Benoit Hamon, candidato presidencial del Partido Socialista Francés 2017 en a la conferencia UDECAM sobre medios y comunicación en París, 2 de marzo de 2017.

 

Condenados a reinventarse. Los partidos progresistas europeos navegan entre dos aguas: la socialdemocracia, sumergida en un mar tomentoso y carente de liderazgos y de programas atractivos, y sus emergentes rivales izquierdistas, sin apenas currículum de gestión gubernamental.

 

La encrucijada es de enjundia. La izquierda europea no acaba de salir de su espiral de destrucción de votos y de dispersión de propuestas capaces de resintonizar con las capas sociales del Viejo Continente.

A pesar de que casi una década después de la mayor crisis financiera desde el Crash de 1929, la virulencia de los excesos del capitalismo desordenado de los mercados previa a la quiebra de Lehman Brothers, y las posteriores políticas de austeridad que trataron de cerrar la hemorragia -sobre todo, en Europa- se haya saldado con la práctica eliminación de la clase media y una masiva destrucción de empleo entre las denominadas economías industrializadas.

El caldo de cultivo para la irrupción de la izquierda, pues, parecía haber entrado en estado de ebullición. En el punto idóneo en el que debían asestar el golpe definitivo a los partidos del otro lado del espectro político, proclives tanto a los recortes sociales de calado como a la defensa a ultranza del neoliberalismo de mercado.

Pero la realidad es más cruda. La socialdemocracia no ha sabido leer este Cuaderno de Bitácora. Y la profusión de movimientos políticos y sociales a su izquierda tampoco han sido hasta ahora capaces de acumular el músculo necesario para hacer frente a las posiciones nacionalistas de ultraderecha que, en cambio, han sabido asumir parte del ideario progresista en asuntos como el reparto de las ayudas sociales.

Eso sí, a costa de enarbolar la bandera del combate contra el inmigrante y de reducir los recursos por razones étnicas y de nacionalidad.Las convocatorias electorales europeas de 2017 dejarán un diagnóstico más nítido de en qué episodio se encuentra el otrora idilio entre la izquierda y las sociedades civiles.

En especial, tras un ejercicio, el pasado, en el que arraigaron mensajes neoliberales de crítica a la falta de recetas socialdemócratas ante la crisis, en el que los partidos de ultraderecha han cerrado filas y elevado sus respaldos sociales y en el que han emergido fenómenos como el Brexit o la era Trump en las latitudes tradicionalmente más próximas a la UE. Sobre todo, en tres escenarios.

En Holanda, en Francia y en Alemania. También hay citas con las urnas en República Checa, en junio, donde el movimiento Ano (que significa Sí), dirigido por el mediático multimillonario Andrej Babiš, que se declara simpatizante de Trump y promete resolver la inmigración con deportaciones frente a las fragmentadas opciones de izquierda.

En Serbia, con estatus negociador para su incorporación a la UE, y donde su cita de mayo dirimirá si el país se inclina por el pro-europeismo, o vira hacia el Este, a la estela de la Rusia de Putin. O en Noruega, la versión escandinava no comunitaria (con permiso de Islandia) cuyo partido Progreso, de Siv Jensen, tratará de arrebatar al laborismo, allá por septiembre, el protagonismo definitivo en los comicios frente a la formación conservadora, mediante una delicada y compleja mezcla de rebajas fiscales y gastos en infraestructuras, con estrictos controles migratorios, para garantizar el generoso Estado de Bienestar noruego.

La izquierda tradicional, la socialdemócrata, afronta estos retos bajo mínimos. Sólo nueve países de la UE (Francia, Italia, Malta, Eslovaquia, Portugal, República Checa, Malta, Croacia y Suecia) presentan gobiernos progresistas. La mayoría, con coaliciones. En conjunto, apenas representan al 32,5% de los ciudadanos de la Unión. Lejos del 45% de 2007, en los prolegómenos de la crisis. Y a una distancia sideral de su Edad de Oro, la doble década de los ochenta y noventa del siglo pasado, cuando en Europa arreciaron los grandes proyectos europeos del euro o la expansión al Este.

La época que sacó réditos del final de la era Thatcher en Reino Unido y que perduró hasta la Guerra de Irak de 2003. Con Miterrand, primero, y Blair, con posterioridad, como estandartes de un socialismo (laborismo, en el caso británico) fructífero al trasladar a sus sociedades civiles su indiscutible contribución a la estabilidad de las democracias y de los Estados de Bienestar europeos, o a la integración de la UE desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

En este intervalo temporal, el peso de electoral de la socialdemocracia no tuvo parangón en la historia reciente.Pero ahora, ¿cómo afronta el desafío la izquierda? La tradicional, que se sigue afanando por no perder el apellido socialdemócrata, y la emergente, quizás más nacionalista y menos global pero también más familiarizada con los millennials y la digitalización de los mercados.

Holanda es el primer banco de pruebas. La campaña está dominada por las tesis nacionalistas. El gran favorito es Geert Wilders y su Partido por la Libertad. Anti-islamista y partidario del Nexit, la salida de Holanda de la UE. Su gran rival será el primer ministro, Mark Rutte, del conservador VVD, que parece haber restaurado su popularidad tras las medidas de austeridad aplicadas por su Ejecutivo entre 2012 y 2014 y que se declara euro-entusiasta.

Ambos mantienen un respaldo social en torno al 20%. A cierta distancia de sus cuatro perseguidores, que apenas superan el 10%. Entre ellos, están el laborismo (PvdA) de Lodewijk Asscher, ministro de Asuntos Sociales en el Gabinete de Rutte, y el Partido Socialista (PS) de Emile Roemer.

El tercero y cuarto en discordia son los cristiano-demócratas (CDA) y los liberales del D-66. Dentro de una amalgama de 31 formaciones, de las que sólo 14, presumiblemente, tendrán acceso a los 150 escaños del Parlamento. La cita será el próximo 15 de marzo.

 

58b990b99aeb6

 

El electorado holandés está instrumentalizado por la inmigración y la vinculación con la UE. Todo asunto ajeno es secundario. Para muestra, dos botones. El 40% de turcos y marroquíes que viven en Holanda (sus dos estratos extranjeros más importantes) dice no haber aceptado la cultura de su país de acogida. Ni sentirse integrado en su sociedad. Tampoco parecen entusiasmados los holandeses con la condición de contribuyente neto de las arcas comunitarias.

Asscher paralizó los intentos de liberalización de la Sanidad y del mercado laboral de Rutte. Pero apenas ha podido tejer su compleja estrategia de restablecer apoyos con la clase trabajadora, estimular la prosperidad perdida de profesionales liberales y, al mismo tiempo, de convencer a funcionarios e inmigrantes de que -explica- “hay un amplio margen de mejora” para regenerar la frustración y la desigualdad. En diciembre tomó las riendas del PvdA de Diederik Samsom.

 

58b998068d38a

Alexander Pechtold, de Democrats 66 Emile Roemer, del Partido Socialista y Lodewijk Asscher, del Partido del Trabajo (PvdA). EFE/EPA/BART MAAT

 

De ahí que hable de “urgencia” al intentar aunar apoyos de estratos sociales tan variopintos. Por si fuera poco, su contención a la privatización sanitaria choca con la mayor preocupación de sus conciudadanos, que están mayoritariamente convencidos de que el sistema nacional de salud camina hacia un lento, pero paulatino, colapso.

Con el coste por paciente al alza, desde los 150 euros de 2008 a los 385 euros en 2016, las desigualdades entre ricos y pobres en brecha abierta y la renta familiar estancada, Asscher apuesta por elevar la imposición, hasta el 60%, a ingresos superiorores a los 150.000 euros anuales, y la fiscalidad de las empresas. Aparte de este guiño al electorado progresista, el líder del PvdA reclama, sin precisión, que la libertad de trabajadores en la UE no suponga recortes salariales. Los malos sondeos que pesan sobre Asscher, pese a ser un admirado y habilidoso negociador, según coinciden sus detractores y defensores, parecen tener que ver con la ascendencia de Jeroen Dijsselbloem, presidente del Eurogrupo, y de Ahmed Aboutaleb, alcalde de Rotterdam, de origen marroquí, y el político más popular del país.

Ambos del PvdA y que podrían sucederle en cualquier momento al frente del partido.El SP de Roemer se declara un partido antiglobalización y pro-trabajadores. Fue el gran favorito en las elecciones de 2012 durante toda la pre-campaña. Pero se desinfló sin remedio en las urnas y no protagonizó el esperado sorpasso ni siquiera con el PvdA.

Es, para muchos analistas, similar en sus planteamientos al PVV de Wilders, aunque sin el componente racista. Defiende un nuevo sistema de salud. Cree que es urgente crear un fondo para Sanidad porque los recursos públicos actuales desaparecen en los bolsillos de burócratas y aseguradoras y no protegen al trabajador ni al dependiente. Es la prioridad en el discurso de Roemer.

Las listas de espera han aumentado un 28%, el 80% de la población ha perdido poder adquisitivo, más de un millón de personas viven bajo el umbral de la pobreza y, pese a que los parados han bajado de 700.000 a 550.000, el número de contratos estables se ha reducido hasta el 75%.

La temporalidad y los empleos por horas han arraigado. De ahí que su gran promesa electoral sea aumentar el salario mínimo en un 10%. Aunque no la única. También apuesta por la banca pública: “Tenemos que impedir que nuestros bancos acudan a los mercados de capitales”.

Además de regular la inmigración laboral. En Europa, pide más democracia. Y el fin de su visión neoliberal. Sin la dictadura de la Comisión Europea, sin Ejército propio y sin Justicia comunitarizada, asegura. En unos niveles notablemente más progresistas se mueven las candidaturas en Francia. Hasta el punto de poder afirmar que el punto estelar de los programas de los dos aspirantes de izquierdas es la Renta Básica Universal (RBU).

