Recreación artística del fenómeno experimentado por esos cuerpos celestes.Foto Igfae

El evento de esos astros, también llamados transparentes, explicaría la mayor colisión masiva de agujeros negros

 

Madrid. Una fusión de estrellas de bosones, conocidas por algunos astrónomos y astrofísicos como estrellas transparentes, podría explicar la colisión de agujeros negros más masiva jamás observada, que produjo la onda gravitacional GW190521, y probar la existencia de la materia oscura.

Es la conclusión del trabajo de un equipo internacional de científicos, liderado por el Instituto Gallego de Física de Altas Energías (Igfae) y la Universidad de Aveiro.

Las ondas gravitacionales son olas en el tejido del espacio-tiempo que viajan a la velocidad de la luz y cuya existencia fue predicha por Albert Einstein en en su teoría general de la relatividad. Estas ondas se originan en los eventos más violentos del universo, llevando consigo la información sobre dicho origen.

Desde 2015, el ser humano puede observar e interpretar ondas gravitacionales gracias a los detectores Advanced LIGO (Livingston y Hanford, Estados Unidos) y al detector Virgo (Cascina, Italia). Hasta ahora, éstos han observado alrededor de 50, originadas durante las fusiones de dos de los entes más misteriosos del universo –agujeros negros y estrellas de neutrones–, que nos han permitido saber más acerca de estos objetos.

Pese a todos los descubrimientos acumulados en sólo seis años, el potencial real de las ondas gravitacionales va mucho más allá. En el futuro, podrían permitirnos observar nuevos tipos de objetos celestes y dar pistas sobre problemas fundamentales de la ciencia como, por ejemplo, la naturaleza de la materia oscura. Esto último, sin embargo, podría haber ocurrido ya.

Onda gravitacional

En septiembre de 2020, las colaboraciones científicas LIGO y Virgo, anunciaron la onda gravitacional GW190521. De acuerdo con el análisis realizado, esta señal era compatible con la fusión de dos agujeros negros de 85 y 66 veces la masa del Sol, lo que dio lugar a uno final de 142 masas solares. Este último es el primero de una nueva familia de agujeros negros: los de masa intermedia. Tal descubrimiento reviste gran importancia, pues dichos agujeros negros eran considerados una especie de eslabón perdido entre dos familias ya conocidas: los de masa estelar que se forman por el colapso de una estrella y los supermasivos que se esconden en los centros de las galaxias, incluyendo nuestra Vía Láctea.

Hoy, parte de los científicos de LIGO y Virgo publican que esa señal no la produjeron dos agujeros negros, sino dos estrellas transparentes hechas de partículas nunca observadas que son billones de veces más ligeras que un electrón. Se llaman bosones ultraligeros y en teoría pueden ser la explicación a uno de los mayores enigmas del universo: ¿qué es la materia oscura?, ese misterioso componente que constituye 27 por ciento del universo mientras la materia conocida compone sólo 5 por ciento?

En el artículo publicado en Physical Review Letters, un equipo de científicos liderado por Juan Calderón Bustillo, en el Igfae, centro mixto de la Universidad de Santiago de Compostela y la Xunta de Galicia, y Nicolás Sanchis-Gual, investigador posdoctoral en la Universidad de Aveiro y en el Instituto Superior Técnico, de la Universidad de Lisboa, propusieron un nuevo origen para la señal GW190521: la fusión de dos objetos exóticos conocidos como estrellas de bosones.

Esos cuerpos son objetos hipotéticos que constituyen uno de los principales candidatos para formar lo que conocemos como materia oscura. Asumiendo ese tipo de colisión, el equipo fue capaz de estimar la masa del constituyente fundamental de esas estrellas, una nueva partícula conocida como bosón ultraligero, billones de veces más ligera que un electrón.

Fueron teorizadas a finales de los años 50 y descritas en mayor detalle en la década posterior. Se trataría de astros hechos de partículas que no emiten luz, pero en lugar de ser un gran punto oscuro en el firmamento serían transparentes a nuestros ojos. Hasta ahora no se ha podido comprobar su existencia debido a que falta la tecnología necesaria y modelos que expliquen bien su comportamiento.

¿Es el neoliberalismo la salvación para el petróleo venezolano?

Por sanciones y crisis han pasado muchos países como Irán y Rusia que no han visto debilitar de esta manera su industria petrolera. El Gobierno de Maduro se dispone a abrir las mayores reservas del mundo a las grandes multinacionales.

ara comprender la emblemática crisis que vive Venezuela hay que comprender primero lo que sucede en su industria petrolera, porque ella fue el sostén y único propulsor del bienestar económico que el país disfrutó, siempre de manera intermitente, durante varias décadas.

Hasta 2014, la estatal Petróleos de Venezuela SA (PDVSA) era la quinta empresa petrolera más importante de todo el mundo, pero ya lleva siete años inmersa en una gran crisis financiera.

Venezuela, al menos por ahora, ya no es tan dependiente del petróleo. Aunque tenga las mayores reservas del mundo, su producción ha mermado de tres millones de barriles diarios a 400.000 a finales de 2020. A pesar de la crisis económica y el bloqueo, nuevos ingresos como las remesas, el oro y la criptominería, entre otros, van “asentando” a la economía a una nueva realidad nacional postpetrolera que parece tocar fondo.

En la economía nacional, el Gobierno de Nicolás Maduro está desarrollando una fase aperturista —dolarización, privatizaciones, desinversión en políticas sociales— que cualquier izquierda consideraría neoliberal y que amenaza con extenderse hacia el sector petrolero.

A pesar de todo, podría decirse que esta apertura está funcionando para enfrentar la cara más agresiva del trumpismo que apuntó hacia Venezuela y que desde 2017 aplicó sanciones contra el Gobierno para que no pudiera vender petróleo. La política de La Casa Blanca en los últimos años ha causado un profundo impacto en la economía venezolana, según reconoce la Oficina de Responsabilidad Gubernamental (GAO, según sus siglas en inglés) en su informe sobre Venezuela.

Pero las sanciones no han sido el único factor del declive de la industria petrolera. De hecho, cuando se comenzaron a aplicar en 2017 ya la producción se había precipitado. También hay otros factores que llevaron a esta situación. Por sanciones y crisis han pasado muchos países como Irán y Rusia que no han visto debilitar de esta manera su industria petrolera. 

¿Cómo pudo ocurrir el declive de la industria petrolera venezolana?

Durante todo el siglo XX, Venezuela fue teniendo cada vez una mayor dependencia del petróleo y se convirtió en un país básicamente monoproductor y compulsivamente importador.

Hay varios factores que convergieron en una compleja coyuntura general que ni la petrolera estatal ni el país pudieron superar, algo que trajo una verdadera debacle petrolera que aun no culmina.

PDVSA ya estaba realmente cansada antes que Maduro asumiera el poder. La petrolera tuvo que financiar dos programas que implicaban ingentes recursos. El primero era el programa de subsidio alimentario (PDVAL), que se inició desde 2008 y distribuyó enormes cantidades de alimentos a precios irrisorios. El segundo fue la Misión Vivienda, que construyó decenas de miles de viviendas, la mayoría en zonas urbanas.

En la Venezuela chavista se fraguó una de las mayores políticas de democratización de recursos de la historia de América Latina. Pero buena parte de esa operación recayó sobre esta empresa petrolera, sin los mecanismos básicos de control y distribución del Estado. PDVSA sirvió además de gran propulsora, de caja chica, para bypassear al Estado burocrático.

Independientemente de que la empresa asumiera los costos de las políticas mencionadas, y que aumentara su deuda de manera exponencial, la capacidad de producción estaba en su tope —en torno a tres millones de barriles diarios— y el precio del petróleo seguía elevado por sobre los 100 dólares el barril. Así que nadie preveía una crisis de la magnitud que tuvo que enfrentar meses después.

El sacudón

Una vez asumida la presidencia en 2013 y con ambos programas de viviendas y alimentación activos, el nuevo presidente, Nicolás Maduro, lanzó una campaña que llamó “Sacudón” para transformar el Estado venezolano, pero que se concentró en remover a Rafael Ramírez de la presidencia de PDVSA, el hombre fuerte de la empresa durante los últimos años de Hugo Chávez.

