Viernes, 28 Abril 2017 15:32

Quien financió debe pagar

Con la materialización del Acuerdo de paz firmado entre el Gobierno y las Farc, mientras la Justicia Transicional de Paz avanza, la preocupación de quienes promovieron la guerra crece. Décadas atrás suministraron recursos, equipos e información a paramilitares, hoy aparecen vinculados. Justifican su proceder diciendo que fueron víctimas de extorsión a lo que es un crimen conexo a los crímenes de lesa humanidad: concierto para delinquir agravado. Pero, ¿será que la Fiscalía bajo la dirección de Néstor Humberto Martínez tomará la función acusadora para evitar que perviva la impunidad?

 

Con antecedentes en los años 70 del siglo XX, el paramilitarismo logra consolidarse en la década de los ochenta como actor armado con poder y presencia regional. Por aquellos años –además de accionar de manera militar– se presentan como actores políticos en el Magdalena Medio, especialmente en Puerto Boyacá y Puerto Berrio. Urabá también está en su mira, para extender su dominio hacia Córdoba. Corrían los años 80 e inicio de los 90. Luego extienden su presencia a nivel nacional a través de la táctica de “tierra arrasada”.

 

Tanto en sus orígenes, como en medio de su anclaje territorial, logran su avance con la financiación voluntaria de terratenientes, comerciantes, políticos, industriales. Maridaje que unos y otros pretenden ocultar ahora, cuando intentan limpiar su pasado.

 

El listado

 

El escándalo nacional fue inmediato. Sucedió el año pasado, cuando el grupo de investigación “Estado, conflicto y paz” de la Universidad Javeriana dio a conocer la compilación del listado de las empresas que financiaron el paramilitarismo; listado estructurado a partir de las versiones suministradas por desmovilizados ante el Tribunal de Justicia y Paz. Al hacerse público el informe los empresarios no hicieron esperar su cuestionamiento, evidenciando su preocupación por lo que calificaron como “cacería de brujas”. Protesta reforzada, incluso, con el apoyo y defensa pública del exvicepresidente y hoy candidato presidencial. Pero para el Tribunal de Justicia y Paz en Medellín, es evidente que en Córdoba existió tal respaldo económico.

 

En el listado figuran 120 empresas y multinacionales, con más de 1.200 empresarios señalados, pertenecientes a los sectores de comercio, transporte, petróleo, electricidad, agroindustria, industria, agricultura y turismo; empresarios localizados en los departamentos de Norte de Santander, Antioquia, Córdoba, Urabá, Santander, Meta, Vichada, Chocó, Tolima, Bolívar, Nariño y Magdalena. Empresas vinculadas a esta financiación, como Postobón, que según el excomandante paramilitar Héctor Julio Peinado Becerra tienen responsabilidad en el acto denunciado, por lo que solicitó a la Fiscalía investigar. Otro caso, en Norte de Santander, relaciona a la Central Termoeléctrica de Tasajero –Termotasajero–, por la entrega a estas bandas criminales de 300 millones en mensualidades de cinco millones, así como 45.000 cartuchos para AK-47, fusiles M-16 y FAL. Uno más en la lista es Jorge Gnecco Cerchar, quien a mediados de los 90 era contrabandista de la multinacional del carbón Drummond, en el sector transporte de las minas del Cesar a Ciénaga Magdalena, y quien fuera amigo de Vicente Castaño.

 

Aparecen también implicados: el canal RCN televisión, por presentar a Carlos Castaño Gil como líder de la lucha contra la subversión. El terrateniente Carlos Lacouture Dangond, que como empresario bananero presionaba al sindicato Sintrainagro a través del Frente William Rivas del Bloque Norte; la Federación Nacional de Ganaderos, relacionada con Salvatore Mancuso y el Bloque Catatumbo. Otros vinculados con reconocimiento nacional: el expresidente de Avianca Edgar Lenis Garrido, las centrales eléctricas de Norte de Santander, Ecopetrol, el difunto Victor Carranza, la Sociedad de Agricultores y Ganaderos de Nariño, Maderas del Darién, Cementos Diamante, Granahorrar, Comfenalco, Conavi, Coltejer, Codensa, Cementos Argos, entre otros.

 

En el plan para combatir a la insurgencia se montó un rentable negocio para la represión, apropiación y despojo de tierra. Los recursos para mantener esos ejércitos de terror salían del cobro del gramaje a narcos, de cuotas fijas para las Convivir promovidas por Álvaro Uribe y procedentes de pagos realizados por todo aquel que ejerciera actividad económica, pero también de recursos aportados voluntariamente por parte de ganaderos, mineros, transportadores, comerciantes, arroceros, dueños de casa de cambio y demás empresarios.

 

La acusación

 

Un equipo de la Fiscalía 128, delegada ante Jueces Penales del Circuito Especializado solicitó, ante la Unidad Nacional de Justicia y Paz, que la financiación de grupos paramilitares sea considerada como concierto para delinquir agravado y un delito de lesa humanidad, dado que Colombia ratificó el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional donde son delitos imprescriptibles e imputables al individuo que los comete. Sin embargo, nuestro país no ha suscrito la Convención de Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y Crímenes de Lesa Humanidad, lo que prolonga la real posibilidad de que la impunidad perviva.

 

Partamos del hecho de que la estructura paramilitar cometió genocidio, desplazamiento forzado, desaparición, tortura, homicidio, terrorismo, tráfico de estupefacientes, secuestro, extorsión, enriquecimiento ilícito, lavado de activos, testaferrato y financiación o administración de recursos para el terrorismo, un delito conexo a los anteriores y que contribuyó para el ataque de forma sistemática y generalizada en contra de la población civil.

 

Urabá, el caso puntual

 

Este territorio, estratégico para el tráfico de armas, insumos químicos y drogas, comprende los departamentos de Chocó, Antioquia y Córdoba, e incluye el Valle del Sinú y el Rio Atrato; allí su población ha vivido en turbulencia constante y en permanente conflicto. Con la desmovilización del Epl, la violencia no mermó. La existencia de disidencias guerrilleras, los atentados a desmovilizados por parte del Quinto Frente de las Farc y el surgimiento de cinco grupos paramilitares –“Comandos Populares”– contando en sus filas con exmilitantes del Epl, prolongó y multiplicó allí el conflicto armado.

 

Factores que recrudecieron aún más el conflicto. En la región el propio Fidel Castaño aportó dotación, y con sus hermanos prepararon a siete mil hombres bajo el mando de alias “Doble cero”. También Yair Klein entrenó a escuadrones paramilitares en las fincas bananeras, tales como Honduras, La Negra, Punta de Coquitos del corregimiento de La Nueva Colonia, en el municipio de Turbo.

