Lunes, 03 Septiembre 2018 08:14

Ficciones oficiales

 Los ex presidentes de Estados Unidos Barack Obama y George W. Bush, así como el ex vicepresidente Al Gore (al centro), en el funeral del senador John McCain, en la Catedral de Washington, el pasado sábado. Algunos medios describieron la ceremonia como la reunión más grande de la resistencia contra Donald Trump

Las cosas están tan mal aquí que una reunión de algunos de los principales responsables de guerras ilegales, crímenes de lesa humanidad, tortura, golpes de Estado, desaparecidos, vigilancia masiva de ciudadanos, crisis económicas que destruyeron las vidas de millones, y de la impunidad por todo esto, fue elogiada como un llamado a la recuperación de la decencia, la integridad y la verdad, ante el enfant terrible en la Casa Blanca.

En las ceremonias funerarias del senador John McCain se presentó casi toda la cúpula política estadunidense (incluidos los altos mandos militares). Los ex presidentes Barack Obama y George W. Bush fueron las estrellas, junto con líderes legislativos de ambos partidos, diplomáticos, asesores y periodistas de esos que admiran a y se hacen amigos de (y a veces se incorporan a) esa cúpula. Y, de pilón, entre los oradores estaba nadie menos que Henry Kissinger.


Se volvió –y así se cubrió– como un festejo de la real “grandeza” de este país; algunos medios liberales lo describieron como la reunión más grande de la “resistencia” contra Trump. Con ello fue proyectado como una manifestación muy bien vestida y portada contra el actual régimen. El “presidente non grato”, como lo nombró el Washington Post, expresamente desinvitado de todas las ceremonias, se fue a jugar golf.
Lo que se mostró, afirmaban muchos, era esa America pretrumpiana tan respetada y respetable. Richard Haass, presidente del venerable Council on Foreign Relations, comentó que la ceremonia fue “una importante declaración de política exterior al mundo, de que la America que habían conocido y admirado tanto, aún existe”.


McCain era un gran militarista. Para él, señala Matt Taibbi, en Rolling Stone, dondequiera que “Estados Unidos tenía un problema de política exterior, la solución siempre era bombardearlos hasta la chingada”. Fue bautizado como “héroe” por su servicio militar en la guerra de Vietnam, donde su avión fue derribado mientras estaba bombardeando a civiles (como en toda guerra moderna). Aunque asumió algunas posiciones loables (contra la tortura extrema y por una reforma migratoria integral), uno de sus últimos actos en el Senado fue votar en contra de poner fin al papel estadunidense en la guerra en Yemen (donde recientemente una bomba fabricada y proporcionada por Estados Unidos mató a 40 niños en camiones escolares) y a lo largo de décadas fue opositor de medidas de derechos civiles. También puede decirse que al seleccionar a la patética ultraconservadora Sarah Palin como compañera de fórmula en su campaña presidencial, en 2008, abrió algunas de las puertas que llevaron a Trump al poder.


Bush y su gente son responsables de guerras ilegales libradas con justificaciones fabricadas, el uso de la tortura, el campo de concentración extralegal de Guantánamo y, para acabar, la peor crisis económica desde la Gran Depresión. Obama es responsable de continuar esas guerras y de dejar impunes a los que habían violado las leyes nacionales e internacionales de derechos humanos; de rescatar y dejar impunes también a los responsables de la crisis económica provocada por el fraude más grande de la historia –dejando un saldo de más de 8 millones de desempleados, la pérdida de vivienda de millones más– e implementar políticas que aceleraron la desigualdad económica beneficiando al 1 por ciento más rico de este país (no es tan misterioso entender por qué muchos trabajadores blancos que sufrieron las consecuencias y votaron por Obama se sintieron defraudados otra vez, y votaron por Trump en la pasada elección). Y de Kissinger, ni hablar, su currículum antivitae se cuenta por volúmenes.


Aun más, en esta era trumpiana, la disputa entre la cúpula por la versión oficial de Estados Unidos no necesariamente es lo mismo que la lucha por la verdad.


“El resultado de una total sustitución de la verdad basada en hechos con mentiras no es uno donde la mentira ahora será aceptada como verdad y la verdad será difamada como mentira, sino que el sentido por el cual nos ubicamos en el mundo real se está destruyendo”. Hannah Arendt.

 

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Lunes, 30 Julio 2018 07:08

Trump, dictador en ciernes

Trump, dictador en ciernes

En uno de sus tuits, el presidente estadunidense, Donald Trump, intentó utilizar ayer al editor de The New York Times, Arthur Gregg Sulzberger –con quien sostuvo un encuentro en días pasados– al insinuar que el jefe editorial del rotativo neoyorquino estaba de acuerdo con su opinión paranoica acerca de los medios informativos, a los que ha descrito en conjunto como el enemigo del pueblo.


Pocas horas después, en un comunicado, el periodista aclaró que en el encuentro le advirtió al jefe de Estado que sus crecientes ataques a los medios son divisionistas, peligrosos y dañinos, y su discurso incendiarioestá provocando un incremento en las amenazas a los periodistas que podría derivar en agresiones violentas.


Este desmentido, enésima confirmación de la manera inescrupulosa en la que Trump maneja sus relaciones públicas, es un episodio más en la cruzada que el presidente republicano ha emprendido en contra de los informadores.


La semana pasada ordenó que se prohibiera el acceso a una conferencia de prensa en la Casa Blanca a la reportera de la cadena CNN Kaitlan Collins, porque previamente había formulado preguntas inapropiadas, en un hecho que indignó a la comunidad periodística de Washington.


En un comunicado, la Asociación de Corresponsales de la Cssa Blanca dijo que ese veto era absolutamente inapropiado, erróneo y pusilánime.


Lo cierto es que las embestidas del mandatario hacia los medios han llegado a un grado de descalificación total, como cuando el martes anterior, en un discurso pronunciado en la ciudad de Kansas, en la convención anual de los veteranos de guerra, afirmó: lo que estás viendo y lo que estás leyendo no es lo que está sucediendo, y pidió a los ciudadanos que no crean en la mierda de las noticias falsas.


En suma, en su ataque frontal a los medios informativos y al periodismo en general, Donald Trump muestra la contundencia de su autoritarismo, su intolerancia y su espíritu antidemocrático.


Cabe esperar que la sociedad estadunidense, en lugar de seguir las arengas presidenciales cuya finalidad es generar un ambiente de linchamiento en contra de la información independiente y crítica, sea capaz de darse cuenta del peligro que el ocupante de la Casa Blanca representa para la institucionalidad de la nación y para los derechos a la información y a la libertad de expresión.


Y ojalá que logre presionar a los contrapesos de la Presidencia para que actúen a tiempo, porque con estas expresiones, el magnate republicano se ha mostrado como un dictador en ciernes.

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Lunes, 11 Junio 2018 07:57

Periodismo honesto

Periodismo honesto

La campaña mediática contra el candidato de la Colombia Humana saca a la luz lo peor del rancio y godo periodismo colombiano

 

El periodismo debe ser, al menos, honestamente subjetivo, pero nunca torticeramente tendencioso. La posición declarada del grupo editorial El Tiempo es una muestra de que cada vez es más raro el periodismo honesto y que muchas y muchos profesionales se venden por un plato de sopa. Que si hay hambre es comprensible, pero si no es difícilmente justificable.


El medio históricamente liberal de la prensa colombiana ha girado su rumbo para pegarse sectariamente a las filas de uno de los candidatos para las elecciones presidenciales del próximo domingo. Solamente hay que echarle un vistazo a la portada, el editorial y las columnas de opinión de la edición del domingo 10 de junio de este medio impreso, uno de los periódicos de mayor difusión y mayor poder en la información nacional colombiana.


Este medio no tomó tan claramente partido por la paz, cuando el plebiscito de octubre de 2016, como ahora lo hace, y de manera descarada, por el candidato del Centro Democrático, un rótulo eufemístico alejado de la verdadera posición ideológica del partido y sus miembros. El CD es una agrupación política a imagen y semejanza de su principal ideólogo, que es quien realmente lo gobierna. Los de la mano firme y el corazón grande tienen la mano grande para dar hostias a todo lo que no case con sus pretensiones y el corazón duro para no dejar entrar a lo que no sea blanco, capitalista, heterosexual y cristiano, todo ello a su manera.


Dice el editorial que apoya a la marioneta “uriduque” porque su “programa de gobierno es serio y quien representa una esperanza de moderación y cambio generacional, deseable en la coyuntura”. Añadiendo que “Solo alguien con poco equipaje será capaz de tender puentes y enterrar odios que entorpecen la marcha hacia un futuro mejor”. ¿Ceguera?, ¿hipocresía?, ¿ignorancia? En cualquier caso, desinformación. Parece que tenía razón Kapuscinski cuando decía que los periodistas modernos, el periodismo, parece no tener problemas éticos ni profesionales y ya no se hacen preguntas.


El periódico de Bogotá ha perdido el Sur, ese que alguna vez tuvo. Como cuando libraba batallas editoriales a favor del liberalismo de Olaya Herrera, o contra la censura que le llevo a ser clausurado por el Gobierno de Rojas Pinilla, o cuando conformó aquel “Frente Unido” para denunciar la violencia contra el periodismo en los años 80 del siglo pasado.
Un medio que hoy está en poder de la fortuna más grande de Colombia, el señor Sarmiento Ángulo, y cuyos intereses, sobre todo económicos, han incidido sobremanera en su línea editorial. El Tiempo es el diario de información general más leído de Colombia y fue, durante siete años, los que duró la crisis de El Espectador, el único de circulación nacional. Pueden hacerse una idea de su poder de construir imaginarios sociales a semejanza de sus utilidades espurias.


Si bucean en sus intríngulis verán que la organización empresarial de Sarmiento Ángulo controla el ciento por ciento del periódico a través de sus variadas empresas: Inversiones Vistahermosa, Inversegovia, Seguros de Vida Alfa, Liinus Van Pelti e Inverprogreso. Entre sus propiedades, las ediciones de ADN de las principales ciudades colombianas, las revistas Portafolio y Aló, el canal televisivo City TV.