Una propuesta de mayor envergadura social que cualquiera de las que plantea sus colegas holandeses. Hasta el punto de que tratan de monopolizarla en países como España, donde Podemos, que la incorporó a su programa para los comicios de 2015 y 2016 (al igual que IU, antes y después de su coalición con la formación morada) trata de erigirse en el genuino defensor de esta medida, frente a los recientes intentos de las tres facciones del PSOE -en mayor o menor medida- por asumir una propuesta similar, en enjundia, a la que en el pasado supuso la Tasa Tobin para gravar las transacciones financieras vía divisas y acabar con la especulación en los mercados.

En medio de proclamas del presidente de la gestora y de Asturias, Javier Fernández, de “reformular” la socialdemocracia, el papel del Estado frente a las soluciones “milagrosas” del mercado y la preservación del Estado de Bienestar, como pilares del futuro plan económico del PSOE.

Benoît Hamon, aspirante socialista (PS) al Elíseo, y Jean-Luc Mélenchon, del Partido de Izquierda -político de ideología troskysta que abandonó el PS en 2008 y fundó el Parti de Gauche, junto con los antiguos comunistas-, se disputan también este estandarte, de cara a la primera vuelta, el 23 de abril.

Aunque es altamente probable que ninguno de los dos -ni ambos en comandita, si se diera el caso, como han insinuado-, podrán poner en marcha la RBU, dadas las casi nulas opciones que les conceden los sondeos (13,7% de intención de voto para Hamon, frente al 11% de Mèlenchon) de concurrir a la casi ineludible segunda vuelta, el 7 de mayo.

Porque, como en Holanda, las bazas más sólidas parecen ser el Frente Nacional de Marine Le Pen (26,1%) y, o bien los republicanos del conservador François Fillon (19,5%) -si los casos de presunto nepostismo se lo permiten- o el centro liberal de Emmanuelle Macron (20%), ex ministro de Economía en el Ejecutivo socialista de Manuel Valls. Los mercados asumen este horizonte, en el que Le Pen no lograría la jefatura del Estado.

 

58b991eb4a6a1

Posibles escenarios en función de las encuestas de la segunda vuelta

 

La RBU forma parte de lo que el líder laborista británico, Jeremy Corbyn, considera el urgente y renovado ideario de izquierdas en Europa, en el que se refleje el “mayor progresismo” que piden los militantes socialistas del Viejo Continente.

En esencia, esta renta básica sustituirá al abanico de programas, subsidios, deducciones fiscales y contribuciones sociales por trabajo e, incluso, los gastos administrativos asociados a estas tramitaciones, de forma que se convertiría en una retribución para personas con bajos o nulos niveles de ingresos, con la que se autofinanciaría su futura pensión. Aunque admite múltiples interpretaciones.

Para Hamon, la RBU “es un instrumento que libera trabajo y permite a cada persona poder elegir sus ocupaciones profesionales sin necesidad de tener que sufrir por ello”. Su propuesta se puede sintetizar en cuatro ideas-fuerza: instaurar una renta básica, ya en 2018, para jóvenes entre 18 y 25 años; aumentar los beneficios por desempleo o subempleo hasta los 600 euros al mes; implantar un sistema automático para estos pagos y universalizar la retribución con un mínimo de 750 euros mensuales.

El recurso a la RBU es, en realidad una vieja receta. Incluso de siglos precedentes. Aunque ha sido la crisis y sus devastadores efectos sobre la población la que ha puesto de nuevo de moda esta propuesta. Finlandia acaba de aplicar un programa experimental con 2.000 parados de larga duración, que recibirán 560 euros al mes.

La provincia canadiense de Manitoba lo practicó desde la década de los setenta hasta que un cambio reciente en su gobierno la ha derogado. Utrecht y otras ciudades holandesas también lo hicieron, como planes pilotos en 2015, pero se cancelaron por consultas populares contrarias. Igual que en Suiza, donde su opuso el 77% en junio de 2016 a una retribución de 2.500 francos suizos por adulto más un tercio adicional por niño a su cargo.

El ex ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, ha sido uno de los más firmes defensores de la RBU: “Es necesario, una urgencia inaplazable para civilizar el capitalismo y evitar los espasmos que generará por la nueva generación tecnológica”, en alusión -dice el fundador de Democracia en Europa Movimiento 2025-, entre otros fenómenos, a la creciente robotización de los modelos productivos.

 

58b99603aa4d3.r 1488700003961.0 121 800 533

El exministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis. EUROPA PRESS

 

Varoufakis lidera uno de los intentos europeos más supranacionales de cambiar las agendas progresistas y de resistencia frente a movimientos de extrema derecha -en especial, en los países nórdicos y centroeuropeos- de robar la defensa del Estado de Bienestar a la izquierda.

Una batalla que trata de frenar el trasvase de gran parte de una clase trabajadora descontenta con las concepciones cosmopolitas y favorables a la globalización de los partidos progresistas y que también ha logrado reunir voces como la de premios Nobel de la talla de Paul Krugman o Joseph Stiglitz o de economistas también ilustres como Jefrey Sachs, James Galbraith o Thomas Pikkety.

De ahí que la disputa entre Hamon y Mélenchon en Francia sea de máxima intensidad. El líder izquierdista galo parte con ventaja. Su propuesta viene de largo. Y la vincula a transformaciones drásticas en los sistemas productivos, además de en las relaciones comerciales y en materia de defensa de los consumidores, alineados con las nuevas demandas sobre cambio climático, para dotar a Francia de un nuevo modelo retributivo que reduzca la brecha entre ricos y pobres.

Dice estar “encantado” de que “el viejo socialismo”, en estado “moribundo”, haya recapacitado con una medida como la renta básica y su “universalización”. Hamon, por su parte, cuenta a su favor con la salida del Ejecutivo socialista galo con el giro hacia la austeridad de su rival en las primarias (Valls), pero sus consignas reformistas, más allá de la RBU, van a remolque de las de Mèlenchon.

Motivo por el que el también apodado el Bernie Sanders francés, apenas ha logrado que calen sus tibios mensajes ecologistas y regeneradores en lo social. Con promesas como la legalización de la marihuana o la tributación por uso de robots en las cadenas productivas.

Más elocuente es la confrontación de planteamientos entre partidos izquierdistas en Alemania. Si bien aún queda bastante margen temporal -los comicios serán el 24 de septiembre-, el SPD de Martin Schulz, ex presidente del Parlamento Europeo, ha logrado, con un tono sosegado, que los apoyos sociales socialdemócratas se equiparen a los de la CDU/CSU de Angela Merkel.

Tanto la canciller como Schulz acaparan el 32% de intención de voto. Un empate que genera el dilema al SPD de si optar por mantener la actual gran coalición con Merkel o apostar por un gobierno con la Izquierda y los Verdes. Pero que da alas a la visión continuista del líder socialdemócrata, partidario de regular la inmigración, dotar de estabilidad a Europa y de ahondar en la idea, cada vez más extendida entre el electorado, de que con Schulz “las cosas son posibles”.

Quizás por ello, parece que ha cundido como la mejor de sus recetas socio-económicas, la de combatir la evasión fiscal y dirigir los recursos de esta batalla a reducir las desigualdades. Entretanto, los planes de Die Linke (La Izquierda) de la doble candidatura integrada por Sahra Wagenknecht y Dietmar Bartsch -bajo el lema de “Alemania: social, justa, para todos”-, hacen hincapié en que su doctrinario representa un cambio de paradigma.

En este sentido, proponen crear un impuesto que grave con el 5% todos los patrimonios superiores al millón de euros, y un recorte de la carga tributaria sobre los ingresos familiares inferiores a 7.100 euros mensuales.

 

58b992e3722d5

Dietmar Bartsch y Sahra Wagenknecht, cabezas de cartel de la Izquierda alemana.

 

Así, según calculan en Die Linke, la Hacienda alemana tendría unos 80.000 millones más de euros que administrar. También se declaran partidarios de poner en marcha la Tasa Tobin, gravamen sobre las transacciones financieras para evitar movimientos especulativos.

Recursos que irían a sufragar el cambio energético y la creación de un auténtico mapa de infraestructuras digital. Y de congelar el presupuesto militar y prohibir las exportaciones de armas. Con esta batería de medidas pretenden pescar votos del SPD, pero también de Alternativa por Alemania, la AfD, a partir de la disociación -explica Wagenknecht- entre refugiados y terrorismo que la ha reportado no pocos adeptos a este partido de extrema derecha.

Unos 10.000 simpatizantes de la Izquierda se han decantado por la AfD en las últimas elecciones regionales, admiten varios think-tanks. La “restauración de la predictibilidad” es su gran aportación al debate europeo. Después de varios años de crisis, la UE navega “sin rumbo”; hasta el punto de darse de bruces con la realidad del Brexit y del resurgimiento de partidos ultranacionalistas de derechas, que han recogido adeptos entre el amplio número de jóvenes desocupados.

Su objetivo declarado: obtener un resultado de dos dígitos. Respaldo que les garantizarían ministerios y poder parlamentario en una probable coalición roji-verde.La suerte, pues, parece estar echada. Dos izquierdas, con dos sensibilidades, para combatir a la ultraderecha nacionalista europea.

 

 

Publicado enInternacional
Jueves, 02 Marzo 2017 23:24

¡Paren de matar!

¡Paren de matar!


El presente artículo es una versión reducida de la entrevista realizada a su autor por la radio pública alemana, a propósito de la disputa abierta en Colombia entre defensores y detractores del toreo. Una polémica que va mucho más allá y que implica la protección de los animales y de la misma naturaleza.