 

Según el sistema de información de Justicia y Paz, entre 1995-2004 el grupo paramilitar Bloque Bananero de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá cometió los siguientes crímenes:

 

Es allí donde Raúl Emilio Hasbún Mendoza, alias “Pedro bonito”, se convertiría en el hombre fuerte de los hermanos Castaño. Empresario bananero, vio en esta circunstancia la oportunidad de lucrase con el despojo de tierras, para lo cual conformó el Frente Arlex Hurtado del Bloque Bananero de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, obteniendo entre los años 1996–2004 apoyo como Convivir.

 

Como empresario con asiento en Urabá sabía cuánto cobrar. Tras una reunión consentida con empresarios y comerciantes estos aceptaron de manera voluntaria entregar tres centavos de dólar por cada caja de banano exportada, así como cancelar entre 8.000 a 12.000 pesos por cada hectárea vigilada. Periodo de violencia desenfrenada contra dirigentes y activistas sindicales. Por ejemplo, entre los años 1991–2007 Sintrainagro registró 590 asesinatos entre sus afiliados.

 

Con la llegada de los Castaño, que ya tenían negocios en narcotráfico y esmeraldas, el proyecto paramilitar toma más forma en Urabá. Conforman el grupo paramilitar Los Tangueros en 1988, y convocan a los empresario para las primeras masacres en las fincas Honduras y La Negra, del sector de Punta Coquitos, corregimiento Nueva Colonia, ocultando su operatividad a través de la Asociación Convivir Papagayo, la cual entre 1998-2003 recibió más de siete mil millones de pesos; la misma organización que después de su “desmovilización” se convierte en la Asociación de Servicios Especiales de Vigilancia y Seguridad Privada de Urabá, a través de la cual recibirían otros 600 millones más. Fueron cerca de 194 empresarios los que entre los años 2001–2004 aportaron más de mil seiscientos millones de pesos.

 

Un caso sonado entre estos empresarios fue el de Banadex, Filial de Chiquita Brands, que incluso llevaba la contabilidad de lo que entregaban y por lo cual una Corte Federal de la justicia norteamericana le impuso en 1997 una multa de US$2.5 millones de dólares. Empresa que también permitió que a la terminal de carga del puerto de Urabá llegaran 3.400 fusiles AK-47 y cuatro millones de cartuchos 7.65. Una vez más se confirma que las Convivir fueron el motor del paramilitarismo, con 414 grupos en 24 departamentos, y con cerca de 120.000 personas vinculadas.

 

¿Impunidad?

 

Avanzar en esta investigación no será fácil, pues algunas empresas fueron adquiridas por otras, lo que dificulta la búsqueda de verdad, justicia y reparación. Por ejemplo, Chiquita Brands se fusionó con la empresa irlandesa Fyftes; Coltejer fue comprada en un 60 por ciento por Kaltex, textilera mexicana; Cadenalco fue comprada por Almacenes Éxito; Termotasajero comprada por inversionistas extranjeros; Cementos Diamante comprado por Cemex México.

 

De igual manera, la impunidad toma forma por la demora en los procesos judiciales, un ejemplo de lo cual es el ganadero Rubé-n Darío Obando, implicado directamente con las Convivir, por lo cual tiene cinco investigaciones en la Fiscalía sin que ninguna avance. Otra joya es la que protagoniza Disney Rolando Negrete Polo, quien creó un grupo armado pese a lo cual recibió por parte del Consejo de Estado una millonaria indemnización por una incursión de la guerrilla.

 

Como se ve, mucha tela por cortar. ¿Se sabrá algún día la verdad? Con la llegada a la Fiscalía de Néstor Humberto Martínez la respuesta está en veremos.

Publicado enEdición Nº234
Torturas, violaciones y asesinatos el pan de cada dia

De nuevo, nuestra Comunidad de Paz deja constancia de los nuevos hechos ante el país y el mundo, al mismo tiempo que el Gobierno Colombiano se niega a aceptar la presencia paramilitar en nuestros territorios. En los últimos días en San José de Apartado los paramilitares asesinaron al joven Yhovani Valle Guerra, violan a una menor, torturan, amenazan, roban gallinas y alimentos de la canasta familias sustento de las familias campesinas, mientras el gobierno se complace desde sus instituciones en afirmar que paramilitares no hay, razón sustentada en la peor infamia que cobra vidas humanas:


• El sábado 28 de enero de 2017, en horas de la tarde, una comisión humanitaria integrada por miembros de nuestra Comunidad de Paz y acompañantes internacionales al momento que se trasladaban entre Mulato y San Josecito, fueron sorprendidos por un grupo de paramilitares acantonados en el filo de chontalito, al percatarse de la presencia internacional intentaron esconderse entre la manigua.


• El martes 31 de enero de 2017, un grupo de paramilitares que vienen haciendo presencia en la vereda Mulatos y la Resbalosa, han ingresado a varias viviendas de los campesinos, donde se han robado gallinas , ropas y los víveres de abarrote sustento de las familias campesinas.


• El miércoles 1 de febrero de 2017, hacia las 17:20 horas en la vereda Mulato en el paraje de el barro, una comisión humanitaria integrada por miembros de la Comunidad de Paz y acompañados por organizaciones internacionales al momento que se trasladaba a la vereda mulatos, fue sorprendida por un grupo de paramilitares acantonados en el sitio. El grupo paramilitar fueron sorprendidos encapuchados, camuflados, portando armas largas y con las insignias AGC.


• Este mismo miércoles 1 de febrero de 2017, hacia las 19:00 horas, un grupo de paramilitares irrumpió la Aldea de Paz ‘’Luis Eduardo Guerra’’, propiedad privada de la Comunidad. Los sujetos manifestaron que tienen orden para pasar por donde les de la hp gana. Después de varios minutos, los sujetos se retiraron al percatarse de la presencia internacional en el sitio. No sin antes advertir que a esos sapos hp miembros de la comunidad serán asesinados.


• El este mismo miércoles 1 de febrero de 2017, a las 12:00 horas, tres sujetos motorizados y portando armas cortas, ingresaron al asentamiento de San Josecito, averiguando por el líder comunitario del lugar, al percatarse que no estaba, los sujetos se retiraron.


• El jueves 2 de febrero de 2017, hacia las 5;00 horas en la vereda Mulatos, un grupo de paramilitares ingreso a la vivienda del campesino de nombre Wilmar a quien amenazaron de muerte.


• Este mismo jueves 2 de febrero de 2017, hacia las 9:00 un contingente paramilitar incursiono en la Aldea de Paz en la vereda Mulato, allí mantuvieron a dos familias de nuestra comunidad retenidas por varios minutos a quienes amenazaron de muerte, anunciando que a los gringos no los van ha asesinar pero que a esa parranda de sapos de la comunidad si.
Nos negamos a renunciar a nuestros principios, nos afirmamos a permanecer en nuestros territorios, nos reusamos a abandonar nuestro proyecto de vida, no retrocederemos un centímetro, pese al riesgo de ser torturados o asesinados.

