El G-8 diverge sobre Siria y coincide en las "débiles" perspectivas de la economía mundial

La cumbre de los países más industrializados del mundo (G-8) constató este lunes las divergencias entre sus líderes sobre el conflicto de Siria, pero su coincidencia de que la economía mundial ha mejorado frente al pasado año. Los jefes de Estado y de Gobierno de EEUU, el Reino Unido, Alemania, Japón, Francia, Italia, Canadá y Rusia estarán reunidos dos días en el exclusivo hotel de Lough Erne, al borde de un lago en plena campiña, protegido por una valla de siete kilómetros y un despliegue policial nunca visto en esta provincia británica de conflictivo pasado.

 

Con nubes y claros en el cielo, el G-8 evidenció la preocupación por el conflicto en Siria entre partidarios y detractores del régimen de Bachar al Asad, que ha causado 90.000 muertos en dos años, y la constatación de los líderes de que es preciso poner fin a la violencia. Tras una larga reunión bilateral de dos horas, Putin y Obama señalaron esta noche que persisten sus divergencias sobre la solución al conflicto de Siria pero que es preciso que las partes enfrentadas negocien y subrayaron que comparten el interés de poner fin a la violencia.

 

El G-8 llegaba a Lough Erne, cerca de la tranquila localidad de Enniskilen, después de que Estados Unidos asegurara que hay evidencias de que el régimen sirio utilizó armas químicas contra los rebeldes y del rechazo de Rusia a una zona de exclusión aérea sobre Siria por considerar que viola el derecho internacional. La cumbre de los países ricos durará apenas 24 horas, desde las 14.30 GMT de hoy hasta aproximadamente la misma hora de mañana, pero tiene una agenda muy apretada que incluye debates sobre la economía global, la liberalización comercial, la lucha contra el terrorismo, la transparencia y el combate contra la evasión fiscal.

 

La primera sesión plenaria trató hoy sobre el estado de la economía mundial, que el G-8 coincide en que se encuentra en mejor situación que en la reunión de hace un año en Camp David (EEUU) si bien siguen los riesgos. Las perspectivas de la economía global siguen siendo "débiles" pero los "riesgos a la baja" han remitido gracias a las iniciativas tomadas en las grandes áreas monetarias del G-8 -Eurozona, Japón y EEUU- y a la "resistencia" de las economías emergentes, señalaron.

 

Superada "la amenaza existencial" sobre el euro

 


Según Herman Van Rompuy, presidente del Consejo Europeo, la Eurozona ha superado "la amenaza existencial" que pendía hace un año sobre la moneda única y la Unión Europea puede asegurar a los países del G-8 que su situación económica ha mejorado desde entonces.

 

Poco antes de que comenzase el encuentro, Obama, Cameron y los representantes de la UE anunciaron el inicio oficial en julio próximo de las negociaciones de un tratado de libre comercio entre EEUU y la UE, que podría tardar dos años en concluirse. "Creo que estas negociaciones serán difíciles y que todos vamos a tener sensibilidades que habrá que abordar", apuntó el presidente de Estados Unidos, mientras Cameron habló de "una oportunidad en una generación" para crear "más empleos, precios más bajos y ayuda para las familias trabajadoras".

 

En esta cumbre, Cameron quiere sacar adelante compromisos contra el fraude y la evasión fiscal, ante el creciente escándalo por las estrategias que utilizan las multinacionales para evitar pagar impuestos en el país en el que operan, a través de paraísos fiscales. Impuestos, transparencia y comercio es el lema elegido por el premier británico para la reunión, que ha evitado poner en su centro a los países en desarrollo y las estrategias contra la pobreza, como ocurrió en la última cumbre británica en Gleneagles (Escocia) en 2005, algo que Cameron justifica en la necesidad de afianzar la recuperación.

 

La cumbre que se celebra el día en que el diario The Guardian denuncia un posible espionaje del Reino Unido durante las reuniones del G20 en 2009 para acometer las negociaciones en situación ventajosa.

 

Por PATRICIA SOUZA (EFE)Enniskillen (Irlanda del Norte)17/06/2013 22:34

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Martes, 18 Junio 2013 06:50

Los planes de Rohani

Los planes de Rohani

El presidente electo iraní, Hasan Rohani, dijo ayer que Teherán está dispuesto a reducir tensiones con Estados Unidos. Asimismo, subrayó que la distensión sólo se construirá sobre el respeto mutuo y aseguró que no tiene previsto suspender el programa de enriquecimiento de uranio de su país. En la primera conferencia de prensa tras resultar triunfador en las elecciones del viernes pasado, Rohani advirtió a Washington que deberá reconocer el derecho de Irán al uso de energía nuclear con fines pacíficos y no interferir en sus asuntos internos antes de mantener conversaciones directas.

 

El clérigo de 64 años, negociador nuclear iraní entre 2003 y 2005, insistió no obstante en que Teherán será más trasparente en relación con sus actividades en este ámbito en el futuro. “Con Estados Unidos tenemos una vieja herida, pero seguimos esperando mirar al futuro y reducir la tensión”, dijo Rohani. “Lo que Estados Unidos debería hacer en primer lugar es dejar de interferir en los asuntos internos de Irán, aceptando todos los derechos de Irán, que son legítimos e internacionalmente reconocidos, inclusive los derechos nucleares”, agregó. En todo caso, dio a entender que no parará el enriquecimiento de uranio, la cuestión más delicada del enfrentamiento nuclear entre su país y Occidente, aunque espera llegar a un acuerdo similar al que él mismo alcanzó con el entonces presidente francés, Jacques Chirac. “Por esa vía podemos volver a empezar ahora”, sugirió.

 

Estas palabras son una clara demarcación de los límites en los que se circunscribirá el nuevo vínculo Teherán-Washington y son entendidas como una respuesta a Estados Unidos, cuyas autoridades se mostraron esperanzadas en que Irán haga los cambios necesarios para trabajar con la comunidad internacional. El domingo, el jefe de gabinete de la Casa Blanca, Denis McDonough, declaró que si el líder moderado está interesado en arreglar las relaciones de Irán con el resto del mundo, como dijo en sus actos de campaña, existía la oportunidad para ello.

 

Rohani trató el tema de las sanciones internacionales que pesan sobre Irán. “Son injustas y opresivas”, aseveró. “El pueblo de Irán no ha hecho nada para sufrirlas y ha cumplido la ley y los acuerdos internacionales” en lo referente a su programa nuclear, defendió Rohani, quien dijo que para aliviar las sanciones planteará claridad y medidas de confianza.

 

“Vamos a aclarar a todo el mundo que las actividades de la República Islámica en el marco nuclear están dentro de la ley internacional”, dijo, además de crear más confianza con el mundo, vía por la que espera que se alivien las sanciones. De ese modo, espera que se pueda mejorar la situación interna. Asimismo, se refirió al uso de los recursos financieros para dirigirlos al sector productivo, para asegurar la disponibilidad de bienes, en especial los básicos, aunque manteniendo algunos subsidios a los más desfavorecidos.

 

Puso, de todos modos, como prioridad de su política exterior a los 15 vecinos de Irán, en especial a los Estados árabes del Golfo Pérsico, con los que mantiene permanentes tensiones, y recordó que el primer acuerdo de seguridad con Arabia Saudita, su principal rival en la zona, se hizo con su firma. Incluyó en la lista a los países latinoamericanos, con los que dijo querer estrechar las relaciones, a partir de la alianza que Ahmadinejad construyó con Venezuela, Cuba, Nicaragua, Ecuador, Brasil y Bolivia.

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 "La crisis es una gran maniobra del capitalismo para destruir Europa"

Boaventura de Sousa Santos es doctor en Sociología del Derecho por la Universidad de Yale y catedrático de Sociología en la Universidad de Coímbra. Este fin de semana está en Madrid con la Universidad Popular de los Movimientos Sociales (UPMS), una iniciativa que llega por primera vez a España y reúne durante los dos días a más de 40 colectivos y movimientos sociales, académicos y artistas de varios países en busca de fórmulas para organizarse y reconstruir el maltrecho sistema democrático en Europa.

 

¿Se puede decir ya que el proyecto de la UE es un fracaso?

 

Sí. La UE era un proyecto de cohesión social para crear un bloque nuevo y fuerte; un bloque económico, político y social, con políticas de cohesión muy importantes. La UE se concibió con dos ideas muy potentes: la de no volver a las guerras mundiales, provocadas ambas por el mismo país, y la de eliminar las periferias que existían desde el siglo XV: los países nórdicos, el sur de Europa (Portugal, España e Italia), el sureste (Balcanes y Grecia) y el este europeo.

 

El proyecto europeo iba a poner fin a esas periferias, con políticas muy importantes de fondos estructurales que pretendían uniformar la riqueza en Europa. En este sentido, el proyecto fracasó, pero es que muchos de nosotros ya sospechábamos que esto podía pasar, porque la existencia de las periferias era demasiado larga. Sin embargo, en los primeros años de la integración europea parecía que la UE resultaba: por ejemplo, en Portugal, la renta media alcanzó el 75% de la europea en 2000; sin duda nos aproximábamos y, de pronto, todo el proceso quebró y los países ex periféricos vuelven a ser tratados como tales. Desde entonces, la lógica colectiva de construcción social, económica y política ha pasado a ser una dinámica de centro-periferia que dominó sobre todas las otra lógicas. Una lógica, además, en la que el centro ni siquiera es la Comisión Europea, sino Alemania.

 

La UE debe reinventarse, hay que reinventarla. De lo contrario, el futuro en Europa se presenta muy negro.

 

¿Y el proyecto del euro? ¿En qué punto está?