No voy a discutir que la libertad de expresión, recogida por la Constitución Política colombiana de 1991 en su artículo 20, les permite decir lo que quiera sin censura previa, pero apuesta tan terciada y desvergonzada por el candidato de la guerra, el que no aprueba los acuerdos de paz de La Habana; el que no defiende la diversidad, de ningún tipo, en un país tan diverso; el que sigue llamando públicamente presidente a quien ya no lo es, dejando claro que él es un títere en manos del otro; el que recibe sin reparos el respaldo de asesinos paramilitares; al que solamente le cabe un tipo de familia; el que se mueve con un elenco de corruptos y sindicados; el que mantendría el extractivismo que está acabando con los recursos naturales del país y que cada vez más están en manos de multinacionales extranjeras; el que quiere acabar con la judicatura y concentrar todos los poderes en sus manos, esa apuesta es una jugada contra la paz y una vuelta a la “seguridad democrática” que trajo los falsos positivos y otro montón de injusticias y delitos. Es jugarle sucio a la democracia.


El periodismo honesto le debe apostar a la paz


Señoras y señores de El Tiempo, ustedes podrán ser lo que quieran, pero con ediciones como la que han publicado nunca podrán llamarse un medio de información serio y decente. Y sus profesionales, opinadores sin escrúpulos, nunca podrán tildarse de periodistas. También era el fallecido periodista polaco quien afirmaba que el verdadero periodismo es una manera de y una razón para vivir, una identidad que ustedes parecen haber perdido.


Señores y señoras de El Tiempo, periodistas fueron y son Antonio Nariño, García Márquez, Alfredo Molano, Castro Caycedo, Guillermo Cano, María Jimena Duzán, María Teresa Herrán, Javier Darío Restrepo, Patricia Lara, Antonio Caballero, Gloria Pachón de Galán, Jineth Bedoya, Daniel Samper, María Teresa Ronderos, Gloria Castrillón o Juanita León, entre otras y otros muchos en un país de cronistas alimentados por el realismo mágico para narrar.


Gente de El Tiempo, por supuesto que éste es tan solo mi punto de vista. Habrá quienes estén de acuerdo con su propaganda. Pero intenten construir país, dar cabida a todas las tendencias y presentar todas las propuestas aunque se casen con alguna.


Casa Editorial El Tiempo, voten por quien quieran, es su derecho, pero intenten informar y formar decentemente, es un derecho que tiene la ciudadanía colombiana. Es un deber del periodismo honesto.


Esperemos que sus portadas, editoriales y columnas de opinión no provoquen más violencia y extremismos. Siempre será mejor que nos pase como a García Márquez cuando se dio cuenta y escribió que con los Beatles había cambiado todo. En mi opinión, con el delfín todo seguirá igual o peor. El día 17 de junio no será uno más en la vida, será un día en el que deberemos intentar hacer algo para que esto funcione (“we can work it out”).


Como García Márquez con el cambio que supusieron los Beatles, demos una opción a esa posibilidad de transformar el país, esperando que sus mujeres y hombres,mayoritariamente, le den una oportunidad a la paz (“give peace a chance”); que imaginen (“imagine”) otra Colombia posible; que le entreguen el poder a la gente (“power to the people”); porque es el momento de abrir las alas y volar para empezar de nuevo (“starting over”); porque es tiempo de poder envejecer juntos (“grow old with me”) y reconciliados; porque podremos, como ese “beautiful boy” (chico bonito), cerrar los ojos, sin tener miedo y pensar que el monstruo de la guerra se ha ido; pensar que los verdaderos héroes sean las y los colombianos, todas y todos, incluidos los de la clase obrera (“working class hero”), el campesinado y las poblaciones afro e indígenas, y que se puedan soñar con que las próximas navidades sean felices (“happy Christmas!”), en paz, con esperanza y sin miedo, para los débiles y los fuertes, para los ricos y los pobres, al negro y al blanco, al amarillo y a los rojos, y que termine de una vez el conflicto armado.


Con el cambio tendrán sentido e importancia de verdad palabras como paz, mujer, imaginación, madre, amor, dios…


La verdadera maquinaria es la gente, así que voten por el cambio, para no decepcionar (“don´t let me down”) a la población ni al país.

 

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Engaños sobre los alimentos transgénicos

Al contrario de lo que se difunde, la aventura de alterar el ADN de nuestros cultivos alimenticios mediante las técnicas de la llamada "ingeniería genética" (IG), no ha estado sustantada en ciencia, más bien, la ha deshonrado. Sus ingenieros y quienes los apoyan, con frecuencia han ignorado, y hasta ocultado o destruido, evidencias científicas. También han violado los estándares de la ciencia. Inclusive han ocultado esas infracciones mediante el engaño. Más aún, el proceso de IG; en particular de cultivos, ha sido descrito de tal manera que parezca más natural y preciso de lo que en realidad es, y aún los hechos más básicos de la biología contemporánea han sido distorsionados para minimizar los verdaderos riesgos de los cultivos transformados mediante IG.

La aventura de los alimentos modificados por IG ha dependido de manera crucial de esos engaños y no habría sobrevivido sin ellos. Por tanto, es imprescindible exponer esos engaños y que se conozca la verdad.

En mi artículo publicado en La Jornada del pasado 18 de mayo revelé cómo los engaños clave provinieron del gobierno de Estados Unidos –y cómo este país ha promovido a los cultivos transgénicos, de empresas semilleras mediante técnicas de IG y ha impulsado su negocio en los mercados mundiales. En los siguientes párrafos explico cómo otras destacadas instituciones han contribuido a este engaño.

Una de las mayores ficciones es que hay consenso entre los expertos científicos sobre la inocuidad de los cultivos transgénicos. Por tanto, la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia ha declarado que "cualquier organización respetable" que haya examinado la evidencia científica ha concluido que los alimentos derivados de estos cultivos no involucran "mayor riesgo" que los alimentos convencionales. Sin embargo, varias organizaciones respetables, como la Sociedad Real de Canadá, la Asociación Médica Británica y la Asociación de Salud Pública de Australia no comparten tal acuerdo; más bien, alertan sobre sus posibles riesgos.

Además, aquellas organizaciones que proclaman la inocuidad de los transgénicos se apoyan básicamente en el engaño. Consideremos el caso de las toxinas novedosas no previstas que la IG puede generar. Para sostener el argumento de que los alimentos transgénicos no implican riesgos adicionales o novedosos, en un importante reporte de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos se argumenta que con el mejoramiento genético convencional también se puede incurrir en riesgos similares. Sin embargo, los autores sólo pudieron citar un caso para la agricultura convencional (que involucra a la papa), y que más adelante se demostró que era falso. Aseveraron que la nueva papa, obtenida mediante métodos convencionales no transgénicos, contenía una molécula tóxica novedosa que no se encontraba en ninguno de los progenitores, a pesar de que éstos sí la producían; pero este tipo de sustancias tóxicas fueron encontrados en otras papas.

La Sociedad Real Británica también ha torcido la verdad para hacer creer al público que los cultivos transgénicos no presentan riesgos con respecto a los alimentos convencionales. Por ejemplo, argumentan que estos últimos pueden también producir efectos inesperados. En una publicación de 2016 de la misma organización, muestran que "todos" los genomas de plantas "con frecuencia presentan inserciones de ADN viral y/o bacteriano" –y que esas inserciones son "similares" a las que se generan mediante técnicas de ADN recombinante de la IG. Ambas aseveraciones son falsas. Mientras los genes insertados en el genoma vía IG siempre son integrados al genoma de las plantas, rara vez ocurre esto con los genes de virus y bacterias. Además, las infrecuentes inserciones de genes virales en el genoma de plantas permanecen inactivas y no están combinadas con otras secuencias de virus o bacterias, como ocurre en las construcciones recombinantes de la IG. La presencia de genes bacterianos también es restringida en los genomas de plantas, y tampoco están activos. En cambio, los genes y sus combinaciones insertados mediante IG además de impactar de diversas maneras en el fenotipo, son artificialmente impulsados a una hiper actividad que puede causar desbalances riesgosos.

La referida publicación también ha engañado sobre los resultados de investigación. Proclama que "no ha habido evidencias de daño" ligado a algún cultivo transgénico aprobado, a pesar de varios estudios publicados en revistas arbitradas que mostraban lo contrario. Es más, la misma sociedad está enterada de un estudio que demuestra daño y que la propia Sociedad Real trató de desacreditar. Ese estudio, realizado en el reconocido Instituto Rowett, puso en duda la inocuidad de los alimentos transgénicos, al reportar que el proceso de ingeniería genética mismo puede causar problemas. Tal descompostura animó al editor de la prestigiosa revista The Lancet a rechazar la iniciativa de la sociedad, calificándola de "impertinencia insólita". The Lancet consideró el estudio como científicamente adecuado y lo publicó. La sociedad obvió este estudio y aseveró que no había investigación alguna que mostrara que el proceso de IG en sí puede causar diferencias en los cultivos transgénicos que puedan implicar daños.

Mi libro Genes alterados, verdad adulterada contiene muchos ejemplos de este tipo de conductas inaceptables de importantes revistas y sociedades científicas que han intentado ocultar o minimizar los posibles impactos negativos de los cultivos transgénicos. Los proponentes de los cultivos transgénicos han estado subvirtiendo a la ciencia, a la vez que dicen actuar en su nombre.

 

Por Steven Druker, director ejecutivo de Alliance for Bio-Integrity, una ONG basada en EU. Es autor de Genes alterados, verdad aduterada: Cómo la empresa de los alimentos modificados genéticamente ha trastocado la ciencia, corrompido a los gobiernos y engañado a la población.

Miércoles, 16 Mayo 2018 06:09

El caso Jessica Lynch

El caso Jessica Lynch

Mariano Gallego recuerda el caso de la soldado norteamericana Jessica Lynch para sostener que en tiempos de posverdad los medios de comunicación aportan el formato a través del cual nuestra vida transcurre y los informativos se asimilan a esta lógica siendo editados como películas.

