MÚSICA DESDE OTRAS COORDENADAS

"La situación en América Latina puede ser este año más difícil de lo previsto"

El Fondo Monetario Internacional (FMI) dio noticias agridulces en abril a América Latina: la región seguiría creciendo por encima de las economías desarrolladas, pero sus proyecciones para 2014 bajan en medio punto, hasta el 2,5%. A la retirada de estímulos de la Reserva Federal se añade la ralentización de las materias primas, que han puesto en evidencia las carencias de los tejidos productivos de estos países. Esta semana, el director del departamento de América Latina, Alejandro Werner (Córdoba, Argentina), advirtió de que las previsiones pueden reducirse de nuevo y aprovechó su participación en una jornada en Madrid de la Fundación Areces y dar la receta: reformas.


Pregunta. El FMI pide reformas estructurales a las economías de América Latina para afrontar la desaceleración, pero estas no son de efecto inmediato.

Respuesta. América Latina viene de unos años muy buenos, fruto del trabajo en materia macroeconómica, financiera y estructural y muy buen entorno. Y ahora se está produciendo un descenso del precio de las materias primas y una desaceleración de China. Al mismo tiempo, la parte de América Latina que se beneficiaba del mayor dinamismo de EE UU, que es México, aún no está exhibiendo un dinamismo que lo refleje. La expectativa de crecimiento promedio es un punto porcentual inferior al de los 10 años previos, pero la región debe concentrarse en hacer las reformas para detonar un proceso de inversión más acelerada que contribuya al crecimiento en un plazo más corto.


P. ¿De qué depende que las previsiones no sufran otro recorte?


R. En el corto plazo, las sorpresas pueden venir en la parte negativa: en México, donde esperamos un crecimiento del 3% en 2014, los datos del primer trimestre son un poco más débiles de lo esperado porque EE UU tiene un arranque también más débil. En Brasil, el pronóstico es del 1,8% y difícilmente habrá revisión, aunque probablemente las economías de la costa del Pacífico han tenido alguna desaceleración mayor de lo anticipado. Y en Venezuela y Argentina, efecto de las medidas de principios de año. Es probable que este año la situación sea un poco más complicada de lo que muestran nuestras previsiones de abril. En revisión de expectativas, 2014 se puede ver un poco más comprometido de lo esperado, pero el futuro a medio plazo tal vez se vea más favorable de lo que se anticipa.


P. ¿Aún no hemos visto lo peor en la salida de capitales?


R. Vimos un impacto muy importante por los anuncios de política monetaria de Ben Bernanke el año pasado, que dijo que se iban a reducir los estímulos, y se produjo una importante volatilidad y salida de capitales. Para el final del verano el ajuste de los mercados se había completado. Nuestro escenario central es que el ajuste al alza de los tipos va a ser ordenado y la salida de capital también. Además, la mayor parte de países de la región cuenta con bancos bien capitalizados, con elevados niveles de reserva y estructuras de deuda con plazos de amortizaciones cómodas.


P. Las economías dependen con exceso de EE UU o de las materias primas. ¿Dónde pueden encontrar la tercera pata?


R. Esa tercera pata debería ser el crecimiento de inversión derivado de factores internos, una economía más diversificada, el aumento de la productividad y la competencia interna. Por eso deben centrarse en educación e infraestructuras.


P. Pedimos que aumente el gasto pero que al mismo tiempo sean muy disciplinados con él

.
R. Lo pueden hacer en un marco fiscal sostenible. En Chile hay un debate muy importante sobre el gasto educativo y la respuesta ha sido una propuesta fiscal totalmente sostenible que dice que en un periodo de cinco años quieren incrementar la recaudación sobre el PIB en tres puntos: dos puntos para educación y otro punto para mejorar la balanza fiscal. Y en la parte de infraestructuras muchos países han perfeccionado las bases de su colaboración público privada para reducir la necesidad de recursos públicos.


P. ¿Es el modelo a seguir por el resto de países?


R. Hay espacios de eficiencia importantes que se pueden ganar en el espacio de gasto público. En la región vemos países que gastan entre uno y ocho puntos del PIB en subsidiar la energía. Eso hace que el sector empresarial esté usando la energía de forma ineficiente y a nivel de las familias estemos dando un subsidio muy regresivo porque es general. Es ineficiente desde el punto de visto energético y redistributivo.


P. Después de estos años de intenso crecimiento, ¿no resultan decepcionantes los avances en la reducción de las desigualdades?


R. Son buenos desde la perspectiva histórica de la región, aunque aún tiene un reto muy importante. Es importante una mejor distribución del ingreso y la convicción de que si no se avanza en la igualdad de oportunidades será más difícil sostener el crecimiento, generar una obra más calificada que te da más crecimiento en el futuro.

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Miércoles, 23 Abril 2014 09:41

Realidades y retos que depara Medellín

Realidades y retos que depara Medellín

Medellín, ciudad laboratorio. Así reza una frase escrita en uno de los documentos oficiales con que fue citado en el Foro Urbano Mundial.

 

La frase desnuda la realidad de esta urbe. Si bien quienes la plasmaron sólo ven los desarrollos arquitectónicos y la oferta de servicios con que la ciudad trata de menguar las falencias reinantes en los barrios en temas como transporte, educación, recreación y otros aspectos, la verdad es que esta urbe también es laboratorio por la manera como se implementa en ella el control social.

 

En la capital de Antioquia, durante el año 2013, fueron desaparecidas 302 personas, de las cuales hasta ahora han aparecido muertas 32, es decir, que de 270 no se sabe qué pasó con ellas. Por esta modalidad de violencia fueron reportadas desaparecidas durante cuatro años (2010-2013) 2.536 personas, y de ellas aparecieron vivas 1.017, muertas 147, y siguen sin aparecer 1.272. Durante el año anterior fueron asesinadas en la misma ciudad 922 de sus pobladores.

 

No es casual que esta urbe sea la que reporte en Colombia el mayor número de víctimas en proporción a su número de habitantes. El 10,4 por ciento de las personas que viven allí es víctima de los grupos armados. Es decir, 250 mil habitantes, de los dos millones 400 mil que hay en la ciudad.

 

Esta realidad no pasa inadvertida para estudiosos del tema en el mundo. El portal de noticias estadounidense Business Insider clasifica a la "capital de la montaña" en el puesto 24 entre las 50 ciudades más violentas del mundo durante el 2013. Su tasa de homicidios es de 49,10 por cada 100 mil habitantes.

 

Esta es una parte del control social ejercido en este territorio. Pero el modelo de control social es mucho más amplio y diverso en sus modalidades de reproducción. La diversidad de expresiones del poder paramilitar allí reinante lleva a decir al propio Defensor del Pueblo que "todas las comunas de la ciudad están a merced de los delincuentes", y que "el problema latente de inseguridad no es sólo una percepción ciudadana; es real y se les debe garantizar a los habitantes de Medellín el goce y el disfrute de sus derechos".

 

El control social en ejercicio es tal que los paramilitares, las bandas y bacrim, como se les llama o identifica según su modalidad de operación, cobran vacunas en muchos de los barrios; extorsionan a comerciantes grandes, medianos y pequeños; regulan la vida hasta el punto de obligar a consumir ciertos productos que ellos mismos surten en tiendas y supermercados. Según estudios conocidos, por este solo concepto perciben 40 mil millones al año.

 

Su acción violenta llega al extremo de controlar quién puede transitar los territorios que controlan, a qué hora, levantando unas fronteras invisibles entre barrios que hacen temer lo peor a sus moradores. Cansados de esta realidad, o 'sancionados' por no cancelar la vacuna semanal (disfrazada de oferta de seguridad), el desplazamiento interurbano no para en esta ciudad, aunque sobre el mismo no hay cifras exactas.

 

El control social reinante en la capital de Antioquia se asemeja en mucho al funcionamiento típico de la mafia, donde no solo controlan casas de juego y oficinas de apuestas legales, el ejercicio de la prostitución, el surtido de narcóticos, el funcionamiento de bares y otros lugares de diversión, la renta de armas, el comercio de órganos humanos y otro tipo de ofertas ilegales sino también la vida diaria de la población, regulando los horarios de tránsito de quienes habitan ciertos territorios, así como los lugares para la compra de determinados productos de consumo diario.

