Lunes, 20 Julio 2020 06:29

Déjà vu

Manifestante afuera de oficinas de la policía que fueron incendiadas el fin de semana en Portland, donde se han agravado las protestas contra el racismo.Foto Ap

Escenas, declaraciones y órdenes recientes provocan traer a la memoria tantas películas, libros de historia, ensayos, testimonios que documentan los peligros y horrores del fin de las libertades y derechos civiles en tantos países a lo largo del último siglo. Muchas se autojustificaron al hablar de la amenaza del "caos", con frecuencia proveniente del "extranjero", y de la urgencia de restaurar "la ley y el orden" en defensa de "la patria". Al tomar el poder, toda señal de disidencia era considerada una "amenaza al pueblo" y "traición". Tropas de asalto y policía secreta secuestraban a los que se atrevían a desobedecer, se exigía la presentación de "papeles de identificación", se elaboraron bancos de datos sobre todo sospechoso, se atacaba a los medios y se construían campos de concentración.

Hoy día, esas escenas se repiten en otro país. Sólo en los últimos días, fuerzas federales en uniforme de camuflaje circulando en camionetas no identificadas de repente aparecen en las calles de una ciudad y secuestran a manifestantes jóvenes; después de horas los dejan salir sin presentar cargos. Las madres de algunos de ellos salen a protestar coreando: "dejen en paz a nuestros hijos"; la fuerzas federales responden con gas lacrimógeno. Esto se repite durante días, a pesar de denuncias de la ilegalidad de tales operaciones. Una líder del partido opositor expresó su alarma: las “tropas de asalto no identificadas, vehículos no marcados, secuestros de manifestantes… estas no son acciones de una república democrática”.

El líder de tal país insiste en que está ordenando estos operativos para "salvar" al país contra fuerzas que promueven la "anarquía" y advierte que no se tolerará el desorden en las ciudades del país.

El régimen en el poder ha acusado que a su oposición política de cometer "traición"; y afirma que existe una amenaza de la "izquierda radical" que busca "destruir a nuestro país" (eso se repite cada día), y declara a todos los medios de comunicación no alineados a él "enemigos del pueblo".

El régimen en el poder presentó una nueva doctrina en la cual declara que los derechos humanos supremos son los de la "propiedad privada" y la "libertad de religión".

El régimen persigue día y noche, y defiende el uso de la violencia contra cualquiera que no sea ciudadano blanco. Aterroriza a comunidades enteras con operativos de agentes armados, helicópteros y asaltos a hogares; hiriendo y matando con impunidad. Incita y aplaude a las agrupaciones armadas de sus simpatizantes mientras otros, que se oponen al líder, son declarados "extranjeros".

El régimen encarcela a familias con hijos menores de edad y amenaza con separarlos a la fuerza (igual que en los campos de concentración nazis).

El líder del régimen, en nombre de la defensa de la democracia, rehúsa comprometerse a respetar la legitimidad del proceso electoral de su país.

Como muchos han adivinado, ese país es Estados Unidos en el año 2020.

Un país donde casi 14 millones de niños no tienen suficiente para comer, donde unos 40 millones están desempleados y millones de familias están por perder sus hogares.

Y es un país cuyo líder declaró en estos últimos días que todas las encuestas que demuestran que está perdiendo "son falsas"; confiesa que no le gusta "perder", y que rechaza todos los hechos que ponen en duda su versión de la realidad. Este líder acaba de repetir este fin de semana de que no está seguro si aceptará o no los resultados de la elección presidencial de noviembre.

En los años 30, James Waterman Wise comentó que el fascismo estadunidense probablemente "llegará envuelto en una bandera estadunidense y alabado como una súplica por la libertad y la preservación de la Constitución", recuerda Sarah Churchwell en el New York Review of Books.

Se repiten las lecciones del pasado, pero ¿se ha aprendido algo? En las calles sigue la resistencia, y aunque ha rescatado la esperanza, y las encuestas pronostican el fin del régimen... si es que respeta las urnas, aún no se sabe si todo esto será suficiente como para rescatar al país ante tanto déjà vu.

(https://www.youtube.com/watch? v=aV4zqixpx4A) (https://www.youtube.com/watch? v=B-c6GphpAeY) (https://www.youtube.com/watch? v=VwcKwGS7OSQ)

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Lunes, 20 Julio 2020 06:20

En clave electoral

En clave electoral

La pandemia no está controlada en ninguna parte. Los rebrotes de contagios previenen la apertura funcional de las actividades económicas. Un paso adelante y dos atrás es la norma.

Es un dilema mayor para todo gobierno. Unos han actuado de modo más efectivo que otros, y no se vislumbra el resultado final de lo que se ha hecho. Es un asunto mayor para las sociedades que responden, igualmente, de modo diferenciado. Todo se ha politizado con creciente confrontación.

Las actitudes respecto del virus tienen consecuencias y no son secreto. Los argumentos de que los muertos no son tantos y que es el precio para reabrir la economía parecen indecentes. Todo puede justificarse mientras sean otros los que enferman y mueren, otros los que se arriesgan atendiendo en los hospitales.

En estas condiciones se hacen previsiones del costo económico de la pandemia: menos producción, más desempleo, menos ingresos de las familias, menos recaudación de impuestos, menos gasto, más fragilidad de los negocios, los bancos, las pensiones, etcétera.

Se especula con las condiciones de una posible recuperación de la actividad económica, pero a decir verdad no se sabe si se llegó al fondo. No puede especificarse qué tipo de recuperación habrá: su composición por sectores productivos y regiones geográficas, la absorción de distintos grupos de la población y su rapidez. Hay mucha fantasía en el ambiente.

Seguramente el impacto de la caída y de la recuperación, cualesquiera que sean sus magnitudes y cuando sea que ocurran, será muy desigual. Esto definirá un escenario distinto al que se desprende de los modelos económicos convencionales y más aún del que postulan los discursos de los políticos. No puede eludirse el elemento crucial de la incertidumbre en la previsión de escenarios económicos y sociales; conviene no olvidarlo.

En algunos países los gobiernos intervinieron extensamente para aminorar el fuerte impacto económico de la pandemia sobre la gente que quedó desempleada y los negocios que tuvieron que cerrar, especialmente los de menor tamaño.

Los programas se diseñaron con una duración limitada y, en algunos casos, se añadieron medidas de apoyo ante la falta de condiciones para reabrir la actividad económica de modo firme por los rebrotes del contagio.

En Estados Unidos, me refiero a este caso por la estrecha relación económica que México tiene con ese país, el gobierno federal aprobó a finales de marzo pasado un programa de apoyos por 2 trillones de dólares (billones, según se mide aquí) para hacer pagos directos a personas y gobiernos estatales, además de fondos de rescate para una serie de negocios. El objetivo del Congreso era salvar la economía y luego revivirla del efecto de la crisis.

