El Tratado de Cielos Abiertos es el tercer convenio internacional de defensa del cual el presidente Donald Trump decide retirar a Estados Unidos. En la imagen, el magnate regresa a la Casa Blanca después de pasar el día en su club de golf de Virginia.Foto Afp

Washington. El gobierno de Donald Trump se ha planteado la posibilidad de realizar la primera prueba nuclear de Estados Unidos desde 1992, como una advertencia a Rusia y China, informó el viernes el Washington Post, lo que supondría una ruptura de la política de defensa seguida por el país.

Según el diario estadunidense, que cita a un alto funcionario del gobierno y a dos ex funcionarios, todos bajo condición de anonimato, la discusión de esa posibilidad tuvo lugar durante una reunión el 15 de mayo; luego de que funcionarios estadunidenses aseguraron que Rusia y China están haciendo ensayos nucleares.

Moscú y Pekín lo negaron, y Washington no ha aportado pruebas de sus afirmaciones.

Para la fuente del Washington Post, demostrar que Estados Unidos es capaz de realizar una prueba rápidamente sería una táctica de negociación útil en un momento en que Washington está tratando de concluir un acuerdo tripartito con Rusia y China sobre armas nucleares.

La reunión terminó sin una decisión y las fuentes divergen sobre el futuro de las discusiones.

Beatrice Fihn, de la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN), el grupo que ganó el Premio Nobel de la Paz en 2017, advirtió que una prueba nuclear de Estados Unidos podría “sumergirnos en una nueva guerra fría”.

También desmontaría cualquier posibilidad de evitar una nueva y peligrosa carrera armamentista nuclear. Terminaría por socavar el marco global para el control de armas, dijo en un comunicado.

Esta información del Washington Post se publicó después de que Trump anunció su intención retirar a su país del Tratado de Cielos Abiertos, tras acusar a Rusia de violarlo.

El tratado, que entró en vigencia en 2002, autoriza a los países signatarios a realizar vuelos de observación sobre los territorios de otros estados para verificar movimientos militares.

Es el tercer acuerdo internacional de defensa del cual el presidente Trump decide retirar a Estados Unidos, después del pacto sobre el programa nuclear iraní, denunciado en 2018, y el tratado INF sobre misiles terrestres de mediano alcance, abandonado en 2019.

Complicado que naciones en vías de desarrollo puedan imitar las estrategias económicas de Alemania. En la imagen la canciller alemana, Angela Merkel.Foto Ap

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¿Quién ganó la segunda guerra mundial?

Se cumplen setenta y cinco años del fin de la Segunda Guerra Mundial. Se dice que la actual gravísima pandemia es la peor desde ese acontecimiento. Es posible. Hay que preguntarse por qué ocurrió esa anterior pandemia. La llamada Segunda Guerra fue resultado –en muchos aspectos- de la primera. La ambición torpe de las potencias ganadoras fue hasta el extremo de humillar a Alemania con un tratado de paz que era, sin más, una injuria. ¿Qué sectores de Inglaterra, Francia y Estados Unidos cometieron tal torpeza? Los de siempre: los banqueros y los militares. Alemania quedó en la ruina y no tuvo manera de levantarse. Para colmo, los revolucionarios espartaquistas fueron derrotados y un militar –alemán, claro- liquidó de un tiro en la cabeza a Rosa Luxemburgo, que fue arrojada como un despojo apiojado a un riacho y ahí quedó, en el lecho de ese río, víctima de la brutalidad del ejército derrotado en los campos de batalla de las trincheras y los gases letales. Porque la Primera Guerra fue terrible. Una matanza ciega, donde algunos no sabían contra quien o a favor de quien luchaban. Se dijo que sería la “guerra que habría de terminar con todas las guerras”. Falso. Cuando los aliados le impusieron a Alemania el Tratado de Versalles pusieron los cimientos de la siguiente guerra, que superó en horrores a la primera.

Alemania buscó recuperarse con la social-democracia de la ruidosa República de Weimar, con sus cabarets y su cine expresionista. Pero fue una democracia débil. En sus entrañas creció sin mayores problemas (aunque no dejó de tenerlos) el nacionalsocialismo, con las bandas callejeras de las SA y el golpe de la cervecería de Munich, que el ejército aún (apenas aún) leal a la democracia de Weimar hizo fracasar. Hitler quedó levemente herido, Göring duramente y Röhm (la cabeza de las SA) fue arrestado de inmediato. Hitler fue sometido a un juicio con jueces y fiscales que lo admiraban y, en su defensa, pronunció unos discursos formidables que le ganaron más adeptos. Luego, en 1924, fue recluido en la prisión de Landsberg por unos meses. Lo trataron muy bien y el futuro Führer dictó a Rudolf Hess el libro que sería la Biblia del nacionalsocialismo, Mi lucha. Todo estaba claro ahí. El tipo era un paranoico criminal, lleno de odio, ambiciones desmedidas y un racismo (odio a los judíos, a los gitanos, a los eslavos) que prenunciaba lo que vendría. El fracaso del golpe de Munich le enseñó que sería imposible llegar al poder con esa metodología. Habría que hacerlo por medio de la democracia y el parlamentarismo. Encontró a un genio de la propaganda, un hombre de baja estatura, rengo, tenaz, con una sonrisa arrolladora (cuando sonreía) y una inteligencia indudablemente poderosa. Era Joseph Goebbels.

