población. Curiosamente nosotros siempre hablamos mal de las encuestas. Como se sabe, le dan a Uribe un porcentaje altísimo de popularidad, casi 80%; a Clara le dan alrededor del 20% y más o menos lo mismo a Navarro. Decimos entonces que son amañadas. Sin embargo, los resultados electorales se parecen mucho a las encuestas; eso es lo que a uno lo deja, como diría un bogotano, "rabón". La "rabonería" consiste en que, desde hace años, hablamos mal de las encuestas y luego miramos los resultados electorales y tenemos que reconocer que la encuesta tenía razón.

 

En términos políticos no ve uno tampoco grandes masas acaudilladas por los movimientos sociales y ahí es donde cabe la reflexión inicial: la brecha entre lo rural y lo urbano. Si uno mira los movimientos sociales en Colombia y en el continente, los movimientos sociales fundamentales tienen base territorial. En cierta forma, rural. Además, como todo movimiento social están circunscritos a unos objetivos muy particulares y suelen ser episódicos, es decir, tienen problemas para garantizar continuidad. El gran paro nacional agrario y popular que acaba de verificarse, y que con mucha razón algunos decimos: en realidad fue más importante que el mítico paro cívico nacional del 77, ese paro agrario nacional fue ante todo una movilización que resultó de la composición y la confluencia de numerosos movimientos locales, no solo de los campesinos, que por definición están relacionados con la tierra y la producción agropecuaria, sino también de los movimientos más significativos de los últimos años originados en la resistencia en contra de los megaproyectos: la minería, las hidroeléctricas, etc.,

 

Aquí hay que mencionar otro movimiento muy importante que es el de los pueblos indígenas, particularmente los del Cauca, que en realidad no participaron sino muy marginalmente en el paro nacional agrario, pero, en cambio, recuperando la consigna de la minga, recientemente hicieron otra movilización, propia, exclusiva. El movimiento indígena, cuya reivindicación fundamental es territorio y autonomía en el territorio, también podría definirse como un movimiento territorial y hasta local, aunque es más político en el sentido de que reclama un estatus de ejercicio de soberanía propia dentro del conjunto de la nación colombiana. Es decir, reclamarían una configuración política plurinacional como la que se planteó en la constitución boliviana. En ese sentido sería el movimiento más político de todos, con la particularidad de que es político porque, se asumen como poder y reclaman una definición política para sí mismos como si fueran un proyecto de Estado. Pero no dialogan con el conjunto de movimiento popular. Y ese déficit no lo resuelve que se añadan diez mil apelativos (todos lo hacen, especialmente en el contexto del Congreso de los Pueblos), "Minga, indígena, social, popular, comunitaria". Con buena intención le pueden agregar a lo indígena 10 adjetivos pero nunca superarán la reducción del movimiento indígena a lo indígena.

 

Lo urbano parecería ser el escenario de lo sectorial y económico (no territorial), y de la continuidad de los movimientos sociales estructurados; sin embargo, de todos ellos sólo queda el movimiento sindical, como organización permanente y como movimiento que garantiza continuidad. Pero, la organización sindical está reducida a su mínima expresión, la tasa de afiliación no llega al 4%, y si se miran las centrales sindicales, el panorama no es alentador. La espina dorsal de la Cut son los trabajadores del Estado y en éstos el Magisterio, Fecode. Si en Colombia se hiciera una ecuación, ésta sería: Movimiento Sindical Colombiano = Fecode.

 

Cuando uno examina eso, descubre que la relación que tiene con la política es lo menos político del mundo. ¿Por qué? Porque si se plantea en relación con el legislativo y con propuestas de ley, hay política, pero estrictamente circunscrita a defender, por ejemplo, el régimen especial de salud, a defender el régimen especial de los maestros en materia de pensiones, a defender las primas, etc., Muy justo todo, pero tampoco dialoga, en términos políticos con el conjunto del movimiento popular. Prácticamente ninguno de los fragmentos del sindicalismo colombiano dialoga con el conjunto sindical y menos con el movimiento popular en términos de la política.

 

Intentemos una explicación, volviendo a las estadísticas. En Colombia cuando se mira la población empleada, (una fracción de la población económicamente activa), los porcentajes de "trabajo por cuenta propia", o del que llaman informal, y del subempleo son altísimos. El porcentaje global es considerable, pero es todavía más alto cuando le sumamos los empleados de los servicios en general, incluyendo los financieros, en las actividades de comercio y en entidades de servicio del gobierno, el porcentaje es abrumador. En la industria manufacturera (o mejor obreros fabriles) hoy por hoy ya no superamos los 400.000 en todo el país, (el resto, digamos un millón y medio, están en minúsculas "empresas" o por cuenta propia). En el campo, pequeños propietarios, entre 800 mil y 1 millón. El hecho es que este es un país, en lenguaje de los economistas, de trabajadores por cuenta propia y en lenguaje más común un país de rebusque. En esas condiciones, ¿cómo podrían surgir los movimientos sociales? Ahí está la brecha entre lo rural y lo urbano. Lo rural es el escenario de los movimientos de base local, territorial; lo urbano es el reino de la individualización, no construye movimiento social. En cuanto a los movimientos cívicos, éstos desaparecieron en medio de la represión, entre la violencia y la cooptación y el soborno. No hay movimiento urbano equivalente al rural, porque podría haber movimiento de base local o territorial también en las ciudades, pero no lo hay.

 

Ahora bien, se ha visto en América latina que cuando predomina la individualización los fenómenos sociales y políticos no nacen desde abajo sino desde arriba, porque el referente del individuo no es su prójimo inmediato sino hacia arriba. Se configura de esa manera el fenómeno del caudillismo. Y entonces la idea que a uno se le podría ocurrir es: propongamos un movimiento político basado en la unidad del sector popular en torno a una idea, un programa y un caudillo. Es decir, la gente no se estructura socialmente alrededor de su reivindicación sino que se estructura alrededor de una idea y de la posibilidad de la asistencia social a partir de los instrumentos del Estado. Esta descripción está, por ejemplo, en la historia del Peronismo, claro que el peronismo tuvo una base importante sindical, la Confederación General de Trabajadores de Argentina que todavía es peronista en sus muchas fracciones, pero que fue la base de los históricos y legendarios gobiernos de Perón en los años 50.

 

Tenemos el mismo fenómeno en Venezuela que tiene una población trabajadora y un pueblo en condiciones parecidas a las de Colombia, así, individualizado, con un peso enorme en las ciudades, con un consumismo enfermizo. Se fue reuniendo en torno a un descontento, a una idea, –hubo un golpe que se intentó dar y que fracasó, pero alimentó la ilusión– y avanza políticamente un caudillo que es Chávez. Luego llega el gobierno de Chávez y se cierra el círculo porque, desde el Estado, ese gobierno empieza a otorgar una serie de beneficios sociales lo cual refuerza la ideología.

 

En casi todos esos procesos el Partido Político se construye a posteriori, desde arriba, desde el caudillo y desde el Estado, y se construye así con una suma de ingredientes de corrientes antiguas pero sobre todo con el enorme apoyo popular. Se construye ese partido alrededor de Chávez, lo mismo que sucede en Ecuador con Correa –Alianza País– que se construye a posteriori desde arriba, o en Bolivia con Morales que impulsa y construye el Mas.

 

Es decir el partido el movimiento político nace desde arriba, desde el caudillo. La explicación sociológica es que no hay lazos dentro del pueblo que permitan construir movimientos sociales, sino que hay una masa formada por individuos que espontáneamente tienden a seguir a un caudillo y a un programa.

 

Esa podría ser la búsqueda en Colombia. Habría que pensar una idea fuerza y habría que pensar en un caudillo, habría que pensar en llegar al gobierno, habría que pensar en desarrollar unas políticas sociales para reforzar esa fuerza. Claro que ha sido un misterio ese surgimiento de los caudillos: ¿qué es lo que le llega al pueblo y los convierte en tales? Es como en los programas de TV llamados "Factor x". Por ejemplo, en realidad el verdadero líder indígena de Bolivia no era Evo, era Felipe Quispe a quien llamaban el Mallku que en aymara quiere decir el Cóndor, o sea lo máximo; él era el hombre radical, el hombre reconocido por todo el mundo, pero se fue eclipsando y surge en su reemplazo un hombre que no era tan indígena; tenía origen indígena como muchos, pero en realidad venía del movimiento sindical campesino cocalero. Y con todo el proceso electoral va creciendo y Evo Morales se convierte en el gran caudillo.