Comunidad de Paz de San José de Apartadó
febrero 2 de 2017

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Martes, 18 Agosto 2015 07:30

Las cifras de la deuda en el año 2015

Las cifras de la deuda en el año 2015

Resulta evidente que la deuda externa se ha convertido en un "instrumento de bombeo de recursos económicos de los países en desarrollo a los países acreedores".


El Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo reedita en 2015 su informe Las cifras de la deuda en el que, desde hace años, busca describir el "sistema deuda" del que se ha revestido la globalización. Exponen todo un elenco de datos que no deja lugar a dudas de quién se beneficia con este sistema. Gracias al estudio podemos ver cómo el mecanismo que se usó en un principio en los llamados países del Sur, se ha ido aplicando también en el Norte, especialmente a partir de 2008.


Deuda y desigualdad


Una de las ideas que este documento quiere resaltar es la fuerte relación entre endeudamiento y desigualdad. El informe habla de "escándalo mundial de primer orden" para referirse a esta situación. Para justificar esta aseveración aportan algunos datos reveladores. En 2013 el 0.7% de la población mundial (32 millones de personas) acaparaba el 41% de la riqueza, mientras que el 68.7% (3.200 millones) se tenía que repartir solo el 3% de la riqueza. Son datos que ha confirmado otro documento de Intermón Oxfam que afirma que las 80 personas más ricas del mundo tienen la misma riqueza que el 50% más pobre. Para colmo, estos datos forman parte de una tendencia que va a más: el mundo cada vez es más desigual y cada vez hay mayor concentración de la riqueza.


Según el informe, las causas del aumento de la desigualdad son tres: el empeoramiento de la participación de los salarios en el PIB, el aumento de la regresividad fiscal y el aumento de las desigualdades de género.


La deuda del sur


En la génesis de la deuda del Sur hay que señalar varios factores. En primer lugar, en la década de los 70 se experimenta la profundización de la globalización con su hecho más determinante, la liberalización de los movimientos de capitales. Además, en aquellos años los bancos occidentales se encontraron con liquidez extra gracias a los petrodólares, que necesitaban invertir para obtener beneficio.


Por otro lado, los países pobres, que necesitaban fondos para financiar proyectos para industrializarse, aceptaron gustosamente los préstamos que les ofrecían. Las condiciones de éstos incluían tipos de interés variable, que los hicieron atractivos en principio. Estos tipos estaban vinculados al tipo de interés oficial estadounidense, el cual subió enormemente a finales de los 70. De unos tipos del 4-5% se pasó al 16-18%. A ello se unió la caída de los precios de las materias primas de las que tan dependientes eran los países en desarrollo. De la noche a la mañana, el monto a reembolsar era mucho mayor, mientras los ingresos decrecían. El mecanismo por el cual un préstamo inicial se convertía en una bola de nieve que iba en caída y aumentando su volumen estaba en marcha.


Las cifras muestran a las claras que el problema no hace más que aumentar. Desde los años 70 hasta 2012 los montos de África y Oriente Medio, por un lado, Asia y países PECOT, por otro, y, finalmente, América Latina, se multiplicaron por 73, 102 y 165 veces, respectivamente.


Sin embargo, el dato que delata la flagrante estafa del mecanismo de la deuda salta cuando calculamos cuántas veces se ha pagado el monto inicial. África y Oriente Medio pagaron 145 veces su deuda inicial, Asia (y PECOT) 163 veces, pero la palma se la lleva América Latina, que ha pagado 407 veces su monto inicial. Resulta evidente que la deuda externa se ha convertido en un "instrumento de bombeo de recursos económicos de los países en desarrollo a los países acreedores". Tanto es así, que si se calculan las transferencias netas se puede concluir que los "países en desarrollo son acreedores netos de los países desarrollados".


La deuda del norte


La génesis de la deuda del Norte nos es más conocida puesto que su explosión se da con la crisis de 2008. Para el caso europeo, en el informe nos señalan cuatro causas. Primera: los ingresos tributarios han ido decayendo debido a las políticas neoliberales de adelgazamiento del Estado. Además y debido a Maastricht, se impide que los Estados se financien por medio de bancos centrales, lo que resulta bastante más caro. En tercer lugar, las medidas de austeridad fervientemente aplicadas y, por último, los rescates bancarios realizados en toda la Unión Europea.


La gigantesca suma de dinero entregada solícitamente a los bancos, además de ayudas como avales y otras garantías, supone una sangría sin igual. Se trata, como dice el informe, "de una verdadera bomba de tiempo para los Estados que, además de la socialización de las pérdidas, socializan los riesgos de las finanzas privadas".


De tanta gravedad como el hecho anterior es la mencionada imposibilidad de que los Estados se financien a través de bancos centrales. Esto conlleva que los Estados paguen un precio mucho más alto para financiarse. Se ha calculado el sobrecoste pagado por algunos países. Por ejemplo, si Bélgica hubiera tenido un banco central que le financiase, su deuda habría estado alrededor de 34% en 2012, en lugar del 100% que acumuló. Para el caso español, Eduardo Garzón ha calculado que tal dato habría sido del 14% en lugar del 87%.


El informe también describe la evolución de la deuda de los Estado Unidos, cuyo vertiginoso aumento hunde sus raíces en la década de los setenta, cuando se instaura el "sistema deuda" que hoy conocemos. Con la crisis, las cifras del rescate bancario estadounidense son escandalosas y alcanzan más de 3 billones en ayudas directas.
Un mismo sistema


A pesar de que las génesis de la deuda del Sur y del Norte tengan diferencias, encontramos similitudes sobre todo en los mecanismos que las generan y agravan y en las consecuencias que ocasionan.


En primer lugar, cuando estallan las crisis de deuda la reacción clásica ha sido recetar medidas de austeridad, que acaban empeorando la situación y convirtiendo el endeudamiento en estructural. Comienza una espiral que se retroalimenta y de la que no se puede salir. Estas políticas conllevan el progresivo empobrecimiento de la mayor parte de la población, junto con la creciente acumulación de recursos por parte de las élites. Las desigualdades se agravan y el poder de los ricos aumenta, propiciando el llamado goteo inverso. Esta es la situación en la cual las rentas de las capas bajas son absorbidas (por medio de los intereses de los permanentes préstamos, la socialización de las pérdidas, las amnistías fiscales...) por el 10% más rico.


En conclusión, "el sistema deuda implica la utilización de recursos públicos para pagar a los acreedores en detrimento de la satisfacción de necesidades y derechos de la población". No dejen de leer el informe si quieren saber qué propone CADTM para intentar parar esta rueda.

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Sábado, 08 Junio 2013 07:40

Las hazañas del embajador en Washington

Las hazañas del embajador en Washington

El artículo 72 de la Ley 160 de 1994 determina que las tierras baldías del Estado solo se les pueden adjudicar a pobres del campo y en extensiones de una UAF –área que varía según la región– y que nadie podrá comprar esas fincas para sumarlas con otras del mismo origen y constituir una gran hacienda. A continuación se explica la manera como la conocida firma de abogados Brigard & Urrutia –de Carlos Urrutia, embajador de Colombia en Washington– le diseñó al Ingenio Rio Paila Castilla la manera de violar dicha norma, para adquirir decenas de miles de hectáreas en el Vichada y montar una plantación de palma (proyecto Veracruz).