 

La pregunta sobre el proyecto del euro no es si fracasó o no, sino qué es lo que se pretendía con él. Y en este caso, existió la trampa desde el inicio, porque el euro fue una de las formas en que el neoliberalismo internacional penetró en Europa, que hasta entonces, era el bastión de defensa del Estado social; el único donde el neoliberalismo no había entrado gracias a que los países tenían partidos socialistas y -también a veces en la oposición- partidos comunistas, ambos muy fuertes. Los partidos venían de una tradición socialdemócrata muy arraigada que exigía educación pública, sanidad pública o sistema de pensiones públicos, por lo que la resistencia a que el neoliberalismo entrase país a país era muy grande. Por eso no penetró así, sino que lo hizo por encima: a través de la Comisión primero, por el Banco Central Europeo (BCE) después y por el euro finalmente.

 


Mediante la construcción neoliberal del euro y el BCE, el país dominante desde entonces -Alemania- ha puesto sus reglas y la moneda es definida en su valor internacional de acuerdo a los intereses económicos de Alemania, y no a los intereses de Portugal o España, por ejemplo. A los países del sur, increíblemente, nunca se les ocurrió la idea de que pudiera ocurrir esto, porque se creyeron lo de que estaban en un bloque político y económico, en donde no había deuda griega o española o portuguesa, sino que existía la cohesión y nunca habría especulación. Sin embargo, debido a los intereses de sus bancos, Alemania decidió que sí habría deuda griega, irlandesa, portuguesa o española, con lo que hizo a estos países muy débiles, sin que Europa les diese garantías y promoviendo la especulación financiera al transmitir la idea de que estos países sólo encontrarían la solución después de una intervención brutal.

 

Una intervención que no ha servido para nada y que ahora, parece que empiezan a reconocerlo así quienes la impusieron. ¿Estamos ante una improvisación o el juego está totalmente calculado?

 

Es más trágico todavía, porque no es nada nuevo. El problema de Europa es que ni tiene nada que enseñar al mundo ni puede aprender con el mundo. Nada que enseñar porque la sequía de ideas, novedades o alternativas aquí es total y nada que aprender porque la arrogancia colonial de este continente es absoluta también y no le permite aprender. Por ejemplo, cuando decimos: "En Brasil, Argentina o Ecuador se hizo así", y enseguida nos respondemos: "Ésos son países menos desarrollados".

 

¿Seguimos con ese sentimiento de superioridad?

 

Seguimos con esa arrogancia colonial, sí. Y no lo tomamos en serio, pero es que eso que ha dicho el FMI hoy, lo dijo en Tanzania, Mozambique e Indonesia antes, lo conozco bien. Lo de aplicar las medidas y después, decidir que fueron excesivas es recurrente. Y una agencia  que ha aplicado unas medidas que han generado tanta pobreza, tanto sufrimiento en los países, debería ser demandada ante los tribunales; y ya no digo por un delito criminal, pero al menos, sí por negligencia. Tiene que haber una reparación civil para los países afectados, porque, además, dicen que cometieron un error con sus políticas y las siguen aplicando.


No hay propósito de la enmienda...

 

Ninguno. Pero es que, además, a la UE no le gusta que el FMI se retracte, porque está comprometida con las políticas de austeridad y si en Alemania se percibe que son negativas, Angela Merkel puede perder las elecciones. Todo está organizado para que nada cambie hasta las elecciones alemanas, por lo que Italia, Grecia, Portugal o España deben esperar y lo hacen, digo yo siempre, con una democracia suspendida.

 

Y los ciudadanos que sufrimos los recortes, ¿qué podemos hacer? ¿También hemos de esperar a que transcurran las elecciones alemanas para presionar a nuestros gobiernos y que hagan algo, en su caso?

 

Los gobiernos no van a hacer nada, porque como digo, son completamente dependientes del mandato alemán. Y aunque la gente rechaza esto, no lo hace de una manera fuerte y articulada. Este fin de semana, con el proyecto de la Universidad Popular de los Movimientos Sociales (UPMS), precisamente, estamos intentando ver cómo se puede resistir, conociendo las diferencias de los distintos grupos, averiguando por qué unos están interesados en una medida y otros en otra o por qué algunos creen que se debería crear un partido y otros no. La semana pasada, en Portugal, estuve trabajando en una iniciativa con el ex presidente de la República, Mario Soares, a través de la cual juntamos a 600 personas en una sala para pedir la caída del Gobierno actual, elecciones anticipadas y un Ejecutivo de izquierdas. Fue la primera vez, después del 25 de abril, que conseguimos juntar a representantes del Partido Comunista, del Socialista y del Bloque de Izquierda para formar una alternativa de izquierdas. Aunque sabíamos que por razones históricas es muy difícil lograrlo.

 

Como en España...

 

Aquí también, aquí también... Y en Portugal, al final, nos dimos cuenta de que era imposible, que jamás habría una alternativa de izquierdas. ¿Por qué? Porque, por un lado, Bloque de Izquierda y Partido Comunista quieren renegociar la deuda y, además, han concluido que parte de esta deuda no se puede pagar -es el 130% del PIB-, o abocaremos al empobrecimiento a las generaciones siguientes. Todo el dinero que entra de la troika va a pagar la deuda, ni un céntimo va para la salud o el hogar de las personas.

 


Por otro lado, el Partido Socialista, que está dominado por la lógica del neoliberalismo desde hace tiempo, quiere ser Gobierno, además, en el marco europeo dominado asimismo por el neoliberalismo. Por tanto, propugna que de negociar la deuda, nada: hay que pagarla toda, aunque se negocie sobre las tasas y los periodos de pago, por ejemplo.

 

Y ahí se acaba el objetivo de la reunión, unir a la izquierda.

 

Ahí se acabó.

 

¿Cómo ve en España a los partidos de izquierdas?

 

La misma división, aunque en Portugal es más grave, porque... ¿Quiénes fueron los invitados españoles a la reunión de Club Bilderberg en Hertfordshire (Reino Unido)?

 

El ministro de Economía, Luis de Guindos; el consejero delegado del Grupo Prisa, Juan Luis Cebrián; el de Inditex, Pablo Isla,... ¿Por qué?

 

Porque la asistencia desde Portugal fue muy interesante, muy ilustrativa sobre el futuro: acudieron al Bilderberg el secretario del Partido Socialista y el secretario del partido de derechas que está en el Gobierno, o sea, que la elite internacional ya ha decidido las elecciones. Los portugueses van a trabajar hasta las próximas elecciones, luchando para que haya un Gobierno de izquierdas -idiotas ellos-, las elecciones ya están decididas y los socialistas comulgan con eso. Por eso, yo creo que en Europa vamos a entrar en un periodo cada vez más duro y con más recortes; yo le llamo un periodo post institucional (‘Después de las instituciones'), porque las instituciones del Estado no responden y la gente no se siente representada por estas instituciones.

 

¿Qué podemos esperar de un periodo así?

 

Será un periodo turbulento y largo, a mi juicio, y será una lucha por la redefinición de la democracia. No es casualidad que los jóvenes aquí en España o en Portugal hablen de Democracia Real o apelen a la Democracia Ya, porque la democracia en Europa está suspendida y derrotada. Ha habido un conflicto entre democracia representativa y capitalismo y ha ganado el capital.

 

¿Y hay alguna posibilidad de que se levante de nuevo la democracia?

 

Sólo cuando el capitalismo tenga miedo. Hasta ahora, los bancos han sido rescatados con dinero público, pero no habrá posibilidad de rescatarlos de la misma manera otra vez, a menos que los ciudadanos sean reducidos a la condición de esclavos. Puede haber una catástrofe y tenemos que luchar antes de que llegue, buscando todos los errores que se cometieron en las políticas progresistas de Europa. Por ejemplo, creer que sólo un pequeño grupo en cada país era politizado: los miembros de partidos, ONGs o de movimientos sociales. El resto de ciudadanos era una masa informe, despolitizados que no tenían ninguna relevancia política, pero que son los que están ahora en la calle.

 

De ellos va a venir el futuro; la transformación democrática va a llegar de la mano de todos los indignados: pensionistas, jóvenes, médicos, profesionales,... que implican, además, una unión intergeneracional que antes no existía y que tienen que llevar a cabo una revolución democrática; la necesitamos para no llegar a la catástrofe.

 

¿Cómo se aborda una revolución democrática en la situación actual? ¿Qué significado tiene más allá de los términos?

 

Significa democratizar la democracia a través de un movimiento popular muy fuerte, que a veces resultará violento, aunque nunca contra las personas, y a veces resultará ilegal, porque una de las características de los Estados neoliberales es ser cada vez más represivos.

 

¿Con ser violentos se refiere, por ejemplo, a los escraches y con ser ilegales, a iniciativas como Rodea el Congreso?

 

Sí, hay que fortalecer todos esos movimientos.

 

¿También el 15M en su conjunto? Hay quien tiene la percepción de que es un movimiento que nació con mucho ímpetu y se ha ido desinflando, perdiendo fuerza. ¿Tal vez porque ya es España un país resignado?

 

No creo que seamos -e incluyo a mi país, Portugal- países resignados, sino que hemos sufrido más de 40 años de dictadura; 48 años en mi país, más que en España. Mientras tanto, pasaban por nuestro lado los movimientos europeos de participación política (movimiento estudiantil, el de 1968, por la liberación de las colonias,...) Estábamos muy aislados, por eso nuestros países no tienen ahora la cultura democrática de resistencia. Por otro lado, hay elementos coyunturales que influyen en los movimientos y, por ejemplo, no podemos creer que las plazas se van a llenar igual en invierno que en primavera o verano.

