Martes, 01 Octubre 2019 05:26

Devaluación y desempleo

Devaluación y desempleo

Durante estos días el desempleo y la devaluación del peso son los dos rasgos más significativos del desenvolvimiento de la economía colombiana. Los dos reflejan dificultades que no son solamente coyunturales, sino que también son de naturaleza estructural. Además, son la manifestación del impacto que han tenido las dinámicas internacionales en la actividad doméstica.

 

Desempleo

 

En la figura se observan las variaciones de las tasas de desempleo (TD), y de participación (TGP), en el mes de julio de los años 2001-2019.

 

La tasa global de participación (TGP) es la relación entre la población económicamente activa (PEA) y la población en edad de trabajar (PET).
 
Y la tasa de desempleo (TD) es igual a las personas que están buscando empleo (DS) y a quienes integran la fuerza laboral, que son la misma PEA.
 
Y la tasa de ocupación (TO) es la relación entre la población ocupada (OC) y la población en edad de trabajar (PET).
 

 

La tasa de desempleo presenta dos tendencias claras. Una descendente, que va desde el 2002 hasta el 2015. La reducción fue significativa, y el mismo pasó de 15,4% a 8,8%. Y, la otra, ascendente, que va desde el 2015 hasta ahora, cuando el desempleo llegó a 10,7%. Con razón, el gobierno y los gremios han expresado, sus preocupaciones por el aumento del desempleo.

Durante el período 2002-2015 el desempleo se redujo por varias razones. i) A comienzos de los años 2000, la economía todavía estaba resentida por la caída del PIB en 1999, que fue de -4,5%. Esta disminución de la producción fue un golpe muy duro, que redujo de manera significativa la capacidad de la economía. A partir del 2002 ya se comienza a observar cierta recuperación, y por ello el desempleo comienza a bajar. ii) Las bonanzas del petróleo y de los minerales. El precio del petróleo empezó su ritmo ascendente en el 2003-2004. Los recursos de la bonanza favorecieron a algunos sectores, como el comercio, los servicios, las finanzas y la construcción, que mejoraron el empleo. iii) La disminución de la tasa general de participación entre 2001 y 2007. Esta reducción significa que menos personas están buscando trabajo, y ello facilita la disminución del desempleo. Cuando la tasa de participación comenzó subir en el 2008, el desempleo no aumentó porque ya se estaba en plena bonanza, y se pudo absorber a la nueva población que deseaba trabajar.

El desempleo está aumentando desde el 2015 porque: i) La bonanza se agotó, y ya se están observando las consecuencias de no haberla sembrado. Las importaciones aumentaron, afectando de manera negativa a la industria, y a la agricultura. La euforia de la bonanza se agotó, y ello se explica porque durante los años de vacas gordas no se crearon condiciones propias para estimular la actividad productiva nacional. ii) La tasa de participación continúa siendo alta. Y ello se explica, entre otras razones, porque cuando las familias sienten que sus ingresos están disminuyendo, algunos de sus miembros que antes no trabajan, deciden buscar empleo. Esta opción puede ser muy dañina, sobre todo cuando el joven abandona el colegio para buscar empleo. iii) La reducción de la inversión pública. La disminución de los impuestos a los más ricos, disminuyó la capacidad fiscal del gobierno, y el gasto público se ha contraído. iv) El ministro de Hacienda está desconcertado porque no entiende cuáles podrían ser las razones del mayor desempleo. Y tiene razón en estar confundido, porque desde su lógica, las exenciones que el gobierno le ha ido dando a las empresas, y la reducción significativa de los impuestos, deberían haberse expresado en un mayor nivel de empleo. No ha sucedido así. Todo lo contrario. No obstante la menor carga tributaria, el empleo no mejora. No se está cumpliendo la relación de causalidad que de manera simplista había propuesto el gobierno: menores impuestos, entonces mayor empleo. v) Todo indica que las causas del desempleo habría que buscarlas en factores estructurales, y dejar de lado el discurso que reduce todo el problema a los costos laborales.

 

La devaluación del peso

 

Cuando se acaban las bonanzas también se reduce la entrada de dólares, y por ello su precio sube. La devaluación del peso, que se ha intensificado estos días, es una consecuencia de la fragilidad de la economía. El país no está preparado para recibir los choques externos. Con los excedentes de las bonanzas no se consolidó la producción nacional. El país se dedicó a importar, y las empresas locales no pudieron competir. Los efectos perversos del mal uso de la bonanza se están comenzando a sentir.

Quizás sirva de consuelo saber que la devaluación puede estimular las exportaciones, y reducir el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Pero este camino únicamente es posible si las políticas gubernamentales efectivamente favorecen a la pequeña y mediana empresa.

 

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10 de septiembre de 2019

Publicado enColombia
Jueves, 26 Septiembre 2019 16:34

Devaluación y desempleo

Devaluación y desempleo

Durante estos días el desempleo y la devaluación del peso son los dos rasgos más significativos del desenvolvimiento de la economía colombiana. Los dos reflejan dificultades que no son solamente coyunturales, sino que también son de naturaleza estructural. Además, son la manifestación del impacto que han tenido las dinámicas internacionales en la actividad doméstica.

 

Desempleo

 

En la figura se observan las variaciones de las tasas de desempleo (TD), y de participación (TGP), en el mes de julio de los años 2001-2019.

 

La tasa de desempleo presenta dos tendencias claras. Una descendente, que va desde el 2002 hasta el 2015. La reducción fue significativa, y el mismo pasó de 15,4% a 8,8%. Y, la otra, ascendente, que va desde el 2015 hasta ahora, cuando el desempleo llegó a 10,7%. Con razón, el gobierno y los gremios han expresado, sus preocupaciones por el aumento del desempleo.

Durante el período 2002-2015 el desempleo se redujo por varias razones. i) A comienzos de los años 2000, la economía todavía estaba resentida por la caída del PIB en 1999, que fue de -4,5%. Esta disminución de la producción fue un golpe muy duro, que redujo de manera significativa la capacidad de la economía. A partir del 2002 ya se comienza a observar cierta recuperación, y por ello el desempleo comienza a bajar. ii) Las bonanzas del petróleo y de los minerales. El precio del petróleo empezó su ritmo ascendente en el 2003-2004. Los recursos de la bonanza favorecieron a algunos sectores, como el comercio, los servicios, las finanzas y la construcción, que mejoraron el empleo. iii) La disminución de la tasa general de participación entre 2001 y 2007. Esta reducción significa que menos personas están buscando trabajo, y ello facilita la disminución del desempleo. Cuando la tasa de participación comenzó subir en el 2008, el desempleo no aumentó porque ya se estaba en plena bonanza, y se pudo absorber a la nueva población que deseaba trabajar.