P. ¿Por qué las corridas de toros son un legado colonial y patriarcal?
R. Primero, porque refuerzan la estructura sexual y la concepción de la naturaleza occidentales. La estructura sexual occidental se ve claramente reflejada en el estereotipo del torero (hombre) viril, valiente/violento enfrentándose a la bestia/animal/naturaleza (toro) y, por ahí derecho, seduciendo (sometiendo, conquistando) a las damas (mujeres). Hay toreras, mujeres toreras, es cierto, pero eso no cambia el sentido patriarcal estructural del espectáculo. Recordemos además que la palabra “matador”, ampliamente usada en la tauromaquia, tiene una doble acepción en muchos contextos hispanoparlantes. El matador es el asesino, quien mata, pero también el seductor de mujeres. Lo mismo sucede con la palabra “conquistador”, el conquistador también es un asesino, es quien se impone violentamente sobre territorios y comunidades, y a su vez es igualmente un seductor, el que “conquista el corazón de... y lo doblega”.

 

Tampoco podemos olvidar que la socialización mediante la violencia es una cuestión típicamente masculina. En las corridas de toros se exhibe toda esta performance de la dominación, de la dominación de las mujeres, los animales y la naturaleza. De hecho algunos taurinos reconocen abiertamente que las corridas son una performance de la dominación y de las dinámicas de vida y muerte, pero lo que no especifican muy bien es de qué tipo de dominación y dinámicas de vida y muerte están hablando. Esto difiere, por otro lado, de los juegos indígenas, de ciertos indígenas, de cacería y co-habitación o co-modificación entre especies. No los traigo a colación como un modelo a seguir, no necesariamente, simplemente quisiera marcar el contraste entre tradiciones. En conclusión, en las corridas hay toda una política sexual en juego, que es una política colonial. Las corridas no son una actividad bárbara, sino parte de un proyecto civilizatorio occidental.

 

Respecto a la concepción occidental de la naturaleza, simplemente resta agregar que, en esta performance, inicialmente el hombre somete a una bestia, a un “animal bravo”, pero esa bestia representa la naturaleza en general. Ahora bien, el sometimiento de la naturaleza resulta clave en los proyectos civilizatorios, pero también en los desarrollistas y neodesarrollistas, modernizantes. Solo que ahora la dominación de los animales y la naturaleza se lleva a cabo por la vía, por ejemplo, de la ciencia: aparecen dispositivos como los zoológicos, bioterios, granjas industriales, monocultivos, etc. Reitero: las corridas son un espectáculo antropocéntrico occidental, una performance de la dominación de la naturaleza por el Hombre, y si bien a la naturaleza se la admira y teme, si bien se alude por ejemplo a la “bravura del toro” y su belleza, esto no ocurre porque se la ame, sino debido a que se la desea doblegar, poseer y superar, trascender.

 

En segundo lugar, las corridas de toros son un legado colonial porque constituyen una tradición defendida por sectores de hombres blancos, blanco-mestizos, adinerados y ligados a la posesión de tierra y ganado. Sectores herederos de privilegios coloniales. Sectores ligados a dinámicas de violencia y despojo, a lo que muchas y muchos autores en Latinoamérica llaman el “colonialismo interno”. Es más, la guerra en Colombia tiene todo que ver con esto, pues dichos sectores son los que han avalado la destrucción de comunidades y ecosistemas enteros para la ganadería extensiva, y en últimas para la reafirmación de privilegios de clase, raza, sexo y especie. La guerra es una guerra entre formas de vida, por eso el elemento estructurante de la guerra es la tierra: ¡la tierra es la vida misma! ¡Por eso también es que las y los animalistas no se han equivocado al articular el discurso de la paz con el de la abolición de las corridas de toros, la liberación animal y, como las compañeras indígenas dirían, la liberación de la tierra!

P. ¿Es la crítica a la tauromaquia un resabio de la defensa de la propia especie, ahora extendida a ciertos mamíferos y especialmente a los animales domésticos?
R. La necesidad de abolición de la tauromaquia está basada en un aprecio por la diferencia, por cierta afinidad con quien no es mi prójimo, próximo, vecino o semejante... Por eso los movimientos ecosóficos, de liberación animal y de la tierra son tan estimulantes, porque nos obligan a pensar en la dignidad tanto del toro como del agua y de la planta o de la máquina, en las mejores de sus versiones, y por esa vía a descentrarnos radicalmente como seres humanos. La crítica de la tauromaquia puede estar dando cuenta, más bien, de verdaderas transformaciones del tejido sensible y de la configuración de nuevas formas de vida, y eso es lo que más les molesta justamente a los defensores de la especie a ultranza; ellos sienten que a medida de que nosotras avanzamos, el antropo-poder, su poder de especie, se diluye, se desdibuja y acaba.

P. ¿Son violentos y autoritarios los anti-taurinos y el movimiento animalista?, ¿quieren aplastar a las minorías, a la diversidad?
R. Las recientes manifestaciones a favor de la vida y por la abolición de las corridas de toros no son otra cosa que un despliegue heterogéneo, libertario e igualitarista de vitalidad. Es la vida misma la que se expresa en las calles. ¿Cuáles son las características de la vida? Básicamente su capacidad de movimiento, de transmutación y diferenciación en un marco relacional, de co-modificación e inter-dependencia. Las diversas singularidades vivientes estamos a merced unas de otras, pero esto también significa que nos potenciamos unas con otras. El lenguaje de la vida no reconoce, por ende, jerarquías trascendentes. Pues bien, las manifestaciones han sido una clara muestra de vitalidad en el sentido de que las calles fueron ocupadas por cirqueros, músicos, nuevas religiosidades, experimentos gastronómicos, disidentes sexuales, personas con “extrañas” modificaciones corporales, recicladores, habitantes de calle, ecologistas, defensores de la despenalización de la marihuana, indigenistas, animales no humanos, feministas, etcétera.

En otros términos, las calles fueron ocupadas por la heterogeneidad de la vida que no meramente solicita el derecho a la vida del toro, sino que realiza, performa o reconfigura, en el acto, todo un tejido sensible que, justamente, da lugar a nuevos territorios existenciales donde los toros ya no pueden ocupar el lugar de subordinación al que las corridas los somete. Cuando las/os manifestantes gritaban: “Toro, amigo, el pueblo está contigo” lo que ocurría era una transmutación del concepto clásico de pueblo. El pueblo empieza a ser ese compuesto escurridizo de humanos y no humanos en toda su multiplicidad, el pueblo se convierte en algo monstruoso para los defensores de la ciudadanía clásica, para quienes el verdadero ciudadano es aquel que pertenece a una comunidad humana con pretensiones de homogeneidad y que se diferencia de la vida natural y animal, vida que desean poner violentamente a su servicio. Esto último lo impugnaba y comprendía perfectamente una manifestante que sostenía un cartel donde se podía leer: “Humanos, paren de matar, conquistemos la alegría de vivir”.

P. ¿Es contradictorio defender la despenalización del aborto y, al tiempo, la abolición de las corridas de toros?
R. El control zoobiopolítico que se aplica sobre los cuerpos de las mujeres está relacionado con el de los animales domésticos, incluyendo los llamados “toros de lidia” (aunque, por supuesto, hay muchas diferencias). El punto central allí es que, en ambos casos, se aplica un biopoder que está también marcado sexualmente, que nos separa de lo que podemos hacer con nuestros cuerpos y vidas y de la posibilidad de, caso por caso, resolver el problema de con-vivir materialmente con otros seres, sean humanos o no. Lo que se suele disputar no es que las mujeres puedan decidir soberanamente sobre otras vidas, que es lo que ocurre en la ganadería comercial y la tauromaquia, sino la posibilidad de reapropiarse de la vida, del propio cuerpo, y de redefinir contextualmente los límites entre vida y muerte; de ahí que la despenalización del aborto no quiera decir que necesariamente las mujeres aborten o salgan todas a promover el aborto sin tener en cuenta las situaciones específicas. La lucha por la despenalización del aborto y por la abolición de las corridas de toros son ambas, pues, luchas en pro de la vida y contra los dispositivos que la controlan y obstruyen.

Publicado enEdición Nº232
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, durante su primer discurso en el Congreso en Washington DC tras su investidura (EFE)

 

 El ingeniero informático, uno de los mayores propietarios de ‘Breitbart News’, tiene vínculos con empresas especializadas en análisis de datos y propaganda electoral en internet

 

“Los principales medios de comunicación están muertos”, esta es la primera frase sugerida en las búsquedas de Google si uno empieza a escribir las tres primeras palabras (en inglés), a las que siguen otros finales como “son noticias falsas o son malos”. Los ataques incesantes de Donald Trump a la prensa están haciendo mella en internet.

El presidente de Estados Unidos se ha erigido como estandarte de una batalla contra la mayoría de medios estadounidenses a quienes acusa de publicar “mentiras”. Detrás de la conjura hay dos nombres que apoyan la causa de forma ideológica y económicamente.

 

img gtosas 20170301 231415 imagenes lv otras fuentes cerca google kx5C 656x212LaVanguardia Web

Mientras las ideas vienen de Steve Bannon (estratega jefe de la Casa Blanca que recientemente llamó a emprender una lucha diaria contra los periodistas para que “devuelvan” América a los conservadores), quien se hace cargo de las finanzas es el multimillonario Robert Mercer, el tercer mayor donante de la campaña electoral de Trump e influyente en la victoria del Brexit en el Reino Unido.

Mercer (California, 1946) ha labrado su fortuna en una brillante carrera como ingeniero informático que empezó en 1972 en IBM, donde puso los cimientos de lo que después sería la inteligencia artificial con unos “revolucionarios” avances en el procesamiento del lenguaje, según la Asociación de Lingüistas Computacionales. La misma entidad premió su trayectoria en 2014, en uno de los pocos actos de los últimos años donde Mercer ha hablado en público.

