MÚSICA DESDE OTRAS COORDENADAS

El crecimiento económico en América Latina no reduce la informalidad

Casi la mitad de los trabajadores de América Latina, un 47,7%, tiene un empleo informal. De los 275 millones de personas que forman la fuerza laboral de la región, solo 145 millones poseen un trabajo formal. Así lo indica el informe Programa Laboral 2013 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), presentado este martes en Lima. La directora regional de ese organismo, Elizabeth Tinoco, calificó la situación de "preocupante" pues si bien el desempleo urbano en América Latina y el Caribe bajó a una tasa mínima histórica de un 6,3%, ello no se debió a una mayor generación de empleo, sino a las personas que salieron del mercado laboral. El año anterior ese indicador fue de un 6,4%.


La representante del organismo dijo que, pese al crecimiento económico registrado en años anteriores, "el ritmo de reducción de la informalidad no ha sido acelerado y las perspectivas de reducción son casi las mismas. Si sigue como está la tasa de desempleo, con este crecimiento económico y con estas pocas medidas para combatirlo, va a mantenerse igual". En 2009 la tasa de informalidad en la región era de 50% y en 2011 de 47,7%.

Los índices de mayor empleo informal se registran en Centroamérica: Guatemala con 76,8% y Honduras con 72,8%, mientras que Perú, que el año pasado fue el segundo país en la región con mayor crecimiento, tiene el 68,8% de personas con ocupación informal.


El 50% de las mujeres y el 45% de los hombres trabajan en condición informal. Así como la informalidad ataca más a ellas, el desempleo también: de los 14,8 millones de latinoamericanos que buscan empleo sin conseguirlo, más de la mitad son mujeres: 7,7 millones, además, hay unos 22 millones de jóvenes que no estudian ni trabajan. "Seis de cada diez jóvenes tienen empleo informal", precisa a este diario Juan Chacaltana, especialista en empleo y mercado de trabajo de la oficina regional de la OIT.


"No es casual que en diversas ciudades sean los jóvenes quienes encabezan protestas cuestionando el sistema y las instituciones", indica el prólogo del reporte.


Tinoco destacó que la preocupación acerca del mercado de trabajo en América Latina y el Caribe también se debe a lo ocurrido con los salarios mínimos: estos aumentaron en 2012 en un 6,9% pero solo un 2,6% en 2013.


"En 2012 el crecimiento económico se ha desacelerado y también, en consecuencia, la generación de empleo. El impacto en el mercado de trabajo es de menor remuneración por salario, baja productividad que incide en la redistribución de la riqueza, alta informalidad mantenida y no reducida, cobertura de protección ineficiente y alto porcentaje de desempleo juvenil al alza", refirió Tinoco.


La OIT hizo un llamado a los gobiernos a "tomar medidas económicas pues no pueden estar divorciadas y separadas de la necesidad de generar más y mejores empleos", acotó la directora regional.


La funcionaria indicó que el desempleo juvenil que viven más de seis millones de latinoamericanos tiene "repercusión en la gobernabilidad de nuestras sociedades. La falta de esperanza y de posibilidades de insertarse genera frustración, no necesariamente violencia. Ésta se está acumulando en el espíritu de los jóvenes porque no tiene respuesta de parte del gobierno", añadió.


La tarde del sábado, tres jóvenes peruanos cantaban hip hop en un microbús que circulaba por el distrito de Miraflores, de clase media: se quejaban de la corrupción, de los políticos. Con su melodía y un aparato reproductor, pedían un apoyo a su arte a falta de oportunidades. Ellos, como otros miles que suben a vehículos de transporte o se buscan un ingreso en las calles, entran en la calificación de personas con empleo de acuerdo a la OIT, aunque dependiendo de su formación y sus ingresos, pueden considerarse en el subempleo y la informalidad. Quien trabaja al menos una hora por semana y obtiene un ingreso es considerado una persona con empleo.


El Panorama Regional de la OIT también destacó que América Latina registra índices de productividad por debajo del promedio mundial, e hizo también una invocación a los gobiernos en ese sentido pues es la región más rezagada en comparación con Europa y Asia. Desde el 2000 al 2010 apenas creció en 10% la productividad. "Si no hay productividad, ¿qué se va a redistribuir?", afirma Tinoco.
Ante este panorama, el organismo multilateral recomienda a los gobiernos a que tomen medidas para un mayor di

álogo con los sindicatos, mejorar la productividad, incrementar el empleo formal, promover el empleo juvenil, reducir el trabajo forzoso y las peores formas de trabajo infantil, entre otras. Sin embargo, no hay nada que obligue a los gobiernos y agentes económicos a actuar en ese sentido. "Es común moverse mucho por coyuntura y por indicadores de corto plazo, luego surge la preocupación cuando bajan algunos precios de materias primas, pero cuando tratamos el tema de diversificación económica los agentes económicos suelen responder 'eso demora'. Hay que empezar en algún momento", explicó Chacaltana a la consulta acerca de este obstáculo.

 

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Undécima carta a las izquierdas: ¿ecología o extractivismo?

En la décima carta a las izquierdas afirmé que al inicio del tercer milenio las izquierdas se debaten entre dos desafíos principales: la relación entre democracia y capitalismo; y el crecimiento económico infinito (capitalista o socialista) como indicador básico de desarrollo y progreso. En este texto voy a centrarme en el segundo desafío.


Antes de la crisis financiera, Europa era la región del mundo donde los movimientos ambientalistas y ecologistas tenían más visibilidad política y donde la narrativa de la necesidad de complementar el pacto social con el pacto natural parecía gozar de una gran aceptación pública. Sorprendentemente o no, con el estallido de la crisis estos movimientos y esta narrativa desaparecieron de la escena política y las fuerzas políticas más directamente opuestas a la austeridad financiera reclaman crecimiento económico como única solución, y excepcionalmente hacen alguna declaración algo ceremonial sobre la responsabilidad ambiental y la sostenibilidad. De hecho, las inversiones públicas en energías renovables fueron las primeras sacrificadas por las políticas de ajuste estructural. Antes de la crisis el modelo de crecimiento en vigor era el principal blanco de crítica de los movimientos ambientalistas y ecologistas precisamente por insostenible y producir cambios climáticos que, según los datos la ONU, serían irreversibles a muy corto plazo, según algunos, a partir de 2015. Esta rápida desaparición de la narrativa ecológica muestra que el capitalismo no sólo tiene prioridad sobre la democracia, sino también sobre la ecología y el ambientalismo.


Hoy, sin embargo, resulta evidente que, en el umbral del siglo XXI, el desarrollo capitalista toca los límites de carga del planeta Tierra. En los últimos meses se han batido varios récords de peligro climático en Estados Unidos, la India, el Ártico, y los fenómenos climáticos extremos se repiten cada vez con mayor frecuencia y gravedad. Prueba de ello son las sequías, las inundaciones, la crisis alimentaria, la especulación con productos agrícolas, la escasez creciente de agua potable, el uso de terrenos agrícolas para agrocombustibles, la deforestación de bosques. Poco a poco se va constando que los factores de la crisis están cada vez más articulados y son, en última instancia, manifestaciones de la misma crisis, que por sus dimensiones se presenta como crisis civilizatoria. Todo está relacionado: la crisis alimentaria, la ambiental, la energética, la especulación financiera sobre las commodities y los recursos naturales, la apropiación y concentración de tierra, la expansión desordenada de la frontera agrícola, la voracidad de la explotación de los recursos naturales, la escasez de agua potable y su privatización, la violencia en el campo, la expulsión de poblaciones de sus tierras ancestrales para dar paso a grandes infraestructuras y megaproyectos, las enfermedades inducidas por la dramática degradación ambiental, con mayor incidencia de cáncer en determinadas zonas rurales, los organismos modificados genéticamente, el consumo de agrotóxicos, etc. La Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, Rio+20, celebrada en junio de 2012, fue un fracaso rotundo debido a la complicidad mal disfrazada entre las élites del Norte global y las de los países emergentes para dar prioridad a los beneficios de sus empresas a costa del futuro de la humanidad.


