Esther Wojcicki: “La mayoría de la gente no sabe reconocer una noticia falsa”

La directiva de Creative Commons defiende la educación creativa y crítica por encima del modelo tradicional



A Esther Wojcicki (Nueva York, 1941) la llaman la abuela de Silicon Valley no solo por ser la madre de la directora ejecutiva de YouTube y de una de las fundadoras de 23andMe, sino también por el conocimiento que ha aportado a la industria tecnológica de Palo Alto. La periodista y directiva de Creative Commons -- la web de contenido para uso libre-- puede sonreír con amabilidad mientra suelta verdades incómodas. En el tiempo de las noticias falsas y la posverdad, Wojcicki está convencida de que lo único que podrá mejorar el futuro es la educación. Pero no aquella de las aulas bajo exámenes predecibles, sino la que deja que los estudiantes sean creativos y descubran por sí mismos los caminos hacia la innovación.


“Si piensan en su propia educación, ustedes recuerdan cosas que hicieron y no lo que memorizaron. La memorización es inútil, lo que necesitamos es aprender a aprender”, dice frente a la audiencia del Campus Party México. Wojcicki enseña con el ejemplo en un instituto de Palo Alto donde imparte periodismo a través de nuevas herramientas tecnológicas. Los estudiantes emprenden los proyectos que les apetecen y aún cuando no pretendan dedicarse al periodismo, señala Wojcicki, los jóvenes desarrollan capacidades que les pueden ser útiles en la vida como resiliencia, liderazgo, emprendedurismo y tolerancia.


Este tipo de educación, señala, también puede servir para aprender a surfear en un mundo saturado de información. “La mayoría de la gente no sabe reconocer una noticia falsa de una real. No entienden lo que es una fuente de información y que aquellos a los que citas en una historia son lo más importante”, asegura. Así que ha emprendido un proyecto con el Newseum, de Washington DC, para enseñar a la gente a encontrar la diferencia. A la periodista le preocupa que incluso en una misma historia en la prensa pueden encontrarse contenidos que no son 100% verídicos o que sea el mismo gobierno el responsable de la difusión de las noticias falsas. “Algunos políticos y servidores públicos difunden noticias falsas porque no saben hacer algo mejor. Al final todo está en la educación”, defiende.


Para el futuro, sostiene, será indispensable que la gente aprenda a pensar rápido, a colaborar con otros y a ser creativos y críticos. Herramientas como Creative Commons serán indispensables para difundir ese estilo de educación, donde también se aprende la diferencia entre contenidos libres y aquellos con derechos. “Necesitamos aprender a aprender en línea”, apunta. Wojcicki observa en el pensamiento crítico a la clave del futuro. El presente de la educación la ha alentado a trabajar para cambiar el paradigma de la educación. Un par de datos la ha marcado: dos semanas después de un examen, los estudiantes solo recuerdan el 32% de la información; un año después pueden, si acaso, recordar el 5%.

 

8 JUL 2017 - 21:29 COT

Publicado enSociedad
“Lo que estamos enfrentando son campañas de desinformación”: Frank La Rue

Durante el Foro Global de Medios, organizado por la Deutshe Welle en Bonn-Alemania, tuvimos la oportunidad de entrevistar Frank La Rue, Subdirector General Adjunto de UNESCO para la Comunicación e Información. Este fue nuestro diálogo.


P: ¿En términos generales, cuál es el balance que tiene sobre el proceso de democratización de la comunicación en América Latina y el Caribe?


FLR: Pienso que estamos ante un fenómeno especial. En América Latina se siguen padeciendo algunos problemas, como la concentración de medios. Este sigue siendo el dilema más ue podría, eventualmente, resolverse debido al uso de medios digitales. Aunque en este caso, el tema está vinculado a quien maneja la conectividad y la telefonía celular, porque de alguna forma el acceso al internet no es únicamente a través de fibra óptica o de estructuras tradicionales, sino también mediante telefonía móvil, especialmente para la zona rural de América Latina.


Es importante que empecemos a ver el trabajo de los medios y de la comunicación mediática tanto desde la necesidad de buscar el principio de pluralismo de diversidad de medios (públicos, privados y comunitarios), así como del pluralismo de ideas, y también el uso de las nuevas tecnologías. Las nuevas tecnologías nos ofrecen facilidades a la que debemos acostumbrarnos, y que van a implicar el empezar a diseñar esto como un amplio concepto para América Latina.


P: ¿Cuáles son los desafíos globales que impiden garantizar el Derecho a la Comunicación? ¿Cuáles son las tareas pendientes de la UNESCO?


FLR: Primero, la violencia contra los periodistas va aumentando, tristemente puedo decir que no solo tiene que ver con los conflictos armados en Siria o en Sudán del Sur, o en otros lugares, sino que es un fenómeno del mundo entero. Incluso en países democráticos se ataca a las y los periodistas. Efectivamente se les intimida, se les encarcela, hay cientos de periodistas con detención arbitraria en el mundo y muchos casos de violencia directa y asesinatos.


Este es el fenómeno número uno que nosotros, como UNESCO, insistimos en erradicar, sobretodo en el tema de la impunidad, insistimos en que se investigue cada hecho para poder ubicar su origen y dar el primer paso para la solución de esta violencia. Un fenómeno ascendente que nos preocupa mucho es el hostigamiento sexual a mujeres periodistas, que está sucediendo constantemente, a veces en razón del periodismo investigativo orientado al crimen organizado o corrupción política y otras, simplemente porque quieren dedicarse al periodismo deportivo, mundo en el que se les quiere rechazar y aquí empieza a darse el acoso sexual.


El segundo fenómeno es el de la concentración de medios, del que ya tratamos, y que se está dando en el mundo entero. En el tema de internet hay cuatro o cinco grandes plataformas que dominan el servicio, dando lugar a implicaciones idiomáticas, culturales y de todo tipo. No estoy en contra de ninguna plataforma en particular, simplemente sostengo la idea de que debemos seguir garantizando el respeto a la diversidad cultural, a los idiomas del mundo, a las expresiones de todos los sectores y al acceso de la información que todos deben tener.


El tercer fenómeno es el acceso a la información. Las leyes de acceso a la información y el fenómeno como tal, tienen una tendencia conservadora donde el mundo se está cerrando a estos modelos y no es bueno. Estamos regresando a regímenes autoritarios que limitan la libertad de expresión no solo contra periodistas sino además limitan el acceso a la información, y esto pasa en el mundo entero, en todos los continentes.


Estamos presenciando la manipulación de la información, alguna gente le llama el ´fake news´. Personalmente, no me gusta el nombre, me parece que no puede llamarse noticia falsa porque solo el llamarle noticia ya es parte de la maniobra para generar dudas en los servicios noticiosos.


A mi me parece que lo que estamos enfrentando son campañas de desinformación claras para favorecer a un candidato o a una posición política, donde los populismos de derecha están avanzando porque no es que se dé una noticia falsa sino que se produce información ficticia para manipular la opinión pública. Un fenómeno fríamente peligroso porque además se están haciendo con estudios de la opinión pública, sobre lo que les interesa oír y lo que quisieran saber.


P: ¿Cuál es rol y el aporte que UNESCO puede hacer frente al escenario de estos tres grandes desafíos que tienen una envergadura impresionante?


En cada uno de esos tenemos un plan. En el primero UNESCO es la Agencia de Naciones Unidas que coordina el plan de acción interagencial para la seguridad de los periodistas, y este es nuestro deseo más importante: promover un plan multisectorial. Un plan en el que participen las agencias de Naciones Unidas, los estados mismos con asociaciones de prensa y sociedad civil, aprovechando las metas de desarrollo sostenible y la meta 16, que habla de garantizarle todos los estados de acceso público a la información.


Hemos dicho que todos los estados deben informar del desarrollo de las metas a Naciones Unidas y del desarrollo de un mecanismo de seguridad de periodistas en cada país. Mecanismo que trate además el tema de impunidad y que, efectivamente, garantice una investigación cada vez que periodistas sean atacados o confrontados. Esto es muy importante para nosotros. Queremos una declaración de Naciones Unidas sobre periodistas al igual que hay una sobre defensores de Derechos Humanos.


En el tema dos, en el de diversidad y pluralismo estamos tratando de trabajar políticas públicas sobre el manejo de Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs), a través de Internet, para facilitarle a las personas cómo hacer sus propios medios. De hecho, tenemos algunos proyectos que son en prevención de la violencia donde los jóvenes mediante su teléfono móvil pueden empezar a hacer planes de mensajes para la paz.


La iniciativa la estamos haciendo en África con muy buen resultado. Somos también parte de un programa para apoyar al sur del Mediterráneo, aquí aplicamos la misma idea de usar la red de internet y redes sociales para que los jóvenes se conozcan, se comuniquen, dialoguen, rompan prejuicios y busquen el entendimiento entre diferentes visiones, culturas, etnias y religiones.


Frente al tercer desafío, le damos mucha importancia a la alfabetización mediática en el sentido de que nosotros creemos que el Internet, así como es una maravillosa tecnología, también es peligrosa desde el bullying de niños y niñas hasta las amenazas e intimidación porque la gente maneja con mucha ingenuidad el Internet.


Hay violaciones de la privacidad que la gente ni conoce, hay gran almacenamiento de datos, por lo que nosotros creemos son importantes las tareas educativas que estamos promoviendo como políticas. En los países faltan programas de capacitación mediática en niñas y niños, incluso en nuestra campaña en el Día Mundial de la Libertad de Prensa este 3 de mayo se impulsó el desarrollo de mentes críticas para un mundo en situación crítica, porque en el mundo de hoy se necesita pensamiento crítico desde las niñas y niños hacia arriba para que la gente pueda entender e interpretar los datos.


P: En torno a estas estrategias, ¿cuál es la importancia y el apoyo que le da UNESCO al rol de los medios libres (comunitarios e independientes), en este complejo escenario mundo de la comunicación?


FLR: El apoyo de la UNESCO es con programas específicos, con la incidencia de políticas públicas, no es que haya apoyo individualizado porque UNESCO no tiene los recursos que quisiéramos, pero en políticas públicas nuestra idea es propiciar el reconocimiento a medios comunitarios porque no en todo el mundo se da. Además, pensando en esta diversidad de medios queremos propiciar políticas públicas de acceso a la información para transparencia y en propiciar la capacitación a periodistas.


En algunos países en zonas de conflictos sobre temas de periodismo investigativo y periodismo para la paz estamos tratando la prevención de la violencia. Así mismo a nivel del público en general, la idea es que en las escuelas y con los maestros se pueda dar esto de la educación mediática, la formación de cómo entender los medios, de cómo tener un pensamiento crítico y de cómo prevenir los peligros de internet y de las nuevas tecnologías.


P: Sobre el Proceso de Paz en Colombia, ¿cuál fue el rol de la UNESCO y sus prioridades?


UNESCO no tiene oficinas en Colombia, sin embargo, se visitó el país, hubo reuniones con el presidente Santos, con la ministra de Relaciones Exteriores, con la ministra de Educación y con varios ministros en el sentido de manifestar el apoyo al proceso de paz. Lo que más nos han solicitado apoyo es en frontera, con el tema de educación ciudadana, participación, y en particular sobre capacitación técnica para el trabajo en las zonas de movilización. UNESCO está interesada y presta en comprometerse con esos temas.


En el tema de comunicación estamos muy interesados. Algunos amigos periodistas nos han pedido nuestra intervención en la capacitación de periodistas para la paz y estamos pensando hacerlo.

