¿Cuál será el mensaje sobre la "nueva época" de Putin que sacudirá al mundo el 21 de abril?

Un día después de que el Wall Street Journal diera a conocer la creación del ciber-yuan (https://on.wsj.com/3mTV4wP), Russia Today anunció que el zar Vlady Putin "se prepara a presentar su visión del futuro en un dramático discurso" que sus aliados juzgan será “el más importante hecho político del mundo (sic)”. Se trata de la detonación de una "nueva época" conforme desvanece la pandemia del Covid-19 en Rusia (https://bit.ly/32quTUR).

El ciber-yuan constituye un genuino game changer (punto de inflexión) y se moverá fuera de la dolarización y del sistema Swift de Estados Unidos que controla las transacciones financieras en más de 21 mil (sic) bancos del mundo. Swift y dólar son los dos verdaderos pilares del poder financierista omnipotente y omnímodo de Washington.

La poderosa presidenta del Consejo de la Federación, Valentina Matviyenko, adelantó que el discurso del 21 de abril daría respuestas a un sinnúmero de desafíos (sic) en el planeta: "será un mensaje para una nueva época", en medio del "ambiente difícil que enfrenta el mundo".

Russia Today rememora la conferencia realista de Putin en el Foro Económico Mundial de Davos de enero, donde expuso que la medida de "incrementar deuda para estimular las economías" es "obsoleta", ya que "sirve para ensanchar la brecha entre ricos y pobres", cuando “el costo de la educación y los servicios médicos ha aumentado en la mayoría de los países desarrollados (sic) en los pasados 30 años (https://bit.ly/2RLbHzd)”. En esa ocasión Putin sonó como epígono del economista francés Thomas Piketty, quien propone ideas creativas sobre la imperante desigualdad, la imperativa necesidad de fiscalizar los paraísos fiscales y la urgencia de elevar los impuestos a los multimillonarios de Forbes.

Hace 18 días (cinco antes del artículo perplejo del Wall Street Journal sobre el ciber-yuan y seis días antes del dramático "cambio de época" de Putin el 21 de abril), Bajo la Lupa ya había adelantado que “China tiene ya su sistema alternativo al Swift: el China International Payments System, al que algunos bancos rusos, asfixiados por las sanciones, han empezado a adherirse. Pronto seguirán el 15-RCEP y los países incrustados a las tres rutas de la seda que encabeza China. Rusia y China ya olieron sangre en el vulnerable dolarcentrismo y su insostenible Swift (https://bit.ly/3sqxOHN)”.

El pasado 13 de abril el canciller ruso Sergei Lavrov, durante su visita a Irán –21 días después de haber visitado a su homólogo chino Wang Yi, en Guilin–, en una entrevista a la agencia iraní Irna dio luz sobre las medidas a tomar para contrarrestar las asfixiantes sanciones masivas de Estados Unidos, con el fin de “adoptar pasos graduales hacia la desdolarización de las economías nacionales y a la transición (sic) de pagos con divisas nacionales o alternativas, así bien como cesar de usar el Sistema Internacional de Pagos Swift controlado por Occidente (https://bit.ly/2RK4krR)”.

El cronograma es seminal: reunión de China y Estados Unidos en Anchorage 18/19 de marzo (https://bit.ly/3mURrqe); tres días después, Lavrov en China 22/23 de marzo (https://bit.ly/3tFvA97); Wang Yi, el 27 de marzo en Irán (https://bit.ly/2Reo6LN); Lavrov, el 13 de abril en Irán (https://bit.ly/2QCsljK): ¡26 vibrantes días de recomposición geopolítica!

Un día después de la alerta sísmica del canciller Lavrov, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, aseveró que el “Kremlin no descarta la desconexión de Rusia del sistema de pagos occidental (https://bit.ly/32BRVsh)”, dada la “actitud hostil de varios (sic) países contra Rusia”. Dmitry Peskov expuso que el sistema de pagos ruso MIR "ha madurado lo suficiente y con el tiempo tendrá distribución global".

Cinco días antes del bombástico anuncio sobre la "nueva época" de Putin, el muy influyente Sputnik da vuelo al “yuan digital chino: una reinvención del dinero que sacudirá el poder del dólar estadunidense (https://bit.ly/3giJ2M1)”.

¿El "cambio de época" de Putin pondrá el acento en su salida del Swift y en su desdolarización, bajo la cobertura de sus hasta hoy insuperables “armas hipersónicas (https://bit.ly/3e8G9e9)”?

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Domingo, 18 Abril 2021 06:25

Última advertencia

Última advertencia

Que los nexos entre Rusia y Estados Unidos no podrían haber caído más bajo es indisputable, aunque tras conocer el reciente paquete de sanciones de Washington contra Moscú queda la esperanza de que aún es posible recomponer la deteriorada relación bilateral y, a la vez, se percibe que la confrontación entre ambos no deja opción: o buscan entendimientos en áreas de interés común, a pesar de mantener sus diferencias en otras, o será inevitable la ruptura definitiva.

Las medidas anunciadas esta semana por Estados Unidos contra Rusia hacen más ruido que daño; son indignantes en lo político, inadmisibles como presión para dialogar, carentes de tacto unos días después de proponer celebrar una cumbre de los dos mandatarios y todo lo que se quiera, pero no afectan de verdad la economía rusa.

Son, de hecho, la última advertencia de lo que puede pasar si Moscú no acepta las reglas del juego que Washington quiere imponerle: para empezar, podría excluir a Rusia del sistema de transferencias bancarias Swift, prohibir que las tarjetas de pago Visa y Mastercard trabajen con bancos rusos o bloquear sectores clave de su economía, como son el petrolero y el del gas natural, por mencionar tres ámbitos en los que las sanciones causarían estragos.

Al mismo tiempo, es quimérico pensar que se puede hablar con Rusia –más débil en lo económico, pero igual de poderoso en términos de arsenal nuclear– desde posiciones de fuerza. El Kremlin jamás va a tomar una decisión que parezca obligada por otro: ni dejará a su suerte las regiones separatistas del sur de Ucrania ni mucho menos devolverá Crimea, ni tampoco pondrá en libertad al opositor Aleksei Navalny ni aceptará cualquier otra exigencia que provenga del exterior y que, si la cumple, se interprete como prueba de que lo hizo contra su voluntad.

La relación entre Rusia y Estados Unidos depende de qué tan lejos esté dispuesto a llegar Washington en materia de sanciones contra Moscú. Mientras, transmitida ya la respuesta rusa a la afrenta más reciente, que por el principio de reciprocidad se sabía inevitable, los diplomáticos de ambos países, sin perder la cara nadie, deben sentarse a negociar la necesaria cumbre de sus presidentes y, de no existir aún condiciones, al menos contribuir a evitar que la creciente tensión termine en hecatombe nuclear.

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El canciller Serguei Lavrov anunció las medidas y repudió las sanciones.  ________________________________________ Imagen: EFE

Fuerte respuesta rusa a las sanciones de Biden

El Kremlin no permitirá el ingreso a Rusia de ocho funcionarios estadounidenses y limitará a las ONG y fundaciones que operan en el país.