 

Es un misterio cómo se construye el caudillo o cómo se identifica ese caudillo. Por ejemplo Gaitán, cómo nació, cómo creció, cómo se convirtió en ese hombre que movilizaba miles y miles. Cuando pronuncia la oración por la paz reúne en Bogotá en la Plaza de Bolívar creo que a 50.000 personas, en 1948 cuando Bogotá tendría tal vez 400.000 habitantes. Y nosotros, hoy en día, con dificultad reunimos 20.000. No tenemos movilización de masas, no tenemos la idea fuerza, no tenemos el caudillo, pero esa podría ser la propuesta para responder a la necesidad que se está enunciando en este Foro.

 

La pregunta que les hago ahora tiene como base lo que está pasando en América Latina: ¿Vale la pena ese riesgo? Miremos la experiencia de Venezuela; miremos las otras experiencias. ¿No sería un error garrafal? Pero si esa es su apuesta, si es así, busquemos el "factor x"!!.

 

Gracias.

 

* Transcripción de la ponencia presentada en el Pre-Foro del 6 de noviembre.

Publicado enEdición N°197
Viernes, 08 Febrero 2013 08:36

Política de alianzas o hermanamiento

Política de alianzas o hermanamiento

Itacumbú, en 1962, fue el primer campamento de los cortadores de caña de azúcar (cañeros) en Bella Unión, departamento de Artigas, norte de Uruguay. El campamento fue, por un lado, un espacio de convivencia, debate y elaboración colectiva de respuestas de un grupo de cañeros ante el acoso policial y patronal que sufrían. En ese sentido los campamentos contribuyeron a soldar potentes lazos de solidaridad entre oprimidos, condición elemental para afrontar los duros combates que les esperaban.

 

En segundo lugar, a los campamentos llegaron personas de todo el país para apoyarlos en una lucha tan desigual contra las grandes empresas que implementaban formas de trabajo cercanas a la esclavitud. Acudieron estudiantes, obreros, cooperativistas, profesionales, sacerdotes franceses y comunidades católicas, que convivían en el campamento y en casas de familias de la localidad. Trabajaron junto a los cañeros levantando la policlínica, tarea que demandó tres años de trabajo colectivo, y realizaban tareas culturales, recreativas y cursos de formación.

 

Los campamentos de los cañeros, agrupados en el sindicato de nombre UTAA (Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas), deben mucho a la inspiración de su líder, Raúl Sendic Antonaccio, aunque la forma-campamento ya era y seguirá siendo un modo de acción de los oprimidos en muchos lugares del mundo. La experiencia vivida por centenares de jóvenes, y no tanto, en los campamentos cañeros fue decisiva en la conformación de un vasto movimiento de liberación nacional que detonaría años después. Fueron escuelas de autoformación popular, antes de que naciera la educación popular y muchísimo antes de que ésta fuera codificada como "método" de trabajo por las ONG afines a las políticas de "combate de la pobreza" en línea con el Banco Mundial.

 

Lo sucedido hace medio siglo entre cañeros y jóvenes citadinos no fue algo excepcional aunque, debe reconocerse, no sucede todos los días. Algo similar está sucediendo en Chile entre los sectores más activos y autónomos del pueblo mapuche y los estudiantes organizados en torno a la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES). Decenas y luego cientos de estudiantes liceales comenzaron a poblar las marchas mapuches y crearon en el seno de la asamblea "una comisión especial para trabajar en forma directa con los mapuches", como explican algunos de sus integrantes.

 

Los estudiantes mapuches están también organizados y ambos colectivos apoyan a las comunidades militarizadas en el sur chileno. Los vínculos entre los dos movimientos más importantes del país se profundizan de forma capilar, participando en acciones y en algunos casos acudiendo en pequeños grupos a las comunidades para, simplemente, estar, acompañar, aprender, apoyar. No creo apropiado denominar a este tipo de vínculos "solidaridad", ya que se trata de una relación sujeto-objeto en el que una parte decide, cuando y como le parece, apoyar, del modo que considere adecuado, a otros y otras a mayor o menor distancia. Pero sin moverse del lugar material y simbólico que ocupa.

 

Lo que sucede en el Chile actual y sucedió hace medio siglo en Uruguay, y tantas y tantas veces en tantos abajos, es otra cosa. Prefiero llamarle "hermanamiento". Es un vínculo entre iguales, entre dos sujetos que construyen una nueva realidad, material y simbólica, moviéndose ambos del lugar que ocupaban. Eso supone autoaprendizaje colectivo sin alguien que enseñe y otro que aprende, sino algo mucho más fuerte: la construcción de algo nuevo entre todos y todas los que participan en la experiencia de vida, algo que no pertenecerá a unos y otras porque es un resultado colectivo.

 

Esto no pasa por llevar cosas a quienes se supone que las necesitan porque tienen alguna "carencia". La fuerza motriz de este hermanamiento no es ayudar, algo que nunca se sabe bien qué es, sino crear. No es ni dar ni recibir. Históricamente, ha sido el camino de los de abajo para construir movimientos rebeldes, no para ganar elecciones, sino para crear un mundo nuevo, algo que pasa inevitablemente por la destrucción del sistema capitalista y militarista actual.

 

En Chile, los estudiantes secundarios han transitado un camino empinado en dos años de masivas movilizaciones. Comenzaron con demandas a favor de una educación gratuita y de calidad para poner en pie, ante las elecciones municipales de octubre, la campaña Yo no presto el voto, llamando a la abstención. El 60 por ciento se ausentó de las urnas, mostrando el alto grado de desprestigio del sistema político. La combatividad y radicalidad de los estudiantes, la valentía demostrada al enfrentar a los Carabineros en la calle y al conjunto del sistema de partidos, su creatividad y persistencia en el tiempo, los han convertido en un actor central en el escenario chileno.

 

El movimiento mapuche, como señala Gabriel Salazar en su reciente Movimientos sociales en Chile, hace un tipo de política que "no se rige por la Constitución (...) ni se constituye como partido político; ni acopla su ritmo al calendario de elecciones, ni pretende devenir en poder parlamentario". Tampoco disputa "la conquista de un 'cargo' (fetiche de poder) en el Estado". La política para los mapuches es "el cuidado de un 'pueblo' sobre sí mismo. De la 'vida' sobre sí misma...Y todo eso es, sin duda, una tarea de toda la comunidad, no de uno que otro individuo. Por eso es política, y a la vez, soberanía". En suma, "viven luchando y luchan viviendo".

 

Llamar "política de alianzas" al vínculo entre dos sujetos parece no sólo insuficiente, sino pretende nombrar con palabras del arriba las relaciones entre los abajos. La política de los primeros se rige por la "correlación de fuerzas", concepto que no puede disimular su hechura con base en cálculos mezquinos de intereses inmediatos. Hablemos entonces de hermanarnos, de hacernos carne y sangre, y barro. Para hermanarnos, nos juntamos, nos mezclamos, nos enredamos, nos mestizamos; dejamos de ser para seguir siendo en, y con, otros.

 

Raúl Zibechi

Publicado enInternacional
Una nota sobre la organización del conocimiento como organización de la vida

Razón tiene Gonzalo Arcila: es importante incentivar el diálogo, tanto más cuanto que se trata del conocimiento, que es, como sabemos, la vida misma. Ello, desde luego, no va en desmedro de la posibilidad –y en ocasiones del hecho– de que puede haber –y ojalá los haya– desacuerdos y disensos. Lejos de todos nosotros las mayorías y los unanimismos, propios de las iglesias y las ideologías de todos los tonos. Concuerdo en la importancia del diálogo como forma de vida, que ha sido siempre, en todas las geografías y culturas, la señal misma del desarrollo y el carácter civilizado de la existencia. Sólo que ahora, por el contenido mismo de su texto, Gonzalo abre el diálogo (por lo pronto, decimos los optimistas) a tres...

 

Es hermoso el título de la propuesta del profesor Arcila: "La experiencia de la infinitud". La razón tiene que ver con el concepto mismo de infinitud. Ya tendré la ocasión de volver sobre el nombre mismo.