 

02.07.2017 - Pressenza IPA

Publicado enSociedad
Lunes, 03 Julio 2017 07:12

Mentiras como política

Mentiras como política

No es accidental la mentira y la descalificación de los medios, es la política del régimen de Trump; tiene un propósito claro: anular la diferencia entre la falsedad y la verdad. Para eso, entre otras cosas, se requiere una guerra frontal contra los medios noticiosos y sustituirlos con propaganda.

Es un momento vital y peligroso para el periodismo.Justo ante esta ofensiva, los medios están en tal vez su momento mas frágil, sobre todo los periódicos. En los últimos 15 años en Estados Unidos, el personal de los periódicos se ha reducido en más de la mitad, de 412 mil a 174 mil. Varios periódicos han desaparecido, otros han sido obligados a recurrir, múltiples veces, a despidos masivos. Las redacciones están semivacías, llenas de fantasmas de fotógrafos, reporteros, editores, técnicos que hace muy poco estaban dedicados a informar sobre qué pasaba, a nutrir eso que dicen que es vital para una democracia: una ciudadania informada y consciente.

Esta crisis no se limita a Estados Unidos, como tampoco la ofensiva política contra los medios. Varios medios importantes han desaparecido o están por desaparecer, a veces por la crisis del sector, a veces por razones políticas. Esta semana Al Jazeera está enfrentando su posible fin por la presión de gobiernos árabes ultraconservadores hacia Qatar, país en que se encuentra la emisora. En otros países la violencia contra los periodistas y sus medios se intensifica y ha llevado a consecuencias mortales como con enorme dolor e ira. Lo sabemos demasiado bien en casa. La conversación obsesiva en el mundo periodístico es como defender los medios justo en momento que su labor es más vital que nunca.

Vital ahora porque separar la falsedad de la verdad, el trabajo elemental del periodismo, es cada vez más difícil. En Estados Unidos, la estrategia oficial es borrar esa separación. Nadie semiconsciente se sorprende de que los políticos mienten. El legendario periodista I.F. Stone decía que lo primero que tiene que saber cualquier estudiante de periodismo son tres palabras: "todo gobierno miente". Pero aquí y ahora hay algo de otra magnitud, esto se trata de una estrategia aún más peligrosa.

Se ha comentado mucho sobre el volumen de mentiras de este presidente y su gente, y de su agresión, incluso provocando enfrentamientos violentos, contra los periodistas. El New York Times publicó un artículo por dos de sus reporteros, intentando registrar cada mentira de Trump desde que llegó a la Casa Blanca, la frase y la fecha, lo cual ocupó una plana entera del rotativo (https://www.nytimes.com/interactive/ 2017/06/23/opinion/ trumps-lies.html?_r=0), afirmando que Trump mintió o dijo falsedades al público cada día durante sus primeros 40 días como presidente. “Simplemente no hay precedente para un presidente estadunidense dedicar tanto tiempo en decir no verdades.... Está intentando crear un ambiente en que la realidad es irrelevante”, escribieron los autores.

A veces las falsedades llegan a extremos cómicos: una portada de la revista Time fechada el primero de marzo de 2009 con la imagen de Trump esta encuadrada y colocada en por lo menos cinco de los clubes del magnate, reportó recientemente el Was¬hi n gton Post. El problema: no hay edición de la revista con esa fecha, ni Trump ocupó ninguna de las portadas de esa revista ese año.

No es sólo el volumen, sino su repetición una y otra vez, junto con lo que se ha vuelto consigna permanente de esta presidencia contra casi todo medio que no se subordine a la linea oficial: fake news (noticias falsas). Después de lanzar insultos contra dos presentadores de MSNBC esta semana, el presidente difundió este domingo por su cuenta oficial de Twitter un video elaborado aparentemente por un simpatizante usando imágenes de una actuación de Trump donde simula golpear al jefe de la federación profesional de lucha libre, grabado en 2007. Pero en el video, se colocó el logo de la cadena noticiosa CNN sobre el rostro de la persona que Trump finge golpear (https://twitter.com/realDonaldTrump/ status/881503147168071680).

Como respuesta, CNN afir¬mó: "Es un día triste cuando el presidente de Es-tados Unidos alienta la violencia contra los reporteros". Condenó su "comportamiento juvenil muy por debajo de la dignidad de su puesto" y afirmó que "nosotros continuaremos haciendo nuestra labor. Él debería empezar hacer la suya".

El Comité de Protección de los Periodistas declaró que este tipo de mensaje en contra de periodistas o medios "fomenta un ambiente en que el hostigamiento y hasta ataques físicos sean considerados aceptables"; y que esta retórica, por parte de la Casa Blanca, "no sólo socava el trabajo de los medios en Estados Unidos, y lo hace más peligroso, sino que enaltece a líderes autocráticos alrededor del mundo".

Pero desde hace mucho, Trump declaró a los medios como "enemigos del pueblo".

Un amigo filósofo y abogado circuló un ensayo sobre Hannah Arendt, citando su estudio de regímenes totalitarios, en que señalaba que "las masas habían alcanzado un punto donde podían, al mismo tiempo, creer todo y nada; creer que todo era posible y que nada era verdad". Los líderes de tales regímenes sabían que la repetición de falsedades era clave, incluyendo obligar a los subordinados de un gobernante de hacerlo, no sólo para consolidar su complicidad, sino para establecer el pleno poder sobre ellos. "El resultado de la sustitución consistente y total de mentiras por verdades objetivas no es que la mentira ahora será aceptada como verdad y la verdad difamada como mentira, sino que el sentido con que tomamos nuestras referencias en el mundo real, y la categoría de verdad contra falsedad está entre los recursos mentales para este fin, se está destruyendo", escribió Arendt.

Es un momento en que los periodistas conscientes no pueden caer en trampas, ni fomentar divisiones, y mucho menos traficar en "hechos alternos" o "mentiras". Sobre todo donde se tiene que entender qué está en riesgo, y quién es el enemigo real de este gremio. Es momento de definición y, como dice una vieja y gran canción sindical minera: "Aquí no hay neutrales. ¿de que lado estás?"

Publicado enInternacional
Geopolítica de la comunicación en América Latina

El anterior presidente de Estados Unidos, Barack Obama, pasa a la memoria colectiva en gran medida como un “presidente bueno”. De una parte por su imagen pública, de otra, al establecerse la irremediable comparación con las primeras decisiones del actual. Sin embargo, la realidad es otra. Solo dos hechos: de una parte, mantuvo a su país en todas y cada una de las guerra abiertas que tenía al llegar a la presidencia, pese a haber prometido su salida de la mayoría, y no cerró la ilegal cárcel de Guantánamo manteniendo allí a decenas de personas, nunca juzgadas en ningún tribunal y, por lo tanto, detenidas durante años en la más absoluta ilegalidad. Esto dice poco de su concepción y respeto a los derechos humanos y de los diferentes pueblos a decidir su presente y futuro sin intromisión de terceros. Pero además, en el plano interno, durante su mandato son inocultables los continuos episodios de racismo y discriminación contra la población negra a lo largo de todo el país y en especial los protagonizados por las fuerzas policiales, dando lugar a levantamientos y protestas como hacía años no se producían. Y esto durante la presidencia del primer mandatario negro de la historia estadounidense. Pues bien, a pesar de ello y tal y como se señala al principio Barack Obama se ha ido de la Casa Blanca con una cierta y popular buena imagen. Sin duda, entre otros actores, pero de forma determinante, han contribuido a ello los grandes medios de comunicación, los lobbys de la imagen y la información.


Otro dato, que ahora nos permite poner la mirada en América Latina, es el hecho de que EE. UU., durante esta presidencia, junto con las fuerzas neoliberales locales, ha tratado en todo momento de recuperar su tradicional política de dominio sobre esta parte del continente y para ello también ha hecho uso (y abuso) de los medios de comunicación masivos. Después del viraje hacia la izquierda de gran parte de América durante la primera década del siglo, se ha pretendido ganar lo que consideraron como su espacio perdido, el famoso “patio trasero”, y avanzar en la restauración neoliberal en estos países o, en el afianzamiento de aquellos gobiernos que se mantuvieron como aliados fieles en esta etapa. Y es con ese objetivo que se irán recuperando también gran parte de los instrumentos y métodos de las décadas pasadas, tales como el estrangulamiento económico, el soborno y extensión de la corrupción, el silenciamiento de defensores y defensoras de los derechos humanos, el bloqueo de financiamiento exterior, el sabotaje y, por supuesto también el sobredimensionamiento de los propios errores cometidos por estos procesos de transformación que empezaban a caminar en estos años. En suma, todas las viejas estrategias, excepto la reinstauración de regímenes dictatoriales en manos de militares como en las últimas décadas del siglo anterior. Ahora, la implantación de “democracias representativas controladas” por los tradicionales poderes políticos y económicos se considerará suficiente para la restauración antes aludida. Aunque esto no supondrá la eliminación de los llamados golpes de estado blandos cuando lo consideren necesario.


Pero, además de los métodos anteriores señalados, hay otros que han jugado, y juegan, un papel determinante y que interesa señalar de forma especial. Son aquellos que aluden al uso continuo de la propaganda, a la manipulación informativa, a la tergiversación de las noticias o a la difamación de líderes y lideresas, de gobernantes elegidos democráticamente. El insulto y la criminalización de éstos últimos o de líderes y organizaciones sociales también es un elemento constante. Todo ello con el objetivo de contribuir al desgaste de los procesos de cambio y transformación y mucho más allá del análisis informativo y político necesario al servicio de la población. Pues bien, para la puesta en marcha de estos métodos, además de los famosos “think tanks” de la derecha que definen estrategias y señalan caminos de acción, estarán los medios de comunicación masivos, en estrecha relación con las oligarquías locales y con las directrices que llegarán del norte del continente y de Europa, en especial del estado español.


Así, O Globo en Brasil, Televisa y Tele Azteca en México, Grupo Clarín en Argentina, Grupo Cisneros en Venezuela, Caracol en Colombia y otros grandes grupos mediáticos se convertirán en herramientas determinantes, controladas por las élites económicas para la nueva etapa que se desarrolla en estos últimos años. La fase del nuevo asalto al poder para la restauración (o sostenimiento) del sistema neoliberal antes derrotado por los procesos de transformación y la indignación de las mayorías sociales ante el continuo empobrecimiento y violación de derechos básicos. Estos son los grandes medios que hoy constituyen la geopolítica de la comunicación masiva en América Latina y que trabajan en alianza estrecha con diferentes grupos mediáticos de Europa y Estados Unidos (Fox, Prisa...). Determinan, definen y extienden ideología, pensamiento único, que nuevamente pretende ser dominante. Ellos definen los horizontes posibles del bienestar que la población debe anhelar; ellos construyen “las verdades” para la legitimación del sistema y su restauración.


Un repaso somero de estos años nos coloca ante la innegable beligerancia de estos medios en su combate contra los procesos de transformación. Sus líneas editoriales han definido, en muchos casos, las estrategias a seguir para acabar con ellos o para justificar las actuaciones de aquellos otros que siempre fueron aliados de las élites económicas. Incluso, en determinados golpes de estado blandos o institucionales exitosos (Honduras, Paraguay, Brasil) y en otros fracasados (Ecuador, Venezuela, Bolivia) jugaron papeles determinantes. Por ejemplo en Bolivia, septiembre de 2008, cuando desde estos medios se daban indicaciones para las actuaciones de los grupos de choque en el intento de golpe de estado y algunos de estos medios llegaban a los lugares de enfrentamiento, incluso antes de que éstos se dieran. Y esta no es una excepción en el continente sino una constante. O en otro orden, la campaña de difamación continua contra el kichnerismo en Argentina cuando el gobierno de Cristina Fernández trató de limitar el monopolio de Clarín. En el mismo sentido el periódico británico The Guardian denuncio en su momento la campaña desarrollado por Televisa a favor del candidato Peña Nieto para que alcanzara la presidencia de México; este medio llegó a poner en marcha una unidad especial secreta para impulsar ese triunfo mientras, en paralelo, articulaba campañas de difamación contra su principal rival en la izquierda, Andrés Manuel López Obrador. En Venezuela, en el año 2002 cuando se dio el golpe de estado contra el presidente constitucional Hugo Chávez, el magnate de los medios de comunicación Gustavo Cisneros fue uno de los instigadores principales, hasta el punto de ser calificado por algunos como el verdadero jefe supremo de la intentona.