 

Lo primero que hicieron fue constituir 27 Sociedades por Acciones Simplificadas (SAS), que presentaron como si cada una tuviera un único propietario, el abogado Francisco José Uribe Noguera, socio de Brigard & Urrutia. Cada una de ellas apareció con un capital suscrito de 100 mil pesos y con uno pagado de cero pesos y dieron como su dirección la misma de Brigard & Urrutia. El número 27 sale de que así se crea la ficción de que no están montando una sola gran empresa sino varias pequeñas, que no superan la medida límite de la UAF, y que por tanto no se viola la ley. A continuación, Rio Paila Castilla apareció prestándoles a las 27 SAS cuarenta mil millones de pesos, con las que estas compraron, ilegalmente, 41.300 hectáreas.

 

A paso seguido, les dieron a las SAS una muy llamativa vuelta por Europa. Uribe Noguera cedió, gratuitamente, la propiedad de esas sociedades a cinco firmas españolas, que pertenecen a otras cinco que fueron constituidas por la sociedad Asturias Holding S.A.R.L., con domicilio en Luxemburgo, paraíso fiscal de mala fama. Una telaraña difícil de desentrañar. Al final, Deloitte & Touche, revisor fiscal de Rio Paila Castilla, certificó que Asturias Holding, las 27 SAS y las 41.300 hectáreas son de Rio Paila Castilla, que además las registró como suyas en la Cámara de Comercio de Bogotá (http://db.tt/0eHE3vxw).

 

Además de la flagrante violación de la Ley 160, porque Rio Paila Castilla compró lo que tenía prohibido comprar, las autoridades deberán desentrañar por qué intentaron ocultar en el exterior esas operaciones, determinación que podría explicarse por el objetivo de encubrir otras ilegalidades. Por denuncias ciudadanas, en abril de 2013, el Incoder informó sobre este caso a la Presidencia de la República (Juan Mesa), la Secretaria Anticorrupción, la Dian, la UIAF y las superintendencias de Notariado, Sociedades y Financiera. A esta última le pidieron investigar desde 2011.

 

Una de las cosas más graves en torno a estos hechos escandalosos, y a otros iguales que involucran también a grandes empresas, fue el proyecto de ley presentado por el ministro Juan Camilo Restrepo tendiente a establecer que la parte de la Ley 160 que prohíbe concentrar las UAF solo rige después de 1994, y no desde 1961 (Ley 135), como hoy ocurre. Si lograran ese cambio, se legalizarían treinta años de ilegalidades, incluidas por lo menos once de las compras realizadas por las SAS de Rio Paila Castilla.

 

Es evidente que la firma Brigard & Urrutia le diseñó a Rio Paila Castilla una operación jurídica y económica –un producto– tendiente a violar el artículo 72 de la Ley 160 de 1994 y que esa maniobra incluyó ocultarla en el exterior. Y hay que rechazar la explicación de Carlos Urrutia de que él carece de toda responsabilidad en esas ejecutorias, porque –alega– vendió sus acciones en la empresa una vez Santos lo nombró embajador en Washington, en agosto de 2012. Porque las ilegalidades se desarrollaron durante 2009, 2010, 2011 y 2012, cuando Urrutia era el jefe y principal accionista de su empresa. ¿Acepta el presidente de la República tan peregrina explicación de su embajador ante Estados Unidos?

 

Es conocido el propósito de Santos y Restrepo de quitarle al campesinado millones de hectáreas que hoy por derecho legal y constitucional le pertenecen, para pasárselas a unos magnates nacionales y ojalá extranjeros. Incluso, han armado un discurso que reza que lo hacen por su incontenible amor por los pobres, a quienes llevarán a la felicidad, una vez logren despojarlos de sus fincas. Para ese objetivo se han diseñado productos jurídicos legales, pero también ilegales, que es diferente, como este de Carlos Urrutia, el embajador de Colombia en Washington. Santos tiene la palabra.

 

Jorge Enrique Robledo, Bogotá, junio 7 de 2013

 

 

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Miércoles, 12 Septiembre 2012 12:06

Expedición al río Ranchería (Parte I)

Expedición al río Ranchería (Parte I)
Relatos que cuentan los pobladores que para su desgracia están asentados en lugares de proyectos mineros y que comparten, independientemente de la geografía, la misma suerte, la de ser objeto de patrañas, coacciones, amenazas, señalamientos, humillación, despojo y miseria.

Asentamiento-Tamaquito
Por: Gloria Inés Escobar
 
 
Tal vez algunas personas de las que no vivimos en La Guajira estemos enteradas de la problemática por la que atraviesan algunas comunidades afro e indígenas de la zona, comunidades que llevan padeciendo por 30 largos años la presencia de las empresas multinacionales mineras que a cielo abierto arrancan el carbón de las entrañas de este suelo. Puede ser que otras más hayan leído algo sobre lo que allí pasa, sobre lo que esta actividad extractiva significa para sus pobladores. Quizás algunas estén enteradas del proyecto de expansión minera que pretende adelantar la multinacional Cerrejón el cual contempla la desviación del río Ranchería, la sangre del territorio, al decir de los lugareños, en un tramo de 26 kilómetros. Pero una cosa es tener información sobre ello desde la distancia y otra, tener la oportunidad de verificar la situación en que esta población vive; conocer de primera mano la lucha desigual, pero firme, que vienen dando las comunidades en contra de una actividad que no les reporta ningún progreso; y recorrer el territorio para ser testigos de las consecuencias ambientales, sociales y culturales que ha ocasionado la explotación del negro mineral.

Esta crónica pretende relatar lo que vimos y sentimos durante la expedición al río Ranchería más de 100 personas en los días 16 al 20 de agosto, programada y coordinada por las comunidades afectadas como parte de la lucha de resistencia que vienen librando contra los atropellos de la empresa El Cerrejón, expedición que se realizó con el acompañamiento de otras comunidades y personas que han hecho suyos el dolor y sufrimiento del pueblo guaireño.

La llegada a La Guajira


A las 6:30 a.m. del día jueves 16 de agosto nos despertamos de nuestra primera noche en el resguardo Wayuu de Provincial, creado en 1988 y ubicado en el centro de la Guajira, noche de descanso después de una dura jornada de 20 horas de viaje. Después de bañarnos, con agua tirada porque en Provincial como en los caseríos no hay servicio de acueducto, nos dirigimos a casa de Luis Emiro Guariyu, uno de los líderes indígenas de la comunidad. Allí fuimos amablemente recibidos y obsequiados con un desayuno propio de la región: yuca, queso y chicha (pero no la chicha que nosotros conocemos que es fermentada sino una deliciosa bebida de maíz). Tuvimos allí la oportunidad de escuchar a Emiro quien empezó a adentrarnos en la problemática que estas comunidades, la suya y las aledañas, llevan padeciendo a causa de El Cerrejón.

