Una alianza de un centenar de países sella la legitimidad de la oposición siria

Más de 21 meses de revolución y guerra abierta ha necesitado la oposición política al régimen sirio dirigido por Bachar el Asad para, primero, juntarse y, segundo, recibir el espaldarazo de la comunidad internacional a un matrimonio bien avenido. Un centenar de países del grupo de Amigos de Siria citados en la ciudad marroquí de Marraquech firmaron ayer una declaración en la que reconocen a la Coalición Nacional de las Fuerzas de Oposición y de la Revolución Siria (CNFORS), nacida hace un mes en Catar, como “el representante legítimo del pueblo sirio” y “paraguas” bajo el que se reúnen las diferentes organizaciones anti-Asad. Palabras que el terreno traduce del lenguaje diplomático del siguiente modo: la CNFORS será el único interlocutor válido en la trinchera política —salvo para potencias regionales como Rusia, China o Irán, que no participaron en el cónclave de Marruecos—; será el órgano que reciba y gestione las aportaciones financieras; el que ponga las bases de un posible Gobierno transitorio, y, como elemento más espinoso, será el que trate de hacer fluir y controlar las armas que puedan llegar al frente rebelde.


 
“Bachar el Asad ha perdido legitimidad”, continúa el texto pactado en Marraquech, “y debe hacerse a un lado para permitir una transición política sostenible”. Pero la transición vendrá después de la guerra —o cuando la contienda se decante— y, por ahora, tras más de 40.000 víctimas mortales según los cálculos de los grupos activistas, el conflicto no ceja de abrir nuevas brechas en el oeste y noroeste del país, con la ciudad de Alepo instalada en la guerra diaria, Damasco, sacudida por los atentados y bombardeos cada vez más próximos al centro de la capital, y toda una franja oriental en torno a la principal autopista del país, la que usa el régimen para el movimiento de tropas, cortada por una batalla sin cuartel entre el Ejército Libre de Siria (ELS) y las fuerzas leales.

 


“El reconocimiento a la coalición es muy importante”, señala en conversación telefónica desde Estambul Abdo Husameddin, político desertor sirio y exasesor del Ministerio del Petróleo, “porque la gente de dentro necesita ese apoyo”. Pero el espaldarazo internacional por sí mismo no acaba con la violencia. “Ahora que tenemos el reconocimiento de más de 100 países”, relata Husameddin, miembro también de la CNFORS, “lo siguiente es crear un Gobierno provisional que organice la revolución tanto dentro como fuera del país”. Ese es el objetivo: la oposición quiere poner un pie en tierra en el noroeste de Siria, controlado en gran medida por el ELS, para empezar a gestionar el día a día de las zonas liberadas. Para eso, el dinero llegado de fuera es clave. Y el grifo se abrió ayer un poco más en Marraquech. “Sin financiación, la coalición no sobreviviría”, añade Husameddin.


 
La cumbre de Marruecos selló el mayor consenso en torno a la legitimidad de un grupo opositor desde el inicio de la revuelta en marzo de 2011. Esas fueron las letras mayúsculas. En minúscula, pero con más intención, la reunión de los Amigos de Siria sirvió para tomar el pulso al posible tráfico de armas hacia los rebeldes. Y los ánimos aún están fríos, al menos entre las potencias occidentales. Más si cabe tras la inclusión el martes del grupo islamista radical sirio Jabat al Nusra en la lista de organizaciones terroristas de Estados Unidos por sus vínculos con la rama iraquí de Al Qaeda, una decisión que la oposición no ha tardado en criticar. Primero desde dentro, en boca del jefe rebelde en Alepo Abdel Jabbar al Oqadi, quien, como recoge France Presse, manifestó que Al Nusra “no ha hecho nada ilegal o condenable”; luego, desde fuera, a través de los Hermanos Musulmanes, con una fuerte presencia en los grupos de oposición, y en declaración oficial del máximo representante del CNFORS, el religioso Moaz al Jatib, que instó a Washington a recapacitar.


 
Si Jabat al Nusra, que ha asumido la autoría de decenas de atentados en Siria, pero participa también en la guerra de guerrillas, forma parte de la lista negra del Departamento de Estado —que defiende que ha “acelerado sus esfuerzos para infiltrarse entre los grupos de oposición”—, el riesgo de sanciones de EE UU complica el envío de armas a diestro y siniestro del bando rebelde. Nadie quiere que se repita el descontrol que se vivió en Libia tras la caída de Muamar el Gadafi. Para cubrirse las espaldas y entonar sus críticas, Al Jatib afirmó desde Marruecos que “todas las armas en poder de los rebeldes tienen como objetivo hacer caer al régimen”. De eso, del uso final de los fusiles, munición y misiles tierra-aire que lleguen en el futuro a los alzados —eso es lo que al menos reclaman— tendrá que encargarse el Consejo Militar rebelde formado por militares desertores y que trabaja ya con la nueva coalición opositora.


 
Para templar un poco más las aguas, el ministro de Exteriores francés, Laurent Fabius, aclaró  que París, a la cabeza de los países occidentales en el apoyo de la revolución contra El Asad, no está aún listo para hacer llegar armas al ELS. Los Gobiernos francés y británico, como ocurriera durante la temprana transición libia, han liderado los esfuerzos en la Unión Europea para mantener el embargo a la venta de armas en Siria, prorrogado recientemente por otros tres meses.
 


La declaración de Marraquech puso también sobre la mesa la alerta lanzada por Estados Unidos sobre el posible uso de armas de destrucción masiva por parte del régimen, algo que, según reza el texto, “sería detestable y obligaría a una seria respuesta de la comunidad internacional”. El centenar de países miembros del grupo de Amigos de Siria consensuaron también en Marruecos la creación de un fondo “para apoyar al pueblo sirio” e instaron al Consejo de Seguridad de la ONU a adoptar una postura contundente en la crisis siria y a aquellos que todavía hacen buenas migas con El Asad, en clara referencia a Rusia y China, ausentes en la ciudad marroquí, a reconsiderar sus amistades. Sin ellos, el espaldarazo a la oposición se queda cojo.


Por Óscar Gutiérrez Garrido Madrid 12 DIC 2012 - 21:41 CET

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Los “tiempos nuevos”: lo militar desplaza a la economía, según Rusia

Algunos países han empezado a reajustar su mira geoestratégica, como Brasil –en su reciente seminario cupular sobre Estrategias de defensa nacional (ver Bajo la Lupa 2 y 5/12/12)– y Rusia durante la 20 asamblea anual del Consejo de Política Extranjera y la Defensa (CFDP, por sus siglas en inglés: “un organismo importante y de gran influencia”) que abordó la manera en que “ese país puede evolucionar en los nuevos (sic) tiempos que se anuncian” a la que tanto Russia Today (RT; 3/12/12) como dedefensa.org (4/12/12), –think tank europeo de estrategia–, le dan su merecido vuelo (lo cual es escamoteado en “Occidente”).

 

De Brasil a Rusia despunta el binomio inextricable defensa/política exterior que retorna por la puerta grande en el siglo XXI de la multipolaridad geopolítica multidimensional.

 

El canciller ruso Sergei Lavrov participó en forma conspicua en la asamblea en Moscú de la CFDP en la que se “constató la muy cambiante situación internacional sin precedente (sic).

 

Russia Today sintetiza que “la presente situación internacional permite un giro (sic) global en las influencias y las alianzas”, por lo que Rusia “usará una mezcla compleja de poder blando e inteligente par convertirse en un atractivo centro (sic) de poder”.

 

La reacción de EU no se ha hecho esperar y la saliente secretaria de Estado, Hillary Clinton –posicionada como candidata presidencial para 2016–, después de una reunión con el canciller ruso Sergei Lavrov, fustigó el reflejo nostálgico de Rusia de retornar a los viejos tiempos soviéticos mediante la reincorporación de sus “ex países satélites” por la vía de bloques económicos (FT; 7/12/12).

 

Obama ha readaptado su política exterior –mediante la disminución de tropas en el Medio Oriente que deja a su peor suerte después de las dos invasiones fallidas de Baby Bush– para (con) centrarse en la “contención” de China, mientras mantiene en hibernación la “perezagruzka” (“reajuste”) con Rusia.

 

La situación internacional es muy fluida y Sergei Lavrov llega hasta pronosticar su evolución hacia un nuevo orden mundial, necesariamente multipolar, en los próximos 20 años.

 

Según Russia Today, Sergei Lavrov define el presente periodo histórico como “un tiempo de cambio que se ha desarrollado al contrario de los pronósticos”, cuyo “ajuste cancela todos (sic) los modelos tradicionales” cuando los países deben “empezar a trabajar desde hojas en blanco (sic) con la combinación del poder duro y blando”.