No se conocen pruebas en su contra, pero del alto nivel de vida del ex funcionario y de su círculo cercano se desprendía una corrupción que afectaba a muchos altos cargos de la industria petrolera. La consigna de “limpiar PDVSA” era una demanda constante, especialmente desde el chavismo, y terminó generando una purga interna por su control.

Con Ramírez en el exilio, a la empresa no le fue mejor. Rápidamente fue disminuyendo su producción. En cinco años de Gobierno, Maduro nombró a tres presidentes de PDVSA. De estos, los dos primeros fueron encarcelados y el tercero fue destituido. Con todos ellos, la producción no dejaba de caer.

Mientras tenía lugar la pugna interna y sucesivos presidentes de la empresa patinaban, en EE UU se vivía la explosión del fracking, que desplomó los precios del petróleo desde mediados de 2014 hasta 2016, permitiendo a EE UU bajar a mínimos históricos su dependencia petrolera.

Así que con pobres ganancias, enorme deuda y costosas políticas sociales a cuestas, la empresa se iba debilitando y bajando sus niveles de producción y refinación. En este contexto llegaron las sanciones.

Las sanciones

Si bien la orden ejecutiva de Barack Obama en el que declara a Venezuela un país de “inusual amenaza” data de marzo de 2015, fue en agosto de 2017 cuando se declararon sanciones directas contra representantes del Gobierno. Desde finales de 2017, se impuso un cerco financiero que dificultaba la venta y el cobro de las operaciones petroleras. En 2019, las sanciones se dirigieron directamente hacia la venta de petróleo venezolano.

En ese momento, la producción de la industria petrolera se vio en caída libre. A mediados de 2018 ya llegaba a millón y medio. A comienzos de 2019, rondaba por el millón de barriles diarios y, en el peor momento de 2020, llegó a producir en torno a los 400.000 barriles.

Con el nombramiento de Elliot Abrams en 2019 como representante de la Casa Blanca para asuntos sobre Venezuela, en medio de la aventura de Juan Guaidó y el desconocimiento de 50 países al Gobierno de Maduro, se ejecutó una persecución a cualquier empresa que tuviera relaciones comerciales con PDVSA. Su oficina apuntó a varias empresas y buques petroleros,   y logró que la española Repsol y la rusa Rosneft, entre muchas otras, tuvieran que ceder y dejar de comercializar el petróleo venezolano.

La apertura petrolera

La industria petrolera ha sufrido un desmantelamiento por la falta de inversión en momentos de vacas gordas, un infarto debido al bloqueo y ahora podría sufrir un desmembramiento si la posibilidad de su salvación pasa de manera obligatoria por considerar inversiones extranjeras sin el control establecido por la Constitución, lo que es un leit motiv del chavismo.

Desde los 90 hay empresas extranjeras operando en Venezuela, pero siempre a la sombra de PDVSA. Ahora las condiciones del país son muy desfavorables y es posible que el Estado tenga que ceder mucho más en cuestiones importantes en torno a la soberanía y las leyes.

Constitucionalmente PDVSA no puede ser vendida. La estrategia pasa más bien por privatizar áreas y territorios que no puede explotar. Quizá en muchos pedazos. Un desmembramiento podría impulsar la reactivación de la industria, pero no se sabe qué impacto futuro puede tener. Además, es una medida injustificable para el chavismo, cuyo transe más complejo fue la toma de PDVSA después del paro petrolero de 2002-2003.

Sin embargo, no parece que existan otras opciones, pues el Gobierno no tiene línea de crédito con ninguna instancia de peso.

Hoy, economistas del Gobierno como Jesús Faría concuerdan con las proclamas antichavistas que, desde siempre, exigían apertura y liberalización de la economía, esto es, el fin de los controles con que gobernó Chávez durante más de un decenio. Con la nueva Ley Antibloqueo promulgada a finales de 2020, se prevé que las privatizaciones y medidas neoliberales que, paradójicamente, están permitiendo un respiro económico a todos los niveles y clases sociales, se trasladen a la industria petrolera.

A comienzos del mes de febrero, una nota de Reuters indicaba que “nuevos clientes de PDVSA” estaban impulsando la industria petrolera a comienzos de este año. La producción habría aumentado un 12% en relación a diciembre de 2020.

En febrero, Chevron y otras empresas, según Bloomberg, pidieron al nuevo Gobierno de EE UU la relajación de las sanciones contra Venezuela.

PDVSA se convierte en un laboratorio de los modelos económicos. El modelo estatista que fue tan efectivo durante décadas hoy está en franco declive y un Gobierno que se presume progresista tendrá que aplicar modelos aperturistas. Ya veremos cómo nos va.

Por Ociel Alí López

Sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela

13 feb 2021 06:00

Publicado enInternacional
National Research Center «Kurchatov Institute»

Se planea realizar entre 20 y 30 experimentos al año con este potente reactor nuclear de investigación científica.

 

El presidente ruso Vladímir Putin ordenó esta semana la puesta en marcha a capacidad nominal del reactor de neutrones de Gátchina (región de San Petersburgo), que es uno de los más potentes reactores de investigación nuclear en el mundo.

Con una capacidad proyectada de 100 megavatios, el reactor PIK supera a sus análogos de Grenoble (Francia) y Múnich (Alemania) y no tiene rivales en la densidad del flujo de neutrones, que es de dos megavatios por litro.

Mijail Kovalchuk, presidente del Instituto Kurchátov, principal institución de investigación y desarrollo en el ámbito de la energía nuclear en Rusia, afirmó durante una videoconferencia con Putin que el PIK es "la más poderosafuente de neutrones en el mundo".  

Asentado en el Instituto de Física Nuclear B. P. Konstantínov, el reactor será un decisivo aporte a la investigación en el terreno de lo atómico y subatómico y abrirá nuevas oportunidades para la ciencia de los materiales, así como en la biología, la biofísica y la física de la materia condensada.

La capacidad del reactor aumentará gradualmente hasta 10 megavatios en los próximos meses y hasta 100 megavatios en 2022.

A partir de entonces se repartirá el acceso al reactor entre diversos grupos científicos, incluidos algunos internacionales. Se planea realizar entre 20 y 30 experimentos al año, con duración de entre 1 y 10 días cada uno.

"El coste anual de la operación del PIK se aproxima a 1.000 milllones de rublos (13,5 millones de dólares)", afirmó Vladímir Voronin, subdirector del Instituto, al precisar que es imposible que tal proyecto alcance autosuficiencia económica.

El nuevo reactor viene a viabilizar un proyecto que cumple 45 años. Iniciado en tiempos de la URSS, en 1976, fue interrumpido tras la catástrofe de Chernóbil en 1986, cuando estaba avanzado en 70 %. La construcción se reanudó tras la revisión de las normas de seguridad, pero fue luego suspendida a raíz de la desintegración de la URSS y de las crisis financieras subsiguientes. Las obras se reanudaron en 2001.

Publicado: 12 feb 2021 22:24 GMT

Corea del Sur construirá el parque eólico marino más grande del mundo

Aseguran que generará una energía comparable a seis centrales nucleares

Estará situado frente a las costas de Sinán, al sudoeste del país y su capacidad máxima será de 8,2 gigavatios. Representa una inversión de 43.200 millones de dólares. 

Las autoridades de Corea del Sur firmaron este viernes un contrato de 43.200 millones de dólares para la construcción del parque eólico marino más grande del mundo.

Corea del Sur carece de recursos energéticos tradicionales, ya que actualmente depende en su mayor parte de sus importaciones de carbón, que sirven para alimentar el 40% de su electricidad. 

Debido a que el carbón es un recurso energético muy contaminante, el país se fijó el objetivo de lograr la neutralidad en materia de carbono para 2050.

El presidente de centroizquierda Moon Jae-in también busca abandonar gradualmente la energía nuclear y así apostar de forma masiva por la eólica, la hidroeléctrica y la solar.

El mandatario supervisó la firma del contrato de 43.200 millones de dólares para la construcción de un gigantesco parque eólico frente a las costas de Sinán, situadas al sudoeste del país, cuya capacidad máxima será de 8,2 gigavatios.

Moon destacó que será siete veces más grande que el mayor campo eólico en alta mar y generará una energía comparable a seis centrales nucleares. Además, resaltó su privilegiada posición geográfica en la península. 

“Tenemos un potencial infinito de energía eólica marina y la mejor tecnología del mundo en este campo”, señaló el jefe de Estado.

