Monólogo del Cauca en Dolor sostenido mayor

Un río adolorido, habitado en sus riveras y cuencas por miles de campesinos/as que como él son víctimas del negocio y afán de lucro de la empresa privada, mal llamada Empresas Públicas de Medellín.

Aquí su lamento, con una esperanza que no debemos perder. La lucha por los derechos humanos y de la naturaleza siempre es gratificante.

 


 

Ante la catástrofe ocasionada por los constructores de Hidroituango, y que puede ser mayor si pronto no se echa atrás la afrenta a la naturaleza, no solo se ha desnudado la improcedencia del modelo hidroeléctrico, sino la maraña de corrupción y errores que encierra el proyecto. Le Monde diplomatique ha escuchado lo que el río tiene qué decir.

El agua que se queda atrás del río descansa…
¡Pero nunca será mar!
Dulce María Loynaz
(La Habana, 1902-1997)

 

Bajo el cielo no hay nada tan blando y maleable como el agua;
 Pero no hay nada como el agua para erosionar lo duro y rígido.
Lao Tse, Tao Te King, 78

Turn down the wall, turn down the Wall!
(¡Derrumben el muro,
derrumben el muro!)
Pink Floyd, The Wall

 

Silencio. Ahora hablo. Hablo cuanto he callado. Lo que he callado días y días, meses y meses, años y años. Ahora usted escuchará lo que quiero decir. Yo soy el Cauca, el Cauca milenario que está aquí desde antes de que ustedes llegarán con sus máquinas, utensilios y herramientas; desde antes, incluso que llegaran, hace miles de años, los pobladores originarios, los Nutabes, los Tahamíes, los Yamesíes. Yo soy el Cauca, uno más entre miles y miles de cuerpos fluviales que surcan la faz de la tierra, y a la vez, la segunda arteria fluvial de este país. Yo soy el río, el río que da vida, que da alimento, que da riego, que da oro, que da riqueza y esperanza. Usted me conoce. Desde que nació me ha visto. Me ha cruzado cientos de veces, de una orilla a otra. Conoce el color de mis aguas terrosas, ha sentido el caudal que amenaza con llevárselo si no está atento, usted se ha bañado, quizá, en él, aunque nadie se baña dos veces en el mismo río porque el ser humano comparte el destino del agua que fluye.


Soy el Cauca, un Cauca maltrecho, contaminado, herido, pero afortunadamente no de muerte. Aniquilarme no es fácil. Soy sobreviviente de otras afrentas de las que he salido airoso. Hoy usted y yo nos damos cita aquí, en Ituango, a medio camino del recorrido entre la laguna del Buey en el Macizo Colombiano, lugar de mi nacimiento, y el municipio de Pinillos, cerca de donde entrego mis aguas a mi hermano mayor. Estamos hoy aquí en este cañón, entre mis hermanas, las dos cordilleras donde me acogen y me estrechan entre sus faldas en fraternal abrazo.


Aún no salgo del asombro, de la indignación. Aquí me quieren detener esos individuos, los que usted ve allá, esos de cascos blancos, amarillos y azules; agitados, nerviosos, sudorosos que van de un lugar a otro, con sus camiones y palas, erigiendo un muro que quieren con él raspar las nubes. Buscan ponerme preso, por eso han erigido este muro de la infamia que llaman la presa, para que yo no escape, para que me quede, a la fuerza y en contra de mi voluntad, represado, anegando tierras fértiles, ahogando especies naturales, autóctonas, extinguiendo para siempre la vida verde tan necesaria para este equilibrio que hemos logrado construir durante millones de años. Un muro de concreto, indestructible, dicen –¡ja!–, capaz de detenerme, de aislarme, de regularme. Escuche usted semejante osadía. Dizque regularme, encausarme por unos túneles infames, revestidos del frío concreto, para que yo filtre por esas cavidades, a su antojo, mis aguas, mi caudal, en la medida y en la porción que ellos quieran, cuando ellos digan y de la manera que ellos desean.


Sostienen que necesitan poner a su servicio mi fuerza, mi ímpetu, mi furor para producir lo que llaman electricidad. No sé si reír o llorar. Con su arrogancia infinita, con sus saberes y ciencias de ingeniería me quieren torcer el brazo, a la brava. Ya lo hicieron una vez, allá arriba, por los lados de Suárez, Cauca; allá también me han represado, en lo que llaman La Salvajina; una salvajada, en realidad, lo que hicieron conmigo; pero arriba soy sumiso y joven e ingenuo, aun no he alcanzado el valle que lleva mi nombre, donde me vuelvo portentoso e indetenible; a ese valle riego y doy vida y color y calor. Acá es diferente, ya soy adulto, un adulto que ha recogido experiencias y vivencias de cientos de afluentes, de lluvias, mi caudal ha crecido gracias a mi inmensa capacidad de encausar toda el agua de esta cuenca. Aquí vengo fuerte, impetuoso, hondo, embravecido; encañonado, ya dije, por la calurosa acogida que me brindan dos cordilleras. Y cuando más energía traigo, cuando más caudal porto, zas, la zancadilla artera, el muro, la presa; me estrello de narices de manera violenta. ¡Ay! Qué inesperado encontronazo, yo que a estas alturas quiero alcanzar las tierras bajas, que ansío las llanuras de la sabana cordobesa, para ir a mi encuentro final con mi gran hermano, aquel que va paralelo a mi entre las otras dos cordilleras.


Un día amanezco con la tristeza alborotada. Otro, con la ira encendida. Otro, con la desesperanza y otro, con el coraje y la determinación que caracteriza a mis amigos, los Nutabes, que han poblado este cañón desde tiempos sin memoria. Todos estos parajes que usted ve en torno nuestro, en este punto, son, eran, de los Nutabes. Hoy los tienen confinados en el resguardo indígena Nutabe de Orobajo. ¡Y ese resguardo está siendo inundado por la represa! ¿Había visto usted semejante despropósito? Ellos, los usuarios ancestrales (a mí no me gusta la palabra ‘dueño’ porque de la naturaleza nadie se puede sentir dueño) de estas fértiles laderas, ahora serán unas víctimas más de este despropósito descomunal.


Pero a los Nutabes los han diezmando, es la forma de doblegarlos. Lo de siempre, carajo. A su cacique Virgilio Sucerquia lo asesinaron fuerzas oscuras en el año que ustedes contabilizan como 1998. Estas tierras, desde siempre, eran aprovechadas para asentarse y cultivarlas los Nutabes, los Tahamíes, los Yamesíes. Entre todos formaron una trinchera para protegerse de las barbaridades de los españoles que llegaban con arcabuces, un garrote vil, un libro y una cruz abriéndose camino como diera lugar. A los que capturaban los arrojaban vivos a los mastines hambrientos y luego sus despojos a mi cauce. Desde entonces mis aguas se han manchado de sangre sin cesar. En épocas más recientes, cuando llegaron esos que ustedes llaman paras, cundió el terror en las riberas de mi cauce.


Me cuenta, gente bien informada, que de aquí, entre los años 1990 y 2016, hay 110.000 personas, de un total de 173.000 habitantes de mi zona de influencia, que han sido víctimas de este conflicto atroz –que algunos de ustedes, aquellos que viven siempre a la derecha, bien a la derecha, de los caminos, se niegan a poner fin, y al contrario, quieren exacerbar–. De esos 106.000 fueron desplazados forzosamente; 616 fueron desaparecidos, ¿me escuchó?, desaparecidos; 163 fueron víctimas de agresión sexual y 3.557 fueron asesinados dentro de ese conflicto. Muchos de esos infelices fueron a dar a mis aguas donde no tuve más opción que acogerlos y llevarlos aguas abajo hasta que algún ser caritativo los recogió para darles sepultura como merece todo ser humano.


¿Usted sabe cuál es el peor desprecio a la vida humana? Quitarla, por supuesto, pero hay algo aun peor: quitar la vida y además dejar insepulto el cuerpo. Eso lo sabía Antígona hace casi tres mil años. Pero aquí se han ensañado para ultrajar de la manera más atroz la vida, la muerte, el descanso de los cuerpos. Soy testigo, soy vehículo, pero no cómplice. Por eso no quiero callar más; por eso no puedo voltear mi cauce, en un meandro más, y hacer como si no hubiera visto nada.


Hablemos de lo que está ocurriendo ahora, no del pasado con todo el dolor que me causa. ¿Usted cree, amigo, que es justo lo que está sucediendo por culpa de ese puñado de insolentes y desvergonzados ingenieros, tecnócratas, políticos y empresarios? Usted bien sabe cuál es mi naturaleza: fluir por lo más bajo. “Los ríos y los mares son los reyes de los Cien Valles porque se mantienen abajo” y también: “La Suprema Bondad es como el agua. El agua es buena y útil a los diez mil seres por igual. No tiene preferencias por ninguno en especial. Fluye en sitios que los hombres suelen rechazar”, dice el Libro del recto camino, también llamado el Libro del sendero luminoso. Por eso, yo estoy con los de abajo y desde abajo es donde emana mi fuerza.


Mire, esos barequeros que están allá me llaman “el Mono”; será por mi color amarillo oscuro. Dicen que soy el patrón de ellos. A la persona que se me acerque le doy trabajo sin pedir cartas de recomendación, ni antecedentes, ni certificados de experiencia o acreditaciones. Ellos saben que no pueden ir a otro lugar a buscar trabajo, en una empresa. Muchos son mayores y no saben leer. ¿Qué trabajo les van a dar por allá? Yo no les exijo nada, solo que me traten bien. Algunas pepitas de oro alcanzo a dejarles para que puedan subsistir después de tanto que me han saqueado.


Ahora véalos allá, sin trabajo, hacinados en una bodega, se han quedado sin los ranchos que mis aguas arrasaron una madrugada del 10 de mayo. ¿Culpa mía? Sí, dicen aquellos, los que están allá arriba mirándonos con recelo, los de cascos blancos, amarillos y azules. “El río está embravecido, si ustedes no salen, el agua los sacará” les dijeron a los habitantes de mis riberas y me echaron toda la responsabilidad. ¿Habráse visto tanta infamia, tanta insolencia? ¡Tras de ladrón, bufón! ¿Ah? ¿Es que acaso no entienden que mi naturaleza es fluir hacia lo más bajo? ¿Qué tiene que suceder para que comprendan que a mí no me pueden detener, a la brava, poniéndome un muro en la mitad del camino por más ancho y aparentemente sólido como el que ellos se empeñan en construir cada vez más alto y así desafiar mis aguas?


Dicen que sí, claro, es posible, que eso se hace incluso con ríos diez veces más grandes y caudalosos que yo. Me hablan del Yangtsé y la represa de las Tres Gargantas, del Paraná y la represa de Itaipú, del Nilo y la represa de Asuán. Yo no sé, amigo. Jamás he ido por allá, pero no quiero imaginar el daño que hicieron los colegas de estos hombres de cascos blancos, amarillos y azules, para represar esos tres grandes portentos fluviales. No quiero saber de las especies animales y vegetales sacrificadas, de los seres humanos desplazados, de los templos, cementerios y sitios de pagamento anegados para siempre. La historia se repite una y otra vez desde hace más de ciento treinta años cuando les dio por represar ríos para sacar energía, en su insaciable sed de tener cada vez más y más potencia eléctrica; como si el progreso fuera ilimitado; como si los recursos fueran inagotables y no se pensara en una armoniosa colaboración entre la naturaleza y ustedes, los individuos que se han convertido en nuestro principal depredador.