El desempleo está aumentando desde el 2015 porque: i) La bonanza se agotó, y ya se están observando las consecuencias de no haberla sembrado. Las importaciones aumentaron, afectando de manera negativa a la industria, y a la agricultura. La euforia de la bonanza se agotó, y ello se explica porque durante los años de vacas gordas no se crearon condiciones propias para estimular la actividad productiva nacional. ii) La tasa de participación continúa siendo alta. Y ello se explica, entre otras razones, porque cuando las familias sienten que sus ingresos están disminuyendo, algunos de sus miembros que antes no trabajan, deciden buscar empleo. Esta opción puede ser muy dañina, sobre todo cuando el joven abandona el colegio para buscar empleo. iii) La reducción de la inversión pública. La disminución de los impuestos a los más ricos, disminuyó la capacidad fiscal del gobierno, y el gasto público se ha contraído. iv) El ministro de Hacienda está desconcertado porque no entiende cuáles podrían ser las razones del mayor desempleo. Y tiene razón en estar confundido, porque desde su lógica, las exenciones que el gobierno le ha ido dando a las empresas, y la reducción significativa de los impuestos, deberían haberse expresado en un mayor nivel de empleo. No ha sucedido así. Todo lo contrario. No obstante la menor carga tributaria, el empleo no mejora. No se está cumpliendo la relación de causalidad que de manera simplista había propuesto el gobierno: menores impuestos, entonces mayor empleo. v) Todo indica que las causas del desempleo habría que buscarlas en factores estructurales, y dejar de lado el discurso que reduce todo el problema a los costos laborales.

 

La devaluación del peso

 

Cuando se acaban las bonanzas también se reduce la entrada de dólares, y por ello su precio sube. La devaluación del peso, que se ha intensificado estos días, es una consecuencia de la fragilidad de la economía. El país no está preparado para recibir los choques externos. Con los excedentes de las bonanzas no se consolidó la producción nacional. El país se dedicó a importar, y las empresas locales no pudieron competir. Los efectos perversos del mal uso de la bonanza se están comenzando a sentir.

Quizás sirva de consuelo saber que la devaluación puede estimular las exportaciones, y reducir el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Pero este camino únicamente es posible si las políticas gubernamentales efectivamente favorecen a la pequeña y mediana empresa.

 

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10 de septiembre de 2019

Publicado enEdición Nº261
Causas profundas y coyunturales de la devaluación del peso: El dólar espanta al peso

La devaluación del peso prosigue a ritmo continuo, y con ello el encarecimiento de muchos producto de la canasta familiar, los mismos que desde hace varias décadas ya no produce el país. ¿Por qué se está devaluando el peso? ¿Cuáles son los factores que aportan a ello? ¿Qué podría suceder en el futuro próximo? Estos y otros interrogantes son abordados en el presente artículo.

 

El precio del dólar se disparó. El 22 de julio por un dólar había que dar $3.178 pesos, y en escasas dos semanas, el 12 de agosto ya había que dar 3.426 pesos, es decir un aumento del 7,8 por ciento. De esta manera, el peso colombiano registra como una de las monedas más depreciadas en la región. 

Subida del dólar (depreciación del peso colombiano: 43% en los últimos 3 años), que tiene consecuencias, entre ellas el aumento de la deuda externa, el encarecimiento de las importaciones y la generación de presiones inflacionarias. Es decir, en relación a la vida diaria de las mayorías colombianas, cubrir sus demandas en alimentos, ropa, etcétera, será cada día más caro. 

El aumento del dólar responde a varios elementos, que en lo fundamental podrían resumirse de dos tipos: estructurales y coyunturales. Los primeros hacen referencia a características productivas de la economía colombiana, así como su vinculación histórica a los mercados internacionales; y los segundos a circunstancias propias del ciclo económico, y en el caso colombiano particularmente al ciclo internacional.

 

Característica de la estructura productiva

 

La principal característica de la estructura productiva colombiana está signada por cuatro fenómenos: 1) la reprimarización productiva, que implica, en lo fundamental, el crecimiento del sector minero energético y la concentración de capitales en tal rama de actividad; 2) la desindustrialización; 3) la destrucción del sector agrario; y 4) la financiarización de la economía, entendida como un proceso de décadas, en el que la acumulación de capital se supedita principalmente a actividades financieras y vinculadas a la especulación. 

Por todo ello, el crecimiento económico de Colombia es dependiente de las exportaciones y de la disponibilidad de liquidez internacional, es decir, la disposición de capital necesario para el financiamiento de la economía en su conjunto. El caballito de Troya para esto ha sido el petróleo, como principal vehículo para traer la Inversión Extranjera Directa (IED), así como la garantía para la inversión de portafolio.

Así pues, en el mercado regulado de divisas, lugar donde se realiza el mayor porcentaje de las transacciones con monedas extranjeras, es evidente esta condición estructural: gran parte de los dólares que allí se cambian son aportados por el sector petrolero o por la Inversión Extranjera Directa (IED) que está destinada a estos rubros. De allí la existencia hasta hace poco de una relación inversa entre el precio internacional del petróleo (el Brent, para el caso colombiano) y la cotización del dólar, pues ante un aumento de dicho precio podía obtenerse un dólar más barato, producto del incremento de los ingresos en dólares por la venta de crudo. Con una precisión: esta relación se mantenía gracias a la abundancia de capital en el escenario internacional. 

Ejemplo de ello fue lo ocurrido hasta 2014: la abundancia de capital disponible para IED en petróleo, así como para la especulación, y los elevados precios del combustible fósil a nivel internacional permitieron que el dólar se mantuviera barato; lo que cambió a partir del tercer trimestre del 2014, cuando la caída de los precios internacionales del petróleo, producto del aumento de la oferta mundial, generó que el dólar superará la barrera de los $3.000 pesos. 

Ese año resaltaron sin sombra alguna las vulnerabilidades profundas de la estructura productiva colombiana y de las finanzas públicas. Tanto el déficit de cuenta corriente de la balanza de pagos, como el déficit fiscal, crecieron, a lo que las autoridades económicas respondieron con una política de ajuste que incluyó privatizaciones, recortes al gasto público, impuestos regresivos, flexibilidad y precariedad laboral.

Pero, más allá de las medidas de austeridad, fue la entrada de capitales vía IED y crédito barato, lo que permitió que el impacto de la caída de los precios del petróleo no fuera mayor. Además, la situación internacional continuaba estable, las tasas de crecimiento de China se mantenían, y el comercio mundial no enfrentaba sobresaltos. Unos pocos años después todo era distinto, pues a partir de 2015 la política estadounidense cambió de rumbo: como medida de normalización monetaria la Reserva Federal de Estados Unidos comenzó a subir las tasas de interés, lo que implicó que el financiamiento internacional se empezará a encarecer. 

