Jueves, 23 Julio 2015 05:58

Tests fatales

Tests fatales

Europa se ha convertido en un laboratorio del futuro. Lo que en él se experimenta debe causar preocupación a cualquier demócrata y, más aún, a cualquier persona de izquierda. Dos experiencias se están desarrollando en ambiente de laboratorio, es decir, supuestamente controlado. La primera es un test de estrés a la democracia. La hipótesis que orienta el test es la siguiente: la deliberación democrática de un país fuerte puede superponerse antidemocráticamente a la deliberación democrática de un país débil sin alterar la normalidad de la vida política europea. Las condiciones para el éxito de esta experiencia son tres: controlar la opinión pública de modo que los intereses nacionales del país más fuerte se conviertan en el interés común de la zona del euro; disponer de un conjunto de instituciones no electas (Eurogrupo, BCE, FMI, Comisión Europea) capaces de neutralizar y castigar cualquier deliberación democrática que desobedezca el diktat del país dominante; y demonizar al país más débil de manera que no suscite ninguna simpatía entre los electores del resto de países europeos, sobre todo entre los votantes de los países candidatos a desobedecer.


Grecia es el conejillo de Indias de esta tenebrosa experiencia. Se trata del segundo ejercicio de ocupación colonial del siglo XXI (el primero fue la Misión de Estabilización de la ONU en Haití desde 2004), un nuevo tipo de colonialismo, ejecutado con el consentimiento del país ocupado, aunque bajo chantaje inaudito. Y, tal como el viejo colonialismo, justificado como "servicio" a los mejores intereses del país ocupado. La experiencia está en curso y los resultados del test de estrés son inciertos. A diferencia de los laboratorios, las sociedades no son ambientes no controlados, por mayor que sea la presión por controlarlas. Una cosa es cierta: después de esta experiencia, cualquiera sea su resultado, Europa no será más la Europa de la paz, la cohesión social y la democracia. Será el epicentro de un nuevo despotismo occidental, rivalizando en crueldad con el despotismo oriental estudiado por Karl Marx, Max Weber y Karl Wittfogel.


La segunda experiencia en curso es un ejercicio sobre la solución final para la izquierda europea. La hipótesis que guía esta experiencia es la siguiente: en Europa no hay lugar para la izquierda en la medida en que reivindique la existencia de una alternativa a las políticas de austeridad impuestas por el país dominante. Las condiciones para el éxito de esta experiencia son tres. La primera es provocar la derrota preventiva de los partidos de izquierda castigando brutalmente al primero que intente desobedecer. La segunda consiste en inocular en los electores la idea de que los partidos de izquierda no los representan. Hasta ahora, la idea de que "los representantes no nos representan" era una bandera del movimiento de los indignados y de Occupy contra los partidos de derecha y sus aliados. Después de que Syriza se vio obligada a beber del cáliz de la cicuta austeritaria, pese al "no" del referéndum griego apoyado por el propio partido, se inducirá a los votantes a concluir que, al fin y al cabo, los partidos de izquierda tampoco los representan. La tercera condición consiste en atrapar a la izquierda en falsas opciones entre falsos planes A y planes B. En los últimos años, la izquierda se ha dividido entre los que piensan que es mejor permanecer en el euro y quienes piensan que es mejor abandonarlo. Ilusión: ningún país puede optar por salir ordenadamente del euro, pero si desobedece será expulsado y el caos se cernirá implacablemente sobre él. Lo mismo ocurre con la reestructuración de la deuda que hasta ahora ha dividido tanto a la izquierda. Ilusión: la reestructuración se producirá cuando sirva a los intereses de los acreedores, por eso esta bandera de alguna izquierda se convierte ahora en una política del FMI.


Los resultados de esta experiencia también son inciertos por las mismas razones mencionadas. Una cosa es cierta: para sobrevivir a esta experiencia, la izquierda tendrá que refundarse más allá de lo que hoy es imaginable. Esto implicará mucho coraje, mucha audacia y mucha creatividad.

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Cuando el 62 por ciento se rinde al 1 por ciento

Terrorismo financiero, golpe de Estado, imposición colonial, vasallaje: no sólo desde la izquierda se calificó con esos adjetivos al "acuerdo" entre Grecia y la troika del domingo pasado. También lo hicieron medios de comunicación como el Financial Times y el Der Spiegel. ¿Tenía el gobierno de Alexis Tsipras otra opción que firmar un texto de esta naturaleza? ¿Qué consecuencias tendrá la "capitulación" griega sobre las nuevas izquierdas europeas? De estos temas se ocupa la siguiente cobertura de Brecha.

 

Luego de ganar un referéndum de forma abrumadora, el primer ministro Alexis Tsipras firmó un acuerdo humillante. Treinta y ocho de sus diputados no lo votaron, entre ellos el ex ministro de Finanzas Yanis Varoufakis, así como la presidenta del parlamento. Varios altos cargos renunciaron. Tsipras dice que no cree en el acuerdo que firmó, en el que tampoco creen Francia y el Fmi, porque no va a sacar a Grecia de la crisis y va a profundizar la pobreza.


Las preguntas se apilan. El corresponsal de Publico.es en Atenas Alberto Sicilia asegura (martes 14) que "Tsipras jugó fuerte en la negociación", pero que el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, "vio el órdago y les abrió a los griegos la puerta para irse del euro". Ante el jaque alemán, "Tsipras no llevaba cartas", porque, según dijo,"una Grexit (salida del euro) no planificada habría sido terrible para las clases medias y bajas. Y no teníamos plan B porque siempre hemos querido el euro". Es posible que sea la explicación más aproximada de los motivos que llevaron al gobierno griego a firmar un acuerdo que el semanario alemán Der Spiegel (domingo 12), difícilmente calificable de izquierdista, definió como "un catálogo de atrocidades" que Tsipras "se vio obligado a firmar con una pistola en la sien". Lo mismo sostuvo incluso la biblia de las finanzas, el Financial Times, uno de cuyos editorialistas habló de "acuerdo versallesco" para graficar el grado de sumisión al que fue sometida Grecia, similar al armisticio firmado por Alemania al fin de la Primera Guerra Mundial.

Si fuera así, hay dos preguntas que necesitan ser respondidas. ¿No previó Tsipras que firmar significaba la división de su partido y la pérdida de legitimidad de su gobierno? ¿Cómo es posible que el Ejecutivo, luego de cinco meses de negociaciones en las cuales quedó clara la intransigencia alemana, no tuviera un plan B al de la troika?


Culpar a Alemania de lo sucedido, algo que toda la izquierda y parte del resto del espectro político está vociferando, aunque libera de frustraciones tiene escasa utilidad y, sobre todo, permite esconder durante un tiempo las propias inconsistencias. Porque de eso se trató en esta historia: de una fuerza política que llegó a dirimir instancias de gran trascendencia (geo)política sin la suficiente capacidad. O se pecó de ingenuidad o se fue completamente irresponsable. Quizá una combinación de ambas.


LO FIRMADO.


El domingo 12 el gobierno griego aceptó un documento de siete páginas que contiene tres partes. La primera son medidas para "restaurar la confianza" del eurogrupo (ministros de Finanzas de la UE) en Grecia, que se tenían que aprobar el miércoles 15. Incluyen el aumento del Iva, garantizar la sostenibilidad a largo plazo del sistema de las pensiones mediante una reducción drástica de su monto, independencia de la oficina de estadística y controles a la evasión tributaria.


La segunda parte contiene propuestas que se deben implementar antes del 22 de julio. Se trata de reformar el Código Civil y adoptar las normas de la Unión Europea para rescatar bancos. Además, Grecia se compromete a establecer un calendario para el recorte de las pensiones con cláusula de déficit cero, la reforma del mercado interior para que sea "más competitivo" (liberalizando sectores como medicamentos, lácteos y panaderías, aperturas de tiendas en domingos, entre otros),

privatizaciones (energía, puertos, aeropuertos, empresa de telecomunicaciones), reforma del mercado laboral mediante la "revisión y modernización de la negociación colectiva y la acción sindical" facilitando los despidos, y finalmente una fuerte reforma del sistema financiero y bancario.


Pero es la tercera parte del acuerdo la que resulta más irritante. Para asegurar que se llevará a cabo el agresivo programa de privatizaciones, el gobierno griego transferirá activos de su propiedad a un fondo independiente que garantizará el pago del nuevo préstamo. Con esas privatizaciones los líderes europeos esperan recaudar 50.000 millones de euros, de los cuales 25 mil millones se utilizarán para pagar la recapitalización bancaria, otros 12.500 millones para pagar la deuda y los 12.500 millones restantes serán utilizados para inversión en el país. En ese fondo estarán incluidos el sector energético, transportes y telecomunicaciones, cuyas empresas serán muy probablemente adquiridas, y a muy buen precio para los compradores, por trasnacionales provenientes de los países acreedores.


Además, el gobierno griego deberá consultar con la troika cualquier borrador de nueva legislación antes de enviarla al parlamento y se compromete a retirar o enmendar toda la legislación introducida a partir del 20 de febrero que fuera contraria al anterior acuerdo, como la reapertura de la tevé estatal y la recontratación de funcionarios públicos despedidos por gobiernos anteriores.


Si se aprueban todas estas reformas, consideradas como "requisitos mínimos", recién ahí la troika comenzaría a discutir el tercer "rescate" de 82.000 millones de euros durante tres años.


En el último párrafo del documento figura la propuesta del ministro alemán de sacar a Grecia del euro. "Si no se llega a ningún acuerdo se ofrecerá a Grecia negociaciones rápidas para una salida de la zona euro, con una posible reestructuración de la deuda" (Der Spiegel, 12-VII-15).


El ministro griego de Defensa, Panos Kamenos, aseguró que se produjo un intento de derrocar a Tsipras. "Fue amenazado con el colapso de los bancos y el recorte completo de los depósitos" (Russia Today, 14-VII-15).


EL DESPUÉS.


En los hechos, se trata de una completa cesión de soberanía que permite que los acreedores aprueben leyes clave antes de llevarlas a consulta pública o al parlamento. Tsipras debía saber que este acuerdo tendría graves consecuencias.


La primera es la fractura de su partido y, en menor medida, de su gobierno. La mayoría absoluta del comité central de Syriza (109 en 201) rechazó el acuerdo y difundió un texto muy duro: "El 12 de julio se produjo en Bruselas un golpe de Estado que demostró que el objetivo del liderazgo europeo es la aniquilación para dar ejemplo de un pueblo que buscaba otro camino a seguir más allá del modelo neoliberal de austeridad extrema". Algunos altos cargos del gobierno presentaron renuncia.


En el parlamento las cosas tampoco marcharon bien. Ganó el acuerdo con 219 votos a favor, 64 en contra y seis abstenciones. El Ejecutivo recibió el apoyo de la oposición de derecha, en particular de Nueva Democracia, del ex primer ministro Antonis Samarás, y de los socialistas. Un número para nada despreciable de 38 diputados de Syriza se desmarcaron del gobierno. Por lo tanto, en adelante Tsipras puede tener que gobernar con el apoyo de sus adversarios en un eventual gobierno de coalición, sobre todo para aprobar el resto del paquete impuesto por Bruselas.


Una parte importante de la sociedad, incluyendo destacadas voces de su partido, le mostraron a Tsipras que sí había alternativas. Por un lado, las varias que elaboraron sus ministros y que el primer ministro desechó. Varoufakis, por ejemplo, propuso un plan ante la eventualidad del cierre de los bancos griegos por la troika: "Deberíamos haber puesto en circulación nuestros propios pagarés, anunciar que íbamos a crear nuestra propia liquidez denominada en euros; deberíamos haber tomado el control del Banco de Grecia" (Eldiario.es, 13-VII-15).


Por otro lado, Tsipras ni siquiera se prestó a debatir seriamente la alternativa de salir del euro. No alcanzaba con decir que sería peor, tenía que abrir un debate real sobre las consecuencias y los modos posibles para enfrentarla, le reclamó la mayoría de la dirección de su partido.