Pero es que además, y tal y como se escribió en la prensa española de entonces (El Mundo; 24/11/04) “p oderosos medios de comunicación, en Venezuela y en el exterior apoyaron directa e indirectamente el golpe. Cuatro de los cinco canales de TV son propiedad de compañías privadas y exhortaron incesantemente a la huelga y a las manifestaciones orientadas a derrocar al presidente. Lo mismo sucede con nueve de los diez diarios más importantes. Después silenciaron cualquier información sobre la reacción popular y militar que restableció la legalidad constitucional.”


En este contexto, salvo honrosas excepciones, tres serían los objetivos de la mayoría de los grupos mediáticos en la disputa en América Latina hoy: legitimar el sistema cuando éste todavía está en manos de las élites; combatir los procesos de transformación y cambio protagonizados por las mayorías sociales; y avanzar en la restauración neoliberal. Así su ubicación, más allá de la labor periodística, les sitúa al servicio de los poderes económicos y políticos más tradicionales. Por lo que sus campañas de difamaciones y manipulaciones constantes, sus construcciones de realidades al servicio de esos poderes citados, sus ataques antidemocráticos a gobiernos democráticamente elegidos, imponen, aunque esos medios nieguen su necesidad, la ruptura de los monopolios comunicativos que encarnan y afrontar profundos y urgentes procesos de democratización de estos medios.

Jesus González Pazos. Miembro de Mugarik Gabe

Publicado enInternacional
Campaña del miedo en Francia: la derecha usa a Venezuela para frenar a Mélenchon

Tras haber subido de un 10% al 18,5% en los sondeos, la dinámica del líder izquierdista preocupa a los sectores conservadores a apenas una semana de la primera vuelta de las presidenciales.


“Hoy hablan de los tipos de interés, mañana dirán que llueven ranas, después será el invierno nuclear, luego la llegada de los tanques del ejército soviético y, entre estos dos, dirán que los venezolanos nos han invadido”. El izquierdista Jean-Luc Mélenchon (republicano y ecologista) respondió con humor a las críticas feroces de la derecha y la extrema derecha francesas del último mitin en Lille.


Maximilien (Robespierre), Ilitch (Lenin), Hugo Chávez, Fidel Castro... Los conservadores franceses han rescatado a todos sus fantasmas de la historia para atacar al candidato de la "Francia Insumisa". Tras haber experimentado una espectacular remontada en los sondeos, Mélenchon se ha erigido en el centro de las críticas de sus principales rivales en la cursa al Elíseo: Marine Le Pen (ultranacionalista), Emmanuel Macron (centrista y business friendly) y François Fillon (derecha republicana).


Según los últimos estudios de opinión, Mélenchon obtendría un 18,5% de los votos (hace menos de un mes se situaba en torno al 10%). De esta forma, estaría casi empatado con Fillon (20%) y cerca de alcanzar a Le Pen (22,5%) y Macron (23,5%).


Un tercio del electorado asegura no saber a quién votará. Ante este escenario tan incierto, la dinámica creciente de Mélenchon inquieta. “Mélenchon: el delirante proyecto del Chávez francés”. “Mélenchon, el nuevo riesgo francés”. Así titularon este miércoles el diario conservador Le Figaro y el rotativo económico Les Echos respectivamente. Después de haber elogiado su talento como orador y su coherencia ideológica, la prensa francesa ha cambiado el tono ante su incipiente remontada.


“A Mélenchon no le falta labia ni talento, pero es penoso ver como un hombre con un programa tan demagógico puede despertar tanta simpatía”, aseguró Le Figaro en un editorial completamente caricatural.


Los otros candidatos también critican ahora a Mélenchon, después de haberlo ignorado durante buena parte de la campaña. La ultranacionalista Le Pen le acusa de ser un “inmigracionista absoluto”, por haber defendido una acogida digna de los refugiados.


El derechista Fillon dedicó una parte de su discurso en Marsella en atacar “el programa comunista” del candidato de la "Francia Insumisa". El miedo a la izquierda parece ser el último recurso que le queda al candidato de la derecha republicana para movilizar a un electorado consternado por el Penelope Gate, el escándalo de los supuestos empleos ficticios como asistentes parlamentarios de la mujer y los hijos de Fillon.


El último candidato en incorporarse a la campaña del miedo en contra de Mélenchon ha sido Macron. “El revolucionario comunista era senador socialista cuando yo aún estaba en el instituto”, le ha reprochado, criticando así la larga trayectoria política de Mélenchon, que fue elegido senador en 1986. El líder de En Marche! (¡En Marcha!) ve cómo el republicano le disputa el voto de los tradicionales votantes del Partido Socialista, decepcionados por el quinquenio de François Hollande y la decadente trayectoria del candidato de su formación Benoît Hamon (9%).


Hollande rompe su silencio ante la “moda Mélenchon”


Hollande rompió, de hecho, esta semana su silencio sobre la campaña para expresar su inquietud sobre la “moda Mélenchon”, que puede dar lugar a una segunda vuelta entre Mélenchon y Le Pen. “Hay un gran peligro ante las simplificaciones, las falsificaciones, que hacen que miremos más el espectáculo de un tribuno que el contenido de su texto”, declaró.


¿Qué efectos tendrá la campaña del miedo en contra de Mélenchon? Difícil saberlo, pero no resultaría sorprendente si esta sirve para favorecer las perspectivas electorales del líder de la izquierda radical.


Tras las decepcionantes presidencias de Sarkozy y Hollande y diez años de letargia económica e incremento de la precariedad, reina en Francia un malestar evidente respecto a sus élites políticas y mediáticas. Seis de cada diez franceses desconfían de los medios escritos y televisivos. Hollande, Sarkozy, Juppé, Valls... Todos ellos han sido enviados a la papelera de la historia durante esta campaña presidencial en la que nada sucede como se preveía.


Con los gritos de “dégagez, dégagez (echadlos, echadlos)”, los simpatizantes de Mélenchon ovacionaron la respuesta que este dio a las críticas de sus rivales. “Si elegís a estos tres (Macron, Fillon o Le Pen), terminaréis escupiendo sangre”, proclamó el candidato de la "Francia Insumisa" ante las 12.000 personas que llenaron el Gran Palacio (varios centenares se quedaron fuera del pabellón) en Lille, el norte de Francia, una de las regiones más deprimidas económicamente del país.


Mélenchon consagró buena parte de su discurso a defender el restablecimiento del orden social republicano ante las políticas de austeridad neoliberales reivindicadas por Fillon y Macron. Una muestra más de su estrategia populista de izquierdas que parece estar calando en la sociedad francesa.


El político preferido de los franceses


Mélenchon no se presenta como el candidato de ninguna fuerza política tradicional, sino del movimiento de la "Francia Insumisa", creado a principios del año pasado.


Inspirado por la experiencia de Podemos y Bernie Sanders, este impulsa su candidatura a través de un uso virtuoso de las redes sociales. El canal de Youtube de Mélenchon cuenta con más de 280.000 abonados. Este gran seguimiento en las redes se ve reflejado con el apoyo masivo en los mítines, por ejemplo, las 120.000 personas que reunió (según los organizadores) en la marcha por la Sexta República del 18 de marzo en París, o las 70.000 que asistieron a su mitin del domingo pasado en Marsella.


No obstante, el inicio de la remontada de Mélenchon empezó con el primer debate televisivo del 20 de marzo, cuando numerosos analistas calificaron su intervención como la más brillante.


“No estaba interesada por las presidenciales, pero tuve una revelación cuando lo vi durante el primer debate televisivo” reconoce Virginie V., de 28 años. Esta antigua votante socialista o de los verdes franceses asistió al mitin de Lille para hacerse una mejor idea de su candidato predilecto. “Quizás sus ideas se encuentran más a la izquierda que las mías, pero el personaje me inspira confianza”, afirma esta monitora en talleres de educación popular.


Según un reciente sondeo de Ifop, el 68% de los franceses tienen una opinión positiva de Mélenchon. Tras una subida de 22 puntos en este índice durante el último mes, el candidato de la "Francia Insumisa" se ha convertido en el político preferido de los franceses.


El 29% de los ciudadanos entre 18 y 24 años afirman querer votar por el líder de la izquierda radical, lo que le convierte en el candidato preferido de los jóvenes por delante de Macron y Le Pen.
El carisma, la coherencia ideológica y el estilo pedagógico de Mélenchon parecen estar convenciendo a la desencantada sociedad francesa. Y esto inquieta a los sectores más conservadores.

 

enric bonet
@EnricQuart

Publicado enInternacional
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, durante su primer discurso en el Congreso en Washington DC tras su investidura (EFE)

 

 El ingeniero informático, uno de los mayores propietarios de ‘Breitbart News’, tiene vínculos con empresas especializadas en análisis de datos y propaganda electoral en internet

 

“Los principales medios de comunicación están muertos”, esta es la primera frase sugerida en las búsquedas de Google si uno empieza a escribir las tres primeras palabras (en inglés), a las que siguen otros finales como “son noticias falsas o son malos”. Los ataques incesantes de Donald Trump a la prensa están haciendo mella en internet.

El presidente de Estados Unidos se ha erigido como estandarte de una batalla contra la mayoría de medios estadounidenses a quienes acusa de publicar “mentiras”. Detrás de la conjura hay dos nombres que apoyan la causa de forma ideológica y económicamente.

 

img gtosas 20170301 231415 imagenes lv otras fuentes cerca google kx5C 656x212LaVanguardia Web

Mientras las ideas vienen de Steve Bannon (estratega jefe de la Casa Blanca que recientemente llamó a emprender una lucha diaria contra los periodistas para que “devuelvan” América a los conservadores), quien se hace cargo de las finanzas es el multimillonario Robert Mercer, el tercer mayor donante de la campaña electoral de Trump e influyente en la victoria del Brexit en el Reino Unido.

Mercer (California, 1946) ha labrado su fortuna en una brillante carrera como ingeniero informático que empezó en 1972 en IBM, donde puso los cimientos de lo que después sería la inteligencia artificial con unos “revolucionarios” avances en el procesamiento del lenguaje, según la Asociación de Lingüistas Computacionales. La misma entidad premió su trayectoria en 2014, en uno de los pocos actos de los últimos años donde Mercer ha hablado en público.

Hombre de pocas palabras, en el discurso de entrega del galardón honorífico, el científico computacional confesó a la audiencia que la hora de duración de su ponencia era “más de lo que habitualmente” suele hablar “en un mes”. Además, también reconoció que desde que dejó IBM más de 20 años atrás no había vuelto a prestar atención al mundo de la lingüística. Asimismo, tampoco quiso revelar su ocupación de entonces: “No puedo hablar de lo que hago ahora”, sentenció misterioso, según recoge la revista Newsweek .

