Campaña del miedo en Francia: la derecha usa a Venezuela para frenar a Mélenchon

Tras haber subido de un 10% al 18,5% en los sondeos, la dinámica del líder izquierdista preocupa a los sectores conservadores a apenas una semana de la primera vuelta de las presidenciales.


“Hoy hablan de los tipos de interés, mañana dirán que llueven ranas, después será el invierno nuclear, luego la llegada de los tanques del ejército soviético y, entre estos dos, dirán que los venezolanos nos han invadido”. El izquierdista Jean-Luc Mélenchon (republicano y ecologista) respondió con humor a las críticas feroces de la derecha y la extrema derecha francesas del último mitin en Lille.


Maximilien (Robespierre), Ilitch (Lenin), Hugo Chávez, Fidel Castro... Los conservadores franceses han rescatado a todos sus fantasmas de la historia para atacar al candidato de la "Francia Insumisa". Tras haber experimentado una espectacular remontada en los sondeos, Mélenchon se ha erigido en el centro de las críticas de sus principales rivales en la cursa al Elíseo: Marine Le Pen (ultranacionalista), Emmanuel Macron (centrista y business friendly) y François Fillon (derecha republicana).


Según los últimos estudios de opinión, Mélenchon obtendría un 18,5% de los votos (hace menos de un mes se situaba en torno al 10%). De esta forma, estaría casi empatado con Fillon (20%) y cerca de alcanzar a Le Pen (22,5%) y Macron (23,5%).


Un tercio del electorado asegura no saber a quién votará. Ante este escenario tan incierto, la dinámica creciente de Mélenchon inquieta. “Mélenchon: el delirante proyecto del Chávez francés”. “Mélenchon, el nuevo riesgo francés”. Así titularon este miércoles el diario conservador Le Figaro y el rotativo económico Les Echos respectivamente. Después de haber elogiado su talento como orador y su coherencia ideológica, la prensa francesa ha cambiado el tono ante su incipiente remontada.


“A Mélenchon no le falta labia ni talento, pero es penoso ver como un hombre con un programa tan demagógico puede despertar tanta simpatía”, aseguró Le Figaro en un editorial completamente caricatural.


Los otros candidatos también critican ahora a Mélenchon, después de haberlo ignorado durante buena parte de la campaña. La ultranacionalista Le Pen le acusa de ser un “inmigracionista absoluto”, por haber defendido una acogida digna de los refugiados.


El derechista Fillon dedicó una parte de su discurso en Marsella en atacar “el programa comunista” del candidato de la "Francia Insumisa". El miedo a la izquierda parece ser el último recurso que le queda al candidato de la derecha republicana para movilizar a un electorado consternado por el Penelope Gate, el escándalo de los supuestos empleos ficticios como asistentes parlamentarios de la mujer y los hijos de Fillon.


El último candidato en incorporarse a la campaña del miedo en contra de Mélenchon ha sido Macron. “El revolucionario comunista era senador socialista cuando yo aún estaba en el instituto”, le ha reprochado, criticando así la larga trayectoria política de Mélenchon, que fue elegido senador en 1986. El líder de En Marche! (¡En Marcha!) ve cómo el republicano le disputa el voto de los tradicionales votantes del Partido Socialista, decepcionados por el quinquenio de François Hollande y la decadente trayectoria del candidato de su formación Benoît Hamon (9%).


Hollande rompe su silencio ante la “moda Mélenchon”


Hollande rompió, de hecho, esta semana su silencio sobre la campaña para expresar su inquietud sobre la “moda Mélenchon”, que puede dar lugar a una segunda vuelta entre Mélenchon y Le Pen. “Hay un gran peligro ante las simplificaciones, las falsificaciones, que hacen que miremos más el espectáculo de un tribuno que el contenido de su texto”, declaró.


¿Qué efectos tendrá la campaña del miedo en contra de Mélenchon? Difícil saberlo, pero no resultaría sorprendente si esta sirve para favorecer las perspectivas electorales del líder de la izquierda radical.


Tras las decepcionantes presidencias de Sarkozy y Hollande y diez años de letargia económica e incremento de la precariedad, reina en Francia un malestar evidente respecto a sus élites políticas y mediáticas. Seis de cada diez franceses desconfían de los medios escritos y televisivos. Hollande, Sarkozy, Juppé, Valls... Todos ellos han sido enviados a la papelera de la historia durante esta campaña presidencial en la que nada sucede como se preveía.


Con los gritos de “dégagez, dégagez (echadlos, echadlos)”, los simpatizantes de Mélenchon ovacionaron la respuesta que este dio a las críticas de sus rivales. “Si elegís a estos tres (Macron, Fillon o Le Pen), terminaréis escupiendo sangre”, proclamó el candidato de la "Francia Insumisa" ante las 12.000 personas que llenaron el Gran Palacio (varios centenares se quedaron fuera del pabellón) en Lille, el norte de Francia, una de las regiones más deprimidas económicamente del país.


Mélenchon consagró buena parte de su discurso a defender el restablecimiento del orden social republicano ante las políticas de austeridad neoliberales reivindicadas por Fillon y Macron. Una muestra más de su estrategia populista de izquierdas que parece estar calando en la sociedad francesa.


El político preferido de los franceses


Mélenchon no se presenta como el candidato de ninguna fuerza política tradicional, sino del movimiento de la "Francia Insumisa", creado a principios del año pasado.


Inspirado por la experiencia de Podemos y Bernie Sanders, este impulsa su candidatura a través de un uso virtuoso de las redes sociales. El canal de Youtube de Mélenchon cuenta con más de 280.000 abonados. Este gran seguimiento en las redes se ve reflejado con el apoyo masivo en los mítines, por ejemplo, las 120.000 personas que reunió (según los organizadores) en la marcha por la Sexta República del 18 de marzo en París, o las 70.000 que asistieron a su mitin del domingo pasado en Marsella.


No obstante, el inicio de la remontada de Mélenchon empezó con el primer debate televisivo del 20 de marzo, cuando numerosos analistas calificaron su intervención como la más brillante.


“No estaba interesada por las presidenciales, pero tuve una revelación cuando lo vi durante el primer debate televisivo” reconoce Virginie V., de 28 años. Esta antigua votante socialista o de los verdes franceses asistió al mitin de Lille para hacerse una mejor idea de su candidato predilecto. “Quizás sus ideas se encuentran más a la izquierda que las mías, pero el personaje me inspira confianza”, afirma esta monitora en talleres de educación popular.


Según un reciente sondeo de Ifop, el 68% de los franceses tienen una opinión positiva de Mélenchon. Tras una subida de 22 puntos en este índice durante el último mes, el candidato de la "Francia Insumisa" se ha convertido en el político preferido de los franceses.


El 29% de los ciudadanos entre 18 y 24 años afirman querer votar por el líder de la izquierda radical, lo que le convierte en el candidato preferido de los jóvenes por delante de Macron y Le Pen.
El carisma, la coherencia ideológica y el estilo pedagógico de Mélenchon parecen estar convenciendo a la desencantada sociedad francesa. Y esto inquieta a los sectores más conservadores.

 

enric bonet
@EnricQuart

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El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, durante su primer discurso en el Congreso en Washington DC tras su investidura (EFE)

 

 El ingeniero informático, uno de los mayores propietarios de ‘Breitbart News’, tiene vínculos con empresas especializadas en análisis de datos y propaganda electoral en internet

 

“Los principales medios de comunicación están muertos”, esta es la primera frase sugerida en las búsquedas de Google si uno empieza a escribir las tres primeras palabras (en inglés), a las que siguen otros finales como “son noticias falsas o son malos”. Los ataques incesantes de Donald Trump a la prensa están haciendo mella en internet.

El presidente de Estados Unidos se ha erigido como estandarte de una batalla contra la mayoría de medios estadounidenses a quienes acusa de publicar “mentiras”. Detrás de la conjura hay dos nombres que apoyan la causa de forma ideológica y económicamente.

 

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Mientras las ideas vienen de Steve Bannon (estratega jefe de la Casa Blanca que recientemente llamó a emprender una lucha diaria contra los periodistas para que “devuelvan” América a los conservadores), quien se hace cargo de las finanzas es el multimillonario Robert Mercer, el tercer mayor donante de la campaña electoral de Trump e influyente en la victoria del Brexit en el Reino Unido.

Mercer (California, 1946) ha labrado su fortuna en una brillante carrera como ingeniero informático que empezó en 1972 en IBM, donde puso los cimientos de lo que después sería la inteligencia artificial con unos “revolucionarios” avances en el procesamiento del lenguaje, según la Asociación de Lingüistas Computacionales. La misma entidad premió su trayectoria en 2014, en uno de los pocos actos de los últimos años donde Mercer ha hablado en público.

Hombre de pocas palabras, en el discurso de entrega del galardón honorífico, el científico computacional confesó a la audiencia que la hora de duración de su ponencia era “más de lo que habitualmente” suele hablar “en un mes”. Además, también reconoció que desde que dejó IBM más de 20 años atrás no había vuelto a prestar atención al mundo de la lingüística. Asimismo, tampoco quiso revelar su ocupación de entonces: “No puedo hablar de lo que hago ahora”, sentenció misterioso, según recoge la revista Newsweek .

Ahora, como director ejecutivo de Reinaissance Technologies, un fondo de alto riesgo que usa algoritmos para moldear los mercados financieros, y que le ha hecho rico, el magnate firma los cheques que financian la misión de transformar el escenario mediático de EE.UU. hacia el (ultra)conservadurismo. Y, de paso o como objetivo, ayudar a ganar a Donald Trump y a los partidarios del Brexit.

 

Objetivo: moldear el panorama mediático

 

Vamos por partes. Si retomamos el ejercicio con el que empezaba este artículo, veremos que entre los tres primeros resultados que nos da Google a la búsqueda sobre la “muerte” de los medios hay una noticia de CNSnews. Se trata de un portal de noticias un tanto desconocido, al menos a nivel internacional, cuyo lema reza “the right news, right now” (las buenas noticias, ahora mismo), con una repetición no casual de la palabra ‘right’ en referencia a la ideología de derechas del medio. Pero, ¿cómo puede una pequeña página web como esa posicionarse tan bien en el ranking del buscador? La respuesta nos la dan sus propietarios.

 

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El multimillonario Robert Mercer en 2014. Antes de financiar a Trump apoyó al senador de Texas Ted Cruz rival del magnate en las primarias republicanas (Andrew Toth/Getty Images)

 

CNSnews es una división del Media Research Center, una institución que se presenta como un organismo privado de control de los medios en EE.UU. La organización combate la existencia a su juicio de un “sesgo liberal” en el panorama mediático estadounidense. De ahí la creación de medios como CNSnews que tratan de proporcionar una “fuente alternativa de noticias”, conservadoras, claro. Bien, pues uno de los donantes de esta entidad es la Fundación de la Familia Mercer.

 

Dime lo que posees y te diré quien eres

 

Para conocer cómo piensa el filántropo conservador de 70 años, reacio a las apariciones en la prensa, debemos fijarnos donde va a parar su dinero. Mercer es el mayor donante de las causas republicanas: ha patrocinado desde una investigación de un instituto de las ciencias de Oregón destinada a refutar la conexión entre la acción humana y el cambio climático a una campaña que se oponía a la construcción de una mezquita cerca de la Zona Cero de Nueva York.

Sin embargo, una de las financiaciones más relevantes, por el momento presente, son los 10 millones de dólares que Mercer invirtió en Breitbart News , portal cofundado por Bannon, en 2011. El medio estandarte de la llamada derecha alternativa, cuyos contenidos son considerados xenófobos, misóginos y homófobos, se ha convertido en un fenómeno digital en su década de recorrido: es la página política más seguida de Facebook y Twitter.

Otra de sus inversiones nos lleva al dato de que Mercer jugó un papel importante en la campaña a favor de que el Reino Unido abandonara la Unión Europea (conocida como Leave.eu). Según reveló hace unos días The Observer , el filántropo cedió de forma gratuita los servicios de Cambrigde Analytica, una empresa de análisis de datos en la que tiene una participación de otros 10 millones de dólares, al líder del Partido de la Independencia de Reino Unido (UKIP), Nigel Farey.

