Viernes, 20 Mayo 2016 07:50

Retrato de una utopía retrógrada

Retrato de una utopía retrógrada

El nuevo gobierno Temer está tomando decisiones desconcertantes que lo colocan en una posición de notable fragilidad. La impresión inicial es que se trata de un gobierno sin rumbo claro, tironeado por políticos deslegitimados que lo pueden llevar al naufragio.

 

El flamante Ejecutivo de Brasil está tomando decisiones desconcertantes que lo colocan en una posición de notable fragilidad. La impresión inicial es que se trata de un gobierno sin rumbo claro, tironeado por políticos deslegitimados que lo pueden llevar al naufragio.


De los 23 ministros que integran el gabinete del presidente interino Michel Temer, siete están procesados o investigados por delitos de corrupción, mientras que otros 12 recibieron donaciones de empresas vinculadas al escándalo de lavado de dinero de Petrobras.


La contumacia y la continuidad de la corrupción destrozan el argumento principal de quienes se empeñaron en destituir a Dilma Rousseff. Es, apenas, un síntoma de los retrocesos que encarna el nuevo gobierno. Buena parte de los ministros que integran el gabinete Temer han sido antes ministros de Rousseff. Es otra forma de corrupción: saltaron de un barco que se venía a pique para abordar otro que, esperan, siga navegando pese a las tempestades que jalonan la política brasileña. Corrupción, sinónimo de putrefacción.


Hasta la Orden de Abogados de Brasil (Oab), ferviente promotora de la destitución de Rousseff, se manifestó contra la presencia de dos ministros en el gabinete que son investigados por corrupción, los de Planeamiento y de Turismo, afirmando que “quien sea investigado en la Operación Lava Jato no puede ser ministro de Estado” (Valor, sábado 14).


TRES CRISIS EN UNA. La salida del PT, después de 13 años en el gobierno, se produce en medio de la mayor crisis económica de la historia nacional. El editorial del Financial Times, el mismo día de la destitución de Rousseff, se muestra escéptico de que Temer, de 75 años, sea capaz de lidiar con las tres crisis que enfrenta Brasil: la económica, la ética y la que provoca el sistema político.


Según el diario londinense, urge estabilizar la economía apoyando a la industria privada, ya que las inversiones colapsaron durante la larga agonía del impeachment y el crédito se desmorona. Las acusaciones de corrupción que afectan a buena parte del Congreso pueden debilitar al recién nacido gobierno tanto como la situación de la economía, dice. “Temer debe permitir que las investigaciones sigan su curso –razona el diario de la City británica–, aunque eso lo deje expuesto, puesto que cualquier otra actitud va a corroer su magro apoyo popular.”


La tercera crisis deriva de la increíble fragmentación política que ha hecho de la democracia presidencialista brasileña una de las más complejas en el mundo, volviendo casi imposible lidiar con un arco parlamentario que incluye la friolera de 30 partidos.


No será sencillo que el interinato consiga el primer objetivo. Los otros dos están fuera de su alcance. El panorama que presentan las cámaras, el principal apoyo institucional de Temer, es desolador: 313 de los 503 diputados están procesados o acusados; en la misma situación figuran 49 de los 81 senadores. El defenestrado Eduardo Cunha, el archicorrupto ex presidente de la Cámara de Diputados, nombró esta semana tres cargos en el gobierno, pese a estar apartado de sus funciones por orden del Supremo Tribunal Federal.


El caso más grotesco es el del diputado André Moura, escogido por Temer como líder del oficialismo en la Cámara de Diputados y considerado una suerte de brazo derecho de Cunha, pese a pertenecer a un pequeño partido que cuenta con apenas nueve diputados. Moura tiene tres juicios en el Supremo, no sólo por corrupción (peccata minuta a esta altura) sino también por tentativa de homicidio, según reveló Folha de São Paulo el mismo día de su nombramiento.


El prontuario de Moura es alarmante. Fue alcalde del pequeño municipio de Pirambú, en Sergipe, cargo que aprovechó para apropiarse de alimentos y celulares y para poner a su servicio una flota de vehículos con sus respectivos conductores. Según la Policía Civil, cuatro encapuchados dispararon sobre la residencia de su sucesor en la alcaldía hiriendo a un vigilante, ya que se negó a entregarle un millón de reales para su campaña electoral para diputado por Sergipe.


FUTURO CONFLICTIVO.


Que Temer no haya sido capaz de poner distancias con Cunha revela como mínimo dos graves problemas: que forma parte de la misma camada de corruptos y que tiene miedo del ventilador que puede encender el ex presidente de la Cámara en caso de ser procesado.


Aunque grave, el paso dado por Temer es apenas una pequeña muestra del camino que está comenzando a transitar. La periodista Eliane Brum lo resume en tres frases: “Sólo blancos, sólo viejos, sólo hombres. Ninguna mujer, ningún negro. Ese retrato es una imagen poderosa porque no representa al Brasil actual”, sostiene al analizar el nuevo gabinete (El País, lunes 16). Temer cerró el Ministerio de Cultura. Una decisión no sólo polémica sino que muestra un deseo de volver al pasado.


El cientista político André Singer, portavoz del primer gobierno de Lula, lo dice sin vueltas: “Con la traumática caída del lulismo se interrumpe una vez más el intento –en el fondo el mismo de Getúlio Vargas– de integrar a los pobres a través de una extensa conciliación de clases. Venció nuevamente la fuerte resistencia nacional a cualquier tipo de cambio verdaderamente civilizatorio. Incluso el más moderado y conciliador” (Folha de São Paulo, 15-V-16). Pero el Brasil de hoy es bien distinto de aquel de 1954 que empujó a Vargas al suicidio.


De algún modo, el gobierno interino puede interpretarse como un intento de frenar los avances de las clases subalternas, de reconstruir un orden agrietado, una utopía acariciada por las clases dominantes a lo largo de la historia. Pero esa utopía, como lo muestran los dos siglos posteriores a la revolución francesa, nunca consiguió aterrizar sus sueños, porque eran pesadillas para la inmensa mayoría de la sociedad. Es difícil imaginarse un Brasil sin Bolsa Familia, sin cuotas raciales en las universidades o, como recuerda Brum, regresar a un país donde “los estudiantes de las escuelas públicas aceptaban en silencio la violación de sus derechos más elementales”.


Brasil está ante cambios invisibles, profundos, demoledores. No tanto desde 2003, cuando Lula llegó a Planalto, sino desde 2013, cuando millones de jóvenes ganaron las calles luchando contra la desigualdad. Primero en San Pablo, luego en Goiás y Rio de Janeiro, en estos momentos en Porto Alegre y Ceará, cientos de colegios secundarios fueron tomados y gestionados por jóvenes de 13 a 17 años. Sabemos lo que esto significa: una nueva generación de militantes sociales llama a las puertas del escenario político dispuesta a moverlo todo, a trastocar los planes de los poderosos.


En tanto, la vieja clase política se muestra incapaz de comprender el mundo real. El nuevo ministro de Relaciones Exteriores, el socialdemócrata aliado de Washington José Serra, declaró que Brasil hará acuerdos bilaterales porque “el multilateralismo de la última década fracasó”. El país cuyo primer socio comercial es China y tiene estrechas relaciones con Asia puede tener problemas serios si insiste en la senda anunciada por su canciller.

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Lunes, 16 Mayo 2016 07:25

Movimientos ¿en movimiento?

Movimientos ¿en movimiento?

¿Cómo entender lo que se denomina como movimientos? Sean regionales, vecinales, gremiales, autonómicos, campesinos, indígenas, de género; sean contra desalojos urbanos, despojo de tierras por compra obligada o decreto; por desastres inducidos o naturales, desarrollos mineros, inmobiliarios, turísticos; de rechazo a cultivos Frankenstein, leyes y reglamentos lesivos para los de abajo (y hasta los de en medio), tratados secretos con el capitalismo foráneo (como lo llamaba el Che Guevara); en favor de la libertad de expresión, tránsito, siembra de semillas propias.

 

Desde la experiencia latinoamericana, implican un estar-fuera-del-Estado, de los mecanismos de control, cooptación y castigo; no ser partidistas, o serlo de manera secundaria, autónoma de la nube electoral. ¿Cómo podrían asociarse con gobiernos, incluso los que diciéndose progresistas (y siéndolo, comparados con los reaccionarios y autoritarios) que siguen la corriente mundial del supra-gobierno financiero, ideológico y militar que ejerce el neoliberalismo; resultan presa fácil de una derecha que saca raja de sus desprestigios y cuenta con mayor margen para el cinismo.