En 1933 los nazis llegan al poder. Las cárceles están llenas de opositores políticos, las masas (que han visto el despliegue de la brutalidad de las SA en las calles y contra los comunistas) le temen al vertiginoso Führer, pero, a la vez, ven en él (dentro de una economía devorada por la inflación) al único posible salvador de la patria. Grave error que pagarían caro. Hitler llevaría el país al desastre total. Desencadenaría una guerra que habría de amontonar entre 50 y 75 millones de muertos. Al final, recluido en el búnker de la cancillería, con un parkinson que lo hacía temblar, con la mirada perdida, drogado, desolado ante la aplastante derrota habría de pegarse un tiro. Ya Goebbels era el nuevo Führer, dio el último dicurso fragoroso (con los soviéticos a 200 metros) y luego envenenó a sus seis hijos, le pegó un tiro a su esposa Magda, una nazi recalcitrante, y se mató él. La Segunda Guerra Mundial había terminado.

El ascenso de Hitler al poder fue apoyado por la oligarquía industrial alemana, por las acerías británicas y norteamericanas, por la Ford (Hitler tenía un retrato de Henry Ford en su despacho), la General Motors, la tibieza de Francia y la endeblez negociadora de Inglaterra por medio de su primer ministro Neville Chamberlain, que admiraba el crecimiento de Alemania. Hasta Churchill dijo, en 1938, que desearía un hombre como Hitler si su país se viera en problemas graves. ¡Y la versión occidental dice que todo se debió al pacto Molotov-Ribbentrop que permitió la invasión a Polonia! La Unión Soviética fue el país que menos apoyó a Hitler en comparación con las otras grandes potencias. Y fue la que más hizo para derrotarlo. No es que uno sea stalinista ni bolchevique, Dios nos libre, pero la verdad hay que decirla. Sobre todo cuando occidente insiste en falsear la historia.

El error que llevó a Hitler a perder la guerra fue la apertura de un segundo frente en el Este, la Operación Barbarrosa. Arrojó, sobre la URSS, 200 divisiones. Unos tres millones de hombres. Repitió el brillante método de la Blitzkrieg, la guerra relámpago. Avanzó con una rapidez fulminante en territorio ruso. Los horrores que cometieron los alemanes en esa campaña son incontables e indescriptibles. Mataron a millones de campesinos, eslavos todos, una raza inferior para los nazis. Leningrado resistió con heroísmo. Shostakovich, en pleno sitio de la ciudad, compuso su séptima sinfonía. Y los nazis se detuvieron en Stalingrado, un punto de conquista cuyo nombre seducía a Hitler. Goebbels no manejó la propaganda de la campaña de Rusia. Se había opuesto a la apertura de un frente en el Este. No se había ganado la batalla de Inglaterra. Los aviones de la Royal Air Force desplegaron un coraje poderoso y frenaron a los incesantes aviones de la Luftwaffe de Hermann Göring, que había sido un as de la aviación durante la primera guerra. No se podían distraer 200 divisiones en Rusia cuando aún Inglaterra estaba lejos de ser vencida. Pero Hitler, en 1941, cuando invade Rusia, cree aún en la invencibilidad de la Wermacht. Stalingrado lo golpeó duramente. El mariscal von Paulus, al frente de la Operación Barbarrosa, se rindió incondicionalmente y empezó a colaborar con los soviéticos.

Entonces el Ejército Rojo pasó a la ofensiva. Y entraron en Berlín y plantaron una bandera roja en lo alto del Reichtag y ganaron la guerra. Habían perdido 27 millones de hombres. Se cumplieron en estos días 75 años. Inglaterra fue heroica resistiendo a la Luftwaffe en 1940. Los norteamericanos, y sus aliados, invadieron Normandia y lucharon contra 10 divisiones alemanas. Patton (que, al fin de la guerra, quería rearmar a las SS y avanzar hasta Moscú que era “el verdadero enemigo”) fue un general brillante. Eisenhower también. Y el orgulloso Montgomery no menos. Pero el general Zhukov y su Ejército Rojo fueron los que más hicieron por la derrota del nacionalsocialismo. Las películas de Hollywood nos contaron con Spielberg los horrores del desembarco en Normandía, Francias Ford Coppola escribió el magnífico guión sobre el magnífico Patton, y los rusos hicieron películas, que nunca vimos, para contar la resistencia de su pueblo y la eficacia heroica de sus soldados. Hay que contar esta versión. No solo es justa, también es cierta.

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Foto: Celebración del Día de Jerusalén que conmemora el 52 aniversario de la captura de Jerusalén Este por Israel en la Guerra de los Seis Días de 1967. 2 de junio de 2019 (Yonatan Sindel/Flash 90)

 

Un paso más en el proyecto colonial israelí

Las pasadas semanas, muchos lectores de los medios de comunicación mayoritarios se habrán hecho la impresión de que Israel se está preparando para poner en marcha un drástico plan de anexión de la Cisjordania ocupada, tras firmar el acuerdo de coalición de gobierno y conocer el llamado “Acuerdo del Siglo” de Estados Unidos.

Pero los palestinos saben demasiado bien que la anexión anunciada por Israel no supone ninguna novedad espectacular. Si acaso, les indigna que la comunidad internacional haya reaccionado con tanto asombro.

Para comprender el abismo entre los titulares informativos y la realidad sobre el terreno, hay que ponerse en la piel de un ciudadano israelí que decida viajar desde su apartamento en Tel Aviv hasta el Mar Muerto, atravesando territorios ocupados de Cisjordania.

Dicho ciudadano solo tendrá que tomar una carretera que se dirige al este para llegar en menos de media hora a la orilla del río Jordán. No hay puestos de control ni es necesario cambiar de ruta en ese breve recorrido (tampoco existe indicador alguno que informe de que el viajero ha entrado en Cisjordania). A lo largo de toda la ruta las señales de carretera están escritas en hebreo, la policía israelí vigila que se cumplan las normas de tráfico y la Autoridad de Parques nacionales da la bienvenida a los visitantes que se dirigen a puntos de interés cercanos.