 

Rusia anunció que expulsará a diez diplomáticos estadounidenses además de otras medidas en respuesta a las sanciones anunciadas ayer desde EE.UU. “El presidente ruso ha aprobado estas medidas en respuesta a los actos absolutamente inamistosos y gratuitos anunciados por Washington contra Rusia, nuestros ciudadanos, personas físicas y jurídicas, y nuestro sistema financiero", declaró Serguei Lavrov, el ministro de Exteriores ruso, en una rueda de prensa.

La respuesta del Kremlin viene un día después de que la administración de Joe Biden sorprendiera con la expulsión de diez diplomáticos rusos. El demócrata también amplió las restricciones a los bancos estadounidenses que negocian la deuda que emite el Gobierno ruso.

Según el ministro Lavrov, la expulsión de diez diplomáticos estadounidenses fue anunciada debido a las violaciones sistemáticas cometidas por los funcionarios norteamericanos, incluidos agregados militares. Desde la Cancillería de Rusia acusaron a EE.UU. de apostar por una continua degradación de las relación y su política que apunta a contener a Moscú.

Lavrov también hizo pública una lista de ocho funcionarios estadounidenses que no podrán ingresar al país por su política antirrusa. Entre ellos figuran Merrick Garland, fiscal general; Michael Carvajal, director de la Oficina de Prisiones; Alejandro Mayorkas, secretario de Seguridad Nacional; Susan Rice, directora del Consejo de Política Doméstica; Christopher Wray, director del FBI, y Avril Danica Haines, directora de Inteligencia. También integran la lista John Bolton, quien fue asesor de Seguridad Nacional en la Administración de Donald Trump, y James Woolsey, antiguo director de la CIA.

Por otra parte, limitará y ordenará el cese de actividades de organizaciones no gubernamentales y fundaciones que interfieren en abiertamente en los asuntos internos de Moscú. Mientras que también se prevé que las sanciones demoren el retorno a Washington del embajador ruso Anatoli Antónov, que fue convocado por la administración de Vladimir Putin por consultas luego de que Biden lo llamara “asesino” en una entrevista televisiva.

"El embajador Antónov continúa las consultas. La situación es muy compleja", explicó Lavrov. El ministro agregó que el Kremlin recomienda al embajador de EE.UU., John Sullivan, regresar a su país para consultas con sus superiores.

El ministro de Exteriores apeló a la cordura de EE.UU. y pidió renunciar a la política de confrontación. "Los pasos dados son sólo una parte de los que están a nuestra disposición. A nosotros nos gustaría evitar una nueva escalada con EEUU", señala en el comunicado oficial.

“La realidad es que de Washington escuchamos una cosa y en la práctica vemos otra. No debe haber dudas. Ni una ola sancionadora quedará sin respuesta", continúa el comunicado del ministerio de Exteriores. También se refiere a la propuesta de Biden de llevar a cabo una cumbre ruso-estadounidense en un tercer país. “Cuando se hizo esta oferta, se recibió positivamente y ahora se está considerando en el contexto de los acontecimientos concretos”, afirmó el comunicado del ministro Lavrov.

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El gobierno de Biden sancionó a Rusia y después llamó al diálogo.   ________________________________________ Imagen: EFE

Biden acusó al Kremlin de ciberataques pero busca una cumbre con Putin

 

La Cancillería rusa convocó al embajador de Estados Unidos en Moscú, John J. Sullivan, y aseguró que Moscú dará una "respuesta contundente" a las nuevas sanciones.

La tensión entre Estados Unidos y Rusia sumó hoy un nuevo capítulo luego de que la Casa Blanca impusiera nuevas sanciones financieras contra Rusia y expulsara a diez de sus diplomáticos por acusaciones de ciberataques e injerencia en las elecciones presidenciales, una decisión que Moscú rechazó de inmediato y por la que convocó al embajador estadounidense para dar una "respuesta contundente".

Las nuevas sanciones y la expulsión de diplomáticos sorprendieron, ya que hace apenas un día el secretario de Estado Antony Blinken había anunciado una posible reunión entre el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y su par ruso, Vladimir Putin, en las próximas semanas, justamente para destrabar el momento de tensión que domina la relación bilateral y tras una nueva llamada telefónica entre los dos mandatarios.

"Lo que se está discutiendo actualmente no va a favorecer de ningún modo una reunión", estimó el vocero presidencial ruso , Dmitri Peskov. Un funcionario de la Casa Blanca que habló con medios internacionales bajo condición de anonimato ratificó hoy la necesidad de esa reunión.

"Creemos que será clave que en los próximos meses ambos líderes se sienten a conversar sobre el amplio abanico de asuntos a los que tiene que hacer frente nuestra relación", sostuvo la fuente, citada por agencias de noticias como AFP y Sputnik.

Pero el Kremlin ya avisó que las sanciones estadounidenses podrían enturbiar aún más la relación y, por lo tanto, las chances de que se realice esa reunión. "Lo que se está discutiendo actualmente no va a favorecer de ningún modo tal reunión", estimó el vocero de la presidencia rusa, Dmitri Peskov.

El decreto firmado este jueves por Biden amplió las restricciones a los bancos estadounidenses que negocian la deuda que emite el Gobierno ruso, expulsó a 10 diplomáticos, entre ellos algunos acusados de espionaje, y sancionó a 32 personas acusadas de interferir en las elecciones de 2020, según informó la Casa Blanca.

También permitirá volver a sancionar a Rusia con "consecuencias estratégicas y económicas", "si continúa o promueve una escalada de sus acciones desestabilizadoras internacionales", advirtió la Casa Blanca en un comunicado, que parecía referirse a la actual escalada militar y diplomática en la frontera con Ucrania, un aliado norteamericano.

Además, según el comunicado del Tesoro estadounidense en el que se describen las sanciones y sus causas, otro de los argumentos fueron "los esfuerzos de Moscú por socavar la conducción de elecciones democráticas libres y justas y las instituciones democráticas en Estados Unidos y en sus aliados".

Distintas instituciones estadounidenses han acusado públicamente a los servicios de inteligencia rusos de organizar campañas de desinformación durante las campañas electorales de 2016 y 2020 en favor de la candidatura de Donald Trump.

Según el Gobierno de Biden, las sanciones responden también a "actividades cibernéticas maliciosas contra Estados Unidos y sus aliados", en referencia al pirateo de un programa de la empresa SolarWinds que afectó a unas diez agencias del Gobierno y más de cien empresas privadas a principios de 2021, y que Washington adjudicó también a espías rusos.

La respuesta de Moscú

La Cancillería rusa convocó este jueves al embajador de Estados Unidos en Moscú, John J. Sullivan, y aseguró que Moscú dará una "respuesta contundente" a las nuevas sanciones impuestas por Washington.