 

Los movimientos, en particular los de matriz indígena, poseen arraigo territorial, de identidad o lengua, de interés comunitario. Su meta es defender la vida, lo bueno posible en los lugares que habitan ancestralmente o por recuperación legítima.

 

Raúl Zibechi observa y analiza de cerca la dinámica de los movimientos sociales en América Latina. Además de reportajes y artículos, publica con propositiva constancia libros sobre Brasil, Bolivia y otros países, conoce a fondo el zapatismo mexicano y se involucra en las protestas y acciones populares de su país, Uruguay, y otras naciones del área. Recientemente publicó Cambiar el mundo desde arriba: los límites del progresismo (Desdeabajo, Bogotá, 2016), en colaboración con Decio Machado. Entrevistado en el País Vasco, Zibechi reiteró su crítica al progresismo sudamericano en términos que irritan a los seguidores de los gobiernos de izquierda, aunque la evolución (involución) de estos le conceda razón.

 

Sopesa los errores de estas experiencias, en Brasil por ejemplo: No tocar al 10 por ciento de poderosos que concentran la mayoría de riqueza; no hacer reformas estructurales y perpetuar el modelo extractivo. Nos hemos dado cuenta tarde de qué supone el modelo. En un principio sólo fuimos capaces de ver sus negativos efectos medioambientales y para la salud humana. Además, el extractivismo es una cultura, genera una situación dramática: una parte de la población sobra porque no está en la producción. Se crea así un campo sin campesinos. El monocultivo y la megaminería apenas generan empleo. “También tenemos un extractivismo urbano: ciudades donde los pobres son llevados cada vez más lejos, y si esto funcionara a tope –lo que pasa es que hay resistencias– hoy las villas ya no existirían”.

 

El modelo extractivo genera una sociedad sin sujetos con su modelo de tierra arrasada. Los movimientos que surgen lo van a hacer en los márgenes de la producción capitalista. Es difícil organizar a la gente que está por fuera de. Eso nos coloca en una situación compleja que nos está llevando a la necesidad de organizar a la gente en las peores condiciones, sin vinculación con la producción, donde hay una degradación de la trama social, otra de las consecuencias nefastas del modelo extractivo. No cuesta mucho encontrar políticas económicas claramente reaccionarias en la agenda posneoliberal de los llamados gobiernos progresistas. Cita Brasil de nuevo: los grandes bancos están obteniendo las mayores ganancias de su historia, mientras se fomenta el consumo como forma de integración despolitiza los sectores populares. Ese era, tal vez, el objetivo del gobierno de Lula, que pretendió contentar a los de abajo y también a los de arriba, buscando evitar el conflicto social.

 

A fin de cuentas, la crisis de los gobiernos progresistas se debe a la incapacidad de salir del modelo extractivo, que es un modelo de sociedad, como lo fue la industrial: las relaciones sociales, la cultura, la vida; un modelo de muerte que margina a 30 o 40 por ciento de la población, la condena a permanecer en sus periferias, recibir políticas sociales y no poder organizarse, ya que cuando se mueve un poquito, cuando sale de sus barrios, es criminalizada. Zibechi propone repensar para denunciarlo y discutir políticamente al modelo que caducó. Con gobiernos de izquierda y de derecha, el modelo se mantiene.

 

En lo inmediato, su pronóstico es negativo: van a gobernar las derechas. A mediano plazo, para que la correlación de fuerzas cambie, habrá que ver qué hacen los movimientos sociales. Creo que en un plazo relativamente breve van a volver a la ofensiva, y una de las tareas centrales, si se quiere llegar al gobierno, será discutir con qué programa, qué realizaciones tendrán lugar, cuáles van a ser los aliados.

 

 

 

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Sábado, 14 Mayo 2016 09:04

Derecha corporativa

Derecha corporativa

El presidente interino de Brasil, Michel Temer, dio su primer discurso un rato después de que la presidenta electa Dilma Rousseff fue suspendida por el Congreso de ese país, en lo que muchos interpretaron como un golpe de gracia a la región, y otros como un procedimiento constitucional. Habría que repasar las Constituciones si es que habilitan lo que presenciamos. En términos políticos, unas pocas oraciones de Temer bastaron para comprender que lo que se propone su mandato de seis meses es exactamente lo mismo que se propone en la Argentina Macri después de haber alcanzado con la ayuda de los medios concentrados su punto y medio diferencial.

 

El principal anuncio identitario de lo que vino a inaugurar Temer –la apertura a “los privados” de servicios que hoy brinda el Estado, acusado de cargar con roles que no le corresponden– lo hace miembro del mismo club global, con raíces en bases muy lejanas a Brasil. La Argentina, que hace menos de medio año volvió al mundo hecho papilla pisada por financistas, está siendo mientras tanto succionada también por transnacionales sin ánimo de reparo al sufrimiento popular. Por cierto, Temer ya empezó a despedir a trabajadores estatales.

 

La derecha corporativa avanza, pero a cada paso que da se le va cayendo una máscara más. Lo que todavía es enigmático para muchos que intentan decodificar “de dónde salieron” estos presidentes, vicepresidentes, ministros y funcionarios tan blindados, blindados por los medios concentrados, que forman parte del team del nuevo poder, y blindados también frente a las vertiginosas olas de despojo masivo y nacional que provocan cada una de sus decisiones, empieza a tener una explicación que aunque esos medios no reflejen sí denuncian las calles, las paredes, las redes, las centrales obreras, los movimientos sociales, los estudiantes, los desocupados, los jubilados, los comerciantes, los pequeños empresarios. Todo esto junto es la sociedad civil, cuya opinión ya está separada en los hechos de lo que desde hace décadas se llama “opinión pública”. Esos sectores de lo primero que fueron excluidos es de la “opinión pública”.

 

Quizá ahora se entienda mejor, con las facturas que las calles brasileñas le pasan a O Globo, que en nuestra historia más reciente no hubo un gobierno popular que se encarnizó con un grupo mediático, como quiso el relato que generó ese grupo y sus socios con aspiraciones en la repartija, sino que hubo una democracia que intentó defenderse de la malformación que sobrevendría si, como sucedió, las corporaciones llegaban al poder.

 

Lo que tienen de extraño o de excesivo estos presidentes y ministros que despiden más de mil trabajadores por día, que generan condiciones para que los despidos se sigan multiplicando en el sector privado y que sistemáticamente niegan lo que hacen, proviene precisamente de su origen, que no es la política. Lo que presenciamos es el desembarco corporativo en el poder político. Es necesario tomar conciencia de eso, porque no hacerlo les provocaría doble ventaja: ya ganaron, pero el beneficio secundario sería que, disfrazados de políticos, sus actuaciones vergonzantes además siguieran contribuyendo al desprestigio de la política. En los ´90 lo lograron. La ciudadanía no lograba individualizar ni a un partido ni a un sector de dirigentes que hubiese resistido la embestida que llevó el desempleo a los dos dígitos y la inequidad a niveles desconocidos incluso en la región más desigual del mundo. Hace décadas que las corporaciones buscan erradicar la política, y ésa es una lectura más de lo que pasó en 1976.

 

Lo que tienen de destemplados, de gélidos, de mentirosos estos presidentes y ministros no viene de la derecha política, sino de la derecha corporativa. La corporación, como artefacto de acumulación de dinero, como usina de búsqueda irrefrenable de ganancias, no necesita “hacer política” del modo que siempre lo hemos entendido. En eso se parece al estado de facto: están desentendidos y no se sienten en absoluto comprometidos con lo que todos entendemos por consensos, aunque hayan llegado al poder hablando de eso. No importa de lo que hablen. No tienen compromiso con el lenguaje. Se sienten habilitados a decir cualquier cosa, porque están protegidos por los formadores de la “opinión pública” y porque no han llegado adonde están inspirados en nada parecido al bien común o la responsabilidad de la representación. Llegan para hacer autopsias de países. Para exprimirlos, secarlos y dejárselos a los buitres. La gente que vive en esos países no es su problema. No la ven ni les importa.