La valoración internacional de los recursos financieros permitió en varios países de América Latina una negociación de nuevo tipo entre democracia y capitalismo. El fin (aparente) de la fatalidad del intercambio desigual (las materias primas siempre menos valoradas que los productos manufacturados) que encadenaba a los países de la periferia del sistema mundial al desarrollo dependiente permitió que las fuerzas progresistas, antes vistas como "enemigas del desarrollo", se liberasen de este fardo histórico, transformando el boom en una ocasión única para llevar a cabo políticas sociales y de redistribución de la renta. Las oligarquías y, en algunos países, sectores avanzados de la burguesía industrial y financiera altamente internacionalizados, perdieron buena parte del poder político gubernamental, pero a cambio vieron aumentado su poder económico. Los países cambiaron sociológica y políticamente hasta el punto de que algunos analistas vieron el surgimiento de un nuevo régimen de acumulación, más nacionalista y estatista: el neodesarrollismo basado en el neoextractivismo.


Sea como sea, este neoextractivismo tiene como base la explotación intensiva de los recursos naturales y plantea, en consecuencia, el problema de los límites ecológicos (por no hablar de los límites sociales y políticos) de esta nueva (vieja) fase del capitalismo. Esto resulta más preocupante en cuanto que este modelo de "desarrollo" es flexible en la distribución social pero rígido en su estructura de acumulación. Las locomotoras de la minería, del petróleo, del gas natural, de la frontera agrícola son cada vez más potentes y todo lo que interfiera en su camino y complique el trayecto tiende a ser aniquilado como obstáculo al desarrollo. Su poder político crece más que su poder económico, la redistribución social de la renta les confiere una legitimidad política que el anterior modelo de desarrollo nunca tuvo, o sólo tuvo en condiciones de dictadura.


Dado su atractivo, estas locomotoras son magníficas para convertir las señales cada vez más perturbadoras de la inmensa deuda ecológica y social que crean en un coste inevitable del "progreso". Por otro lado, privilegian una temporalidad afín a la de los gobiernos: el boom de los recursos no va a durar siempre, y eso hay que aprovecharlo al máximo en el menor espacio de tiempo. El brillo del corto plazo ofusca las sombras del largo plazo. Mientras que el boom configure un juego de suma positiva, cualquiera que se interponga en su camino es visto como ecologista infantil, campesino improductivo o indígena atrasado de los que a menudo se sospecha que se trata de "poblaciones fácilmente manipulables por Organizaciones No Gubernamentales no se sabe al servicio de quién".


En estas condiciones, resulta difícil activar principios de precaución o lógicas a largo plazo. ¿Qué sucederá cuando termine el boom de los recursos? ¿Cuando sea evidente que la inversión en "recursos naturales" no fue debidamente compensada por la inversión en "recursos humanos"? ¿Cuando no haya dinero para generosas políticas compensatorias y el empobrecimiento súbito cree un resentimiento difícil de manejar en democracia? ¿Cuando los niveles de enfermedades ambientales sean inaceptables y sobrecarguen los sistemas públicos de salud hasta volverlos insostenibles? ¿Cuando la contaminación de las aguas, el empobrecimiento de las tierras y la destrucción de los bosques sean irreversibles? ¿Cuando las poblaciones indígenas, quilombolas y ribereñas expulsadas de sus tierras cometan suicidios colectivos o deambulen por las periferias urbanas reclamando un derecho a la ciudad que siempre les será negado? La ideología económica y política dominante considera estas preguntas escenarios distópicos exagerados o irrelevantes, fruto del pensamiento crítico entrenado para pronosticar malos augurios. En suma, un pensamiento muy poco convincente y en absoluto atractivo para los grandes medios.


En este contexto, sólo es posible perturbar el automatismo político y económico de este modelo mediante la acción de movimientos sociales y organizaciones lo suficientemente valientes para dar a conocer el lado destructivo sistemáticamente ocultado de este modelo, dramatizar su negatividad y forzar la entrada de esta denuncia en la agenda política. La articulación entre los diferentes factores de la crisis deberá llevar urgentemente a la articulación entre los movimientos sociales que luchan contra ellos. Es un proceso lento en que la historia particular de cada movimiento todavía pesa más de lo que debería, aunque ya son visibles articulaciones entre luchas por los derechos humanos, la soberanía alimentaria, contra los agrotóxicos, los transgénicos, la impunidad de la violencia en el campo, la especulación financiera con los alimentos, luchas por la reforma agraria, los derechos de la naturaleza, los derechos ambientales, los derechos indígenas y quilombolas, el derecho a la ciudad, el derecho a la salud, luchas por la economía solidaria, la agroecología, la gravación de las transacciones financieras internacionales, la educación popular, la salud colectiva, la regulación de los mercados financieros, etc.


Al igual que ocurre con la democracia, sólo una conciencia y una acción ecológica robusta y anticapitalista pueden enfrentar con éxito la vorágine del capitalismo extractivista. Al "ecologismo de los ricos" hay que contraponer el "ecologismo de los pobres", basado en una economía política no dominada por el fetichismo del crecimiento infinito y del consumismo individualista, sino en las ideas de reciprocidad, solidaridad y complementariedad, vigentes tanto en las relaciones entre los seres humanos como en las relaciones entre los humanos y la naturaleza.

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Crecimiento y violencia, la paradoja de América Latina

Nadie discute el éxito de América Latina al sacar a millones de personas de la pobreza. Un esfuerzo que elogian el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, que está permitiendo emerger a una nueva clase media que aspira y exige más a sus gobernantes. También desde Naciones Unidas. Pese a los avances económicos y sociales, es la región más desigual e insegura del mundo.


De acuerdo con los datos del Programa para el Desarrollo (PNUD), más del 30% de los latinoamericanos se las tiene que ingeniar para vivir con menos de cuatro dólares al día. Están por debajo del umbral de la pobreza. El 16% de la población vive en la extrema pobreza; con menos de 2,5 dólares diarios. El 30% se considera parte de la clase media y el 2% son ricos.


Es cierto que la brecha de la desigualdad en los ingresos se redujo durante la última década en 16 de los 18 países de la región. Pero de los 15 países con más desigualdad del mundo, 10 se encuentran en América Latina. Y hay, además, una paradoja: en la última década la región no solo fue escenario de una gran expansión económica, también de una expansión delictiva.


La inseguridad, insiste la ONU, es un reto compartido y un obstáculo para el desarrollo social y económico en todos los países de América Latina. El último informe de desarrollo humano refleja con nuevos datos como el crimen y la violencia impactan en la región. Hay un dato que visualiza la dimensión de un problema en aumento: más de 100.000 asesinatos al año.


Es decir, mientras que la región fue un motor del crecimiento mundial, más de un millón de personas murieron asesinadas entre 2000 y 2010. El PNUD denuncia que en más de la mitad de los países analizados la tasa de homicidio aumentó, incluso en los que tienen menores niveles de pobreza. En 11 países se superan los 10 asesinatos por 100.000 habitantes, un nivel "epidémico".


El informe elaborado por el departamento que dirige el chileno Heraldo Muñoz, bajo la supervisión de Rafael Fernández de Castro, muestra que cinco de cada diez ciudadanos percibe un deterioro de la seguridad en su país. Los casos de robo, por ejemplo, se triplicaron durante las últimas dos décadas y media. Es el delito que más afecta a los latinoamericanos.


Además, uno de cada tres latinoamericanos señaló haber sido víctima de un delito con violencia en 2012. Esta percepción creciente de la inseguridad explica, por ejemplo, que en América Latina haya 3,8 millones de vigilantes privados, un 50% más que agentes de policía. Son los más armados del mundo. El crecimiento de la contratación de guardas de seguridad es del 10% anual.