"Ese comportamiento agresivo, sin duda alguna, se enfrentará a un enérgico rechazo, la respuesta ante las sanciones será contundente", adelantó la vocera de la cartera, María Zajarova, en su conferencia de prensa diaria. En la misma línea, explicó que el Ministerio "convocó al embajador de Estados Unidos" para una "conversación que será dura para la parte estadounidense".

También se pronunciaron los propios servicios de inteligencia extranjeros rusos (SVR), que calificaron de "delirios" las acusaciones de Estados Unidos. "Leer estos delirios tiene poco interés", afirmó el SVR en un comunicado enviado a la agencia de noticias rusa Sputnik.

Mientras crece la incertidumbre por cuál será la represalia que tomará Rusia, los principales aliados de Estados Unidos salieron de inmediato en su apoyo. La Cancillería del Reino Unido no solo apoyó a su tradicional socio, sino que llamó a consultas al embajador de Rusia, Andrei Kelin. "Al Gobierno británico le inquieta profundamente el patrón de conducta maligna del Estado ruso", argumentó el subsecretario de Relaciones Exteriores, Philip Barton.

Qué dijeron la OTAN y la UE

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se paró junto a Washington y aseguró que Moscú sigue "un patrón de desestabilización" que también incluyó injerencias en Ucrania y Georgia.

La alianza militar, creada en la Guerra Fría para contener lo que las potencias occidentales veían como la amenaza soviética, también acusó a Rusia de promocionar ataques en Afganistán y la actual escalada en la frontera ucraniana y en la península de Crimea, anexionada por Rusia en 2014.

La Unión Europea (UE), por su parte, también manifestó su apoyo a Estados Unidos, prometió continuar "investigando las actividades cibernéticas maliciosas con miras a una acción sostenida" y defendió las labores diplomáticas del bloque para interceder ante la creciente tensión en el este de Ucrania.

Sin embargo, después de que Washington anunciara las nuevas sanciones contra Moscú, Biden, indicó que "llegó el momento de la desescalada". El mandatario estadounidense estimó que una comunicación en directo con Putin podría establecer una "relación más efectiva" y afirmó que el líder ruso concordaba con esta tesis.

Biden indicó que la cumbre propuesta a Putin podría tener lugar este verano boreal en Europa, o sea en el transcurso de las próximas semanas, informó el secretario de Estado Antony Blinken en conferencia de prensa. 

"Preferiríamos una relación estable y predecible con Rusia, y eso requiere líneas abiertas de comunicación, que es exactamente lo que vieron ayer cuando el presidente Biden tomó el teléfono para llamar al presidente Putin y también proponer que se reúnan en las próximas semanas", dijo Blinken, según la agencia Sputnik. 

La propuesta del mandatario estadounidense es reunirse en un tercer país para abordar temas bilaterales e intentar alcanzar un vínculo estable. Uno de los lugares posibles es Austria, cuyo Gobierno se ofreció ese mismo día a albergar la cumbre entre Estados Unidos y Rusia. 

Otra posibilidades son República Checa y Finlandia. Putin todavía no ha respondido, pero Biden indicó que los equipos están discutiendo "ahora mismo" esta posibilidad. 

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De la Tierra a la luna: la política de Biden hacia China, condenada desde el principio

Desde el “giro a Asia” de Washington, es decir, la reversión de la política exterior estadounidense que implicaba poner mayor énfasis en Oriente Medio, hay poca evidencia de que las políticas de enfrentamiento de Washington hayan debilitado la presencia, el comercio o la diplomacia de Beijing en el continente.

 

El tan esperado cambio en la política exterior estadounidense bajo el Gobierno de Biden sobre cómo contrarrestar el crecimiento económico y las ambiciones políticas sin obstáculos de China llegaron en forma de una cumbre virtual el 12 de marzo, conectando, aparte de a Estados Unidos, a India, Australia y Japón.

Aunque el llamado ‘Quad’ no reveló nada nuevo en su declaración conjunta, los líderes de estos cuatro países hablaron sobre la “histórica” reunión, descrita por la web de The Diplomat como “un importante hito en la evolución de la agrupación”.

En realidad, la declaración conjunta tiene poca sustancia y ciertamente nada nuevo respecto a un plan sobre cómo revertir –o siquiera ralentizar– los éxitos geopolíticos de Beijing, su creciente confianza militar y presencia en o alrededor de lugares globales estratégicos.

Durante años, el Quad ha estado ocupado formulando una estrategia unificada sobre China pero no ha conseguido elaborar nada con importancia práctica. Aparte de reuniones ‘históricas’, China es la única gran economía mundial de la que se predice que crezca de forma relevante este año y de forma inminente. Las proyecciones del Fondo Monetario Internacional muestran que se espera que la economía china se expanda un 8,1% en 2021 mientras que, por otro lado, según los datos de la Oficina de EEUU de Análisis Económico, el Producto Interior Bruto ha disminuido alrededor de un 3,5% en 2020.

El Quad –que significa Diálogo de Seguridad Cuadrilateral– comenzó en 2007, y revivió en 2017, con la obvia intención de rechazar el avance chino en todos los terrenos. Como la mayoría de las alianzas estadounidenses, el Quad es la manifestación de una alianza militar, concretamente los Ejercicios Navales Malabar. Estos últimos empezaron en 1992 y pronto se expandieron para incluir a los cuatro países.

Desde el “giro a Asia” de Washington, es decir, la reversión de la política exterior estadounidense que implicaba poner mayor énfasis en Oriente Medio, hay poca evidencia de que las políticas de enfrentamiento de Washington hayan debilitado la presencia, el comercio o la diplomacia de Beijing en el continente. Aparte de los encuentros entre las armadas estadounidenses y chinas en el mar del Sur de China, hay poco más de lo que informar.

Aunque mucha cobertura mediática se ha centrado en el giro estadounidense hacia Asia, poco se ha dicho sobre el giro chino hacia Oriente Medio, que ha sido mucho más éxito como proyecto económico y político que el giro geoestratégico estadounidense.

El cambio sísmico de EEUU en sus prioridades de política exterior proviene de su fracaso para traducir la guerra e invasión de Iraq de 2003 en un éxito geoeconómico descifrable como resultado de hacerse con la riqueza petrolera iraquí –las segundas mayores reservas de petróleo del mundo. La estrategia de EEUU demostró ser un completo error.

En un artículo publicado en el Financial Times en septiembre de 2020, Jamil Anderlini plantea una cuestión fascinante. “Si el petróleo y la influencia fueran los premios, entonces parece que China, no Estados Unidos, ha ganado en última instancia la guerra de Iraq y sus secuelas –sin siquiera pegar un tiro”, escribió.

No sólo es ahora China el mayor socio comercial de Iraq, sino que la enorme influencia económica y política de Beijing en Oriente Medio es un triunfo. China es ahora, según el Financial Times, el mayor inversor extranjero en Oriente Medio y un socio estratégico de todos los Estados del Golfo –salvo Bahrein. Comparemos esto con la confusa agenda de política exterior de Washington en la región, su indecisión sin precedentes, ausencia de una doctrina política definible y la sistemática ruptura de sus alianzas regionales.