 

Sergei Lavrov transmite que en los tiempos nuevos “tampoco todas (sic) las reglas que hoy se aplican en la política internacional serán usadas en el futuro”.

 

La interpretación sobre la conferencia fundacional de Sergei Lavrov por dedefensa.org explaya la evolución donde “la fuerza dominante (sic) de la competencia entre los países y/o los centros de poder pasa de la dimensión económica a la militar (¡super-sic!)”.

 

A mi juicio, el dominio de Washington, sin duda, ha sido militar y ha abusado de ello, pero sería un grave error de juicio soslayar la militarización tanto de la economía como de las finanzas –y hasta de sus multimedia– por EU para ejercer su hegemonía global, tesis que expresé en mi ponencia ante el Congreso de Brasilia y que coincide con el think tank europeo de estrategia: “la hegemonía pasada (sic) de EU ha estado esencialmente garantizada (¡súper-sic!) por instrumentos económicos (financieros, económicos, etcétera)”.

 

El problema yace en que EU insiste en mantener su “volátil e inestable modelo catastrófico” en vías de “disolución”, a lo que alude en forma realista Sergei Lavrov: “está desapareciendo la situación donde varios (sic) países fuerzan al resto del mundo a usar sus divisas en transacciones internacionales que controlan sus economías” mientras “aparecen nuevos centros económicos pode- rosos (sic) en Oriente”.


Viene la parte nodal del pensamiento geoestratégico de la asamblea de la CFDP :“el periodo en curso de turbulencia económica y de incertidumbre obliga a que muchos (sic) países retornan al modelo probado y confiable de dominio militar (¡super-sic!) cuando las inversiones en defensa se han vuelto una opción atractiva cuando ninguno (sic) de los activos económicos es visto como estable”.

 

CFDP juzga que “la dependencia en la paridad nuclear de los países líderes no es mas un factor significativo”, por lo que Rusia se debería abocar más al desarrollo de armas y fuerzas convencionales.”

 

Esta parte “nuclear” es muy debatible cuando EU ha optado por la mayor automatización militar mediante su flamante ciber-comando, sus letales drones de acuerdo a su doctrina RAM (Revolución en Asuntos Militares), y su supremacía marítima que deberán cotejar los BRICS, al menos que estos se hayan decidido por la eventual “guerra asimétrica” frente a la aplastante maquinaria militar de EU.

 

A juicio del think tank europeo de estrategia, “la preponderante carta militar no es exclusiva” y debe ser aparejada con una “explicación” que integre “la dimensión social y cultural”. Eso se llama mística de combate.

 

La dimensión moral/social/cultural fue abordada por Konstantin Kosachev (KK), director de la Agencia de Cooperación Internacional (ICA, por sus siglas en inglés), quien consideró que “la fuerza económica y militar no es suficiente para que Rusia se convierta en un atractivo líder internacional” cuando la “Rusia moderna tiene una nueva identidad formada después del periodo soviético”. Konstantin Kosachev aduce que “la verdadera Rusia es mejor que su imagen”. Es cierto el mendaz oligopolio multimediático anglosajón se ha consagrado a demoler y anatemizar la “imagen” de Rusia y de su presidente Vlady Putin.

 

De nuevo surge a la palestra el control multimediático global por EU, eregido en el gran sanedrín universal y su dizque “soft-power” (“poder blando”), lo cual ha sido ingenuamente descuidado por los BRICS que aún no asimilan que la mercadotecnia neoliberal, con disfraz de inocuo “entretenimiento”, es también geopolítica, lo que obliga a una política estratégica de multimedia plural y democrática, sin duda, pero con la primacía de contenidos acoplados a la seguridad nacional de los países afectados por la intoxicación desestabilizadora de sus adversarios.

 

No es ocioso insistir: el binomio finanzas/(tele)comunicaciones, también inextricable en el depredador neoliberalismo global, forman parte de la panoplia hegemónica de EU, aunque se encuentre en franca decadencia, pero aún con gran capacidad de represalias letales.

 

A mi juicio, en la esfera moral/social/cultural EU se encuentra en enorme desventaja cuando atraviesa una fase de aterradora anomiasalpicada de una degradación social (violencia, drogas y lascivia), una polarización político-económica, y amagos de una ominosa secesión en 20 estados (incluyendo Texas).

 

Veinte años después de la “catástrofe geopolítica (Putin dixit)” que significó la disolución de la URSS, el think tank europeo de estrategia aduce que hoy Rusia se encuentra en “el centro de una red de alianzas, acuerdos y complicidades diversas (Grupo de Shanghai, los BRICS, su papel en el Medio Oriente, etcétera)” que refleja las turbulencias de los “tiempos nuevos” y anuncia la evolución inexorable hacia un nuevo orden mundial, que, a mi juicio, será ontológicamente multipolar o no lo será.

 

Twitter: @AlfredoJalife

http://alfredojalife.com

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Domingo, 09 Diciembre 2012 08:22

EE.UU. vs. ONU

EE.UU. vs. ONU

La Organización de las Naciones Unidas se fundó el 24 de octubre de 1945 en San Francisco, California, pero el país que le dio cuna y luego asiento en Nueva York no la quiere demasiado. Tampoco le preocupa el cumplimiento cabal de los pactos y convenciones que ha firmado o adherido o de los que es Estado-parte. Con su capacidad de veto en el Consejo de Seguridad de la organización internacional más importante del planeta, no vacila en vedar acuerdos aprobados por los representantes de 193 países que integran su Asamblea General.

 

Rusia, China, Francia y Reino Unido, en su calidad de miembros permanentes del Consejo, no han dudado en vetar resoluciones que hieren sus intereses o posiciones geopolíticas y no están exentas de incumplir tratados que aprobaron. La campeona fue la ex Unión Soviética, lo usó 120 veces, pero desde fines de 1991 cuando se convirtió en Federación Rusa sólo tres; EE.UU. en 81 ocasiones, el Reino Unido en 32, Francia en 18 y China en cinco. Sin embargo, nunca dejaron de aportar su cuota al financiamiento de los diversos organismos de la ONU, como hizo la Casa Blanca el 11 de noviembre del 2011 con la Organización de las Naciones Unidas por la Educación y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés) cuando una aplastante mayoría de sus miembros aprobó el ingreso de la Autoridad Palestina como Estado con pleno derecho.

 

La primera vez fue más dura: en 1984, EE.UU. se retiró de la Unesco –a la que reingresó en el 2003–, inconforme con las políticas de su director general entonces, el ex ministro de Educación y Cultura de Senegal Amadou-Mahtur M’Bow, el primer negro africano en ocupar ese cargo. Le criticaba sus posiciones “antioccidentales” en materia de desarme, la cuestión palestina y el apartheid sudafricano y, en particular, la polémica iniciativa de establecer un nuevo orden mundial de la información y la comunicación. Singapur y el Reino Unido también se retiraron en 1985, infligiendo un duro golpe al ya flaco presupuesto de la organización.

 

La disconformidad estadounidense más reciente fue despertada –más bien tarde– por la Convención de la ONU sobre los derechos de las personas con discapacidad, aprobada en diciembre del 2006 y “concebida como un instrumento de derechos humanos con una dimensión explícita de desarrollo social” (www.un.org). Ratificada por 126 naciones a las que insta a “garantizar que las personas con discapacidad gocen de los mismos derechos que sus conciudadanos”, EE.UU. es uno de sus 155 signatarios. El Partido Republicano y no pocos demócratas y aun autoproclamados libertarios se oponen a que tal “despropósito” ocurra. El verdadero despropósito es el argumento de semejante negativa.

 

Betsy Woodruff aduce en la muy conservadora National Review que “podría potencialmente socavar la soberanía estadounidense” (www.nationalre view.com, 3/12/12). El libertario Instituto Cato aduce lo mismo y aplaude la decisión del Senado de rechazar la ratificación del tratado por 61 votos contra 38 (www.cato-art-liberty.org, 4/12/12). Pero conviene remitirse a lo señalado por The New York Times: “La Convención carece de las disposiciones necesarias para alterar o invalidar las leyes de EE.UU. y cualquier recomendación que de ella emane no sería vinculante para el Estado o los gobiernos federales o los tribunales federales” (www.nyti mes.com, 3/12/12). Porque el punto es precisamente ése: no es un tratado vinculante, es decir, no obliga a sus signatarios a acatarlo. En realidad, la cuestión es otra: el déficit presupuestario brutal de EE.UU.

 

El comité de agricultura de la Cámara de Representantes aprobó un corte de más de 16.000 millones de dólares de la financiación del llamado Programa de alimentos por estampillas que facilita la nutrición de numerosas familias pobres. Si se aprobara ese proyecto de ley, de dos a tres millones de personas perderán tal ayuda por completo (www.disabled-world.com, 28/7/12). Por su parte, la presidenta demócrata del Senado, Debbie Stabenow, aboga por un recorte mayor (www.washigtonpost.com, 5/12/12). El ejercicio de la soberanía, entonces, consistiría en el derecho a empobrecer aún más a los pobres.