 


Además, los movimientos al mismo tiempo que maduran, se dividen: hay gente centrada en los desahucios, otra en la sanidad; gente que cree que se debería crear un partido, otros que no; personas que hablan de consejos populares, formas de control ciudadano,...

¿Y cómo se organiza todo eso? ¿Con qué nos quedamos?

 

La revolución democrática va a tener dos pies: cambiar la democracia representativa neoliberal a través de un cambio del sistema político que conlleva, a su vez, un cambio del sistema partidos. Es decir, que conlleva la participación de independientes en el sistema político, en la regulación y financiación de los partidos, en el sistema electoral,... Hay mucho que hacer, pero sobre todo, sabiendo que la reforma nunca va a venir de los partidos, que saben que saldrán perdiendo con esto, sino que va a venir de los ciudadanos. La democracia participativa resultante -de la que ya tenemos experiencia fuera de Europa- traerá nuevas formas de actuación: referéndums, consejos populares, consejos sectoriales, presupuestos participativos a nivel local o regional, por ejemplo;... O sea, democracia directa que controle a los elegidos, que vaya más allá de la autorización a gobernar; que vaya hasta la rendición de cuentas, ésta que debe llegar de fuera, de ciudadanos organizados. El problema es que ahora no están organizados.

 

¿Se refiere al movimiento de los indignados? ¿Qué crítica(s) tiene que hacerles?

 

Tengo varias. Primero, a las asambleas en donde se toman decisiones por consenso que pueden ser totalmente paralizantes, pues una pequeña minoría puede impedir cualquier decisión. Con fórmulas dominantes de decisión no va a haber formulación política; y sin formulación política no hay alternativas. Segundo, al sistema de gran autonomía individual que manejan (cada uno decide cuándo entra y cuándo se va, por ejemplo) y que es más semejante al neoliberalismo de lo que piensan. Un movimiento no se construye con autonomía individual, sino con autonomía colectiva. Y no la tienen. Tercero, un rasgo que estamos viendo, sobre todo, en los acampados de EEUU y en algunos de aquí: tiene más legitimidad quien se queda más tiempo acampado en la plaza. No tienen en cuenta que hay que gente que es muy buena, pero que tiene que ir a trabajar o ir a casa a atender a los niños. ¿Son menos legítimos por eso? No, porque permanecer más tiempo en una plaza no es un criterio de legitimidad democrática.

 

¿Todo esto no ha impedido avanzar más al movimiento de los indignados?

 

Yo trabajo con ellos como intelectual de retaguardia, que es lo que me considero, y creo que en estos momentos, no son un movimiento; son presencias que no tienen propuestas muy concretas y los entiendo, porque es todo el sistema el que está podrido y quieren reconstruirlo desde abajo. Para ello, piden una nueva Constitución y eso sí es positivo; piden un impulso constituyente, algo que yo vengo defendiendo: una nueva Constitución que retire el monopolio de la representación política a los partidos; que establezca diferentes formas de propiedad, más allá de la estatal y la privada -se han perdido las formas de propiedad comunal o de cooperativa, por ejemplo-; que asiente una nueva forma de control social más articulada; una reorganización total del sistema de justicia, y una fórmula para proteger nuestras constituciones de la especulación financiera y de deudas que no se pueden pagar.

 


Esa deuda es precisamente la coartada para imponer las políticas de austeridad...

 

Pues mire lo que pasa en Portugal con ellas: una deuda del 130% del PIB, el desempleo creciendo y una recesión cada vez mayor. Quienes gobiernan lo saben y, por eso, yo estoy cada vez más convencido de que esto no es una crisis. Tenemos que luchar también por los términos del debate, porque esto no es una crisis: es una gran maniobra del capitalismo internacional financiero para destruir la última fortaleza que existía en el mundo de protección social y trabajo con derechos. El remedio de la crisis está empeorando la crisis o, lo que es lo mismo, el médico está matando al enfermo. Y lo peor es que no necesariamente cuanta más crisis hay, hay más resistencia. Porque hay niveles de crisis tan grande y en los que la gente está tan empobrecida, tan deprimida, que no sale a la calle; gente que se suicida, que toma ansiolíticos; gente que interioriza la crisis y se vuelve contra sí misma. Estamos entrando en ese proceso. Por eso, creo que este año va a ser decisivo para saber si tenemos energías y damos la vuelta a esto. Eso es lo que vamos a hacer este fin de semana en la UPMS, ver si podemos articular algo para generar turbulencias políticas que no permitan a estos gobiernos -estos sistemas de protectorado, en realidad- seguir gobernando.

 

Por ANA PARDO DE VERA Madrid15/06/2013 21:15 Actualizado: 16/06/2013 08:15

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Sábado, 15 Junio 2013 07:07

ALCA II

ALCA II

La Declaración de Lima se presentó en abril de 2011, luego se firmó El Acuerdo Marco de Antofagasta, en junio de 2012, para irrumpir con fuerza la Alianza del Pacífico con la Cumbre de Cali del 23 de mayo pasado en el tablero regional. La integran Colombia, Chile, Perú y México. En ese último encuentro de los presidentes de esos países fueron aceptados en calidad de observadores Ecuador, El Salvador, Francia, Honduras, Paraguay, Portugal y República Dominicana, que se unieron a España, Nueva Zelanda, Guatemala, Australia, Japón, Uruguay y Canadá, que ya lo eran. Costa Rica solicitó ser incorporado como miembro pleno. En la Declaración de Cali definieron la desgravación total de aranceles para el 90 por ciento del universo de bienes comercializados entre sus economías, y para el 10 por ciento restante se proponen alcanzar arancel cero en los próximos siete años. Ya han eliminado requisitos de visado para los ciudadanos de cada uno de los países miembro y proclamaron la aspiración de avanzar rápidamente hacia la creación de un mercado común. Un aspecto no menor es que los cuatro integrantes de la Alianza del Pacífico han suscripto en forma bilateral un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Mientras Brasil no asume con convicción un liderazgo positivo en la región y las instituciones de integración latinoamericana (Unasur, Mercosur, Alba, Celac) exhiben una inédita armonía política con escasos avances en materia económica y financiera en un contexto internacional complicado, emerge de la mano de Estados Unidos el proyecto ALCA II.

 

En noviembre de 2005, en la Cumbre de Mar del Plata, América latina, liderada por Lula, Chávez y Kirchner, clausuraron el proyecto de liberalización comercial ALCA impulsado por el presidente de Estados Unidos, George W. Bush. Transcurrieron siete años desde entonces, y la potencia mundial volvió a posar su mirada en Latinoamérica, motivada por la creciente presencia en la región de la potencia emergente, China. El segundo período del gobierno de Barack Obama comenzó con una agenda más activa vinculada con su área de influencia más cercana.

 

En Alianza del Pacífico: ¿El nuevo club neoliberal?, publicado en la red alainet, José Fortique explica que algunos especialistas en el tema geopolítico señalan que la nueva estrategia de los Estados Unidos con los Tratados de Libre Comercio es contener a China, que ha mostrado su fuerza con una diplomacia activa a nivel global. “La creciente inversión china en América latina en sectores mineros y energéticos se ha diversificado a la infraestructura”, indica, agregando que con abundancia financiera ha permitido a algunos países escapar del Fondo Monetario Internacional. Fortique plantea que el objetivo de la Alianza del Pacífico es el regreso “al proceso de reestructuración neoliberal de los ’70 a los ’90, como alternativa al proteccionista modelo de industrialización por sustitución de importaciones”.

 

En términos geopolíticos y económicos, el proyecto de construir otro canal de comunicación entre los océanos Atlántico y Pacífico en Nicaragua por parte de empresas chinas invirtiendo 40 mil millones de dólares a cambio de administrar la concesión por 50 años prorrogable por otro período similar, expone en toda la dimensión la disputa que se desarrolla en un territorio considerado de exclusiva influencia estadounidense. La relevancia del futuro Canal de Nicaragua queda en evidencia recordando el espacio clave en varios aspectos que tuvo el Canal de Panamá para Estados Unidos.

 

La Alianza del Pacífico marca el regreso con fuerza de la idea de la apertura pasiva al comercio mundial, reservando para América latina el papel de proveedora de recursos naturales, materias primas agropecuarias y alimentos. Con amplio apoyo de corrientes conservadoras y de grandes medios de comunicación, tiene asegurada su publicidad como la estrategia para alcanzar la bonanza en los países de la región. Colombia, Perú, Chile y México son economías exportadoras de petróleo o minerales, promotores del libre comercio y de políticas económicas ortodoxas. Economías de rápido crecimiento abrazando la globalización sin avances sustanciales en materia social ni en mejoras en la distribución del ingreso. El Producto Bruto Interno conjunto suma unos dos billones de dólares, 35 por ciento del total de América latina, un poco por debajo del contabilizado por Brasil, la potencia regional.

 

En la partida que disputan Estados Unidos y China en América latina, con la Alianza del Pacífico como un peón más de ese tablero, el comportamiento de Brasil es vital en la definición del rumbo de la integración latinoamericana. El permanente bombardeo al Mercosur es una señal de alerta, facilitado por un par de años de crecimiento muy bajo de Brasil y Argentina que provoca complicaciones al proyecto de integración. El establishment y la intelectualidad tecnocrática brasileña proponen desestimar las situaciones relativas de los socios del bloque porque sostienen que de ese modo Brasil está perdiendo relevancia política y económica en el continente, sugiriendo entonces un acercamiento a Estados Unidos. En ese fuego cruzado, Brasil necesita reafirmar su liderazgo regional para poder ser reconocido como tal en el escenario mundial de multipolaridad que tiene al grupo BRIC (Brasil, Rusia, India y China) como protagonista. Para ello, transitar un camino parecido al de la Alianza del Pacífico lo desplazaría a ser un actor subordinado de la política comercial y exterior de Estados Unidos, mientras que mantener su actual estrategia pone en tensión las estructuras de integración regional. En estos años, Brasil está imitando el comportamiento de Alemania con el resto de los países europeos: busca preservar e incluso aumentar el superávit comercial con sus socios y dilata el despliegue de los proyectos de construir una estructura financiera regional.