 

Poco se ha hablado de la camiseta que las corporaciones obligan a ponerse a quienes dependen de ellas. Es una camiseta invisible, segmentada, como sus destinatarios del mercado, en llaveros, tazas, almanaques, festejos de cumpleaños, retiros en hoteles de lujo, premios en electrodomésticos, viajes cortos y autos de alta gama en consignación para sus ejecutivos intermedios, entre otros hitos que surcan las vidas de quienes encuentran en la corporación la cobertura de una especie de micro Estado. Cuando los macristas hablan de “trabajo de calidad” piensan en el trabajo corporativo. Después ofrecen 4.500 pesos por ocho horas seis días a semana.

 

Pertenecer a una gran corporación es cada día algo más parecido a una nacionalidad. Y hacia eso va, derecho, la Alianza del Pacífico, cuyo objetivo de fondo es el TPP y, al final del mismo camino, el gobierno global: no hay un “ir por todo” más radical y fundamentalista que el corporativo. Pertenecer, en ese mundo, no es un derecho sino un privilegio. Ese es otro concepto que el marketing corporativo viene recorriendo desde hace décadas. A medida que crecían y se comían unas a otras después de haberse comido a productores pequeños y medianos, a medida que se constituían en nuevos feudos que necesitan nuevas murallas —esta vez, mentales y perceptivas—, las corporaciones fueron generando un relato sobre sí mismas que se volvió aspiracional. Ellas mismas son la expresión de la inclusión: dentro de la corporación, está la posibilidad de progreso, el lugar de pertenencia y la bandera convertida en marca.

 

El gobierno de las corporaciones pretende ser, por definición, trasnacional. Los negocios a gran escala, más grandes que nunca, más feroces que nunca, no pueden estar sujetos a legislaciones nacionales. Cabe recordar que la cláusula ISDC, del TTIP, el tratado de libre comercio que Estados Unidos quiere formar con la UE, establece que en futuros litigios entre una corporación y un Estado, intervendrán tribunales privados. Eso vulnera todas las Constituciones nacionales. Con naciones débiles o desmembradas, inmersas en crisis insostenibles, el botín está más cerca.

 

Este enorme dispositivo de poder, desconocido hasta ahora, llega de la mano de presidentes y ministros que hablan su propio idioma y se entienden entre ellos. Jamás hubiesen podido avanzar tanto si los medios de comunicación no hubieran emprendido hace años ya el camino de la concentración, y si no hubieran reemplazado al periodismo por algo que todavía no tiene nombre. Los medios concentrados son una parte crucial del team corporativo. No es que apoyen al gobierno de las corporaciones. Son parte de ese gobierno.

 

 

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Sábado, 23 Abril 2016 07:45

Los leones veganos no existen

Los leones veganos no existen
La aprobación del proceso de impeachment contra Dilma Rousseff el domingo pasado es un punto de inflexión en la historia sudamericana. Los puntos de inflexión o saturación política son momentos que redefinen el escenario y las relaciones de fuerza y que condensan en poco tiempo procesos de largo aliento.

 

 

Su fuerza disruptiva radica precisamente en desencadenar la energía acumulada de contradicciones largamente contenidas. Para este caso, el impeachment era casi inevitable, la cuestión era cómo se llegaba a él. Más que la batalla en sí, lo importante es cómo arriban los ejércitos a ésta; cuando amanece el día de las definiciones ya está casi todo dicho.

 

El resultado se fue gestando durante años. Crecía junto con la popularidad de un Lula que, a pesar de venir de abajo, era el mejor aliado de los poderes empresariales. Crecía también junto con la aprobación generalizada de este líder de la “izquierda vegetariana” (Vargas Llosa dixit; la carnívora era la venezolana) con el que todos querían salir en la foto y que nos decía que ser de izquierda y revolucionario era cosa de jóvenes, que en la madurez de la vida todos somos de centro, razonables. Lo que pasó el domingo se hizo cada vez más posible a medida que el PT fue cambiando el gorro rojo del Mst para terminar su ciclo con Katia Abreu (representante del agronegocio) como ministra de Agricultura. Los sucesivos ministros de Economía salidos del riñón de la banca hicieron al domingo cada vez más inminente y patético. Mientras ocurrían las manifestaciones de junio de 2013, que comenzaron siendo de izquierda, con reclamos de derechos sociales y económicos, el PT apostó al achique y fue rebasado por un movimiento de masas cada vez más derechizado, y terminó saliendo de la crisis transando una agenda con la derecha (contener el déficit fiscal, la inflación y la corrupción), el impeachment no paró de crecer. Con el fin del ciclo de crecimiento económico y el gobierno planteando como respuestas la ortodoxia económica y el ajuste, el domingo y su resultado ya eran cosas a las que sólo había que ponerles fecha.

 

Desde el inicio (véase la “Carta ao povo brasileiro”1) no había más estrategia en el PT que la gestión y proyección mundial y regional del capital brasileño. Es cierto que su posición en términos institucionales siempre fue frágil, y la amenaza del impeachment latente. A eso el PT respondió cediendo posiciones para evitar en lo inmediato el cerco de la derecha en el parlamento, pero al precio de hundirse cada vez más en términos estratégicos. Se fue gestando una encerrona para salir de la cual lo único que atinó a hacer el PT fue profundizar la estrategia equivocada: seguir cediendo y asumir la mera gestión del capital. La que parecía ser la sola estrategia posible para sostener al gobierno y evitar el impeachment, únicamente incrementaba la impotencia para enfrentarlo.

 

Así se llegó al punto actual, donde se alinearon las precondiciones para la ofensiva reaccionaria destituyente: a) la caída del apoyo social al gobierno, y b) la pérdida de la calle, ahora en manos de la derecha; la otra precondición era la salida del Pmdb de la base aliada, consecuencia inmediata de a y b.

 

Que el domingo pasado no haya sido recibido en medio de una huelga general, una ocupación generalizada de los lugares de estudio y/o cortes de rutas, y que su consumación no haya habilitado acciones de este tipo, es sintomático de la impotencia para enfrentar el golpe y la precaria acumulación de poder de clase. La sola denuncia y los llamados a la conciencia democrática no son suficientes para enfrentar a la derecha envalentonada y decidida a recuperar el terreno perdido.

 

Situarse por encima de los antagonismos de clase puede llevarlo a uno a la ilusión de que está habitando el privilegiado y electoralmente rentable centro político, cuando en realidad está en el aire. Si el gobierno no es de unos ni de otros, ¿quién va a poner el pellejo para sostenerlo cuando el crecimiento ya no permita seguir conciliando? A la vista están los resultados de la renuncia a disputar poder de clase y apostar a la mera gestión del capital como estrategia. La burguesía siempre fue ingrata y traicionera con sus gestores.

 

Decía un viejo miliciano chino: “Salvo el poder, todo lo demás es ilusión”. Que en medio del trago amargo al menos nos quede el aprendizaje: con cazamariposas no se atrapan dragones.

 

* Economista uruguayo.

 

Carta pública de Lula antes de la contienda electoral que lo llevó por primera vez al gobierno.

 

 

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Una de las mayores noticias en los papeles de Panamá que usted no conocerá

Como era de esperar, las noticias generadas por la publicación de los papeles de Panamá están creando un gran revuelo. Y puesto que hay 11,5 millones de documentos que han sido hechos públicos que antes eran confidenciales, hay mucho tema y más noticias para publicar sobre tales papeles. Ahora bien, es sorprendente que elementos clave ya conocidos, de gran significado político, apenas se conozcan o se ignoren completamente (ver mi artículo “Lo que no se dice ni se dirá de los papeles de Panamá”, Público, 11.04.16). Por ejemplo, ¿quién es y quiénes son los fundadores de la firma de abogados Mossack Fonseca, que mantenía toda esta información? Es curioso que apenas se haya analizado este hecho. Emile Schepers, de la revista World News, que goza de gran credibilidad, ha publicado un artículo de gran interés, “Panama Papers and Latin America: The elephant in the room” (11.04.16), que detalla datos que son de una enorme importancia y que no he leído en los mayores medios de información españoles. Veamos en primer lugar los datos.