El acuerdo involucra a 33 entidades diferentes que incluye a gobiernos regionales, la compañía eléctrica Kepco, y grandes compañías privadas como Doosan Heavy Industries & Construction y SK E&S.

Moon indicó que es posible que las obras comiencen recién dentro cinco años o más, aunque aseguró que el gobierno se esforzará por acelerar este proceso.

El año pasado, Seúl anunció su objetivo de entrar en el top 5 mundial de los países productores de energía eólica para 2030. Corea del Sur posee actualmente 24 centrales nucleares, la densidad más alta del mundo.
Publicado enMedio Ambiente
Martes, 02 Febrero 2021 05:45

Vivir sin petróleo

Vivir sin petróleo

Cada día se manufacturan y propagan diferentes mentiras desde medios de información conocidos y hasta desde otros de apariencia informal donde las fabricaciones aparecen pegados a sitios del internet o de las redes sociales.

A partir de estas mentiras manufacturadas se construyen edificaciones falsas más complejas. Una de estas, por ejemplo, es la falacia de que el 2020, año de pandemia, ha sido el año en que el mundo occidental se encamina a prescindir (en un futuro cercano) del petróleo crudo y de sus productos, hidrocarburos y combustibles fósiles en general.

La realidad y las “relaciones públicas”

Se trata de un plan para salvar al planeta de la contaminación, nos dice la máquina de propaganda, un verdadero logro de la ciencia y tecnología que usando energías alternativas renovables reemplazará la energía fósil solucionando los problemas que enfrenta el medio ambiente -al tiempo que nos permitirá seguir consumiendo como hasta ahora. Las energías alternativas renovables son bien conocidas, sus imágenes aparecen a diario, se trata de paneles solares y gigantescos molinos de viento, o capturando la energía de las mareas para activar turbinas, o más vulgares como quemando biomasa (madera de árboles, arbustos y matorrales) para obtener energía. Todas existen porque son un negocio rentable pero que solucionen los problemas del medio ambiente es muy dudoso. Hasta la fecha todas estas energías juegan un papel minoritario, en algunos lugares ningún papel. Funcionan mayormente gracias a subsidios del estado en general en países del primer mundo que pueden pagarlos. Los vehículos eléctricos aparecen también como solución frente a los vehículos a combustibles que son parte importante del problema de contaminación. Se alardea mucho de que el combustible tiene que ser reemplazado por electricidad -cargando las baterías de los vehículos eléctricos y reemplazando a los otros que hoy dominan el mundo. Peor, se da por hecho, y se fantasea hasta con admiración, sobre el posible uso del hidrógeno como combustible limpio.

Estas afirmaciones sobre energías alternativas que están listas a reemplazar a los combustibles fósiles no son ni bien analizadas ni se muestran cifras que indiquen su uso en la actualidad. Gobiernos, instituciones, corporaciones de energía, industrias de vehículos de todo tipo, hablan de energías alternativas vagamente, parte de un discurso público que presenta una imagen favorable de futuro, una que sirve de propaganda. La realidad es diferente pues seguimos viviendo y dependiendo del petróleo y de los combustibles fósiles. Los combustibles derivados del petróleo son usados mundialmente en más del 60 por ciento para transportar gente y carga. En Canadá la cifra alcanza al 65 por ciento y en Estados Unidos al 71 por ciento. De ese total de combustibles el más común es la gasolina (incluyendo mezclas con etanol) que suman un 40 por ciento del total usado globalmente, luego el Diesel con un 37 por ciento (y que incluye los biocombustibles), sigue el combustible para aviones que suma un 12 por ciento, el propano que en décadas pasadas parecía que iba a ser más utilizado hoy es apenas un 1 por ciento. Nos queda el combustible residual o fuelóleo (o fuel oil) producto del proceso primario de una refinería, una mezcla que suma un 9 por ciento, y luego el gas natural juntos a la energía eléctrica de baterías recargables no alcanzan al 1 por ciento del total moviendo gente y carga en el mundo. 

Hay otras áreas en las que petróleo y gas son esenciales, como es el caso de los polímeros artificiales (o plásticos) que en el mundo usan 16 por ciento del total de petróleo y gas producidos. Debemos considerar además las maquinarias usadas para construir infraestructuras, plantas productoras de fertilizantes, industrias de productos químicos, oleoductos, gaseoductos, acueductos, minería, agricultura especialmente en el caso de monocultivos, calefacción y preparación de alimentos.

He observado que se confunde, o trata de confundir, el papel del petróleo en la producción de energía eléctrica. A nivel global el petróleo es usado sólo en un 5 por ciento en producir electricidad, pero algunos países lo usan más y otros menos o nada. En el Caribe, por ejemplo, Jamaica usa petróleo en la producción de electricidad en un 91 por ciento pues no tiene otro recurso. Arabia Saudita, qué si tiene petróleo en abundancia, también lo usa más, en un 55 por ciento. Estados Unidos, igual que Canadá el petróleo se usa sólo en un 1 por ciento en la producción de electricidad, y la Unión Europea también usa un porcentaje bajo, un 2 por ciento. A nivel mundial el mayor recurso en la producción de energía eléctrica continúa siendo el carbón mineral (un fósil) con un 40 por ciento, lo sigue el gas natural con un 22 por ciento, las plantas hidroeléctricas con un 16 por ciento, las nucleares con un 13 por ciento y las alternativas con apenas un 1 por ciento. Estas últimas se han desarrollado más en Alemania y España, que las usan en más de un 20 por ciento. La energía hidroeléctrica es muy importante en Paraguay que la usa en un 100 por ciento y en Uruguay, que la usa en un 63 por ciento. Sorpresivamente para muchos, países ricos en petróleo como Canadá y Venezuela usan energía hidráulica en más de un 65 por ciento cada uno. En cuanto a la energía nuclear Francia no podría vivir sin ella, la usa en un 78 por ciento para producir su electricidad.

Vehículos eléctricos ayer y hoy

Volviendo a las mentiras que se venden como información, aparece a la cabeza el supuesto éxito del auto eléctrico que en occidente los gobiernos presentan como alternativa real, incluso argumentando que para el año 2050 dejarán de producir anhídrido carbónico (CO2). Todo esto se basa en especulaciones que muchas veces los mismos gobiernos promueven para crear esperanza y confianza en un futuro que se ve ciertamente preocupante. El vehículo eléctrico, casi como una joya del transporte y usando baterías que se recargan con electricidad, intenta solucionar la polución del transporte. Nadie habla del desafío de disponer de la electricidad necesaria para recargar baterías, de las nuevas plantas generadoras de energía para sostener ese futuro, tampoco se explica cómo se va a disponer de las baterías en desuso –temas que seguramente los fabricantes de vehículos eléctricos esperan él estado resuelva, o quizás que se despachen los nuevos desechos a algún país pobre del planeta donde contribuyan a su contaminación. Tampoco se explica la dinámica económica por la que algunos países como Estados Unidos y Canadá, si bien subvencionan la prospección, explotación y transporte de petróleo y gas natural, también reciben importantes ingresos por concepto de impuestos aplicados a combustibles del petróleo. En Canadá cada litro de combustible que compramos paga entre 20 y 30 por ciento de impuestos, sumando 13 mil millones de dólares al año en entradas que se usan, en gran parte, en infraestructura y aportes a municipios. En Estados Unidos el gobierno federal recauda más de 37 mil millones de dólares en impuestos aplicados a los combustibles -a gasolina, Diesel y gasolina de aviones, sin contar lo que recaudan otros niveles de gobierno. En Europa se aplican aún más impuestos a los combustibles del transporte. Estos dineros recaudados son esenciales a los estados debido a las enormes deudas públicas que acarrean y a que no cuentan con otras entradas ya que la mayor parte de las corporaciones y los ricos no pagan impuestos sino al contrario reciben subsidios del estado y despojan a este siempre que pueden. 