 

En El Cisma del Pacífico, publicado en la red sinpermiso.info, el profesor de política económica en la Universidad Federal de Río de Janeiro José Luis Fiori explica que históricamente el proyecto de integración regional “nunca fue una política de Estado, yendo y viniendo a través del tiempo como si fuese una utopía ‘estacional’ que se fortalece o debilita dependiendo de las fluctuaciones de la economía mundial y de los cambios de gobierno dentro de la propia América del Sur”. Apunta que durante la primera década del Siglo XXI los nuevos gobiernos del continente, que caracteriza de izquierda, sumados al crecimiento generalizado de la economía mundial –entre 2001 y 2008– reavivaron y fortalecieron el proyecto integracionista, en particular el Mercosur, liderado por Brasil y Argentina. Fiori destaca que después de la crisis de 2008 ese escenario cambió. “América del Sur se recuperó rápidamente, empujada por el crecimiento chino, pero este éxito de corto plazo trajo de vuelta y viene agudizando algunas de las características seculares de la economía sudamericana, que siempre obstaculizaron y dificultaron el proyecto de integración, como el hecho de ser una sumatoria de economías primarioexportadoras paralelas y orientadas por los mercados externos.” América latina, con Brasil ejerciendo un liderazgo ambicioso para la construcción colectiva de la integración, no para fortalecer su carácter de potencia hegemónica regional, enfrenta un reto mayúsculo: desafiar el destino de ser un actor pasivo en la división internacional del trabajo definida por las viejas, actuales y nuevas potencias mundiales, quedando Brasil en la condición de “periferia de lujo”, como describió Fiori, o trabajar en la profundización de la integración productiva industrial y construcción de una arquitectura financiera regional. La primera opción tiene como desenlace el ALCA II.


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El desproporcionado encanto de la Alianza del Pacífico

Las elites empresariales y mediáticas echaron las campanas al vuelo con la séptima cumbre de la Alianza del Pacífico, realizada en Cali (Colombia) entre el 20 y el 24 de mayo. El encuentro convocó nutridas delegaciones de directores de grandes empresas y a los presidentes de los cuatro países que la integran: Enrique Peña Nieto, Sebastián Piñera, Ollanta Humala y Juan Manuel Santos. Además, asistieron el primer ministro de Canadá y los presidentes de España, Costa Rica, Panamá y Guatemala.

 

Se dieron cita en Cali también delegaciones de Uruguay, Australia, Japón, Portugal, Nueva Zelanda y República Dominicana, que ya tenían el estatuto de observadores, a los que se sumaron ahora Ecuador, El Salvador, Francia, Honduras, Paraguay, Portugal y República Dominicana.

 

Se trató de un encuentro para aceitar negocios y potenciar las exportaciones de commodities que el presidente de Colombia se empeña en denominar “integración”, como hizo un año atrás en Antofagasta al asegurar que estamos ante “el proceso de integración más importante que ha hecho América Latina” ( El Espectador, 6 de junio de 2012). Sin que nadie se lo hubiera preguntado, destacó que la alianza “no es contra nadie”, aunque es evidente que está orientada contra el Mercosur y la Unasur y, más en concreto, busca aislar a Brasil.

 

Los defensores de la alianza destacan que representa 35 por ciento del PIB latinoamericano y 55 por ciento de las exportaciones de la región al resto del mundo, y que durante 2012 los cuatro países tuvieron un crecimiento mayor que el resto de la región. No aportan, sin embargo, algunos datos elementales. Es cierto que exportan más que el Mercosur (573 mil millones de dólares frente a 438 mil millones), pero sus exportaciones se concentran en minerales en bruto e hidrocarburos. Sólo 2 por ciento de las exportaciones se dirigen a los otros países de la alianza, mientras 13 por ciento de lo que exportan los miembros del Mercosur es comercio intrazona, que siempre comporta mayor valor agregado.

 

Si se mira un poco más atrás, los datos son aún más contundentes. El comercio intrazona de la Alianza del Pacífico creció en 215 por ciento en los últimos 10 años, mientras el intercambio interno del Mercosur se expandió 376 por ciento en el mismo lapso ( La Nación, 9 de junio de 2013). En paralelo, los cuatro presidentes de la alianza hicieron anuncios ridículos que los ponen en evidencia: crearon un fondo de un millón de dólares (250 mil dólares por país) para apoyar proyectos contra el cambio climático, a favor de la ciencia y la tecnología, las pymes y el desarrollo social.

 

Tiene razón Theotonio dos Santos cuando se le pregunta por la Alianza de Pacífico: “¿Qué es lo que el gobierno de Estados Unidos puede ofrecer a los países del área del Pacífico? Comercio con Estados Unidos”. Y aclara: “Los países que entran en tal asociación no hacen acuerdos entre ellos, hacen acuerdos de cada uno de ellos con Estados Unidos: eso no es integración. Es más, cada uno de ellos en la relación con Estados Unidos se va a convertir en deficitario” (Alai, 11 de junio de 2013).

 


En efecto, la Alianza del Pacífico tiene tres objetivos. Uno: sujetar a los países del Pacífico como exportadores de bienes naturales, consolidarlos como países sin industria y enormes desigualdades y, por lo tanto, con crecientes dosis de militarización interna. Dos: impedir la consolidación de la integración regional y aislar a Brasil, pero también a Argentina y Venezuela. Tres, y esto nunca lo dicen sus defensores: formar la pata americana de la Alianza Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés), que Estados Unidos pretende convertir en el brazo económico de su megaproyecto militar para contener a China.

 

Desde la izquierda se ha denunciado con acierto que la Alianza del Pacífico se inscribe en la política estadunidense de consolidar su hegemonía en la región, que pasa por impedir que surjan bloques fuera de su control. No explican, sin embargo, por qué el Mercosur está estancado y en crisis, al punto que el Uruguay de José Mujica se propone ingresar en la Alianza del Pacífico. No se habla, tampoco, de las razones por las cuales el Banco del Sur no avanza o lo hace a pasos sospechosamente lentos. Ni se mencionan las razones de fondo de la crónica crisis comercial entre Argentina y Brasil.

 

Abordar estos problemas sería tanto como someter a escrutinio las políticas de los gobiernos progresistas de la región. Quizá la limitación mayor del progresismo sea su incapacidad para confrontar, ideológica y políticamente, con las elites empresariales, sobre todo por parte de Brasil y Uruguay, pero también de Bolivia y Ecuador. Allí donde hay cierta confrontación, casos de Venezuela y Argentina, ésta se debe a las ofensivas de las derechas pero no se debaten modelos de país y se sigue apostando a un extractivismo que lleva agua al molino de la Alianza del Pacífico. Para exportar petróleo, soya, carne y lana a China no hace falta integración regional.

 

Las derechas hablan claro. Roberto Gianetti, de la Federación de las Industrias del Estado de San Pablo, propuso librarse de la “camisa de fuerza del Mercosur” y rebajarla de unión aduanera a zona de libre comercio. “No vamos a concluir ningún acuerdo teniendo a Argentina y Venezuela como socios”, dijo en relación con los 14 años que lleva el Mercosur negociando un TLC con la Unión Europea.

 

Aécio Neves, candidato de la derecha en las elecciones brasileñas del próximo año, dijo que el Mercosur está anquilosado y propuso transformarlo en “una área de libre comercio que permita a cada Estado miembro firmar acuerdos comerciales con otros países” y pone como ejemplo de dinamismo a la Alianza del Pacífico ( La Nación, 9 de julio de 2013). Lo mismo dice el inefable Domingo Cavallo, uno de los mayores responsables de la crisis argentina. Es evidente que estamos ante una ofensiva de las derechas aliadas de Washington que lanzan un desafío que las izquierdas no saben o no quieren responder. La Alianza del Pacífico no crece por mérito propio sino por las ambigüedades del progresismo.

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Assange: impera una ideología, la de Occidente

El sol se ha resignado a entibiar la tarde londinense y Julian Assange parece tranquilo. En medio del acoso judicial, financiero y propagandístico; llevando a cuestas la hostilidad de tres gobiernos, entre ellos el más poderoso del planeta; satanizado por tirios y troyanos –las derechas occidentales lo acusan de terrorista y no faltan, desde las izquierdas, voces delirantes que ven en Wikileaks una fachada de la CIA–; puesto a competir en el terreno de la inteligencia con enormes instituciones de espionaje y represión; obligado a escoger entre una carambola de extradiciones que podría llevarlo a un juicio en Alexandria, Virginia, o la reclusión en la embajada de un país lejanísimo, pero amistoso, Julian Assange conserva la calma. No hay en él un optimismo desbordado. Por el contrario, su percepción del actual momento planetario tiene acentos sombríos:

 

“El fin de la guerra fría y de las disputas ideológicas clásicas nos llevó a una posición en la cual toda la Tierra se cocina simultáneamente en una misma ideología, la occidental, y no tenemos perspectiva. Varios pensadores creen que se mueven en una corriente diferente y que tienen alguna perspectiva, pero eso es imposible. Necesitas llegar del profundo pasado o del profundo futuro o de otro planeta para tener ahora un adecuado sentido de la perspectiva, porque la ideología occidental domina por completo y ha penetrado el sistema. Tal vez los budistas, en todo caso, tengan alguna perspectiva distinta. Pero para todos los que venimos de una cultura europea, y eso incluye a América Latina, no hay una perspectiva adecuada. Este cambio ideológico domina la Tierra.