El conductor israelí deberá tener cuidado para no entrar por error en las zonas donde viven los palestinos residentes en Cisjordania. Pero eso no ofrece ninguna dificultad, pues tras los Acuerdos de Oslo el ejército colocó grandes carteles rojos a la entrada de las poblaciones palestinas, advirtiendo a los israelíes que penetrar dichas áreas es peligroso. Por su parte, un palestino que se encuentre al otro lado de estos carteles no puede tomar esa misma carretera para ir a Israel ni visitar esos centros turísticos del Mar Muerto a los que se dirige el conductor israelí.

En realidad, a pesar de las aparentemente complejas estructuras políticas del territorio, el mapa físico de Palestina-Israel en 2020 es muy simple: pese a la existencia de unos pocos enclaves palestinos semiautónomos en Cisjordania y la Franja de Gaza, es Israel quien controla todo, de norte a sur y de este a oeste.

Esa es la realidad que ha estado presente durante décadas. Y, a pesar de ello, el mundo se muestra alarmado porque Israel quiera hacer “oficial” la realidad mediante una anexión formal. Lo que la comunidad internacional considera un movimiento ilegal por parte de un ocupante militar, o como una disputa territorial  sobre fronteras entre dos gobiernos, los palestinos lo ven como un paso más en el proyecto colonial de asentamientos que Israel lleva un siglo practicando.

El error demográfico

La exclusión y el control, que siempre han sido rasgos esenciales del sionismo, son los elementos básicos de la geografía del territorio. La meta de crear un país solo para judíos en el que residen otros pueblos ha supuesto la interminable opresión de los palestinos. El sionismo les planteó dos opciones: o bien la expulsión y el exilio o bien aceptar el dominio de Israel sin tener ningún derecho. Todos los palestinos, con independencia del lugar del mundo en qué se encuentren, están sujetos a uno de estos dos destinos.

Cuando se fundó el Estado en 1948, muchos israelíes quedaron decepcionados porque ciudades como Hebrón, Nablus o la antigua Jerusalén, consideradas lugares sagrados por los judíos, quedaran fuera. Pero ese anhelo fue finalmente satisfecho en 1967, cuando Israel tomó el control de la totalidad del territorio del Mandato Británico de Palestina. Pero, exceptuando Jerusalén Este, el Estado nunca llegó a anexionar esos territorios bajo la ley israelí.

Hasta el día de hoy, Israel siempre ha lamentado el error demográfico que cometió al ofrecer en 1948 la ciudadanía israelí a algunos palestinos. Situados bajo la ley militar hasta 1966 y siempre discriminados, la simple existencia de ciudadanos palestinos ha frustrado los planes de Israel: crear un Estado exclusivamente judío. En ese sentido, siempre se les ha recordado que no son deseados: Netanyahu declaró claramente el año pasado que “Israel no es un Estado para todos sus ciudadanos”, y el “Acuerdo del Siglo” se atreve a proponer el traslado de sus comunidades a una futura entidad palestina.

Obsesionado por su error, Israel decidió llevar a cabo una política de “provisionalidad permanente” en Cisjordania y Gaza: su táctica de escape fue la anexión de facto a falta de una anexión de jure. Así, creó nuevas categorías para esa población indeseada: tarjetas de “residencia permanente” para los habitantes de Jerusalén Este (miles de las cuales han sido revocadas desde 1967), y tarjetas de identidad naranjas o verdes para quienes viven en Gaza o en Cisjordania, todas ellas bajo el control del Ministerio de Defensa.

Al mismo tiempo, el Estado animó a la población judía a instalarse en los territorios ocupados. A medida que progresaban los asentamientos, Israel fue construyendo carreteras de circunvalación, muros y vallas, no solo para asegurar que estos quedaran interconectados entre sí y con Israel, sino también como un instrumento para controlar y limitar los movimientos de la población palestina.

Entonces, ¿por qué tras más de cincuenta años de “provisionalidad permanente” Israel ha decidido hacer oficial esta realidad? ¿Cuál debería ser la respuesta de los palestinos?

La respuesta palestina

Tal vez esas preguntas se resuelvan cuando Israel anuncie su plan definitivo: no solo la incorporación de los asentamientos y tierras circundantes, que ya tiene bajo su control, sino también la limpieza étnica de los palestinos que permanecen en dichas áreas. Ese plan lleva años desarrollándose en lugares como el valle del Jordán, E1 y las colinas de Hebrón Sur, pero podría proseguir a más velocidad una vez se declare la anexión formal.

Dada la impunidad con la que Israel ha violado el derecho internacional en los territorios ocupados, los palestinos no tendrán mejor oportunidad para abandonar el discurso legalista de la “ocupación”. Durante mucho tiempo, los palestinos han dado a este marco internacional la oportunidad de contribuir a su lucha, a pesar de su limitación y la tergiversación de su causa, pero ha sido en vano.

Parte de este fracaso se debe a los propios líderes palestinos. Hasta finales de la década de los 80, la dirección nacional palestina consideraba a Israel como un Estado colonial que usurpaba las tierras palestinas; exigía el retorno de los refugiados y estaba a favor de un único Estado democrático para todos. Pero desde entonces la Organización para la Liberación de Palestina ha reconocido formalmente a Israel y adoptado la solución de los dos estados, en buena medida para satisfacer el punto de vista de la comunidad internacional, que actúa bajo la falsa premisa de un “conflicto” entre dos partes iguales.