 

De así ser, esta ciudad laboratorio está sirviendo para la implementación de un modelo de sometimiento social, violento e intimidatorio, que impide, reduce o limita la organización de la protesta social, permitiendo que el Estado continúe con sus desafueros en diversidad de aspectos. La ampliación de este modelo de control a muchos barrios informales y periféricos en distintas ciudades del país indica que esta puede ser una ruta aceptada por las autoridades nacionales, con lo cual tiene explicación que en muchos lugares la Policía se conforme con ver y "dejar hacer".

 

Pero no solo esta es la realidad que subyuga a quienes habitan esta urbe. Luego de ser por muchas décadas la ciudad industrial del país, ahora lo es del desempleo, con el 10 por ciento al finalizar 2013. Quien camine su centro histórico podrá asombrarse por la multitud que rebusca su pan diario por cuenta propia: mangos, piñas, jugos, películas, música, ropa, y otras baratijas llenan cientos de metros de las principales calles y avenidas.

 

Pero este esfuerzo de supervivencia, que desdice de la existencia y la legitimidad del Estado, se extiende por todos los barrios, donde sus pobladores tratan de sumar unos pesos para su familia ofertando arepas, empanadas, mazamorra y cualquier otro tipo de alimentos al por menor. En algunos barrios, la especialidad es la maquila en ropa. No son pocos los pobladores que terminan por virar hacia la oferta de estupefacientes por gramos, pues los ingresos son mayores, inmediatos y garantizados. En total, según el Dane, la informalidad alcanza al 46 por ciento de su población trabajadora.

 

En esta ciudad de contrastes, donde el narcotráfico profundizó sus raíces e impuso un modelo de consumo de élite desaforado, la concentración de la riqueza y la desigualdad social se respiran desde el primer momento que se la recorre. La vivienda deteriorada puede verse desde que el vehículo se adentra en la misma por cualquiera de sus fronteras, y así lo confirma una encuesta de 2012, hecha por la Alcaldía, que precisó que el 76,3 por ciento de las viviendas está ubicado en los estratos 1, 2 y 3, mientras el 4 representaba el 11,1 por ciento, mientras los estratos 5 y 6 representaban el 12,6. Es decir, mientras la mayor parte de su población corresponde a estratos con pocos recursos, un pequeño porcentaje de sus habitantes tiene gran poder adquisitivo. No es extraño que el coeficiente Gini alcance el 0,55 aunque Naciones Unidas asegure que bajó al 0,50.

 

La pobreza es tal, que una ciudad que le vende energía a todo el país y algunos países vecinos, cuenta con 40 mil hogares desconectados, en clara violación a un derecho fundamental; donde su empresa de servicios públicos más parece una multinacional que una entidad que haga honor a su nombre.

 

Se puede decir, por tanto, que además de ciudad laboratorio, Medellín lo es de contrastes y desigualdad. Urbe elegida para celebrar el Foro Urbano Mundial, más preocupada por ser una ciudad marketing y de eventos que por movilizar a sus habitantes para resolver entre todos, en acción de gobierno democrático profundo, los problemas que les afectan y que, sin así quererlo por parte de sus habitantes, termina trazando fronteras de insolidaridad entre los mismos pobres y excluidos, con lo cual Medellín también termina siendo, por distintos motivos, ciudad del conformismo.

 

Ahora el laboratorio en Medellín debe ser: ¿Cómo romper esta realidad?

Publicado enEdición Nº201
Alcanzan las emisiones de gas de efecto invernadero niveles sin precedente

Los resultados del trabajo del Grupo 3 del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) muestran que las emisiones de gases de efecto invernadero aumentaron más rápidamente entre 2000 y 2010 que en cada uno de los tres decenios anteriores.
La estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera exige reducir las emisiones en la producción y utilización de la energía, el transporte, la edificación, la industria, el uso de la tierra y los asentamientos humanos, según el reporte.


Mediante la reforestación, se podría utilizar la tierra para extraer dióxido de carbono de la atmósfera. Esto podría lograrse también combinando la producción de electricidad a partir de la biomasa con la captura y el secuestro del dióxido de carbono.

Un nuevo informe del IPCC muestra que las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero han aumentado a niveles sin precedente, a pesar del número creciente de políticas para reducir el cambio climático.


Según la contribución del Grupo de trabajo 3 al quinto Informe de Evaluación del IPCC, con una amplia gama de medidas tecnológicas y cambios de comportamiento sería posible limitar el aumento de la temperatura media global a 2 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales. Sin embargo, sólo un cambio institucional y tecnológico importante haría que hubiera más de 50 por ciento de probabilidades de que el calentamiento global no superara ese umbral.


Titulado Cambio climático 2014. Mitigación del cambio climático, es el último de los tres informes de los grupos de trabajo que, junto con un Informe de síntesis que se publicará en octubre de 2014, constituyen el quinto Informe de Evaluación del IPCC sobre el cambio climático. El Grupo de trabajo 3 está encabezado por tres copresidentes: Ottmar Edenhofer (Alemania), Ramón Pichs-Madruga (Cuba) y Youba Sokona (Malí).


Las políticas sobre el clima acordes con el objetivo de 2 grados Celsius necesitan tratar de obtener reducciones importantes de las emisiones, comentó Edenhofer. "La ciencia transmite un mensaje claro: para evitar interferencias peligrosas en el sistema climático no podemos seguir con el statu quo".

Los escenarios muestran que limitar el aumento de la temperatura media global a 2 grados Celsius con un grado de probable implica rebajar las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero respecto de las de 2010 entre 40 y 70 por ciento para mediados de siglo y hacerlas casi desaparecer para finales del este siglo. Una mitigación ambiciosa puede incluso exigir que eliminemos dióxido de carbono de la atmósfera.


Los estudios científicos confirman que incluso objetivos relacionados con la temperatura menos ambiciosos seguirían exigiendo reducir de modo similar las emisiones.


Para el informe se analizaron unos mil 200 escenarios de estudios científicos, los cuales fueron generados por 31 equipos de modelización de todo el mundo a fin de examinar los requisitos previos económicos, tecnológicos e institucionales y las consecuencias de las trayectorias de mitigación con distintos grados de ambición.


Se puede conseguir un futuro que esté dentro de los límites fijados por el objetivo de los 2 grados Celsius por muchas trayectorias distintas, dijo Edenhofer. Todas ellas exigen inversiones importantes. Si no se sigue posponiendo la mitigación y se utiliza una amplia variedad de tecnologías, se pueden limitar los costos asociados.


Varían estimaciones de los costos


Las estimaciones de los costos económicos de la mitigación varían mucho. En los escenarios de statu quo, el consumo aumenta entre 1.6 y 3 por ciento anuales. Una mitigación ambiciosa reduciría ese crecimiento alrededor de 0.06 puntos porcentuales. Sin embargo, las estimaciones en las que se asienta no toman en consideración los beneficios económicos de la reducción del cambio climático.


Desde el Informe de Evaluación del IPCC, publicado en 2007, han aumentado muchísimo los conocimientos nuevos sobre la mitigación del cambio climático. Los autores del nuevo informe del Grupo de trabajo 3 (el quinto informe del Grupo), han incluido unas 10 mil referencias a publicaciones científicas en 16 capítulos.


El informe del Grupo de trabajo 3 está compuesto por el Resumen para responsables de políticas publicado hoy, un Resumen técnico más detallado, los 16 capítulos en que se basan y 3 anexos. Los equipos del grupo encargados de la elaboración de los capítulos estaban formados por 235 autores y 38 editores-revisores de 57 países; además, 180 expertos proporcionaron aportaciones adicionales como autores contribuyentes. Más de 800 expertos examinaron los proyectos del informe y formularon observaciones.

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Colombia: Estado actual del debate sobre el desarrollo rural

 

Edición 2014. Formato: 11,5 x 17,5 cm, 122 páginas
P.V.P:$15.000 ISBN:978-958-8454-97-1

 

 
Reseña:

Este texto presenta un estado del arte de la actual discusión sobre el desarrollo rural. Como todo estado del arte, es parcial, en particular, porque los debates sobre este tema están hoy asociados a las múltiples ramificaciones generadas por las tendencias predominantes del capital, que tieneden a imponer una forma hegemónica de la globalización, que encuentra una oposición cada vez más férrea por parte de otras formas alternativas de la globalización, que estimulan nuevas coaliciones y relaciones en los espacios locales y globales.Para el caso colombiano, la recomposición de lo rural , puesta en el contexto de los conflictos, da lugar a un grupo amplio y complejo de propuestas y formas de control de los territorios-que tiende a generalizarse en todos los territorios y sobre todos los recursos-,que es precisamente la base de un debate estimulante.

