Temer les dio más poder a los militares brasileños

Por primera vez desde la dictadura, un militar estará al frente del Ministerio de Defensa. También fue creado el Ministerio de Seguridad Pública, que toma atribuciones de Interior, entre ellas el control de la policía federal.

 

El presidente de Brasil, Michel Temer, entregó ayer más poder a las Fuerzas Armadas, al nombrar por primera vez desde la dictadura al frente del ministerio de Defensa a un general.


Lo hizo en el marco de los cambios en el gabinete para crear el ministerio de Seguridad Pública luego de la intervención militar decretada para que el Ejército comande la lucha contra el delito común en Río de Janeiro. El anuncio lo hizo en el Palacio del Planalto el portavoz de Temer, Alexandre Parola, quien destacó que mañana asumirán los nuevos ministros.


El ministerio de Defensa fue creado en 1999 y siempre fue ocupado por civiles, ya que desde el fin de la dictadura en 1985 cada fuerza funcionaba como una cartera autónoma, sin control político directo. Ahora, 19 años después, Temer decide mover el tablero y, tras la intervención militar en la seguridad pública de Río de Janeiro, ofreció el ministerio de Defensa al número 2 de la cartera, general de reserva Joaquim Silva e Luna, ex jefe del Estado mayor del Ejército.


El cargo de Defensa era ocupado hasta ahora por Raúl Jungmann, un diputado aliado de Temer que pasará a ocupar la nueva cartera de Seguridad Pública, el ministerio número 29 del gabinete. El portavoz Parola anunció que será editado un decreto para estas designaciones que deben ser ratificados en 60 días por el Congreso. La creación de este nuevo ministerio reduce el accionar de la cartera de Justicia, ya que Seguridad Pública tendrá la conducción de la Policía Federal, institución que lleva adelante la Operación Lava Jato pero cuya conducción fue cambiada por hombres del propio Temer a fines del año pasado.


Jungmann, ex ministro de Reforma Agraria en el gobierno de Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), pertenece al oficialista Partido por el Socialismo (PPS, ex socialista) y es una de las cartas de Temer para elegir un candidato de su riñón a gobernador de Río de Janeiro en las elecciones de octubre. “Esperamos un trámite parlamentario tranquilo para aprobar la creación de un nuevo ministerio”, dijo el jefe de gabinete, Eliseu Padilha, a periodistas.


Jungmann ganó relevancia como ministro de Defensa al saltar al primer plano nacional con la decisión de Temer de intervenir federalmente con el Ejército la seguridad pública de Río de Janeiro. Antes importantes referentes en temas de seguridad no habían aceptado las ofertas del gobierno para asumir en Seguridad Pública, que necesitará de un amplio tránsito para articular políticas con el servicio penitenciario y con los gobernadores, responsables por las policías de cada estado.


Incluso el jefe del Ejército, general Eduardo Villas Boas, quien en setiembre se había negado a intervenir como policía interna, la semana pasada defendió una mayor protección en caso de homicidios cometidos durante las intervenciones en Río de Janeiro. “No queremos otra Comisión de la Verdad”, dijo en la reunión de gabinete encabezada con Temer al referirse a la comisión creada por la destituida Dilma Rousseff, que investigó los delitos de lesa humanidad cometidos por la dictadura (1964-1985), de la cual ella misma había sido víctima.


La acumulación de funciones y poder del Ejército con la intervención en Río fue una “jugada maestra” en palabras del propio Temer, para enfrentar el delito, más allá de que la capital carioca sea la décima del país en violencia. En octubre, Temer promulgó una ley que evita que los militares que cometan delitos o maten a personas sean juzgados por la justicia ordinaria y ordena que sus casos se remitan a los tribunales castrenses.


El avance del poder castrense se da en un año electoral en el cual la mano dura es la principal propuesta del sorprendente número 2 en las encuestas, el diputado ultraderechista Jair Bolsonaro, y alimenta el sueño de varios oficialistas en postular a Temer. El presidente negó ser candidato.


Otro factor que según organismos de derechos humanos encendió un debate dentro del Ejército es que la fiscal general elegida por Temer, Raquel Dodge, le pidió a la corte suprema anular la Ley de Amnistía de 1979 que prohíbe juzgar a los autores de crímenes de lesa humanidad. Todos los dictadores brasileños ya fallecieron y las denuncias abiertas apuntan directamente a los jefes de los regimientos, cuarteles y comisarías, todos protegidos por la Ley de Amnistía, ratificada en 2010 por el Supremo Tribunal Federal por ser parte de una “solución negociada” para retomar la democracia.


La primera elección directa en Brasil fue en 1989, en la que fue elegido Fernando Collor de Mello, quien recibió el bastón por parte de José Sarney, elegido por un Congreso que administró la transición, en 1985, sin elecciones. El 29 de septiembre de 1992, Collor se apartó de la Presidencia debido a las investigaciones sobre posible corrupción en el Poder Ejecutivo. Su entonces vicepresidente, Itamar Franco, actuó como presidente interino hasta el 29 de diciembre de 1992, cuando Collor efectivamente renunció y luego fue impedido por el Congreso. Así, Itamar Franco se convirtió en presidente constitucional para gobernar hasta fines de 1994.


Franco fue sucedido por Fernando Henrique Cardoso, quien fue reelecto en 1998 y gobernó hasta diciembre de 2002. Las dos presidencias de Cardoso fueron sucedidas por otras dos de Lula (2003-2010) y otra de Dilma, quien fue reelecta en 2014 pero no pudo completar su segundo término porque fue derrocada por un golpe parlamentario en agosto de 2016.

 

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EE.UU. y sus ejercicios “humanitarios” en Panamá

Las maniobras están en pleno desarrollo y se extenderán hasta junio con la presencia de 415 militares estadounidenses. Los efectivos portarán armas, pero sobre todo gozarán de inmunidad diplomática. De fondo, el rodeo a Venezuela.

En una región cada vez más militarizada, Panamá es un símbolo latente de la injerencia de Estados Unidos. Aunque Washington mira con mucha mayor atención a Venezuela, y pese a que este país no limita con el del canal, reverdecen historias de intervenciones planeadas desde la Casa Blanca. Siete veces invadió EE.UU a la pequeña nación centroamericana. La última fue en 1989. Por eso, cuando la principal potencia mundial pone un pie en su territorio, surgen de inmediato las respuestas negativas. Ahora son contra la llamada operación Nuevos Horizontes. Cuando se creó en 1984 tenía otro nombre: Fuertes caminos. Se trata de maniobras que, depende de quién lo cuente, adquieren dos sentidos. Para el Comando Sur que las dirige se trata de “ejercicios de asistencia humanitaria”. Para la cancillería local “un programa de entrenamiento dirigido a los estamentos de seguridad nacionales”.


Si se colocan en contexto los hechos de Panamá, deben analizarse junto a lo que pasa en otras fronteras vecinas. Sobre todo, a los 2.219 kilómetros de límites que comparten Colombia y Venezuela. También, pero en menor medida, a los que separan a este último país de Brasil y Guyana. Todo tiene que ver con todo y la presencia militar de Estados Unidos lo señala desde las entrañas de su historia. Esta vez el objetivo es el derrocamiento del gobierno de Nicolás Maduro. Le están rodeando la manzana. La visita reciente que hizo por la zona el jefe del Comando Sur de EE.UU, el almirante Kurt Tidd, es más de lo mismo. Se reunió con el vicepresidente colombiano, el general retirado de la Policía, Oscar Naranjo. Pocos días antes, habían conversado en Bogotá el presidente Juan Manuel Santos y el secretario de Estado Rex Tillerson.


La ofensiva diplomática de Estados Unidos sobre Latinoamérica está a la vista. Sus resultados también. Desde México a la Argentina, los gobiernos amigos de Washington siguen como rebaño la política de aislamiento de Venezuela. Panamá es un engranaje más de ese movimiento de pinzas. En agosto pasado, cuando lo visitó el vicepresidente norteamericano Mike Pence, les recordó a sus autoridades que EE.UU había sido el primer país del mundo en reconocer su independencia. Y les manifestó su gratitud por cómo habían actuado contra Venezuela: “El presidente Trump y yo estamos sumamente agradecidos por el firme liderazgo del presidente Varela en el repudio al régimen de Maduro. Felicitamos a Panamá, en particular, por haberse sumado a los otros 11 países que firmaron la Declaración de Lima”, dijo en su discurso desde el gran canal que une a los océanos Atlántico y Pacífico.


No llama la atención entonces que Nuevos Horizontes ya esté en pleno desarrollo. Se extenderá hasta junio con la presencia de 415 militares estadounidenses. Los “ejercicios de asistencia humanitaria” como los describió Ramón Malavé, coordinador del Comando Sur en Panamá, fueron redefinidos por el columnista del diario La Estrella de Panamá, Mario Gándasegui (h) como una “invasión silenciosa”. Los efectivos portarán armas, pero sobre todo gozarán de inmunidad diplomática. Una situación que en Panamá la oposición y los movimientos sociales movilizados en la calle la viven como una violación del Tratado de Neutralidad del Canal firmado por los presidentes Omar Torrijos y Jimmy Carter en 1977. El mismo que permitió la devolución del corredor clave a fines de 1999, aunque con prerrogativas determinantes a favor de EE.UU. Un ejemplo: poder intervenir sobre la vía interoceánica a partir del año 2000 si se producían peligros a su seguridad.


Argumentos parecidos había utilizado George Bush padre cuando decidió invadir Panamá el 20 de diciembre de 1989 con una fuerza de 26 mil hombres. El problema era el ex socio político y comercial de Estados Unidos, el narco-dictador Manuel Noriega. Había prestado servicios a la CIA hasta que se retobó. Lo depusieron a costa de miles de víctimas durante el ataque. Se calculan unas 4 mil, según la Asociación de Familiares de los Caídos. El militar fue encarcelado en Miami y condenado a 40 años de prisión por la Justicia de Estados Unidos. Cumplió poco más de la mitad, fue enviado a una cárcel en Francia que también lo reclamaba y finalmente devuelto a Panamá, donde murió el 30 de mayo del año pasado. En los tres países acumuló 25 años en prisión. En 2015, a diferencia de otros militares latinoamericanos formateados en la Escuela de las Américas por EE.UU, pidió perdón por televisión a los panameños y se autodefinió como “un hijo de Dios”.


A poco más de 28 años de la invasión condenada por la ONU, hoy es revisada críticamente por la llamada Comisión 20 de diciembre. Fue aprobada en julio de 2016 por el gobierno. Su mandato expira el 1 de abril de 2019. Su presidente, Juan Planells, es el rector de la Universidad Católica Santa María (USMA) y avanza en un trabajo dificultoso para precisar el número de muertos. En diciembre de 2017 dijo que ya se estaban tomando muestras de ADN a los familiares. Pero los registros oficiales son solo parciales. En el estreno de la película Invasión de 2014, del cineasta panameño Abner Benaim, un trabajador de la morgue dijo que se habían contabilizado unos 800 asesinados hasta que se arrancaron las páginas del registro. La cuenta quedó inconclusa. El film ganó el premio de mejor documental en el festival de Biarritz, Francia, en 2015.