Claro. No aguanté más. Por algún lado tenía que reventar. Busqué camino. Lo encontré y me desbordé. Ellos, los habitantes de mis riberas del cañón nunca habían visto algo semejante. Jamás habían presenciado que mis aguas corrieran hacia arriba. Pero sucedió. Y seguirá sucediendo si la obstinación no cesa.


Ahora me responsabilizan de la tragedia que pueda ocurrir, la que está a punto de ocurrir: agotada mi paciencia, yo mismo ya no podré seguir conteniendo mis aguas y romperé la presa y me llevaré por delante –¡ay, mi destino!– poblaciones tan vivas, pujantes y hermosas como Puerto Valdivia, Tarazá, Caucasia, Ayapel, Guarandá, Nechí, San Jacinto del Cauca, Majagual y Achí, entre otras. El daño lo han hecho los de cascos blancos, azules y amarillos, pero ahora, dicen, el responsable de causar la tragedia soy yo. Eso es ser infame. El daño, a hoy, que se ha ocasionado al tejido social de toda esta cuenca hidrográfica es irreparable. ¿Qué se hará para resarcir e indemnizar a toda esta gente? ¿A dónde tendrán que dirigirse? De nuevo: más desplazados, más gente empobrecida inundando las ciudades que no tienen como acogerlos si no es en los cinturones de miseria. “Cuando pase la emergencia”, dicen ellos. ¿Y es que acaso creen que este proyecto será viable algún día? Si las alarmas y sirenas que ellos mismos han instalado siguen sonando todos los días, si las alertas rojas no se han levantado y no se levantarán hasta tanto yo no recupere mi cauce y mi caudal normal, sin muros, ni presas, ni túneles, ni artificios humanos.


“Y entonces, ¿de dónde vamos a sacar la energía que este país necesita?” me han venido a gritar aquí, a mis riberas, algunos de esos hombres de cascos blancos, azules y amarillos. “¿Es que no se da cuenta –vociferan–, que en este país la energía proviene de las hidroeléctricas que hay por toda la geografía montañosa? Además, este proyecto será –‘sería’, deberían decir– el más grande jamás construido en el país de esta naturaleza”. Y me preguntan a mí como si debiera dar respuesta a su codicia inagotable. A mí me informan que hay soluciones bien implantadas en otros países, con energías renovables –eólica, solar, biomasa, mareomotriz– y sin afectación tan grande a la naturaleza. Si tanto es su apetito, deberían haber hecho la tarea hace mucho tiempo para buscar soluciones alternativas. Si hubieran partido al amanecer a esta hora ya habrían llegado. El modelo energético de este país no podía seguir en esa carrera ciega de más y más hidroeléctricas, cada vez más grandes, cada vez más invasivas, cada vez más temerarias. Tantas veces va el cántaro a la fuente que al final se rompe, dicen los más sabios.


Afortunadamente, amigo, no estoy solo. Tengo aliados formidables, portentosos. ¿Sabe quién? La montaña. Las cordilleras. Las que me abrazan y acogen en este bellísimo cañón. Ellas están colaborando, se están movilizando, reacomodando, con el crujir de las fallas geológicas que yo ayudo a crear gracias a la inconmensurable presión que ejerzo con estas aguas represadas, y así alcanzaremos el propósito que nos alienta: que yo pueda fluir naturalmente. Entre los dos, montaña y río, haremos justicia. Recuperaremos mi cauce. Salvaremos la vida: por una parte, a mí, el Cauca y, por la otra, a todo lo que me rodea y se nutre de mi y habita en torno a mí. ¿No se da cuenta que me quieren robar? ¿Qué me quieren aniquilar?


Ya va para un mes que a esas personas las hicieron salir de sus hogares y las llevaron a vivir hacinadas en unos coliseos, en unas escuelas, en unas bodegas. Desacomodaron toda la economía, las dinámicas sociales, la educación, la prestación de salud de todos estos lugares, de las poblaciones que evacuaron y de las poblaciones adonde llevaron los evacuados. Aquí todos pagan por los errores, las improvisaciones y la corrupción de esos individuos de cascos blancos, azules y amarillos y de los que están allá en Medellín y en Bogotá, dirigiendo todo desde sus cómodas oficinas, con tinto, agua y alimentos servidos a sus mesas, con baños a unos pocos pasos. Regresan en las noches a sus casas a dormir en cómodos lechos, no en el piso sobre unas colchonetas que casi no llegan, a pesar de la emergencia, a los lugares donde hacinaron los evacuados. A los que no quieren acudir a esos refugios les ofrecen dinero para que busquen dónde irse y así lavarse las manos del problema social que han generado. Como si uno o dos millones de pesos resolviera un problema tan grande. “A finales de junio estará superado cualquier riesgo en Hidroituango” dicen los titulares mentirosos para tratar de calmar los ánimos. ¡Ja! Si cada día hay una nueva alerta, una nueva alarma que se enciende, por lo que he dicho: río y montaña estamos aliados para no dejarnos vencer de esos hombres de cascos blancos, azules y amarillos y de sus jefes en las oficinas “inteligentes” de Medellín y Bogotá.


Si ellos, esos individuos arrogantes, llenos de sabiduría técnica y científica, colmados de títulos y cartones (y de codicia por los billones de pesos que mueve este proyecto) tan solo atendieran por un momento los principios que rigen la filosofía andina, otra cosa pensarían, otra cosa harían. Pero ellos no saben ni quieren saber nada de filosofía; y mucho menos de filosofía andina, ni de los saberes ancestrales de nuestros pueblos originarios.


Si lo hicieran, sabrían qué leyes rigen a la naturaleza y al ser humano, cuál es la lógica (ya que ellos son tan racionales) andina que aquí es ley. Sabrían –pero no quieren saberlo– que hay un principio general de relacionalidad de todo. En el principio todo era relación, la relación es la verdadera ‘sustancia’ andina. Para la filosofía andina, el individuo es “nada”, es algo perdido si no se halla insertado en una red de múltiples relaciones. El ser humano no se puede desconectar de los vínculos naturales o cósmicos. Esta relacionalidad se cristaliza a través de la reciprocidad, la complementariedad y la correspondencia entre los aspectos afectivos, ecológico, éticos, estéticos y productivos. ¿Me explico? Todo está unido, todo está relacionado, todo esta entrelazado. No hay forma de romper esos vínculos relacionales. No hay forma de cortar en dos un río, aguas arriba y aguas abajo, como ellos intentan e insisten hacer. A todo daño corresponde otro. Todo está en un equilibrio perfecto. A cada acción corresponde una reacción; a toda gestión corresponde un efecto, no hay causa sin efecto. Así de sencillo. Pero ellos no han logrado entenderlo. Y, de allí, todo lo que ustedes, y yo, estamos viviendo. Y como digo, ya sabemos quiénes son los que están pagando las consecuencias de esta ceguera infinita.


“Perdimos el control de la obra” dijeron hace unos días. ¡Qué gran verdad! ¡Qué coraje (o qué vergüenza) tuvieron al haberlo admitido! Ahora sólo queda un camino: deshacer lo que hicieron. Desarticular el monstruo que fabricaron en su soberbia infinita: desmontar esa presa, piedra a piedra, roca a roca y dejarme fluir como ayer, como hace años, decenios, centurias, milenios.


Yo soy el Cauca. Yo soy el río, el río que agoniza contaminado por las industrias del Valle, por el mercurio, y los químicos que vierten en mis aguas esas industrias y me hieren de muerte y que aún así me resisto a morir, a ser nada más que una cloaca fétida. En mi aun hay vida, mucha vida. En mi todavía nadan, viven y se reproducen la sardinata, el barbudo, la picuda, la cucha, el mazorco, el bocachico, el jetudo, el chango, la sabaleta, la guabina, el guachilejo y la dorada, en mis aguas todavía hay aluviones de oro, en mis riberas vuelan la zarceta azul, la lora cabeciazul, a mis orillas fangosas se acercan para desovar las cecilias, las salamandras, las ranas y sapos, las tortugas, los cocodrilos.


No hay alternativa. Entiendan, hombres sin razón, el principio de relacionalidad, de reciprocidad, de correspondencia. Ustedes no pueden hacer tanto daño y no pagar las consecuencias. Dejen de hacer sufrir a tanta gente despojada y desplazada de sus hogares, de sus sitios de trabajo, de sus centros educativos, de sus puestos de salud.


Desbaraten lo construido, háganlo pronto antes de que la montaña y yo tengamos que hacerlo. ■

 

*Escritor. Miembro del Consejo de redacción del mensuario Le Monde diplomatique, edición Colombia. Director de la colección de literatura Ríos de letras de Ediciones Desde Abajo.

Publicado enColombia
Hidroituango. Carta abierta a la Gobernación de Antioquia

Viernes 22 de junio de 2018

 

Dada la incertidumbre de los habitantes del cañón del bajo Cauca en Antioquia afectados por el megaproyecto Hidroituango, el Movimiento Ríos Vivos hace un llamado urgente a Luis Pérez Gutiérrez, Gobernador de este departamento, mediante una carta publicada en el blog Debate Hidroituango.

Asunto: Incumplimiento de acuerdos de diálogo y solución de la problemática de Hidroituango por medio de la Mesa minero energética de Antioquia instalada después de las movilizaciones de comunidades afectadas por este megaproyecto.

En el año 2016, las comunidades afectadas por Hidroituango, organizadas en el Movimiento Ríos Vivos Antioquia, realizamos una movilización en la ciudad de Medellín que originó la promulgación del decreto por el cual se crea la Mesa de diálogo, análisis y búsqueda de soluciones de conflictos originados por la construcción de megaproyectos minero-energéticos en Antioquia. Después de un año de creada la mesa y por medio de presión jurídica, la Gobernación, por fin, la instala y los barequeros, arrieros, agricultores, paleros, areneros, organizaciones de mujeres y jóvenes que estamos articulados al Movimiento Ríos Vivos Antioquia presentamos las afectaciones en el marco de la misma, esperando respuestas concretas por parte de la Gobernación.

Esto nunca ocurrió, por el contrario, esta institución dilató los compromisos adquiridos, estigmatizando y señalando al Movimiento tratándonos de ilegales; desconociendo la Constitución Política de Colombia y la normatividad que permite múltiples formas para organizarnos, especialmente cuando se trata de víctimas del conflicto como es nuestro caso y re-victimizadas por Hidroituango y por la Gobernación de Antioquia.

Como si fuera poco el sufrimiento que tenemos que pasar al ver como caen asesinados nuestros compañeros, la Gobernación de Antioquia se toma la vocería de decir quienes pertenecen y quienes no a nuestro proceso organizativo ¿Desde cuándo es una gobernación o, peor aún, la Policía; los que deciden esto? Esto es propio de las dictaduras en donde imponen a los sujetos cuándo, cómo, para qué, quién y cuándo se organiza. Es importante que nos aclaren en qué tipo de Estado estamos.

Todo lo anterior busca, suponiendo que no vivimos en una dictadura, evadir la responsabilidad que tiene la Gobernación como garante de derechos, pero va más allá: busca deslegitimar nuestra voz para que nuestras denuncias como comunidades afectadas tengan menos eco en la sociedad colombiana, vulnera nuestro derecho a la libertad de asociación, entre otros. Además aumenta el riesgo para los integrantes del Movimiento, es decir, la Gobernación no sólo incumple con su responsabilidad de protegernos sino que además nos pone en mayor riesgo al propiciar con su estigmatización y deslegitimación los ataques en nuestra contra.