 

Facebook, plataforma para cambiar mentes

 

Cambridge Analytica, una filial de una empresa británica, SCL Group, que cuenta con 25 años de experiencia en campañas de desinformación militar y propaganda (o “gestión”) electoral, habría asesorado al equipo de Leave.eu sobre cómo recopilar datos de los perfiles de Facebook de los británicos para después persuadirlos a favor del Brexit con mensajes personalizados. Es conocido que a través de los ‘me gusta’ que da un usuario se pueden, por ejemplo, establecer perfiles psicológicos de las personas.

Del mismo modo actuó Cambridge Analytica con los 197 millones de usuarios que tiene Facebook en EE.UU. para seducir a los votantes de Trump: su algoritmo de análisis psicológico determinó “la personalidad de cada adulto de América”, en palabras de su director, Alexander Nix, a The Washington Post . Se cree que Facebook ayudó a que el magnate republicano ganara las elecciones , ya sea porque intoxicó el debate electoral con la difusión de noticias falsas – que obligó a su fundador, Mark Zuckerberg, a tomar medidas para erradicar las mentiras de su plataforma -, o porque Trump invirtió 56 millones de dólares en propaganda en Facebook.

A eso se le suma el lanzamiento de mensajes de cuentas automáticas (los llamados bots) en Twitter, un método que, según revelaron investigadores de las universidades de Corvinus (Oxford) y Washington, fue empleado de forma deliberada durante la campaña electoral por parte de programadores pro-Trump.

 

Estrategia de propaganda coordinada

 

La idea de que detrás de ello hay una estrategia de propaganda coordinada es cada vez mayor. “Esto lo están haciendo personas que entienden la estructura de la información, que acumulan dominios de páginas web y, a continuación, utilizan la automatización para explotar un determinado mensaje” como, por ejemplo, “hacer que Trump parezca un consenso”, apunta a The Observer el director de la unidad de propaganda computacional del Instituto de Internet de Oxford, Phil Howard.

Y así, mientras Bannon entiende de comunicación y Mercer de datos, ambos tejan el entramado con el que se espera cambiar la manera de pensar de un país. De momento, el panorama digital está cada vez más dominado por los portales de la derecha ideológica. Un mapa elaborado por el periodista e investigador Jonathan Albright sobre el ecosistema de noticias e informaciones muestra cómo las páginas web conservadoras están estrechamente unidas por millones de enlaces con sitios como YouTube y Google.

 

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No te preocupes más por las noticias falsas; lo que viene es mucho peor

En un futuro no muy lejano, los gigantes tecnológicos decidirán qué fuentes de información podremos consultar, y las voces alternativas serán silenciadas

En mi investigación sobre “noticias falsas”, descubrí algunas cosas inquietantes. Y no son las cadenas de noticias de derechas las que me preocupan. Hace poco di un vistazo al ecosistema de medios de izquierdas e intenté relacionar los hipervínculos entre estos sitios web. Así que no estoy intentando establecer una causalidad o culpar al tipo de contenido que circula en estos sitios web. Ya hay muchas personas que quieren hacer esto. Lo que yo quiero es pensar hacia adelante.
Estoy interesado en la gran red que hizo posible que el tema de las noticias falsas se vuelva tan importante. Lo que más me preocupa hasta ahora de las noticias falsas no son los datos falsos, la desinformación o la propaganda que implican. Ni siquiera es la política. Y no, lo que más me preocupa no es Trump.


Lo que más me asusta de las noticias falsas es cómo se están convirtiendo en una frase amalgama que la gente utiliza contra cualquier cosa con la que no está de acuerdo. En este sentido, las noticias falsas son como hermanastras de los “post-hechos” y la “post-verdad”: aunque no están relacionados directamente, forman parte de la misma familia disfuncional.


Se ha acusado a plataformas como Facebook y Twitter de ser responsables del resultado de las elecciones generales en Estados Unidos, el desenlace del referéndum por el Brexit y eventos como el Pizzagate, que llevó esta semana a Hillary Clinton a referirse a las noticias falsas como “un peligro que se debe atender”. Lo peor de este debate ha sido ocultado por los representantes de la vieja política, los tecnodistópicos al estilo Fahrenheit 451 y, en cierta medida, más desinformación.
¿Podríamos decir que la secuencia de eventos que llevaron al incidente del 4 de diciembre en la ciudad de Washington conocido como #Pizzagate marcó el punto en el cual las noticias falsas se volvieron reales? Yo creo que no. Las noticias falsas han sido reales desde que tenemos la capacidad de comunicarnos con el lenguaje y contar historias. La triste realidad es que el trabajo periodístico a menudo está en las antípodas de los intereses de la política, las ganancias económicas y la opinión pública.


Lo que ha cambiado todo es internet, que ha alterado la escala del problema de la información falsa y lo ha llevado a otro nivel. Si bien en el pasado, las noticias falsas eran menos visibles, siempre han estado con nosotros. Donde hoy encontramos bots de Twitter, mañana habrá asistentes virtuales e interfaces con lenguaje natural e inteligencia artificial (como Alexa, Siri y Google Home).


Las noticias falsas serán nuestro amigo virtual.


De alguna forma, ya hemos llegado a este punto. ¿Podemos considerar que cuando Google Maps no puede ofrecernos la ruta más rápida para llegar a nuestro destino se produce una noticia falsa? ¿Debemos exclamar “noticia falsa” cuando una crítica engañosa en Amazon nos lleva a comprar un mal producto? ¿Y qué pasa cuando regresamos de una mala experiencia y descubrimos críticas tendenciosas en Yelp?


Las noticias falsas determinan lo que podemos confirmar como real, más que lo que podemos identificar como falso. Las noticias son el tejido que forma nuestra realidad, y Google, Facebook, Twitter –a través de las siempre encendidas pantallas de los móviles, los rastreadores de actividad, los GPS y los espías de Bluetooth– representan nuestra interconexión con este “mundo feliz”.


Mientras las corporaciones tecnológicas piensan soluciones para protegernos –a nosotros y a sus ingresos por publicidad– del flagelo de las noticias falsas, deben asegurarse de que los sitios periodísticos alternativos, más pequeños y menos visibles, no desaparezcan con la limpieza operativa.


De alguna forma, ya hemos llegado a este punto. ¿Podemos considerar que cuando Google Maps no puede ofrecernos la ruta más rápida para llegar a nuestro destino se produce una noticia falsa? ¿Debemos exclamar “noticia falsa” cuando una crítica engañosa en Amazon nos lleva a comprar un mal producto? ¿Y qué pasa cuando regresamos de una mala experiencia y descubrimos críticas tendenciosas en Yelp? Las noticias falsas determinan lo que podemos confirmar como real, más que lo que podemos identificar como falso.


Los medios de comunicación independientes que buscan distribuir sus propios contenidos periodísticos ya están amenazados por los sistemas de entrega de contenido exclusivo como el Instant de Facebook, los vídeos 360, y AMP de Google. Los filtros industriales para depurar las noticias falsas podrían marcar el fin de los pequeños medios de noticias legítimas que hacen un gran esfuerzo para llamar la atención sobre temas que sienten que están invisibilizados o directamente ocultos intencionalmente por los medios de comunicación convencionales.


Los nuevos pornógrafos


Las noticias falsas se parecen mucho a la pornografía, especialmente respecto de cómo sus guardianes clasifican ciertos contenidos (y fuentes conocidas de contenido) que consideran inapropiado para el público. Tomemos como ejemplo la foto de la guerra de Vietnam ganadora del premio Pulitzer que fue eliminada de Facebook. Si un sistema de detección medio humano y medio automático no puede diferenciar entre pornografía infantil e imágenes de la guerra de Vietnam, espera a que comencemos a prefiltrar (o sea, a censurar preferencialmente) noticias basándonos en marcos temáticos y autoevaluaciones de la comunidad.


Es verdad que las noticias falsas han llamado la atención últimamente, incluso de los legisladores nacionales. Marsha Blackburn, congresista estadounidense, ha llegado al punto de sugerir que se debería responsabilizar a las empresas proveedoras de internet por no cerrar los sitios de noticias falsas. “Si alguien está subiendo información falsa a internet, las empresas proveedoras del servicio tienen la obligación en cierta forma de eliminar estos sitios de la red".


“En cierta forma” son las palabras clave, pero para ser justos, Blackburn también sugirió que es hora de que las plataformas como Facebook tengan editores humanos, y sabemos qué ha pasado con eso en el pasado reciente.
Sin embargo, contratar a un equipo de edición para moderar contenido va en dirección opuesta a los modelos de metanegocios algorítmicos deshumanizados que sostienen la mayoría de las empresas virtuales. ¿Por qué? Porque lo que venden es la atención de la gente. Facebook ya ha remarcado que no es, ni piensa convertirse, en un medio de comunicación.


¿Existe una solución práctica a las noticias falsas? No lo sé. Pero sí veo hacia dónde estamos yendo: hacia la eliminación de las voces alternativas y hacia la censura de contenido sobre ciertos temas.


En las guerras informáticas de 2016, si no tenemos cuidado, el resultado de la información falsa será otro filtro más. Y esta vez los filtros no estarán puestos para segmentar al público con objetivos publicitarios ni para identificar potenciales votantes. No estarán puestos para mostrar artículos periodísticos, “me gusta” y respuestas a comentarios que los algoritmos piensen que son lo que queremos ver primero.


En el futuro, los filtros no estarán programados para suprimir contenido pornográfico ni para protegernos del acoso y el abuso. En la próxima era de la infoguerra aparecerá el filtro más penetrante que hayamos conocido: se normalizará la eliminación de puntos de vista que se opongan a los intereses convencionales.


Y éste no es un problema que se limite a derecha, el centro o la izquierda. Esta es una nueva realidad. Así, mientras todos nos sumergimos más y más en los silos de información algorítmica, los servicios de información encriptada, las redes sociales a las que sólo se ingresa con invitación, vale la pena ponernos a pensar un poco. En la próxima década, filtros con inteligencia artificial desarrollados por corporaciones tecnológicas valorarán la legitimidad de la información antes de que el público pueda siquiera evaluarla por sí mismo.


Traducción de Lucía Balducci
12/12/2016 - 20:18h

Publicado enSociedad
Google, la democracia y la verdad sobre las búsquedas en internet

Los expertos en tecnología de extrema derecha han sido capaces de aprovecharse de los algoritmos de los gigantes de internet para crear una nueva realidad donde Hitler es un tipo bueno, los judíos son malvados y... Donald Trump se convierte en presidente



Hay una cosa que no se debe hacer un domingo de madrugada. No se deben escribir doce letras en el buscador de Google. Eso es todo lo que hice. Escribí: “s-o-n”, luego “l-o-s” y, por último, “j-u-d-í-o-s”. Desde 2008 Google intenta predecir qué quieres buscar y te ofrece varias opciones. Eso es lo que ocurrió. Me ofreció una selección de posibles preguntas que pensaba que yo querría hacer: “¿Son los judíos una raza?”. “¿Son blancos los judíos blancos?”. “¿Son cristianos los judíos?”. Y por último “¿son malvados los judíos?”.


¿Son malvados los judíos? Es una pregunta que jamás se me hubiera ocurrido hacer. No la había buscado. Pero ahí estaba. Entré en las respuestas y apareció una página de resultados. Esta era la pregunta de Google. Y esta, la respuesta: los judíos son malvados.


Ahí, en mi pantalla, estaba la prueba: una página entera de resultados, y nueve de los diez lo confirmaban. El primero, de una página llamada Listovative, tenía el titular “Los diez motivos principales por los que la gente odia a los judíos”. Entré: “Hoy los judíos controlan el marketing, el Ejército, la medicina, la tecnología, los medios, la industria, el cine... y continúan enfrentándose a la envidia del mundo a través de sus inexplicables éxitos dado su infame pasado y cómo fueron reprimidos como ratas por toda Europa”.


Google es buscar. Se ha convertido en un verbo, googlear. Es lo que hacemos todos, todo el rato, cuando queremos averiguar cualquier cosa. Lo googleamos. El sitio opera 63.000 búsquedas al segundo, 5.500 millones al día. Su misión como empresa, el resumen en una frase que ha inspirado la compañía desde que se fundó y que aún preside su página corporativa principal, es “organizar la información del mundo y hacerla universalmente accesible y útil”.


Intenta ofrecer los mejores resultados, los más relevantes. Y en este caso, el tercer mejor resultado, el tercero más relevante a la búsqueda es un enlace a un artículo de stormfront.org, una página neonazi. El quinto es un vídeo de Youtube: “Por qué son malvados los judíos. Por qué estamos contra ellos. El sexto es de Yahoo Answers: “¿Por qué son tan malvados los judíos?”. El séptimo es “Los judíos son almas diabólicas de otro mundo”. Y el décimo es de jesus-is-saviour.com: “¡El judaísmo es satánico!”.