Ahora, como director ejecutivo de Reinaissance Technologies, un fondo de alto riesgo que usa algoritmos para moldear los mercados financieros, y que le ha hecho rico, el magnate firma los cheques que financian la misión de transformar el escenario mediático de EE.UU. hacia el (ultra)conservadurismo. Y, de paso o como objetivo, ayudar a ganar a Donald Trump y a los partidarios del Brexit.

 

Objetivo: moldear el panorama mediático

 

Vamos por partes. Si retomamos el ejercicio con el que empezaba este artículo, veremos que entre los tres primeros resultados que nos da Google a la búsqueda sobre la “muerte” de los medios hay una noticia de CNSnews. Se trata de un portal de noticias un tanto desconocido, al menos a nivel internacional, cuyo lema reza “the right news, right now” (las buenas noticias, ahora mismo), con una repetición no casual de la palabra ‘right’ en referencia a la ideología de derechas del medio. Pero, ¿cómo puede una pequeña página web como esa posicionarse tan bien en el ranking del buscador? La respuesta nos la dan sus propietarios.

 

img gtosas 20170301 232100 imagenes lv terceros mercer kx5C 656x456LaVanguardia Web

El multimillonario Robert Mercer en 2014. Antes de financiar a Trump apoyó al senador de Texas Ted Cruz rival del magnate en las primarias republicanas (Andrew Toth/Getty Images)

 

CNSnews es una división del Media Research Center, una institución que se presenta como un organismo privado de control de los medios en EE.UU. La organización combate la existencia a su juicio de un “sesgo liberal” en el panorama mediático estadounidense. De ahí la creación de medios como CNSnews que tratan de proporcionar una “fuente alternativa de noticias”, conservadoras, claro. Bien, pues uno de los donantes de esta entidad es la Fundación de la Familia Mercer.

 

Dime lo que posees y te diré quien eres

 

Para conocer cómo piensa el filántropo conservador de 70 años, reacio a las apariciones en la prensa, debemos fijarnos donde va a parar su dinero. Mercer es el mayor donante de las causas republicanas: ha patrocinado desde una investigación de un instituto de las ciencias de Oregón destinada a refutar la conexión entre la acción humana y el cambio climático a una campaña que se oponía a la construcción de una mezquita cerca de la Zona Cero de Nueva York.

Sin embargo, una de las financiaciones más relevantes, por el momento presente, son los 10 millones de dólares que Mercer invirtió en Breitbart News , portal cofundado por Bannon, en 2011. El medio estandarte de la llamada derecha alternativa, cuyos contenidos son considerados xenófobos, misóginos y homófobos, se ha convertido en un fenómeno digital en su década de recorrido: es la página política más seguida de Facebook y Twitter.

Otra de sus inversiones nos lleva al dato de que Mercer jugó un papel importante en la campaña a favor de que el Reino Unido abandonara la Unión Europea (conocida como Leave.eu). Según reveló hace unos días The Observer , el filántropo cedió de forma gratuita los servicios de Cambrigde Analytica, una empresa de análisis de datos en la que tiene una participación de otros 10 millones de dólares, al líder del Partido de la Independencia de Reino Unido (UKIP), Nigel Farey.

 

Facebook, plataforma para cambiar mentes

 

Cambridge Analytica, una filial de una empresa británica, SCL Group, que cuenta con 25 años de experiencia en campañas de desinformación militar y propaganda (o “gestión”) electoral, habría asesorado al equipo de Leave.eu sobre cómo recopilar datos de los perfiles de Facebook de los británicos para después persuadirlos a favor del Brexit con mensajes personalizados. Es conocido que a través de los ‘me gusta’ que da un usuario se pueden, por ejemplo, establecer perfiles psicológicos de las personas.

Del mismo modo actuó Cambridge Analytica con los 197 millones de usuarios que tiene Facebook en EE.UU. para seducir a los votantes de Trump: su algoritmo de análisis psicológico determinó “la personalidad de cada adulto de América”, en palabras de su director, Alexander Nix, a The Washington Post . Se cree que Facebook ayudó a que el magnate republicano ganara las elecciones , ya sea porque intoxicó el debate electoral con la difusión de noticias falsas – que obligó a su fundador, Mark Zuckerberg, a tomar medidas para erradicar las mentiras de su plataforma -, o porque Trump invirtió 56 millones de dólares en propaganda en Facebook.

A eso se le suma el lanzamiento de mensajes de cuentas automáticas (los llamados bots) en Twitter, un método que, según revelaron investigadores de las universidades de Corvinus (Oxford) y Washington, fue empleado de forma deliberada durante la campaña electoral por parte de programadores pro-Trump.

 

Estrategia de propaganda coordinada

 

La idea de que detrás de ello hay una estrategia de propaganda coordinada es cada vez mayor. “Esto lo están haciendo personas que entienden la estructura de la información, que acumulan dominios de páginas web y, a continuación, utilizan la automatización para explotar un determinado mensaje” como, por ejemplo, “hacer que Trump parezca un consenso”, apunta a The Observer el director de la unidad de propaganda computacional del Instituto de Internet de Oxford, Phil Howard.

Y así, mientras Bannon entiende de comunicación y Mercer de datos, ambos tejan el entramado con el que se espera cambiar la manera de pensar de un país. De momento, el panorama digital está cada vez más dominado por los portales de la derecha ideológica. Un mapa elaborado por el periodista e investigador Jonathan Albright sobre el ecosistema de noticias e informaciones muestra cómo las páginas web conservadoras están estrechamente unidas por millones de enlaces con sitios como YouTube y Google.

 

Publicado enPolítica
No te preocupes más por las noticias falsas; lo que viene es mucho peor

En un futuro no muy lejano, los gigantes tecnológicos decidirán qué fuentes de información podremos consultar, y las voces alternativas serán silenciadas

En mi investigación sobre “noticias falsas”, descubrí algunas cosas inquietantes. Y no son las cadenas de noticias de derechas las que me preocupan. Hace poco di un vistazo al ecosistema de medios de izquierdas e intenté relacionar los hipervínculos entre estos sitios web. Así que no estoy intentando establecer una causalidad o culpar al tipo de contenido que circula en estos sitios web. Ya hay muchas personas que quieren hacer esto. Lo que yo quiero es pensar hacia adelante.
Estoy interesado en la gran red que hizo posible que el tema de las noticias falsas se vuelva tan importante. Lo que más me preocupa hasta ahora de las noticias falsas no son los datos falsos, la desinformación o la propaganda que implican. Ni siquiera es la política. Y no, lo que más me preocupa no es Trump.


Lo que más me asusta de las noticias falsas es cómo se están convirtiendo en una frase amalgama que la gente utiliza contra cualquier cosa con la que no está de acuerdo. En este sentido, las noticias falsas son como hermanastras de los “post-hechos” y la “post-verdad”: aunque no están relacionados directamente, forman parte de la misma familia disfuncional.


Se ha acusado a plataformas como Facebook y Twitter de ser responsables del resultado de las elecciones generales en Estados Unidos, el desenlace del referéndum por el Brexit y eventos como el Pizzagate, que llevó esta semana a Hillary Clinton a referirse a las noticias falsas como “un peligro que se debe atender”. Lo peor de este debate ha sido ocultado por los representantes de la vieja política, los tecnodistópicos al estilo Fahrenheit 451 y, en cierta medida, más desinformación.
¿Podríamos decir que la secuencia de eventos que llevaron al incidente del 4 de diciembre en la ciudad de Washington conocido como #Pizzagate marcó el punto en el cual las noticias falsas se volvieron reales? Yo creo que no. Las noticias falsas han sido reales desde que tenemos la capacidad de comunicarnos con el lenguaje y contar historias. La triste realidad es que el trabajo periodístico a menudo está en las antípodas de los intereses de la política, las ganancias económicas y la opinión pública.


Lo que ha cambiado todo es internet, que ha alterado la escala del problema de la información falsa y lo ha llevado a otro nivel. Si bien en el pasado, las noticias falsas eran menos visibles, siempre han estado con nosotros. Donde hoy encontramos bots de Twitter, mañana habrá asistentes virtuales e interfaces con lenguaje natural e inteligencia artificial (como Alexa, Siri y Google Home).


Las noticias falsas serán nuestro amigo virtual.


De alguna forma, ya hemos llegado a este punto. ¿Podemos considerar que cuando Google Maps no puede ofrecernos la ruta más rápida para llegar a nuestro destino se produce una noticia falsa? ¿Debemos exclamar “noticia falsa” cuando una crítica engañosa en Amazon nos lleva a comprar un mal producto? ¿Y qué pasa cuando regresamos de una mala experiencia y descubrimos críticas tendenciosas en Yelp?


Las noticias falsas determinan lo que podemos confirmar como real, más que lo que podemos identificar como falso. Las noticias son el tejido que forma nuestra realidad, y Google, Facebook, Twitter –a través de las siempre encendidas pantallas de los móviles, los rastreadores de actividad, los GPS y los espías de Bluetooth– representan nuestra interconexión con este “mundo feliz”.


Mientras las corporaciones tecnológicas piensan soluciones para protegernos –a nosotros y a sus ingresos por publicidad– del flagelo de las noticias falsas, deben asegurarse de que los sitios periodísticos alternativos, más pequeños y menos visibles, no desaparezcan con la limpieza operativa.


De alguna forma, ya hemos llegado a este punto. ¿Podemos considerar que cuando Google Maps no puede ofrecernos la ruta más rápida para llegar a nuestro destino se produce una noticia falsa? ¿Debemos exclamar “noticia falsa” cuando una crítica engañosa en Amazon nos lleva a comprar un mal producto? ¿Y qué pasa cuando regresamos de una mala experiencia y descubrimos críticas tendenciosas en Yelp? Las noticias falsas determinan lo que podemos confirmar como real, más que lo que podemos identificar como falso.


Los medios de comunicación independientes que buscan distribuir sus propios contenidos periodísticos ya están amenazados por los sistemas de entrega de contenido exclusivo como el Instant de Facebook, los vídeos 360, y AMP de Google. Los filtros industriales para depurar las noticias falsas podrían marcar el fin de los pequeños medios de noticias legítimas que hacen un gran esfuerzo para llamar la atención sobre temas que sienten que están invisibilizados o directamente ocultos intencionalmente por los medios de comunicación convencionales.


Los nuevos pornógrafos


Las noticias falsas se parecen mucho a la pornografía, especialmente respecto de cómo sus guardianes clasifican ciertos contenidos (y fuentes conocidas de contenido) que consideran inapropiado para el público. Tomemos como ejemplo la foto de la guerra de Vietnam ganadora del premio Pulitzer que fue eliminada de Facebook. Si un sistema de detección medio humano y medio automático no puede diferenciar entre pornografía infantil e imágenes de la guerra de Vietnam, espera a que comencemos a prefiltrar (o sea, a censurar preferencialmente) noticias basándonos en marcos temáticos y autoevaluaciones de la comunidad.


Es verdad que las noticias falsas han llamado la atención últimamente, incluso de los legisladores nacionales. Marsha Blackburn, congresista estadounidense, ha llegado al punto de sugerir que se debería responsabilizar a las empresas proveedoras de internet por no cerrar los sitios de noticias falsas. “Si alguien está subiendo información falsa a internet, las empresas proveedoras del servicio tienen la obligación en cierta forma de eliminar estos sitios de la red".


“En cierta forma” son las palabras clave, pero para ser justos, Blackburn también sugirió que es hora de que las plataformas como Facebook tengan editores humanos, y sabemos qué ha pasado con eso en el pasado reciente.
Sin embargo, contratar a un equipo de edición para moderar contenido va en dirección opuesta a los modelos de metanegocios algorítmicos deshumanizados que sostienen la mayoría de las empresas virtuales. ¿Por qué? Porque lo que venden es la atención de la gente. Facebook ya ha remarcado que no es, ni piensa convertirse, en un medio de comunicación.