En marzo de 2003, luego de un intenso enfrentamiento con fuerzas locales, la soldado Jessica Lynch fue herida de bala, secuestrada y torturada por el ejército irakí. Unos días más tarde, tras un gran operativo de rescate, fue liberada por las fuerzas armadas norteamericanas. El hecho se conoció gracias a un video filmado por otro de los soldados y a la propagación de la noticia por los principales medios de comunicación norteamericanos. Finalmente salió a la luz que el video había sido producido por la división “cinematográfica” del Pentágono –Rendon Films–, que las heridas no eran de bala ni arma blanca sino producto del vuelco de la camioneta que la soldado manejaba y, para peor, los supuestos captores y abusadores fueron en realidad los médicos del hospital Saddam Hussein de la ciudad de Nasiriya, quienes le salvaron la vida y luego la dejaron ir.


Esto no escapa a lo que alguna vez Aníbal Ford expuso con respecto a los meta relatos construidos en el marco de la guerra fría por películas como Rocky IV, en la que un boxeador sin apoyo económico, tecnológico ni gubernamental superaba a un Drago auspiciado por el estado y la tecnología de guerra soviética,

demostrando así el espíritu y la esencia norteamericanas y su capacidad de sobreponerse a las adversidades. Con el caso Jessica Lynch se construye algo similar, con una diferencia sustancial: se inserta en el formato reality show. Quizá en otro momento histórico esto hubiese provocado la ira y el descontento generalizados, sin embargo, ocurrió algo “curioso”: al volver a los Estados Unidos –luego de que el montaje se había develado–, centenares de personas se agolpaban esperando a la soldado para recibirla como un heroína de guerra.


Este acontecimiento, ocurrido hace más de quince años (y en el que de alguna forma concluyen los aportes respecto de la teoría posmoderna que van desde la “sociedad del espectáculo” de Debord y la “deconstrucción” derrideana hasta el “giro cultural” de Jameson y los “no lugares” de Augé) podría ser fundante de la “era de la posverdad”. Al igual que en el Morel de Bioy –posiblemente una de las novelas más proféticas del siglo pasado– en la que los protagonistas se subsumen a la luz de aquella invención con la satisfacción de que su imagen perdure por la eternidad en el plano elegido, la sociedad actual parece dispuesta a arrojarse a su espectro audiovisual producida por los relatos hollywoodenses con la fantasía de formar parte de éstos.


Los medios de comunicación aportan el formato a través del cual nuestra vida transcurre y los informativos se asimilan felizmente a esta lógica siendo editados como películas, con música de fondo y los lamentos de presentadores que cada vez explotan más sus dotes actorales. La consecuencia es un sujeto que los consume ya no tanto para informarse cuanto para asimilarse a la “ficción”. Así es posible dar sentido a hechos que van desde la inauguración de piletas “unidimensionales”, funcionarios en bote a la vera de falsas inundaciones, presidentes saludando a multitudes inexistentes, crecimientos invisibles, juicios por corrupción, bombardeos en países periféricos, etc. El fundamento se encuentra en el interior de la pantalla y el material proyectado no necesita ya de la corroboración. Peor que eso, el espectador intuye que el montaje posterior encontrará un sentido a lo que aparenta no tenerlo, y quien intente sustraerlo de esta ficción –contrastando los “datos” expuestos por los medios de comunicación– será castigado de la misma forma que quien trunca la abstracción silenciosa en la oscuridad de la sala de cine. El sujeto de la posverdad no sólo no diferencia la realidad de la ficción, sino que goza con esta indiferenciación y es capaz de violentarse con quien intente alejarlo de la misma.


De este modo, como en el caso de la soldado Jessica Lynch, observamos que el proceso se ha invertido, lo real es antes construido por los medios y el consumo de la “noticia” el modo de corroboración y un índice de pertenencia. Esto permite que una empleada doméstica, una panadera o un peón de campo se sientan más identificados con el empresario o su patrona y sus intereses, negando las condiciones objetivas que los separan, que con quienes transitan sus mismas experiencias cotidianas y territoriales; esta última no se construye ya en el campo o en el barrio sino al interior de la pantalla. El “pueblo” sale feliz a recibir a su heroína y se realiza –igualándose en el mismo relato– en la eternidad de su ficción.


* Docente UBA y Universidad de Palermo.

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Lunes, 07 Mayo 2018 06:03

Increíble

Increíble

Si algo define a este régimen estadunidense es el volumen sin precedente de mentiras y engaños. Pero lo más asombroso es que ha logrado que eso no tenga ninguna consecuencia... por ahora.

La semana pasada, otras dos mentiras (hubo más, pero estas fueron las más comentadas) se sumaron a la larga lista, algo poco novedoso, más allá de que como ya se han acumulado tantas el propio presidente y sus servidores se hicieron bolas entre sí. En su primer acto público para defender a su viejo cuate, Rudy Giuliani, ex alcalde de Nueva York y recién contratado abogado del presidente, declaró públicamente que Trump –quien lo había negado tajante– sí sabía del pago de 130 mil dólares hecho por su abogado privado Michael Cohen a la actriz porno Stormy Daniels, a cambio de su silencio sobre una aventura sexual poco antes de la elección de 2016. Más aún, reveló que Trump había rembolsado el dinero a su abogado, pero aseguró que los fondos no provenían de la campaña (lo cual sería un delito).


Preguntado sobre lo dicho por su abogado, Trump afirmó: no estamos cambiando ninguna historia sobre esto, y reiteró que no sabía del pago, y que Giuliani apenas había empezado a trabajar el día anterior, y que necesitaba poner en orden sus hechos. Giuliani después intentó corregir afirmando que Cohen había hecho lo necesario por proteger a la familia del mandatario ante las falsas acusaciones de Daniels, y que el presidente no estaba enterado de los detalles. Acto seguido, Giuliani calificó sus propias declaraciones anteriores de rumores, y explicó que apenas había empezado a trabajar en estos asuntos, hace un par de semanas (y no el día anterior, como afirmaba su jefe). Dijo no saber si Cohen pagó a otras mujeres por lo mismo. A la vez, el New York Times reportó que Trump sabía del pago a la actriz porno meses antes de que lo negó en entrevistas con reporteros. Ahora se requiere de una guía para saber quién dijo qué y cuándo.


Mientras tanto, la semana pasada el ex doctor personal de Trump sorprendió a todos cuando reveló que su declaración de que el entonces candidato gozaba de perfecta salud había sido dictado por su paciente. O sea, ni eso tiene credibilidad.


Para los comediantes este gobierno sigue siendo un regalo de los dioses, ya que, como comentó uno de ellos, “el material casi se escribe solo”.
Hay tantas mentiras, engaños y distorsiones que el Washington Post mantiene un proyecto permanente que registra en una lista cada afirmación falsa o engañosa del gobierno de Trump. Hasta la más reciente actualización, el primero de mayo, el conteo ya llegó a un total de 3001 en los 466 días desde que Trump llegó a la Casa Blanca, un promedio de 6.5 afirmaciones falsas o engañosas por día. Vale señalar que desde que ingresó a la Casa Blanca, una mayoría de estadunidenses siempre lo han calificado de deshonesto y poco decente, según las encuestas.


La pregunta ya no es si Trump miente y engaña –algunos sugieren que él mismo no puede distinguir entre la realidad y la ficción, o sencillamente no le importa–, sino por qué todos los demás tanto dentro como fuera del país lo toleran.


Algunos señalan que políticos dentro del país, incluso su propio gabinete, sólo buscan cómo utilizarlo para sus propios intereses, para después huir, antes de que se hunda el barco. Para los líderes extranjeros, como comentó a La Jornada un observador veterano de la política exterior, el manejo con el líder del país más poderoso ya no se trata de diplomacia, sino mas bien de sicología.


El hecho es que este pueblo eligió, o permitió la elección de alguien que siempre ha engañado y mentido; eso quedó más que documentado en su carrera como empresario, en la cual ha mentido acerca del tamaño de su fortuna, la altura de la Torre Trump y durante toda su campaña. De cierta manera votaron por él porque denunció que todos los políticos son mentirosos y que este país ha sido engañado por todos sus antecesores; en eso podría decirse que fue honesto. Votaron por él no por su honestidad, sino para sacudir al sistema político, señalan algunos expertos políticos y encuestadores.


Múltiples investigaciones y procesos judiciales están tratando de comprobar sus mentiras y sus intentos de encubrir sus falsedades. Entre éstas están la encabezada por el fiscal especial Robert Mueller (incluye la colusión con los rusos y obstrucción de la justicia), una investigación criminal contra Cohen y demandas civiles que incluyen la de Stormy Daniels (cuyo nombre real es Stephanie Clifford) y otra por Summer Zervos, quien alega que sufrió hostigamiento sexual por parte de Trump durante su participación en el programa El aprendiz.


Por tanto, la otra pregunta es que si llega el momento en que la verdad lo alcance, ¿habrá consecuencias o no?


Uno puede engañar a toda la gente parte del tiempo, y a algunas personas todo el tiempo, pero no puedes engañar a toda la gente todo el tiempo, es el famoso dicho que siempre se le atribuye a Abraham Lincoln (aunque algunos historiadores dicen que eso no está comprobado, uno ya no puede creer en nada). Pero en esta coyuntura, ¿eso todavía vale? Dicen una y otra vez que, con Trump, Estados Unidos está viviendo una realidad post-verdad.


Algunos consideran que el caso de Cohen, detonado en parte por Stormy Daniels, podría ser más peligroso para Trump que los otros en el futuro cercano, porque de ahí podrían surgir no sólo otros episodios parecidos, sino todo tipo de negocios poco conocidos y potencialmente sospechosos (es un gran comerciante de engaños).
Daniels dice que actúa sólo en nombre de la verdad, y es muy posible que ella goce de mayor credibilidad que el presidente de Estados Unidos; en los hechos, ella nunca ha mentido sobre quién es y qué hace.


Todo lo cual podría llevar, tal vez, al final más apropiado para este capítulo de la historia de este país, donde la nota principal de todos los medios sería: “una estrella de cine porno rescató a la república estadunidense”.

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El nuevo circo bélico del mendaz Netanyahu para justificar su guerra contra Irán

El primer ministro israelí Netanyahu ya se volvió el hazmerreír global con sus shows circenses que son brutalmente desmentidos hasta en el propio Israel tanto por anteriores gobernantes como por su prensa, que es muy severa con las mendacidades de Netanyahu, sobre quien penden varias investigaciones de su legendaria corrupción.