Un miembro fundador de la firma de abogados Mossack Fonseca es el Sr. Jürgen Mossack, el cual es hijo de un miembro de las enormemente represivas SS del Partido Nazi alemán, que tras escapar de Alemania al terminar la II Guerra Mundial se fue a Panamá, y allí se estableció. El hijo es miembro prominente del partido de la derecha panameña, el Partido Panameñista, muy activo en el establishment económico-político-mediático de aquel país, con conocidas conexiones con la derecha y la ultraderecha latinoamericana. El presidente de este partido ha sido hasta hace muy poco el partner del Sr. Mossack en la firma de abogados, el Sr. Ramón Fonseca Mora.


El centro de ocultación de la financiación de las derechas y ultraderechas latinoamericanas


De ahí que gran parte de los negocios de tal firma incluyan el ser depositaria de grandes fondos ocultados, procedentes y de propiedad de instituciones y de personajes prominentes de la derecha y ultraderecha latinoamericana, que incluye políticos y/o gobiernos de sensibilidad conservadora y liberal (que constituyen los grandes ejes de la gran derecha latinoamericana). Según Schepers, dicha lista incluye hoy a los políticos más prominentes de esta derecha, desde el hoy presidente argentino, el Sr. Mauricio Macri, hasta la familia Fujimori de Perú, pasando por el presidente Enrique Peña Nieto, de México (del PRI), y el presidente de la Cámara Baja brasileña, el congresista Eduardo Cunha, miembro del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) que hoy ha roto su alianza con el Partido de los Trabajadores que gobierna Brasil, a fin de facilitar el impeachment de la presidenta del país. De nuevo, segúun el artículo del Sr. Schepers, tal personaje, el Sr. Cunha, parece haber recibido alrededor de 5 millones de dólares de un consorcio de construcción portugués que intentaba conseguir un contrato con la compañía petrolera pública Petrobas, hoy el centro de un gran escándalo en Brasil.


Tratándose de las derechas y ultraderechas latinoamericanas, no podía faltar entre los que ocultaban dinero en la firma de abogados Mossack Fonseca, la institución que más ha participado en la promoción y defensa de tales grupos de América Latina: nada menos que la CIA del gobierno federal de EEUU. Según el autor del citado artículo, el origen de la firma Mossack Fonseca, así como otras compañías fantasmas panameñas, estaba relacionado con las actividades de la CIA. Por lo visto, tal firma de abogados era la base también de los fondos ocultos destinados por la CIA para desestabilizar a todos los gobiernos de izquierdas de América Latina, desde Cuba hasta Brasil, Bolivia, Argentina, Perú, Nicaragua, El Salvador y una larga lista.


La doble moral de los grandes medios de información


La CIA, fundada en 1947, ha tenido un presupuesto que se ha mantenido secreto, no conocido ni por la población estadounidense ni por el Congreso de EEUU. Se calcula que son alrededor de 52.000 millones de dólares, que incluyen la financiación, también secreta, de actividades desestabilizadoras de los gobiernos que el gobierno federal de EEUU (y, sobre todo, las grandes empresas financieras e industriales que ejercen una excesiva influencia sobre tal gobierno) considera contrario a sus intereses. Una de sus primeras acciones fue el golpe militar contra el presidente Jacobo Arbenz de Guatemala en 1954. Entre los colaboradores de la CIA se encontraba el dictador de Panamá, Manuel Noriega. Desde entonces, Panamá ha sido uno de los focos financieros de la intervención desestabilizadora de esta agencia. Panamá también ha sido, no solo un lugar donde esconder dinero, sino también donde traficar con dinero escondido procedente del tráfico de armas y el comercio de las drogas.


Supongo que el lector estará de acuerdo en que de haberse descubierto que tal firma de abogados era una de las sedes financieras establecidas por el gobierno cubano para desestabilizar los gobiernos de derecha en América Latina, ello habría sido una noticia mayúscula, apareciendo en la primera página de El País. Pues bien, no solo no ha aparecido en la primera, sino tampoco en la última página de El País. ¿No le parece al lector esta situación más que preocupante para la salud de la democracia española? En su lugar, la gran noticia que apareció en su día era la supuesta financiación del Partido político Podemos por parte de Venezuela e Irán, sin que se haya mostrado ni un ápice de evidencia sobre ello. Pero esto nunca ha sido un hándicap para los grandes medios de información y persuasión de este país, que continúan la distribución y promoción de tal acusación.


Mientras, los mismos medios silencian y ocultan la documentada financiación (parte de la cual está basada en Panamá) de la CIA a grupos opositores a los gobiernos de izquierdas en América Latina, que están recurriendo a métodos antidemocráticos en su intento por interrumpir el proceso democrático y que el Presidente Obama, en su reciente visita a América Latina, tuvo la gran nobleza (impensable entre los dirigentes del Estado español) de reconocer y excusarse de tales intervenciones llevadas a cabo por muchos gobiernos estadounidenses para desestabilizar gobiernos progresistas en aquel continente. En España, por el contrario, la gran mayoría de medios de información están contribuyendo a crear una gran hostilidad contra tales gobiernos. Los recientes casos de Argentina, Brasil y Venezuela, entre otros, son clara muestra de su doble moral, que, a nivel popular, se llama correctamente hipocresía.

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Lunes, 07 Septiembre 2015 04:58

Guatemala, en la senda de la derecha

Guatemala, en la senda de la derecha

De acuerdo con los primeros resultados, Jimmy Morales ganaba los comicios presidenciales, pero no le alcanzaba para evitar la segunda vuelta. Las elecciones se realizaron tres días después de la renuncia y detención del presidente Otto Pérez.

 

Jimmy Morales, candidato del partido Frente de Convergencia Nacional, se ubicaba anoche, al cierre de esta edición, al frente de las elecciones de Guatemala. De acuerdo a los primeros resultados divulgados por el Tribunal Supremo Electoral (TSE), el comediante de derecha obtenía 27,8 por ciento de los votos, y se veía obligado a dirimir en segunda vuelta quién será el próximo mandatario con el empresario Manuel Baldizón, candidato de Libertad Democrática Renovada (Líder), quien cosechaba el 20.3 por ciento de los sufragios. En tercer lugar se ubicaba la socialdemócrata ex primera dama Sandra Torres, de Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), con el 16.9 por ciento.


Como telón de fondo de estos comicios estuvo la caída del presidente Otto Pérez Molina a raíz de un escándalo de corrupción. El militar retirado renunció el miércoles pasado y fue enviado a prisión en forma preventiva al día siguiente. "Quien resulte electo debe tener claro que tendrá fiscalización de toda la población guatemalteca y, por supuesto, del Ministerio Público, que investigará a quien corresponda, no importa si es el presidente, vicepresidente o cualquier funcionario", dijo luego de sufragar la fiscal general Thelma Aldana, miembro de la investigación que reveló el esquema de corrupción que provocó la dimisión de Pérez Molina y su vicepresidenta Roxana Baldetti en mayo, ambos detenidos a la espera de ser juzgados.


Los comicios se desarrollaron con tranquilidad pero en un ambiente de indignación contra la clase política debido al escándalo sobre una banda de defraudación aduanera destapado el 16 de abril por la Fiscalía y la Comisión de Naciones Unidas contra la Impunidad (Cicig). El ahora ex presidente Pérez Molina y la ex vice Baldetti fueron señalados como cabecillas de esa red, y su vinculación en el caso los obligó a dejar el gobierno cuatro meses antes de lo previsto, en medio de grandes movilizaciones para exigir su salida.


La Premio Nobel de la Paz y activista indígena, Rigoberta Menchú, dijo que "jamás habíamos pensado que algunos poderes serían tocables". Abogó por intensificar el trabajo con las juventudes para lograr el fortalecimiento de la justicia, la educación y la participación ciudadana. Por eso Menchú invitó a la sociedad guatemalteca a trabajar "incansablemente" por lograr la transformación del país en este momento crucial. Y llamó a "velar porque los futuros gobernantes estén exentos de comportamientos no aptos como la corrupción, el racismo y la represión".


No todos se mostraron optimistas. "El gobierno que surja de estas elecciones va a tener la más baja legitimidad de estos 30 últimos años. La elección no detiene la crisis, la va a agravar más bien", dijo el ex canciller guatemalteco y analista político Edgar Gutiérrez.