Este paradigma se vuelve más claro y convincente cuando se entiende a escala global. Para finales de 2019, China se convirtió en el líder mundial en términos de diplomacia, al presumir entonces de 276 representaciones diplomáticas, muchos de los cuales son consulados. A diferencia de las embajadas, los consulados juegan un papel más importante en términos de intercambios comerciales y económicos. Según las cifras de 2019 que se publicaron en la revista Foreign Affairs, China tiene 96 consulados en comparación con los 88 de EEUU. Hasta 2012, China se quedaba atrás de la representación diplomática de Washington, concretamente por 23 representaciones.

Donde sea que China esté presente diplomáticamente, lo que sigue es el desarrollo económico. A diferencia de la inconexa estrategia global de EE UU, las ambiciones globales de China se articulan mediante una enorme red, conocida como la Iniciativa de la Franja y la Ruta, que se estima en billones de dólares. Cuando se complete, se prevé que la Iniciativa unifique a más de 60 países alrededor de estrategias económicas y rutas comerciales lideradas por los chinos. Para que esto se materialice, China se movió rápido para establecer una mayor proximidad física a las rutas marítimas más estratégicas del mundo, invirtiendo fuertemente en algunas y, como en el caso del Estrecho de Al-Mandab, estableciendo su primera base militar de ultramar en Yibuti, situada en el Cuerno de África.

En un momento en que la economía estadounidense se está contrayendo y sus aliados europeos están políticamente fracturados, es difícil imaginar que algún plan estadounidense contrarrestando la influencia de China, ya sea en Oriente Medio, Asia u otro sitio, tenga mucho éxito.

El mayor obstáculo para la estrategia china de Washington es que nunca puede darse un resultado en el que EE UU consiga una victoria clara y precisa. Económicamente, ahora China está liderando el crecimiento global, equilibrando así la crisis estadounidense e internacional como resultado de la pandemia de covid-19. Dañar económicamente a China también debilitaría a EE UU, así como a los mercados globales.

Lo mismo ocurre política y estratégicamente. En el caso de Oriente Medio, el giro hacia Asia ha resultado contraproducente en múltiples frentes. Por un lado, no registró ningún éxito palpable en Asia mientras que, por otro lado, creó un enorme vacío para que China reenfocara su propia estrategia en Oriente Medio.

Algunos argumentan equivocadamente que toda la estrategia política de China se basa en su deseo de simplemente “hacer negocio”. Aunque el dominio económico es históricamente el principal motor de toda superpotencia, la búsqueda de la supremacía global de Beijing apenas se reduce a las finanzas. En muchos frentes, o China ya ha tomado la delantera o se está acercando a hacerlo. Por ejemplo, el 9 de marzo China y Rusia firmaron un acuerdo para construir la Estación de Investigación Lunar Internacional (ILRS, por sus siglas en inglés). Teniendo en consideración el largo legado ruso en la exploración del espacio y los recientes logros de China en el campo –incluyendo el primer aterrizaje de la historia de una nave en el área lunar del Polo Sur-Cuenca Aitken–, se prevé que ambos países tomen la delantera en la resurrecta carrera espacial.

Ciertamente, la cumbre del Quad liderado por EEUU ni fue histórica ni fue un punto de inflexión, ya que todos los indicadores muestran que el liderazgo global chino seguirá sin obstáculos, un acontecimiento relevante que ya está reordenando los paradigmas geopolíticos mundiales que han estado en funcionamiento durante más de un siglo.

Por Ramzy Baroud

Traducido por Eduardo Pérez

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El mundo unipolar ha terminado, el momento multipolar ya está aquí

Poco después que Joe Biden definiera a Putin como un asesino, Vladimir Putin invitó a Biden a una discusión pública, en vivo y en línea, diciendo que sería beneficioso tanto para los norteamericanos como para los rusos.

Para poner la respuesta de Putin en el contexto adecuado hay que observar el gran contraste existente entre la visita de Lavrov a China y la llamada reunión «estratégica» de Estados Unidos con China a fines de la semana pasada.

Unos días más tarde Putin y el Ministro de Defensa, Sergei Shoigu se tomaban unos días de “vacaciones” en la fría taiga siberiana. Me pregunto si los gobiernos occidentales han descubierto por qué ahora.

Paralelamente el Canciller Ruso visitaba a China. Echemos un vistazo a lo le dijo Sergei Lavrov a los lideres chinos

  • “Consideramos la nueva era de las relaciones ruso-chinas, principalmente en un contexto de un nuevo escenario político internacional. El mundo está experimentando una transformación muy profunda con el fortalecimiento de nuevos centros de crecimiento económico, poder financiero e influencia política.
  • Lamentablemente, esta tendencia objetiva, que aboga por el surgimiento de un mundo verdaderamente democrático multipolar, está siendo obstaculizada por algunos países occidentales liderados por Estados Unidos, que desean preservar su dominio de la economía global y la política internacional a toda costa. En respuesta a esto, Rusia y China están promoviendo una agenda de unificación constructiva. Queremos que la arquitectura de las relaciones internacionales sea justas y democráticas.
  • China para nosotros es un socio verdaderamente estratégico y un país con ideas afines. Nuestra cooperación en el escenario internacional está teniendo un efecto estabilizador en la situación global y regional.
  • Rusia cree que nuestro diálogo con China basado en la confianza y el respeto mutuo debe ser un ejemplo para otros países, incluidos aquellos que están tratando de desarrollar lazos con Rusia y China sobre principios que no se basan en la igualdad. Esto no es aceptable para Rusia ni para nuestros amigos chinos.
  • Continuaremos desarrollando nuestra política exterior de manera constructiva y flexible, mostrando disposición para el compromiso, pero exclusivamente sobre la base del respeto mutuo y el equilibrio de intereses”.

En este interesante vuelco de la historia hay un factor económico que será determinante para la libertad financiera de muchas naciones.

Bueno, ahora ya podemos afirmar qué dirección tomarán Rusia y China en el corto plazo: imposibilitarán que Estados Unidos siga usando el arma de sanciones.

Veamos que dijo Sergei Lavrov.

  • “Estados Unidos tiene como objetivo limitar el desarrollo tecnológico de Rusia y China, por lo que los dos países deben fortalecer su independencia”
  • «Estados Unidos y otros países occidentales ya no son capaces de utilizar la diplomacia clásica y en estos momentos sólo recurren a una herramienta: las sanciones.
  • “Debemos formar una coalición de países lo más amplia posible que se opongan opondrán a esta práctica ilegal. Los riesgos de sanciones de Estados Unidos deben aliviarse cambiando a monedas alternativas y dejando de usar el dólar»

Los observadores y analistas geopolíticos, siempre están buscando señales que con frecuencia se esfuman en medio del farrago noticioso. Esta vez, sin embargo, las señales de Rusia y China no son humo, sino que se nos muestran con un lenguaje claro y directo.

De los últimos días podemos aprender algunas cosas: China y Rusia son amigos y seguirán siendo amigos. Trabajarán juntos para defender sus intereses comunes.