Múltiples reuniones y acuerdos incumplidos. Si se hubiese atendido las solicitudes de recorrido y caracterización de la población aguas arriba y aguas abajo de la presa, si se hubiese escuchado las preocupaciones de las comunidades, la tragedia que hoy vivimos sería de menor impacto para la población. Si se hubiese escuchado la preocupación por los cuerpos que hay enterrados en las riberas del río, si la Secretaría de Gobierno hubiese hecho algo cuando se le mostró al Director de Derechos Humanos en la playa El Arenal sector Ciruelar en el mes de febrero los restos óseos humanos; quizás una familia que busca a su ser querido, hoy tendría paz.

Comprobamos recientemente que no sólo no atendieron la crítica situación en relación al riesgo para la vida e integridad física de cientos de personas por la tala de bosque seco tropical; el riesgo para la verdad, la justicia, las garantías de no repetición y el rescate de cuerpos inhumados en el cañón del río Cauca y, por si fuera poco, ni siquiera dieron parte a la Fiscalía de las evidencias con las que cuenta hoy la Gobernación de Antioquia. Situación sin precedentes para un institución que dice estar de lado de las víctimas.

Hoy nos convocan a la Mesa como si nada hubiese pasado, sin concertar la fecha, ni las condiciones, la Secretaria da la orden y nada se puede considerar al respecto. La forma de diálogo que le sirve a la Secretaría es bajo la imposición y cuando por la contundencia de nuestros argumentos se logra concertar, entonces ella decide incumplir los acuerdos. De nuevo, Colombia parece más una dictadura que un Estado social de derecho.

Señor Gobernador, le ponemos en conocimiento esta situación para que sea corregida de manera urgente, con la esperanza de que la Secretaría de Gobierno no actúe de manera aislada. Le comunicamos que ante su compromiso en Valdivia con nosotros –hace más de un mes– de darnos participación en el PMU, nos respondieron que usted no decide en este espacio. Aún esperamos la reunión con usted, pues el irrespeto de la Secretaría de Gobierno hacia el proceso y los incumplimientos reiterativos son prueba de su falta de interés por dar soluciones a las comunidades afectadas por Hidroituango y que son representadas por el Movimiento Ríos Vivos Antioquia.

Así mismo, Señor Gobernador, la situación de incertidumbre, de crisis de las familias que lo perdieron todo, de cientos de familias que no han podido regresar a trabajar al río Cauca, de los auto-albergues; del destierro que ha significado Hidroituango, crece todos los días. Poco ha hecho Empresas Públicas de Medellín (EPM) aguas abajo y nada aguas arriba. Le pedimos que usted atienda al pueblo de Antioquia de manera urgente que esta sufriendo a causa de esta obra de destrucción.

Más que reuniones, necesitamos soluciones ¿Cuándo llegan las ayudas humanitarias como alimentos, elementos de aseo, colchonetas, cobijas, entre otros, a Ituango y Sabanalarga? ¿Cuándo inicia la restitución de los medios de vida para las familias articuladas en el Movimiento Ríos Vivos Antioquia? ¿Hacia cuáles tierras iremos a reiniciar nuestro proyecto de vida; las familias que lo perdimos todo con el represamiento irregular e ilegal del río aguas arriba y con la creciente provocada por EPM aguas debajo de la presa? ¿Cuándo terminará la angustia? ¿Cuándo sabremos la verdad de lo ocurrido? ¿Cuándo nos permitirán participar en la toma de decisiones que nos afectan? Esperamos cuanto antes su respuesta.

 

Atentamente,

 

Comunidades afectadas por Hidroituango organizadas en el Movimiento Ríos Vivos Antioquia

Publicado enColombia
Monólogo del Cauca en Dolor sostenido mayor

Ante la catástrofe ocasionada por los constructores de Hidroituango, y que puede ser mayor si pronto no se echa atrás la afrenta a la naturaleza, no solo se ha desnudado la improcedencia del modelo hidroeléctrico, sino la maraña de corrupción y errores que encierra el proyecto. Le Monde diplomatique ha escuchado lo que el río tiene qué decir.

El agua que se queda atrás del río descansa…
¡Pero nunca será mar!
Dulce María Loynaz
(La Habana, 1902-1997)

 

Bajo el cielo no hay nada tan blando y maleable como el agua;
 Pero no hay nada como el agua para erosionar lo duro y rígido.
Lao Tse, Tao Te King, 78

Turn down the wall, turn down the Wall!
(¡Derrumben el muro,
derrumben el muro!)
Pink Floyd, The Wall

 

Silencio. Ahora hablo. Hablo cuanto he callado. Lo que he callado días y días, meses y meses, años y años. Ahora usted escuchará lo que quiero decir. Yo soy el Cauca, el Cauca milenario que está aquí desde antes de que ustedes llegarán con sus máquinas, utensilios y herramientas; desde antes, incluso que llegaran, hace miles de años, los pobladores originarios, los Nutabes, los Tahamíes, los Yamesíes. Yo soy el Cauca, uno más entre miles y miles de cuerpos fluviales que surcan la faz de la tierra, y a la vez, la segunda arteria fluvial de este país. Yo soy el río, el río que da vida, que da alimento, que da riego, que da oro, que da riqueza y esperanza. Usted me conoce. Desde que nació me ha visto. Me ha cruzado cientos de veces, de una orilla a otra. Conoce el color de mis aguas terrosas, ha sentido el caudal que amenaza con llevárselo si no está atento, usted se ha bañado, quizá, en él, aunque nadie se baña dos veces en el mismo río porque el ser humano comparte el destino del agua que fluye.


Soy el Cauca, un Cauca maltrecho, contaminado, herido, pero afortunadamente no de muerte. Aniquilarme no es fácil. Soy sobreviviente de otras afrentas de las que he salido airoso. Hoy usted y yo nos damos cita aquí, en Ituango, a medio camino del recorrido entre la laguna del Buey en el Macizo Colombiano, lugar de mi nacimiento, y el municipio de Pinillos, cerca de donde entrego mis aguas a mi hermano mayor. Estamos hoy aquí en este cañón, entre mis hermanas, las dos cordilleras donde me acogen y me estrechan entre sus faldas en fraternal abrazo.


Aún no salgo del asombro, de la indignación. Aquí me quieren detener esos individuos, los que usted ve allá, esos de cascos blancos, amarillos y azules; agitados, nerviosos, sudorosos que van de un lugar a otro, con sus camiones y palas, erigiendo un muro que quieren con él raspar las nubes. Buscan ponerme preso, por eso han erigido este muro de la infamia que llaman la presa, para que yo no escape, para que me quede, a la fuerza y en contra de mi voluntad, represado, anegando tierras fértiles, ahogando especies naturales, autóctonas, extinguiendo para siempre la vida verde tan necesaria para este equilibrio que hemos logrado construir durante millones de años. Un muro de concreto, indestructible, dicen –¡ja!–, capaz de detenerme, de aislarme, de regularme. Escuche usted semejante osadía. Dizque regularme, encausarme por unos túneles infames, revestidos del frío concreto, para que yo filtre por esas cavidades, a su antojo, mis aguas, mi caudal, en la medida y en la porción que ellos quieran, cuando ellos digan y de la manera que ellos desean.


Sostienen que necesitan poner a su servicio mi fuerza, mi ímpetu, mi furor para producir lo que llaman electricidad. No sé si reír o llorar. Con su arrogancia infinita, con sus saberes y ciencias de ingeniería me quieren torcer el brazo, a la brava. Ya lo hicieron una vez, allá arriba, por los lados de Suárez, Cauca; allá también me han represado, en lo que llaman La Salvajina; una salvajada, en realidad, lo que hicieron conmigo; pero arriba soy sumiso y joven e ingenuo, aun no he alcanzado el valle que lleva mi nombre, donde me vuelvo portentoso e indetenible; a ese valle riego y doy vida y color y calor. Acá es diferente, ya soy adulto, un adulto que ha recogido experiencias y vivencias de cientos de afluentes, de lluvias, mi caudal ha crecido gracias a mi inmensa capacidad de encausar toda el agua de esta cuenca. Aquí vengo fuerte, impetuoso, hondo, embravecido; encañonado, ya dije, por la calurosa acogida que me brindan dos cordilleras. Y cuando más energía traigo, cuando más caudal porto, zas, la zancadilla artera, el muro, la presa; me estrello de narices de manera violenta. ¡Ay! Qué inesperado encontronazo, yo que a estas alturas quiero alcanzar las tierras bajas, que ansío las llanuras de la sabana cordobesa, para ir a mi encuentro final con mi gran hermano, aquel que va paralelo a mi entre las otras dos cordilleras.


Un día amanezco con la tristeza alborotada. Otro, con la ira encendida. Otro, con la desesperanza y otro, con el coraje y la determinación que caracteriza a mis amigos, los Nutabes, que han poblado este cañón desde tiempos sin memoria. Todos estos parajes que usted ve en torno nuestro, en este punto, son, eran, de los Nutabes. Hoy los tienen confinados en el resguardo indígena Nutabe de Orobajo. ¡Y ese resguardo está siendo inundado por la represa! ¿Había visto usted semejante despropósito? Ellos, los usuarios ancestrales (a mí no me gusta la palabra ‘dueño’ porque de la naturaleza nadie se puede sentir dueño) de estas fértiles laderas, ahora serán unas víctimas más de este despropósito descomunal.


Pero a los Nutabes los han diezmando, es la forma de doblegarlos. Lo de siempre, carajo. A su cacique Virgilio Sucerquia lo asesinaron fuerzas oscuras en el año que ustedes contabilizan como 1998. Estas tierras, desde siempre, eran aprovechadas para asentarse y cultivarlas los Nutabes, los Tahamíes, los Yamesíes. Entre todos formaron una trinchera para protegerse de las barbaridades de los españoles que llegaban con arcabuces, un garrote vil, un libro y una cruz abriéndose camino como diera lugar. A los que capturaban los arrojaban vivos a los mastines hambrientos y luego sus despojos a mi cauce. Desde entonces mis aguas se han manchado de sangre sin cesar. En épocas más recientes, cuando llegaron esos que ustedes llaman paras, cundió el terror en las riberas de mi cauce.


Me cuenta, gente bien informada, que de aquí, entre los años 1990 y 2016, hay 110.000 personas, de un total de 173.000 habitantes de mi zona de influencia, que han sido víctimas de este conflicto atroz –que algunos de ustedes, aquellos que viven siempre a la derecha, bien a la derecha, de los caminos, se niegan a poner fin, y al contrario, quieren exacerbar–. De esos 106.000 fueron desplazados forzosamente; 616 fueron desaparecidos, ¿me escuchó?, desaparecidos; 163 fueron víctimas de agresión sexual y 3.557 fueron asesinados dentro de ese conflicto. Muchos de esos infelices fueron a dar a mis aguas donde no tuve más opción que acogerlos y llevarlos aguas abajo hasta que algún ser caritativo los recogió para darles sepultura como merece todo ser humano.


¿Usted sabe cuál es el peor desprecio a la vida humana? Quitarla, por supuesto, pero hay algo aun peor: quitar la vida y además dejar insepulto el cuerpo. Eso lo sabía Antígona hace casi tres mil años. Pero aquí se han ensañado para ultrajar de la manera más atroz la vida, la muerte, el descanso de los cuerpos. Soy testigo, soy vehículo, pero no cómplice. Por eso no quiero callar más; por eso no puedo voltear mi cauce, en un meandro más, y hacer como si no hubiera visto nada.


