Informe de la Cepal  Emigración, empujada por debacle de modelos económicos

 

La alta densidad poblacional en los países de Centroamérica, con 136 habitantes por kilómetro cuadrado –el doble que en México o el quíntuple que en Perú–, ha generado una explosión en los centros urbanos de la región, exenta de industrialización y paralela al debilitamiento de la economía rural, con un mercado laboral que sólo ofrece empleos formales a cuatro de cada 10 trabajadores y salarios que representan la décima parte de lo que se paga en Estados Unidos, detalla la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) sobre las causas del fenómeno migratorio.

 

Los migrantes de El Salvador ya representan 22 por ciento del total de la población de su país, los de México 8.9, los de Honduras 6.9 y los de Guatemala 5.8, dice el organismo en su Diagnóstico, áreas de oportunidad y recomendaciones del Plan Nacional de Desarrollo Integral que elaboró para las cuatro naciones.

 

"Encuestas recientes sobre migrantes y remesas mostraron que cerca de 40 por ciento de esas personas de Guatemala, Honduras y El Salvador tenían empleo cuando decidieron salir de sus países. Su interés no era la búsqueda de empleo, sino de una ocupación con mayor productividad laboral que les permitiera generar ingresos más altos, aunado a la demanda de mano de obra en Estados Unidos", indica la comisión al sostener que el desempleo no debe considerarse el factor fundamental de las migraciones.

 

Además, señala que una tercera parte de los sin papeles originarios de El Salvador, Guatemala y Honduras deportados por Estados Unidos vía área son mayoritariamente varones, casi una cuarta parte habla inglés, tiene en promedio 28 años y 70 por ciento cuenta con estudios de bachillerato, técnicos o incluso de universidad.

 

Poca inversión física se realiza en la zona, ya que apenas representa 15 por ciento del producto interno bruto (PIB) de los tres países y la población carece de seguridad social.

 

La Cepal agrega que dichos problemas están vinculados con las secuelas de guerras, violencia e inseguridad con altas tasas de homicidios y feminicidios, así como con las sequías cada vez más prolongadas y lluvias intensas por los efectos del cambio climático que ocasionan la pérdida o abandono de tierras por campesinos que padecen hambre y desnutrición, entre ellos los caficultores, para quienes ya no es rentable cultivar el aromático por el desplome de su precio internacional.

 

"La composición de las recientes caravanas de migrantes indica que una parte eran campesinos e indígenas cultivadores de café en sus regiones de origen (aproximadamente 30 por ciento de la caravana que cruzó México en noviembre de 2018), afectados por la crisis del producto en 2018, en la que se combinaron los impactos del cambio climático y la caída del precio internacional del grano por la concentración de la industria", indica.

 

Desde 2014, precisa, han aumentado la pobreza y el daño ecológico en la región a consecuencia del fenómeno El Niño, ya que las familias campesinas han perdidos sus cosechas, se han endeudado e incluso han tenido que vender sus tierras y viviendas, por lo que su única opción para sobrevivir ha sido emigrar a los centros urbanos de sus países o al extranjero.

 

El modelo económico actual, sentencia la Cepal, está agotado y así lo demuestran "el crecimiento económico insuficiente, la falta de empleos y su precarización; la prevalencia de bajos ingresos; las malas condiciones de trabajo; las crecientes brechas salariales con Estados Unidos y la divergencia en Centroamérica; la alta propensión al consumo, y el sesgo importador del modelo".

 

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Lunes, 15 Abril 2019 07:26

Desempleo y salario mínimo

Desempleo y salario mínimo

El desempleo está creciendo. Y es equivocado afirmar que este aumento se debe al mayor salario mínimo.

 

 

En febrero de 2019 la tasa de desempleo fue de 11,8%. Tal y como se observa en la gráfica, es el nivel más alto de los últimos 6 años. Su evolución resalta problemas estructurales de la economía colombiana. Por tanto, la situación actual no debe interpretarse como un fenómeno pasajero.

Entre las causas que están llevando a esta agudización del desempleo, destacan tres. La primera, la creciente dependencia del petróleo y del carbón. Es decir, la consolidación de la economía extractiva. La segunda, el debilitamiento del mercado interno. Las bonanzas llevaron a un deterioro del aparato productivo nacional. La tercera, la acentuación del déficit en la cuenta corriente.

Estos tres argumentos, que son de naturaleza estructural, desvirtúan los análisis que le atribuyen los problemas del desempleo al aumento del salario mínimo, que en el 2018 fue de 6%. Se dice que al subir más que la inflación, que fue de 3,18%, el mínimo ha tenido una incidencia negativa en la generación de empleo. No es cierto que el mayor salario sea el responsable del desempleo. ¡Todo lo contrario! Cuando el salario sube la demanda aumenta, las empresas venden más y el empleo crece. El aumento del salario mínimo por encima de la inflación tiene ventajas porque permite incrementar la demanda y, sobre todo, porque mejora la capacidad de pago, y la calidad de vida de los trabajadores. Cuando le atribuyen al salario mínimo el aumento del desempleo se ocultan fenómenos complejos de la economía colombiana, que pueden ser los determinantes de la pérdida de empleos. Así que los males profundos de la economía han contrarrestado las bondades que podrían haberse derivado del aumento de los salarios.

 

Predominio de la economía extractiva

 

La economía extractiva sigue creciendo, y cada vez gana más relevancia en el PIB y en la estructura de las exportaciones. En el 2017 cerca del 80% de las exportaciones colombianas correspondían a bienes primarios: petróleo, carbón, oro, café, flores y banano. Sobre todo, la economía está sometida al comportamiento de los precios del petróleo y del carbón. Esta reprimarización tiene dos características. 1) El PIB, y el balance fiscal, terminan dependiendo de la variación de los precios del petróleo y de los minerales. Cuando su precio aumenta, las exportaciones crecen. Pero estos movimientos son nominales y no guardan relación con la producción real. Un mayor precio del petróleo eleva el PIB, sin que necesariamente se afecte el volumen de la actividad productiva. Así que altos precios del petróleo y del carbón pueden estar acompañados de mayor desempleo. Estas actividades son intensivas en capital, y por esta razón el mayor valor de las exportaciones de petróleo y carbón, no suele estar acompañado de aumentos significativos en el empleo. En el lenguaje usual se supone, de manera equivocada, que los mayores precios internacionales de los minerales e hidrocarburos siempre favorecen la economía. Se dice que son intrínsecamente buenos. Esta visión además de que es simplista, deforma la realidad.

 

 

La forma como la economía se ha ido reprimarizando se observa bien en el cuadro. En 1965, cuando apenas comenzaba el modelo de sustitución de importaciones, el 73,4% de las exportaciones eran alimentos (café, flores, banano…). Y la partición de petróleo y minerales era de 17,7%. La industria, que apenas representaba el 4,2%, llegó a su punto más alto en 1990, con 16,4%. Esta dinámica de las manufacturas fue el resultado positivo de las políticas diseñadas por la Cepal de estímulo a la industria y de sustitución de importaciones. Recientemente, en el año 2016, el peso de la industria se redujo a 6,2%, y el petróleo y los hidrocarburos subieron a 66,3%. La reprimarización es evidente. Este rubro, más el de alimentos, suma 82,3%.

 

El agotamiento del mercado interno

 

El manejo de las bonanzas del petróleo y los minerales ha sido inadecuada. No se han generado dinámicas autónomas. Los efectos multiplicadores de las economía extractiva han sido mínimos. En otras palabras, no se han sembrado las bonanzas. El país ha renunciado a la reflexión sistemática sobre la forma como los excedentes de las bonanzas se reflejan en un crecimiento de la productividad de la industria y la agricultura nacionales. En lugar de incidir de manera positiva en la producción interna, los altos precios internacionales han estado acompañados de una reducción de la capacidad productiva nacional. La industria y la agricultura se han debilitado. Si estas actividades se ahogan, el empleo no crece. Efectivamente, la bonanza no ha ido a la par con un crecimiento de la productividad de la industria y la agricultura. Sin mercado interno no hay empleo. El mayor desempleo es una expresión del debilitamiento de los sectores manufacturero y agropecuario.

 

La acentuación del déficit en la cuenta corriente

 

En contra de las expectativas del Ministerio de Hacienda, el déficit en cuenta corriente ha aumentado. En el 2018, de acuerdo con el Banco de la República, el desbalance fue de 3,8% del PIB. En el Marco Fiscal de Mediano Plazo se había dicho que este déficit sería del 2,8%. Ello significa que las importaciones continúan siendo mayores que las exportaciones. Esta relación debilita la estructura económica del país. Las bonanzas deberían haber llevado a superávit en la balanza en cuenta corriente. Ha sucedido todo lo contrario.

 

No es el aumento del salario mínimo

 

De acuerdo con los tres puntos anteriores, el desempleo puede estar ocasionado por factores estructurales de una índole muy diferente al aumento del salario mínimo, al que no le pueden atribuir tal realidad.

Frente al impacto del salario se presentan dos visiones. Una, desde la óptica del empresario, supone que los menores salarios se reflejan en una mayor ganancia, en un incremento de la inversión, y en más empleo. Esta perspectiva es rechazada por los autores que siguen a Keynes, para quien es bueno que el salario suba porque la capacidad de compra aumenta, la demanda crece y los empresarios contratan más trabajadores. Así que el aumento del salario es compatible con un crecimiento del empleo. Pero para que ello sea posible se requiere corregir los males estructurales que han debilitado la actividad económica nacional.

 

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13 de abril de 2019

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Sábado, 02 Marzo 2019 08:28

Un abismo para salir de la angustia

Un abismo para salir de la angustia

La crisis económica que ahoga la vida de miles de personas en Colombia tiene finales funestos, como el de Paola Moreno y su hijo Nicolás Ceballos Moreno, de reciente ocurrencia en el puente “La Variante”, ubicado entre Ibagué y Cajamarca. 

 

Un abismo para salir de la intranquilidad. El pasado 6 de febrero el puente “La Variante” que conecta a los municipios de Ibagué y Cajamarca sirvió de trampolín para que Jessica Paola Moreno Cruz de 30 años, y su hijo May Nicolás Ceballos Moreno de 10 años de edad, terminaran con sus vidas; dos semanas atrás –27 de enero–Cristian Ciro, joven de 23 años, decidió saltar al vacío en el mismo lugar –según medios de la región, por problemas sentimentales–. Las razones para tomar la funesta decisión son diferentes, sin embargo, hacen parte de un mismo síntoma: una sociedad en crisis.