 

Carlos Salgado Araméndez.Economista y Máster en Medio Ambiente y Desarrollo.Actualmente es Director del Proyecto Planeta Paz y ha realizado labores de consultoría sobre temas rurales para la Contraloría General de la República.

 


 

Índice.

 

Introducción.

La política agropecuaria del Gobierno.

¿Qué se entiende por desarrollo rural con enfoque territorial?

Otras visiones sobre el desarrollo rural.

Propuestas en debate sobre desarrollo rural.

-Proyecto de Ley de Tierras y Desarrollo rural.

-Proyecto de Ley general de tierras.

-Reforma Agraria y Desarrollo Rural Integral.

-Informe Nacional de Desarrollo Humano-INDH 211-

-Buen Vivir, Vivir bien.

-Programa Agrario de los Guerrilleros.

-Los avances del acuerdo entre el gobierno y la guerrilla.

-Otros enfoques sobre la agricultura y el desarrollo rural.

-Una referencia a las perspectivas populares sobre desarrollo rural.

 

Conclusiones.

Anexo.

Bibliografía.

 

 

 

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Miércoles, 12 Marzo 2014 06:01

La monopolización del discurso ambiental

La monopolización del discurso ambiental

El discurso de lo ambiental en la agenda pública internacional cuenta con poco más de treinta años. Pero no es ésa su principal característica, sino su monopolización por parte de las grandes potencias y sus organizaciones (Europa, EE.UU., ONU). Son ellas las que imponen sus puntos de vista, sus versiones de los problemas, incluso la que definen como problema.

Las ONG con visión internacional desarrollan campañas donde resaltan que no reciben fondos de gobiernos haciendo énfasis en la "no política". Desde esta perspectiva, los conflictos ambientales no serían cuestiones de los gobiernos, sino de ciudadanos comprometidos con su entorno quienes delegan en ellos el tratamiento de esos temas. Según éstos, el ambiente es asunto de expertos; no es algo que nos pasa a todos y a todas, aquí y ahora.


En los ámbitos académicos, la discusión de contenidos ambientales fue hasta hace poco considerada "posmoderna". No se discutía ahí la lucha de clases, sino temas menores, superfluos, débiles. Sin embargo, esto está cambiando. Los pensadores empiezan a ver en la cuestión ambiental la discusión por los recursos escasos, por las energías, por la subsistencia. En suma, por la forma en la que producimos y consumimos.


En Argentina, los temas ambientales ocupan un lugar muy reducido en la agenda mediática, monopolizados por versiones "primermundistas" de los hechos y reafirmados por las ONG que en sus fines recaudacionistas intentan visiones globalizadoras de los temas.


Pocos medios cuentan con especialistas en temas de ambiente. Cometen errores técnicos en su tratamiento, simplifican su complejidad o se limitan a reflejar denuncias de algunas de las partes ocultando que, en la mayoría de los casos, los conflictos ambientales involucran multiplicidad de actores e intereses y que cada uno de ellos tiene al menos una parte de "la verdad".


Si bien Argentina no aparece aún, a nivel internacional, con un relato fuerte y claro en torno de lo ambiental, lo ha hecho a nivel local con el conflicto por las papeleras, la minería a cielo abierto en Famatina, el fra-cking en Vaca Muerta, la contaminación industrial en el Riachuelo, la utilización de los agroquímicos. Todos estos temas siguen latentes en la agenda mediática, pero no han logrado ni imponerse con suficiente fuerza en la opinión pública, ni expresar una visión sobre lo ambiental que implique una mirada propia (nacional y popular).


Sin embargo, empiezan a asomarse en Latinoamérica relatos con conceptualizaciones distintas, a veces contrapuestas, a las que alientan potencias mundiales y las ONG ambientalistas.


El largamente aplaudido discurso del presidente de Uruguay, Pepe Mujica, en la Cumbre Río + 20, celebrada en Brasil en agosto de 2012, explicaba que, para las sociedades latinoamericanas, trabajar por la defensa del medio ambiente es pelear por condiciones de trabajo dignas, por los derechos humanos, por la eliminación de la pobreza. En síntesis, por mejorar nuestra vida cotidiana. En sus palabras, lo ambiental no es algo que tenemos que ir a buscar en otro lado, sino que nos atraviesa en lo cotidiano.


Desde otro enfoque, el vicepresidente boliviano, Alvaro García Linera, acaba de editar Geopolítica de la Amazonia, un libro en el que asegura que "existe una operación cuidadosamente planeada de parte de organismos extranjeros, las ONG y fundaciones ambientalistas que, utilizando a los indígenas de la Amazonia, quieren controlar la región, por su reserva de biodiversidad y de agua dulce, cuestionando la intervención de los Estados".


Desde Ecuador, Rafael Correa fijó posición en relación con la explotación petrolera de la reserva Yasuní. "El mundo es una gran hipocresía", declaró tras fracasar el proyecto que buscaba inexplotar el crudo en la zona a cambio de que la comunidad internacional aportara a Ecuador una suma de dinero que le permitiera preservar esa reserva. Correa evidenció la complejidad de los temas ambientales y la necesidad de que las "grandes potencias" se involucren, más allá de los discursos bonitos.


Los conflictos ambientales son muy complejos e involucran muchos aspectos de nuestra vida cotidiana: la forma de habitar, de relacionarnos, de consumir, de crecer y progresar. Perderíamos una gran oportunidad de convertirnos en actores si seguimos importando discursos que no nos tienen como protagonistas. Los comunicadores tenemos un gran desafío. Se trata de poner sobre la agenda mediática argentina estas cuestiones desde una mirada propia que nos involucre, nos acerque a las visiones que empieza a esbozar la región, problematizarlas, difundirlas, hacerlas noticia.

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La desigualdad puede ralentizar el desarrollo económico de América Latina

La reducción de los índices de pobreza en América Latina a lo largo de la primera década del siglo XXI es un éxito reconocido por toda la comunidad y organismos internacionales, sin embargo, la incapacidad por disminuir, en la misma intensidad, la brecha de la desigualdad es una asignatura pendiente que, si no se combate, puede obstaculizar el crecimiento económico en la región y contribuir a la ralentización que auguran todas las previsiones macroeconómicas, de acuerdo con el último informe del Banco Mundial. En el estudio Ganancias sociales en la balanza en América Latina y el Caribe, que la organización ha presentado este martes en Washington, se aconseja a los países del hemisferio que adopten políticas fiscales redistributivas y que garanticen el acceso generalizado a bienes y servicios básicos para promover un desarrollo inclusivo en el continente.


"La pobreza ha seguido decreciendo de manera importante en América Latina en 2012, situándose en el 12,3%. Pero ahora el mayor porcentaje de la población en la región lo componen las familias vulnerables", ha señalado durante la presentación del informe Louise Cord, responsable del Grupo de Reducción de la Pobreza, Género y Equidad del Banco Mundial. El informe advierte de que la falta de progreso en la reducción de la desigualdad en América Latina puede poner en riesgo el proceso de disminución de la pobreza en pos de un crecimiento de la clase media en la región. "Si no se reduce la desigualdad, esta circunstancia podría poner en cuestión el avance en la reducción de los niveles de pobreza" ha señalado Cord

Entre las causas que explican las dificultades de los Gobiernos de la región a la hora de no poder frenar la divergencia entre ricos y pobres, el Banco Mundial cita un crecimiento en los ingresos que no se ha visto acompañado por una redistribución de las rentas. El informe de la organización advierte de que si persiste esa inercia "el progreso en reducir la pobreza y mejorar la prosperidad pueden ser más evasivos".


El Banco Mundial propone como motores para paliar el problema de la inequidad la adopción de políticas económicas más redistributivas y el desarrollo de estrategias que extiendan el acceso a los bienes y servicios básicos a toda la población, poniendo el énfasis en la infancia. El informe, reconoce cómo son los países del Cono Sur –Brasil, Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay- quienes continúan liderando a la región en cuanto a disminución de la pobreza, cayó un 37% en 2012, frente a la zona andina –donde ha descendido en un 22%-. Centroamérica y México, sin embargo, han expandido el tramo de población por encima del umbral de la pobreza, alcanzando el 41%.


Para George Gray Molina, economista jefe del programa de Desarrollo de Naciones Unidas de la Oficina para América Latina, ahora mismo México y Brasil constituyen los dos principales modelos en la región para abordar la reducción de la pobreza y la inequidad. "Las reformas fiscales en México tienden a crear un entorno más favorable para las empresas y están enfocados a reducir la desigualdad a través del crecimiento económico", ha señalado Gray durante la presentación del informe del Banco Mundial. "Brasil ha optado por el modelo de la protección social, enfocado en recortar la desigualdad a través de la inversión pública". Para el economista va a ser muy importante observar lo que ocurre en los próximos dos años en ambos países para determinar cuál de las dos estrategias es más eficaz.