 

“Luego, hay muy poco espacio para movimientos, porque vivimos en una mediocracia: los medios definen el marco en el cual ocurre toda la acción política. Si los medios facilitan que la gente diga una cosa a un grupo y otra a otro, entonces esa es la estrategia más exitosa y eso es lo que la gente hace. Cuando los medios han manufacturado el consenso, cuando meten miedo o bombardean con propaganda, corrompen la percepción de la realidad, y andamos por ahí, en la niebla, sin saber en verdad dónde existimos. Y, ¿cómo puede la gente apoyar a un grupo o un proyecto determinado si no puede ver el lugar en el que existe? Es imposible.

 

Mentir produce ganancias

 

“Voltea a las campañas de difamación emprendidas por la Oficina Federal de Investigación (FBI por sus siglas en inglés) en contra de personas que hacían algo genuino, que promovían la justicia. Esas campañas desalientan a la gente que busca orientar a la sociedad hacia una situación de mayor justicia y le dificultan las cosas. Si esas personas comienzan a tener éxito y la gente lo reconoce, y son apoyadas y otros promueven ese proyecto, comienza a rendir frutos. Entonces las atacan con rumores y difamaciones y mentiras, difundidos por los medios del establishment y otros que actúan por mera inconciencia. Tal vez eso no frene al proyecto pero reduce su posibilidad de éxito, y ese es el ambiente político en el cual existimos.

 

“Míralo desde otra perspectiva: ¿Por qué siempre son malos los vendedores de coches? ¿No debería haber unos buenos y otros no tan buenos? Pero ocurre que los que son honestos están en competencia con los que mienten y así no obtienen ganancias Y, ¿por qué mienten los que mienten? Porque la mayoría de la gente no sabe nada acerca de los coches. Así que es un ambiente en el cual mentir produce ganancias, lo cual implica que es peligroso comprar un auto usado.”

 

–“Cambiar la vida, dice Rimbaud. Transformar el mundo, dice Marx. Para nosotros, ambas consignas son una sola”. ¿En qué te hace pensar esta frase de André Breton?

 

–Estoy totalmente de acuerdo con ella. Cualquier cosa que podamos hacer, con el mínimo significado, debe ser hecha en el mundo en el que vivimos. Si no conocemos el mundo lo que hacemos no tiene significado. Así que para empezar tenemos que conocer. ¿Y cómo conocemos? A partir de nuestra propia experiencia, pero también a partir de la experiencia de otros. Otros tienen mucha más experiencia de la que nosotros podríamos tener. ¿Y cómo nos transmiten su experiencia? Por medio de las palabras.

 

“Lo primero que hay que hacer es cambiar el sistema de conocimiento, el flujo de información y la educación. Me di cuenta de esto hace mucho, y por eso no me metí a la política sino que empecé con Wikileaks: porque dar a conocer información, sacar fuentes primarias y hacerle la vida difícil a las instituciones que se manejan con secretos, son cosas que cambian el entorno de los medios, el ambiente del conocimiento.”

 

“La gente necesita ver la esperanza. Para involucrar a gente buena tienes que mostrarle que una actividad determinada llevará a buenos resultados, y para eso se requiere de motivaciones éticas. Pero al final, todo se reduce a cuánto se puede conocer la circunstancia política. Si regresamos a la clásica descripción marxista, la gente debe reconocer su propia clase y posición. Si los individuos no reconocen que están juntos, bajo determinadas condiciones, todo lo demás no tiene esperanza. En un contexto moderno, debemos permitir que la gente reconozca sus condiciones y ello significa dificultarle la posibilidad de mentir pero, sobre todo, hacer que para los políticos sea difícil mentir.

 

“Uno de mis descubrimientos aquí en Londres es cuánto miente la gente y qué tan seguido, y cuán normal es que la gente del establishment mienta, ponga trampas. Es lo mismo en Suecia. De hecho, con todos los países con los que he tratado, que han sido imperios; también en España –que durante mucho tiempo fue la cabeza de un imperio–, ese parece ser el resultado cultural, porque cuando tienes un imperio necesitas decirle una cosa a los campesinos, otra a los trabajadores industriales, otra a las trabajadores en los medios, otra a los banqueros, otra a los que apoyan desde el exterior, y así reduces la oposición y maximizas el apoyo. Creo que ese es un resultado natural para los grandes partidos políticos, si quieren permanecer en el poder durante mucho tiempo. Pero estas promesas entran en conflicto, así que la única manera que tienes de resolver estos conflictos es mentir. Por eso siempre he pensado que la política, como se hace tradicionalmente, no genera esperanzas.”

 

–Y sin embargo, te has postulado como candidato al Senado australiano y estás formando un partido político en tu país...

 

–Y ahora según las encuestas en Australia, tenemos 40 por ciento del apoyo de la gente menor de 30 años, a pesar de ser la primera elección en la cual contendemos...

 

–Sea. Pero ahora estás en la lucha por el poder; un partido es un instrumento para luchar por el poder.

 

–Un tipo de poder, sí, pero en esencia es el mismo tipo de poder por el cual Wikileaks ha luchado: el poder de revelar, de sacar la verdad a la luz.

 

–Quieres ganar una elección.

 

–Sí, pero no para hacer gobierno. Contendemos por el Senado, que es la cámara que fiscaliza, su función es vigilar al gobierno y hacer comparecer a los funcionarios. En Australia no tenemos el cargo de presidente, así que no importa qué tan popular sea, no puedo ganar. Tenemos un primer ministro, pero es elegido por el Parlamento. Así que tenemos que llegar a una posición en la cual controlemos más de la mitad del Parlamento. Quizá en algunos años, pero no en este.

 

–Julian, cuando fundas un partido y contiendes en una elección, siempre corres el peligro de llegar al poder.

 

–Sí (risas). Pero en esta elección lograríamos una posición de poder relativo: de uno a tres senadores. Eso es relativamente poderoso, pero es un poder pequeño comparado con el que Wikileaks ya ostenta como organización.

 

El imperio de los países angloparlantes

 

“Muchas veces los australianos se llaman a sí mismos, con desprecio, el estado 51. Pero es un hecho: Australia es un estado de Estados Unidos que no tiene derecho al voto. Tenemos un presidente, Obama, por el cual no votamos. Una vez que reconoces esto –yo me di cuenta hace 10 años–, comprendes que tienes que interactuar directamente con el imperio. Tienes que interactuar directamente con el gran centro de poder. No puedes tener la actitud de “me ocupo de lo mío”. Pero lo importante es la alianza anglófona, a la que quizá deberíamos llamar el imperio occidental: la alianza de Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá, Australia, Nueva Zelanda.

 

“Es una alianza que comparte inteligencia: muchos documentos oficiales estadunidenses están clasificados como “secreto/no forn”. ¿Qué significa este “no forn”? Significa “no extranjeros” (foreigners), es decir, que el documento está vetado para cualquier ciudadano de los socios aliados de Washington como Alemania o Italia, así se trate de un agente de seguridad o de un empleado de la OTAN.

 

“Pero una regla recientemente aprobada por los servicios de inteligencia de Estados Unidos establece que ciudadanos de Gran Bretaña, Australia y Canadá pueden tener acceso a documentos “no forn”.
“En Wikileaks revelamos un enorme ejercicio conjunto de inteligencia militar de alta tecnología que involucra a Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Gran Bretaña, que se lleva a cabo anualmente: se llama Operación Reto del Imperio [http://goo.gl/cWaTc]. Si alguien hace algo molesto, todos los satélites espías se comunican entre sí, además de los aviones y las tropas de esos cinco países, para enfrentar la situación. Esa es la manera en que internamente se conciben y se llaman a sí mismos “el imperio”. Así que mover políticamente a Australia es una manera importante de mover políticamente al imperio, porque Australia es parte de él.”

 

–Es una perspectiva. Pero en lo inmediato, me parece que eres la persona que ha sufrido la peor persecución política internacional desde León Trotsky.

 

–No estoy seguro de que la comparación sea natural –rezonga Assange–. En lo que probablemente tengas razón es en que la amenaza que el Kremlin veía en Trotsky es similar a la amenaza que el imperio occidental percibe en mí: tanto un símbolo como un liderazgo práctico. Y en ambos casos se trata de percepciones.

 

“¿Qué amenaza real represento para el establishment occidental? ¿Y qué amenaza real representaba Trotsky para la Unión Soviética? Es difícil de evaluar. Pero, finalmente, si hay una amplia percepción de amenaza, entonces hay una amenaza. Un poco como en el futbol: ¿qué importa si gana un equipo o el otro? Eso no cambia gran cosa. Pero para que un balón sea relevante, basta con que mucha gente sienta que lo es.”

 

–En todo caso, eres un balón que vive bajo persecución. Y bajo amenaza.

 

–Hubo una amenaza de asalto a la representación de Ecuador por parte del gobierno británico. Hubo policías bajando por cuerdas, esta embajada rodeada de policía, temprano en la mañana, y una amenaza formal por escrito. La indignación por el intento de violación a la soberanía de la embajada llevó a que el gobierno británico se retirara, y no volverá a intentarlo. Puede realizar otro tipo de ataques pero no va a intentar asaltar la embajada. Pueden resoplar todo lo que quieran. La realidad es que Ecuador evaluó la situación y me dio asilo político.

 

–Algunos, en los medios pro occidentales, y no digo que esté de acuerdo con ellos, afirman que es paradójico que le hayas pedido asilo a un gobierno acusado de reprimir la libertad de expresión.