Esto se sumó a las provisiones anuales de ayudas establecidas en el presupuesto, además de los destinados a los programas de protección social. Con eso se estimaba que el costo de la intervención alcanzaría el orden de los 4 trillones de dólares.

Se enviaron pagos directos de mil 200 dólares al mes a millones de familias cuyos ingresos fueran como máximo de 75 mil dólares anuales y un complemento de 500 dólares por hijo. Se reforzó la ayuda por desempleo con 13 semanas adicionales.

Para los pequeños negocios se aprobó un monto de ayuda de 377 mil millones de dólares y otros 500 mil millones para empresas en problemas por la caída de la demanda. Muchos negocios pequeños han cerrado definitivamente y no abrirán más.

Los cuatro meses de duración de las medidas previstas por la Ley de Ayuda, Alivio y Seguridad Económica por el Coronavirus (Cares Act) significaron que para una parte de la población estos ingresos superaran los que recibían antes de la pandemia y conforme a algunas mediciones la pobreza disminuyó. Parte de esos ingresos deben haber sostenido las remesas a México. Misterios, no hay.

Las provisiones de la Cares Act están por terminar y se estima que para millones de trabajadores eso significará una caída de más de 50 por ciento de sus ingresos actuales. De ser así, habrá que reestimar el impacto de la crisis. El Congreso reconviene esta semana y definirá las condiciones de los apoyos. El desempleo en ese país llegó a su punto máximo en abril con 23 millones de personas y en junio se contaron más de 17.5 millones, un nivel muy alto en términos históricos.

En este escenario no puede eludirse la naturaleza y el efecto esperable de las acciones de apoyo público que se han decidido en México para enfrentar la pandemia. Tampoco lo que representa la asignación de los recursos a proyectos públicos de inversión en un escenario de ingresos menguados por la caída de la actividad económica. A eso hay que sumar la caída severa de la inversión privada.

Todo esto repercute en la estructura social y productiva del país, en las diferencias regionales y, sobre todo, en la fragilidad creciente que se extiende entre una gran parte de la población. No es posible avizorar ahora el detalle del grado de afectación del armazón social del país a raíz de esta crisis. Pero sí adelantar que será profunda y con efectos duraderos.

En Estados Unidos y aquí un aspecto crucial es que todo lo que se hace está ya definido en clave electoral. No es la mejor de las condiciones.

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En Bolivia crece el malestar social ante la crisis

Habrá marchas de la Confederación Obrera Boliviana (COB) y de los mineros

Las demandas van desde la salida de los ministros de Educación y de Trabajo hasta una política sanitaria de la que el régimen de Jeanine Áñez carece para enfrentar la pandemia. 

 

Las movilizaciones en Bolivia volvieron a tomar impulso en Sica Sica, ubicada al sudeste de La Paz, a donde está previsto que los maestros en huelga lleguen este martes. La convocatoria se amplió cuando la Confederación Obrera Boliviana (COB) llamó a marchar en los nueve departamentos del país. También se integró la Federación Sindical de Trabajadores Mineros (FSTMB) histórica columna vertebral del movimiento gremial organizado. Todos unidos confluirán en la capital y varias ciudades más con demandas hacia el gobierno golpista de Jeanine Añez. Van desde los pedidos de renuncia a un par de ministros – el de Educación Víctor Hugo Cárdenas y el de Trabajo, Oscar Toto Mercado - hasta una política sanitaria de la que el régimen carece para enfrentar la pandemia. La dinámica del conflicto social empieza a notarse en las calles como en los días inmediatos posteriores a la asonada cívica y militar que terminó con la salida de Evo Morales hacia el exilio en México.

El denominado “ampliado” de la COB finalmente se decidió a lanzar una Agenda Nacional de Lucha de 13 puntos, que incorpora al listado de reivindicaciones las de sectores que no están sindicalizados. Una lucha que Orlando Gutiérrez, dirigente de la FSTMB, definió como “un pequeño aviso, en realidad un ensayo”. El referente gremial minero le sugirió al gobierno de facto que “esté preparado porque el pueblo ya está cansado de tanta persecusión politica y de tanta discriminación”. Fue durante un diálogo telefónico que mantuvo con Página/12 desde la capital paceña que en las próximas horas se verá abarrotada por miles de trabajadores.

Gutiérrez integra la conducción de la COB cuyo máximo dirigente, Juan Carlos Huarachi, informó que la central obrera se moviliza para “hacer respetar los derechos constitucionales, laborales, el derecho a la salud, a la educación que son temas estructurales”. El gremialista había anticipado en la conferencia de prensa que dio en La Paz: “esta es una primera acción de lucha y si no existe atención de parte de las autoridades, las medidas se masificarán”. El régimen encabezado por Añez – quien contrajo covid-19 – hizo algunos anuncios para atenuar una crisis general que se le fue de las manos. La semana pasada la senadora devenida en presidenta anunció el lanzamiento del Plan de Mitigación de los efectos de la covid-19 para los pueblos originarios. Explicó que consistirá “en apoyar con alimentos, medicamentos y equipos a más de 62 mil familias en diferentes departamentos del país”.

Las marchas anunciadas se repetirán si no hay respuestas, más allá de las políticas cosméticas con que Añez pretende ganar tiempo hacia las elecciones programadas para el domingo 6 de septiembre. Todo indica que las movilizaciones se harán con la disciplina que suele verse en Bolivia cada vez que los obreros y campesinos toman las calles de las grandes ciudades. Huarachi remarcó que los sectores que participarán “deberán encargarse de que haya un control de bioseguridad”.

La errática política sanitaria del gobierno es cuestionada porque no hay un plan claro para afrontar la pandemia y tampoco medidas para canalizar la creciente demanda del controvertido dióxido de cloro. Se trata de un compuesto químico cuya venta provoca largas filas en la mayoría de las farmacias de Bolivia y que ya escasea como lo difundió un informe de la agencia española Efe desde Cochabamba. Huarachi declaró que los trabajadores reclaman que se apruebe su comercialización para tratar la covid-19, una situación que choca con la opinión de la comunidad científica internacional que desaconseja su ingesta. Sin embargo, en Bolivia hay una especie de fiebre por el dióxido de cloro, un compuesto que se utiliza en desinfectantes y otros usos industriales.

El país llegó el fin de semana a su récord de 1.635 contagios diarios y 47.200 en total, como títuló en su tapa el diario El Deber de Santa Cruz. Es en este departamento – el equivalente territorial a una provincia argentina- donde se mantiene con holgura la mayor cantidad de infectados de toda Bolivia. Al sábado se llevaban registrados 24.625 casos, más de la mitad del país y muchos más de los que tienen La Paz y Cochabamba. Las otras dos ciudades densamente pobladas cuyas cifras demuestran que rondan la quinta parte de aquella cantidad de contagiados.