En un show estelar en la televisión, Netanyahu "reveló (sic)" que sus espías del Mossad habían hurtado "media tonelada (sic)" de documentos y miles de cedés en una instalación secreta al sur de Teherán”, lo cual, a su juicio, constituían "una prueba concluyente" de que Irán había mentido sobre la fabricación de sus bombas atómicas.

Hasta el zelote periodista israelí David Horovitz admite que la respuesta del mundo, con excepción de Trump, ha sido "burlona" a las etéreas evidencias de Netanyahu (http://bit.ly/2HHcc7o).

El nuevo show de Netanyahu, a quien por lo visto no le importa hacer el ridículo global, se escenificó después de la visita a Israel del ex director de la CIA y hoy flamante secretario de Estado Mike Pompeo. Horas después, Israel lanzó un tremendo ataque en Siria contra instalaciones militares que parecen haber cobrado la vida de 24 asesores iraníes.

Anshel Pfeffer, del rotativo israelí Haaretz, criticó el “gran show” con "errores deslumbrantes" de Netanyahu quien "no presentó ningún cuerpo del delito", sino de "una fotografía años atrás" (http://bit.ly/2I4osys).

Anshel Pfeffer comenta en forma sarcástica de que Netanyahu volvió a usar la misma coreografía y retórica que se han vuelto su distintivo desde que fue embajador en la ONU hace tres décadas.

El jefe de Estado Mayor del ejército israelí, el teniente general Gadi Eizenkot había declarado "hace apenas cinco semanas" a Haaretz que el acuerdo nuclear con Irán "había retrasado la visión (sic) nuclear iraní de 10 a 15 años".

A mi juicio, Netanyahu dejó mal parado al supuestamente infalible Mossad al haber hurtado documentos inservibles de hace 13 años.

¿Quién asevera que los "archivos secretos" y los cedés hurtados sean auténticos?

¿Qué tal si Irán dejó sus detritus de documentación nuclear para tender una trampa al mejor espionaje del mundo, como se auto-cataloga el Mossad?

El anterior primer ministro, el general Ehud Barak, quien también fungió como ministro de Defensa de 2009 a 2013, comentó que "no existía esencialmente nada nuevo en la presentación de Netanyahu" que "representa una gran ayuda para Trump antes de su decisión del 12 de mayo".

Trump exultó que los hallazgos de Netanyahu "prueban" de que estaba "100 por ciento (sic) en lo correcto" contra el acuerdo de Obama con los otros cuatro miembros permanentes del Consejo de Seguridad, sumados de Alemania (http://bit.ly/2JL51YL).

Netanyahu había informado a Trump el pasado 5 de marzo sobre su "evidencia", de la que disponía desde hace un año (https://reut.rs/2JL57zB).

Trump busca renegar el creativo arreglo de Obama cuando la teatralidad circense de Netanyahu le sirve de coartada a solamente 12 días de su crucial decisión.

Trump tuerce las dos manos de Europa al mismo tiempo: una con su chantaje aduanero (http://bit.ly/2I5w17W) y otra con su perjurio del acuerdo nuclear de Obama con Irán.

Federica Mogherini, encargada de Relaciones Exteriores de la Unión Europea, expuso que Netanyahu "no presentó pruebas de que Irán esté violando el acuerdo" y tampoco "puso en cuestión el cumplimiento del acuerdo por parte del régimen iraní" (http://bit.ly/2rdirWw).

El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), árbitro del acuerdo nuclear con Irán, desmintió al primer ministro Netanyahu de Israel que, por cierto, posee un máximo de 400 (sic) bombas atómicas clandestinas y no firma el Tratado de No-Proliferación ni permite la inspección de la OIEA (http://bit.ly/2FyiFvD).

El ministro de Defensa de Irán, el general Amir Hatami, fustigó los inventos sin base del primer ministro israelí y sus provocativas medidas: "Advierto al régimen que ocupa Jerusalén/Al-Quds y a sus aliados (sic) que deben frenar sus conspiraciones y su comportamiento peligroso porque la respuesta de Irán será sorprendente y hará que lo lamenten" (http://bit.ly/2jlYmss).

El ministro de Defensa persa comentó que “el show del primer ministro israelí” forma parte de los esfuerzos de su régimen, en coordinación con el "escenario hostil de Trump contra Irán", para encubrir sus "crímenes injustificables" en contra del pueblo palestino oprimido” del que la República Islámica de Irán es el principal "apoyador" y "defensor".

Según el canciller iraní Javed Zarif, Mike Pompeo revirtió su postura anterior cuando había declarado el 12 de abril que Irán nunca había intentado desarrollar armas nucleares.

En Irán se burlan de Netanyahu como "el niño que grita ahí viene el lobo" y con cuya fantasía Trump parece jugar el papel de Caperucita Roja.

La cancillería persa denunció el show "ridículo" y "vergonzoso" del primer ministro israelí y sentenció que el régimen de Netanyahu busca su "supervivencia (sic) que depende de la demonización de otros" cuando "las cabezas del régimen sionista buscan la supervivencia de su régimen ilegítimo y basado en mentiras con la dependencia en figurar a otros como amenazas usando el caduco charlatanismo de la edad de la ignorancia".

El portal iraní PressTV exhibe tres momentos de los shows circenses de Netanyahu: 1. En septiembre de 2012, cuando exhibió un diagrama de una bomba inexistente de Irán ante la Asamblea General de la ONU; 2. Durante su "exótico desempeño" en la Conferencia de Seguridad de Múnich en febrero pasado, en la que mostró lo que aseveró constituir "una pieza de un dron iraní" derribado por Israel; y ahora 3. Sus miles de documentos y cedés que asevera constituyen la "evidencia" de las actividades "secretas" de Irán que dice "miente" (http://bit.ly/2rch35J).

Toda la política exterior de Trump y Netanyahu se basa en fake news cuando todavía el mundo no descansa de la legendaria mendacidad de las "armas de destrucción masiva" de Saddam Husein que nunca existieron –pese a la "evidencia" de las hilarantes y vacuos frasquitos tóxicos del general Colin Powell– que fueron propaladas por Occidente, encabezados por EU/Gran Bretaña/Israel y que valieron la destrucción de Irak.

Entre las bufonerías de Netanyahu y Trump, "Israel parece prepararse a una guerra abierta con Irán, según tres fuentes referidas por NBC News" (http://bit.ly/2JJA5bg).

Desde hace cuatro años, el galardonado historiador e investigador estadunidense Gareth Porter expuso la Crisis fabricada: la historia no contada del miedo nuclear iraní cuando "el programa nuclear iraní ha sido pacífico (sic), mientras que las inexistentes armas nucleares de Irán son una fabricación de Israel y EU" (https://amzn.to/2w9c630).

Hace ya 14 años Israel y/o EU "contrabandearon una laptop" (http://bit.ly/2KtsxKT) con "documentos misteriosos" que "probaban (sic)" el programa nuclear "encubierto" de Irán y que resultaron "fraudulentos" (http://bit.ly/2JJj01b).

Un mentiroso consuetudinario es un contumaz mentiroso integral. No se puede ser mentiroso dentro de su país y virtuoso en el exterior.

Hoy las bufonerías y fake news forman parte consustancial de la política exterior de Trump y Netanyahu.

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La tabacalera Philip Morris se aprovechó de la adicción a la nicotina, que siempre había negado, para promover sus ventas

La multinacional dueña de marcas como Marlboro o Chesterfield conocía, desde el año 2000, la importancia de dependencia a la nicotina en el tabaquismo, según revelan documentos secretos de la compañía públicos a raíz de un litigio.


Washington

La compañía tabacalera más grande del mundo, la estadounidense Philip Morris, identificó a la nicotina como el principal impulsor del hábito de fumar en 2000 y redirigió sus políticas para promover su uso, según un estudio publicado en la revista especializada PLOS Medicine.


Después de décadas negando el papel de la dependencia de la nicotina en la adicción al tabaco, Philip Morris, dueña de marcas como Marlboro o Chesterfield, tenía una comprensión interna de la adicción al tabaco superior a la que admitía de manera pública, tal y como revelaron documentos secretos de la compañía hechos públicos a raíz de un litigio en su contra.


Un grupo de investigadores de la Universidad de California en San Francisco (EEUU) analizó estos documentos para explorar la comprensión de la compañía de la adicción y descubrieron que Philip Morris aprovechó entonces su conocimiento para enfocar sus promociones y productos.


Los autores Jesse Elías, Yogi Hendlin y Pamela Ling descubrieron que la tabacalera continuó estudiando la adicción durante la década de los 2000 para desarrollar productos de nicotina "exitosos y potencialmente más seguros".


Además, tras analizar los documentos secretos, encontraron que desde mediados de la década de los noventa hasta por lo menos 2006, los modelos internos de adicción de Philip Morris consideraron factores psicológicos, sociales y ambientales como comparables en importancia a la nicotina en el uso de cigarrillos.


Elías y sus colegas argumentaron que este conocimiento sobre el papel de la nicotina en el hábito de fumar permitió a Philip Morris redirigir la política lejos de las intervenciones sociales y ambientales y hacia la promoción de productos "perjudiciales".


Los investigadores señalaron en su estudio que debido a la naturaleza fragmentada e incompleta del archivo de documentos de la industria tabacalera, es posible que se hayan perdido algunos documentos importantes.


No obstante, los autores enfatizaron que la reducción de la prevalencia del tabaquismo requiere de políticas que aborden todos los factores que impulsan la adicción al cigarrillo, por ejemplo, restricciones de publicidad, empaquetado genérico, impuestos al tabaco y restricciones generalizadas al consumo de cigarrillos.


"Es más probable lograr resultados de salud positivos al complementar la investigación y los consejos de conducta con intervenciones cada vez más fuertes a nivel de la sociedad que aborden los componentes psicológicos, sociales y ambientales de la adicción", apuntaron los autores.

 

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Siete mitos sobre las mujeres y la masturbación que tenemos que desaprender ya

No me interesan las poses sexis ni hago ruidos seductores. No enciendo velas ni me meto en la bañera. La periodista Suzannah Weiss desmonta siete mitos sobre la masturbación femenina.

 —Creo que me masturbo más cuando estoy estresada. 

—¿Te masturbas?

Esta conversación, que tuve con un amigo, encarna la sorpresa que expresan muchas personas cuando descubren no solo que te masturbas, sino que además lo admites sin complejos.