 

–No hay paradoja. Sería una paradoja si pidiera asilo a un país que no ofrece asilo. Nadie hace un juicio semejante acerca de alguien que pide asilo a Estados Unidos; no dicen “cómo puedes pedir asilo allí en donde ha colapsado el imperio de la ley”, etcétera. De hecho, no pocos de los ataques internacionales contra la reputación de Ecuador en materia de libertad de expresión son simplemente intentos por descalificarme, y en esos casos el gobierno ecuatoriano es sólo un blanco de proximidad. En lo que a mí respecta, son completamente irrelevantes. Mi asilo no tiene nada que ver con eso y, además, no soy vocero del gobierno de Quito. Por lo demás, esas afirmaciones de que Ecuador tiene a periodistas en prisión, de que Ecuador manda rutinariamente a periodistas a la cárcel, son falsas.

 

Organizaciones humanitarias, corruptas y con sesgo

 

“Toma el caso del Comité para la Protección de Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés), un grupo conservador estadunidense, con sede en Nueva York, fundado por la prensa del régimen, o el de Reporteros sin Fronteras: ellos tienen listas de periodistas en prisión en muchos países, pero en Ecuador el número es de cero. En Turquía hay 48. Veamos a la Freedom House, fundada por el gobierno estadunidense; cada año saca listas relacionadas con la libertad de la prensa. Tiene tres categorías: libre, parcialmente libre y no libre. Por supuesto que clasifica a Estados Unidos como “libre”, igual que a Gran Bretaña y a Suecia; así clasifica a la mayoría de los países occidentales. Antes de que yo entrara a esta embajada, la Freedom House ponía a Ecuador como “parcialmente libre”; una vez que me dieron refugio, Ecuador fue reclasificado como “no libre”.

 

“En el caso de Human Rights Watch (HRW), si bien en ocasiones ha hechos cosas buenas, como en el caso de Baréin, se excede en relación con Rusia y se excede en los casos de Venezuela, Ecuador y otros países. Y eso se refleja en su personal y su financiamiento. Echemos un vistazo a su personal: su encargada de “Iniciativas Globales”, Minky Worden [http://goo.gl/C0Gs3], trabajó escribiendo los discursos para el procurador general de Estados Unidos. Y hace tres meses, su marido, Gordon Crovitz, exhortó, en The Wall Street Journal, a que me acusaran por espionaje [http://goo.gl/XPTve]. El año pasado Amnistía Internacional (AI) contrató a Suzanne Nossel, funcionaria del Departamento de Estado durante mucho tiempo, la cual hizo publicar carteles de respaldo a la presencia de la OTAN en Afganistán [http://goo.gl/bo9t9].

 

“Tanto AI como HRW se han rehusado a reconocer a Bradley Manning como prisionero de conciencia. La definición de prisionero político, según las propias directrices internas de AI, es que la supuesta ofensa sea de naturaleza política, o que la acción se llevó a cabo con una intención política, o que la investigación se llevó a cabo por factores políticos, o que la investigación se politizó, o que el encarcelamiento está politizado. Es indiscutible que Bradley Manning cubre la mayoría de estas condiciones y, sin embargo, AI nos ha dicho que no se va a tomar la molestia de determinar si Bradley Manning puede ser declarado prisionero de conciencia o prisionero político en tanto no sea sentenciado. ¿De qué va a servir entonces? Cuando esas organizaciones vean por dónde soplan los vientos políticos, y cuando Manning esté en prisión enfrentando cadena perpetua o la pena de muerte, sólo entonces, y si con ello pueden obtener un beneficio político, lo declararán prisionero político. Pero no antes.

 

“Así que estas organizaciones están en bancarrota y en general no se puede confiar en ellas. Si ves lo que dicen de un país que no está de este lado ni de aquél, como Guinea Ecuatorial, entonces quizá se pueda confiar en lo que dicen. Pero si hablan de Bradley Manning, Ecuador, Rusia o Estados Unidos, sus agendas están demasiado sesgadas.

 

“Amnistía fue una organización popular; obtenía de la sociedad la mayor parte de su financiamiento, pero eso ha cambiado. Cuando una organización acepta ser financiada por los gobiernos, o por organizaciones del establishment, como las fundaciones Rockefeller o Ford, ¿quiénes son sus interlocutores reales? Cuando Amnistía saca un comunicado de prensa, ¿se dirige al público o a quienes la financian? En suma, se trata de organizaciones corruptas y hay que ver de dónde sacan su dinero y cómo reclutan a su personal.”

 

“Te habrían dicho que nuestras probabilidades eran cero...”

 

–¿Cuál ha sido tu mayor satisfacción en los anteriores tres años?

 

–Bueno, supongo que hay una diaria satisfacción política. El evento aislado más satisfactorio fue cuando la gente tomó Alejandría (Egipto, finales de enero de 2011), seguro, eso fue... A pesar de que, claro, la revolución egipcia ha seguido teniendo algunas victorias y algunas derrotas; pero en ese momento fue muy satisfactorio, porque estábamos profundamente involucrados, monitoreando lo que pasaba, en relación con la gente de allá, y publicando información.

 

“Una satisfacción más amplia ha sido la de impedir que nuestra gente sea arrestada, detenida o encarcelada, mantener a la organización en funcionamiento e impedir que quiebre. No hemos despedido a nadie del equipo por razones financieras, aunque la gente haya tenido que ajustarse a reducciones salariales de 40 por ciento, como resultado del bloqueo financiero. No han desmantelado la organización, no han podido meter en prisión a ningún miembro de nuestro personal, aún. Y yo estoy en una posición difícil, pero puedo seguir trabajando.

 

“Así que si alguien te dijera: una editorial pequeña y radical se enfrenta a la Casa Blanca, la CIA, el Departamento de Defensa, el Pentágono, la NSA, la FBI, ¿cuáles son sus posibilidades de seguir existiendo tres años después? Contestarías que cero. Pero aquí estamos, y eso es satisfactorio.”

 

(Con colaboración e información de Tania Molina Ramírez)

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Nicaragua entrega a empresarios chinos la concesión del Canal por al menos 50 años

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, envió a la Asamblea Nacional de este país centroamericano un proyecto de ley que entrega al consorcio chino HK Nicaragua Canal Development Investment Co., con sede en Hong Kong, la concesión para la construcción y gestión del llamado Gran Canal Interoceánico por un periodo de 50 años, prorrogable por otros 50. El Gobernante Frente Sandinista controla el Parlamento unicameral, por lo que el proyecto, valorado en 40.000 millones de dólares, será aprobado sin inconvenientes.


 
“Siento que después de tantos siglos de estar luchando para que se convierta en realidad este canal, por fin nos vamos acercando a ese momento histórico para el bienestar del pueblo nicaragüense”, dijo un sonriente Daniel Ortega la noche del miércoles, en un acto oficial en el que recibió las cartas credenciales de los embajadores de Arabia Saudita, Kuwait, Canadá, Brasil y Suiza. En el acto Ortega no se anduvo con ambages, e hizo un guiño a árabes y brasileños para que se interesen por el Gran Canal. “Estoy seguro que Brasil se va interesar en el proyecto”, lanzó el exguerrillero sandinista al nuevo embajador, Luis Felipe Mendonza, quien se comprometió a entregar a la presidenta Dilma Rousseff los detalles del proyecto.


 
El documental legal enviado el miércoles por Ortega a la Asamblea Nacional podría ser aprobado el próximo martes. Ese documento, de 44 páginas, ha sido presentado por el Gobierno de Ortega como el instrumento jurídico que “contribuirá a facilitar la inversión, financiamiento, diseño y construcción” del Canal.

 


El proyecto de ley establece que el canal interoceánico contará con dos puertos de aguas profundas, uno en el Caribe de Nicaragua y otro en las costas del Pacífico; un oleoducto que conectará las dos costas de este país centroamericano de 130.000 kilómetros cuadrados; un “canal seco” formado por vías férreas para el transporte de mercancías de costa a costa; dos zonas de libre comercio, una en las costas caribeñas y otra en las del Pacífico; además de las infraestructuras que la empresa a cargo del proyecto estime necesarias.


 
Para darle peso jurídico a este megaproyecto, el Gobierno y los inversionistas chinos han creado tres sociedades anónimas: la principal es la ya mencionada HK Nicaragua Canal Development Investment Co., con sede en Hong Kong, que para operar en Nicaragua ha constituido la Empresa Desarrolladora de Grandes Infraestructuras S.A. (EDGISA), con sede en Managua; y HKND Group Holding Limited, inscrita en Gran Caimán el 7 de noviembre de 2012. Ésta última ha sido creada para desarrollar proyectos paralelos al del Gran Canal. El director de HK Nicaragua y EDGISA es Wang Jing, un empresario chino que aparentemente dirige el consorcio legal Wang Jing & Co., que cuenta con nueve oficinas en China, incluidas las ciudades de Guangzhou, Shanghai, Beijing, pero no en Hong Kong.


 
En el proyecto de ley enviado al Parlamento por Ortega, se explica que EDGISA es una sociedad anónima debidamente constituida según las leyes de Nicaragua bajo los oficios del notario público nicaragüense Rodrigo Antonio Taboada, que cuenta con un bufete de abogados en Managua. La empresa se constituyó a las 10 de la mañana del 15 de noviembre de 2012 bajo el número 43,746-B5. El documento legal también establece que a cambio de la entrega de la concesión para gestionar el Gran Canal, los inversionistas chinos deberán pagar a la denominada Autoridad del Gran Canal Interoceánico de Nicaragua –la institución gubernamental que regulará toda la gestión del proyecto– la suma de diez millones de dólares durante diez años, además de garantizar el derecho de participación en los ingresos que generen los subproyectos del Canal, inicialmente por el valor correspondiente al 1% de los ingresos, pero que aumentará con el tiempo. Tras terminar la concesión, la empresa china deberá entregar a la Autoridad los inmuebles e infraestructuras del proyecto. Además, el documento establece que el Gobierno podrá expropiar “cualquier bien inmueble o derecho sobre bien inmueble” que sea necesario para desarrollar el Canal.