No hubiera sido fácil, claro, una Grexit. Según la economista estadounidense Carmen Reinhart, ex funcionaria del Fmi y especialista en las "crisis de deuda", la salida de una unión monetaria no es tan común como la salida de políticas monetarias de cambio fijo. Desde 1982 hubo cinco casos: Argentina en 2002 y en 1989, Perú en 1985, Bolivia en 1982 y México en 1982, en los que las economías estaban dolarizadas y convirtieron de forma forzosa los depósitos en dólares a la moneda local.


Si Grecia saliera del euro, asegura Reinhart, el resultado sería similar. Los depósitos se convertirían en dracmas (u otra moneda) sufriendo una drástica devaluación. "Se colapsaría la confianza en el sistema y habría un dramático aumento de las deudas privadas y públicas. El sector privado haría un impago de su deuda y la mitad de los créditos del país no serían pagados, y si se incluyen las tarjetas de crédito sería incluso mayor. Los ciudadanos dejarían de pagar impuestos y habría una acumulación de euros u otras monedas" (Bloomberg, 9-VII-15). Las consecuencias serían muy duras. "Si se produce la salida del euro, y sigue la conversión forzada de los depósitos, el retroceso de la economía de Grecia es probable que sea de larga duración."


Al parecer, incluso los griegos opuestos al acuerdo firmado por Tsipras eluden la salida del euro. Varoufakis señala que el caso argentino es bien diferente al griego en tres aspectos. Tras el default, el Pbi argentino creció desde 2003 a 2008 a un promedio del 8 por ciento anual, impulsado por las exportaciones de soja. Pero "los griegos no disponen ni de soja ni de ningún producto agrícola que se pudiera exportar en semejante escala". Además, si Grecia saliera del euro "tardaría meses en introducir una nueva moneda y un régimen cambiario". Por último, "el impacto que les generó Argentina a sus socios comerciales al salir de la convertibilidad no fue significativo mientras que Grecia, al salir del euro, perdería subsidios a la agricultura, fondos para el desarrollo y en general la cooperación económica con otros países europeos empeoraría" (Russia Today, 14-VII-15).


Llegados a este punto, sólo cabía resignar la soberanía o apostar por la dignidad nacional, ya que el retroceso económico está garantizado en cualquier caso. Es cierto que la presión de casi tres semanas de corralito debe sentirse con fuerza en una sociedad ya empobrecida. Conviene recordar, no obstante, que no es fácil echar a un país del euro y que aun estando fuera de la eurozona se puede utilizar el euro, según lo recuerda el belga Eric Toussaint, presidente del comité de auditoría de la deuda griega (véase entrevista en página 6).


Legalmente Grecia no puede ser expulsada de la zona euro ni por las instituciones europeas ni por un grupo de países. Puede incluso salir de la UE y seguir utilizando la moneda, aunque ya no emitirla. Sería un caso similar a los de Panamá y Ecuador, que usan el dólar, o de Montenegro y Kosovo, que usan el euro.


Sin embargo, ahora Grecia tampoco tiene soberanía completa sobre el euro, como sí la tienen los demás países de la Unión. Los bancos centrales de cada país sólo pueden emitir la cantidad de euros que les permite el Banco Central Europeo. El Banco Central griego tiene congelada la cantidad de euros que puede emitir, y el Bce no está dando liquidez a los bancos griegos porque está en desacuerdo con la política fiscal del gobierno (Forbes, 3-VII-15).


FIN DE ÉPOCA.


Buena cantidad de analistas, incluido el gobierno alemán, o en todo caso su ministro de Finanzas, estiman que la salida de Grecia del euro es sólo cuestión de tiempo. Es una decisión política, no económica, dicen. Y ya fue tomada tiempo atrás. El 4 de febrero, apenas nueve días después de que Tsipras asumiera como primer ministro y se plantara firme ante sus acreedores, el Bce le cortó los grifos,"ante las serias dificultades para cerrar con éxito el rescate" (El País, 4-II-15).


Antes de llegar a esa situación, que motivó titulares como "El Bce pone a Grecia contra las cuerdas", el entonces flamante primer ministro emprendió una gira europea para cosechar apoyos. Luego de reunirse con los presidentes de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, del Consejo Europeo, Donald Tusk, y del Parlamento, Martin Schulz, "se llevó de las tres instituciones un sabor amargo, y sobre todo un tono duro acerca de sus posibilidades en la negociación que ya ha empezado sobre el futuro de Grecia". Varoufakis llegó a contar en estos días que desde su primera reunión con "las instituciones", en particular con su par alemán, tuvo claro que los "socios" querían a la díscola Grecia fuera.


Eso sucedió hace cinco meses. Durante 150 días se estuvo negociando el rescate, sin el menor resultado. ¿Pensaba Tsipras que el 62 por ciento de apoyo al No en el referendo podía ablandar al sistema financiero? Todas las propuestas que hizo a la troika el primer ministro fueron recibidas con absoluta indiferencia. Peor: a cada concesión de Atenas llovían nuevas exigencias. Pero Tsipras no cambió de línea. Incluso Varoufakis participaba de la ilusión de convencer a sus interlocutores. Hasta que se convenció de lo contrario. "Desafortunadamente las instituciones y nuestros socios europeos han perdido la oportunidad que brindamos: mirar las negociaciones como una deliberación entre socios. Lo convirtieron en una guerra contra nosotros" (Der Tagesspiegel, 9-VI-15).


Todo indica que Grecia y también Europa ingresan en un nuevo período de su historia. El relato sobre la "Europa de los pueblos" fue demolido por Bruselas y Berlín. Se está ante el fin del Estado del bienestar, pero también ante una crisis de la democracia representativa, ya que las mayorías se quedan sin voz. Las izquierdas –incluso las nuevas, como Syriza y probablemente sea el caso del Podemos español– han mostrado una carencia poco creíble de estrategias alternativas. De ahora en adelante les costará mucho volver a convencer de que representan el cambio.

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Viernes, 17 Julio 2015 06:50

Después de la derrota

Después de la derrota

El gobierno de Syriza se compromete a imponer medidas "de austeridad" y a someter todas sus futuras iniciativas a revisión de la troika a cambio del préstamo millonario. Seguramente sea necesario algo de tiempo para ver y entender las consecuencias de este desastre, pero ya se pueden sacar las primeras conclusiones.

 

Cuando Syriza llegó al gobierno de Grecia en enero de 2015 muchos pensamos que se abría un nuevo ciclo en la política europea, y quizás mundial. Una autodenominada "coalición de la izquierda radical" llegaba al gobierno con el objetivo de frenar las medidas neoliberales (llamadas "de austeridad") que desde la crisis de 2008 atacaban a las jubilaciones, los salarios, las regulaciones laborales y el Estado de bienestar en toda la Unión Europea.


Menos de seis meses después Alexis Tsipras firma el acuerdo de capitulación de Grecia, en el que el gobierno de Syriza se compromete a imponer medidas "de austeridad" aun más profundas que las que se exigían a los gobiernos anteriores y a someter todas sus futuras iniciativas a revisión de la troika a cambio de los 86.000 millones de euros necesarios para mantener su sistema bancario (que se tambaleaba debido a medidas tomadas por las instituciones europeas durante la campaña para el referéndum de la semana pasada) en pie mientras se negocian futuras reformas adicionales y quizás, si el gobierno griego se porta bien, una reestructuración de la deuda y alguna ayuda económica. Tsipras se transforma así en el Pétain de la Grecia de Vichy.


Seguramente sea necesario algo de tiempo para ver y entender las consecuencias de este desastre, pero ya se pueden sacar las primeras conclusiones.


La primera y principal, que la idea de que la crisis de 2008 implicaba un debilitamiento del capitalismo global o del neoliberalismo fue un espejismo. El neoliberalismo, a pesar de que sus supuestos económicos e ideológicos están en cuestión, está más fuerte que nunca y el capital trasnacional tiene el mismo poder de siempre para imponerse a los países que osen desafiarlo. Éstos pueden elegir entre las reformas neoliberales y el desastre económico, y si resisten las reformas y el desastre llega, éstas son implementadas de todas maneras, aprovechando el caos, como manda la doctrina de shock descrita por Naomi Klein. Si quienes implementan el ajuste son los mismos gobiernos que lo resistieron, mejor. Para rescatar a los bancos de la crisis que ellos mismos crearon, los países europeos compraron la deuda griega, disfrazando esto de rescate a Grecia y forzándola a las reformas que quisieran imponerle, de paso haciendo políticamente inviable para los gobiernos europeos cualquier quita de la deuda que Grecia tiene a partir de entonces con ellos.


La segunda, que absolutamente nada se puede esperar de la socialdemocracia europea (cosa que es cierta hace mucho, pero conviene recordar de vez en cuando). El Psoe español y el Pasok griego implementaron ellos mismos la "austeridad", lo que los llevó a perder en su momento las elecciones y el gobierno de sus países. Los socialdemócratas del resto de Europa no aprendieron nada: el Spd alemán gobierna en coalición con Angela Merkel y el gobierno socialista francés apoyó sin fisuras el chantaje a Grecia, jugando el odioso e indigno papel de segundones de conservadores y neoliberales.


La tercera, que la Unión Europea es una institución fundamentalmente neoliberal, antidemocrática e irrespetuosa de sus propias leyes cuando es necesario disciplinar a los disidentes. Muchos izquierdistas quisieron ver a la Unión Europea como la construcción de una posible contrahegemonía frente a Estados Unidos (lo que siempre fue extremadamente ingenuo dada la superposición de su membresía con la de la Otan) o, más modestamente, como un modelo exitoso de integración regional que creara terrenos de acción política democrática supranacional. Si bien esto es teóricamente plausible, la autonomización de la burocracia europea, las reglas del Tratado de Maastricht, la inexistencia de una política económica común y el dominio de las instituciones europeas por una "gran coalición" de socialdemócratas y conservadores hacen que la reforma de la UE y la eurozona se presente como prácticamente imposible.


La cuarta, que las estrategias de búsqueda de hegemonía en clave nacional-popular pueden servir para ganar elecciones, pero tienen limitaciones a la hora de buscar implementar programas políticos. Probablemente lo que condenó a Syriza al fracaso desde el principio fue comprometerse a mantenerse en el euro. Este compromiso surge un poco de la ideología europeísta de su cúpula y un poco de la convicción de que era necesario mantener las condiciones para una negociación de buena voluntad con el resto de Europa, pero sobre todo de la lectura política de que era imposible ganar las elecciones si se proponía salir del euro. Esto quedó claro en la mala votación de quienes proponían esto, como el Partido Comunista griego y la coalición anticapitalista Antarsya. Es decir, sin comprometerse con el euro Syriza no podía ganar y este intento de resisitir la "austeridad" no hubiera comenzado en un primer lugar, pero dada la relación de fuerzas en la UE nunca hubiera sido posible salir del neoliberalismo manteniéndose en el euro, porque la estructura institucional europea es neoliberal.


El referéndum del 5 de julio pudo cambiar esta dinámica y ofrecer al gobierno griego una oportunidad de salir del euro (o de amenazar con hacerlo), pero éste no pudo y/o no quiso aprovecharla, apostó a la negociación, y al no tener nada que ofrecer (ni nada con que amenazar) a los otros gobiernos europeos, éstos salieron a matar (ahora amenazando ellos con expulsar a Grecia del euro, sabiendo que había admitido que no podía salir) y lograron exactamente el acuerdo que querían, forzando a Syriza a implementarlo.


Es perfectamente válido interpretar estos hechos como una derrota, una serie de errores o una traición por parte del gobierno griego. Pero también es importante, además de entender que el gobierno griego no gobierna para satisfacer las expectativas de cambio revolucionario que depositamos en él por no poder cumplirlas en nuestro país, captar las dinámicas en juego que van más allá del caso griego. Es que por algo las socialdemocracias europeas, el Partido Comunista chino, los estados poscoloniales de África y Asia, los países ex socialistas, los nacionalismos populares latinoamericanos y los capitalismos de Estado como Japón o Corea del Sur han claudicado en asuntos fundamentales ante el neoliberalismo y no han sido capaces de resistir a los avances del poder del capital trasnacional.