 

Cambio en el ciclo internacional

 

El aumento paulatino de las tasas de interés en USA no fue sensible para las economías emergentes en un primer momento, pero sí empezó a sentirse su impacto a partir de 2018 cuando, junto con las medidas de la guerra comercial del presidente estadounidense hacia china, se generó un proceso de retorno de capitales hacia las principales economías del mundo, en especial hacia activos seguros. Es así como se rompió la relación convencional precio del petróleo-dólar. De esta manera, contrario a lo sucedido durante todo el siglo XXI, se observó que el precio internacional del barril estaba mejorando, pero a diferencia de lo esperado el dólar se estaba encareciendo.

Para nuestro país, la explicación de la ruptura de tal relación reside, además, en los resultados de su sector externo, pues, con una situación internacional de crédito caro, y con otras economías con mejores resultados, tomó forma un período de aumento de la salida neta de capitales, es decir, salen más dólares de los que le entran a la economía. Mientras se retiran grandes montos –vía utilidades y pago de interés de deuda–, los que entran, por ejemplo, como inversión en portafolio registran los menores niveles de los últimos 3 años.

En la gráfica puede verse como, a diferencia de los años anteriores, en lo corrido del 2019 (enero-julio) lo acumulado en inversión extranjera apenas es de 797 millones de dólares, mientras que en el mismo período del año 2017 y del 2018 la cifra superaba con creces, pues era de 2.447 y 1.219 millones de dólares, respectivamente. 

Este cambio en el ciclo internacional explica el incremento continuo del precio del dólar en Colombia a partir del 2018, realidad conectada con lo que ocurre a partir de la mitad de julio. Pues, sumada a la permanente salida de capitales, se agudizó el escenario de incertidumbre internacional: los anuncios de más medidas proteccionistas por parte del gobierno Trump; la incertidumbre en Medio Oriente frente al abandono de EE.UU. al pacto nuclear con Irán; el proceso de redireccionamiento de China hacia el mercado interno y la producción industrial, así como de servicios de alto valor tecnológico, que ha implicado una desaceleración de su ritmo de crecimiento; la presión por el recorte de las tasas de interés de la FED, todo lo cual generó un incremento de la preocupación entre empresarios e inversores.

Los más afectados con la incertidumbre internacional han sido los países productores de materias primas, pues ante una caída de las expectativas económicas se han desplomado los precios de los principales bienes de exportaciones de estos países, como los latinoamericanos dependientes del petróleo, carbón, gas licuado de petróleo (Gas natural), cobre, zinc, entre otros.

 

Depreciación del peso colombiano

 

Ante esta realidad, la moneda colombiana ha sido de las que más se ha depreciado porque se han conjugado dos elementos: por un lado, como ya fue anotado, cae la entrada de capitales de portafolio y, por el otro, el precio del petróleo ha sido el más afectado en este escenario internacional, mucho más de lo que ha sufrido la cotización del cobre, producto del que dependen las exportaciones de Chile y Perú, o el gas natural del que depende Bolivia. Contrario a lo que le ha ocurrido a la soja –producto de alta importancia en la canasta exportadora tanto de Brasil y Paraguay– que incrementó su precio, lo que en parte les ha permitido amortiguar la caída de los otros productos o las bajas en las entradas de capital. 

Con la economía nacional en crisis, de nuevo, la posibilidad de controlar su ahondamiento y de recuperar indicadores, depende de lo que ocurra en el panorama internacional. La ausencia de soberanía económica es evidente. La tensión internacional permanece y el impacto sobre la economía colombiana puede aun ser más fuerte, dependiendo de lo que ocurra en las rondas de negociación comercial de septiembre entre China y EE.UU. 

Pese a todo, queda un pequeño margen para las decisiones fiscales del gobierno nacional, las que podrían jugar un papel destacado, no obstante la austeridad es una opción poco efectiva en momentos como el actual. 

 

Publicado enColombia
Causas profundas y coyunturales de la devaluación del peso: El dólar espanta al peso

La devaluación del peso prosigue a ritmo continuo, y con ello el encarecimiento de muchos producto de la canasta familiar, los mismos que desde hace varias décadas ya no produce el país. ¿Por qué se está devaluando el peso? ¿Cuáles son los factores que aportan a ello? ¿Qué podría suceder en el futuro próximo? Estos y otros interrogantes son abordados en el presente artículo.

 

El precio del dólar se disparó. El 22 de julio por un dólar había que dar $3.178 pesos, y en escasas dos semanas, el 12 de agosto ya había que dar 3.426 pesos, es decir un aumento del 7,8 por ciento. De esta manera, el peso colombiano registra como una de las monedas más depreciadas en la región. 

Subida del dólar (depreciación del peso colombiano: 43% en los últimos 3 años), que tiene consecuencias, entre ellas el aumento de la deuda externa, el encarecimiento de las importaciones y la generación de presiones inflacionarias. Es decir, en relación a la vida diaria de las mayorías colombianas, cubrir sus demandas en alimentos, ropa, etcétera, será cada día más caro. 

El aumento del dólar responde a varios elementos, que en lo fundamental podrían resumirse de dos tipos: estructurales y coyunturales. Los primeros hacen referencia a características productivas de la economía colombiana, así como su vinculación histórica a los mercados internacionales; y los segundos a circunstancias propias del ciclo económico, y en el caso colombiano particularmente al ciclo internacional.

 

Característica de la estructura productiva

 

La principal característica de la estructura productiva colombiana está signada por cuatro fenómenos: 1) la reprimarización productiva, que implica, en lo fundamental, el crecimiento del sector minero energético y la concentración de capitales en tal rama de actividad; 2) la desindustrialización; 3) la destrucción del sector agrario; y 4) la financiarización de la economía, entendida como un proceso de décadas, en el que la acumulación de capital se supedita principalmente a actividades financieras y vinculadas a la especulación. 

Por todo ello, el crecimiento económico de Colombia es dependiente de las exportaciones y de la disponibilidad de liquidez internacional, es decir, la disposición de capital necesario para el financiamiento de la economía en su conjunto. El caballito de Troya para esto ha sido el petróleo, como principal vehículo para traer la Inversión Extranjera Directa (IED), así como la garantía para la inversión de portafolio.

Así pues, en el mercado regulado de divisas, lugar donde se realiza el mayor porcentaje de las transacciones con monedas extranjeras, es evidente esta condición estructural: gran parte de los dólares que allí se cambian son aportados por el sector petrolero o por la Inversión Extranjera Directa (IED) que está destinada a estos rubros. De allí la existencia hasta hace poco de una relación inversa entre el precio internacional del petróleo (el Brent, para el caso colombiano) y la cotización del dólar, pues ante un aumento de dicho precio podía obtenerse un dólar más barato, producto del incremento de los ingresos en dólares por la venta de crudo. Con una precisión: esta relación se mantenía gracias a la abundancia de capital en el escenario internacional. 