De acuerdo con el informe, el crecimiento de los ingresos y las políticas redistributivas explican el liderazgo del Cono Sur, de acuerdo con el documento del organismo. En el caso de los países andinos, es únicamente el aumento de los ingresos lo que justifica la reducción en el nivel de la pobreza, mientras que en el caso de México y Centroamérica aunque estos dos factores "han contribuido por igual a disminuir la inequidad, la aportación de la subida de ingresos ha sido inferior que en el resto de regiones".


En cuanto a la política redistributiva, el Banco Mundial alerta del problema que para América Latina supone la generalización de los impuestos indirectos, un factor que contribuye a ralentizar la reducción de la brecha de desigualdad. "El impacto regresivo de la estructura impositiva afecta mucho más a los más pobres", señala el informe. Cord ha incidido en esta idea reconociendo que en la región "la política fiscal es un instrumento que no está siendo suficientemente utilizado por los Gobiernos para combatir la desigualdad.


En el caso de la generalización del acceso a bienes y servicios públicos, para el Banco Mundial "permitir que los menores tengan las mismas oportunidades de disfrutar de educación básica, salud e infraestructura inmobiliaria es central para fomentar una sociedad más equitativa, libre de pobreza y que garantice el desarrollo de todo el potencial de las personas durante la infancia". El informe pone el énfasis en el acceso a la educación, una vivienda digna y las nuevas tecnologías como los principales pilares para multiplicar las posibilidades de progreso y destaca que, en muchas ocasiones, es el entorno en el que una persona nace lo que determina la calidad y la extensión de ese acceso.


En este sentido, Cord tiene esperanza en la clase media, cada vez más afianzada en América Latina, pueda impulsar un cambio en esta tendencia. "La clase media está creciendo y va a demandar cada vez más de sus Gobiernos una mayor responsabilidad en que los servicios sean de calidad", ha señalado.

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Noventa por ciento de bogotanos sufre contaminación por plomo

Nueve de cada 10 bogotanos presenta algún grado de contaminación por plomo en sus tejidos, según un estudio realizado por la Universidad Nacional mediante biomarcadores para metales pesados.

De acuerdo con los resultados de la investigación, más del 90 por ciento de los 400 citadinos sometidos a análisis, en un rango poblacional de tres a 91 años, es víctima de esa contaminación. Con un doctorado en Salud Pública de ese centro docente, el profesor Luis Hernández reveló que la presencia de mercurio detectada en el cabello fue del 98,7 por ciento, 80,8 en la sangre y 40,6 por ciento en la orina, mientras el comportamiento del plomo en sangre fue del 93,9 por ciento.


Tres de las personas objeto de estudio presentaron concentraciones de mercurio superiores a los valores referenciales del Instituto Nacional de Salud (12,6 por ciento) en comparación con los de la Organización Mundial de la Salud, precisó.


A su juicio, el nivel de contaminación detectado es preocupante, si se tiene en cuenta que la concentración de metales pesados en el organismo puede afectar el sistema nervioso y originar trastornos psicológicos, parálisis y temblores.


En los niños, detalló, puede provocar problemas en el peso y la talla y afectar el proceso de aprendizaje. Además de su toxicidad, esa concentración tiene efectos acumulativos en el organismo.


El estudio fue realizado conjuntamente con las autoridades sanitarias de la capital colombiana.


(Con información de Prensa Latina)

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10 tesis sobre el "divorcio" entre izquierda y progresismo América Latina

No me refiero a las clásicas críticas de la derecha (que los acusa de antidemocráticos), ni a las de una izquierda muy dogmática (que los denuncian como conservadores).

Todos sabemos que los gobiernos de la nueva izquierda han dominado el escenario político latinoamericano reciente. En un viraje sustancial, suplantaron a presidentes conservadores y neoliberales, y actualmente están presentes en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Nicaragua, Uruguay y Venezuela.


También sabemos que se trata de un conjunto variado. Existen diferencias notables, por ejemplo, entre los modos de hacer política de Evo Morales y los de José Pepe Mujica en Uruguay. Más allá de su diversidad, tienen muchos elementos compartidos que explican que sean parte de un mismo conjunto, y que además son efectivamente distintos de gobiernos conservadores o neoliberales.


Así, se delimita el "progresismo" como una cristalización reciente de una identidad política específica; una denominación adecuada, usada en varios países, y que deja en claro que todos comparten la fe en el progreso, con sus particulares modos en organizar la economía, las relaciones sociales y la apropiación de los recursos naturales.


Pero, también, frente a estos gobiernos hay un creciente debate. No me refiero a las clásicas críticas de la derecha (que los acusa de antidemocráticos), ni a las de una izquierda muy dogmática (que los denuncian como conservadores). Los señalamientos provienen de un número significativo de simpatizantes, militantes e incluso conocidos líderes de izquierda, que están lejos de ser dogmáticos, y que se sienten desilusionados, alejados o incluso enfrentados con este progresismo.


Impulso hacia la izquierda


Una de las razones de este malestar parece deberse a que el progresismo comienza a apuntar en sentidos que son significativamente distintos a los trazados por la izquierda que le dio origen. Como "izquierda" es también una categoría plural, estas comparaciones deben hacerse con precaución. La izquierda que lanzó al progresismo se nutrió de muy variadas tendencias, aprendió de sus errores y se renovó. Mucho de eso se debió a que convergió en lo que podría llamarse una "izquierda abierta" (parafraseando al "marxismo abierto" de Ernest Mandel), que intentaba no ser dogmática, era tolerante y aceptaba aportes diversos. Esto le permitió establecer relaciones estrechas con movimientos y organizaciones populares (especialmente indígenas y campesinos), destronar al neoliberalismo, fortalecer el Estado y atacar la pobreza. Fue una sinergia exitosa que fructificó en conquistar gobiernos, lanzar procesos de cambio y superar durísimas oposiciones internas (como en Argentina, Bolivia o Venezuela).


Con el paso del tiempo, en su seno emergió el progresismo con una identidad política propia y que apuntaría en una dirección distinta. Estaríamos frente a una "gran" divergencia entre izquierda y progresismo.
La divergencia

¿Cuáles son los temas en los cuales izquierda y progresismo están difiriendo? Se pueden identificar algunas cuestiones donde las propuestas progresistas actuales son diferentes a las de la izquierda que lo cobijó.

1. Desarrollo. Más allá de sus pluralidades, la izquierda latinoamericana de las décadas de 1960 y 1970 criticaba en profundidad el desarrollo convencional. Cuestionaba tanto sus bases conceptuales como sus prácticas concretas, como la de ser proveedores de productos primarios.
El progresismo actual ha abandonado en buena medida este debate y acepta las bases conceptuales del desarrollo. Festeja el crecimiento económico y los extractivismos. Es cierto que en algunos casos se denuncia al capitalismo, e incluso hay intentos alternativos (por ejemplo, con empresas nacionalizadas), pero prevalece la inserción en éste. Las discusiones están en cómo instrumentalizar el desarrollo (por ejemplo, si con más o menos Estado), pero no se disputa el mito del progreso. En cambio, sí mantuvo de la izquierda de los 60 y 70 una actitud refractaria a las cuestiones ambientales.


2. Democracia. Al menos desde fines de los 70, las izquierdas latinoamericanas hicieron suyo el mandato de la democracia. La idea de llegar al poder por las armas fue desechada; así lo entendieron desde Pepe Mujica a Hugo Chávez. No sólo esto, sino que se buscó ir más allá de las elecciones nacionales, hacia la llamada radicalización o profundización de la democracia. Se crearon los presupuestos participativos, se promovieron referéndums y se buscó diversificar la participación ciudadana.


El progresismo, en cambio, está abandonando ese entusiasmo y se contenta con el instrumento electoral clásico, las elecciones. Profundiza la democracia delegativa y llega a extremos hiperpresidencialistas.


3. Derechos humanos. Aquella izquierda incorporó la defensa de los derechos humanos, especialmente en la lucha contra las dictaduras en el Cono Sur. Fue un aprendizaje notable, donde el viejo ideal de igualdad se articuló con la salvaguarda y ampliación de los derechos. Hoy, las actitudes han cambiado, ya que cuando se denuncian incumplimientos en derechos, hay reacciones progresistas defensivas. En lugar de atender esos problemas, se cuestiona a veces a los denunciantes o se critica la institucionalidad jurídica. Incluso ponen en duda la validez de algunos derechos, como ha hecho Rafael Correa diciendo que los derechos de la naturaleza son "supuestos".