El recuerdo de la invasión y los bombardeos del 89 vuelve con fuerza cuando se concretan operaciones como Nuevos Horizontes. La Embajada de EE.UU le notificó al gobierno panameño sobre el ejercicio el 11 de diciembre de 2017. El gobierno lo aceptó casi un mes después, el 4 de enero de este año. Pero “las tropas norteamericanas entraron a Panamá el 2 de enero, dos días antes que la respuesta de la Cancillería”, escribió el periodista Eliécer Navarro en el diario local Crítica. Parece que estaban apuradas para realizar su tarea humanitaria en las provincias de Darién, Veraguas y Coclé.

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¿Tiene Trump 5 (sic) ases en su póquer geoestratégico para vencer China?

Un día después del Halloween y el Día de Muertos, en vísperas al trascendental periplo asiático de Trump a cinco países durante 12 días, Joseph Nye –profesor de Harvard y autor de Is the American Century Over? (https://goo.gl/NXdVzu)”– alegó en el portal neoliberal global del Financial Times que EU "aún (sic) tiene ases (sic) bajo la manga en su juego de póquer con China" y "cuyas ventajas rebasarán" el periodo de la administración Trump (https://goo.gl/LmmU3U).

De entrada, Joseph Nye arguye que la guerra comercial que ha amenazado Trump librar contra China dañaría a ambas superpotencias geoeconómicas.

No lo dice Joseph Nye, pero ya China superó tanto a EU como a la Unión Europea de 27 países en el primer sitial global, de acuerdo al ranking de la CIA cuando se mide el PIB mediante el parámetro del poder adquisitivo (https://goo.gl/jM4FHH), lo cual se reflejará inminentemente en términos del PIB nominal.

Joseph Nye comenta que después del Congreso 19 del Partido Comunista Chino, el mandarín Xi fue entronizado por "algunos observadores" –entre ellos un servidor (https://goo.gl/iZayfg)– como el "Nuevo Emperador" quien mediante la mirífica "ruta de la seda", basada en infraestructura con inversiones programas en un millón de millón (trillion en anglosajón) de dólares en la próxima década, "promoverá el poder económico y político en el mundo".

EU cesó de ser "el mayor país comercial del mundo y su principal prestamista": recorta sus programas de "ayuda" (sic) y sus contribuciones al mediocre Banco Mundial, mientras "cerca de 100 países cuentan con China como su principal socio comercial", frente a 57 países que todavía lo son con EU (como la kakistocracia y desgracia del desbrujulado “México neoliberal itamita”).

Le faltó agregar a Joseph Nye que EU es hoy el principal deudor del planeta, lo cual rompe con la tradición de los imperios conquistadores de todos los tiempos. ¡EU es un singular conquistador parasitario!

Joseph Nye expectora una pregunta tramposa: "¿Tienen razón los alarmistas (sic) de que China está ganando la carta del juego geopolítico (sic) frente al declinante EU?".

En el juego "geoeconómico", que no sabe discriminar Joseph Nye, ya ganó la partida EU, según confesiones del jefe de gabinete general John Kelly y del mismo Trump (https://goo.gl/Je9NjG).

En el juego geoestratégico –es decir, de la geopolítica global– Joseph Nye se equivoca doblemente: al no tomar en cuenta a Rusia y al no considerar que todavía China opera en el asiento trasero del conductor ruso.

A mi juicio, EU y Rusia, en términos nucleares, están empatados, con China en un distante tercer lugar.

El grave error de EU –desde Baby Bush hasta Obama con la dupla aciaga de los Clinton– fue haber empujado a Rusia a los brazos de China (o viceversa) cuyo nudo gordiano no sabe como deshacer Trump cuando EU acabó aislado en el Olimpo tripolar geoestratégico frente a la complementariedad geopolítica/geoeconómica de Rusia y China.

Regresemos a los "4 ases" de EU que presume y exulta Joseph Nye, que lleva a "5" en una carta de réplica del lector Robert Walsh de Wilton, CT, US al Financial Times (https://goo.gl/sYoEju):

1. La Geografía: "EU está rodeado por océanos y vecinos que probablemente permanecerán amigables, pese a la política de Donald Trump de haber socavado el TLCAN", mientras “China tiene fronteras con 14 países y tiene disputas territoriales con India, Japón, Vietnam que pone límites a su poder blando (soft-power)”. En efecto: se trata de la suprema carta de EU que asfixia a China en los mares y que Pekín contrarresta con la "ruta de la seda", el océano Ártico y sus prodigiosos trenes bala. Es un "as" relativo y de doble filo cuando EU puede quedar aislado frente a la alianza euroasiática de Rusia y China.

2. La Energía: "La revolución del gas esquisto ha transformado a EU en un exportador" cuando "Norteamérica (sic) será auto-suficiente en las próximas décadas" gracias al entreguismo masoquista del sacrificado “México neoliberal itamita (https://goo.gl/rrWbVk)”. Falta ver en que acaba la especulación financierista del gas esquisto. Joseph Nye aduce que "China se ha vuelto más dependiente de las importaciones del Medio Oriente, y cuya mayor importación de petróleo es transportado por el Mar del Sur de China donde EU mantiene una significativa (sic) presencia naval". Tal "vulnerabilidad" obliga "a tres opciones" a China: "evitar un conflicto naval con EU que bloquearía las rutas de abasto; incrementar la dependencia de los gaseoductos de Rusia; reducir su dependencia de los combustibles fósiles para trasladarse a los renovables". Muy complicado y rebuscado cuando la carta gasera rusa eclipsa los obstáculos de EU.

3. El Comercio: "China es más dependiente y tiene más que perder que EU" en la "destrucción económica mutua asegurada". Cita al think tank Rand que arguye que una guerra "no-nuclear" costaría a EU 5 por ciento de su PIB y a China 25 por ciento. Estas son cuentas alegres en una "guerra no-nuclear".¿Quién garantiza que no sea nuclear? Esta ni es carta ni es "as"; es guerra. Y más allá del vulgar "comercio" habría que ver quién gana militarmente y con quién se alía Rusia.

4. El Dólar: “es la carta oculta (hole card) de EU” cuando, de las "reservas foráneas que ostentan los gobiernos en el mundo, sólo 1.1 por ciento está en renminbi, comparadas con 64 por ciento en dólares". Sin duda, a mi juicio, la carta letal de EU by the time being...

Con estos "4 ases" dos reales (uno relativo: la geografía; y otro letal: el dólar), y dos muy etéreos (energía y comercio), Nye desecha tanto la proclama de la Pax Sinica como el "fin de la era estadunidense".

Ahora el quinto (sic) "as" adicional que exulta el lector Robert Walsh: La demografía: "Mientras EU ostenta una leve mayor tasa de fertilidad que China, en cada caso debajo de la sustitución, EU tiene un lento pero continuo crecimiento poblacional gracias a la inmigración". ¡Lo mal agradecidos de los supremacistas evangelistas blancos WASP que no valoran la fuerza biológica mexica que, de paso, sostiene los fondos de pensiones piramidales de EU!

Robert Walsh aduce que la "inmigración de EU es joven (sic), generalmente más saludable y educada de lo que creen los populistas (sic) de EU, y sirve (sic) de profundo contraste a la principal tendencia demográfica de China, la explosión de su población anciana" cuando "el número de chinos de 65 años o mayor crece 4 por ciento al año, una tasa raramente vista en la historia mundial y sin un sistema confiable de seguridad social".

¿A poco el aberrante cuan disfuncional sistema de seguridad social de EU es "confiable"?

De los 5 ases en la mesa del póquer geoestratégico, sólo uno es real: la supremacía del dólar ya que su geografía es endeble –EU atraviesa una delicada fase de proto-balcanización que puede llevar a su implosión–, no se diga la demografía que puede ser paliada con el incremento de la política previa de "un solo hijo" a la de "2 hijos" ya adoptada por China.

Sin contar el fulgurante avance de China en IA (https://goo.gl/u1gbJU), falta la carta rusa en la mesa de póquer bilateral entre EU y China.

Joseph Nye se equivocó de mesa y casino: hoy el póquer geoestratégico es tripolar de EU/Rusia/China (https://goo.gl/34tgXu).

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Domingo, 05 Noviembre 2017 09:50

Remar con fuerza y ruta propia

Remar con fuerza y ruta propia

Bajo el dominio de la dispersión-atomización, y sin una propuesta común para el quehacer nacional, así prosiguen su persistente trajinar los diversos movimientos sociales colombianos. Dinámica dominante desde hace varias décadas, constante pese al esfuerzo que cada sector realiza por acumular fuerzas en procura de una mejor situación para sí mismo, como para el país en general. Actuar disperso que al mismo tiempo reconfirma la ausencia de una propuesta común de país por construir, desde la cual se desprenda un diseño de actividades comunes por emprender.

El diagnóstico se desprende de cuatro sucesos conocidos en el país en los últimos días de septiembre y las dos primeras semanas de octubre: la pretensión de paro en el sur bogotano, la masacre padecida por campesinos en el territorio de Tumaco, la huelga de los pilotos de Avianca y la jornada de protesta del 12 de octubre.

Movimiento territorial urbano. Si existe un sector social que evidencia la fractura que los actores sociales mantienen con las mayorías que habitan nuestro país, ese es el urbano. Realidad persistente, pese a que centenares de colectivos juveniles, artísticos, feministas, ambientalistas, sindicales, etcétera, conservan su presencia y actividad en diversidad de barrios, centros de estudio y de producción. Voluntarismo y buena fe resaltan en todos y cada uno de estos colectivos sociales, pese a lo cual su incidencia real en el imaginario urbano y su capacidad de afectar la vida diaria es precaria, por decirlo en una sola palabra.

 

Un paro por realizarse

 

Así quedó evidente, una vez más, el pasado 27 de septiembre, cuando debía concretarse el llamado a un paro en el sur bogotano, el mismo que no trascendió más allá de una débil jornada de protesta, pues quienes tenían que haber parado salieron, como cualquier otro día, a cumplir con sus obligaciones laborales, de estudio y de otro orden, quedando aislados los activistas en los territorios, concretando una jornada de denuncia.

Convocado por una coalición de organizaciones urbanas con asiento en Bogotá, esta demostración de ‘fuerza’ le recuerda a todo aquel que quiera de verdad preguntarse por el ¿qué pasa?, ¿por qué la comunidad no responde de acuerdo a lo convocado?, que en política los activistas no pueden decidir su quehacer a partir del deseo sino con sensatez, determinada, en este como en otros casos, por una lectura ponderada de la correlación de fuerzas y, cómo no, por un enraizamiento que les permita potenciar en toda ocasión las fibras más profundas de la comunidad.

Como es testigo el país en infinidad de convocatorias de este tipo, el deseo de que las protestas masivas tomen forma lleva a los activistas a confundir paro con jornada de inconformidad o de protesta, resultado de lo cual –en este como en otros casos conocidos– terminan por proyectarle a la sociedad en general un mensaje errado sobre el real estado y la capacidad real del activismo social. Si el llamado fuera a una jornada de protesta, el resultado final no sería tan pobre como realista, proyectando con toda claridad las tareas por emprender entre todos para seguir acumulando fuerzas y construyendo una propuesta de ciudad y de país por erigir. Al no proceder así, la sensación que deja esta convocatoria es de debilidad enquistada.