Ejemplo de ello fue lo ocurrido hasta 2014: la abundancia de capital disponible para IED en petróleo, así como para la especulación, y los elevados precios del combustible fósil a nivel internacional permitieron que el dólar se mantuviera barato; lo que cambió a partir del tercer trimestre del 2014, cuando la caída de los precios internacionales del petróleo, producto del aumento de la oferta mundial, generó que el dólar superará la barrera de los $3.000 pesos. 

Ese año resaltaron sin sombra alguna las vulnerabilidades profundas de la estructura productiva colombiana y de las finanzas públicas. Tanto el déficit de cuenta corriente de la balanza de pagos, como el déficit fiscal, crecieron, a lo que las autoridades económicas respondieron con una política de ajuste que incluyó privatizaciones, recortes al gasto público, impuestos regresivos, flexibilidad y precariedad laboral.

Pero, más allá de las medidas de austeridad, fue la entrada de capitales vía IED y crédito barato, lo que permitió que el impacto de la caída de los precios del petróleo no fuera mayor. Además, la situación internacional continuaba estable, las tasas de crecimiento de China se mantenían, y el comercio mundial no enfrentaba sobresaltos. Unos pocos años después todo era distinto, pues a partir de 2015 la política estadounidense cambió de rumbo: como medida de normalización monetaria la Reserva Federal de Estados Unidos comenzó a subir las tasas de interés, lo que implicó que el financiamiento internacional se empezará a encarecer. 

 

Cambio en el ciclo internacional

 

El aumento paulatino de las tasas de interés en USA no fue sensible para las economías emergentes en un primer momento, pero sí empezó a sentirse su impacto a partir de 2018 cuando, junto con las medidas de la guerra comercial del presidente estadounidense hacia china, se generó un proceso de retorno de capitales hacia las principales economías del mundo, en especial hacia activos seguros. Es así como se rompió la relación convencional precio del petróleo-dólar. De esta manera, contrario a lo sucedido durante todo el siglo XXI, se observó que el precio internacional del barril estaba mejorando, pero a diferencia de lo esperado el dólar se estaba encareciendo.

Para nuestro país, la explicación de la ruptura de tal relación reside, además, en los resultados de su sector externo, pues, con una situación internacional de crédito caro, y con otras economías con mejores resultados, tomó forma un período de aumento de la salida neta de capitales, es decir, salen más dólares de los que le entran a la economía. Mientras se retiran grandes montos –vía utilidades y pago de interés de deuda–, los que entran, por ejemplo, como inversión en portafolio registran los menores niveles de los últimos 3 años.

En la gráfica puede verse como, a diferencia de los años anteriores, en lo corrido del 2019 (enero-julio) lo acumulado en inversión extranjera apenas es de 797 millones de dólares, mientras que en el mismo período del año 2017 y del 2018 la cifra superaba con creces, pues era de 2.447 y 1.219 millones de dólares, respectivamente. 

Este cambio en el ciclo internacional explica el incremento continuo del precio del dólar en Colombia a partir del 2018, realidad conectada con lo que ocurre a partir de la mitad de julio. Pues, sumada a la permanente salida de capitales, se agudizó el escenario de incertidumbre internacional: los anuncios de más medidas proteccionistas por parte del gobierno Trump; la incertidumbre en Medio Oriente frente al abandono de EE.UU. al pacto nuclear con Irán; el proceso de redireccionamiento de China hacia el mercado interno y la producción industrial, así como de servicios de alto valor tecnológico, que ha implicado una desaceleración de su ritmo de crecimiento; la presión por el recorte de las tasas de interés de la FED, todo lo cual generó un incremento de la preocupación entre empresarios e inversores.

Los más afectados con la incertidumbre internacional han sido los países productores de materias primas, pues ante una caída de las expectativas económicas se han desplomado los precios de los principales bienes de exportaciones de estos países, como los latinoamericanos dependientes del petróleo, carbón, gas licuado de petróleo (Gas natural), cobre, zinc, entre otros.

 

Depreciación del peso colombiano

 

Ante esta realidad, la moneda colombiana ha sido de las que más se ha depreciado porque se han conjugado dos elementos: por un lado, como ya fue anotado, cae la entrada de capitales de portafolio y, por el otro, el precio del petróleo ha sido el más afectado en este escenario internacional, mucho más de lo que ha sufrido la cotización del cobre, producto del que dependen las exportaciones de Chile y Perú, o el gas natural del que depende Bolivia. Contrario a lo que le ha ocurrido a la soja –producto de alta importancia en la canasta exportadora tanto de Brasil y Paraguay– que incrementó su precio, lo que en parte les ha permitido amortiguar la caída de los otros productos o las bajas en las entradas de capital. 

Con la economía nacional en crisis, de nuevo, la posibilidad de controlar su ahondamiento y de recuperar indicadores, depende de lo que ocurra en el panorama internacional. La ausencia de soberanía económica es evidente. La tensión internacional permanece y el impacto sobre la economía colombiana puede aun ser más fuerte, dependiendo de lo que ocurra en las rondas de negociación comercial de septiembre entre China y EE.UU. 

Pese a todo, queda un pequeño margen para las decisiones fiscales del gobierno nacional, las que podrían jugar un papel destacado, no obstante la austeridad es una opción poco efectiva en momentos como el actual. 

 

Publicado enEdición Nº260
Huelga general contra el “austericidio” de Macri

Los grandes sindicatos, los movimientos sociales y partidos de izquierda dejan aparte sus rencillas y cierran filas para protestar contra la política económica del Gobierno de Mauricio Macri.

 “No nos une el amor sino el espanto”. El famoso y repetido verso del escritor Jorge Luis Borges parece hecho a medida del sindicalismo de Argentina. Todos sus dirigentes, siempre divididos, se unen este martes en huelga general contra la política socioeconómica neoliberal del presidente Mauricio Macri —un empresario centroderechista sin linaje ni padrinos en la política— al que muchos de ellos, sin embargo, ayudaron a ascender a la Casa Rosada en 2015.

Las centrales de trabajadores CGT —peronistas y burócratas ex afines a Macri—, CTA —centroizquierda—, Frente Sindical —del camionero Hugo Moyano— los movimientos sociales, y partidos de izquierda dejan aparte sus rencillas y cierran filas para protestar contra lo que denominan el “austericidio” del Gobierno, en referencia al hachazo a jubilaciones, pensiones, salarios, empleo y subsidios, a la vez que se rebajan los impuestos a los ricos.