 

Otra cuestión que irrita a los neoconservadores, y también mienten sobre ello, es el llamado Plan 21, uno de los muchos documentos de la ONU que, en este caso, versan sobre el desarrollo sustentable en el siglo XXI. El ex periodista estrella de Fox News, Glenn Beck, abandera el repudio: dijo en relación con este plan que “cuando (la ONU) hunda sus colmillos en nuestras comunidades, les chupará toda la sangre y no podremos sobrevivir. Tengan cuidado” (//media matters.org, 17/6/11). Nada que ver: la propuesta no es vinculante.

 

John Bolton, ex embajador de EE.UU. ante la ONU designado por W. Bush, fue quien mejor definió la actitud de la Casa Blanca hacia la organización mundial: “No hay Naciones Unidas –dijo–. Lo que hay es una comunidad internacional que ocasionalmente puede ser dirigida por el único poder real que existe en el mundo y ese poder es Estados Unidos” (www.de mocracynow.org, 31/3/05). Oiga.

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Domingo, 09 Diciembre 2012 08:07

Gaza, bajo ataque

Gaza, bajo ataque

Un anciano en Gaza sostenía una pancarta que decía: Me quitan mi agua, queman mis olivos, destruyen mi casa, me quitan mi empleo, roban mis tierras, encarcelan a mi padre, matan a mi madre, bombardean mi país, nos matan de hambre, nos humillan, pero yo tengo la culpa: disparo un cohete en respuesta”. El mensaje del anciano ofrece el contexto adecuado para el más reciente episodio en el feroz castigo a Gaza. Los crímenes se remontan a 1948, cuando cientos de miles de palestinos huyeron de sus casas aterrorizados o fueron expulsados a Gaza por las conquistadoras fuerzas israelíes, que continuaron llevando palestinos en camiones a la frontera durante años tras el cese al fuego oficial.

 

El castigo adoptó nuevas formas cuando Israel conquistó Gaza en 1967. Por la reciente publicaciones académicas israelíes (principalmente La novia y la dote: Israel, Jordania y los palestinos tras la guerra de junio de 1967, de Avi Raz) nos enteramos que el objetivo del gobierno era desplazar a los refugiados hacia la península del Sinaí y, de ser posible, al resto de la población también. Las expulsiones desde Gaza fueron llevadas a cabo bajo las órdenes directas del general Yeshayahu Gavish, comandante del Comando Sur de las Fuerzas de Defensa de Israel. Las expulsiones desde Cisjordania fueron mucho más extremas e Israel recurrió a medios tortuosos para evitar el regreso de los expulsados, en violación directa de las órdenes del Consejo de Seguridad de la ONU.

 

Las razones quedaron en claro en discusiones internas inmediatamente después de la guerra. Golda Meir, posteriormente primera ministra, informó a sus colegas del Partido Laborista que Israel conservaría la franja de Gaza mientras “se libre de sus árabes”. El ministro de Defensa Moshe Dayan y otros estuvieron de acuerdo. El primer ministro Levi Eshkol explicó que a los expulsados no se les podía permitir regresar, porque “no podemos aumentar la población árabe en Israel”, refiriéndose a los territorios recién ocupados, ya considerados parte de Israel.

 

De acuerdo con esta concepción, todos los mapas de Israel fueron cambiados, eliminando la Línea Verde (las fronteras reconocidas internacionalmente); aunque la publicación de los mapas fue retrasada para permitir que Abba Eban, embajador israelí ante la ONU, consiguiera lo que él llamó un “estancamiento favorable” en la Asamblea General ocultando las intenciones de Israel. Los objetivos de la expulsión quizá sigan vivos hoy día, y podrían ser factor que contribuyera a la resistencia de Egipto a abrir la frontera al libre paso de personas y productos proscritos por el sitio israelí respaldado por Estados Unidos. El actual aumento de la violencia estadounidense-israelí data de enero de 2006, cuando los palestinos votaron “de la manera equivocada” en la primera elección libre en el mundo árabe. Israel y Estados Unidos reaccionaron a la vez con un duro castigo contra los facinerosos y con preparativos para un golpe militar que derrocara al gobierno electo, el procedimiento de rutina.

 

El castigo se intensificó radicalmente en 2007, cuando el intento de golpe fue sofocado y el electo gobierno de Hamas estableció control pleno sobre Gaza. Ignorando las ofertas inmediatas de Hamas para una tregua después de la elección de 2006, Israel lanzó ataques que causaron la muerte de 660 palestinos en 2006, la mayoría de los cuales eran civiles (un tercio eran menores de edad). Según reportes de la ONU, 2 mil 879 palestinos murieron por fuego israelí de abril de 2006 a julio de 2012, junto con varias docenas de israelíes que fallecieron por disparos desde Gaza. Una breve tregua en 2008 fue cumplida por Hamas, hasta que Israel la rompió en noviembre. Ignorando ofertas de tregua adicionales, Israel lanzó la cruenta operación Plomo fundido en diciembre.

 

Así han seguido las cosas, mientras Estados Unidos e Israel continúan rechazando los llamados de Hamas a una tregua a largo plazo y un acuerdo político para una solución de dos estados en concordancia con el consenso internacional que Estados Unidos ha bloqueado desde 1976 cuando Estados Unidos vetó una resolución del Consejo de Seguridad a ese respecto, presentada por los principales estados árabes. Esta semana Washington dedicó todos los esfuerzos posibles a bloquear una iniciativa palestina para mejorar su estatus en la ONU, pero fracasó en virtual aislamiento internacional como es común. Las razones fueron reveladoras: Palestina podría acercarse al Tribunal Penal Internacional para denunciar los crímenes de Israel respaldados por Estados Unidos. Un elemento de la tortura incesante de Gaza es la “zona de amortiguamiento” de Israel dentro de Gaza, por la cual los palestinos tienen prohibido ingresar a casi la mitad de las limitadas tierras arables de Gaza. De enero de 2012 al lanzamiento del más reciente ataque asesino de Israel el 14 de noviembre, la operación Pilar de defensa, un israelí murió por disparos desde Gaza, mientras 78 palestinos fallecieron por disparos israelíes.

 

La historia completa es naturalmente más compleja y fea. El primer acto de la operación Pilar de defensa fue asesinar a Ahmed Jabari. Aluf Benn, editor del periódico Haaretz, lo describe como el “subcontratista” y el “guardia fronterizo” de Israel en Gaza, quien aplicó una relativa calma ahí durante más de cinco años. El pretexto para el asesinato fue que durante estos cinco años Jabari había estado creando una fuerza militar de Hamas, con misiles procedentes de Irán. Una razón más creíble fue ofrecida por el activista de la paz israelí Gershon Baskin, quien había estado involucrado en negociaciones directas con Jabari durante años, incluyendo planes para la eventual liberación del soldado israelí capturado Gilad Shalit. Baskin reporta que horas antes de que fuera asesinado, Jabari “recibió el borrador de un acuerdo de tregua permanente con Israel, que incluía mecanismos para mantener el cese al fuego en caso de un altercado entre Israel y las facciones en la Franja de Gaza”. En ese entonces estaba en vigor una tregua convocada por Hamas el 12 de noviembre.

 


Israel aparentemente aprovechó la tregua, informa Reuters, dirigiendo la atención hacia la frontera siria con la esperanza de que los líderes de Hamas relajaran su guardia y fuera más fácil el asesinato. A lo largo de estos años, Gaza ha sido mantenida en un nivel de mera supervivencia, encerrada por tierra, mar y aire. En vísperas del ataque más reciente, la ONU reportó que 40 por ciento de los medicamentos esenciales y más de la mitad de los artículos médicos primordiales estaban agotados. En noviembre, una de las primeras de una serie de fotos espantosas enviadas de Gaza mostraba a un médico sosteniendo el cuerpo achicharrado de un niño asesinado. Ésa tuvo resonancia personal. El médico es director y jefe de cirugía del hospital Khan Yunis, el cual yo había visitado unas semanas antes. Al escribir sobre el viaje reporté su apasionado llamado de solicitud de medicamentos y equipo quirúrgico desesperadamente necesarios. Éstos están entre los crímenes del sitio estadounidense-israelí y de la complicidad egipcia. Las cifras de víctimas del episodio de noviembre fueron más o menos promedio: más de 160 palestinos muertos, incluidos muchos niños, y seis israelíes. Entre los fallecidos estuvieron tres periodistas. La justificación israelí oficial fue que “los blancos son personas que tienen relevancia en la actividad terrorista”.