Hablemos de lo que está ocurriendo ahora, no del pasado con todo el dolor que me causa. ¿Usted cree, amigo, que es justo lo que está sucediendo por culpa de ese puñado de insolentes y desvergonzados ingenieros, tecnócratas, políticos y empresarios? Usted bien sabe cuál es mi naturaleza: fluir por lo más bajo. “Los ríos y los mares son los reyes de los Cien Valles porque se mantienen abajo” y también: “La Suprema Bondad es como el agua. El agua es buena y útil a los diez mil seres por igual. No tiene preferencias por ninguno en especial. Fluye en sitios que los hombres suelen rechazar”, dice el Libro del recto camino, también llamado el Libro del sendero luminoso. Por eso, yo estoy con los de abajo y desde abajo es donde emana mi fuerza.


Mire, esos barequeros que están allá me llaman “el Mono”; será por mi color amarillo oscuro. Dicen que soy el patrón de ellos. A la persona que se me acerque le doy trabajo sin pedir cartas de recomendación, ni antecedentes, ni certificados de experiencia o acreditaciones. Ellos saben que no pueden ir a otro lugar a buscar trabajo, en una empresa. Muchos son mayores y no saben leer. ¿Qué trabajo les van a dar por allá? Yo no les exijo nada, solo que me traten bien. Algunas pepitas de oro alcanzo a dejarles para que puedan subsistir después de tanto que me han saqueado.


Ahora véalos allá, sin trabajo, hacinados en una bodega, se han quedado sin los ranchos que mis aguas arrasaron una madrugada del 10 de mayo. ¿Culpa mía? Sí, dicen aquellos, los que están allá arriba mirándonos con recelo, los de cascos blancos, amarillos y azules. “El río está embravecido, si ustedes no salen, el agua los sacará” les dijeron a los habitantes de mis riberas y me echaron toda la responsabilidad. ¿Habráse visto tanta infamia, tanta insolencia? ¡Tras de ladrón, bufón! ¿Ah? ¿Es que acaso no entienden que mi naturaleza es fluir hacia lo más bajo? ¿Qué tiene que suceder para que comprendan que a mí no me pueden detener, a la brava, poniéndome un muro en la mitad del camino por más ancho y aparentemente sólido como el que ellos se empeñan en construir cada vez más alto y así desafiar mis aguas?


Dicen que sí, claro, es posible, que eso se hace incluso con ríos diez veces más grandes y caudalosos que yo. Me hablan del Yangtsé y la represa de las Tres Gargantas, del Paraná y la represa de Itaipú, del Nilo y la represa de Asuán. Yo no sé, amigo. Jamás he ido por allá, pero no quiero imaginar el daño que hicieron los colegas de estos hombres de cascos blancos, amarillos y azules, para represar esos tres grandes portentos fluviales. No quiero saber de las especies animales y vegetales sacrificadas, de los seres humanos desplazados, de los templos, cementerios y sitios de pagamento anegados para siempre. La historia se repite una y otra vez desde hace más de ciento treinta años cuando les dio por represar ríos para sacar energía, en su insaciable sed de tener cada vez más y más potencia eléctrica; como si el progreso fuera ilimitado; como si los recursos fueran inagotables y no se pensara en una armoniosa colaboración entre la naturaleza y ustedes, los individuos que se han convertido en nuestro principal depredador.


Claro. No aguanté más. Por algún lado tenía que reventar. Busqué camino. Lo encontré y me desbordé. Ellos, los habitantes de mis riberas del cañón nunca habían visto algo semejante. Jamás habían presenciado que mis aguas corrieran hacia arriba. Pero sucedió. Y seguirá sucediendo si la obstinación no cesa.


Ahora me responsabilizan de la tragedia que pueda ocurrir, la que está a punto de ocurrir: agotada mi paciencia, yo mismo ya no podré seguir conteniendo mis aguas y romperé la presa y me llevaré por delante –¡ay, mi destino!– poblaciones tan vivas, pujantes y hermosas como Puerto Valdivia, Tarazá, Caucasia, Ayapel, Guarandá, Nechí, San Jacinto del Cauca, Majagual y Achí, entre otras. El daño lo han hecho los de cascos blancos, azules y amarillos, pero ahora, dicen, el responsable de causar la tragedia soy yo. Eso es ser infame. El daño, a hoy, que se ha ocasionado al tejido social de toda esta cuenca hidrográfica es irreparable. ¿Qué se hará para resarcir e indemnizar a toda esta gente? ¿A dónde tendrán que dirigirse? De nuevo: más desplazados, más gente empobrecida inundando las ciudades que no tienen como acogerlos si no es en los cinturones de miseria. “Cuando pase la emergencia”, dicen ellos. ¿Y es que acaso creen que este proyecto será viable algún día? Si las alarmas y sirenas que ellos mismos han instalado siguen sonando todos los días, si las alertas rojas no se han levantado y no se levantarán hasta tanto yo no recupere mi cauce y mi caudal normal, sin muros, ni presas, ni túneles, ni artificios humanos.


“Y entonces, ¿de dónde vamos a sacar la energía que este país necesita?” me han venido a gritar aquí, a mis riberas, algunos de esos hombres de cascos blancos, azules y amarillos. “¿Es que no se da cuenta –vociferan–, que en este país la energía proviene de las hidroeléctricas que hay por toda la geografía montañosa? Además, este proyecto será –‘sería’, deberían decir– el más grande jamás construido en el país de esta naturaleza”. Y me preguntan a mí como si debiera dar respuesta a su codicia inagotable. A mí me informan que hay soluciones bien implantadas en otros países, con energías renovables –eólica, solar, biomasa, mareomotriz– y sin afectación tan grande a la naturaleza. Si tanto es su apetito, deberían haber hecho la tarea hace mucho tiempo para buscar soluciones alternativas. Si hubieran partido al amanecer a esta hora ya habrían llegado. El modelo energético de este país no podía seguir en esa carrera ciega de más y más hidroeléctricas, cada vez más grandes, cada vez más invasivas, cada vez más temerarias. Tantas veces va el cántaro a la fuente que al final se rompe, dicen los más sabios.


Afortunadamente, amigo, no estoy solo. Tengo aliados formidables, portentosos. ¿Sabe quién? La montaña. Las cordilleras. Las que me abrazan y acogen en este bellísimo cañón. Ellas están colaborando, se están movilizando, reacomodando, con el crujir de las fallas geológicas que yo ayudo a crear gracias a la inconmensurable presión que ejerzo con estas aguas represadas, y así alcanzaremos el propósito que nos alienta: que yo pueda fluir naturalmente. Entre los dos, montaña y río, haremos justicia. Recuperaremos mi cauce. Salvaremos la vida: por una parte, a mí, el Cauca y, por la otra, a todo lo que me rodea y se nutre de mi y habita en torno a mí. ¿No se da cuenta que me quieren robar? ¿Qué me quieren aniquilar?


Ya va para un mes que a esas personas las hicieron salir de sus hogares y las llevaron a vivir hacinadas en unos coliseos, en unas escuelas, en unas bodegas. Desacomodaron toda la economía, las dinámicas sociales, la educación, la prestación de salud de todos estos lugares, de las poblaciones que evacuaron y de las poblaciones adonde llevaron los evacuados. Aquí todos pagan por los errores, las improvisaciones y la corrupción de esos individuos de cascos blancos, azules y amarillos y de los que están allá en Medellín y en Bogotá, dirigiendo todo desde sus cómodas oficinas, con tinto, agua y alimentos servidos a sus mesas, con baños a unos pocos pasos. Regresan en las noches a sus casas a dormir en cómodos lechos, no en el piso sobre unas colchonetas que casi no llegan, a pesar de la emergencia, a los lugares donde hacinaron los evacuados. A los que no quieren acudir a esos refugios les ofrecen dinero para que busquen dónde irse y así lavarse las manos del problema social que han generado. Como si uno o dos millones de pesos resolviera un problema tan grande. “A finales de junio estará superado cualquier riesgo en Hidroituango” dicen los titulares mentirosos para tratar de calmar los ánimos. ¡Ja! Si cada día hay una nueva alerta, una nueva alarma que se enciende, por lo que he dicho: río y montaña estamos aliados para no dejarnos vencer de esos hombres de cascos blancos, azules y amarillos y de sus jefes en las oficinas “inteligentes” de Medellín y Bogotá.


Si ellos, esos individuos arrogantes, llenos de sabiduría técnica y científica, colmados de títulos y cartones (y de codicia por los billones de pesos que mueve este proyecto) tan solo atendieran por un momento los principios que rigen la filosofía andina, otra cosa pensarían, otra cosa harían. Pero ellos no saben ni quieren saber nada de filosofía; y mucho menos de filosofía andina, ni de los saberes ancestrales de nuestros pueblos originarios.


Si lo hicieran, sabrían qué leyes rigen a la naturaleza y al ser humano, cuál es la lógica (ya que ellos son tan racionales) andina que aquí es ley. Sabrían –pero no quieren saberlo– que hay un principio general de relacionalidad de todo. En el principio todo era relación, la relación es la verdadera ‘sustancia’ andina. Para la filosofía andina, el individuo es “nada”, es algo perdido si no se halla insertado en una red de múltiples relaciones. El ser humano no se puede desconectar de los vínculos naturales o cósmicos. Esta relacionalidad se cristaliza a través de la reciprocidad, la complementariedad y la correspondencia entre los aspectos afectivos, ecológico, éticos, estéticos y productivos. ¿Me explico? Todo está unido, todo está relacionado, todo esta entrelazado. No hay forma de romper esos vínculos relacionales. No hay forma de cortar en dos un río, aguas arriba y aguas abajo, como ellos intentan e insisten hacer. A todo daño corresponde otro. Todo está en un equilibrio perfecto. A cada acción corresponde una reacción; a toda gestión corresponde un efecto, no hay causa sin efecto. Así de sencillo. Pero ellos no han logrado entenderlo. Y, de allí, todo lo que ustedes, y yo, estamos viviendo. Y como digo, ya sabemos quiénes son los que están pagando las consecuencias de esta ceguera infinita.


“Perdimos el control de la obra” dijeron hace unos días. ¡Qué gran verdad! ¡Qué coraje (o qué vergüenza) tuvieron al haberlo admitido! Ahora sólo queda un camino: deshacer lo que hicieron. Desarticular el monstruo que fabricaron en su soberbia infinita: desmontar esa presa, piedra a piedra, roca a roca y dejarme fluir como ayer, como hace años, decenios, centurias, milenios.


Yo soy el Cauca. Yo soy el río, el río que agoniza contaminado por las industrias del Valle, por el mercurio, y los químicos que vierten en mis aguas esas industrias y me hieren de muerte y que aún así me resisto a morir, a ser nada más que una cloaca fétida. En mi aun hay vida, mucha vida. En mi todavía nadan, viven y se reproducen la sardinata, el barbudo, la picuda, la cucha, el mazorco, el bocachico, el jetudo, el chango, la sabaleta, la guabina, el guachilejo y la dorada, en mis aguas todavía hay aluviones de oro, en mis riberas vuelan la zarceta azul, la lora cabeciazul, a mis orillas fangosas se acercan para desovar las cecilias, las salamandras, las ranas y sapos, las tortugas, los cocodrilos.


No hay alternativa. Entiendan, hombres sin razón, el principio de relacionalidad, de reciprocidad, de correspondencia. Ustedes no pueden hacer tanto daño y no pagar las consecuencias. Dejen de hacer sufrir a tanta gente despojada y desplazada de sus hogares, de sus sitios de trabajo, de sus centros educativos, de sus puestos de salud.


Desbaraten lo construido, háganlo pronto antes de que la montaña y yo tengamos que hacerlo. ■

 

*Escritor. Miembro del Consejo de redacción del mensuario Le Monde diplomatique, edición Colombia. Director de la colección de literatura Ríos de letras de Ediciones Desde Abajo.