4. Constituciones y leyes. La izquierda abierta insistía en recuperar el papel de las constituciones como el marco básico compartido. Es más, en Bolivia, Ecuador y Venezuela se aprobaron nuevas constituciones (con innovaciones sobre los derechos), y nuevos ordenamientos normativos. A su vez, en todos los casos se proponía reforzar la independencia, imparcialidad y capacidades del Poder Judicial. Ahora, el progresismo da señales contradictorias. Se incomoda con obligaciones que le imponen sus propias constituciones, e incluso opera sobre ellas para aligerar controles políticos, sociales o ambientales. Se toleran desprolijidades en cumplir exigencias legales, manipular leyes o presionar al Poder Judicial. Y en algunos momentos parecería que erosiona su propio nuevo constitucionalismo.


5. Corrupción. La izquierda de fines del siglo XX era una de las más duras luchadoras contra la corrupción. Ése era uno de los flancos más débiles de los gobiernos neoliberales, y en aquellos años la izquierda atacó una y otra vez en ese terreno, desnudando negociados, favoritismos empresariales, etcétera. Aquel ímpetu parece menguar. Hay varios ejemplos en los que no ha manejado adecuadamente los casos de corrupción de figuras claves dentro de gobiernos progresistas, o la asignación de fondos públicos termina repitiendo viejos vicios. Asoma una actitud de cierta resignación y tolerancia.


6. Movimientos sociales. La izquierda latinoamericana durante décadas cultivó un relacionamiento estrecho con grupos subordinados y marginados. El progresismo inicial resulta de esa simbiosis, ya que gracias a indígenas, campesinos o movimientos populares urbanos alcanzaron los gobiernos. Desde esos sectores surgieron votos, pero también ideas y prioridades, y unos cuantos dirigentes y profesionales que ahora están en las oficinas estatales.

En los últimos años, el progresismo parece alejarse de varios de estos movimientos, no comprende sus demandas, se pone a la defensiva, intenta dividirlos y si no lo consigue, los hostiliza. Gasta mucha energía en calificar, desde el palacio de gobierno, quién es revolucionario y quién no lo es, y perdió los nexos con organizaciones indígenas, ambientalistas, feministas, de derechos humanos, etcétera. La desazón se expande entre líderes sociales que, en el pasado fueron atacados por gobiernos neoliberales y ahora vuelven a serlo, pero desde el progresismo.

7. Justicia social. La izquierda clásica concebía a la justicia social bajo un amplio abanico temático, desde la educación a la alimentación, desde la vivienda a los derechos laborales, y así sucesivamente. El progresismo en cambio apunta sobre todo a una justicia como redistribución económica, enfocada en la compensación monetaria a los más pobres y en el consumo masivo para el resto. No niego ni la importancia de esas ayudas para sacar de la pobreza a millones de familias, ni la relevancia de que los sectores populares accedan a servicios y bienes necesarios. El punto es que la justicia es mucho más que bonos, la calidad de vida es más que comprar televisores, y no se la puede reducir al economicismo de la compensación monetaria.


8. Integración y globalización. La izquierda logró relanzar la integración regional y continental, y combatió esquemas de liberalización comercial como el ALCA, los TLCS e IIRSA. Lanzó algunas iniciativas muy interesantes, como el Tratado de Comercio de los Pueblos, el SUCRE, el Banco del Sur y algunos de los convenios del ALBA.


Hoy se mantiene la retórica latinoamericanista, pero no se logran políticas continentales en sectores claves como energía, agroalimentos e industria. Hay avances en algunos planos (como la integración cultural), pero los Estados siguen compitiendo comercialmente y no pocas veces los vecinos hacen trampas comerciales. Y, finalmente, todos aceptaron la gobernanza global del comercio.
9. Independencia y crítica. La izquierda mantenía una estrecha relación con los intelectuales, y más allá de discusiones puntuales, respetaba la rigurosidad e independencia. Incluso se buscaban ángulos originales, se hurgaba en lo que estaba oculto y se navegaba en una pluralidad de voces.


El progresismo da señales que cada vez le gusta menos la crítica independiente y prefiere escuchar a los intelectuales amigos. Y cuando ellos escasean dentro del propio país, los traen del norte, aprovechando lo poco que saben de las realidades nacionales. Desconfía de análisis exhaustivos y prefiere las felicitaciones y el apoyo publicitario. Denuncia a libres pensantes y reclama seguidores fieles. La crítica es apresuradamente rotulada como traición neoliberal.


10. Discursos y prácticas. Finalmente, en un plano que podríamos calificar como cultural, el progresismo elabora diferentes discursos de justificación política, a veces con una retórica de ruptura radical que resulta atractiva, pero sus prácticas son bastante tradicionales en muchos aspectos. Por ejemplo, los discursos por la Pachamama se distancian de la gestión ambiental, se cita a Marx y Lenin pero los acuerdos productivos son con corporaciones transnacionales, se reivindica la industrialización pero prevalece el extractivismo, se dice responder a los movimientos sociales pero se clausuran organizaciones ciudadanas, se felicita a los indígenas pero se invaden sus tierras, y así sucesivamente.
Entre el concepto y la praxis


Los senderos del progresismo

En la actualidad, el progresismo parece tomar un camino distinto al de la izquierda.


El progresismo nació como una expresión reciente en el seno de la izquierda latinoamericana. Maduró como una particular mezcla e hibridización de distintas condiciones culturales y políticas, pero quedó enmarcado en las ideas occidentales del desarrollo. No es una postura conservadora ni neoliberal, lo que explica que sus defensores lo presenten como una expresión de izquierda, y como ha sido exitoso en varios frentes, cuenta con apoyos electorales.


Pero, en la actualidad, el progresismo parece tomar un camino distinto al de la izquierda. Quedó enmarcado en el desarrollo convencional, y lo ejecuta a su manera, ajustando la democracia y apelando a compensaciones monetarias. Es un camino propio, pero que comulga también con el mito del progreso.


Tal vez este progresismo rectifique su rumbo en algunos países, retomando lo mejor de la izquierda clásica, para construir otras síntesis de alternativas que incorporen efectivamente temas como el Buen Vivir o la justicia en sentido amplio. Sean ésas u otras cuestiones, en todos los casos deberá desligarse del mito del progreso. Dicho de otro modo: menos progresismo y más izquierda. Pero si persiste en prácticas como el extractivismo o el hiperpresidencialismo, se alejará definitivamente de la izquierda.

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El legado del progresismo al pensamiento crítico latinoamericano

Después de aproximadamente una década del experimento político puesto en marcha por los llamados gobiernos progresistas en América Latina, se puede afirmar que éste ha dejado una gran enseñanza para el pensamiento críticodel subcontinente: Nunca más repetir lo andado, dar vuelta y caminar para el otro lado, desde otro lado. En base a esta enseñanza histórica, el pueblo latinoamericana tiene la urgencia de asumir como verdad política y ética dos cosas:

 

1. Abandonar definitivamente la promesa del desarrollo y el crecimiento económico, inherentes al paradigma del progreso y a la lógica de la economía capitalista.

 

Atrapados en el paradigma del Progreso, los gobiernos progresistas[1] de la América latina han impulsado, una vez más de las tantas veces a lo largo de nuestra historia, las viejas promesas del desarrollo y el crecimiento económico capitalista. La promesa de salir del subdesarrollo en base a la industrialización se presenta una vez más como la gran promesa que nos conducirá a los niveles de vida del mundo desarrollado. Y nuevamente la fórmula mágica del cambio de matriz productiva es profundizar y extender el extractivismo para salir de la economía primario exportadora, basada principalmente en el extractivismo. Este aparente absurdo a nivel del lenguaje expresa la contradicción de la economía capitalista, especialmente visible en las zonas del llamado tercer mundodebido a la relación asimétrica entre el centro y la periferia provocada por el intercambio desigual que articula el mercado mundial. Simplificando el argumento por motivos del espacio de la exposición, la idea es la siguiente: necesitamos capital para iniciar el cambio de matriz productiva basada en la sustitución de importaciones o industrialización.