La creciente inseguridad, como dice el PNUD, provoca que los ciudadanos tengan que cambiar su rutina para evitar ser víctimas del delito, lo que restringe sus libertades. Entre el 45% y el 65% de los encuestados, dependiendo del país, dejó de salir de noche y un 13% habla de la necesidad de cambiar su residencia, lo que equivale a 58,8 millones de personas aproximadamente.


El mensaje de las Naciones Unidas lo resume de la siguiente manera la administradora del PNUD, Helen Clark: "Sin paz no puede haber desarrollo, y sin desarrollo no puede haber una paz duradera". "Este grave problema sí tiene remedio", añade Heraldo Muñoz, pero precisa que "requiere visión y voluntad política de largo plazo". "No hay soluciones mágicas", remacha.


El reto, explica Fernández de Castro, es mayor porque las amenazas a la seguridad se entrecruzan. Suele referirse al narcotráfico para explicar el actual nivel de inseguridad en América Latina. Pero como indica el experto del PNUD, las dinámicas regionales, nacionales y locales son mucho más diversas. También señala que la política de la "mano dura" no funciona.


Quizás el primer paso que se puede dar en este sentido es acabar con la politización que sufre el problema de la inseguridad, estableciendo cada país un Acuerdo Nacional por la Seguridad Ciudadana entre gobierno, partidos políticos y sociedad civil. Es decir, como indica el embajador, se trata de "transformar" la seguridad en una política de Estado.


La ONU hace así otras recomendaciones, que van más allá de las medidas de control del delito. Para lograr una reducción duradera de la inseguridad, además de impulsar un crecimiento "incluyente y equitativo", se aboga por reducir la impunidad fortaleciendo la eficacia de las instituciones de seguridad y justicia y por políticas públicas que estimulen la convivencia.


A esto se le suma acciones como regular y reducir desde una perspectiva integral y de la salud pública lo que denomina como los "disparadores del delito", como el alcohol, drogas y armas. Eso mientras se elevan las oportunidades reales de desarrollo humano para los jóvenes, se previene la violencia de género y se protegen activamente los derechos de las víctimas.


El estudio hace mención, además, a lo que califica como "delito aspiracional", derivado del aumento de las expectativas de consumo y relativa falta de movilidad social en la región. El crecimiento rápido y desordenado de las ciudades, junto a los cambios en la estructura familiar y los problemas en la escolarización, añade la ONU, generan condiciones que inciden en la criminalidad.


Naciones Unidas pone cifra al impacto económico de la inseguridad. El organismo calcula que "el exceso de muertes" reduce en un 0,5% el potencial de la región, lo que equivale a unos 24.000 millones de dólares anuales. A esto se le suma la pérdida en la expectativa de vida. Eso sin contar con el alto coste para las cuentas públicas del delito y la violencia

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El socialismo bolivariano frente a la trampa económica del capitalismo

El PIB se ha triplicado. La balanza de pagos refleja un elevado superávit comercial. El gasto social real per cápita también se ha multiplicado por tres. Los ingresos públicos se han elevado exponencialmente. El ingreso promedio anual real (ajustado por la inflación) ha crecido. El salario real mínimo progresa adecuadamente. Se ha avanzado notablemente en materia de inclusión para alfabetización, educación inicial, primaria, secundaria y universitaria. Tiene premio por ser el país que más avanzó en la lucha contra el hambre. Se han creado más de 4 millones de puestos de trabajo y el desempleo se redujo a la mitad. Tiene el mayor apoyo de los ciudadanos a su democracia. La desigualdad se ha reducido y la pobreza también. La deuda pública en relación al PIB decrece. Todos estos no son datos del chavismo, sino que son cifras oficiales sobre Venezuela de fuentes tales como CEPAL, FAO, PNUD, OIT, UNESCO y Latinobarómetro.


Esa radiografía económica-política-social nunca jamás podría ser designada como precipicio, catástrofe, apocalipsis o hecatombe. Sólo atrevidos, y amantes de las profecías autocumplidas, como el Consejo Nacional del Comercio y los Servicios (Consecomercio) y la Cámara Venezolano Americana de Comercio e Industria (VenAmCham), buena parte de la prensa dominante o la oposición política y económica nacional e internacional, pueden afirmar tal desacertado diagnóstico.


¿Venezuela tiene problemas económicos? Sí, claro, como todas las economías de este mundo complejo. Venezuela no es la excepción. No obstante, la diferencia reside en que estas dificultades estructurales son propias de una acelerada transformación económica democratizadora. En otras palabras, los cambios políticos en Venezuela han permitido nuevas condiciones sociales inclusivas acompañadas de un aumento sostenido del consumo para las mayorías excluidas. Esta metamorfosis socialista a favor del pueblo exige -si se desea que sea duradera- de modificaciones necesarias en la economía real. Se ha culminado exitosamente una primera etapa que requiere ahora de la siguiente para que haya un tránsito virtuoso hacia más socialismo y para que se llegue a un punto económico y político de no retorno a las décadas perdidas del neoliberalismo.


En esta primera década ganada del chavismo, el capitalismo especulativo se aprovechó en Venezuela, por un lado, de la gran mejora del poder adquisitivo y de una amplia satisfacción de las necesidades básicas (educación, salud, vivienda), gracias a las exitosas políticas públicas, y, por otro lado, de una deficitaria capacidad productiva interna e ineficiencias institucionales en el control y gestión de otras políticas económicas. Este contexto social y económico, unido a la gran derrota electoral de Capriles en octubre de 2012, aceleró una reacción opositora centrada en la guerra económica como única arma para tumbar a cualquier precio el chavismo. A modo de golpe económico en cámara lenta, desde ese momento, el dólar paralelo se ha multiplicado por cinco, la inflación se ha disparado y los índices de desabastecimiento siguen creciendo. Todo esto no se debe solamente a este comportamiento de capitalismo buitre; algo de responsabilidad también hay en las filas chavistas. Sin embargo, decir todo lo contrario también sería un gran despropósito analítico. Toca ser un poco riguroso sobre todo esto.


En cuanto a la conformación de precios, el comportamiento es bien extraño: el año pasado, con un crecimiento del PIB elevadísimo (más del 5%), con alta demanda interna, el índice de precios al consumidor fue de 20,1%. ¿Cómo explicar en lógica económica que la desorbitada subida de precios sea justamente a partir de noviembre del año pasado cuando el crecimiento no es tan alto? Con el dólar ilegal sucede algo similar: pasa de estar a 11 (frente al 4,3 oficial) cuando gana Chávez las elecciones a más de 50 en la actualidad (frente al vigente 6,3). Esta práctica forzosa especulativa es justamente la que permite justificar la subida de precios: la burguesía importadora compra afuera con un buen porcentaje de dólares oficiales (a 6,3), y, en cambio, vende adentro como si todo les hubiese costado a valor de dólar paralelo. Dicho de otro modo, usan la economía real para hacer negocios especulativos en los que siempre ganan los mismos a costa de la pérdida de los de siempre.


Esto, sin embargo, no debe eclipsar los fallos en la política de control y gestión de asignación de divisas para importaciones de bienes necesarios, o la incapacidad productiva para construir una vigorosa oferta interna acorde a la creciente demanda interna. Por todo ello, la propuesta de paz económica del presidente Maduro, a partir de la autocrítica, de nuevo asumiendo errores -hablando hasta de agotamiento de una primera etapa-, se concentra en una propuesta integral a favor de la economía real, que satisfaga: a) en lo coyuntural, afrontar al capitalismo especulativo, y b) en lo estructural, consolidar una base económica y productiva que permita sosteniblemente acompañar materialmente las políticas sociales. Ese es el nuevo orden económico interno propuesto para forjar la transición hacia el socialismo bolivariano, que deje de obsesionarse por medidas nominales (por ejemplo, la fallida devaluación de hace meses), y se centre en acciones estratégicas de índole real, como las mencionada en la propuesta del presidente: 1) regular eficientemente las importaciones mediante un Centro Nacional de Comercio Exterior que eviten prácticas especulativas, 2) una política de control para la conformación de precios justos, 3) creación de un presupuesto nacional en dólares acorde con las exigencias reales de un Estado que exporta petróleo en divisas e importa -según necesidades- en esa misma moneda, 4) un mercado financiero que premie el ahorro interno en bolívares y que logre repatriar capitales del exterior, 5) hacer más virtuoso los canales de distribución del comercio, centrándose en la mejora de los sistemas de transportes en el país, y 6) procurar una política productiva ambiciosa que eleve la oferta venezolana real para satisfacer la demanda actual. De hecho, ese sexto punto, es sin duda el más importante de todos, que permitiría más soberanía, más independencia, y más paz económica.