Hombre de pocas palabras, en el discurso de entrega del galardón honorífico, el científico computacional confesó a la audiencia que la hora de duración de su ponencia era “más de lo que habitualmente” suele hablar “en un mes”. Además, también reconoció que desde que dejó IBM más de 20 años atrás no había vuelto a prestar atención al mundo de la lingüística. Asimismo, tampoco quiso revelar su ocupación de entonces: “No puedo hablar de lo que hago ahora”, sentenció misterioso, según recoge la revista Newsweek .

Ahora, como director ejecutivo de Reinaissance Technologies, un fondo de alto riesgo que usa algoritmos para moldear los mercados financieros, y que le ha hecho rico, el magnate firma los cheques que financian la misión de transformar el escenario mediático de EE.UU. hacia el (ultra)conservadurismo. Y, de paso o como objetivo, ayudar a ganar a Donald Trump y a los partidarios del Brexit.

 

Objetivo: moldear el panorama mediático

 

Vamos por partes. Si retomamos el ejercicio con el que empezaba este artículo, veremos que entre los tres primeros resultados que nos da Google a la búsqueda sobre la “muerte” de los medios hay una noticia de CNSnews. Se trata de un portal de noticias un tanto desconocido, al menos a nivel internacional, cuyo lema reza “the right news, right now” (las buenas noticias, ahora mismo), con una repetición no casual de la palabra ‘right’ en referencia a la ideología de derechas del medio. Pero, ¿cómo puede una pequeña página web como esa posicionarse tan bien en el ranking del buscador? La respuesta nos la dan sus propietarios.

 

img gtosas 20170301 232100 imagenes lv terceros mercer kx5C 656x456LaVanguardia Web

El multimillonario Robert Mercer en 2014. Antes de financiar a Trump apoyó al senador de Texas Ted Cruz rival del magnate en las primarias republicanas (Andrew Toth/Getty Images)

 

CNSnews es una división del Media Research Center, una institución que se presenta como un organismo privado de control de los medios en EE.UU. La organización combate la existencia a su juicio de un “sesgo liberal” en el panorama mediático estadounidense. De ahí la creación de medios como CNSnews que tratan de proporcionar una “fuente alternativa de noticias”, conservadoras, claro. Bien, pues uno de los donantes de esta entidad es la Fundación de la Familia Mercer.

 

Dime lo que posees y te diré quien eres

 

Para conocer cómo piensa el filántropo conservador de 70 años, reacio a las apariciones en la prensa, debemos fijarnos donde va a parar su dinero. Mercer es el mayor donante de las causas republicanas: ha patrocinado desde una investigación de un instituto de las ciencias de Oregón destinada a refutar la conexión entre la acción humana y el cambio climático a una campaña que se oponía a la construcción de una mezquita cerca de la Zona Cero de Nueva York.

Sin embargo, una de las financiaciones más relevantes, por el momento presente, son los 10 millones de dólares que Mercer invirtió en Breitbart News , portal cofundado por Bannon, en 2011. El medio estandarte de la llamada derecha alternativa, cuyos contenidos son considerados xenófobos, misóginos y homófobos, se ha convertido en un fenómeno digital en su década de recorrido: es la página política más seguida de Facebook y Twitter.

Otra de sus inversiones nos lleva al dato de que Mercer jugó un papel importante en la campaña a favor de que el Reino Unido abandonara la Unión Europea (conocida como Leave.eu). Según reveló hace unos días The Observer , el filántropo cedió de forma gratuita los servicios de Cambrigde Analytica, una empresa de análisis de datos en la que tiene una participación de otros 10 millones de dólares, al líder del Partido de la Independencia de Reino Unido (UKIP), Nigel Farey.

 

Facebook, plataforma para cambiar mentes

 

Cambridge Analytica, una filial de una empresa británica, SCL Group, que cuenta con 25 años de experiencia en campañas de desinformación militar y propaganda (o “gestión”) electoral, habría asesorado al equipo de Leave.eu sobre cómo recopilar datos de los perfiles de Facebook de los británicos para después persuadirlos a favor del Brexit con mensajes personalizados. Es conocido que a través de los ‘me gusta’ que da un usuario se pueden, por ejemplo, establecer perfiles psicológicos de las personas.

Del mismo modo actuó Cambridge Analytica con los 197 millones de usuarios que tiene Facebook en EE.UU. para seducir a los votantes de Trump: su algoritmo de análisis psicológico determinó “la personalidad de cada adulto de América”, en palabras de su director, Alexander Nix, a The Washington Post . Se cree que Facebook ayudó a que el magnate republicano ganara las elecciones , ya sea porque intoxicó el debate electoral con la difusión de noticias falsas – que obligó a su fundador, Mark Zuckerberg, a tomar medidas para erradicar las mentiras de su plataforma -, o porque Trump invirtió 56 millones de dólares en propaganda en Facebook.

A eso se le suma el lanzamiento de mensajes de cuentas automáticas (los llamados bots) en Twitter, un método que, según revelaron investigadores de las universidades de Corvinus (Oxford) y Washington, fue empleado de forma deliberada durante la campaña electoral por parte de programadores pro-Trump.

 

Estrategia de propaganda coordinada

 

La idea de que detrás de ello hay una estrategia de propaganda coordinada es cada vez mayor. “Esto lo están haciendo personas que entienden la estructura de la información, que acumulan dominios de páginas web y, a continuación, utilizan la automatización para explotar un determinado mensaje” como, por ejemplo, “hacer que Trump parezca un consenso”, apunta a The Observer el director de la unidad de propaganda computacional del Instituto de Internet de Oxford, Phil Howard.

Y así, mientras Bannon entiende de comunicación y Mercer de datos, ambos tejan el entramado con el que se espera cambiar la manera de pensar de un país. De momento, el panorama digital está cada vez más dominado por los portales de la derecha ideológica. Un mapa elaborado por el periodista e investigador Jonathan Albright sobre el ecosistema de noticias e informaciones muestra cómo las páginas web conservadoras están estrechamente unidas por millones de enlaces con sitios como YouTube y Google.

 

Publicado enPolítica
Costas Lapavitsas en Barcelona.

 

"La izquierda está pagando su discurso conservador sobre la unión monetaria europea", dice el economista griego Costas Lapavitsas

 

Oriol Solé Altimira

 

Costas Lapavitsas (1961), profesor de Economía en la School of Oriental and African Studies de la University of London, ha venido de visita a Barcelona esta semana a presentar su último trabajo, en el que aboga por que Grecia salga del euro como herramienta para superar la crisis del país.

Muy crítico con Syriza (de la que fue diputado hasta el tercer acuerdo con la troika), con Alexis Tsipras y con Yannis Varufakis, Lapavitsas es consciente de que sus posiciones respecto a la UE y al euro todavía son minoritarias entre los progresistas europeos. No obstante, cree que "el primer paso para la izquierda es decir que la unión monetaria tiene que terminar".

 

Hace un año estuvo en Madrid en la presentación del Plan B para Europa. ¿Cómo cree que ha evolucionado esta iniciativa?

Las conferencias de Madrid fueron interesantes porque hubo una buena afluencia de público y un buen ambiente. No obstante, fueron políticamente confusas porque se presentaron varias ideas sin concreción sobre qué debería hacer la izquierda respecto a Europa. La gente todavía piensa que se puede cambiar la Unión Europea (UE). Pasado un año, creo que esta posición ha perdido partidarios. Más gente se ha dado cuenta que si se quiere una alternativa, un camino o una estrategia diferentes hay que dar pasos radicales también respecto a las instituciones y a la UE.

Y ahí está su plan para Grecia, en el que propone salir del euro.

Salir del euro forma parte de una estrategia. Pero en esencia hay que tomar medidas para fortalecer la demanda agregada: gasto público e inversión. En un primer momento el sector público tiene que liderarlas para que la economía y el sector privado, en especial los servicios, puedan empezar a respirar. En una segunda fase, habría que tomar medidas en política industrial.

¿Y esto no es posible hacerlo dentro del euro?

La institución fundamental de la UE a día de hoy es la unión monetaria. La unión monetaria ha fracasado, es disfuncional y no ha traído reformas, prosperidad o solidaridad sino todo lo contrario: ha intensificado la hostilidad y las tensiones entre los europeos. El primer paso para la izquierda es decir que la unión monetaria tiene que terminar. El euro ha fracasado y no lo necesitamos.

¿Terminar con el euro no haría precisamente que los países y sus monedas compitieran entre sí en vez de ser solidarios?

Tampoco es necesario volver a un sistema de monedas nacionales que compitan entre ellas. Hay alternativas intermedias para las naciones europeas para organizar el movimiento de capitales y el comercio. No se necesita una moneda común como el euro ni al actual Banco Central Europeo (BCE). Los mecanismos que se usan desde hace años básicamente favorecen a las grandes empresas y a los grandes bancos.

¿En última instancia que la izquierda asuma el discurso antieuro no facilita el trabajo a la ultraderecha?

¡Al contrario! Aquí hay otro fallo de la izquierda. Si la izquierda no hubiera aceptado el euro o si hubiera propuesto una salida del euro positivamente y desde un discurso radical, en el sentido de ir a la raíz de los problemas, se lo hubiera puesto más difícil a la extrema derecha. En Grecia, la ultraderecha de Amanecer Dorado tiene diputados pero no han sido capaces de encontrar su sitio en el debate del euro porque ya había una izquierda que lo proponía. En vez de Marine Le Pen, tendría que ser la izquierda francesa quien hablara de esto.

Pese a esto la posición mayoritaria de la izquierda europea no es salir del euro sino reformar la UE. En España lo hemos visto con Podemos: a medida que las encuestas le favorecían, centraba su discurso.