 

El problema es que el histórico saqueo que han sufrido nuestros países, tanto por el capitalismo central como de los grupos de poder económico local articulado al primero, ha impedido la formación de capital nacional para iniciar el proceso de industrialización. En estas condiciones la intención de iniciar un proceso de industrialización implica conseguir el capital explotando y vendiendo materias primas, es decir más extractivismo. En todas las intentonas desarrollistas, los gobiernos progresistas de las distintas épocas han vendido los bienes naturales de nuestros países a nombre de la industrialización, hoy del llamado cambio de matriz productiva. El costo que ha significado para nuestros pueblos cada uno de estos intentos modernizadores, ha sido destrucción social, ambiental y más pobreza, pura hojarasca diría Márquez. Esta larga historia de destrucción me hace pensar que hoy no va a ser distinto, que la necedad de los progresistas nos va a pasar, quizá, la mayor factura de nuestra historia.

 

A nombre del progreso y la modernización, tanto en el occidente capitalista como en el capitalismo de Estado del Socialismo Real, el ser humano se ha autoflagelado. Los peores crímenes contra a humanidad, genocidios, etnocidio,comunicidios y ecocidiosse han perpetrado a nombre del desarrollo. Esta historia, ya vieja, comenzó con el despojo social y ambiental de la acumulación originaria de capital perpetrado en nuestro continente, saqueo colonial que destruyómuchas culturas y grandes civilizaciones donde murieron millones de seres humanos, sacrificados en nombre de la civilización y el progreso. La Europa campesina vivió la misma destrucción social y ambiental con el mismo argumento del desarrollo industrial y el crecimiento económico. Millones de seres humanos murieron en el proceso de la revolución industrial, la misma que destruyo gran parte del ecosistema y los tejidos sociales agrarios bajo la hegemonía inglesa. En el siglo XX el crecimiento y desarrollo de Norteamérica como potencia mundial ha significado la destrucción ambiental y social de gran parte del territorio del planeta donde la potencia imperial ha intervenido empresarial y militarmente hasta el día de hoy. El fascismo nazi estuvo muy vinculado al impulso del desarrollo industrial de Alemania,y es conocido el holocausto que provocó. El desarrollo industrial en la Unión Soviética generó destrucción cultural y natural; y lo que no logró la revolución cultural de Mao en China lo está logrando hoy el desarrollo acelerado del capitalismo: convertir al país oriental en la primera potencia industrial a costo de la destrucción social y ambiental de la China actual. Esta ha sido la historia del desarrollo moderno, el costo del bienestar capitalista, para ciertos sectores privilegiados de la población mundial, ha significado la miseria social y ambiental para la mayoría de habitantes del planeta. Un último informe de Oxfam sostiene que "La desigualdad económica crece rápidamente en la mayoría de los países. La riqueza mundial está dividida en dos: casi la mitad está en manos del 1% más rico de la población, y la otra mitad se reparte entre el 99% restante." (Oxfam 2014)

 

Con el nuevo milenio los gobiernos progresistas de América latina retoman una vez más el sueño del progreso y el crecimiento económico vía desarrollo industrial. La modernización capitalista necesaria para hacer el sueño realidad ha implicado en esta última década: Laradicalidad de la actitud instrumental: el asesinato (léase culturicidio, etnocidio, ecocidio, comunicidio)[2]como parte del despiadado intento de alcanzar un objetivo, la reducción de las personas a medios disponibles (Zizek; 2011: 194), y, obviamente,la reducción de la naturaleza a recurso disponible."Esta es la sorprendente lección de las últimas décadas, la lección de la tercera vía socialdemócrata occidental europea, pero también de los comunistas chinos que están al frente del que probablemente es sea el desarrollo más explosivo del capitalismo en toda la historia de la humanidad: nosotros podemos hacerlo mejor." (Zizek; 2011:196)

 

El cumplimiento de la vieja promesa capitalista plantea un intercambio, ahora encubierto en el discurso de la ecoeficiencia, ciertos sectores dela población alcanzan niveles de vida del mundo desarrollado a cambio de destruir el medio ambiente y muchas formas sociales acogidas en él. Se reactualiza así el colonial intercambio desigual debaratijas por la vida que empezó con la Conquista. A este intercambio desigual se suma un nuevo intercambio desigual que supone una especie de condicionamiento "novedoso" implementado por los gobiernos progresistas: se ofrece crecimiento económico, desarrollo industrial, bienestar capitalista a cambio o con la condición de debilitar o suprimir muchos de los derechos y libertades humanas,como el derecho a protestar, a pensar distinto, a imaginar otro mundo más allá del progreso de la modernidad capitalista. Esta "novedad" en el ejercicio del poder escopiada del ejemplo de la China en su era industrial. Bien lo dice Zizek:

 

...China es en la actualidad el Estado capitalista ideal: el capital es libre y el Estado se encarga de "trabajo sucio" de controlar a los obreros. Por tanto, China, en cuanto superpotencia en ascenso del siglo XXI, parece materializar un nuevo tipo de capitalismo: indiferencia ante las consecuencias ecológicas, desprecio por los derechos de los trabajadores, todo ello subordinado al impulso de desarrollarse y convertirse en la nueva fuerza mundial. (Zizek; 2011:197)

 

Como testigos presentes del ensayo del progresismo en América latina podemos dar testimonio de la política represiva que se ha implementado en esta última década. La criminalización de la protesta social, la persecución, enjuiciamiento y encarcelamiento de dirigentes sociales, de intelectuales disidentes, de activista ambientales, de estudiantes críticos, de periodistas que investigan y denuncia la corrupción, así como la censura de la opinión y la expresión crítica, el control de la organización social autónoma, la censura a los medios de comunicación, etc., son prácticas del nuevo patrón de poder implementado por los progresismos. Esta forma de control político de la sociedad se justifica a nombre del progreso y el desarrollo, a nombre de un crecimiento económico que según dicen ha logrado combatir la pobreza vía bonos de la miseria. Un crecimiento económico medido, curiosamente, con los mismos parámetro y fetiches, como el PIB[3], utilizados por los organismo de administración del capital (FMI, Banco Mundial, BID). Se dice a la población que todo esto es necesario para alcanzar el progreso, pero no se dice cuales son las consecuencias sociales y ambientales del mismo, y a quienes quieren denunciar el coste del desarrollo simplemente se los silencia. Tampoco se dice que incluso si conquistaríamos los niveles de vida del mundo desarrollado habremos construido un mundo materialmente rico y espiritualy ecológicamente miserable. Basta mirar hacia el centro del desarrollo EEUU, Europa, China y observar lo que en las sociedades "soñadas"de la hiperproducción y el hiperconsumoacontece.


Una vez más, con los progresismos, América latina ha caído en la trampa del progreso y desarrollo capitalistas.Las consecuencias de esta necedad, como ya podemos observarlas y vivirlas esla destrucción ambiental y social. Ante esta constatación, que implica una toma de conciencia social y ecológica, la única posibilidad que le queda el pensamiento crítico de emancipación es decir NO a la promesa capitalista. "Ya es hora de deshacernos de la obsesión de la velocidad y de partir a la reconquista del tiempo, y por lo tanto, de nuestras vidas.". (Latouch; 2009:166)

 

2. Imaginar nuevos sueños, nuevos deseos y sobre todo nuevas formas de desear y soñar el mundo por venir.

 

Es sintomático que pensadores de origen europeo, es decir pensadores testigos del bienestar y el progreso del mundo desarrollado, como el economista francés SergeLatouche, entre otros, "...reclaman la liberación de la sociedad occidental de la dimensión universal de la economía, criticando, entre otras cosas, el concepto de desarrollo y las nociones de racionalidad y eficiencia económica." Si desde el centro del desarrollo capitalista surge la crítica a su promesa, por haber conducido al planeta y a la humanidad al borde de su colapso, no se comprende la necedad del progresismo Latinoamericano. Sorprende que los gobiernos autodenominados de izquierda no sean capaces de detenerse en su obsesión desarrollista y oír las intuiciones y los saberes colectivos que hablan desde la comunidades rurales. Sorprende más la capacidad de estos gobiernos de haber reducido el Buen Vivir a vehículo de las viejas promesas capitalistas.