El “espanto” galvaniza el sentimiento de los trabajadores argentinos, atemorizados por el ajuste: estampida del IPC, 42% de inflación prevista a fin de año; erosión del poder adquisitivo con salarios a la baja; derrumbe de más de 6% de la actividad económica interanual, con su consiguiente ola de desempleo. Y, por si ello fuera poco, se agregan los ‘tarifazos’ en transporte, electricidad, gas y agua, que en algunos casos han trepado hasta el 1.700%.

Así pues, tras casi tres años de Gobierno macrista, el hambre aprieta a los empobrecidos pobladores del cinturón urbano de Buenos Aires, donde cada día más gente acude a por una ración en los comedores populares, abastecidos de víveres por Caritas, los gobiernos nacional y provincial, y organizaciones sociales. También en las provincias, sobre todo del norte argentino, la falta de alimentos ataca a los sectores más pobres.


La protesta de las centrales y los sindicatos arrancó el 24 de septiembre por la tarde con una multitudinaria marcha y concentración en la Plaza de Mayo, a cuya vera se encuentra la Casa Rosada. Según los organizadores hubo 500.000 manifestantes, una medición exagerada. “Hasta aquí llegó el ajuste y la derecha, porque hay un pueblo unido que decidió salir a la calle y decir basta”, arengó el sindicalista de banca Sergio Palazzo.

De todos modos, la expresión más fuerte de la huelga se preveía para este martes. La ausencia del transporte público —tren, metro, bus, y aviones— parecía garantizar el éxito de la huelga. Tampoco funcionarían la industria, bancos, comercios, sanidad, educación, gasolineras, tribunales ni oficinas públicas. El centro de Buenos Aires, previsiblemente, quedaría desierto.


En medio de ese escenario pesimista, Macri tomó distancia y se marchó de visita a los Estados Unidos en plan de mostrar que, no obstante las quejas ciudadanas, recibe apoyo internacional. De hecho, el pasado 4 de septiembre, el presidente Donald Trump tuiteó: “Hablé por teléfono con Macri y reafirmé el fuerte respaldo de los Estados Unidos a Argentina [Su presidente] está haciendo un excelente trabajo ante una difícil situación económica y financiera”.

Sin embargo, en esta oportunidad la oficina de comunicación de la Casa Rosada quiso ‘vender’ como un éxito que haya sido recibido en la sede de Americas Society / Council of the Americas por su directora Susan Segal, y se haya reunido con “inversores” en una comida en el restaurante Rao’s y en la redacción del Financial Times. También hablará en la asamblea de la ONU.
“Lluvia de inversiones”
Macri es el prototipo del empresario metido a político, que colocó de ministros a CEOs de grandes compañías y definió a su gabinete como “el mejor equipo de los últimos 50 años”. Prometió que atraería una “lluvia de inversiones”. Sin embargo, todos los índices económicos y sociales han empeorado desde su arribo a la Casa Rosada. Pero se esperanzó, ayer en entrevista a Bloomberg, con que el acuerdo de endeudamiento con el Fondo Monetario Internacional (FMI) “va a ser beneficioso para Argentina".

Argentina había honrado sus deudas con el FMI en 2007, cuando el entonces presidente peronista Néstor Kirchner pagó al contado, harto de que el organismo internacional se entrometiera recomendando medidas ortodoxas. Pero Macri ha solicitado nuevos préstamos por al menos 50.000 millones de dólares para gastos corrientes y solventar el déficit fiscal y comercial, a cambio de comprometerse a llevar las cuentas públicas a un “déficit cero”.

No obstante la crisis, Macri se mostró optimista sobre sus chances de continuar en el poder, al declarar en la entrevista con Bloomberg que está “listo para competir” por la reelección en las presidenciales del año próximo. Las encuestas miden su caída de imagen, algunas hasta un piso de 27% de intención de voto. En 2015 conquistó la presidencia por 51,34%, en un reñido balotaje ganado con una diferencia de sólo 668.774 votos sobre el segundo.

Como principal contrincante se perfila la actual senadora y ex presidenta peronista Cristina Fernández, viuda de Kirchner, de momento con mayor popularidad: intención de voto de 30% a 35%. Si esos sondeos se mantienen con el tiempo, probablemente volverá a ser candidata a presidenta —igual que hizo Bachelet en Chile e intentó Lula en Brasil—, pese —o acaso por ello— a que afronta seis procesos judiciales por supuestos pufos de corrupción. Final abierto.

Publicado enInternacional
Miércoles, 22 Agosto 2018 07:27

El bolívar, ni fuerte ni soberano

El bolívar, ni fuerte ni soberano

La economía venezolana se ha ido ahogando en una marejada de ocurrencias incoherentes, de ideas mal desarrolladas y políticas peor implementadas. El resultado está ya para los libros de texto: Venezuela tiene niveles de inflación comparables a los de la república de Weimar en Alemania, o a los de Zimbabue, y una reducción de su economía que no se había visto en América Latina desde quién sabe cuándo.