Todo ello constituye una estrategia integral en base a acciones de economía real que requerirán de una nueva arquitectura institucional pública, con más y mejor gestión, con eficiencia socialista tanto en la distribución de los recursos como en la generación de los mismos. El socialismo boliviariano, en Venezuela, de nuevo, con esta propuesta, se impone a sí mismo su próximo desafío para evitar caer en la trampa económica del capitalismo. Chávez seguramente estaría orgulloso de esta nueva etapa porque, una vez más, el chavismo se revitaliza a partir de repensarse a sí mismo, procurando que siga construyéndose la revolución dentro de esta revolución.

Por Alfredo Serrano (@alfreserramanci) es Doctor en Economía..


 

MADURO ANUNCIO MEDIDAS ECONOMICAS EN CONTRA DE LA ESPECULACION


Venezuela controla precios.

 

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, anunció que creará un sistema de fijación de precios justos y máximos, entre otras medidas económicas. "Vamos a iniciar una gran operación en todo el territorio nacional de lucha contra la especulación y el acaparamiento, una gran operación cívico-militar mediante la cual se inspeccionará hasta el último almacén", señaló el mandatario venezolano. Aseguró, además, que se crearán un fondo especial de compensación y estabilización para la protección de los precios de los bienes y productos de consumo masivo y una corporación nacional de comercio exterior. También anunció la creación del Centro Nacional de Comercio Exterior, que se encargará como institución superior de dirigir la política de administración de divisas del país en el que rige un control de cambio desde 2003.


Con estos mecanismos, el gobierno venezolano apunta a reforzar el control de precios, administrar las importaciones y alentar las exportaciones no petroleras, según explicó Maduro. El gobierno intenta proteger al pueblo y garantizar el abastecimiento alimentario ante el sabotaje del sector privado que, a juicio de Maduro, causa la escasez de bienes básicos y la inflación creciente que vienen afectando al país en los últimos años. "Hay que cambiar todo lo que sea necesario para lograr un nuevo orden económico para la transición al socialismo y es lo que yo vengo a proponerles a ustedes", dijo Maduro durante el extenso discurso que pronunció en el Palacio de Miraflores y que fue transmitido por la cadena oficial de radio y televisión.


Señaló, a su vez, que es necesario romper el estancamiento en el que se ha caído, situación que, a su entender, se debe a "circunstancias históricas" que se produjeron en los últimos tres años. Se espera que el Centro Nacional de Comercio Exterior cree nuevos mecanismos para impulsar la transición al socialismo. También, que el nuevo organismo tenga a cargo a la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi), al Sistema Complementario de Administración de Divisas (Sicad) y supervise el ingreso de dólares, su inversión, su salida y también promueva las exportaciones.


Tanto la Cadivi como el Sicad son los encargados de tramitar la entrega total de los dólares, que son puestos en manos del sector privado, en un momento en que la diferencia entre el precio de la divisa verde al precio oficial que ofrece el Estado es de 6,3 bolívares, un valor que puede ser ocho veces superior en el mercado negro. Eso se suma a una inflación que entre enero y septiembre rondó el 40 por ciento y un agravamiento del de-


sabastecimiento de productos que golpea de manera crónica a Venezuela. Por otra parte, Maduro aseguró que aunque su gobierno hizo frente al desabastecimiento de productos básicos, "al pueblo lo roban en la calle" los especuladores que multiplican hasta por 30 el costo de los artículos

 

Fuente: Página12

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Sábado, 02 Noviembre 2013 08:19

Estado del clima: de mal en peor

Estado del clima: de mal en peor

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), panel científico de referencia en el tema, publicó en septiembre de 2013 la primera parte de su nuevo reporte mundial sobre el estado del clima. Muestra un panorama sumamente preocupante y afirma con mayor contundencia que en su informe anterior de 2007, que el cambio climático es causado por "influencia humana". Claro que en realidad la causa no somos los humanos como especie, sino el modelo industrial capitalista de producción y consumo. Por evitar la confrontación con empresas y gobiernos causantes de la crisis climática –como es su responsabilidad por el conocimiento del que disponen– el IPCC comienza a considerar falsas "soluciones" como geoingeniería, aunque reconocen los grandes riesgos que conlleva. Es todo un síntoma que estas propuestas altamente especulativas hayan sido incluida en el resumen del IPCC, y una muestra muy preocupante de lo que podrían hacer unos pocos, con dinero y tecnología, para manipular y desequilibrar aún más el clima de todos, base de toda la vida en la Tierra.

 

El nuevo informe del IPCC sostiene que desde 1950, los cambios observados en el clima no tienen precedente en "los últimos decenios o hasta milenios". Constatan que "la atmósfera y el océano se han calentado, el volumen de nieve y hielo [en Ártico y glaciares] ha disminuido, el nivel medio global del mar se ha elevado y las concentraciones de gases de efecto invernadero han aumentado".
Cada una de las tres décadas pasadas han sido sucesivamente más calurosas que cualquier década precedente desde 1850. En el hemisferio norte, el periodo 1983 a 2012 ha sido el más cálido en mil 400 años.


En el periodo 1901-2010, el nivel del mar medio global aumentó en 0.19 m. En el escenario futuro más optimista, esta cifra podría "solamente" duplicarse en este siglo.


La concentración en la atmósfera de dióxido de carbono (CO2), metano y óxido nitroso –los tres gases de efecto invernadero más graves– aumentó a niveles sin precedentes en 800 mil años. Según el IPCC "la concentración de CO2 aumentó 40 por ciento desde la era preindustrial, en primer lugar debido a emisiones de combustibles fósiles y en segundo lugar debido a emisiones por cambios netos en el uso de la tierra" (deforestación y agricultura industrial). Las emisiones fueron mayores, pero los océanos absorbieron cerca de 30 por ciento del dióxido de carbono, causando su acidificación, una crisis global tan grave como el cambio climático en sí mismo. La acidificación ya significa un problema serio para los corales y crustáceos que no pueden formar sus caparazones. Y ambos están al inicio de la cadena alimenticia marina.


Esto ha llevado a un aumento de la temperatura media de 0.85 grados en el último siglo. En los escenarios del IPCC, el más optimista indica que a final del siglo la temperatura aumentará en promedio 1.5 grados y los más pesimistas un mínimo de 4.8 grados o más, lo cual sería catastrófico por las afectaciones gravísimas en cultivos, aumento de nivel del mar, fenómenos climáticos extremos, desaparición de glaciares y fuentes de agua, etcétera. Pero aún el escenario de 1.5-2 grados, significa que habrá mucho más y peores impactos como lo que ya sufrimos, inundaciones, huracanes, sequías, etcétera.


Este informe corresponde al Grupo I del IPCC, que evalúa la ciencia sobre el clima y el cambio climático. El grupo II evalúa la vulnerabilidad y las posibilidades de adaptación y el Grupo III las posibilidades de limitar las emisiones de gases y mitigar el cambio climático. Por ello es aún más sorprendente que el del Grupo I haya incluido en su resumen dirigido a responsables de políticas, a la geoingeniería, o sea la manipulación tecnológica, deliberada y a mega escala del clima con el supuesto objetivo de contrarrestar los efectos del cambio climático.
Pese a incluir esta propuesta extrema y especulativa, el informe no discute energías alternativas, transporte público o producción agrícola ecológica ni ninguna otra medida, ya que su mandato es evaluar datos científicos recientes para actualizar el diagnóstico del cambio climático, no analizar formas para enfrentarlo, que es tarea de los Grupos II y III que presentarán sus informes en 2014.