A la crisis sanitaria, social y económica, Bolivia suma una situación política explosiva porque las elecciones convocadas para el 6 de septiembre ya despiertan sospechas de fraude en el MAS, la fuerza mayoritaria que lidera el ex presidente Evo Morales. Una hipótesis que comparte Gutiérrez en nombre de la Federación de Mineros y por eso su convocatoria a la marcha de mañana: “entre nuestras peticiones está que se garanticen las elecciones nacionales el 6 de septiembre. Por otro lado, algo más de 4,5 millones de personas han sido depuradas de los padrones para los comicios. La lista es tremenda y si bien es cierto que en cada elección se hace, el número es infladísimo y estamos peleando también para que se amplíe la fecha del cierre de inscripciones. Con la pandemia muchos han cambiado de domicilio, de localidad, de ubicación real. Entonces para nosotros esa es una clara muestra de que están incitando a iniciar el fraude” informó el dirigente que fue lanzado por la COB como precandidato a vicepresidente por el MAS junto al ex canciller David Choquehuanca, quien iba como presidente.

Finalmente se decidió en Buenos Aires que el ex ministro de Economía de Evo, Luis Arce Catacora, encabezara la fórmula masista. Todos en el partido más grande del país, irán ahora detrás del responsable del plan económico boliviano con fuerte presencia del Estado que elogió hasta el propio FMI.

La COB plantea ahora la sustitución del ministro de Trabajo Toto Mercado porque entre otras medidas “dio total prioridad a los empresarios privados y dejó de lado y en la calle a muchos trabajadores, hubo reducción de salarios en el sector minero, cierres masivos en el sector fabril y el ministro lamentablemente ni siquiera opera desde la oficina. Está en Cochabamba cuando su ubicación central es La Paz”, denunció el dirigente minero Gutiérrez.

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Viernes, 10 Julio 2020 05:47

Putin y Pinochet

Putin y Pinochet

 Los Pinochet, como los Hitler, surgen cuando el capitalismo está en peligro

 

Toque de queda. En una ciudad nocturna adormecida, todo el barrio oye el crujir de los frenos y el ruido de los soldados que saltan desde la parte trasera del camión. Golpes de culatas derriban la endeble puerta de la casa en los suburbios obreros. Después de unos minutos, gritos de personas que salen a la calle y órdenes cortas. Muchas miradas asustadas, malévolas y curiosas, miran a través de cortinas y persianas el drama de la familia vecina. Mi esposa chilena nunca se librará de los recuerdos de su infancia: un padre cavando un agujero en el patio de su casa para enterrar allí todos los libros, revistas y registros rusos, y unos meses después, militares que destruyen muebles en su casa en busca de rastros de un comunista escondido.

Antes del golpe militar del 11 de septiembre de 1973, Chile era el lugar más politizado de América del Sur y el único país capitalista donde las fuerzas que tenían como objetivo construir el socialismo lograron llegar al poder de manera pacífica y democrática. El gobierno socialista de Allende se basó en la clase trabajadora unificada y en los representantes más prominentes de la cultura chilena, quienes vieron este proyecto como la única alternativa. Después de que la oligarquía local lo derrocó con la participación activa de los Estados Unidos, fue importante para los defensores de los «valores occidentales y cristianos» tomar el poder para enseñar al pueblo chileno una lección inolvidable de terror: llevar a los ilusos ciudadanos de vuelta al redil.

Por eso el bombardeo y asalto al palacio presidencial. Por eso el salvaje asesinato del cantante Víctor Jara en el estadio de la capital. Y unos días después, la inyección fatal al destacado poeta, premio Nobel, Pablo Neruda, realizada por un «médico» desconocido en el hospital de Santiago. Por eso, cientos de cuarteles y estaciones de policía fueron convertidas en verdaderas fábricas de tortura, la violación fue practicada por perros especialmente entrenados, nombrados en honor a los líderes del gobierno derrocado. Hubo ratas en las vaginas de mujeres interrogadas, desapariciones de personas y cuerpos de «prisioneros de guerra» civiles aún vivos, atados a rieles que cayeron al Pacífico desde helicópteros.

Después de dieciséis años de esta continua limpieza del país de la suciedad del marxismo, el periodista internacional ruso Mijaíl Kozhujov se disculpó con Pinochet en Santiago por «lo que escribió sobre él bajo la influencia de la propaganda comunista cuando era joven». El famoso comediante Alexander Ivanov, desde un alto escenario de Moscú, habló de su admiración por el dictador chileno, y el bardo de Petersburgo, Alexander Rosenbaum, llamó a Pinochet «un abuelo fuerte y bien educado», que «reprobó» al «imbécil» de Víctor Jara.

La Rusia de Gorbachov y Yeltsin rápidamente cambió a un curso diferente de la historia, y el cambio ideológico de zapatos de la intelectualidad postsoviética, como una veleta, tuvo lugar rápida e irrevocablemente. Es útil recordar que en esos tiempos recientes, el general Augusto Pinochet fue una figura muy positiva para la mayoría del público liberal ruso que ahora moviliza a la gente para «luchar contra el régimen». Después de todo, fue visto como un luchador exitoso contra el comunismo y un arquitecto del llamado «milagro económico chileno» tan querido por el agitprop de Yeltsin. ¿Qué sucedió durante este tiempo con la prensa liberal rusa, cuyos estándares latinos de filantropía no permitieron lágrimas de debilidad para los izquierdistas y comunistas abrumados por el abuelo chileno, para que ahora vuelvan a convertir a Pinochet en un personaje familiar?

Sí, una parte de la intelectualidad rusa ahora hace popular una absurda comparación entre la dictadura de Pinochet y el gobierno de Putin (atención, ninguno de los medios occidentales lo hace). Aunque cualquiera que sepa al menos un poco lo que es la dictadura militar latinoamericana, solo hace una mueca en respuesta a tales paralelos. Además, estamos hablando del uso egoísta del tema terrorista Pinochet, que ofende la memoria de sus muchas víctimas.

Desprecio por el electorado, manipulaciones baratas sobre temas de espiritualidad y patriotismo, reformas antisociales, represión policial, proximidad a los oligarcas, falta de escrúpulos políticos, deseo de control sobre los medios de comunicación, presión a los tribunales y corrupción crónica, para gran disgusto de algunos luchadores por el bien, no son rasgos exclusivos del régimen autoritario de Putin, sino características típicas de la mayoría de los países capitalistas del mundo. Y dado que el capitalismo se ha convertido en la elección de la Rusia actual, sería absurdo exigir algo diferente de su gobierno.