Es posible pensar que en cada caso hubo una claudicación o una falta de imaginación política, pero también es cierto que algo operó sobre todos ellos: en las últimas décadas la relación entre el capital y el Estado (y ni que hablar entre el capital y el trabajo) cambió, y en el contexto de un capitalismo globalizado en el que los países están entrelazados en cadenas de valor, enfrentados entre estrategias de competitividad y atados a institucionalidades internacionales neoliberales (mientras en la ciencia económica el neoliberalismo es hegemónico, haciéndose muy difícil separar ciencia de ideología) no es sencillo buscar una desconexión a la Samir Amin sin enfrentar la posibilidad del desastre económico. Aunque sea importante tener presente que la amenaza de desastre puede ser un bluff. Grecia, al estar ya en pleno desastre económico y teniendo la posibilidad de beneficiarse de la devaluación que implicaría salir del euro pudo tomar el riesgo, pero hoy por hoy sólo queda especular sobre qué hubiera pasado en una Grexit planificada.


En América Latina, mientras tanto, se vive un humor muy distinto. Es innegable que en estos años en la región se lograron montar sistemas de protección social, administrar razonablemente la relación con los acreedores, fortalecer algunas instituciones de negociación colectiva, cumplir con demandas de movimientos sociales y mejorar relativamente el nivel de vida de importantes sectores de la población. Esto demuestra que aun dentro del mundo neoliberal hay cosas que hacer, y de hecho fueron estos logros los que convencieron a organizaciones como Syriza o Podemos de que un camino nacional-popular que no avanzara directamente contra el capitalismo ni hiciera retroceder la integración con los mercados globales era viable.


Pero no deja de ser irónico que los europeos decidieran aprender de estas experiencias justo cuando para nosotros sus limitaciones empiezan a ser evidentes, justo cuando los gobiernos del "giro a la izquierda" giran a la derecha para lograr la adhesión de capitales nacionales y trasnacionales en un contexto de baja de precios, y justo cuando la frustración con el neodesarrollismo, la continuidad del extractivismo y el estancamiento de la integración regional hacen pensar en problemas parecidos a los europeos.


Por más que podamos valorar los logros de la década progresista, no deja de ser cierto que nuestro desafío al neoliberalismo y al capital trasnacional es tan poco peligroso como el de Syirza. Las 80 familias que acumulan más riqueza que el 50 por ciento de la población mundial no se enteraron de todo esto, y los gobiernos progresistas no serán las juntas directivas de la clase capitalista global, pero sí son los proveedores de servicios de seguridad jurídica, factores de producción e infraestructura de esa clase.


Los ultras griegos (al caso, comunistas, Antarsya y el ala izquierda de Syriza) tenían razón, e irónicamente Tsipras les hizo buena parte del trabajo, ya que seguramente a partir de esta derrota proponer la salida del euro se haga mucho más viable políticamente. La troika buscó aleccionar a la izquierda de Europa y del mundo, pero las revueltas contra la austeridad recién empiezan, y los socialdemócratas recién empezaron a perder elecciones. En América Latina, los sujetos que emergieron en estos años no van a volver a sus casas solamente porque los gobiernos de izquierda encuentren límites: en el fondo ese no es su problema. El problema es cómo superarlos y seguir abriendo ciclos.


Por Gabriel Delacoste, docente de teoría política (Instituto de Ciencia Política, Udelar).

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Viernes, 17 Julio 2015 06:32

EE.UU. y el FMI buscan ablandar a Merkel

EE.UU. y el FMI buscan ablandar a Merkel

A horas del voto para aprobar el rescate en Alemania, el viaje del ministro de Economía estadounidense, Jack Lew, a ese país es señal de que la crisis ha causado una profunda fractura en la relación entre EE.UU. y la Unión Europea.


La crisis griega no deja títere con cabeza. Las diferencias entre el FMI y Alemania sobre la reestructuración de la deuda griega han partido a la troika, que se debate entre una Comisión Europea dominada por Angela Merkel y un Banco Central Europeo (BCE) que dejó en el camino toda pretensión de independencia política. El viaje del ministro de Economía estadounidense, Jack Lew, ayer a Alemania es señal de que la crisis ha causado una profunda fractura en la relación entre Estados Unidos y la Unión Europea. Un voto negativo del Parlamento alemán este viernes a la negociación de un rescate a Grecia podría destruir todo en segundos.


En las últimas dos semanas, el FMI disparó con artillería pesada para que Alemania acepte la necesidad de reestructurar la deuda griega. El jueves 2 de junio, tres días antes del referendo, señaló que la reestructuración era imprescindible, un argumento que le vino como anillo al dedo a Alexis Tsipras en su campaña por el "No" a la austeridad. Este miércoles, antes de que el Parlamento griego debatiera las leyes exigidas por el Eurogrupo, el Fondo apuntaló esa declaración con números irrebatibles.


En el cálculo del FMI la deuda griega, que es hoy un "insostenible" 177 por ciento del PBI, treparía a un 200 en 2018. "Se espera que Grecia tenga un superávit fiscal primario del 3,5 por ciento del PBI, algo que pocos países han logrado", señala en su evaluación, ".... el alivio de la deuda tiene que ir mucho más allá de lo propuesto". Con el apoyo del presidente Barack Obama y el ministro de Economía, Jack Lew, curiosos aliados de Syriza en este desmadre que es hoy la Eurozona, el FMI dejó en claro que sólo participará de la negociación y un eventual acuerdo con Grecia si hay una propuesta seria de reestructuración sobre la mesa.


Este mensaje será reforzado por el ministro de Economía estadounidense, que inició este jueves una gira de dos días en Europa que incluye visitas a Frankfurt (sede del Banco Central Europeo), Berlín (sede del Parlamento y el gobierno alemán) y París. En una conferencia de prensa poco antes de su llegada al Viejo Continente, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, anunció un aumento en 900 millones de euros de la línea de emergencia para los bancos griegos, monto ínfimo, pero de fuerte simbolismo.


El congelamiento de esta línea crediticia fue clave a fines de junio para asfixiar financieramente a los bancos y forzar la capitulación de Tsipras. En el camino quedó la cacareada autonomía política del BCE. Según Financial Times, "el BCE enfrenta acusaciones de no cumplir con su mandato para salvaguardar la estabilidad financiera y actuar como prestamista de última instancia". El 9 de julio una empresa financiera que opera en Grecia, Alcimos, inició una demanda contra el BCE ante la Corte europea por perjuicio económico.


El FMI ha quedado igualmente mal parado. Según le indicó a la BBC Philippa Malmgren, ex asesora económica de George Bush, "sus errores han sido monumentales y la pregunta es, si no pueden salvar a Grecia, ¿qué podrán hacer cuando vengan problemas más graves, como Francia?" Salvaguardar la credibilidad del FMI del reto que constituyen el Banco de Inversión de infraestructura de Asia y, en menor medida, el Banco de Desarrollo del Brics, es hoy fundamental para Estados Unidos. "China y otros países han exigido cambios en el FMI, no los obtuvieron y están buscando alternativas. No nos equivoquemos. Hoy quieren sustituir al FMI", señala Malmgren.


Nadie da mucho a mediano plazo por la negociación del rescate griego en base a la propuesta del Eurogrupo. En el debate parlamentario en Atenas por las leyes exigidas por el Eurogrupo el primer ministro, Alexis Tsipras, y su ministro de Economía, Euclides Tsakalotos, reconocieron que no tenían "mucha confianza" en las medidas, pero que las impulsaban para evitar una catástrofe. Si no hay nueva oferta de reestructuración y el FMI cumple su amenaza de no participar en el rescate, la negociación entre el Eurogrupo y Grecia quedaría expuesta a cuestionamientos legales, ya que el texto acordado considera esencial la presencia del Fondo.


La propuesta podría naufragar este viernes si el Parlamento alemán no la aprueba. Según le indicó a Página/12 Heiner Flassbeck, ex viceministro de Economía alemán, hoy jefe de economistas de la Unctad, la mayoría parlamentaria de la coalición conservadora cristiana y social demócrata debería ser suficiente para apagar cualquier rebelión. "Tienen dos tercios del Parlamento. Con esto debería ser suficiente. Ahora esto no cambia la naturaleza de la propuesta, que es un desastre para Europa, Grecia y la misma Alemania porque es un programa restrictivo en medio de una depresión económica. Esto es exactamente lo opuesto que necesita Grecia. Más temprano que tarde será inviable, un nuevo fracaso", indicó.

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Aprueba Parlamento de Grecia reformas exigidas por la troika

El Parlamento griego aprobó la madrugada de este jueves una serie de duras reformas exigidas por sus acreedores de la Unión Europea (UE), el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) a cambio de un nuevo plan de rescate financiero, a pesar del rechazo de un amplio sector del partido gobernante de izquierda Syriza.


El polémico paquete económico, que incluye aumento de impuestos en diversos rubros, más privatizaciones y el incremento en las edades de jubilación, entre otros, fue aprobado por 229 votos a favor, 64 en contra y seis abstenciones en la cámara, que tiene 300 asientos. Pero se dio tras un acalorado debate en que el ala más radical de Syriza se rebeló contra el primer ministro Alexis Tsipras.


La coalición gobernante la integran Syriza con 149 diputados y su aliado de derecha Griegos Independientes (Anel) con 13, con lo que suman mayoría de 162. Sin embargo, la votación de este jueves provocó la división de Syriza, ya que 32 de sus legisladores votaron en contra y seis se abstuvieron, lo que conlleva un alto costo político para la alianza y la pérdida de su mayoría.


Cascada de renuncias


La viceministra de Finanzas, Nadia Valavani, afirmó que no votaría a favor de la ley y renunció. En una carta que le envió a Tsipras el lunes y que se difundió el miércoles, Valavani manifestó que las tácticas de los círculos dominantes en Alemania representan la total humillación del gobierno y el país.


El secretario general del Ministerio de Economía, Manos Manousakis, también renunció a causa del acuerdo. Otros que se opusieron de las filas de Syriza fueron el ex ministro de Finanzas Yanis Varoufakis y el ministro de Energía, Panagiotis Lafazanis, quien publicó en el cibersitio del ministerio una declaración donde señala que el acuerdo es inaceptable.


Asimismo, se opusieron el viceministro de Trabajo, Dimitris Stratoulis, y la presidenta del Parlamento, Zoe Constantopoulou, quien hablando en calidad de jefa del partido gobernante había pedido a la cámara que no aprobara el paquete de medidas de austeridad exigidas por los acreedores internacionales. Este Parlamento no debe firmar el chantaje de los prestamistas, aseveró.


Además, más de la mitad del comité central de Syriza firmó una declaración de condena del acuerdo que Atenas alcanzó con sus socios europeos. El texto lo firmaron 109 de los 201 miembros del comité.


El primer ministro Alexis Tsipras, de Syriza, logró un acuerdo con los acreedores tras una cumbre que duró 17 horas y que finalizó el lunes por la mañana. Según lo acordado, Grecia debería aprobar nuevas medidas de austeridad como condición para permitir iniciar las negociaciones con sus socios europeos sobre un tercer rescate por 85 mil millones de euros (93 mil millones de dólares).


Pero su aprobación se dio en medio de fuertes enfrentamientos entre manifestantes y la policía, que estallaron en la noche del miércoles frente al Parlamento de Atenas mientras los legisladores debatían el paquete de ajustes y reformas que le fue impuesto en Bruselas, luego de que los griegos dijeron no a más medidas de austeridad en el referendo celebrado el 5 de julio.
Desde temprano miles de manifestantes salieron a las calles para oponerse al proyecto de austeridad que la tarde del miércoles comenzaron a discutir los parlamentarios, y que desde un principio se anticipaba que saldría adelante con los votos de la oposición como Nueva Democracia (conservadores), Pasok (socialistas) y To Potami (centro izquierda), que suman 106 diputados.


Se estima que unas 12 mil 500 personas marcharon, pero al anochecer un grupo de unos 200 jóvenes con cascos y enmascarados se enfrentaron con la policía arrojando piedras y cócteles molotov, mientras que las fuerzas del orden respondieron con gases lacrimógenos. Los jóvenes provocaron un pequeño incendio en las inmediaciones del Poder Legislativo y unos 50 fueron detenidos.