Un resultado de los diez ofrece un punto de vista diferente. Es un enlace a la reseña académica, bastante densa, de un libro publicada en thetabletmag.com, una revista judía, con el desafortunado titular “Por qué literalmente todo el mundo odia a los judíos”.


Me parece haber caído en un agujero y haber pasado a un universo paralelo en el que el negro es blanco y el bien es el mal. Aunque más tarde pienso que quizá lo que he hecho es rascar en el barro superficial de 2016 y encontrado uno de los manantiales subterráneos que han estado alimentándolo tranquilamente. Ha estado ahí todo el rato, claro. Apenas a unas teclas de distancia... en nuestros ordenadores portátiles, nuestras tabletas, nuestros teléfonos. No es una célula nazi clandestina envuelta en la oscuridad. Está escondida a plena vista.

 


Herramientas de las noticias falsas


Las historias acerca de noticias falsas en Facebook han dominado algunos sectores de la prensa en las semanas posteriores a las elecciones estadounidenses, pero creo que esto es incluso más poderoso y más perverso. Frank Pasquale, catedrático de Derecho en la Universidad de Maryland y uno de los académicos más importantes que piden que las empresas tecnológicas sean más abiertas y transparentes, considera los resultados “muy graves y preocupantes”.
En 2006 encontró un caso similar cuando “si buscabas ‘judío’ en Google, el primer resultado era jewwatch.org. Algo así como ‘ten cuidado con esos judíos horribles que te están arruinando la vida’. Y la Liga Antidifamación entró en acción, así que pusieron un asterisco junto al resultado que decía: ‘Estos resultados pueden ser perturbadores, pero se trata de un proceso automatizado’. Pero lo que me está mostrando, y me alegra que quede registrado, es que pese a que han investigado mucho este problema, ahora es mucho peor”.


El orden de los resultados de búsqueda influye en la gente, dice Martin Moore, director del Centro para el Estudio de los Medios, la Comunicación y el Poder del King’s College de Londres, que ha escrito extensamente acerca del impacto de las grandes empresas tecnológicas en nuestras esferas cívicas y políticas.


“Hay estudios a gran escala, estadísticamente significativos, sobre el efecto de los resultados de búsquedas en las opiniones políticas. la manera en que ves los resultados y qué tipo de resultados ves en la página necesariamente tiene un impacto en tu perspectiva”, cuenta Moore.


Las noticias falsas, dice, simplemente han “revelado un problema mucho mayor. Estas empresas son muy poderosas y están empeñadas en generar cambios. Pensaban que estaban cambiando la política, pero en un sentido positivo. No habían pensado en la parte negativa. Estas herramientas permiten un mayor reparto del poder, pero tienen un lado oscuro. Permiten que la gente haga cosas muy cínicas y dañinas”.

 


Hitler, mujeres y musulmanes


Google es información. Es donde vas a enterarte de cosas. Y los judíos malvados son solo el comienzo. También hay mujeres malvadas. Tampoco fui a buscarlas. Esto es lo que escribí: “s-o-n l-a-s m-u-j-e-r-e-s” y Google me ofrece solo dos opciones, la primera de las cuales es “¿Son las mujeres malvadas?”.


Le doy a “intro”. Sí, lo son. Todos y cada uno de los 10 resultados “confirma” que lo son, incluyendo el primero, de una página llamada sheddingoftheego.com, que aparece recuadrado y subrayado: “Toda mujer tiene algo de prostituta dentro. Toda mujer tiene algo malvado dentro... Las mujeres no aman a los hombres, aman lo que ellos pueden hacer por ellas. Es razonable decir que las mujeres se sienten atraídas por los hombres pero no pueden amarlos”.


A continuación tecleo: “s-o-n l-o-s m-u-s-u-l-m-a-n-e-s”. Y Google sugiere que pregunte “¿Son los musulmanes malvados?”. Y lo que averiguo es que sí que lo son. Así lo afirma el primer resultado y seis de los demás. Sin teclear nada más, solo al poner el cursor en la caja de búsqueda, Google me ofrece dos nuevas búsquedas y opto por la primera: “El islam es malo para la sociedad”. En la siguiente lista de sugerencias me ofrece “El islam debe ser destruido”.


Los judíos son malvados. Los musulmanes deben ser erradicados. ¿Y Hitler? ¿Queremos preguntar sobre Hitler? Busquemos en Google. “¿Fue Hitler malo?”, tecleo. Y aquí está el primer resultado de Google: “10 razones por las que Hitler era uno de los buenos”. Entro en el enlace: “Nunca quiso matar a los judíos”, “le preocupaban las condiciones de los judíos en los campos de trabajo”, “hizo reformas sociales y culturales”. Ocho de los otros diez resultados: en realidad Hitler no fue tan malo.


Unos días más tarde, hablé con Danny Sullivan, el fundador de SearchEngineLand . com . Me lo habían recomendado varios académicos como uno de los principales expertos en búsquedas. ¿Estoy siendo ingenua?, le pregunté. ¿Tenía que haberme imaginado lo que había ahí fuera? “No, no estás siendo ingenua”, dice. “Esto es espantoso. Es horrible. Es equivalente a entrar en una biblioteca, pedir al bibliotecario un libro sobre judaísmo y que te den diez libros llenos de odio. En esto Google está haciendo un pésimo, pésimo trabajo a la hora de proporcionar respuestas. Puede y debe hacerlo mejor".


También está sorprendido. “Pensé que habían dejado de ofrecer sugerencias de autocompletar para religiones en 2011.” Y entonces teclea: “Son las mujeres”. “¡Por Dios! Esa respuesta arriba del todo. Es un resultado destacado. Se llama una “respuesta directa”. Se supone que es indiscutible. Es el mayor apoyo que da Google”. ¿Que toda mujer tiene algo prostituta en ella? “Sí. Es el algoritmo de Google equivocándose horriblemente.”


Contacté con Google acerca de sus sugerencias de búsqueda que parecían funcionar mal y recibí la siguiente respuesta: “Nuestros resultados de búsqueda reflejan el contenido de la red. Esto significa que en ocasiones perspectivas desagradables de temas delicados influyen en los resultados que aparecen para búsquedas determinadas. Estos resultados no reflejan las opiniones o valores de Google; como empresa, apoyamos decididamente una diversidad de perspectivas, ideas y culturas”.


Google no es solo un motor de búsqueda, claro. Las búsquedas fueron el punto de partida de la empresa, pero eso fue solo el inicio. Alphabet, la empresa matriz de Google, ahora tiene la mayor concentración de expertos en inteligencia artificial del mundo. Se está expandiendo a salud, transporte y energía. Es capaz de atraer a los mejores informáticos, físicos e ingenieros. Ha comprado centenares de empresas pequeñas, incluyendo Calico, cuya misión declarada es “curar la muerte” y DeepMind, que busca “resolver la inteligencia”.


Hace 20 años ni siquiera existía. Cuando Tony Blair ganó las eleciones en 1997, no se le podía googlear: el motor de búsqueda aún no había sido inventado. La empresa se fundó en 1998 y Facebook no apareció hasta 2004. Los fundadores de Google, Sergey Brin y Larry Page, solo tienen 43 años. Mark Zuckerberg, de Facebook , 32. Todo lo que han hecho, el mundo que han reconfigurado, ha ocurrido en un parpadeo.

 


Un universo paralelo


Parece que las implicaciones del poder y el alcance de estas empresas solo ahora empiezan a ser percibidas por la opinión pública. Le pregunté a Rebecca MacKinnon, directora del proyecto Ranking Digital Rights en la New America Foundation, si ha sido el reciente escándalo sobre noticias falsas lo que ha alertado a la gente del peligro de ceder nuestros derechos como ciudadanos a las empresas. “La situación actual es rara,” contesta, “porque la gente por fin dice ‘vaya, Facebook y Google realmente tienen mucho poder’, como si fuera un gran descubrimiento. A uno le dan ganas de responder ‘¿en serio?’”.


MacKinnon es experta en cómo los gobiernos autoritarios se adaptan a internet y la usan para sus propósitos. “China y Rusia deberían ser una advertencia para nosotros. Creo que lo que ocurre es que la balanza va de un lado para otro. Durante la primavera árabe, parecía que los buenos iban ganando. Y ahora parece que los malos se imponen. Los activistas democráticos usan internet más que nunca pero, al mismo tiempo, el adversario se ha hecho más habilidoso”.
La semana pasada, Jonathan Albright, profesor de comunicación en la Universidad de Elon, en Carolina del Norte, publicó el primer estudio detallado sobre cómo las páginas web derechistas habían difundido su mensaje. “Hice una lista de esos sitios de noticias falsas que estaban circulando, tenía un listado inicial de 306 sitios y usé una herramienta, como la que usa Google, para buscar enlaces y a continuación los cartografié. Así vi dónde iban los enlaces; a YouTube, Facebook y entre ellos, millones de ellos. No podía creer lo que estaba viendo”.


“Han creado una red que está invadiendo la nuestra. No es una conspiración. No hay un tipo que haya creado esto. Es un inmenso sistema de cientos de distintas páginas que usan los mismos trucos que usan todos los sitios web. Mandan miles de enlaces a otras páginas y todas juntas han creado un inmenso universo de noticias y propaganda derechista que ha rodeado por completo el sistema tradicional de medios”.


Albright encontró 23.000 páginas y 1,3 millones de enlaces. “Facebook es solo el amplificador. De hecho, si lo ves en 3D parece un virus. Facebook es solo uno de los factores que ayudó a que el virus se transmitiera más rápido. Ves al New York Times y al Washington Post, y luego ves una red muy muy amplia que los rodea. La mejor manera de describirlo es como un ecosistema. Va mucho más allá de páginas individuales o historias concretas. Lo que este mapa muestra es la red de distribución, y puedes ver cómo está rodeando y de hecho asfixiando el ecosistema de los medios tradicionales.” ¿Como un cáncer? “Como un organismo que crece y se hace más fuerte todo el tiempo”, añade.


Charlie Beckett, catedrático en la facultad de medios y comunicación de la LSE, me dice: “Hace tiempo que venimos diciendo que la pluralidad de los medios de comunicación es buena. La diversidad es buena. Criticar a los grandes medios es bueno. Pero ahora... se ha descontrolado radicalmente. Lo que el estudio de Jonathan Albright ha demostrado es que esto no es un subproducto de Internet. Y ni siquiera obedece a razones comerciales. Está motivado por ideología, por gente que intenta de modo muy deliberado desestabilizar Internet”.


El mapa de Albright también proporciona una pista para entender los resultados de búsqueda de Google que encontré. Lo que estas webs de información derechista han hecho, me explica, es lo que la mayoría de las webs comerciales intentan hacer. Intentan averiguar los trucos que les hacen subir en el sistema de ordenación de páginas de Google. Intentan “controlar” el algoritmo. Y lo que su mapa prueba es lo bien que lo están haciendo.


Eso es lo que mis búsquedas prueban también. Que la derecha ha colonizado el espacio digital alrededor de estos temas –musulmanes, mujeres, judíos, el Holocausto, los negros– de modo mucho más eficaz que la izquierda progresista.
Un monstruo con vida propia


“ Es una guerra de información,” dice Albright. “Eso es lo que intento explicar”. Pero es lo que sigue lo que de verdad da miedo. Le pregunté cómo se puede parar. “No sé. No estoy seguro de que se pueda. Es una red. Es mucho más poderoso que ningún actor aislado”. ¿Así que es casi como si tuviera vida propia? “Sí, y está aprendiendo. Cada día es más fuerte”, añade.


Cuanta más gente busque información sobre los judíos, más gente verá los enlaces a estas páginas de odio, y cuanto más entren en esos enlaces (muy poca gente pasa de la primera página de resultados), más tráfico tendrán, más enlaces obtendrán y parecerán más serias. Es una economía del conocimiento totalmente circular que solo tiene un resultado: la amplificación del mensaje. Los judíos son malvados. Las mujeres son malvadas. El islam ha de ser destruido. Hitler era uno de los buenos.