Publicado enColombia
Puerto Valdivia por Adam Cohn (CC BY-NC-ND 2.0)

¿Qué sucedería si la Central Hidroeléctrica de Ituango (Hidroituango) se rompe? Esa parece ser la pregunta que ronda por la cabeza de los colombianos por estos días. El presente análisis evalúa lo que pasaría en diez sectores de los ríos Cauca y Magdalena aguas abajo, ante una eventual ruptura de la represa.

El escenario de un desastre asociado con el sistema de Hidroituango ha sido valorado tanto por EPM como por la Sociedad Colombiana de Ingenieros, expertos extranjeros y el mismo Gobierno nacional. En este se evidencia la posibilidad de una ruptura de la presa por diferentes causas, que no son el tema central del presente análisis.

Aquí se estiman los procesos morfodinámicos (comportamiento de las aguas asociados con las formas del cauce) que se presentarían sobre el cauce del río Cauca y Magdalena aguas abajo.


Abril 8 de 2018 Vista general de la zona del embalse de Hidroituango en abril y mayo de 2018. Fuente: Procesamiento G. Vargas con imágenes PlanetScope.


Mayo 31 de 2018 Vista general de la zona del embalse de Hidroituango en abril y mayo de 2018. Fuente: Procesamiento G. Vargas con imágenes PlanetScope.

Marzo 2 de 2018. Detalle del sitio de presa. Fuente: Procesamiento G. Vargas con imágenes PlanetScope.

Abril 8 de 2018 Detalle del sitio de presa. Fuente: Procesamiento G. Vargas con imágenes PlanetScope.


Mayo 31 de 2018 Detalle del sitio de presa. Fuente: Procesamiento G. Vargas con imágenes PlanetScope.

 

El seguimiento del embalse a través de imágenes de satélite diarias y mensuales (PlanetScope) de alta resolución espacial muestra su alarmante crecimiento día a día (1-2 m/día). Las imágenes de abril y mayo de 2018 muestran cómo el espejo de agua ha cambiado notablemente, alcanzando a finales de mayo una longitud de 35 km aguas arriba con un ancho de entre 261 m y 1,02 km.

Vista del perfil transversal del cañón del río Cauca en el sitio de Presa de Hidroituango.

Los parámetros de diseño de la presa establecieron una altura máxima de 220 m, un embalse de 70 km de longitud y un volumen de agua de 2.720 millones de m3. La situación actual muestra que la altura de la presa está muy cerca a lo que estableció el proyecto, la longitud es de 35 km y el volumen de agua almacenado se estima en por lo menos 1.000 millones de m3; en caso de que se rompiera la presa se generaría una ola de entre 20 y 100 m de altura.

Bajo tal escenario de ruptura y mediante un análisis geomorfológico –estructura y forma de los ríos– basado en el uso de imágenes de satélite, modelos digitales de terreno y levantamiento de campo a través de varios estudios, a continuación se definen y describen diez sectores morfodinámicos en los cursos de los ríos Cauca y Magdalena.

Mapa de procesos morfodinámicos por el escenario de ruptura de la Presa de Hidroituango. Elaboración propia.

 

Sector 1. Presa de Hidroituango - El Cinco (transporte de la avalancha)

 

El primer sector, denominado como “transporte de la avalancha” (agua, escombros, rocas y sedimentos), se realiza sobre el cañón del río Cauca, entre el sitio de la presa y el lugar “El Cinco”, localizado a 60 km de esta.

Dicha masa tendría un frente de onda de choque muy fuerte y cortaría como una cuchilla toda la ladera por donde pase, dejando una superficie pulida en la roca y los suelos residuales.

Poblaciones y caseríos como Puerto Valdivia (30 km) y El Quince (47 km), localizados en este fondo de cañón, serían destruidos precisamente por su ubicación. El transporte de esta avalancha por el cañón se ve favorecido por su trazo muy rectilíneo que se relaciona con su control por fallas geológicas asociadas con el sistema Cauca Romeral (Falla del Espíritu Santo).

Mapa de procesos morfodinámicos del sector 1. Presa Ituango – El Cinco. Elaboración propia.

 

Sector 2. El Cinco Cáceres – Tarazá (depósito de la avalancha en un abanico fluvio-torrencial)

En este tramo el cauce pasa de ser un cañón a convertirse en un “piedemonte”. Tal cambio se presenta entre las poblaciones de El Cinco (60 km), Puerto Antioquia (65 km), Cáceres (70 km) y Tarazá, esta última sobre el cauce del río de igual nombre, a 5 km de Cáceres.

En El Cinco el río Cauca sale del cañón hacia una zona ligeramente inclinada formando un pequeño valle en el cual la masa de agua, roca y escombros liberaría gran parte de su energía depositando el material transportado y formando un gran abanico fluvio-torrencial en una superficie de 3.808 ha.

El efecto de dicha descarga veloz afectaría gran parte de las poblaciones existentes en este sector. La masa de la avalancha presionaría el cauce del río Tarazá, el cual podría ser represado aguas arriba de la población del mismo nombre y seguramente el cauce del río Cauca perdería su curso en este sector y se podría generar un embalse temporal cuando se colmate o se rellene de sedimentos este pequeño valle.

Mapa de procesos morfodinámicos del sector 2. El Cinco - Cáceres. Elaboración propia.


Sector 3. Cáceres - Guarumo (avenida torrencial)

Este sector representa una zona de transición antes de la llanura y se caracteriza por la presencia de materiales aluviales transportados históricamente desde la cuenca alta y que son depositados aquí en forma de terrazas aluviales, de modo que el lecho mayor del río Cauca en este sector se presenta limitado por terrazas compuestas por conglomerados. Así, el afluente presenta una orientación general de N15E a SN.

El lecho activo es de tipo ligeramente sinuoso, tabular con dos canales con anchos entre 50 y 300 m. El lecho mayor limitado por las terrazas presenta un ancho de entre 100 m y 1,8 km. Aquí, la presión del flujo del río Cauca desde Cáceres produciría un evento tipo avenida torrencial sobre el lecho mayor con altos caudales y niveles. Sobre las laderas serán comunes los deslizamientos teniendo en cuenta la baja resistencia de estas terrazas a la erosión. Las poblaciones localizadas en este sector y que se pueden ver afectadas son: Corrales El Playón, Puerto Bélgica, El Jardín, Piamonte y Guarumo.


Mapa de procesos morfodinámicos del sector 3. Cáceres - Guarumo. Elaboración propia.


Sector 4. Guarumo Caucasia – La Ilusión (depósito de material de la avenida torrencial)

Este sector morfodinámico se caracteriza por presentar una ampliación del lecho mayor del río Cauca en dos zonas: una desde Guarumo hasta el río Man (4,3 km) donde hay un control de roca, y la segunda desde el río Man hasta La Ilusión, con un ancho máximo de 9 km. La superficie de esta zona cubre 10.817 ha.

La ampliación del lecho mayor se origina por el cambio brusco de la dirección del cauce en ángulo recto, de sur-norte a oeste-este. Allí se produciría un depósito torrencial de los materiales que provienen del valle más estrecho del sector 3. Una tercera parte de la población de Caucasia se localiza sobre este lecho mayor y otra sobre cubetas de inundación de antiguas ciénagas que fueron urbanizadas, por lo cual sufrirían inundaciones; igualmente las zonas de terrazas bajas al borde del río podrían ser afectadas por los flujos torrenciales.

 

Mapa de procesos morfodinámicos del sector 4. Guarumo – Caucasia – La Ilusión. Elaboración propia.


Sector 5. La Ilusión - Nechí (creciente)

 

Este tramo se caracteriza por presentar un cauce y lecho mayor en dirección oeste-este y está limitado en sus costados por terrazas aluviales. El cauce activo es meándrico o de forma sinuosa y el lecho mayor presenta un ancho variable entre 2,4 y 6,6 km.

En este sector el lecho mayor se comportaría como creciente ante la ruptura de la presa y afectaría los caseríos de Palanca, Palomar, Colorado y la población de Nechí, la cual se encuentra totalmente en el lecho mayor del río Cauca y sería inundada. Cubre una superficie total de 31.549 ha.

Mapa de procesos morfodinámicos del sector 5. La Ilusión - Nechí. Elaboración propia.


Sector 6. Colorado - Nechí (rompederos y chorros)

Al inicio de este sector los límites de las terrazas aluviales finalizan en las márgenes del lecho mayor y el cauce se presenta más elevado que la llanura de la margen izquierda, por lo cual es una zona muy susceptible a presentar rompederos o chorros formando grandes flujos de agua hacia la llanura de Ayapel – San Jorge, como los presentados en 2010 en el sitio conocido como Nuevo Mundo.


Mapa de procesos morfodinámicos del sector 6. Colorado - Nechí. Elaboración propia.


Sector 7. Río Nechí (creciente e inundaciones)

 

El río Nechí confluye sobre la margen derecha al río Cauca, al frente de la población de Nechí. La creciente asociada con la ruptura de la presa incrementaría el nivel del río Cauca y represaría temporalmente el Nechí, formándose una zona de inundación de 28.972 ha. Tal inundación estaría limitada por la presencia de rocas cristalinas de origen metamórfico en el sector y aguas arriba del cauce.

 

Mapa de procesos morfodinámicos del sector 7. Río Nechí. Elaboración propia.

 


Sector 8. San Jacinto del Cauca – Pinillos (crecientes y desbordes)

 

Este sector representa el cauce bajo del río Cauca entre las poblaciones de Nechí, San Jacinto del Cauca, Guaranda, Achí y Pinillos. El lecho mayor del afluente en la zona presenta una dirección predominante sur-norte y es generalmente estrecho entre 1 y 3,5 km..

La margen derecha del río Cauca entre Nechí y Guaranda se encuentra limitada por rocas metamórficas del Paleozoico y en esta misma zona por la margen izquierda son comunes los desbordes. Posteriormente, el cauce y lecho mayor se limitan por delgados diques aluviales que limitan con las llanuras de inundación y ciénagas.

En esta parte se pueden presentar crecientes de menor magnitud que en el sector 7, pero es más susceptible a desbordes e inundaciones por ser llanuras bajas. Las poblaciones de San Jacinto, Guaranda y Achí se presentan sobre diques aluviales susceptibles a procesos erosivos.

 

Mapa de procesos morfodinámicos del sector 8. Nechí – San Jacinto del Cauca, Guaranda, Achí y Pinillos. Elaboración propia.

 

Sector 9. Delta del río Cauca (cierre de meandro, embalse, erosión)

El delta del río Cauca al río Magdalena se realiza a través de un meandro o una zona donde el río forma una curva cerrada que está en proceso de cierre, quedándole tan solo 20 m.

Ante la creciente que presentaría el Cauca, las aguas de este ejercerían presión por el brazo derecho del brazo de Pinillos, forzando el cierre del meandro, lo cual produciría un avance del delta al norte de 2,5 km.

Dicho proceso generaría un ligero embalse en los brazos de meandro en el dominio del río Cauca y ejercería notables eventos erosivos en las laderas del cauce en Pinillos con inundaciones.

Mapa de procesos morfodinámicos del sector 9. Delta del río Cauca. Elaboración propia.

 


Sector 10. Río Magdalena. Pinillos – Zambrano (creciente)

Después de la confluencia del río Cauca al Magdalena por el meandro de Pinillos, se podrían presentan crecientes moderadas en el sector del lecho mayor del río Magdalena hasta la población de Zambrano.

Dada la sensibilidad de los diques aluviales que forman las orillas del lecho mayor en este sector, podrían presentarse procesos erosivos sobre los diques y desbordes hacia la llanura de inundación de la región de La Mojana.