 


El Gobierno no ha presentado estudios de factibilidad económica o de impacto ambiental, en un país que cuenta con dos grandes recursos acuíferos: el Gran Lago de Nicaragua (de más de 8.000 kilómetros cuadrados) y el Lago de Managua (de poco más de 1.000 cuadrados). Tampoco se ha anunciado cuál será la ruta a desarrollar para el proyecto, aunque el mismo Ortega dijo el mes pasado que podría iniciar en la bahía de Bluefields, en las costas del Caribe, atravesar el centro del país hasta el Gran Lago y desembocar en las costas del Pacífico sur nicaragüense. El miércoles, mientras recibía las credenciales de los diplomáticos, Ortega aseguró que en mayo de 2014 estará listo un estudio de factibilidad que permitirá iniciar las primeras labores de construcción del Gran Canal.


 
El proyecto, sin embargo, ha levantado sospechas entre sectores críticos al caudillo sandinista, que lo consideran una gran ilusión y una fachada que podría esconder oscuros negocios. La principal duda es el alto costo del proyecto, que representa casi 25 veces el presupuesto anual de Nicaragua, un país donde el 47% de su población viviendo bajo pobreza y que no cuenta ni siquiera con recursos suficientes para drenar las aguas que desde hace dos semanas mantienen anegados varios barrios de la capital, Managua.
 


“¿Cuál es la prisa por aprobar una legislación que probablemente rija para 100 años o más, que se dictamine en pocas horas y se aprueba en pocos días? ¿Qué capitales e intereses están detrás de este proyecto?¿Quiénes han estado comprando tierras en esas zonas (proyectadas para el Canal), para ser millonariamente indemnizados por el Estado o para agenciarse ganancias millonarias por las Zonas de Comercio?”, se preguntaba el jueves el analista jurídico y asesor parlamentario Oscar Carrión.


 
También despierta dudas el hecho de que el presidente de China, Xi Jinping, haya visitado la vecina Costa Rica durantes su gira latinoamericana sin aterrizar en Nicaragua, tomando en cuenta que a las empresas chinas les interesaría un acuerdo político que asegure su inversión. A Ortega, sin embargo, las críticas le tienen sin cuidado. “Ahora estamos convencidos que llegó el momento en que el sueño se va a convertir en realidad”, dijo, sonriente, el comandante la noche del miércoles ante los diplomáticos que escuchaban atentamente sus planes del Gran Canal.

 


Por Carlos Salinas Managua 9 JUN 2013 - 19:18 CET

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¿Disimulado G-2 de Obama y Xi?: hacia un nuevo tipo de relación “militar-militar”

Tras haber instituido el espíritu de Chichén Itzá” en Yucatán –el diálogo de civilizaciones milenarias china y maya mediante el “poder cultural” que trasciende la vulgaridad mercantilista–, el mandarín Xi concluyó su asombroso periplo a Latinoamérica y el Caribe, supuesto “patio trasero” de EU (John Kerry dixit), para acudir a la cumbre del destino con su homólogo Obama en Sunnylands, donde se define el tipo de relación entre las dos superpotencias, una en decadencia (EU) y otra en ascenso (China).

 

Según China Daily (6/5/13), la “cooperación económica, la ciberseguridad y la península coreana” están en lo más alto de la agenda de la cumbre informal. Otros asuntos a tratar serán “las disputas territoriales en Asia Pacífico y las acciones militares” de EU y China en la región.

 

Ruan Zongze, vicepresidente del Instituto de Estudios Internacionales de China, divulga “la serie de nuevas características que han emergido en las recientes relaciones sino-estadunidenses” ( China US Focus, 5/6/13) cuando en su charla del 14 de marzo pasado Obama y Xi acordaron “establecer un nuevo tipo de relación entre las grandes potencias” caracterizada por “una asociación cooperativa” basada en “una competencia saludable (sic)” en lugar de una “rivalidad estratégica”, con el fin de desafiar en un ambiente de “desarrollo pacífico” el “estereotipo histórico” de que “un país poderoso buscará definitivamente la hegemonía”.

 

El desafío será pasar de los juegos “suma cero” a una inédita cuan idílica coexistencia competitiva de “suma positiva”.

 

Ruan cita al premier chino, Li Keqiang, quien comentó que “el vasto océano Pacífico tiene suficiente espacio para acomodar a las dos superpotencias” cuando el desarrollo de las relaciones bilaterales en los pasados 40 años mostraron que “los intereses comunes prevalecieron sobre las diferencias”, por lo que el futuro debería ser “testigo de una mayor convergencia de tales intereses”. Desde luego, pero EU y China no son los mismos 40 años después. Ruan sugiere que sea de “importancia sobresaliente” esbozar un “mapa de ruta que determine la orientación del desarrollo futuro de las relaciones bilaterales mediante un nuevo modelo de interacción y comunicación”.

 

¿Podrá perdurar en el traspacífico una armónica coexistencia competitiva en la mentalidad darwiniana transatlántica consustancialmente bélica?

 

De la agenda bilateral, la “cooperación económica” es la más “negociable”: la interdependencia de las dos superpotencias geoeconómicas es tal que su colisión hundiría el mismo navío en el que se encuentran”, como acentuó Hillary Clinton, ex secretaria de Estado.

 

Cuando China dispone ya de la supercomputadora más veloz del mundo que desbancó a EU (RT, 8/6/13), el asunto de la ciberseguridad se ha vuelto una obsesión del gobierno Obama tanto sobre el exterior –en la que acusa al Ejército de Liberación Popular de China de hurtar secretos ultrasensibles y de sabotear sus nodos cruciales– como en el interior, con su escándalo Prisma, donde todo usuario de Google, Facebook, Verizon y Apple somos espiados por el orwellianismo de un Estado ciberpoliciaco global.

 

Es en referencia a Norcorea donde se ha gestado mayor afinidad de intereses, ya que China ha apretado las tuercas mediante medidas coercitivas al gobierno de Pyongyang para promover la desnuclearización peninsular y la reanudación de las negociaciones con Sudcorea.

 

Visto así, pareciera, engañosamente, que China está cediendo antes de sentarse a negociar cuando se desconoce cuál será el quid pro quo de EU que no tiene más que conceder parte de su poder hegemónico.

 


A cada quien su radar. Llama la atención que la prensa británica denote una angustia extrema desde The Financial Times hasta The Economist, que describe en su sarcástica portada el amasiato secreto ininteligible para el resto del mundo entre Obama y Xi: Brokeback mountain / Secreto en la montaña. ¿Se trata de un disimulado G-2 que no se atreve a pronunciar su nombre?

 

Arvind Subramanian, becario del Peterson Institute for International Economics, conjetura que es muy probable un “gran arreglo” ( Financial Times, 4/6/13), lo cual requiere que EU ceda algo de su poder omnímodo en el FMI/BM; a mi juicio, muy desahuciados cuando EU ha perdido el control de la OMC, ya no se diga de la FAO, en beneficio del BRICS. Subramanian sueña con que Xi se conformará con las migajas de los organismos internacionales caducos, cuando el nivel de relación alcanzó ya el sensible grado de negociación militar, como expuso el flamante secretario del Pentágono, Chuck Hagel, en su ponencia en el reciente Diálogo de Shangri-La, en Singapur –patrocinado por el IISS, think tank británico–, al ubicar el nuevo marco referencial de la relación bilateral como “militar-militar”: justamente pa­ra no caer en errores de cálculo y de equivocadas percepciones de las intenciones.

 

Jamil Anderlini, del Financial Times (6/6/13), rememora que hace cinco años China rechazó la propuesta de un G-2 y juzga que tal “idea ha sido adoptada y cambiada tranquilamente con otra marca por Pekín” mediante un “nuevo tipo de relación entre las superpotencias” que significa la “copia pirateada (sic) de la propuesta de Obama”, lo cual “marca un inmenso giro en la forma en que China intentará tratar con el mundo en adelante”.

 

Anderlini conjetura que el peligro del enfoque de China en el exclusivo nexo con EU “creará fricciones por doquier debido a que su optimización unilateral a un nivel de relaciones iguales entre las superpotencias ha degradado simultáneamente su vínculo con los demás” y juzga que “bajo la cosmogonía de un nuevo G-2 inspirado por China, los demás países fuera de EU no son grandes potencias por definición y, por tanto, son desechables (¡supersic!) y pueden ser ignorados”. ¿De dónde saca tal cosa Anderlini en la era multipolar? ¿Dónde queda Rusia, en estado de perplejidad frente al G-2 disimulado? ¿Qué advendrá del BRICS? ¿Se gesta un G-2 disimulado con traslapes multipolares y mutidimensionales?

 

Conclusión: el verdadero desafío consistirá en derrotar el determinismo histórico del surgimiento de una potencia que desplaza a la decadente potencia hegemónica: plasmado en el “factor Tucídides” (el temor de Esparta ante el ascenso de Atenas que provocó la Guerra del Peloponeso, más de 2 mil años atrás; Bajo la Lupa, “La Trampa Tucídides”, 3/6/12) y en el ascenso de Alemania que perturbó a Gran Bretaña hace más de 100 años (Bajo la Lupa, “El memorándum Crowe”, 24/4/13). ¿Quién posee el antídoto para desintoxicar a los belicosos multimedia de EU, a mi juicio, la variable más descontrolada? ¿Podrá la empatía personal de Obama (muy débil internamente, en su ocaso gestionario) y Xi (muy poderoso en el frente doméstico, al alba de su década gerencial) frenar a sus maquinarias frente a las contingencias imponderables? Los factores personales cuentan mucho, pero los factores estructurales de las maquinarias multimediáticas y militares a los dos lados del traspacífico pueden resultar ­indomables.