Hasta que asuma el próximo presidente, el ex magistrado Alejandro Maldonado, de 79 años, se encuentra al frente del Ejecutivo, que asumió un día después de la renuncia de Pérez Molina. "La gente debe castigar con el voto a los candidatos que engañan", expresó Maldonado y sostuvo que los comicios transcurrieron en calma. Más temprano, tras emitir su sufragio, Maldonado había exhortado a sus compatriotas a que asistieran a las urnas porque el voto es un deber y un derecho para poder exigir.


Medios locales reportaron un enfrentamiento armado entre simpatizantes de los partidos de Baldizón y Torres que dejó cinco heridos en la aldea Lampocoy del municipio La Unión, departamento Zacapa. Anteayer, en Santa Bárbara, departamento Suchitepéquez, otro tiroteo entre militantes de esos dos partidos dejó un muerto, tres heridos y 25 detenidos.


Por otra parte, en varias ciudades del interior, particularmente en los departamentos Chimaltenango, El Progreso y Zacapa, grupos de vecinos bloquearon con troncos, neumáticos y piedras los principales accesos para evitar que ingresaran ómnibus con personas que no viven en esas localidades. La fiscal general ofreció investigar las múltiples denuncias "de acarreo de votantes" y reconoció que esa práctica aumentó. En el área rural hubo distintos incidentes originados por estos hechos y fueron denunciados por observadores electorales.


El futuro gobernante, que se conocerá en el ballottage del 25 de octubre, deberá asumir el 14 de enero. El nuevo mandatario tendrá el desafío de devolver la esperanza a una Guatemala harta de los corruptos, agobiada por una pobreza que alcanza al 54 por ciento de los 15,8 millones de guatemaltecos, la violencia generada por el narcotráfico y las pandillas que deja una tasa de 39 homicidios por cada 100.000 habitantes.

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Lunes, 22 Junio 2015 05:40

Los ultras de la "bancada de la bala"

Los ultras de la "bancada de la bala"

Ocurrió la semana pasada en la Cámara de Diputados brasileña: un parlamentario vistiendo su uniforme de policía militar presidió durante dos horas la sesión, al final de la cual reivindicó a la dictadura. "Lo que para ustedes es un golpe de Estado para nosotros es la revolución democrática de 1964, nosotros salvamos a Brasil del comunismo", declaró el diputado José Augusto Rosa, que se presenta como Capitán Augusto del Partido de la República, ante la consulta del diario Folha de S. Paulo.


Ese medio menciona que el congresista lucía exultante al dejar el presidium de la Cámara baja desde donde dirigió las deliberaciones con una vestimenta que en marzo pasado fue considerada como una provocación por otros parlamentarios.


En febrero de este año, a poco de asumir su mandato, el policía militarizado había adelantado su intención de fundar el Partido Militar Brasileño (PMB). "Ya tenemos el apoyo de las 500 mil firmas necesarias para registrarlo. Ya fuimos al Tribunal Superior Electoral para iniciar los trámites del Partido. Le explicamos al ministro (del tribunal) que a pesar de llamarse Partido Militar Brasileño no será un partido sólo para militares, será para todos, pero será una formación con alma militar, un partido de derecha en serio."


"El PMB es un partido que nace grande porque la corporación militar es considerada la institución más respetada del país, ya tenemos presencia en todos los estados y abrimos 1250 comités."


Es cierto, el Capitán Augusto, de San Pablo, el mayor distrito electoral, no es una curiosidad aislada en un Legislativo donde hay decenas de policías militares y federales, todos ellos encuadrados dentro de la así llamada "Bancada de la Bala" por su defensa de la venta irrestricta de armas y la reducción de la edad de imputabilidad penal de 18 a 16 años.


A la cabeza del malón castrense está el diputado Jair Bolsonaro, militar retirado del ejército, reelecto el año pasado con 425 mil votos, situándose en el primer lugar entre los congresistas federales por Río de Janeiro.


Además de reivindicar la "Revolución de 1964", Bolsonaro calificó a la Comisión de la Verdad sobre el régimen como una "farsa" orquestada por "subversivos" y propuso crear otra para averiguar los presuntos delitos cometidos por la guerrilla. La iniciativa fue presentada en diciembre pasado en el Palacio legislativo de Brasilia, que la semana anterior continuaba rodeado de una decena de pasacalles exaltando al régimen de excepción.


En medio de los carteles (uno pide "intervención militar" inmediata) colocados en la avenida principal de Brasilia hay una carpa en la que se guarnecen los militantes neogolpistas. Por allí pasaron en marzo miles de personas exigiendo la deposición de Dilma Rousseff en la más concurrida de las movilizaciones incentivadas por la oposición partidaria, con el liderazgo de Aécio Neves, candidato presidencial derrotado en los comicios de 2014. En abril hubo otra convocatoria por el derrocamiento de Rousseff en la que hubo mucha menos asistencia, ante lo cual los estrategas de la causa destituyente optaron por un repliegue táctico.


Un paso atrás momentáneo que no fue acatado por las facciones más despistadas, como el Movimiento Brasil Libre (MBL), que arribó a fines de mayo a Congreso luego de marchar más de 1000 kilómetros desde San Pablo.


Menos de 50 muchachos (ellos esperaban que fueran miles) dieron la bienvenida a la "columna" del MBL, encabezada por Kim Kataguiri, a su llegada a Brasilia donde se reunieron con parlamentarios conservadores.


En su condición de voz cantante del MBL, Kataguiri, de 19 años, emplea frases de impacto para propagandizar al grupo. "No nos gustan los marxistas", "Somos liberales en serio, el PT está pudriendo a la República", "Queremos el impeachment de Dilma y el procesamiento del PT".


Kataguiri se dice orgulloso de sus ancestros japoneses y se incomoda, acaso con algo de racismo, cuando se lo confunde con un coreano o chino.
Su llegada a Brasilia con un brazo enyesado debido a un accidente durante la marcha mereció una cobertura amplia y condescendiente de los medios.
Durante el V Congreso del PT que tuvo lugar hace dos semanas en Salvador de Bahía, el líder partidario Lula comparó a la derechización creciente con los orígenes del fascismo y nazismo.


Brasil enfrenta un "fascismo germinal", aportó otro dirigente petista, Tarso Genro. Se han diseminado grupos de "vanguardia que realizan provocaciones en eventos partidarios de izquierda, contra parlamentarios de esa misma ideología o llegan a realizar ataques físicos contra personas" sólo por su apariencia de izquierdistas, apunta Genro.


Hay relatos de pasajeros insultados en los aeropuertos por leer alguna publicación considerada "subversiva" por estos jóvenes adictos al "modernismo reaccionario", según la definición del sociólogo Michael Lowly.


Este fin de semana un hombre amenazó de muerte en un shopping de Porto Alegre a la diputada petista Maria de Rosario, que ganó notoriedad nacional durante su gestión como ministra de Derechos Humanos cuando trabajó junto a la Comisión de la Verdad para la exhumación de los restos del ex presidente Joao Goulart para investigar los motivos de su muerte, ocurrida en Argentina durante la dictadura de Videla.


"Es triste ver cómo personas jóvenes que no conocieron la dictadura la defienden. La mayoría de ellos no conocen lo que es la falta de libertad, la proscripción de los partidos", declaró Joao Vicente Goulart, hijo del presidente derrocado por el golpe de 1964.


"Hay semejanzas en la forma en como la prensa trata actualmente estos actos a como lo hacía la prensa antes del golpe", comparó Goulart hijo.

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Derechización o nuevo ciclo de protestas

Las alianzas entre Estado, empresarios y trabajadores que forjaron la gobernabilidad del PT no resistieron el embate del sistema financiero global. El desconcierto del gobierno de Dilma Rousseff y la incapacidad del partido de Lula para retomar la iniciativa indican que no encuentran una política y una economía alternativas.

 

La noche del domingo 8, mientras la presidenta se dirigía al país en cadena de televisión, una parte de la población le respondió con cacerolazos, bocinazos y abucheos en una decena de ciudades. Fue la primera aparición pública de Dilma Rousseff desde que se difundiera la lista con 47 políticos a ser investigados por desvío de fondos de la estatal Petrobras (véase nota de Agnese Marra, Brecha, 13-II-15).