 


Mapa de procesos morfodinámicos del río Magdalena (sector 10). Pinillos Zambrano. Elaboración propia.


Región de La Mojana (amortiguación de las inundaciones fluviales)

La Mojana es una llanura de inundación de aproximadamente 13.483 km2, que representa una especie de gran cubeta que sirve para amortiguar las aguas excedentes de las inundaciones de los ríos Cauca y Magdalena y bajo el escenario de la ruptura de la presa de Hidroituango recogerá gran parte de las aguas que se desbordan de los cauces fluviales.

 


Mapa de la llanura de inundación de la región de la Mojana. Elaboración propia.

 


Glosario

Cauce activo: cuerpo de agua de un río en una época y lugar determinados.

Lecho mayor: canal fluvial por donde los ríos pueden moverse frontal o lateralmente (dinámica natural) y amortiguar sus aguas en periodos de aguas altas o extremas.

Dique aluvial: barreras construidas naturalmente por los ríos de llanura para controlar su cauce y evitar desbordes. Son formas longitudinales en las orillas del lecho mayor.

Llanura de inundación: son grandes extensiones de terrenos con ciénagas de superficies planas a cóncavas que permiten amortiguar las aguas fuera del lecho mayor de los ríos de llanura dentro de su sistema natural.

 

Junio 6 de 2018, Bogotá D.C.

Profesor, Departamento de Geografía Universidad Nacional de Colombia

 

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Declaran alerta roja en Hidroituango. El 16 de mayo fueron evacuadas más de 4.500 personas de los municipios Valdivia, Cáceres, Tarazá, Nechí, Caucasia, Guaranda, entre otros. Este es el resultado de la decisión tomada por las Empresas Públicas Medellín (EPM) para salvar Hidroituango, después de que el embalse aumentara su nivel. Hay que resaltar que los responsables de la hidroeléctrica ignoraron las constantes advertencias de las comunidades campesinas que habitan el área de influencia del megaproyecto, quienes previeron lo sucedido.

 

A pesar de lo informado por las Empresas Públicas de Medellín (EPM) el pasado 10 de mayo, confirmando que la emergencia reinante en Hidroituango, causante de la inundación del corregimiento de Puerto Valdivia estaba controlada, más pudo la naturaleza que la palabrería y la desinformación que cargan los comunicados emitidos por las EPM.


Así quedó en evidencia al medio día del 16 mayo, cuando de nuevo fueron activadas las alarmas que le anunciaban a los pobladores del sector que el Río Cauca podía inundar toda su ribera y llevarse sus vidas, viviendas y enseres.


Luego de escuchar las alarmas, más de 4.800 personas salieron de sus casas con los enseres que pudieron rescatar. Los afectados habitan los municipios de Valdivia, Tarazá, Cáceres, Nechí, Caucasia, Briceño, Ituango; en Antioquia. Majagual, Guaranda en Sucre; Ayapel en Córdoba, y Achí y San Jacinto del Cauca en Bolívar. Los daños producidos por los desbordes son desmesurados y la creciente del río continúa descontrolada.

 

Mucho más que lluvia

 

El parte oficial del 10 de mayo informó que las constantes lluvias aumentaron el caudal del Cauca, explicación ingenua para lo que realmente estaba sucediendo aquel dia, cuando un movimiento de tierra (algunos ingenieros sustentan desde hace varios años que aquella área adjunta al Cauca aún está en asentamiento) propició un derrumbes que taponó el túnel de desviación del río, lo que terminó por aumentar el nivel de agua en la represa, poniendo en riesgo todo el proyecto hidroeléctrico. Buscando bajar el nivel del agua, las EPM decidieron inundar la sala de máquinas del megaproyecto y habilitar uno de los túneles de generación (taponado con concreto armado) para liberar más de 6.000 metros cúbicos de agua por segundo, incrementando el cauce del Cauca río abajo e inundando el corregimiento de Puerto Valdivia.


Aún faltaba que la crisis ganara un nuevo nivel. El 16 de mayo, pasadas las 12 del medio día, el túnel por donde podía evacuarse el agua de la sala de máquinas colapsó, y el líquido siguió su curso hacía la vía de acceso de la presa, incrementando la presión interna, amenazando con desestabilizar diversas secciones subterràneas del megaproyecto. Ante ello, los ingenieros optan por dinamitar dos tapones que sellaban sendos túneles de evacuación, por donde el río siguió su curso, hasta encontrarse, de nuevo, con su cause natural. La consecuencia inmediata y evidente de todo esto es una: la creciente del Cauca, amenazando a las comunidades que habitan la rivera del río aguas abajo del proyecto hidroeléctrico.


Lo hasta aquí realizado por ingenieros y todo tipo de funcionarios de EPM indica que su principal preocupación es salvar del desastre total al megaproyecto Hidroituango, la gente que allí habita aparece en segundo plano, lo cual queda ciertamente evidenciado cuando se observa la improvisación de albergues, las dificiles condciones en que debieron dormir, y la ausencia de explicación en cuanto a quién y cuándo cancelerá lo debido por casas destruidas, enseres perdidos, sembrados anegados, animales ahogados.


Errores de cálculo, oídos sordos ante lo exígido años atrás por la comunidad, afán de iniciar operaciones con esta hidroeléctrica para empezar a recuperar los dineros invertidos en la misma, etcétera, cualquiera sea la explicación de lo que propició este descalabro, es hora de que el país lo conozca. Y así debe ser, pues antes que los dividendos que genere cualquier empresa o proyecto, está la gente y su derecho a vida digna, así como el cuidado de la misma naturaleza, nuestra casa común.


La voz de la experiencia


Ante la confusión generada por las superficiales explicaciones dadas por las EPM, desdeabajo entrevistó a Luis Alberto Arias López, profesor de geología y geomorfología de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional sede Medellín, con el fin de profundizar en las causas y responsabilidades de lo sucedido con la represa, ingeniero que en 1980 trabajó en la fase de factibilidad del proyecto Hidroituango,
Y él nos explica: “todo proyecto debe combinar varias racionalidades: económica, técnica, ambiental y social. En este proyecto, desde sus inicios, desde que está en manos de la Gobernación de Antioquia, no tiene todas esas racionalidades bien equilibradas. La racionalidad económica predomina sobre las otras”. Es por ello que para el profesor hay fallas en la ejecución técnica de las obras, que en su proceso de construcción no tuvieron en cuenta los daños ambientales y sociales.


Frente a esto, ¿quién responde por los impactos psicosociales que genera a las poblaciones vivir al lado de una represa que tiene problemas técnicos? Existe una sensación generalizada en los habitantes de que Hidroituango perdió el control del río; quienes allí habitan explican que “si no hubo muertos fue porque pudimos correr, pero las alarmas instaladas por la empresa sonaron tarde, es decir, si nos confiamos en las alarmas más de uno hubiese muerto”. Una vez más, la imposición de una forma de vida sobre otra, por priorizar los intereses económicos sobre la gente y sus conocimientos, termina generando tragedias y dolores personales y colectivos, que desangran el corazón de los territorios y sus poblaciones.


Entre tanto, entre los propietarios de la obra (EPM y Gobernación de Antioquia) y el gobierno nacional, empieza un puslo de compromisos, ayudas posibles, expiaciones de responsabilidades, todo favorecido por unos medios de comunicación oficiosos que no hacen sino reproducir los comunicados oficiales, sus explicaciones superficiales de lo sucedido, sin animar a la comunidad para que exija reparación por todo lo sufrido.


Ante los ojos de todo el país resalta, en este caso, así como con el derrumbe del puente Chirajara, que el afán oficial es el de minimizar las causas reales del desastre y sus responsables, silencio que en esta oportunidad podría traducirse –para colmo– en alza de tarifas en el servicio eléctrico. Es decir, unos destruyen la naturaleza y la misma vida de miles de personas, y otros pagaríamos por su proceder autoritario.

 

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Puerto Rico luego del huracán María

 

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se elogió a sí mismo en sus comentarios sobre la respuesta federal al desastre que ha abrumado a Puerto Rico tras el paso del huracán María. Cuando un periodista le preguntó en una conferencia de prensa en la Oficina Oval, el 19 de octubre, “Señor presidente, del uno al 10, ¿cómo calificaría la respuesta de la Casa Blanca hasta ahora?”, Turmp opinó: “Me pondría un 10. Creo que hemos hecho un gran trabajo”. Trump hizo estos comentarios mientras el gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, estaba sentado a su lado, en silencio. Esto sucedió solo dos semanas después de la visita de Trump a la isla, donde arrojó rollos de papel higiénico a los sobrevivientes del huracán. Ante estos hechos, la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, en una entrevista para Democracy Now!, respondió: “Si es un 10 de un total de 100, estoy de acuerdo, porque sigue siendo una baja calificación”.

La alcaldesa no es la única que considera que Trump no ha mostrado una respuesta eficaz. En un informe condenatorio emitido el lunes por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Leilani Farha, relatora especial de las Naciones Unidas sobre el derecho a una vivienda adecuada, compara las medidas de ayuda posteriores a los huracanes que devastaron Texas y Florida con las tomadas en Puerto Rico: “No podemos dejar de notar las diferencias en la urgencia y prioridad otorgadas a la respuesta de emergencia en Puerto Rico en comparación con los estados del país afectados por los huracanes en los últimos meses”, afirmó.

Democracy Now! viajó a Puerto Rico el fin de semana pasado para observar de cerca la devastación. A casi dos meses del paso del huracán María, la isla sigue a oscuras. Según estimaciones oficiales, casi dos tercios de la isla carecen de electricidad. Mientras tanto, los tres millones y medio de ciudadanos estadounidenses de Puerto Rico se ven en dificultades para obtener los elementos básicos para vivir, a medida que miles de personas abandonan la isla y se dirigen al territorio continental de Estados Unidos, tal vez para nunca regresar.

Sin embargo, hay personas que están desembarcando en la isla: los capitalistas del desastre. Como lo expresó elocuentemente la periodista Naomi Klein en su libro “La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre”, los desastres, tanto naturales como provocados por la humanidad, son explotados cada vez más por corporaciones con fines de lucro y supuestos ideólogos del libre mercado para impulsar reformas en importantes áreas de las sociedades impactadas. Ejemplos de ello son el debilitamiento de los sistemas de bienestar social, la privatización de los servicios públicos, el acorralamiento de los sindicatos y las ganancias obscenas obtenidas con las obras de reconstrucción. Después del huracán, Puerto Rico se perfila como un caso testigo de la doctrina del shock.

La alcaldesa Carmen Yulín Cruz nos dijo en el Coliseo Roberto Clemente, el estadio deportivo ubicado en San Juan, donde ella y su equipo han estado viviendo desde el huracán: “Desearía no haberme enterado nunca de ese término. Usar el caos para despojar a los trabajadores de sus derechos de negociación, derechos que los sindicatos tardaron 40, 50 años en conquistar... solo constituye tomar ventaja de las personas cuando se encuentran en una situación de vida o muerte. Es un abuso absoluto de los derechos humanos. Significa que los más fuertes realmente se alimentan de los más débiles, hasta que lo único lo que queda son los restos”.