 

Para nadie es un secreto que la vida en el país cada vez es más angustiante y precaria. La decisión de quienes han estado en el poder durante la historia nacional, siempre ha sido la de gobernar para los ricos e imponer sus políticas y modelos económicos de inequidad sobre las mayorías. Los últimos gobiernos –Samper, Pastrana, Uribe, Santos, Duque– han decidido implementar con ferocidad el modelo neoliberal que privatiza lo público para entregárselo a los poderes económicos privados, lo que hace que perdamos como sociedad derechos fundamentales como el de la salud gratuita, estabilidad y garantías laborales, por mencionar algunos.

 

Una angustia que agobia la existencia

 

La noticia del suicidio de Paola Moreno y su hijo, deja en evidencia el problema estructural que tiene el país, pues si analizamos con detalle, esta mujer padece las consecuencias de una vida de injusticias e inequidades. Era una madre de familia, que tenía a su cargo la responsabilidad de criar sola a su único hijo; según medios habría estudiado administración de empresas, sin embargo no tenía estabilidad laboral y por momentos era vendedora informal de cremas y cosméticos –como miles de mujeres en Colombia–, recurso último o complementario para poder reunir algunos pesos que ayuden a sobrellevar el día a día.

 

Estaba endeudada, como millones en el país. La llamaban a diario, le quitaban lo poco que tenía, la intimidaban. No eran los bancos (que te cierran toda opción comercial para nuevos créditos, te aniquilan en lo económico con el cobro de intereses sobre el interés, hasta quitarte lo poco que tengas a través de embargos y similares), eran los “gota a gota”, que prestan con intereses del 20 por ciento y más diario, y que al no recibir su pago no reparan en utilizar métodos ’no santos’ para recuperar lo prestado, para ello y de manera inicial, las agresiones verbales, para luego pasar a la intimidación física, a las golpizas, hasta llegar al asesinato.

 

Las apariencias engañan

 

Pese a sus dificultades, Paola se mostraba ante los demás como si tuviera una vida estable y exitosa, se tomaba fotos para ganar “me gusta” en las redes sociales, sin embargo, su realidad era delirante, a tal punto que decidió quitarse la vida y de paso arrebatar la de su hijo.

 

Una decisión que refleja el estado de angustia a que estaba sometida, y el nivel depresivo a que había llegado producto de no encontrarle salida a los afanes a que estaba sometida. Ante sí, tal vez producto del alocado individualismo en que hemos caído, las alternativas colectivas y solidarias no eran una opción. El paisaje era de bruma: empleo cero, ingresos cero o insuficientes, y cero apoyo social para salir de la crisis.

 

La suya era una realidad prolongación/consecuencia de un sistema social donde todo está fabricado para beneficio de unos pocos, y donde la gran mayoría está expuesta al aislamiento y a malvivir, hasta desear la muerte, hasta buscar la muerte.

 

 

Es una realidad que no solo está presente en el caso de Paola y Cristian Ciro, según el informe Forensis 2017, de Medicina Legal, entre los años 2008 y 2017 en Colombia se presentaron aproximadamente 19.977 suicidios, con una media de 1.998 casos por año. Las personas entre los 20 y los 39 años presentan la mayor frecuencia de suicidios con 44,73 por ciento (Ver tabla de suicidios).

 

En efecto, las angustias que aquejaron tanto a Paola como a Cristian Ciro, evidencian otro problema de nuestro país: no existe una política pública para construir sociedad, es decir, para que seamos común-unidad. Nada, lo que prima es aquello que conocemos como “sálvese quien pueda”, y ante tal opción cientos, miles quedan en el camino, tirados, triturados por un sistema que desprecia la vida y adora la acumulación en los bolsillos de los más “pilos”. Es así como las ciudades están llenas de personas jóvenes que deambulan pegadas a un tarro con bóxer, aspirando gases tóxicos para alejarse de la realidad. Jóvenes que tras escasos dos o tres años, cubiertos de mugre y odio, con mirada perdida, parecen viejos al final de sus vidas.

 

Es una inexistente política pública reflejada en, por ejemplo, la ausencia de un sistema de salud preventivo, que entienda los ritmos de vida de la gente, que trabaje la salud mental y ayude a tener una vida tranquila –la cual necesita, es evidente, del cumplimiento de un conjunto de derechos, como trabajo estable, tiempo para la recreación, vivienda, alimentación, etcétera–. El alcalde de Ibagué, Guillermo Alfonso Jaramillo, se refirió a esto diciendo que el gota a gota está agobiando a la ciudad y al país, pero el tema del suicidio también tiene que ver con un problema de salud al que “El sistema en sí no está aportando la atención necesaria y a la salud mental no se le presta atención y mire donde terminamos”.

 

Otro mundo es posible

 

Uno de los problemas esenciales de esta trágica noticia es que demuestra como las personas están buscando las soluciones de sus problemas de una forma individual, sin entender o hilar la realidad política y económica del país; sin entender que lo que lo aqueja en su día a día también lo padece y vive el del lado, el vecino, miles de familias. Sin embargo, los medios masivos (ver recuadro “El periodista”) y el poder, muestran estos casos como aislados, como si la gente que toma estas decisiones estuviera loca, ocultando que lo que realmente está mal es este modelo de sociedad, este sistema económico, donde la democracia existe únicamente para poner un voto y no para vivir en justicia y escoger los rumbos para la vida cotidiana.

 

Un reto por encarar. En un mundo donde la tendencia 1-99 (1 por ciento de la población acumula la riqueza del 99 por ciento restante) cada vez tiene más fuerza –según el informe de Oxfam de 2017 sobre la acumulación de riqueza, sólo 8 personas poseen una riqueza igual a los ingresos de 3 mil 600 millones de personas del planeta–, los movimientos sociales y la sociedad en su conjunto necesita replantearse el modelo de vida, lo que implica construir una nueva forma de gobierno y poder.

 

Para emprender estos retos necesitamos de soluciones colectivas, soluciones que permitan el encuentro y abran la palabra entre miles, quienes deben comenzar a decidir los rumbos de su vida, colocando para ello y como base fundamental el bienestar común. Esto será posible si se organizan espacios verdaderamente democráticos que vayan más allá de la institucionalidad, que sean obra cotidiana de todas las personas, de los de a pie, para que compartan sus angustias y vislumbren las soluciones para las mismas.

 

Ante la crisis nos queda, por demás, una alternativa: llenar el vacío reinventando la vida en solidaridad colectiva.

 

 


Recuadro 

 

“El periodista”

 

Son varios los “periodistas” que graban el momento en que Jessica Paola y su hijo May Nicolás están al borde de lanzarse desde el puente, todos buscan el mejor ángulo para captar la tragedia, todos quieren tener la imagen en exclusiva. Algún “periodista” agradecen a las 274 personas conectadas que veían en vivo a través de su página de Facebook –que quizás nunca había tenido tantos seguidores en una publicación–.

 

El video en vivo es narrado una y otra vez por los “periodistas”; allí, en vivo, trasmiten las suplicas de quienes intentan que la mujer no se lance al precipicio. Sin abandonar su Smartphone, el “periodista” agradece una y otra vez a quienes le siguen en vivo –ora para que pueda grabar cuando salten–.

 

“Ahí está la noticia”, de eso está convencido; seguramente nunca ha pensado en la débil frontera que separa al suceso del morbo y como al franquearla ya no hay periodismo. Transmite el suceso y para potenciar el espectáculo, para hacerlo más trágico, dice que el niño es un bebe. Para quienes no entienden lo que pasa en el video y se acaban de conectar a la transmisión, el “periodista” detalla la escena diciendo: “pueden ver algo morado que esta al fondo, esa es la gorra de la mujer que está a punto de lanzarse”.

 

Prosigue en su hito y graba la angustia de la familia de la suicida y su hijo, trasmite, no tiene remordimiento de nada, el carroñero sabe que esto le hará ganar followers. Siempre busca el mejor ángulo, por eso dice: “vamos a tratar de acercarnos un poco más para alcanzar a escuchar lo que las personas le dicen”. Se desespera por la posición donde ahora está, pues ese no resulta el mejor lugar para grabar el evento. “Pss, pss”, hace llamando a alguien para que le haga el favor de llevar el celular hasta el lugar donde se pueda ver a la mujer y al niño. No tiene éxito.

 

Llega el momento esperado, la mujer salta al vacío. El “periodista” empieza a aclamar a Dios: “¡Dios mío!, ¡Dios santo!, que triste, esta mujer se lanzó con el niño”, entrecorta sus palabras con un chillido fingido y vuelve a decir: “que triste, la policía llora”. Se detiene. Unos pocos segundos después vuelve a recordar su página web. Empieza a llorar de nuevo. Da una pausa y juzga a la mujer: “Dios la sabrá perdonar”.


Aún no está satisfecho, quiere más. Trata de ingresar al lugar para ver si logra por lo menos tener una imagen de los cuerpos en el vacío. No lo logra. Decide terminar el video. Agradece y se sorprende por las 4.400 personas que lo siguen en la transmisión, y termina diciendo “gracias a las casi cinco mil personas que nos siguieron y a Paola, que dios la perdone”.

 

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Viernes, 01 Marzo 2019 06:39

El futuro del trabajo

El futuro del trabajo

Después de Laudato Si, que no solo denunció la crisis ecológica, sino que también puso al trabajador en el centro del debate como víctima principal de un sistema económico que mata, no puede armarse una agenda mundial seria sobre el desarrollo humano integral sin pensar el futuro del trabajo, y sin establecer con carácter de urgencia un programa de transición hacia las nuevas tecnologías digitales y los nuevos modelos económicos sustentables. La OIT levantó el reto; el proyecto está en marcha. 

El 22 de enero, en el marco del centésimo aniversario de la Organización Mundial del Trabajo, se hizo público el documento de la Comisión Mundial de la OIT para El Futuro del Trabajo que muestra crudamente la realidad del trabajador en el siglo XXI. La cifra de 300 millones de personas desempleadas confirma la denuncia del papa Francisco cuando dice que el trabajador pasó de ser explotado a ser desechado. No obstante, el informe es esperanzador. Con la transformación tecnológica y ecológica se perderán tantos puestos de trabajo como los que se crearán. Se trata de centrar la economía en la persona humana, invertir en capacitación y organización para los más vulnerables, y redefinir trabajo y educación. El plan busca organizar la transición hacia un nuevo modelo de trabajo donde la tecnología sea la herramienta liberadora del cuerpo y del tiempo de los trabajadores. La transición tiene como clave la inversión en capacitación, y como condición el acuerdo social tripartito –entre empleados, empleadores y gobierno. Todo en línea con el principio de Trabajo Decente establecido por la OIT en 1999, y con los 17 puntos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sustentable de la ONU.