 

Necesaria innovación y renovación

 

Jornada de protesta del 12 de octubre. Si bien en esta ocasión el nombre fue el correcto, la diversa y tradicional participación social refleja, sin miramiento alguno, la prolongada dispersión que conserva lo social, entre cuyos actores más persistentes se encuentra el mundo sindical, resumido en las marchas –en muchas de sus expresiones– a pasacalles y dirigentes sindicales. La base de sus procesos y/o la comunidad a la cual debieran estar enfocados brilla por su ausencia.

 

La jornada, producto de una convocatoria que va tornándose rutinaria año tras año, evidencia que ese tipo de citación está agotándose paulatinamente, como el agua en muchas de nuestras municipalidades, sin encontrar el punto de entronque con la sociedad en su conjunto.

Así queda plasmado cuando se revisa la composición de las marchas, donde resalta la atomización que sobrelleva lo social –cada sector por su lado–, el agitar de consignas –sin prioridad ni énfasis–, la estética de las columnas de marchistas –sin propuesta alguna–, el corear de propuestas ahogado por el eco de reclamos.

De allí surgen algunos interrogantes: intentando comunicación con la sociedad en general, ¿no fuera más procedente realizar concentraciones y actividades programadas colectivamente, en diferentes sitios de la ciudad? ¿No pudiera tener más sentido darle énfasis a actividades culturales y artísticas que a la rutinaria marcha?

Valorar, en todo caso, que en esta ocasión la presencia masiva de estudiantes, obligados a la protesta por la crisis presupuestal que padecen y ahoga a sus centros de estudio, les inyectó dinamismo y potencia a las marchas. ¿Se mantendrá su movilización más allá de su afán de lograr que en el Presupuesto General de la Nación 2018 las universidades públicas sean reconocidas como lo merecen?

 

Paro de pilotos de Avianca

 

En la marcha del 12 de octubre se destacaba un nutrido grupo de uniformados, con sus trajes de trabajo, tal vez por ser la primera vez que hacen allí presencia, tal vez por la novedad de ver a profesionales altamente calificados en marcha, como cualquier trabajador y/o poblador, en procura del respeto a sus derechos.

Ellos, los pilotos de Avianca, resumen al mismo tiempo la novedosa realidad ante la cual se enfrenta el movimiento sindical: el trabajador ilustrado (ver página 2), nuevo actor de los tiempos que corren, trabajador que, pese a su cualificación académica, ahora está clasificado como un obrero más: está sujeto a una horario de trabajo flexible –más allá de los 3 ochos–, mal remunerado, obligado a trabajar horas extras si quiere mejorar sus ingresos, amenazado por sindicalizarse, temeroso de que lo expulsen del trabajo.

Es un trabajador que, además, presenta una característica: su rol de clase media, sometido a una intensa y rutinaria demanda de consumo, la misma que, sin mucha dificultad, hace añicos su salario. Es decir, mantener su tren de vida le obliga a someterse a una sobreexplotación ante la cual aspira a un mejor reconocimiento salarial.

Es en esas condiciones como también están obligados a buscar reconocimiento y alianzas dentro del movimiento social, y de ahí su presencia, como uno más, en la marcha del 12 de octubre. Presencia que, al detallarla, dentro de las huestes de la CGT, nos recuerda al mismo tiempo que el movimiento sindical sobrevive en su precariedad, altamente fracturado, cruzado por variedad de celos y debilitado por su frágil empalme con el conjunto social o el país nacional.

Pudiéramos preguntar aquí: ¿Dónde está la propuesta de los pilotos para la construcción de una política nacional para el transporte público aéreo? ¿Dónde, su propuesta para quebrar el monopolio real que sobre este tipo de transporte ha logrado la multinacional Avianca? ¿Dónde, su propuesta para quebrar las altas tarifas que caracterizan a este transporte? ¿Dónde está, en pocas palabras, su propuesta de país?

 

Movimiento campesino -cocalero

 

Vive en territorios de periferia pero está sometido a los coletazos de la geopolítica global. Esta es la contradictoria realidad del campesinado cocalero, el mismo que esperaba ver mejorada su situación en el corto plazo, producto de los acuerdos Gobierno-Farc.

La masacre acaecida en territorio de Tumaco durante la primera semana de octubre envía un claro mensaje a todo el país: al frente del establecimiento prevalece una visión militarista de lo social, visión que continuará marcando su relación con el conjunto social, por lo menos, en el corto y el mediano plazo. Desmilitarizar las fuerzas policiales sería la primera señal de que la institucionalidad asume de manera consecuente que la guerra va quedando atrás. Superar la guerra contra las drogas sería otra señal de lo mismo.

Para el campesinado cocalero, el proceder estatal que con estupor conoció el país en esos primeros días del décimo mes del año es una dura bofetada –y como prolongación para el conjunto del país nacional–, al recordarles de manera seca y ardiente, a uno y otro, que los Acuerdos en cuestión se concretarán, en el mejor de los casos, a través de un lento y prolongado cuentagotas controlado desde las altas esferas del poder, con el cual pretenderán romper a los insurgentes ahora desmovilizados, quebrando, por lo demás, su conexión y su relacionamiento con las bases campesinas.

Sin liderar una reforma agraria integral, sometido a la tensión de fuerzas escenificada en sus territorios cada día, sin propuesta medioambiental consecuente por liderar ante el país, con una economía que no lo relaciona de manera positiva con los pobladores de las regiones donde siembra la coca, este campesinado toma más bien la forma de un proletariado agrícola que, como tal, no está ligado ni determinado por la tierra y el territorio sino por la necesidad de mejorar su economía. Como se sabe, muchos de ellos son desempleados urbanos que han terminado por emigrar al campo en procura de mejores –y prontos– ingresos.

 

Tejiendo entre todos

 

Como es claro desde hace décadas, la necesidad de un proyecto nacional alternativo, que ayude a superar la dispersión del tejido social, conserva su prioridad. Identificar un eje que así lo permita, y lo dinamice, es uno de los principales requerimientos por encarar de parte de los activistas de distinta matriz política. Para lograr lo cual, una condición fundamental es remar con ruta y fuerza propia.

No proceder así es, nada más y nada menos, que someterse al más nefasto coyunturalismo, determinado en muchas ocasiones por la visión y los intereses del establecimiento, que, con todas las herramientas a su favor, logra que su agenda política marque el ritmo de las acciones del mayor porcentaje de agrupaciones que se autodefinen como de izquierda o alternativas.

Ante nuestros ojos tenemos una lección de lo dicho: las elecciones de 2018, a cuyo alrededor y ritmo vuelven a doblegarse las agendas alternativas, dejando a un lado sus pretensiones de confrontar al establecimiento, cimentar un proyecto de poder alterno que gane confianza entre las mayorías nacionales. Sectores y proyectos alternativos que así actúan, esperanzados en lograr algún escaño en el Congreso para dejar constancias históricas y, por fortuito suceso, el mismo control de la Casa de Nariño.

Perdido su rumbo, estas agrupaciones reman con fuerza ajena y con energía dispersa, sin lograr un resultado estratégico que atice una dualidad de poderes con la cual le muestren al país nacional que sí es posible construir otro modelo de sociedad. Críticos de la democracia realmente existente entre nosotros, se someten a todo su ritual, para dentro de unos meses tratar de retomar su rumbo, tras cuyo propósito deben controlar los dispersos vientos que airean el acontecer nacional. Cuando logran este propósito, de nuevo la agenda política institucional, con su rito de democracia formal, libera y controla los vientos y las fuerzas de la coyuntura nacional. ¿Hasta cuándo?

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Lunes, 30 Octubre 2017 16:51

Remar con fuerza y ruta propia

Remar con fuerza y ruta propia

Bajo el dominio de la dispersión-atomización, y sin una propuesta común para el quehacer nacional, así prosiguen su persistente trajinar los diversos movimientos sociales colombianos. Dinámica dominante desde hace varias décadas, constante pese al esfuerzo que cada sector realiza por acumular fuerzas en procura de una mejor situación para sí mismo, como para el país en general. Actuar disperso que al mismo tiempo reconfirma la ausencia de una propuesta común de país por construir, desde la cual se desprenda un diseño de actividades comunes por emprender.

El diagnóstico se desprende de cuatro sucesos conocidos en el país en los últimos días de septiembre y las dos primeras semanas de octubre: la pretensión de paro en el sur bogotano, la masacre padecida por campesinos en el territorio de Tumaco, la huelga de los pilotos de Avianca y la jornada de protesta del 12 de octubre.

Movimiento territorial urbano. Si existe un sector social que evidencia la fractura que los actores sociales mantienen con las mayorías que habitan nuestro país, ese es el urbano. Realidad persistente, pese a que centenares de colectivos juveniles, artísticos, feministas, ambientalistas, sindicales, etcétera, conservan su presencia y actividad en diversidad de barrios, centros de estudio y de producción. Voluntarismo y buena fe resaltan en todos y cada uno de estos colectivos sociales, pese a lo cual su incidencia real en el imaginario urbano y su capacidad de afectar la vida diaria es precaria, por decirlo en una sola palabra.

 

Un paro por realizarse

 

Así quedó evidente, una vez más, el pasado 27 de septiembre, cuando debía concretarse el llamado a un paro en el sur bogotano, el mismo que no trascendió más allá de una débil jornada de protesta, pues quienes tenían que haber parado salieron, como cualquier otro día, a cumplir con sus obligaciones laborales, de estudio y de otro orden, quedando aislados los activistas en los territorios, concretando una jornada de denuncia.

Convocado por una coalición de organizaciones urbanas con asiento en Bogotá, esta demostración de ‘fuerza’ le recuerda a todo aquel que quiera de verdad preguntarse por el ¿qué pasa?, ¿por qué la comunidad no responde de acuerdo a lo convocado?, que en política los activistas no pueden decidir su quehacer a partir del deseo sino con sensatez, determinada, en este como en otros casos, por una lectura ponderada de la correlación de fuerzas y, cómo no, por un enraizamiento que les permita potenciar en toda ocasión las fibras más profundas de la comunidad.

Como es testigo el país en infinidad de convocatorias de este tipo, el deseo de que las protestas masivas tomen forma lleva a los activistas a confundir paro con jornada de inconformidad o de protesta, resultado de lo cual –en este como en otros casos conocidos– terminan por proyectarle a la sociedad en general un mensaje errado sobre el real estado y la capacidad real del activismo social. Si el llamado fuera a una jornada de protesta, el resultado final no sería tan pobre como realista, proyectando con toda claridad las tareas por emprender entre todos para seguir acumulando fuerzas y construyendo una propuesta de ciudad y de país por erigir. Al no proceder así, la sensación que deja esta convocatoria es de debilidad enquistada.

 

Necesaria innovación y renovación

 

Jornada de protesta del 12 de octubre. Si bien en esta ocasión el nombre fue el correcto, la diversa y tradicional participación social refleja, sin miramiento alguno, la prolongada dispersión que conserva lo social, entre cuyos actores más persistentes se encuentra el mundo sindical, resumido en las marchas –en muchas de sus expresiones– a pasacalles y dirigentes sindicales. La base de sus procesos y/o la comunidad a la cual debieran estar enfocados brilla por su ausencia.