 

Quisiera destacar cuatro temas en el texto de G. Arcila para justificar este diálogo. El primero tiene que ver con lo que denomina "el diálogo conceptual como forma de vida y la tarea de transformación de la realidad planetaria". Un segundo motivo es el diálogo con Pablo Dávalos acerca de las reticencias de éste último para asumir "las teorías de la complejidad en las ciencias sociales y humanas". Específicamente, se trata de la "episteme de la physis" como estrategia política que hay que develar. Gonzalo cree que esta episteme "abre un tema para la investigación, de amplias implicaciones, en la historia del pensamiento de Marx y Engels respecto a los intercambios entre naturaleza y sociedad capitalista". Justamente, aquí aparece el tercer tema: se trata, para decirlo con sus palabras, de "la realidad del tiempo infinito y creador y de la experiencia humana que da cuenta de esa realidad. En esa emergente experiencia, el destino de la naturaleza y la humanidad no es la muerte, tampoco el abandono en un valle de lágrimas, ni la culpa por un pecado que nos privó sin esperanza del paraíso". Finalmente, el cuarto motivo es el interés de Gonzalo por la universidad y por tanto por la gestión del conocimiento. De hecho éste constituye el verdadero motivo de la nota suya, pues dirige u orienta todos sus otros comentarios, aclaraciones e interpelaciones tanto a Pablo D. como a mí hacia este tema.

 

***

 

Existe, a todas luces, un serio problema. Una vez que, por obra de la internacionalización, globalización o mundialización (en realidad, tres maneras distintas de denominar un mismo proceso), los problemas se han vuelto efectivamente planetarios, el más difícil de los problemas tiene que ver con la acción. Entender y explicar los procesos y dinámicas, los retos y los peligros, los agentes y las consecuencias de la globalización es ya hoy en día prácticamente un lugar común. La dificultad enorme surge del lado de la acción –praxis. En efecto, la vieja aserción de los años 1980 –"pensar globalmente y actuar localmente"– es hoy en día no solamente una proposición conservadora, sino, además y por ello mismo, una idea inocua, poco eficiente.

 

El tema, más bien es, ¿cómo actuar globalmente en contextos de mundialización? El término, bien intencionado acuñado por N. García Canclini (y otros) de lo glocal es afortunado, pero limitado frente al interrogante. La acción es siempre local, no cabe la menor duda. Pero ya hoy en día no puede ser única o exclusivamente local. Dadas las dinámicas, estructuras y procesos globalizantes, los procesos de transformación –en el orden que se quiera, en el plano que se proponga, en fin, con la intención que se sugiera– debe ser, correspondientemente global. Pero, precisamente por ello, la antropología y la etnografía, por ejemplo resultan fundamentales: existen numerosas prácticas locales que son desconocidas a escalas meso y macro.

 

El capitalismo se caracteriza por ser un sistema social y cultural –en el sentido más amplio y al mismo tiempo incluyente de la palabra– que se caracteriza por la improvisación, el cortoplacismo y la inmediatez. No en vano, las dos o tres ciencias que fungen como dínamos del capitalismo poco y nada saben de densidad temporal: el derecho, la economía y la administración (y dentro de la segunda, las finanzas). Razón tiene Wallerstein: se trata de ciencias del presente, ciencias (o disciplinas, da igual) que poco y nada saben del pasado o del futuro como longue durée (una expresión que se debe en realidad a Braudel).

 

Una acotación: En el derecho, la economía o la administración temas como: historia del derecho, historia de la economía o historia de la administración son perfectamente episódicas, pues un administrador, un economista o un abogado (o jurista, según el caso) deben ante todo saber de eficiencia y eficacia.

 

Contrario a estas, la termodinámica de los sistemas alejados del equilibrio o física del devenir tiene en el tiempo un organizador intrínseco. El tiempo es, al cabo, un factor creador y no destructor; factor de aprendizaje antes que de olvido; en fin, el tiempo posibilita y abre, antes que uniformiza, equilibra y aplana todo –como decía, Platón al final de la República (Politeia), en la aguas de lethe, que es el olvido.

 

La termodinámica del no-equilibrio es la primera ciencia en la historia de la humanidad que plantea, de manera abierta y directa que el tiempo desempeña un papel creador. Durante toda la historia de la civilización occidental, particularmente debido a las tres religiones monoteístas fundacionales de la misma, el tiempo era asumido como una maldición, un factor destructivo, un mal necesario. Las cosas importantes, valederas, suceden a pesar del tiempo y, en realidad, después del tiempo.

 

Para reafirmar esta argumentación: La física newtoniana, ahora calificada de clásica, fue en su momento una ciencia revolucionaria. De hecho, en la historia de la ciencia, el estudio del cielo –planetas, sol, estrellas, etcétera– fue un tema que, nutriéndose originariamente desde el Renacimiento, define el rasgo mismo de la Modernidad. Pues bien, la astronomía fue una ciencia de continuos cambios y mejoramientos: empíricos (observacionales y de medición), filosóficos y científicos. Esta historia produjo la muerte de la numerología y el nacimiento del álgebra; la separación de la astrología y la astronomía; en fin, la escisión entre la teología y la ciencia propiamente dicha. En esta historia contribuyen figuras tan fundamentales desde John de Sacrobosco a Giordano Bruno, de Nicolás de Cusa a Galileo, en fin, de Kepler y Copérnico a Newton. La astronomía representaba un campo cuya inestabilidad era altamente atractiva para las mejores mentes de la época. Al cabo del tiempo, ella daría lugar a la necesidad de que naciera el cálculo –gracias, simultáneamente, a Leibniz y a Newton. Esa historia produjo herejes como G. Bruno y juicios inquisitoriales como a Galileo Galilei. Se trata, en fin, de una historia que no tuvo lugar de manera pacífica y desapercibida, sino que, literalmente, cambió la forma de ver el universo y la realidad predominante durante diez siglos de Edad Media, por lo menos.

 

La dificultad –la enorme dificultad– radicó en que el movimiento que fue por primera vez descubierto y explicado tuvo lugar a la manera de explicaciones mecánicas, que para la época eran innovadoras, pero que, como sucede en el caso de Newton terminan, al cabo, por convertirse en saber oficial.

 

La ciencia moderna nace como ciencia "desde abajo" en contraste con la teología que era la ciencia de la Edad Media y que trabajaba "desde arriba". En consecuencia, la ciencia moderna descree de la autoridad y la tradición, se funda en la observación y la descripción, crea nuevos métodos, técnicas y herramientas, acuña nuevos conceptos y lenguajes, se organiza ella misma en prestigiosas instituciones (la Royal Academy, la Académie Française des Sciences, la Preussische Akademie der Wissenschaften – cada una con sus respectivos capítulo, estatutos, canales y formalismos). "Desde arriba" hace referencia a la escolástica, la ontología racional, la psicología racional y la cosmología racional, el peso de la teología y con ella, de ese capítulo medular que es la dogmática, el peso de la autoridad, en fin el acatamiento y el temor, todo lo cual se expresaba en fórmulas como el nihil obstat y el imprimatur. La ciencia Moderna fue, a todas luces, una revolución.

 

Pues bien, la Modernidad nace pensando el mundo y el espacio del ser humano. Por ello su interés por la física. Pero con ella, el cuidado, la observación, la descripción de la naturaleza. La naturaleza como fuente de verdad y como criterio del juicio, en marcado contraste con el peso de la Iglesia, y con ella del Vaticano, el Papa, y Rey de que se tratara en cada caso.

 

Como quiera que sea, en los nuevos tiempos la naturaleza no es un enemigo a vencer y esclavizar. Por el contrario, es nuestra amiga –muchas dirán incluso, nuestra madre (la Pachamama, acaso)–, y cualquier disputa o pelea con ella, con absoluta seguridad la perderá el ser humano. Éste, en términos abstractos; y en términos concretos cualquier sistema económico y de valores, religioso y político, social y de principios que sitúe a la naturaleza simplemente como medio para los fines, intereses, beneficios y utilidad de dicho sistema.