Este entramado político vino a sustituir a la demanda de descolonización del Mandato Británico de Palestina y aceptó la Línea Verde como frontera dentro de la cual encerrar a los palestinos en un cuasi-estado. Casi treinta años después de los Acuerdos de Oslo, los programas de asentamiento de colonos siguen tratando a los palestinos como el mismo grupo indeseado y colonizado, ya sean ciudadanos de Israel, sujetos ocupados o refugiados expulsados.

El presidente palestino Mahmud Abbas parece reconocer este hecho cuando amenaza una y otra vez con el desmantelamiento de la Autoridad Palestina o la retirada de los llamados acuerdos de seguridad con Israel. Pero nunca ha tenido el suficiente coraje como para llevar adelante sus amenazas. Si la Autoridad Palestina no hace nada por rectificar sus errores, se limitará a aceptar los planes de Israel y a gobernar en los reducidos enclaves en nombre del Estado.

Así pues, mientras Israel afina la siguiente fase de su proyecto colonialista, es hora de que los palestinos vuelvan a reivindicar la descolonización total y un único Estado democrático en el que todos los seres humanos tengan los mismos derechos, además de diseñar nuevas estrategias para conseguir dicha meta. Hasta entonces, la comunidad internacional no tiene derecho a lamentarse por la próxima anexión, fruto de los esfuerzos coloniales de Israel, que la propia comunidad internacional nunca hizo nada por detener.

 

Por Ahmad al-Bazz | 23/05/2020

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Fuente: https://www.972mag.com/israel-settler-colonial-annexation/

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China amenazó con "represalias" si Estados Unidos le aplica sanciones por el coronavirus

Se tensa aún más la relación entre ambos países

 

La tensión entre Estados Unidos y China por la pandemia del coronavirus no cesa. El país asiático respondió con dureza a las amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, y advirtió que tomaría “medidas de represalia” si el Congreso estadounidense adopta sanciones contra Beijing por su responsabilidad en el brote de Covid-19 . La Cancillería de China arremetió además directamente contra el secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, a quien tildó de "irresponsable" por no respetar el soberanía de China. 

“Estamos resueltamente opuestos a esos proyectos legislativos y adoptaremos una respuesta firme y medidas de represalia” si son adoptados, advirtió ante el vocero de la Asamblea Nacional Popular (parlamento chino), Zhang Yesui sobre las iniciativas presentadas por los senadores republicanos que responden a Trump. Puntualmente, el proyecto daría al mandatario la facultad de imponer sanciones a China si Beijing no proporciona un “informe completo” sobre la pandemia de COVID-19.

La semana pasada, Trump había llegado a amenazar incluso con "cortar la relación" económica con el país como castigo a Beijing por haber retenido información sobre la covid-19 , como sostiene el gobierno estadounidense. Esta semana, la relación se tensó aún más por el anuncio de Washington sobre una posible venta de armas a Taiwán, que China entendió como una afrenta a su soberanía.

"(Pompeo) ha jugado a la perfección el papel de un político extremadamente irresponsable, pero sus numerosas mentiras han llevado a la bancarrota su credibilidad en el mundo", afirmó el vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores, Zhao Lijian. Taiwán es un Estado con reconocimiento limitado al que China considera parte de su territorio y "una provincia rebelde".

El miércoles, Trump anunció que había aprobado otra venta de armas a la isla, un día después de que Pompeo felicitara a la líder de Taiwán, Tsai Ing-wen, por el comienzo de su segundo mandato refiriéndose a ella como la "presidenta de Taiwán", pasando por alto que la isla no es miembro de la ONU y que tiene relaciones sólo con 14 de los 193 países de Naciones Unidas.

"Solo hay una China en el mundo, y Taiwán es una parte inalienable del territorio chino", aseveró el vocero de la Cancillería al ser consultado por los dichos de Pompeo. Recordó que “Estados Unidos reconoce al gobierno de la República Popular China como el único gobierno legal de China" y señaló que el comentario de Pompeo "viola seriamente el principio de 'Una China', los tres comunicados conjuntos China-Estados Unidos y el compromiso del gobierno de los Estados Unidos".

"Han enviado una señal equivocada a las fuerzas separatistas de "independencia de Taiwán" y han socavado gravemente la paz y la estabilidad en todo el estrecho de Taiwán, así como las relaciones bilaterales entre China y Estados Unidos", alertó Zhao en un conferencia de prensa.

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Palestina dio por finalizados los acuerdos con Israel y Estados Unidos

Ante el avance de Israel en Cisjordania

El presidente Mahmud Abbas manifestó que Israel no está respetando los acuerdos de paz de Oslo de 1993, y en consecuencia los palestinos tampoco lo harán

 

El presidente de Palestina Mahmud Abbas decidió poner fin a todos los acuerdos con Israel y Estados Unidos. Sus declaraciones tienen lugar en un momento de tensión, con el avance de los planes israelíes de anexionar parte del territorio ocupado de Cisjordania. El plan de paz propuesto por Washington el pasado enero avala el avance israelí. Abbas manifestó que Israel no está respetando los acuerdos de paz de Oslo de 1993, y por tanto los palestinos tampoco lo harán. Hace algunos días asumió el nuevo gobierno de coalición israelí entre el primer ministro Benjamin Netanyahu y su ex rival electoral Benny Gantz.

La decisión del gobierno palestino fue publicada por la agencia estatal Wafa. "La Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y el Estado de Palestina quedan desde hoy absueltos de todos los acuerdos y entendimientos con los gobiernos americano e israelí y todas las obligaciones contempladas en estos, incluyendo las de seguridad", sostuvo el ejecutivo palestino. Abbas pidió que Israel cumpla con lo pactado en la legislación internacional. "Con todas las consecuencias y repercusiones en base a la ley internacional y humanitaria, en particular la Cuarta Convención de Ginebra", sostuvo el gobierno palestino. La misma establece responsabilidades sobre la seguridad de la población civil ocupada y sus propiedades, prohíbe el castigo colectivo, el robo de recursos, la anexión de tierras y transferencias de población del ocupante al ocupado, ya que suponen graves violaciones y crímenes de guerra.