La casa de Emiro, como las de la mayoría del resguardo que se asienta en tierra desértica, está construida en barro y cercada de cactus y vegetación propia de la zona, a pocos metros de allí se accede al rio Ranchería que constituye el límite del territorio por el lado oriental. Desde allí se puede ver la montaña de escombros, de gran extensión, en la que la empresa vierte sus desechos. Desde allí también se escucha un ronroneo intermitente, el ruido constante de los vehículos pesados en los que El Cerrejón traslada el mineral.

Después de esto regresamos al colegio del resguardo, sitio que fue acondicionado para recibir a los expedicionarios, una edificación en ladrillo que aún no está terminada por completo y que cuenta con amplios espacios, salones, comedores, salas de reunión y por supuesto, aulas. Ese día los niños de la comunidad llegaron a recibir sus clases y para nosotros como para ellos, encontrarnos fue un evento lleno de curiosidades, ellos nos indagaban y observaban y nosotros hacíamos lo propio. La empatía surgió al momento. Desde nuestra llegada nos sentimos como en casa.

A medida que transcurría la mañana el colegio se llenó de risas, de saludos, de hamacas y chinchorros desplegados por todos lados, de carpas ubicadas en cada sitio posible, de caras y rostros nuevos, una amalgama de vida que nos presagiaba una experiencia plena de sorpresas. Las mujeres wayuu iban y venían, unas aprovisionando los baños con agua para que quienes llegasen pudieran utilizarlos y asearse; otras, en la cocina trabajan como hormigas para preparar el almuerzo; algunas coordinaban la logística del evento en sí. La gente del resguardo que iba llegando hasta este sitio de reunión, se nos acercaba, nos daba su mano y su sonrisa, nos daba la bienvenida, todo el colegio era un bullir de vida de comunidad. Había también tal explosión de actividad que era difícil elegir qué observar, con quién hablar, qué hacer, el colegio se volvió un hormiguero completo. Desde este momento tuve entonces la certeza de que el tiempo sería escaso para tomar todo lo que la expedición ofrecería. Desde entonces también tuve la sensación, que jamás me abandonó, de que allí sin ser wayuu, ni afro, ni guajira, era hermana de ellos; que su causa hasta ahora apenas dibujada para mí, era también la mía; que su dolor y su rabia también eran los míos. Desde entonces me sentí parte de la comunidad, sentimiento que creció en la medida que pasó el tiempo.

Después de un delicioso y abundante almuerzo, ocupamos parte de la tarde en saltar de aquí a allá, de escuchar las voces de las líderes, de los indígenas, de los guajiros que tenían mil historias sobre lo que El Cerrejón había traído a sus vidas. Nos enteramos de las mil y una estrategias que la compañía utiliza para obtener lo único que quiere y busca, el carbón de La Guajira, lo demás, el discurso de la responsabilidad social, del progreso y bienestar para la comunidad, era simple engaño.

Escuchando estas historias, mirando sus rostros en un instante teñidos de tristeza, en otros, pintados de coraje; escuchando sus voces que por momentos se quebraban no podía dejar de recordar que experiencias similares las había escuchado de labios de la gente de Marmato que padecen a la Gran Colombia Gold y en general de los relatos que cuentan los pobladores que para su desgracia están asentados en lugares de proyectos mineros y que comparten, independientemente de la geografía, la misma suerte, la de ser objeto de patrañas, coacciones, amenazas, señalamientos, humillación, despojo y miseria por parte de empresas que si bien tienen diferentes nombres y provienen de diversos países tienen en común el representar a las potencias colonialistas que ven, en países como el nuestro, una despensa de recursos que nuestro gobierno, el que esté de turno, les concede sin mayor reparo.

Al escuchar los relatos de las infamias recibidas resultaba inevitable el comparar las estrategias utilizadas en cada caso para obtener la anuencia, el respaldo y la simpatía de los pobladores; todas estas empresas echan mano del mismo paquete de engaños (desde la seducción, pasando por el soborno, la compra de conciencias y voluntades hasta llegar a la coacción y la amenaza) para vender ilusiones a la comunidad y así poder allanar su camino de arrasamiento.

El acto de instalación del evento fue breve y sobrio. Se presentaron los objetivos, la metodología de trabajo y un acto cultural que consistió en la declamación de unos poemas de resistencia de Rogelio Ustate, poeta popular de Barrancas, y unos bailes representativos de la región que efectuaron niñas y niños wayuu. Después de esto se invitó a que los participantes en la expedición que se iniciaría al día siguiente, se presentaran. Los expedicionarios eran tanto nacionales como extranjeros.

El objetivo principal de la expedición podría resumirse en que personas de otras regiones y otras latitudes a través de un recorrido por parte del cauce y la cuenca del río Ranchería, así como de parte del territorio, pudieran observar y documentar directamente la contaminación y el deterioro tanto del ecosistema como de la calidad de vida de los pobladores de la zona y se sumaran a las voces que dicen NO al proyecto que tiene la empresa de desviar el río 26 kilómetros para extraer el carbón que custodia el rio en su lecho. Objetivos que fueron no solo conseguidos sino rebasados, pues la expedición nos permitió verificar que efectivamente la dimensión de lo que le ocurre al territorio, a su fauna y flora, y a su gente, con la presencia de este proyecto minero, es enorme; sus consecuencias son devastadoras.
La expedición contemplaba 6 recorridos por diferentes zonas. Nosotros elegimos el que abarcaba caseríos de concentración afro como Chancleta, Patilla, Roche y el asentamiento wayuu de Tamaquito.

Empieza la expedición


El viernes, 17 de agosto, después de bañarnos, desayunar y arreglar el morral, nos reunieron los coordinadores de nuestro grupo, uno de los cuales, Rogelio, nos obsequió a cada uno de los integrantes una totuma en la que estaban grabadas frases como Memoria y Reflexión, El Cerrejón miente, El río Ranchería es la sangre de la Guajira. Esta totuma, utensilio bastante común en las cocinas, nos sirvió mucho durante toda la estadía para recibir las bebidas que por causa del sofocante calor hay que estar ingiriendo. Los coordinadores nuestros fueron Rogelio, más conocido como el poeta, un hombre afro bastante locuaz y festivo, y Yalenis (Yale) una mujer fuerte y de palabra clara. Como apoyo nos acompañaba Roberto –miembro de la comunidad afro de Roche- y Jairo -el gobernador de los wayuu del asentamiento de Tamaquito. Además nos acompañaron tres voluntarios de la Defensa Civil.