¿Existe una solución práctica a las noticias falsas? No lo sé. Pero sí veo hacia dónde estamos yendo: hacia la eliminación de las voces alternativas y hacia la censura de contenido sobre ciertos temas.


En las guerras informáticas de 2016, si no tenemos cuidado, el resultado de la información falsa será otro filtro más. Y esta vez los filtros no estarán puestos para segmentar al público con objetivos publicitarios ni para identificar potenciales votantes. No estarán puestos para mostrar artículos periodísticos, “me gusta” y respuestas a comentarios que los algoritmos piensen que son lo que queremos ver primero.


En el futuro, los filtros no estarán programados para suprimir contenido pornográfico ni para protegernos del acoso y el abuso. En la próxima era de la infoguerra aparecerá el filtro más penetrante que hayamos conocido: se normalizará la eliminación de puntos de vista que se opongan a los intereses convencionales.


Y éste no es un problema que se limite a derecha, el centro o la izquierda. Esta es una nueva realidad. Así, mientras todos nos sumergimos más y más en los silos de información algorítmica, los servicios de información encriptada, las redes sociales a las que sólo se ingresa con invitación, vale la pena ponernos a pensar un poco. En la próxima década, filtros con inteligencia artificial desarrollados por corporaciones tecnológicas valorarán la legitimidad de la información antes de que el público pueda siquiera evaluarla por sí mismo.


Traducción de Lucía Balducci
12/12/2016 - 20:18h

Publicado enSociedad
Google, la democracia y la verdad sobre las búsquedas en internet

Los expertos en tecnología de extrema derecha han sido capaces de aprovecharse de los algoritmos de los gigantes de internet para crear una nueva realidad donde Hitler es un tipo bueno, los judíos son malvados y... Donald Trump se convierte en presidente



Hay una cosa que no se debe hacer un domingo de madrugada. No se deben escribir doce letras en el buscador de Google. Eso es todo lo que hice. Escribí: “s-o-n”, luego “l-o-s” y, por último, “j-u-d-í-o-s”. Desde 2008 Google intenta predecir qué quieres buscar y te ofrece varias opciones. Eso es lo que ocurrió. Me ofreció una selección de posibles preguntas que pensaba que yo querría hacer: “¿Son los judíos una raza?”. “¿Son blancos los judíos blancos?”. “¿Son cristianos los judíos?”. Y por último “¿son malvados los judíos?”.


¿Son malvados los judíos? Es una pregunta que jamás se me hubiera ocurrido hacer. No la había buscado. Pero ahí estaba. Entré en las respuestas y apareció una página de resultados. Esta era la pregunta de Google. Y esta, la respuesta: los judíos son malvados.


Ahí, en mi pantalla, estaba la prueba: una página entera de resultados, y nueve de los diez lo confirmaban. El primero, de una página llamada Listovative, tenía el titular “Los diez motivos principales por los que la gente odia a los judíos”. Entré: “Hoy los judíos controlan el marketing, el Ejército, la medicina, la tecnología, los medios, la industria, el cine... y continúan enfrentándose a la envidia del mundo a través de sus inexplicables éxitos dado su infame pasado y cómo fueron reprimidos como ratas por toda Europa”.


Google es buscar. Se ha convertido en un verbo, googlear. Es lo que hacemos todos, todo el rato, cuando queremos averiguar cualquier cosa. Lo googleamos. El sitio opera 63.000 búsquedas al segundo, 5.500 millones al día. Su misión como empresa, el resumen en una frase que ha inspirado la compañía desde que se fundó y que aún preside su página corporativa principal, es “organizar la información del mundo y hacerla universalmente accesible y útil”.


Intenta ofrecer los mejores resultados, los más relevantes. Y en este caso, el tercer mejor resultado, el tercero más relevante a la búsqueda es un enlace a un artículo de stormfront.org, una página neonazi. El quinto es un vídeo de Youtube: “Por qué son malvados los judíos. Por qué estamos contra ellos. El sexto es de Yahoo Answers: “¿Por qué son tan malvados los judíos?”. El séptimo es “Los judíos son almas diabólicas de otro mundo”. Y el décimo es de jesus-is-saviour.com: “¡El judaísmo es satánico!”.


Un resultado de los diez ofrece un punto de vista diferente. Es un enlace a la reseña académica, bastante densa, de un libro publicada en thetabletmag.com, una revista judía, con el desafortunado titular “Por qué literalmente todo el mundo odia a los judíos”.


Me parece haber caído en un agujero y haber pasado a un universo paralelo en el que el negro es blanco y el bien es el mal. Aunque más tarde pienso que quizá lo que he hecho es rascar en el barro superficial de 2016 y encontrado uno de los manantiales subterráneos que han estado alimentándolo tranquilamente. Ha estado ahí todo el rato, claro. Apenas a unas teclas de distancia... en nuestros ordenadores portátiles, nuestras tabletas, nuestros teléfonos. No es una célula nazi clandestina envuelta en la oscuridad. Está escondida a plena vista.

 


Herramientas de las noticias falsas


Las historias acerca de noticias falsas en Facebook han dominado algunos sectores de la prensa en las semanas posteriores a las elecciones estadounidenses, pero creo que esto es incluso más poderoso y más perverso. Frank Pasquale, catedrático de Derecho en la Universidad de Maryland y uno de los académicos más importantes que piden que las empresas tecnológicas sean más abiertas y transparentes, considera los resultados “muy graves y preocupantes”.
En 2006 encontró un caso similar cuando “si buscabas ‘judío’ en Google, el primer resultado era jewwatch.org. Algo así como ‘ten cuidado con esos judíos horribles que te están arruinando la vida’. Y la Liga Antidifamación entró en acción, así que pusieron un asterisco junto al resultado que decía: ‘Estos resultados pueden ser perturbadores, pero se trata de un proceso automatizado’. Pero lo que me está mostrando, y me alegra que quede registrado, es que pese a que han investigado mucho este problema, ahora es mucho peor”.


El orden de los resultados de búsqueda influye en la gente, dice Martin Moore, director del Centro para el Estudio de los Medios, la Comunicación y el Poder del King’s College de Londres, que ha escrito extensamente acerca del impacto de las grandes empresas tecnológicas en nuestras esferas cívicas y políticas.


“Hay estudios a gran escala, estadísticamente significativos, sobre el efecto de los resultados de búsquedas en las opiniones políticas. la manera en que ves los resultados y qué tipo de resultados ves en la página necesariamente tiene un impacto en tu perspectiva”, cuenta Moore.


Las noticias falsas, dice, simplemente han “revelado un problema mucho mayor. Estas empresas son muy poderosas y están empeñadas en generar cambios. Pensaban que estaban cambiando la política, pero en un sentido positivo. No habían pensado en la parte negativa. Estas herramientas permiten un mayor reparto del poder, pero tienen un lado oscuro. Permiten que la gente haga cosas muy cínicas y dañinas”.

 


Hitler, mujeres y musulmanes


Google es información. Es donde vas a enterarte de cosas. Y los judíos malvados son solo el comienzo. También hay mujeres malvadas. Tampoco fui a buscarlas. Esto es lo que escribí: “s-o-n l-a-s m-u-j-e-r-e-s” y Google me ofrece solo dos opciones, la primera de las cuales es “¿Son las mujeres malvadas?”.


Le doy a “intro”. Sí, lo son. Todos y cada uno de los 10 resultados “confirma” que lo son, incluyendo el primero, de una página llamada sheddingoftheego.com, que aparece recuadrado y subrayado: “Toda mujer tiene algo de prostituta dentro. Toda mujer tiene algo malvado dentro... Las mujeres no aman a los hombres, aman lo que ellos pueden hacer por ellas. Es razonable decir que las mujeres se sienten atraídas por los hombres pero no pueden amarlos”.


A continuación tecleo: “s-o-n l-o-s m-u-s-u-l-m-a-n-e-s”. Y Google sugiere que pregunte “¿Son los musulmanes malvados?”. Y lo que averiguo es que sí que lo son. Así lo afirma el primer resultado y seis de los demás. Sin teclear nada más, solo al poner el cursor en la caja de búsqueda, Google me ofrece dos nuevas búsquedas y opto por la primera: “El islam es malo para la sociedad”. En la siguiente lista de sugerencias me ofrece “El islam debe ser destruido”.


Los judíos son malvados. Los musulmanes deben ser erradicados. ¿Y Hitler? ¿Queremos preguntar sobre Hitler? Busquemos en Google. “¿Fue Hitler malo?”, tecleo. Y aquí está el primer resultado de Google: “10 razones por las que Hitler era uno de los buenos”. Entro en el enlace: “Nunca quiso matar a los judíos”, “le preocupaban las condiciones de los judíos en los campos de trabajo”, “hizo reformas sociales y culturales”. Ocho de los otros diez resultados: en realidad Hitler no fue tan malo.


Unos días más tarde, hablé con Danny Sullivan, el fundador de SearchEngineLand . com . Me lo habían recomendado varios académicos como uno de los principales expertos en búsquedas. ¿Estoy siendo ingenua?, le pregunté. ¿Tenía que haberme imaginado lo que había ahí fuera? “No, no estás siendo ingenua”, dice. “Esto es espantoso. Es horrible. Es equivalente a entrar en una biblioteca, pedir al bibliotecario un libro sobre judaísmo y que te den diez libros llenos de odio. En esto Google está haciendo un pésimo, pésimo trabajo a la hora de proporcionar respuestas. Puede y debe hacerlo mejor".


También está sorprendido. “Pensé que habían dejado de ofrecer sugerencias de autocompletar para religiones en 2011.” Y entonces teclea: “Son las mujeres”. “¡Por Dios! Esa respuesta arriba del todo. Es un resultado destacado. Se llama una “respuesta directa”. Se supone que es indiscutible. Es el mayor apoyo que da Google”. ¿Que toda mujer tiene algo prostituta en ella? “Sí. Es el algoritmo de Google equivocándose horriblemente.”


Contacté con Google acerca de sus sugerencias de búsqueda que parecían funcionar mal y recibí la siguiente respuesta: “Nuestros resultados de búsqueda reflejan el contenido de la red. Esto significa que en ocasiones perspectivas desagradables de temas delicados influyen en los resultados que aparecen para búsquedas determinadas. Estos resultados no reflejan las opiniones o valores de Google; como empresa, apoyamos decididamente una diversidad de perspectivas, ideas y culturas”.


Google no es solo un motor de búsqueda, claro. Las búsquedas fueron el punto de partida de la empresa, pero eso fue solo el inicio. Alphabet, la empresa matriz de Google, ahora tiene la mayor concentración de expertos en inteligencia artificial del mundo. Se está expandiendo a salud, transporte y energía. Es capaz de atraer a los mejores informáticos, físicos e ingenieros. Ha comprado centenares de empresas pequeñas, incluyendo Calico, cuya misión declarada es “curar la muerte” y DeepMind, que busca “resolver la inteligencia”.


Hace 20 años ni siquiera existía. Cuando Tony Blair ganó las eleciones en 1997, no se le podía googlear: el motor de búsqueda aún no había sido inventado. La empresa se fundó en 1998 y Facebook no apareció hasta 2004. Los fundadores de Google, Sergey Brin y Larry Page, solo tienen 43 años. Mark Zuckerberg, de Facebook , 32. Todo lo que han hecho, el mundo que han reconfigurado, ha ocurrido en un parpadeo.