Cruda realidad: La cuestión del trabajo es tan “calamitosa y urgente” como lo era a fines del siglo XIX –así comenzaba la primera encíclica social Rerum Novarum de León XIII en 1891–. Según el documento de la OIT: 190 millones de personas están desempleadas; 2000 millones sobreviven por la economía informal –que en algunos casos es economía social y en otros crimen organizado–; 300 millones viven en la pobreza; y casi 3 millones mueren anualmente por enfermedades de trabajo. De acuerdo con estas cifras, la comisión establece que deben crearse 344 millones de empleos de acá al 2030 para terminar con el desempleo.


Análisis de la situación: Según la Comisión Mundial “nuevas fuerzas están transformando el mundo del trabajo” y causan desocupación estructural, pero también nuevas oportunidades. Los cambios políticos significativos a lo largo de la historia responden a nuevos sistemas económicos determinados por saltos cualitativos tecnológicos. La llegada de la pólvora a occidente, por ejemplo, fue la causa del pasaje del feudalismo al Estado moderno con su modelo de centralización y administración de bienes y cuerpos. Si el avance de la tecnología hacia lo digital y robótico es realmente un salto cualitativo significativo que habilita otro modo de producción, entonces el modelo económico y político actual estaría en proceso de cambio. Algunos interpretan la situación presente como desvío de la lógica imperante hasta el siglo XX, al cual creen que hay que corregir y, por falta de nombre, le han dado el de populismo. Otros, como la Comisión Mundial de la OIT –conscientes de que ante el cambio tecnológico de la Revolución Industrial fueron los mismos trabajadores los que dejaron de pelear contra las máquinas rompiendo telares, y comenzaron a organizarse sindical y partidariamente hacia estilos democráticos–, no ven en la tecnología una competencia desleal sino un factor de liberación del tiempo y el cuerpo del trabajador: “tenemos que aprovechar las posibilidades que nos brindan estas transformaciones profundas”.


Plan estratégico: El plan está enfocado en la persona del trabajador excluido y consta de tres ejes: 1) invertir en las capacidades de las personas –pobres–; 2) invertir en las instituciones del trabajo –sindicatos y movimientos sociales–; 3) invertir en el trabajo decente y sostenible –economía verde y del cuidado–. La inversion en capacitación de las personas debe garantizar: aprendizaje para todos y de manera permanente generando un “ecosistema de aprendizaje”; apoyo a las personas trabajadoras en el periodo de transición; transformación para igualdad de género; y fortalecimiento de la protección social. Por su parte, la inversión en las instituciones del trabajo deben restablecer: la garantía laboral universal; la soberanía sobre el tiempo del trabajador; la representación colectiva; y la tecnología en función del trabajo decente. Por último, la inversión en trabajo decente y sostenible debe poder transformar las economías reorientando los incentivos hacia un modelo empresarial centrado en la persona del trabajador, antes que en el trabajo.


Redefinición del trabajo: Se parte del supuesto de que todo aquel que para vivir depende de un salario es trabajador, incluso los desempleados. Pero no se lo percibe así. La aplicabilidad del proyecto depende de una redefinición social del trabajo. Aunque el informe señala que “el trabajo no es mercancía”, la idea de que los trabajadores realicen una actividad creativa remunerada sin que esta sea empleo asalariado en condiciones indignas, está lejos de identificarse socialmente como trabajo. Según la propuesta, el trabajo continuaría, lo que desaparece es el empleo asalariado en condiciones inhumanas. Se trata de volver socialmente aceptable la idea de que mientras la tecnología hace el trabajo forzado, los trabajadores se forman. Se propone la creación de dos fondos, de Garantía Laboral Universal y de Protección Social Universal, para asegurar a los trabajadores más vulnerables, desde el nacimiento hasta la vejez, lo básico, independientemente de su situación laboral. El dinero está, lo que falta es sensibilidad social, ya que –según el informe– han “reducido la proporción de los ingresos nacionales consagrados a los trabajadores”.


Redefinición de educación: La solución al desempleo finalmente depende de una “conversión cultural” como propone Laudato Si. Aun cuando las inversiones en formación lograsen ser “una prioridad básica de la política económica”, se requiere de una redefinición de la educación. El programa sugiere la creación de un “ecosistema eficaz de aprendizaje permanente” que engloba el aprendizaje formal e informal: “El aprendizaje permanente no abarca solamente las competencias necesarias para trabajar, sino que también comprende el desarrollo de las aptitudes necesarias para participar en una sociedad democrática”. Propone que sea supervisado de manera tripartita de acuerdo a un sistema universal de derecho a la formación. El cambio permitiría a los trabajadores tiempo libre y remunerado, y sería independiente del tipo de trabajo que hagan ya que estaría destinada a “apoyar a los trabajadores más vulnerables”.


La organización: El Futuro del Trabajo depende de los trabajadores organizados, son ellos “los que deben diseñar una nueva concepción de trabajo que aplique la tecnología en función de su bienestar”. Sin embargo, la concentración del poder económico debilitó a las organizaciones de trabajadores en la negociación colectiva, y además “el cambio climático va a perturbar aún más los mercados laborales”, ya que “la degradación del medioambiente afecta de manera desproporcionada a las poblaciones vulnerables y a los países de bajos ingresos”, tal como lo denuncia también Laudato Si. La Comisión Mundial es consciente de que los cambios jurídicos –como la derogación de derechos laborales en Brasil–, y la dificultad de conectar trabajadores por la falta de empleo, hace más difícil la posibilidad de organizarse. Sugiere a los trabajadores organizados “adoptar estrategias de organización inclusivas, posibilitando la afiliación a los trabajadores informales”. Los movimientos sociales son una alternativa que surge en el escenario de desempleo estructural. No obstante, los Convenios Colectivos de Trabajo son la realidad efectiva del diálogo social y la cultura del encuentro, del cual hoy 330 millones de personas desempleadas quedan excluidas.
* Miembro del equipo internacional del Programa OIT-ICMC: The Future of Work, Labour After Laudato Si, a cargo de Pierre Martinot-Lagarde, con sede en Ginebra. Asesora de Uitec (Unión Iberoamericana de Trabajadores de Edificios y Condominios).

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Jueves, 28 Febrero 2019 16:35

Un abismo para salir de la angustia

Un abismo para salir de la angustia

La crisis económica que ahoga la vida de miles de personas en Colombia tiene finales funestos, como el de Paola Moreno y su hijo Nicolás Ceballos Moreno, de reciente ocurrencia en el puente “La Variante”, ubicado entre Ibagué y Cajamarca. 

 

Un abismo para salir de la intranquilidad. El pasado 6 de febrero el puente “La Variante” que conecta a los municipios de Ibagué y Cajamarca sirvió de trampolín para que Jessica Paola Moreno Cruz de 30 años, y su hijo May Nicolás Ceballos Moreno de 10 años de edad, terminaran con sus vidas; dos semanas atrás –27 de enero–Cristian Ciro, joven de 23 años, decidió saltar al vacío en el mismo lugar –según medios de la región, por problemas sentimentales–. Las razones para tomar la funesta decisión son diferentes, sin embargo, hacen parte de un mismo síntoma: una sociedad en crisis.

 

Para nadie es un secreto que la vida en el país cada vez es más angustiante y precaria. La decisión de quienes han estado en el poder durante la historia nacional, siempre ha sido la de gobernar para los ricos e imponer sus políticas y modelos económicos de inequidad sobre las mayorías. Los últimos gobiernos –Samper, Pastrana, Uribe, Santos, Duque– han decidido implementar con ferocidad el modelo neoliberal que privatiza lo público para entregárselo a los poderes económicos privados, lo que hace que perdamos como sociedad derechos fundamentales como el de la salud gratuita, estabilidad y garantías laborales, por mencionar algunos.

 

Una angustia que agobia la existencia

 

La noticia del suicidio de Paola Moreno y su hijo, deja en evidencia el problema estructural que tiene el país, pues si analizamos con detalle, esta mujer padece las consecuencias de una vida de injusticias e inequidades. Era una madre de familia, que tenía a su cargo la responsabilidad de criar sola a su único hijo; según medios habría estudiado administración de empresas, sin embargo no tenía estabilidad laboral y por momentos era vendedora informal de cremas y cosméticos –como miles de mujeres en Colombia–, recurso último o complementario para poder reunir algunos pesos que ayuden a sobrellevar el día a día.

 

Estaba endeudada, como millones en el país. La llamaban a diario, le quitaban lo poco que tenía, la intimidaban. No eran los bancos (que te cierran toda opción comercial para nuevos créditos, te aniquilan en lo económico con el cobro de intereses sobre el interés, hasta quitarte lo poco que tengas a través de embargos y similares), eran los “gota a gota”, que prestan con intereses del 20 por ciento y más diario, y que al no recibir su pago no reparan en utilizar métodos ’no santos’ para recuperar lo prestado, para ello y de manera inicial, las agresiones verbales, para luego pasar a la intimidación física, a las golpizas, hasta llegar al asesinato.

 

Las apariencias engañan

 

Pese a sus dificultades, Paola se mostraba ante los demás como si tuviera una vida estable y exitosa, se tomaba fotos para ganar “me gusta” en las redes sociales, sin embargo, su realidad era delirante, a tal punto que decidió quitarse la vida y de paso arrebatar la de su hijo.

 

Una decisión que refleja el estado de angustia a que estaba sometida, y el nivel depresivo a que había llegado producto de no encontrarle salida a los afanes a que estaba sometida. Ante sí, tal vez producto del alocado individualismo en que hemos caído, las alternativas colectivas y solidarias no eran una opción. El paisaje era de bruma: empleo cero, ingresos cero o insuficientes, y cero apoyo social para salir de la crisis.

 

La suya era una realidad prolongación/consecuencia de un sistema social donde todo está fabricado para beneficio de unos pocos, y donde la gran mayoría está expuesta al aislamiento y a malvivir, hasta desear la muerte, hasta buscar la muerte.