Aunque pasa de contrabando la geoingeniería, el IPCC reconoce que ésta tiene altos impactos y "conlleva efectos laterales y consecuencias de largo plazo a escala global". Sin embargo, sugiere que las técnicas de manejo de la radiación solar (geoingeniería para crear inmensas nubes volcánicas artificiales para tapar la luz del sol) "si son factibles, tienen el potencial para revertir el aumento global de la temperatura" –una absurda simplificación que esconde la naturaleza especulativa y la complejidad práctica de estas propuestas–, que podrían tener inmensos impactos, alterando los patrones de lluvia y viento de toda Asia y África, lo cual pondría en riesgo las fuentes de agua y alimentación de 2 mil millones de personas.


Es notable que el IPCC, por evitar confrontar los intereses de trasnacionales y gobiernos poderosos, no asuma su responsabilidad de señalar sin tapujos las causas y los responsables del caos climático, dejando claro que éstas son las que tienen que cambiar radicalmente para avanzar realmente en la reducción de emisiones. En su lugar, especulan (nada científicamente) sobre el uso de geoingeniería, que dejaría intactas las causas, calentando cada vez más el planeta, mientras enfriarlo será un negocio de esas mismas empresas y gobiernos.
*Investigadora del Grupo ETC

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La economía china se acelera y crece un 7,8% en el tercer trimestre

La economía china da señales de renovada vitalidad. El producto interior bruto (PIB) ha aumentado un 7,8% en el periodo de julio a septiembre respecto al año anterior, lo que supone el mayor alza en todo el año tras los aumentos del 7,5% en el segundo trimestre y el 7,7% en el primero, según ha informado este viernes la Oficina Nacional de Estadísticas. La actividad se ha visto beneficiada por una mayor firmeza de las demandas exterior e interior, que han mejorado la producción industrial y las ventas minoristas.

 

"La economía nacional en su conjunto ha logrado un crecimiento constante y ha gozado de un buen impulso", ha afirmado el departamento estadístico en un comunicado. "Los principales indicadores se han mantenido en un rango razonable, que favorece la promoción de la reestructuración económica y empuja hacia las reformas".


Sheng Laiyuan, portavoz del organismo, ha asegurado que las autoridades dejarán al mercado jugar un papel mayor para resaltar el vigor intrínseco de la economía. El crecimiento del PIB en el conjunto de los nueves meses ha sido del 7,7%, hasta 38,68 billones de yuanes (4,64 billones de euros).


La cifra de crecimiento del PIB en el tercer trimestre es la mayor desde el 7,9% del último periodo de 2012 y presagia que China cumplirá su objetivo del 7,5% para el conjunto de 2013. El Gobierno suele fijar metas conservadoras, que supera año tras año. Este aumento es mucho mayor que el de las otras grandes economías del mundo, pero se tratará del peor comportamiento del país asiático en los últimos 23 años.
Otros datos hechos públicos hoy muestran que la producción industrial subió un 10,2% en septiembre -9,6% en los nueve meses-, mientras que las ventas minoristas –un indicador clave del consumo- lo hicieron un 13,3%. La inversión en activos fijos, que refleja el gasto gubernamental en infraestructuras, ha ascendido un 20,2% en los nueve meses, y la inversión inmobiliaria, un 19,7% en el mismo periodo.
A pesar de la aceleración en el tercer trimestre, las señales de recuperación no son sólidas. Han aparecido indicios de declive, como muestra la sorprendente caída de un 0,3% de las exportaciones en septiembre, cuando se esperaba un alza del 6%, y la demanda global continúa siendo frágil.


Algunos economistas aseguran que el salto que ha experimentado el PIB en el último trimestre se debe principalmente a los estímulos oficiales desde finales de junio, que han incluido mayor inversión en la red ferroviaria y otras obras públicas, reducciones de impuestos y una política monetaria más flexible. Las medidas fueron tomadas después de que la economía se ralentizara en los dos primeros trimestres del año tras haber cerrado 2012 con un alza del 7,7%, el peor valor desde 1999.


Los últimos datos económicos llegan en medio de los esfuerzos del Gobierno para reformar el modelo de desarrollo con objeto de hacerlo menos dependiente de las exportaciones y la inversión y ligarlo más al consumo y la demanda internos, aunque la economía crezca a menor ritmo.


Los analistas aseguran que Pekín dispone de escaso margen para flexibilizar más la política monetaria, debido a factores como la inflación y un exceso de liquidez en el mercado. Al mismo tiempo, consideran que el fuerte endeudamiento de los gobiernos locales y la ralentización del crecimiento de los ingresos fiscales ponen coto a nuevos incentivos fiscales.


Los líderes chinos han mostrado en las últimas semanas su confianza en el futuro económico de China. El presidente, Xi Jinping, ha afirmado este mes en la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, en sus siglas en inglés) celebrada en Indonesia, que la ralentización es un resultado planeado, consecuencia de las propias iniciativas del Gobierno. "El ímpetu viene de la reforma, la regulación y la innovación", ha dicho. Por su parte, el primer ministro, Li Keqiang, ha señalado: "Confiamos en cumplir los objetivos de desarrollo económico y social fijados para 2013".

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Lunes, 30 Septiembre 2013 07:11

Desarrollo humano

Desarrollo humano

El debate económico sobre indicadores estadísticos de precios, los números del Presupuesto o la magnitud del crecimiento económico han ingresado en el terreno gaseoso de la categoría "mentira" o "verdad". Transitar por esa línea orienta a un análisis con cierta tendencia a lo rústico. En ese fango, el emisor de la sentencia recibirá aprobación de acuerdo a la idea preconcebida o a la preferencia política de apoyo o rechazo al gobierno nacional del interlocutor ocasional. Esta dinámica de la evaluación de variables económicas pasó a formar parte de la disputa política electoral y de la construcción del sentido común para la interpretación sobre lo acontecido durante el kirchnerismo.

 

Este desvío se originó en la deficiente intervención oficial para instrumentar una necesaria reforma en la organización del Instituto Nacional de Estadística y Censos, como también una imprescindible actualización de índices claves, entre los que sobresalen precios al consumidor, línea de pobreza o distribución funcional del ingreso. La notable carencia informativa del Indec en la tarea de divulgación sobre los cambios realizados en un territorio hostil ha derivado en que especialistas en estrujar datos para presentar escenarios de zozobra, con el objetivo de domesticar a la población para que acepte el ajuste con pérdidas de derechos laborales y sociales, alcancen legitimidad en la exposición de sus propios números, también conocidos como "dibujos" en la jerga que utilizan para hablar de estadísticas oficiales.

 

Así, el FMI, cuyas proyecciones macroeconómicas, estudios técnicos sobre impacto de medidas de ajuste fiscal y los resultados por recetas impuestas a países vulnerables fueron y son un fiasco, se ha convertido en juez sobre la calidad de las estadísticas oficiales. Lo mismo que las calificadores de riesgo internacional (Standard & Poor's, Moo-dy's y Fitch) con varios antecedentes recientes de fraude con sus notas a países y compañías. Ese lugar de privilegio también pasó a ser ocupado por los hombres de negocios dedicados a la comercialización de información económica. Paladines indiscutidos en el libre juego de la búsqueda de profecías autocumplidas y en la elaboración de pronósticos fallidos. Ellos encontraron refugio al desprestigio provocado por sus desaciertos en la muletilla "el dibujo del Indec". Las cifras que difunden cada mes sobre el recorrido de los precios, sin precisar metodología ni alcance de la muestra ni lugares de captura de datos, han logrado aceptación social con el indisimulado apoyo de grandes medios y grupos de oposición pese a la fragilidad técnica de esos indicadores.