El presidente palestino ya había adelantado la ruptura de relaciones con ambos países después del anuncio del plan de paz de Washington para Medio Oriente. En este caso Abbas reiteró su rechazo a la propuesta norteamericana. También condenó la decisión de la administración Trump de trasladar su embajada a Jerusalén y reconocer la ciudad como capital israelí. El mandatario insistió en la necesidad de apoyar a un estado palestino independiente, contiguo y soberano en las fronteras de 1967, con Jerusalén Este como su capital. "Una paz justa y completa basada en la solución de dos estados”, sostuvo el presidente. En Cisjordania viven 2,7 millones de palestinos. En tanto que 450 mil israelíes residen allí en colonias consideradas ilegales por el derecho internacional.

Por su parte, el emisario de Naciones Unidas para el conflicto de Oriente Próximo, Nickolay Mladenov, dijo que Israel debe abandonar sus amenazas de anexiones. También pidió a los dirigentes palestinos retomar conversaciones con los países implicados en el proceso de paz en la región. Se espera que el nuevo gobierno israelí se pronuncie sobre la estrategia para llevar a cabo el plan de Trump a partir del 1 de julio.

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Pruebas de vacuna experimental para el coronavirus en el laboratorio Cells Culture Room en las instalaciones de Sinovac Biotech, en Pekín.Foto Afp

Dejo de lado el extraño deceso del embajador chino en Tel Aviv cuatro (sic) días después de que el "evangelista sionista" (https://bit.ly/3bLFAUn), hoy secretario de Estado y anterior director de la CIA, Mike Pompeo, visitó Israel con el fin de disuadir al primer ministro israelí Netanyahu de cesar su cooperación digitálica con China (https://bit.ly/2ZjuIu9).

También soslayo que el mandarín Xi está preparado al "peor escenario de confrontación armada" de EU contra China, según Reuters que no pocas veces se consagra a amarrar navajas para llevar agua al molino de los intereses anglosajones (https://reut.rs/3cHMk6W).

Al corte de caja de hoy, EU y China se han enfrascado en una feroz "guerra biológica", donde se inculpan mutuamente del origen del misterioso C-19, que cobró tintes de "guerra farmacológica" (https://bit.ly/2TmQR77) con la carrera por la vacuna.

La guerra, primero "comercial"y, luego "tecnológica" con el 5G, de Trump contra China (https://bit.ly/3e1Slvq), escaló el nivel de "guerra geoeconómica" con "tres impactos", que incluyen la “militarización ( weaponization) del dólar”, según el portal China Daily (https://bit.ly/3dZJYjX).

Los tres impactos de marras los define en los segmentos de "inversiones y comercio", pero que en el análisis cobran un carácter genuinamente geoeconómico.

El "primer impacto" versa sobre la "militarización del dólar" como "brazo armado de la política exterior de EU" que opera mediante la “imposición de sanciones unilaterales punitivas con la amenaza de excluir a las empresas del sistema de pagos SWIFT –Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication– del dólar” y que sufren los enemigos de EU como Irán/Norcorea/Venezuela/Cuba/la guerrilla libanesa Hezbolá/etcétera.

Le faltó citar a China Daily el libro de Guerras de la Secretaria del Tesoro: el desencadenamiento de una nueva era de guerra financiera (https://amzn.to/3cPGFMm), de Juan Zárate, funcionario de Baby Bush, quien con el petate del muerto del "contraterrorismo" infligía graves daños a los enemigos de EU.

El "segundo impacto" consiste en la "acción china diseñada para contrarrestar la militarización del dólar y así brindar otra opción a los inversionistas y negociantes". Representa el "mayor desarrollo a un sistema de pagos basado en el renmimbi", la divisa china, "como alternativa al sistema de pagos del dólar". Pues como dirían los asiáticos: esto equivale a "moverle la cola al tigre" ya que el dolarcentrismo es el verdadero poder que todavía le queda a EU cuando ha sido desplazado por Rusia, en el ámbito militar, y por China en el rubro geoeconómico.

Cabe señalar que en China tienen muy presente la envergadura y los alcances del bono hegemónico del dolarcentrismo que equivale a casi 10 por su ciento de su PIB (https://bit.ly/2WJuCdN).

China ya empezó a experimentar en cuatro ciudades el lanzamiento de una "divisa digital soberana (sic)" para posicionarse como competidor y/o alternativa al dolarcentrismo (https://bit.ly/2XeIDPA).

El "tercer impacto" se refiere a "cualquier retiro estadunidense del comercio con China" cuando Pekín deberá "comprometerse" más al "fortalecimiento" de las miríficas "Tres Rutas de la Seda" (https://bit.ly/2ZqPkAG).

Para China Daily las Tres Rutas de la Seda se encuentran mejor que nunca con una "dinámica a su favor para establecer una alternativa (sic) a las estructuras de comercio e intercambio dominadas por los proteccionistas mercados de Occidente".

Señala que la ayuda médica y de equipamiento a los países que forman parte de las Tres Rutas de la Seda “es un ejercicio de poder blando ( softpower)” y enaltece a la "Cámara Internacional de Comercio de la Ruta de la Seda" (SRCIC, por sus siglas en inglés; http://www.srcic.com/).

Concluye que "la pérdida de, o la reducción en los mercados de EU, como resultado de una deliberada política estadunidense de aislamiento y desconexión como forma de castigo, no constituye necesariamente un golpe mortal al progreso económico de China, aunque si afectará".