 

Desde los orígenes de la Modernidad hasta nuestros días, asistimos, literalmente, a un creciente movimiento de naturalización de la epistemología, y con ella, de naturalización de la ciencia y la filosofía. Una de las últimas expresiones de esta tendencia son las ciencias de la complejidad.

 

Estamos, manifiestamente, apenas en los inicios del nuevo modo de organizar el diálogo humanidad-naturaleza. Podemos aprender, como de hecho se está comenzando a hacer, de otras culturas y civilizaciones llamados eufemísticamente como no-occidentales, o bien como no-tradicionales, o incluso como alternativas. La relación entre el ser humano y la naturaleza es en realidad el aprendizaje de dos ritmos y densidades temporales radicalmente distintos. Uno, el de los tiempos humanos, bastante limitados; otro, el tiempo de la naturaleza, que, por ejemplo, como bien lo enseña la geología, comienza a contar a partir del millón de años, pues tiempos y escalas inferiores son bastantes limitados. Pues bien, el encuentro o el diálogo entre ambos tipos de temporalidad corresponde en realidad al aprendizaje, por parte de los seres humanos, de que la lógica de la naturaleza es exactamente como el de la vida: se trata de un (doble) juego que se juega a largo plazo.

 

La complejidad –esto es, las ciencias de la complejidad– nacen a partir de fenómenos intrínsecamente inestables e imprevisibles. De un lado, como respuesta a Oscar II, rey de Suecia, quien quería saber si el universo era estable a largo plazo. La respuesta, como es sabido, la aporta H. Poincaré con una demostración de imposibilidad. Y de otra parte, con el estudio de la meteorología por parte de E. Lorenz, nace el estudio de los sistemas caóticos: ciencia del caos. Al mismo tiempo, el estudio de fenómenos y comportamientos alejados del equilibrio (reacciones Belousov-Zhabotinski), y las células de Bénard permitirán a la postre el nacimiento de la termodinámica del no-equilibrio. El resto es historia –cuyo recuento, sin embargo, no cabe en el espacio de este blog. La complejidad está caracterizada como la pasión por fenómenos, comportamientos y sistemas esencialmente inestables, fluctuantes, impredecibles, irreversibles y súbitos. Nunca en la historia de la humanidad se había tomado tan en serio el tema del devenir. La historia (oficial! Cfr. La historia oficial, Director Luis Puenzo, 1985) de Occidente es la historia de(l) ser .

 

***

 

Ahora bien, el tema se orienta, más pronto que tarde, a la organización del nuevo conocimiento. Dicho literalmente, se trata de la gestión de la revolución, al mismo tiempo que se trabaja en ella –una circunstancia apasionante, y que como tal nunca se había manifestado en la historia anteriormente.

 

En este panorama, se trata de la crisis de la universidad en su sentido tradicional. La innovación, de hecho, en el mundo de hoy, no se lleva a cabo fundamentalmente al interior de la universidad, sino, por el contrario, mayoritariamente por fuera de ella. No en vano el llamado a la alianza Universidad-empresa, de un lado, y de otra parte, a la función social de la universidad: Universidad-sociedad. Mediando, siempre, el papel del Estado. Ya sea como reglador o bien, idealmente, como garantista –lo cual conduce la mirada en otras direcciones.

 

Las ciencias de la complejidad son ciencia de punta. A pesar de ser aún pequeño el espacio para su desarrollo, es pujante y creciente su desarrollo y vitalidad. Basta con echar una mirada a la cantidad –¡y calidad!- de eventos revistas, colecciones editoriales, y demás en el país y en el mundo.

 

De manera atávica, las revoluciones han comenzado en intersticios y comisuras; en pliegues y márgenes. Sólo, paulatinamente, se van ganando valles y montañas. Pues bien, lo mismo sucede en el plano de la investigación tanto como de la educación. Se trata, si cabe, de una estrategia evolutiva.

 

Antes que elaborar una reflexión de tipo universal, cabe mirar la situación en nuestros países. Los administradores de las universidades no son, de manera tradicional académicos o científicos. Son políticos o economistas, administradores o abogados, ingenieros o financistas, mayoritariamente. Y sin embargo, ese no es el verdadero problema. La verdadera dificultad estriba en el hecho de una fuerte asimetría entre las instancias administrativas de la universidad y las académicas y científicas. Esta asimetría ha sido generalmente en favor de las primeras, y en desmedro de las segundas. Un ejemplo puntual de contraste: ¡en los países anglosajones y europeos los administradores (o administrativos) jamás les dicen a lo académicos y científicos lo que deben enseñar o investigar!

 

Deben fortalecerse, manifiestamente los puentes entre la educación básica y la media, y entre ambas y la universitaria. Pero, como con razón sostiene M. Cereijido, América Latina no produce ciencia ni tecnología, sino, en el mejor de los casos, científicos e ingenieros. Y más generalmente, nuestras universidades usualmente producen cohortes. (Los programas de pregrado y de postgrado, así como los doctorados habitualmente se presentan a sí mismos, como produciendo la cohorte número x).

 

El problema ciertamente es de presupuesto y apoyo a la universidad pública tanto como de crecimiento y sensibilización social de parte de la universidad privada. Pero mientras las élites políticas se comporten indolentes ante el conocimiento, la situación difícilmente puede mejorar de manera significativa.

 

En el caso colombiano, por ejemplo, ningún presidente ha tenido ni siquiera título de Maestría –un notable ejemplo es, en Ecuador, Rafael Correa. Varios presidentes aparecen con "cursos de postgrado", simplemente. A excepción de los últimos ministros, particularmente de Hacienda, ningún ministro ha tenido título de Doctorado (Ph.D.). La excepción se explica por el hecho de que varios provienen de una prestigiosa universidad privada que ha hecho un fortín de ese ministerio y del Departamento Nacional de Planeación; por tanto, se trata de académicos fuertemente vinculados al sector privado, y a través suyo, al sector público. No existe tampoco ningún embajador que haya tenido una formación del más alto nivel académico. La razón proviene desde el siglo XVII cuando se hablaba de la mita y la encomienda: un país inmensamente rico por naturaleza, tenía la "indiamenta" y la "negramenta" (sic) para trabajar por y para las élites nacionales. Quizás el último miembro de las élites tradicionales que tuvo un acercamiento sincero por la ciencia, la investigación y el conocimiento, fue Federico Lleras Acosta, padre de la vacuna contra la viruela en Colombia.

 

Gonzalo Arcila hace el llamado –o la reflexión– de una nueva universidad acorde con los desarrollos de las ciencias de la complejidad. Compartimos ese sueño: pero miramos hacia delante, en el tiempo.

 

***

[1] Formulado originariamente por Heráclito, el devenir nunca fue un motivo serio de estudio en la civilización occidental. Ni siquiera el marxismo se tomará nunca en serio el trabajo del joven Marx sobre el Demócrito y Epicuro –los dos nombres que suceden en esta línea de pensamiento a Heráclito-.

 

 

Miércoles, 17 Octubre 2012 18:55

La experiencia de la infinitud

Pablo Dávalos escribió una amplia reseña crítica al libro de Carlos Eduardo Maldonado “Termodinámica y complejidad”. En su respuesta, el autor del libro le propone un diálogo. Quiero celebrar ese llamado. Se trata de hacer realidad el propósito que orienta la colección que inaugura ediciones desde abajo con el libro comentado.

En la presentación de la colección se parte del reconocimiento de la existencia de un proceso revolucionario en la ciencia. Se lo declara así: “Asistimos a una auténtica revolución científica”. Luego se agrega: “La ciencia se lleva a cabo en la forma de debates, críticas, refutaciones y la construcción de rigor cada vez mayor. Si ello es así, la ciencia funda una forma de vida fundada en la combinación entre mentes abiertas y críticas y el debate como nutriente de una investigación cada vez más cualificada que nos ayude a entender mejor el mundo en el que vivimos a la vez que incide en el mismo conservando lo mejor del acerbo de la humanidad y transformando el presente en la construcción de mayores y mejores horizontes de posibilidades”.

El diálogo conceptual propuesto hay que mantenerlo para que pueda germinar como forma de vida y, así mismo tiempo, para que enriquezca el sentido y el significado político de la tarea de transformación de nuestra contemporánea realidad planetaria.