 

Conociendo antecedentes lejanos y recientes de esos protagonistas, se requiere de una férrea voluntad militante para dar crédito a las cifras que ofrecen. Es legítima las dudas sobre el Indec, pero avalar la de esas usinas es un acto de fe mística.

 

En ese escenario resbaladizo de las estadísticas se está desarrollando una disputa política acerca de los resultados económicos y sociales del ciclo kirchnerista, con el objetivo de proyectarse sobre la lectura histórica de este período político. La línea argumental por derecha e izquierda es explícita: no bajó la pobreza ni la indigencia, no hubo tanto crecimiento económico, las jubilaciones no avanzaron, las condiciones sociales y laborales no mejoraron, no ha habido industrialización y tampoco desendeudamiento. El destino de esta interpretación se dirimirá, por un lado, en el espacio político, y por otro, en el devenir histórico. Mientras, para aquellos que tienen la ambición de comprender más que de pontificar, existe abundante información local e internacional, diversas investigaciones cuantitativas y cualitativas privadas y públicas, nacionales y del exterior, para abordar esas cuestiones eludiendo ordinarias evaluaciones.

 

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha publicado la investigación "Argentina en un mundo incierto: asegurar el desarrollo humano en el siglo XXI" como parte del informe nacional sobre desarrollo humano 2013 de la ONU. Martín Santiago Herrera, representante residente del PNUD, explica en el prólogo que ese documento "es el resultado de un proceso de reflexión, discusión e investigación" y "brinda un panorama de la evolución del desarrollo humano en Argentina, de las tendencias globales que condicionarán su futuro, y de las opciones estratégicas para aprovechar sus oportunidades y mitigar sus riesgos e incertidumbre".

 

El informe destaca que, entre 2003 y 2011, "se produjo una suave convergencia hacia niveles más altos de desarrollo humano y una disminución de su desigualdad, motorizada principalmente por mejoras en el nivel y la distribución del ingreso". Esta conclusión no inhibió para advertir que "estos logros invitan a redoblar esfuerzos para que el país alcance un desarrollo humano congruente con su potencial de recursos, y un grado de igualdad acorde con su historia social, objetivos aún distantes".

 

El análisis económico convencional considera que el crecimiento del ingreso per cápita es el objetivo principal de los gobiernos y que es una medición del desarrollo de los países. El PNUD, basado en el enfoque propuesto por el premio Nobel de Economía Amartya Sen, adoptó la idea que el bienestar de las personas es más que su nivel de ingresos, incluyendo como parte del desarrollo humano otros aspectos: tener una buena nutrición (alimentos) y servicios médicos (salud) que permitan gozar de una vida larga y saludable; una mejor educación que posibilite más conocimientos; buenas condiciones de trabajo y tiempo de descanso gratificante; protección contra la violencia; y un sentimiento de participación en la comunidad de pertenencia. "Todas esas dimensiones hacen al desarrollo humano", explica el documento, para presentar un indicador que trata de reflejarlo: el Indice de Desarrollo Humano (IDH). Este considera tres dimensiones básicas: salud, educación e ingresos.

 

"La trayectoria del desarrollo humano en Argentina fue ascendente en las últimas tres décadas a pesar de los avatares económicos, sociales y políticos que experimentó el país", destaca el informe, para precisar que el desempeño se mantuvo siempre por encima del promedio mundial y el de América latina y el Caribe, y por debajo del promedio de la OCDE. La brecha con los países más desarrollados fue disminuyendo, "especialmente luego de 2003".

 

El anexo estadístico detalla la evolución del IDH y de sus tres componentes (la escala 1 es el máximo desarrollo humano, y 0 el peor):

 

1996: 0,785
2001: 0,798
2011: 0,848

 

El documento del PNUD avanza sobre el concepto del IDH puesto que considera que ese análisis "nada dice sobre la igualdad en la distribución del ingreso". Entonces, para tener una aproximación cuantitativa del impacto de la desigualdad en el desarrollo humano, elaboraron el Indice de Desarrollo Humano ajustado por Desigualdad (IDHD). Este permite calcular la pérdida en desarrollo humano debida a la distribución desigual entre las tres dimensiones (salud, educación e ingreso) y dentro de cada una de ellas. En ese análisis que profundiza la dimensión de las transformaciones económicas y sociales en estos años se observa una mejora sustancial en la primera década del nuevo siglo: el retroceso en el desarrollo humano debido a la desigualdad de ingresos era de 4,9 por ciento en 2001, baja a 4,3 por ciento en 2006 y al 3,4 por ciento en 2011. Esto significa que las mejoras en el reparto de la riqueza en este período han logrado avances en el bienestar de la población en salud, educación e ingresos (en el desarrollo humano).

 

"Argentina se caracterizó durante gran parte del siglo XX por ser la sociedad más igualitaria de América latina, con sistemas de salud y educación y niveles de ingresos y seguridad social que facilitaban la movilidad social ascendente", recuerda el informe del PNUD. Señala que eso comenzó a revertirse en el último cuarto del siglo XX, "especialmente como efecto de una sucesión de experimentos macroeconómicos de consecuencias catastróficas". Para concluir que aún se está lejos de recuperar aquellos niveles de igualdad y aquella movilidad social, pero "esto podría cambiar si la tendencia de la última década se mantiene y profundiza".

 

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Viernes, 13 Septiembre 2013 06:04

Crecer desde el Sur

Crecer desde el Sur

Un informe de Naciones Unidas estima el crecimiento de la economía mundial en 2,1 por ciento este año, mientras que los emergentes lo harían 4,5 puntos. Las razones.

 


La economía mundial crecerá 2,1 por ciento en 2013. Los países emergentes avanzarán 4,5 por ciento, mientras que los desarrollados lo harán un 1 por ciento. Así lo estimó ayer un informe de la División de Comercio y De-sarrollo de Naciones Unidas (Unctad). El estudio destacó algunos cambios relevantes en el escenario internacional durante los últimos años. Entre 2000-2012, los países emergentes pasaron de representar 22 por ciento del Producto global a 36 por ciento. En el mismo período, la participación de emergentes en las exportaciones mundiales subió del 32 al 45 por ciento. Las economías en desarrollo explicarán este año dos terceras partes de la expansión de la actividad global.

 

“El crecimiento permanecerá relativamente estable en América latina y el Caribe, en torno del tres por ciento, con la desaceleración de algunos países como México que probablemente se vea compensada por un crecimiento más rápido de la Argentina y Brasil”, puntualizó el documento. La principal causa de esta expansión es el consumo público y privado, lo que será clave para la estrategia de de-sarrollo de los países emergentes durante los próximos años. La recomendación de la entidad es dejar atrás el crecimiento impulsado por exportaciones, para concentrarse en fomentar la demanda del mercado interno. Esto se debe a que el panorama del comercio mundial no es favorable hacia adelante. Hasta el momento, las exportaciones e importaciones de economías avanzadas no recuperaron el nivel previo a la crisis financiera internacional de 2008.

 

En cuanto al intercambio de emergentes, hubo un mejor desempeño que se manifestó en una doble dirección. Por un lado, las exportaciones Sur-Sur avanzaron hasta representar cerca del 30 por ciento de los despachos mundiales, cuando a principios de la década pasada eran alrededor del diez. A su vez, el volumen de bienes vendidos por estos países pasó de ser la mitad del comercializado por las potencias maduras hasta un nivel casi idéntico. Sin embargo, la Unctad marcó que faltaron cambios estructurales: las exportaciones continuaron siendo mayormente de productos primarios.