Este sistema antisocial nunca estará dirigido a la búsqueda del bien común, sino al servicio del egoísmo de las élites estatales y corporativas, lo que explica las políticas internas y extranjeras profundamente contradictorias del gobierno ruso. La lucha contra el islamismo en Siria, junto con el juego en torno a la geopolítica y la industria petrolera, el apoyo incondicional al régimen moralmente defectuoso de Assad, junto con la indiferencia hacia el destino del heroico Rojava kurdo, las relaciones amistosas con Cuba y Venezuela, el vil «asunto de la Red» [La supuesta organización anarquista antigubernamental cuyos miembros, reconocidos antifascistas, fueron arrestados en 2017 y sentenciados en febrero de 2020 por un tribunal militar ruso a penas de prisión de hasta 18 años. Nota del Traductor.], la especulación franca en torno a la celebración de la victoria sobre el nazismo, los coqueteos populistas con las masas y la broma desagradable sobre el color de la bandera en la embajada estadounidense. Todo esto no es más que un conjunto de movimientos oportunistas a corto plazo. Las autoridades actúan de la manera que más les convenga, y sería ingenuo buscar en todo esto una visión del futuro con un componente ético.

Los ataques regulares de Vladimir Vladimirovich, primero contra Lenin, luego contra la URSS y ahora contra la Constitución soviética, no son más que celos. Como persona inteligente, no puede dejar de comprender que la Rusia actual ni siquiera tiene una pequeña fracción del proyecto creativo y de movilización que logró resultados impresionantes incluso en los peores momentos del período soviético. A diferencia de las autoridades, sabe que todo sigue funcionando de manera bastante tolerable, en comparación con muchas regiones del resto del mundo capitalista, en la esfera social, como resultado de una larga inercia de lo que se creó bajo la URSS. Y es curioso ver que la mayoría de los intelectuales rusos que protestan contra el deterioro de la educación, la atención médica y la protección de las pensiones lo hacen en nombre de algún tipo de capitalismo democrático de derecha que existe exclusivamente en sus sueños formados por los medios de comunicación posteriores a la perestroika.

Rusia es una aleación interesante de culturas, épocas, riquezas y paisajes. El actual estado ruso es otro depredador capitalista, no peor ni mejor que la mayoría de los demás, sujeto a la presión de parientes aún más grandes y más sedientos de sangre que desean obtener el control de sus recursos naturales, mercados y personas. Por eso en Ucrania, el país más cercano a Rusia, hubo un golpe de derecha en el Maidan. Con la complicidad de las élites locales venales, la Ucrania nacionalista se ha convertido en un indecente protectorado dependiente, un laboratorio de reformas antisociales y, al mismo tiempo, una herramienta de provocación constante contra Moscú. Pero la mayoría de los liberales postsoviéticos que critican a Putin por violar los principios de la democracia, apoyan sinceramente al gobierno ucraniano que es mucho más represivo y antidemocrático, mientras sueñan en secreto con la «democracia» del tanque de Yeltsin. Los intentos de comparar a Putin con Pinochet están diseñados para terminar de eliminar lo que queda de cerebro de la cabeza del postsoviético común, ya completamente confundido.

¿Puede el capitalismo de Putin convertirse en una dictadura militar? Claro, como todo capitalismo. Pero hay que admitir que este es un tema completamente diferente. Los Pinochet, como los Hitler, surgen cuando el capitalismo está en peligro. El capitalismo en la Rusia actual es parte de la ilusión popular no gastada. El infantilismo político de millones de rusos, traumatizados por la experiencia de los años noventa y los acontecimientos en la vecina Ucrania, fortalece su sueño ingenuo de un renacimiento gradual de la «Rusia que hemos perdido», que las autoridades parasitan con confianza, asegurando su dominio sin disparar al Parlamento ni manchar los estadios de sangre.

Por lo tanto, Putin, por supuesto, no es Pinochet en absoluto, aunque, tal vez, tal comparación lo halague.

9 julio 2020

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Elecciones en Bolivia: la derecha se une para intentar frenar al MAS 

Preocupados por la preeminencia del Movimiento al Socialismo (MAS) en todas las encuestas serias, la derecha boliviana se prepara a unir fuerzas contra el partido de Evo Morales. Así, la presidenta de facto de Bolivia Jeanine Áñez está intentando conformar un frente unido con Carlos Mesa para las elecciones presidenciales del 6 de septiembre. El ministro de Gobierno Arturo Murillo precisó que Áñez le hará “muy buenas propuestas” al actual candidato de Comunidad Ciudadana (CC). Por su parte, el expresidente Evo Morales recalcó que se trata de un frente conformado por la vieja derecha boliviana. “Se juntan en conveniencia para reeditar la megacoalición del neoliberalismo”, sostuvo el líder del MAS.

Coalición "antipopulista"

Los partidos de derecha ya habían coincidido en su apoyo al golpe de Estado apañado por la OEA en noviembre pasado, cuando Morales superó ajustadamente la diferencia de 10 puntos necesaria para ganar en primera vuelta. Luego volvieron a dividirse de cara a las próximas elecciones, cada uno con la aspiración de colocar al nuevo presidente. Pero ahora las encuentras indican que Luis Arce, el candidato del MAS y exministro de economía de Morales, les saca una amplia ventaja a Mesa y Áñez. De esa manera corre riesgo el objetivo central del golpe: que las fuerzas populares queden definitivamente fuera de cualquier instancia de poder. Así fue como, con el poco disimulado empuje de la embajada de Estados Unidos, empezaron los contactos entre las diferentes fuerzas de la derecha para llegar a candidaturas unificadas. El objetivo es lograrlo de cara a la primera vuelta.

Fue el ministro de Gobierno Arturo Murillo el encargado de hacer pública la posibilidad de un acercamiento entre Áñez y Mesa, según informó el diario El Deber. “Yo creo que no es difícil. Habrá sorpresas en los próximos días... veremos cuál es la apertura del señor Mesa", indicó Murillo. Al ser consultado sobre la posibilidad de conformar una alianza que presente candidato único, señaló que habrá grandes sorpresas en los próximos días. “Nuestra presidenta realizará muy buenas propuestas”, sostuvo el funcionario. Murillo advirtió que esta vez no solo está en juego quién será presidente y quién no, sino los próximos 30 años de democracia. "Eso deben saberlo todos los candidatos que dicen ser de la línea democrática", insistió el ministro. Mesa es el principal oponente de la presidenta interina dentro las fuerzas "antipopulistas". El candidato de CC había quedado segundo en las elecciones de octubre pasado, en las que la dupla Morales-García Linera le sacó más de diez puntos de ventaja en la segunda vuelta.