 

 

Es una realidad que no solo está presente en el caso de Paola y Cristian Ciro, según el informe Forensis 2017, de Medicina Legal, entre los años 2008 y 2017 en Colombia se presentaron aproximadamente 19.977 suicidios, con una media de 1.998 casos por año. Las personas entre los 20 y los 39 años presentan la mayor frecuencia de suicidios con 44,73 por ciento (Ver tabla de suicidios).

 

En efecto, las angustias que aquejaron tanto a Paola como a Cristian Ciro, evidencian otro problema de nuestro país: no existe una política pública para construir sociedad, es decir, para que seamos común-unidad. Nada, lo que prima es aquello que conocemos como “sálvese quien pueda”, y ante tal opción cientos, miles quedan en el camino, tirados, triturados por un sistema que desprecia la vida y adora la acumulación en los bolsillos de los más “pilos”. Es así como las ciudades están llenas de personas jóvenes que deambulan pegadas a un tarro con bóxer, aspirando gases tóxicos para alejarse de la realidad. Jóvenes que tras escasos dos o tres años, cubiertos de mugre y odio, con mirada perdida, parecen viejos al final de sus vidas.

 

Es una inexistente política pública reflejada en, por ejemplo, la ausencia de un sistema de salud preventivo, que entienda los ritmos de vida de la gente, que trabaje la salud mental y ayude a tener una vida tranquila –la cual necesita, es evidente, del cumplimiento de un conjunto de derechos, como trabajo estable, tiempo para la recreación, vivienda, alimentación, etcétera–. El alcalde de Ibagué, Guillermo Alfonso Jaramillo, se refirió a esto diciendo que el gota a gota está agobiando a la ciudad y al país, pero el tema del suicidio también tiene que ver con un problema de salud al que “El sistema en sí no está aportando la atención necesaria y a la salud mental no se le presta atención y mire donde terminamos”.

 

Otro mundo es posible

 

Uno de los problemas esenciales de esta trágica noticia es que demuestra como las personas están buscando las soluciones de sus problemas de una forma individual, sin entender o hilar la realidad política y económica del país; sin entender que lo que lo aqueja en su día a día también lo padece y vive el del lado, el vecino, miles de familias. Sin embargo, los medios masivos (ver recuadro “El periodista”) y el poder, muestran estos casos como aislados, como si la gente que toma estas decisiones estuviera loca, ocultando que lo que realmente está mal es este modelo de sociedad, este sistema económico, donde la democracia existe únicamente para poner un voto y no para vivir en justicia y escoger los rumbos para la vida cotidiana.

 

Un reto por encarar. En un mundo donde la tendencia 1-99 (1 por ciento de la población acumula la riqueza del 99 por ciento restante) cada vez tiene más fuerza –según el informe de Oxfam de 2017 sobre la acumulación de riqueza, sólo 8 personas poseen una riqueza igual a los ingresos de 3 mil 600 millones de personas del planeta–, los movimientos sociales y la sociedad en su conjunto necesita replantearse el modelo de vida, lo que implica construir una nueva forma de gobierno y poder.

 

Para emprender estos retos necesitamos de soluciones colectivas, soluciones que permitan el encuentro y abran la palabra entre miles, quienes deben comenzar a decidir los rumbos de su vida, colocando para ello y como base fundamental el bienestar común. Esto será posible si se organizan espacios verdaderamente democráticos que vayan más allá de la institucionalidad, que sean obra cotidiana de todas las personas, de los de a pie, para que compartan sus angustias y vislumbren las soluciones para las mismas.

 

Ante la crisis nos queda, por demás, una alternativa: llenar el vacío reinventando la vida en solidaridad colectiva.

 

 


Recuadro 

 

“El periodista”

 

Son varios los “periodistas” que graban el momento en que Jessica Paola y su hijo May Nicolás están al borde de lanzarse desde el puente, todos buscan el mejor ángulo para captar la tragedia, todos quieren tener la imagen en exclusiva. Algún “periodista” agradecen a las 274 personas conectadas que veían en vivo a través de su página de Facebook –que quizás nunca había tenido tantos seguidores en una publicación–.

 

El video en vivo es narrado una y otra vez por los “periodistas”; allí, en vivo, trasmiten las suplicas de quienes intentan que la mujer no se lance al precipicio. Sin abandonar su Smartphone, el “periodista” agradece una y otra vez a quienes le siguen en vivo –ora para que pueda grabar cuando salten–.

 

“Ahí está la noticia”, de eso está convencido; seguramente nunca ha pensado en la débil frontera que separa al suceso del morbo y como al franquearla ya no hay periodismo. Transmite el suceso y para potenciar el espectáculo, para hacerlo más trágico, dice que el niño es un bebe. Para quienes no entienden lo que pasa en el video y se acaban de conectar a la transmisión, el “periodista” detalla la escena diciendo: “pueden ver algo morado que esta al fondo, esa es la gorra de la mujer que está a punto de lanzarse”.

 

Prosigue en su hito y graba la angustia de la familia de la suicida y su hijo, trasmite, no tiene remordimiento de nada, el carroñero sabe que esto le hará ganar followers. Siempre busca el mejor ángulo, por eso dice: “vamos a tratar de acercarnos un poco más para alcanzar a escuchar lo que las personas le dicen”. Se desespera por la posición donde ahora está, pues ese no resulta el mejor lugar para grabar el evento. “Pss, pss”, hace llamando a alguien para que le haga el favor de llevar el celular hasta el lugar donde se pueda ver a la mujer y al niño. No tiene éxito.

 

Llega el momento esperado, la mujer salta al vacío. El “periodista” empieza a aclamar a Dios: “¡Dios mío!, ¡Dios santo!, que triste, esta mujer se lanzó con el niño”, entrecorta sus palabras con un chillido fingido y vuelve a decir: “que triste, la policía llora”. Se detiene. Unos pocos segundos después vuelve a recordar su página web. Empieza a llorar de nuevo. Da una pausa y juzga a la mujer: “Dios la sabrá perdonar”.


Aún no está satisfecho, quiere más. Trata de ingresar al lugar para ver si logra por lo menos tener una imagen de los cuerpos en el vacío. No lo logra. Decide terminar el video. Agradece y se sorprende por las 4.400 personas que lo siguen en la transmisión, y termina diciendo “gracias a las casi cinco mil personas que nos siguieron y a Paola, que dios la perdone”.

 

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Publicado enEdición Nº254
Viernes, 04 Enero 2019 06:59

Miseria y desigualdad en Colombia

Miseria y desigualdad en Colombia

Como el segundo país más desigual de América Latina aparece Colombia, donde el hambre y la miseria junto a los altos índices de criminalidad y difícil acceso a la educación y a la salud son hechos cotidianos para el grueso de su población.


Pese a ser Colombia uno de los principales aliados de Estados Unidos en la región, el dinero que le entrega la Casa Blanca va destinado al sector militar y no a resolver las necesidades de millones de ciudadanos pobres.


A Colombia las últimas administraciones norteamericanas y en especial la actual presidida por el magnate Donald Trump le han asignado la tarea de ser el principal actor contra la República Bolivariana de Venezuela, porque funcionaría como base logística y de agresión armada contra Caracas que ha decidido defender su independencia y se ha negado a instaurar un sistema neoliberal como exige Washington para la región.


Recordemos que en suelo colombiano están establecidas siete bases norteamericanas que cuentan con gran poder militar ubicadas en Apiay, Malambo, Cartagena, Palenguero, Tulemaida, Larandida y Bahía Málaga.


Después del recorrido realizado por el secretario de Estado norteamericano, Red Tillerson por México, Perú, Argentina, Colombia y Jamaica con el manifiesto propósito de incrementar las presiones económico-financieras contra Venezuela, el presidente colombiano Juan Manuel Santos inició conversaciones con el FMI, el BID y el BM para que cuando Caracas cambie o sea derrocado su gobierno, se apruebe un plan de rescate por 60 000 millones de dólares.


Esa información la ofreció el ministro de Hacienda colombiano, Mauricio Cárdenas quien agregó que a su país le gustaría tener un papel más destacado en Venezuela en caso de que se dé un cambio de gobierno tal como afirmó Tillerson en Austin, Texas antes de comenzar su periplo por América Latina.


Paradójicamente, los mismos organismos financieros con los cuales Santos quiere lograr una supuesta ayuda para Venezuela, confirman que Colombia vive una situación delicada, por ser una de las naciones más desiguales del mundo y la segunda de Latinoamérica.


Esto se debe a que el 20 % de los ingresos del país están concentrados en el 1 % de la población mientras la mitad de esas entradas la recibe solo el 10 %.
La política de expulsión de campesinos y de poblaciones indígenas bajo amenazas y asesinatos ha provocado que el 1 % de las familias ricas y empresas transnacionales sean dueñas del 81 % del territorio nacional.


Un informe presentado en la 62 sesión del Comité del Pacto de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, DES, de las Naciones Unidas, denuncia que de los 43 millones de personas en el país, 22 millones sobreviven en condiciones de pobreza


El documento asevera que el despojo generado por los desplazamientos permitió que entre 1980 a 2016 más de 7.4 millones de hectáreas cambiaran de dueños, lo cual profundizó el modelo de propiedad de tierra desigual.


Una de las denuncias más importantes es que a partir del 2002 hay un incremento en el otorgamiento de títulos mineros e hidrocarburos que se elevan a 4.9 millones de hectáreas a cambio de favores a funcionarios estatales, que ha provocado el quebrantamiento de grupos indígenas y graves afectaciones medioambientales. Privatizaciones indiscriminadas bajo el régimen neoliberal.


El Fondo de Naciones Unidas para la Educación y la Infancia (UNICEF) reveló que uno de cada diez niños sufre desnutrición crónica en ese país andino, mientras el Instituto Nacional de Salud advirtió que cada semana mueren al menos cinco menores a causa de la desnutrición.


Desde enero hasta de noviembre de 2016, en la Guajira fallecieron 66 niños por hambre, pertenecientes al pueblo indígena Wayúu. En la última década, en Colombia han muerto aproximadamente 2 000 niños y niñas por este mismo motivo.


Al igual que todos los gobiernos que aplican al pie de la letra las más estrictas leyes neoliberales, los ricos en Colombia pagan menos impuestos.
En cuanto a los empleos, el 64 % de los colombianos lo hacen en la informalidad, el 18 % bajo relaciones laborales ilegales, mientras que el 89 % de los asalariados rurales carece de protección social. Además, el 47.1 % de los trabajadores ganan menos del salario mínimo legal.