En palabras de Lavrov: “… la arquitectura de las relaciones internacionales debe ser justa, democrática, capaz de garantizar la estabilidad y una amplia interacción de los estados”.

Si esta declaración todavía lo confunden, diremos que en resumen significa que las sanciones se eliminarán como arma y que el petrodólar tiene los meses contados para muchos países que solo usan el dólar como moneda de intercambio internacional.

El reloj está marcando el tiempo de descuento. La única arma restante que tiene Estados Unidos es la OTAN (que, según muchos de nuestros analistas, es un tigre de papel) y la capacidad de usar armas nucleares y convencionales.

No comentaré sobre esto ya que no estoy calificado en este campo. La capacidad del Imperio de hacer daño económico se está reduciendo. Lo más probable es que tengamos un “reinicio económico” diferente, con países que recuperan su poder utilizando sus propias monedas. (Este no será precisamente el “gran reinicio” soñado por el Foro de Davos).

Luego veremos qué pasa con la esfera de las armas. Pueden convertirse en último recurso de una hegemonía mundial en crisis.

Por Chris Faure | 25/03/2021

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La alianza agrícola-estratégica entre China y Rusia

Las alianzas estratégicas no pueden soldarse sobre la base de la competencia, sino de la complementariedad económica y de objetivos de largo alcance. Tener enemigos comunes de alta peligrosidad, contribuye a superar rencores y desconfianzas y a unificar voluntades.

 

En plena pandemiaChina le propuso a Rusia crear una "alianza de la industria de la soja", para reforzar los lazos económicos y evitar la gran dependencia que el país asiático tiene de las importaciones de soja de EEUU.

China es el mayor consumidor de soja del mundo y está buscando diversificar los proveedores para no depender de un puñado de países, como Brasil y EEUU. Se sabe que Rusia no puede sustituir a EEUU como su principal proveedor de soja, ya que los suministros rusos representan sólo 1% de las importaciones chinas, aunque el comercio agrícola binacional está creciendo.

Por otro lado, China quiere aumentar la producción de soja y de todos los productos agrícolas para garantizar su seguridad alimentaria. Este es el aspecto principal de su política agrícola, como mencionó el primer ministro Li Keqiang a principios de marzo: "Asegurar que nuestra gente tenga suficiente comida sigue siendo una de las principales prioridades de nuestro gobierno".

Según Li, China ejercerá mayor presión sobre sus regiones para aumentar los rendimientos de granos y aumentar el apoyo a su industria nacional de semillas, para superar las dificultades generadas por la pandemia de COVID-19 en el comercio internacional.

El anteproyecto de política rural anual, conocido como 'Documento No. 1', puso mayor énfasis en la seguridad alimentaria que en años anteriores, instando a todas las provincias a mejorar los rendimientos de grano en los próximos cinco años.

China necesita garantizar la alimentación para una población de 1.400 millones, lo que no le resulta sencillo por la escasez de tierras de calidad y de agua en gran parte de su territorio, lo que genera incertidumbre para el futuro inmediato.

Cinco años atrás el Instituto Internacional de Investigación de Política Alimentaria (IIIPA) señaló que la seguridad alimentaria en China enfrenta presiones que requieren de la acción del gobierno., ya que "la manufactura y los servicios reemplazan a la agricultura como motores económicos, lo cual puede tener un impacto en la seguridad alimentaria".

El estudio apunta que la urbanización y la industrialización han reducido la ya de por sí limitada base de tierras arables. Agrega que China debe "promover la agricultura sostenible", para lo cual "los escasos y degradados recursos naturales requieren de una mayor investigación y desarrollo de prácticas y tecnologías agrícolas más eficientes", dijo Shenggen Fan, director general del IIIPA.

La apuesta de China consiste en la "agricultura inteligente". Un reciente artículo de Global Times, escrito por el presidente de Syngenta Group China, sostiene que el Dragón tiene "el 20% de la población mundial pero solo el 7% de su tierra cultivable", lo que se agrava por "la escasez de buenas tierras agrícolas, así como tensión en el suministro de agua".

Esta situación lleva al gobierno a considerar que "la seguridad alimentaria es la principal agenda agrícola del gobierno". El XIV Plan Quinquenal chino sostiene que "la clave para avanzar en la modernización agrícola radica en el desarrollo de la tecnología".

Para ello defiende mejorar la calidad y la nutrición de los cultivos, enseñar a los agricultores a mantener los rendimientos sin abusar de fertilizantes y pesticidas. La apuesta por la agricultura inteligente incluye la utilización de "imágenes de drones y satélites y modelado de patrones, convirtiendo los teléfonos móviles de los agricultores en herramientas y recursos ambientales inteligentes".

En paralelo, desde 2017 el conglomerado ruso de empresas Cognitive Technologies y la Universidad Federal de los Urales (UrFU) ha puesto en marcha un programa internacional de robotización de la agricultura. El programa pretende aumentar la eficiencia de las compañías agrícolas nacionales "a través del uso de sistemas y tecnologías de inteligencia artificial robóticas".

Se trata de aplicar las nuevas tecnologías ya que "el uso de los sistemas robóticos en la agricultura permite mejorar los procesos de negocio en un promedio de entre el 50 y el 70%, sobre todo gracias a la reducción del consumo de combustible, de las pérdidas de agua y electricidad, y al aumento de la cosecha mediante la reducción de las pérdidas alimenticias (entre un 60 y 80%)".

Las ventas de productos agroindustriales de Rusia registraron cifras récord en 2020, cuando el país está volviendo a ser un gran exportador en ese rubro. El pasado año exportó un 20% más productos agrícolas que en 2019, alcanzando un valor de 30 mil 700 millones de dólares.

Rusia exporta alimentos a 150 países, estando China a la cabeza (13%), seguida de Turquía (10%), y Kazajstán (7%), siendo el 33% de los envíos al exterior de cereales, en su mayoría trigo.

Detrás de la modernización de la agricultura china y rusa, está la competencia con EEUU, país que cuenta con amplios recursos de agua y de tierras cultivables, lo que le permite ser un gran productor y exportador de alimentos. En un período de graves tensiones internacionales, cuando Washington apuesta a la confrontación con sus dos grandes adversarios, la seguridad alimentaria puede jugar un papel determinante.

Siendo el país más vulnerable en ese terreno, China necesita imperiosamente profundizar la alianza estratégica con Rusia, que tiene amplias potencialidades de desarrollo agrícola y una vasta frontera común, para asegurarse los alimentos que no es capaz de producir.

La estabilidad política en un período de crispación y de agudización de las tensiones con EEUU y otros países de la región Asia-Pacífico, sólo puede garantizarse asegurando el nivel de vida la población, pero sobre todo alimentos en cantidad y calidad. En el pasado China sufrió hambrunas, antes y de después de la revolución socialista de 1949, hechos que están en la memoria colectiva del pueblo y pueden jugar un papel destacado en la necesaria cohesión nacional para afrontar uno de los momentos más difíciles de su historia reciente.