El invento del auto eléctrico fue a mediados del siglo 19 y luego a principios del 20 tuvo su uso y para los años 60 volvió y ganó cierta relevancia y se fabricaron varios modelos, pero pronto no fue sino un vehículo marginal. Se usa un vehículo pequeño en lugares internos, fábricas y bodegas, campos de golf, centros turísticos, aeropuertos, existen incluso algunos pocos buses urbanos a batería en algunos países occidentales, China y República de Corea, pero hasta hoy la producción de vehículos eléctricos es limitada. Las corporaciones que los fabrican hacen mucho ruido cuando presentan su versión al mercado, pero la usan como propaganda y muestra de preocupación por el medio ambiente. Algunas compañías se dedican a producirlos, ya compactos o medianos, pero su precio elevado las obliga a vivir de la especulación bursátil y a tener futuro incierto.

Hablar del hidrógeno como combustible está de moda, el hidrógeno es casi una palabra mágica en cuanto a su uso en vehículos -ya como combustible directo o para cargar baterías. El hidrógeno es básico en los procesos químicos de refinerías de petróleo y plantas de fertilizantes, y es caro de extraer sea por electrólisis o por gas natural. Es difícil de almacenar en un tanque de alta presión además de peligroso porque tiene baja energía de ignición y alta energía de combustión. Los vehículos a hidrógeno existieron en 1959, con el Chevrolet Electrovan, cuya producción fue abandonada; el programa espacial Apollo empezó a usar hidrógeno en los años 60.

Se exagera la importancia del vehículo eléctrico que en la actualidad no es más que él 0,4 por ciento de todos los vehículos en circulación en el mundo, aunque haya países como Noruega donde son el 10 por ciento del total de vehículos o China donde son el 1 por ciento, pero en la mayoría de los países del mundo son casi inexistentes. Es posible que en una década aumenten su número y lleguen a ser el 1 por ciento del total de los vehículos que se usan en el planeta, pero esta industria tiene que demostrar rentabilidad para sobrevivir, no alcanza con la propaganda y la especulación.

La energía generada por los fósiles

Atrás de las mentiras y las especulaciones existe la realidad con respecto a la energía generada por los recursos fósiles, cada día más de 200 barcos tanques mueven más de 60 millones de barriles diarios de petróleo y combustibles alrededor del mundo para cubrir las necesidades de la humanidad que depende y seguirá dependiendo de estos recursos.                                                                                                               

En el 2020 a pesar de la pandemia, que en Occidente aún no se controla, y que desaceleró gran parte de la economía, interrumpida o parada, el consumo mundial de petróleo y gas natural bajó apenas un 3 por ciento y la de la de todos los combustibles líquidos un 9 por ciento (de 100 millones de barriles diarios en el 2019 a 91,3 el 2020). Se imaginaba un mayor impacto, pero los números muestran que incluso con una economía interrumpida y desacelerada nuestra necesidad de petróleo y gas natural continúa y que nuestra dependencia de estos recursos es enorme. Claro que muchas de las corporaciones medianas y más pequeñas dedicadas a la prospección, explotación, transporte y servicios en el terreno sufrieron pérdidas grandes debido a la caída de los precios. Por ejemplo, en áreas de prospección y explotación donde los costos son más altos, como costa afuera en el mar, más de 20 mil millones de dólares en deudas hicieron quebrar compañías como Diamont Offshore Drilling y Noble Corp. El panorama general mundial del pasado año en la industria del petróleo fue de muchas pérdidas, reducción de puestos de trabajo, y fusiones corporativas.

La situación es más crítica en la explotación de petróleo y gas natural de esquisto (shale or tight) que en Estados Unidos continúa pese a los daños serios que causa al medio ambiente ya que han sido perforados más de 300.000 pozos de fractura hidráulica, en el año 2019 se produjeron más de 7 millones de barriles diarios -más del 63 por ciento de petróleo que produce Estados Unidos (el petróleo convencional va en declive cada año) pero durante el 2020 se redujo en más de 1 millón de barriles diarios. La industria del petróleo y gas de esquisto es complicada -más de lo que se muestra, y desde hace una década en que comenzó nunca ha sido rentable pero su crecimiento, que se ha basado en inversiones a futuro y especulación bursátil, continuaba y es sólo desde el 2016 que numerosas compañías han empezado a quebrar y se vienen perdiendo miles de trabajos. Según datos de Rystad Energy, más de 100 compañías tienen deudas por 89 mil millones de dólares, estas deudas que pronto alcanzarán a ser de más de 100 mil millones de dólares. Valdría preguntarse como un producto muchas veces dejando pérdidas en algunos territorios se sigue produciendo con todo el destrozo que causa a la naturaleza, será que el agotamiento del petróleo es una pesadilla que no se puede aceptar como realidad.

Unas de las supuestas metas para proteger el planeta de la polución es el compromiso avalado por las Naciones Unidas en que más de 110 países de los 193 miembros que para el año 2050 dejarán de emitir a la atmósfera anhidrido carbónico CO2, muchos de los grandes países contaminadores ni siquiera firmaron este compromiso de muy dudoso cumplimiento. La duda ha quedado en evidencia con la incapacidad total de los países del primer mundo que se hacen líderes de las iniciativas para salvar el planeta de la contaminación, pero la desastrosa situación de la pandemia causada por el coronavirus los mostró que no solo les falta infraestructuras a sus sistemas de salud pública, sino han mostrado también inoperancia y corrupción en la gestión, en la emergencia, en las prioridades con la población y vacunación.   

No se puede confiar que los países occidentales puedan tener alguna solución para proteger el medio ambiente, los recursos naturales y las especies si sus gobiernos y élites apoyan, financian y son parte de terribles destrozos en la destrucción de países, asesinatos masivos y selectivos de miles de sus habitantes, dejando a pueblos enteros sin hogar, sin agua corriente, sin energía eléctrica, envenenando suelos y ríos con bombas, son los acarreadores del terror y muerte, es obvio que estos no pueden salvar el planeta.   

Muchos países especialmente en Europa y el continente americano tienen en gran parte una economía de turismo dando una impresión de apogeo donde se mueven millones de personas en aviones, cruceros, buses, y automóviles, entran y salen de hoteles, restaurantes y museos, toda esta economía que en el presente está muy afectada por la pandemia, pero para funcionar requiere justamente de mucha energía de combustibles derivados del petróleo.       

En todo el mundo principalmente en los países europeos, Japón, y R. de Corea que más consumen y a la vez carecen de petróleo y gas natural ocultan el pánico de pensar que se puedan agotar en un futuro no tan lejano y a la vez no paran de atacar y conspirar en su obsesivo colonialismo con el fin de despojar a los enemigos que han elegido y que poseen grandes reservas de petróleo y gas natural como Venezuela, Rusia e Irán.                                                                                                                                                                      

Una muestra más de la farsa cuando gobiernos como el de Dinamarca que hace algunas semanas anunciara que para el año 2050 sus válvulas de gas y petróleo serán cerradas para siempre, una declaración ridícula ya que este país produce apenas 100.00 barriles diarios y para ese entonces de todas maneras no le quedará nada de producción dentro de los limitados recursos del Mar del Norte.

Mientras las grandes corporaciones petroleras con toda pompa hacen declaraciones que van a invertir en energías alternativas no dejan de hacer prospecciones hasta en las reservas naturales y pronto lo harán en parques nacionales, perforarán la tierra y el mar hasta sacar la última gota de petróleo y gas, ya que este sistema dominante de vida no acepta otro paradigma de mesura y racionalidad para salvar el futuro de la humanidad y de muchas especies. 

El escenario seguirá montado para que el show continúe, donde el sistema de dominación económica y social occidental lanza sus mentiras diarias para que lleguen a cada rincón del mundo, aunque hay quienes resisten estos embustes, pero por ahora no tenemos la capacidad de detenerlos.

Por Mario R. Fernández | 02/02/2021 |

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Joe Biden firma la orden ejecutiva acompañado de la vicepresidenta Kamala Harris y el enviado especial para el clima John Kerry | Foto: Mandel Ngan/AFP

El nuevo presidente de EE. UU. lanzó una batería de medidas con las que se propone que el país lidere el combate a la crisis climática global. La letra chica más allá de las frases solemnes.

 

"No vamos a prohibir el fracking, vamos a proteger y aumentar los empleos”. La frase de Joe Biden este miércoles en la Casa Blanca no deja lugar a dudas: aunque la "suspensión del fracking" haya copado los titulares, en verdad la agenda climática presentada por el mandatario no es más que llevar a la práctica lo que había declarado en campaña, cuando expresó: "Nunca dije que me opongo al fracking: dije ’no al fracking en terrenos federales’". Queda claro: Biden no prohibirá la fractura hidráulica en el 90 % restante del territorio.