Las privatizaciones se extendieron por todos los sectores: bancario, empresas inmobiliarias, servicios de agua, alcantarillado, educación, salud, seguros, minería.
Con la entrada en vigor el 15 de mayo de 2012 del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, se aceleró la fuga de capitales, la destrucción ambiental; aumentó la privatización de servicios esenciales como educación, agua, electricidad y salud; se incrementó la desigualdad y el trabajo precario; se redujo la producción alimentaria con la entrada de mercancías subsidiadas procedentes de Estados Unidos, y sobre todo, se perdió la soberanía económica y política de la nación.
A todas estas desventajas sociales y económicas, se suma una violencia histórica que ni con la firma de los acuerdos de La Habana se han podido resolver ya que continúan los asesinatos a líderes sociales, desplazamientos forzados, hechos violentos, incumplimiento de acuerdos con sindicatos y falta de garantías para las protestas pacíficas.


Aunque el presidente Santos, con toda la maquinaria de los medios de comunicación occidentales que lo apoyan, trate de que ocurra un cambio de sistema en la República Bolivariana cuyo gobierno ha beneficiado a la mayoría menos favorecida de Venezuela, los datos que ofrece Colombia son la antítesis de lo que los pueblos latinoamericanos desean: atención educacional, salud, bienestar social y paz.


Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano, especialista en política internacional.

Publicado enColombia
Esperando al robot: cómo las máquinas cambiarán la economía en los próximos cuatro años

El Foro Económico Mundial ha presentado un informe sobre el impacto a corto plazo de la economía de la “cuarta revolución industrial”. Pese a que aseguran que no se perderán empleos, este foro insinúa que será necesaria una reconversión profunda de la actividad humana.

No es solo un lema; la cuarta revolución industrial es una realidad que se proyecta sobre el futuro inmediato de la humanidad y la economía mundial. El Foro Económico Mundial (WEF) ha presentado esta semana su informe sobre el futuro de los trabajos en el periodo 2018-2022. No hay ciencia ficción, solo una proyección sobre el impacto de la tecnología ya existente y de la que se desarrollará en los próximos cuatro años. El diagnóstico va por barrios: para el World Economic Forum, las posibilidades de esta evolución de las tecnologías supondrán un aumento de puestos de trabajo para los humanos. Una mirada crítica encontrará motivos para la preocupación.


Este foro, basado en Ginebra (Suiza), tiene entre sus objetivos la cooperación entre multinacionales y sector privado con los Gobiernos. De este modo, su prospección de las consecuencias económicas de la cuarta revolución industrial establece una condición de partida, que es la reforma de los sistemas de educación y formación, de los mercados laborales y de los “contratos sociales existentes”, entre otras intervenciones. De este modo, siempre según en WEF, en los próximos cuatro años se crearán 133 millones de nuevos “roles” en el mercado laboral “más adaptados a la nueva división del trabajo entre humanos, máquinas y algoritmos”. A cambio de estos 133 millones de nuevos roles, la organización calcula que se perderán 75 millones de trabajos, estos sí, casi exclusivamente humanos.


La encuesta realizada para el informe —sobre una base de empresas que suponen 15 millones de empleos— establece una pérdida de empleos de 0,98 puestos de trabajo y un aumento de la oferta que superaría los 1,7 millones de puestos. No obstante, pese a esta visión próspera, la mitad de las multinacionales encuestadas responde que la economía de los próximos cuatro años supondrá la reducción de empleos a tiempo completo en su fuerza de trabajo. Sólo un 38% cree que estos cambios repercutirán en más contrataciones.


El desplazamiento no es solo de máquinas o algoritmos por humanos, sino que la evolución tecnológica también tendrá efecto en el desplazamiento espacial de las industrias y los servicios a emplazamientos geográficos por distintos motivos —aunque los costes laborales siguen siendo los preeminentes—. Un 48% de las compañías encuestadas consideran que la cuarta revolución industrial acarreará una modificación de los emplazamientos de su actividad.


En 2018, explica el estudio, la presencia de máquinas y algoritmos aumentará en los 12 sectores que analiza el estudio. A día de hoy, en estos sectores el total de tareas, medidas en horas, realizadas por homo sapiens supone un 71% del total. Un 29% de esas tareas son realizadas por máquinas no humanas. Para 2022, la balanza estará mucho más equilibrada: un 58% de las tareas las seguirán haciendo personas, un 42% serán hechas por máquinas y algoritmos.


Las tendencias inherentes a este cambio tecnológico ya se han hecho notar en el cuatrienio anterior. Empleos como los de periodista, dispensadores de alimentos y bebidas, auxiliares administrativos, diseñadores gráficos, fotógrafos y arquitectos han perdido pie en las necesidades de contratación. En cambio, diseñadores de software y profesiones asociadas a recursos humanos y márketing salen ganando en la demanda de contratación, y se espera que sigan siendo sectores de alta demanda.


Reciclaje de humanos


El WEF dedica especial atención al "imperativo de recapacitación" de algunas profesiones y, en el análisis geográfico, de algunos países —aunque España no aparece más que en el epígrafe Europa Occidental, Francia es el Estado que requiere de mayor adaptación a la nueva economía, según el Foro Económico Mundial—. Más del 54% de las personas asalariadas a día de hoy necesitarán una reeducación en las nuevas características de la economía digital; el 35% de ese porcentaje necesitará adecuarse durante más de seis meses a ese contexto.


Esta organización insiste en que las habilidades “más humanas” son las mejor situadas para el cambio tecnológico. Harán falta dosis industriales de creatividad, asertividad, iniciativa, persuasión y negociación para paliar la inferioridad del homo sapiens a la hora de introducir datos, ensamblar piezas, llamar a la puerta con un catálogo de ventas, etcétera. Son algunos de los puestos de trabajo que el WEF ha señalado como “redundantes”. Curiosamente, a los empleos en peligro señalados habitualmente —repartidores, teleoperadores, reparadores de aparatos electrónicos— se unen en este informe los empleos de abogados y abogadas.


Las máquinas adquirirán, en los próximos cuatro años, cada vez más competencias en procesamiento de datos —actualmente se las utiliza para el 47% de las horas dedicadas a esta tarea, en 2022 será el 62%— o documentación relacionada con el trabajo —sus competencias subirán hasta el 55% desde el actual 36%—. Su entrada será menor en competencias como la toma de decisiones y razonamientos, pese a que su presencia aumentará desde el actual 19% de las horas hasta el 28%. Otro aumento importante se producirá en auditoría, coordinación y gestión de grupos: dentro de cuatro años, el 29% de estas actividades las harán máquinas.


Un cambio de paradigma


El Foro Económico Mundial señala tres actores a la hora de abordar estos cambios, industria, gobiernos y trabajadores. Los Gobiernos, indican, deben adaptar la educación a este salto. Sus recomendaciones son un reforzamiento del llamado conocimiento STEM (por las siglas en inglés de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) y de las habilidades “no cognitivas” asociadas al liderazgo o la persuasión. Pese a que el WEF omite una recomendación clara, el informe insinúa que el cambio de modelo, puede llevar aparejado necesariamente, la implementación de una renta básica de nuevo tipo.


Respecto a los trabajadores, en su encuesta, el WEF reseña que los sindicatos son el último actor que las empresas señalan como factor clave para la transición a la economía del big data. El Foro señala como una responsabilidad individual de las personas asalariadas desarrollar sus carreras en el nuevo contexto. En todo caso, concluyen, “aunque la idea de una renta básica puede seguir siendo políticamente y económicamente inviable en el periodo 2018-2022, algunas variantes o aspectos de la idea, como proporcionar una ‘fondo de aprendizaje universal’ para que las personas recurran a él cuando sea necesario, podría recibir una atención creciente en los próximos años”.

El fracaso de Macri y su laboratorio neoliberal en Argentina

A diferencia de las movilizaciones de 2001, la sociedad argentina cuenta con mecanismos de protección social. Sin embargo, el proyecto Macri se resquebraja y se dispara la evasión de capital.

 

 La crisis económica argentina se aceleró en las últimas semanas y llevó a la Alianza Cambiemos a su situación más complicada desde que asumió el Gobierno en diciembre de 2015. Tanto por la presión de los capitales internacionales —a través de la fuga masiva de divisas que provocó una devaluación del peso— como por una sociedad con un importante nivel de organización y movilización.

El alza del dólar, que llegó a superar los 40 pesos la última semana —provocando una devaluación de más del 100% en lo que va del año— obligó al Ejecutivo liderado por Mauricio Macri a tomar medidas drásticas. Enmarcado en su plan neoliberal, la resolución fue apostar por mayores medidas de ajuste, algunas inéditas en la historia democrática del país.


Entre estas últimas se destaca la degradación del Ministerio de Salud al estatus de Secretaría dependiente de la cartera de Desarrollo Social. Lo mismo sucedió con el Ministerio de Trabajo, que ahora quedará bajo la órbita de Producción, retrocediendo así 70 años de historia.


A su vez, esto se enmarca en una apuesta por reducir el déficit fiscal que busca ser llevado a cero para 2019. Una medida que tiene un antecedente poco feliz para la sociedad argentina: fue anunciada como la salvación por el Gobierno de Fernando de la Rúa meses antes de que estallara la crisis más grande de la historia del país sudamericano en diciembre de 2001.


Para esto se reducirá aún más el gasto público eliminando los subsidios a empresas privadas de servicios lo cual, se espera, repercuta en más aumentos de tarifas y más inflación (originalmente prevista por el Gobierno en un 15% anual y que ya se pronostica por encima del 35%).

También continuarán los despidos de trabajadores de la Administración Pública como viene sucediendo de manera sostenida, pero esta tendencia ahora se verá agudizada por la eliminación de Ministerios enteros y sus consecuentes programas. Se une el recorte del presupuesto para la Educación y la Ciencia, lo que ha desatado un extenso conflicto en las Universidades Nacionales que se encuentran hace un mes en huelga.
Todo esto hará aumentar la desocupación y la pobreza, tal como reconoció el propio presidente durante un discurso al país emitido el lunes.


LAS RAZONES DE LA CRISIS


Desde su llegada a la presidencia, Macri desarrolló una política económica con lineamientos netamente neoliberales que, combinada con problemas estructurales, dejaron la Argentina en una situación muy frágil ante cualquier embate del mercado mundial.