Porque aunque este amigo y yo hablábamos de sexo todo el rato y sabía que era sexualmente activa en mis relaciones, la idea de que tuviera sexo conmigo misma no se le había pasado por la cabeza.

Eso se debe a que nos han enseñado que la sexualidad de las mujeres solo existe para otras personas.

Desde que descubrí la masturbación accidentalmente cuando era una niña, ha sido algo que he hecho como respuesta a mis propios deseos, no como espectáculo para calentar a nadie.

No me interesan las poses sexis ni hago ruidos seductores. No enciendo velas ni me meto en la bañera. En resumen, no sigo un proceso diferente al que sigue cualquier otra persona, hombres incluidos. Y parece que eso también sorprende a la gente.

Ya que la mayoría de las representaciones de mujeres que se masturban o bien son pornográficas o bien son parte de algún discurso de empoderamiento feminista, la gente se sorprende cuando las mujeres tratan la masturbación como una actividad normal y cotidiana.

Que veamos que los hábitos de masturbación son diferentes según los géneros contribuye a que veamos la sexualidad como algo intrínsecamente diferente según el género.

Y cuando mantenemos esta creencia, fomentamos la mentalidad “los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus (y los géneros no binarios no existen)”, que sustituye a la gente real por estereotipos.

Además, llevamos a la sociedad a ver a las mujeres como criaturas exóticas, en lugar de congéneres con los que empatizar. Esa división artificial hace que las relaciones comiencen con mal pie, al igual que ocurre con la idea de que la sexualidad de la mujer es un espectáculo para los demás, en lugar de un atributo intrínseco a ella.

Un apunte rápido: muchas de las ideas que tenemos de las mujeres y la masturbación están relacionadas con mitos sobre la vagina. Muchos de los conceptos que tenemos sobre las mujeres están equivocados, muchos de los conceptos que tenemos sobre la vagina están equivocados, y la idea de que las dos están conectadas de forma inherente es errónea.

Algunos de los mitos acerca de las mujeres, la vagina y la masturbación se aplican a cualquiera que tenga vagina; otros, se aplican a cualquiera que se identifique como mujer, pero a menudo se dirigen a mujeres cis, aunque solo sea porque la sociedad, en general, tiene una perspectiva limitada.

Por tanto, este artículo se va a centrar en mitos sobre mujeres cis, porque esa es la experiencia de la que puedo hablar. Pero se debería escribir más sobre la mitología que rodea los hábitos de masturbación de las personas transexuales también, y esa conversación se debería ubicar dentro de esas experiencias.

Así que, desde mi punto de vista, aquí hay algunos mitos que deberíamos desaprender sobre las mujeres cis y la masturbación si queremos entender mejor la sexualidad de las mujeres reales, y no solo una versión exótica y cosificada de la misma.


MITO 1: LAS MUJERES NO SE MASTURBAN


Mucha gente en las culturas occidentales da por sentado que los hombres se masturban. No se considera correcto hablar sobre el tema, pero se ve como algo normal e inevitable.

Para las mujeres, no tanto.

En mi adolescencia y preadolescencia, me sentía pervertida, autocomplaciente y culpable por masturbarme. No se lo había contado a nadie hasta que jugamos a “atrevimiento o verdad” cuando tenía unos quince años. Me tocó ‘verdad’ y la pregunta era: “¿Cuál es tu mayor secreto?”.

El mío era (resuello) que me masturbaba. “Yo también”, dijeron las dos amigas con las que estaba. Lo habíamos estado ocultando porque no creíamos que fuera normal.

En realidad, según un estudio, el 92% de las mujeres de entre 18 y 22 años se masturba habitualmente.

Pero independientemente de cuál sera la cifra real (que puede estar sesgada debido al mismo sentimiento de vergüenza que yo tenía), es muy normal y no hay que avergonzarse de ello.

Hay quien ve a las mujeres que experimentan placer sexual o se excitan ellas solas de la misma manera que los niños a los profesores fuera del colegio. No consideran que exista una sexualidad femenina más allá de las relaciones.

Pero la sexualidad es intrínseca a muchas de nosotras y se puede ejercitar sin que nadie más participe.


MITO 2: LA MASTURBACIÓN DE LAS MUJERES ES UN GRAN ESPECTÁCULO


¡Poneos todos en fila para comprar las entradas, está a punto de masturbarse!

A veces me parece que este anuncio se reproduce cada vez que me subo a la cama. Se ha creado un espectáculo enorme sobre la masturbación de las mujeres en el porno y en las pocas películas en que aparece.

Desde el sensual desnudo y las caricias corporales de Shannon Elizabeth en American Pie a los jadeos y el rostro eufórico que, literalmente, dan color al mundo en Pleasantville [en la imagen de más arriba], la masturbación femenina está diseñada para que sea un espectáculo.

Cuando los hombres se masturban en las películas, generalmente no se ha optimizado para que el público se excite o para que parezca delicado y bonito. Volviendo al ejemplo de American Pie, la escena en que Jason Biggs se masturba se presenta como algo vergonzoso, no como algo sexy. Se supone que el porno que está viendo es sexy, pero él mismo no lo es.

Porque la gente cree que los hombres se masturban como respuesta a sus propios deseos, mientras que las mujeres lo hacen para provocar el deseo de los demás.

La representación de la masturbación femenina en la interpretación saca a las mujeres de sus cuerpos y las lleva a cosificarse a ellas mismas incluso mientras se masturban, un momento generalmente indicado para centrarnos en nosotras mismas y no en cómo nos ve nadie más.

Como he sido expuesta a cada vez más representaciones sexuales en los medios de comunicación, incluso en supuestos artículos de empoderamiento y vídeos sobre el placer de las mujeres, he empezado a imaginarme cómo me percibiría un compañero mientras me masturbo, controlando las expresiones de mi cara y practicando ruidos de orgasmo, aunque soy silenciosa por naturaleza.

A esto nos lleva la cosificación.

Por supuesto, la masturbación se puede hacer frente a otra persona. Pero cuando a las mujeres se les enseña a estar pendientes de su apariencia, de lo que transmiten, de los sonidos que emiten durante el acto, se las saca del momento y el placer resulta más difícil de conseguir.

No es sorprendente que el 32% de las mujeres diga que cuando tienen problemas para llegar al orgasmo es porque le están dando vueltas a la cabeza o están concentradas en su apariencia. Eso nunca debería ser un problema, especialmente cuando no hay nadie mirando.

MITO 3: LAS MUJERES QUE SE MASTURBAN SON UNAS “FULANAS”


Gracias a la percepción de que la autoestimulación femenina es para otras personas, a la mujer que se masturba se la percibe como sexualmente promiscua, como si se dedicara a masturbarse para ser una estrella del porno y no para darse placer a sí misma, simplemente.

Además, gracias a la percepción de que las mujeres no se masturban por naturaleza, se considera que cualquier mujer que se masturba es una pervertida, atrevida o estrafalaria. Y si habla del tema, está en otro nivel totalmente distinto de perversión; no es que esté siendo honesta, sino que debe ser que quiere excitar a los hombres.

Cuando hablo de la masturbación con hombres, a menudo tengo miedo de que lo entiendan como una invitación. He visto a hombres que consideran que una mujer sexualmente abierta está abierta a tener sexo con cualquiera, por esa misma idea de que la sexualidad femenina solo existe para otras personas.

El hecho de masturbarnos o hablar sobre la masturbación no tiene nada que ver con cuántas parejas sexuales tenemos —de hecho, hay gente que se masturba como alternativa al sexo en pareja— por no hablar de con nuestra personalidad.

No consideramos que respirar o beber agua tenga ninguna carga sexual, y la masturbación es lo mismo: una manera de satisfacer una necesidad física. Cuando asumimos que a las mujeres que se masturban les debe encantar el sexo, dejamos a un lado el hecho de que la masturbación solo es una necesidad física básica para muchas personas, independientemente del género.

MITO 4: LA MASTURBACIÓN FEMENINA ES MÁS EMOCIONAL


Según la sabiduría popular, los hombres tienen fantasías rápidas y explícitas, mientras que las mujeres se imaginan a ellas mismas en relaciones amorosas, con diálogo y todo eso, cuando se corren. Ah, y también ponemos velas perfumadas y nos echamos crema en el cuerpo para crear un entorno sensual y aunar la mente, el cuerpo y el alma.

¡Ja!

Por supuesto, no tiene nada de malo hacer de la masturbación una experiencia profunda y sanadora, pero para muchas mujeres es tan simple como pasar unos minutos tocándonos cuando nos metemos en la cama, y luego nos dormimos.

Y sí, para que conste, tenemos pensamientos no aptos para menores. También podemos tener algunas fantasías bastante raras, al igual que muchos hombres, estoy segura. Con frecuencia me asalta el pensamiento “¿De dónde coño ha salido esa imagen?” justo después de terminar. Pero bueno, algunas cosas, mejor disfrutarlas que analizarlas.

MITO 5: LAS MUJERES NO VEN PORNO


Esto va junto con la creencia de que los hombres tienen una mente sexual, mientras que las mujeres son puras y solo disfrutan del sexo en su forma más enriquecedora emocionalmente. Siento sacaros de la burbuja, pero tengo algo que deciros: las mujeres vemos porno. Todo tipo de porno. ¡Horror!

A la gente le encanta decir que los hombres son más visuales, lo que mantiene un statu quo en el que la cosificación de las mujeres se considera natural. Esta consideración también protege a los hombres, que temen que ellos mismos sean cosificados si las mujeres somos, en efecto, visuales.

Pues lo somos.

Según ¿Qué quieren las mujeres?: Últimas revelaciones de la ciencia sobre el deseo sexual femenino, de Daniel Bergner, uno de cada tres consumidores de porno es mujer, los ojos de las mujeres se detienen en la imaginería erótica tanto como los de los hombres y las vaginas de las mujeres cis lubrican como respuesta a toda clase de vídeos sexuales.

Por desgracia, a pesar de la atracción que sienten muchas mujeres por las películas para adultos, la mayoría del porno se dirige a hombres heterosexuales y presenta a mujeres que está claro que no disfrutan, se las pone en situaciones potencialmente degradantes y la cámara las hace destacar como la persona a la que hay que mirar.