El presidente demócrata tiene una ventaja: en vistas del grosero negacionismo de Donald Trump, cualquier tibia medida respecto a la crisis climática y ecológica mundial será recibida como un gran avance para combatir un escenario que los científicos, a la luz de la evidencia, piden que se trate como una emergencia.

En conferencia de prensa junto a la vicepresidenta Kamala Harris y el enviado presidencial especial sobre el clima, John Kerry, anunciaron la creación de nuevos roles climáticos, miles de puestos de trabajo y la restauración de la “integridad científica” en su administración.

Biden cumplió con la promesa de reincorporar al país al Acuerdo de París, del que había salido oficialmente en noviembre tras años de gestiones del Gobierno de Trump. Además, suspendió el resistido oleoducto Keystone XL. “Necesitamos un Keystone por día. Eso es lo que realmente significa ‘quedarse sin tiempo’”, respondió Peter Kalmus, reconocido científico y activista climático estadounidense, tras el anuncio. Para el especialista, el Acuerdo de París, que ya cumplió cinco años, no está “ni cerca” de las acciones que realmente se necesitan.

"Nos estamos quedando sin tiempo” es una de las frases predilectas del flamante presidente norteamericano en lo que a la crisis climática refiere. Con su batería de medidas busca mostrar compromiso por parte de Estados Unidos, ausente en las cumbres climáticas de los últimos años pese a ser el segundo país más contaminante del mundo.

Entre sus objetivos figura el “empoderamiento” de trabajadores y empresas estadounidenses para que lideren lo que llama “una revolución de energía limpia” para que el sector energético se independice del carbono para 2035, comprometiéndose en un “camino irreversible” hacia una economía con cero emisiones para 2050. Una concepción curiosa de lo que significa “quedarse sin tiempo”.

Tras cuatro años de desfinanciamiento de las políticas ambientales y promoción de más actividades ecodestructivas (el último intento de Trump fue la oferta de licencias para la explotación petrolera en el Ártico, que resultó fallida por falta de participación), el comunicado de prensa de la Casa Blanca enfatiza que las medidas climáticas de Biden apuntan al "talento y la capacidad de innovación" de los trabajadores, a revitalizar el sector energético de EE. UU., conservando los recursos naturales, aprovechándolos camino a “un futuro de energía limpia, creando empleos bien remunerados, con la oportunidad de afiliarse a un sindicato, y brindando justicia a las comunidades que han sido sometidas a daños ambientales”.

La potencia imperialista es el segundo contaminante a nivel mundial detrás de China. Como tal tiene la posibilidad de arruinar ecosistemas y disparar verdaderas “bombas climáticas” con una mera orden ejecutiva. Barack Obama, del que Biden fuera vicepresidente durante ambos mandatos, se jactaba de ser el que más pozos petroleros perforó, habilitando la fractura hidráulica pese al repudio de las comunidades por la contaminación, la destrucción y el riesgo sísmico.

Biden suspende nuevas licencias, pero no erradica el fracking. Desde 2010 en adelante, en plena era Obama, esta práctica se multiplicó exponencialmente, por lo que para acercarse a sus compromisos de “energía limpia” y “cero emisiones” Biden debería desandar el camino de la administración demócrata previa y el innegable aporte republicano de los últimos años. Y eso solo en el territorio norteamericano.

Estados Unidos intenta adecuarse cinco años después a los objetivos del Acuerdo de París. Ahora los expertos coinciden en que, aun si todas las naciones firmantes cumplieran sus premisas, el calentamiento rondaría los 2.6 – 3.1° C para 2100, mucho más que el límite de aumento de 1.5º C que fijó el tratado climático, suba de temperatura a la que nuestro planeta llegaría entre 2030 y 2052. El último umbral de seguridad al que podríamos aspirar.

Es claro que se necesita mucho más que no ser Trump para combatir un escenario de posible colapso climático y ecológico. Las medidas insuficientes, simbólicas y tardías de la mayor potencia mundial no hacen más que confirmar lo que decían los letreros en las masivas movilizaciones climáticas: “Hay que cambiar el sistema, no el clima”.

Algunas de las medidas de Biden-Harris

  • • Ubica la crisis climática en el centro de la política exterior y de seguridad nacional y se plantea ejercer “liderazgo” para subir la ambición global en el combate a la situación. Para ello parte de los objetivos del Acuerdo de París, por lo que EE. UU. se pondría a tono con la Contribución Determinada a Nivel Nacional que le exige a todos los firmantes.
  • • Biden será anfitrión de una Cumbre de Líderes Climáticos el 22 de abril, Día de la Tierra, y volverá a convocar al Foro de Grandes Economías. Creó un nuevo cargo, que ocupa John Kerry: enviado presidencial para el clima, que integrará el Consejo de Seguridad Nacional y, según la resolución, actuará como “presión” norteamericana para apuntalar los compromisos en foros internacionales. En lo que respecta a la situación doméstica y sin brindar mayores precisiones, Biden encargó a Avril Haines, directora de Inteligencia Nacional, que confeccione un reporte sobre las implicancias de seguridad vinculadas a la crisis climática.
  • • Se crea la Oficina de Política Climática Nacional de la Casa Blanca, dirigida por un asesor climático nacional y un asesor climático nacional adjunto. Tendrán despacho en la Casa Blanca y coordinarán e implementarán la “agenda climática” del presidente. También habrá un Grupo de Trabajo Nacional sobre el Clima, con veintiún líderes de distintas carteras, es decir, una suerte de gabinete climático.
  • • Con el espíritu de “liderar con el ejemplo” y de acuerdo con el plan de recuperación económica impulsado por Biden, en el cual afirman que los empleos en energías limpias son un pilar, les ordena a las agencias federales que se abastezcan de energías limpias y libres de carbono y vehículos que no contaminen. Con esto aspiran a crear miles de puestos de trabajo en el sector, "bien pagos y sindicalizados", inspirados en la orden de “Compre norteamericano”.
    • Entre las medidas que más “revuelo” causaron se encuentra la orden al secretario de Interior para que suspenda nuevas licencias de petróleo y gas natural en tierras y aguas federales. A su vez, sin darlas de baja, le pide una “revisión profunda” de todas las concesiones vigentes hasta la fecha en el área de combustibles fósiles. Se eliminan a su vez los subsidios al sector y se busca identificar cómo “duplicar la producción de energía renovable a partir de la energía eólica marina para 2030”.
    • Quieren reconstruir la infraestructura para adaptarla a una “economía sustentable”: prometen crear empleos en construcción, manufactura, ingeniería y otros oficios especializados para reducir la contaminación climática.
    • Se propone conservar el 30 % de tierras y océanos hacia 2030 y llaman a crear la Iniciativa del Cuerpo Civil del Clima para que la población ayude a restaurar y conservar tierras y aguas públicas, reforestando y protegiendo la biodiversidad. También solicita al secretario de Agricultura que recopile información de agricultores, ganaderos y otros sectores interesados sobre cómo fomentar prácticas agrícolas “climáticamente inteligentes” para reducir y secuestrar carbono.
    • Crea una suerte de grupo asesor, coordinado por el asesor climático nacional y el director del Consejo Económico Nacional, para ayudar a las comunidades de plantas de energía de carbón y a las áreas de gas y petróleo para avanzar en reducción de emisiones de gases tóxicos y GEI, previniendo el daño a sus comunidades.
    • Habla de “justicia ambiental” y “estímulo de oportunidades económicas”: Biden solicita a cada cartera de su Gobierno el desarrollo de políticas que aborden “los impactos desproporcionados en la salud, el ambiente, la economía y el clima en las comunidades desfavorecidas” y crea dos organismos asesores en materia de justicia ambiental. Crea la Iniciativa Justicia40 por la que se comprometen a entregar el 40 % de los beneficios generales de las inversiones federales a comunidades desfavorecidas.
    • Se restablece el Consejo de Asesores de Ciencia y Tecnología del Presidente. A su vez, Biden firmará un memorando cuyo objetivo declarado es “proteger a los científicos de la interferencia política” que garantice que puedan pensar, hablar y aportar libremente información valiosa para el país. A las dependencias de su Gobierno les pide que tomen decisiones basadas en “la mejor ciencia disponible”, ya que “la interferencia política inadecuada en el proceso científico, con el trabajo de los científicos y en la comunicación de hechos científicos socava el bienestar de la nación”.