Entre las primeras medidas estuvo bajar y, en algunos casos directamente eliminar, el impuesto a las exportaciones de la producción agropecuaria y minera. De esta forma se anuló una de las principales fuentes de divisas. A su vez se permitió la libre remisión de dinero de las empresas a las casas matrices (previamente, las multinacionales estaban obligadas a tenerlo un año en el país).


Además se implementaron enormes aumentos de tarifas de servicios públicos (electricidad, gas, agua, transporte, combustibles) que impactaron en el bolsillo de la población y redujeron el consumo. Generando así una caída de la actividad económica.


Estas decisiones fueron acompañadas de una desregulación total del mercado financiero y una tasa de interés alta que permitió a capitales especulativos hacer negocios con las llamadas Letras del Banco Central (Lebacs), generando un importante ingreso de dólares durante los primeros dos años de gestión pero no para inversión en industrias ni para generar puestos de trabajo.


A comienzos de 2018, los mismos mecanismos que permitieron la entrada de divisas para la especulación financiera, garantizaron su rápida salida cuando el alza de la tasa de interés en EE UU golpeó todas las economías del mundo. A una primera crisis cambiaria en mayo le siguió una más reciente en agosto.


Durante este proceso la administración Macri elevó la tasa de interés de referencia primero al 40% y luego al 60% (guarismos únicos en el mundo), haciendo imposible cualquier tipo de financiamiento o crédito, sobre todo para las pequeñas y medianas empresas que son las principales creadoras de puestos de trabajo.


El combo llevó a una economía estructuralmente dependiente —cuyo principal ingreso de divisas proviene de la exportación de materias primas— a sufrir los embates de la falta de dólares y ponerla al borde de una crisis.


Fue entonces que Macri solicitó un préstamo al Fondo Monetario Internacional (FMI). El acuerdo por 50.000 millones de dólares convirtió a la Argentina en el país más endeudado con el ente financiero a nivel mundial y profundizó su dependencia ya que debió adaptarse a los objetivos impuestos por el organismo presidido por Christine Lagarde.


Paradójicamente no pudo cumplir ni siquiera con esas medidas y debió llevar a cabo recientemente lo que fue calificado por diversos analistas como un “ajuste del ajuste”.

LAS PRIMERAS CHISPAS DE UN PUEBLO ORGANIZADO Y EXPECTANTE


Tras los anuncios de esta semana, se dieron episodios aislados que recuerdan a la anterior crisis: hubo cacerolazos en la Ciudad de Buenos Aires y saqueos de comercios en algunos puntos del país. El más trágico fue el que sucedió en la localidad de Saénz Peña, en la provincia de Chaco (noreste), donde un joven de 13 años murió de un disparo en el pecho en el marco de la represión policial.


Sin embargo, una de las principales diferencias con la crisis de 2001 y que permiten suponer que el desenlace no será igual, es el nivel de organización que tiene la sociedad argentina y su entramado de contención. Hay dos grandes movimientos que se destacan por su dinamismo y presencia callejera: el feminismo y la economía popular.


El primero, conformado al calor de décadas de organización paciente de las mujeres argentinas, cobró masividad a partir de 2015 en el marco de las movilizaciones de #NiUnaMenos contra los feminicidios y este año marcó un hito al lograr que el debate del aborto llegara al Congreso. A pesar de que el Senado rechazó el proyecto, eso no quitó que la discusión generara una transformación cultural que tuvo su corolario en la marcha de dos millones de mujeres el 8 de agosto.


A su vez, fue este movimiento el primero en realizar un paro nacional al gobierno de Macri en octubre de 2016 cuando la principal central sindical, la Confederación General del Trabajo (CGT) se mostraba, como ahora, dubitativa.


Por su parte, el movimiento de la Economía Popular representa a los sectores desclasados que no lograron ser integrados durante los gobiernos de Néstor y Cristina Fernández de Kirchner. Se trata de personas que se crearon su propio trabajo y se nuclean centralmente en cooperativas hoy organizadas en torno a la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) y otras organizaciones similares.
Este movimiento consiguió importantes triunfos, incluso legislativos, como la Ley de Emergencia Social, y ha sido uno de los que pudo arrancarle más recursos al Gobierno por su fuerte inserción en los barrios populares, principalmente de los grandes centros urbanos y sus periferias.


Un actor más a considerar son los sindicatos que, aunque con poca reacción en general —salvo excepciones—, siguen siendo organizaciones con un importante poder de presión y capacidad de paralizar el país. A pesar de su posición históricamente negociadora, han sido obligados a desplazarse cada vez más hacia la oposición ante la imposibilidad de acordar condiciones aceptables para sus bases.


Todas estas expresiones, todavía con demandas parciales y desarticuladas, han tenido sin embargo un enfrentamiento frontal con el modelo neoliberal, ya sea por orientación política (como en el caso del feminismo) como por reivindicaciones concretas (como en la economía popular y el sindicalismo tradicional).


Finalmente, se complementan con una oposición política que también se encuentra dispersa pero que tiene en el kirchnerismo —con la figura de la senadora y expresidenta Cristina F. Kirchner a la cabeza— y las distintas expresiones de la izquierda, a dos actores que también han mantenido su carácter confrontativo y sin vacilaciones con el Gobierno.


¿UN NUEVO 2001?


Si bien las medidas económicas y algunas de sus consecuencias son muy similares a las de la última gran crisis del país, las bases sobre las que se asientan son diferentes. La Argentina de hoy no tiene más de un 20% de desocupación ni la mitad de la población vive en la pobreza y su PBI es un 150% más grande que en aquel entonces.


Además, durante los gobiernos anteriores se gestó una red de asistencia social que, aunque hoy deteriorada, sigue haciendo de barrera de contención: jubilaciones, asignación universal por hijo, programas laborales en los barrios, etc. permiten a gran parte de la población tener aunque sea un mínimo ingreso económico.


Estas condiciones generales se complementan con los actores políticos y sociales mencionados anteriormente que canalizan y organizan la bronca popular. De esta forma, es probable que la espontaneidad callejera que se vio durante la rebelión de 2001 hoy no se manifieste de la misma forma ya que posee otros marcos organizativos e institucionales sobre los cuales sostenerse y expresarse.


Dependerá en gran parte de los movimientos del propio Gobierno en las próximas semanas cuál sea el desenlace. Si logra llegar a las elecciones de octubre de 2019 a fuerza de ajuste y represión o debe optar por una salida anticipada ante la imposibilidad de sortear la crisis.


En cualquier caso, el modelo neoliberal está golpeado y quien venga después de Macri —sea del signo político que sea— deberá resolver si elige seguir los dictados del FMI y el capital transnacional o apoyarse en un pueblo que empieza a decir basta y está dispuesto a salir a la calle.

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Domingo, 29 Abril 2018 06:15

El día y la noche del trabajador

El día y la noche del trabajador

Nunca como ahora, en todo el mundo, tanta gente vive de su trabajo, pero nunca como ahora, en todo el mundo, tanta gente trabaja sin sus derechos garantizados.


Una sociedad cuya riqueza es resultado de lo que hacen diariamente los trabajadores, cada vez les reconoce menos, cada vez garantiza menos sus empleos, sus derechos, sus salarios mínimamente dignos.

Es alrededor de las actividades del trabajo que vive la mayoría aplastante de la gente en todo el mundo. Entre despertar muy temprano, gastar algunas horas en un trasporte muy malo, cumplir una larga e intensa jornada de trabajo, retomar el mismo trasporte de retorno, llegar a la casa y recomponer las energías para reempezar la misma jornada al día siguiente, gira la vida de millones y millones de personas en todo el mundo.

Para la gran mayoría, se vive o se sobrevive para trabajar. No hay tiempo para mucho más. Ni se puede escoger en qué trabajar. Cuando hay trabajo

Porque lo que más caracteriza hoy al mundo del trabajo, en cualquier parte del mundo, en mayores o menores proporciones, es el trabajo informal, el trabajo precario, sin contrato de trabajo, con trabajo intermitente, como define la nueva y cruel legislación del trabajo en Brasil. Es decir, trabajo sin garantía de continuidad, sin vacaciones, ni licencia de salud o maternidad, ni décimo tercero, ni nada de lo que está presente en los contratos formales de trabajo.

La misma identidad del trabajador se va debilitando, en la medida en que la mayoría de ellos tienen varias actividades a la vez, para poder redondear el presupuesto familiar. Varios de ellos cambian de actividad de un mes a otro, se arreglan como pueden, juntando varias pagas en el mismo día.

Las organizaciones de los trabajadores, para que puedan defender sus reivindicaciones, a su vez, también se debilitan, dejando a los trabajadores cada vez más fragilizados frente a la ofensiva en contra de sus derechos elementales. En varios países, reformas aprobadas en los Congresos o en curso, en la práctica cancelan toda base mínima de negociación, dejando que el desempleo presione a los trabajadores a que acepten cualquier tipo de trabajo, por la necesidad elemental de sobrevivencia de él y de su familia.

Uno de las imágenes más tristes de nuestras sociedades es la figura del desempleado, que sale tempranito de su casa, golpeando de puerta en puerta, en la búsqueda de alguna fuente de sobrevivencia. Que en gran parte de los casos recibe una respuesta negativa, esto es, se le dice que ni por el miserable sueldo vital se le puede contratar, que él no vale ni ese sueldo mínimo miserable. Y tantas veces no dice a sus familiares que ha perdido su trabajo, que es un desempleado, deambula buscando trabajo, como si estuviera trabajando, pero llega un momento en que todos se dan cuenta que falta lo elemental en la casa, que el desempleo ha ingresado también en ese hogar.

Y el desempleado no tiene ni a quien alegar. Mientras el derecho a la propiedad está garantizado en las constituciones, aunque se refiera al derecho de una minoría, el derecho al trabajo no tiene ley que lo garantice ni alguien a quien reclamar. Como si el derecho al trabajo no se refiriera a la gran mayoría de la población y el derecho a la propiedad a una ínfima minoría.

Cuando las fuerzas conservadoras toman la ofensiva, quien paga el precio más caro es el trabajador. El ve amenazado su empleo, sus derechos, su salario, su educación, su salud. Este primero de mayo – día del trabajador y no del trabajo, como algunos insisten en decir – encuentra a la gran mayoría de los trabajadores del mundo en situación penosa. Perdiendo derechos y con muchas dificultades para defenderlos.