Quemen el archivo

Desde que la pandemia se instaló en Bolivia, Mesa se había convertido en uno de los principales críticos a las medidas tomadas por el gobierno de facto. Por su parte Añez había manifestado presiones del líder de CC al momento de promulgar la ley con la que convocó a elecciones. “La Asamblea Legislativa, controlada por el MAS, ha aprobado la ley para elecciones el 6 de septiembre. He recibido presiones del MAS, de Carlos Mesa y otros políticos para ir a elecciones”, había denunciado en un tweet la presidenta interina. Estos hechos hacían pensar a la mayoría de los analistas políticos que sería muy difícil conformar un frente común. Sin embargo Murillo adelantó que la presidenta está trabajando en ese sentido. "Áñez está dando todo por su país, por la patria y por la democracia, y lo seguirá haciendo. Por eso vendrán las sorpresas”, enfatizó el funcionario.

Consultado sobre una posible alianza, el jefe de campaña de CC Ricardo Paz no quiso adelantar nada. "Es muy difícil hablar en base a suposiciones", indicó Paz. El portavoz sostuvo que el tiempo para acuerdos preelectorales ya había pasado. Sin embargo ratificó que Mesa está abierto para conversar con todas las fuerzas democráticas y construir espacios de confluencia. Antes de la crisis desatada por la pandemia, en febrero de este año, la CNN le había preguntó Mesa si para evitar el retorno de Morales consideraría ir con Áñez en una sola fórmula. “Siempre hay una posibilidad, negarlo sería cerrar las puertas al desafío que debemos enfrentar. El MAS tiene una opción de voto muy importante y uno no puede descuidarla”, había señalado el expresidente boliviano en aquél entonces.

En paralelo, Morales criticó a los miembros de la posible coalición y señaló el recorrido de los dos candidatos. “Se viene la alianza entre quien, antes que enfrentar a las transnacionales pedía limosnas, y quien, en medio de la pandemia y antes de salvar vidas hace negociados hasta con los respiradores”, escribió el expresidente en Twitter. Además señaló la mano de Estados Unidos detrás de ambos candidatos. “Cumpliendo las instrucciones del gobierno de Trump, Mesa y Áñez acordaron un pacto para ir 'Juntos' en las elecciones del 6 de septiembre en Bolivia con asesores que apoyaron la campaña de Sánchez de Lozada. ¡El pueblo digno y soberano será primero!”, enfatizó el líder cocalero.

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Vladimir Putin votando este miércoles en el referéndum constitucional. Presidencia de Rusia.

El referéndum constitucional que permite a Putin mantenerse en la presidencia hasta 2036 ha sido aprobado con una amplia mayoría

 

Rusia ha aprobado en referéndum una reforma constitucional que, además de permitir a Putin presentarse a dos elecciones más –legalmente podría mantenerse en el poder hasta 2036–, blinda constitucionalmente su proyecto de convertir Rusia en un país mucho más conservador. Entre sus más de 200 enmiendas está la inclusión de Dios en la Carta Magna, una visión tradicional y excluyente de la familia, el fortalecimiento del ruso como lengua del "pueblo fundador" y la prohibición de cuestionar la versión oficial de la historia. Según los resultados preliminares, la reforma ha recibido el apoyo de más del 70% de los votantes.

Uno de los cambios más discutidos es el que limita la extensión del cargo a dos mandatos de seis años. Sin embargo, hace borrón y cuenta nueva, por lo que no cierra el camino al actual presidente, que en las próximas elecciones de 2024 cumple dos mandatos consecutivos. Putin lleva en lo más alto del poder político desde el año 2000.

"Es evidente que Putin se está abriendo camino hacia una presidencia vitalicia. Eso no quiere decir que vaya a ocurrir, pero está abriendo el camino", sostiene Mila Milosevich, analista del Real Instituto Elcano para Rusia y Eurasia. "Tenemos que tener en cuenta que desde el año 2000 ya ha hecho dos manipulaciones para mantenerse en el poder. Primero se cambió el papel con el entonces primer ministro, Dmitri Medvédev, y después, en 2012, cambió el mandato de cuatro a seis años", añade.

"Estas reformas constitucionales empezaron como una forma de cambiar el balance de poder en Rusia. No porque Putin quisiera apuntalar un sistema democrático, sino porque quería producir más opciones para darse a sí mismo y a su régimen más margen de maniobra", opina Sam Greene, director del Instituto Rusia en el King's College de Londres. "Finalmente calcularon que los riesgos de ese tipo de diversificación eran demasiado altos y acabaron en una mayor concentración de poder en manos del presidente", añade.

Conservadurismo y nacionalismo

Otra de las enmiendas más criticadas es el veto constitucional al matrimonio homosexual. "Mientras yo sea presidente, no habrá progenitor uno y progenitor dos, habrá mamá y papá", afirmó el presidente en febrero. Milosevich recuerda que el tema LGTBI ha sido uno de los temas principales en la campaña del presidente y que su posición cuenta con gran apoyo entre la población rusa.

También hay varias reformas en materia cultural y de memoria histórica que van en la dirección del conservadurismo y nacionalismo promovido por el presidente. A partir de ahora, la Constitución incluirá un artículo en defensa de la "verdad histórica" sobre su papel en la Segunda Guerra Mundial. "El menoscabo de la gesta del pueblo durante la defensa de la patria es inadmisible", sostiene la enmienda. Putin ha lanzado una campaña internacional para reivindicar el papel de Rusia como el gran liberador de la guerra. Por otro lado, se describe el ruso como la lengua del "pueblo fundador del Estado", lo que deja a un segundo nivel a las minorías étnicas.

El paquete de reformas incluye del mismo modo el concepto de Dios en la Carta Magna. "Si en el himno se puede decir 'patria querida y protegida por Dios', ¿por qué no se puede decir en la Constitución?", se preguntaba el patriarca Cirilo I de Moscú, cabeza de la Iglesia Ortodoxa rusa y promotor de esta enmienda. Además, la Constitución rusa se establece a sí misma por encima del derecho internacional.

"Poner a Dios en la Constitución es una imitación a EEUU. Putin escribió una carta a Obama y al pueblo estadounidense en 2013 diciendo que es peligroso el excepcionalismo de Washington. En ese sentido, este cambio es como una respuesta: ustedes no son excepcionales y Dios no solo está con vosotros", afirma Milosevich. "Es extremadamente peligroso animar a la gente a verse a sí misma como excepcional", argumentaba Putin en la carta publicada en The New York Times.

La experta cree que el del derecho internacional es otro asunto inspirado en EEUU. "Es clarísimamente una imitación de EEUU y símbolo de gran potencia: no me puede juzgar nadie, excepto yo mismo. Esa actitud es arrogante", indica Milosevich.