Los enfrentamientos amainaron cuando el debate sobre el proyecto con las nuevas medidas de austeridad avanzaba, ya entrada la noche. No a las privatizaciones, salvemos a los puertos, la DEI (compañía nacional de electricidad), los hospitales, eran algunas de las consignas de los manifestantes en la Plaza Syntagma. Otros carteles decían: No al rescate o No a las políticas de de la UE, el BCE y el FMI.


El sindicato de empleados públicos efectuó un paro de 24 horas en rechazo a la aprobación del plan de los acreedores, al que se unieron otros gremios. Las farmacias se sumaron, ya que las medidas permitirán que ciertos medicamentos que no requieren prescripción médica se vendan en supermercados.


No obstante, una encuesta del diario To Vima, divulgada poco antes de la votación, arrojó que más de 70 por ciento de los griegos estaba a favor de aprobar el doloroso programa de reformas.


El FMI, que participó en los dos rescates previos a Grecia y también participará en el tercero, ha dicho desde hace tiempo que la deuda del país es demasiado elevada y que cualquier acuerdo debe contemplar una quita de deuda, algo en que los griegos han insistido.


El martes, el FMI dijo que la deuda griega es altamente insostenible y llegaría a ser equivalente a cerca de 200 por ciento del PIB en los próximos dos años.


Alemania, el principal acreedor, dijo evaluar la posibilidad de que Grecia pague su deuda a un plazo mayor, pero sólo si no insiste en una reducción de lo que debe.


Los griegos siguen enfrentando el problema de los límites al retiro de efectivo en los bancos y las transferencias del extranjero. Los bancos están cerrados desde el 29 de junio y el Ministerio de Finanzas informó que seguirán cerrados hasta el jueves.
La liquidez de los bancos griegos está peligrosamente baja y el Estado casi se ha quedado sin efectivo. El lunes se vence el plazo para hacer un pago por 4 mil 200 millones de euros al BCE y además hay un impago superior al 2 mil 600 millones de euros al FMI.


Se estima que las negociaciones sobre el nuevo rescate durarán cuatro semanas lo que obligará a los ministros de Finanzas de la zona euro a esforzarse para aportar dinero con prontitud a Atenas.


La Comisión Europea propuso dar a Grecia 7 mil millones de euros en préstamos de un fondo especial supervisado por las 28 naciones que integran la UE para que pueda cumplir con sus deudas venideras. El pago se haría al inicio del rescate íntegro, pero hay resistencias de Gran Bretaña, que no usa la divisa común de la UE.

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Varoufakis: "No voy a aceptar esto, que no cuenten conmigo"

Pregunta: ¿Qué tal está después de dimitir?


Respuesta: Me encuentro muy bien, sin esa vida enloquecida, absolutamente inhumana, durmiendo dos horas al día durante cinco meses, con la presión de negociar una postura que me resultaba difícil de defender. Había muchas cosas interesantes, pero también, al estar dentro, se confirmaron mis peores temores. La total falta de escrúpulos democráticos de los supuestos defensores de la democracia europea. Saber que nuestro análisis y el de ellos era el mismo y que, al mismo tiempo, nos miraban de frente y nos decían: 'Tenéis razón, pero os vamos a aplastar de todas formas'.


P. Usted ha dicho que los acreedores no le soportaban "porque en el eurogrupo intento hablar de economía, que es algo que no hace nadie".


R. No es que sentara mal, es que se negaban por completo a debatir argumentos económicos. Era plantear un argumento que te habías preparado mucho para asegurar su coherencia lógica y encontrarte con miradas en blanco. Como si no hubieras hablado. Y eso resulta llamativo para alguien acostumbrado al debate académico, en el que la otra parte siempre responde.
P. Cuando llegó usted, a principios de febrero, no habría una postura unificada...


R. Había varios que simpatizaban con nosotros a nivel personal, a puerta cerrada, sobre todo representantes del FMI. Pero dentro del eurogrupo, aparte de unas cuantas palabras amables, nada. [El ministro alemán de Finanzas, Wolfang] Schäuble siempre mantuvo la misma actitud: 'El programa no se discute, porque el gobierno anterior lo aceptó y no vamos a cambiar por una elección. Con 19 países, siempre hay alguna elección pendiente y, si cada vez cambiáramos las cosas, los contratos entre nosotros no tendrían ningún valor'. Entonces tuve que responder que quizá no habría que celebrar elecciones en los países endeudados, y nadie me respondió, un silencio que solo puedo interpretar como que les parecía buena idea pero difícil de llevar a la práctica. Así que el que no firmara se quedaría fuera.


P. ¿Y Merkel?


R. No tenía ninguna relación con ella, porque los ministros de Finanzas hablan con sus homólogos, y el primer ministro es el que habla con la canciller. Me da la impresión de que ella era muy distinta. Intentaba tranquilizar a Tsipras, mientras que yo no oía nada similar ni del jefe del eurogrupo ni de Schäuble, que eran mucho más tajantes. Desde el principio [a principios de febrero].


P. ¿Y entonces por qué aguantó hasta el verano?


R. Porque no tenía alternativa. Nuestro Gobierno tenía el encargo de negociar, de crear el espacio y el tiempo para llegar a un acuerdo. No de pelearnos con los acreedores... La negociación fue interminable porque la otra parte se negaba a hacer concesiones. Insistían en un acuerdo global, es decir, en hablar de todo, que, en mi opinión, equivale a no querer hablar de nada. No hacían ninguna propuesta. Por ejemplo, con el IVA. Después de pedirnos que les diéramos todos los datos de las empresas estatales, que rellenáramos infinitos cuestionarios y presentáramos nuestras ideas, antes de poder negociar un acuerdo, cambiaban de tema y empezaban a hablar, por ejemplo, de privatizaciones. Les presentábamos nuestra propuesta, la rechazaban y pasaban a hablar de las pensiones, o del mercado de trabajo, y así sucesivamente.


Yo pensé desde el principio que nuestro país estaba muy mal, que sin duda debíamos implantar reformas. Como era urgente y había muchas presiones, le decía todo el tiempo a la troika que nos pusiéramos de acuerdo en tres o cuatro reformas importantes e inmediatas para que el BCE relajara las restricciones de dinero. Entonces aprobaríamos las reformas en el Parlamento y seguiríamos negociando. Pero ellos querían todo desde el primer momento. Dijeron que, si aprobábamos cualquier ley, lo considerarían una acción hostil y filtrarían a la prensa que estábamos haciéndoles perder tiempo. Era una auténtica trampa. Hasta que el FMI, cuando estábamos ya casi sin dinero, presentó unas reformas que eran imposibles de aceptar.


P. ¿Intentaron colaborar con otros países endeudados?


R. No, porque dejaron muy claro desde el principio que era nuestros peores enemigos, sobre todo si lográbamos un acuerdo más favorable para Grecia que les dejara en mal lugar ante sus propios ciudadanos.


P. ¿Y con partidos simpatizantes, como Podemos?


R. La verdad es que no. Siempre hemos tenido buena relación con ellos, pero no podían hacer nada, no tenían voz en el eurogrupo y, de hecho, cuanto más hablaban en favor de nosotros, más hostil se mostraba el ministro de Economía español.
P. ¿Cuál es el mayor fallo del funcionamiento del eurogrupo?


R. El problema es que es un grupo sin existencia legalmente reconocida, sin un tratado que lo sustente, pero con el máximo poder para decidir sobre las vidas de los europeos. No responde ante nadie, no hay actas de las reuniones, y es confidencial. De modo que ningún ciudadano se entera nunca de lo que se discute. A pesar de que son decisiones casi de vida o muerte.
P. ¿Y el grupo está controlado por las actitudes alemanas?


R. No por las actitudes, sino por el ministro de Finanzas de Alemania. Es una orquesta muy afinada, dirigida por él. A veces, la orquesta desafina, pero él se encarga de que vuelva al redil.


P. ¿No hay ningún poder alternativo, por ejemplo el francés?


R. El ministro francés es el único que se ha apartado de la línea alemana, pero de forma muy sutil, con lenguaje juicioso y sin oponerse del todo. Y al final, cuando Schäuble reaccionaba y marcaba la postura oficial, el ministro francés siempre acababa por aceptarla.


P. En su ensayo de 2013 sobre Marx decía que una salida de Grecia, Portugal o Italia de la eurozona produciría la fragmentación del capitalismo europeo, e insinuaba que esa situación no beneficiaría a la izquierda progresista sino más bien a los nazis de Amanecer Dorado, los diversos neofascistas y xenófobos europeos. ¿Sigue pensando que un Grexit ayudaría sin remedio a Amanecer Dorado?


R. No me gustan las versiones deterministas de la historia. Syriza se ha convertido en una fuerza muy dominante. Si consiguiéramos arreglar la situación y tener una salida [del euro] digna, el resultado podría ser otro. Pero dudo de que seamos capaces, porque para gestionar el desplome de una unión monetaria hace falta mucha pericia, y no estoy seguro de que en Grecia la tengamos sin ayuda externa


P. La idea de la salida debe de haberle rondado desde el primer día...


R. Por supuesto.


P. ¿Se prepararon para ello?


R. Sí y no. Teníamos un pequeñogrupo, un gabinete de guerra dentro del ministerio, unas cinco personas para preparar sobre el papel todo lo que habría que hacer. Pero una cosa es hacerlo en teoría y otra preparar al país

.
P. Y en sus últimas semanas, ¿sintió que se dirigían hacia esa decisión?


R. Mi opinión era que debíamos tener mucho cuidado para no activarla. No quería que se convirtiera en una profecía autocumplida. Pero también pensaba que, en cuanto el eurogrupo cerrase los bancos, deberíamos impulsar el proceso.


P. Es decir, había dos opciones, una salida inmediata o imprimir pagarés y hacerse con el control del Banco de Grecia, que quizá podría haber precipitado la salida.


R. Claro, nunca pensé que debíamos abandonar directamente la moneda. Mi postura era que, si cerraban los bancos, que era una medida increíblemente fuerte y agresiva, deberíamos responder en la misma medida pero sin cruzar el punto de no retorno. Deberíamos emitir nuestros propios pagarés o anunciar la emisión de nuestra propia liquidez en euros, recortar los bonos griegos de 2012 que tenía el BCE o al menos anunciar nuestra intención de hacerlo, y hacernos con el control del Banco de Grecia. Eran mis tres medidas en caso de que el BCE cerrase nuestros bancos.


Advertí a mis colegas de que iba a pasar, para obligarnos a aceptar un acuerdo humillante. Pero, cuando llegó el momento --ante la incredulidad de muchos de ellos--, mi propuesta fue rechazada. Solo me apoyó otro ministro. Me ordenaron cerrar los bancos de acuerdo con el BCE y el Banco de Grecia y, aunque estaba en contra, lo hice porque acepto las decisiones colectivas.


Entonces se celebró el referéndum, que nos dio nuevo impulso y nos habría permitido tomar esas medidas, pero esa misma noche el gobierno decidió que el restallante No del pueblo no iba a dinamizar nuestra respuesta, sino que iba a servir para hacer concesiones importantes: nuestro primer ministro se reuniría con los líderes políticos e iba a aceptar que, ocurriera lo que ocurriera, nunca nos mostraríamos agresivos. En definitiva, nos habíamos rendido. Dejamos de negociar.


P. Cambiando de tema, ¿puede usted explicar en términos sencillos sus objeciones al Capital de Piketty?


R. Antes que nada, me da mucha vergüenza, porque Piketty nos ha dado a mí y al Gobierno un apoyo extraordinario, y yo hice una crítica horrible de su libro. Le agradezco mucho su postura de los últimos meses. Pero mis críticas siguen siendo válidas.Tiene razón en sus sentimientos sobre las desigualdades pero su análisis está equivocado.


P. ¿El problema está en su forma de medir la riqueza?


R. Sí, utiliza una definición de capital que hace que el capital sea imposible de comprender; es una contradicción

.
P. Volvamos a la crisis. ¿Qué relación tiene con [Alexis] Tsipras?


R. Le conozco desde finales de 2010; en esa época yo era un destacado crítico del gobierno, pese a haberlo apoyado anteriormente. Tenía amistad con la familia Papandreu --sigo teniéndola--, pero llamó la atención que un antiguo asesor dijera que estábamos negando la existencia de la bancarrota y tratando de ocultarla con nuevos préstamos insostenibles. Tsipras era un líder muy joven que quería entender lo que estaba pasando y construir su posición.