La protesta fue convocada desde las redes sociales por la oposición, en la que juega un papel central el Partido de la Socialdemocracia Brasileña (Psdb) del ex presidente Fernando Henrique Cardoso y del candidato derrotado por Dilma en las últimas elecciones, Aécio Neves. Cardoso, sin embargo, se desmarcó del pedido de destitución de la actual mandataria, como promueve una parte de la oposición, incluyendo miembros de su propio partido.
Las protestas tienden a escalar. La oposición convocó marchas para el domingo 15, mientras el oficialismo reaccionó, de la mano de Lula, llamando a sus partidarios a ganar las calles hoy viernes. El clima de crispación social se produce en un marco de crisis económica, ajuste fiscal y recorte de beneficios sociales de los trabajadores. Una buena muestra de ese clima fueron las declaraciones de Aloysio Nunes, ex candidato a vicepresidente con Neves: "No quiero la destitución, quiero ver a Dilma de-
sangrarse" (Valor, lunes 9).


La máquina de lavar

 

La crisis en torno al desvío de fondos de Petrobras coloca al gobierno a la defensiva. Luego de varios días de zozobra, el Supremo Tribunal Federal publicó los nombres de los 47 políticos que serán investigados. La mayoría son miembros del PT, pero también de los partidos aliados como el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (Pmdb), al que pertenece el vicepresidente de la República, Michel Temer, y los presidentes de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, y del Senado, Renan Calheiros.


Cinco ex ministros de Rousseff, una ex gobernadora, 12 ex diputados y el ex presidente Fernando Collor de Mello integran la lista de sospechosos. En total están involucrados miembros de seis partidos, tanto del oficialismo como de la oposición. La investigación se basa en las denuncias hechas por el ex director de Abastecimiento de Petrobras Paulo Roberto Costa, y de Alberto Yousseff, encargado de lavar el dinero desviado. Ambos optaron por delatar a cambio de una reducción de la pena. Se estima que entre 2004 y 2012 la red de corrupción desvió unos 3.700 millones de dólares de la petrolera estatal.


El PT difundió un comunicado defendiendo la investigación y asegurando que si alguno de sus militantes es encontrado culpable será sancionado por el partido. Sin embargo, después de 12 años de gobierno el partido no puede reducir el problema a un puñado de dirigentes. Detrás de las denuncias, cierto es, puede estar la derecha, incluso el capital financiero global, que se frota las manos con la crisis de una de las principales petroleras del mundo, ante la perspectiva de su privatización como salida a los graves problemas que enfrenta.


Dos grandes problemas parecen conformar el telón de fondo de la corrupción. El primero es el modo como el PT se financia desde que está en el gobierno. Sus campañas electorales se benefician de donaciones de grandes empresas, muy en particular empresas nacionales de construcción que nacieron bajo el desarrollismo de Getúlio Vargas (1930-1945) y Juscelino Kubitschek (1956-1961) y se expandieron bajo la dictadura militar (1964-1985). Pero esas empresas multinacionales esperan un retorno ganando licitaciones para las grandes obras que emprenden los gobiernos estatales y federal.


Ese esquema de financiación, que no nace con el PT pero que el partido "institucionalizó", se diversificó desde el gobierno gracias al control de grandes empresas estatales, como sucedió con el mensalão bajo el primer gobierno Lula. En ese momento se utilizó a la empresa de correos como base de los desvíos que se usaban para pagar una mensualidad a los parlamentarios de la base de apoyo del gobierno, asegurando de ese modo su fidelidad. La justicia procesó, entre otros, a José Dirceu, ministro de la Casa Civil y hombre de confianza de Lula. Hubo otros casos posteriores que confirman que estamos ante un modo aceitado de financiación de los partidos, no sólo del PT, que se repite a escala de los estados y los municipios.


Aunque por ahora sus cuadros dirigentes no integran la lista difundida por la justicia, los grandes empresarios son también un sector fuertemente afectado por el caso de corrupción en Petrobras. El crecimiento del capitalismo brasileño tuvo uno de sus puntos de apoyo en un sector empresarial que proviene de familias emprendedoras cuyos negocios se focalizan en la construcción (Odebrecht, Camargo Correa, Andrade Gutierrez, Oas, Mendes Junior, entre las principales), en la alimentación (Jbs Friboi, Brasil Foods), en grupos económicos como Votorantim y metalúrgicas como Gerdau.


El problema es que una parte de estas empresas, en particular las constructoras que tienen sólidos vínculos con Petrobras, no podrán seguir operando del mismo modo que hasta ahora. Este punto afecta una de las patas de la gobernabilidad lulista-petista y no será fácil, en adelante, encontrar apoyos en el empresariado. Al partido en el gobierno le llevó muchos años ganar la confianza de ese sector empresarial que ahora parece estar tan a la intemperie como el propio gobierno.


Cambio de época.

 

Cuando llegó al gobierno en enero de 2003, Luiz Inácio Lula da Silva tejió una red de alianzas políticas y sociales que le aseguraron la gobernabilidad. En el parlamento consiguió formar una base aliada de una decena de partidos. Con 90 diputados electos en 513, estaba forzado a construir una base de sustentación de su gobierno. Para fines de año Lula había logrado que 11 de los 15 partidos con representación parlamentaria se comprometieran con el gobierno, unos 376 diputados, el 73 por ciento de la cámara (Fo-lha de São Paulo, 30-XII-03).


Es muy probable que muchos de esos diputados, algunos de cuño claramente conservador, hayan sido "ablandados" por las mensualidades que recibían puntualmente. Lo cierto es que la base aliada funcionó y se convirtió en una suerte de modelo de la gobernabilidad petista. Pero ese modelo se desgastó, como advierten muchos analistas, entre ellos el ex presidente Cardoso. "Se agotó el presidencialismo de coalición, que en realidad es el presidencialismo de cooptación" (Xinghua, martes 10).


Por un lado, se registra una evidente derechización del parlamento y un desgaste notorio del PT. En 2014 logró la elección de sólo 70 diputados y perdió estrepitosamente en lo que fue su bastión, San Pablo, donde consiguió apenas diez diputados, retrocediendo a los niveles de 1990. Entre los demás partidos hubo cambios en estos 12 años: algunos están en franco proceso de extinción, como el ultraderechista Pfl, ahora Demócratas; muchos perdieron fuerza, mientras el Pmdb mantiene una notable continuidad, quizá por su inveterado oportunismo.


Pero lo más destacado es que nuevos partidos ingresaron a la cámara, donde hay ya 28 siglas representadas, casi el doble que en 2003. Esta pulverización de la representación se relaciona con la crisis de los partidos que genera la aparición de siglas que antes eran marginales o inexistentes. Pero la base de apoyo del PT se debilita.


El parlamento elegido en 2014 es el más conservador desde el golpe de 1964: la "bancada de la bala", integrada por militares y policías que proponen la defensa individual armada, tuvo un crecimiento de 30 por ciento; la de los empresarios cuenta con 190 miembros; los ruralistas crecieron 33 por ciento, alcanzando la mayoría absoluta con 257 parlamentarios (Valor, 8-X-14). Por su parte, los sindicalistas tienen sólo 46 representantes, apenas la mitad de los que tuvieron en su mejor momento.


La crisis de 2008 y sus coletazos se conjugan con las movilizaciones de junio de 2013. No se trata de desgaste del gobierno sino de algo más profundo: el fin de un ciclo virtuoso, de crecimiento económico y paz social. El primero estuvo impulsado por el alza de los precios de los commodities y las importaciones de China, que dieron margen presupuestario para políticas sociales compensatorias, mientras la integración de sectores sociales antes excluidos a través del consumo generó el espejismo de que pertenecían a las clases medias.


Desde la vereda opuesta a la de Cardoso, el dirigente del Movimiento Sin Techo Guillerme Boulos coincide en que "el modelo petista de gobernabilidad está agotado". Asegura que durante los primeros seis años de Lula, hasta la crisis de 2008, se registró "un amplio proceso de conciliación de clases en la sociedad" (Correio da Cidadania, lunes 2). Explica que ese consenso se sostuvo gracias a ganancias récord del sector financiero, de las constructoras y del agronegocio, "una bonanza inédita del gran capital, al mismo tiempo que se ampliaban el salario mínimo y el crédito a los trabajadores, además de programas sociales como Bolsa Familia y Mi Casa Mi Vida".