Pero los tiempos están cambiando. El porno feminista existe y tiene demanda.

A todas las mujeres no les ponen cachondas las mismas cosas, pero algo que muchas mujeres quieren es un porno centrado en el placer de la mujer. Y eso va a ser cada vez más común, a medida que vayamos admitiendo que las mujeres somos visuales y haya más mujeres detrás de las cámaras, en vez de en frente de ellas.


MITO 6: LA MASTURBACIÓN ES INNATA EN EL HOMBRE Y APRENDIDA EN LA MUJER


No hay duda de que la sexualidad de las mujeres se ha reprimido. Algunas mujeres no se permiten a sí mismas explorar su sexualidad hasta que ya tienen una edad.

Pero muchas descubren la masturbación muy pronto.

El 75% de las mujeres se ha masturbado antes de los 18 años y la mayoría descubre la masturbación por su cuenta. Si no me creéis, el libro de Nancy Friday comparte las historias de muchas mujeres que empezaron a experimentar el placer sexual siendo niñas.

Durante los últimos años, especialmente en el campus de mi antigua facultad y en otros, he notado un esfuerzo creciente de las feministas y las educadoras sexuales para educar a las mujeres en la anatomía sexual y los procedimientos, asumiendo a menudo que no los conocen.

No es malo educar a la gente acerca de sus cuerpos, aunque preferiría que se hiciera de un modo menos orientado al género, pero una educación de ese tipo se convierte en un problema cuando se dirige a las mujeres como bellas durmientes sexuales que necesitan que las despierten, ya sea su pareja o un experto.

Una vez más, vuelve a aparecer la suposición de que las mujeres son menos sexuales y son sexuales solo con la ayuda de los demás.

Algunas personas prueban la masturbación cuando aprenden qué es y otras tropiezan con ella sin querer. Pero parece condescendiente que nos digan que tenemos que aprender lo básico del funcionamiento de nuestro cuerpo. Tenemos que reconocer que muchas mujeres somos sexuales por naturaleza y no necesitamos a nadie que nos haga serlo.

MITO 7: LAS MUJERES TIENEN QUE MASTURBARSE PARA EMPODERARSE


Junto al discurso de las mujeres que se masturban como forma de seducción, hay otro de mujeres que se masturban como una declaración feminista. Esta última imagen puede parecer empoderadora, pero en realidad también cosifica a la mujer de varias maneras sutiles.

Un aspecto problemático de la idea de la masturbación como forma de empoderamiento de la mujer es que a menudo se propone como una manera para que las mujeres se sientan mejor con sus cuerpos. El razonamiento es que si puedes excitarte a ti misma y correrte, te vas a sentir sexy.

Pero no todo lo que las mujeres hacen tiene que está relacionado con el atractivo sexual.

La masturbación es una experiencia personal que se puede disfrutar incluso el día en que tienes la imagen personal más mierdosa. Nadie le dice a los hombres que se masturben para sentirse mejor con sus cuerpos, porque, de nuevo, la masturbación masculina no está asociada con su apariencia.

Además, al convertir la masturbación femenina en una declaración política, escondemos el hecho de que es algo que muchos de nuestros cuerpos hacen de forma natural y contribuye al estereotipo de que la masturbación es natural en los hombres y aprendida para las mujeres.

Más allá de eso, las mujeres no tenemos que masturbarnos para empoderarnos. No tenemos que hacer nada para empoderarnos. Solo tenemos que hacer lo que queramos.

Agradezco la intención de las feministas que abogan por la masturbación como una manera de hacer que la mujer se sienta “empoderada por sentirse capaz de darse placer a sí misma”. La masturbación puede ser un acto feminista si, al practicarla, rechazamos toda las tonterías que nos han enseñado sobre la (falta de) sexualidad de las mujeres.

Pero cuando me meto bajo las sábanas o en la ducha, en lo último que pienso es en el empoderamiento femenino, por regla general. Me entrego a mis propias fantasías, o al menos lo intento.

Cuando pienso en mi confianza o independencia gracias a todos esos discursos, esos pensamientos, como los que vienen de la cosificación de la masturbación femenina, me distraigo. De repente siento la presión de sentirme empoderada después, en lugar de sentir un alivio físico.

Así que vamos a evitar que las mujeres tengan la impresión de que tienen otra cosa más que hacer, ¿vale?

* * *

Lo que todos esos mitos tienen en común es que cogen una experiencia profundamente personal y la definen para otras personas. Nuestra rutina de masturbación es nuestra y solo nuestra, y puede ser lo que nosotras la hagamos.

Personas de todos los géneros se han apropiado de la masturbación femenina con diversos propósitos pero, en última instancia, no tiene por qué haber un propósito. No tienes que masturbarte como si fuera un espectáculo sexy, una exhibición de masculinidad o feminidad o como forma de emancipación. Puedes hacerlo simplemente porque te apetece.

A la sociedad y los medios de comunicación les encanta convertir las acciones femeninas en más de lo que son; y hacer a las mujeres más de lo que son. Pero no tenemos que serlo, especialmente en nuestros momentos más privados. No somos objetos ni encarnaciones de ningún ideal.

Por una vez, vamos a dejar que las mujeres sean personas que están haciendo sus cosas, sean las cosas que sean.

 

Por SUZANNAH WEISS
TRADUCCIÓN: ISABEL POZAS GONZÁLEZ

2018-04-11 06:00:00

 

SOBRE LA AUTORA
Suzannah Weiss contribuye con Everyday Feminism y es una escritora neoyorquina cuyo trabajo ha aparecido en The Washington Post, Salon, Seventeen, Buzzfeed, The Huffington Post, Bustle, y otros. Está titulada en Estudios de Género y Sexualidad, Cultura Moderna y Medios de Comunicación, y Neurociencia Cognitiva por la Universidad de Brown. La puedes seguir en Twitter en @suzannahweiss. Fuente original: Everyday Feminism

 

 

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El nacional-populismo se apodera de las tres grandes potencias nucleares

La exaltación del patriotismo -el America, first, la Madre Rusia o la Revolución Cultural del Gran Timonel chino del Siglo XXI- es el germen del Nuevo Orden Global. Más gasto militar, con escalada atómica, y cambios económicos de calado con el beneplácito de sus sociedades civiles, dominadas por la censura o la post-verdad de las redes sociales y los medios de comunicación.


¿Nueva Guerra Fría? Una vuelta al viejo estilo disuasorio de siempre. Sólo que ahora, el cóctel no sólo resulta ser más peligroso, sino que, además, puede hacer estallar por los aires cualquier exceso de tacticismo. La geo-estrategia contemporánea es mucho más convulsa, con más focos de tensión, más propensos a hacer estallar la bomba de relojería que siempre subyace en toda Guerra Fría que se precie. Y, sobre todo, con armas más precisas, infinitamente más destructivas y (…) con dirigentes con el gatillo fácil. Es decir, mucho más alejados de las pautas de prudencia y menos proclives a soluciones diplomáticas que sus antecesores de la post-guerra mundial, a juzgar por su retórica y, en consecuencia, menos capacitados para analizar convenientemente el diagnóstico real de su época.


Rechazo al cambio climático en el momento de mayor gravedad y riesgo del ecosistema del planeta; fracking en la etapa de las energías renovables; barreras al libre comercio y supresión de uniones aduaneras en plena globalización y en los albores de la Cuarta Revolución Industrial, la digital; cierre de fronteras a personas y mercancías y controles migratorios con manifestaciones de odio hacia el extranjero o mecanismos de perpetuación en el poder, entre otras tendencias.


En definitiva, un escenario, el del Nuevo Orden Global, que se ha instalado desde la llegada a la Casa Blanca de la Administración Trump, aunque ya se atisbaba en el Kremlin y que ha aceptado de buena gana el régimen de Pekín, que no invita precisamente al optimismo.


Pero, ¿cómo se ha instalado este nacionalismo en las tres grandes potencias nucleares? Desde luego, no de forma casual. Ni en los EEUU de Donald Trump, ni en la Rusia de Vladimir Putin, ni en la China de Xi Jinping. En los tres casos, responden a una estrategia predeterminada.


En Rusia, su origen se fraguó hace más de quince años. Desde casi la irrupción del, entonces -en las postrimerías del siglo pasado-, desconocido Vladimir Putin, ex agente del KGB, en la arena política, al implantar su particular capitalismo de amiguetes, de cesiones del poder económico-empresarial a oligarcas y del político a tecnócratas afines. En especial, si proceden de su clan, el de San Petersburgo, ajeno y rival del de Moscú que sostuvo a Boris Yeltsin.


En China, en cambio, se ha acentuado en el último lustro. Exactamente desde la presidencia de Xi Jinging, -desterrado a una aldea del norte del país durante su infancia, a tareas de reeducación familiar porque su padre Xi Zhongxun, antiguo héroe de la Revolución, cayó en desgracia y fue denostado por Mao Zedong-, artífice de que la nación más poblada de la Tierra entrara en una nueva era, según su propia proclamación. A raíz de una profunda y rápida transformación de su patrón de crecimiento. De ser la factoría global o el mercado de manufacturas de venta masiva de productos, a bajos precios, al exterior, a convertirse en una economía tecnológica, aupada a la digitalización, y cuyo motor de dinamismo ha pasado a ser la demanda interna -consumo privado e inversión empresarial-, base del progreso de las potencias industrializadas. Aunque, más allá de cualquier otra componenda, la fortaleza del nuevo Gran Timonel chino es la reciente reforma de la Constitución Popular China, que elimina los límites presidenciales (dos mandatos de cinco años) y le permite emular a Zedong, que gobernó el país desde 1949-1976.


El salto hacia lo inesperado de EEUU lleva el sello personal de Trump. Catapultado al poder desde los estados agrícolas e industriales del interior, con mayorías sociales tradicionales, que vieron en su mensaje de Hacer América de Nuevo Grande, una vuelta al esplendor de los viejos tiempos.