P. ¿Recuerda su primer encuentro?


R. Sí. A finales de 2010, en una cafetería. Estábamos tres, y recuerdo que no tenía muy clara su opinión sobre el dracma frente al euro, las causas de la crisis, y yo en cambio tenía opiniones muy firmes. Iniciamos un diálogo que se prolongó durante años, y creo que pude influir en su posición.


P. ¿Qué siente ahora, después de cuatro años y medio, al no estar ya a su lado?


R. No lo siento así, seguimos estando muy próximos. Ha sido una despedida muy amistosa. Nunca tuvimos un conflicto entre nosotros. Y también tengo muy buena relación con Euclides Tsakalotos [el nuevo ministro de Finanzas].


P. ¿Ha hablado con ellos esta semana?


R. Con Tsipras no, pero con Euclides sí, es un buen amigo, y no envidio en absoluto su situación [risa irónica].


P. ¿Le sorprendería que dimitiera Tsipras?


R. Ya no me sorprende nada, nuestra eurozona es un lugar incómodo para las personas decentes. Tampoco me sorprendería que se quede y acepte un pésimo acuerdo. Comprendo que se siente obligado con los que nos han apoyado y no quiere que nuestro país se convierta en un Estado fallido. Pero no voy a cambiar mi opinión, la misma desde 2010, de que Grecia debe dejar de aplazar y fingir, debemos dejar de pedir nuevos préstamos y fingir que hemos resuelto el problema, cuando no es verdad; cuando nuestra deuda es todavía menos sostenible con nuevas medidas de austeridad que hunden aún más la economía y el peso recae cada vez más sobre los que no tienen nada, con la inevitable crisis humanitaria. No estoy dispuesto a aceptarlo. Que no cuenten conmigo.


Esta entrevista apareció por primera vez en www.newstatesman.com
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia


EL EX MINISTRO DE FINANZAS HABLO DE LA INICIATIVA QUE VETO TSIPRAS CON SUS ALIADOS EN EL GABINETE


Varoufakis reveló su Plan B para Grecia

 

Por Marcelo Justo
Página/12 En Gran Bretaña
Desde Londres


El Parlamento debatirá hoy en Atenas una interminable batería de leyes neoliberales que debe aprobar para que el Eurogrupo se digne iniciar negociaciones sobre un rescate que saque a Grecia de la actual asfixia económica. Muchos dedos y no solo de la derecha, apuntan al primer ministro Alexis Tsipras. ¿No había previsto que Alemania y el Banco Central Europeo (BCE) buscarían arrodillarlo con todo su considerable poder de fuego? ¿No tenía un plan B?


En realidad el plan B existía y lo vetó el mismo Tsipras con sus aliados en el gabinete. En una entrevista con el semanario británico New Statesman, Yanis Varoufakis, ministro de finanzas de Tsipras desde la asunción de Syriza en enero hasta el referendo del 7 de julio, señaló que le había advertido a sus colegas que Alemania y el BCE habían puesto en marcha una doble pinza para asfixiar a Grecia y cerrar sus bancos. "Durante un mes les dije que este era el plan para forzarnos a un acuerdo humillante. Le presenté una propuesta. Muchos de mis colegas pensaron que no iba a pasar y votaron en contra", comentó al semanario británico Varoufakis.


La propuesta no era abandonar el euro y adoptar el dracma, políticas para las que el ex ministro de finanzas reconoce que no tenía mandato. "Mi propuesta era que si el BCE cerraba los bancos, teníamos que responder con una medida igualmente contundente. La idea era imprimir IOU (pagarés) o anunciar que lo haríamos, aplicar una reducción de los bonos griegos emitidos en 2012 al BCE y tomar control del Banco de Grecia", señala Varoufakis.


¿Había respaldo político para hacer esto? En las encuestas la mayoría de los griegos ha manifestado antes y después del corralito su apoyo al euro y su rechazo de la austeridad, dos premisas que, en el actual concierto europeo, no parecen compatibles. Esta dualidad, que ató las manos del gobierno griego durante mucho tiempo, empezó a cambiar cuando al corralito se añadió la contundente victoria en el referendo sobre el programa de Austeridad que proponía la Eurozona.


Varoufakis volvió a plantearlo la misma noche en que los partidarios del No celebraban su victoria en la plaza Syntagma en el centro de Atenas. Hubo una votación secreta de la mesa chica gubernamental –seis miembros del gabinete– en momentos en que, más allá de la euforia política, las puertas de los bancos estaban cerradas y la economía se extinguía. El todavía ministro de Finanzas perdió 4 a 2 y renunció a la mañana siguiente para dejarle al gobierno las manos libres en la negociación que se venía con el Eurogrupo.


Varoufakis mantuvo su lealtad al gobierno en los días siguientes. En la votación parlamentaria del viernes sobre la dura propuesta de ajuste al eurogrupo de Euclid Tsakalotos, su sucesor en el puesto, Varoufakis alegó "problemas de familia" para ausentarse del recinto. El ex ministro aseguró al New Statesman que tiene una relación muy cordial tanto con Tsipras como con Tsakalotos, pero no está claro qué hará hoy durante el debate. "Consideraré la posición que presenta el gobierno y decidiré mi voto", indicó.


La entrevista con el semanario británico ofrece una impresión de primera mano de la estructura de poder de la Eurozona. "El director de la orquesta es el ministro de finanzas de Alemania. Si en algún momento la orquesta desentona, el ministro la corrige. Solo los franceses se han atrevido a algún tono alternativo, pero muy sutilmente, usando un lenguaje muy cauteloso, para que quede en claro que no es oposición. La palabra final siempre la tiene Schäuble", señala Varoufakis.


Esta monolítica uniformidad esterilizó toda posibilidad de diálogo. "Mi propuesta era simple. Acordemos tres o cuatro reformas necesarias como el sistema impositivo o el VAT y ustedes relajan las restricciones sobre los bancos y luego discutimos un paquete completo de reformas. Pero ellos querían el paquete completo. Y entonces empezaba el paseo. Nos pedían toda la información sobre empresas estatales. Nos llevaba tiempo buscarla, conseguirla, verificarla. Cuando la teníamos nos preguntaban qué queríamos hacer con el VAT y rechazaban nuestra propuesta sin proponer nada a cambio. Hacían lo mismo con la privatización o las pensiones. Era imposible, como un gato que quiere morderse la cola", señaló.


Uno de los enfrentamientos que tuvo con su archienemigo Schäuble es revelador. "Me dijo: no voy a discutir el programa que aceptó el gobierno anterior porque no podemos permitir que una elección cambie todo. Si las cosas van a cambiar cada vez que hay una elección en uno de los 19 países que somos, los contratos van a perder toda validez. A lo que le contesté que entonces quizás tendríamos que dejar de tener elecciones. Hay una total falta de escrúpulo democrático", le dijo a New Statesman.


Las cosas no han cambiado. Este martes se filtró una nueva evaluación del FMI que dice que Grecia necesita un urgente alivio de la deuda que "va mucho más allá de los planes que ha presentado la Unión Europea". El FMI calcula que muy pronto la deuda será equivalente a un 200 por ciento de un PBI que se está achicando día a día. El documento es contundente. Igualmente lapidario sobre el funcionamiento interno de la Eurozona fue la declaración de un funcionario del eurogrupo de que esta evaluación fue silenciada en la cumbre del fin de semana. Debía haber cosas más importantes que debatir.

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Los sindicatos públicos griegos convocan una huelga de 24 horas en contra del acuerdo

Atenas.- La confederación de sindicatos del sector público de Grecia (ADEDY) convocó este lunes una huelga de 24 horas para el próximo miércoles en protesta contra el acuerdo alcanzado entre el Gobierno y los acreedores, el mismo día en que está prevista su votación en el Parlamento.

El paro de 24 horas, el primero que los sindicatos de trabajadores públicos convocan bajo el Gobierno del izquierdista Syriza, se lleva a cabo porque el pacto incluye una reforma de las pensiones, un aumento de los impuestos directos e indirectos y de las cotizaciones a la Seguridad Social, entre otras medidas.

Para mañana ADEDY ha llamado a sus afiliados a convocar asambleas generales y les ha instado a ocupar los edificios públicos en señal de protesta.

"Pocos días después del referéndum del 5 de julio, en que el 62 % de griegos votó "no" a las nuevas medidas, nos encontramos igual como si el referéndum no se hubiese celebrado", señaló el sindicato de funcionarios locales, pertenecientes a ADEDY, en un comunicado.


ADEDY se había sumado este lunes a la convocatoria de una protesta contra el acuerdo en la céntrica plaza de Syntagma, que ha logrado reunir a unas mil personas, una cifra mucho menor a la registrada en las manifestaciones de la semana pasada.

Para el miércoles la asociación de farmacéuticos también ha convocado una huelga de 24 horas en contra del pacto con los socios que recoge la liberalización de la profesión, lo que, entre otras medidas, permitirá la apertura libre de farmacias, siempre que cuenten con farmacéuticos entre sus trabajadores.


Cientos de griegos protestan en Atenas


Unas 500 personas se han concentrado este lunes por la tarde frente al Parlamento griego para expresar su rechazo al acuerdo. En las pancartas se podían leer mensajes contra el resultado de las maratonianas negociaciones en Bruselas pero también contra el 'sí' del Parlamento griego al paquete de reformas propuesto por Tsipras para conseguir la ayuda financiera.

Parte del electorado que catapultó a Tsipras al poder en los comicios legislativos del 25 de enero y que ratificó su apoyo en el referéndum del 5 de julio sobre la oferta de la antigua troika se ha sentido traicionado por un acuerdo que mantiene el ajuste heleno.

El pacto con sus colegas de la eurozona podría desatar una crisis en el Gobierno de Tsipras. El núcleo duro de Syriza ha calificado de "humillante" este acuerdo porque "mantiene al país en un estatus de colonia de deuda".

El diputado de Syriza Nikos Hountis ya ha dimitido en rechazo del pacto con Bruselas, en la que podría ser la primera de una serie de renuncias en el seno de la coalición de Gobierno, lo que podría mermar su escasa mayoría parlamentaria.


DESAFIOS PARA EL PREMIER


La odisea de Tsipras

Por Michael Day *
Desde Atenas


El primer ministro griego Alexis Tsipras (foto) regresó a Atenas ayer con los resultados de un acuerdo de rescate pero también una montaña de dificultades para aprobar recortes de gastos en el Parlamento en sólo 48 horas. Tsipras dijo que tenía la "creencia y la esperanza de que la posibilidad de 'Grexit' quede en el pasado. Evitamos el plan que resultaría en un estrangulamiento financiero y en el colapso del sistema bancario".


Mientras una rebelión política despegaba en su propio partido y la ira entre la población crecía harta ya del ajuste, él podía prometer una inyección de efectivo de emergencia de 500 millones de euros para mantener activos los bancos griegos –y tal vez permitirles reabrir el viernes–. Pero teniendo en cuenta los millones que votaron "no" a la austeridad en el referéndum, muchos predecían disturbios en las calles de un país donde el nivel de vida ya se está hundiendo.


Tsipras debe asegurarse de que el polémico paquete de aumento de impuestos, privatizaciones y reformas del mercado laboral obtengan el respaldo del Parlamento mañana por la noche. Pero el acuerdo por el que Atenas debe lograr ahorros por 13 mil millones de euros en los próximos tres años a cambio de un préstamo de más de 50 mil millones de euros, está exacerbando las divisiones en la izquierdista Syriza, la coalición de gobierno.


Varios representantes de Syriza ya estaban furiosos la semana pasada después de que su líder propusiera un nuevo paquete de austeridad en un intento por evitar salir del euro. Se espera que al menos 30 de los 149 diputados de Tsipras se rebelen, pero la oposición proeuropea se comprometió a votar a favor del acuerdo de Bruselas, por lo que es casi seguro que los votos serán para él.