Con la crisis no se pudo continuar el crecimiento de 4 por ciento anual registrado hasta 2010 y disminuyó el margen de maniobra para la conciliación de intereses. En la medida en que no hubo cambios con respecto a la desigualdad ni se realizaron reformas estructurales, el fin de la integración vía consumo abrió la espita de la protesta social, apenas contenida por las políticas sociales y la expectativa de mejoras. Los deficitarios servicios sociales, transporte, salud y educación, fueron colocados por los manifestantes como muestra de lo poco que había cambiado el país. El mito lulista comenzó a desvanecerse.


Des-norteados

 

"Lula paz y amor", lema de la campaña de 2002 que lo llevó a la presidencia, fue enterrado por muchas manos. En cierto momento, el capital financiero global (cuyos mandos se sitúan en Wall Street y la City londinense) decidió pasar a la ofensiva ante los crecientes desafíos que afronta: el yuan es ya la segunda moneda en el comercio internacional, desplazando al euro y al yen; China y Rusia tienen pronto un sistema de pagos paralelo al Swift, entre otros.


En cada parte del mundo esa ofensiva se fue concretando en tiempos y modos distintos. Así llegó la crisis en Ucrania, y el derribo violento del gobierno electo, el fin de las primaveras árabes, los ataques directos a los gobiernos de Caracas y Buenos Aires (usando incluso los servicios del juez federal estadounidense Thomas Griesa en el caso de los fondos buitre).
Los dirigentes del PT no percibieron el nuevo clima, y si lo hicieron no tomaron ninguna medida. Siguieron diciendo, como Lula, que la crisis de 2008 fue para Brasil apenas una marolinha (ola pequeña) y, sobre todo que el país "no tiene enemigos". Lo cierto es que el primer gobierno de Dilma fue derrotado por el capital financiero al impedir un mayor intervencionismo estatal en la economía.


Según el filósofo Pablo Ortellado, animador del Movimiento Passe Livre –convocante de las manifestaciones de junio de 2013–, la presidenta no pudo sacar adelante su política de reducir las tasas de interés y de subsidiar las tarifas públicas "por la influencia del sistema financiero en la política como en la economía" (Ihu Online, 25-II-15).


Los primeros meses del gobierno de Dilma representan la consolidación de esa derrota, desde el momento que colocó a un "Chicago boy" al frente de la economía (Joaquim Levy), y está haciendo todo lo que juró que no haría durante la campaña electoral. "El retorno a políticas ortodoxas es una necesidad para equilibrar las cuentas, pero es una derrota política, fruto de la incapacidad de implementar un modelo económico alternativo", sostiene Ortellado.


Este es el escenario que captó la derecha y sobre el cual está operando con lucidez. Los viejos esquemas de alianzas y la vieja economía sustentada en la exportación de commodities ya no pueden sostener el modelo, pero el PT, Dilma y Lula aún no han sido capaces de poner en pie otra cosa. Peor aun, se comportan como en 2003, cuando había margen político para hacer ajustes que permitieran relanzar la economía. El dato que aún no consiguen integrar en su análisis son los millones de brasileños en las calles de 353 ciudades durante un mes. La superficialidad con que el PT y sus intelectuales interpretaron lo sucedido (desde culpar a la derecha hasta sentir que se trataba de un brote juvenil fugaz) lo llevó a cometer error tras error.
Uno de ellos fue la brutal beligerancia en la que se empeñaron contra la ex verde Marina Silva durante toda la campaña electoral, con tal virulencia que la sacaron del escenario. El precio fue demasiado alto. Abrieron heridas difíciles de cerrar, cegaron alianzas, ofuscaron a diestra y siniestra, y al decir que todo lo que no fuera PT era derecha, quedaron prisioneros de la confrontación con una derecha social, económica y política que hoy es más fuerte y tiene la iniciativa. Meses después están haciendo la misma política de la que acusaron a Silva.


Para João Pedro Stédile, coordinador del Movimiento Sin Tierra, "la democracia brasileña fue secuestrada por las empresas, ya que las diez mayores financian el 70 por ciento del parlamento" (Carta Capital, 27-II-15). Por eso, dice, no va a haber en el país ninguna reforma política, cuya realización depende de un parlamento que difícilmente decida suicidarse.
Parece evidente que sólo una amplia movilización social puede modificar la relación de fuerzas. Más que eso, un ciclo de luchas como el que deslegitimó el modelo neoliberal entre fines de los noventa y comienzos del nuevo siglo. No alcanza con las marchas que suelen organizar los sindicatos, con carros de sonido y servicio de orden para encuadrar a los manifestantes. En esa lógica se trata de "presionar" para negociar. Por el contrario, el ciclo de luchas antineoliberal fue capaz de "destituir".


Es posible que Brasil sea el espejo donde el conjunto de la región puede mirarse, ya que en todas partes se está haciendo necesario, como dice Boulos, "un nuevo modelo político y económico". Un modelo capaz de abordar la desigualdad, que no se conforme con reducir la pobreza sin tocar las estructuras. Pero eso, como señala el dirigente de los sin techo, "no se alcanzará por medio de disputas institucionales" sino a través de "la intensificación de las luchas populares".


El principal obstáculo para que despegue un nuevo ciclo de luchas no es la supuesta "pasividad de la gente" (desmentida por las propias manifestaciones de junio) ni la hegemonía de los medios o las arremetidas de las derechas, sino el propio progresismo que, aferrado al poder, recela de las calles desbordadas porque teme que vayan a por ellos.

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Lunes, 29 Septiembre 2014 05:44

Otro revés para el socialismo francés

Otro revés para el socialismo francés

El socialismo francés mordió una vez más el polvo electoral. El guión estaba escrito y se confirmó a las ocho de la noche en las pantallas de la televisión: los socialistas perdieron el control del Senado en beneficio de la derecha de la UMP. Después de las elecciones municipales y las europeas, ésta es la tercera derrota consecutiva del presidente François Hollande desde que accedió al poder en 2012. El golpe es tanto más emblemático y revelador de las transformaciones del electorado francés cuanto que, por primera vez en la historia, la extrema derecha del Frente Nacional ingresa en el Senado tras haber ganado dos escaños. Los sondeos habían adelantado este nuevo capítulo de la debacle del PS. Los comicios parciales para renovar la mitad de los 348 escaños de la Cámara alta dejan al jefe del Estado y a su primer ministro en la cuerda floja. La seudo izquierda francesa contaba desde 2011 con una mayoría estrecha de 179 escaños, 128 propios y los demás de formaciones cercanas, mientras que la derecha tenía 169. La relación de fuerzas se dio vuelta: los conservadores disponen por delante de un abanico de 187 senadores frente a los 155 de la izquierda.
M

uy poco duró el período excepcional que, en octubre de 2011, había llevado a la izquierda a ser mayoritaria en el senado por primera vez en la historia de la Quinta República. El primer secretario del PS francés, Jean-Christophe Cambadélis, juzgó que este voto no era más que "el efecto mecánico de las elecciones municipales". En marzo pasado, la izquierda dejó en manos de la derecha más de 150 ciudades de más de 9000 habitantes y se quedó con un total de 40,5 por ciento de los votos contra 45,9 para el partido UMP del ex presidente Nicolas Sarkozy. De la misma manera en que ocurrió durante la consulta municipal donde el PS perdió decenas de bastiones históricos que ostentaba desde hace medio siglo, la elección senatorial conoció episodios similares. En la región del Gard, por ejemplo, el PS vio esfumarse la supremacía senatorial absoluta que le era propia desde la Segunda Guerra Mundial. La izquierda le arrebató en ciertas circunscripciones algunos senadores a la derecha sin impedir con ello que la mayoría se diera vuelta. El PS también dejó en el camino varios senadores a raíz de las divisiones internas del partido en provincias claves de Francia.

La gran novedad ha sido el ingreso de la extrema derecha al Palacio de Luxemburgo. Dos senadores del Frente Nacional rompieron el muro que siempre les había cerrado las puertas del Senado. Uno de ellos, Stéphane Ravier, ya ve a su partido en el sillón presidencial: "Las próximas puertas que quedan por empujar son las del Elíseo" (sede de la presidencia). El otro senador electo por el FN, es, con sus 27 años, el senador más joven de la historia de la institución. En plena restauración después de la derrota presidencial y de los escándalos que le siguieron, la derecha de Sarkozy consigue en las urnas una legitimidad muy oportuna. Hace justo una semana, Sarkozy regresó a la acción política para organizar su desarticulado campo. El espaldarazo electoral y su efecto nocivo para el partido gobernante son una excelente contribución del calendario.