La constelación de sitios web que Albright encontró, una especie de internet en la sombra, cumple otra función. Más allá de limitarse a difundir ideología derechista, sirven para seguir y monitorizar e influir en cualquiera que entre en contacto con su contenido. “Vi los trackers en esas páginas y me quedé asombrado. Cada vez que alguien da un like a una entrada de Facebook o visita una de esas páginas, los scripts te siguen por toda la web. Y esto permite a empresas de recolección de datos y de influencia, como Cambridge Analytica, identificar con precisión a individuos, a seguirlos por la web y enviarles mensajes políticos muy personalizados. Es una máquina propagandística. Identifica individuos para convencerles de una idea. Es un nivel de ingeniería social que nunca había visto antes. Estás atrapando a la gente y luego les mantienen atados a una correa emocional y nunca les sueltan".


Cambridge Analytica, una empresa de propiedad estadounidense con sede en Londres, fue contratada tanto por la campaña del Brexit como por la de Trump. Dominic Cummings, el director de campaña de Vote Leave (a favor del Brexit), ha hecho pocas declaraciones desde el referéndum británico, pero algo que sí dijo fue: “Si quieres mejorar mucho la comunicación, mi consejo es: contrata a físicos”.


Steve Bannon, fundador de Breitbart News y recién nombrado jefe de estrategia de la Casa Blanca de Trump, está en la junta directiva de Cambridge Analytica (CA). Se ha informado que la empresa está negociando un contrato para hacer tareas de comunicación política para el nuevo presidente estadounidense. La empresa presume de haber construido perfiles psicológicos de 220 millones de votantes norteamericanos usando 5.000 datos individuales sobre cada uno. Conoce sus rarezas, sus matices y sus hábitos diarios y se puede dirigir a ellos individualmente.


“Usaban entre 40.000 y 50.000 tipos distintos de anuncios cada día y continuamente medían la reacción provocada y los adaptaban y hacían evolucionar a partir de esa reacción”, afirma Martin Moore, de Kings College. Como tienen tantos datos sobre individuos y usan esas redes de distribución tan increíblemente potentes, logran que las campañas ignoren muchas de las leyes anteriores.


“Todo se hace de modo opaco y pueden gastar tanto dinero como quieran en lugares concretos porque puedes concentrarte en un radio de ocho kilómetros, o en una única categoría demográfica. Las noticias falsas son importantes, pero solo es una parte. Estas empresas han hallado la manera de eludir siglo y medio de leyes que desarrollamos para que las elecciones fueran justas y abiertas”.


¿Fue esa propaganda microdirigida, actualmente legal, la que decidió el voto del Brexit? ¿Contribuyeron esas mismas técnicas usadas por Cambridge Analytica a la victoria de Tump? De nuevo, es imposible saberlo. Todo esto ocurre en total oscuridad. No tenemos manera de saber cómo nuestra información personal está siendo recogida y empleada para influir en nosotros. No nos damos cuenta de que la página de Facebook que miramos, la página de Google, los anuncios que vemos, las búsquedas que hacemos, todo está hecho a nuestra medida, personalizado. No lo vemos porque no lo podemos comparar con nada. Y no está siendo vigilado ni registrado. No está regulado. Estamos dentro de una máquina y sencillamente no tenemos manera de ver el mecanismo. La mayor parte del tiempo ni siquiera nos damos cuenta de que hay un mecanismo.


Rebecca MacKinnon dice que la mayoría de nosotros considera que Internet es como “el aire que respiramos y el agua que bebemos”. Nos rodea. La usamos. Y no la cuestionamos. “Pero este no es un entorno natural. Hay programadores, ejecutivos, editores y diseñadores que crean este entorno. Son seres humanos y todos ellos toman decisiones”.
Sin embargo, no sabemos qué decisiones toman. Ni Google ni Facebook comparten sus algoritmos. ¿Por qué mi búsqueda en Google arrojó nueve de diez resultados que consideraban a los judíos malvados? No lo sabemos y no lo podemos saber.


Sus sistemas son lo que Frank Pasquale describe como “cajas negras”. Piensa que Google y Facebook son “un terrorífico duopolio de poder” y lidera un movimiento cada vez más amplio de académicos que pide “control algorítmico”. “Necesitamos poder auditar regularmente estos sistemas. En EEUU, con la Ley de Copyright del Milenio Digital, todas las empresas están obligadas a tener un portavoz al que se pueda contactar. Y eso es lo que tiene que ocurrir. Tienen que responder a las quejas sobre incitación al odio y sobre prejuicios”.


¿Están los prejuicios integrados en el sistema? ¿Afectan a los resultados de búsqueda que encontré? “Hay muchos tipos de prejuicios acerca de lo que cuenta como una fuente de información legítima y cuánto peso se le da. Hay un inmenso prejuicio comercial. Y cuando miras al personal, estos son jóvenes, blancos y quizás asiáticos, pero no negros ni hispanos, y son desproporcionadamente hombres. La visión del mundo de jóvenes blancos ricos está detrás de todos estos juicios”.

 


Resultados que influyen en el voto


Más tarde hablé con Robert Epstein, un psicólogo experimental en el Instituto Americano para la Investigacion y la Tecnologia de la Conducta, y autor del estudio del que me había hablado Martin Moore (y que Google ha criticado públicamente), que demuestra cómo el orden de los resultados de búsquedas afecta al voto. Al otro lado del teléfono, repite una de las búsquedas que realicé. Teclea “son los negros” en la página de Google.


“ Mira esto. No he apretado ningún botón y automáticamente se ha llenado la página con respuestas a la pregunta ‘¿son los negros más propensos a delinquir?’. Y podía estar pensando en miles de preguntas. ‘¿Son los negros mejores deportistas?’ o cualquier otra. Y solo me ha dado dos opciones y no en base a búsquedas o a los términos más buscados ahora mismo. Antes Google usaba eso, pero ahora tienen un algoritmo que considera otras cosas".


"Déjame que compruebe Bing y Yahoo. Estoy en Yahoo y tengo 10 sugerencias, ninguna de las cuales es ‘¿son los negros más propensos a delinquir?’. Y la gente ni se plantea esto. Google no solo ofrece una sugerencia, es una sugerencia negativa y sabemos que dependiendo de bastantes factores una sugerencia negativa genera entre cinco y quince entradas más. Está todo programado y podría estar programado de otra manera”.


Lo que el trabajo de Epstein ha demostrado es que los contenidos de una página de resultados de búsqueda puede influir en las opiniones e ideas de la gente. Se probó que el tipo y el orden de los rankings de búsquedas influyó en votantes en India en experimentos neutrales. Se obtuvieron resultados similares acerca de las opciones de búsqueda que se ofrecen al usuario. “El público general ignora por completo cuestiones fundamentales sobre la búsqueda online y la influencia. Estamos hablando de la máquina de control mental más poderosa jamás inventada en la historia de la humanidad. Y la gente ni siquiera se da cuenta”, añade Epstein.


Damien Tambini, profesor de la London School of Economics, especialista en regulación de medios, afirma que no tenemos ningún marco que nos permita tratar el impacto potencial de estas empresas en el proceso democrático. “Tenemos estructuras que vigilan a las grandes empresas de medios. Tenemos leyes de competencia. Pero estas empresas no tienen que responder de sus actos. No tenemos el poder de hacer que Google o Facebook expliquen nada. Hay una función editorial en Google y en Facebook, pero la hacen sofisticados algoritmos. Dicen que son máquinas y no editores. Pero eso es solo una función editorial mecanizada”.


Las empresas, dice John Naughton, columnista del Observer e investigador asociado en la Universidad de Cambridge, están aterradas ante la posibilidad de adquirir responsabilidades editoriales que no desean. “Aunque pueden, y a menudo lo hacen, manipular los resultados de muchas maneras”.


Desde luego, los resultados acerca de Google en Google no parecen muy neutrales. Si buscas en Google “¿es Google racista?” el resultado destacado –la respuesta recuadrada que encabeza la página– es muy clara: no. No lo es.
Pero la enormidad y la complejidad de tener dos empresas globales de un tipo que nunca antes habíamos visto influyendo tantas áreas de nuestras vidas es tal, dice Naughton, que “ni siquiera tenemos la capacidad mental para saber cuáles son los problemas”.


Esto es especialmente cierto respecto al futuro. Google y Facebook están a la vanguardia de la inteligencia artificial. Van a ser los dueños del futuro. Y los demás apenas podemos empezar a esbozar el tipo de preguntas que deberíamos estar haciendo. “Los políticos no piensan a largo plazo. Y las empresas no piensan a largo plazo porque se centran en los resultados trimestrales y eso es lo que convierte a Google y a Facebook en distintas e interesantes. Sin duda alguna, están pensando a largo plazo. Tienen los recursos, el dinero y la ambición para hacer lo que quieran”.


“ Quieren digitalizar todos los libros del mundo: lo hacen. Quieren construir un coche sin conductor: lo hacen. Ver lo que la gente lee ahora acerca de las noticias falsas y darse cuenta de que podría tener un efecto sobre la política y las elecciones da ganas de preguntar: ‘¿En qué planeta vives?’. Por Dios, es obvio”, señala Naughton.

 

 

Del mundo virtual al mundo real

 

“Internet es una de las pocas cosas que el hombre ha creado que no entiende”, indica Naughton. Es “el mayor experimento de la historia que incluye un elemento anárquico. Cientos de millones de personas crean y consumen cada minuto una cantidad inimaginable de contenido digital en un mundo online que no está sujeto realmente a las leyes terrestres”.


¿Es internet un Estado anárquico sin ley? ¿Un inmenso experimento humano sin contrapesos ni equilibrios y desconocidas consecuencias potenciales? ¿Qué tipo de agorero digital diría tal cosa? Que Eric Schmidt, presidente de Google, dé un paso al frente. Son las primeras frases de The New Digital Age , el libro que escribió con Jared Cohen.


No lo entendemos. No está sujeto a las leyes terrestres. Y está en manos de dos empresas gigantescas y todopoderosas. Es su experimento, no el nuestro. La tecnología que se suponía que nos iba a liberar puede haber contribuido a la victoria de Trump, o a aportar votos disimuladamente al Brexit. Ha creado una inmensa red de propaganda que ha crecido como un tumor por todo Internet. Es una tecnología que ha permitido a empresas como Cambridge Analytica crear mensajes políticos dirigidos únicamente a ti. Conocen tus reacciones emocionales y saben cómo provocarlas. Saben lo que te gusta, lo que te disgusta, dónde vives, qué comes, qué te hace reír y qué te hace llorar.


¿Y ahora qué? Los estudios de Rebecca MacKinnon han explicado cómo los regímenes autoritarios reconfiguran internet para sus propios fines. ¿Ocurrirá eso con Silicon Valley y Trump? Como señala Martin Moore, el presidente electo presumió de que el consejero delegado de Apple, Tim Cook, le llamó para felicitarle por su victoria. “Y sin duda recibirán presiones para colaborar,” dice Moore.


El periodismo está fracasando ante estos cambios, y va a seguir fracasando. Las nuevas plataformas han hecho saltar en pedazos el modelo económico, la publicidad. Cada vez hay menos recursos, el tráfico depende más de ellas y los directores de los medios no tienen ningún acceso, ninguna idea de lo que estas plataformas hacen en sus oficinas, en sus laboratorios. Y ahora están pasando del mundo virtual al real. Los siguientes retos son sanidad, transporte y energía. Igual que Google tiene casi un monopolio en búsquedas, lo siguiente es su ambición de controlar y apropiarse de la infraestructura física de nuestras vidas. Ya posee nuestra información y, con ella, nuestra identidad. ¿Qué ocurrirá cuando entre en el resto de áreas de nuestra vida?


“ Por ahora, hay un espacio entre teclear ‘los judíos son’ y ver ‘los judíos son malvados’,” dice Julia Powles, investigadora en derecho y tecnología en Cambridge. “Pero cuando pasas al mundo físico, y esos conceptos pasan a ser parte de las herramientas desplegadas cuando vas por tu ciudad o influyen en cómo la gente es contratada, creo que eso tiene consecuencias realmente perniciosas”.


Powles pronto publicará un estudio que evalúa la relación de DeepMind con la sanidad pública británica. “Hace un año, los historiales médicos de dos millones de londinenses fueron traspasados a DeepMind. En medio de un silencio absoluto por parte de políticos, de los reguladores, de cualquier persona en una posición de poder. Es una empresa sin ninguna experiencia en sanidad que recibe un nivel de acceso jamas visto a la sanidad pública y tardamos siete meses solo en saber que tenían la información. E hizo falta periodismo de investigación para averiguarlo.”