"Desde la llegada de Putin, su proyecto ha sido conservador, nacionalista y con tintes de un patriotismo basado en la Segunda Guerra Mundial. Lo que está haciendo con esta reforma es blindar ese proyecto por ley, pero el país no se va a volver más conservador de lo que lo es hasta ahora", sostiene. "En este sentido, creen que Europa va por el camino equivocado de decadencia y perversión y en cambio Rusia tiene la verdadera fe y la verdadera cultura. En Rusia existe esta tradición cultural muy arraigada en el siglo XIX", añade.

"El referéndum constitucional muestra el auge del papel del nacionalismo y la instrumentalización de la religión en Rusia", sostiene Kerim Has, doctor en Ciencia Política y analista de Rusia. "La inclusión de visiones patrióticas para los niños en la educación, la ilegalización de los matrimonios homosexuales, el concepto de Dios, entre otros, demuestran el creciente tono nacionalista del régimen político en Rusia. Es muy probable que en este nuevo periodo, el Kremlin use la Iglesia Ortodoxa rusa como una herramienta política", añade.

Putin, un presidente popular

Milosevich recuerda que Putin sigue manteniendo unos elevados niveles de popularidad para los estándares europeos. "Su popularidad no baja del 56%, durante la votación en Crimea superó el 80% y el año pasado bajó al 59-60%, según estudios independientes. Además, la oposición en Rusia no está organizada y Putin es un líder indiscutible. Se puede criticar, pero tiene el control de la política rusa", comenta.

Greene cree que "los rusos han votado por la Constitución porque se les ha animado a hacerlo y porque para la mayoría una alternativa a Putin no traerá una mejor gobernanza y mayores niveles de vida". "En el futuro más probable, Rusia seguirá prácticamente como está actualmente: estancado, dividido y sin un claro camino para superar sus problemas", añade.

Por Javier Biosca Azcoiti

01/07/2020 - 21:11h

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Sábado, 27 Junio 2020 06:23

Resultado más que obvio

Resultado más que obvio

La reforma constitucional –diseñada por y para el presidente Vladimir Putin– se aprobó en tiempo récord por todas las instancias que forman parte de la élite gobernante, pero para entrar en vigor requiere de la legitimidad de las urnas.

Para ello los operadores políticos del Kremlin se sacaron de la manga una votación popular que no contempla la propia Constitución, que no es vinculante, que no exige la mitad más uno del padrón para ser válida, que no admite observadores, que permite votar en el transcurso de una semana, que no evita que una misma persona ejerza su derecho al sufragio varias veces, que lleva las urnas a las casas de los jubilados y un largo etcétera de excepciones y facilidades que restan toda seriedad a una votación legitimadora que nada tiene en común con un referendo, el cual no se puede convocar para modificar la Carta Magna.

La votación concluirá el 1 de julio siguiente con un resultado más que obvio: la reforma será aprobada y entrará en vigor. Lo único que –en estos tiempos de coronavirus con muchos descontentos por la pérdida de empleo, desplome de su nivel de vida y el manejo de la emergencia sanitaria desde el Kremlin– podría empañar el triunfo anunciado, y la posibilidad que pretende Putin de perpetuarse en el poder, es una participación escasa.

Ello no va a suceder: la cifra de asistencia será la que decidió ya la Oficina de la Presidencia –se comenta, no menos de 55 por ciento de participación, con entre 60 y 65 por ciento de votos en favor– para satisfacer el anhelo de legitimidad del titular del Krem-lin. Dispone de recursos para inducir, si no el sentido del voto, sí la participación de los millones de personas cuyos ingresos dependen del presupuesto (pensionistas, empleados públicos, trabajadores de los grandes consorcios del Estado, maestros, médicos), aparte de quienes acudan con la idea de sacarse, como en Moscú, un vale de descuento (hay 2 millones) para tiendas, restaurantes y bares que se rifarán entre quienes vayan a votar, igual que otros premios.

Hace 12 años Putin pensaba muy diferente: “Desde el primer día en el cargo de presidente de la Federación Rusa decidí que no voy a violar la Constitución vigente (…) Creer que el sillón de jefe máximo es tuyo para siempre, hasta la muerte, lo considero absolutamente inadmisible”.

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Imagen de archivo del ex asesor de seguridad nacional John Bolton, cuyo libro The Room Where it Happened estará a la venta desde mañana.Foto Ap

Nueva York., John Bolton, ex asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, sigue furioso porque fracasaron sus objetivos de resucitar la Doctrina Monroe, derrocar al gobierno de Venezuela y dañar a Cuba, y culpa de ello a su ex jefe Donald Trump en su libro que está por salir a la venta el martes, del cual La Jornada obtuvo una copia adelantada.

El “régimen ilegítimo de Venezuela… ofreció una oportunidad al gobierno de Trump. Pero requería una determinación persistente de nuestra parte, y presión consistente, total e implacable. Fracasamos en cumplir con esa norma. El presidente vaciló y tambaleó, exacerbando desacuerdos internos del gobierno… y repetidamente impidió nuestros esfuerzos para llevar a cabo una política”, escribe Bolton en un capítulo titulado "Venezuela libre", el único dedicado a un país latinoamericano en el libro, The Room Where it Happened.

El libro, cuya publicación Trump fracasó en frenar, trata de los 17 meses de Bolton en la Casa Blanca (hasta septiembre de 2019) y califica a su ex jefe de "errático y desinformado" al revelar la política exterior de este gobierno. Algunos de las novedades del libro ya se habían filtrado recientemente [https://www.jornada.com.mx/2020/06/ 18/mundo/023n1mun], pero el volumen ofrece más detalles sobre el manejo de la política exterior hacia América Latina.

Venezuela era pieza clave en el objetivo de resucitar la Doctrina Monroe y Bolton calificaba al régimen de Maduro como "una amenaza por su vínculo con Cuba y las aperturas que ofreció a Rusia, China e Irán". Explica, con nostalgia, que "America se había opuesto a amenazas externas en el hemisferio occidental desde la Doctrina Monroe, y era hora de resucitarla después de los esfuerzos de Obama-Kerry para enterrarla".

Bolton cuenta cómo poco después del atentado con drones contra Maduro, Trump le dijo: "hazlo", en referencia a derrocar al mandatario venezolano, y que se quejó: "Es la quinta vez que lo pido". El mandatario estadunidense insistió en que deseaba "opciones militares" para Venezuela y que ese país "en verdad es parte de Estados Unidos". Bolton señala que él y otros explicaron por qué la opción militar no era la mejor y que "podríamos lograr el mismo objetivo trabajando con los opositores de Maduro". Poco después, en noviembre de 2018, Bolton bautiza a Venezuela, Cuba y Nicaragua como “la troika de la tiranía” y anuncia nuevas sanciones contra los tres países.