 

El pensamiento crítico y emancipador de América latina debe ser ciertamente radical, aún más hoy que debe enfrentar otra vez las ilusiones de la modernidad,tan radical que detenga el frenesí desarrollista y vuelva su mirada a aquellos ensayos vitales que han sobrevivido al desastre modernizador. Volver la mirada a aquellas formas de vida social no sub-desarrolladas, sino fuera del desarrollo, a las comunidades agrarias que siembran y se dedicaban a escuchar como crecen los cultivos, pues una vez sembrados, apenas queda ya más por hacer. A esos territorios fuera del tiempo donde la gente es feliz, todo lo feliz que puede ser un pueblo. (Cfr. Latouch; 2009:159) A esavida feliz que es propia de las comunidades del buen vivir colectivo, a esas comunidades que saben mantener un sano equilibrio con el medio ambiente y que lamentablemente están siendo paulatinamente destruidas por el subdesarrollo y sometidas a la miseria a nombre del desarrollo. Es ese tiempo otro por fuera del tiempo de la historia moderna el que debe nutrir el pensamiento crítico y emancipador de la América latina, ese tiempo que es despreciado por los progresismo cada vez que persiguen a las comunidades agrarias que resiste y se oponen a su programa desarrollista, sean las del TIPNIS en Bolivia o las de la Amazonía en Ecuador Venezuela y Brasil.

 

Es ese tiempo fuera del tiempo donde es posible imaginar otro modo de vivir, otro modo de ser y estar en un mundo otro. Es este tiempo fuera del tiempo, no intoxicado por la ilusiones del desarrollo y el progreso, el marco, el espacio vacío, donde la imaginación humana puede imaginarse distinta. Es desde ese hilo de tiempo proscrito por el desarrollo capitalista donde es posible pensarse, sentirse más allá de la producción y el consumo mercantil, más allá del bienestar ligado a la riqueza económica. Desde ese más allá quizás estaremos a salvo de la tentación de restaurar el viejo orden y abrirnos a la incertidumbre que genera el ejercicio de nuestra libertad de crear otra forma de existir, por fuera del marco capitalista y sus promesas. Esto, necesariamente, exige una transformación tan radical como radical es desaprender las percepciones, pensamientos, valores y prácticas aprendidas y convertidas en certezas y verdades universales, como aquello de que la felicidad depende del crecimiento económico y tecnológico. Es decir, desaprender lo aprendido en la colonización y neocolonización occidental, comprender que la civilización y la historia del progreso y el desarrollo son una más entre muchas y de ninguna manera el destino de la humanidad. La descolonización de la conciencia hace posible la distancia crítica necesaria para relativizar y negar los mitos occidentales que fundamentan la pretensión de control racional de la naturaleza y la fe en el progreso, el desarrollo y el crecimiento.(Cfr. Latouch; 2009:162).


El crecimiento no es sinoel apelativo vulgar de lo que Marx analizó como acumulación ilimitada de capital, fuente de todas las contradicciones e injusticia del capitalismo. Puesto que el crecimiento y el desarrollo son respectivamente crecimiento de la acumulación de capital y desarrollo del capitalismo, por lo tanto explotación de la fuerza de trabajo y destrucción ilimitada de la naturaleza. El decrecimiento no puede ser sino un decrecimiento de la acumulación, del capitalismo de la explotación y de la depredación. No se trata tanto de relentizar la acumulación como de cuestionar el concepto mismo para invertir el proceso destructor. (Latouch; 2009:168).

 

El pensamiento crítico y emancipador de la América latina tiene el desafío de imaginar nuevos sueños nuevos deseos, pero sobre todo nuevas maneras de soñar y desear, sobre todo esto último. No basta negar los contenidos del viejo orden, hay que negar sus formas y su forma no es otra que la forma-mercancía. Negada la forma mercancía, se niega el progreso como ideología que la fundamenta y se niega el desarrollo y el crecimiento económico como las prácticas que la reproducen. Esto implica una transformación epistemológica, es decir una transformación de las percepciones y nociones básicas con las cuales el ser humano moderno se mira y se comprende. Esto hace referencia a una transformación cultural de dimensiones radicales. Se puede afirmar con Zizek, entonces, que "...el problema de los intentos revolucionarios habidos hasta ahora no es que hayan sido 'demasiado radicales', sino que no lo han sido bastante, que no han cuestionado sus propios presupuestos."Uno de los cuales es aquel de considerar que la emancipación humana se asienta en la misma racionalidad económica y tecnológica del capitalismo. (Zizek; 2011:202)

 

A lo que el pensamiento crítico se enfrenta no es la construcción de una nueva sociedad, sino a la invención de una nueva vida, lo que implica la reconstrucción o mejor dicho la invención del deseo, no la realización del deseo capitalista. Ese es el gran reto, esa es la urgencia de la tarea. No basta cambiar la realidad para realizar los sueños de la sociedad moderna, hay que cambiar lo sueños. (Cfr. Zizek; 2011:203) Para enfrentar este desafío es necesario ser disidentes ideológicos, disidentes epistemológicos, así como ser disidentes prácticos, lo que supone ir inventando la otra vida aquí y ahora, desde los tejidos más delicados de la vida cotidiana. En ese andar nos iremos inventado como humanos otros, distintos, humanos de otros mundos; en ese andar por fuera del tiempo, tiempo de nuestros ancestros, que no están en el pasado sino en el futuro o que por estar en el pasado están en los mundos por-venir. Los mundos y las vidas por-venir al igual que los mundos y las vidas proscritas de nuestros ancestros son la fuente que fecunda el pensamiento crítico de América latina, la América Latina que dice NO más promesa capitalista.

 

Recuperar una relación sana con el tiempo consiste sencillamente en volver a aprender a vivir en el mundo. Conduce, por lo tanto, a liberarse de la adicción al trabajo para volver a disfrutar la lentitud, redescubrir los sabores vitales relacionados con la tierra, la proximidad y el prójimo. No se trata tanto de regresar a un pasado mítico perdido como de inventar una tradición renovada.
SergeLatouch

 

Referencias Bibliográficas


Di Donato, Mónica, Decrecimiento o Barbarie, entrevista a SergeLatouche, Revista Papeles No 107, 2009
http://www.usc.es/entransicion/wp-content/uploads/2011/11/Decrecimiento-o-barbarie_Serge-Latouche.pdf
Oxfam, Gobernar para las Elites, secuestro Democrático y desigualdad económica, 2014
http://www.oxfam.org/sites/www.oxfam.org/files/bp-working-for-few-political-capture-economic-inequality-200114-es.pdf
Zizek, Slavoj, En defensa de las causas perdidas, Ed. Akal, España, 2011

[1] Es curioso, para esta reflexión, el adjetivo progresistas que se ha dado a los gobiernos del Socialismo del Siglo XXI. Hay que poner atención en la semántica del término)
[2] El contenido del paréntesis es de este texto y no del autor citado.
[3] Referencia de SergeLatouche

 

Publicado por lalineadefuego el enero 29, 2014 ·

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Jueves, 26 Diciembre 2013 10:19

Izquierda y progresismo: la gran divergencia

Izquierda y progresismo: la gran divergencia

ALAI AMLATINA, 24/12/2013.- Uno de los mayores cambios políticos vividos en América Latina en los últimos veinte años fue el surgimiento y consolidación de los gobiernos de la nueva izquierda. Más allá de la diversidad de esas administraciones y de sus bases de apoyo, comparten atributos que justifican englobarlos bajo la denominación de "progresistas". Son expresiones vitales, propias de América Latina, en cierta manera exitosas, pero ancladas en la idea de progreso. Su empuje, e incluso su éxito, está llevando a que esté en marcha una divergencia entre este progresismo con muchas de las ideas y sueños de la izquierda latinoamericana clásica.


Para analizar estas circunstancias es necesario tener muy presente la magnitud del cambio político que se inició en América Latina en 1999 con la primera presidencia de Hugo Chávez, y que se consolidó en los años siguientes en varios países vecinos. Quedaron atrás los años de las reformas de mercado, y regresó el Estado a desempeñar distintos roles. Se implantaron medidas de urgencia para atacar la pobreza extrema, y su éxito ha sido innegable en casi todos los países. Vastos sectores, desde movimientos indígenas a grupos populares urbanos, que sufrieron la exclusión por mucho tiempo, lograron alcanzar el protagonismo político.


Es también cierto que esta izquierda latinoamericana es muy variada, con diferencias notables entre Evo Morales en Bolivia y Lula da Silva en Brasil, o Rafael Correa en Ecuador y el Frente Amplio de Uruguay. Estas distintas expresiones han sido rotuladas como izquierdas socialdemócrata o revolucionaria, vegetariana o carnívora, nacional popular o socialista del siglo XXI, y así sucesivamente. Pero estos gobiernos, y sus bases de apoyo, no sólo comparten los atributos ejemplificados arriba, sino también la idea de progreso como elemento central para organizar el desarrollo, la economía y la apropiación de la Naturaleza.