 

Reportando la ejecución en The New York Times, el reportero David Carr observó que “se reduce a esto: matar a miembros de los medios noticiosos puede justificarse con una frase tan amorfa como ‘relevancia en la actividad terrorista’”. La destrucción masiva se concentró en Gaza. Israel usó equipo militar estadounidense avanzado y dependió del apoyo diplomático de ese país, incluidos los usuales esfuerzos de intervención de Estados Unidos para bloquear el llamado del Consejo de Seguridad a un cese el fuego. Con cada una de esas hazañas, la imagen mundial de Israel se erosiona. Las fotos y videos del terror y la devastación y el carácter del conflicto dejan pocas pizcas restantes de credibilidad al auto-declarado “ejercito más moral del mundo”, al me nos entre las personas que tienen los ojos muy abiertos.

 

Los pretextos para el ataque también fueron los usuales. Podemos dejar de lado las predecibles declaraciones de los perpetradores en Israel y Washington. Pero incluso la gente decente se pregunta qué debería hacer Israel cuando es atacado por una andanada de misiles. Es una pregunta justa, y hay respuestas directas. Una sería cumplir la ley internacional, que permite el uso de la fuerza sin la autorización del Consejo de Seguridad en exactamente un caso: en defensa propia después de informar al Consejo de Seguridad de un ataque armado, hasta que el consejo actúe, de acuerdo con la Carta de la ONU, artículo 51. Israel está bien familiarizado con esa estipulación de la carta, la cual invocó en el estallido de la guerra de junio de 1967. Pero, por supuesto, el llamado de Israel no llegó a ninguna parte cuando se estableció rápidamente que Tel Aviv había lanzado el ataque.

 

Israel no siguió este camino en noviembre, a sabiendas de lo que se revelaría en un debate en el Consejo de Seguridad. Otra respuesta sería aceptar una tregua, como parecía bastante posible antes de que se lanzara la operación el 14 de noviembre. Hay más respuestas de amplio alcance. Por coincidencia, una se discute en el número actual de la revista National Interest. Los expertos en Asia Raffaello Pantucci y Alexandros Petersen describen la reacción de China después del amotinamiento en la provincia occidental de Xinjiang, “en la cual multitudes de uigures marcharon por la ciudad matando a golpes a desafortunados (chinos)”. El presidente chino Hu Jintao rápidamente voló a la provincia para hacerse cargo; destacados líderes del círculo de seguridad fueron despedidos, y se emprendió una amplia gama de proyectos de desarrollo para abordar las causas latentes de la intranquilidad.

 

En Gaza también es posible una reacción civilizada. Estados Unidos e Israel pudieran poner fin a la agresión inmisericorde e incesante, abrir las fronteras y ofrecer medios para la reconstrucción; y si fuera imaginable, indemnizaciones por décadas de violencia y represión. El acuerdo de cese el fuego declaraba que las medidas para implementar el fin del sitio y los ataques dirigidos a residentes en las áreas fronterizas “deben ser abordadas 24 horas después del inicio del cese al fuego”. No hay signos de que haya pasos en esta dirección. Ni hay ningún indicio de una disposición estadounidense-israelí a anular sus acciones para separar a Gaza de Cisjordania en violación de los Acuerdos de Oslo, a poner fin a los programas de desarrollo y asentamientos ilegales en Cisjordania que están diseñados para socavar un acuerdo político, o en cualquier otra forma a abandonar el rechazo de las últimas décadas. Algún día, debe ser pronto, el mundo responderá al llamado del distinguido abogado de derechos humanos gazatí Raji Sourani, mientras las bombas de nuevo estaban lloviendo sobre los civiles indefensos en Gaza: “Demandamos justicia y responsabilidad. Soñamos con una vida normal, en libertad y con dignidad”.

 

(La publicación del nuevo libro de Noam Chomsky, Power systems: conversations on global democratic pprisings and the new challenges to US empire –Sistemas de poder: conversaciones sobre las rebeliones democráticas mundiales y los nuevos desafíos para el imperio estadounidense–, está programada para enero. Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge, Massachusetts)

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La más reciente escaramuza palestina: ¿un nuevo juego de pelota?

El mundo entero observó el más reciente conflicto violento entre Israel y los palestinos. Todos contuvieron la respiración al ver al presidente Morsi, de Egipto, arreglar la tregua, que por el momento perdura. Y todos, excepto los israelíes, alabaron a Morsi por lograr esa tregua, que parecía difícil.

 

Pero, ¿qué significa? Para contestar esto necesitamos preguntarnos qué esperaba ganar cada uno de los cuatro jugadores principales. Los jugadores que importaban fueron el primer ministro Bibi Netanyahu, de Israel; los presidentes Obama y Morsi, y el liderazgo de Hamas. Cada uno quería cosas diferentes.

 

Comencemos por Netanyahu. Él enfrenta ahora unas elecciones y quiere ganarlas en grande. Por el momento no puede bombardear Irán, pero quería que la atención se centrara de nuevo en Irán y se apartara de Palestina. Así que jugó la carta nacionalista común –“abajo los terroristas de Hamas, y más vale que Estados Unidos nos respalde al 100 por ciento, por que si no bombardearemos Irán ahora mismo”.

 

Pero se topó con un problema inesperado. Hamas resultó un tanto más fuerte militarmente de lo que era. Pudo, de hecho, lanzar cohetes y bombas a Tel Aviv y a Jerusalén. Sí, estos cohetes pudieron repelerse con éxito debido al nuevo domo de acero que Estados Unidos construyó a los israelíes. Pero fue una advertencia militar para el futuro. Además, Israel, no Hamas, fue culpado en todo el mundo (y lo más importante es que en Europa occidental) de haber comenzado esta reciente confrontación. La prensa fue negativa y prometía empeorar. Así que Netanyahu, en efecto, reculó y accedió a una tregua, que contiene cosas (por lo menos en el papel) que Israel nunca antes había querido decir.

 

¿Y Obama? Esta escaramuza fue lo último que necesitaba, estando enmedio de la batalla política más importante en Estados Unidos, y siendo quisiquilloso acerca de cualquier ulterior compromiso militar en el exterior. Pero por supuesto tenía que respaldar a Israel en el Consejo de Seguridad. Así, ¿qué fue lo que intentó? Muy simple: seguir siendo relevante. Envió a la secretaria Clinton a Israel a estrechar la mano de Netanyahu públicamente. Fue ella también a Ramallah a decir al presidente Abbas, de la Autoridad Palestina, que Estados Unidos seguía buscando una solución con dos estados. El problema es que ni Abbas ni la Autoridad Palestina eran jugadores en esta escaramuza. Y, por supuesto, ella no fue a Gaza a arreglar una tregua, porque oficialmente Estados Unidos considera a Hamas una organización terrorista. Así que Obama y Clinton se las arreglaron para mostrar al mundo que Estados Unidos no sólo no era indispensable, sino tampoco era relevante.
Así que en Egipto fue donde ocurrió la acción. Morsi quiso hacer dos cosas. Primero, mostrar que Egipto era la nación indispensable, por lo menos en Medio Oriente. Segundo, mover el foco de la atención mundial de Irán y Siria a Palestina. Logró por completo el primer objetivo y su logro fue importante en cuanto al segundo. Entre otras cosas, hay que resaltar lo callada que estuvo Arabia Saudita durante este asunto. También ellos comenzaron a verse menos relevantes.

 

El mundo occidental está pensando ahora que Morsi tiró su victoria a la basura, debido a los decretos internos que anunció pocos días después de la tregua. Cierto, ahora enfrenta la oposición unificada de la mitad del país. Pero, ¿quiénes son esa mitad que se está manifestando contra él? Son una variopinta alianza de jóvenes que son los herederos de las revueltas de 1968 contra la autoridad, los liberales orientados al mercado, los nacionalistas nasseritas, la izquierda política y los grupos que son los remanentes del régimen de Mubarak.

 

Noten que todos estos grupos de una forma u otra están comprometidos con valores que uno encuentra en el mundo occidental. Contra ellos, Morsi habla de una serie de valores arabo-islámicos indígenas que la Hermandad Musulmana siempre ha reivindicado. Morsi está replicando internamente lo que hizo a escala internacional. Egipto, no Estados Unidos, terminó siendo quien arregló la tregua. Y al interior de Egipto será la sharia (aunque sea una versión leve de ésta) la que prevalecerá. Tal postura tiene un amplio respaldo.

 

Y en cuanto a Hamas, está celebrando. Israel tuvo que llegar a términos con ellos. Han marginado a Abbas. Estados Unidos comenzará a negociar con ellos también. No pueden sino ser optimistas por su futuro.