El editorial de Global Times del 22 de marzo lo dice de forma transparente: "China y Rusia están fortaleciendo su cooperación estratégica de manera franca, abierta y normal". Lo que le da gran seguridad al gobierno chino en estos difíciles momentos.

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Entre el orden y el desorden se busca un “nuevo orden mundial”

La tercera década del Siglo XXI se nos presenta dramáticamente, ya desde hace un año, con la pandemia por el coronavirus, con gravísimas secuelas de 124 millones de contagiados y casi 2,8 millones de muertes en todo el mundo, sin horizonte de solución inmediata.

El tema se agrava con una caída de la producción y circulación económica mundial, que impacta muy fuerte sobre la mayoría empobrecida de la población. Se trata de un cuadro que potencia la desigualdad social y agiganta la inequidad del “orden” capitalista. Cuando más se requiere de cooperación internacional, lo que sucede son respuestas “nacionales” de países que detentan el poder económico, profundizando la anarquía de la sociedad contemporánea, en una especie de “sálvese quien pueda”. La discriminación social también opera al interior de los países, más allá de su capacidad económica.

El “desorden” es la norma del sistema mundial y convoca a pensar en nuevas normalidades del sistema mundial. Recientemente Boris Johnson explicitó el interés británico por intervenir en una revisión estratégica del orden global desde la “guerra fría”.[1] Importa observar las señales que vienen de Londres si pensamos en la larga duración de la hegemonía imperialista inglesa hasta su desplazamiento en 1945 por EEUU. Del poder británico al yanqui en siglo y medio de dominación imperialista, en un momento de disputa por la hegemonía del orden/desorden actual. Del viejo orden liderado por la libra esterlina se pasó al delineado por el poder del dólar estadounidense. Ni el yen ni el euro pudieron en sus intentos de disputa y el yuan es muy nuevo en su presencia como moneda global para disputar lo que por ahora acontece en la producción y en la circulación de bienes y servicios. Por eso, entre otras cuestiones es que opera la “guerra comercial” entre EEUU y China.

Lucha económica y política

Lo que existe es un “desorden” de la realidad y un debate en la cúpula del poder, por lo que se ventilan distintas estrategias para definir el poder global. Ello nos convoca también a pensar en términos de contrapoder. Existen viejos y nuevos actores en la disputa por la dirección del orden mundial, donde los intereses económicos y la producción de valor y plusvalor sustentan las estrategias diplomáticas, culturales, políticas.

Por eso, el desorden atraviesa el comercio de las vacunas y la salud privatizada, como esfera de negocios de laboratorios que disputan la apropiación del excedente económico en todo el planeta.  Pasqualina Curcio Curcio, economista venezolana denuncia que la base de la inversión de base para el desarrollo de las vacunas está en el Estado y organizaciones de ciencia y técnica no lucrativas, con un aporte solo del 25% del total de los laboratorios privados.[2] Completa la denuncia señalando el inmenso negocio que supone la producción y distribución de las vacunas con una ganancia monumental, que para la “farmacéutica estadounidense Moderna” supone ingresos por ventas del orden de 24.000 millones de dólares. La “Pfizer/BioNtech, también estadounidense” tendrá ingresos por venta de sus vacunas por 23.680 millones de dólares. Para el caso de “Astrazeneca/Oxford de capital inglés”, sus ingresos alcanzarán a 19.740 millones de dólares. Por su parte, “Jhonson&Jhonson” venderá por 12.700 millones de dólares. En todos los casos, se operó con una inversión privada mínima e incluso nula.

Resulta la cara más cruda del presente orden capitalista, donde lo que se exacerba es la mercantilización, como base material de las relaciones económicas asociada a la explotación de la fuerza de trabajo y el saqueo de los bienes comunes. No en vano, la lógica del presente incluye la desigualdad social sobre la base del acceso, o “no acceso”, de las personas al dinero, imprescindible para intervenir en el mercado en la compra y venta de los bienes y servicio para reproducir el metabolismo vital de la sociedad; pero también la depredación de la vida natural vía saqueo de bienes comunes usados como materias primas de un desarrollismo depredador. Extensión y dominación desde la mercantilización, desde el dinero y sus formas digitales asociadas al despliegue de las comunicaciones en la red y la destrucción del planeta por el productivismo en nuestro tiempo.

El nuevo orden buscado pretende potenciar el libre comercio, la libre competencia y el libre cambio, como formas de potenciar la liberalización de la economía, afianzando una lógica sustentada en la propiedad privada de los medios de producción. Se pretende mantener una dinámica para producir bienes de cambio, y con ellos la apropiación de ganancias y la reanudación de un ciclo de generación de excedentes para ampliar la esfera de la dominación del régimen del capital.

La democracia liberal extendida desde el poder constituyente de las burguesías a fines del Siglo XVIII, en la tradición de la revolución francesa y estadounidense, constituye el mecanismo privilegiado de la política contemporánea. Economía y política en el capitalismo, que como siempre aparece atravesada por la violencia física e intelectual, de la represión de los cuerpos y la manipulación de las conciencias y el sentido común.

¿Se trata de un destino fatal para la sociedad y los pueblos del mundo?

No, las crecientes luchas contra la mercantilización, por transformar el sentido de la producción, desde los bienes de cambio a los bienes de uso, son parte esencial de una nueva visión de orden social contemporáneo. Pero también se juega la disputa en el plano de la lucha contra el fetiche del dinero y la potencialidad de imaginar una sociedad cuya producción esté planificada para resolver necesidades vitales de la población y el planeta, para la vida del presente y del futuro. No solo interviene el poder en la definición del nuevo orden.

También pesan las opiniones de la subordinación social, racial o de género. La lucha por “otro orden” está plenamente vigente, lo que supone orientar la prédica y las acciones a favor de las más amplias e insatisfechas necesidades sociales.

Notas:

[1] Telam. Reino Unido aumentará su arsenal nuclear por primera vez desde el fin de la Guerra Fría, en: https://www.telam.com.ar/notas/202103/547585-reino-unido-arsenal-nuclear-guerra-fria.html

[2] Pasqualina Curcio Curcio. EL NEGOCIO DE LA VACUNA CONTRA EL COVID-19. LA MUESTRA MÁS INHUMANA DEL CAPITALISMO, en: https://ultimasnoticias.com.ve/noticias/especial/el-negocio-de-la-vacuna-contra-el-covid-19-la-muestra-mas-inhumana-del-capitalismo-pascualina-curcio/

Por Julio C. Gambina. Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP.

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Latinoamérica el vector de la guerra EE.UU.-China

Aunque no hay un amo nuevo todavía, las reglas siguen siendo las viejas

Desde hace un tiempo China se convirtió en una preocupación para los Estados Unidos, pero se figuraba un problema relativamente lejano. La crisis del 2008 y la pandemia del Covid-19 aceleraron la posición de China en el centro de la disputa por la hegemonía mundial.

Durante la Administración Trump se modificó el enfoque que se tenía del país asiático. China pasó a ser un “competidor estratégico”, y se convirtió en el objetivo de una política de agresión y contención. De igual forma, su presencia en América Latina, considerada hasta no hace muchos años inofensiva, o incluso beneficiosa, pasó a ser percibida como una amenaza desde la Estrategia de Seguridad Nacional de 2017 norteamericana.