El progresismo no sólo tiene identidad propia por esas posturas compartidas, sino también por sus crecientes diferencias con los caminos trazados por la izquierda clásica de América Latina de fines del siglo XX. Es como si presenciáramos regímenes políticos que nacieron en el seno del sendero de la izquierda latinoamericana, pero a medida que cobraron una identidad distinta están construyendo caminos que son cada vez más disímiles. Es posible señalar, a manera de ejemplo, algunos puntos destacados en los planos económico, político, social y cultural.


La izquierda latinoamericana de las décadas de 1960 y 1970 era una de las más profundas críticas del desarrollo convencional. Cuestionaba tanto sus ideas fundamentales, incluso con un talante anti-capitalista, y rechazaba expresiones concretas, en particular el papel de ser meros proveedores de materias primas, considerándolo como una situación de atraso. También discrepaba con instrumentos e indicadores convencionales, tales como el PBI, y se insistía que crecimiento y desarrollo no eran sinónimos.


El progresismo actual, en cambio, no discute las esencias conceptuales del desarrollo. Por el contrario, festeja el crecimiento económico y defiende las exportaciones de materias primas como si fueran avances en el desarrollo. Es cierto que en algunos casos hay una retórica de denuncia al capitalismo, pero en la realidad prevalecen economías insertadas en éste, en muchos casos colocándose la llamada "seriedad macroeconómica" o la caída del "riesgo país" como logros. La izquierda clásica entendía las imposiciones del imperialismo, pero el progresismo actual no usa esas herramientas de análisis frente a las desigualdades geopolíticas actuales, tales como el papel de China en nuestras economías. La discusión progresista apunta a cómo instrumentalizar el desarrollo y en especial el papel del Estado, pero no acepta revisar las ideas que sostienen el mito del progreso. Entretanto, el progresismo retuvo de aquella izquierda clásica una actitud refractaria a las cuestiones ambientales, interpretándolas como trabas al crecimiento económico.


La izquierda latinoamericana de las décadas de 1970 y 1980 incorporó la defensa de los derechos humanos, y muy especialmente en la lucha contra las dictaduras en los países del Cono Sur. Aquel programa político maduró, entendiendo que cualquier ideal de igualdad debía ir de la mano con asegurar los derechos de las personas. Ese aliento se extendió, y explica el aporte decisivo de las izquierdas en ampliar y profundizar el marco de los derechos en varios países. En cambio, el progresismo no expresa la misma actitud, ya que cuando se denuncian derechos violados en sus países, reaccionan defensivamente. Es así que cuestionan a los actores sociales reclamantes, a las instancias jurídicas que los aplican, incluyendo en algunos casos al sistema interamericano de derechos humanos, e incluso a la propia idea de algunos derechos.


Aquella misma izquierda también hizo suya la idea de la democracia, otorgándole prioridad a lo que llamaba su profundización o radicalización. Su objetivo era ir más allá de la simples elecciones nacionales, buscando consultas ciudadanas directas más sencillas y a varios niveles, con mecanismos de participación constantes. Surgieron innovaciones como los presupuestos participativos o los plebiscitos nacionales. El progresismo, en cambio, en varios sitios se está alejando de aquel espíritu para enfocarse en mecanismos electorales clásicos.Entiende que con las elecciones presidenciales basta para asegurar la democracia, festeja el hiperpresidencialismo continuado en lugar de horizontalizar el poder, y sostiene que los ganadores gozan del privilegio de llevar adelante los planes que deseen, sin contrapesos ciudadanos. A su vez, recortan la participación exigiendo a quienes tengan distintos intereses que se organicen en partidos políticos y esperen a la próxima elección para sopesar su poder electoral.


La izquierda clásica de fines del siglo XX era una de las más duras luchadoras contra la corrupción. Ese era una de los flancos más débiles de los gobiernos neoliberales, y la izquierda lo aprovechaba una y otra vez ("nos podremos equivocar, pero no robamos", era uno de los slogans de aquellos tiempos). En cambio, el progresismo actual no logra repetir ese mismo ímpetu, y hay varios ejemplos donde no ha manejado adecuadamente los casos de corrupción de políticos claves dentro de sus gobiernos. Asoma una actitud que muestra una cierta resignación y tolerancia.


Otra divergencia que asoma se debe a que la izquierda latinoamericana luchó denodadamente por asegurar el protagonismo político de grupos subordinados y marginados. El progresismo inicial se ubicó en esa misma línea, y conquistó los gobiernos gracias a indígenas, campesinos, movimientos populares urbanos y muchos otros actores. Dieron no sólo votos, sino dirigentes y profesionales que permitieron renovaron las oficinas estatales. Pero en los últimos años, el progresismo parece alejarse de muchos de estos movimientos populares, ha dejado de comprender sus demandas, y prevalecen posturas defensivas en unos casos, a intentos de división u hostigamiento en otros. El progresismo gasta mucha más energía en calificar, desde el palacio de gobierno, quién es revolucionario y quién no lo es, y se ha distanciado de organizaciones indígenas, ambientalistas, feministas, de los derechos humanos, etc. Se alimenta así la desazón entre muchos en los movimientos sociales, quienes bajo los pasados gobiernos conservadores eran denunciados como izquierda radical, y ahora, bajo el progresismo, son criticados como funcionales al neoliberalismo.


La izquierda clásica concebía a la justicia social bajo un amplio abanico temático, desde la educación a la alimentación, desde la vivienda a los derechos laborales, y así sucesivamente. El progresismo en cambio, se está apartando de esa postura ya que enfatiza a la justicia como una cuestión de redistribución económica, y en especial por medio de la compensación monetaria a los sectores más pobres y el acceso del consumo masivo al resto. Esto no implica desacreditar el papel de ayudas en dinero mensuales para sacar de la pobreza extrema a millones de familias. Pero la justicia es más que eso, y no puede quedar encogida a un economicismo de la compensación.


Finalmente, en un plano que podríamos calificar como cultural, el progresismo elabora diferentes discursos de justificación política pero que cada vez tienen mayores distancias con las prácticas de gobierno. Se proclama al Buen Vivir pero se lo desmonta en la cotidianidad, se llama a industrializar el país pero se liberaliza el extractivismo primario exportador, se critica el consumismo pero se festejan los nuevos centros comerciales, se invocan a los movimientos sociales pero se clausuran ONGs, se felicita a los indígenas pero se invaden sus tierras, y así sucesivamente.


Estos y otros casos muestran que el progresismo actual se está separando más y más de la izquierda clásica. El nuevo rumbo ha sido exitoso en varios sentidos gracias a los altos precios de las materias primas y el consumo interno. Pero allí donde esos estilos de desarrollo generan contradicciones o impactos negativos, estos gobiernos no aceptan cambiar sus posturas y, en cambio, reafirman el mito del progreso perpetuo. A su vez, contribuyen a mercantilizar la política y la sociedad con su obsesión en la compensación económica y su escasa radicalidad democrática.


El progresismo como una expresión política distintiva se hace todavía más evidente en tiempo de elecciones. En esas circunstancias parecería que varios gobiernos abandonan los intentos de explorar alternativas más allá del progreso, y prevalece la obsesión con ganar la próxima elección. Eso los lleva a aceptar alianzas con sectores conservadores, a criticar todavía más a los movimientos sociales independientes, y a asegurar el papel del capital en la producción y el comercio.


El progresismo es, a su manera, una nueva expresión de la izquierda, con rasgos típicos de las condiciones culturales latinoamericanas, y que ha sido posible bajo un contexto económico global muy particular. No puede ser calificado como una postura conservadora, menos como un neoliberalismo escondido. Pero no se ubica exactamente en el mismo sendero que la izquierda construía hacia finales del siglo XX. En realidad se está apartando más y más a medida que la propia identidad se solidifica.


Esta gran divergencia está ocurriendo frente a nosotros. En algunos casos es posible que el progresismo rectifique su rumbo, retomando algunos de los valores de la izquierda clásica para buscar otras síntesis alternativas que incorporen de mejor manera temas como el Buen Vivir o la justicia en sentido amplio, lo que en todos los casos pasa por desligarse del mito del progreso. Es dejar de ser progresismo para volver a construir izquierda. En otros casos, tal vez decida reafirmarse como tal, profundizando todavía más sus convicciones en el progreso, cayendo en regímenes hiperpersidenciales, extractivistas, y cada vez más alejados de los movimientos sociales. Este es un camino que lo aleja definitivamente de la izquierda.


Por Eduardo Gudynas, analista en CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social), Montevideo.

Twitter: @EGudynas

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