Sin embargo, la mayoría aplastante de nuestras sociedades, aunque pueda no identificarse como tal, es trabajador, vive de su trabajo. Una actividad que diferencia al hombre de los otros animales, porque solo el hombre trasforma la naturaleza para sobrevivir y, así, se trasforma a sí mismo. Pero en la sociedad capitalista, el trabajador no es dueño de su trabajo, lo arrienda para poder sobrevivir, no tiene poder sobre lo que produce, a qué precio produce, para quien produce, cómo produce y no se reconoce en los productos de su mismo trabajo. Es un trabajador alienado, que aliena su capacidad de trabajo y es alienado por el proceso de producción, que hace con que él sea alienado respecto a lo que el mismo ha producido.

En este año, en particular, la vida del trabajador es tormentosa. Si tiene empleo, no sabe hasta cuándo podrá tenerlo. Si tiene empleo, tantas veces no tiene contrato de trabajo firmado. El empleo ha dejado de ser fuente segura de mantención, de condiciones de vida mínimamente dignas para él y para su familia.

Un día del trabajador que más se parece a una noche por la inseguridad, por la ofensiva retrógrada respecto a los derechos básicos que el trabajador necesita y merece. Que el próximo primero de mayo sea de nuevo un día de fiesta, de celebración, de conquistas garantizadas, de empleo seguro y de salario digno.

 

27/04/2018

- Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).

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La robotización amenaza a uno de cada siete puestos de trabajo en todo el mundo

Más de 65 millones de puestos laborales serán sustituidos en diez años por los efectos de la automatización de los modelos productivos. Palabra de la OCDE. Las soluciones más plausibles: Renta Básica Universal (RBU), tributación por robot y formación continua para adquirir nuevas capacidades profesionales.

La OCDE no tiene dudas. El proceso de digitalización, la Cuarta Revolución Industrial, la 4.0 —entre cuyos parámetros esenciales está la robotización y, por ende, la transformación de los modelos productivos hacia la automatización—, transformará de forma significativa las actuales plantillas de trabajadores. A lo largo y ancho de todo el mundo. Su diagnóstico, publicado a comienzos de este mes, no deja mucho resquicio a las dudas: los robots harán que se pierdan casi 66 millones de empleos. Al menos. Y en un margen temporal corto, de apenas un decenio. En términos más elocuentes, esta sustitución de plantilla supone uno de cada siete trabajos actuales. Focalizadas de forma mayoritaria, en las potencias industrializadas. En concreto, en sus 32 países asociados. Aunque este fenómeno no se circunscribe sólo a este think-tank, considerado de las economías de rentas altas. También afecta a ciertos mercados emergentes —en especial, en China o India—, que han dado un salto hacia la Industria 4.0 sin precedentes.


En su reciente informe, los expertos de esta institución multilateral asegura que el 14% de los puestos laborales de sus socios se pueden catalogar de “altamente automatizables” y que el 32% de sus mercados de trabajo se verán sometidos a cambios considerables. En concreto, a un giro en sus habilidades técnico-profesionales, lo que les exigirá someterse y aprobar cursos de adaptación y readecuación de conocimientos. Impartidos de manera interna por sus empresas o en cooperación con el mundo académico y el entramado institucional del país. Es decir, con una estrategia gubernamental que integre participación académica, subvenciones estatales y la aportación del road map profesional que demandarán las empresas y que debe partir desde las patronales.


Sin embargo, obviamente, no todos los países deberán abordar un mismo nivel de desafío. Hay naciones, como Eslovaquia —dice el informe— que tendrán que adecuar al 33% de sus puestos de trabajo, mientras otros, como Noruega, economía top en materia de digitalización, que apenas deberán reciclar a un 6% de sus trabajadores. “De manera general, los mercados anglosajones, los escandinavos y Holanda tienen unos ratios de automatización pendientes menos exigentes que los del sur de Europa o Chile”, continúa el documento, e incluso, que Alemania y Japón, países con un elevado umbral de robotización, pioneros en adentrarse en la Cuarta Revolución Industrial y que, según admite la agencia de rating Moody’s, han consolidado buena parte de la financiación de las pensiones de la próxima generación gracias al aumento productivo generado por los ejércitos de robots de sus conglomerados industriales en el último decenio. Estas dos tradicionales potencias digitales tendrán que abordar nuevas sustituciones de trabajadores con tareas clásicas, off line, por otros cometidos laborales, basados en la computarización, el uso de algoritmos y el Big Data.


Concepto, origen y retos de la Industria 4.0


La economía digital y, dentro de sus múltiples variantes, la denominada Industria 4.0, es el nuevo paradigma productivo. Inicialmente vinculado a los sectores como las manufacturas, el aéreo o la automoción, sus compañías han adoptado procesos empresariales y métodos de innovación que han transformado, de manera diametral, sus cadenas de valor durante los años de la post-crisis económica. Mediante la integración de una extensa variedad de utensilios, aplicaciones y recursos tecnológicos, desde impresoras 3D hasta la robótica. Pero, sobre todo, a través de una persistente automatización de los fulgurantes avances informáticos (en especial, en software) y la integración de procesos de tratamiento de datos (Big Data), fórmulas algorítmicas y cálculos de economic analytics. Un esfuerzo imprescindible para abordar con éxito los mercados digitales de bienes y servicios manufacturados.


En definitiva, estos actores industriales —muchos unicornios, firmas que han rebasado los 1.000 millones de dólares de valor, pero también consorcios de larga tradición—, se han adentrado en la Inteligencia Artificial. Usan plataformas on line y ecosistemas empresariales propicios para el desafío de adecuarse, primero, y satisfacer, después, la demanda de sus clientes. Siempre bajo el teórico desafío de ganar eficacia y celeridad y con objeto de acomodar su producción a la alta competitividad de la era digital y de la productividad. Indispensable, según sus parámetros, para abordar un negocio, el 4.0, capaz de añadir 12 billones de dólares más al PIB global en 2025, tal y como avanza la consultora McKinsey. Cantidad que equivale a las economías conjuntas de Japón, Alemania y Reino Unido. O a la totalidad de riqueza que acumulan los paraísos fiscales.


En definitiva, estos nuevos modelos de negocio, el también denominado Internet de las Cosas o IoT es, sobre todo, Big Data. Y desarrollo analítico. No por casualidad, Facebook, que realiza el soporte de un amplio universo de negocios on line del sector privado, gestiona 300 millones de gigabytes de datos de usuarios, lo que equivale a que cada uno de ellos tenga archivados 126 e-books en sus cuentas. Como tampoco resulta casual que su fundador, Mark Zuckerberg, tuviera que enfrentarse esta semana a una exigente audiencia de casi cinco horas ante el Congreso de EEUU para responder sobre el caso de la filtración masiva de datos personales de millones de usuarios a través de la consultora británica Cambridge Analytica, por el que supuestamente se interfirió en el resultado de las elecciones estadounidenses que llevaron a Donald Trump a La Casa Blanca en 2016. Ni sorprende que Zuckerberg acabara entonando el mea culpa por la implicación de su consorcio en la proliferación de fake news, su propagación entre los votantes americanos y, en consecuencia, su responsabilidad en la inclinación del voto al cabeza de cartel republicano.


Liderazgo global en digitalización


La Industria 4.0, germen de la digitalización, nació en Alemania en 2011. El término lo acuñó y popularizó Henning Kagermann, responsable de la Academia Nacional Alemana de Ciencia e Ingeniería (Acatech), para describir una iniciativa gubernamental de renovación de la política de innovación industrial. Desde su nacimiento, emporios como BASF, Bosch, Daimler, Klöckner & Co, Trumpf o Deutsche Telekom iniciaron un camino de no retorno. Al que se unieron, algo más tarde Siemens o, fuera de Alemania, General Electric y, casi sin excepción, las principales marcas de automoción. Hasta contabilizar alrededor de 2.000 compañías de 26 naciones, que fueron catalogadas por centros de investigación como líderes en economía digital, al inicio de 2016. Estados Unidos, Japón, China, Reino Unido y los países nórdicos acompañan a la locomotora de la UE en el top-ten de latitudes que han dejado atrás la tercera revolución, la de la informática, de la segunda mitad del siglo pasado, que siguió a la primera, la mecánica, del Siglo XVIII, y a la segunda, de la proliferación de la energía eléctrica, de finales del XIX y principios del XX.


Pero en este último trienio, la carrera por la hegemonía digital se ha acentuado. No sólo entre las potencias industrializadas, también en los mercados emergentes. Por ejemplo en India pero, sobre todo, en China. Su política de planificación económica ha digitalizado varias industrias estratégicas, desde la metalúrgica, a la naviera o la petroquímica, dentro del cambio de modelo productivo que se implantó tras la crisis de 2008. A las que se han unido otros segmentos como el de las energías alternativas y, desde 2015, cuando se anunció el ambicioso proyecto Made in China 2025, otros sectores de alta tecnología y de mayor sensibilidad para la seguridad nacional como el aeroespacial o la de nuevos materiales.


Este salto hacia la Cuarta Revolución Industrial, la 4.0, deja datos elocuentes. Entre otros, que la tercera parte de los 262 startups globales que han alcanzado la consideración de unicornios —es decir, firmas con facturaciones anuales superiores a los 1.000 millones de dólares—, son chinas y acaparan el 43% del valor de estas firmas. O que sus gigantes tecnológicos tuteen en beneficios e ingresos a sus rivales estadounidenses, europeos o japoneses. Alibabá, Baidu, Tencent o BAT operan con sus propios ecosistemas digitales. Una conquista esencial, a juzgar por las palabras de Kagermann, que deja una frase lapidaria: “quien controle las plataformas, será el dueño del futuro”, recogiendo los mensajes de las firmas de Sillicon Valley desde hace un lustro. Al calor de la laxitud regulatoria y de las inyecciones financieras de Pekín. Aunque también del boom del consumo ciudadano, que roza los 800.000 millones de dólares en Internet, —once veces el gasto de e-commerce en EEUU— y de la inversión empresarial: el capital riesgo tecno-digital se sitúa en el top-three mundial, con más de 77.000 millones de dólares en el trienio 2014-16, el 19% del total. China ha pasado de estar 4,9 veces menos digitalizada que EEUU en 2013 a 3,7 en 2016. Y desea imponer su estilo en el mundo.