Es cierto. Por eso la izquierda europea ha fracasado en la última década y, a la derecha, y ahora parece que también a la extrema derecha, le ha ido tan bien. La izquierda históricamente fue garante de trasladar políticas favorables a la clase trabajadora y a los más débiles a las instituciones, desafiar a los poderosos y hablar de cambios radicales. Cambiar el sistema, cambiar el mundo. ¿Dónde está todo esto? La izquierda está pagando su discurso conservador sobre la unión monetaria. La extrema derecha emite ahora un discurso radical y ha robado la mayor parte de los mensajes, y en algunos casos el electorado, a la izquierda.

 

Costas Lapavitsas economista griego EDIIMA20170224 0364 5

 Lapavitsas en un momento de la entrevista ©SANDRA LÁZARO

 

Su país, Grecia, parece haberse instalado en un círculo vicioso de rescates y planes de ajuste.

Grecia es un caso extremo dentro del fracaso de la eurozona. No creo que Grecia salga satisfactoriamente de la crisis a medio plazo. El motivo es que cuando estalló la crisis la solución impuesta por la Comisión Europea y Berlín esencialmente destruyó la demanda agregada. Se recortó el gasto y las pensiones, y aumentaron los impuestos. El conjunto de medidas contrajo la demanda agregada y la inversión se colapsó. Los negocios cerraron, el desempleo creció y la recesión fue masiva.

Se dijo que esto estabilizaría la economía y que una vez caída la demanda agregada sería la ocasión para tomar medidas adicionales, como liberalizar y desregular para ser competitivos. Pero el capitalismo moderno no funciona así. Lo que ha pasado es que el país se ha estancado: la economía crece un poco y vuelve a contraerse. Y España no está tan lejos de esta descripción.

Tampoco parece que los acreedores propongan una vía muy distinta a la seguida hasta ahora.

Así Grecia nunca crecerá y permanecerá estancada, con la demanda interna destruida y esperando un milagro. Este camino lleva a Grecia a la marginalización y a la irrelevancia, y continuará así mientras se mantenga en la unión monetaria. Para empezar a hacer políticas alternativas a la austeridad, hay que salir del euro.

Por otro lado, el apoyo que recibió el gobierno de Syriza durante el referéndum parece que se ha evaporado. ¿La Europa de los trabajadores es más mito que realidad?

La Europa de los trabajadores no existe. Es un mito en el que la mayor parte de la izquierda europea creía. No hay una sola Europa, hay 28 estados, 19 de ellos en la unión monetaria. La izquierda tendría que pensar más en la soberanía nacional y redefinirla, no en un modo nacionalista o agresivo sino en un sentido popular. Creo que esta es la verdadera perspectiva de la Europa de la gente y los trabajadores, y no un ente transacional con sede en Bruselas gobernado por burócratas que viven en su propio mundo.

Pensar que desde la izquierda se puede transformar todo esto en la Europa de la gente creo que es un error. La Europa de los trabajadores existe, primero, en tu propio país cuando se reclama soberanía y, a partir de esta base, se puede crear una Europa solidaria.

 

Costas Lapavitsas economista griego EDIIMA20170224 0365 5

Lapavitsas cree que el Brexit ha contribuido a hacer más fuerte al partido conservador ©SANDRA LÁZARO

 

Usted vive en Londres. ¿Cómo están siendo los primeros meses postBrexit?

El Brexit mostró que la clase trabajadora británica no quiere la UE, que la UE no es un proyecto popular y que nunca lo ha sido en el Reino Unido. La UE era un proyecto de la clase media británica. Y creo que lo que siempre ha sucedido en el Reino Unido es trasladable a bastantes países: la UE nunca ha sido un proyecto de las clases populares.

¿Las peores consecuencias llegarán cuando se active el mecanismo para salir de la UE?

Después de la votación se decía que el Brexit sería el fin del mundo y que habría una recesión masiva, fugas de capitales y dificultades económicas. Hasta ahora nada de esto ha pasado. Obviamente cuando empiece el proceso de desconexión real habrá efectos negativos, pero hasta ahora se han exagerado. La catástrofe que se preveía no se está produciendo. El pensamiento entre mucha gente es: "Si esto es lo que pasa cuando decides salir, ¿dónde está el desastre?"

Habrá efectos negativos y complejos en la economía. Desarticular todo un sistema legal establecido será una labor ingente porque la legislación europea afecta a muchos aspectos de la vida. Los acuerdos comerciales y las operaciones financieras se verán afectadas aún no se sabe muy bien cómo.

¿Se esperaba que ganara el Brexit?

La clase dirigente británica no quería el Brexit. La City de Londres y los poderosos querían quedarse. Fue una sorpresa y las élites no estaban preparadas porque el Brexit fue un voto popular. A nivel político sin embargo, el Brexit ha contribuido a dar carpetazo a la división del partido conservador respecto a Europa. Ahora los conservadores son más fuertes.

La izquierda, por contra, parece totalmente desconcertada.

El laborismo no tiene nada claro y está dividido. La izquierda en el Reino Unido está en crisis porque no sabe qué decir sobre Europa. No tiene propuestas radicales para la gente. Algunos creen que se volverá a la UE y podrán cambiarla, lo cual no tiene ningún sentido. Nunca pasará, y si pasara, solo llevaría a empeorar las vidas de los trabajadores, que han votado en contra de la UE.

Esto muestra uno de los problemas de la izquierda europea: ha perdido la confianza de los trabajadores. Parte del laborismo, en vez de proponer un programa para abandonar la austeridad y fomentar la inversión pública y distribuir la riqueza, pone sus esfuerzos en volver a una institución que los propios trabajadores rechazan y a otro referéndum. Políticamente no tiene sentido. La ultraderecha, en este contexto, se está ganando a las clases trabajadoras británicas. Esto es terrible y lo peor es que pasa en más países de Europa.

 

 

Publicado enEconomía
Sábado, 28 Enero 2017 06:59

“2017, el año de los patriotas”

“2017, el año de los patriotas”

Varios cientos de representantes de los partidos de extrema derecha de Europa se reunieron el fin de semana pasado en la ciudad de Coblenza, a orillas del río Rin, para festejar sus últimos resultados electorales y preparar “el año de los patriotas”, un 2017 en el que se prevén elecciones cruciales en varios países del continente.


Varios cientos de representantes de los partidos de extrema derecha de Europa se reunieron el fin de semana pasado en la ciudad de Coblenza, a orillas del río Rin, para festejar sus últimos resultados electorales (incluida la victoria de Donald Trump en Estados Unidos) y preparar “el año de los patriotas”, un 2017 en el que se prevén elecciones cruciales en varios países del continente. La francesa Marine Le Pen, del Frente Nacional, los alemanes Frauke Petry y Marcus Pretzell, de Alternativa por Alemania, y Geert Wilders, del holandés Partido por la Libertad, fueron las estrellas de un encuentro en el que la gran mayoría de los participantes fueron hombres (alrededor de 80 por ciento) de mediana edad. También hubo representantes de la Liga Norte italiana, del Ukip británico, de los españoles de Vox, de los liberales austríacos y de partidos de extrema derecha de Bélgica, Rumania, República Checa y otros países. Este año habrá elecciones en Holanda (marzo), Francia y Alemania (setiembre) y en todas ellas la extrema derecha puede obtener muy buenos resultados. “Si las cosas van medianamente bien, en los tres países llegaremos al poder”, dijo Geert Wilders.


Durante la concentración ultra, el discurso dominante estuvo muy cercano al defendido por Trump: antiinmigrantes, nacionalista, proteccionista, “anti elites”. “El año pasado marcó el despertar del mundo anglosajón, este año será el de los pueblos de Europa occidental”, declaró Wilders. Marine Le Pen fue en el mismo sentido. “Ayer nació un nuevo Estados Unidos. Este año habrá una nueva Europa. Entre nosotros hay diferencias, pero todos queremos romper con la Unión Europea y defender a nuestros conciudadanos de los ataques exteriores”, dijo la francesa. “Estamos viviendo el fin de un mundo y el nacimiento de otro. ¡Es el regreso de los estados-nación! Me gusta Alemania porque es alemana. Me encanta Francia porque es francesa”, agregó con el tono entre autoritario y entrador que la caracteriza.

Publicado enInternacional
Viernes, 30 Diciembre 2016 07:27

Tres despachos sobre los virtuosos

Tres despachos sobre los virtuosos

I. Mahan Esfahani (1984), el clavecinista iraní-estadunidense, a la mitad de su recital en Colonia (28/2/16), hace una breve pausa. Es un hombre con una misión: devolver el clave a las salas de concierto y romper los prejuicios mezclando lo viejo con lo nuevo, como lo hace en Time present and time past (goo.gl/rb5wIZ), la columna vertebral del programa. Cuando acaba de sonar –con acompañamiento de Concerto Köln– el denso e intenso Concierto para clave op. 40 (1980) de H. M. Górecki y sigue el igualmente demandante Piano phase (1967) de S. Reich –compuesto para dos pianos y dos marimbas–, Esfahani explica [en inglés] la naturaleza de su arreglo. Alguien grita ¡Habla en alemán! [Sprich Deutsch!]. Luego trata de tocar, pero el público empieza a chiflar y pelear entre sí. Algunos lloran, otros salen. Al parecer para los conservadores una pieza minimalista en un instrumento barroco es inaceptable. Era un pandemónium que nunca había visto en un concierto de música clásica, escribe Esfahani ( Slippedisc, 29/2/16). ¿De qué tienen miedo?, pregunta; alaba la libertad en Alemania comparándola con la supresión de la música en Irán y –a pesar de todo– procede con la clausura: Concierto en re mayor de C. P. E. Bach. Al final, según el artista, todo era puramente musical: se alegra por la viva reacción y la solidaridad de otros melómanos; subraya que si el clave [reintroducido apenas en el siglo XX por la gran Wanda Landowska (1879-1959)] es capaz de generar esto, ¡significa que importa! Pero –según otros presentes– detrás hay también un claro trasfondo racista/cultural, un reflejo de la creciente xenofobia en Alemania (y la fresca memoria de ataques sexuales en Colonia dos meses antes perpetrados por un grupo de refugiados); al final el virtuoso también es un otro, encima un árabe.