 

Traducción: Ramón Vera Herrera

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El panorama latinoamericano para la política exterior de los EE.UU.

ALAI AMLATINA, 06/12/2012.- Los instrumentos claves de la hegemonía y el poderío nacional de los Estados Unidos resultan básicos para el re-acoplamiento del liderazgo mundial de ese país en el sistema-mundo, acorde con los cambios que se producen tanto al interior de esa sociedad como en la arena internacional. Para este objetivo central, se trazan prioridades estratégicas a nivel internacional, que consoliden el carácter hegemónico de su política exterior. En este interés se articulan los instrumentos políticos, diplomáticos, ideológicos, culturales, económicos e informacionales del poderío nacional estadounidense.

 

La política exterior de ese país, matizada por la diplomacia transformacional, afronta la necesidad de transformar la visión de los EE.UU. ante el mundo. Para el caso latinoamericano, acoge un complejo contexto con una correlación de fuerzas que resulta contestataria a los intereses imperiales en los foros regionales.

 

En ese panorama, el gobierno estadounidense ha debido perfeccionar la proyección político-diplomática, mediante el poder inteligente (smart power) y la diplomacia y el desarrollo como complemento de la defensa (las tres D). Desde estos presupuestos, se perfeccionan las bases esenciales de la política exterior de los Estados Unidos, para el efectivo cumplimiento de los objetivos estratégicos en la esfera internacional.

 

La política exterior de los Estados Unidos en el nuevo escenario global, se halla en un proceso de reacomodo y adaptación ante la emergencia de nuevas potencias económicas como China y Rusia en primera escala y en un segundo orden la India, Brasil y Sudáfrica, completando el eje de los BRICS.

 

El caso brasileño merece una especial atención por el rol que desempeña en el escenario latinoamericano y los espacios de cooperación que se abren con EE.UU. en la lucha contra el narcotráfico, contra el cambio climático y para alcanzar la seguridad en temas energéticos. En esta relación, se destacan zonas de interés geoestratégicos como la Amazonía y la Triple Frontera, donde las dinámicas político-diplomáticas adquieren relevancia.

 

El instrumento económico, financiero y comercial juega también un rol importante, en la inversión y el ejercicio de influencia a partir de las transnacionales, las ONGs, y otros grupos ad hoc en la región, que han formado bases de trabajo en territorios claves. En esta proyección el empresariado estadounidense tiene grandes cuotas de poder.

 

Los intereses geoestratégicos de EE.UU. deben comprenderse desde la formación imperial del Estado-Nación. Por ello el Dr. Néstor García Iturbe considera: “Dentro de los mecanismos de dominación utilizados por Estados Unidos, es importante tomar en cuenta el comercio, fundamentado en el intercambio desigual y preferencial en lo que respecta a la nueva metrópoli.” (1)

 

Otro elemento de imprescindible consideración en la proyección de EE.UU. hacia el hemisferio, radica en el impacto de la crisis del sistema-mundo, donde el hegemón ha reconocido la necesidad de realizar cambios a nivel doctrinal, para el ejercicio de una política exterior más efectiva. En este sentido, ya no basta con la recuperación económica y la demostración de la supremacía militar, sino que para la consolidación hegemónica es necesaria también, la preservación de su liderazgo en el orden político, diplomático, ideológico, cultural e informacional.

 

En este afán se emprenden reformas en la proyección de la política exterior y de seguridad, guiadas por el Smart power y las tres D. Desde estos presupuestos, se desarrolla una diplomacia en correspondencia con la necesidad de recuperar credibilidad y adecuar la agenda internacional a los nuevos tiempos. Para ello, los Departamentos y Agencias del gobierno estadounidense han llevado a cabo varias reformas, de donde se destacan las implementadas por el Departamento de Estado y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).

 

La actualización de los documentos rectores de la política exterior y de seguridad, arrojan algunas pistas. Tanto la Estrategia de Seguridad Nacional de 2010, la Revisión Cuadrienal de Diplomacia y Desarrollo (QDDR) de 2010, cómo los lineamientos de la USAID, dejan claro la necesidad de implementar modificaciones a las formas de proyección internacional de los EE.UU.

 

En este interés destaca la relevancia al tema de la seguridad y el poder civil, realzado en la QDDR como un soporte para promover los intereses nacionales y atraer socios. El tema del liderazgo, visto desde la mediación del poder civil significa un trabajo de liderazgo y coordinación sobre los recursos de todos los organismos civiles estadounidenses, puestos en función de “prever” y “solucionar” conflictos. Asimismo, se entiende al poder civil como un elemento básico para la promoción de sus valores e intereses estadounidenses al resto del mundo. Estos se potabilizan por medio de la “cooperación” contra la pobreza, el tráfico ilícito de drogas y los desastres naturales.

 

En los últimos meses, donde los medios fueron copados con el show electoral, ha existido un interesante despliegue de funcionarios militares y diplomáticos hacia la región. Entre ellos se destacan las “(…) visitas de coordinación del representante del Pentágono, Frank Mora, a distintos países suramericanos para organizar seminarios especiales para los funcionarios de los ministerios de defensa y preparar nuevos acuerdos de instalación de bases norteamericanas en estos territorios.” (2)

 

Por otra parte, la relación de EE.UU. con los latinos se complejiza, incluso al interior de esa sociedad. Los efectos de la crisis económica sobre el empleo y su particular afectación para los inmigrantes latinos, tienen un impacto electoral. La reelección de Obama con el apoyo de la mayoría de este sector deja en claro la importancia del voto latino, como principal minoría de ese país.

 

“Un país con 50,5 millones de personas de origen latino que representan el 16% de la población y casi el 12% del electorado. Se convirtieron en la principal minoría del país y son mayoría en 28 ciudades, con un crecimiento de casi la mitad (43 %) en la última década.” (3)

 

Esta realidad unida al peculiar sistema de votación de ese país, hace que en Estados pendulares como Colorado, Ohio, Nevada, Carolina del Norte y La Florida, resulte estratégica la atracción del voto latino. Estas transformaciones permiten comprender la ascendencia de los latinos en la política estadounidense, con figuras como Joaquín Castro y cubano-americanos como los senadores Marco Rubio, Robert Menéndez y Ted Cruz, así como los congresistas David Rivera y Joe García.

 

Estas trasformaciones calan en la opinión pública estadounidense, con efectos socioculturales de imprescindible valoración para un diagnóstico lógico. Sobre este elemento el académico Immanuel Wallerstein consideró:

 

“El antagonismo hacia México debido a los migrantes indocumentados ha llegado a jugar un papel importante en la política estadunidense y ha estado socavando los supuestos lazos económicos cercanos con México. Y en cuanto al resto de América Latina, el crecimiento de su postura geopolítica independiente es fuente de frustración para el gobierno estadunidense y de impaciencia para el público en ese país.” (4)

 

Por otra parte, la relación con los gobiernos contestatarios de la región se dificulta, con la desfavorable relación político-diplomática con el núcleo fuerte del ALBA (Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Cuba); los problemas de inseguridad y la violencia, derivados de la guerra contra las drogas en México y Centroamérica, y el ascenso de Brasil como potencia emergente. Esta situación, deja un difícil escenario para la consolidación hegemónica estadounidense.

 

La continuidad de los golpes de Estado o sus intentos, desde las amenazas desestabilizadoras contra los gobiernos de Venezuela, Bolivia y Ecuador, el golpe de Estado en Honduras y la destitución del presidente Fernando Lugo en Paraguay, muestran el interés del gobierno estadounidense por cambiar la correlación de fuerzas de la región.

 

El golpe en Paraguay refleja un nuevo periodo de las relaciones entre EE.UU. Latinoamérica, donde Brasil juega un papel más importante en el ajedrez regional. Desde la acción de ese país en el MERCOSUR, desfavorable para Paraguay y favorable para la entrada de Venezuela, parece haber ocurrido un efecto boomerang para los intereses estadounidenses en Sudamérica. Por si fuera poco, la reelección del presidente Chávez y el mejoramiento de las relaciones con Colombia dificulta el trabajo de divide y vencerás de la política exterior estadounidense.

 

El avance del proceso de paz entre el gobierno colombiano y la guerrilla, actuando Cuba como mediador junto a Noruega, denota un nuevo contexto. En tales circunstancias, el aislamiento de Cuba en los foros regionales resulta un fracaso. En la OEA se posicionó el regreso de Cuba y para la Cumbre de las Américas en Colombia, fue reclamada la participación de la Isla.

 

En el plano de la seguridad, la legalización de las drogas ha aumentado el debate, de lo que fue eco la pasada Cumbre de las Américas. El auge de este tema dificultaría los intereses de EE.UU. en la región, al proponerse políticas de debilitarían los fundamentos que justifican sus efectivos de seguridad en el hemisferio. El impulso de los países latinoamericanos del Consejo de Defensa Sudamericano y la expulsión de la USAID y la DEA por los gobiernos latinoamericanos más radicales, ofrece señales de alerta contra la ansiada conquista de los corazones y las mentes latinas, a través del American dream.