Por Valeria Foglia

@valeriafgl | Editora de Ecología y ambiente

Miércoles 27 de enero | 20:00

Publicado enMedio Ambiente
Simulación de un agujero negro en el núcleo de una galaxia.Foto NASA

Un nuevo estudio sugiere la posible existencia de "agujeros negros tremendamente grandes" o SLABs por sus siglas en inglés, incluso más grandes que los agujeros negros supermasivos ya observados en los centros de las galaxias.

La investigación, dirigida por el profesor emérito de la Universidad Queen Mary de Londres, Bernard Carr, de la Escuela de Física y Astronomía, indagó cómo estas podrían formarse y los posibles límites de su tamaño.

Si bien hay evidencia de la existencia de agujeros negros supermasivos (SMBH por sus siglas en inglés) en núcleos galácticos, con masas de un millón a diez mil millones de veces la del Sol, estudios previos han sugerido un límite superior para su tamaño debido a nuestra visión actual sobre cómo se forman y crecen tales agujeros negros.

La existencia de SLABs, incluso más grande que esto, podría proporcionar a los investigadores una poderosa herramienta para pruebas cosmológicas y mejorar nuestra comprensión del Universo temprano.

Se ha pensado ampliamente que los SMBH se forman dentro de una galaxia anfitriona y crecen hasta alcanzar su gran tamaño al tragar estrellas y gas de su entorno o fusionarse con otros agujeros negros. En este caso, hay un límite superior, algo por encima de diez mil millones de masas solares en su masa.

En este estudio, los investigadores proponen otra posibilidad de cómo podrían formarse las SMBH, que podría evadir este límite. Sugieren que tales SLABs podrían ser "primordiales", formándose en el Universo temprano y mucho antes que las galaxias.

Como los agujeros negros ‘primordiales’ no se forman a partir de una estrella que colapsa, podrían tener una amplia gama de masas, incluidas unas muy pequeñas y tremendamente grandes.

El profesor Bernard Carr dijo en un comunicado: "Ya sabemos que los agujeros negros existen en una amplia gama de masas, con un SMBH de cuatro millones de masas solares que residen en el centro de nuestra propia galaxia. Si bien actualmente no hay evidencia de la existencia de SLABs, es concebible que puedan existir y también podrían residir fuera de las galaxias en el espacio intergaláctico, con interesantes consecuencias de observación. Sin embargo, sorprendentemente, la idea de SLABs se ha descuidado en gran medida hasta ahora. Hemos propuesto opciones sobre cómo podrían formarse estos SLABs y esperamos que nuestro trabajo comience a motivar discusiones entre la comunidad".

Se cree que la materia oscura constituye alrededor del 80 por ciento de la masa ordinaria del Universo. Si bien no podemos verlo, los investigadores creen que la materia oscura existe debido a sus efectos gravitacionales sobre la materia visible, como las estrellas y las galaxias. Sin embargo, todavía no sabemos qué es la materia oscura.

Los agujeros negros primordiales son uno de los candidatos potenciales. La idea de su existencia se remonta a la década de 1970 cuando el profesor Carr y el profesor Stephen Hawking sugirieron que en los primeros momentos del Universo las fluctuaciones en su densidad podrían haber dado lugar a que algunas regiones colapsaran en agujeros negros.

"Los SLABs en sí mismos no podrían proporcionar la materia oscura", dijo el profesor Carr, "pero si existen, tendrían implicaciones importantes para el Universo temprano y harían plausible que los agujeros negros primordiales más ligeros pudieran hacerlo".

El juez Leonard Stark autorizó la venta para pagar a la minera canadiense Crystallex la expropiación de sus activos en Venezuela hace más de 10 años.

Las autoridades de Venezuela tacharon de "reparto de botín a última hora" la decisión de un juez estadounidense de autorizar la venta de las acciones de la empresa Citgo Petroleum Corporation, filial de la estatal petrolera venezolana (PDVSA) en EE.UU.

"La República Bolivariana de Venezuela denuncia y rechaza rotundamente las acciones del gobierno de Donald Trump, en complicidad con un reducto de extremistas venezolanos, quienes, actuando en contubernio, han cometido delitos trasnacionales con el fin de apropiarse de activos de Venezuela y sus entidades en todo el mundo", reza un comunicado oficial.

Desde Caracas declararon que esta sentencia "en las horas agónicas del saliente gobierno de Donald Trump confirma que las relaciones internacionales de esta administración las impulsa el odio, el saqueo, la venganza y el abuso de poder como ejercicio criminal del poder público". "Es el reparto del botín a última hora de ese gobierno con la complicidad de su fracasado títere local, para acentuar el revanchismo contra una empresa que pertenece a todos los venezolanos", opinaron.

Declararon que "la apropiación ilegítima e ilícita de Citgo" se realizó bajo instrucciones del líder opositor Juan Guaidó y por José Ignacio Hernández "para apropiarse de los activos de la República en el exterior, facilitar la entrega del patrimonio del pueblo venezolano a potencias extranjeras mediante un gigantesco fraude procesal y atentar contra el orden constitucional venezolano".

En ese contexto, las autoridades alertaron "a la comunidad internacional del peligro que representa para las inversiones y empresas extranjeras en Estados Unidos de América, y el gravísimo riesgo al que están sujetos sus intereses frente a maniobras de esta naturaleza, dirigidas a confiscar activos privados extranjeros mediante gigantescos fraudes procesales y acciones unilaterales violatorias del Derecho Internacional".

Mientras, el canciller venezolano, Jorge Arreaza, afirmó a través de su cuenta en Twitter que esta decisión es "infame" y "una nueva agresión del agonizante gobierno de Donald Trump contra el noble pueblo venezolano".

Venta de las acciones a la minera Crystallex 

El juez estadounidense Leonard Stark autorizó este viernes el proceso de venta judicial de las acciones de Citgo Petroleum Corporation para pagar a la minera canadiense Crystallex la expropiación de sus activos en Venezuela hace más de 10 años.

Previamente, el pasado 21 de mayo, este juez ordenó iniciar la venta de Citgo para que Caracas cancele una indemnización de 1.400 millones de dólares a Crystalles. La administración del presidente Nicolás Maduro, por su parte, ha mantenido la posición de que ni PDVSA, ni Citgo, ni PDV Holding, son "deudores" de Crystallex, ni han sido "sujetos" de estos procedimientos legales.

Publicado: 16 ene 2021 22:20 GMT 

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Una cisterna de helio del KSTAR, que forma parte del sistema de refrigeración del reactor. Foto: wikipedia.org

Un equipo de físicos surcoreanos ha logrado encender y mantener estable durante 20 segundos una réplica del Sol en miniatura dentro de un dispositivo de fusión nuclear. A partir de hidrógeno, los científicos obtuvieron un plasma (el cuarto estado de la materia) compuesto de iones calientes que superó los 100 millones de grados de temperatura.

Según la información difundida por el Instituto Coreano de Energía de Fusión, se trata de un nuevo récord mundial, puesto que varios centros científicos y este mismo proyecto, conocido bajo las siglas KSTAR, solo consiguieron mantener temperaturas de 100 millones de grados durante lapsos de tiempo significativamente más cortos.

Así, el máximo anterior establecido a finales de 2018 por los investigadores coreanos fue de solo 1,5 segundos y en 2019 esa marca fue elevada a 8 segundos en al menos dos ocasiones.

Esta tecnología, puesta en práctica asimismo en Reino Unido, Francia y otros países europeos, aparte de Estados Unidos y China, se basa en la separación de los iones y los electrones de los átomos del hidrógeno para generar el plasma. El segundo elemento estructural del sol, el helio, también participa en esta plataforma experimental, pero dentro de un sistema de refrigeración.

Las siglas KSTAR (Korea Superconducting Tokamak Advanced Research, o Investigación avanzada de Tokamak superconductor de Corea) se refieren a una clase de instalación experimental construida por primera vez en la Unión Soviética, mientras que la 'T' central de 'Tokamak' son un acrónimo de palabras rusas que se traducen como “cámara toroidal con bobinas magnéticas”. Esta cámara es el eslabón central de la plataforma de fusión surcoreana, situada en la ciudad de Daejeon.