El grupo estaba listo y ansioso por partir así que tomamos camino en dos vehículos para llegar a Puerto Arturo. Allí nos apeamos y sacamos lo necesario para nuestro recorrido por el río, lo demás quedó guardado en los carros que luego nos recogerían para llevarnos al lugar donde pernoctaríamos. Al inicio del recorrido lo primero que encontramos fue a un vigilante de El Cerrejón quien nos inquirió sobre quiénes éramos y lo que pretendíamos, de allí en adelante protegidos por la vegetación y a la sombra de nuestras miradas, sentimos su presencia todo el tiempo; en el recorrido no dejamos de sentirnos vigilados permanentemente, inclusive alguno de nosotros se percató de que fuimos objeto de algunas fotos por parte de ellos.

El primero en meterse al río fue el poeta, el agua le llagaba hasta la cintura así que nos dimos rápidamente cuenta que tendríamos que mojarnos casi que por completo pues aunque nos aseguraron que en todo el trayecto el río podía ser caminado, era obvio que no se trataba de una superficie uniforme así que como muchos de nosotros llevábamos celulares, cámaras y grabadoras, había un alto riesgo de mojarlos por lo que decidimos dividir el grupo en dos, unos irían bordeando el rio por la vegetación y otros iríamos por el rio, dispuestos a mojarnos por completo.

Muy pronto a nuestro paso empezamos a ver trozos de diversos tamaños de carbón, desde el minúsculo polvillo que se cuela por todas partes y forma unas vetas negras sobre la arena del río, hasta trozos muy grandes, situación que continuó durante todo el trayecto; además vimos caracoles comestibles muertos que según nuestro guía era una especie bastante sensible a la contaminación, lo que representaba una evidencia de ella en el río. El recorrido de esta jornada (aproximadamente 20 kilómetros) lo hicimos por momentos caminando y otro tanto dejándonos simplemente arrastrar por la corriente, eso sí nunca el agua nos cubrió por completo. En la medida que avanzábamos en el recorrido el poeta iba ilustrándonos sobre los nombres de los árboles y plantas que estaban al alcance de nuestra vista, nos comentaba también sus propiedades medicinales y usos tradicionales que los pobladores le daban.

Fue así como a la orilla del rio vimos muchos árboles frutales como guáimaro, guama, mamón, cotoprix, joba, pastelillos, maíz cocio, coa; también observamos algarrobos en gran cantidad, caracolíes, guayacanes, ollita de mono, guacamayos, orejeros, corazón fino, mamón de leche, piñón de maco, ceibas, morito y el misterioso laurel. Vimos también gran cantidad de arbustos y bejucos, como el bejuco de agua o bejuco blanco, el cual bota un líquido cristalino que se utiliza como colirio para la vista y puede también beberse para calmar la sed; lechoncito, bajagua, melero, caña agria, bejuco de cadena, algodón chino, saca la estaca, sonconcito, verdolaga, bejuco de clavo, araña gato, jovito, guácimo, guayacán chaparro. Todas estas plantas, arbustos y bejucos, son medicinales y utilizados ancestralmente por las comunidades afro asentadas a orillas del río Ranchería.

Tuvimos la oportunidad de ver una manada de monos aulladores, los cuales nos dieron, por un buen rato, el maravilloso espectáculo de observarlos, mientras que el poeta nos comentaba que antes se veían muchas más manadas y que ahora eran más bien escasas.

En el trayecto era imposible no pensar en que toda esa exuberancia, esa variedad de vegetación, ese tiempo concentrado en esos enormes árboles ya maduros que nos regalaban una sombra siempre apreciada en medio de un calor abrasador, serían arrasadas para dar paso a la maquinaria que hurgaría sin compasión las entrañas del río en busca del preciado mineral. Pensaba también frente al “remedio” que ofrece la empresa de compensar esta pérdida por medio de reforestación en otro, en la diferencia tan grande que existe entre trasladar un objeto, por grande que sea, y “trasladar” la vida, por microscópica que sea. La diferencia es sencillamente la extinción de esta última. Desviar el río significa traer la muerte.

Cuando ya estábamos cerca de nuestro destino, Chancleta, nos salimos del rio y alcanzamos tierra firme con ayuda de unas raíces que nos sirvieron de cordaje. Una vez lo logramos nos encontramos a boca de jarro con algo que inicialmente me causó confusión, una ramada en la que una mujer, doña Antonia, preparaba comida. Después de saludar y echar un vistazo al paisaje pude entender que el chinchorro que estaba a un lado, un pisco que nos miraba mientras se alejaba un poco y otra ramada un poco más al fondo, era “el sito de habitación” de una finca.  Acostumbrada, o debiera decir amaestrada, como estoy a los espacios cerrados, a las delimitaciones precisas y a los muros, encontrarme con este espacio abierto sin barreras físicas pero que constituía “una casa”, me desconcertó. Esta sensación de expansión, de liviandad, de carencia fue acrecentándose en la medida que avanzó la expedición. Doña Antonia, a quien parecía no faltarle nada para ser feliz, con toda la amabilidad del mundo nos brindó un sabroso tinto y nos indicó el camino para llegar a nuestro destino.

Emprendimos la caminata por entre el medio del campo. Seguimos como nos fue indicado un sendero plano, seco y lleno de árboles y de plantas que nos fueron presentadas en la medida que se aparecían a nuestros ávidos ojos: ají cimarrón, higueretos, ébanos, pringamoza, algarrobos, trupillo, anamú…, también vimos algunas reses flacas. El poeta nos dijo que el ganado ahora se moría de hambre no solo porque estaba escaseando el pasto sino porque el que había estaba contaminado del omnipresente polvillo de carbón que se mete hasta en los pensamientos. A pesar del sol déspota que nos acompañaba, el trayecto se hizo muy agradable no solo por el paisaje sino por la infatigable voluntad de nuestro guía de enseñarnos todo lo que encontrábamos a nuestro paso. A las 12:40 en punto sentimos la explosión que cada día, a la misma hora, los lugareños escuchan, ruido que junto con el constante ir y venir de los pesados carros del Cerrejón son parte ya de la cotidianidad de la gente. Para algunos no sólo el ruido hace ya parte del paisaje sino la gigante polvareda que se levanta por causa de la explosión, así nos lo comentaron pobladores de Casitas, caserío adscrito al municipio de Barrancas.

Terminamos de atravesar el campo y llegamos a un camino ancho -la mayoría de caminos es bastantes ancho-. Al lado derecho estaba lo que quedaba de Patilla, un caserío en ruinas, desolado, clara evidencia del paso de El Cerrejón por él. Allí, ya cansados, tomamos el camino de la derecha que nos conduciría a Chancleta. En el camino encontramos ruinas de una construcción que había sido una tienda y que aún conservaba de modo legible un cartel que ostentaba todavía su nombre, “El progreso”. Allí buscamos un poco de sombra para burlar un poco el sol que sin ninguna compasión nos golpeaba con fuerza. Acordamos esperar al otro grupo que estaba en Patilla pero ante la demora y la fatiga que ya nos iba ganando, algunos de nosotros decidimos continuar el camino a Chancleta que estaba realmente cerca –menos de un kilómetro-. Cuando estábamos a punto de llegar nos pasó uno de los carros que nos había transportado hasta nuestro sitio de salida y que ahora llevaba a los compañeros que habíamos estado esperando. El carro los llevó a Chancleta y se devolvió por nosotros, así llegamos a nuestro sitio de descanso y el lugar en el que pernoctaríamos por dos noches, la casa de Wilman Palmesano y Mavis Rodriguez.