 

En el área informacional, la utilización de las redes sociales en Internet y los medios alternativos, por movimientos y gobiernos contestatarios, ha mostrado otras visiones sobre la proyección de EE.UU. en Nuestra América. Un ejemplo claro de ello es la extensión de su uso por presidentes latinoamericanos como Chávez, Correa y Dilma, así como por movimientos sociales emancipadores.

 

Los escándalos provocados por la Operación Rápido y Furioso y la Naufragio, las cuales permitieron armar a los carteles de la droga, incrementan la visión desfavorable hacia la política exterior y de seguridad de los EE.UU. hacia la región. Si a esto se suma el incremento de muertes a causa de la guerra contra el narcotráfico, puede percibirse el difícil panorama para la consolidación hegemónica en la región.

 

Estas circunstancias han modificado la matriz de opinión de los países latinoamericanos y, también, al interior de los Estados Unidos; evidenciándose la necesidad de una reformulación de los instrumentos claves de la política exterior y de seguridad de Washington en Latinoamérica, a partir de métodos más convincentes. Según las últimas encuestas, y a consideración de Immanuel Wallertestin: “En la opinión pública el elemento más importante relacionado con la política exterior estadounidense es la incertidumbre y la falta de claridad.” (5)

 

El contexto internacional no ayuda. La crisis económica en la UE, y las relaciones de estos países con Latinoamérica, aumentan los cuestionamientos sobre el liderazgo estadounidense, ante la crisis que atraviesa el sistema-mundo. El ascenso de China y el incremento de sus relaciones económicas, comerciales y financieras con Latinoamérica, es otro de los elementos donde cede espacios el hegemón, si bien preserva su predominio en la región.

 

En esta atmósfera, el gobierno estadounidense rearticula los instrumentos del poderío nacional para perfeccionar la penetración imperial. En este sentido, se validan conceptos como la responsabilidad de proteger, para temas sensibles como la seguridad humana, la gobernabilidad, la convivencia democrática, el estado de derecho y la violencia y la criminalidad, que posibilitan el trabajo de influencia con sectores señalados como “vulnerables” en los documentos rectores de la política exterior y de seguridad estadounidense.

 

Ante estas circunstancias, en la percepción de la opinión pública crece el estado de frustración e incertidumbre, y muchos se preguntan qué será de la política internacional de los EE.UU. en la aldea global de las próximas décadas. Al respecto, el politólogo Immanuel Wallerstein consideró: “Es probable que para 2020 y para 2030 la política exterior comience a digerir la realidad de que Estados Unidos no es la única superpotencia todo poderosa, sino simplemente uno de los cuantos loci de poder geopolítico.” (6)

 

Por Alejandro L. Perdomo Aguilera Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Notas:
1) Néstor García Iturbe. Los mecanismos de dominación de Estados Unidos. En: “Los Estados Unidos en la época de Bush”. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2009.
2) Pedro Pablo Gómez. Estados Unidos y Latinoamérica: Detrás de la campaña.24 octubre, 2012. En: http://lapupilainsomne.wordpress.com/2012/10/24/estados-unidos-y-latinoamerica-detras-de-la-campana/
3) Los retos de Obama en su segundo mandato (2013-2017). En: http://www.cubadebate.cu/opinion/2012/11/16/los-retos-de-obama-en-su-segundo-mandato-2013
4) Immanuel Wallerstein. La política exterior de Estados Unidos y su opinión pública interna. En: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=158332 publicado 28-10-2012
5) Immanuel Wallerstein. Ob;cit
6) Immanuel Wallerstein. Ob;cit

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Insurrección global de los pueblos en el “complejo mundo post hegemónico”, según Brzezinski

En mi reciente ponencia en Brasilia ante los comités de Defensa y Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados, durante el seminario Estrategias de defensa nacional (ver Bajo la Lupa, 2/12/12), expuse las dos altas vulnerabilidades geoestratégicas de la semiperiferia/periferia frente a lo que queda del núcleo del caduco orden unipolar: las finanzas y las (tele)comunicaciones, ambas oligopólicas e inextricablemente imbricadas.

 

Las (tele)comunicaciones, ya no se diga las finanzas, pertenecen al máximo orden jerárquico geoestratégico y/o de la “seguridad nacional” a inicios del siglo XXI, que reclaman su pluralidad y democratización frente al ultrasectarismo del control oligopólico/totalitario.

 

Con enfoque geoestratégico, aludí a la reciente confesión perturbadora durante su conferencia en Sopot (Polonia) de Zbigniew Brzezinski, ex asesor de Seguridad Nacional de James Carter e íntimo de Barack Obama, sobre las “extensa resistencia populista (sic)” que “descarrila (sic) el nuevo orden mundial” y su “amenaza al control externo (sic)”, según reporta Paul Joseph Watson, de Infowars (26/11/12).

 

El “nuevo orden mundial” no es más que la decadente unipolaridad geoestratégica de Estados Unidos que se subsume en la desregulada globalización financierista.

 

Zbigniew Brzezinski se ha convertido en el geoestratega más crítico dentro de la cúpula del poder estadunidense –en referencia a su inexorable decadencia– que condensó en su reciente libro Visión estratégica: EU y la crisis del poder global (ver Bajo la Lupa, 5/2/12).

 

Después de la relección de Obama, Brzezinski ha endurecido su discurso frente al intratable hiperbelicismo mesiánico de Israel y ha advertido que “EU no debe seguir a Israel como una mula (¡supersic!) estúpida” (Kevin Barrett, truthjihad.com, 27/11/12, y Russia Today, 29/11/12).

 

El portal europeo de estrategia dedefensa.org (28/11/12) se detiene en la conferencia El papel de Occidente (sic) en el complejo mundo post hegemónico, que impartió Zbigniew Brzezinski en Sopot (Polonia: su tierra de origen), que delata la “insurrección del mundo” y fustiga la “alucinación compartida” de que el siglo XXI sea el siglo estadunidense, tesis peregrina de los fundamentalistas neoconservadores straussianos de PNAC que hundieron a Estados Unidos en sus guerras fracasadas de Afganistán e Irak bajo el doble signo de la islamofobia y la israelofilia.

 

Según Brzezinski, el dominio de Estados Unidos ya no es posible, debido al cambio social acelerado empujado por “las comunicaciones (sic) instantáneas como la radio, la televisión e Internet”, que en forma acumulativa han estimulado “un despertar universal de conciencia política masiva”.

 

Zbigniew Brzezinski aduce que “el incremento del activismo populista (sic) en todo el mundo prueba ser hostil al dominio externo (sic) del género que prevaleció en la era del colonialismo y el imperialismo”, por lo que “la resistencia populista persistente (sic) y altamente motivada de pueblos políticamente despiertos (sic) y resentidos (sic) históricamente al control externo (sic) ha probado ser crecientemente difícil de suprimir”.

 

Dejando atrás las fijaciones sobre el “populismo” de Brzezinski, ¿se trata de una redición de la revuelta generalizada de 1848 en Europa, con la tecnología de las redes sociales 164 años más tarde?

 

A juicio del think tank europeo de estrategia, el término “post hegemónico” significa que “nadie (¡supersic!) puede ostentar un significativo control geopolítico de una región, alianza o imperio, no se diga del mundo”, cada vez más “complejo”, característica de la multipolaridad incipiente.

 

Dedefensa traduce que para Zbigniew Brzezinski “la era de la geopolítica concluyó” y ha sido sustituida por “la era de las comunicaciones” y su “nueva era sicopolítica”. Muy discutible.


¿No será más bien que el mundo post moderno introdujo una nueva dimensión a la geopolítica clásica ahora con las nuevas comunicaciones, donde en última instancia existen controles y propietarios catastrales?

 

La geopolítica clásica no finiquitó sino que se volvió más compleja y, sobre todo, multidimensional, donde resulta imperativa la formulación de una geopolítica del binomio finanzas/(tele)comunicaciones vinculada al dominio global y/o a la “seguridad nacional”.

 

Hasta el portavoz del neoliberalismo global, The Economist (1/12/12), se preocupa del dominio de los “cuatro gigantes de la era Internet” (Google, Apple, Facebook y Amazon): “nunca antes el mundo había visto empresas crecer tan rápido o extender sus tentáculos. Apple es el coloso del capitalismo”.