Ahora ocupémonos del diálogo y el debate. C.E. Maldonado se plantea su libro como una introducción para las ciencias sociales y humanas de las teorías de la complejidad. Pablo Dávalos tiene reservas sobre la idea de asumir las teorías de la complejidad en las ciencias sociales y humanas y considera que se trata de un nuevo intento de imponer el positivismo, advirtiendo que hay una estrategia política que es necesario develar. Señala que ese intento se da “…en un contexto de un profundo desgaste de la ciencia moderna”. Agrega, además, “…la cuestión es que si la ciencia social incorpora la propuesta epistemológica de las ciencias de la complejidad, se harán más débiles y vulnerables con respecto a las relaciones de poder del sistema, porque todo fortalecimiento de la physis implica mayor opresión para la sociedad”, A modo de conclusión, sostiene: “Mientras más avanza la episteme de la physis, mayor peligro para la sociedad”. Estos juicios están sustentados con amplitud en su texto.

Carlos Eduardo Maldonado, de otro lado, hace una presentación también amplia de sus argumentos y remite a los lectores al estudio de su libro. No quiero abundar en lo escrito por ellos pero considero que el asunto abordado acerca de la “episteme de la physis” abre un tema para la investigación, de amplias implicaciones, en la historia del pensamiento de Marx y Engels respecto a los intercambios entre naturaleza y sociedad capitalista. Especialmente pertinente en relación con las tesis de Pablo Dávalos, es la valoración negativa que en ese momento algunos hicieron del libro de Engels “Introducción a la dialéctica de la naturaleza”. El libro de Engels fue considerado como un retroceso positivista. Habría que retomar ese debate hoy. A ese respecto Michel Serres en su libro “El nacimiento de la Fisica” (1977) presenta un valioso aporte epistemológico.
Pero hay un problema en el libro de C.E. Maldonado que he querido llamar la experiencia de la infinitud y sobre el cual llamo la atención. Se trata de la realidad del tiempo infinito y creador y de la experiencia humana que da cuenta de esa realidad. En esa emergente experiencia, el destino de la naturaleza y la humanidad no es la muerte, tampoco el abandono en un valle de lágrimas, ni la culpa por un pecado que nos privó sin esperanza del paraíso.

C.E. Maldonado trata el tema a lo largo del libro y especialmente en tres capítulos: el tercero, el once y el doce cuyos títulos son: La identificación de lo real, El reencanto del Mundo o la tercera cultura y La inquietud del tiempo. En ellos se plantea como la termodinámica de los sistemas alejados del equilibrio o física del devenir tiene en el tiempo un organizador intrínseco.
El diálogo de la humanidad con la naturaleza adquiere por ello un sentido y un significado radicalmente diferente al que se dio a partir de la física newtoniana, ahora calificada de clásica. En el emergente diálogo hoy posible, la naturaleza no es un enemigo a vencer y esclavizar. La ciencia que hace posible esta nueva experiencia, dice C. E. Maldonado es “…una ciencia de sueños despiertos y de pasiones bien vivas gracias precisamente al doble reconocimiento de que el tiempo no es una ilusión, sino realidad creadora, y que la naturaleza admite diversos puntos de vista, que son complementarios. Tal es, en una palabra, la pasión de la complejidad”.

Ahora bien, estamos apenas en los inicios de este nuevo modo de organizar el diálogo humanidad-naturaleza, lo dominante hoy son las inercias de la ciencia clásica; cuando Pablo Dávalos plantea sus reparos y advierte sobre los peligros de “reducir el acontecimiento social a los límites del positivismo” tiene razón. Es cierto que la mayoría de los científicos de las fatuamente llamadas ciencias duras y blandas, se orientan en sus empeños por el cálculo egoísta y el frio interés y son esclavos asalariados de la élite corporativo cuando no ellos mismo dirigentes de esas élites. Ellos, con su autoridad, dice, Pablo Dávalos son “…en realidad una garantía del poder”.

Esa valoración resulta inadecuada, aplicada al libro de C.E. Maldonado o al informe de la comisión Gulbenkian dirigida por Immanuel Wallerstein. Aquí es necesario recordar que ese informe titulado “Abrir las Ciencias Sociales” (1995) respondía a preocupaciones sobre el modo como los administradores de las universidades estaban reorganizando la investigación y la formación de postgrado. El informe a ese respecto era contundente al plantear el tema de la responsabilidad de los investigadores en ese debate. Leamos: “Si los científicos sociales activos no lo hacen, sin duda los administradores de las instituciones de conocimiento lo harán por ellos”. Y frente a la situación existente decía que no era posible “…seguir ciegamente adelante como se pueda, en la esperanza de que de alguna manera las cosas mejorarán y se arreglarán solas, porque la confusión, la superposición y la escasez de recursos están aumentando simultáneamente y en conjunto pueden llegar a constituir un bloqueo considerable a la creación de nuevo conocimiento”. Esta caracterización dramática (1995) hoy es más grave. La actual crisis planetaria de la universidad, ya no sólo gravita sobre la investigación y la formación de postgrado sino que incluye la formación de pregrado y plantea interrogantes sobre el nexo entre universidad y formación básica.

En el caso colombiano una misión llamada de “sabios”, produjo el informe “Al Filo de la Oportunidad” (1995). El diagnóstico sobre la cultura científica en el país era sombrío. En el informe se planteó lo siguiente: “La idea de que la ciencia es una actividad que interesa sólo a unos pocos la convierte en un factor extraño a la sociedad y a la cultura colombiana. La poca comprensión pública del impacto de la ciencia en la vida cotidiana de todo ser humano, y del papel que ella puede cumplir en el mayor bienestar de la población, es un serio obstáculo para lograr que la investigación científica y la generación y uso del conocimiento se conviertan en factor de desarrollo”.

Pero ahora, a diferencia de hace casi veinte años, existe un vigoroso proceso de crítica a la universidad como hoy existe, aunque todavía es incipiente la idea de una nueva universidad acorde con los desarrollos de las ciencias de la complejidad. El propósito de la colección Ciencia y Sociedad de ediciones Desde Abajo es ayudar a transformar “…el presente en la construcción de mayores y mejores horizontes de posibilidades”. Es, pues, necesario poner estos diálogos en función de los procesos políticos en curso. Hagamos el esfuerzo para que así sea.
El falso debate entre la democracia de EU y el autoritarismo chino
La lucha bipolar entre Estados Unidos (EU) y China por la hegemonía del océano Pacífico ha desatado un debate ultrarreduccionista y linealmente maniqueo encabezado desde Washington por quienes abultan su dizque modelo democrático de corte militarista y entonaciones teológicas (v. gr.Robert Kagan y el modelo CPD (Committee on the Present Danger, ver Bajo la Lupa, 22/2/12) y desprecian el sistema chino como autoritario.

El debate es asimétrico debido al control totalitario y orwelliano que ejerce elmodelo CPD en los multimedia anglosajones, que impiden dialécticamente lalibertad de expresión de las antítesis.

De allí que haya sido inusual que Eric Li, quien se ostenta como capitalista de asociaciones estratégicas, aduzca desde Shanghai que el modelo político de China sea superior (NYT, 17/2/12).

Li juzga que EU representa la democracia electoral más poderosa del mundo y China constituye el mayor Estado monopartidista. ¿No es más bien EU una plutocracia bursátil militarizada disfrazada de democracia decimonónica que aún no cuenta con el voto directo en la elección presidencial?

Aduce que mientras EU ve al gobierno democrático como un fin en sí mismo, China ve su presente forma de gobierno, o cualquier sistema político, meramente como un medio para conseguir fines nacionales más amplios.
Pregunta la razón por la cual varios en forma temeraria proclaman que han descubierto el sistema político ideal para todo el género humano, cuyo éxito está asegurado para siempre (léase: el presente experimento democrático). Como que suena a sarcasmo.

Considera que tal proclama temeraria proviene de la Ilustración europea que ostentaba dos ideas fundamentales: el individuo es racional (¡supersic!), y se encuentra dotado (sic) con derechos inalienables, lo que en su conjunto configura la base de la fe laica en la modernidad, de la cual el último manifiesto político es la democracia. A los sofistas ultrarreduccionistas de la supuesta racionalidadnortrasatlántica se les pasa por alto el cerebro triuno de McLean (los tres cerebros: el racional, el emocional y el reptíleo, totalmente integrados).