El récord se hizo posible gracias a una mejora en el rendimiento del sistema de transporte interno de materiales que ha permitido al instituto superar las limitaciones naturales de sobrecalentamiento que afrontan asimismo otros centros de estudios nucleares.

“Las tecnologías requeridas para operar largo tiempo el plasma a 100 millones de grados son clave para hacer viable la energía de fusión”, explicó el director del KSTAR, Si-woo Yoon. En su opinión, el logro de su plataforma representa “un importante punto de inflexión en la carrera por asegurar las tecnologías para operar el plasma de alto rendimiento a largo plazo”, algo que en el futuro servirá para la “fusión nuclear comercial”.

25 diciembre 2020

(Con información de RT Español)

Rusia admite que la era del petróleo ha pasado y vira su estrategia energética hacia las renovables

El imperio de los combustibles fósiles toca a su fin. Así lo proclama el Kremlin, el mayor exportador de energía del mundo, si se contabilizan sus ventas de gas y de petróleo. "El techo del consumo ha pasado y los riesgos [productivos y del mercado] irán en aumento", dice su ministro de Finanzas, Vladimir Kolychev, quien revela un giro estratégico hacia las renovables.

 

Arabia Saudí fue el pionero del cártel de la OPEP en poner en solfa la supremacía del petróleo como fuente de energía global. Asentada al calor de la revolución industrial de finales del siglo XIX y durante toda la centuria pasada. Con creciente peso geoestratégico. La Visión 2030 de su príncipe heredero, Mohamed bin Salman (MbS), esbozó, hace dos años, una hoja de ruta para, a lo largo de la década venidera, cambiar la fisonomía de una nación, fundada en 1932, bajo un tratado de legitimidad entre la Casa Saud y el clero wahabí, y acabar con la crudo-dependencia; es decir, poner el epitafio a la casi total monopolización de ingresos por hidrocarburos en este petro-Estado.

Todo un desafío socio-cultural en el mayor productor de crudo y en el país con las más amplias reservas de oro negro conocidas que ha incluido la llegada de capital privado en los 2 billones de dólares de la venta del 5% de Aramco, primera corporación del planeta, y la puesta en escena de un fondo soberano, de otros 2 billones de dólares, en el que han entrado, no sin contratiempos inversores, firmas como tecnológicas como Apple, Google, Microsoft y fondos de inversión como Berkshire Hathaway. El rival petrolífero saudí en el mercado, y contrapeso en los cónclaves de la ampliada OPEP + pasa ahora a la acción. Porque Rusia está preparando el terreno para un escenario sin los carburantes fósiles como su fuente prioritaria de energía. Empresa de igual calado que la de su contrincante saudí, ya que implica una transformación diametral del patrón de crecimiento y del sistema productivo ruso.

Las palabras de Kolychev han causado perplejidad. No son el modus operandi del Kremlin. Entre otras razones, por el reconocimiento de que los tiempos dorados de la base de subsistencia más importante de la segunda potencia nuclear y que inculcó a principios del milenio la energía como arma estrategia de su política exterior, han pasado a la historia. Y, con ello, su fuente prioritaria de ingresos. Pero también porque la todopoderosa voz de Vladimir Putin hablaba el pasado mes de octubre de que la catapulta exportadora de la energía rusa se afianzaría en los próximos años en la creciente demanda de las naciones asiáticas y, en apoyo de su discurso, desde el Ministerio de Economía se pronosticaba que el techo del consumo de crudo en el planeta no llegaría hasta 2045.

Kolychev también avanzó que su departamento baraja varios horizontes futuros con unos niveles de demanda fluctuantes. Pero que todos ellos se canalizarán bajo una misma premisa: la búsqueda de un modelo consolidable, garantista y sólido de los beneficios que reporta a las arcas rusas su poderoso sector energético y la creación de un fondo de contingencia para épocas de vacas flacas en la cotización del petróleo como a actual. La explicación del ministro va en la dirección marcada por Putin, que ha prometido en los últimos años rebajar la crudodependencia del país y asentar una estructura energética sostenida con fuentes renovables. Las ventas de gas y petróleo sustentan más de la tercera parte de los ingresos presupuestarios rusos.

El envite de Kolychev ha sido, cuanto menos, oportuno. Los confinamientos sociales derivados de la Covid-19, la hibernación económica que ha llevado a la recesión global más profunda en tiempos de paz y las restricciones a la movilidad han acelerado las cruzadas contra la catástrofe climática. British Petroleum (BP) ha sido la primera supermajor en asumir, el pasado septiembre, la tesis a la que ahora se acoge el titular de Finanzas ruso: el consumo de crudo no volverá nunca a los niveles vistos antes de la pandemia. Mientras desde China se ha acelerado las políticas de transición energética, la Administración Biden prepara su Green New Deal y Europa ha puesto una velocidad más a su crucero para llegar a metas más ambiciosas en su objetivo de conseguir emisiones netas de CO2 cero.

Rusia podría estar sopesando una táctica de sincronización en este ámbito con los tres grandes bloques económicos y comerciales. Porque, al inicio de diciembre, Putin designó a Anatoly Chubais, ex responsable de Rusnano, como su máximo asesor en cambio climático. El Grupo Rusnano es una institución rusa de desarrollo de la innovación creada en el marco de la iniciativa presidencial denominada Estrategia para el desarrollo de la industria de la nanotecnología, creada en 2011, cuya misión es configurar un tejido industrial competitivo con la nanotecnología como propulsora, y que ha focalizado la mayor parte de sus inversiones en las energías sostenibles. Chubais ha sido una de las voces más críticas de la política energética actual de Rusia, así como a su benevolencia para con las medidas de lucha contra el cambio climático. Entre sus embestidas dialécticas figura un peligro, a su juicio, latente: los descensos bruscos y continuados del petróleo son una amenaza contra la seguridad nacional.

La cuota de renovables en el mix energético ruso se sitúa por debajo del 1%. Es decir, tiene un enorme trecho por recorrer en la carrera de la sostenibilidad. Porque, entre otras razones, aún destina la mayor parte de sus recursos en tareas de exploración y prospección petrolíferas; sobre todo, en el Ártico. Desde think-tanks como el Skolkovo Energy Center de Moscú se advierte de que el dinamismo económico del país podría limitarse a un pírrico crecimiento del 0,8% del PIB en las próximas dos décadas si Rusia no logra adaptarse a las demandas de energías alternativas a los combustibles fósiles. "La economía rusa está claramente al margen de la extrema gravedad por la que atraviesan los hidrocarburos", afirma a Bloomberg Natalia Orlova, economista jefe de Alfa-Bank en la capital moscovita. "Ni el Kremlin ni las empresas tienen una comprensión nítida de la dirección que debería tomar Rusia si desea abandonar su dependencia de una energía todavía sin una fecha de caducidad, pero con los días contados".

Los expertos advierten que el dinamismo económico de Rusia podría limitarse a un pírrico crecimiento del 0,8% del PIB en las próximas dos décadas si no logra adaptarse a las demandas de energías alternativas a los combustibles fósiles. 

Inversiones billonarias en la industria petrolífera

Uno de los puntos de mayor fricción entre la Administración Trump y el Kremlin deja entrever la enorme trascendencia que Putin ha otorgado a su industria energética. El llamado Nord Stream 2, el gaseoducto que debería haber conectado, a finales de este año, la costa rusa del Mar Báltico con el litoral alemán a través de sus 1.230 kilómetros -y que la Gran Pandemia ha retrasado sine die, pero con visos de poder abastecer el mercado germano a corto plazo. El líder republicano llegó a advertir de que "Berlín comete un tremendo error por su dependencia no forzada hacia Moscú".

No sólo Washington mostró su preocupación. También varios aliados de la OTAN dieron rienda suelta a sus críticas hacia la canciller Angela Merkel por persistir en un proyecto que va a duplicar la capacidad de suministro del gas natural ruso al mercado alemán con el Nord Stream original, que abrió sus espitas en 2011. Incluso persisten todavía las amenazas de sanciones estadounidenses, cuando se han reanudado las obras del último tramo, en suelo germano. Entre peticiones oficiales de la Casa Blanca para detener su finalización.