A estas alturas, no es nada sencillo amedrentar a China.

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"Podríamos cortar toda relación con China", la amenaza de Donald Trump por el coronavirus 

El mandatario explicó las medidas que analiza su gobierno para castigar a Beijing

 

El presidente estadounidense Donald Trump renovó sus ataques contra China, en el marco del recrudecimiento de tensiones entre ambos países por el coronavirus. Después de haber cuestionado a Xi Jinping por la gestión de la pandemia, ahora Trump amenazó con "cortar la relación" económica con el país como castigo a Beijing por haber retenido información sobre la covid-19, como sostiene el gobierno estadounidense. Ambos países firmaron a principio de año un acuerdo comercial, que ahora está en tela de juicio por las acusaciones cruzadas.

"Hay muchas cosas que podríamos hacer al respecto, podríamos cortar toda la relación. Ahorraríamos 500 mil millones de dólares", subrayó el mandatario en una entrevista. Trump afirmó que tiene una "muy buena relación con Xi Jinping, aunque aclaró que en este momento “no quiere hablar con él". "Lo dije más de una vez, y lo dije sobre otros países", agregó, al cargar también contra la OTAN, a la que definió como un organismo en el que "los estadounidenses ayudamos a los europeos por nada".

No obstante, la única medida tomada hasta ahora por su administración contra China fue cortar los lazos de inversión entre los fondos federales de jubilación de Estados Unidos y las acciones de Beijing. Del mismo modo, el mandatario analiza imponer requisitos más estrictos a las compañías chinas que cotizan en las bolsas de valores de Estados Unidos.  El presidente dijo además que su administración está buscando "con mucha fuerza" exigir a las compañías chinas que sigan los estándares impositivos y de contabilidad vigentes en el país norteamericano.

Hace apenas dos días, Trump le reclamó a una periodista del canal CBS, Weijia Jiang, que vaya a "preguntarle a China" por la situación del coronavirus . La reportera de origen asiático le recriminó que le planteara eso, ante lo que Trump decidió finalmente poner fin de forma abrupta a la conferencia de prensa.

El secretario de Estado, Mike Pompeo, también cargó contra Beijing el jueves. "Mientras Estados Unidos y nuestros aliados y socios están coordinando una respuesta colectiva, la República Popular China sigue silenciando científicos, periodistas, y ciudadanos y disemina desinformación, lo cual exacerba los peligros de esta crisis sanitaria", dijo el jefe de la diplomacia estadounidense, que el miércoles realizó un viaje relámpago para respaldar al gobierno de coalición de Benjamin Netanyahu.

Las divisiones entre Estados Unidos y China se remontan a mucho tiempo antes de la llegada de la pandemia, pero el nuevo coronavirus desembocó en acusaciones cruzadas de alto voltaje. Trump afirmó en repetidas ocasiones que Beijing podría haber detenido el brote pero no lo hizo. "Es el peor ataque que hemos tenido en nuestro país", había dicho al atribuirle responsabilidades a China, frente a lo que el ministerio de Relaciones Exteriores de China no tardó en responder. La cartera pidió a Washington que se ocupe de solucionar sus problemas y "deje de difundir desinformación o engañar a la comunidad internacional". 

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Foto: Soldados israelíes toman posición mientras los manifestantes palestinos se reúnen en protesta contra la expansión de los asentamientos israelíes en la aldea cisjordana de Beita, 2 de marzo de 2020. Majdi Mohammed, AP

¿De qué tiene miedo el campo de centro izquierda de Israel cuando se trata de anexión? ¿Por qué la Unión Europea y otros países fingen tal clamor contra este próximo plan?

La anexión siempre se ha presentado como la madre de todos los desastres, pero tenemos que dejar de temerla, e incluso decir que sí. Se perfila como la única forma de salir del punto muerto, la única sacudida posible que podría terminar con este statu quo de desesperación en el que nos hemos quedado atrapados y que ya no puede llevar a ningún lado bueno.

La anexión es, de hecho, un premio intolerable para el ocupante y un castigo escandaloso para los ocupados. Legitima los crímenes más graves y destruye los sueños más justos, pero la alternativa es aún peor. Eternizaría la situación criminal que se perpetúa desde hace mucho tiempo. Asentaría la realidad del apartheid que ya existe desde hace bastante tiempo.

Pero la anexión también pondría fin a las mentiras y exigiría que todos miraran la verdad a los ojos. Y la verdad es que la ocupación llegó para quedarse, nunca hubo intenciones de hacer lo contrario. Ya ha creado una situación irreversible, unos 700.000 colonos,  incluidos los de Jerusalén Este, que nunca serán removidos y sin su remoción los palestinos no tendrán más que bantustanes, ni un Estado ni siquiera una caricatura de un Estado.

Esto es lo que temen los opositores a la anexión, sin un proceso declaratorio y legal, sería posible continuar sembrando engaños siempre. La anexión amenazaría la vida falaz de la Autoridad Palestina, que continúa comportándose como si fuera un Estado libre con soberanía a la vuelta de la esquina; del campo de paz israelí, que sigue creyendo que todavía existe la posibilidad de una solución de dos estados y de la Unión Europea, que cree que es suficiente emitir (¡Fuerte!) condenas a Israel y luego sentarse y no hacer nada contra el apartheid, financiarlo, armarlo y declamar sus «valores comunes» con Israel. La anexión desafiaría a los negadores de la realidad que nunca han sido desafiados en sus vidas. Por lo tanto, deberíamos estar a favor a pesar de la injusticia y los desastres que puedan surgir. A largo plazo el precio será menor que el de la situación existente.