Aunque EEUU reacciona sin pausa. Sus nuevas empresas digitales atesoraron sólo en el primer trimestre de este año más de 1.900 millones de dólares, un 29% más que en el último tramo del ejercicio pasado y protagonizaron casi el 10% de las 1.206 fusiones del sector tecnológico. Más aún. Fueron las tres adquisiciones corporativas con mayor capital acordado. La lucha, pues, por la Inteligencia Artificial (AI) prosigue sin cuartel. Atrás quedaron las etiquetas en móviles de alta gama del estilo de Diseñado en US, ensamblado en China. Ahora, voces como la de Eric Schmidt, ex presidente de Alphabet, advierten de que China superará a EEUU en IA en 2025. Por mucho que la Casa Blanca haya bloqueado la OPA hostil hacia Qualcomm, fabricante americano de chips por parte de Broadcom, firma domiciliada en Singapur, pero sobre la que pende, a juicio de la Administración Trump, temores fundados de que sirve a los intereses del servicio de información estatal chino. O que el sector admita que Pekín ha adquirido fraudulentamente patentes a firmas de sus rivales americano y europeos, preferentemente, por valor de un billón de dólares.


Quizás uno de los rankings más solventes y aceptados internacionalmente de la 4IR (acrónimo de Cuarta Revolución Industrial en inglés) sea el del World EconomicForum (WEF). La fundación que organiza la cumbre anual de Davos, en su último informe, en el que colabora la consultora AT Kearney, señala a Singapur como el enclave más avanzado. A partir del diagnóstico de dos componentes básicos: la estructura de producción digital del país, indispensable para poner en marcha la 4IR, y los motores productivos, es decir, las herramientas, cauces y estrategias que los sectores privados de cada país han puesto a disposición de este cambio de paradigma. En total, analizan 59 indicadores que transforman los sistemas de producción. Y engloban al centenar de economías de su clasificación en cuatro grandes grupos. Las naciones que dirigen el liderazgo, entre las que se encuentra España, las de alto potencial futuro, las que ostentan una buena base, aunque con riesgos para alcanzar el éxito y los que se acaban de iniciar en la tarea, con reducidos niveles de digitalización y sin apenas sostén productivo dirigido a la digitalización. Japón, Corea del Sur, Alemania, Suiza y China protagonizan el top-five en cuanto a solidez de la estructura de producción. Mientras, EEUU, Singapur, Suiza, Reino Unido y Holanda son sus homólogos del otro gran factor de cambio: los que acaparan más y mejores elementos dinamizadores —tecnológicos— de la revolución digital.


España se sitúa en el puesto 29 y 24, respectivamente. A la cola del bloque de economías más avanzadas, casi todas ellas localizadas en Europa, América del Norte y Sudeste Asiático.


Otro examen que toma el pulso global de la digitalización es el que realiza la IFR o Internacional Federation of Robotics. En concreto, su estudio sobre densidad de robots en las manufacturas, las industrias por antonomasia de la versión 4.0. Su último top-ten lo encabeza Corea del Sur, con 631 robots por cada 10.000 habitantes, su fórmula del ranking. Y con visos de incrementar esta ratio en los próximos cinco años, porque el Gobierno de Seúl ha impuesto una estrategia quinquenal, con fondos oficiales destinados a la I+D+i y partidas de 450 millones de dólares por año destinadas a elevar los umbrales. Le siguen Singapur, con 488 robots; Alemania, con 309; Japón (303); Suecia (223); Dinamarca (211); EEUU (189); Italia (185); Bélgica (184) y Taiwán: 177

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El panorama en España: otro retardo evolutivo


Según la Comisión Europea, el mercado interior 4.0 es el tercero, en cifras globales, en cuanto a inversiones relacionadas con IoT. Y será así, hasta 2020, después de crecer a un ritmo del 22% en el lustro actual. En tres años, alcanzará los 287.000 millones de capital. La mayor parte de esa riqueza la generará la Industria 4.0 que, en la actualidad, supone el 15% del PIB de la UE. Bruselas deja una radiografía inquietante para España. En su estado de situación sitúa a Alemania, Irlanda Suecia y Austria como los cuatro pioneros, con una industria manufacturera amplia y moderna y un clima para hacer negocios, idóneo para las empresas tecnológicas. Le siguen los potenciales (Bélgica, Finlandia, Holanda, Dinamarca, Reino Unido y Francia), con procesos innovadores en marcha, bien perfilados, que les concederán ventajas industriales en el mundo digital a corto plazo. Luego cita a los tradicionalistas, todos del Este (República Checa, Hungría, Eslovaquia y Lituania), aún con industrias tradicionales pero que ya han emprendido los primeros pasos hacia la digitalización, y los titubeantes o hesitators (Italia, España, Estonia, Portugal, Polonia, Croacia y Bulgaria) sin sector manufacturero importante y sin estar todavía preparados para afrontar los retos de la Industria 4.0.


El problema de España es que sólo invierte uno de cada tres euros presupuestados en I+D +i. De los 4.635 millones de euros previstos, solo se habrían ejecutado 1.376, un 29,7% del total. Esta tasa de ejecución es ocho puntos más baja de la que se registró en 2016 (38,2%) y marca el mínimo histórico desde que se registran datos al respecto (año 2000). A lo que hay que unir el descenso gradual de recursos a la agenda digital desde el inicio de la crisis. Entre 2002 a 2007, la ejecución de presupuestos de I+D+i en nuestro país se situó siempre por encima del 90%, dice Cotec. Sus expertos, a partir de los datos oficiales, admite que desde 2009, cuando se alcanza la cima de inversión estatal —6.675 millones de euros ejecutados, un 81,6% de lo presupuestado—, la diferencia entre lo presupuestado y lo invertido no ha parado de bajar. Hasta el punto de que, el pasado ejercicio, el gasto real del Estado en este ámbito —1.376 millones de euros— fue nada menos que un 80% inferior al de 2009.


La OCDE estima que la economía española podría sumar 35.000 millones de euros más en 2020 si se avanzara en este trienio en la Industria Conectada 4.0, la estrategia oficial que dirige, desde 2015, la Secretaría General de Industria y de la PyME, adscrita al Ministerio de Economía. Pero sus empeños de que España se encarame al tren de la digitalización colisionan frontalmente con la, de nuevo, cada vez mayor sutura de la brecha tecnológica. Con Europa y con el resto de rivales mundiales. Entre otras cosas, porque la proliferación de startups tecnológicas con el escaso grado de asentamiento del capital riesgo en la economía hispana y la ausencia de una estrategia oficial dirigida a que las empresas de tamaño medio se conviertan en emporios digitales, hace difícil que el sector privado se adecúe a este cambio de época. Ni empresarios ni analistas son capaces de desvelar el nombre de compañías españolas con capacidad para adquirir músculo global en el sector de la industria digital. Tampoco están ni se la esperan para liderar o protagonizar alguna fusión internacional en el sector. Una vez más, España se incorporará tarde a un nuevo desafío de la globalización. A pesar de que La Caixa de que, en 2020, el 43% de los puestos de trabajo en España serán sustituidos por robots; el 66%, a medio plazo. O de que el instituto Bruegel, uno de los de mayor prestigio en Europa, alerte de que habrá 3 millones de robots en todo el mundo y apenas 35.000 en España.


Soluciones integrales a la robotización


Martin Schwab, fundador del WEF, recuerda que los robots no son un utensilio de ciencia ficción. "Están con nosotros desde los años sesenta", precisa antes de realizar un planteamiento cargado de lógica: "los robots, ¿trabajan para los humanos o en contra de los humanos?". Porque, en su opinión —una de las más valoradas del ámbito neoliberal— la robotización y la automatización de los modelos productivos que ocasiona este fenómeno en las industrias con negocios digitales “debería generar una Renta Básica Universal (RBU). Además de una readaptación constante de los empleados actuales de los segmentos manufacturados y de los venideros, hacia las nuevas habilidades profesionales que demandarán estos sectores.


Por supuesto —dice— en disciplinas como el coding (puestos de ingeniería y software, que crecerán en un 18,8% hasta 2024, según el Departamento de Trabajo de EEUU). O el Data Analytic, porque el mundo se mueve por datos. Google, Facebook o Amazon manejan cantidades inimaginables de datos cuantitativos. De forma masiva, analizan esa información y crean tendencias y correlaciones de negocios que generan aumentos de valor de compañías. El número de analista de datos crecerá un 30% en los próximos siete años. Y quien sea capaz de analizar largas series de datos y producir percepciones reales para que la gente tome decisiones tendrá asegurado su lugar en el mundo laboral. También las matemáticas, imprescindibles en la era del Big Data. Pero sin descuidar las humanidades, ya que la reemplazará cientos de miles de puestos de trabajo. La práctica totalidad, de componente técnico. Pero no los de alta creatividad. Ni los conocimientos relacionados con las ciencias, con los descubrimientos científicos.


Desde la OCDE también claman por esta transformación laboral. Un 47% está en riesgo en EEUU. Nada menos que 13 millones de americanos perdieron su puesto de trabajo por el impacto de la crisis en sus mercados locales; por ejemplo, en Detroit, cuna de la industria automovilística del país. Sus expertos hablan que el reciclaje profesional debe enfocarse, primordialmente, entre los trabajadores de baja cualificación, para reconducirlos hacia las nuevas directrices digitales.


Sin embargo, el gran cambio cualitativo que reclama la digitalización es el gravamen tributario a las empresas por el uso de robot. Una tendencia que respalda el WEF y Schwab, y que también defienden empresarios como Bill Gates, a quien le parece “lógico” que las compañías paguen cuando reemplacen trabajadores por maquinaria robotizada. Aunque otros, como Elon Musk se decantan por la renta universal o Jeff Immelt, CEO de General Electric, por acuerdos entre el sector público y privado para perfilar los cursos de formación constante que requerirán las firmas digitalizadas en el futuro.


El debate de la tributación, con tantos partidarios como detractores —entre los que cala la crítica de la ambigüedad del término robot, que dificulta la definición de la base imponible, así como la indefinición de los beneficios y de la productividad adicional que generan— ha llegado, incluso, a la Eurocámara. Un informe oficial de la parlamentaria luxemburguesa Mady Delvaux, de la Alianza Progresista, con el sello de su Comité de Asuntos Legales, enfatiza la necesidad de que las compañías “respondan a requerimientos” regulatorios en los que “revelen la contribución de los robots y de otras herramientas propias al resultado económico de la firma”. En aras de “establecer posibles contribuciones fiscales y de cotizaciones sociales”.

 

Por Diego Herranz
@dherranzd

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