 

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Gran Bretaña, en busca de una identidad post hegemónica

Hubo una vez un tiempo en que el sol nunca se ponía en el imperio británico. ¡Pero no más! En 1945 Winston Churchil profirió la famosa frase: No me convertí en el primer ministro del rey para presidir la liquidación del imperio británico”. Pero, de hecho, eso fue exactamente lo que hizo. Churchill supo diferenciar entre la rimbombancia y el poder.

 

Desde 1945 Gran Bretaña siempre ha intentado, con dificultad considerable, ajustarse al papel de una potencia hegemónica del pasado. Uno tiene que apreciar lo difícil que es esto, tanto sicológica como políticamente. Hoy parecería que los dilemas de esta estrategia política implosionaron por fin, y que enfrenta opciones que son todas malas.

 

Gran Bretaña emergió de la Segunda Guerra Mundial como uno de los Tres Grandes –Estados Unidos, Unión Soviética y Gran Bretaña. Sin embargo, era el más débil de los Tres Grandes. La estrategia que eligió fue hacerse el socio menor de Estados Unidos –la nueva potencia hegemónica. A esto se le llamaba, por lo menos en Gran Bretaña, la “relación especial” que mantenía con Estados Unidos.

 

El beneficio más grande que Gran Bretaña obtuvo de esta relación especial fue la transferencia inmediata de tecnología nuclear, lo que permitió que Gran Bretaña fuera, desde ese momento en adelante, una potencia atómica. Estados Unidos no tuvo un gesto semejante, de ninguna manera, con la Unión Soviética. Mucho menos con Francia. Estados Unidos buscaba un monopolio nuclear global, compartido únicamente con su socio menor. Por supuesto, como bien sabemos, este monopolio global fue desecho primero por la Unión Soviética, luego por Francia y China, y después por un buen número de otros Estados.

 

En la Europa occidental continental los primeros pasos hacia la reconciliación franco-alemana comenzaron como la Comunidad Europea del Carbón y el Acero. Ésta incluía a seis naciones –Francia, Alemania, Italia y el trío Benelux de Bélgica, Holanda y Luxemburgo. No incluía a Gran Bretaña. Estos primeros pasos hacia la Unión Europea de hoy fueron alentados en ese entonces por Estados Unidos, como un modo de hacer posible la incorporación de las partes occidentales de Alemania en lo que habría de convertirse en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

 

No es seguro que los dirigentes británicos apreciaran esta nueva estructura continental europea. Gran Bretaña pareció reaccionar buscando asumir una postura geopolítica independiente de Estados Unidos. Y unió fuerzas con Francia e Israel para atacar al Egipto de Nasser. En ese entonces Estados Unidos buscaba otra estrategia en Medio Oriente, y de inmediato reprendió a Gran Bretaña y le insistió que retirara sus tropas. Esto fue humillante para Gran Bretaña, pero también le recordó los límites de su capacidad para ser independiente de Estados Unidos.

 

Sin embargo, después de esto, Estados Unidos comenzó a alentar a Gran Bretaña a unirse a las estructuras continentales. En parte, esto se debió a que Estados Unidos comenzó a preocuparse al ver que estas estructuras asumían una posición, inspirada por los franceses, relativamente independiente. Desde el punto de vista estadunidense, Gran Bretaña podría ayudar a evitar esto. Desde el punto de vista británico, entrar ahí tenía una ventaja particular. El último vestigio remanente de su antigua hegemonía era el importante y continuo papel de la City de Londres en las finanzas mundiales. Gran Bretaña necesitaba acceso a los mercados europeos para garantizar este papel.
Así que Gran Bretaña entró en las estructuras para el gran disgusto de Charles de Gaulle, que entendió con bastante claridad las motivaciones estadunidenses al respecto. Para la década de los 70, fue la hegemonía de Estados Unidos la que comenzó a ser cuestionada. Tanto Francia como Alemania impulsaron aperturas diplomáticas con la Unión Soviética, que habrían de culminar mucho después, en 2003, en la resistencia franco-ruso-alemana, que logró que el Consejo de Seguridad no respaldara la invasión militar estadunidense de Irak.

 

Al comenzar el caos geopolítico, el gobierno británico se alió totalmente con Estados Unidos. La completa subordinación de Tony Blair a la política estadunidense comenzó a avergonzar aun a la opinión pública británica, que empezó a valorar bastante menos una relación especial tan unilateral. Más y más gente en Gran Bretaña buscó retirarse del vínculo con Estados Unidos y de los vínculos europeos. La creciente fuerza del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) es una expresión importante de este cambio de sentimientos.

 

Gran Bretaña se ha negado a entrar a la zona del euro. En el torbellino económico que se volvió tan evidente después de 2008, el deseo de retirarse de la Unión Europea creció constante en sí misma, sobre todo al interior del Partido Conservador. Esto, por supuesto, alarmó a los grupos financieros de la City de Londres, que correctamente vieron que una de las consecuencias podría ser que Frankfurt eclipsara a Londres como centro financiero europeo.

 

Gran Bretaña tiene otros problemas –la siempre creciente fuerza del regionalismo (y hasta el prospecto de independencia) de Gales, Escocia e Irlanda del Norte. Gran Bretaña se resiste, lo mejor que puede, a quedar reducida a Inglaterra. Y lo está haciendo en un momento en que Estados Unidos no parece estar significativamente comprometido con algo siquiera semejante a una relación especial.

 

El problema de Gran Bretaña hoy es que todas las opciones que enfrenta son malas. Gran Bretaña desea insistir en que todavía es una potencia militar importante. Pero el mismo gobierno que lo pregona es también el que está reduciendo el gasto para sus fuerzas armadas, y el tamaño de las mismas, como parte de su programa de austeridad.

 

El mayor problema con Gran Bretaña hoy es que el resto del mundo ya no lo considera un país importante como actor financiero o geopolítico. Ser ignorado no es el destino más feliz para un poder hegemónico del pasado.

 

Traducción: Ramón Vera Herrera

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China y EEUU establecen un nuevo modelo de relaciones basado en el "respeto entre grandes países"

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y su homólogo chino, Xi Jinping, acordaron el viernes trabajar juntos para resolver las disputas sobre la seguridad cibernética, un asunto que ha tensado las relaciones entre las dos principales potencias mundiales. Al comienzo de una cumbre de dos días en una lujosa hacienda en el desierto del sur de California, Obama dijo que su país saluda "el ascenso pacífico" de China, pero dejó claro que debe jugar con las mismas reglas en el orden económico mundial que los demás países.

 

Estados Unidos sostiene que piratas informáticos chinos han accedido a secretos militares de Estados Unidos, una acusación negada por China, al tiempo que la Casa Blanca afronta preguntas en casa sobre la propia vigilancia electrónica y de las comunicaciones del Gobierno sobre sus ciudadanos. Obama no dejó de lado el asunto del ciberespionaje en el primer día de reuniones a puerta cerrada, pero adoptó una línea de precaución en la rueda de prensa, y no llegó a puntar el dedo directamente a Pekín ni amenazó con represalias.

 

En la primera visita de Xi a EEUU desde que asumió la presidencia el marzo, ambos trataron de dar la impresión de un tono constructivo durante una cumbre considerada una ocasión para conocerse. Pero centrándose en las principales preocupaciones de Estados Unidos, Obama dijo que Washington busca "un orden económico internacional en el que los países jueguen con las mismas reglas, donde el comercio sea libre y justo y donde Estados Unidos y China trabajen juntos para abordar temas como la ciberseguridad y la protección de la propiedad intelectual".

 

Xi estuvo de acuerdo en la necesidad de resolver la seguridad cibernética de "un modo pragmático", pero fue rápido a la hora de desviar las culpas, asegurando que China también es víctima de estos ataques. Además expresó sus esperanzas de que China y Estados Unidos puedan establecer un nuevo modelo de relaciones entre "grandes países", refiriéndose a su deseo de que Pekín sea tratado con más respeto en línea con su creciente influencia internacional. "Las relaciones entre nuestros dos países están en un nuevo punto de comienzo histórico", dijo Xi, describiendo las conversaciones como una oportunidad para "delinear el futuro" de las relaciones entre China y Estados Unidos.

 

Obama dio la bienvenida a Xi bajo un intenso calor, y ambos líderes posaron con una sonrisa para las fotografías mientras estrechaban sus manos ante unos cuidados jardines y unas montañas desérticas a la distancia. Ambos utilizaron trajes sin corbatas. Los encuentros de alto nivel entre China y Estados Unidos en las últimas décadas no han logrado igualar la pionera visita del presidente Richard Nixon a la China comunista en 1972 que puso fin a décadas de tensión entre Washington y Pekín.

 

Funcionarios de Estados Unidos creen que Obama y Xi desarrollarán una relación personal, algo que no ocurrió entre los presidentes estadounidenses y el predecesor de Xi, Hu Jintao, lo que podría ayudar a disminuir las tensiones en una de las relaciones bilaterales más importantes del mundo. La voluntad de dejar de lado la pompa tradicional y el diálogo protocolar de una visita a la Casa Blanca parece ser una señal de un nuevo enfoque de Xi, quien como presidente designado se reunió con Obama en Washington en febrero de 2012.

 

Por REUTERS  CALIFORNIA 08/06/2013 12:02 Actualizado: 08/06/2013 12:12

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