Es precisamente el acérrimo opositor de la anexión Shaul Arieli quien mejor describió sus ventajas. En un artículo reciente (Haaretz, edición hebrea, 24 de abril), señaló cómo colapsaría la Autoridad Palestina, se cancelarían los Acuerdos de Oslo, la imagen de Israel sufriría daños y es probable que estallase otro ciclo de derramamiento de sangre. Estos son peligros reales que no se pueden tomar a la ligera, pero dice: «El paso de la anexión sería un gran golpe para los puntos de apoyo de la situación actual y alteraría su frágil equilibrio». ¿Y qué más podemos pedir, Shaul Arieli? La estabilidad que ha creado la ocupación, su rutina de normalidad, son los grandes enemigos de cualquier esperanza para ponerle fin. No tienes que ser anarquista o marxista para ver la oportunidad latente en esta terrible visión. Después de todo la anexión es más reversible que las colonias, la política de anexión puede algún día convertirse en democracia.

Hemos estado esperando este golpe para aterrizar. Es nuestra última esperanza. Quien conoce a Israel sabe que no hay posibilidad de que se despierte una mañana por su propia voluntad y diga: La ocupación no es agradable, acabemos  con ella.  Quien conoce a los palestinos sabe que nunca han estado tan débiles, aislados, fragmentados y desprovistos de cualquier espíritu de lucha. Y quien conoce el mundo sabe lo cansado que está del conflicto. Así que ahora Israel vendrá y con el aliento del conocido pacificador de Washington despertará esta realidad desde su sueño, la anexión. Es igual. En las colinas y en los valles, en el Área C y al final en toda Cisjordania.

Como nadie tiene la intención de otorgar los mismos derechos a los palestinos, Israel se declarará un Estado de apartheid. Dos pueblos, uno con todos los derechos y el otro sin ninguno, desde el podio de la Knéset y la ONU también. ¿Es demasiado ingenuo u optimista creer que la mayor parte del mundo no permanecería en silencio, así como un gran número de israelíes? ¿Hay alguna alternativa realista? Entonces dejad de tener miedo y dejad que se anexen.

Por Gideon Levy | 15/05/2020

Traducido del inglés para rebelión por J. M

Fuente: https://www.haaretz.com/opinion/.premium-let-israel-annex-the-west-bank-it-s-the-least-worst-option-for-palestinians-1.8833755

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Protección contra la propagación del coronavirus, ayer en La Habana.Foto Ap

Washington. Estados Unidos y Cuba intercambiaron ayer acusaciones de apoyo al terrorismo que derivaron en nuevas presiones a la isla, un día después de que La Habana exigió una "investigación exhaustiva" del reciente ataque contra su embajada en Washington.

El gobierno de Donald Trump incluyó a Cuba en su lista negra "por no cooperar plenamente" en la lucha antiterrorista, alejándose más de los esfuerzos de reconciliación propiciados por su antecesor, Barack Obama.

Cuba se agregó a otros cuatro adversarios (Irán, Siria, Corea del Norte y Venezuela) que no obtuvieron en 2019 la "certificación" requerida por una ley estadunidense contra el terrorismo, paso previo para cualquier venta de armas de Estados Unidos.

Es la primera vez que Cuba aparece en este listado desde 2015, cuando fue retirada en la administración de Obama, quien dio el histórico paso de restablecer las relaciones diplomáticas, rotas desde la revolución de Fidel Castro.

El gobierno de Trump acusó a Cuba de acoger a negociadores del Ejército de Liberación Nacional (ELN), última guerrilla activa de Colombia, quienes viajaron a La Habana en 2017 para sostener conversaciones de paz con emisarios de Bogotá, pero no han regresado.

"La negativa de Cuba a comprometerse de manera productiva con el gobierno colombiano demuestra que no está cooperando con el trabajo de Estados Unidos para apoyar los esfuerzos de Colombia para garantizar una paz, seguridad y oportunidades justas y duraderas para su pueblo", indicó el Departamento de Estado en su informe anual.

La certificación es diferente a la designación de patrocinio estatal del terrorismo, que tiene efectos legales de gran alcance. Cuba fue eliminada de la lista de estados que patrocinan el terrorismo en 2015, aunque la administración Trump ha insinuado que puede volver a ingresarla.

La nación caribeña, que no importa armas de Estados Unidos, se verá poco afectada en la práctica por esta nueva medida. Pero esto no impidió que La Habana rechazara la decisión.

"El Departamento de Estado pone a Cuba en lista espuria de países que no cooperan en la lucha contra el terrorismo, pero no impidió, ni condena, el ataque terrorista del 30 de abril", sostuvo el canciller Bruno Rodríguez, en referencia al ataque a la embajada cubana en Washington, y a la impunidad de grupos violentos en territorio estadunidense.

Alexander Alazo, cubano residente en Estados Unidos, fue arrestado por haber disparado contra la sede diplomática, donde sólo provocó daños materiales. El Servicio Secreto estadunidense, encargado de proteger a funcionarios extranjeros, explicó que a Alazo le habían recetado medicamentos siquiátricos después de quejarse de escuchar voces.

El director general de Estados Unidos de la cancillería cubana, Carlos Fernández de Cossio, tuiteó ayer que Cuba era "víctima del terrorismo", al aludir a acciones de los fallecidos anticastristas Luis Posada Carriles, Orlando Bosch y Guillermo Novo Sampolla.

Desde Bogotá, Miguel Ceballos, el alto comisionado para la paz del gobierno de Iván Duque, celebró la decisión de Estados Unidos.

Duque, aliado de Estados Unidos, interrumpió el diálogo con el ELN después de un ataque con coche bomba en enero de 2019 en una academia de policía de Bogotá que dejó 22 cadetes muertos. Desde entonces exige a Cuba la entrega del equipo negociador del ELN.