En menos de cinco años, la economía venezolana se achicó practicamente a la mitad (una contracción de 47 por ciento). Así, tal cual. Esta semana le tumbaron cinco ceros al llamado “bolívar fuerte”, que había sido instituido con fanfarrias por Hugo Chávez. La moneda que remplaza al “bolívar fuerte” se llamará “bolívar soberano”; sólo que esa mentada soberanía monetaria viene respaldada por una criptomoneda, inventada también por Nicolás Maduro, llamada petro. El Financial Times informa que el tal petro no tiene valor, y alguno de los comentaristas que ellos citan agregó, con un guiño a nuestro sentido de realismo mágico, que respaldar al bolívar con el petro vale más o menos lo mismo que respaldarlo con unicornios, ya que ni el petro ni los unicornios cotizan en los mercados.
Más allá de la devaluación, y de una inflación que en julio llegó a 83 mil por ciento, el gobierno está cayendo en todo lo que antes juró que jamás haría, sólo que lo hace ahora en una situación social extrema, y con poco margen de maniobra. Así, Maduro no se cansaba de repetir que no aumentaría el precio de la gasolina; pero ahora, anuncia que por fin sí lo va a hacer, sólo que la situación es tan mala, que para mitigar el golpe político de un gasolinazo, anuncia que, en una economía parada, aumentará el salario mínimo 3 mil por ciento.
El gobierno está obligado a aumentar los precios de la gasolina. No le queda de otra, por la sangría de recursos que le está costando el contrabando fronterizo de gasolina, pero sobre todo porque la producción petrolera se ha desfondado, y ya no da para subsidiar el mercado interno. Hoy Venezuela produce apenas 1.4 millones de barriles diarios. ¡Es lo que fabricaba en 1947! En tiempos de Hugo Chávez, pese a los precios elevadísimos de venta, la producción petrolera ya se había estancado. Bajo Nicolás Maduro, la producción se ha colapsado.
Otros detalles de los que nunca se iban a hacer, pero que ya se hicieron: desbaratar a Citgo, la compañía refinadora de crudo venezolano asentada en Houston, y que tiene expendios de gasolina en todo Estados Unidos. Hace un par de semanas, una compañía minera canadiense, Crystallex, antigua dueña de una mina expropiada por el gobierno venezolano, ganó un juicio en una corte internacional que le permitió cobrarse con una parte de lo que le iba quedando a Venezuela de Citgo (valor de la apropiación: 1.4 mil millones de dólares). Antes, otra petrolera, la Conoco, había ganado un juicio parecido, y Venezuela tuvo también que pagarle 2 mil millones (Citgo vale 4 mil millones). O sea que la empresa que alguna vez Hugo Chávez calificó como la perla de la corona de la industria venezolana ya se les fue de las manos.
Los resultados sociales son proporcionales al desastre económico, aunque todavía no sean muy fáciles de medir. No hay una cuenta exacta de cuántos venezolanos han salido de su país, por ejemplo, pero la ONU calcula que desde 2014 han salido 2.3 millones. Las estimaciones que se hacen desde Venezuela llegan a alrededor de 4 millones de paisanos que viven fuera de su país. Esas cifras, como dije, no son aún muy precisas, pero sí que son indicativas del tamaño de la tragedia. La diáspora venezolana se perfila como un nuevo sub-proletariado en América Latina, que debe competir por trabajos incluso en regiones que tampoco se caracterizan por la abundancia de empleos; en Colombia, Brasil, Panamá, Ecuador, Perú, República Dominicana... además, de Estados Unidos y Europa. En México se han publicado reportajes de negocios de trata de blancas que han encontrado en las jóvenes venezolanas una fuente de trabajo esclavo, cautivo... La vulnerabilidad es terrible. Incluso los migrantes que alcanzaron a salir a tiempo y que encontraron buenos empleos representan, a fin de cuentas, una fuga de talento que será muy difícil de resarcir.
Ante tales extremos, Nicolás Maduro propone un paquete de medidas: devaluación drástica de la moneda, aumento a los precios de la gasolina, y un aumento de 3 mil por ciento al salario mínimo. ¿Funcionará algo de todo aquello? No se sabe, pero se trata de medidas extremas que están siendo tomadas por un gobierno que tiene cada vez menos margen de maniobra.

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La economía en el 2017: fragilidad y re-primarización

El análisis de la dinámica de la economía colombiana durante el 2017 contempla las siguientes variables: producto (PIB), desempleo, inflación y exportaciones. En líneas generales los resultados no son buenos, y el año terminó mal.

 

La dinámica del PIB

 

Los últimos datos del producto interno bruto publicados por el Dane corresponden al tercer trimestre del 2017. En este período el PIB creció 2 por ciento. Comparado con el tercer trimestre de los 7 años anteriores, el del 2017 presentó la segunda tasa de crecimiento más baja, después de la del 2016 que fue de 1,2 por ciento. En el tercer trimestre del 2010 la tasa de crecimiento del PIB fue de 3,4 por ciento, en el 2011 de 7,9, en el 2012 de 2,6, en el 2013 de 6,1, en el 2014 de 3,9 y en el 2015 de 3,3 por ciento. El comportamiento de la economía durante el 2017 fue muy mediocre, y estuvo por debajo de las proyecciones que inicialmente había hecho el gobierno. Los sectores más dinámicos fueron el agropecuario, el financiero y la construcción de obras civiles.

 

El sector agropecuario se recuperó gracias a la devaluación del peso. Al aumentar el valor del dólar, la importación de alimentos se hizo más costosa, y ello estimuló la producción doméstica. Es notoria la forma como se ha intensificado el sector cafetero.

 

A los bancos y a los intermediarios financieros les fue bien. En gran parte, porque la tasa de interés que cobran sigue siendo muy alta. El Banco de la República bajó la tasa de referencia hasta 4,75 por ciento año. No obstante, los bancos continúan prestando a tasas elevadas. Las reducciones de los intereses que hace el Banco de la República no se transmiten a los clientes de los bancos, porque éstos siguen ofreciendo créditos relativamente costosos. Las tarjetas de crédito, por ejemplo, cobran una tasa de interés cercana al 30 por ciento año, en el límite de la usura. Si las ganancias de los bancos mejoran, el PIB crece pero, al mismo tiempo, las familias y las empresas que están endeudas tienen que reducir el consumo y la inversión, y ello tiene un efecto negativo en el PIB. Dicho de otra manera, las ganancias del sector financiero no necesariamente son buenas para el conjunto de la economía. Si los bancos aprietan mucho, en el corto plazo obtienen buenas utilidades, pero con el paso del tiempo la cartera morosa comienza a subir, y los deudores no pueden pagar. Obviamente, esta situación tampoco es buena para los bancos.

 

También ha contribuido al crecimiento la construcción de obras civiles. En este proceso la inversión pública ha sido fundamental. De nuevo, se hace evidente la necesidad de que el Estado intervenga y hale la actividad económica.

 

La inflación

 

La inflación en diciembre de 2017 fue de 4,09 por ciento, inferior a la del 2015 que fue de 5,75. La inflación se redujo, sobre todo, porque el costo de los alimentos disminuyó. Esta apreciación es compatible con el crecimiento de la producción interna de alimentos. Gracias a la mayor oferta, entre el 2016 y el 2017 la inflación de alimentos bajó de 7,22 por ciento a 1,92, y como los alimentos tienen un peso tan alto (29%) en el índice de precios al consumidor (IPC), si baja la inflación de alimentos, también se reduce la inflación general. Esta relación entre el precio de los alimentos y la inflación general deja una lección importante: la estabilidad de los precios tiene que ver con factores reales, y no solamente con variables monetarias. Los bancos centrales suelen darle poca importancia a los procesos reales, como la producción de alimentos, y centran su atención exclusivamente en variables monetarias y financieras.

 

El desempleo

 

En noviembre del 2017 el desempleo fue de 8,4 por ciento, la tasa más alta de los últimos 4 años. La caída de la producción queda reflejada en una tasa de desempleo más alta. Este es un asunto central de la política económica. Desgraciadamente, como sucedió durante la última discusión del salario mínimo, el gobierno y los empresarios siguen pensando que el mayor ingreso de los trabajadores es incompatible con aumentos en el nivel de empleo. Esta lógica es equivocada, ya que mayores salarios estimulan la demanda e incentivan a los empresarios para que mejoren la productividad.