II.- András Schiff (1953), un gran intelectual de la música, no teme cambiar su mirada. Después de haberlos criticado, se enamora de los fortepianos de la época para tocar a su Schubert y a su Beethoven; la malograda interpretación de Variaciones Goldberg de J. S. Bach (Decca, 1983) la sustituye por una mejor (ECM, 2001) [¿le gustaría la nueva –fresca y original– lectura de esta compuesta originalmente para el clave pieza por Esfahani?, goo.gl/AKnD3G ]. Pero no cambia su opinión sobre la Hungría actual. Desde hace años viene criticando a V. Orbán por su racismo, antisemitismo, discriminación de los Roma y nacionalismo reaccionario ( The Washington Post, 1/1/11). Ya son cuatro décadas que vive afuera. De todos modos la derecha allí lo declaró “persona non grata” y él mismo se declaró auto-exiliado ( Der Tagesspiegel, 14/1/12). Los orbanistas le dijeron incluso que si regresaba le cortaban las manos (¡sic!). Pero para Schiff el problema no es sólo el gobierno y sus seguidores, sino también la gente que se queda callada (BBC, 23/12/13). En un espeluznante recuento histórico fustiga la rehabilitación del almirante Horthy, el colaborador de Hitler que deportó medio millón de judíos a campos de muerte: Los húngaros tienen que enfrentar su pasado nazi, no venerarlo, escribe ( The Guardian, 11/12/13). A diferencia de sus homólogos europeos, la derecha húngara (Fidesz/Jobbik) ni siquiera esconde su antisemitismo –por lo que Schiff por su origen no es un verdadero húngaro, igual que por ejemplo la gran [post]marxista Agnes Heller, otro blanco preferido de los ataques (además por comunista)–, y en vez de mimetizarlo lo combina abiertamente con la islamofobia y el odio a los refugiados.


III.- Krystian Zimerman (1956), desde su triunfo en el Concurso Internacional Chopin de Varsovia (1975), tiene fama de volátil, cerrado, detallista. No extraña cuando en Los Ángeles (26/4/09) en el último momento cambia el programa: en vez de J. Brahms ( Sonata op. 119) es G. Bacewicz (Sonata no. 2); pero sí es una sorpresa cuando en vez de proceder con la última pieza – Variaciones sobre un tema popular polaco, de K. Szymanowski (1904)– se vuelca hacia el público diciendo que ya no va a tocar en un país (Estados Unidos) que quiere controlar al mundo entero, critica la guerra en Irak, el campo en Guantánamo e implora a los estadunidenses: dejen a mi país (Polonia) en paz [en referencia a los planes de instalar allí un escudo antimisil contra Rusia] (LA Times, 27/4/09). Se desata un escándalo. Primero en la sala (cuando una gente gritando e insultando al pianista se levanta y sale Zimerman espeta: “¡Apenas escuchan ‘el ejército’ y ya se ponen a marchar!”); luego en la prensa. Pero pronto sus críticas quedan relegadas sólo a sus conocidas excentricidades. Lo mismo en Polonia, donde nunca se cuestionó nuestra complicidad en la guerra colonial en Irak y la destrucción de Medio Oriente que acabó en un alud de refugiados. Polonia tiene una larga tradición de virtuosos políticos –desde el mismo F. Chopin hasta I. J. Paderewski o A. Rubinstein–, pero Zimerman es el primero que le dice algo incómodo al poder saliendo del guion patriótico, por lo que es una anatema compararlo con ellos. Sin haber trabajado las culpas del presente y del pasado (la tóxica historia del antisemitismo polaco), hay lo que hay: un día antes del incidente con Esfahani en Colonia, cerca de Varsovia un grupo de nacionalistas golpea a un pianista chileno, C. Ramos, cuando va a dar un recital [que luego, a pesar de las lesiones y un diente roto, no cancela]; les parece un árabe ( The Guardian, 29/2/16).


Coda. La música puede ser una herramienta de acercamiento, como demuestra otro virtuoso, Daniel Barenboim, con su West-Eastern Divan Orchestra (cofundada con el gran E. W. Said); pero la música puede ser también un barómetro social que no siempre indica buen tiempo.

Los casos mencionados vistos en su totalidad confirman que:


a) Las complicidades criminales del pasado y del presente no trabajadas abonan a complicidades y actos criminales en el futuro;
b) la sordera del centro liberal a las voces de discordia y/o concientización hace que éste se cae o acaba reafinando su discurso al son del día (la capitulación de Angela Merkel ante la reacción antirrefugiados);

c) la extrema derecha no cuestionada eficazmente no baja del tono, sino acaba marcando el ritmo (las políticas xenófobas de Orbán, por años un paria de la Unión Europea, se volvieron sus políticas oficiales).

 

MACIEK WISNIEWSKI, eriodista polaco
Twitter: @MaciekWizz

Publicado enPolítica
Lunes, 14 Noviembre 2016 06:36

SOS

SOS

 

Algunos dicen que es el fin de un Estados Unidos semicivilizado, otros dicen que aquí tronó el viejo sistema político bipartidista, otros creen que acaba de aparecer el diablo –"gusto en conocerte, espero que hayas adivinado mi nombre, lo que te está confundiendo es la naturaleza de mi juego"– y otros creen que no pasará nada con esta cosa fea resultado de la contienda más asquerosa en la historia moderna (dixit la gran mayoría del electorado), ya que todos –incluso el peligroso bufón anaranjado– acabarán siendo sujetados por el gobierno permanente y obligados a portarse más o menos bien.

Todos están sorprendidos. No funcionaron sus modelos, ni sus programas ni los infinitos datos con que alimentaban sus computadoras. Los expertos –politilógos, veteranos de campañas, los que entienden matemáticas y estadísticas, viejos lobos de la política y casi todo periodista– ofrecían sus espléndidos análisis de cómo era esa extraña cosa llamada "pueblo" o "electorado", de cómo se comportaba y cómo reaccionaba ante los gritos, engaños y manipulaciones de diversos irritantes llamados "candidatos". Los científicos entendían casi todo hasta que el pasado martes se mostró que no entendían casi nada.

Ahora los expertos profesionales argumentan que este es un país muy dividido, y muestran ese mapa tramposo donde ilustran dónde están los de azul (demócratas) y los de rojo (republicanos). Esa es ahora la narrativa oficial que se desea imponer por los maestros del juego político y mediatico.

Pero la división no es entre colores, de un lado y del otro, horizontal a lo largo de un mapa, sino vertical: lo que caracterizó esta contienda desde un inicio hace casi dos años es que la división es entre los de arriba y los de abajo. Esta fue una contienda de insurgencias contra las cúpulas azul y roja. La opinión pública reprobó a ambos partidos, casi todos los candidatos, y cuando pudieron votaron contra la élite política y económica tanto en las primarias como ahora en la elección general.

Al anular la opción progresista para la expresión de esa insurgencia, con Clinton y sus aliados haciendo todo lo posible para descarrilar la amenaza del socialista democrático Bernie Sanders (quien durante su campaña, y posiblemente aun ahora, es el político con el mayor índice de popularidad en este país), sólo dejaron la opción de un demagogo derechista y los infinitos adjetivos que se merece. Siempre ha existido una corriente racista y hasta fascista en este, como en casi todo país, y la campaña y ahora elección de Trump ha desatado estas corrientes como veneno por todo el país, y esto apenas empieza. Pero aún más importante es entender que no todos, y tal vez sólo una minoría de los 60 millones de los que votaron por él, forman parte de esa corriente. De hecho, muchos de ellos eran sindicalistas y demócratas y habían votado dos veces por un presidente afroestadunidense.

Por lo que sí votaron todos estos fue para derrocar lo que ambos candidatos insurgentes llamaron "un sistema amañado" al servicio de una oligarquía.

El problema, obviamente, es que el resultado expresado por Trump y su gente pone a todo el planeta en riesgo, y a los más vulnerables dentro de este país en peligro inmediato.

Los políticos y los expertos –incluidos los encargados de la campaña demócrata– aparentemente nunca apagaron sus computadoras y sus modelos para tomarse una cerveza o un whisky en una cantina y platicar con los que estaban por sacudir al mundo al expresar su hartazgo, su ira y su temor.

Matt Taibbi escribe en Rolling Stone que la “elección de Trump fue una verdadera rebelión dirigida a todos los que eran percibidos como parte del establishment... incluyendo dirigentes políticos, banqueros, industriales, académicos, actores de Hollywood, y, por supuesto, los medios. Y todos cerramos los ojos a lo que no deseábamos ver... El casi universal fracaso entre los profesionales políticos en pronosticar la victoria de Trump... reveló una ceguera cultural asombrosa”. Ahora, dice, ya es demasiado tarde, y en parte esto es consecuencia de que para los periodistas, “igual que los políticos, nuestra chamba era escuchar, pero nos la pasamos hablando... El mundo tal vez nunca nos perdone por no ver lo que se venía”.

Ahora ese resentimiento, la ira y desesperación que hay abajo, sobre todo de la clase trabajadora blanca urbana y rural, gente que sentía que había perdido todo, incluso a su propio país, ha llevado a una crisis, y la cúpula está buscando cómo manejarla. Es la cosecha en gran parte de tres décadas de un consenso cupular bipartidista de políticas neoliberales que se aplicaron al país más rico del mundo.