El titular decía que DeepMind iba a trabajar con la sanidad pública para desarrollar una aplicación que proporcionara alertas tempranas a pacientes renales. Y así es, pero la ambición de DeepMind –“resolver la inteligencia”– va mucho más allá. Los historiales médicos enteros de dos millones de pacientes son, para los investigadores en inteligencia artificial, un auténtico tesoro. Y su entrada en el sistema de sanidad pública, ofreciendo servicios útiles a cambio de nuestra información personal, es otro paso de gigante que aumenta su poder y su influencia en todas nuestras vidas.


Porque lo que hay después de la búsqueda es la predicción. Google quiere saber lo que quieres antes de que tú mismo lo sepas. “Esa es la siguiente etapa”, dice Martin Moore. “Hablamos de la omnisciencia de estos gigantes de la tecnología, pero esa omnisciencia vuelve a dar un salto adelante si son capaces de predecir. Y en esa dirección quieren ir. Predecir enfermedades. Es muy, muy problemático”.


Durante los 20 años de la existencia de Google, nuestra opinión de la empresa ha sido modulada por la juventud y la apariencia progresista de sus fundadores. Lo mismo ocurre con Facebook, cuya misión, según dijo Zuckerberg, no era ser “una empresa. Fue construida para cumplir una misión social para que el mundo sea más abierto y esté más conectado”.
Sería interesante saber qué opina Zuckerberg sobre cómo van las cosas al respecto. Donald Trump se conecta a través de exactamente las mismas plataformas tecnológicas que supuestamente contribuyeron a las primaveras árabes; pero se conecta a racistas y xenófobos. Y Facebook y Google amplían y difunden ese mensaje. Y nosotros también, los medios tradicionales. Nuestra indignación es solo otro nódulo en el mapa de datos de Jonathan Albright.


“Cuanto más discutimos con ellos, más saben de nosotros,” dice Moore. “Todo revierte a un sistema circular. Lo que estamos viendo es una nueva era de la propaganda en red”.


Todos somos puntos en ese mapa. Y nuestra complicidad, nuestra credulidad, ser consumidores y no ciudadanos preocupados, forma parte fundamental de ese proceso. Lo que ocurra a continuación depende de nosotros.


“Diría que todo el mundo ha sido muy ingenuo y que tenemos que acostumbrarnos a un entorno mucho más cínico y proceder de esa manera”, aconseja Rebecca MacKinnon. “No hay duda de que estamos en un momento muy malo. Pero somos nosotros como sociedad quienes hemos creado conjuntamente este problema. Y si queremos ir a mejor, a la hora de tener un ecosistema de información que defienda los derechos humanos y la democracia en vez de destruirlos, tenemos que compartir la responsabilidad de hacerlo”.


¿Son malvados los judíos? ¿Cómo quieres que se responda esa pregunta? Internet es nuestro. No es de Facebook. No es de Google. No es de los propagandistas de la derecha. Solo nosotros podemos recuperarlo.

 

The Gurdian
Traducido por Miguel Aguilar

 

 

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La CIA y la prensa: cuando el Washington Post dirigía la red de propaganda de la CIA

La semana pasada, el Washington Post publicaba un insultante artículo de un redactor de tecnología hasta ahora desconocido llamado Craig Timberg, afirmando sin la más leve prueba que la inteligencia rusa estaba usando más de 200 portales de noticias independientes para bombear propaganda pro-Putin y anti-Clinton durante la campaña electoral.

Bajo el apasionante titular, “El esfuerzo propagandístico ruso ayudó a difundir ‘noticias falsas’ durante las elecciones, según los expertos”,Timberg confeccionó su relato basándose en los alegatos de un tenue grupo llamado ProporNot, conducido por individuos sin nombre de origen desconocido, a quienes Timbering (plagiando con el estilo de Bob Woodward [1]) accede a citar como fuentes anónimas.


El catálogo de supuestos canales controlados por Putin de ProporNot apesta a las calumnias macarthistas de la época del Terror Rojo. La lista negra incluye a algunos de los portales de noticias alternativos más reconocidos de la web, incluyendo Anti-war.com, Black Agenda Report, Truthdig, Naked Capitalism, Consortium News, Truthout, Lew Rockwell.com, Global Research, Unz.com, Zero Hedge y, sí, CounterPunch, entre muchos otros. Tendré más sobre Timberg y ProporNot en mi columna del viernes.


Mientras tanto, aquí tienen una breve nota histórica sobre como en el apogeo de la Guerra Fría la CIA desarrolló su propio establo de escritores, editores y publicistas (abultado hasta al menos los 3.000 individuos) que pagaba para garabatear la propaganda de la Agencia bajo un programa llamado Operación Calandria. La red de desinformación estaba supervisada por el último Philip Graham, ex editor del propio periódico de Timberg, el Washington Post.


La historia de Craig Timberg, que es tan sólida como las pintadas anónimas dibujadas en un cuarto de baño, da lugar a la sospecha de que el Post todavía sigue siendo un jugador en el mismo viejo juego que perfeccionó en los 50 y continuó a lo largo de las décadas culminando en su crítica feroz de 1996 contra mi viejo amigo Gary Webb y su inmaculado informe sobre el tráfico de drogas de los contras apoyados por la CIA en los 80. El repugnante ataque del Post sobre Webb fue encabezado, en parte, por el redactor de inteligencia del periódico Walter Pincus, él mismo una vieja mano de la CIA.


Para Timberg, este fue probablemente solo otro día más en la oficina: arrojar algunas calumnias rojas contra la pared y ver cuales se pegan antes de pasar a su siguiente gran primicia tecnológica (cortesía de los soplos de unos cuantos adolescentes anónimos en Cupertino [2]) sobre fallos técnicos del software en el i-Phone 7.


Para sujetos del periodismo de conductores fugados como este, sin embargo, a menudo es un asunto completamente diferente. En el caso de Webb, los ataques deplorables e infundados del Post mataron su carrera como periodista de investigación y precipitaron una depresión fuera de control que terminó con Gary quitándose su propia vida. Aunque el propio inspector general de la CIA, Frederick Hitz, confirmó más tarde el contenido del informe de Webb, el Post nunca se retractó de sus historias infamantes o pidió disculpas por arruinar la vida de uno de los periodistas más sutiles y valientes del país.


Ahora parece que el periódico está dando vueltas para otro tiroteo desde el coche.


(Este artículo es una adaptación de nuestro libroEnd Times: the Death of the Fourth Estate.) –JSC


Casi desde su fundación en 1947, la CIA tuvo periodistas en su nómina, un hecho reconocido a voces por la Agencia en su declaración de 1976 cuando George H. W. Bush relevó a William Colby, cuando afirmó que “con efectos inmediatos, la CIA no entrará en ninguna relación pagada o contractual con ningún corresponsal de noticias a tiempo completo o parcial acreditado por ningún servicio de noticias, periódico, revista, red o estación de radio o televisión de EEUU.”


Aunque la declaración también subrayaba que la CIA continuaría dando la “bienvenida” a la cooperación voluntaria y no pagada de periodistas, no hay razones para creer que la Agencia realmente parase las recompensas encubiertas al Cuarto Poder.


Sus prácticas a este respecto antes de 1976 han sido documentadas hasta cierto punto. En 1977, Carl Bernstein afrontó el tema en Rolling Stone, concluyendo que más de 400 periodistas habían mantenido algún tipo de alianza con la Agencia entre 1956 y 1972.


En 1997, el hijo de un alto responsable de la CIA bien conocido en los primeros años de la Agencia afirmó categóricamente a CounterPuncher, aunque extraoficialmente, que “por supuesto” que el poderoso y malévolo columnista Joseph Alsop “estaba en nómina”.


La manipulación mediática fue siempre una preocupación primordial de la CIA, así como del Pentágono. En su Secret History of the CIA, publicada en 2001, Joe Trento describe como en 1948 el hombre de la CIA Frank Wisner fue nombrado director de la Oficina de Proyectos Especiales, pronto renombrada Oficina de Coordinación de Políticas (OPC). Ésta se convirtió en la rama de espionaje y contrainteligencia de la Agencia Central de Inteligencia, siendo la primerísima en su lista de funciones designadas la de “propaganda”.


Más adelante en ese año Wisner lanzó una operación llamada en clave “Calandria”, para influir en la prensa doméstica estadounidense. Reclutó a Philip Graham del Washington Post para llevar el proyecto en la industria.


Trento escribe que “uno de los periodistas más importantes bajo el control de la Operación Calandria fue Joseph Alsop, cuyos artículos aparecieron en más de 300 periódicos diferentes.” Otros periodistas dispuestos a promover las opiniones de la CIA, incluyeron a Stewart Alsop (New York Herald Tribune), Ben Bradlee (Newsweek), James Reston (New York Times), Charles Douglas Jackson (Time Magazine), Walter Pincus (Washington Post), William C. Baggs (Miami News), Herb Gold (Miami News) y Charles Bartlett (Chattanooga Times).


Hacia 1953 la Operación Calandria tenía una gran influencia sobre 25 periódicos y agencias de noticias, incluyendo el New York Times, la CBS o Time. Las operaciones de Wisner estaban financiadas por desvíos de fondos previstos para el Plan Marshall. Algo de este dinero fue usado para sobornar a periodistas y editores.”


En su libro Mockingbird: The Subversion of the Free Press by the CIA, Alex Constantine escribe que en los 50, “alrededor de 3.000 empleados asalariados y contratados de la CIA estaban finalmente implicados en esfuerzos de propaganda”.


Notas: [1] Periodista de investigación y escritor, trabaja en el Washington Post desde 1971, donde actualmente ejerce como editor asociado. [N. del T.]
[2] Ciudad de California conocida por albergar la sede central de Apple. [N. del T.]

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Inicua y antidemocrática censura de Google, Facebook y Twitter

Los multimedia de Estados Unidos (EU) y las redes sociales –bautizadas como Gafaty: Google, Apple, Facebook, Amazon, Twitter y You Tube– han sido motivo de feroces críticas por su flagrante, inicua y antidemocrática proclividad a la derrotada Hillary Clinton.

¿Cómo habría sido la magnitud del triunfo tectónico de Donald Trump si los multimedia hubieran sido menos parciales (https://goo.gl/QIndBv)?

Trump se reunió a puerta cerrada con los dueños y comentaristas de los multimedia, a quienes criticó de "mentirosos" y "deshonestos" (https://goo.gl/Y6Q23M). A Barack Obama le benefició el uso de las redes sociales, mientras Trump se adueñó de Twitter.

Los supremacistas/populistas del WASP no se cansaron en señalar la censura y el boicot de Gafaty a los mensajes del hoy presidente electo.

Todos los multimedia controlados en forma masiva por la triada de Wall Street –los Rothschild/Soros/Goldman Sachs– culpabilizan a las redes sociales de Silicon Valley de haber contribuido a la "creación" de Trump, sin tomar en consideración el paralelo movimiento genuino de protesta contra la globalización financierista, dentro del Partido Demócrata, que sigue a Bernie Sanders.

Con antelación detecté la revuelta antiestablishment contra las dos dinastías aniquiladas de los Bush y los Clinton, tanto por el trumpismo como por el movimiento contestatario de Sanders: ambos comparten insólitamente la misma agenda contra Wall Street (https://goo.gl/3N8BJv).

El israelí-estadunidense Noam Cohen, en el ya muy desacreditado New York Times ( NYT), fustiga a las "trasnacionales tecnológicas como Facebook, Twitter y Google de haber magnificado (sic) la rabia y la desinformación de los votantes que impulsaron a Trump" (https://goo.gl/MZYLy4).

La derrotada Hillary (https://goo.gl/POrCKH) y el humillado Obama (https://goo.gl/CjqlDs) increpan las "falsas noticias", las cuales, a juicio de Cohen, eran "incendiarias frecuentemente", en artículos que fueron muy compartidos por los usuarios en Facebook y Google; agrega a Twitter, que se convirtió en "un campo de batalla afín" y permitió que "proliferaran las falsas noticias, donde los grupos de odio (sic) de extrema derecha se organizaban y reclutaban, con el frecuente objetivo de mujeres (sic) y minorías".

Cohen rumia la clásica "técnica Hasbara" del Mossad sobre el "odio ajeno", siempre y cuando no provenga de Israel. ¿Son, entonces, masoquistas el 53 por ciento de mujeres "blancas" que votaron por Trump, pese a sus misóginos desvaríos eróticos?