 

Las exportaciones

 

La economía colombiana cada vez está más anclada en el sector primario. Esta re-primarización se refleja bien en la composición de las exportaciones. Tal y como se observa en la gráfica, las principales exportaciones son: café, petróleo, oro, flores y banano. Las exportaciones manufactureras ocupan un lugar muy secundario, y no alcanzan a estar en la gráfica.

 

Esta re-primarización de la economía nacional expresa bien el fracaso de la bonanza minero-energética, ya que no se crearon los mecanismos que permitieran convertir los excedentes en procesos industriales y agropecuarios sostenibles. La excesiva dependencia de los productos primarios hace que la estructura de la economía colombiana sea muy frágil. Estamos muy lejos del sueño que tenían en los años sesenta los pensadores de la Cepal, como Prebisch y Lleras Restrepo. Para ellos el futuro de América Latina estaba en la industrialización. Siempre consideraron que la primarización de las economías crea volatilidad y no es el camino adecuado para consolidar el desarrollo.

 

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La economía en el 2017: fragilidad y re-primarización

El análisis de la dinámica de la economía colombiana durante el 2017 contempla las siguientes variables: producto (PIB), desempleo, inflación y exportaciones. En líneas generales los resultados no son buenos, y el año terminó mal.

 

La dinámica del PIB

 

Los últimos datos del producto interno bruto publicados por el Dane corresponden al tercer trimestre del 2017. En este período el PIB creció 2 por ciento. Comparado con el tercer trimestre de los 7 años anteriores, el del 2017 presentó la segunda tasa de crecimiento más baja, después de la del 2016 que fue de 1,2 por ciento. En el tercer trimestre del 2010 la tasa de crecimiento del PIB fue de 3,4 por ciento, en el 2011 de 7,9, en el 2012 de 2,6, en el 2013 de 6,1, en el 2014 de 3,9 y en el 2015 de 3,3 por ciento. El comportamiento de la economía durante el 2017 fue muy mediocre, y estuvo por debajo de las proyecciones que inicialmente había hecho el gobierno. Los sectores más dinámicos fueron el agropecuario, el financiero y la construcción de obras civiles.

 

El sector agropecuario se recuperó gracias a la devaluación del peso. Al aumentar el valor del dólar, la importación de alimentos se hizo más costosa, y ello estimuló la producción doméstica. Es notoria la forma como se ha intensificado el sector cafetero.

 

A los bancos y a los intermediarios financieros les fue bien. En gran parte, porque la tasa de interés que cobran sigue siendo muy alta. El Banco de la República bajó la tasa de referencia hasta 4,75 por ciento año. No obstante, los bancos continúan prestando a tasas elevadas. Las reducciones de los intereses que hace el Banco de la República no se transmiten a los clientes de los bancos, porque éstos siguen ofreciendo créditos relativamente costosos. Las tarjetas de crédito, por ejemplo, cobran una tasa de interés cercana al 30 por ciento año, en el límite de la usura. Si las ganancias de los bancos mejoran, el PIB crece pero, al mismo tiempo, las familias y las empresas que están endeudas tienen que reducir el consumo y la inversión, y ello tiene un efecto negativo en el PIB. Dicho de otra manera, las ganancias del sector financiero no necesariamente son buenas para el conjunto de la economía. Si los bancos aprietan mucho, en el corto plazo obtienen buenas utilidades, pero con el paso del tiempo la cartera morosa comienza a subir, y los deudores no pueden pagar. Obviamente, esta situación tampoco es buena para los bancos.

 

También ha contribuido al crecimiento la construcción de obras civiles. En este proceso la inversión pública ha sido fundamental. De nuevo, se hace evidente la necesidad de que el Estado intervenga y hale la actividad económica.

 

La inflación

 

La inflación en diciembre de 2017 fue de 4,09 por ciento, inferior a la del 2015 que fue de 5,75. La inflación se redujo, sobre todo, porque el costo de los alimentos disminuyó. Esta apreciación es compatible con el crecimiento de la producción interna de alimentos. Gracias a la mayor oferta, entre el 2016 y el 2017 la inflación de alimentos bajó de 7,22 por ciento a 1,92, y como los alimentos tienen un peso tan alto (29%) en el índice de precios al consumidor (IPC), si baja la inflación de alimentos, también se reduce la inflación general. Esta relación entre el precio de los alimentos y la inflación general deja una lección importante: la estabilidad de los precios tiene que ver con factores reales, y no solamente con variables monetarias. Los bancos centrales suelen darle poca importancia a los procesos reales, como la producción de alimentos, y centran su atención exclusivamente en variables monetarias y financieras.

 

El desempleo

 

En noviembre del 2017 el desempleo fue de 8,4 por ciento, la tasa más alta de los últimos 4 años. La caída de la producción queda reflejada en una tasa de desempleo más alta. Este es un asunto central de la política económica. Desgraciadamente, como sucedió durante la última discusión del salario mínimo, el gobierno y los empresarios siguen pensando que el mayor ingreso de los trabajadores es incompatible con aumentos en el nivel de empleo. Esta lógica es equivocada, ya que mayores salarios estimulan la demanda e incentivan a los empresarios para que mejoren la productividad.

 

Las exportaciones

 

La economía colombiana cada vez está más anclada en el sector primario. Esta re-primarización se refleja bien en la composición de las exportaciones. Tal y como se observa en la gráfica, las principales exportaciones son: café, petróleo, oro, flores y banano. Las exportaciones manufactureras ocupan un lugar muy secundario, y no alcanzan a estar en la gráfica.

 

Esta re-primarización de la economía nacional expresa bien el fracaso de la bonanza minero-energética, ya que no se crearon los mecanismos que permitieran convertir los excedentes en procesos industriales y agropecuarios sostenibles. La excesiva dependencia de los productos primarios hace que la estructura de la economía colombiana sea muy frágil. Estamos muy lejos del sueño que tenían en los años sesenta los pensadores de la Cepal, como Prebisch y Lleras Restrepo. Para ellos el futuro de América Latina estaba en la industrialización. Siempre consideraron que la primarización de las economías crea volatilidad y no es el camino adecuado para consolidar el desarrollo.

 

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Publicado enEdición Nº242
Latinoamérica, amenazada por la coincidencia de varias crisis

Dice un viejo refrán que las malas noticias nunca vienen solas y esta semana Latinoamérica ha podido dar buena fe de ello. En la misma jornada, Estados Unidos subió los tipos de interés por primera vez en nueve años; la segunda agencia de calificación retiró a Brasil el grado de inversión; y Argentina eliminó los controles cambiarios y abrió la puerta a una devaluación de su divisa. Suficientes elementos para arrojar una sombra de duda sobre las perspectivas de las economías de la región para 2016 y abrir, cuando menos, una etapa de inestabilidad.