Las advertencias sobre las consecuencias de esto aquí se expresaron desde el gran debate trinacional sobre el libre comercio a finales de los 80, en el movimiento altermundista a finales de los 90, recientemente con Ocupa Wall Street y después en la gran insurgencia progresista sin precedente de Sanders.

Pero lo más trágico es que en lugar de una vuelta progresista, por lo menos liberal, esto ahora ha llevado –en gran parte por la arrogancia de los liberales y la falta incomprensible de una respuesta masiva de "no pasará" durante el ultimo año a esta amenaza venenosa– a una expresión de tintes fascistas. De hecho, algunas de las pancartas en las protestas en las calles llaman a "una resistencia al fascismo en Estados Unidos".

“Adiós, America” se titula el artículo del autor y académico liberal Neal Gabler en el portal de Moyers & Company. “Estados Unidos murió el 8 de noviembre del 2016... por su propia mano, vía el suicidio electoral. El pueblo optó por un hombre que ha deshecho nuestros valores, nuestra moralidad, nuestra compasión, tolerancia, decencia, sentido de propósito común... Ya no podemos simular que somos excepcionales o buenos o progresistas o unidos. No somos nada de esas cosas”.

Tal vez es hora de que los pueblos del mundo que han expresado su horror ante lo ocurrido aquí empiecen a preparar brigadas internacionales de solidaridad para apoyar la resistencia que ahora nace en estas calles contra la sombra que oscurece a este país.

 

 

Publicado enInternacional
Electorado en EU: la desilusión de elegir entre un neofascista y una reina política

La desilusión del público con el proceso electoral, expresada en el repudio masivo del electorado hacia los dos principales candidatos presidenciales y el statu quo político ha resultado en un neofascista en la antesala de la Casa Blanca y una reina política cuyo castillo está en juego.

Un 57 por ciento de votantes están frustrados y 55 por ciento están indignados con esta elección presidencial, según la encuesta difundida hoy por el Centro de Investigación Pew. Sólo alrededor de 11 por ciento dicen que estarían entusiasmados si gana el republicano Donald Trump, y sólo 12 por ciento si gana la demócrata Hillary Clinton. El desencanto con los candidatos y sus partidos es lo que prevalece en esta recta final de la elección.

En esta contienda hay "dos abuelos neoyorquinos cómodamente instalados en la burbuja del 0.01 por ciento más rico mientras abogan por las personas ordinarias a las que conocen en gran medida como sus sirvientes", es como lo resume Jim Vandehei, el cofundador del medio Político.

Todos los días, ambos candidatos se presentan en público como los grandes defensores de los pobres y los trabajadores. Ambos afirman que si triunfan generarán gran prosperidad y mucho empleo (¿habrá un político en el mundo que prometa lo opuesto?)

Ese miércoles, Clinton publicó un artículo de opinión en el New York Times en el cual afirma que "abogar por los niños y las familias ha sido la causa de mi vida", y detalla su propuesta para incrementar el crecimiento económico, la vivienda, la inversión y más para abatir la pobreza. "Este noviembre, el pueblo estadunidense tendrá que decidir entre una economía que funciona para todos y una economía que beneficia sólo a los prósperos a expensas de todos los demás".

Trump afirma en sus discursos que renegociará o cancelará los acuerdos de libre comercio, impondrá controles sobre empresas que trasladan empleos a otros países e, igual que Clinton, promete una gran inversión en infraestructura para crear empleos. A la vez, propone una reforma fiscal que, según expertos, beneficiará a los más ricos, pero que el candidato afirma que generará crecimiento económico. Acusa que Clinton desprecia a los trabajadores y es sólo otra política más al servicio de los intereses de la cúpula financiera del país.

Con los atentados en Nueva York y Minnesota como trasfondo, el debate entre los dos candidatos ha girado de ataques personales, correos electrónicos y si el presidente Barack Obama nació o no en Estados Unidos (tema que fue promovido por Trump durante cinco años sólo para que acabara declarando que heroicamente ponía fin a esa especulación, tras culpar a Clinton de generarla, o sea, una mentira por otra), para retornar a ese terreno tan políticamente fértil sobre quién será el mejor comandante de la guerra contra el "terror".

Trump vinculó, una vez más, a los inmigrantes con el terrorismo, afirmó que "estos atentados, y muchos más, fueron posibles por nuestro sistema extremadamente abierto de inmigración". Culpó a Barack Obama y Clinton por traer el "terrorismo" a este país por sus políticas migratorias y el manejo de la guerra en Irak.

Más aún, llamó a implementar el sistema israelí de control de árabes en Estados Unidos. Afirmó que hay que emplear "perfiles" para vigilar a posibles "terroristas" en torno a su origen y etnia. “Mira, los israelíes lo hacen... lo hacen muy exitosamente”, comentó en entrevista con Fox News recientemente. A principios de la semana acusó que los refugiados musulmanes legalmente admitidos en el país son "un cáncer desde adentro" que fomentarán el terrorismo y que "se quedan juntos, hacen complots juntos".

Clinton lo atacó afirmando que las propuestas de Trump fomentan el reclutamiento de "terroristas" y que él no estaba capacitado para enfrentar un desafío tan complejo.

Ahora, con los incidentes más recientes de policías que matan a hombres afroestadunidenses, este martes en Charlotte, Carolina del Norte, y un día antes en Oklahoma, los candidatos giraron hacia ese asunto.

Clinton criticó que hay demasiados incidentes de este tipo y que urge una evaluación y reformas para abordar este tema. Trump, al reiterar su postura de ser el candidato de "ley y orden", abogó por mayores poderes policiacos para inspeccionar a sospechosos, sobre todo afroestadunidenses, medidas que han sido denunciadas como violaciones de derechos civiles.

A la vez, mientras batallan sobre estos asuntos, ambos candidatos se encuentran bajo sospecha de emplear sus respectivas fundaciones de manera indebida y posiblemente ilegal en sus actividades políticas y de negocio, algunas de las cuales están bajo investigación por las autoridades. Eso sigue alimentando el desencanto generalizado en esta elección.

Pero aunque impera el disgusto con ambos, cada día hay expresiones de protesta y denuncia ante el deterioro político del país y sobre todo su máxima expresión actual: Trump.

Este martes un grupo multiétnico de jóvenes ocupó las oficinas del presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Paul Ryan, en el Capitolio, para protestar contra el racismo de la campaña de Trump y los republicanos que lo permiten, en la primera acción de la campaña de milenarios #AllofUs, cuyo objetivo es "derrotar a Trump, después crear un movimiento y una democracia que trabaje para todos" (allofus2016.org). Anoche, 11 de los 25 activistas fueron arrestados.

Como lo han hecho antes destacados economistas, y por separado, expertos y ex funcionarios de ambos partidos dedicados a la política exterior, hoy figuras reconocidas del mundo de la ciencia alertaron contra los peligros para el mundo que representan las posiciones de Trump. Unos 375 científicos, incluidos 30 premios Nobel y tal vez el científico más famoso del mundo, el físico Stephen Hawking, difundieron una carta abierta este miércoles advirtiendo de las consecuencias mundiales de la promesa de Trump de retirarse del Pacto de París sobre cambio climático (responsiblescientists.org).

Por otro lado, el director de películas de superhéroes (Los vengadores) Joss Whedon difundió este miércoles un video llamado Save the Day, en el que actores famosos llaman urgentemente al voto en general, pero implícitamente contra Trump, en la que participan Robert Downey Jr, Scarlett Johansson, Mark Ruffalo, Don Cheadle y Julianne Moore, entre otros (savetheday.vote).

Nadie se imaginaba una coyuntural electoral como esta. Maureen Dowd, columnista del New York Times, hace unas semanas calificó esta campaña así: "estamos en una de esas raras convergencias des-armonizadas donde la realidad es más absurda que la sátira".

Publicado enInternacional
Domingo, 31 Julio 2016 08:06

Rebelión xenófoba en el este de Europa

Campamento de refugiados sirios en la frontera croata, a la espera de ingresar a Hungría.


El 2 de octubre Hungría irá a un referéndum impulsado por el ultraderechista Orban: ¿quiere que la Unión Europea disponga, sin el consentimiento del Parlamento, sobre el asentamiento de ciudadanos no húngaros en Hungría?

 


La cuestión migratoria es el espejo más grande donde la vieja Europa puede descubrir sus miserias. El grupo de Visegrado que integran Polonia, República Checa, Eslovaquia y Hungría hace punta contra las cuotas de reubicación de refugiados. Pero es en este último país donde más avanzó el gobierno. El próximo 2 de octubre irá a un referéndum donde el electorado deberá responder a la pregunta del derechista primer ministro Viktor Orban: ¿Quiere que la Unión Europea disponga, sin el consentimiento del Parlamento, sobre el asentamiento de ciudadanos no húngaros en Hungría?

 

Casualidad o no, ese primer domingo de octubre también se harán de nuevo las elecciones anuladas en Austria donde el Partido de la Libertad del ultraderechista Norbert Hofer tiene chances de imponerse. La fecha se percibe en el horizonte como un momento clave que puede robustecer la tendencia xenófoba que domina el continente.

 

Las cuatro naciones que integran el grupo de Visegrado (por el nombre de una ciudad bosnia donde se reunió por primera vez) ingresaron a la Unión Europea en 2004. Ese año fue cuando más se amplió la zona euro. Sumó diez países con nuevos derechos y deberes. En septiembre del 2015, la UE no pudo consensuar un documento sobre cuotas migratorias. La crisis de los refugiados se había agravado. Una votación de los por entonces 28 miembros - Gran Bretaña abandonó la Unión en junio último - estableció los cupos para desplazados por las guerras en Irak y Siria, sobre todo. Eslovaquia, República Checa, Rumania y Hungría perdieron porque se pronunciaron por la negativa. Y Polonia, la única que votó a favor pero a regañadientes, suscribió el documento con varios cambios.