Juzga que en sus inicios las ideas democráticas en la gobernabilidad política facilitaron la revolución industrial y forjaron un periodo sin precedente de prosperidad económica y poder militar en el mundo occidental, aunque sus creadoresestaban conscientes de su falla fatal (sic) incrustada en su experimento, lo cualtrataron de contener (sic).
Li ignora que en el hemisferio occidental se habían gestado otras prosperidades económicas y poderíos militares (muy sui generis, sin duda) con otras civilizaciones (olmeca, maya, azteca, inca, etcétera). Aduzco que la prosperidad económica y el poder militar no necesariamente estén correlacionados con la democraciaanglosajona (por cierto, un invento helénico).

Arguye que los federalistas de EU fueron muy claros al establecer una república (¡supersic!) y no una democracia (léase: la clásica dicotomía romana entre imperio yrepública, con la constante del poder militar), por lo que diseñaron una miríada de medios para restringir la voluntad popular. A mi juicio, tal voluntad popular –sin hablar de Occupy Wall Street (simbólico 99%, hoy aplastado económicamente por la bancocracia)– ha sido yugulada por los trucos democráticos del Colegio Electoral decimonónico el cual elige indirectamente al presidente.

Li arguye que la fe (sic) en su modelo pudo más que sus reglas. ¿Cuáles? ¿No es acaso el gran dinero de Wall Street el que lubrica las elecciones e impone su voluntad en los tribunales?

Refiere que en Atenas la mayor participación popular en política llevó a gobernar por demagogia y hoy en EU el dinero es ahora el gran habilitador de la demagogia.

Juzgo que la seudodemocracia de EU constituye una bancocracia demagógicagracias al engaño permanente de sus multimedia totalitarios y orwellianos. La genuina democracia del siglo XXI pasa por la pluralidad cuantitativa y cualitativa de los medios masivos de comunicación (públicos, privados y sociales), lo cual se ha vuelto imperativamente un fin en sí, como dirían los fenomenólogos.

Li cita a Michael Spence, Premio Nobel de Economía, de que EU ha pasado deuna persona y un voto; a un dólar y un voto. Juzga que, bajo cualquier medida, EU es una república constitucional solamente de nombre, y que sus elegidos carecen de medios y responden solamente a los caprichos (sic) de la opinión pública conforme buscan su relección, cuando los intereses especiales (sic) manipulan a la gente a votar por impuestos cada vez menores y por mayor gasto gubernamental, algunas veces aun apoyando guerras autodestructivas.

Li contrasta que la competencia entre EU y China no es entre democracia y autoritarismo, sino que exhibe la colisión entre dos visiones políticas diferentes.

Li se quedó estancado en la Ilustración europea de hace cuatro siglos y considera que la democracia y los derechos humanos son el pináculo del desarrollo humano para el Occidente moderno (sic): una creencia basada en la fe absoluta. Pues será para los filósofos occidentales en vías de extinción, porque hoy el Occidentenortrasatlántico vive su fase de OTAN-cracia/plutocracia/bancocracia con máscara democrática.

Para China, según Li, todo depende de los fines para adoptar y/o adaptar sus medios: se permite mayor participación popular en la toma política de decisiones siempre y cuando conduzcan al desarrollo económico y sean favorables al interés nacional, como en los pasados 10 años, y su estabilidad resultante que colocó a China en el segundo lugar económico mundial”, después del ciclo violento Revolución Cultural/rebelión estudiantil en Tiananmen/ aplastamiento militar. Se trata de una muy discutible visión economicista supremacista que obliga a excavar la añeja herramienta de la axiología universal de que el fin no justifica los medios –curiosamente aplicable tanto a la postura bursátil-militarista de EU como a la actitud economicista supremacista de China, en cuyos casos, por lo visto, no cabe mucha democracia que se diga.

Aduce que la diferencia fundamental radica en que EU juzga que los derechos políticos son dados por Dios y, por tanto, son absolutos (sic), mientras que para China son privilegios para ser negociados (sic) con base en las necesidades y condiciones del país.

Juzga que hoy EU se parece mucho a la URSS, que consideraba su sistema político como un fin en sí y concluye discutiblemente que EU es incapaz de sermenos democrático y que la historia no le favorece al enseñar que la soberbia de una ideología basada en la fe (sic) puede arrojar a la democracia al abismo.

Li no está actualizado sobre la transmogrificación que ha sufrido la democracia decimonónica en EU, según el texano Ron Paul, precandidato presidencial del Partido Republicano, quien ha fustigado que el sistema está siendo empujado por los empresarios y el gobierno a un fascismo del siglo XXI (corporatocracy, Russia Today, 23/2/12).
Lo real es que en la coyuntura presente la democracia peligra seriamente por doquier.

Alfredo Jalife-Rahme

http://alfredojalife.com 
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Una de las grandes y reiteradas quejas que se escuchan al interior del Polo Democrático Alternativo (PDA) se desprende de la ausencia de espacios para el debate político colectivo y la evaluación de sus dinámicas cotidianas. Con origen en sus colectivos de base, los activistas recuerdan que desde prácticamente su origen como fuerza política el Polo no cuenta con eventos colectivos de carácter decisorio donde se puedan revisar la ideología, la política y las formas prácticas, y cómo y dónde se concretan éstas cada día.

No es de extrañar, por tanto, la motivación y el interés que despertó entre los diversos colectivos, equipos, fuerzas y militancia en general el llamado a un Congreso Ideológico, que, aunque proyectado hace varios años, y aplazado de manera indefinida, en reciente reunión de su Ejecutivo Nacional recibió como fecha para su realización la segunda quincena de febrero.

La respuesta desprendida de la citación se mide en la variedad de documentos que circulan sobre el tema en cuestión, los talleres y seminarios citados por región y la motivación generalizada por asistir de manera directa –y no delegada– al evento central. Entonces, llama la atención que, siendo esta la dinámica, el Congreso haya sido degradado a seminario, y, por tanto, de un evento donde se podrían tomar decisiones para corregir el rumbo del partido en aspecto tan importante como el ideológico, ahora solamente se pueda deliberar, eso sí, de todo como en botica.

Para algunos dirigentes polistas, el debate ideológico aún, y a pesar de todo lo sucedido en la vida pública del partido, no es procedente, pues lo ideológico es un tema confuso, poco claro o práctico, y por ello es mejor que en el seminario que ahora ha sido programado para la última semana de abril se debata de todo para decidir sobre nada.

Se olvidan estos dirigentes que en el orden de la ideología se encuentran ética y moral, dos importantísimos temas que pueden explicarnos el porqué del comportamiento de funcionarios públicos elegidos a nombre del partido, los que, una vez seleccionados por la sociedad como burgomaestres, terminan actuando a nombre propio e irrespetando los principios de la organización amarilla, y con ello contribuyendo a degradar la importancia de la política y el interés que por ella debiera tener el conjunto social.

No sobra llamar la atención en que la ideología es un tema sustancial a la hora de caracterizar un proyecto político de izquierda, así ahora sea menospreciado por el pragmatismo politiquero que ha terminado por imponerse en la sociedad moderna, donde prima el llamado realismo político. Esta realidad es lo que propicia que se admita en una fuerza política alternativa a personas u organizaciones que en su vida colectiva –y personal de sus dirigentes– han demostrado hasta la saciedad que no son fieles a ideología alguna, claro, a no ser que se trate de lucro personal.

Importancia menospreciada esta de la ideología, inexplicable para un partido que pretende ser gobierno y poder, es decir, que aspira a liderar la concreción del sueño colectivo de justicia, libertad, dignidad, hermanamiento, paz, soberanía, etcétera, de una nación. Más aún cuando, de la mano de la ideología, caminan aspectos sustanciales para una colectividad y para la vida de cualquier ser humano que se pretende referente, como ética y moral, difuminados en una parte de la dirigencia del PDA en el brumoso espacio del pragmatismo y el reformismo.