Cohen reconoce que existe "una enorme desconexión (sic) entre Silicon Valley y la gente que allí labora", lo que fue "explotado" por Trump al atacar a Amazon (por evasión de impuestos) y a Apple (por la maquila laboral de sus productos). Apple ya anunció que empezará a fabricar sus celulares en EU.

Lo que no escudriña Cohen es que, si bien las trasnacionales digitálicas de Silicon Valley del Gafaty cotizan como nunca en la Bolsa, tienen en su contra la disminución de empleos debido a su alta automatización/robotización, lo cual contrasta con las añejas empresas manufactureras de los "Generales": GM, GE, GD, etcétera.

Más allá de que Google se encuentre en la picota en Europa por sus manejos totalitarios y/o monopólicos, no se diga por sus presuntos vínculos con la CIA –como alude Julian Assange, patriarca de Wikileaks (https://goo.gl/0zDP3u)–, muchos países afectados empiezan a combatir la nueva ciberdictadura de los servidores oligopólicos de las redes sociales de Gafaty, que cuentan con más de 3 mil millones de usuarios.

Assange arremete que Google juega el "papel de mano oscura al fomentar el imperialismo de EU y su agenda de política exterior".

Bueno: esto es normal, porque Internet fue producto de DARPA, invento fascinante del Pentágono. Ahora habrá que liberarse de sus cadenas cibernéticas, que penetran hasta la intimidad del ADN de los ciudadanos: “La muerte de la privacidad ciudadana por el ‘orwelliano Estado Google”’ (https://goo.gl/GynZvG).

Assange comenta que "Google no es lo que parece", sino que hace "las cosas que la CIA no puede hacer".

Según la polémica Freedom House –vinculada a la NED/CIA–, se ha incrementado la censura en Internet y cada día abundan las restricciones cuando hoy "67 por ciento de la población mundial vive bajo alguna clase de censura institucional de la red" (https://goo.gl/VWf8DL).

Rusia acaba de censurar a LinkedIn, por intromisión soberana; China, "que cuenta con sus propias versiones", censura a Gafaty, a la que considera caballo de Troya del Pentágono/NSA/CIA mediante sus ciberguerras; y Brasil ya bloqueó a Whatsapp (vendida a Facebook en 19 mil millones de dólares) cuando "no dio datos para investigaciones criminales". ¿Protección del crimen?

Según House: “La censura de las imágenes –a diferencia de la palabra escrita– se ha intensificado, probablemente debido a la facilidad con la que los usuarios pueden ahora compartirlas, y el hecho de que a menudo sirven de pruebas convincentes de la mala conducta oficial”.

Agrega House que, “además de restringir el acceso a los medios de comunicación social y las aplicaciones de comunicación, las autoridades estatales con frecuencia encarcelan a los usuarios por sus mensajes y su contenido (...) Los usuarios de algunos países fueron puestos tras las rejas por un simple ‘Me gusta’ a material ofensivo en Facebook, o por no denunciar los mensajes críticos que les enviaron otros”.

El consagrado investigador Robert Parry arremete contra el editorial del mancillado NYT –que se empinó con la derrotada Hillary–, el cual pregona "un sistema de censura de Internet para bloquear" lo que llama "noticias falsas", cuando “el propio NYT ignora su propio historial de publicar falsas noticias” (https://goo.gl/v298R4).

Debka, portal del Mossad, arremete con justa razón contra los "monitores sin rostro que juzgan las falsas noticias en las redes sociales" (https://goo.gl/p8LTyC), en referencia al reciente anuncio de Google y Facebook que han tomado medidas "contra sitios que difunden falsas noticias y en contra de las páginas de medios sociales que publican contenido engañoso", lo cual pone en tela de juicio la "libertad de expresión".

¿Cómo pueden ser juez y parte Google y Facebook? ¿Quién define lo "falso" y lo "engañoso"? ¿Cuál es su metodología para clasificar nolens volens?

A mi juicio, lo peor que contienen las redes sociales –donde abunda la plenitud de anónimos clandestinos y bots gubernamentales de todo género– es la ausencia de identidad, porque inmuniza al perpetrador de ser enjuiciado por sus libelos contra los afectados.

Muchas leyes de los países no se han adaptado con una legislación que proteja tanto la inalienable libertad de expresión como la inimputable honorabilidad del calumniado.

Las redes sociales, tecnológicamente "neutrales", son de doble filo: derecho humano global que debe ser respetuoso de las leyes, usos y costumbres de cada país, en lugar de servir de instrumento de desestabilización deliberada y de "propaganda negra" contra los enemigos de sus dueños y los controladores de los servidores.

Ya es tiempo de acabar con la insoportable ciberdictadura de Gafaty, cuya propiedad debe ser de los ciudadanos universales.

www.alfredojalife.com

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Facebook: AlfredoJalife

Vk: id254048037

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"Era Trump": suicidio de encuestadoras, multimedia y gurús de pacotilla

Ya estaba vacunado contra el engaño deliberado de las encuestadoras (http://goo.gl/NakHSG), por lo que nunca tomé en serio el supuesto aplastante triunfo de Hillary. Mucho menos después de los escalofriantes fracasos de las encuestas en México –cuando los presstitutes/loro-cutores abultaron el apretado triunfo de Peña–, del Brexit –en el cual todo el mundo se equivocó, con la notable excepción de la reina de Inglaterra y el tabloide The Sun– y de Colombia, donde el domingo futbolero, el huracán Mathew y el voto de castigo a Santos desecharon el loable acuerdo de paz con las FARC.

En la radio me atreví a rechazar, a contracorriente, el veredicto adelantado, con la frase del poeta español García Llorca: "Los muertos que vos matáis gozan de cabal salud", aplicado al trumpismo (http://goo.gl/8PLjky) y sugerí en mis redes sociales seguir el tracking poll de Los Angeles Times (feudo "mexicano" de Hillary) que resultó el único acertado sobre el triunfo tectónico de Trump en el océano de las encuestas tradicionales: exageradamente distorsionadas, debido a las lubricaciones pecuniarias de la triada de Wall Street de Goldman Sachs/los Rothschild/George Soros, cuyos palafreneros en EU/Europa/México rechazan los resultados e incitan a una revuelta, que incluya el magnicidio.

Lo grave y antidemocrático de los engaños de las encuestadoras, desde Estados Unidos hasta México, es la creación de una falsa realidad que propicia una ambientación de linchamiento contra cualquier contrapunto despreciado como "políticamente incorrecto", por lo que existió 20 por ciento de "indecisos", que en una atípica elección tan polarizada era aberrante, pero que refleja(ba) la proclividad hierática por el supremacismo populista WASP y ocultaba su verdadera "decisión", incluso, al momento de salida de los cada vez más inexactos exit polls, que a las 17 horas daban como triunfadora a la derrotada Hillary: trampa en la que cayó la aplastante mayoría de los desinformadores aquende y allende el río Bravo, como Televisa y Univision.

Will Gore (WG), de The Independent (que se equivocó en forma grotesca con el Brexit y Hillary), acepta que la victoria de Trump "colocó el último clavo en el féretro de los principales multimedia" anglosajones, el “MSM: Main Stream Media (http://goo.gl/yaVuB5)”. Tales equivocaciones "constituyen una evidencia más del grado en el que el MSM está fuera de la realidad que experimenta la gente ordinaria", cuando hoy “la verdad (sic) se encuentra en los foros online; en los tuits de los trolls que odian al MSM; en comentarios bajo la línea; en las llamadas de los radioescuchas; en las características de los medios sobre la declinación de las comunidades industriales; en los análisis académicos (nota: como el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM (http://goo.gl/ekHqnj) y Casa Lamm, donde un día antes, con datos duros, exhibí el ascenso irresistible del trumpismo)”.

Nadie de los MSM detectó la "angustia y frustración" de los furibundos desempleados WASP, sólo se (en)cargó de promocionar los desvaríos eróticos de Trump en lugar de concentrarse en la fractura de la sociedad en todos sus segmentos, lo cual se reflejó en el apabullante triunfo de Trump en el Colegio Electoral: 306 votos (30 estados) frente a 232 de Hillary (20 + Washington DC).

Daily Mail, portal del MI6, siempre tuvo en el radar el triunfo tectónico de Trump y se dio el lujo de ser el primero en el mundo en dar la primicia.

Quartz dictamina la defunción de las encuestas políticas (http://goo.gl/lj8bpL) y reconoce que existe un "giro cultural y tecnológico que no miden las encuestas", las cuales, a mi juicio, deben ser abolidas, ya que sólo sirven para engañar y ajustar sus imaginarios hallazgos a los intereses del cliente.

Hasta el otrora legendario NYT, insensatamente pro Hillary, pidió "disculpas" por su pésimo manejo de la elección (http://goo.gl/DpnEZ9), mientras el "consagrado" encuestador Nate Silver, muy abultado por el NYT y quien se autodenomina "medio judío (sic)", fue vapuleado por la cruda realidad.

El anterior parlamentario británico George Galloway se burla de los "expertos" en encuestas –como el neoconservador straussiano israelí-estadunidense Bill Kristol, editor de Weekly Standard, quien se la pasa día y noche en la televisión (¡para lo que sirvió!)–, quienes fueron humillados, como en el Brexit (http://goo.gl/9rSmWZ).

Todo el veneno vertido por los gurús de pacotilla, desde Estados Unidos pasando por la anglosfera hasta el “México neoliberal itamita”, no pudo desactivar la furia supremacista populista del trumpismo.

Con todos sus consustanciales defectos racistas, DEBKA Weekly (Nº 731; 11/11/16), portal del Mossad, planteó el escenario del triunfo tectónico del trumpismo; hoy sentencia la "muerte de las encuestas tradicionales" y catapulta la prospectiva basada en la "fuente de inteligencia abierta (Osint, por sus siglas en ingles)" que toma en cuenta a los usuarios de Internet y las redes sociales, que definen "nuevos algoritmos", como el que realizó Sanjiv Rai, de MogIA (http://goo.gl/YthkZq), que usa la inteligencia artificial on line para analizar y evaluar frases comunes y palabras recolectadas en motores de búsqueda; la frecuencia y la naturaleza del contenido en las cadenas de los tuits y los posteos en las redes sociales; como los comentarios sobre artículos en los sitios de noticias; y el nivel del compromiso de usuarios de Internet respecto al tema de su encuesta”.

Tendencias, de Infobae, analiza “Cómo funciona el software inteligente MogIA que predijo el triunfo de Trump (http://goo.gl/I9VO7K)”.

Más que de un racismo, para Breitbart (portal pro-Trump) se trata de un “movimiento económico nacionalista, tan excitante como el de la década de los 30 y mayor a la revolución de Reagan (http://goo.gl/P6Ocj5)”, en lo que concuerda Robert Gibbs, anterior secretario de prensa de Obama (http://goo.gl/EVjExc).

Los engaños de las encuestadoras globales –con sus caricaturas locales que el sarcasmo popular denigra de "para mi tía"/”mientofsky”/"mi lana"– ascienden a "crímenes de desinformación" todavía no punibles que afectan la vida de los ciudadanos.

Sobre el decadente “México neoliberal itamita”, vacunado contra la autocrítica, no haré leña del bosque derrumbado de sus encuestadoras y sus "gurús de pacotilla".

Más allá de la inaceptable frivolidad aventurera e infantiloide del esquizofrénico Senado –que parece más un manicomio para la subasta colectiva de la idea más insensata, como la amenaza de abolición del Tratado de Guadalupe Hidalgo y el porte de camisetas de la derrotada Hillary ante el letrero: "La Patria (sic) es Primero"–, prolifera e intoxica en forma preocupante el grave primitivismo/aldeanismo en un ambiente de maniqueo linchamiento cacofónico de tiránico "pensamiento único" sin pluralidad dialéctica, ausente de crítica cartesiana y kantiana: dos pilares del pensamiento "occidental", hoy huérfano de verdaderos intelectuales –que confunden con vulgares publicistas– y contaminado de mercaderes de la noticia y, peor aún, carente de sindéresis epistemológica.

 

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Viernes, 18 Noviembre 2016 06:37

El poder de los medios

El poder de los medios

Los medios más influyentes del mundo llegan a ese lugar trenzándose con los poderes económicos y políticos y, por lo tanto, defienden y reproducen esos intereses. El País de Madrid es un buen ejemplo, con notable capacidad para vetar a quienes pueden poner en riesgo los privilegios. Hay alternativas.