 

La jornada, producto de una convocatoria que va tornándose rutinaria año tras año, evidencia que ese tipo de citación está agotándose paulatinamente, como el agua en muchas de nuestras municipalidades, sin encontrar el punto de entronque con la sociedad en su conjunto.

Así queda plasmado cuando se revisa la composición de las marchas, donde resalta la atomización que sobrelleva lo social –cada sector por su lado–, el agitar de consignas –sin prioridad ni énfasis–, la estética de las columnas de marchistas –sin propuesta alguna–, el corear de propuestas ahogado por el eco de reclamos.

De allí surgen algunos interrogantes: intentando comunicación con la sociedad en general, ¿no fuera más procedente realizar concentraciones y actividades programadas colectivamente, en diferentes sitios de la ciudad? ¿No pudiera tener más sentido darle énfasis a actividades culturales y artísticas que a la rutinaria marcha?

Valorar, en todo caso, que en esta ocasión la presencia masiva de estudiantes, obligados a la protesta por la crisis presupuestal que padecen y ahoga a sus centros de estudio, les inyectó dinamismo y potencia a las marchas. ¿Se mantendrá su movilización más allá de su afán de lograr que en el Presupuesto General de la Nación 2018 las universidades públicas sean reconocidas como lo merecen?

 

Paro de pilotos de Avianca

 

En la marcha del 12 de octubre se destacaba un nutrido grupo de uniformados, con sus trajes de trabajo, tal vez por ser la primera vez que hacen allí presencia, tal vez por la novedad de ver a profesionales altamente calificados en marcha, como cualquier trabajador y/o poblador, en procura del respeto a sus derechos.

Ellos, los pilotos de Avianca, resumen al mismo tiempo la novedosa realidad ante la cual se enfrenta el movimiento sindical: el trabajador ilustrado (ver página 2), nuevo actor de los tiempos que corren, trabajador que, pese a su cualificación académica, ahora está clasificado como un obrero más: está sujeto a una horario de trabajo flexible –más allá de los 3 ochos–, mal remunerado, obligado a trabajar horas extras si quiere mejorar sus ingresos, amenazado por sindicalizarse, temeroso de que lo expulsen del trabajo.

Es un trabajador que, además, presenta una característica: su rol de clase media, sometido a una intensa y rutinaria demanda de consumo, la misma que, sin mucha dificultad, hace añicos su salario. Es decir, mantener su tren de vida le obliga a someterse a una sobreexplotación ante la cual aspira a un mejor reconocimiento salarial.

Es en esas condiciones como también están obligados a buscar reconocimiento y alianzas dentro del movimiento social, y de ahí su presencia, como uno más, en la marcha del 12 de octubre. Presencia que, al detallarla, dentro de las huestes de la CGT, nos recuerda al mismo tiempo que el movimiento sindical sobrevive en su precariedad, altamente fracturado, cruzado por variedad de celos y debilitado por su frágil empalme con el conjunto social o el país nacional.

Pudiéramos preguntar aquí: ¿Dónde está la propuesta de los pilotos para la construcción de una política nacional para el transporte público aéreo? ¿Dónde, su propuesta para quebrar el monopolio real que sobre este tipo de transporte ha logrado la multinacional Avianca? ¿Dónde, su propuesta para quebrar las altas tarifas que caracterizan a este transporte? ¿Dónde está, en pocas palabras, su propuesta de país?

 

Movimiento campesino -cocalero

 

Vive en territorios de periferia pero está sometido a los coletazos de la geopolítica global. Esta es la contradictoria realidad del campesinado cocalero, el mismo que esperaba ver mejorada su situación en el corto plazo, producto de los acuerdos Gobierno-Farc.

La masacre acaecida en territorio de Tumaco durante la primera semana de octubre envía un claro mensaje a todo el país: al frente del establecimiento prevalece una visión militarista de lo social, visión que continuará marcando su relación con el conjunto social, por lo menos, en el corto y el mediano plazo. Desmilitarizar las fuerzas policiales sería la primera señal de que la institucionalidad asume de manera consecuente que la guerra va quedando atrás. Superar la guerra contra las drogas sería otra señal de lo mismo.

Para el campesinado cocalero, el proceder estatal que con estupor conoció el país en esos primeros días del décimo mes del año es una dura bofetada –y como prolongación para el conjunto del país nacional–, al recordarles de manera seca y ardiente, a uno y otro, que los Acuerdos en cuestión se concretarán, en el mejor de los casos, a través de un lento y prolongado cuentagotas controlado desde las altas esferas del poder, con el cual pretenderán romper a los insurgentes ahora desmovilizados, quebrando, por lo demás, su conexión y su relacionamiento con las bases campesinas.

Sin liderar una reforma agraria integral, sometido a la tensión de fuerzas escenificada en sus territorios cada día, sin propuesta medioambiental consecuente por liderar ante el país, con una economía que no lo relaciona de manera positiva con los pobladores de las regiones donde siembra la coca, este campesinado toma más bien la forma de un proletariado agrícola que, como tal, no está ligado ni determinado por la tierra y el territorio sino por la necesidad de mejorar su economía. Como se sabe, muchos de ellos son desempleados urbanos que han terminado por emigrar al campo en procura de mejores –y prontos– ingresos.

 

Tejiendo entre todos

 

Como es claro desde hace décadas, la necesidad de un proyecto nacional alternativo, que ayude a superar la dispersión del tejido social, conserva su prioridad. Identificar un eje que así lo permita, y lo dinamice, es uno de los principales requerimientos por encarar de parte de los activistas de distinta matriz política. Para lograr lo cual, una condición fundamental es remar con ruta y fuerza propia.

No proceder así es, nada más y nada menos, que someterse al más nefasto coyunturalismo, determinado en muchas ocasiones por la visión y los intereses del establecimiento, que, con todas las herramientas a su favor, logra que su agenda política marque el ritmo de las acciones del mayor porcentaje de agrupaciones que se autodefinen como de izquierda o alternativas.

Ante nuestros ojos tenemos una lección de lo dicho: las elecciones de 2018, a cuyo alrededor y ritmo vuelven a doblegarse las agendas alternativas, dejando a un lado sus pretensiones de confrontar al establecimiento, cimentar un proyecto de poder alterno que gane confianza entre las mayorías nacionales. Sectores y proyectos alternativos que así actúan, esperanzados en lograr algún escaño en el Congreso para dejar constancias históricas y, por fortuito suceso, el mismo control de la Casa de Nariño.

Perdido su rumbo, estas agrupaciones reman con fuerza ajena y con energía dispersa, sin lograr un resultado estratégico que atice una dualidad de poderes con la cual le muestren al país nacional que sí es posible construir otro modelo de sociedad. Críticos de la democracia realmente existente entre nosotros, se someten a todo su ritual, para dentro de unos meses tratar de retomar su rumbo, tras cuyo propósito deben controlar los dispersos vientos que airean el acontecer nacional. Cuando logran este propósito, de nuevo la agenda política institucional, con su rito de democracia formal, libera y controla los vientos y las fuerzas de la coyuntura nacional. ¿Hasta cuándo?

Publicado enEdición Nº240
Jueves, 31 Agosto 2017 06:08

El torrente imperialista

El torrente imperialista

Es en medio del torrente imperialista desencadenado por el 11/S que ahora emana la perorata del "nacional-trumpismo" con su supremacismo blanco, anti-latino/mexicano, anti-inmigrante, neo-nazi y militarizado hasta la coronilla. Gracias al diputado Ron Paul se supo en su expresión presupuestal, de la magnitud y contexto de la militarización, que junto al creciente peso de Mnuchin, de Goldman Sachs, Wall Street y los tres generales "son" el gabinete. Con Trump ellos encabezan lo que Naomi Klein llamó "capitalismo del desastre", ahora en su estampa neofascista de "nacional-trumpismo": el Departamento de Defensa (DdD), las 37 mil firmas bélico-industriales, incluidos poderosos consorcios, junto a miles de sub-contratistas, tienen acceso privilegiado (cost plus) a la mayor asignación absoluta de recursos públicos en la historia de EU y en lo que va, de nación alguna, desde el despegue del mundo industrial.

El "torrente imperialista" no es asunto menor ni nuevo pero se recrudece y ensangrienta desde el 11/S junto al negacionismo climático de Trump de grave riesgo a la biota global. La suya es una actitud dirigida a "corregir, censurar o reprimir a la comunidad científica, pero sólo cuando las cifras y conclusiones apuntan a peligros de corto, mediano o largo plazo que chocan con negocios y tecnologías (motor de combustión interna) y ganancia de la quema de combustibles fósiles, eje de las fortunas de ExxonMobil, Chevron/Texaco, BP, etcétera, y pieza fundamental en la vulnerabilidad de ciudades como Houston, hoy ahogada con billones (trillions) de litros de agua, pero que, según el DdD y sus socios los combustibles fósiles permanecerán en función hasta mediados de siglo XXI" (LJ 6/10/2011), para cuando la catástrofe climático/ambiental será irreversible. Van por la ganancia hasta la extinción de las especies.

Trump también censura a los analistas “cuando echan por tierra supuestos geopolíticos y estratégicos y, bajo pretexto del 11/S, EU y sus socios en la OTAN prosiguen con la ofensiva por el control del petróleo mundial, una hazaña neo-nazi denunciada en 2007 por el general Wesley Clark, ex comandante supremo de la OTAN. (Ibid)

El masivo aumento al gasto militar es de la magnitud requerida para librar una suicida guerra nuclear. Los preparativos para esa guerra, como mostró C. Wright Mills en Las causas de la Tercera Guerra Mundial, están en marcha desde hace décadas. Para 2018 el presupuesto del Pentágono es de 696 mil millones de dólares (mmdd). Eso incluye 54 mmdd propuesto por Trump más 30 mmdd agregados por los diputados republicanos. Aunque existe una ley de 2011 que limita el gasto militar, ya ese "límite" fue rebasado en 72 mmdd. Como dijo Paul, la ley es laxa y "ya se las arreglarán para gastarlo todo." El sueño de magnates.

Esta ampliación presupuestal para la masiva proyección militar de EU se dirige al mundo en general y a la periferia capitalista en particular, sede de localizaciones estratégicas como Afganistán y grandes y codiciados yacimientos minerales y de los combustibles fósiles que, advierte la ciencia, aceleran el calentamiento global (Venezuela, Irak, Libia, México, Canadá, Nigeria, etc). Es un diseño de subrogación vinculado al interés corporativo por el intenso contratismo del tipo "Reconstrucción y Estabilización" puesto en práctica luego de la brutal devastación de población e infraestructura de Irak y de la "estabilización" lograda con brutal represión. En sus inicios el diseño estuvo a cargo de Carlos Pascual, ex embajador de EU en Ucrania y México. Ahora el contratismo vincula la administración del gasto militar al lema trumpista del America First por medio de la "subrogación mercenaria" (cost plus) de las guerras de agresión, puesta en marcha en Irak.