 

“La participación de las economías en desarrollo en el PBI mundial y el comercio Sur-Sur han aumentado, pero para constituirse en su propio motor de crecimiento se requiere una reorientación de sus políticas”, apuntó el documento. El punto es que estos países que dependen en exceso de sus exportaciones deberán estimular el consumo interno para avanzar con el proceso de desarrollo. Algunas simulaciones del organismo precisaron que al aplicar este cambio de estrategia, las economías emergentes pasarán de crecer desde cuatro hasta seis por ciento en los próximos años. Elementos clave para potenciar este cambio en el esquema de crecimiento serían los siguientes.

 

- Atacar la desigualdad en los ingresos. “Los salarios no deben ser considerados como costos, sino como ingresos que permiten incrementar el consumo de los habitantes”, afirmó Gustavo Lugones, experto en economía internacional designado para presentar el documento en Buenos Aires.

 

- Coordinar acciones de estímulo con otros países, ampliando la escala de los mercados a través de la integración regional.

 

- Impulsar la participación del sector público, consiguiendo un equilibrio entre consumo de hogares, inversión privada y gasto del Estado.

 

Existe además otra serie de recomendaciones vinculadas con el papel del sistema financiero.

 

- Reorientar el crédito a inversiones productivas. El financiamiento debe ser a largo plazo para favorecer la innovación.

 

- Apostar a mayor regulación para evitar burbujas financieras.

 

- Fortalecer el rol de los Bancos centrales, obligando a la banca privada a prestar recursos para la producción.

 

- Utilizar fuentes de financiamiento internas y no externas. A través de esta medida, las economías emergentes evitarían la volatilidad de los mercados internacionales.

 

Informe: Federico Kucher.

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Sábado, 27 Julio 2013 06:58

La década ’00

La década ’00

La década ’00 fue la mejor de las últimas tres para América latina y el Caribe. La del ’80 fue considerada pérdida, la del ’90 estuvo dominada por la inestabilidad financiera y la primera del nuevo siglo ha sido apreciada como ganada en términos de disminución de la pobreza e indigencia y en mejoras en la distribución del ingreso. Así se desprende del más reciente documento de la Cepal presentado el miércoles pasado en Santiago de Chile, sede del organismo dependiente de las Naciones Unidas. Los meses previos a elecciones no es el período para esperar análisis desapasionados sobre tendencias estructurales de la economía debido a la exacerbación del discurso político. El caso argentino es particular debido a que la disputa mediática-política ha configurado un escenario de tensión permanente, lo que ha derivado en la agudización de esa característica de procesos electorales. Este rasgo del debate desordena la evaluación de ciclos económicos y su comprensión para precisar la dimensión de los avances como también de la agenda pendiente. Ante la prédica abrumadora y constante acerca de que poco y nada se ha mejorado en términos sociales, e incluso de equiparar la actual situación a la vigente en décadas anteriores, el informe de la Cepal es un aporte para contrarrestar la soberbia de los promotores de la ignorancia, nostálgicos de los noventa que pretenden el olvido de su pasado. El documento se ocupa de América latina y el Caribe en su conjunto, pero en ese análisis se filtra que el recorrido de Argentina en cuestiones sociales, reparto de la riqueza y tasa de crecimiento económico ha sido uno de los más destacados en la región durante la última década.

 

La edición número 65 del Estudio Económico de América Latina y el Caribe del bienio 2012-2013 tiene como subtítulo “Tres décadas de crecimiento desigual e inestable”. En la primera parte se ocupa de las perspectivas de crecimiento de la región estimando que crecerá 3 por ciento este año, tasa similar a la registrada en el anterior. La Cepal señala que el retroceso en el crecimiento con respecto a la última proyección (3,5 por ciento en abril pasado) se debe a la baja expansión de Brasil y de México, y a que varios países que venían creciendo a tasas elevadas, como Chile, Panamá y Perú, muestran una desaceleración de su actividad económica en los últimos meses. El documento anual preparado por la División de Desarrollo Económico de la Cepal dirigido por Juan Alberto Fuentes tiene una segunda parte que aborda las políticas macroeconómicas vinculadas con el crecimiento entre 1980 y 2012. Concluye que la iniciada a partir de 2000 es ganada porque “en el entorno externo de la región se produjeron cambios muy pronunciados que se tradujeron en períodos sostenidos de crecimiento”. El informe destaca que el crecimiento del PIB de la Argentina a una tasa del 8,5 por ciento ha sido el más alto de la región entre 2003 y 2008.

 

En la cuestión social, la Cepal señala que “la desigualdad de ingresos dentro de los países –medida a través del coeficiente de Gini–, así como la pobreza, aumentaron y luego comenzaron a reducirse en la mayor parte de ellos en la última década”. El informe dice que las décadas de 1980 y 1990 fueron adversas en términos distributivos, pues la concentración del ingreso aumentó en doce países, incluidas las tres mayores economías (Brasil, Argentina y México). Lo define como un período de crisis, crecimiento inestable e inflación y desempleo elevados. A partir de 1998, y con mayor fuerza en la década que siguió, la concentración del ingreso comenzó a ceder, de tal modo que entre 2000 y 2011 el coeficiente de Gini se redujo en trece países. Menciona que dos de los países preferidos por la ortodoxia, Colombia y Chile, que también fueron beneficiados por ganancias de sus términos de intercambio, crecieron a tasas significativas y tuvieron tasas de inflación inferiores a un dígito, pero “no exhibieron tendencias claras a una menor concentración del ingreso en esos años”.

 

La Cepal menciona que la dinámica de la distribución del ingreso y la reducción de la pobreza en el período que va de 2003 a 2011 estuvo marcada por avances en el mercado de trabajo, transferencias hacia los hogares y cambios institucionales. Contribuyeron a la mejora de la distribución del ingreso el aumento del empleo de calidad y el incremento de las remuneraciones medias, que beneficiaron proporcionalmente más a los miembros de hogares de menores ingresos. También la sustancial recuperación del mercado laboral asociado al importante crecimiento económico, y además las políticas de transferencias a los hogares de menores ingresos, de salario mínimo y de fomento de la formalización laboral.

 

Pese a estos avances, la región continúa siendo altamente desigual en términos de la distribución del ingreso: el 10 por ciento más rico de la población concentra el 32 por ciento de los ingresos totales, mientras que el 40 por ciento más pobre sólo percibe el 15 por ciento.

 

Las mejoras distributivas contribuyeron a uno de los logros recientes más relevantes de América latina y el Caribe: la reducción de la incidencia de la pobreza, que fue generalizada entre los países, aunque de magnitud desigual, apunta la Cepal. “La década de 1980 fue la década perdida en la región no solamente en términos económicos, sino también en cuanto a la evolución de la pobreza”, recuerda el informe. Al final de la década, la tasa de pobreza en América latina había pasado del 40,5 al 48,4 por ciento, casi uno de cada dos latinoamericanos era pobre, al mismo tiempo que el porcentaje de indigentes se había incrementado del 18,6 al 22,6 por ciento. En términos absolutos, esto significó que en 1990 la cantidad de pobres alcanzara los 200 millones y de indigentes, los 93 millones. “En un contexto de deterioro del bienestar, la política de restricciones fiscales para enfrentar la crisis de la deuda agravó la situación social”, explica.

 

Para panegiristas de la década del noventa, la Cepal observa que el período comprendido entre 1990 y 2002 se caracterizó por una disminución parcial de la incidencia de la pobreza como resultado de un crecimiento económico levemente más alto que en la década anterior, pero inestable y afectado por fuertes crisis en los países de la región de mayor tamaño relativo. En cambio, en la década siguiente, marcado por el auge del ingreso nacional disponible en un contexto externo favorable en los términos del intercambio, la mayoría de los países de la región experimentaron una reducción de los niveles de pobreza e indigencia. “La expansión económica se tradujo en un significativo aumento de los niveles de empleo, lo que, junto con un moderado crecimiento de los ingresos laborales reales, redundó en un incremento de los ingresos medios de los hogares. Esto a su vez contribuyó a la reducción de la pobreza y la indigencia, en conjunto con políticas de transferencias a los hogares más pobres”, destaca la Cepal.