 

“Determinados medios progresistas, como El País, me han dicho que si hubiera habido un acuerdo entre el Psoe y Podemos, lo criticarían e irían en contra.” Cuando Pedro Sánchez, ex secretario general de los socialistas españoles, acusó directamente al diario El País y al ex presidente de Telefónica César Alierta de haber evitado un gobierno de izquierdas, estaba apuntando a uno de los centros de poder intocables en el Estado español. Entrevistado para el programa televisivo Salvados, Sánchez reveló que desde el diario de Juan Luis Cebrián se le hizo llegar que no le iban a dar su respaldo si no llegaba a un acuerdo para que el Partido Popular siguiera siendo gobierno (Público.es, 30-X-16).


En la entrevista añadió que “el Psoe y Podemos están condenados a entenderse. Y el Psoe debe reconciliarse con el votante de izquierdas”, una afirmación temeraria para los capitostes del poder. Sánchez sostuvo que fue traicionado por el portavoz del Psoe en el Congreso, Antonio Hernando, y atacó a Felipe González, de quien dijo que ya se reconoce en él.
Apenas dos días después El País dedicó su editorial a lanzar un duro ataque contra Sánchez. Recordó que el líder socialista visitó al presidente de Telefónica para pedirle que presionara a su favor en la línea editorial de El País, ya que la empresa de telecomunicaciones posee 13 por ciento de las acciones del matutino. El diario asegura que “confundir el derecho de los medios de comunicación a tener una línea editorial y expresarla libremente, con el ejercicio de una presión inmoral e ilegítima sobre los partidos políticos sólo puede deberse a la ignorancia acerca del papel de los medios de comunicación en una democracia” (El País, 2-XI-16). El editorial concluye que “la única presión visible en esto es la que se deriva de nuestro ejercicio de la libre expresión”.


FACTOR DE PODER.


El periodista Roberto Montoya analiza en una serie de artículos las relaciones entre El País y el Psoe, centradas en el vínculo personal entre Juan Luis Cebrián y Felipe González.


Recuerda que El País fue fundando en 1976 por Jesús de Polanco, “un hombre que había militado en el Frente de Juventudes del (franquista) Movimiento Nacional y que luego trabajaría para la editorial Escelicer, vinculada a la secretaría del movimiento falangista”, que “llegó a convertirse en la tercera fortuna de España, y apostó por montar un imperio mediático” (Viento Sur, 5-XI-16).


El director de El País desde su fundación fue Juan Luis Cebrián, quien “de joven fue redactor jefe de Pueblo, el diario vespertino del Movimiento Nacional, y terminó siendo nombrado por el último gobierno de la dictadura franquista en 1974 como jefe de los servicios informativos de Radio y Televisión Española (Rtve)”. Según Montoya, ambos siguieron los pasos de muchos franquistas que al estrenarse la democracia desembarcaron en partidos como el Centro Democrático, del ex presidente Adolfo Suárez, y en un Psoe que había estado ausente en la resistencia al franquismo y renació en 1976 con fuerte apoyo de la socialdemocracia alemana, que “se volcaba de lleno económica y políticamente –con la bendición de Washington– para catapultar a los socialistas españoles al poder”. El objetivo era bloquear al poderoso Partido Comunista, sobre el que había recaído la resistencia a la dictadura.


En los 14 años que Felipe González estuvo en La Moncloa, tanto el partido como el diario se convirtieron, de forma ya abierta, en defensores acérrimos de las elites. La composición accionaria del grupo Prisa, propietario de El País, así lo revela: el fondo buitre Amber Capital detenta el 18,3 por ciento, la familia Polanco el 17,5, Telefónica el 13 por ciento del capital del grupo, seguidos por el millonario qatarí Ghanim al Hodaifi al Kuwari, el Hsbc, el grupo Iamsa, Caixabank y el Banco Santander.


Las áreas de negocios del millonario de Qatar, que tiene derecho a dos asientos de los 13 del consejo de administración que preside Cebrián, incluyen empresas de la construcción, petróleo y gas, comercio, ingeniería eléctrica y mecánica, industria, alimentación, agricultura, los sectores de tecnología de la información y la consultoría de proyectos (El Confidencial, 15-XI-16). Es la más reciente incorporación al grupo Prisa, luego de que el balance de 2014 revelara 2.000 millones de euros de pérdidas. Pero muestra también el tipo de alianzas de la prensa “progresista” española.


El grupo Prisa, fundado en 1972 por Polanco, es propietario no sólo de El País sino del diario deportivo AS, Cinco Días y Hu-ffington Post, posee la española Cadena Ser y alrededor de 1.250 emisoras entre propias y asociadas en diversos países de América Latina. Cuenta con canales de televisión, con la editorial Santillana (una red de editoriales en realidad) y con empresas de publicidad. Tiene parte del capital de Le Monde y en Argentina es socio de Papel Prensa junto a Clarín y La Nación, ha hecho inversiones en el grupo Televisa, de México, es propietario de la colombiana Caracol Radio y de Ibero Americana Radio Chile, un consorcio de 11 cadenas que concentran más de la mitad de la programación y que está presente en la mayor parte de los países de la región, incluyendo Estados Unidos.


Cebrián se ha convertido en uno de los hombres más poderosos del mundo. Es miembro del Club de Bilderberg, el grupo de las 130 personas más influyentes del planeta que se reúnen todos los años y en el que participan banqueros, políticos, militares y propietarios de grandes medios de comunicación. En ese selecto grupo figuran junto a Cebrián el estadounidense Donald Rumsfeld, ex secretario de Defensa; Peter Sutherland, presidente de Goldman Sachs y British Petroleum; Paul Wolfowitz, ex presidente del Banco Mundial; David Rockefeller y miembros de la familia Ford, entre otros.


Por todo lo anterior, suena a risa cuando el editorial de El País asegura que “la única presión” que realiza el medio “se deriva de nuestro ejercicio de la libre expresión”. Montoya recuerda que “el diario El País tapó todo lo posible los asesinatos de los Gal durante la posdictadura; protegió a ultranza al ‘Señor X’ y a toda la cúpula de Interior implicada mientras otros medios destapaban todos los días detalles del terrorismo de Estado; intentó minimizar sonados casos de corrupción del gonzalismo, como el de Filesa y otros, y fue cómplice fiel de la neoliberalización acelerada que iba experimentando el aparato del Psoe”.


PERIODISMO O PROPAGANDA.


“El Times se ha convertido en un apologista de los poderosos”, escribe Robert Parry, quien destapó el escándalo Irán-Contras (Consortiumnews.com, 7-XI-16). En un extenso informe, el periodista de investigación repasa varias situaciones en las cuales el célebre The New York Times “ha extraviado su camino periodístico, convirtiéndose en una plataforma de propaganda”, al aceptar siempre los argumentos del poder.


Rememora la invasión a Irak en 2002, cuando el Times avaló las mentiras de la Casa Blanca sobre las inexistentes armas de destrucción masiva del régimen de Saddam Hussein, hasta la guerra en Siria. Un caso ejemplar sucedió el 21 de agosto de 2013, cuando un ataque con gas sarín en las afueras de Damasco mató a varios cientos de personas. Nuevamente “el Times se alineó detrás del gobierno de Estados Unidos para culpar al gobierno del presidente sirio Bashar al Asad”. Según Parry, había razones para dudar de la versión oficial, y poco después quedó demostrado que se trató de una provocación de los yihadistas, aunque el periódico no se disculpó ante sus lectores.


“Eso no es periodismo –enfatiza Parry–, es la sumisión sin sentido a la autoridad.” Los viejos criterios de objetividad e imparcialidad que “se supone deben estar en el centro del periodismo” han desaparecido en aras de la propaganda.
Quien se asome estos días a las páginas del Times observará una virulenta ofensiva contra el presidente electo Donald Trump y una sobreexposición de las manifestaciones en su contra, algo inusual en el diario de la Gran Manzana. Este hecho ha llevado a otros analistas a asegurar que las protestas contra Trump son convocadas y apoyadas por páginas adictas al megaespeculador George Soros, inventor de las “revoluciones de color” que propician “cambios de régimen”.


Más allá de la opinión de cada quien sobre Trump, no parece lícito que los medios se sumen a conspiraciones amparados en la “libertad de expresión”. Algo similar ocurrió cuando diarios como The Washington Post, el Times, El País y The Guardian repitieron el aserto de Hillary Clinton de que Trump es “un títere de Vladimir Putin”. ¿Demasiado? Estos días El País asegura, sin pudor, que Europa “está amenazada” por la victoria de Trump, ataca “la estupidez” de sus votantes y dice que su triunfo fue “una rebelión contra la razón y la decencia”. ¿Acaso la invasión y destrucción de Libia y el obsceno asesinato de Gaddafi, que nunca condenaron, fueron racionales y decentes?


“En los tiempos actuales ya no es el valiente periódico que publicó los papeles del Pentágono y la historia secreta de la guerra de Vietnam”, escribe Parry, en relación con The New York Times. La mutación de los grandes medios en apologistas del poder está íntimamente relacionada con su conversión en grandes empresas monopólicas que engordaron gracias a sus relaciones con el poder político.


¿ALTERNATIVAS?


Es tan grande el poder del grupo Prisa que consiguió que a la reunión del Club del Bilderberg de 2015 no fuera invitado ningún representante del gobierno español. Ese año el grupo de los “amos del mundo” debía tratar “asuntos como la situación política europea, la deriva de la crisis griega y las relaciones de Occidente con Rusia a propósito del conflicto de Ucrania” (El Confidencial, 10-VI-15). El club apoyaba a la entonces vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría para sustituir a un desgastado Mariano Rajoy. Desde el gobierno no ahorraron críticas a Cebrián, que “ha sido uno de los principales impulsores de la supuesta candidatura de la vicepresidenta”.


El último tic del grupo Prisa consiste en poner en una misma bolsa a Trump y a Podemos, un libreto en el que insisten en cada edición desde que se abrieron las urnas en Estados Unidos. Acusando de “populistas” a todos los que cuestionan el neoliberalismo, pretenden igualar el fascismo de Marine Le Pen con el izquierdismo de Pablo Iglesias. Víctimas y victimarios, opresores y oprimidos, equiparados por el rodillo mediático de la prensa del poder.


Como señalaba Fernand Braudel, lo que caracteriza al capitalismo no es la competencia sino los monopolios. No es posible desmontar o regular los monopolios mediáticos como si fueran algo aislado del resto del sistema. Los escasos intentos han fracasado, y todo indica que seguirán fracasando, porque el capital que los controla está tan diversificado que cuando se le corta una cabeza, como a la hidra mitológica, se reproducen varias más.


Tal vez la política para constreñir a los monopolios mediáticos deba ser complementada por otra, que es tan interesante como poco atendida. El último censo de la Asociación de Revistas Culturales e Independientes de Argentina revela que en ese país existen casi 200 publicaciones autogestionadas, donde trabajan más de mil personas. Las ediciones en papel tienen un millón de lectores y, si se suman las plataformas digitales, llegan en total a cinco millones, un 15 por ciento de la población del país y un porcentaje mucho mayor de los lectores de medios.


Pese a la crisis económica y al escasísimo aporte estatal, el apoyo a los medios no monopólicos parece ser un camino fértil que, sin embargo, las autoridades uruguayas prácticamente ignoran.

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Tres manifestaciones de un mismo fenómeno


El pasado 23 de junio tuvieron lugar las elecciones en el Reino Unido, para decidir su permanencia en la Unión Europea. El resultado, como es conocido, fue mayoritario a favor de abandonar el organismo multinacional. Un resultado previsto por algunos. Aunque durante los días previos las encuestas daban un empate técnico entre el sí y el no, e incluso daban como ganador al sí.

 

Como en otras muchas ocasiones, las encuestas, propiciadoras de ciertos giros en la opinión pública –algunos pudieran decir que son manipuladoras–, dejaron ver el cobre. Configuran una democracia manipulada. Fenómeno importante, para no dejar pasar sin reparar en él, pero esta no es nuestra preocupación en esta nota.

 

Pretendemos resaltar que al día siguiente de este referendo, comenzaron a circular noticias, acerca de que una numerosa población inglesa reclama una nueva consulta sobre el tema votado. ¿El motivo? Estaban mal informados sobre las consecuencias derivadas del abandono, por parte de su país, de la Unión Europea. Al final, cuatro millones de personas firmaron una solicitud ante las instancias pertinentes, para que una nueva consulta tome cuerpo. La respuesta del órgano consultado es que “la decisión ya está tomada”.