Mattis propone el establecimiento de "bases permanentes" cuando ya EU tiene entre 800 y mil bases desplegadas cerca de Rusia y China que EU considera retadores hegemónicos sea en lo nuclear/balístico inter-continental o en lo comercial/industrial/bancario/financiero. También hay bases próximas a grandes yacimientos de recursos naturales. En territorio nacional de EU el DdD cuenta con ¡6 mil bases y campos de adiestramiento! localizados en estados, condados o distritos, puertos y aeropuertos (civil/militares) de impacto sobre la ecuación político electoral relacionada a la asignación de grandes contratos bélico-industriales.

El planteo de Mattis no se limita a la experiencia histórica de bases de EU sobre los polos capitalistas devastados hace más de 70 años luego de la Segunda Guerra Mundial. Ahora se informa que el presidente Macri de Argentina piensa facilitar bases a EU al norte, frente a Brasil y al sur, en dirección a la Antártida, por lo que los dichos de diplomáticos al servicio del menemismo entreguista de que el rechazo popular a instalar bases extranjeras en territorio nacional "es cosa de setenteros", son una histórica desfachatez.

jsaxef.blogspot.com

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Publicado enInternacional
Miércoles, 23 Agosto 2017 06:50

“La política y el fútbol son intensidad”

“La política y el fútbol son intensidad”

Ante un auditorio que combinó dirigentes políticos y sindicales, argentinos y brasileños, el ex presidente presentó el nuevo centro de producción de conocimientos creado por la UMET en acuerdo con Clacso. Las definiciones de un patrono.


Este señor de traje oscuro y remera azul eléctrico de mangas largas y cuello redondo explica que, hoy, para los directores técnicos el fútbol es intensidad. “Hay que tener la pelota, y si el contrario la tiene sacársela y conservarla, para avanzar”. Y explica: “La política, como el fútbol, también es intensidad”. Este señor que profesa la intensidad se llama Luiz Inácio Lula da Silva, fue presidente de Brasil entre el 1° de enero de 2003 y el 31 de diciembre de 2010 y ahora es el patrono de un nuevo centro: el Instituto Futuro Marco Aurélio García que acaba de crear la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo.


Le divierte lo de patrono. “Todos los patronos que conozco están muertos”, dice. “Es lindo ser un patrono vivo.”


Hace tres meses el secretario del Sindicato de Encargados y presidente del peronismo porteño Víctor Santamaría, el rector de la UMET Nicolás Trotta y el secretario ejecutivo de Clacso Pablo Gentili se reunieron con el ex presidente brasileño en el Instituto Lula y decidieron lanzar un centro con base en la UMET y con alcance hacia Sudamérica y América Latina entera que a su vez se conectara con experiencias mundiales. El ex secretario general de la Presidencia con Lula, Luiz Dulci, actualmente uno de los responsables del Instituto Lula junto con Clara Ant, sería el director del nuevo centro. Un periodista llamado Martín Granovsky, como el autor de esta nota, sería el coordinador ejecutivo.


Desde entonces el acoso judicial a Lula fue implacable. Recibió citaciones para declarar en juicios contra otros y él mismo terminó condenado, sin pruebas, por el juez Sergio Moro. Murió su mujer, Marisa, y uno de sus colaboradores históricos, Marco Aurélio García, consejero internacional y compañero de luchas y viajes en el Partido de los Trabajadores y en la Presidencia. Ahora Lula espera la sentencia en segunda instancia de la cámara de Porto Alegre. El misterio reside en ver si confirma la condena y si después la Corte Suprema brasileña insiste en la noción, inconstitucional según juristas de todo el mundo, de que ésa es una sentencia firme. Si lo fuera, Lula quedaría inhabilitado para presentarse en las elecciones presidenciales de 2018. Hoy las encuestas lo dan ganando en primera y en segunda vuelta. Una virtual proscripción.


Por el acoso las fechas de lanzamiento fueron cambiando una y otra vez hasta que fue posible combinar un encuentro en un sitio histórico: el Sindicato Metalúrgico del ABC, a una hora del centro de San Pablo. El ABC es el cinturón industrial del monstruo paulista de 30 millones de habitantes. La A es de Santo André. La C de Sao Caetano. La B de Sao Bernardo. En Brasil los obreros de la automotrices y de las terminales, como el tornero Lula, también pertenecen a los metalúrgicos. El mismo Lula fue secretario del sindicato. Es como su casa. En la campaña del 2002, la que lo llevó a la primera presidencia, la encargada del bar le contó a PáginaI12 cómo lo mimaba con comidas especiales.


“Yo también mantengo el principio de intensidad para mi vida”, dirá Lula después de la presentación del instituto, en un salón del sindicato. “Si no...”, añadirá señalando a su cabeza con los dedos imitando el hocico de un animal como si un bicho se la fuera a comer. Es su forma de anunciar una gira de 20 días por el Nordeste, que con las presidencias del PT pasó de la miseria a la dignidad.


“Para sacudir a estos tipos millones de brasileños tienen que salir a las calles”, decía Marco Aurélio unos días antes de su muerte, el 21 de julio. “Si no los conservadores buscarán quedarse 20 ó 30 años en el poder.” Otro cultor de la intensidad.


“Este salón del sindicato es parte de la historia de la democracia en Brasil”, dice Lula cuando le toca hablar. “En 1968 era un barracón de madera muy precario. En 1973 montamos una escuela que llegó a tener 900 alumnos y yo era director de la escuela. Pónganlo en mi biografía. Aquí decidimos huelgas, cantamos, lloramos, hicimos bailes de carnaval.”


Relación


La mención de la intensidad vuelve cuando Lula narra las presidencias que arrancaron, años más o menos, en el siglo XXI. “Los cuatro años se terminan, como se terminaron muchos cuatro años en América del Sur y no creamos instituciones multilaterales, no consolidamos el Banco del Sur, no comerciamos sin el dólar de por medio. Que los jóvenes no olviden que hubo un pasado y sobre todo que hay un futuro. Que entiendan a quién le interesa debilitar a los sindicatos y despolitizar a la sociedad.”


“Getúlio Vargas y Juan Perón cayeron casi juntos”, recuerda, hablando del jaque al brasileño que terminó en su suicidio de 1954 y en la Libertadora contra el líder argentino. “Con Néstor Kirchner teníamos nuestras diferencias porque yo era mucho más bonito que él, pero un día de 2004 lo fui a ver, le dije que cualquier crítica o duda me la dijera directamente a mí y que desplegáramos juntos políticas de inclusión y de industrialización como habían hecho Getúlio y Perón. Y nació una relación extraordinaria.”


“Me acuerdo de Cristina, de Tabaré, de Mujica... Cuando asumió Tabaré pregunté quién era ese maestro de ceremonias tan mal vestido. Y era Pepe, senador, que terminó siendo presidente. Nicanor Duarte Frutos no era progresista. Pero era solidario. Evo me llamaba hermano mayor. Hugo Chávez tuvo más virtudes que defectos. Nicolás Maduro no es Chávez, pero no podemos permitir que, cualquiera sea el error que haya cometido, un presidente norteamericano diga que va a derribarlo por la fuerza. Queremos que Maduro acierte, pero creemos sobre todo en la autodeterminación de los pueblos.”


Wagner Firmino, el presidente del sindicato anfitrión, dice que “es posible un mundo mirado desde el punto de vista de los trabajadores”.


Trotta rescata los “más de mil estudiantes de la UMET”, recuerda que la universidad “no es un espacio neutral” y constata que “estamos en Brasil, un país que vive un estado de excepción después del golpe parlamentario y donde todos los días avanza la restricción de derechos”.


Gentili toma las dos partes del nombre del nuevo instituto. “Futuro significa que no nos quedamos en la nostalgia sino que pensamos en próximas conquistas. Y MAG no solo nos acompañó en los últimos 30 o 40 años a los latinoamericanos sino que nos ayudó a pensar.”


Celso Amorim, canciller de Lula y ministro de Defensa de Dilma, afirma que “el interés nacional es compatible con la solidaridad” y que por eso “América del Sur, América Latina y el Caribe o se desarrollan juntas y obtienen juntas su autonomía o nunca obtendrán esa autonomía”. Sobre la amenaza de Donald Trump contra Venezuela advierte: “En nuestros tiempos la Unasur se habría reunido contra esa violación del derecho internacional”.


Su ex colega argentino Jorge Taiana coincide. “Países como los nuestros pueden defender su soberanía si estamos integrados y si logramos pensar cómo acumulamos poder juntos frente a un poder financiero y mediático con un proyecto regresivo que ya está en plena aplicación”.


Héctor Daer, uno de los tres secretarios de la Confederación General del Trabajo, confiesa estar “emocionado porque nos hayan invitado a su casa”. Dice que “en la Argentina no tuvimos un golpe, fueron los votos, pero igual hay que revisar las políticas”.


Hugo Yasky, secretario general de la Central de Trabajadores Argentinos, se refiere a “gobiernos con odio y sed de revancha hacia las organizaciones populares que nos culpabilizan a nosotros o de haber sido parte o de haber apoyado políticas populares”.


“¿Un mundo mejor es posible?”, se pregunta Santa María. “Sí, pero veamos sobre qué valores construirlo. Lula me dijo que solo planear la vuelta es muy conservador, que hay que pensar más.”


En la delegación argentina que viajó a Sao Bernardo para el lanzamiento del Instituto Futuro “Marco Aurélio García” estaban, también, el ex ministro de Educación Daniel Filmus, la encargada de relaciones internacionales de la Federación Nacional de Educadores Universitarios Yamile Socolovsky y el ex embajador en el Vaticano Eduardo Valdés. También participó el ex gobernador Daniel Scioli, quien estaba de gira por Brasil y quiso acercarse.


Por Uruguay participó Álvaro Padrón, de contacto fluido tanto con Tabaré como con Mujica y a quien Dulci definió “como una las personas más integradoras y unitarias del continente”.


La asistencia brasileña contó entre otros y otras con la secretaria de organización del PT Gleide Andrade, con el investigador Renat Vieira Martins de la Universidad de la Integración Latinoamericana, con el con el presidente de la Central Única de Trabajadores Vagner Freitas y con su par de la Unión General de Trabajadores Ricardo Patah.
“Cuidado con la posibilidad de nuevos estados de excepción”, alerta Freitas, campera de cuero negra a lo Saúl Ubaldini. “Nos juzgan por lo que estamos haciendo bien, que es el enfrentamiento de clase. El instrumento del golpe es demonizar a la lucha política, y la reforma laboral aprobada es para debilitar a los sindicatos en beneficio de lo individual y poner el aislamiento como valor superior a la construcción colectiva.”


El nuevo instituto realizará seminarios de reflexión y cursos a distancia con participación de dirigentes políticos, sindicales y sociales e investigadores. Formará una red para la producción de conocimientos que se extenderá más allá de la Argentina, Uruguay y Brasil y abarcará tanto el análisis de las experiencias de poder ya realizadas como los nuevos desafíos.


“Hay una inversión de valores, porque la política está judicializada y el Poder Judicial está politizado”, dice Lula, que está entusiasmado por la creación del instituto en tiempos adversos y por el baño popular que le espera con la caravana por el Nordeste. “Si los políticos no vuelven a hacer política, si no formamos nuevos políticos, no tenemos solución. Porque la solución no es técnica ni judicial.”