A todo esto, Tsipras fue atacado por su ex ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, que se vio obligado a renunciar la semana pasada. Varoufakis dijo que no habría aceptado la oferta de hoy, que era "absolutamente imposible, totalmente inviable y tóxica". Fuentes gubernamentales predijeron una remodelación ministerial en los próximos días, para lograr un gabinete más propenso a respaldar reformas.


El nuevo acuerdo dividió a la opinión pública. Algunos lo consideran como un precio duro, pero inevitable para evitar la expulsión de la moneda única. Otros dicen que se sienten traicionados e incluso "invadidos" por las potencias europeas y los burócratas de la Unión Europea.


* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Páginal12. Traducción: Celita Doyhambéhère.

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El desastre de Puerto Rico. La alternativa

 A mediados del siglo XX, el gobierno de Washington exhibía a Puerto Rico como "la Vitrina del Caribe", el modelo soñado para los países mesoamericanos y unos decenios después igualmente lo hicieron los predicadores neoliberales y los apologistas de los TLC. Sin embargo, hace ya un par de décadas la economía de la isla se congeló y desde hace 10 años constituye una catástrofe cuyas crecientes calamidades atormentan el empleo, la alimentación, la seguridad social, la salud, la criminalidad y la estructura demográfica de la población. Ahora una deuda pública impagable dio pie a que The Economist califique a la isla como "la Grecia del Caribe" y más de la mitad de los puertorriqueños señala que la principal causa del desastre es el estatus político que aquellos pregoneros encomiaban: el Estado Libre Asociado.

 

Por una sentencia que la Corte Suprema estadunidense dictó en 1901 (tres años después de que la armada de su país le quitara esa posesión a España), Puerto Rico "pertenece a" pero "no es parte de" Estados Unidos, y su soberanía corresponde al Congreso norteamericano. En otras palabras, no es un Estado de la Unión sino un "territorio" o, como eso se llama en el resto del mundo, una colonia. Aunque en 1952 Washington le concedió a la isla un estatus que les permite a sus pobladores elegir gobierno local, ellos carecen de soberanía y, por consiguiente, no pueden decidir su propia política económica ni aspirar a auxilios del Banco Mundial, el BID, el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) ni otras agencias multilaterales. Porque Puerto Rico no puede siquiera decidir qué barcos autoriza a atracar en sus muelles.

 

Durante más de medio siglo, la isla tuvo interés geoestratégico y albergó bases de la armada estadunidense. Aunque la ocupación norteamericana implantó un modelo de urbanización y de economía que arrasaron la agricultura que antes la sostuvo, el valor militar de su ubicación geográfica justificaba los subsidios que eso costaba. Pero desde los años 80 del siglo pasado ese valor decayó, mientras la resistencia puertorriqueña a las bases militares crecía, y desde hace más de 10 años en Puerto Rico ya no queda ninguna de ellas.

 

No obstante, el gasto en subsidios prosigue. Dado que el control norteamericano quebró la economía puertorriqueña y la hizo insostenible, ahora el Tesoro federal estadunidense eroga más de US$ 6,000 millones anuales en asistencia a sus pobladores en empleo, nutrición, vivienda, salud y educación. Según el Departamento de Agricultura de EEUU, en 2012 el 37% de los puertorriqueños residentes en la isla recibió asistencia alimentaria, por un total de US$ 2,000 millones. Sin contar que, por efecto del estatus colonial, ellos pueden emigrar libremente a Estados Unidos, lo que disfraza las cifras tanto de los subsidios federales como de las víctimas de la crisis que azota a Puerto Rico.

 

La crisis se acelera

 

¿Por qué en el último decenio esa crisis se agravó con tanta rapidez? A mediados del siglo pasado la ocupación estadunidense implantó el estilo de urbanización típico de las afueras de las ciudades norteamericanas, y dirigió la economía puertorriqueña, mediante subsidios, hacia la industria ligera, la química, la electrónica y los servicios, con ruinosas consecuencias para la agricultura y sus derivados. Pero en los años 70 la crisis petrolera mundial hizo fracasar la refinería construida en la isla y los negocios asociados a ella. Washington apeló entonces a legislar incentivos fiscales que atrajeran industrias farmacéuticas a Puerto Rico.

 

Sin embargo, desde los años 90 Estados Unidos procuró tratados de libre comercio con países del continente, y al cabo México, República Dominicana y Centroamérica pasaron a ser más atractivos para fabricar manufacturas destinadas al mercado norteamericano. Para colmo, en 2006 concluyeron los incentivos para mantener compañías farmacéuticas en la isla y un creciente número de ellas abandonó el país, disparando una mayor crisis del empleo. La cesantía rápidamente sobrepasó el 13%, más del doble que en Estados Unidos.

 

Por ese tipo de motivos miles de centroamericanos y mexicanos intentan cada año migrar al Norte, y Estados Unidos se los obstaculiza por medio de los cuerpos de seguridad de sus propios países y de la "migra" norteamericana, y deporta a gran parte de quienes logran cruzar. Si bien entre los puertorriqueños la crisis provoca la misma tendencia, ellos arriban con pasaporte estadunidense y las autoridades de la potencia colonial no tienen más remedio que dejarlos entrar. Por esa vía, en los últimos años Puerto Rico perdió 144,000 habitantes, una caída cercana al 3% de su gente. El 40% de las familias que sigue en la isla está bajo la línea de la pobreza y el 42% de quienes se van lo hacen en busca de empleo.

 

Esto no implica que esos migrantes consiguen mejor vida. La mayor parte ‑‑que ahora va más a la Florida central que a la saturada Nueva York‑‑ pasa a sobrevivir con dramáticas carencias. Entre dificultades para superar la barrera del idioma y los prejuicios raciales, se hacinan en albergues temporales y demoran en retener empleos marginales, en un país agobiado por su propia crisis.

 

Dicha sangría incluye tanto a profesionales y técnicos como a trabajadores no calificados; hace envejecer la edad promedio de la población isleña, reduce la población productiva y agrega daños adicionales a la economía. Al disminuir la población activa, contrae la demanda, achica la oferta trabajo y los salarios, y al cabo más gente se va. Ahora en la isla quedan 3.7 millones de habitantes y en Estados Unidos hay 4.7 millones de puertorriqueños. Se calcula que entre 2006 y 2011 una cuarta parte del PIB se perdió en este éxodo.

 

En el corto plazo, uno de sus efectos es la crisis fiscal y presupuestaria que ya quiebra al gobierno isleño y amenaza la gobernabilidad del país. A cuenta de las facilidades que antes el estatus de "territorio" le permitió a los gobiernos locales, estos se endeudaron mucho más de lo admisible. Y ahora, bajo la presión de los acreedores, al no ser un país independiente Puerto Rico carece de los medios que una nación soberana usaría para enfrentar el problema. Y al tampoco ser un Estado de la Unión, está impedida de solicitar las ayudas que la legislación norteamericana prevé para las entidades que sí forman parte de su federación.

 

Según el Centro para una Nueva Economía (CNE), entidad independiente puertorriqueña, en 2013 la deuda del país ya ascendía a US$ 70,000 millones (unos US$ 19,000 por habitante), lo que representa un 102% del PIB y no se corresponde con lo que la isla produce. En otras palabras, Puerto Rico es estructuralmente insolvente. Su debacle presupuestaria viene de que por más de 20 años nunca generó ingresos suficientes para pagar sus gastos de operación, y en su lugar tomaba préstamos del mercado de bonos, donde multiplicó su endeudamiento hasta llegar al punto donde ya carece de crédito.

 

Amargo fruto de esta acumulación, en febrero pasado la calificadora Standard and Poor's degradó la deuda de Puerto Rico hasta la categoría de bonos basura, decisión que días después fue seguida por su homóloga Moody's. En ambos casos, señalando las dificultades de ese país para financiar un déficit de US$ 2,200 millones, y que todas sus obligaciones están en riesgo.

 

Hoy el gobierno local declara que su deuda es impagable, padece una insuficiencia fiscal que monta US$ 2,400 millones y, a la vez, está impedido de recurrir a nuevos préstamos en términos "normales", puesto que no tiene cómo amortizar una deuda de casi US$ 73,000 millones con los bonistas de Wall Street. Ello, sin contar que esa insuficiencia no incluye los US$ 400 millones que faltan en cuentas atrasadas del Banco Gubernamental de Fomento (BGF), ni los US$ 500 millones que el gobierno adeuda a los contribuyentes que han tributado en exceso.

 

Cuando en marzo pasado el gobierno local intentaba armar su presupuesto de ingresos y gastos para el año 2015‑16 ya había un déficit estructural de US$ 651 millones. Como el nuevo presupuesto costará unos US$ 9,800 millones, concretarlo va a imponer dolorosos recortes.

 

En Puerto Rico varios servicios son prestados por empresas estatales y el gobierno intenta armar un presupuesto que minimice el despido de empleados públicos. Pero no es capaz de idear una reforma tributaria aceptable y su única propuesta ha sido aumentar el Impuesto sobre Ventas y Uso (IVU), que buscó elevar del 7 al 16% y extenderlo a servicios que antes no tributaban, opción electoralmente peligrosa que no logró el apoyo ni de los legisladores del partido gobernante. Al cabo transó por un 11.5%, anunciando que buscará añadir un Impuesto al Valor Agregado (IVA), que el Congreso ya antes ha rechazado.

 

La senadora independentista María de Lourdes Santiago denunció que el incremento del IVU es un golpe adicional a los trabajadores y a los pobres, en "uno de los países que exhibe una de las mayores brechas de desigualdad en el planeta". Pero, lejos de ocuparse de mitigarla, el gobierno agota sus pocas facultades buscando "cuadrar" las cuentas entre ingresos fiscales y gastos corrientes, sin siquiera imaginar por sí mismo otra política económica.

 

Sitiados por el estatus

 

Ello agrava un conjunto de consecuencias socioeconómicas y humanitarias. Puerto Rico continúa perdiendo seguridad alimentaria y se encamina a una crisis de la atención sanitaria. Luego de que desde los años 50 relegó la agricultura, importa el 87% de los alimentos de consumo diario. Un reportaje del periódico El Nuevo Día el 24 de septiembre de 2014 informó que el déficit de la seguridad alimentaria se debe a que "no estamos organizados como país", y que "si nos cierran los muelles, nos morimos de hambre". Esto alude a que, desde 1920, el Congreso norteamericano sometió a la isla a las leyes de cabotaje de Estados Unidos, por lo cual ella solo puede utilizar buques de fabricación, propiedad y tripulación norteamericanas, la flota más cara del mundo. Además de las restricciones que eso le impone a la viabilidad de su economía, le impide a la isla adquirir alimentos frescos.

 

Al propio tiempo, según el mismo diario relató el 20 de mayo de 2015, la situación fiscal hace disminuir el número de pacientes que acuden a los hospitales, por la reducción de los proveedores de servicios e insumos médicos. Se paralizan las cirugías electivas por los problemas económicos del Plan de Salud del Gobierno. Distintos servicios hospitalarios se interrumpen por el despido de empleados y la sobrecarga de los que quedan para atender a los pacientes. Y se reduce la contratación de especialistas, así como las autorizaciones de hospitalización y de cirugías.

 

Como el ex gobernador Aníbal Acevedo lo reflejó en unas amargas declaraciones el pasado 24 de junio, mientras Puerto Rico le produjo azúcar y soldados, y mientras ofrecía sus tierras para entrenamiento militar y una economía abierta donde sus empresas prosperaron, Estados Unidos le dijo al mundo que trabajaba junto a la isla; pero ahora que Puerto Rico ha quedado en una profunda crisis que amenaza sus servicios esenciales, Washington se pone a distancia.

 

Todo eso descarta al viejo cliché de la ideología colonialista según la cual "si no fuera por los americanos aquí estaríamos como en Santo Domingo". De hecho, pese a sus conocidas dificultades, hoy la economía dominicana anda mejor que la puertorriqueña.

 

En otras palabras, el gobierno de Puerto Rico está atrapado sin salida, en tanto tiene las manos atadas por el mismo problema que paraliza y agobia a las demás instancias de la economía y la sociedad del país: el dominio colonial que Washington ejerce en la isla desde 1898. Aunque el Estado Libre Asociado ‑‑el ELA‑‑ le permite una limitada administración interna, el gobierno puertorriqueño no está autorizado ni para declararse en bancarrota.