 

Suena interesante que la conferencia en Sopot de Zbigniew Brzezinski –uno de los pioneros de la desregulada globalización financierista– en el Foro Europeo para las Nuevas (sic) Ideas (EFNI, por sus siglas en inglés) –que aboga por la transformación de la Unión Europea en un superestado (sic) federal de corte fiscalista más que “democrático”– haya permeado dos meses más tarde en un sitio eminentemente antiglobalista como infowars.com, que se aprovecha de la oportunidad para lanzar un llamado a la movilización: “Resistan. ¡Aguanten en la línea! (…) Estamos ganando (…) Nos lo dijo Zbigniew Brzezinski”.

 

Participaron en la invitación de Sopot: Lech Walesa Institute’s Civic Academy, Intel Business Challenge Europe y Konkordia.

 

Dedefensa.org cita el rotativo Gazeta Swietojanska (27/11/12) que colocó en YouTube la intervención de Brzezinski y comenta que “las declaraciones de Zbigniew Brzezinski son un punto alto en la información que concierne la evolución de las relaciones internacionales”.

 

En forma coincidente se han expuesto al más alto nivel geoestratégico visiones alarmantes en la transfrontera de Polonia y Rusia en fechas recientes.

 

Dedefensa.org (4/12/12) reseña dos artículos concomitantes sobre la evolución del pensamiento ruso que merecen un escrutinio especial: “Rusia y los tiempos nuevos” y “Rusia puede cambiar su imagen para buscar nuevos aliados”.

 

En forma sucinta, el think tank europeo de estrategia considera que “la reflexión rusa es la más avanzada (sic) sobre la identificación de las necesidades fundamentales de cambios estructurales (sic) en la organización del mundo” y reconoce que “la crisis es colosal de la que nadie (sic) distingue el término ni la identifica con precisión”, cuando el presidente Vlady Putin aduce que el mundo está fuera de control (dedefensa.org, 11/7/12).

 

Tales “tiempos nuevos” y su incipiente nuevo orden mundial para los próximos 20 años (¡supersic!) fueron abordados por el Consejo de Política Extranjera y la Defensa en Moscú.

 

Llama la atención que también en Brasil la geoestrategia sea abordada por el binomio defensa/política exterior, mientras en el “México neoliberal” existe confusión mental al colocar a un financierista –sin prejuzgar de sus atributos– en la cancillería.

 

La revuelta también alcanza a los pensadores libres que quedan en “Occidente”: desde los países escandinavos, John Galtung, rector de TRANSCEND Peace University, diagnostica “El declive de la influencia tanto global de EU como regional de Israel” (IPS, 4/12/12).

 

El mundo va que vuela a la multipolaridad con “metarregionalismos” y/o balcanizaciones simultáneas. Pero antes habrá que transitar por la caída del otrora gigante unipolar que arrojará muchos cadáveres y estragos en su trayecto fatídico.

 

alfredojalife.com

Twitter: @AlfredoJalife

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Martes, 04 Diciembre 2012 06:46

Cinco países europeos presionan a Israel

 Cinco países europeos presionan a Israel

Gran Bretaña, Francia, España, Dinamarca y Suecia ayer se unieron en una creciente confrontación diplomática con Israel, sobre los planes del gobierno de Benjamin Netanyahu de construir miles de casas en Cisjordania y Jerusalén Este. Los cinco europeos convocaron a los embajadores israelíes en sus países, quienes fueron advertidos de que si Tel Aviv sigue adelante con el proyecto podría poner en peligro el proceso de paz y erosionar el apoyo occidental al estado judío. También se dice que el Reino Unido está considerando cancelar algunos tratados comerciales.

 

El plan de los asentamientos fue presentado en Israel como una reacción a la exitosa apuesta de Fatah para ser reconocidos por la Asamblea de las Naciones Unidas como un “Estado observador no miembro” la semana pasada. Pero la construcción de 3000 casas, particularmente en el área E1, al nordeste de Jerusalén, efectivamente dividiría a Cisjordania y dañaría aún más las aspiraciones de compartir Jerusalén en una futura solución de dos Estados.

 

El enojo es porque Israel ignoró los repetidos pedidos de Occidente de no seguir adelante con los planes de asentamientos. Más aún, los diplomáticos dicen que los israelíes eran totalmente conscientes de que el apoyo a Hamas había aumentado después de que sus cohetes impactaron en Tel Aviv y en un distrito de Jerusalén y que seguir adelante con las construcciones lo debilitarían a Abbas y a la AP. Los israelíes ya retuvieron alrededor de 120 millones de dólares que necesita la Autoridad Palestina para pagar a los empleados estatales, mientras que el ministro de Finanzas israelí, Yuval Steinitz, declaraba abiertamente que era en represalia por la movida de la ONU.

 

El canciller británico Alistair Burt dijo ayer: “Esta mañana me reuní con el embajador israelí en el Reino Unido, Daniel Taub, que fue formalmente llamado a la Cancillería. Taub fue convocado por las decisiones israelíes de construir 3000 unidades de vivienda en Jerusalén Este y en Cisjordania, para descongelar los planes en el área conocida como E1 y por retener ganancias impositivas de la Autoridad Palestina. Hablé en profundidad de la preocupación del Reino Unido sobre las decisiones y le pedí al gobierno israelí que las revirtiera. El plan de los asentamientos en particular tiene el potencial para alterar la situación en el terreno a una escala que amenaza la viabilidad de la solución de los dos Estados”.

 

“También dejé en claro que la fuerza de nuestra reacción surge de nuestro desencanto de que el gobierno israelí no escuchó los llamados que nosotros y otros le han hecho a Israel para que evite reaccionar a la resolución de la Asamblea de la ONU en forma que debilite a la Autoridad Palestina o a una vuelta a las conversaciones.”

 

El plan de los asentamientos ya fue condenado por la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton. Y el secretaro general de la ONU, Ban Ki-moon, afirmó que el asunto sería un “golpe casi mortal” para la solución de los dos Estados. La jefa de Relaciones Exteriores de la Unión Europea, Catherine Ashton, enfatizó que esa expansión “puede representar un paso que socave la perspectiva de una Palestina viable y contigua con Jerusalén como una capital compartida entre los dos Estados”.

 

En París, el canciller francés, Laurent Fabiuus, dijo que los planes de Israel eran “una nueva área de colonización”, y, si se confirmaban, iban a minar la confianza necesaria para reanudar las conversaciones. Israel, sin embargo, siguió sin inmutarse. Steinitz dijo que su gobierno no podía permanecer indiferente a la movida unilateral de los palestinos en la ONU. “Quiero decirles que aquellos mismos europeos y estadounidenses que ahora nos llaman ‘malos, malos’ por nuestra respuesta comprenden absolutamente que debemos responder, y ellos mismos advirtieron a la Autoridad Palestina”, dijo.

 

Ayer, el área E1 estaba desierta. Había luces en las calles, cables de electricidad y cañerías de agua, pero ninguna casa. “El E1 está en el medio de Jerusalén Este, dividiendo la continuidad de la tierra de la que depende el Estado palestino, creado dos cantones fuera de Cisjordania. Es por eso que el E1 es conocido como el camino a la derrota de la solución de los dos Estados”, dijo Betty Jerschman de Ir Amim, un grupo de presión que defiende la coexistencia en Jerusalén. A los planes anunciados este fin de semana les tomará por lo menos un año para atravesar la burocracia israelí.

 

 

 Por Kim Sengupta y Matthew Kalman *


Desde Jerusalén

 

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Páginal12.

Traducción: Celita Doyhambéhère.

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Jueves, 29 Noviembre 2012 18:08

La ONU acepta a Palestina

La ONU acepta a Palestina

Por una abrumadora mayoría, la Asamblea General de Naciones Unidas admitió este jueves a Palestina como “estado observador”, lo que implícitamente supone el reconocimiento, por parte de la organización más representativa de la voluntad internacional, de la soberanía de los palestinos sobre el territorio ocupado por Israel desde 1967. Esta decisión, con 138 votos a favor, 41 abstenciones y 9 en contra, abre un nuevo capítulo en un conflicto que se prolonga por más de seis décadas y deja a Israel y a Estados Unidos en el mayor aislamiento diplomático que han conocido jamás. Los nueve países que han votado en contra son Estados Unidos, Israel, Canadá, República Checa, Panamá, Palau, Micronesia, Nauru, y las islas Marshall.

“La ocupación debe terminar. No necesitamos más guerras para comprender la importancia de la paz”, advirtió el presidente palestino, Mahmud Abbas, ante la Asamblea General. El mandatario proclamó, tras recibir una larga salva de aplausos: “Palestina se presenta en la ONU porque cree que estamos en un momento decisivo, ante la última oportunidad para llegar a la solución de los dos Estados”. "Ha llegado la hora de que el mundo diga basta a la ocupación", agregó.