 


Un universo paralelo


Parece que las implicaciones del poder y el alcance de estas empresas solo ahora empiezan a ser percibidas por la opinión pública. Le pregunté a Rebecca MacKinnon, directora del proyecto Ranking Digital Rights en la New America Foundation, si ha sido el reciente escándalo sobre noticias falsas lo que ha alertado a la gente del peligro de ceder nuestros derechos como ciudadanos a las empresas. “La situación actual es rara,” contesta, “porque la gente por fin dice ‘vaya, Facebook y Google realmente tienen mucho poder’, como si fuera un gran descubrimiento. A uno le dan ganas de responder ‘¿en serio?’”.


MacKinnon es experta en cómo los gobiernos autoritarios se adaptan a internet y la usan para sus propósitos. “China y Rusia deberían ser una advertencia para nosotros. Creo que lo que ocurre es que la balanza va de un lado para otro. Durante la primavera árabe, parecía que los buenos iban ganando. Y ahora parece que los malos se imponen. Los activistas democráticos usan internet más que nunca pero, al mismo tiempo, el adversario se ha hecho más habilidoso”.
La semana pasada, Jonathan Albright, profesor de comunicación en la Universidad de Elon, en Carolina del Norte, publicó el primer estudio detallado sobre cómo las páginas web derechistas habían difundido su mensaje. “Hice una lista de esos sitios de noticias falsas que estaban circulando, tenía un listado inicial de 306 sitios y usé una herramienta, como la que usa Google, para buscar enlaces y a continuación los cartografié. Así vi dónde iban los enlaces; a YouTube, Facebook y entre ellos, millones de ellos. No podía creer lo que estaba viendo”.


“Han creado una red que está invadiendo la nuestra. No es una conspiración. No hay un tipo que haya creado esto. Es un inmenso sistema de cientos de distintas páginas que usan los mismos trucos que usan todos los sitios web. Mandan miles de enlaces a otras páginas y todas juntas han creado un inmenso universo de noticias y propaganda derechista que ha rodeado por completo el sistema tradicional de medios”.


Albright encontró 23.000 páginas y 1,3 millones de enlaces. “Facebook es solo el amplificador. De hecho, si lo ves en 3D parece un virus. Facebook es solo uno de los factores que ayudó a que el virus se transmitiera más rápido. Ves al New York Times y al Washington Post, y luego ves una red muy muy amplia que los rodea. La mejor manera de describirlo es como un ecosistema. Va mucho más allá de páginas individuales o historias concretas. Lo que este mapa muestra es la red de distribución, y puedes ver cómo está rodeando y de hecho asfixiando el ecosistema de los medios tradicionales.” ¿Como un cáncer? “Como un organismo que crece y se hace más fuerte todo el tiempo”, añade.


Charlie Beckett, catedrático en la facultad de medios y comunicación de la LSE, me dice: “Hace tiempo que venimos diciendo que la pluralidad de los medios de comunicación es buena. La diversidad es buena. Criticar a los grandes medios es bueno. Pero ahora... se ha descontrolado radicalmente. Lo que el estudio de Jonathan Albright ha demostrado es que esto no es un subproducto de Internet. Y ni siquiera obedece a razones comerciales. Está motivado por ideología, por gente que intenta de modo muy deliberado desestabilizar Internet”.


El mapa de Albright también proporciona una pista para entender los resultados de búsqueda de Google que encontré. Lo que estas webs de información derechista han hecho, me explica, es lo que la mayoría de las webs comerciales intentan hacer. Intentan averiguar los trucos que les hacen subir en el sistema de ordenación de páginas de Google. Intentan “controlar” el algoritmo. Y lo que su mapa prueba es lo bien que lo están haciendo.


Eso es lo que mis búsquedas prueban también. Que la derecha ha colonizado el espacio digital alrededor de estos temas –musulmanes, mujeres, judíos, el Holocausto, los negros– de modo mucho más eficaz que la izquierda progresista.
Un monstruo con vida propia


“ Es una guerra de información,” dice Albright. “Eso es lo que intento explicar”. Pero es lo que sigue lo que de verdad da miedo. Le pregunté cómo se puede parar. “No sé. No estoy seguro de que se pueda. Es una red. Es mucho más poderoso que ningún actor aislado”. ¿Así que es casi como si tuviera vida propia? “Sí, y está aprendiendo. Cada día es más fuerte”, añade.


Cuanta más gente busque información sobre los judíos, más gente verá los enlaces a estas páginas de odio, y cuanto más entren en esos enlaces (muy poca gente pasa de la primera página de resultados), más tráfico tendrán, más enlaces obtendrán y parecerán más serias. Es una economía del conocimiento totalmente circular que solo tiene un resultado: la amplificación del mensaje. Los judíos son malvados. Las mujeres son malvadas. El islam ha de ser destruido. Hitler era uno de los buenos.


La constelación de sitios web que Albright encontró, una especie de internet en la sombra, cumple otra función. Más allá de limitarse a difundir ideología derechista, sirven para seguir y monitorizar e influir en cualquiera que entre en contacto con su contenido. “Vi los trackers en esas páginas y me quedé asombrado. Cada vez que alguien da un like a una entrada de Facebook o visita una de esas páginas, los scripts te siguen por toda la web. Y esto permite a empresas de recolección de datos y de influencia, como Cambridge Analytica, identificar con precisión a individuos, a seguirlos por la web y enviarles mensajes políticos muy personalizados. Es una máquina propagandística. Identifica individuos para convencerles de una idea. Es un nivel de ingeniería social que nunca había visto antes. Estás atrapando a la gente y luego les mantienen atados a una correa emocional y nunca les sueltan".


Cambridge Analytica, una empresa de propiedad estadounidense con sede en Londres, fue contratada tanto por la campaña del Brexit como por la de Trump. Dominic Cummings, el director de campaña de Vote Leave (a favor del Brexit), ha hecho pocas declaraciones desde el referéndum británico, pero algo que sí dijo fue: “Si quieres mejorar mucho la comunicación, mi consejo es: contrata a físicos”.


Steve Bannon, fundador de Breitbart News y recién nombrado jefe de estrategia de la Casa Blanca de Trump, está en la junta directiva de Cambridge Analytica (CA). Se ha informado que la empresa está negociando un contrato para hacer tareas de comunicación política para el nuevo presidente estadounidense. La empresa presume de haber construido perfiles psicológicos de 220 millones de votantes norteamericanos usando 5.000 datos individuales sobre cada uno. Conoce sus rarezas, sus matices y sus hábitos diarios y se puede dirigir a ellos individualmente.


“Usaban entre 40.000 y 50.000 tipos distintos de anuncios cada día y continuamente medían la reacción provocada y los adaptaban y hacían evolucionar a partir de esa reacción”, afirma Martin Moore, de Kings College. Como tienen tantos datos sobre individuos y usan esas redes de distribución tan increíblemente potentes, logran que las campañas ignoren muchas de las leyes anteriores.


“Todo se hace de modo opaco y pueden gastar tanto dinero como quieran en lugares concretos porque puedes concentrarte en un radio de ocho kilómetros, o en una única categoría demográfica. Las noticias falsas son importantes, pero solo es una parte. Estas empresas han hallado la manera de eludir siglo y medio de leyes que desarrollamos para que las elecciones fueran justas y abiertas”.


¿Fue esa propaganda microdirigida, actualmente legal, la que decidió el voto del Brexit? ¿Contribuyeron esas mismas técnicas usadas por Cambridge Analytica a la victoria de Tump? De nuevo, es imposible saberlo. Todo esto ocurre en total oscuridad. No tenemos manera de saber cómo nuestra información personal está siendo recogida y empleada para influir en nosotros. No nos damos cuenta de que la página de Facebook que miramos, la página de Google, los anuncios que vemos, las búsquedas que hacemos, todo está hecho a nuestra medida, personalizado. No lo vemos porque no lo podemos comparar con nada. Y no está siendo vigilado ni registrado. No está regulado. Estamos dentro de una máquina y sencillamente no tenemos manera de ver el mecanismo. La mayor parte del tiempo ni siquiera nos damos cuenta de que hay un mecanismo.


Rebecca MacKinnon dice que la mayoría de nosotros considera que Internet es como “el aire que respiramos y el agua que bebemos”. Nos rodea. La usamos. Y no la cuestionamos. “Pero este no es un entorno natural. Hay programadores, ejecutivos, editores y diseñadores que crean este entorno. Son seres humanos y todos ellos toman decisiones”.
Sin embargo, no sabemos qué decisiones toman. Ni Google ni Facebook comparten sus algoritmos. ¿Por qué mi búsqueda en Google arrojó nueve de diez resultados que consideraban a los judíos malvados? No lo sabemos y no lo podemos saber.


Sus sistemas son lo que Frank Pasquale describe como “cajas negras”. Piensa que Google y Facebook son “un terrorífico duopolio de poder” y lidera un movimiento cada vez más amplio de académicos que pide “control algorítmico”. “Necesitamos poder auditar regularmente estos sistemas. En EEUU, con la Ley de Copyright del Milenio Digital, todas las empresas están obligadas a tener un portavoz al que se pueda contactar. Y eso es lo que tiene que ocurrir. Tienen que responder a las quejas sobre incitación al odio y sobre prejuicios”.


¿Están los prejuicios integrados en el sistema? ¿Afectan a los resultados de búsqueda que encontré? “Hay muchos tipos de prejuicios acerca de lo que cuenta como una fuente de información legítima y cuánto peso se le da. Hay un inmenso prejuicio comercial. Y cuando miras al personal, estos son jóvenes, blancos y quizás asiáticos, pero no negros ni hispanos, y son desproporcionadamente hombres. La visión del mundo de jóvenes blancos ricos está detrás de todos estos juicios”.

 


Resultados que influyen en el voto


Más tarde hablé con Robert Epstein, un psicólogo experimental en el Instituto Americano para la Investigacion y la Tecnologia de la Conducta, y autor del estudio del que me había hablado Martin Moore (y que Google ha criticado públicamente), que demuestra cómo el orden de los resultados de búsquedas afecta al voto. Al otro lado del teléfono, repite una de las búsquedas que realicé. Teclea “son los negros” en la página de Google.


“ Mira esto. No he apretado ningún botón y automáticamente se ha llenado la página con respuestas a la pregunta ‘¿son los negros más propensos a delinquir?’. Y podía estar pensando en miles de preguntas. ‘¿Son los negros mejores deportistas?’ o cualquier otra. Y solo me ha dado dos opciones y no en base a búsquedas o a los términos más buscados ahora mismo. Antes Google usaba eso, pero ahora tienen un algoritmo que considera otras cosas".


"Déjame que compruebe Bing y Yahoo. Estoy en Yahoo y tengo 10 sugerencias, ninguna de las cuales es ‘¿son los negros más propensos a delinquir?’. Y la gente ni se plantea esto. Google no solo ofrece una sugerencia, es una sugerencia negativa y sabemos que dependiendo de bastantes factores una sugerencia negativa genera entre cinco y quince entradas más. Está todo programado y podría estar programado de otra manera”.


Lo que el trabajo de Epstein ha demostrado es que los contenidos de una página de resultados de búsqueda puede influir en las opiniones e ideas de la gente. Se probó que el tipo y el orden de los rankings de búsquedas influyó en votantes en India en experimentos neutrales. Se obtuvieron resultados similares acerca de las opciones de búsqueda que se ofrecen al usuario. “El público general ignora por completo cuestiones fundamentales sobre la búsqueda online y la influencia. Estamos hablando de la máquina de control mental más poderosa jamás inventada en la historia de la humanidad. Y la gente ni siquiera se da cuenta”, añade Epstein.