Un buen ejemplo de esto es el contrato de 300 millones de dólares otorgado sin licitación a la empresa Whitefish Energy para reconstruir la red eléctrica de la isla. La Autoridad de Energía Eléctrica de Puerto Rico (AEE) es la mayor compañía eléctrica pública en Estados Unidos y suministra electricidad a toda la isla de Puerto Rico. El huracán María destruyó por completo la red eléctrica. Antes de la llegada del huracán, Whitefish, que lleva el nombre de la ciudad de Montana donde tiene sus oficinas centrales, solo tenía dos empleados y nunca había manejado un contrato por más de 1,4 millones de dólares. Casualmente, de esta ciudad es originario el secretario de Interior de Trump, Ryan Zinke. El hijo de Zinke ha trabajado para Whitefish Energy en el pasado. Estábamos en el Coliseo hablando con la alcaldesa cuando el vicealcalde de San Juan, Rafael Jaume, entró con una copia del contrato de Whitefish en la mano y se puso a leer un fragmento:

“‘En ningún caso la AEE, el Estado Libre Asociado de Puerto Rico, el administrador de la [Agencia Federal para el Manejo de Emergencias o] FEMA, el Contralor General de Estados Unidos ni cualquier otro representante autorizado tienen derecho a auditar o revisar los elementos de costo y beneficio de las tarifas laborales aquí especificadas’”. Jaume nos extendió el documento y, con indignación, nos dijo: “Pueden leer ustedes mismos. Es blanco o negro”. Tanto la alcaldesa Cruz como el vicealcalde Jaume consideraron que el contrato era ilegal y exigieron su cancelación inmediata.

A este pedido se sumó Ángel Figueroa Jaramillo, presidente de UTIER, el sindicato de la industria eléctrica de Puerto Rico. Lo visitamos en sus oficinas de San Juan, que sigue sin electricidad. Mientras hablábamos, llegó la noticia de que el gobernador Rosselló había solicitado la cancelación del contrato. Jaramillo no solo exigía esto sino también el despido del jefe de la AEE, que firmó y avaló el contrato, y una investigación penal completa de todos los responsables involucrados. Al igual que la alcaldesa Cruz, Jaramillo está trabajando para incorporar la energía solar a la red eléctrica reconstruida, sin privatizarla en el proceso.

En el ínterin, la empresa Fluor Corp., que integra la lista de las 500 mayores empresas estadounidenses según la Revista Fortune, también recibió un contrato de 200 millones de dólares para trabajar en la reconstrucción de la red eléctrica. Con la retirada de Whitefish a Montana, hay dos cosas de las que podemos estar seguros: que más capitalistas del desastre harán fila para tomar su lugar, y que el orgulloso y resistente pueblo de Puerto Rico, cada vez más intolerante a los retrasos y la corrupción, estará cada vez más atento, mientras gana impulso el movimiento para desarrollar alternativas renovables para la red eléctrica alimentada por combustibles fósiles que les ha fallado.

 

© 2017 Amy Goodman

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro “Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos”, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

 

 

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Al menos 11 muertos y más de 20 heridos por fuertes lluvias en Manizales

Al menos once personas han muerto y 20 han desaparecido este miércoles por fuertes lluvias en la ciudad de Manizales, en el centro-oeste de Colombia. El Puesto de Mando Unificado de Manizales también informa de que hasta el momento hay 57 viviendas afectadas a causa de la ola invernal que afronta la capital del departamento de Caldas.

 

El alcalde de la ciudad de casi 400.000 habitantes, José Octavio Cardona, ha confirmado en radios locales que la situación "no es fácil" por las fuertes lluvias desde la noche del martes y ha confirmado el colapso de "más de 30 viviendas". "La ciudad está literalmente incomunicada por derrumbes, deslizamientos, inundaciones", ha advertido Cardona, quien también ha explicado que se han presentado emergencias en varios barrios y que se han suspendido las clases para atender la situación.


El presidente colombiano Juan Manuel Santos ha informado, a través de su perfil en la red social Twitter, que ha suspendido su agenda prevista para este miércoles para viajar a Manizales. Ha pedido a la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) y a funcionarios del ministerio de Transporte que se trasladen hasta el lugar de los hechos.


Esta emergencia llega pocas semanas después de que un alud arrasara el pasado 31 de marzo la ciudad colombiana de Mocoa, al sur del país, que se cobró la vida de 323 personas y dejó más de 100 desaparecidos, según las últimas cifras oficiales.

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Domingo, 02 Abril 2017 14:44

Mocoa, desastre con interrogantes

Mocoa, desastre con interrogantes

Tras el paso de cada hora, la magnitud del desastre al cual está sometida la población de Mocoa-Putumayo, producto de una avalancha de los ríos que la circundan (Putumayo, Mulato, Sangoyaco) adquiere proporciones dantescas.

Así lo confirma el número de muertos, heridos, desaparecidos, que crece sin parar. Pero también la destrucción de su poblado el cual quedó arrasado en un 50 por ciento, según algunas informaciones provenientes del lugar de los sucesos.

 

Las cifras

En la amanecida del primero de abril, apenas conocidas las primeras informaciones sobre esta avalancha, la cifra de muertos era cercana a los cien; hacia las 2 de la tarde de este mismo día ya rondaban los 130 fallecidos; hacia las 5 pm ya sumaban más de 150. Los heridos y desaparecidos, cada uno ellos, en cada caso, han rondado las 200 víctimas, tres docenas de los heridos en grave estado.

Y así ocurría, porque en la medida que desechos de casas, carros, piedras de gran tamaño, pantano, etcétera, era removido surgen cadáveres, así como heridos. Y en la medida que esto ocurría, la angustia del desastre era cada vez más evidente en los rostros de los sobrevivientes, quienes ante esta realidad constataban que algún familiar o conocido no aparecía con vida.

Pero los cadáveres y heridos no dejan de aparecer, a tal punto que el domingo 2 la cifra total de muertos, según distintas fuentes, oscila entre 254 –prensa internacional–207 –reportes de la Casa de Nariño– y 238 según El Espectador,

La disparidad en las cifras confirma, a todas luces, que no existe control total de los organismos de socorro sobre el terreno de Mocoa, superados por la magnitud del suceso. Esto incluso y a pesar del cúmulo de socorristas y funcionarios desplegados sobre el terreno, así como, de la presencia del mismo Juan Manuel Santos. Como siempre, realizando presencia oficial tras lo hechos, con rostro compungido, como en campaña electoral, abrazando, en este caso, a los deudos. ¿Cuándo será que los empobrecidos y marginados pueden participar del diseño integral de sus territorios? ¿Cuándo será que sus necesidades son tomadas realmente en cuenta? ¿Cuándo será que lo fundamental sea la prevención y no el socorro?

 

 

El desastre

 

Sorprende, al momento de dar explicaciones del por qué de la avalancha, que el Gobierno descargue la culpa en el invierno. “Llovió sobre Mocoa –según Santos– como no sucedía desde hace 25 años”. La pregunta obligada es: ¿Y qué sucedió hace 25 años en este poblado cuando tal cantidad de agua mojó sus tierras? Por parte alguna aparece información que indique sobre decenas o cientos de muertos, heridos y desaparecidos.

La otra explicación de la magnitud de lo ocurrido, es que las casas edificadas eran frágiles. ¿Construidas así por el clima? ¿Por la falta de recursos económicos de quienes así las levantaron?

La verdad es, como siempre, que quienes llevan la peor parte en este tipo de sucesos, son aquellas familias que construyen sus viviendas cerca o al borde del lecho del río. Así parece ocurrir con quienes habitaban los barrios San Miguel y Laureles, arrasados totalmente. Algo similar pudo suceder con quienes habitaban otros barrios, entre ellos: El Libertador, Progreso, La Independencia, Modelo, San Antonio, San Agustín y otros más.

Dos cosas resaltan de esta realidad: 1) si el agua lluvia que cayó como diluvio sobre estas tierras no fue absorbida por los bosques que deberían existir cerca de su lecho y en el conjunto de su cuenta, es porque un proceso de deforestación creciente tomó mayor forma en el curso de los últimos 25 años; 2) Si decenas de familias tienen que construir sus viviendas cerca o en los márgenes de los ríos es porque no tienen acceso a tierra bien ubicada, con lo cual se reduciría la posibilidad de este tipo de desastres.

Lo que también llama la atención acá, es que esto ocurra en un poblado como Mocoa, rodeado de tierra. Salta a la vista que aquí, como en el resto del país, la tierra está concentrada en manos privadas. Una redistribución de la misma es indispensable para poder reconstruir la población y evitar que en algún momento esto vuelva a suceder. De no proceder así el poblado debería ser reubicado pues nadie puede asegurar que otro invierno no produzca iguales consecuencias.

La otra medida por implementar, de inmediato, es la reforestación de todo el lecho y la cuenca de los ríos que rodean a Mocoa. Control sobre la tumba de bosques, e inspeccionar si río arriba existen explotaciones mineras o de otro tipo que hayan facilitado este desenlace.

Todo esto es para las semanas, meses y años que vienen. Mientras así se actúa, la cifra de muertos y heridos no mermará. Los desaparecidos irán apareciendo, seguramente aguas abajo de todos y cada uno de estos ríos.

El país debe aprender la lección, sobre todo los sectores populares sometidos a la falta de programas oficiales que le permitan acceder a vivienda digna, así como, a tierra suficiente para erigir hábitats realmente sustentables. Dos reformas inaplazables, que los movimientos sociales deben encarar: urbana y agraria.

 

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ACTUALIZADO

2 de abril de 2017, 6:00 am

1 de abril de 2017, 5:00 pm

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Niza, o la aberrante trivialidad del horror

EL ATENTADO EN FRANCIA DEJO UN SALDO DE 84 MUERTOS Y 54 PERSONAS QUE PELEAN ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE

 

Desde París

La aberrante trivialidad del horror volvió a golpear el corazón de una sociedad. ¿Hasta cuándo? Un demente solitario fichado como violento y aficionado al juego o un obediente soldado del Estado islámico cometió el 14 de julio el atentado más sangriento que se haya producido en Europa desde los atentados del 13 de noviembre de 2015 en París que dejaron un saldo de 130 muertos. En Marzo de 2016 hubo el atentado en el aeropuerto de Bruselas (32 muertos) cometido por el mismo grupo perteneciente a la red del Estado Islámico. El de Niza, dejó un saldo 84 muertos, entre ellos 10 niños y adolescentes, y 54 personas en estado de “urgencia absoluta”, o sea, entre la vida y la muerte.

 

Sin embargo, nadie sabe aún si el autor del atentado, el tunecino Mohamed Lahouaiej Bouhlel, de 31 años, es un enfermo mental o un yihadista profeso.

 

Nada hay en su vida nada que lo ligue de una u otra manera al Estado Islámico. Hasta este 14 de julio, era sólo un tunecino, chofer de camiones, establecido en Niza, conocido por un par de delitos comunes y un comportamiento violento. Había alquilado el camión de 19 toneladas que lanzó contra la multitud y debía devolverlo el 13 de julio. Contrariamente a la costumbre, ni el Estado Islámico ni Al Qaeda en la península islámica han reivindicado el atentado hasta el momento. Las autoridades policiales mantienen un perfil tanto más prudente sobre su posible filiación con la galaxia radical sunita cuanto que recuerdan el precedente de diciembre de 2014, cuando un automovilista hirió en Dijon a 13 personas atropellándolas con su auto mientras gritaba “Allah Akbar”. El hombre había estado más de 150 veces en un hospital psiquiátrico.


Lo que si es cierto es que la forma de actuar responde a los dictados del Estado Islámico. En septiembre de 2014, casi tres meses después de la proclamación del Califato, el portavoz del Estado Islámico, Abu Mohamed Al-Adnani, había llamado a sus simpatizantes a eliminar a los “cruzados” incluso “aplastándolos con los autos”. Mohamed Lahouaiej Bouhlel estaba en instancias de divorcio y sólo había sido condenado una vez debido a una pelea durante un accidente de tránsito. En su casa, la policía no encontró ni literatura, ni videos islamistas. El Ministro francés de Interior, Jean-Jacques Urvoas, confirmó que el terrorista “carecía” de relaciones con cualquier actividad islamista radical.