Rusia, el detonante del nuevo orden. Vladimir Putin lleva ventaja a sus oponentes. Por ser el más veterano de los tres; pero, en especial, porque fue el primero que creyó en el cambio de ciclo. Además, su nacional-populismo lleva años dejando rastro. Nunca mejor dicho. Porque su gran arma reciente han sido los ciberataques. A empresas e infraestructuras de EEUU, Europa y Reino Unido. O mediante la difusión de noticias falsas para generar división social en Occidente y propiciar inestabilidades institucionales. Si bien no ha sido la única. Otra, inicial, fue la asunción de la energía, principal fuente de ingresos del país más extenso, como arma de política exterior. Mediante esta argucia dejó sin suministro de gas y, por tanto, de calefacción, primero a Ucrania y, luego, durante varias semanas en dos inviernos distintos, a Europa Central. Un aviso para la, entonces, primeriza canciller Angela Merkel.


De ahí que no pueda sorprender en demasía las expulsiones de diplomáticos rusos -más de un centenar, en 18 países distintos- y la réplica de personal de varias de estas legaciones extranjeras en Moscú que se han sucedido a lo largo del mes pasado, desde que Londres acusara al Kremlin de la muerte, por envenenamiento con un agente químico, el Novichoks, que elabora el Ejército ruso, de Nokolai Glushkov, empresario y amigo del también fallecido oligarca Boris Berezovsky, considerados ambos como enemigos del Clan de San Petersburgo, y el intento de asesinato del ex espía, Serguei Skripal. Apenas una semana más tarde. En Salisbury, ciudad medieval situada a 90 millas al suroeste de Londres, enclave de la comunidad rusa en el Reino Unido y fuente de financiación de las arcas moscovitas, dado que su fondo municipal de pensiones, de 364 millones de dólares, invierte en activos de emergentes, mayoritariamente del mercado ruso y, casi todo, a través del estatal Sberbank.


Como tampoco que el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) del FBI señale directamente a Moscú como responsable de “un continuado comportamiento hostil” por dañar, mediante el uso de ciberataques, infraestructuras energéticas y estratégicas en EEUU que han propiciado un “serio riesgo sobre el sistema de control industrial del país”. Informe oficial que obligó a Robert Mueller, consejero especial de Trump y es director del FBI, a recomendar al presidente de EEUU la imposición de 16 sanciones a empresas y bancos rusos que operan en suelo americano. Entre ellos, a tres firmas de Yevgeni Prigozkin, considerado el jefe de Putin en EEUU, y dueño de un emporio en el que figura Internet Research Agency (IRA) que opera con identidades falsas y cuya actividad ha sido acusada por la justicia estadounidense de conspirar para cometer fraude on line y de actuar contra la seguridad nacional. Contra el criterio, siempre dócil hacia Putin, del actual inquilino de la Casa Blanca, investigado, junto a su clan, por connivencia y cooperación con Moscú durante la campaña electoral que le encumbró a la presidencia. El DHS cifra en más de 10.000 millones de dólares los daños económicos ocasionados por Rusia por uso de malware y ransomware como NotPetya en todo el mundo.


La sombra cibernética de Rusia es alargada. Se sustenta en el uso masivo de redes sociales y en la difusión de noticias falsas (fakes news) que se propagan por doquier y al instante a través de canales de información afines. Con este modelo Putin controló el Maidan ucranio, en febrero de 2014. Los trolls rusos desplegaron historias por Twitter, Facebook y plataformas made in Russia como V-Kontakte, para asegurar que el gobierno de su país vecino estaba dominado por fascistas que cometían atrocidades desde el Ejército a la población civil. Muy especialmente, en Crimea, territorio que acabó anexionándose de nuevo el Kremlin. Una táctica que usó en esa época para difundir la falsa información de que el avión de Malaysia Airlines (el vuelo NH17) fue derribado por las fuerzas armadas ucranias, pese a que varios vídeos muestran un lanzamisiles ruso que es trasladado a zona bajo control de Ucrania para cargar la culpa a Kiev.


En la era digital, Rusia utiliza elementos a la vieja usanza del KGB. Solo que adaptados al espacio cibernético. Introducen o crean células activas, captan activistas o simpatizantes a causas que consideran de su interés estratégico, y proceden a dividir sociedades con su agenda mediática. Mediante su factoría de trolls, en redes sociales, y de espacios en medios de comunicación como Russia Today (RT) o Sputnik. Este modus operandi ha sacado a la palestra la conexión del Kremlin de Putin con el neofascismo italiano y la Liga Norte, con quien Rusia Unida, el partido de Putin, tiene un acuerdo de cooperación, suscrito por Matteo Salvini, probable próximo primer ministro de Italia; con el FPÖ austriaco, la ultraderecha que controla ministerios claves del gobierno como el de Exteriores, el de Interior o el de Defensa. Con Die Linke, la izquierda alemana, pero también con Alternativa por Alemania (AfD), con un núcleo de afiliados de descendientes rusos de länders de la extinta RDA. O con Nick Friffin, ex líder del UKIP, grupos de la ultraderecha flamenca en el Parlamento belga, Jobbik, el partido ultranacionalista húngaro y del resto de sus formaciones hermanas del Grupo de Visogrado (Polonia, República Checa, Eslovaquia) o líderes neofascistas escandinavos. También ha intercedido en el procés catalán. Con proclamas a favor del referéndum, primero, y de la independencia unilateral, después. Mientras mantiene cauces con el IRA para mantener viva la llama de la separación del Reino Unido.


Aunque por encima de cualquier otro escenario, sus mayores logros, reconocidos sotto voce, ha sido en la Convención Demócrata de 2016 -uno de los puntos más escabrosos que relacionan al núcleo duro de Putin y Trump-, para debilitar a Hillary Clinton frente a su rival, Bernie Sanders, y en la campaña del Brexit. Con una posición claramente favorable al que fue el resultado final. Más de 10 millones de mensajes con el sello soterrado del Kremlin se emitieron durante las dos semanas previas al referéndum en Twitter, según la consultora 89Up.


El nacionalismo ruso también opera en casa. El último vestigio de ello es el arresto domiciliario del multimillonario Ziyavudin Magomedov y de su hermano Mogomed, enemigos del premier ruso (y delfín de Putin), Dimitri Medvedev, que acaban de ser acusados de malversación por sus negocios en la naviera Summa. Las fake news también proliferan en el mercado doméstico. En este tipo de asuntos, y en el enigmático proceso de reestructuración del sistema financiero del país, cuyos activos tóxicos, en poder de su banco central, afectaría a unas 300 entidades. Todas con alguna porción de participación del Estado. Según los analistas, sólo PromsugazBank, sexto por dimensión, tendría que limpiar entre 1.700 y 3.400 millones de dólares. La opacidad preside la política económica del país. Es el estilo del nuevo zar, que implantó ya en 2000, cuando asumió su primera presidencia. Putin rechaza el liberalismo que se instauró en Rusia tras el colapso de la URSS. Por contra, evoca el autoritarismo del Imperio Ruso. Sin tapujos. Y disfruta de ello con una popularidad por encima del 80%. Tampoco comparte el aurea nacionalista de Modri, en India, de Chávez, en Venezuela, o de Erdogan, en Turquía, que dicen que su poder emana del pueblo. Su táctica tiene su origen en Pedro el Grande. El gran zar. Mezcla de tradición, religión ortodoxa y estabilidad. La Madre Rusia.


China sueña con la hegemonía mundial. Xi Jinping ha definido su objetivo. Nítido y contundente. Para el que también ha conjugado una jerga marcadamente nacionalista. La misma que acaba de emplear en el Congreso del PCCh que le acaba de dar vía libre a sus ínfulas presidencialistas y que le ha permitido acaparar poder (político, económico, militar e institucional) como nunca antes desde el triunfo de la revolución. Para lo que contará con un remozado Ejecutivo de líderes de su plena confianza y generación. Con el objetivo de asumir el cetro mundial del que EEUU ha abdicado por su renuncia a aplicar estrategias globales contra el cambio climático o en beneficio del libre comercio.


Jinping ha logrado ratios de prosperidad muy por encima del 6%, el eslabón máximo que los mercados vaticinaban para China hasta finales de esta década. Con precios bajo control (1,5%) y pleno empleo (3,9%). Credenciales indispensables para acometer el reto. A los que, además, hay que unir la ausencia del credit-crunch que no pocos organismos multilaterales preveían por el volumen de la recapitalización de su sistema financiero tras la crisis. Pekín no solo lo ha evitado. Lo ha hecho en plena transformación de su paradigma económico, asumiendo los desafíos de la digitalización y reduciendo la ratio deuda-valor bursátil de sus cien mayores firmas financieras -a las que muchos analistas condenaban, en gran parte, a la quiebra- hasta en un 68%, lo que ha dejado un flujo adicional en caja de 93.000 millones de dólares durante los cinco años de presidencia de Jinping. Cierto que hay alarmas. Como que el endeudamiento de sus empresas, acumulen más de 16,2 billones de dólares, el 156% de su PIB. Con claros visos de que trasladen sus números rojos a la deuda soberana del país, tal y como alerta Moody’s. Pero la dócil travesía por el desierto de la post-crisis ha dado pábulo a los aires de grandeza de Jinping.


Por ejemplo, a la hora de reforzar su diplomacia, denominada Panda, sosegada pero proactiva. En alusión al gesto de regalar osos panda a zoológicos de estados con los que Pekín pretende construir especiales lazos políticos. Y que instauró con EEUU, en tiempo de Henry Kissinger como secretario de Estado, en 1971, cuando se restablecieron las relaciones bilaterales entre las dos mayores economías del planeta. Con ella, Jinping ha escenificado, de nuevo, que “si el mundo requiere del liderazgo” de China, el gigante asiático “no eludirá responsabilidades”. Sin salirse de los cauces doctrinales. Porque la diplomacia china está inspirada en las proclamas de Deng Xiaoping: “mantener un perfil bajo, nunca tomar la iniciativa, pero marcar las diferencias” en el escenario internacional. Eso sí, adaptada a los tiempos, que dictan mayor capacidad y rapidez de réplica. Por ejemplo, ante la guerra comercial inaugurada por Trump -y dirigida sobre todo a Pekín-, sobre la que ya ha reaccionado con una lista negra de más de un centenar de productos estadounidense por un valor que supera los 50.000 millones de dólares. O frente a las amenazas de EEUU contra el régimen cambiario fijo del rinminbi; al nuevo acercamiento estratégico de la Casa Blanca a Taiwán o anticipándose a Washington en la crisis nuclear norcoreana con una cita exprés con Kim Jong-un, previa a su prevista reunión con Trump.