Damien Tambini, profesor de la London School of Economics, especialista en regulación de medios, afirma que no tenemos ningún marco que nos permita tratar el impacto potencial de estas empresas en el proceso democrático. “Tenemos estructuras que vigilan a las grandes empresas de medios. Tenemos leyes de competencia. Pero estas empresas no tienen que responder de sus actos. No tenemos el poder de hacer que Google o Facebook expliquen nada. Hay una función editorial en Google y en Facebook, pero la hacen sofisticados algoritmos. Dicen que son máquinas y no editores. Pero eso es solo una función editorial mecanizada”.


Las empresas, dice John Naughton, columnista del Observer e investigador asociado en la Universidad de Cambridge, están aterradas ante la posibilidad de adquirir responsabilidades editoriales que no desean. “Aunque pueden, y a menudo lo hacen, manipular los resultados de muchas maneras”.


Desde luego, los resultados acerca de Google en Google no parecen muy neutrales. Si buscas en Google “¿es Google racista?” el resultado destacado –la respuesta recuadrada que encabeza la página– es muy clara: no. No lo es.
Pero la enormidad y la complejidad de tener dos empresas globales de un tipo que nunca antes habíamos visto influyendo tantas áreas de nuestras vidas es tal, dice Naughton, que “ni siquiera tenemos la capacidad mental para saber cuáles son los problemas”.


Esto es especialmente cierto respecto al futuro. Google y Facebook están a la vanguardia de la inteligencia artificial. Van a ser los dueños del futuro. Y los demás apenas podemos empezar a esbozar el tipo de preguntas que deberíamos estar haciendo. “Los políticos no piensan a largo plazo. Y las empresas no piensan a largo plazo porque se centran en los resultados trimestrales y eso es lo que convierte a Google y a Facebook en distintas e interesantes. Sin duda alguna, están pensando a largo plazo. Tienen los recursos, el dinero y la ambición para hacer lo que quieran”.


“ Quieren digitalizar todos los libros del mundo: lo hacen. Quieren construir un coche sin conductor: lo hacen. Ver lo que la gente lee ahora acerca de las noticias falsas y darse cuenta de que podría tener un efecto sobre la política y las elecciones da ganas de preguntar: ‘¿En qué planeta vives?’. Por Dios, es obvio”, señala Naughton.

 

 

Del mundo virtual al mundo real

 

“Internet es una de las pocas cosas que el hombre ha creado que no entiende”, indica Naughton. Es “el mayor experimento de la historia que incluye un elemento anárquico. Cientos de millones de personas crean y consumen cada minuto una cantidad inimaginable de contenido digital en un mundo online que no está sujeto realmente a las leyes terrestres”.


¿Es internet un Estado anárquico sin ley? ¿Un inmenso experimento humano sin contrapesos ni equilibrios y desconocidas consecuencias potenciales? ¿Qué tipo de agorero digital diría tal cosa? Que Eric Schmidt, presidente de Google, dé un paso al frente. Son las primeras frases de The New Digital Age , el libro que escribió con Jared Cohen.


No lo entendemos. No está sujeto a las leyes terrestres. Y está en manos de dos empresas gigantescas y todopoderosas. Es su experimento, no el nuestro. La tecnología que se suponía que nos iba a liberar puede haber contribuido a la victoria de Trump, o a aportar votos disimuladamente al Brexit. Ha creado una inmensa red de propaganda que ha crecido como un tumor por todo Internet. Es una tecnología que ha permitido a empresas como Cambridge Analytica crear mensajes políticos dirigidos únicamente a ti. Conocen tus reacciones emocionales y saben cómo provocarlas. Saben lo que te gusta, lo que te disgusta, dónde vives, qué comes, qué te hace reír y qué te hace llorar.


¿Y ahora qué? Los estudios de Rebecca MacKinnon han explicado cómo los regímenes autoritarios reconfiguran internet para sus propios fines. ¿Ocurrirá eso con Silicon Valley y Trump? Como señala Martin Moore, el presidente electo presumió de que el consejero delegado de Apple, Tim Cook, le llamó para felicitarle por su victoria. “Y sin duda recibirán presiones para colaborar,” dice Moore.


El periodismo está fracasando ante estos cambios, y va a seguir fracasando. Las nuevas plataformas han hecho saltar en pedazos el modelo económico, la publicidad. Cada vez hay menos recursos, el tráfico depende más de ellas y los directores de los medios no tienen ningún acceso, ninguna idea de lo que estas plataformas hacen en sus oficinas, en sus laboratorios. Y ahora están pasando del mundo virtual al real. Los siguientes retos son sanidad, transporte y energía. Igual que Google tiene casi un monopolio en búsquedas, lo siguiente es su ambición de controlar y apropiarse de la infraestructura física de nuestras vidas. Ya posee nuestra información y, con ella, nuestra identidad. ¿Qué ocurrirá cuando entre en el resto de áreas de nuestra vida?


“ Por ahora, hay un espacio entre teclear ‘los judíos son’ y ver ‘los judíos son malvados’,” dice Julia Powles, investigadora en derecho y tecnología en Cambridge. “Pero cuando pasas al mundo físico, y esos conceptos pasan a ser parte de las herramientas desplegadas cuando vas por tu ciudad o influyen en cómo la gente es contratada, creo que eso tiene consecuencias realmente perniciosas”.


Powles pronto publicará un estudio que evalúa la relación de DeepMind con la sanidad pública británica. “Hace un año, los historiales médicos de dos millones de londinenses fueron traspasados a DeepMind. En medio de un silencio absoluto por parte de políticos, de los reguladores, de cualquier persona en una posición de poder. Es una empresa sin ninguna experiencia en sanidad que recibe un nivel de acceso jamas visto a la sanidad pública y tardamos siete meses solo en saber que tenían la información. E hizo falta periodismo de investigación para averiguarlo.”


El titular decía que DeepMind iba a trabajar con la sanidad pública para desarrollar una aplicación que proporcionara alertas tempranas a pacientes renales. Y así es, pero la ambición de DeepMind –“resolver la inteligencia”– va mucho más allá. Los historiales médicos enteros de dos millones de pacientes son, para los investigadores en inteligencia artificial, un auténtico tesoro. Y su entrada en el sistema de sanidad pública, ofreciendo servicios útiles a cambio de nuestra información personal, es otro paso de gigante que aumenta su poder y su influencia en todas nuestras vidas.


Porque lo que hay después de la búsqueda es la predicción. Google quiere saber lo que quieres antes de que tú mismo lo sepas. “Esa es la siguiente etapa”, dice Martin Moore. “Hablamos de la omnisciencia de estos gigantes de la tecnología, pero esa omnisciencia vuelve a dar un salto adelante si son capaces de predecir. Y en esa dirección quieren ir. Predecir enfermedades. Es muy, muy problemático”.


Durante los 20 años de la existencia de Google, nuestra opinión de la empresa ha sido modulada por la juventud y la apariencia progresista de sus fundadores. Lo mismo ocurre con Facebook, cuya misión, según dijo Zuckerberg, no era ser “una empresa. Fue construida para cumplir una misión social para que el mundo sea más abierto y esté más conectado”.
Sería interesante saber qué opina Zuckerberg sobre cómo van las cosas al respecto. Donald Trump se conecta a través de exactamente las mismas plataformas tecnológicas que supuestamente contribuyeron a las primaveras árabes; pero se conecta a racistas y xenófobos. Y Facebook y Google amplían y difunden ese mensaje. Y nosotros también, los medios tradicionales. Nuestra indignación es solo otro nódulo en el mapa de datos de Jonathan Albright.


“Cuanto más discutimos con ellos, más saben de nosotros,” dice Moore. “Todo revierte a un sistema circular. Lo que estamos viendo es una nueva era de la propaganda en red”.


Todos somos puntos en ese mapa. Y nuestra complicidad, nuestra credulidad, ser consumidores y no ciudadanos preocupados, forma parte fundamental de ese proceso. Lo que ocurra a continuación depende de nosotros.


“Diría que todo el mundo ha sido muy ingenuo y que tenemos que acostumbrarnos a un entorno mucho más cínico y proceder de esa manera”, aconseja Rebecca MacKinnon. “No hay duda de que estamos en un momento muy malo. Pero somos nosotros como sociedad quienes hemos creado conjuntamente este problema. Y si queremos ir a mejor, a la hora de tener un ecosistema de información que defienda los derechos humanos y la democracia en vez de destruirlos, tenemos que compartir la responsabilidad de hacerlo”.


¿Son malvados los judíos? ¿Cómo quieres que se responda esa pregunta? Internet es nuestro. No es de Facebook. No es de Google. No es de los propagandistas de la derecha. Solo nosotros podemos recuperarlo.

 

The Gurdian
Traducido por Miguel Aguilar

 

 

Publicado enSociedad
La CIA y la prensa: cuando el Washington Post dirigía la red de propaganda de la CIA

La semana pasada, el Washington Post publicaba un insultante artículo de un redactor de tecnología hasta ahora desconocido llamado Craig Timberg, afirmando sin la más leve prueba que la inteligencia rusa estaba usando más de 200 portales de noticias independientes para bombear propaganda pro-Putin y anti-Clinton durante la campaña electoral.

Bajo el apasionante titular, “El esfuerzo propagandístico ruso ayudó a difundir ‘noticias falsas’ durante las elecciones, según los expertos”,Timberg confeccionó su relato basándose en los alegatos de un tenue grupo llamado ProporNot, conducido por individuos sin nombre de origen desconocido, a quienes Timbering (plagiando con el estilo de Bob Woodward [1]) accede a citar como fuentes anónimas.


El catálogo de supuestos canales controlados por Putin de ProporNot apesta a las calumnias macarthistas de la época del Terror Rojo. La lista negra incluye a algunos de los portales de noticias alternativos más reconocidos de la web, incluyendo Anti-war.com, Black Agenda Report, Truthdig, Naked Capitalism, Consortium News, Truthout, Lew Rockwell.com, Global Research, Unz.com, Zero Hedge y, sí, CounterPunch, entre muchos otros. Tendré más sobre Timberg y ProporNot en mi columna del viernes.


Mientras tanto, aquí tienen una breve nota histórica sobre como en el apogeo de la Guerra Fría la CIA desarrolló su propio establo de escritores, editores y publicistas (abultado hasta al menos los 3.000 individuos) que pagaba para garabatear la propaganda de la Agencia bajo un programa llamado Operación Calandria. La red de desinformación estaba supervisada por el último Philip Graham, ex editor del propio periódico de Timberg, el Washington Post.


La historia de Craig Timberg, que es tan sólida como las pintadas anónimas dibujadas en un cuarto de baño, da lugar a la sospecha de que el Post todavía sigue siendo un jugador en el mismo viejo juego que perfeccionó en los 50 y continuó a lo largo de las décadas culminando en su crítica feroz de 1996 contra mi viejo amigo Gary Webb y su inmaculado informe sobre el tráfico de drogas de los contras apoyados por la CIA en los 80. El repugnante ataque del Post sobre Webb fue encabezado, en parte, por el redactor de inteligencia del periódico Walter Pincus, él mismo una vieja mano de la CIA.


Para Timberg, este fue probablemente solo otro día más en la oficina: arrojar algunas calumnias rojas contra la pared y ver cuales se pegan antes de pasar a su siguiente gran primicia tecnológica (cortesía de los soplos de unos cuantos adolescentes anónimos en Cupertino [2]) sobre fallos técnicos del software en el i-Phone 7.