Es lícito precisar que las conciencias simbólicas de este voto son más fuertes que las puramente prácticas. En el sistema francés, el margen de acción de la Cámara alta es escaso, y como el PS cuenta siempre con la mayoría en la Asamblea Nacional, la derecha sólo podrá entorpecer la acción del Ejecutivo sin bloquearla por completo. Desde luego, las grandes reformas que el premier Manuel Valls quiere sacar adelante se verán sin dudas tironeadas por una infinita carga de debates y cuestiones jurídicas que pueden aplazar o prolongar su aplicación efectiva. El milagro no salvó al PS de perder la mayoría senatorial que había ganado en 2011. Todo el arco de la izquierda, PS y PC, se ve castigado por un electorado que transfiere sus preferencias a los conservadores o a la extrema derecha.


En los últimos días, y aunque el PSDB desmienta enfáticamente, emisarios del ex presidente Fernando Henrique Cardoso reforzaron sus contactos con el equipo de Marina Silva. El objetivo es muy claro: en una eventual segunda vuelta que ponga frente a frente a la evangélica y a la actual mandataria, los socialdemócratas quieren tener participación y voz. Hay buenas y justas razones para eso: al fin y al cabo, los programas económicos de ambos son absolutamente parecidos. Y el PSDB, a estas alturas, está cansado: son 12 años lejos del poder, y ya que su candidato no lo logró, quizá Marina sea el camino para llevarlos de vuelta a Brasilia.

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Los ultras franceses provocaron un maremoto

Desde París


Los electores le estampillaron una soberana bofetada a la democracia francesa y al proyecto de construcción europea: la consulta para elegir a los 751 diputados del Parlamento Europeo terminó en Francia con un resultado histórico para la extrema derecha. El Frente Nacional, movimiento fundado por Jean Marie Le Pen y dirigido por su hija, Marine Le Pen, se convirtió en el primer partido de Francia. Con 25 por ciento de los votos, el FN supera a la derecha de gobierno, la UMP, estancada en 20 por ciento de los votos. El partido del ex presidente Nicolas Sarkozy quedó relegado por la ultraderecha al segundo lugar. A su vez, los socialistas, con un sorprendente 14 por ciento, siguieron su camino cuesta abajo. Los porcentajes de la izquierda francesa son una calamidad. Toda la izquierda francesa reunida apenas totaliza 33 por ciento. Los resultados de las otras extremas derechas europeas son también importantes, pero ninguno iguala al francés. Francia, que es, junto a Alemania, el pilar del proyecto europeo, propulsó una mayoría nacional antieuropea, profundamente anclada en una suerte de nacionalismo utópico y opuesto a casi todo lo que mueve la filosofía política de la Unión Europea desde hace 30 años. "Se ha votado por el retorno a la soberanía nacional y por escapar de la austeridad", dijo Marine Le Pen en sus primeras declaraciones.


Dinamarca avanzó en el mismo surco que Francia. El ultranacionalista y xenófobo Partido Popular Danés obtuvo el 23,1 por ciento y se convirtió también en el primer partido político del país. Los movimientos anti-Europa soy hoy una espina clavada en el pie de las grandes democracias del Viejo Continente. Si en Gran Bretaña, Holanda y Bélgica los ultras quedaron relegados con respecto a las expectativas suscitadas por los sondeos, en Alemania, la canciller Angela Merkel vio surgir otro frente desestabilizante. Su coalición CDU-CSU volvió a ganar (36 por ciento), pero en el horizonte político le aparecieron dos adversarios: uno, restaurado, los socialdemócratas del SPD; el otro, recién creado en marzo de 2013, el partido antieuro Alternativa por Alemania. El SPD conquistó 27 por ciento de los votos y protagonizó así un repunte espectacular frente al 20,9 por ciento que había obtenido en 2009. Pero el dato más notorio es el vertiginoso ascenso del movimiento antieuro Alternativa por Alemania, el cual –en su primera participación a una elección– recogió 6,5 por ciento. Otro invitado al banquete democrático es el partido neonazi alemán NPD. Su escaso 1 por ciento le permite también ingresar al Europarlamento. A diferencia de Francia, la extrema izquierda alemana de Die Linke roza el 8 por ciento contra el 6,1 por ciento de 2009.


La ultraizquierda y la ultraderecha modificaron el tablero europeo. En Austria, el partido de centroderecha ÖVP está a la cabeza de los comicios (27,3 por ciento) delante de los socialdemócratas del SPÖ (24 por ciento); pero la ultraderecha del FPÖ, con el 20,5 por ciento de los votos, registra un resultado sobresaliente comparado con el 12,7 por ciento de 2009. Grecia parece confirmar lo que anticiparon los sondeos. La izquierda radical de Syriza va primera en los recuentos, delante de la derecha de Nueva Democracia (ND) y de los neonazis de Aurora Dorada. Incluso con sus líderes presos, los herederos griegos de Hitler sacaron entre 8 y 10 por ciento de los votos. Toda una hazaña.


La gran lección de estas elecciones parlamentarias europeas salta a los ojos: la socialdemocracia fracasó una vez más en sus intentos de controlar el Parlamento de Estrasburgo, la derecha es mayoritaria al mismo tiempo que los partidos de ultraderecha o ultraizquierda irrumpen con peso en el escenario parlamentario. El ejemplo más excepcional es el de Francia. El ultraderechista Frente Nacional había obtenido 6,4 por ciento de los votos en 2009 contra 25 por ciento de ahora. De marginal pasó a ser el primer partido del país. El Europarlamento sigue bajo el control de la derecha, Partido Popular Europeo (PPE), y de los socialdemócratas (SD), pero les han salido brotes rebeldes de eurofóbicos, euroescépticos y eurofachos repartidos entre las izquierdas radicales y la pujante ultraderecha. La llamada "excepción francesa" es la más dramática por el peso real y simbólico que tiene Francia en la historia moderna europea. En varios países, la extrema derecha superó la barrera del 15 por ciento: Dinamarca (23), Reino Unido (22), Austria (20), Hungría (15 por ciento). Pero es en Francia donde los ultras llegaron más lejos y donde la izquierda perdió muchos niveles de legitimidad. Los ecologistas y la izquierda francesa sufrieron un maremoto. El gobernante PS se quedó con un triste papel de figurante. Su resultado le permite ganar 13 diputados europeos contra casi el doble para el Frente Nacional (entre 23 y 25). Los ecologistas franceses, que habían sacado 16,3 por ciento en 2009, apenas conquistaron ahora 7 por ciento. El Frente de Izquierda de Jean-Luc Mélenchon no pudo sacar provecho del descontento que inspira la política liberal de los socialistas. El FG se quedó a su nivel de 2009, entre 6 y 7 por ciento.


El PS francés volvió a la prehistoria de la gran capitulación electoral de 1994. La derecha, aunque segunda, no conoció un destino mejor. "Todo indica que hay una fractura entre Europa y el pueblo francés", reconoció el ex primer ministro liberal François Fillon. En cuanto al actual jefe del Ejecutivo francés, Manuel Valls excluyó toda idea de renuncia e insistió en que proseguiría con las reformas. El ejemplo francés es un naufragio descomunal. Los dos partidos que gobernaron el país, la derecha de la UMP y ahora los socialistas, rompieron todos los códigos comprensibles y terminaron por crear simplemente un monstruo: la derecha, con sus permanentes incursiones en los terrenos de la extrema derecha, y los socialistas con su giro liberal, tan extranjero a las promesas y a las razones por las cuales la gente votó a François Hollande en 2012.


En términos globales, la composición del Europarlamento se ha modificado sin dar por ello un vuelco: el Partido Popular Europeo lograría 211 escaños (64 menos que el Parlamento saliente) y el Partido Socialista Europeo 193 (dos menos que el Parlamento saliente). En cambio, la izquierda radical pasa de 35 diputados a 47 y los Verdes, según las estimaciones, permanecerían estables con 58 diputados. Entre estas corrientes se instalará ahora la ultraderecha. Todo parece una inasible pesadilla. Europa, la civilización de la cultura, los derechos, las guerras, la paz, un proyecto de unión impresionante... y de pronto, de la mano de la democracia que combaten y combatieron, vuelven los imperiosos pájaros de la destrucción, el odio a los otros y la obsesión por la raza, la pureza y las fronteras.


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