Palabra de patrono.


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Publicado enPolítica
Viernes, 23 Junio 2017 17:20

“En Buenaventura despertamos”

“En Buenaventura despertamos”

“¡Cuando se juntan la seminola y el negro
el hombre blanco
el hombre blanco pierde el sueño!”

 

Changó el gran putas.
Manuel Zapata Olivella.

 

Temprano en la mañana del 6 de junio de 2017, los bonaverenses salieron a las calles de su ciudad a ‘recoger el mugre’, a limpiar los escombros y las cenizas que dejaron los enfrentamientos contra el ejército negro –o Esmad– durante los 22 días de resistencia y lucha, que antecedieron a la gran celebración de ese día: “Se suspende el paro de Buenaventura”.

 

 

“¡El pueblo no se rinde carajo!”, y no se rindió a pesar de la represión sádica a manos del escuadrón de la muerte, de la presión del Gobierno y de la flaqueza de muchos que perdían las esperanzas.

 

Una vez conocido el acuerdo para levantar el paro, la fiesta fue programada para las 3 de la tarde en la plaza central del puerto. De a pocos fueron llegando, unos en familias, otros con amigos o solos. Alegres comentaban la gran hazaña; una vez más David venció a Goliat: los 22 días de incertidumbre dieron fruto.

 

“Muy buenas tardes ¡Buenaventura! Quiero agradecer al señor arzobispo de Cali, quien durante los días del paro cívico nos dio una mano como garante y ayudó avanzar en las conversaciones, y hoy, en este día de fiesta, este día histórico, viene acompañarnos en esta ceremonia”, dijo monseñor Héctor Esparza Quintero entre los gritos y aplausos de todos los allí reunidos.

 

Buenaventura, tierra de marimbas y tambores; de vírgenes y santos, celebró los acuerdos logrados con una santa eucaristía. Música autóctona a cargo del grupo Buscajá puso a bailar a propios y extraños, pues la algarabía no era para menos, “¡El pueblo no se rinde carajo!”

 

Día D: 16 de mayo

 

“Buenaventura se respeta, o si no, la hacemos respetar, ¡carajo!”1. El Comité del Paro Cívico informó al país, que Buenaventura cesaba sus actividades, esta vez no era un simple llamado de atención al Gobierno, era un advertencia clara y directa a la élite política y económica de Colombia, de que un pueblo indignado emergía desde el olvido para reclamar lo que por derecho le corresponde.

 

“De muchas maneras le hemos dicho al gobierno central que nosotros hacemos parte de Colombia y no nos han escuchado. Por eso la comunidad de Buenaventura tomó la decisión de entrar en paro cívico indefinido. Buenaventura es el principal puerto marítimo de Colombia y les interesa sólo por las mercancías que por aquí entran al resto del país, no por las personas que habitamos la ciudad”, afirmó Miyela Riascos, lideresa social y representante de la ciudadanía en la mesa ejecutiva del paro.

 

En un principio la demanda de los impulsores del paro cívico fue la declaración de emergencia social, económica y ecológica para el municipio. Una multitud de voces –entre ellas las de 48 organizaciones sociales, políticas y gremiales–, reclamaron agua, educación, salud y mejores oportunidades laborales. Con manifestaciones culturales afrocolombianas, bailes, colores y toda la sabrosura del pueblo bonaverense, salieron desde entonces todos los días a las calles a exigir, de manera pacífica, sus derechos como pobladores del puerto más importante del país. Por su parte, la alcaldía de Buenaventura bajo el mandato de Jorge Eliecer Arboleda –quien se ha visto envuelto en escándalos de corrupción– en una entrevista radial aseguró “el paro de Buenaventura no durará más de 3 días”. Inconsciente del eco de sus palabras, ayudó a despertar a un gigante dormido, un pueblo ofendido que aguantaría hasta las últimas consecuencias.

 

La cosa iba en serio

 

Conforme pasaban los días, más fuerzas se unieron a la demanda de mejores condiciones de vida, sumando 147 organizaciones distribuidas en 40 puntos de concentración. Taxistas, ‘moto-ratones’, conductores de ‘carpatias’ (Jeep’s), comerciantes, trabajadores informales, pescadores industriales y artesanales, lancheros y coteros cesaron sus actividades, demostrándole a Colombia que, más allá de los ingresos económicos individuales está el bienestar colectivo, y que sin importar el valor económico que representa el puerto para el país, había una causa justa de un pueblo históricamente marginado.

 

Acción social multiplicada con el paso de los días, hasta reunir la fuerza necesaria para realizar lo único que haría flaquear al gobierno central: impedir el paso de los camiones y tractomulas hacia y desde el puerto. Para ello los pobladores ubicaron bloqueos estratégicos donde vigilaban día y noche los posibles movimientos de los transportadores de carga. Acción efectiva y de alto impacto. En tan sólo dos días los empresarios y el gobierno sintieron el duro golpe de la interrupción del flujo de mercancías. Con cada día de paro las pérdidas económicas aumentaban exponencialmente. Empezaba a flaquear la mano de la burguesía. Y de su vocero de turno. Al no poder romper la voluntad de los inconformes y víctima de su ineptitud, Santos no tardó en enviar al Esmad y al Ejército Nacional para impartir el caos y recuperar el control de la Vía Buenaventura. Negociar no estaba en sus planes.

 

¡A las malas no! ¡El pueblo se respeta carajo!

 

Más que un paro era un carnaval al mejor estilo afrocolombiano; un grito unificado e imponente aclamaba: ¡El pueblo no se rinde, carajo! Y las movilizaciones cada día convocaban a más personas a la fiesta. Y de repente...

 

“...por obra de magia apareció el Esmad,
policías disfrazados de Robocop,
escuadrón móvil para la opresión,
lanzando gases lacrimógenos
contra la población”2

 

Mientras los noticieros mostraban el paro como un acto de vandalismo que afectaba gravemente la canasta familiar y la economía del resto de los colombianos, en el puente del Piñal y en La Delfina las comunidades indígenas y afro se enfrentaban a los gases y granadas lanzados por el Esmad de manera indiscriminada. Niños y ancianos fueron atacados en sus viviendas y los jóvenes fueron asediados en las calles, mientras el Gobierno no presentaba propuestas concretas para darle salida a la problemática.

 

El 19 de mayo, a tres días de haber declarado la parálisis de su ciudad, las agresiones a la población por parte del Esmad aumentaban; para el Gobierno era más importante la entrada y salida de la mercancía represada que la calidad de vida de quienes habitan está parte del país. Mientras tanto, la comunidad y el Comité del Paro Cívico trabajaban en mesas temáticas discutiendo propuestas concretas para cada uno de los 9 puntos de su pliego de exigencias (Ver Recuadro 1), sin que el Gobierno reconociera la magnitud de la problemática ni cediera en su repetitivo “no hay recursos”. El 25 de mayo fue más allá, al rechazar en alocución pública la exigencia ciudadana de declaración de emergencia social, económica y ecológica para Buenaventura.

 

Según Javier Torres, representante de la Flota de Cabotaje del Pacífico, el argumento del Gobierno para rechazar la declaración de la emergencia era el temor a que la Corte Constitucional tumbara la iniciativa, ante lo cual propuso “otras alternativas distintas a la emergencia, pero resulta que ya perdió la confianza del pueblo, porque cuanto se ha acordado bajo comités y actas no nos ha funcionado, pero la emergencia sí nos garantiza la destinación de recursos para solucionar los problemas de Buenaventura. De lo contrario es muy difícil creer, especialmente porque no estamos negociando frente a cualquier gobierno”. La desconfianza en las palabras del gobierno fue un aspecto importante para su resistencia.

 

En paralelo, los enfrentamientos entre los pobladores y la mal llamada fuerza pública, aumentaban los reportes de violación a los derechos humanos en el marco del paro, de tal manera que Todd Howland, Alto comisionado de derechos humanos en Colombia, facilitó un espacio de conversación el 2 de junio en la sede de la Procuraduría en la capital del país, entre los delegados del Comité y el Gobierno, en la cual se abordó lo relacionado con la violación de derechos humanos en el marco del paro.

 

Mientras el ambiente ganaba, supuestamente en distención, horas antes de la cita en cuestión, clandestinos, bajo la oscuridad de la madrugada, el Esmad y el Ejército Nacional custodiaron una caravana de camiones que intentaban salir del puerto con mercancía. La ira de los porteños no se hizo esperar, dejando como resultado un camión incendiado y familias afectadas por los gases y balas de goma. Rendirse no hacía parte de la agenda de lucha puesta en marcha desde el 16 de mayo.

 

Paro cívico: día 17

 

Un viaje directo desde Bogotá u otra ciudad hasta Buenaventura era imposible, la única alternativa –corridos 17 días de paro– , era los transbordos: un primer recorrido hasta Cali, para abordar allí un microbús hasta Dagua (ninguna empresa de transporte en Cali se atrevía a entrar a Buenaventura), donde los ‘carpatia’ prestaban servicio hasta el corregimiento de Cisneros, donde el paro ya se sentía con fuerza, y de aquí hasta la entrada de Buenaventura en otro vehículo, el que solo partía cuando llenaba su cupo, lo cual no ocurría antes de dos horas.

 

Una vez en El Gallinero –entrada al municipio– la travesía debía continuar en moto. Todo el que pretendiera entrar a la ciudad debía confiar en la destreza de los ‘moto-ratones’. El precio a pagar concordaba con las elevadas sumas impuestas por los transportadores desde Dagua hasta el casco urbano del puerto. En promedio 8 mil pesos por pasajero, lo que incluía los diversos ‘peajes’ por sortear en los bloqueos instalados a lo largo de sus calles, así como el riesgo que afrontaba conductor y usuario al tratar de ingresar a la ciudad.

 

Buenaventura despertó: orígenes de un plan maestro

 

“[...] 400 millones de dólares vamos a invertir [...] vamos a construir una ciudad industrial, para que genere más empleo, más inversión, para que Buenaventura se convierta en ese eje de la Alianza del Pacífico. Para que Buenaventura que ha sido abandonada no por años, ni décadas sino por siglos; desde que la descubrieron hace 500 años, al terminar la guerra salga del abandono”3.

 

¿Dónde quedó la ciudadela industrial? ¿Dónde quedaron los miles de empleos nuevos? Como a niños inocentes, Santos convenció a miles de bonaverenses para así ganar las elecciones de 2014, esto con la promesa de la paz para el país y la inversión de 400 millones de dólares para construir una supuesta ciudadela industrial en el puerto, que generaría empleos estables. Santos se quedó en el Palacio de Nariño, la terminación del conflicto empezó a negociarse pero nada avizoraba –ni entonces ni ahora– el nuevo mega-proyecto que cambiaría la suerte de Buenaventura.

 

Por esta promesa, y por otras más sin cumplir, algunos líderes sociales iniciaron la que sería una agenda continua de reuniones clandestinas que, poco a poco, consolidaron un plan de acción que delimitaría el protocolo de lo que a futuro sería el paro del 16 de mayo. Desde las casas se conformó el Comité del Paro Cívico de Buenaventura, el mismo que se encargaría de proyectar el número de organizaciones vinculadas, de los tiempos y del presupuesto que la movilización demandaría.