 

¡Estaban mal informados! Esta realidad no es inédita ni ocasional en las llamadas democracias modernas. Sucede que los candidatos a algún cargo, con bastante frecuencia, ofrecen a sus electores una cosa y terminan realizando otra. Evidente trampa y manipulación, por las cuales debiera ser destituido el elegido, sin necesidad de consulta jurídica alguna. Simplemente, demandando ante los jueces pertinentes por el engaño ocurrido.

 

Pero también es común, que los electores opten por uno u otro candidato, por una u otra oferta de gobierno, movidos en su decisión, simplemente por las emociones. Es decir, por el espectáculo, las formas, los colores, los ritmos, la escenografía, que acompaña cada acto de campaña. Decorado que termina por despertar en quienes votan, su confianza y finalmente la inclinación del voto. ¿Manipulación psicológica?

 

¡El espectáculo! ¡La farándula! Para sorpresa de pocos o de muchos, es el aspecto que finalmente determina la conciencia de las mayorías. El asunto que termina por ser importante en cada consulta electoral, no son las razones. Ni es la explicación profunda de cada una de las promesas de campaña, o el debate sobre tales ideas. Predomina entonces, la forma como habla el candidato, como sean los decorados en sus actos, los colores, el ritmo de las frases, etcétera. Todo esto con detalle, independiente del mensaje, es finamente estudiado y preparado por agencias de publicidad y mercadeo, que resultan siendo el soporte fundamental de las campañas.

 

¿Gobierno de mayorías? No puede ser, ni tener tal calidad, cuando así resulta que tenemos a la cabeza de las sociedades, no unos gobiernos, en verdad, democráticamente elegidos; sino un remedo de tales. Las elecciones terminan por ser una farsa de la voluntad popular. Farsa cocinada con toda conciencia en los laboratorios de los mercaderes, tanto de jabones o cremas dentales, como de candidatos a cualquier instancia. De ahí que quien más dinero tenga, termine en la mayoría de los casos, como el que cuenta con más opciones para ser elegido.

 

¡Democracia de casino! Y este tipo de democracia, que es la realmente existente, está en crisis en todos los países, incluso, en la primera potencia del norte, donde la campaña en curso para elegir a quien regirá la Casa Blanca durante los próximos años, está determinada por el aval de los millonarios, los financiadores de uno y otro candidato, que son sus verdaderos electores. El 1 por ciento, correspondiente a quienes tienen sumida en la total pobreza a miles de millones de personas a lo largo del globo, también determina las políticas locales y la geopolítica del primer imperio mundial.

 

¡Democracia en crisis! ¡Democracia de apariencia! ¡Democracia secuestrada! Actuando como soporte de este secuestro, los opinadores de oficio y los periodistas complacientes. No es casual que así sea. Desde siglos atrás es sabido que los reyes y los príncipes tenían a su lado a los aduladores. Encargados de insuflarles ego. A quienes el poder real protegía con la razón divina, con el poder del discurso o con el poder del miedo. El tiempo ha transcurrido y las circunstancias no son diferentes.

 

Cada día, a través de los medios de comunicación, algunos quienes se hacen llamar periodistas adulan al poder, desinforman sobre sus actos –sus razones, intereses, aliados, maniobras, manipulaciones, etcétera–, incluso, entrevistan a uno y otro funcionario o dirigente empresarial, facilitándoles que oculten sus reales intereses. Facilitan las coartadas, mediante un conjunto de preguntas que propician no ahondar las cosas, de interés público y social. Periodistas protectores del poder.

 

Agentes de un periodismo complaciente, que ‘olvidan’ la función del periodista: informar a toda costa. Facilitar la confrontación de visiones y versiones entre los agentes de un mismo suceso. De este modo, permitir que quien lee, ve o escucha, tenga suficientes elementos de juicio para opinar y tomar su decisión con cabeza propia. Periodismo veraz que obliga y hace necesario a quien informa, que en ocasiones, entregue un contexto de los hechos. Que descubra y brinde datos. Que ofrezca detalles no conocidos de la noticia pertinente, de manera que, quien no conoce las razones profundas de uno u otro tema, pueda finalmente construirse un mapa de las causas y consecuencias que realmente están en juego.

 

Cuando la información no se presenta así, cuando lo informado sirve es para desinformar, la democracia, para la cual el derecho a la información es fundamental, también padece la desinformación. Se deforma. Refleja otra parte de su crisis, evidencia su ‘secuestro’ por los agentes del poder político y económico. En medio de los hechos actuales, tal sensación es el desasosiego que no pocos sentimos en Colombia.

 

¿Cómo no?, cuando escuchamos las declaraciones o respuestas de ciertos personajes por una cadena radial –¡el mayor opinador del país!– para exigirle al Gobierno, “ante la prolongación del paro camionero”, que le meta mano dura. Es decir, que militarice, que violente a quienes protestan. ¡Un ‘periodista’ que no informa sino que opina, en favor de alguien! ¡Un ‘periodista’ que manipula a quienes dice informar”! ¡Un ‘periodista’ que, como agente del Estado, que como parte del poder, toma posición con total desfachatez por una de las partes! ¡Un ‘periodista’ que opta por atizar el fuego en vez de contribuir para que no tome fuerza! ¿Qué quiere proteger?

 

Decía un gran periodista polaco: “Los cínicos no sirven para este oficio”*, pero en manos de estos, en boca de estos, están los medios oficiosos en el país. Es claro que este periodismo palaciego y complaciente con intereses financieros e inversionistas, contribuye a debilitar y destruir la democracia, la realmente existente. Realidad inocultable e innegable que plantea un reto mayúsculo.

 

Tanto en el Reino Unido como en Estados Unidos, en Colombia y en el resto del mundo, hay un desafío: Construir una democracia realmente incluyente, radical, refrendataria, que les abra espacio y poder, en verdad decisorio y soberano, a las mayorías de quienes dice depender.

 

*Ryszard Kapuscinski, Anagrama, España, 2014.

 

 

Publicado enEdición Nº226
El soldado Bergdahl, Afganistán y el ocaso de la moral estadounidense

Cuando se denunció la desaparición de Bowe Bergdahl en Afganistán la mañana del 30 de junio de 2009, se produjo una gran grieta en el discurso estadounidense acerca de la guerra más larga de la historia del país.

 

La liberación de Bergdahl esta semana como parte de un intercambio de prisioneros con el Talibán provocó que desde los medios de comunicación dominantes se atacara abiertamente al prisionero de guerra estadounidense, a su familia y al propio Presidente Barack Obama. Sin embargo, lejos del barullo de estos abucheadores profesionales de la clase política, en Haily, Idaho, Bob Bergdahl, el padre del joven prisionero, ha librado una larga lucha por la liberación de su hijo. El calvario del hijo y el activismo disciplinado y contemplativo del padre muestran otra cara de la guerra de Estados Unidos en Afganistán.


Aún se desconoce exactamente qué sucedió aquella noche en que Bowe Bergdahl desaparició en la provincia de Paktika. Sean Smith, un documentalista del periódico The Guardian, conoció a Bergdahl un mes antes de su desaparición.


"Bowe era un tipo que hablaba con calma, era inteligente y atento", escribió Smith sobre el soldado ahora liberado. Smith realizó dos videos excepcionales, uno con imágenes registradas en Afganistán y otro filmado en Idaho, en el que se muestra el incansable trabajo de Bob Bergdahl no solo para que liberen a su hijo, sino también para comprender la misión de Estados Unidos en Afganistán. El soldado Bowe no aparece en los documentales de Smith, pero sí dos de sus compañeros de unidad, que son parte de un inseparable grupo de cinco o seis personas.


En el video, uno de los soldados, le dice a Smith: "Esta gente solo quiere que se la deje en paz".


El otro compañero de Bowe, prosigue: "Los rusos los jodieron durante 17 años y ahora vinimos nosotros".


Y continúan: "Lo mismo ocurrió en Irak cuando estuve allí. Esta gente solo quiere que la dejen tranquila, celebrar sus cosechas, sus bodas, ese tipo de cosas. Eso es todo".


Pocos días después de esta entrevista a sus compañeros, Bergdahl desapareció. Smith me dijo: "Muchas personas que servían en el Ejército en Afganistán estaban expresando preocupación acerca de lo que estaban haciendo allí o acerca de lo que les dijeron que fueron a hacer allí y de lo que pensaban que estaban haciendo. No criticaban la cadena de mando, sino que estaban cuestionando la guerra y el concepto que hay detrás. Varios soldados estadounidenses plantearon inquietudes y cuestionamientos".


De regreso en Idaho, Smith caminó junto con el padre de Bowe hasta llegar a un remoto campamento cubierto de nieve en medio de las montañas. Bob Bergdahl se había dejado crecer una larga barba y estaba estudiando el idioma Pashto para poder comunicarse con la gente de Afganistán.


En el documental, Bergdahl dice acerca de su hijo: "No estaba allí por razones de seguridad nacional. No estaba allí porque perdió a un amigo cercano el 11 de septiembre. Estaba allí porque fue educado para sentir compasión. Sé que esa fue la motivación de Bowe, ayudar a estas personas. Ese es el modo en que muchos estadounidenses conciben la guerra: somos una especie de Cuerpo de Paz con armas y esa es una misión imposible".


Inmediatamente después, se ve a Bob Bergdahl mirando un video de Martin Luther King Jr. en 1967, cuando pronunció su famoso discurso "¿Por qué me opongo a la guerra de Vietnam?". Bergdahl reflexiona: "¿Cómo vamos a enseñarles a al menos dos generaciones de niños de este país que tenemos cero tolerancia a la violencia cuando, al mismo tiempo, ocupamos dos países de Asia durante casi una década? Es esquizofrénico. La finalidad de la guerra es destruir. No se la puede utilizar para gobernar".


Se está prestando mucha atención al grupo de personas que solicita que Bowe Bergdahl sea sometido a un consejo de guerra. Media Matters, un observatorio de los medios de comunicación sin fines de lucro ha documentado la implacable campaña del canal Fox News contra Bergdahl y la demonización de su familia. Mientras tanto, el New York Times puso en duda la afirmación reiterada incansablemente por la CNN, MSNBC y otros medios de que de seis a ocho soldados murieron mientras buscaban a Bowe Bergdahl en las semanas y los meses posteriores a su desaparición.


Otras personas, quizá mejor informadas, a quienes los medios de comunicación dominantes conceden muy poco espacio, tienen respuestas más matizadas con respecto al intercambio de prisioneros de guerra. El Coronel retirado de la Fuerza Aérea Morris Davis, principal fiscal militar de la prisión de la Bahía de Guantánamo hasta que renunció en 2007, me dijo: "No conozco ninguna guerra que haya terminado sin que las partes negocien o debatan. Simplemente no sé cómo se pone fin a una guerra sin hablar con el otro bando".


En respuesta a la crítica de que los cinco prisioneros de Guantánamo que fueron intercambiados por Bergdahl eran terroristas de alto nivel, Davis afirmó: "Muchos políticos, incluido John McCain, han intentado utilizar esto para mostrar al Presidente Obama como débil. Creo que es un discurso falso y, lamentablemente, demasiadas personas lo han creído. Se está intentando pintar un panorama de que las fuerzas estadounidenses capturaron a estos hombres en medio de la batalla y que en el proceso se perdieron vidas y eso no fue lo que sucedió. Durante el tiempo que fui fiscal principal en Guantánamo investigamos a todos los presos y nos centramos en alrededor de 75 que podían ser acusados de cometer algún delito. Cuando vi los nombres el otro día, no los reconocí. Tuvimos más de 12 años para probar que habían cometido algún delito del que acusarlos. Estoy seguro de que si hubiera sido el caso, lo hubiéramos hecho, pero no fue así."


Cuando le pregunté al Coronel Morris si calificaría a estos hombres que han sido liberados y enviados a Qatar también como prisioneros de guerra, me respondió afirmativamente.


El difunto periodista de la revista Rolling Stone Michael Hastings publicó varias notas sobre Bowe Bergdahl en las que cita correos electrónicos enviados por Bowe a sus padres, que son muy críticos de la ocupación de Estados Unidos en Afganistán. Bowe escribió: "Lamento todo lo ocurrido aquí". Al final del video de Sean Smith, se escucha a Bob Bergdahl decir sobre la guerra de Estados Unidos en Afganistán: "Creo que se trata del ocaso del tejido moral estadounidense. Aquí se origina el sentimiento de culpa, porque te dicen que estás ayudando, pero por dentro sabes que no es así".


Traducción al español del texto en inglés: Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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