Reunidos en la primera habitación de la casa de nuestros anfitriones, un sitio espacioso y fresco cuyas paredes están hechas de cactus seco, y después de un sabroso almuerzo, tuvimos una interesante charla con el poeta y Wilman quienes nos ampliaron el panorama no sólo del medio ambiente en que nos encontrábamos sino también la manera como El Cerrejón destruía su vida social y cultural. El conocimiento del poeta sobre la fauna y la flora, y la denuncia contundente y llena de dolor que Wilman contó sobre lo que padecía la comunidad, nos fue llevando cada vez más a entender la dimensión del impacto de la empresa sobre la vida de los pobladores de esta parte de La Guajira. Un detalle que desde el comienzo hasta el final de nuestra estadía en Chancleta resultó constante, fue la amabilidad, la generosidad, la hospitalidad y el cariño de Wilman, Mavis, Heider y en general de toda la familia: Ignacio –Nacho- y Mireya.

Chancleta


Después de esa sobremesa nos dispusimos a ir al río a bañarnos, así a las 4.15 nos encaminamos al río que queda a unos pocos metros del caserío. Allí, ahora reunido todo el grupo, nos bañamos en medio de la alegría y la algarabía nuestra, de los niños de la casa y de nuestros coordinadores y acompañantes. Hubo tiempo para fotografías, para más conversaciones y por supuesto, para sentirnos más integrados.

Chancleta es un caserío en el que, en palabras de Wliman, viven por la gracia de Dios, 67 familias, alrededor de 280 personas, en su totalidad campesinos afro dedicados a la agricultura (plátano, guineo, yuca, patilla, frijol) y la ganadería (ovejos, cabras, ganado). Muchos de ellos crían cerdos y gallinas. Su territorio abarca 14 hectáreas de tierra poco fértil en el que las personas, los animales y las plantas le arañan lo que pueden a la tierra para sobrevivir. La pesca, cuando hay, se hace para el consumo.

El caserío tiene energía gratuita, desde el año 90, que les provee el municipio de Barrancas, al cual pertenece, por ello no es extraño que el ambiente esté normalmente ambientado por el sonido del vallenato, el ruido de las lavadoras, de algunas neveras y por las voces e imágenes que les llega a sus televisores. El agua es el verdadero problema. Toda el agua que la gente consume proviene o del rio porque la sacan de allí o de un carrotanque que pasa 3 veces por semana con agua que provee el municipio y que paga El Cerrejón, la cual es almacenada en tanques con la marca de la Empresa, que se hace visible en toda oportunidad que tiene como una manera de recordar que su omnipotente presencia en la vida de los pobladores, o como una manera de recordar que El Cerrejón es el dueño de la mayor parte del territorio y pronto lo será de todo. Su presencia en vallas, carteles y en todo lo que se pueda ubicar es para la mayor parte de la población algo así como la marca del diablo. De esa agua se reparten 200 litros a cada familia.

La gente de Chancleta es amable, abierta, desprevenida, amigable, tranquila, pero sobre todo, pobre; allí se vive al límite, al día y al asecho por la amenaza constante de una reubicación que no compensa para nada la pérdida a la que se verán sometidos por la empresa, excepto 10 familias que no clasifican para ello, de acuerdo al censo hecho por Antioquia Presente bajo las órdenes de El Cerrejón; familias que deberán contentarse con el dinero que se les dé por el valor de su predio, que como se podrá imaginar, debe ser muy poco.

La reubicación es necesaria para la empresa por cuanto necesita la tierra en que vive esta población, como antes la que pertenecía a las comunidades de El Espinal, Palmarito, Tabaco, Patilla y Roche, para expandir su minería. Recordemos que la empresa que usurpó su nombre del cerro Cerrejón, que hoy se divisa a medias desde algunos lugares porque ha sido tapado por una montaña artificial “hecha” por ella misma como un mecanismo de reforestación y compensación por la cantidad de árboles y vegetación que ha arrasado en su objetivo de arrancarle a esta tierra todo el carbón posible, es una multinacional con capitales por partes iguales de la BHP Billinton de Australia y Gran Bretaña, la Anglo América de Gran Bretaña y África del Sur y la Xstrata de Suiza.

En el año 2007 Antioquia Presente, por encargo de El Cerrejón, realizó un censo de población e inventario de activos de Patilla y Chancleta, con el fin de determinar entre otras cosas, el valor de los predios y las posesiones de los pobladores así como su procedencia y tiempo de residencia en el territorio. De allí es que en Chancleta de las 67 familias existentes, 10 no resultaron reubicables, es decir, no están contempladas dentro del programa de vivienda que la empresa ofrece en Barrancas para quienes negocien con ellos. De esta manera El Cerrejón ha dividido a la población entre los “afortunados” que pueden negociar y reubicarse, y los que no. Cuentan las mujeres de Chancleta que cuando van, por ejemplo el Bienestar Familiar a realizar programas de atención a los niños, esta institución, que es del Estado pero trabaja al servicio de El Cerrejón, como la mayoría de ellas, no atiende a los niños de los no reubicables, los deja por fuera en un claro acto de discriminación y servicio a los intereses de la empresa.

Las casas construidas en su mayoría en barro, con piso de tierra y cercadas por unas hileras de cactus, ofrecen un panorama exótico para nosotros. Allí el polvo y el calor se ven compensados con un agradable y refrescante viento que acaricia suavemente. El caserío se despliega sin orden aparente, una casa mira a la otra desde una distancia que permite sentirse amplio, extendido pero acompañado. Esto contrasta con lo abigarrado, apretado, asfixiante del espacio reducido de las ciudades en que nosotros vivimos. Aquí uno puede experimentar una sensación de libertad diferente. Todo este paisaje sería muy bello a pesar de las condiciones precarias en que vive la gente sino fuera por la basura que mancha los caminos, esa misma basura que encontramos en las avenidas de las grandes ciudades en donde al menos existe un sistema de recolección público, lo que no en estos espacios. Aquí la basura se mezcla con los animales que deambulan por el caserío en busca de alimento, evidencia del abandono a la que estas comunidades se encuentran sometidas por parte de los gobiernos locales y centrales.

Casa de Wilman Palmesano y Mavis Rodriguez.