El libro relata que Trump ordenó que el petróleo de Venezuela tenía que estar bajo control estadunidense y, mientras el presidente insistía sobre opciones militares, de repente planteaba reunirse con Maduro para resolver "todos los problemas", a lo cual se oponían Bolton y el secretario de Estado Mike Pompeo. Por cierto, en una entrevista con Axios publicada este domingo, Trump de nuevo dice que tal vez contemplaría una reunión con Maduro e indicó que ha perdido confianza en Juan Guaidó.

Cuando Guaidó se declaró presidente interino, Bolton pensó: "Esta es la revolución", e impulsó la declaración de apoyo de su gobierno.

El asesor de Seguridad Nacional cuenta cómo la delegación de legisladores de Florida, sobre todo los cubanoestadunidenses, fueron claves en convencer a Trump sobre apoyar a Guaidó, pero el mandatario exigió: "Quiero que él [Guaidó] diga que será extremadamente leal a Estados Unidos y a nadie más".

Bolton y sus aliados apostaban todo por la oposición venezolana encabezada por Guaidó y planeaban una sublevación militar para lograr su objetivo. Señala que fue un error sacar al personal estadunidense de la embajada en Caracas, ya que "la ausencia de asesores estadunidenses" en el terreno cambió el resultado de los intentos para derrocar al régimen.

Cuba, un superpoder

En el libro Cuba es caracterizada como un superpoder y le atribuye haber mantenido intacto el régimen venezolano y elogia el logro de revertir la política de apertura de Barack Obama y la aplicación de todas las medidas de la Ley Helms-Burton, como "un embargo pleno y completo" sobre la isla.

Revela que Trump solicitó opciones de uso de fuerza, incluyendo la interdicción, para interrumpir los cargamentos de petróleo entre Venezuela y Cuba.

El libro condena la apertura aplicada por Obama, la cual permitió que Cuba no fuera percibido como "adversario", y critica que durante ese tiempo "la creciente influencia rusa, china, iraní y cubana en el hemisferio no fue prioridad". Cuenta de los esfuerzos para "apretar" a La Habana, incluyendo la decisión de revertir una licencia que permitía a las Grandes Ligas "traficar con jugadores cubanos" y acusa a los dueños de los equipos de estar "durmiendo con el enemigo".

Bolton describe varias ocasiones en que los legisladores y organizaciones anticastristas de Florida, sobre todo los de Miami, lo ayudaron a fijar la política hacia Cuba y Venezuela. Se vanagloria de cómo el senador Marco Rubio lo presentó ante cientos de cubanoestadunidenses y venezolanoestadunidenses en Miami diciendo que su nombramiento "es un mal día para Maduro y Cuba, y un gran día para la causa de la libertad".

El autor señala que trabajó mucho tiempo sobre estos temas, y el público lo sabía. Bolton no oculta el narcisismo en su libro y destaca los elogios que recibe de fuerzas conservadoras, sobre todo en Miami, por ejemplo, en su presentación ante la Asociación de Veteranos de Bahía de Cochinos, y se enorgullece cuando sus enemigos lo mencionan. "Cuba ahora también me ataca por mi nombre; entonces, estoy de buen humor", cuenta.

México es frontera

Sobre México hay sólo unas cuantas referencias en el libro –no hay mención del presidente López Obrador– y casi todo gira en torno a la obsesión de su jefe con la migración y el muro fronterizo. Bolton cuenta de las explosivas disputas internas del gabinete sobre cómo cumplir con la orden de Trump de "frenar las caravanas".

Trump insiste en declarar que la frontera con México está "cerrada", y se irrita cuando se le explican las complicaciones; en una reunión gritó: “Díganles que el país está cerrado… es como una sala de cine cuando está llena”, además de recordar a sus ministros y asesores: los ciudadanos “me eligieron por este tema…”

En un polémico episodio, el entonces jefe de gabinete John Kelly estaba en la Oficina Oval con Trump cuando llegó un mensaje de que el yerno del presidente, Jared Kushner, deseaba reportar al mandatario su conversación con el canciller mexicano Luis Videgaray. Kelly, irritado, preguntó por qué Kushner estaba hablando con los mexicanos, y Trump respondió: "porque se lo pedí. ¿De qué otra manera vamos a frenar las caravanas?", y agregó: "Ninguno de ustedes, genios, ha logrado frenar las caravanas".

Kelly, como otros han hecho, contempló renunciar por este tipo de intercambio con el jefe, comentando a Bolton: "He comandado hombres en combate y nunca he tenido que aguantar mierda como ésta".

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Lunes, 22 Junio 2020 05:33

Trump, en la cuerda floja

Trump, en la cuerda floja

Luego de superar con éxito el juicio político ( impeachment) que intentaron realizarle los legisladores demócratas, el presidente estadunidense, Donald Trump, parecía encaminarse a una relección inevitable, sin más obstáculos que un candidato opositor tan gris e insustancial como ex vicepresidente Joe Biden.

Sin embargo, los acontecimientos de los tres meses recientes han colocado al magnate neoyorquino en una súbita posición de debilidad, que tuvo su más reciente expresión en el desastre político ocurrido en Tulsa, Oklahoma, donde el republicano realizó un mitin de campaña en un auditorio con capacidad para 19 mil personas al que sólo asistieron poco más de 6 mil, pese a que el propio Trump había alardeado que había recibido un millón de solicitudes para ingresar al acto.

Se afirma que el mandatario fue víctima del troleo de jóvenes que reservaron lugares en masa por medio de la red social TikTok con la consigna de no asistir a fin de dejar semivacío el local, una versión que los estrategas republicanos desmienten de manera enfática.

Lo cierto es que, haya sido por una jugarreta de adolescentes o por falta de capacidad de convocatoria, la campaña de Trump hacia la relección arranca en una situación de acentuada vulnerabilidad. Otro factor de debilidad del presidente es la divulgación de algunos pasajes de las memorias de John Bolton –un prominente halcón de la ultraderecha estadunidense y ex asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca– en el que se describe a Trump como corrupto, incompetente, errático y en extremo inescrupuloso.

Para empeorar las cosas, el magnate ordenó al Departamento de Justicia que impulsara la censura del libro, petición que fue rechazada por el Poder Judicial.

Pero los hechos que más han erosionado la posición del mandatario republicano son, sin duda, sus propias acciones, tanto su desastrosa actuación como jefe de Estado para enfrentar la pandemia de Covid-19 como sus impresentables reacciones frente a las protestas en contra del racismo que detonaron a raíz del asesinato, el pasado 25 de mayo, del ciudadano afroestadunidense George Floyd a manos de varios policías de Minneapolis, Minnesota, y se expandieron por más de un centenar de ciudades de Estados Unidos.