En el apogeo del crecimiento anterior a la crisis del 2008 los observadores comenzaron a alertar con respecto a lo que parecía una tendencia preocupante hacia la desindustrialización y la reprimarización de las economías latinoamericanas. Dejando a un lado las divergencias de la crisis mundial y la desaceleración del crecimiento de China, esta produjo dos efectos nocivos para las economías latinoamericanas: el fin del boom de las materias primas y la inactividad industrial.

Hoy, ante el advenimiento de un renovado ciclo de commodities con precios altos, en un escenario de pandemia y guerra comercial, vuelve a ponerse en duda qué lugar y rol debe ocupar América Latina en la disputa mundial del comercio, dadas las características estructurales de crecimiento de la economía china, con fuerte dependencia de la importación de recursos naturales y bienes primarios. El dilema es mayor cuando nos damos cuenta que cada estado latinoamericano reacciona independientemente y no en bloque frente a los estímulos del entorno internacional. Entonces se entiende fácilmente la fragmentación regional y la necesidad de reeditar una narrativa de Patria Grande, que se encuentra en franco retroceso, sin la cual se comprometen aún más los desafíos económico, financiero, tecnológico y comercial futuros.

América Latina ha sido históricamente la región más desigual del mundo, con un débil desempeño económico y en la actualidad con niveles de deuda que acentúan los lazos de dependencia que siempre han marcado su condición en el escenario global. La idea es descifrar cómo afrontar los riegos de un mundo en el cual se percibe un monumental desorden, un alto grado de incertidumbre, una fuerte entropía. Anteriormente se trataba de regular el futuro, hoy la incertidumbre es más transversal y los diseños de política tienden a mitigar las consecuencias como el calentamiento global, el fraude o robo de datos, los ciberataques, entre otros, agregándoles problemas geoeconómicos, geopolíticos, socioespaciales y geotecnológicos, excelentemente descrito en el artículo “Las políticas exteriores de América Latina en tiempos de autonomía líquida”

Los autores de dicho artículo entienden que, en el marco de la disputa comercial sino–estadounidense, la contienda en AL se lleva a cabo, por un lado, en el marco de los estados, y por otro, en el de la mundialización (globalización). Los primeros “ponen el acento en los Estados-nación, las fronteras, el territorio, la soberanía y el control de los flujos transnacionales. La Mundialización diluye la noción de fronteras, dejando traslucir el papel de los actores no gubernamentales, las grandes corporaciones digitales, la banca financiera multinacional, las organizaciones criminales y los movimientos sociales transnacionales de ambientalistas, feministas o de derechos humanos, entre otros”.

Esta competencia viaja en medio de una disputa por la hegemonía global dentro de un continente que ha perdido peso de todo tipo. Cuando se creó la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1945, 20 de los 51 miembros iniciales eran países latinoamericanos. Hoy, son 193 países miembros perdiendo peso político específico del Grupo Regional de América Latina y el Caribe (GRULAC). En lo económico, el continuo declive en la colaboración de América Latina en las cadenas globales de valor. “De una participación en el total de exportaciones mundiales de 12% en 1955, la región pasó a 6% en 2016, para llegar a su peor performance de 4,7% en 2018. Las solicitudes de nuevas patentes tecnológicas provenientes de la región equivalían a 3% del total global en 2006, bajaron a 2% en 2016 y llegaron a un insignificante 0,62% en 2018.”

Todo este quebranto, en un escenario políticamente fragmentado, en el que las iniciativas de integración regional, como el Mercado Común del Sur (Mercosur), la Comunidad Andina de Naciones (CAN), la Alianza del Pacífico (AP), la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) atraviesan situaciones de irrelevancia, estancamiento o desmantelamiento, según el caso.

Además, por cierto, en la cuarta revolución industrial la geografía de la economía digital está liderada de manera sistemática por un país desarrollado y otro en desarrollo: los Estados Unidos y China. Esos dos países representan, por ejemplo, el 75% de todas las patentes relacionadas con las tecnologías de cadenas de bloques, el 50% del gasto mundial en la internet de las cosas y más del 75% del mercado mundial de la computación en la nube dirigida al público. Además, lo que es quizá más extraordinario, representan el 90% de la capitalización de mercado de las 70 plataformas digitales más grandes del mundo. La cuota de Europa es del 4% y la de África y América Latina juntas es solo del 1%. Siete “superplataformas”, Microsoft, seguida de Apple, Amazon, Google, Facebook, Tencent y Alibaba, representan dos tercios.

Como dijimos, en fechas relativamente cercanas AL cobró relevancia para China en todos los aspectos y en esta disputa comercial en particular. AL tiene cerca de 650 millones de habitantes, un promedio de edad de 29 años, por lo que el futuro es prometedor. La naturaleza ha sido pródiga, dotándola de vastos recursos, desde poseer la mayor biodiversidad del planeta hasta explotación ganadera, agrícola y minera que evidencian su riqueza. Destacan entre estos últimos el litio, la plata y el cobre, con porcentajes superiores al 50% de las reservas probadas a nivel mundial, y estaño, níquel, zinc, con reservas cercanas al 25%, todos necesario para el desarrollo chino. Con un PBI que representa el 8% del producto mundial, es una región atractiva, tan solo superada por en su PBI por la UE, Estados Unidos y China, y por delante de India y Japón.

Las naciones latinoamericanas tienen poco peso específico en el intercambio comercial con China, algo que resulta importante considerar cuando se toma cada país de manera individual. El único país que tiene un peso relevante en el comercio con China es Brasil, los demás países latinoamericanos no son determinantes de manera aislada, pero sí en  conjunto y por diversidad de exportaciones. En cuanto a las inversiones, la incursión china también se ha ido modificando, de fusiones y adquisiciones a infraestructura. En un principio, respondiendo a una estrategia de expansión económica acelerada tratando de asegurar el suministro de materias primas y de otros insumos. En esta etapa las empresas estatales tenían un papel protagónico en muchas de las inversiones directas en el extranjero. Tras importantes errores y fricciones con las autoridades locales de diversos países, las compañías estatales chinas abrieron paso a otro tipo de organizaciones, empresas privadas de gran tamaño, pero desconocidas en Occidente.

Entonces, entre  los años 2000 a 2018 la centralización fue evidente en materias primas (60%), servicios (31%) y manufactura (9%). La concentración también ocurre en los países receptores: de 2000 a 2019, Brasil atrajo U$S 48.701 millones, Perú U$S 24.655 millones, Chile U$S 14.900 millones, Argentina U$S 12.884 y México U$S 7.924 millones. Entre los años 2015 y 2019 la inversión directa de China en América Latina sufrió una transformación. El rubro de infraestructura alcanzó el 40% del total y aumentó en una miscelánea de áreas, principalmente a costa de la minería.