El gaseoducto en construcción es una joint-venture entre el gigante ruso Gazprom y Royal Dutch Shell, a las que se han unido otros cuatro grandes inversores, que han contribuido con la mitad de los 9.500 millones de euros de su coste total. Iba a entrar en funcionamiento en 2019, pero las presiones del gabinete Trump forzaron al grupo suizo Allseas, uno de sus principales contratistas, a retirar los buques con los que realizaban las conexiones en el trazado del gaseoducto, que incluía la penetración en aguas jurisdiccionales danesas.

La entente germano-rusa busca, según Berlín, asegurar unos costes de abastecimiento barato y una mayor diversificación de las exportaciones energéticas rusas, como reconoce el emporio gasístico Gazprom. Antes de la puesta en marcha del primer gaseoducto, Rusia enviaba a través de Ucrania las dos terceras partes de sus ventas de gas a Europa. Pero la invasión de la Península de Crimea y las disputas diplomáticas con Kiev dejó a Gazprom expuesta a un colapso.

A raíz, en particular, del cierre del grifo energético decretado por el Kemlin durante trece días en invierno de 2009. La búsqueda de nuevos mercados ha presidido la política energética de Moscú que, en la actualidad, sigue siendo demasiado restringida, dado que sólo catorce países reciben más del 50% de la producción de gas rusa. La salida del Nord Stream 2 ha ofrecido a Gazprom un balón de oxígeno, a pesar del acuerdo con Kiev para mantener activo el gaseoducto ucraniano hasta, al menos, 2024.

La Administración Trump interpreta esta alianza energética ruso-alemana como un intento de Putin de tener en cautiverio a la UE. E, incluso, voces republicanas como la de Ted Cruz, su senador por Texas, llegó a advertir que, de culminarse la obra, era una amenaza contra la seguridad nacional de EEUU. Frente a la dialéctica alemana y de otros países del norte que se afanan en asegurar que era una iniciativa que inculcaría más competitividad al negocio del gas licuado y una alternativa para solventar el descenso productivo de este combustible en el Mar del Norte y Holanda.

Gazprom afirma que su cuota de suministro de gas representaba en 2019 el 35,5% de la demanda europea. Sus contratos tradicionales se dirigen a Finlandia, Letonia, los países balcánicos, Bielorrusia, pero su intención es asentar el abastecimiento en los mercados occidentales del centro y del norte europeos, que también reciben gas de Noruega, Qatar, países africanos y Trinidad y Tobago. Incluso, antes de la Gran Pandemia, adquirían gas de EEUU, a unos precios reducidos por la caída, ya entonces, de su demanda energética. La Casa Blanca ha dado especial trascendencia en los últimos años a la pasarela de buques de suministro de gas a través del Atlántico.

El Kremlin, que ha tardado seis semanas en reconocer la victoria de Joe Biden, hasta el efectivo reconocimiento de su triunfo por parte del Colegio Electoral federal, ha activado las alarmas por el cambio de Administración en EEUU. Sus altos cargos y analistas del Consejo de Seguridad han planteado al presidente ruso varios escenarios de hostilidades para cuando el nuevo inquilino se instale en la Casa Blanca, a partir del 20 de enero. Evalúan y tratan de dibujar reacciones a las estrategias que el equipo de Biden deslizará en su relación con China, las armas nucleares y, por supuesto, su política energética, además de la táctica sancionadora sobre conflictos geopolíticos y su tacticismo en torno a Rusia. De hecho, el director del FBI, Christopher Wray, el octavo desde 2017, considera que Putin ha implantado una "muy activa" campaña para desacreditar a Biden, con la hipotética división ideológica con el poder legislativo de un partido, el republicano, poco o nada proclive a buscar puntos de entendimiento en los próximos cuatro años.

Moscú teme el efecto boomerang de EEUU con el dirigente demócrata en asuntos que, con Trump, eludieron el escándalo por su sintonía con Putin, como el final de la era de los acuerdos de no proliferación de armas nucleares. Con Biden, el Kremlin no descarta que Rusia se vuelva a erigir en el rival de mayor carga geoestratégica para Washington, frente al señalamiento de China como gran riesgo para la hegemonía americana de la presidencia republicana. Con Biden, "se consolidaría la red de influencias e intereses con Europa, reverdecería la plataforma anti-rusa", pronostica Andrey Kortunov, responsable del Consejo de Asuntos Internacionales de Rusia, vinculado al Kremlin. En torno a la OTAN, que ha elevado el tono varias ocasiones, a instancias de los socios del Este, especialmente, en los últimos años, por la sucesión de maniobras navales rusas en el Báltico, además de los ejercicios conjuntos desplegados junto a China. A donde Moscú ha redirigido sus exportaciones de gas y petróleo, haciendo uso de la energía como mecanismo de su acción en el exterior para fortalecer lazos geoestratégicos de primer orden con Pekín.

Diversificación para influir en la OPEP+

La necesidad de reconfigurar el modelo energético -y exportador- ruso también pretende forjar el asentamiento del Kremlin durante el incierto periodo de transición hacia la neutralidad y las emisiones netas cero de CO2 que parece haberse impuesto en los últimos meses en el planeta. En el que el crudo y el gas todavía tendrán su protagonismo. De su éxito en el futuro a corto y medio plazo dependerá, en gran medida, la capacidad de influencia de Rusia en el seno del cártel petrolífero; su poder de contrapeso frente a Arabia Saudí.

En medio de la fuerte, fluctuante y volátil cotización del oro negro en una época, dice el consenso del mercado, marcada por caídas de demanda. Y que mantiene el precio del barril en este tramo final de 2020 entre los 47 dólares del West Texas Intermediate (WTI), en el mercado americano, y los 50 del Brent, de referencia en Europa. Tras experimentar descensos dramáticos al inicio de la epidemia, con valores del WTI negativos el pasado mes de marzo. La reactivación, aunque modesta, de la cotización durante la Gran Pandemia, "nunca se hubiera consumado sin la cooperación conjunta de Riad y Moscú", que han actuado bajo la "misma longitud de onda" durante estos meses para rebajar las cuotas productivas de la OPEP+ asegura Harry Tchilinguirian, estrategia en BNP Paribas, que pusieron en liza medidas de compensación a socios de la organización como Nigeria, Angola o Kazajistán para que cumplieran con sus recortes; además de permitir retrasos en esta decisión a naciones como Irak.

Los sacrificios de bloquear los flujos de crudo al mercado son los riesgos futuros de los que habla el titular de Finanzas ruso. Pero han sido determinantes para adecuar la oferta al retroceso de la demanda. Y justifican el giro energético de Arabia Saudí y Rusia que proclaman sus autoridades. Antes, en el caso de Riad, y durante, desde Moscú, la Gran Pandemia. Porque 2020 ha sido el año en el que el crudo ha claudicado en su intento de sostener el precio del barril por encima de los 80 dólares, objetivo declarado de ambos países.

La Covid-19 ha acelerado la tendencia transformadora. A la que Rusia se acaba de subir. Porque los cambios hacia la sostenibilidad apuntan a que serán permanentes. Y, si el avance tecnológico y las metas hacia la neutralidad energética, como parece, se adelantan, los contratos de crudo y gas caerán en algún momento, en los tiempos venideros, a plomo. Es la segunda lectura de los estudios que maneja BP. En el que se decanta por descensos de demanda oscilante a lo largo de la década que da comienzo -y descontando el inicio del ciclo de negocios post-Covid- que se irán intensificando en los siguientes diez ejercicios, una vez se puedan certificar las reducciones de emisiones en las economías que están virando sus sistemas productivos hacia la transición a las energías limpias.

En línea con los designios de autoridades como Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, para quien el retorno a la actividad tras la Gran Pandemia "no será con las mismas directrices económicas, sino en modelos diferentes a los tradicionales". BP, en otra clara señal con varios destinatarios potenciales, entre ellos Moscú, asegura que más de la mitad de la demanda global a largo alcance será en el segmento del transporte, donde el vehículo eléctrico, ha tomado la delantera. Mientras las capitales que han apostado por convertirse en Smart Cities han declarado la guerra a los combustibles fósiles en sus políticas de movilidad y conectividad.

La estrategia de Rusia encierra un interés por seguir influyendo en los precios del crudo esta década, mientras diversifica sus exportaciones de petróleo y gas, y decide si se adentra en un cambio de sistema productivo que dé protagonismo a las renovables.

21/12/2020 07:57

 

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