 

Sin capacidad para concebir otra cosa, el gobierno contrató a una ex jefa de economistas del Banco Mundial, Anne Krugger, para que establezca la hoja de ruta que saque al país del atascadero. El informe Krugger empezó por reconocer que el problema no viene del flujo de efectivo sino del largo atasco del crecimiento, pero de allí derivó el conocido paquete neoliberal de recomendaciones, que enseguida despertó el rechazo de sus víctimas. Entre otras cosas demandó rebajar el salario mínimo, exigir más horas de labor para pagar horas extras, eliminar el Bono de Navidad, disminuir a la mitad las vacaciones pagadas, alargar el período de prueba de nuevos trabajadores (hasta ahora de seis meses) a dos años, facilitar el despido de trabajadores sin consecuencias para el patrono, elevar diversos impuestos, eliminar las amnistías contributivas, cesar parte de los maestros de la enseñanza pública y reducir el salario de los restantes (ya que al disminuir la población bajó la matricula), recortarle el subsidio a la Universidad de Puerto Rico, etc.

 

Inmediatamente la Unión General de Trabajadores (UGT) denunció que tales políticas no figuran en el plan de gobierno por el que se votó en las pasadas elecciones, ni en el plan de ningún otro partido, y reclamó que las medidas que el grupo de trabajo designado por el gobierno decida adoptar se sometan a referendo, para que el pueblo decida si las avala o repudia. Con lo cual crece una perspectiva similar a la de Grecia, ya no por el volumen de la deuda sino por el rechazo de la población a los nuevos sacrificios que el gobierno pretenda imponerle para apaciguar a los acreedores.

 

Por lo contrario ¿qqué alternativas pudieran implementarse si Puerto Rico no estuviera sometida al estatus colonial, para poder volverse una economía sostenible y con adecuadas perspectivas de crecimiento y desarrollo? De hecho, la isla dispone de buenas infraestructuras ‑‑carreteras, tendido eléctrico y de comunicaciones, acueductos y drenajes, instalaciones escolares y hospitalarias, puerto y aeropuerto‑‑, pero carece de permiso para gestionarlas en su propio interés. Como hemos dicho, para financiar un mejor aprovechamiento de esas facilidades, bajo esa camisa de fuerza el país no puede negociar apoyos de la banca multilateral de desarrollo, como las demás naciones latinoamericanas y caribeñas.

 

Tampoco puede solicitar la colaboración de los organismos internacionales apropiados para reanimar la actividad agropecuaria y agroindustrial, y mejorar la producción alimentaria, o para reanimar la industria ligera y el turismo, como la FAO, el PNUD, la ONUDI y la OMT. Ni de los organismos regionales de integración y cooperación, ya que en las condiciones de ese estatus Puerto Rico no pude ser miembro pleno ni asociado del Caricom, de la Asociación de Estados del Caribe, ni de Petrocaribe, como sus vecinas Jamaica y República Dominicana. Como tampoco serlo de la Celac y ni aun de la OEA.

 

Pese a estar en medio del Caribe la isla no ha podido desarrollarse como centro de enlaces y servicios marítimos regionales, al encontrarse reducida a ser cliente menor de la marina norteamericana de cabotaje.

 

Sitiada por el ELA, tampoco puede reorganizar en su propio interés sus relaciones económicas, comerciales y financieras con Estados Unidos a través de la negociación de un tratado comercial, como los países centroamericanos y la mayor parte de los estados ribereños de la cuenca del Caribe. Ni decidir su esquema de relaciones con los países europeos o del Pacífico asiático.

 

En resumen, Puerto Rico es una nación aislada e inmovilizada por su estatus territorial, que la mantiene al margen tanto de los flujos de la cooperación y la solidaridad regionales como de la competitividad global.

 

* Texto completo en http://www.alainet.org/es/articulo/171044

 

- Nils Castro es escritor y catedrático panameño.

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Tsipras: "Luchamos hasta el final por un acuerdo que permitirá al país recuperarse"

Tras conocerse el acuerdo entre Grecia y los líderes de la Eurozona, el primer ministro griego, Alexis Tsipras, afirmó este lunes que su Gobierno dio una "batalla dura" durante seis meses y "luchó hasta el final para un acuerdo que permitirá al país recuperarse".

"Afrontamos dilemas difíciles y tuvimos que hacer concesiones difíciles para evitar la aplicación de los planes de algunos círculos ultraconservadores europeos", dijo Tsipras al término de la cumbre de la eurozona en la que se acordó iniciar negociaciones para un tercer rescate.


Tsipras defendió el acuerdo y aseguró que permitirá salvaguardar la "estabilidad financiera". Manifestó su esperanza de que algunas de las medidas pactadas, como el paquete de inversiones, la renegociación de la deuda, o el punto final al debate sobre la salida del euro, ayuden a calmar a los inversores y a contrarrestar las medidas recesivas que incluye el programa.

"Creo que el pueblo reconoce el combate difícil que hemos tenido y que en esta ocasión el peso de las medidas será mejor repartido entre la sociedad", añadió el líder griego a su salida de la cumbre de líderes de la eurozona que duró 17 horas.
Conseguimos ganar la reestructuración de la deuda y una financiación segura a medio plazo", subrayó, en alusión a la mención a una posible mejora de las condiciones de pago que incluye el programa y al desembolso de entre 82.000 y 86.000 que incluirá el rescate.

Pese a todas las concesiones que ha tenido que hacer el Gobierno izquierdista respecto a sus aspiraciones iniciales y haberse comprometido a aceptar nuevamente una tutela de las instituciones (Comisión Europea, Banco Central Europeo, Fondo Monetario Internacional), Tsipras prometió que "seguiremos luchando para restablecer la soberanía nacional".

Ahora "hay que luchar contra la oligarquía que llevó el país hasta aquí", concluyó.


Hollande: "La soberanía griega se ha preservado"


Por su parte, la canciller alemana, Angela Merkel, dijo que el acuerdo entre los líderes de la zona euro tiene más ventajas que inconvenientes y que las exigencias a Atenas van en línea con lo pedido a España o Portugal a cambio de sus programas de ayuda.

"Puedo recomendar iniciar estas negociaciones (para un tercer rescate a Grecia) con toda consciencia porque las ventajas compensan con mucho los inconvenientes", señaló la canciller al término de la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de los países del euro.


"Está en línea con los programas que hemos acordado con otros países. Enda Keny, Passos Coelho y Mariano Rajoy han hablado mucho de sus programas y de que éste no era nada especial, con excepción de las cantidades que implica", añadió.

François Hollande, el presidente francés, se mostró más generoso con Tsipras. Dijo a los periodistas que con el acuerdo unánime entre Grecia y las instituciones "la soberanía griega se ha preservado" y calificó al primer ministro griego, Alexis Tsipras, de "valiente" por alcanzar el entendimiento con sus acreedores.

Hollande apuntó que Francia ha sabido pensar en Europa y destacó que "si la eurozona solo hubiera escuchado una voz (la del bloque más duro con Atenas y liderado por Berlín), igual habría acabado con la salida de Grecia del euro".

Finalmente, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, considera que el acuerdo alcanzado representa "un buen paso" para restaurar la confianza, aunque serán necesarios más con la implementación de las medidas acordadas.

"Ha sido una noche laboriosa", reconocía Lagarde a su salida de la reunión en Bruselas. "Creo que es un buen paso para reconstruir la confianza", destacó Lagarde.


Los principales líderes de la UE explican los detalles del pacto para un tercer rescate


ACUERDO CON GRECIA


Claudi Pérez / Lucía Abellán Bruselas 13 JUL 2015 - 12:21 CEST

"Estamos listos para iniciar las negociaciones para el rescate. No habrá Grexit". El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, han anunciado al filo de las nueve de la mañana, tras 17 horas de cumbre, un acuerdo con Grecia por unanimidad sobre el tercer rescate. El pacto abre la puerta a que el BCE mantenga la liquidez de emergencia a la banca griega. El jefe del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, ha explicado que Grecia aprobará leyes en las próximas 48 horas, endurecerá sus propuestas en pensiones, mercado laboral y otros asuntos, y finalmente acepta un fondo de privatizaciones, que permitirá recapitalizar los bancos y pagar la deuda.


Europa debe aclarar aún cuál será exactamente la participación europea en la financiación puente, ante las graves dificultades del sector financiero griego con el corralito y la falta de fondos para pagar un vencimiento de deuda al BCE el día 20 de julio por importe de unos 3.500 millones de euros. Pero Dijsselbloem ha avanzado que se usará ese fondo, con los activos vendibles de Grecia, para obtener dinero de inmediato. Eso, siempre que el Parlamento griego legisle en los dos próximos días las medidas más inmediatas.


El texto acordado esta mañana por los líderes de la eurozona es implacable con Grecia: comienza constatando "la necesidad crucial de reconstruir la confianza con las autoridades griegas" como requisito para cualquier rescate e impone durísimas condiciones para lograrlo. Entre ellas, una consulta previa con las instituciones europeas para cualquier ley que quiera aprobar Atenas "en áreas relevantes" y la necesidad incluso de revertir legislaciones ya aprobadas desde principios de año, a excepción de las vinculadas "a la crisis humanitaria" que vive el país. Europa no se fía y así lo deja claro en las siete páginas del compromiso rubricado este lunes, con múltiples cautelas para firmar el ansiado rescate.


Una de las claves del acuerdo -y de las más difíciles para digerir por parte de Grecia- es el fondo de privatizaciones, que ascenderá a 50.000 millones y ha sido el motivo del retraso en el acuerdo. Incluirá todo tipo de activos, incluidos posiblemente los bancos. "Nada habría sido peor que humillar a Grecia esta noche", ha dicho el presidente francés, François Hollande. Pero Berlín ha llegado a presionar con una salida de Grecia del euro si no había pacto. Y Atenas se ha visto forzada a aceptar ese fondo de privatizaciones, que nace cargado de polémica: no hay apenas precedentes en Europa, y supone una especie de aval que se exige a Grecia a cambio del tercer rescate. La titularidad del fondo será griega, pero estará supervisado por las instituciones europea.


A cambio de esas formidables concesiones, la canciller Merkel ha asegurado que una vez que Grecia demuestre que cumple lo acordado habrá reestructuración de deuda: básicamente, una ampliación de los plazos de devolución. "En ningún caso habrá quitas", ha dicho Merkel ante la prensa europea y tampoco reestructuración de deuda hasta el primer examen del rescate.


La canciller Angela Merkel ha asegurado que Grecia "ha mostrado su disponibilidad a acometer recortes y reformas". "Lo importante ahora es poner en marcha lo acordado rápidamente. Hay que recuperar la confianza y para ello Grecia tiene que hacer suyo el acuerdo". Alemania ha apuntado que el FMI seguirá a bordo en el tercer rescate griego, y que Atenas se ha comprometido a activar cambios en el sistema de pensiones y el resto de medidas prioritarias. El Eurogrupo dará al mecanismo de rescate la señal para iniciar la negociación del rescate, y varios parlamentos nacionales, incluido el Bundestag, votarán entonces.


Adiós al Grexit


"Grecia tiene una oportunidad de enderezarse. Y el acuerdo evita las consecuencias políticas que habría tenido la falta de resultados de la negociación", ha asegurado ante la prensa el presidente del Consejo Europeo –representa a los Estados miembros-, Donald Tusk. "La Comisión Europea no ha dejado de insistir en que no habría Grexit; estamos satisfechos", ha añadido el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, uno de los pocos defensores claros durante todo el proceso de la necesidad de pactar con Grecia. "Dije que la situación sería más difícil después del referéndum y se ha demostrado que es cierto. Pero lo alcanzado es un compromiso; no hay ganadores ni perdedores. No creo que los griegos se sientan humillados ni que los otros socios hayan perdido la fe. Es el típico compromiso europeo", ha considerado Juncker.