La diplomacia china, con un marcado ribete nacionalista -la negativa de dejar fluctuar el valor de su moneda forma parte de su estrategia de planificación que le aleja del reconocimiento mundial de economía de mercado- funciona como una tortuga. Extiende su caparazón y va lenta. A menos que tenga que nadar … en aguas turbulentas. Mientras navega a velocidad de crucero. Porque forma parte del estilo de diplomacia económica de Xi Jinping la Nueva Ruta de la Seda -otro histórico proyecto- que pone en liza unos 110.000 millones de dólares de las arcas estatales chinas para que el Belt and Road, su nueva nomenclatura, tome cuerpo y desarrolle billonarios planes de infraestructuras rodadas, ferroviarias y marítimas, incentive la inversión y el comercio y, en paralelo, mejore la imagen de Pekín como actor global frente al proteccionismo. O la lucha contra el cambio climático que pretende liderar junto a Europa. Por KO técnico de EEUU.


Jinping, además, tiene el viento a su favor. El PIB chino superará a finales de este año al de toda la zona del euro: 13,2 billones de dólares frente a los 12,8 billones de los socios monetarios de Europa. Al tiempo que la riqueza acumulada en las últimas tres décadas, con un ciclo de negocios ininterrumpido y, con crecimientos anuales encadenados que han superados los dobles dígitos con bastante frecuencia, ha servido para reducir las fuertes desigualdades de renta de sus 1.300 millones de habitantes y para acumular varios millares de multimillonarios y consolidar una clase media cada vez más numerosa. Por si fuera poco, sus firmas, como hicieran las japonesas en los años ochenta, o las alemanas los primeros años de este siglo, han salido de compras y acaparan el 6% de las inversiones internacionales. Lejos aún del 50% del negocio mundial de las británicas, en 1914, o de las estadounidenses, en 1967. Pero con resultados sorprendentes. La planificación del régimen de Pekín -es decir, su nacionalismo económico- ya ha digitalizado varias industrias estratégicas, desde la metalúrgica, a la naviera o la petroquímica. Dentro del cambio de modelo productivo que se implantó tras la crisis de 2008. A las que se han unido otros segmentos como el de las energías alternativas y, desde 2015, cuando se anunció el ambicioso proyecto Made in China 2025, otros sectores de alta tecnología y de mayor sensibilidad para la seguridad nacional como el aeroespacial o la de nuevos materiales.


Este salto hacia la Cuarta Revolución Industrial, la 4.0, deja datos elocuentes. Entre otros, que la tercera parte de los 262 startups globales que han alcanzado la consideración de unicornios son chinas y acaparan el 43% del valor de estas firmas. O que sus gigantes tecnológicos tuteen en beneficios e ingresos a sus rivales estadounidenses, europeos o japoneses. Alibabá, Baidu, Tencent o BAT operan con sus propios ecosistemas digitales. Al calor de la laxitud regulatoria y de las inyecciones financieras de Pekín. Aunque también del boom del consumo ciudadano, que roza los 800.000 millones de dólares en Internet, -once veces el gasto de e-commerce en EEUU- y de la inversión empresarial: el capital riesgo tecno-digital se ha aupado al top-three mundial, con más de 77.000 millones de dólares en el trienio 2014-16, el 19% del total. China ha pasado de estar 4,9 veces menos digitalizada que EEUU en 2013 a 3,7 en 2016. Y desea imponer su estilo en el mundo.


Trump da un volantazo a la globalización. Su listado de políticas con tintes nacionalistas dejaría ojiplático a cualquier observador internacional. A golpe de tweet, su política de Hacer de Nuevo a América Grande se ha cargado, de un plumazo, el orden multilateral imperante. Ha forzado el final del ObamaCare, el sistema de universalización inicial de la población estadounidense, cada vez con mayores desequilibrios de ingresos; ha endurecido hasta la saciedad -con expulsiones y su obcecación por construir un muro fronterizo con México- la política inmigratoria del país; ha sacado a EEUU de los protocolos contra el cambio climático; ha encargado cambios en la Dodd-Frank Act para liberar del corsé normativo impuesto en 2010 por Obama a los bancos que podría no guardar parangón siquiera con el feroz desmantelamiento de los controles de supervisión de la banca decretada por Ronald Reagan, primero, y secundada después por Margaret Thatcher.


Sin importarle la responsabilidad de los bancos en la crisis de hace un decenio ni la ausencia de garantías a los consumidores o el coste sobre los contribuyentes americanos del rescate. Por si fuera poco, también ha impulsado una doble rebaja fiscal -sobre rentas personales y beneficios empresariales- de tal dimensión que obligaron a ministros de Hacienda de Europa, Reino Unido y otras latitudes anglosajonas, a pedir su retirada por competencia tributaria desleal. Antes de poner su guinda: subida de aranceles al acero y el aluminio, victoria interna de los más sólidos asesores y cargos del proteccionismo nacionalista e instauración de una nueva guerra comercial.Quizás nadie como Trump se merezca más y en menos tiempo un impeachment, el proceso de destitución presidencial del que se habla con bastante frecuencia en los círculos de poder de la nación más poderosa del mundo. Pero el Grand Old Party (GOP), la formación republicana que le sustenta, a pesar de ser un verso libre y ajeno a su lista de afiliados, se empeña en satisfacer sus deseos.


Bill Clinton fue el último presidente sometido a esta causa. Por un asunto sexual, de índole exclusivamente moral. Cómo no va a ser posible impulsar otro para Trump cuando se ha atrevido a cambiar interna y externamente la Pax Americana. Observadores políticos y analistas económicos califican, cuanto menos, de errática su diplomacia y su gestión doméstica. Mientras engorda el déficit fiscal y el por cuenta corriente (pagos internacionales) y la deuda, que supera ya el 100% del PIB. Sin reparar en gastos. Ni calibrar las consecuencias de, entre otras medidas, disparar la factura militar. Y, con ella, la de sus aliados europeos, a los que ha exigido sufragar, con el 2% de sus PIB, el presupuesto de la OTAN. Los comandantes en jefe de los principales ejércitos del mundo manejarán en los próximos años una cifra sin precedentes, de 600.000 millones de dólares, cantidad equivalente a la partida total en Defensa que la Administración Trump podrá emplear este año, la mitad del PIB español. Casi en su totalidad, para modernizar tecnológicamente el armamento convencional, pero también el nuclear, del mayor Ejército. Además de alcanzar una armada con 350 buques de guerra, incrementar el número de soldados en activo hasta los 540.000 y renovar cientos de cazas de combate.


El IISS ofrece un dato palpable de que la fiesta de la militarización hace tiempo que comenzó. Los diez mayores presupuestos de Defensa ya manejaron, en 2016, algo más de 1,1 billones de dólares; el PIB español. Aspecto al que no han sido insensibles las bolsas. El Índice de Inteligencia de Mercados de Bloomberg, precisa que los índices de las firmas de Defensa que cotizan en las distintas plazas bursátiles han aumentado un 27%, el doble del alza de estos activos en el S&P 500 americano desde la elección de Donald Trump. Al calor de operaciones como el acuerdo con Riad para la venta de material bélico americano por valor de 110.000 millones de dólares, que el mandatario de EEUU suscribió con las autoridades saudíes en su primer viaje oficial al exterior, los buenos augurios que se vislumbran sobre el comercio de armas, que en 2015 movilizó más de 370.700 millones de dólares o el incremento del gasto que los europeos harán en la OTAN y que, en términos cuantitativos, supondrán otros 100.000 millones de dólares.
La bonanza del sector es ya visible. “Sólo falta el estallido de un conflicto global”, que podría detonar por Corea del Norte o por el ataque, todavía diplomático y comercial, de sus vecinos del Golfo a Qatar a cuenta de la supuesta financiación al terrorismo islamista de este emirato, pero sobre el que pende la duda de la alianza subrepticia de Doha a Irán, motivo del respaldo de EEUU al bloque anti-qatarí.


“Para que la bacanal se propague”, alertan no pocos analistas. Algo que ya se fraguó hace años. John Dowdy y Elizabeth Oakes, de la consultora McKinsey, admiten que el viraje en la industria militar se perfiló entre 2012 y 2014, “cuando los presupuestos de las grandes potencias dejaron atrás las reducciones financieras” de los años de crisis en el apartado de Defensa y “apostaron por mantener sus partidas”, pese a la instauración de la austeridad. También las de China y Rusia. Con los primeros incrementos de cabezas nucleares en décadas. En 2017, según el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) destinará 400.000 millones de dólares entre este año y 2026 a su actualizar o construir nuevos sistemas de ataque o defensa de su arsenal nuclear. Desde escudos antimisiles a lanzamisiles de tierra, mar o aire. El Kremlin, por su parte, lleva un lustro modernizando sus programas nucleares. En especial, de su vetusta flota de submarinos nucleares, heredados de la URSS. Sus sucesores ya transportan torpedos con hasta 6 cabezas nucleares. El SIPRI calcula que el 60% de sus armas son misiles balísticos intercontinentales.


Ambos tienen algo más de 4.000 ojivas declaradas. China dispone de 270. Aunque su número se incrementa año a año. Sus partidas presupuestarias, dice este think-tank, se enfocan sobre todo a la renovación de su armamento atómico submarino, con objeto de adecuar su táctica atómica a la preservación de sus intereses geoestratégicos en las islas del Mar de China, que disputa con Taiwán.


El resultado del nacionalismo en las tres potencias nucleares tiene un denominador común. De momento, sus sociedades lo asumen. Sin ninguna protesta visible en el caso de China, donde se ha elevado la censura, sobre todo en redes sociales, ya de por sí en niveles inadmisibles; con escasas protestas y una represión policial más que notable en Rusia y manifestaciones puntuales y de poca intensidad en EEUU. Y un riesgo latente. Al menos, desde la óptica occidental. La OTAN considera a Rusia un elemento desestabilizador de primer orden por la injerencia constante en la soberanía nacional de sus aliados, y a China y su rearme, al mismo nivel de tensión estratégica que factores como el cambio climático, los ataques cibernéticos o el repunte de la desigualdad social que incluye en su informe de amenazas globales hasta 2035.

 

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