 

Esas políticas se reflejaron en una caída de la tasa de pobreza de América latina de casi un 25 por ciento y de la tasa de indigencia de un 33 por ciento. En ambos casos, las tasas de 2008 fueron inferiores a las registradas en 1980. La reducción de la pobreza y la indigencia en ese período se concentró principalmente en las áreas urbanas, revirtiendo el proceso de aumento en estas zonas que se había producido en períodos anteriores. La Cepal no ignora que la crisis financiera mundial de 2008 y 2009 afectó el crecimiento económico, pero pondera que gracias a varios factores, entre los que menciona el aumento de los salarios reales, las políticas contracíclicas aplicadas en muchos países y la rápida recuperación del crecimiento, la pobreza no aumentó en la región y en los años posteriores su trayectoria decreciente se mantuvo, “de tal modo que su incidencia alcanzó un nivel estimado del 28,8 por ciento en 2012”. Es el valor más bajo de toda la serie desde 1980. En línea con esa tendencia en lo que va de la década ’10 del nuevo siglo, el desafío es su continuidad y profundización. La Cepal destaca a la Argentina junto a Ecuador, Venezuela, Honduras, Nicaragua, Colombia y México como los países que alcanzaron las mayores reducciones de las tasas de pobreza e indigencia.

 

En materia de reparto de la riqueza y de la cuestión social puede decirse que falta mucho o que se pudo haber hecho mucho más, pero que la situación es igual o peor que en las décadas del ’80 y ’90 y, por lo tanto, definir a la última como “desperdiciada” o “malograda” es un reflejo de desprecio a quienes pudieron dejar atrás la pobreza y la indigencia.

 


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Sueños de opio en el faraónico proyecto del Gran Canal interoceánico de Nicaragua

Carlos Fernando Chamorro preparaba su programa de televisión Esta Semana en Managua, y antes de grabar el segmento con la entrevista sobre mi nuevo libro de narraciones Flores Oscuras, le tocaba comparecer al doctor Jaime Incer Barquero, el más reputado de los científicos nicaragüenses y lúcido defensor de nuestro patrimonio ecológico cada vez más disminuido y abusado. Desde el estudio mismo donde aguardaba me dispuse a escucharlo lleno de expectativa, pues iba a hablar sobre el proyecto de construcción del Gran Canal interoceánico que hoy acapara, una vez más, la atención del país.

 

Un tema recurrente de nuestra historia, que yo diría vicioso, una especie de sueño maléfico que nos aparta de todo lo demás para arrastrarnos hacia esa eterna panacea entre brumas de opio. Pobreza, ignorancia, marginalidad, injusticia económica, todo queda cubierto una y otra vez por este velo mágico. El estrecho dudoso, que viene desde los tiempos de la conquista, cuando se buscaba el paso entre los océanos para llegar a las tierras del Gran Kan, y que ha desmedrado nuestra soberanía a la hora de firmar tratados como el Chamorro-Bryan con Estados Unidos en 1914, el epítome nacional de la aversión antimperialista.

 

El presidente Daniel Ortega ha enviado a la Asamblea Nacional una ley que otorga una concesión por 100 años para la construcción del Gran Canal a una incierta compañía china, HK Nicaragua Canal Development Investment Co, presidida por un misterioso personaje, Wang Jing. El consorcio de papel se halla establecido en algún lugar de la vasta Hong Kong, pero está inscrito en Gran Caimán, y se ha comprometido a invertir 40 mil millones de dólares en la obra, que además del canal acuático incluye líneas ferroviarias de costa a costa, puertos en ambos océanos, aeropuertos, carreteras de alta velocidad, etcétera. Otra Nicaragua de ciencia ficción, la de los sueños de opio.

 

Un proyecto sin el aval ni la participación del gobierno de China. Durante su reciente visita a Costa Rica, el presidente Xi Jinping declaró que su país privilegia los proyectos de cooperación con aquellos países con los que tiene relaciones diplomáticas, que no es el caso de Nicaragua, pues Ortega las mantiene con Taiwán. Y un canal interoceánico es necesariamente, además, un proyecto geopolítico, en el que ni siquiera los países del Alba encabezados por Venezuela parecen mostrar interés, ya no se diga Estados Unidos.

 

La dichosa compañía china, dueña absoluta del Gran Canal según esta extraña ley, que sin duda será aprobada por la Asamblea que Ortega controla ampliamente, irá cediendo anualmente al estado de Nicaragua el 1% de las acciones, de modo que dentro de medio siglo llegaría a compartir el canal por partes iguales.

 

Una gigantesca obra que, según se anuncia, se iniciará el año que entra; los voceros oficiales han informado que el PIB del país alcanzará dentro de dos años el 15 por ciento de crecimiento y la tasa de desempleo quedará reducida prácticamente a cero. De este sombrero de mago, por lo que se ve, saldrán infinidad de gordos y alegres conejos.

 

Pero oigamos al doctor Incer, asesor presidencial para asuntos ecológicos y protección del ambiente, aunque no ha sido consultado, ni la Asamblea Nacional lo ha llamado para que opine. Lo hace a través de este programa de televisión, uno de los últimos independientes que quedan en Nicaragua, y lo primero que dice, con sobrada extrañeza, es que toda la batería de estudios necesarios, ecológicos, batimétricos, sísmicos, oceánicos, y de las distintas especialidades de la ingeniería, no habiendo siquiera empezado, tomarían no pocos años en llevarse adelante, y para ello se necesita del concurso de firmas especializadas de diversas partes del mundo.

 


Dice también que todas las rutas propuestas para el Gran Canal que conectará al mar Caribe con el océano Pacífico, y por el que circularían los grandes buques post Panamax, pasan a través del Gran Lago de Nicaragua, cuya superficie se acerca a los 10 mil metros cuadrados. Pero contra lo que los profanos pensamos, el lago es sumamente superficial, y su escasa profundidad no es apta para esos megabarcos que cargan hasta 15 mil contenedores y tienen un calado mínimo de 20 metros. Esto significaría que dentro del lago mismo debe abrirse un canal de al menos 45 metros de hondo, en un trayecto de al menos 90 kilómetros. Un canal del canal.

 

La remoción de sedimentos de semejante dragado enturbiaría las aguas del Gran Lago de tal manera que dejarían de ser potables y la vida de toda su fauna llegaría a su fin. Una catástrofe, según el científico. Y aún otra, sólo para apuntar dos: el paso del canal por los ríos de la cuenca del Caribe necesitaría de la protección de los caudales, lo que sólo puede conseguirse con la reforestación de miles de kilómetros hoy dedicados a los pastos para ganadería, uno de los más importantes rubros de la economía de exportación del país. Árboles en lugar de ganado, si no no habría canal, lo que en términos de la pequeña economía de Nicaragua significaría un violento vuelco, y la ruina de miles de ganaderos.

 

Y otro vuelco demográfico, pues en un país donde la pobreza certificada alcanza la mitad de la población, esas obras faraónicas serían un potente imán de atracción desordenada: el país entero se trasladaría a vivir a las cercanías del Gran Canal. Pero la mano de obra ociosa, de ninguna manera especializada, sería inútil para las complejas tareas de construcción.

 

Cuando la entrevista termina y el doctor Incer baja del set, me acerco a darle las gracias. En apenas 15 minutos de respuestas certeras y ponderadas ha demostrado que semejante proyecto, tan desproporcionado y estrafalario, no es sino el mismo ardid de siempre para encender falsas esperanzas.

 

Puedo entonces seguir viendo al recurrente canal por Nicaragua como novelista, fascinado por los grandes mitos nacionales, éste el primero de todos, destinados, dichosamente, a no cumplirse nunca. Nuestra vieja linterna mágica descompuesta, que proyecta siempre las mismas viejas imágenes.

 

Masatepe, junio 2013.

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