Ya en la tarde y cuando habíamos comido suficiente, llegó un pastor pentecostal a llevarnos la palabra de Dios pues Wilman y Vanis son adeptos de esta religión. Después del sermón, que duró poco, empezamos la socialización de las experiencias de este primer día de recorrido. Cada uno de nosotros dio entonces cuenta de lo que percibió en la jornada. A las 9:00 p.m. terminamos con esta tarea, unos, los más cansados entre ellos yo que ya tenía acumulado el dolor de mi pierna la cual me había lesionado en la mañana, nos retiramos a dormir, los demás se quedaron conversando o fueron a la tienda de Ramiro donde se conseguía cerveza.

Publicado enColombia
Sábado, 03 Abril 2010 07:45

Campesinos, crisis y megaproyectos

La gran depresión de los años 30 del siglo XX forma parte de la historia del capitalismo. Quienes mejor captaron el drama humano de la crisis fueron reporteros, literatos y cineastas. Un buen ejemplo lo constituye Las uvas de la ira, novela escrita en 1939 por John Steinbeck y adaptada al cine en 1940 por John Ford. Sus personajes son el testimonio vivo de la tragedia que afectará a familias enteras. Steinbeck supo tomar el pulso de una época, cuya moneda de cambio para empresarios y banqueros fue la especulación y la usura. A río revuelto, ganancia de pescadores.
 
Más allá de los protagonistas, la trama reconstruye la historia no sólo de Estados Unidos, sino del capitalismo mundial. Centrada básicamente en el ámbito rural, narra la manera por la cual miles de campesinos se vieron obligados a malvender sus propiedades para hacer frente a las deudas e hipotecas bancarias. Sus acreedores se frotaron las manos. En una operación especulativa se quedaron con las tierras y cuanto apero de labranza estuviese en las granjas. Pero eso no fue todo. Introdujeron el monocultivo del algodón cambiando el ciclo vital del uso de las tierras. Las cosechas y el clima no acompañaron. Los frutos de la operación especulativa menguaron y ante la perspectiva de perder dinero los banqueros optaron por revender las tierras a los emigrantes que huían de las grandes ciudades por falta de trabajo y los cierres patronales. El negocio fue redondo. Los únicos que no perdieron fueron los especuladores.
 
En el mundo rural, la crisis del siglo XXI muestra extrañas semejanzas. Son muchos los campesinos de Asia, África y América Latina que se ven en la ruina. El control monopólico de los granos genéticamente modificados, el precio de fertilizantes y el escaso acceso a los créditos son obstáculos insalvables para salir adelante. Familias al completo emigran o se transforman en jornaleros temporales, trabajando para las trasnacionales agroindustriales en monocultivos y con sueldos de miseria.
 
Otros ni siquiera se plantean dichas opciones. Su elección es más descarnada. Ante un futuro sin perspectivas, arruinados y llenos de deudas, el suicidio se convierte en alternativa y forma de protesta. En Cancún, en 2003, mientras se celebraba la Cumbre de la OMC, un campesino de Corea del Sur, Lee Kyung Hae, optó por ese camino. Con una navaja se traspasó el corazón. Una forma de liberarse definitivamente del círculo de la pobreza. Pero no es un caso aislado. Las cifras son alarmantes. Pero hubiesen pasado desapercibidas si el heredero de la corona británica, príncipe Carlos, no las hubiese hecho visibles, responsabilizando, además, a las grandes compañías de transgénicos de tales suicidios. Sus palabras son elocuentes: la tasa verdaderamente atroz y trágica de suicidios de los pequeños campesinos en India es producto del fracaso de muchas variedades de cultivo de transgénicos.
 
Sólo en India se detectaron por la organización Global Research, entre 1993 y 2003, unos 100 mil suicidios y la cifra aumentó llegando a 150 mil más en el trienio 2003-2006. Es decir, un promedio de 30 suicidios diarios de campesinos durante 13 años. Para ocultar la verdad, compañías como Bayer o Monsanto pagan a universidades, investigadores, científicos de distintas disciplinas, sociólogos, antropólogos y sicólogos sociales, para redactar informes que nieguen la relación existente entre siembras de transgénicos y el aumento de los suicidios. Para este conglomerado de expertos las causas se encuentran en el alcoholismo, las sequías, el cambio climático o la pobreza rural. Por consiguiente, sus elaborados dosieres no prestan atención a los medios que utilizan los campesinos para quitarse la vida. Éstos ingieren grandes dosis de insecticidas, prolongando el dolor y la agonía. En América Latina no hay estadísticas registradas, pero el panorama no es del todo diferente.
 
A lo anterior debemos agregar las muertes por intoxicación de miles de campesinos al utilizarse agrotóxicos en la producción. Según la FAO, los plaguicidas son causantes de 20 mil muertes accidentales al año y de 200 mil suicidios. En esta línea se manifiesta también la OIT, llegando a subrayar que sólo en el año 1994 hubo entre dos y cinco millones de envenenamientos por plaguicidas en sólo 40 mil propiedades examinadas. Los datos son concluyentes. Vía Campesina lleva denunciando esas atrocidades más de una década. Lo que encuentra como respuesta es la represión, el silencio o la indiferencia. No hay interés por parte de gobiernos u organismos internacionales en revertir la situación.
 
Si los pequeños y medianos campesinos sufren las amenazas de las trasnacionales de los transgénicos, en todas sus variantes, maíz, trigo, soya, etcétera, hoy les ha surgido un potente enemigo con tentáculos más largos y objetivos más ambiciosos. En sus tripas se entremezclan intereses especulativos de empresas hidroeléctricas, farmacéuticas, de la construcción, los seguros, los bancos, la alimentación, la prospección de materias primas, petróleo, gas natural, agua, minerales, etcétera. Un conglomerado devastador. Su objetivo es múltiple. No se trata de un mero ejercicio de extracción, explotación, distribución y comercialización de materias primas o riquezas naturales. Se busca controlar el proceso, desde el proyecto de inversiones, prospectiva, investigación, diseño y actividades complementarias. Es el nacimiento de los megaproyectos.
 
Su puesta en práctica trae consigo efectos perniciosos e irreversibles en la naturaleza, la flora y la fauna autóctona, y el medio físico, urbano o rural. Donde se establecen, destruyen el entorno sin importarles las consecuencias de mediano y largo plazos. Sus propuestas cuentan con la complicidad y beneplácito de los gobiernos. Presas hidroeléctricas, autopistas, aeropuertos diseñados por arquitectos de renombre, complejos donde se une la construcción de urbanizaciones de lujo, centros de ocio, campos de golf y lagos artificiales. En definitiva, un atentado ecológico. En esta línea encontramos el plan Mesoamérica, la extracción de oro en Pascua Lame Chile-Argentina, la represa de Ralco y las proyectadas por Endesa en La Patagonia. Iniciativas especulativas de corto recorrido pero con pingües beneficios. En su desarrollo y expansión podemos observar la síntesis actual entre las empresas trasnacionales y el poder político.

Por Marcos Roitman Rosenmann
 
Publicado enInternacional
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