Como queda expresado, las necesidades chinas juegan un papel fundamental en su desarrollo estratégico, por lo que la idea asiática de hegemonía y los instrumentos utilizados no son diferente a los ideados por los acuerdos de Bretton Woods​ de 1944 y los organismos internacionales que lo sustentan, FMI, BM, y hasta el Plan Marshall. La idea del “asenso pacífico” y el “sueño de China”, el modelo oficial basado en la cooperación, la armonía y el entendimiento como ejes rectores de su política exterior, se apoyan en el New Development Bank (NDB) y el Asian Infrastucture Investment Bank (AIIB), el Banco de los BRICS como organizaciones gemelas a Bretton Woods​. Y podría decirse naturalmente que la Nueva Ruta de la Seda sería la zanahoria equivalente al Plan Marshall.

El soft power garantizar una presencia estable en la región, haciendo uso de la llamada diplomacia de negocios, acercamiento que siguió las directrices contenidas en el Plan de Cooperación China-Estados latinoamericanos y caribeños (2015-2019). El plan también se conoció como 1+3+6, en alusión a la planificación, a los tres motores, comercio, inversión y finanzas, y a las seis áreas estratégicas de colaboración, que comprendían recursos, comercio, infraestructura, cultura, industria y tecnología.

Mediante ese tipo de convenios multilaterales China se aproxima a la región en su conjunto, generalmente con compromisos de buena voluntad. Algo similar ocurre con los acuerdos en el marco de la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda con algunos acuerdos formales de adhesión, que incentivan los préstamos blandos y hasta inspiran ideas de mayores movimientos de comercio, ya que más de 60 países están adheridos a la iniciativa. El Banco Mundial atribuye a esta iniciativa “el 30% del PIB mundial, el 62% de la población y el 75% de las reservas energéticas conocidas”, un imán sumamente atractivo para Latinoamérica, si es que la membresía aporta privilegios.

En el comercio los barcos siguieron la ruta marítima transpacífica, conocida como La Nao o el Galeón de Manila, que transportaban mercancías desde los puertos marítimos mexicanos, y que entre 1565 y 1724 cruzó el océano en su travesía cuasi anual, transportando especies, seda, porcelana y otros productos chinos para abastecer a la población de las colonias españolas en América, y no tendría que cambiar nada ahora. Quedan en el tintero el comercio digital, la tecnología 5G, sobre todo la apertura al comercio cross-border (compras en línea) y al comercio digital en general. Hasta el momento, la presencia de Alibaba en América Latina es muy limitada, pero se encuentra dentro de la disputa por desplazar a Amazon y a otras plataformas del e-commerce y establecer el yuan.

Si bien en el tema financiero china ha ingresado a AL sin demasiados contratiempos para seducir con financiamiento obras de infraestructura y proyectos faraónicos. El yuan puede ser el catalizador de enfrentamientos entre las dos potencias, ya que Estados Unidos es especialmente sensible a su uso y sus cualidades de financiamiento. Mucho mayor impacto tendría el uso del yuan reemplazando al dólar en transacciones del sector energético o como instrumento de deuda. También se comienzan a generar dudas respecto a empresas icónicas chinas, como Huawei, o aquellas ligadas al 5G, aplicaciones de inteligencia artificial, robótica industrial o geolocalización. El mayor temor, sin embargo, reside en la expansión     de la denominada Nueva Ruta de la Seda Digital, aunque hasta el momento parece estar limitada a Eurasia y África, pero será motivo de disputa en América Latina.

La realidad demarcaría cual es el poder que tiene AL para ejercer de manera autónoma decisiones que le permitan desarrollarse y llevar a cabo convenios que no la sometan a imposiciones como ya las conocidas con los EE. UU. y sus organismos de control, en medio de esta disputa. El tema de la autonomía y sus significados y conceptos teóricos no se encuentran dentro de la lógica del artículo, pero se puede leer en el artículo “De la autonomía antagónica a la autonomía relacional: una mirada teórica desde el Cono Sur Roberto Russell, Juan Tokatlian”

Pero, sí, al menos, la condición del Estado-nación que le posibilita articular y alcanzar metas políticas en forma independiente. Conforme a este significado, autonomía es una propiedad que el Estado puede tener o no a lo largo de un continuo en cuyos extremos se encuentran dos tipos ideales: total dependencia o completa autonomía. Sea esta o cualquiera de las definiciones de autonomía, se percibieron que el sistema internacional tenía un efecto particularmente negativo en América Latina, tanto en el plano político como económico.

La lógica del poder es tratar de conseguir un grado de autonomía nacional, articularse a partir de un uso inteligente de los recursos de poderes tangibles e intangibles de América Latina como un todo, más allá de las particularidades y seducciones propuestas e intentos de acuerdos para la región por alguna de las partes de la guerra comercial, ya sea China o Estados Unidos. Llevarlo a cabo en un continente donde el mayor país está gobernado por militares y alineado con Estados Unidos, pero su mayor socio comercial, es China, es más complejo. Pero de esta idea de autonomía depender el desarrollo futuro de la región.

Por Alejandro Marcó del Pont | 23/03/2021

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Ahora Donald Trump planea volver a las redes sociales con una plataforma propia

El expresidente estadounidense Donald Trump tiene previsto regresar “pronto” a redes sociales con una plataforma propia después de ser vetado de plataformas como Facebook y Twitter a raíz del asalto de sus seguidores al Capitolio el pasado 6 de enero. Además de una red social propia, Trump podría lanzar también su propia cadena de televisión para captar a la audiencia de Fox News, que fue el primer medio en señalar a Joe Biden como vencedor en el estado clave de Arizona en la noche electoral.

En una conversación en el podcast The Interview, Jason Miller, uno de los asesores de Trump, afirmó que el equipo del exmandatario ha estado manteniendo conversaciones "con las plataformas de redes sociales existentes y también con algunas plataformas nuevas".  En ese sentido, adelantó que Trump “volverá a redes sociales en dos o tres meses con su propia plataforma”, y destacó que así “redefinirá por completo el juego” y atraerá a “decenas de millones” de usuarios.

Trump y sus simpatizantes denuncian un sesgo en las principales redes sociales incluso anterior al asalto al Capitolio, unos hechos que dejaron cinco muertos y que calaron profundamente en el imaginario político estadounidense.

Vetado

Tras meses de advertencias, de marcar algunos de sus mensajes como informaciones falsas y de un constante tira y afloja, el aliento por parte del que todavía era presidente de EE.UU a los actos del fallido golpe de estado del Capitolio fue lo que puso fin a la era Trump en Twitter.

No fue la primera ni la única red social que le aplicó un "límite" al exmandatario estadounidense, pero si es de las que más contundentes se han mostrado en su veto.

En tanto, Facebook, próximamente, revisará su posición con respecto a Donald Trump, y si le permiten volver a la red social, una decisión que tomará un “comité de sabios”.

Twitter, sin embargo, cerró la puerta para siempre. Incluso en el hipotético caso de que Donald Trump volviera a optar a la presidencia en 2024, Twitter reafirmó que "para siempre significa para siempre".

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