El Fiscal de París y juez antiterrorista François Molins también precisó que el hombre era “un desconocido” para los servicios de inteligencia y que nunca había sido objeto de una investigación por “radicalización”. Dentro del camión se encontraron fusiles falsos Kalachnikov M16, una granada ficticia y una pistola. Demente o afiliado secreto al terrorismo islamista radical, Mohamed Lahouaiej Bouhlel eligió un día lleno de símbolos para cometer su asesinato de masa :el 14 de julio es el día de la fiesta nacional francesa, un momento de convergencia y unidad entre los ciudadanos, el poder político y el Ejército.

 

La tesis más plausible gira en torno a los ya conocidos lobos solitarios capaces de cometer actos de barbarie motivados por la profusa propaganda islamista que el Estado Islámico difunde a través de internet.

 


Mohamed Lahouaiej Bouhlel logró circular dos kilómetros con su camión atropellando todo lo que encontraba a su paso. Algunas personas salvaron su vida arrojándose al mar a lo largo del Paseo de los Ingleses. Sólo cuando pudo ser abatido por la policía su cacería sangrienta llegó a su fin.


El atentado coincidió, con alguna horas de diferencia, con la decisión tomada por el presidente francés, François Hollande, de levantar el próximo 26 de julio el estado de excepción que estaba vigente en Francia desde los atentados del 13 de noviembre de 2015 en París. “No se puede estar de manera permanente en estado de excepción”, había dicho el mandatario durante la tradicional intervención televisiva del 14 de julio. En ese espacio, Hollande había reiterado también la necesidad de incrementar los ataques de la alianza contra el Estado Islámico en sus feudos de Irak y Siria, donde ha perdido terreno: “debemos golpear cada vez más fuerte”, había dicho el mandatario cuando reveló que enviaría más armas y asesores militares para respaldar al ejército Iraquí.


Antes de la matanza de Niza, Francia había desplegado a 10. 000 militares en todo el país para garantizar la seguridad durante la Eurocopa de Fútbol que terminó el domingo pasado. Sólo faltaba que el próximo 26 de julio acabase la vuelta ciclista a Francia, el Tour, para que el dispositivo pasara a 7000 hombres y se levantara el estado de excepción. Todo ha cambiado. François Hollande anunció ayer que esa medida sería prolongada por un plazo de tres meses más. En todo momento, Francia se había preparado para ser objeto de uno o varios atentados de masa con un nuevo tipo de “arma”.


En mayo de 2015, Patrick Calvar, el responsable de los servicios de inteligencia interior, había adelantado la posibilidad de que el Estado Islámico lanzara en Francia “un nuevo tipo de ataque” en lugares públicos con el propósito de “propiciar un clima de pánico”. Mohamed Lahouaiej Bouhlel le dio la razón en Niza: alquiló un camión de 19 toneladas y lo lanzó contra la multitud según la metodología empleada por los terroristas suicidas en Siria e Irak.


Occidente exportó sus bombas, sus errores garrafales y su cruzada democrática en Medio Oriente y aquellos hijos de la cruzada occidental exportan hoy su odio y su locura sembrando el horror sin límites. Aeropuertos, estadios de fútbol, bares y teatros, medios de comunicación, supermercados judíos, y, ahora, una multitud. La venganza macabra contra un país que no participó en la Guerra de Irak de 2003 montada con mentiras por el ex presidente norteamericano Georges Bush y su aliado de Gran Bretaña, el ex Primer Ministro Británico Tony Blair. Aquella aventura militar fundadora de los desastres de hoy encontró un férreo e irrenunciable adversario en la posición del ex presidente francés Jacques Chirac, quien lideró el brazo no armado que se se negaba a incluirse en ese conflicto demencial contra un dictador como Saddam Hussein que, durante décadas, había sido un permanente aliado de los intereses occidentales en la región, sobre todo de cara a la confrontación con Irán.


Francia está hoy comprometida en tres frentes militares exteriores contra el yihadismo, y uno interior :Malí, Irak y Siria. En su territorio, París hizo aprobar una ola de leyes antiterroristas mediante las cuales legalizó el empleo de las nuevas tecnologías para espiar a cualquier ciudadano sin control judicial alguno. Hasta ahora Francia, ha sido el país que sufrió con más frecuencia y víctimas los atentados más terribles cometidos en Occidente por los yihadistas radicales. Dos el año pasado, otro fallido, varios intentos menores y un nuevo atentado de masa este 14 de julio. “Estamos enfrentados una guerra”, dijo ayer el Primer Ministro francés, Manuel Valls. Sólo que no se sabe muy bien quién la protagoniza. 84 muertos, decenas de personas entre la vida y la muerte y ningún grupo asumió por ahora la responsabilidad de tantas y tantas muertes.


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“No queda nada en pie, todo está destruido"

Tras el brutal seísmo de 7,8 grados en el país andino que ya ha dejado al menos 413 muertos, continúan los trabajos para sacar los cuerpos bajo los escombros.

 

QUITO.- "Es como una de esas películas de guerra en las que pasa un tanque y acaba con todo". Así describe Jennifer Cedeño la situación en Pedernales, en la costa norte de Ecuador, tras el terremoto de 7,8 grados que sacudió al país latinoamericano el pasado sábado. Cedeño se alistó como voluntaria en un grupo de rescate que partió desde la vecina provincia de Esmeraldas el domingo y ha presenciado las labores de rescate llevadas a cabo en Pedernales. "No queda nada en pie. Ni siquiera la iglesia. Todo está destruido", afirma a Público. La localidad de Pedernales, declarada zona de desastre por el Gobierno ecuatoriano, es la más afectada por el seísmo de mayor magnitud que ha vivido el país desde 1979, que ya ha dejado al menos 413 muertos.

El reloj estaba a punto de marcar las siete de la tarde cuando la tierra comenzó a agitarse. Mientras los turistas se preparaban para cenar en los concurridos chiringuitos del pueblo costero de Canoa, dos placas tectónicas chocaron provocando el pánico en la población. Desde el puerto de Manta, en el sur, hasta la ciudad de Esmeraldas, en el norte, la costa del Pacífico ecuatoriano se sacudió salvajemente hasta no dejar nada en pie. Cientos de vidas se perdieron entre los escombros, mientras una gran oleada de solidaridad emanaba desde el resto del país y del mundo.


"Durante el rescate de un cuerpo, un hombre que estaba a mi lado me contó su historia", explica Cedeño desde Pedernales. "En el momento del terremoto, él estaba dentro de un hotel. Vio cómo se partía la pared y decidió saltar a través de ella para llegar al suelo", narra esta joven esmeraldeña que decidió unirse a un equipo de rescate para ayudar a las personas afectadas. "Su amigo, en cambio, decidió subir hasta la terraza del hotel, que tenía cuatro pisos. El edificio colapsó y la terraza cayó inclinada, de tal forma que el señor se deslizó como si fuera una resbaladera (tobogán) hasta el suelo", agrega.

El estado de las carreteras dificulta el acceso de los cuerpos de rescate a los lugares más afectados por el terremoto. Muchas de las vías han sido cerradas al tráfico al sufrir desperfectos. La carretera que lleva a Pedernales es una de las más dañadas. "Toda la vía de acceso estaba como si partieras un pastel: abierta en capas. Nosotros conseguimos llegar en una camioneta, pero corrimos un riesgo muy grande", comenta Cedeño.


Más de 300 réplicas


El movimiento telúrico, que hasta el momento ha registrado más de 300 réplicas, según el Instituto Geofísico Ecuatoriano, se dejó notar en prácticamente todo el país. En Quito, a casi 200 kilómetros del epicentro, se sintió una fuerte sacudida que llevó a la población a salir a las calles por miedo a posibles derrumbes. No obstante, no se registraron mayores daños en la capital. En Guayaquil, la ciudad más poblada del país, un puente colapsó matando a una persona. La segunda víctima mortal registrada en esta ciudad, situada en la costa sur, falleció tras la caída del techo de un centro comercial.


Pero los mayores daños se produjeron en la provincia costera de Manabí. En la localidad turística de Canoa, frecuentemente visitada por aficionados al surf y jóvenes mochileros, la devastación fue total. "El 80% de las casas están destruidas. Los muertos están en el parque. Tenemos cuadros de niños con epilepsia que necesitan medicación urgente", cuenta por teléfono Karla Morales, directora de la ONG Kahre. "Mucha gente está durmiendo en las calles y otra gente, por temor a alertas de tsunami o réplicas, se ha refugiado en la montaña, en ranchos o improvisadamente en el campo", asegura.

Pocas horas después del terremoto, las autoridades anunciaron que no existía riesgo de tsunami. El presidente de Ecuador, Rafael Correa, decretó el estado de excepción en el país, antes de regresar desde Roma, donde se encontraba visitando al Papa. "Tomará meses, años y probablemente miles de millones de dólares" recuperarse del terremoto, declaró Correa desde Pedernales, donde hasta el momento se han recuperado 76 cadáveres. "Hemos recibido un impacto muy fuerte, es la mayor tragedia de los último 67 años", añadió el mandatario.


Solidaridad con Ecuador


Un poco más al norte, en San José de Chamanga, la población corrió mejor suerte. En esta localidad de la provincia de Esmeraldas no se produjo ninguna víctima mortal. Sin embargo, el 90% de sus construcciones han sido afectadas, según Andrea Inghman, responsable de ACNUR en esa región fronteriza con Colombia. "Es muy impactante porque hay mucha destrucción. La gente se está organizando para recuperar sus cosas", afirma a este diario. En esta localidad, 485 familias han sufrido la destrucción provocada por el seísmo. Según su vicealcaldesa, Maira Solórzano, "apenas quedan edificios en pie, todas las casas de dos plantas se desplomaron, mientras que a las de una planta se les cayeron las paredes". Solórzano agradece el apoyo brindado por voluntarios y personas solidarias, pero asegura que no es suficiente. "Nos llegan alimentos, pero apenas nos duran para una sola comida. Necesitamos mucho más", clama.


Países latinoamericanos como Venezuela, Cuba o México ya han enviado a Ecuador aviones cargados de ayuda humanitaria. Cuba, por ejemplo, mandó una brigada médica especializada en desastres naturales, mientras que México apoyó al país andino con un grupo de 120 topos, rescatistas de la Policía Federal especializados en la búsqueda de supervivientes entre escombros. La ONU, a través de ACNUR, también ha enviado su ayuda en forma de tiendas de campaña para albergar a las personas que han perdido sus casas. España, por su parte, ha fletado un avión con 50 miembros de la Unidad Militar de Emergencias, ocho bomberos, dos sanitarios y perros adiestrados.

En Quito y Guayaquil, cientos de personas han acudido en los últimos días a los puntos establecidos por las autoridades y por colectivos de la sociedad civil para entregar víveres, agua y bienes de primera necesidad para las personas afectadas. No obstante, otro tipo de bienes, mucho más tétricos, también son requeridos. "Además de alimentos y bebidas, la gente también pide donación de ataúdes y hasta formol para contrarrestar el olor de los restos de los fallecidos", afirma Morales, de la ONG Kahre.

La sociedad ecuatoriana ya trabaja para levantarse de este nuevo golpe propinado por la naturaleza. Con varios volcanes activos amenazando la calma en el país y el fenómeno de El Niño haciendo de las suyas, el terremoto del sábado cogió por sorpresa a un país acostumbrado a los desastres naturales. Como respuesta, desde las redes sociales un mensaje comenzó a propagarse: "Fuerza Ecuador".

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