Lejos de manifestar su solidaridad con la población negra del país, oprimida y discriminada desde siempre, y de adoptar decisiones sustantivas para combatir el racismo que predomina en las instituciones y en buena parte de la sociedad de Estados Unidos, Trump se atrincheró en la descalificación de las protestas y buscó reprimirlas incluso con las fuerzas armadas, a lo que el propio secretario de Defensa se opuso de manera contundente.

Por lo que hace a la pandemia, ha resultado indignante y estremecedor observar a un mandatario en permanente conflicto con sus asesores médicos, empecinado en recomendar fármacos que las propias instancias de salud del país vecino consideran peligrosos e inadecuados, e insensible ante las decenas de miles de muertes ocasionadas por el nuevo coronavirus y ante el sufrimiento de millones de personas que han quedado en el desamparo económico total a raíz de la epidemia.

En forma previsible, conforme se aproxima la culminación del proceso electoral de este año, la peligrosidad de Trump –su sobrina Mary Trump lo describe como "el hombre más peligroso del mundo" en un libro de próxima aparición– tenderá a aumentar, habida cuenta de su afición a las huídas hacia adelante y a la creación de tensiones al límite como recursos distractores de su catastrófica gestión presidencial. Es de prever, por ello, que el mundo se encamina a vivir meses difíciles y riesgosos.

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Poder dual, golpismo y comicios en Bolivia

El boliviano René Zavaleta, primer director de Flacso México entre 1976 y 1984, teorizó conceptos muy importantes en sociología, como el de sociedad abigarrada, un Estado aparente donde se superponen diferentes capas sociales, pueblos y comunidades culturales. Una formación social donde coexisten la dominación colonial y capitalista, y formas de resistencia anteriores a los mismos. Los términos de sociedad abigarrada fueron muy útiles para entender la Bolivia plurinacional destruida por el neoliberalismo, pero para entender lo que está pasando hoy en el país andino-amazónico, nos sirve mucho más otro de los grandes conceptos acuñados por René Zavaleta, el de poder dual.

El concepto de poder dual retomaba a Lenin y la revolución rusa de 1917: “El doble poder –según Lenin– se manifiesta en la existencia de dos gobiernos: uno es el gobierno principal, el verdadero, el real gobierno de la burguesía (...) el otro es un gobierno suplementario y paralelo, de ‘control’, encarnado por el Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado, que no tiene en sus manos ningún resorte del poder, pero que descansa directamente en el apoyo de la mayoría indiscutible y absoluta del pueblo, en los obreros y soldados armados”.

Es decir, poder dual alude a un gobierno que tiene la legalidad, pero convive con otro gobierno legítimo conformado por el pueblo organizado.

Esto es lo que coexiste hoy en Bolivia, un gobierno golpista que había llegado con el único objetivo declarado de convocar a elecciones, y un pueblo que se va organizando para resistir y que, además, tiene de su lado a una Asamblea Legis-lativa Plurinacional, donde el Movimiento al Socialismo de Evo Morales tiene la mayoría suficiente para aprobar leyes.

Ese poder dual cristaliza hoy en la convocatoria de unas elecciones previstas para el 3 de mayo, pero que fueron pospuestas por la pandemia global. La Asamblea aprobó la Ley 1297 de Postergación de las Elecciones Generales, y marcó el 2 de agosto como límite para la celebración de nuevos comicios. Pero esta ley fue recurrida por el gobierno golpista de Áñez ante el Tribunal Constitucional, institución que tras un acuerdo apoyado por Naciones Unidas y la Unión Europea, entre el MAS y la mayoría de partidos de oposición presentó la propuesta del 6 de septiembre como nueva fecha electoral.

Pero en una nueva vuelta de tuerca al poder dual que se vive en Bolivia, Jeani-ne Áñez, quien además es candidata presidencial, mandó una carta a la presidenta del Senado, Eva Copa (MAS), pidiéndole un informe técnico y científico que validara la fecha de las elecciones, torpeza política porque si Áñez no promulga la Ley 691 en 10 días, el Senado tiene la facultad de hacerlo.

Es claro que existe una voluntad en retrasar todo lo que se pueda la convocatoria de elecciones, pues están perdiendo aceleradamente apoyos entre la opinión pública debido a los numerosos escándalos de corrupción en los que han incurrido autoridades en el medio año que lleva instalado el gobierno golpista.

En febrero destituyeron al gerente de la principal empresa de telecomunicaciones del país, Entel, nacionalizada durante el gobierno de Evo Morales, y en estos días el presidente de YPFB, la empresa hidrocarburífera estatal, se encuentra en búsqueda y captura tras varios escándalos de corrupción.

Aunque el mayor escándalo ha sido la corrupción destapada por la compra en España de respiradores para hacer frente al Covid-19, que ha llevado al encarcelamiento del ministro de Salud de una Áñez que cada vez tiene más difícil afirmar que llegaron de forma transitoria para convocar a elecciones tras el golpe de Estado, cuando la imagen que dan son de que llegaron para quedarse el mayor tiempo posible, y mientras tanto, saquear y vaciar un Estado que costó poner en pie 14 años de proceso de cambio.

Pero además, los golpistas continúan con sus torpezas y han desaparecido los ministerios de Deportes, Comunicación, y Culturas. El cierre de este último, con un presupuesto de 100 millones de bolivianos (menos de 15 millones de dólares) frente a los 7 mil millones que manejan Gobierno y Defensa, ha supuesto que la comunidad cultural y una parte de la clase media se levante en pie de guerra contra el gobierno.

Esta dinámica deja a los golpistas casi fuera de la carrera electoral, pero aunque el MAS-IPSP pueda recuperar una parte de los apoyos perdidos durante los meses de octubre y noviembre de 2019, en realidad quien más favorecido se ve por la coyuntura es el timorato y cómplice del golpe, Carlos Mesa, que tiene todo un carril central para apostar por "ni masistas ni golpistas" después de que en las elecciones pasadas consiguiera articular 37 por ciento del voto opositor anti Evo Morales.

Es probable también que los poderes que impulsaron el golpe de Estado, desde las élites económicas a sectores de lapolicía y el ejército, pasando por la estación de la CIA en La Paz, dejen caer a Áñez y su gobierno para articular una unidad parcial en torno a Carlos Mesa como garante de una transición que garantice el control de los recursos naturales y su posterior privatización al mismo tiempo que una relativa paz social.

Será tarea colectiva que el poder dual que hoy impera en Bolivia se mantenga en caso de que el golpe de Estado consumado el 10 de noviembre de 2019 se perpetúe mediante una victoria electoral golpista.

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