La subida de los tipos de interés en EE UU reduce el apetito de los inversores por los mercados de más riesgo. Ayer acentuó la caída de los precios de las materias primas, el principal motor de crecimiento regional.


En ese contexto de debilidad, azuzado a su vez por la caída de la demanda global, una devaluación del 30% de la divisa de uno de los principales productores de granos del mundo introduce una severa distorsión en el mercado, que afecta también a otras industrias, como la automovilística, el turismo o el sector inmobiliario. El economista uruguayo Aldo Lema, socio director de Vixion Consultores, escribía ayer que este escenario abre un escenario "muy complejo", con un importante impacto negativo a corto plazo para la actividad al otro lado del Río de la Plata.


Lo peor es que la devaluación de la divisa está lejos de haber llegado a su fin. "Para recuperar el nivel de competitividad previo a los controles de capital el dólar debería cambiarse a 17 pesos y si hablamos de la competitividad relativa respecto a sus socios comerciales no debería bajar de los 16,10 pesos", apunta en una nota Alex Fusté, economista jefe de Andbank. A medio plazo la medida repercutirá positivamente sobre la economía argentina pero a corto plazo el sufrimiento para los consumidores será inevitable. "En Latinoamérica, la economía ha pasado a situarse en segundo plano de la política", apunta Neil Shearing, economista jefe para mercados emergentes de Capital Economics.


Por si fuera poco, la decisión de Fitch de rebajar a bono basura la calificación de la deuda brasileña —una decisión que Standard and Poor's ya adoptó en septiembre— tiene consecuencias inmediatas para muchos fondos de inversión, obligados por sus estatutos a permanecer únicamente en aquellos mercados con el sello de calidad de al menos dos agencias de rating. El temor de las autoridades regionales es que se produzca un "comportamiento de manada" de los fondos de capital, que decidan retirarse de Sudamérica como consecuencia del coletazo brasileño, y que eso encarezca la financiación de los gobiernos.


Los Ejecutivos de la región pueden verse forzados a subir los tipos de interés para contener las presiones deflacionistas, derivadas una divisa más débil. "Puede que los beneficios de una moneda débil no se perciban hasta la segunda mitad de 2016", apunta Shearing.


Como consecuencia de tanta turbulencia, la CEPAL aseguró ayer que la economía de Sudamérica caerá un 0,8% el año que viene, lejos del 4,3% que crecerá América Central o del aumento del 2,6% de México.

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Sábado, 05 Septiembre 2015 04:53

Renace el temor a una guerra de monedas

Renace el temor a una guerra de monedas

La inestabilidad de China fue el tema central en la primera jornada de la Cumbre del G-20 que se está llevando adelante en Ankara. El secretario del Tesoro de EE.UU. instó al gigante asiático a "abstenerse de toda devaluación competitiva".

 

La inestabilidad bursátil y económica de China fue el tema central en la primera jornada de la Cumbre del G-20 que se está llevando adelante en Ankara, a la que asisten los ministros de Finanzas y banqueros centrales. Tal y como lo había anunciado, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Jack Lew, instó al gigante asiático a abstenerse de toda devaluación competitiva. "China debe permitir que su tipo de cambio refleje los fundamentos económicos, evitar las distorsiones cambiarias persistentes y abstenerse de toda devaluación competitiva", dijo Lew, según un comunicado, a su homólogo chino, Lou Jiwei, durante una reunión bilateral. A su vez, la probable alza de la tasa de interés en Estados Unidos fue otro de los temas clave de la cumbre, que seguirá hoy.


Más allá de la advertencia de Estados Unidos a China, los participantes del G-20 buscaron tranquilizar los ánimos y transmitir confianza, sobre todo a los mercados. "El ambiente no es en absoluto poner a China en el banquillo de los acusados", aseguró uno de los funcionarios asistente a las reuniones, quien dijo tener "confianza plena" en la capacidad del gobierno chino para gestionar la desaceleración. No obstante, China "debe comunicar de forma más clara", estimó esta fuente, haciendo referencia a cierta confusión creada tras la devaluación del yuan en agosto. El objetivo es evitar que los países intenten superar la crisis sin una estrategia coordinada y apelen a la "guerra de monedas" para tratar de trasladarles los costos a los demás, ganando competitividad.


Por su parte, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, llamó a los países emergentes a ser "vigilantes" ante los efectos de la ralentización en China, que se refleja en reiterados brotes de pánico en las Bolsas y fuertes caídas de los precios del petróleo y otras materias primas.


Después de que Draghi dijera el jueves no tener ningún límite para apoyar a la economía de la Zona Euro, ahora los ojos se vuelven hacia su homóloga de la Fed, Janet Yellen. La publicación ayer de cifras sobre el empleo en Estados Unidos, menos buenas de lo previsto, no ayudó en nada para despejar la incertidumbre sobre un alza de las tasas de la Fed en septiembre. Semejante decisión podría estar justificada por la solidez de la economía norteamericana, pero enviaría una onda de choque a países emergentes, algunos de los cuales, como Brasil y Rusia, ya tienen serias dificultades.


Un endurecimiento monetario en Estados Unidos tendría un efecto de "aspirador" de capitales, atraídos por mejores rendimientos, en detrimento de la estabilidad financiera de las economías emergentes ya afectadas por la caída de las cotizaciones de las materias primas. También se fijarán estrategias en la lucha contra las prácticas de evasión fiscal de grandes multinacionales.


Saliendo de la esfera puramente económica, los responsables reunidos en Ankara abordaron la crisis migratoria en Europa. "Hablamos por primera vez del tema de las migraciones, en el marco de las migraciones laborales", dijo a la prensa el ministro turco de Trabajo, Ahmet Erdem. "Si tomamos en cuenta el rápido envejecimiento de la población mundial y una posible escasez laboral en un futuro, creo que este tema será discutido aún más en las reuniones del G-20 en los próximos años", auguró Erdem. El secretario general de la OCDE, Angel Gurria, llamó por su parte a apoyar una propuesta estructurada y ambiciosa del presidente francés, François Hollande, y la canciller Angela Merkel sobre cuotas obligatorias de acogida de migrantes en los países de la Unión Europea.


Los participantes también buscarán coordinar mejor la lucha contra la financiación del terrorismo, un tema candente y en particular en Turquía, país vecino de Siria, donde los jihadistas del grupo Estado Islámico controlan numerosos territorios. Francia tratará por su lado de movilizar fondos contra el calentamiento climático, en vísperas de la gran conferencia sobre el clima (COP 21) que se realizará en París a fin de año.

Publicado enEconomía
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