Don DeLillo define la política como "un asunto de hombres reunidos en cuartos". Y sin embargo la pasada madrugada la política europea giró alrededor de una mujer, la canciller Angela Merkel, que llevó la voz cantante en una de las noches europeas más largas y dramáticas de los últimos tiempos. 17 horas de reunión después, Berlín selló un acuerdo que exige un altísimo precio a Atenas para seguir en el euro. El primer ministro Alexis Tsipras debe aprobar varias leyes en las próximas 48 horas. Se le reclaman medidas más duras en el mercado laboral, en las pensiones, en todos los asuntos que hace solo unos días eran líneas rojas infranqueables. Y los socios, sobre todo, instan a Grecia a crear un fondo bajo supervisión europea con los activos privatizables para, una vez se vendan, reducir la deuda, en una propuesta inédita que levantó una suerte de sentimiento de humillación en Atenas.


Tsipras, además, no se librará de la presencia del FMI, que será parte también de este tercer rescate griego. Para suavizar todos estos reveses, Grecia obtiene dos medidas paliativas: la mención escrita, por primera vez en este proceso, a la reestructuración de la deuda y la inclusión de un paquete de 35.000 millones de euros para fomentar el crecimiento y el empleo a cuenta de la Comisión Europea durante los próximos tres o cinco años. En el alivio de deuda queda claro, en todo caso, que no habrá quitas, sino prolongación de los plazos de pago y periodos de gracia.


A cambio, Grecia evita la salida del euro y obtiene luz verde para negociar los pormenores de un rescate por tres años y unos 50.000 millones de euros. Y evita la bancarrota de sus maltrechos bancos, que amenazaba con llevarse por delante al país entero y que, a la postre, se han convertido en el talón de Aquiles que ha obligado a Tsipras a capitular y aceptar mucho más castigo de lo que pensaba hace dos semanas. El Gobierno griego rompió hace poco dos semanas las negociaciones. Convocó y ganó un controvertido referéndum contra la propuesta europea de entonces. Se vio obligado a decretar un corralito y controles de capital ante la rápida huida de depósitos en sus bancos. Y, finalmente, apenas 15 días después de esa decisión, capitula y se ve obligado a aceptar condiciones mucho peores.


Berlín se ha cobrado la afrenta que supuso el referéndum, unas negociaciones interminables y algunas declaraciones subidas de tono. Impuso exigencias mucho más duras de lo esperado, y llegó a incluir la posibilidad de una salida temporal de Grecia del euro, que acabó retirando cuando Tsipras se avino a pactar con los socios. A cambio, además de esos 50.000 millones en créditos baratos, se lleva la promesa del BCE de mantener con vida a los bancos, y un documento en el que Europa ofrece la ansiada reestructuración de deuda, a la vista de que a Grecia le es imposible pagar. El FMI seguirá a bordo. Y Grecia consigue metas fiscales más holgadas que en el anterior rescate, pero aun así se verá obligada a aprobar recortes adicionales a la vista de que la economía se ha parado en seco con el corralito: podría llegar a caer el 4% este año. Las necesidades financieras se han ido agrandando en los últimos días y ascienden a casi 90.000 millones de euros.


Y la saga griega no ha acabado. En los dos próximos días, el Parlamento tendrá que legislar a través de decreto-ley las medidas prioritarias. Si eso ocurre, el miércoles el Eurogrupo dará un mandato al mecanismo de rescate (Mede) para acabar de negociar las condiciones del Memorando de Entendimiento del tercer rescate. Ese proceso, que suele durar en torno a dos meses, se comprimirá a apenas dos semanas, ante la situación de emergencia financiera en Grecia. Y aun así no está claro cómo Atenas podrá hacer frente a un pago de 3.500 millones del BCE el 20 de julio: los socios tienen que diseñar –probablemente hoy, en un nuevo Eurogrupo, el enésimo de esta semana— la financiación de emergencia para evitar un impago al Eurobanco.

 

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Domingo, 12 Julio 2015 06:18

El enigma griego

El enigma griego

No les bastó con la feroz intimidación bancaria y la estrangulación económica a la que sometieron a Grecia luego de que Alexis Tsipras anunciara el referendo. Le harán pagar hasta la última gota la opción por el No.

Cero. El número del todo y de la nada preside la cumbre de los 28 jefes de Estado y de gobierno que este domingo se reúne en Bruselas para dar el toque final al hipotético pacto entre Grecia y sus acreedores, o constatar el fracaso. Las dificultades no se han superado. Hasta último momento y pese a la "victoria póstuma" (Maria Malagardis, diario Libération) que la Unión Europea se adjudicó por encima del No expresado por los electores griegos en el referendo de domingo 5 de julio, los miembros del Eurogrupo, reunidos el sábado, sometieron a Atenas a una centrifugadora. La violencia económica y el chantaje fueron las armas de los ministros de Economía de la Zona Euro para arrinconar al Ejecutivo griego y sacarle más concesiones que las que ya obtuvieron con la aceptación, por parte del primer ministro Alexis Tsipras, de la agenda de reformas y ajustes exigida por sus acreedores. El FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea (la troika) habían juzgado que los compromisos de Atenas constituían "una base positiva" de cara a la negociación.


Sin embargo, ahora exigen más y hasta ponen en tela de juicio la seriedad del equipo griego. El gran mosquetero de la alianza euroliberal, el presidente del Eurogrupo y ministro de Finanzas de Holanda, Jeroen Dijsselbloem, dijo que las reformas presentadas por Atenas "no son suficientes". La Zona Euro se cerró en bloque e impugna la "credibilidad muy baja" (Luis de Guindos, ministro español de Finanzas) y la "confianza" que se puede tener en el gobierno griego. Según Jeroen Dijsselbloem, "hay que saber si podemos contar con que este gobierno aplique aquello a lo cual se comprometió". Alemania también marcó los límites. Su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, aseguró que era "extremadamente difícil" concluir un acuerdo con Grecia.


Ya no se trata más de que el equipo de Syriza acepte un ajuste en contra de la voluntad popular, sino de un tema de confianza y de que se "adopten medidas adicionales". La troika argumenta en este momento que el plan de Tsipras es insuficiente (13 mil millones de euros de ahorro) porque no toma en cuenta la degradación bancaria del país como consecuencia del corralito. Pero pide aún más: no está satisfecha con el proyecto de despidos masivos. El Eurogrupo se desgarró, con, a la cabeza del No a Grecia, Alemania seguida por Bélgica, Eslovenia, Finlandia y Eslovaquia. El quinteto se niega a aprobar una extensión del plan de ayuda y aduce que no es posible confiar en un dirigente, Alexis Tsipras, que convocó un referendo sobre las condiciones de los acreedores e hizo campaña por el No. Sólo Francia mantiene su postura a favor de Grecia. En un apasionante y preciso artículo publicado en su blog, el renunciante ministro griego de Finanzas, Yanis Varoufakis, saca una conclusión sobre los reiterados rechazos alemanes: "Mi convicción es que el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, quiere que Grecia sea apartada de la moneda única para asustar a los franceses y hacerles aceptar su modelo de una Zona Euro disciplinada".


No les bastó con la feroz intimidación bancaria y la estrangulación económica a la que sometieron a Grecia luego de que Alexis Tsipras anunciara el referendo. Le harán pagar hasta la última gota esa opción que no sólo transfirió a la Nación una decisión de política económica sino que, por encima de todo, dejó de manifiesto el carácter lobbysta e inhumano, la indiferencia ante las decisiones tomadas por la mayoría de un pueblo y la indolencia democrática de la Unión Europea. Sólo Francia parecía mantener una línea de diálogo sin hachas de guerra con los representantes griegos. París, por otra parte, organizó una dosificada fuga de información para demostrar que, de una u otra manera, fue Francia quien ayudó a Tsipras a redactar los últimos detalles de su propuesta y a que no se rompa el diálogo. Un consejero ministerial citado (anónimamente) por el vespertino Le Monde dice: "Son los griegos quienes tienen la lapicera, pero se sirven de nosotros como un sparring-partner".

Otra fuente citada por el vespertino declara: "La idea no consiste en decirle a los griegos lo que deben hacer, sino darles consejos para que sus propuestas de reformas sean aceptables por el Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea". El presidente francés, François Hollande, jugó así en dos tableros de ajedrez al mismo tiempo: uno, evitar que Grecia salga de la Zona Euro: dos, frenar el impacto de la victoria del No en el referendo para que éste no beneficie a la critica a la izquierda de su partido y a los demás movimientos y líderes cercanos a las ideas de Syriza (Jean-Luc Mélenchon, por ejemplo). Los socios europeos de París acusan a Francia de "injerencia" y de ser al mismo tiempo "juez y parte". Simultáneamente, las filtraciones en la prensa narran a un François Hollande entregado en cuerpo y alma a la causa del acuerdo. Un consejero presidencial cuenta a Le Monde que Hollande "pasa un montón de horas en el teléfono hablando con unos y otros para tejer un hilo".


Para Grecia, lo que está en juego es un nuevo rescate y, desde luego, una reestructuración de su deuda (180 por ciento de su PIB). El FMI y los organismos europeos calculan que las necesidades de Atenas ascienden a unos 74.000 millones de euros, de los cuales 25.000 millones serían absorbidos por la recapitalización bancaria. La Eurozona debía dar su visto bueno al paquete de reformas presentado por el gobierno de Alexis Tsipras y a la solicitud de un rescate por unos 50.000 millones de euros.

Luego, este domingo, los 28 jefes de Estado de la Unión Europea se reúnen para la firma final o, en su defecto, para un salto a lo desconocido. El procedimiento, con todo, no concluye acá. Si hay acuerdo en torno de un tercer plan de ayuda, 8 Parlamentos de la Zona Euro deben caucionarlo: Alemania, Finlandia, Francia, Austria, Estonia, Letonia, Eslovaquia y Grecia. En Holanda no es obligatorio consultar a los parlamentarios, lo mismo que en Irlanda, mientras que en Bélgica, Luxemburgo, Chipre, Lituania, Italia, España, Portugal, Malta y Eslovenia no hace falta el pronunciamiento del Parlamento.


Yanis Varoufakis refuta los argumentos que se le oponen y asegura que "la respuesta no está en la economía sino que reside en el fondo de laberinto político de Europa". La lección es contundente. Si dentro de la UE a alguien se le ocurre preguntarle a su pueblo lo que piensa, enseguida pierde la confianza del resto de sus socios. La democracia directa está excluida del euro.

Aunque en otro contexto, la respuesta es similar a lo que ocurre cuando los Estados organizan referendos sobre los tratados europeos. Varias veces, luego de que los electores dijeran que No, los gobiernos de turno volvieron a organizar otro referendo, a reformular la pregunta para arrancar el Sí. Grecia, en todo caso, ha logrado cuestionar el modelo de la Unión y los parámetros y sacrificios que el euro recarga sobre las sociedades. El debate, profuso, agrio pero también metafórico para una gran mayoría, se encarnó y se visibilizó en Atenas. El huracán griego despejó la cortina de humo. Algunos intelectuales liberales muy críticos impugnan con lanzallamas al Ejecutivo de Tsipras. Uno de ellos, extravagante y charlatán pero de gran (e incomprensible) influencia, Bernard-Henri Levy, escribe: "¿La Unión Europea no es acaso ese espacio pacificado en el que, poco a poco, aprendimos a reemplazar precisamente la eterna lógica de la confrontación por la de la negociación y el compromiso? Este filósofo y polemista ve en el referendo griego un atentado contra la construcción europea. Del otro lado, el demógrafo y ensayista Emmanuel Todd retrata a Europa como "sistema jerárquico y autoritario". En una entrevista publicada por el diario belga Le Soir, Todd afirma: "Europa es un continente que, en el Siglo XX, de manera cíclica, se suicida bajo la dirección alemana. Hubo primero la guerra del 14 (Primera Guerra Mundial, 1914-1918), luego la segunda. Sin dudas, ahora estamos asistiendo a la tercera autodestrucción de Europa, otra vez bajo la dirección de Alemania". Como las negociaciones entre Grecia y el Eurogrupo, las posiciones parecen inconciliables. Ha surgido una nueva Europa. O, tal vez, recién se empieza a ver el verdadero rostro de Europa, la nueva entidad-identidad financiera que reemplazó, con una unión bancaria, el maravilloso proyecto político y social de un continente desgarrado por varias guerras.


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