Más allá de lo elemental que pueda parecer el asunto, no está de más recordar que ideología viene de ideas, y que sin éstas la política es inexistente. Y que si bien, cuando se trata de definir lo que no debe ser, el discurso de la dirigencia del Polo puede calificarse de coherente, no pasa lo mismo cuando se trata de definir lo que debe ser. No se necesita mucho esfuerzo para estar en contravía de los principios neoliberales, por ejemplo, pero ser propositivo y concreto en las prácticas sociales que los deben sustituir es un asunto de mayor envergadura. ¿Se tiene claro acaso cuáles son las conquistas inmediatas que se persiguen en los diferentes campos de lo social cuando se accede al gobierno? Además, ¿se tiene claro cómo propiciar el apoyo popular y lograr su movilización a la hora de aplicar ciertas reformas estructurales?

Estos son temas en los que no se puede improvisar. La búsqueda real del bien colectivo exige no sólo desprendimiento y entrega sino además claridad sobre la sociedad que se anhela. El mundo se transforma de manera acelerada y el proceso de acumulación de capital se encuentra en una encrucijada que muchos analistas de diferentes tendencias no dudan en calificar como sin antecedentes. ¿No es ese un hecho suficientemente importante que nos obliga a poner en suspenso nuestras estrategias?

El tema es intenso. Como se sabe, son consustanciales a la ética y la moral algunos valores nada despreciables –e irrenunciables en esta hora de crisis del capital– como lo público, lo colectivo, la solidaridad, todos los cuales dan al traste con el individualismo, soporte del afán de lucro, y de la acumulación sin límite que propicia y difunde el sistema vigente, manifestado entre los funcionarios públicos en prácticas como la corrupción, la ineficiencia, el desdén a la hora de prestar su servicio, etcétera.

Precisamente, la importancia de la ideología y su debida atención en un partido, cuyos funcionarios públicos son cuestionados por manejos indebidos de los bienes de todos, pudiera conducir a corregir y poner en marcha muchas decisiones como la de constituir, allí donde salgan elegidos sus candidatos a instancias como presidencia, gobernaciones o alcaldías, unas contralorías populares, instancias de control independientes del aparato del Estado, conformadas por integrantes de la propia fuerza, pero además por personas de reconocido valor civil y ético a toda prueba, sin importar su procedencia política. Hay que buscar así que nunca se vuelva a repetir que un funcionario de elección popular de militancia amarilla irrespete la voluntad y la confianza popular, para que se cumpla a cabalidad no sólo con los bienes públicos sino asimismo con el ideario de su partido.

Una queja y un anhelo

Entre los elementos para el debate que carga el PDA desde su constitución, postergado por las prácticas consolidadas en sus cortos años de vida pública –en que prima el calendario institucional–, resalta el tema electoral, y con él la relación entre dirigentes y base.

Es un anhelo de la base partidaria que este tema se revise. Se cuestiona que el partido concentre todas sus energías en tal forma de lucha, perdiendo de vista que el acceso al poder local puede tener otras rutas, como el control territorial, alcanzable por medio de una extendida presencia y una legitimidad nacida de la implementación de acompañamientos sociales.

Esta, que es una histórica discusión entre las formaciones de izquierda en todo el mundo, en el caso colombiano terminó relegada al cuarto del olvido, elevando a rango de indispensable la presencia en puestos ejecutivos, en el Congreso de la República y en los concejos municipales, derivando de esta decisión pragmática una relación dirigente-base supeditada a lo institucional. De este énfasis –clara manipulación política– se desprenden los liderazgos perpetuos, los mismos que, para hacerse efectivos, terminan construyendo sus clientelas o cultos personales de tan graves y cuestionadas prácticas. Se pierden así el sentido colectivo y transformador de la política y también la propia necesidad y el reto de impulsar en todo momento (si se quiere romper de verdad el orden establecido) una dualidad de poderes a través de la cual la sociedad en su conjunto actúe para darle forma a un nuevo relacionamiento económico-político, del que surja una nueva institucionalidad.

Si bien, como dice Jorge E. Robledo en su entrevista (pág. 11), “lo que se propone el Polo son reformas”, no hay que limitarse a ellas. Por tanto, hay que proponerse sin dilaciones que el partido luche de verdad –como lo dice el mismo congresista en otro apartado de su entrevista– por el poder, para ser consecuente con lo cual debe entender que las reformas son un tiempo y una forma, pero no el todo. De ahí que lo electoral sea una de las expresiones de la política moderna pero no su todo. Los relacionamientos y los acompañamientos sociales son lo fundamental, y con ello las acciones cotidianas de distinto tipo que siembran vida y esperanza.
Reformar significa transformar en algún grado, y por eso no podemos seguir escudándonos en la supuesta imposibilidad de una sedicente ‘revolución’, para esquivar la identificación y la precisión de los cambios más sentidos por los cuales estamos dispuestos a jugarnos en el futuro más inmediato. Y eso, sin lugar a dudas, corresponde al campo de lo ideológico, pues las metas de lo político nunca son ajenas a cosmovisiones estructuradas y materializadas en teorías.

Este es un tema sustancial por discutir a la hora de revisar lo que se entiende por ideología, también, como se sabe, concretada en formas políticas. Es una temática sustancial de revisar, no sea que de nuevo, como ha sucedido por varios años, las discusiones orgánicas queden supeditadas a la agenda oficial o institucional, en este caso el afán por la campaña de 2014, para que así continúe primando en el Polo la instrumentalizada relación dirigente-base, sin afán de poder pero sí con vocación de reformas.

También buscan espacio

Así como desde la base territorial se pretenden espacios y cambios, otro sector también reclama lo mismo: los intelectuales. Como se sabe, una importante cantidad de éstos integra las filas amarillas o está dispuesta a colaborar en su labor reflexiva, investigativa y legislativa. Pero, menospreciando tal ofrecimiento, semejante cantera de conocimiento es relegada por la dirección polista. De manera extraña no se integra un organismo asesor del Ejecutivo Nacional que funcione regularmente, atendido por una tríada delegada por los elegidos a la conducción polista. Sería un organismo que tenga carácter consultivo, que brinde opiniones sobre todos los temas, que lidere investigaciones de distinto orden, que proponga agenda legislativa y acompañe hasta donde estén dispuestos los debates que se desprendan de su ejercicio.

A este organismo asesor se podrían integrar otros conocedores, en este caso no salidos de la universidad sino de la vida misma: abuelos indígenas y campesinos, dirigentes sociales de distinta procedencia, líderes naturales de amplio reconocimiento territorial. Se integraría de este modo, sabiamente, el conocimiento consuetudinario con el racionalismo académico, esto es, las fibras de la academia con las de la vida, que sin duda harían una bella integración y un sabio acompañamiento a la dirección del PDA.

Y de su mano, como un anhelo siempre reclamado y nunca atendido en forma cabal, la constitución de una escuela de formación humana, ética, política, económica y social, que comparta conocimientos y saberes con toda la militancia, en un esfuerzo por profundizar en una identidad y dibujar entre todos el proyecto social, nacional e internacional que requiere nuestra sociedad y que anhelamos para el mundo como un todo que se particulariza en una parte: Colombia.

Todos estos son, sin duda, temas que se desprenden de la ideología, la que nunca se puede despreciar si de verdad se aspira a que el Polo algún día sea un verdadero referente de gobierno y poder.

Publicado enEdición 177
“Debemos buscar que la guerra termine cuanto antes”
Héctor Arenas. Se aproxima la Conferencia Ideológica del PDA, y aún no se escucha un reconocimiento de los errores cometidos por parte de la dirección del PDA que condujeron a la colosal crisis de credibilidad que se evidenció en el desastre electoral en Bogotá.

Iván Cepeda. Uno de los grandes ingredientes de la crisis del Polo Democrático es la ausencia de claridad ante la opinión pública sobre sus responsabilidades. Yo creo que en esto la presidenta del partido asumió una actitud correcta. La manera como se desempeñó en los últimos meses en la Alcaldía corresponde al espíritu de enmienda que debe tener el Polo con relación a los problemas presentados. Pero, sin lugar a dudas, debe haber un mea culpa y el Polo podría aprovechar su Conferencia Ideológica o su Congreso Nacional para hacerlo. Es necesario que rindamos cuentas.