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J.J. Rendón, el oscuro personaje detrás de la trama para derrocar a Maduro

La trastienda de la Operación Gedeón en Venezuela

Juan José Rendón, quien se presenta como “responsable del comité de estrategia de Guaidó”, reconoce haber firmado un contrato en octubre del 2019 con la contratista militar estadounidense Silvercorp. 

 

La Operación Gedeón provocó numerosas interpretaciones y dejó preguntas sin responder. Al igual que sucedió el 30 de abril del 2019, cuando Juan Guaidó y Leopoldo López simularon la toma de una base militar en Caracas para activar un golpe, la confusión fue parte central de la escenografía.

Sin embargo, algo quedó claro en este caso: Juan José Rendón, quien se presenta como “responsable del comité de estrategia de Guaidó”, reconoce haber firmado un contrato en octubre del 2019 con la contratista militar estadounidense Silvercorp por un monto de 212 millones de dólares.

Ese contrato, publicado por el Washington Post , planteaba tres fases. En primer lugar, la preparación de quienes debían llevar adelante las acciones. Luego, la realización del “objetivo primario” que era “capturar/detener/remover a Nicolás Maduro, eliminar el régimen actual e instalar al presidente venezolano reconocido, Juan Guaidó”. Finalmente, la participación de Silvercorp en un período de 450 días -prolongable- de “restablecimiento de la estabilidad en el país”.

La “estabilización del país” significaba que la contratista militar sería parte del ataque y persecución de militares, “elementos no militares del mando y control del régimen anterior”, represiones, detenciones, el cumplimiento de toques de queda, controles de frontera, con autorización para “usar la fuerza, hasta e incluyendo la fuerza mortal, para eliminar la amenaza”.

Todo está escrito en un anexo de 41 páginas con precisiones sobre, por ejemplo, cuándo y cómo utilizar minas antipersonales M18A1 claymore, las cadenas de mando, las formas de pago, donde, en caso de “insolvencia en efectivo”, Silvercorp cobraría “en barriles de petróleo”.

Rendón reconoce haber armado y firmado ese contrato como parte del “gobierno de Guaidó”, y sostiene que era y es parte de sus tareas como “estratega” para lograr el “cese de la usurpación”, es decir el derrocamiento. Afirma que no hizo efectivo el contrato, pero el escenario planificado es una de las posibilidades sobre las que siguen trabajando -para lo cual consultaron con otras contratistas más.

Así, entre tantas hipótesis, mentiras e interpretaciones sobre la Operación Gedeón, queda claro un punto: existe un intento de capturar/asesinar a Maduro, los principales dirigentes del gobierno y perseguir al chavismo en sus diferentes niveles en un escenario que abre puertas a un enfrentamiento armado interno. Ese intento no se detendrá.

No es nuevo, pero, ahora tomó -nuevamente- forma pública, innegable, y llegó al punto en que un grupo de cerca de sesenta personas, ex integrantes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, civiles y ex miembros de las Fuerzas Especiales del Ejército de Estados Unidos que estuvieron en Irak y Afganistán, arribaron armas en mano a las costas del país.

No se trata de un hecho desconectado. La Operación se enmarca dentro del precio puesto por el Departamento de Justicia estadounidense a la cabeza de Maduro y Diosdado Cabello -otro objetivo militar marcado en el contrato- el bloqueo económico abiertamente reconocido, el anuncio de la pronta caída de Maduro realizada por la administración de Donald Trump, y una trama sostenida de este tipo de acciones encubiertas, relacionadas unas con las otras.

¿Cómo se gobierna en ese contexto? ¿Qué ingenierías de defensa son necesarias para evitar la ejecución de planes de esa naturaleza? ¿Cómo afecta al gobierno, la forma de gobernar y al conjunto de la política?

Es un escenario bélico, una excepcionalidad permanente que ha envuelto la dinámica política en lo últimos años. Se trata de una dialéctica de trincheras, un asalto continuado y un gobierno en permanente desmontaje de operaciones, sorteo de bloqueo, y aplicación de claves de la excepcionalidad a gran parte de la política.

La Operación Gedeón buscó quebrar este escenario, es decir lograr el derrocamiento con mercenarios a través de una acción que abriría las puertas a un posterior enfrentamiento armado. La figura de Gedeón, además de la religiosidad, remite a una táctica de guerra: un ataque nocturno en inferioridad numérica para sembrar confusión en las filas del enemigo.

La Operación fue derrotada, parcialmente. Quienes desembarcaron eran parte de un conjunto mayor: según los detenidos estadounidenses, Luke Denman y Airan Seth, el plan era tomar aeropuertos, para que, una vez capturado Maduro -en caso de secuestro y no de asesinato- aterrizara un avión para extraerlo. ¿De dónde vendrían los aviones? ¿Colombia, Estados Unidos?

Los hombres que llegaron eran parte de un plan mayor que no terminó. ¿Cómo seguirá? Es necesario leer con precisión las reacciones en Estados Unidos y dentro de la administración de Donald Trump que, como era predecible, negó toda participación y contestó con arrogancia y amenaza: “Si quisiera ir a Venezuela no lo haría en secreto, lo haría y no podrían hacer nada, no mandaría un grupo pequeño (…) sería un ejército, se llamaría una invasión”.

En cuanto a la dinámica nacional la ecuación es clara: la oposición enfrenta otro efecto derrota con sus consecuentes enfrentamientos, pérdidas de credibilidad y fuerza, y el gobierno envía un mensaje de fortaleza tanto a los sectores golpistas opositores como a potenciales traidores internos, y sostiene su unidad y mando.

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