Para sujetos del periodismo de conductores fugados como este, sin embargo, a menudo es un asunto completamente diferente. En el caso de Webb, los ataques deplorables e infundados del Post mataron su carrera como periodista de investigación y precipitaron una depresión fuera de control que terminó con Gary quitándose su propia vida. Aunque el propio inspector general de la CIA, Frederick Hitz, confirmó más tarde el contenido del informe de Webb, el Post nunca se retractó de sus historias infamantes o pidió disculpas por arruinar la vida de uno de los periodistas más sutiles y valientes del país.


Ahora parece que el periódico está dando vueltas para otro tiroteo desde el coche.


(Este artículo es una adaptación de nuestro libroEnd Times: the Death of the Fourth Estate.) –JSC


Casi desde su fundación en 1947, la CIA tuvo periodistas en su nómina, un hecho reconocido a voces por la Agencia en su declaración de 1976 cuando George H. W. Bush relevó a William Colby, cuando afirmó que “con efectos inmediatos, la CIA no entrará en ninguna relación pagada o contractual con ningún corresponsal de noticias a tiempo completo o parcial acreditado por ningún servicio de noticias, periódico, revista, red o estación de radio o televisión de EEUU.”


Aunque la declaración también subrayaba que la CIA continuaría dando la “bienvenida” a la cooperación voluntaria y no pagada de periodistas, no hay razones para creer que la Agencia realmente parase las recompensas encubiertas al Cuarto Poder.


Sus prácticas a este respecto antes de 1976 han sido documentadas hasta cierto punto. En 1977, Carl Bernstein afrontó el tema en Rolling Stone, concluyendo que más de 400 periodistas habían mantenido algún tipo de alianza con la Agencia entre 1956 y 1972.


En 1997, el hijo de un alto responsable de la CIA bien conocido en los primeros años de la Agencia afirmó categóricamente a CounterPuncher, aunque extraoficialmente, que “por supuesto” que el poderoso y malévolo columnista Joseph Alsop “estaba en nómina”.


La manipulación mediática fue siempre una preocupación primordial de la CIA, así como del Pentágono. En su Secret History of the CIA, publicada en 2001, Joe Trento describe como en 1948 el hombre de la CIA Frank Wisner fue nombrado director de la Oficina de Proyectos Especiales, pronto renombrada Oficina de Coordinación de Políticas (OPC). Ésta se convirtió en la rama de espionaje y contrainteligencia de la Agencia Central de Inteligencia, siendo la primerísima en su lista de funciones designadas la de “propaganda”.


Más adelante en ese año Wisner lanzó una operación llamada en clave “Calandria”, para influir en la prensa doméstica estadounidense. Reclutó a Philip Graham del Washington Post para llevar el proyecto en la industria.


Trento escribe que “uno de los periodistas más importantes bajo el control de la Operación Calandria fue Joseph Alsop, cuyos artículos aparecieron en más de 300 periódicos diferentes.” Otros periodistas dispuestos a promover las opiniones de la CIA, incluyeron a Stewart Alsop (New York Herald Tribune), Ben Bradlee (Newsweek), James Reston (New York Times), Charles Douglas Jackson (Time Magazine), Walter Pincus (Washington Post), William C. Baggs (Miami News), Herb Gold (Miami News) y Charles Bartlett (Chattanooga Times).


Hacia 1953 la Operación Calandria tenía una gran influencia sobre 25 periódicos y agencias de noticias, incluyendo el New York Times, la CBS o Time. Las operaciones de Wisner estaban financiadas por desvíos de fondos previstos para el Plan Marshall. Algo de este dinero fue usado para sobornar a periodistas y editores.”


En su libro Mockingbird: The Subversion of the Free Press by the CIA, Alex Constantine escribe que en los 50, “alrededor de 3.000 empleados asalariados y contratados de la CIA estaban finalmente implicados en esfuerzos de propaganda”.


Notas: [1] Periodista de investigación y escritor, trabaja en el Washington Post desde 1971, donde actualmente ejerce como editor asociado. [N. del T.]
[2] Ciudad de California conocida por albergar la sede central de Apple. [N. del T.]

Publicado enInternacional
Inicua y antidemocrática censura de Google, Facebook y Twitter

Los multimedia de Estados Unidos (EU) y las redes sociales –bautizadas como Gafaty: Google, Apple, Facebook, Amazon, Twitter y You Tube– han sido motivo de feroces críticas por su flagrante, inicua y antidemocrática proclividad a la derrotada Hillary Clinton.

¿Cómo habría sido la magnitud del triunfo tectónico de Donald Trump si los multimedia hubieran sido menos parciales (https://goo.gl/QIndBv)?

Trump se reunió a puerta cerrada con los dueños y comentaristas de los multimedia, a quienes criticó de "mentirosos" y "deshonestos" (https://goo.gl/Y6Q23M). A Barack Obama le benefició el uso de las redes sociales, mientras Trump se adueñó de Twitter.

Los supremacistas/populistas del WASP no se cansaron en señalar la censura y el boicot de Gafaty a los mensajes del hoy presidente electo.

Todos los multimedia controlados en forma masiva por la triada de Wall Street –los Rothschild/Soros/Goldman Sachs– culpabilizan a las redes sociales de Silicon Valley de haber contribuido a la "creación" de Trump, sin tomar en consideración el paralelo movimiento genuino de protesta contra la globalización financierista, dentro del Partido Demócrata, que sigue a Bernie Sanders.

Con antelación detecté la revuelta antiestablishment contra las dos dinastías aniquiladas de los Bush y los Clinton, tanto por el trumpismo como por el movimiento contestatario de Sanders: ambos comparten insólitamente la misma agenda contra Wall Street (https://goo.gl/3N8BJv).

El israelí-estadunidense Noam Cohen, en el ya muy desacreditado New York Times ( NYT), fustiga a las "trasnacionales tecnológicas como Facebook, Twitter y Google de haber magnificado (sic) la rabia y la desinformación de los votantes que impulsaron a Trump" (https://goo.gl/MZYLy4).

La derrotada Hillary (https://goo.gl/POrCKH) y el humillado Obama (https://goo.gl/CjqlDs) increpan las "falsas noticias", las cuales, a juicio de Cohen, eran "incendiarias frecuentemente", en artículos que fueron muy compartidos por los usuarios en Facebook y Google; agrega a Twitter, que se convirtió en "un campo de batalla afín" y permitió que "proliferaran las falsas noticias, donde los grupos de odio (sic) de extrema derecha se organizaban y reclutaban, con el frecuente objetivo de mujeres (sic) y minorías".

Cohen rumia la clásica "técnica Hasbara" del Mossad sobre el "odio ajeno", siempre y cuando no provenga de Israel. ¿Son, entonces, masoquistas el 53 por ciento de mujeres "blancas" que votaron por Trump, pese a sus misóginos desvaríos eróticos?

Cohen reconoce que existe "una enorme desconexión (sic) entre Silicon Valley y la gente que allí labora", lo que fue "explotado" por Trump al atacar a Amazon (por evasión de impuestos) y a Apple (por la maquila laboral de sus productos). Apple ya anunció que empezará a fabricar sus celulares en EU.

Lo que no escudriña Cohen es que, si bien las trasnacionales digitálicas de Silicon Valley del Gafaty cotizan como nunca en la Bolsa, tienen en su contra la disminución de empleos debido a su alta automatización/robotización, lo cual contrasta con las añejas empresas manufactureras de los "Generales": GM, GE, GD, etcétera.

Más allá de que Google se encuentre en la picota en Europa por sus manejos totalitarios y/o monopólicos, no se diga por sus presuntos vínculos con la CIA –como alude Julian Assange, patriarca de Wikileaks (https://goo.gl/0zDP3u)–, muchos países afectados empiezan a combatir la nueva ciberdictadura de los servidores oligopólicos de las redes sociales de Gafaty, que cuentan con más de 3 mil millones de usuarios.

Assange arremete que Google juega el "papel de mano oscura al fomentar el imperialismo de EU y su agenda de política exterior".

Bueno: esto es normal, porque Internet fue producto de DARPA, invento fascinante del Pentágono. Ahora habrá que liberarse de sus cadenas cibernéticas, que penetran hasta la intimidad del ADN de los ciudadanos: “La muerte de la privacidad ciudadana por el ‘orwelliano Estado Google”’ (https://goo.gl/GynZvG).

Assange comenta que "Google no es lo que parece", sino que hace "las cosas que la CIA no puede hacer".

Según la polémica Freedom House –vinculada a la NED/CIA–, se ha incrementado la censura en Internet y cada día abundan las restricciones cuando hoy "67 por ciento de la población mundial vive bajo alguna clase de censura institucional de la red" (https://goo.gl/VWf8DL).

Rusia acaba de censurar a LinkedIn, por intromisión soberana; China, "que cuenta con sus propias versiones", censura a Gafaty, a la que considera caballo de Troya del Pentágono/NSA/CIA mediante sus ciberguerras; y Brasil ya bloqueó a Whatsapp (vendida a Facebook en 19 mil millones de dólares) cuando "no dio datos para investigaciones criminales". ¿Protección del crimen?

Según House: “La censura de las imágenes –a diferencia de la palabra escrita– se ha intensificado, probablemente debido a la facilidad con la que los usuarios pueden ahora compartirlas, y el hecho de que a menudo sirven de pruebas convincentes de la mala conducta oficial”.

Agrega House que, “además de restringir el acceso a los medios de comunicación social y las aplicaciones de comunicación, las autoridades estatales con frecuencia encarcelan a los usuarios por sus mensajes y su contenido (...) Los usuarios de algunos países fueron puestos tras las rejas por un simple ‘Me gusta’ a material ofensivo en Facebook, o por no denunciar los mensajes críticos que les enviaron otros”.

El consagrado investigador Robert Parry arremete contra el editorial del mancillado NYT –que se empinó con la derrotada Hillary–, el cual pregona "un sistema de censura de Internet para bloquear" lo que llama "noticias falsas", cuando “el propio NYT ignora su propio historial de publicar falsas noticias” (https://goo.gl/v298R4).

Debka, portal del Mossad, arremete con justa razón contra los "monitores sin rostro que juzgan las falsas noticias en las redes sociales" (https://goo.gl/p8LTyC), en referencia al reciente anuncio de Google y Facebook que han tomado medidas "contra sitios que difunden falsas noticias y en contra de las páginas de medios sociales que publican contenido engañoso", lo cual pone en tela de juicio la "libertad de expresión".

¿Cómo pueden ser juez y parte Google y Facebook? ¿Quién define lo "falso" y lo "engañoso"? ¿Cuál es su metodología para clasificar nolens volens?

A mi juicio, lo peor que contienen las redes sociales –donde abunda la plenitud de anónimos clandestinos y bots gubernamentales de todo género– es la ausencia de identidad, porque inmuniza al perpetrador de ser enjuiciado por sus libelos contra los afectados.

Muchas leyes de los países no se han adaptado con una legislación que proteja tanto la inalienable libertad de expresión como la inimputable honorabilidad del calumniado.

Las redes sociales, tecnológicamente "neutrales", son de doble filo: derecho humano global que debe ser respetuoso de las leyes, usos y costumbres de cada país, en lugar de servir de instrumento de desestabilización deliberada y de "propaganda negra" contra los enemigos de sus dueños y los controladores de los servidores.

Ya es tiempo de acabar con la insoportable ciberdictadura de Gafaty, cuya propiedad debe ser de los ciudadanos universales.

www.alfredojalife.com

Twitter: @AlfredoJalifeR_

Facebook: AlfredoJalife

Vk: id254048037

Publicado enPolítica