Orban y su gobierno van ahora contra esa decisión. Hungría ya está en campaña y la prensa refleja la decisión del Estado de ganar el referéndum. Medios como EU Observer y Euronews han publicado las preguntas que se le formulan a un electorado que viene votando no solo a Orban y su partido Fidesz. También a la ultraderecha del Jobbik, tercero en las últimas elecciones y que propuso rehabilitar a Miklós Horthy, gobernante aliado de la Alemania de Hitler.


“¿Sabía que los atentados de París fueron cometidos por inmigrantes?” “¿Sabía que Bruselas (sede de la UE) quiere asentar en Hungría un número de inmigrantes equivalente a una ciudad? No importa que en los ataques terroristas del 13 de noviembre a la capital francesa, seis de los nueve yihadistas fueran ciudadanos locales o belgas. Tampoco que la cuota de refugiados que la UE votó para Hungría ascienda a apenas 1.294 personas. Es cierto que han ido varios miles más hacia sus fronteras. Lo prueba la política antiinmigrante de Orban que decidió levantar un muro a lo largo de la frontera de 175 kilómetros que comparte con Serbia.


La faena de construir la muralla fue exigida a 900 soldados. Del ensamblado de los bloques que permitieron vallar la frontera se ocuparon presos de las cárceles húngaras. Una paradoja que puso blanco sobre negro la crisis migratoria. También se agravaron las penas para quienes decidan ingresar de manera ilegal en Hungría. Al que lo intente le pueden caber hasta cinco años de prisión. Y acaso hasta que deba colaborar con la extensión del muro hacia el linde con Croacia.


Pero hay más medidas de este tipo que decidió el gobierno húngaro. Ahora aplica una reforma que hizo a su ley migratoria. Detiene a los desplazados y los traslada a una zona gris más allá de sus fronteras donde carecen de asistencia. Ocurrió con un grupo de seiscientos el 5 de julio. También lo hizo subiéndolos a trenes en mayo pasado hasta el límite con Austria. Los cuatro mil militares que colocó junto a los alambres de púa y las murallas fueron un disuasivo adicional. El país construyó una especie de línea Maginot y Orban se congratula de ello. Sobre el referéndum dice que quien vote a favor del “no” lo estará haciendo “por la independencia de Hungría”.


El líder del Fidesz no se diferencia demasiado de lo que piensan sus aliados. El polaco Jaroslav Kaczynski, líder del ultraconservador partido de gobierno, Libertad y Justicia, dijo que los refugiados transportan “parásitos que portan enfermedades contra las que están inmunizados en sus países pero no en Europa”. En línea con esta visión del problema, el presidente de la República Checa, Milos Zeman, comentó en la última navidad: “se puede sentir compasión por aquellos refugiados ancianos o enfermos y por los niños, pero no se puede sentir lo mismo por aquellos que deberían volver a su patria a enfrentarse a los yihadistas”. No extraña entonces que en noviembre pasado, el alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos Zeid Ra’ad Zeid Al Hussein, denunciara el trato “degradante” que sufren los desplazados en la República Checa.

 

La idea de pertenecer a la Unión Europea con todos sus beneficios unió a los países del este en su momento. Pero hoy, cuando están gobernados por partidos conservadores o ultraderechistas que siguen creciendo en el electorado, no están cómodos con las cuotas migratorias. La integración política, un mercado común, la utilización del euro y el libre desplazamiento de sus ciudadanos, para Hungría y sus aliados son incompatibles con aceptar esa deuda social que consiste en recibir a los refugiados.

 


Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

 

 

 

 

Publicado enInternacional
Lunes, 20 Junio 2016 06:48

Veneno y antídoto

Veneno y antídoto

El veneno que está escurriendo por los laberintos políticos y sociales de Estados Unidos se manifiesta en la serpiente de Donald Trump, y aunque esa demagogia derechista, si no es que fascista, tiene raíces profundas en este país, nunca se había aproximado tanto a la puerta de la Casa Blanca.

Las tinieblas sobre el país se generan por diversas corrientes, no necesariamente coordinadas, pero con un impacto que se ha documentado en el giro derechista de gran parte de la cúpula política y empresarial durante más de 30 años. Trump es cosecha de algo que se ha ido cultivando por diversos intereses a nivel local, estatal y nacional: desde arriba con la imposición de políticas económicas neoliberales y una ofensiva política ultraconservadora coordinada a nivel nacional por una poderosa y extensa red de multimillonarios ultraconservadores, y desde abajo por una combinación de fuerzas fundamentalistas religiosas y la manipulación exquisita del desencanto e ira popular - por la anulación de sus vidas (60 por ciento de abajo viven sin expectativas de algo mejor y unos dos tercios opinan que el país va por un camino equivocado).

"Hay un virus que infecta nuestra política y ahora está floreciendo con un color escarlata. Se alimenta de temor, paranoia e intolerancia. Todo lo que necesitaba para propagarse era una oportunidad momentánea y un oportunista sin escrúpulos", escribe el veterano periodista legendario Bill Moyers.

Este "virus" se expresa desde la ola antimigrante y la terrible vibra en los actos masivos de Trump, hasta en un incremento en los denominados crímenes de odio, con la tragedia en Orlando sólo por citar el más reciente y brutal.

De hecho, según las estadísticas oficiales más recientes de la FBI, hubo 5 mil 462 crímenes de odio en 2014, y la comunidad gay fue la más atacada, seguida por agresiones contra afroestadunidenses, musulmanes, latinos y asiáticos (aunque se sabe que la gran mayoría de este tipo de crímenes jamás son reportados a las autoridades).

Hoy día existen 892 "grupos de odio" y más de 276 "milicias" antifederales que operan en Estados Unidos, reporta el Southern Poverty Law Center.

No es nuevo este populismo de derecha dentro del país, que ha incluido figuras abiertamente simpatizantes del fascismo. El más famoso de éstos, el senador Joseph McCarthy, envenenó Estados Unidos con su demagogia peligrosa expresada a través de la destrucción de miles de vidas con su cruzada anticomunista en los años 50.

Por cierto, McCarthy y Trump tienen una persona en común: el abogado Roy Cohn, operador de la cacería de brujas de McCarthy, recordó recientemente el Washington Post. Cuando cayó el senador, Cohn regresó a Nueva York para volverse de nuevo un broker del poder. Trump lo conoció a principios de los 70 y se convirtió en uno de sus asesores más influyentes. De hecho, el presidente de la campaña de Trump fue presentado al magnate por Cohn.

 

Antídotos

 

"Donald Trump, la fiesta se ha acabado", grita Chuck D, el famoso rapero de Public Enemy, ahora integrante del nuevo grupo Prophets of Rage, junto con Tom Morello, de Rage Against the Machine y otros, para enfrentar con "furia" las nuevas expresiones derechistas de las cúpulas y cuyo primer concierto público se realizará contra la Convención Nacional Republicana en Cleveland.

Aunque el enfoque de los últimos meses –sobre todo en los medios internacionales– ha sido sobre Trump, algo tal vez más sorprendente ocurrió al mismo tiempo en este país. Es difícil enfatizar qué tan extraordinario es que Sanders, alguien que se identificó desde el principio como un "socialista democrático" haya ganado más de 12 millones de votos (Trump ganó unos 13 millones), 8 millones de donaciones individuales y triunfado en 22 estados con su mensaje de promover una "revolución política", algo que promete que va a continuar.

"Las días electorales llegan y se van. Pero las revoluciones políticas y sociales que intentan transformar nuestra sociedad nunca acaban", declaró el pasado jueves en un mensaje a sus seguidores.

Sanders no ha logrado una revolución todavía, pero sí una rebelión inesperada a nivel nacional, y es, por ahora, el líder de mayor perfil frente a un amplio movimiento heterogéneo que ha surgido en parte de esas luchas diarias de los últimos tiempos que el menciona: las movilizaciones antiguerra, las rebeliones altermundistas,la defensa de los derechos de los inmigrantes, las campañas para elevar el salario mínimo, Ocupa Wall Street, entre otras.

La tarea inmediata es derrotar a Donald Trump, dijo Sanders, pero afirmó que ese no puede ser el único objetivo. "Hemos iniciado el largo y arduo proceso de transformar a Estados Unidos, una lucha que continuará mañana, la próxima semana, el próximo año y en el futuro".

La resistencia al veneno está –como siempre– por todas partes, mas allá de las campañas electorales, en el metro, en las cantinas, en las canchas de juego, hasta en la tele y en las películas.

Cómicos como Samantha Bee, John Oliver, actores como Mark Buffalo, Rosario Dawson y hasta George Clooney, entre otros, han logrado romper, a veces destruir, las narrativas de la amenaza derechista más efectivamente que los políticos o los medios y con un público más amplio.

"Ya no podemos mantenernos al margen de la historia. Tiempos peligrosos exigen canciones peligrosas. Es hora de retomar el poder", afirman Prophets of Rage. La amenaza no es nueva; tampoco la respuesta, incluso en el ámbito artístico. La guitarra del legendario cantaor Woody Guthrie tenía grabado un lema: "esta máquina mata a fascistas". Y cantaba: "todos ustedes fascistas están por perder". Y existe otra versión más reciente, de Billy Bragg.

Las canciones expresan el antídoto, pero sólo será efectivo si todos aprenden a cantar juntos primero un verso añejo pero de nuevo contemporáneo: "no pasarán".

Publicado enInternacional