HA. La necesidad de construir una fuerza amplia condujo a aceptar que se incorporaran personas más comprometidas con ambiciones y personalismos que con los deberes de una izquierda ejemplar, en un país que ha ahogado en sangre la vida de millares de integrantes de la oposición democrática.
IC. Uno de los procesos de control que debe desarrollar el PDA, y en general cualquier fuerza alternativa de izquierda, con relación a las personas elegidas, es exigirle –como mínimo– algunas condiciones de cumplimento de su trabajo. Primero: no puede haber un dirigente político elegido a una corporación que no esté vinculado a un movimiento social. Segundo: esa persona elegida debe consultar con ese movimiento su labor en las Corporaciones Públicas. Tercero: en su rendición de cuentas, los elegidos deben señalar periódicamente a qué procesos de movilización están vinculados. Así lograríamos demostrar, pero también controlar, la participación de los elegidos en la gran política, la política que cambia la sociedad.

HA. ¿Qué temas deben ser tratados en la Conferencia Ideológica?
IC. No concibo que se pueda hablar de la realidad de nuestro país sin aludir a la guerra y la paz. Este es, en mi consideración, un interrogante central para la Conferencia Ideológica del PDA. No digo que el PDA deba concentrase exclusivamente el problema de la paz y la guerra, pero creo que sí debe ubicar ese problema como prioritario en la agenda política. ¿En que lugar ubica el PDA la lucha por la paz? ¿Es un elemento más? ¿Es una cuestión en una larga lista de punto de agenda? ¿O es el problema central de la sociedad colombiana?

HA. ¿Por qué lo considera prioritario?
IC. Sin resolver el problema de la guerra en Colombia, el problema de la solución política, de las reformas necesarias, difícilmente podremos avanzar en temas de democratizar el país. La Constitución colombiana fue un momento de inflexión, de reformas. Pero esas reformas han sido muy limitadas. Si se quiere poner esto en términos un poco crudos, habría que contar los muertos que van desde la Constitución de 1991 hasta nuestros días. No para decir que esta Carta Política ha sido un desastre sino para señalar que el proceso de democratización del país, el proceso de respeto pleno a los derechos humanos, requiere que resolvamos el conflicto armado.

HA. ¿Fin del conflicto armado y avance en derechos humanos?
IC. No podemos pensar que la crisis de derechos humanos, que tiene que ver con las grandes violaciones del derecho a la vida y la integridad, vaya a desaparecer de la faz de nuestra realidad sin que se resuelva el conflicto armado. Creo que toda lucha social, directa o indirectamente, se conecta con esto.

Pongo un ejemplo reciente: los estudiantes, que hicieron una gran movilización, obteniendo resultados sin precedentes al lograr que el Gobierno recogiera su proyecto de ley y entrara en un diálogo, plantearon que las soluciones a los problemas de la educación pública pasan por resolver los problemas que tienen que ver con la guerra. Porque la guerra absorbe muchas energías y recursos que pudieran estar al servicio de la formación académica, de la investigación, del mejoramiento de la educación en Colombia.

HA. En la deliberación ciudadana pareciera imperar hoy un hastío con relación a debatir la resolución del conflicto armado. El anhelo de finalizar la guerra y sus horrores quizás se mantiene como un sentimiento mayoritariamente compartido, pero se ha perdido la fe en quienes toman las decisiones en este asunto…
IC. Los gobiernos de Uribe tuvieron un efecto nefasto en hurtarle a la ciudadanía su derecho a debatir y actuar por la paz.

El problema de un país que vive 50 años de guerra es que no se les puede pedir a los ciudadanos que no discutan por la paz. En esto estamos en abierto desacuerdo con el presidente Santos, porque discutir sobre la paz no sólo es un derecho sino además un deber. Otra cosa es que eso se confunda con inmiscuirse en procesos que requieren mucha discreción, mucha reserva. Pero entonces son dos niveles distintos de la discusión. Si el Gobierno tiene unas iniciativas y unos procesos de diálogo de manera reservada con la guerrilla o en el futuro se da un proceso de paz, obviamente esto no puede ser un tema de discusión de infinidad de actores.

HA. ¿Cómo avanzar hacia la paz cuando hay intereses muy poderosos en mantener el conflicto armado y formas de ceguera que impiden ver los beneficios de un acuerdo que le ponga fin?
IC. El modelo de paz, el modelo de búsqueda del fin del conflicto, no puede ser cualquiera. Aquí hay una gran discusión entre si la guerrilla debe simplemente desmovilizarse, o debe haber un modelo que involucre grandes reformas o medianas reformas. Creo que debemos buscar que la guerra termine cuanto antes. Podríamos hacer una discusión eterna acerca de si hay que cambiar las grandes condiciones estructurales para ponerle fin a la guerra o si el fin de la guerra puede contribuir a que en el plano político aunemos fuerzas para producir los grandes cambios estructurales que requiere el país.

HA. La confrontación se ha mantenido con un tremendo desangre, una descomunal pérdida de energía social en el conflicto y terribles heridas en el tejido social que precisarán muchos años para ser curadas o al menos aliviadas…
IC. Lo que nos demuestra la historia es que en 50 años de guerra no hemos podido lograr esos grandes cambios estructurales por la ausencia de las fuerzas políticas necesarias para hacerlos. Es evidente que la guerra ha sido un obstáculo. Se ha presentado siempre como un pretexto de los sectores más poderosos para aniquilar a los movimientos sociales. Considero que en nuestra agenda democrática la paz es necesaria. Creemos que no puede ser a cualquier precio; que no puede darse sin alguna clase de discusiones serias, de fondo. Pero es un imperativo.

HA. ¿Puede surgir un movimiento de transformación en Colombia en medio del conflicto armado?
IC. Hasta ahora, lo que nos demuestra la historia contemporánea es que eso es o muy difícil o imposible. Se pueden lograr avances parciales. La izquierda ha obtenido posiciones de representación política, poderes locales; ha avanzado en procesos de unidad. Pero efectivamente la guerra sigue como un obstáculo y creo que debemos discutir en torno a esto para buscarle una salida. No podemos seguir pensando que la guerra es una condición perenne y normal.

HA. Muchos consideran que, como la vía de los diálogos ha fracaso, la violencia sólo se puede terminar por la vía de la fuerza…
IC. Lo que demuestra nuestra historia es que la vía militar no nos llevará a la solución de este conflicto.

En Colombia tenemos cuatro grandes vertientes de violencia. El conflicto armado, la violencia del despojo, la violencia del narcotráfico y la criminalidad de Estado. Es muy ingenuo creer que, acentuando los niveles de violencia, vamos a llegar a un punto de cero violencia, a un languidecimiento del conflicto armado. Colombia no tiene una salida para su situación de violencia si no es por la vía del diálogo.

HA. ¿Cómo articular las fuerzas sociales que consideran prioritario alcanzar la resolución negociada del conflicto armado?
IC. Actuando con mucha sensatez, buscando que prevalezcan las fuerzas más constructivas y más sanas. Veo con gran preocupación que, mientras los sectores tradicionales y oficialistas tienden a compactarse cada vez más en la mesa de unidad nacional, en la izquierda estamos en un proceso de dispersión y difuminación. Espero que sea algo pasajero. Porque para 2014, que ya está a la vuelta, es necesario pensar en cómo va a llegar la izquierda. Creo que para ese año la izquierda tendrá un escenario muy interesante para llegar con una propuesta distinta ante la ciudadanía, siempre y cuando pueda encontrar los caminos del diálogo, del reconocimiento mutuo.

HA. En este contexto, ¿qué ocurre con la relación entre partidos políticos y movimientos sociales?
IC. Los partidos deben vincularse a los movimientos sin pretensión alguna de conducirlos sino con el ánimo de tener un espacio en esa amplísima movilización social que está en las calles y estremece al mundo.

HA. ¿Cómo ve la nueva administración distrital?
IC. Yo espero que conserve lo bueno que ha hecho el PDA y traiga nuevos elementos. Hay anuncios que comparto y otros que no. No comparto ni las condenas a ultranza ni los respaldos acríticos frente a la nueva administración. Creo que debe haber un diálogo constructivo. Creo que debemos pensar no sólo en la ciudad, en la política actual, sino asimismo en cómo vamos a trabajar para cambiar el poder político en las próximas elecciones y en los próximos grandes debates públicos. Y en esto es necesario que todas las fuerzas que se reclaman a sí mismas como fuerzas de izquierda tengan un diálogo.
Publicado enEdición 177