 

La lucha era contra el tiempo, pues a medida que pasaba, los ánimos decaían y los esfuerzos parecían en vano. Tres años de discusiones, análisis y estudios de su capacidad de acción dieron paso a un monumental levantamiento colectivo de todos los sectores que integran el puerto.

 

Cara a cara con el Gobierno

 

Al final el Gobierno tuvo que ceder. Aquellos que ‘sólo iban aguantar 3 días’ hicieron sentar a tres ministerios (ambiente, educación e interior) en las mesas de trabajo propuestas por el Comité para negociar uno por uno los puntos de cada pliego. Como la declaración de la emergencia social, económica y ecológica del puerto fue rechazada por el Gobierno, surgió la propuesta de la creación de una Ley Fondo Autónomo Exclusivo para Buenaventura. (Ver Recuadro 3)

 

Este fue el eje principal de todas las mesas negociantes. Las organizaciones representantes optaron por el Fondo Autónomo porque consideraron que pueden hacer una veeduría efectiva del manejo de los recursos pactados. La elaboración de las mesas facilita la supervisión de la inversión de los dineros. Logrado esto, el Comité acordó la suspensión del paro por un mes; tiempo en el que el Gobierno tendrá que legislar vía Fast Track la implementación de lo acordado.

 

1 https://www.desdeabajo.info/colombia/31535-buenaventura-se-respeta-o-si-no-la-hacemos-respetar-carajo.html
2 Canción Fucking Esmad del artista local Junior Jein: https://www.youtube.com/watch?v=-PiSHiKxG88
3 Discurso de Juan Manuel Santos, campaña electoral 2014

 


 

Recuadro 1*

 

“No todos los puntos significan plata sinonormatividad y legislaciones”

 

Declaración de emergencia económica, social y ecológica de Buenaventura.
Por salud de calidad, con hospital de segundo y tercer nivel.
Por la educación pertinente y de calidad.
Por el agua y saneamiento básico.
Por nuestro territorio, porque esta tierra es nuestra.
Por el ambiente sano y la salvación de nuestras riquezas naturales.
Por empleo digno y vida decente de nuestros trabajadores
Por justicia y atención a las víctimas de la violencia
Por recreación y espacio para esparcimiento, deporte y cultura.

* https://www.desdeabajo.info/colombia/31593-aqui-no-se-rinde-nadie.html

 


 

Recuadro

 

Junio 3: Tocando puerto

 

Del calor de la ciudad se habla bastante, pocos pensarían que el de sus gentes es más envolvente. Dijeron caos, dijeron violencia; pero había fiesta y jolgorio. Comparsas, silbatos, trompetas y tambores de una comunidad celebrando la vida y la insurrección, justa y necesaria.

 

Transcurría un día normal de protesta encabezada por las lideresas vinculadas al Paro Cívico. Buenaventura abría sus puertas:

 

-Por donde se mire hay un poco de lo que cualquier economista llamaría subdesarrollo: calles resquebrajadas, casas improvisadas, a medio construir, drenajes sin canalizar y otras cosas más. Pero más que pobreza aquí se percibe voluntad y anhelo de cambio. Después de haber padecido décadas de exclusión e indiferencia oficial, Buenaventura dijo “no más” y apostó todo por la lucha honrada, por la protesta pacífica para exigir lo que por derecho la oligarquía colombiana le ha negado.

 

Décadas de exclusión que fueron suficientes para colmar la paciencia de la ciudadanía que ni siquiera goza, a plenitud, de los derechos básicos (energía eléctrica, acueducto, alcantarillado, gas domiciliario, salud, recreación, deporte, atención oportuna en un hospital de 3 y 4 nivel), y solo recibe promesas de que tendrán oportunidad de empleo, así como los soñados derechos hasta sólo conocidos en la parte financiera de la ciudad, así como en televisión.

 

Un mar de contrastes. Una tierra donde puede sentirse el calor sofocante y húmedo del trópico, la brisa tibia del Pacífico y la frescura de las cientos de fuentes hídricas que bañan al municipio, así es Buenaventura. Su gente sólo tiene acceso a su propia agua dos horas al día, mientras que en el puerto y en los establecimientos comerciales y financieros en el bulevar, el líquido fluye 24/7. En las casas, hay que recoger el agua y atesorarla, pues es bastante cara. En las principales ciudades del país, lo común es una ducha, en Buenaventura para bañarse es esencial la totuma. ¿Por qué? En San Cipriano, famoso sitio turístico, hay tres acueductos diferentes para cada grupo de usuarios: el que va a las comunas, el que surte al puerto y el que nutre al centro de la ciudad.

 

Es “curioso” que el grueso de la población ocupada recurra a empleos informales en el comercio y en el transporte, y que la única opción de empleo considerable que ofrezcan los muelles sea para coteros tercerizados que no cuentan, muchas veces, con seguridad social alguna. Es “curioso” que el Dane insista en que la tasa de desempleo en Buenaventura asciende al 18 por ciento, cuando los mismos porteños saben que la desocupación alcanza, por lo menos, al 40 por ciento del total de personas prestas a trabajar.

 

Insólito, pero muy comentado por sus habitantes, es el hecho de que casi la totalidad de los locales comerciales del centro de la ciudad son de propietarios blancos-mestizos, locales que otrora pertenecieran a afrocolombianos. Asimismo, es frecuente escuchar que los cargos públicos rara vez son ocupados por personas afro y que, por lo general, los cargos administrativos en el sector privado son asignados a personas blancas-mestizas. Resulta difícil, entonces, no suponer un marcado racismo en las relaciones sociales cotidianas.

 

La falta de empleo explica, en gran medida, que el 64 por ciento de la población urbana viva en condiciones de pobreza, que el 91 por ciento de los habitantes rurales sean considerados pobres y que el 9 por ciento viva en la miseria. Pero esas cifras sólo resaltan las carencias, más no las ambiciones de estas personas acostumbradas a conseguir en el mar todo lo que necesitan. Bien reza el dicho “rico es aquel que menos necesita”; Buenaventura exige justicia, exige respeto. Necesita un trato al menos igual al brindado a los demás centros económicos del país, nada más.

 

Exigen una oportunidad para la vida. Así debe ser, también, para evitar que el precio del abandono lo sigan pagando los jóvenes, quienes al concluir su bachillerato encuentran pocas opciones de futuro: Estudiar en el Sena, enrolarse en el Ejército, ser un trabajador informal o formar parte de las bandas criminales y del narcotráfico. Quienes optan por una formación técnica y tecnológica encuentran con amargura que 20 de cada 100 jóvenes logran concluir sus estudios y conseguir un trabajo bien remunerado, de ellos, menos de la mitad acceden a carreras universitarias y obtienen un título profesional.

 

Buenaventura disimula bien las tensiones políticas, económicas y culturales que la inundan, producto de años de enfrentamientos entre la guerrilla, el Estado y el paramilitarismo, en abierta disputa por la posición geoestratégica que representa y la riqueza mineral que aguarda debajo de su tierra. Por eso, al recorrer las calles de esta tórrida ciudad, se encuentran infinidad de personas de múltiples orígenes del litoral pacífico que, huyendo de la violencia, llegaron al puerto buscando mejor fortuna. Aquí, cerca del 50 por ciento de los habitantes han sido víctimas del conflicto.

 


 

Recuadro 2

 

En Buenaventura habitan –según proyecciones del Dane– poco más de 407 mil habitantes, sin embargo, instituciones como el Sisbén aseguran que en la ciudad hay más de 500 mil. Así las cosas, al menos 230 mil personas están en capacidad de trabajar. De ellas, por lo menos 110 mil ejercen este derecho de manera informal y unas 80 mil trabajan como obreros o empleados particulares; unos 40 mil no cuentan con ningún tipo de trabajo.

 

De los cerca de 500 mil habitantes, el 88,5 por ciento es afrocolombiana, el 10 por ciento es blanca-mestiza y menos del 1 por ciento es indígena. El 94 por ciento de la población vive en la cabecera urbana, el resto en el área rural continental e insular. Aunque más del 90 por ciento de los habitantes cuentan con energía eléctrica, ningún hogar tiene acceso a gas natural, apenas el 60 por ciento de las viviendas tienen sistema de alcantarillado y tan solo el 85 por ciento cuentan con acueducto, eso sí en malas condiciones y apenas dos horas al día.

 

Sin embargo, lo último que quieren en Buenaventura es que el resto del país y del mundo los mire con compasión, pues no se sienten pobres, todo lo contrario, son conscientes de las capacidades de su gente.

Publicado enEdición Nº236
Domingo, 18 Junio 2017 05:52

La diplomacia de la militarización

La diplomacia de la militarización

El anuncio sobre Cuba es parte de una escalada hacia la región en la que cobran fuerza el Comando Sur, los servicios de Inteligencia y la DEA.

 

Donald Trump se presentó el viernes en el salón Artime de Miami junto con su vicepresidente, Mike Pence, que vendrá en agosto a Buenos Aires y es una figura clave del régimen estadounidense en dos terrenos: el despliegue militar y la preservación de la influencia en América Latina.


Un día antes de acompañar a Trump en Miami, Pence disertó sobre las presuntas amenazas a la seguridad de los Estados Unidos provenientes de Guatemala, Honduras y El Salvador. Mencionó las pandillas y el narcotráfico. Y dijo que ni el narco ni la inmigración ilegal se detendrían sin incluir a Sudamérica en el sistema de cooperación de los Estados Unidos.


Pence también envió mensajes a Venezuela. “Todos nosotros debemos elevar nuestras voces para condenar al gobierno venezolano por su abuso de poder y su abuso contra el propio pueblo, y hacerlo ya”, dijo Pence. Llamó a mostrar a los venezolanos que “hay un camino mejor”. Para el vice, la libertad “es el único camino hacia la prosperidad”. Pero “la seguridad es el cimiento de la prosperidad”.


El mismo día el secretario de Estado, Rex Tillerson, alertó sin datos sobre las supuestas conexiones entre los carteles mexicanos de la droga y los fundamentalistas de ISIS, Estado Islámico.


El secretario de Seguridad Nacional John Kelly a su vez advirtió sobre la conexión entre “redes terroristas y redes criminales” como los narcos. Esas redes podrían traficar no solo drogas sino bombas sucias.


Un dato: antes de ser el jefe de Homeland Security, Kelly fue la cabeza del Comando Sur, el área de la Secretaría de Defensa y de las Fuerzas Armadas encargada de América Latina.


Un artículo de Jake Johnson en la revista Foreign Policy publicado la semana que pasó lleva este título: “La militarización de la política de los Estados Unidos hacia América Latina se está profundizando con Trump”.


El presidente norteamericano aumentó los gastos militares y bajó los del Departamento de Estado. “No esperen que los Estados Unidos simplemente se van a retirar”, recomienda pensar Foreign Policy. “Más bien esperen que se profundice el compromiso militar de los Estados Unidos en la región”. Incluso aunque no haya ningún anuncio oficial, el giro parece inevitable.