La votación no supone la admisión de Palestina como miembro de pleno derecho de la ONU, un paso que corresponde al Consejo de Seguridad, ni tiene consecuencias inmediatas en cuanto a la creación efectiva de un Estado. Pero da a los palestinos renovada legitimidad en su lucha contra la ocupación y llama la atención mundial sobre la urgente necesidad de poner fin a un problema que explica en gran medida el clima permanente de inestabilidad y violencia en Oriente Próximo.


Pese a todo su esfuerzo por reducir la transcendencia de esta votación, el resultado deja claramente en evidencia la posición insostenible en que Israel se encuentra para continuar la ocupación y la difícil situación de Estados Unidos como su único e incondicional valedor. Para EE UU el problema es doble, puesto que sus intereses en la región son múltiples y está obligado a jugar un papel decisivo en la promoción de las negociaciones de paz.


Ahora solo les queda a ambos un intento de contención de daños. Poco antes de la votación, la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, hizo “un llamamiento urgente a las dos partes para que eviten acciones que, de alguna manera, pudieran dificultar la reanudación de negociaciones”. Washington pretende evitar que los palestinos acudan, como pueden hacer con su nuevo estatus, a la Corte Penal Internacional (CPI) o al Tribunal Internacional de Justicia de La Haya contra Israel, lo que, definitivamente, alejaría cualquier posibilidad de diálogo, e intenta evitar también que Israel tome represalias, en forma de sanciones económicas o nuevos asentamientos, contra los palestinos. Al mismo tiempo, la Administración procurará que el Congreso norteamericano no congele los fondos de ayuda a los palestinos, lo que será difícil porque el apoyo a Israel en el Capitolio es mucho más categórico que en la Casa Blanca.


Si ninguno de estos escenarios más catastróficos se produce, si nadie trata de aprovechar este momento en su particular beneficio, no es imposible que la votación en la Asamblea General abra el paso a nuevas negociaciones de paz. Pocas veces como en esta jornada en la ONU se habrá visto con tanta nitidez que Palestina está ahí, soberana o no, y que la solución de dos estados vecinos y pacíficos es la única que beneficia a ambos.


Pero esa evidencia, tan solemnemente corroborada en Nueva York, no ha hecho más fácil en el pasado el diálogo palestino-israelí ni tiene por qué, necesariamente, hacerlo ahora. Múltiples factores conspiran en estos momentos contra las negociaciones: la proximidad de las elecciones en Israel, el reciente ascenso de Hamás, la interinidad en la que vive la Administración de EE UU —especialmente su política exterior—, la debilidad de Europa para convertirse en agente promotor de la paz. Todo eso se podría superar si los principales protagonistas, Israel y los palestinos, tuvieran voluntad de llegar a un acuerdo. Como se demostró en Oslo en 1993, ambos son capaces de entenderse, por encima de cualquier adversidad, cuando quieren hacerlo.


Sin embargo, Israel considera que el reconocimiento obtenido por Palestina en la ONU supone una violación de los acuerdos alcanzados en Oslo, por cuanto equivale a la ruptura del compromiso de hacer las cosas de forma bilateral, sin tener en cuenta los numerosos asentamientos judíos construidos unilateralmente desde esa fecha y la reciente negativa del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, de aceptar las fronteras de 1967, aceptadas por Barack Obama, como la base para negociar el estado palestino.


Para Obama esta votación de la Asamblea General es, en cierta medida, una frustración y un fracaso personal. Obama llegó, en la presión a Netanyahu, todo lo lejos que puede llegar un presidente de EE UU que quiera conservar su puesto. Es sabido que el primer ministro israelí no respondió a esa presión. Ahora, también los palestinos desatienden sus recomendaciones y acuden a un foro con larga tradición de proporcionar largas sesiones de aplausos pero muy pocos resultados tangibles.

 

Por Antonio Caño Nueva York 29 NOV 2012 - 23:21 CET

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Jueves, 29 Noviembre 2012 06:19

Un periodista indignado

Un periodista indignado

El lunes 26 trascendieron los resultados de las primarias para renovar la representación del Likud gobernante en el Knesset o Asamblea unicameral israelí en las próximas elecciones del 22 de enero: el incremento del vuelco a la derecha más dura fue inesperado para muchos (www.ynetnews.com, 27-11-12). De los tres ministros, y a la vez representantes, considerados parte del ala más moderada del Likud (www.haaretz.com, 28-11-12), sólo uno tendría la posibilidad de ser reelecto, el ministro sin cartera Benny Begin, aunque es el número 20 de la lista. Los otros dos, Dan Meridor y Michael Eitan, seguramente no.

 

Sus bancas serán ocupadas por extremistas de derecha como Moshe Feiglin, que calificó a Hitler de “genio militar sin paralelo. El nazismo elevó a Alemania de un estatuto físico e ideológico bajo a otro fantástico” (www.haaretz.com, 10-12-08). Extrañas palabras en boca de un israelí judío que, sin duda, será parlamentario y por primera vez. Sorprenderían menos si las pronunciara el presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad. Los partidos de oposición se las verán negras y cabe preguntarse si los votantes del centro y de la izquierda tendrán fuerzas suficientes para contrarrestar semejante fanatismo. ¿O será un reflejo de lo que realmente piensa la opinión pública de Israel?

 

Una encuesta polémica realizada por la importante agencia local Dialog mostraría que tal vez sí. Más de dos tercios de los israelíes no árabes interrogados opinaron que millones de palestinos no deberían tener derecho a voto si Israel anexara los territorios de Judea y Samaria administrados por el gobierno israelí en Cisjordania (www.guardian.co.uk, 23-10-12). El 74 por ciento se pronunció por que en Cisjordania se establecieran caminos para israelíes, por un lado, y caminos para palestinos, por el otro, y el 58 por ciento piensa que Israel ya está aplicando el sistema de apartheid a los palestinos; claro que para esta encuesta fueron entrevistados sólo 503 israelíes judíos de una población total de casi 6 millones, aunque hay hechos que les dan la razón (www.tomdispatch.com, 25-11-12).

 

Otros datos del sondeo de Dialog que publicó el diario israelí Ha’aretz (23-10-12) indican que un 59 por ciento manifestó que los israelíes judíos deberían tener preferencia sobre los israelíes árabes en la contratación de personal para las instituciones oficiales y el 49 por ciento declaró que los primeros deberían ser mejor tratados que los últimos. El 42 por ciento no quiere vivir en el mismo edificio que habitan vecinos árabes y otro tanto se opone a que sus hijos compartan la escuela con niños árabes.

 

El tema de la posible anexión de Cisjordania o de las zonas con más asentamientos israelíes ilegales en ese territorio palestino adquirió espesor en estos últimos meses, señala The Guardian: “Ehud Barak, ministro de Defensa, se pronunció por la anexión de las tierras que se encuentran entre la Línea Verde internacionalmente reconocida y el muro construido por Israel”. Son terrenos palestinos y el primer ministro Benjamin Netanyahu proclamó que su gobierno seguiría construyendo edificios en un distrito árabe de Jerusalén, en respuesta a las críticas que la Unión Europea formulara días antes a tal decisión. El premier israelí dejó en claro el tema: “Hemos construido en Jerusalén, estamos construyendo en Jerusalén y seguiremos construyendo en Jerusalén” (www.huffing tonpost.com, 23-10-12).

 

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas declaró en agosto de 1980, en su resolución 478, la nulidad de la anexión israelí de Jerusalén Este, poblada por una mayoría árabe, donde la Autoridad Nacional Palestina demanda establecer la capital de su futuro Estado. La casi totalidad de la comunidad internacional trasladó sus embajadas a Tel Aviv en repudio a la anexión, pero el gobierno israelí no se digna cumplir ni una sola de las decenas de resoluciones de la Asamblea General de la ONU que condenaron la ocupación militar de los territorios palestinos en 1967 primero y ahora la ocupación de hecho. Para qué, si la Casa Blanca lo apoya.

 

La quinta parte de la población de Israel es árabe y casi la mitad de los entrevistados por Dialog juzgó que sus connacionales árabes deberían pasar a la jurisdicción de la Autoridad Palestina y un tercio estimó que lo mismo debía ocurrir con las ciudades árabes en territorio israelí. La visión más extrema fue la de los judíos ultraortodoxos: un 70 por ciento apoyó la prohibición legal del derecho a votar de los árabes y el 95 por ciento que se los discriminara en los lugares de trabajo. Gideon Levy, el columnista de Haaretz que comentó la encuesta, no ocultó su indignación: “Los propios israelíes se autodefinen abiertamente, sin vergüenza ni culpa, como racistas nacionalistas”. “Si una encuesta similar se diera a conocer sobre la actitud hacia los judíos en un país europeo –señaló–, Israel hubiera desatado un infierno. Cuando se trata de nosotros, la norma no se aplica.”

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