La tendencia había comenzado antes de Trump. Con Obama, ya el Pentágono dio ayuda a Colombia sin certificación previa de que no se estaban violando los derechos humanos.


Como sucedió en la década del ’20 con las ocupaciones territoriales, en la del ’50 con los golpes de Estado y en la del ’70 con la tortura, el laboratorio para todo el continente es la política hacia Guatemala, Honduras y El Salvador. “Con menos recursos por canales tradicionales se fortalecerá entre las embajadas norteamericanas la red de lazos entre la inteligencia, los agregados militares, los agentes de la DEA y otras autoridades de seguridad que están ganando poder para conducir la política exterior de los Estados Unidos”, dice el análisis de Foreign Policy. Con menos dinero a mano por los recortes presupuestarios, ellos son los que “administrarán las zanahorias”.


Hace una semana murió en La Habana uno de los intelectuales más prestigiosos de la Revolución, Fernando Martínez Heredia. Su último trabajo forma parte del libro “América Latina. Huellas y retos del ciclo progresista”, publicado por Editorial Sudestada en la Argentina.


“Eventos recientes adversos en Venezuela y algunos otros países latinoamericanos nos preocupan a todos y podrían indicar que el tipo de proceso que tuvo muchos logros en una parte de la región y generó tantas esperanzas está chocando con sus límites, y el imperialismo y sectores capitalistas locales han pasado a la ofensiva con el fin de liquidarlo y esparcir el derrotismo”, escribió Martínez Heredia en el libro. Para señalar, entre resignado y optimista: “Cuba mantiene su apoyo y acompañamiento a esos procesos, y lo expresa muy claramente. Si la tendencia actual avanza y se consolida, sin duda tendremos más dificultades y menos compañía, pero, como siempre, haremos causa común con nuestros pueblos hermanos y el país mantendrá la política de apoyo a las coordinaciones de América Latina y el Caribe, y al horizonte integracionista”.
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Publicado enInternacional
Las transformaciones de la marcha del Primero de Mayo en Bogotá


Actuar solos nos hace frágiles, juntos y organizados somos fuerza y poder.

 

Papas bomba, gases, ladrillos, Esmad, tropel y muerte. Un ritual sacro santo. Ese ha sido el panorama de las noticias en Bogotá durante más de una década de movilización en el día internacional de los/as trabajadores/as, día en el cual miles de manifestantes salen a las calles para exigir los derechos laborales perdidos –tras las políticas de flexibilización–, para repudiar las nuevas lógicas de esclavitud del capital, con jornadas laborales continuas, diarias, de 12-15 horas, sin derecho a pensión, prestaciones y garantías sociales; día en el cual se exigen condiciones para tener una vida digna.

 

Fecha de memoria y conmemoración de aquellos obreros anarcocomunistas que fueron asesinados en Estados Unidos por defender los tres ochos –8 horas de trabajo, 8 de ocio y 8 de descanso–, convertidos en iconos mundiales de dignidad y resistencia. Día para ¿construir alternativas?, ¿repudiar el sistema? o, para ¿encender llamas de fuego en el centro de la ciudad?

 

Marchodromo habitual

 

Fotografía. La tradicional marcha de Bogotá inicia en la Carrera Séptima con 26, en el Planetario Distrital. Su destino simbólico es el centro tradicional del poder político: la Plaza de Bolívar, donde se encuentran la Casa Presidencial, el Congreso de la República y la Alcaldía Mayor. En el punto de encuentro se reúnen: centrales obreras, sindicatos, partidos políticos autodenominados de izquierda, estudiantes, anarquistas, antifascistas y toda la pleyade de lo que puede denominarse organizaciones o movimientos sociales. Allí poco de mayorías sociales, poco de pueblo, de gente del común, pues para el imaginario dominante (producida por los medios de comunicación y el mensaje desprendido de las acciones de años anteriores) esta marcha es violenta, por lo cual toman este día como un festivo para descansar y no como un referente para luchar.

 

La organización del recorrido es un desfile donde cada organización, partido, movimiento, etcétera, demuestra su capacidad de movilizar la mayor cantidad de gente uniformada para presumir en los clubes sociales alternativos de izquierda. Dentro del recorrido son tradicionales los tropeles causados por infiltrados, o por jóvenes con los ánimos a flor de piel, producto de lo cual van escindiendo la marcha desde la 19 con séptima, lo que genera que la misma llegue fraccionada a la Plaza.

 

Al llegar junto al monumento de Bolívar, en el evento central, se escuchan consignas usuales y gastadas, así como los habituales discursos de los burócratas sindicales, los que solo escuchan las palomas. Cada partido, organización o movimiento expresa su imaginario ideológico y político, que se convierte en diálogo de sordos, pues nadie escucha, ya cada quien va por su lado. Para cerrar el evento, el rito policivo: la planeada gaseada del Esmad, quienes se divierten y alegran dando bolillo y pata, tanto así que hace unos años, embriagados por la euforia, emoción y sevicia de su rol represivo, mataron a Nicolás Neira.

 

“El sur se moviliza”

 

Esta desgastada escenografía fue la que motivó a diversidad de activistas de varias localidades bogotanas a replantearse la lógica del marchodromo del centro, planteándose marchas en otras partes de la ciudad. Así, desde hace aproximadamente nueve años, las localidades de Bosa, Ciudad Bolívar, Usme, Kennedy, acompañadas de personas de localidades del norte –como Suba y Engativá–, se reúnen para marchar juntas hasta algún territorio local previamente seleccionado, proceso que lleva por nombre “El sur se moviliza”. Cabe resaltar que este proceso de articulación genera una titánica movilización de cientos de personas que recorre más de media ciudad para llegar al punto previamente acordado, sin embargo existen opiniones que cuestionan este desgaste anual.

 

Por su parte, en la localidad de San Cristóbal construyen desde hace 4 años un proceso de movilización local que parece más un carnaval, por sus colores y actores; los cientos que concurren recorren su territorio desde el barrio Tiguaque –parte alta de la localidad– hasta el parque central de Villa Javier –parte baja de la misma–. Todo el recorrido transcurre a través de los barrios populares, consolidando un ejercicio de territorialización de la movilización, sintonizando con las mayorías sociales, marginadas, que habitan esta periférica localidad. En este carnaval, los vecinos se asoman por las ventanas intrigados por lo que sucede afuera; por su parte las organizaciones comunitarias tratan de concretar una corta explicación de la razón por la cual se movilizan. Sin embargo, aún hace falta consolidar la conexión directa con la inmensa mayoría.

 

Un notorio avance

 

El pasado 1 de mayo, estos dos ejercicios (“El Sur se moviliza” y Movilización de San Cristóbal) se articularon para consolidar una marcha conjunta, un accionar donde niños, niñas, abuelos y abuelas, jóvenes y adultos, festejaron el Día Internacional de los/as Trabajadores/as. Las organizaciones sociales provenientes de Bosa, Ciudad Bolívar, Usme y Kennedy, llegaron hasta la localidad de San Cristóbal que, siguiendo con el proceso de movilización local, caminó nuevamente por su territorio. Para finalizar la jornada con un almuerzo para las más de dos mil personas que participaron, así como un evento central, con danzantes y músicos de diferentes géneros que dieron paso a un concierto que llenó los ánimos. Finalizó la jornada de memoria, apropiación del territorio y encuentro de diversos, con una fiesta popular. De igual manera, tomó forma el primer ejercicio de movilización del norte, que articuló las localidades de Suba, Usaquén y Engativá. Más de cien personas acudieron al llamado.

 

Todo el trabajo de articulación se unificó en la propuesta denominada: “Bogotá Popular se Moviliza”, la que produjo una unidad gráfica para todas las localidades, piezas comunicativas comunes y un comunicado conjunto, que cobijaba tanto al norte como al sur. Las localidades marcharon por justicia, dignidad, trabajo y paz. La agenda de reivindicaciones resaltó 6 puntos: 1. Mejores condiciones laborales, con urgencia de cambiar el modelo económico y desarrollar otras formas para la economía; 2. Acciones en favor de la protección del medio ambiente y justicia ambiental, donde se construya un POT que vincule a los sectores populares para adecuar los territorios a sus necesidades; 3. Paz urbana territorial y derecho a la ciudad, para que todo/a trabajador/a tenga las garantías para vivir dignamente; 4. Revocatoria del alcalde Enrique Peñalosa; 5. Modificaciones racionales frente a la movilidad, el espacio público y una ciudad pensada para sus pobladores; 6. Promoción de la cultura, dignificación del trabajo de lxs artistas y valoración al arte popular.

 

¿Tiempo de mirar hacia otros rumbos?

 

Estamos en el periodo de transformar las movilizaciones y las concepciones de percibir el poder; es momento de mirar hacia otros rumbos para conseguir las transformaciones sociales; tiempo de abrir la mirada y entender que el poder está más allá de las instituciones. Es el instante de transitar el camino para encontrar la conexión con las mayorías sociales, las mismas que malviven al día, sufriendo las consecuencias de la economía de la acumulación y las injusticias de la mezquindad de unos pocos. Por lo tanto, hay que territorializar nuestras luchas, lo que implica generar procesos de reconocimiento mutuo (en los espacios de vida y de reproducción biológica y material), entre organizaciones, parches, grupos culturales, ambientalistas, comunicadore/as, muralistas, grafiteros/as, educadores/as, entre otros/as. Hay que arriésgarnos a involucrar a personas amigas, familiares, conocidos/as y vecinos/as. Muchos de ellos, expresión del nuevo tipo de trabajador producido por el capitalismo de finales del siglo XX e inicios del XXI.

 

Se trata de generar un proceso con los mayores, con adultos, jóvenes, niños y niñas, consistente en sensibilizar barrio por barrio, a partir de las necesidades concretas que aquejan los espacios vitales de encuentro social y de vida: el jardín comunitario, el transporte, el parque deteriorado, la escuela, el colegio, pero también las problemáticas que agobian a las familias: las tarifas de los servicios públicos, las del transporte, la inseguridad, las ollas, la actitud hostil de la policía.

 

Buscar sintonizarnos con la cotidianidad popular. De esta manera será posible vestirnos de fiesta y denunciar las problemáticas con otras estéticas que rompan el estigma de la movilización del tropel, para que así se sume a la protesta la mayor cantidad posible de vecino/as que se sientan identificadas con lo reivindicado, hasta llegar al sueño de justicia y libertad.

 

Actuar así, para que el 1 de Mayo no sea solo un día, sino mucho más que ello: un punto de partida, pero también de tránsito para rememorar y educar, para reflexionar y encausar energías, para construir imaginarios comunes y darnos la fuerza necesaria para hacer sentir que el país debe regirse en su modelo económico y político de acuerdo a las necesidades de las mayorías. Esas que habitan en las localidades populares de Bogotá y de todo el país.

 

Un Primero de Mayo para el presente y para el futuro. Hay que cambiar de imaginarios y de procederes. Hay que disponer el corazón y la sonrisa para el otro/a; hay que compartir la alegría de soñar en colectivo, de romperle el cuello a la indiferencia y sentirnos parte del sueño en conjunto. 1886-2017: un solo sueño que debemos hacer realidad.

Publicado enEdición Nº235